Respaldo de material de tanatología

DE LA PÉRDIDA A LA RENOVACIÓN

DE LA PÉRDIDA A LA RENOVACIÓN

“Hace poco tiempo conocí a una mujer cuyo esposo había fallecido siete meses antes. Entró a mi oficina con lágrimas en los ojos. Tan pronto se sentó, se soltó llorando durante unos cinco minutos. Permanecí con ella en silencio, respetando su pena, reconociendo la necesidad que tenía de soltar la gran carga que llevaba. Luego le pregunté por la causa de esa tristeza. Con la voz llena de pasión y temor, me dijo que ese día había escuchado un programa en el radio sobre el luto, y esto la había trastornado terriblemente.

El experto hablaba sobre la necesidad que la persona enlutada tenía de despedirse de su ser querido para dejarlo ir. Tan pronto dijo las palabras “dejarlo ir”, comenzó a llorar de nuevo. Y agregó: “nunca olvidaré a mi esposo. Nunca dejaré mis recuerdos de él. ¿Cómo puedo borrar 38 años de amor?”. Era evidente que había entendido mal. Pensó que tenía que desconectarse de todo lo bueno que había tenido con su esposó y empezar de nuevo con la pizarra limpia para poder enfrentarse a su pena. Intenté asegurarle que estaba equivocada. La pérdida no requiere que olvidemos nuestros recuerdos, más bien hace falta abrazarlos.

La pérdida no requiere que dejemos de amar a nuestros seres queridos, sino que encontremos nuevas formas de amarlos. Antes, nuestro amor estaba mediado por la presencia. Ahora, está mediado por la ausencia. Necesitamos aprender a recordarlos y a amarlos aunque no estemos juntos. Quizás ustedes, como esta mujer, no estén de acuerdo.

Pero que hay de dejarlo ir, todo el mundo habla de dejarlo ir. La verdad, me parece, es que hace falta dejar ir, pero sólo en cierta forma. Tengo que dejar ir las expectativas y entender que mi vida ya no será como solía ser. Con el paso del tiempo, y a veces de bastante tiempo, tengo que aprender a dejar ir mi dolor, y reconocer y confiar en que puedo estar cerca de mí ser querido sin la presencia del dolor. Tengo que dejar ir la añoranza, y en su lugar sustituirlo con el recuerdo. Cuando recuerdo, estoy consciente de lo que todavía tengo y puedo rescatar.

No me concentro en lo que no tengo, sino en lo que queda. Este proceso de luto puede ser muy difícil. Cada uno de nosotros pasa por un proceso de abrir un nuevo espacio en nuestro corazón. Los enlutados hemos sido colocados en el salón de clases de la vida donde debemos aprender un nuevo idioma. Los políglotas saben la cantidad de tiempo, de repetición y de frustración que requiere poder hablar con fluidez un idioma. Es un proceso lento, pero no es insuperable. Lo mismo sucede con el idioma de amar en la separación.

Con la práctica, con apoyo, y con fe en nuestra capacidad de soportar momentos, días y a veces años de práctica, también nosotros podemos aprender a vivir en un mundo diferente donde los recuerdos de nuestros seres queridos se convierten en una fuente de esperanza y crecimiento. ”

Marcelo Rittner

LA AUTOESTIMA FUNCIONAL COMO HERRAMIENTA PARA EL TRABAJO DE DUELOS

LA AUTOESTIMA FUNCIONAL COMO HERRAMIENTA PARA EL TRABAJO DE DUELOS

Nombre: Juan Carlos Pinacho Cruz. ISSSTE Oaxaca

Todo individuo tiene en su interior sentimientos, que según su personalidad puede manifestarlos de diferentes maneras. Muchas veces estas manifestaciones dependen de otros factores, según el lugar físico, sentimental, emocional y social, éstos pueden influir positiva o negativamente en la formación de la persona o sea en la Autoestima.

El sentimiento valorativo de nuestro ser, de todos aquellos rasgos físicos, psicológicos, intelectuales y sociales conforman nuestra autoestima y dependiendo de la estructura de dichos rasgos, las personas podrán interactuar de manera sana o funcional con otros. Muchos fracasos y éxitos dependerán de cómo se encuentre nuestra autoestima.

Por lo tanto, si existe un sentimiento positivo de si mismo, el sujeto desarrollará todas sus habilidades, será capaz de pedir y dar y estará en condiciones de reconocer de manera franca y sincera los estados de ánimo en que se encuentra, así como también sus logros y errores. Si la autoestima es baja, el sujeto no podrá hacerse responsable de sus comportamientos, buscará culpables ante los fracasos que se presenten en su vida cotidiana y se encontrará siempre encaminado al negativismo, al aislamiento y a la derrota. Una autoestima funcional proporciona a las personas la fortaleza necesaria para superar los momentos más difíciles en su vida, evitando que éstas caigan en el desánimo y el pesimismo.

Todo aquello que causa una pérdida en el ser humano, puede ser considerado como uno de los eventos más difíciles por el que este puede atravesar, obviamente hay eventos que pueden considerarse como pérdidas mayores debido a los estragos que causan en el sujeto que los experimenta. La muerte de la pareja, de los amigos, de algún familiar cercano, la pérdida del trabajo, entre otras, ocasionan que las personas vivencien múltiples emociones y sentimientos, como por ejemplo: ira, tristeza, frustración, angustia, soledad, entre otros. Sin embargo, si su autoestima es funcional, está contribuirá a superar esos estados de frustración y desánimo que experimenta. La persona no cambia en su interior, conserva sus ideales, comportamientos, sentimientos y por lo tanto, atesora su valor como ser humano.

Aún con las experiencias más dolorosas, el hombre adquiere nuevos conocimientos, aprendizajes y comportamientos, para que ante acontecimientos similares aplique lo aprendido, se empeñe en obtener algún beneficio de lo sucedido, prevea, pero sobre todo, sea un ser humano integral. Una autoestima funcional permitirá que cuando se presenten los embates más difíciles de la vida, y con la posibilidad de no poder encontrar la salida o una solución por sí mismas ante esos embates, las personas estén preparadas para reconocer que necesitan la ayuda de alguien más y sean capaces de pedir aquello de lo que carecen, es decir, serán capaces de vivenciar los estados de ánimo por dolorosos que puedan llegar a ser, pero podrán compartirlos con otros para aligerar la carga y canalizar todo aquello que las conflictúa.

El hecho de acercarse y compartir con la familia, la pareja, los hijos, los amigos, pero sobre todo, consigo mismo aquello que está causando dolor, no hace a las personas más débiles o vulnerables, al contrario, les permite comunicar lo que no tiene ni debe ser contenido en su interior, también relacionarse con otros y no aislarse en su dolor o sufrimiento, pero lo más importante aún, les proporciona las herramientas necesarias para un autoconocimiento, para el desarrollo y evolución de una verdadera y completa autoestima.

http://www.cedehc.org/framet.php

Duelo: haciéndole frente a la enfermedad, a la muerte y a otras pérdidas

Duelo: haciéndole frente a la enfermedad, a la muerte y a otras pérdidas
¿Qué es un duelo?
El duelo es una respuesta normal y saludable ante una pérdida. Una de las pérdidas más grandes que puede ocurrir es la muerte de alguien que usted ama. Otras pérdidas incluyen la pérdida de la salud suya o de la salud de alguien que usted quiere, o el fin de una relación importante tal como el matrimonio. Recuperarse de una pérdida involucra aceptar la pérdida y el significado de la pérdida en su vida.

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¿Cuáles son los sentimientos normales de un duelo?
Síntomas de un duelo

Rabia
Culparse a si mismo
Ataques de llanto
Diarrea
Mareo
Latidos del corazón acelerados
Sentir que tiene un nudo en la garganta
Sentir que lo que está ocurriendo a su alrededor no es real
Dolores de cabeza
Hiperventilar: abrir la boca e inspirar aire profunda y rápidamente y luego botarlo con un suspiro
Náuseas
No poder organizarse
No sentir hambre o perder peso
Agitación e irritabilidad
Tristeza o depresión
Ver imágenes de la persona muerta
Sensación de “falta de aire”
Sensación de presión en el pecho
Cansancio
Dificultad para concentrarse
Tener dificultad para dormir
A medida que usted le hace frente a una pérdida usted puede tener sentimientos diferentes en momentos diferentes. Estos sentimientos incluyen choque, negación, rabia, culpabilidad, tristeza y aceptación. Usted puede encontrarse alternando de un sentimiento a otro. Por ejemplo, justo cuando parece que está comenzando a aceptar su pérdida usted puede volver a sentir tristeza o rabia. Su duelo puede no desaparecer por completo nunca. Pero el dolor que usted siente disminuirá con el tiempo a medida que usted se sobrepone a estos sentimientos.
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¿Qué sucede al principio?
En las primeras horas o días después de la pérdida usted puede sentir un choque, no sentir nada y estar confundido. Puede que usted no recuerde lo que las personas le han dicho. Usted puede pensar y actuar como si la pérdida no hubiera ocurrido. Esto se llama negación.

A medida que su choque desaparece usted irá viendo la realidad poco a poco. Usted comenzará a darse cuenta de que la pérdida en realidad si ocurrió. Es normal sentirse abandonado y con rabia. Usted puede dirigir su rabia hacia Dios, la religión, los médicos y las enfermeras, la persona que ha muerto u otros seres queridos o incluso hacia si mismo.

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¿Qué sucede después de que la rabia desaparece?
Después de que usted atraviesa por parte de la rabia y negación es normal pretender que las cosas son como solían ser. Si alguien que usted amaba muere es probable que usted piense y piense en los recuerdos que tiene en su mente. Es probable que usted también sienta la presencia de su ser querido, piense que lo ve a él o a ella o piense que escucha su voz.

Es probable que usted también le hable a su ser querido como si aún estuviera en el mismo cuarto con usted. A medida que usted comienza a darse cuenta de que su ser querido ya no está y que no va a regresar comenzará a sentir el impacto total de la pérdida. Estos sentimientos le pueden dar miedo pues son muy extraños y fuertes. Pueden hacerle sentir como que está perdiendo control.

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¿Qué ocurre luego?
Cuando usted comienza a darse cuenta del impacto total de la pérdida en su vida, puede sentirse deprimido y sin esperanzas. También puede sentirse culpable. Puede comenzar a pensar cosas tales como “Si tan solo..” o “¿Por qué a mi?” Puede llorar sin causa alguna. Esta es la parte más dolorosa de la recuperación pero no dura para siempre. En un duelo normal, la depresión comienza a mejorar con el tiempo.
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¿Cuál es la primer seña de alivio?
Usted puede comenzar a sentirse mejor con cosas pequeñas. Por ejemplo, puede comenzar a darse cuenta de que le es más fácil levantarse en las mañanas, o puede sentir de pronto un poco más de energía. Este es el momento cuando comienza a reorganizar su vida teniendo en cuenta su pérdida o sin su ser querido.

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¿Cuál es la etapa final?
Consejos para lidiar con una pérdida
Hable con los demás acerca de cómo se está sintiendo
Trate de mantenerse al día con sus actividades diarias para que no se sienta abrumado.
Duerma suficientemente, coma una dieta bien balanceada y haga ejercicio con regularidad.
Evite el alcohol. El alcohol le puede hacer sentirse más deprimido.
Tan pronto como pueda vuelva a su rutina normal.
Evite tomar decisiones importantes enseguida.
Dese tiempo para reponerse de su pérdida: para llorar, para no sentir nada, para tener rabia o para sentir de la manera que esté sintiéndose.
Pida ayuda si la necesita.
La etapa final en la aceptación de la pérdida es cuando usted comienza a volver a invertir tiempo en otras relaciones y actividades. Durante este tiempo es normal sentirse culpable o desleal con su ser querido pues está comenzando nuevas relaciones. También es normal revivir algunos de sus sentimientos en cumpleaños, aniversarios, festivos y durante otras fechas especiales. Volver

¿Cuánto tiempo dura el duelo?
Probablemente usted comenzará a sentirse mejor en seis a ocho semanas. El proceso completo usualmente puede durar entre seis meses y cuatro años.

Si en cualquier momento siente que está teniendo dificultad pida ayuda. Las personas que pueden ayudarle incluyen amigos, familia, un miembro del clero, un asesor psicológico o un terapista, grupos de apoyo y su médico de familia.

Asegúrese de hablar con su médico de familia si tiene mucha dificultad para comer, dormir o concentrarse y esto persiste después de las primeras semanas. Estas pueden ser señas de depresión. Su médico de familia le puede ayudar con su depresión de modo tal que usted comience a sentirse mejor.

Etapas del duelo tras un fallecimiento y de la «normalización del dolor»

El psiquiatra Álvaro Iruin Sanz participó en el curso Muerte, duelo y Esperanza, con la conferencia titulada Normalizar el dolor, en la que habló de «la gestión de los intervinientes para mejorar el proceso de duelo

– NORMALIZAR EL DOLOR. ¿EN QUÉ CONSISTE? – En relación al dolor producido por la muerte de un ser querido, la normalización no se refiere a volver normal algo que no lo es, sino a un concepto más relacionado con la gestión, es decir, cómo ordenar las diferentes intervenciones o intervinientes en una situación para que el resultado sea mejor. Partimos del hecho de que a todo el mundo se le va a morir alguien cercano, y en la mayoría de los casos las familias actúan de manera similar cuando pasa algo así. Sin embargo, nadie, aparentemente, ha estructurado lo que cada uno debería hacer: organizar el funeral, llamar a los familiares… Sería organizar esas actividades que se hacen espontáneamente de modo que puedan dar mejor resultado.

– EN LA SOCIEDAD ACTUAL, ¿AGUANTAMOS BIEN EL DOLOR? – En general, lo aguantamos. De hecho, si la gente va a los registros de asistencia por un duelo no encuentra prácticamente nada. Es gracias a su entorno, familiares y amigos, que consigue encauzar ese dolor. Son pocos los que acuden a psiquiatras, pero en esos casos estaríamos hablando de enfermedad, no de un proceso normal de duelo.

– ¿NO TENEMOS QUIZÁS MÁS RECURSOS PARA MITIGAR EL DOLOR? – Probablemente nuestra capacidad de aguante tenga ahora unos condicionantes. Quizás ahora podemos recurrir más fácilmente a fármacos o a una copa, e intentar paliar con medios químicos una situación que no es agradable.

– ¿EN QUÉ CONSISTE UNA TERAPIA PARA SOBRELLEVAR EL DUELO? – Yo no hablaría de terapia. Si lo llamamos así estamos hablando de una enfermedad. Se trata más de dar una serie de pautas que ayuden a a salir de esa situación: guiar, acompañar, escuchar… Lo que todos hacemos siempre. Cuando en una cuadrilla alguien tiene una ruptura afectiva, los demás le arropan, cada uno a su manera, y ese núcleo sirve para salir de eso.

– ¿ES PEOR EL DOLOR PSICOLÓGICO QUE EL FÍSICO? – Las manifestaciones son diferentes y la forma de entenderlo de la gente también. Si me rompo la pierna, iré al médico, que me «organizará» la lesión para que me duela menos, me inmovilizará la pierna, etcétera. Y ahí se acaban los problemas. En el otro caso, se mueven muchas más cosas. El caso de la pierna no provoca sentimientos especiales en los demás. En el duelo, nos sentimos más implicados y la persona nos demandará cercanía, acompañamiento…

– ¿A LA PERSONA EN DUELO, ES MEJOR HACERLE HABLAR O EVITAR EL TEMA E INTENTAR QUE SE DESPEJE? – No vamos a hacer que una persona se divierta cuando no puede. Hay que entenderlo como algo que tiene una duración en el tiempo, que pasará por diferentes fases. Si para ir de aquí a Orio hay que pasar por Usurbil, pues habrá que pasar. ¿Qué tienen que hacer los de alrededor? Estar.

– ¿CUÁLES SERÍAN LAS ETAPAS? – Hay un momento agudo, el de la noticia. Cuando la muerte es inesperada es como una catástrofe. Se va alguien muy importante que no queríamos que se fuese, lo que provoca un enfado. Esto dura poco, porque enseguida se plantea el tema del funeral, el entierro… que te devuelven a la realidad. Y se abre una fase distinta: en la primera probablemente hayan venido los amigos, familiares… Pero después cada uno vuelve a sus cosas. Queda todo más triste. Algunos dejan de comer, no quieren salir ni arreglarse, sueñan con el difunto… Con el tiempo, ya se ha llorado suficiente y se es capaz de salir un poquito, de disfrutar con alguna cosilla. Sería el principio de la salida de la situación dolorosa grave.

– ¿CUÁNDO EMPEZARÍA ESO? – Nuestros abuelos lo tenían bien establecido. Cuando moría algún familiar se vestían de negro y había un tiempo de luto de nueve meses. Además, había un tiempo posterior de «alivio del duelo». Se vestían de morado y hacían una transición desde lo más negro y triste a lo más blanco. Ese primer año -los 9 meses más los 3 de transición- coinciden con un tiempo razonable para la recuperación.

– ¿Y A PARTIR DE ESE PRIMER AÑO? – La persona ha reconstruido su forma de vivir. Se seguirá acordando del difunto, pero será un recuerdo integrado en su vida, con el que va a vivir. El mayor logro de un duelo bien llevado se traduce en poder tener el recuerdo de la persona fallecida formando parte de la existencia como algo normal, en el sentido de que no imposibilite vivir.

http://servicios.diariovasco.com/pg060726/prensa/noticias/AlDia/200607/26/DVA-ALD-155.html

Educación para el Envejecimiento

Trabajo monográfico para el
Curso Virtual Educación para el Envejecimiento

por: Adriana Gómez Jiménez

INTRODUCCIÓN

La muerte significa el final de la conciencia. Como sueño sin ensueños, como antes de nacer, sin recuerdos. El cuerpo se descompone, sus elementos vuelven a formar parte de la tierra, de modo que cuando uno se muere retorna a la tierra

Pareciera que hablar de la muerte fuese como convocarla y efectivamente es así, ya que imágenes de seres queridos que han fallecido, se superponen con nuestras fantasías más temidas. La fascinación por lo desconocido se superpone con el miedo al deterioro al dolor y al desapego

La partida del compañero, el amigo, amante, protector, familiar, padre, madre y hasta de un estilo de vida (roles, jubilación, etc.) nos obliga a reaprender muchas cosas y nos enfrenta al dolor y al miedo a lo desconocido

ANTECEDENTES

Hablar de la muerte y sus circunstancias se ha convertido en un tema tabú y para muchos de nosotros admitir que la vida es limitada, nos produce una horrible sensación de vacío; nos cuesta reconocer que parte del proceso de crecer, es aprender a convivir con ella: “nacimos para morir”

Sobre la muerte y los procesos que se viven han escrito algunos autores:

Elizabeth Kubler-Ross, en su libro “Sobre la Muerte y los Moribundos” dice: “Hay muchas razones por las que no se afronta la muerte con tranquilidad, ya que morir se ha convertido en algo solitario e impersonal, porque a menudo las personas enfermas son arrebatados de su ambiente familiar y llevado a un hospital donde se les trata como a seres sin derecho de opinar, tomando otros las decisiones por ellos, olvidándonos que estas tienen sentimiento, deseos, opiniones y sobre todo el derecho a ser escuchadas y a tomar la decisión de si quieren o no estar en ese lugar.

Alberth Schweitzer, escribió:

“Si queremos llegar a ser buenas personas de verdad, debemos familiarizarnos con la idea de la muerte. No necesitamos pensar en ella todos los días ni a cada hora. Pero cuando la senda de la vida nos conduzca a una posición ventajosa donde el paisaje alrededor desaparezca, y contemplemos la vista distante hasta el mismo final, no cerremos los ojos. Hagamos una pausa por un momento, observemos el paisaje lejano, y luego prosigamos. Pensar en la muerte de este modo produce amor por la vida. Cuando estamos familiarizados con la muerte, aceptamos cada semana, cada día como un don. Solo cuando somos capaces de aceptar así la vida, poco a poco ésta se torna preciosa”

Freud dice: “Consideraciones de actualidad sobre la guerra y la muerte” ¿Qué sucede con esta suerte de viscosidad de la libido, que se niega, cuando ha perdido algo, a pasar a otra cosa?. Al describir el proceso por el que la libido se dirige a los objetos, dice que estos pasan en cierto modo a estar incluidos en nuestro yo, de modo que se trata de un pedazo del yo, en definitiva de lo que hay que desprenderse. Cada uno de aquellos seres amados era, en efecto un trozo de su propio y amado yo. El hombre aprende por el otro, la experiencia dolorosa de la propia muerte. La propia muerte es imaginable, siempre que intentamos aproximarnos a ella lo hacemos con respecto a la muerte del otro, adoptamos una actitud convencional que se derrumba cuando se trata de lo pérdida de una persona amada. Enterramos con ella nuestra esperanza, nuestras aspiraciones y nuestros goces, no queremos consolarnos y nos negamos a toda sustitución del ser perdido.

Christine Longaker en su libro Afrontar la muerte y vivir con esperanza dice:

“Para la mayoría de nosotros morir significa tener que experimentar un cierto sufrimiento inevitable”

“La comprensión vivida de la naturaleza de nuestra mente, de lo que podemos llamar nuestra esencia más intima, esa verdad que todos buscamos, es la clave pare entender la vida y la muerte.

CONCLUSION

El amor es el sentimiento que mayores recompensas y satisfacciones puede brindarnos. Es por medio del amor que logramos “vivir en nosotros”, por eso, perder a la esposa o esposo de toda una vida causa un vacío que las demás personas no pueden llenar.

El viejo se enfrenta tarde o temprano a la inexorabilidad de la muerte. Las múltiples perdidas que acompañan al proceso del envejecimiento conducen paulatinamente a la toma de conciencia de la propia muerte como acontecimiento próximo e inevitable.

Cuando llegamos a viejos esperamos la perdida de seres queridos, de funciones sociales, laborales, se pasa a ser jubilado, se pierde la pareja y se pasa a ser pensionado, se adquieren nuevos roles y se pierden capacidades corporales.

Cuando la compañera o el compañero nos abandona para siempre, se inicia el proceso de duelo más doloroso que existe, según los estudios pues deja una herida emocional inevitable, ya que esto implica, además de la partida del compañero, la partida del amigo, el amante, protector y hasta un estilo de vida; lo cual obliga a reaprender muchas cosas.

La vida es un continuo movimiento en el cambio y la incertidumbre, estamos experimentando muertes y renacimientos constantemente: cuando dejamos por primera vez nuestro hogar, cuando terminamos el colegio, cuando perdemos el trabajo, cuando vivimos una separación, cuando nos diagnostican una enfermedad desconocida, todo esta cambiando constantemente, nuestros pensamientos y emociones están apareciendo para luego desaparecer.

Pero es importante reconocer que el dolor pasará a pesar de que se necesitara algún tiempo para elaborar ese duelo y llegar a la etapa de la aceptación. El consuelo llegará cuando se acepte que el ser amado se le lleva en el corazón, internamente, y que es posible dejarlo partir y seguir con la propia vida, y, aun más, cuando nosotros hayamos logrado aceptar nuestra propia muerte.

La aceptación lleva a la sanación del sufrimiento y a la posibilidad de seguir creciendo como ser humano.

Es en este proceso don de la familia es muy importante, porque puede ayudar al viudo en la transición que esta experimentando, convirtiéndose en su fuente de apoyo, de intimidad, compañía y consuelo, apoyándolo para que este no quede solo.

Estos beneficios es ideal que los reconozcan todos los integrantes que comparten el hogar, de ese modo tanto niños, adultos, adolescentes, como los mismos viejos, se podrán sentir orgullosos de estar en un hogar enriquecido por el amor y la presencia de varias generaciones, además que ayudará a las generaciones mas jóvenes a ser mas conscientes de la realidad de la vida y la muerte.

Después de esto creo que nos queda por preguntarnos:

Que es lo que tanto nos preocupa?
Porque le tenemos tanto miedo?
Hablar de la muerte nos ayuda?
De que recursos dispongo que me ayuden si me enfrento a ella?
A que es lo que más le temo?
Enfrentarla y aceptarla cambiara tu percepción de la vida?
Hemos pensado alguna vez en nuestra propia muerte?
“Aprende a morir y aprenderás a vivir” Porque, aunque solo aprendamos a afrontar la muerte, habremos aprendido una de las lecciones de la vida: cómo vernos a nosotros mismos para aceptarnos, en el sentido más profundo posible, como seres humanos.

Extraído de la pag  www.psicogerontologia.com

Curarse a carcajadas: ÁNGELES LÓPEZ

Curarse a carcajadas:  ÁNGELES LÓPEZ
Rosa María sintió que se venía abajo cuando murió su madre, no podía superar el proceso de duelo. Un buen día, hace ahora dos años, escuchó en la radio algo sobre la risoterapia y dijo «esto es lo mío». Se fue de Castellón de la Plana, donde vive, a Barcelona para comenzar a formarse en esta técnica. A partir de ese momento, «empezó a cambiar mi vida».

Esta ama de casa de 54 años era, según cuenta ella misma, una persona muy seria. «Antes me dedicaba a mi hogar y nada más. Tras esta terapia vi que había muchas cosas por hacer como la cerámica o la pintura. Hoy expongo dos obras realizadas con la técnica de pastel. Ahora salgo de casa y vivo», explica Rosa María Andrés.

Los tonos pastel parecen haber impregnado su vida, mucho más dulce ahora. «Cuando asisto a los talleres de la risa es como entrar en un sitio donde no hay problemas, todos damos y todos recogemos. Empiezas a tener ganas de experimentar, esta técnica te abre muchas puertas, ves un horizonte nuevo».

María Cruz García Rodera, fundadora de la Escuela Dinámica y Terapia de la Risa en el Centro de Salud Inteligente, explica que «la risa es el mejor compañero que puedes tener en tu camino. Además de ser gratuita es sinónimo de vida y crecimiento, con ella puedes superar y gozar de las cosas cotidianas».

«En tres horas, la risa puede cambiar los resultados de una analítica porque disminuye el colesterol, produce una activación cerebral donde se aumenta la liberación de neurotransmisores que dan lugar a una sensación placentera y sedante», explica esta terapeuta.

Hay muchas personas que se benefician con esta técnica, «los depresivos son muy agradecidos porque tienen unos niveles muy bajos de serotonina y dopamina» –sustancias cerebrales– que con la carcajada aumentan y mejora su estado». También todas las patologías del sistema inmunológico mejoran con esta terapia, «cuando una persona busca y consigue energía positiva, su cuerpo responde totalmente».

Los recelos de la ciencia occidental

Eduardo Salvador, doctor en Psicología Social, explica que «la risa es uno de los misterios más antiguos de la ciencia y lo sigue siendo». Existen cinco explicaciones teóricas sobre la risa: de la superioridad, de la incongruencia, de la catarsis y del juego. Él tiene una teoría alternativa y que está basada en la metáfora teatral de la vida. «Cuando el personaje que representamos se viene abajo por alguna circunstancia, ese momento provoca la risa en los demás y en el actor la vergüenza. En esa situación, lo mejor es reírse de uno mismo. No debemos tomarnos muy en serio».

«En Oriente, la risa es muy apreciada, los budistas zen buscan la iluminación a través de una gran carcajada. Sin embargo, la filosofía de Occidente no ha considerado bien a las personas divertidas o con humor, probablemente esto se relacione con el cristianismo donde está bien visto sufrir en este mundo para conseguir una recompensa en el otro», comenta Eduardo.

Sin embargo, cada día son más los profesionales de la salud que se interesan por este tipo de terapia y se acercan a ella con voluntad de aplicarla con sus enfermos.

El jefe del Servicio de Oncología Médica y Cuidados Paliativos del Hospital Universitario de Valdecilla explica en un artículo publicado en la revista ‘Medicina Clínica’ que «el sentido del humor es la capacidad natural de la especie humana que hace que la vida no sólo sea soportable, sino además rica, placentera y deseable. La risa es la distancia más corta entre dos personas».

«A veces tenemos miedo a ser malinterpretados, a parecer vulgares en lugar de unos profesionales serios y sesudos. Sin embargo, es de vital importancia que, como pacientes, asistentes sanitarios o alguien a quien le importa el bienestar del enfermo, mantengamos la moral elevada y una actitud positiva que incluya la esperanza, la alegría y la risa», continúa este oncólogo.

Para todos los públicos

Leyda Barrena, trabajadora social por la Universidad del Valle en Colombia, lleva 12 años en España investigando con la risa. Explica que tras varias carcajadas aumentan la ventilación y la sangre se oxigena. La risa está conectada con el hemisferio derecho parte del cerebro responsable de la creatividad, la intuición, el juego y el arte.

Son muchas las aplicaciones de esta terapia, algo que sabe bien Leyda que en la ‘Academia de la Risa’ imparte clases a personas con Alzheimer como a ejecutivos o adolescentes. «La risa es la libertad, con ella nos libramos del estrés y la ansiedad acumulados, las hormonas que se activan tras una carcajada confieren bienestar».

Rosa María lo tiene claro «la risa te abre muchos canales, te da ganas de aprovechar los momentos de la vida y de disfrutar con todo lo que haces». Beneficios que no sólo ella ha detectado, «mis hijos me preguntan que cuándo me toca ir a clase de risoterapia, porque aunque ya tengo el título de formadora me gusta ir de vez en cuando, y es que la mamá triste de antes se ha vuelto alegre y más comprensiva. Creo que hasta mi perro nota la diferencia, y además creo que lo he contagiado, ha pasado de estar con una mirada triste a estar más activo y contento».

Esta defensora de la risa anima a todos a probar esta terapia, «aunque no tengan grandes problemas siempre es enriquecedor. Yo ‘me tiré al ruedo’; y estoy encantada».

«El tiempo no lo cura todo»

«El tiempo no lo cura todo»

Texto de/J. M. López.

LA Escuela Universitaria de Ciencias de la Familia ha organizado, a través del Centro de Orientación y Terapia Familiar ‘Oikos’, un grupo de autoayuda para personas en situaciones de duelo por la muerte de un ser querido, que el pasado miércoles comenzó a trabajar bajo la dirección de Carlos Robles (León, 1944). Duelo viene de dolo, que en latín significa dolor «y es un sufrimiento emocional intenso causado por la pérdida de alguien o de algo».

-¿Cómo afrontar una experiencia tan traumática?

-Ante la pérdida de un ser querido en el que se ha invertido mucha energía emocional, las personas entran en crisis, y la mejor forma de abordarla es expresar y compartir sus sentimientos con otras que están pasando por la misma experiencia. A veces, la familia no les entiende o no les deja llorar ni expresar sus sentimientos, y en estos grupos de autoayuda les ayudamos a identificarlos y nombrarlos -estoy triste, enojado, me siento culpable, solo, vacío…-, y acogemos su negación de la realidad hasta que, poco a poco, se van dando cuenta de que ser querido ya no está con ellos.

-¿Cuándo un duelo es patológico?

-No me atrevo a poner un plazo. Cada persona y cada duelo es único, y termina cuando tiene que terminar.

Para algunos puede pasar un año, para otros dos o tres.

Depende de muchos factores: de los apoyos que tenga en ese momento, de quién ha fallecido y de qué relación tenía con él. Nunca se olvida del todo a un ser querido, pero si al cabo de un cierto número de años se sigue viviendo con la misma intensidad, podemos decir que es patológico.

En estos grupos pueden elaborar su duelo de forma constructiva o positiva, con asesoramiento de especialistas y respetando siempre su propio ritmo.

-Una muerte imprevista es más dolorosa…

-Sí, ante una muerte repentina el duelo dura más. Pero también se sufre en el caso de enfermedades prolongadas…

Es el ‘duelo anticipatorio’, y aunque eso ayuda, nunca estamos preparados del todo. Nos cuesta aceptar la realidad de la muerte, que es muy dura.

La desaparición de un padre, un esposo o, sobre todo, un hijo, es uno de los acontecimientos más estresantes de la vida, seguido de una separación matrimonial o divorcio.

-¿El tiempo lo cura todo?

-No es cierto, o al menos es una frase engañosa. Sí es verdad que el duelo necesita tiempo, porque es un proceso lento. Pero lo importante es qué hace la persona con el tiempo: si expresa su dolor, lo vive, busca apoyo, conoce las dinámicas del duelo… ese tiempo será fructífero y el día de mañana lo tendrá resuelto.

Muerte repentina d e un hijo (textos y experiencias)

Cómo se puede trabajar ese duelo?

Atentamente,
DrT

De: Ana María Enviado: 07/10/2005 05:32 a.m.
Como bien decias, la perdida de un hijo marca enormemente a la pareja y a los familiares. Si la muerte es repentina , es decir no se esperaba, el dolor el mayor debido a que comienzan a surgir los cuestionamientos dentro de la pareja aumentando más el dolor de la pérdida.

Existen dos formas de superar el dolor, la primera que considero es la mas importante, es el factor escucha , es decir el escuchar a la pareja en conjunto (si es que quieren) o por separado( muchas veces es mejor) de lo que les surge con la partida de la hija. Muchas personas consideran que el hablar lo que hace es cargar más a las personas ade acpectos negativos, sin embargo el desahogo para alguien que continuamente escucha, “dejala ir”, “sigue adelante”, “no le gustaria verte así como estas”, ” vas a echar a bajo todo”, permite estar con el otro que se fué y permite madurar la idea de que no esta.

La segunda cosa que es importante hacer,es guardar las cosas de la hija que se fué, solo cuando se este preparado para eso, no cuando los demás consideren que es tiempo, y si se ha hecho ponerlo en un lugar para cuando uno este listo para hacerlo. Los padres tienen la necesidad de recuperar los momentos a través de los objetos y el proceso es distinto en cada uno de ellos, no hay que apurarse en eso.

Tercero, y con esto termino, TIEMPO la superación de la muerte de un hijo necesita tiempo, todo nos va a recordar a aquella personita ante nuestros ojos que se fué, sus otros hermanos, las calles por la que iba, los amigos, la idea es seguir con ellos y sin ellos. El Tiempo permite recordar en el dolor, y el dolor cada vez se hace más manejable, aun cuando a los demás les pueda parecer que el sguir con las cosas, el hablar de ellos no es lo más conveniente. Es conveniente para el que sigue y ese afrontamiento es lo más importante que hay que preservar.

Espero haber podido ayudar
Ana María

De: DrTSM1 Enviado: 07/10/2005 12:25 p.m.
Luego entonces, se trabaja de igual manera que si fuese un hijo con hermanos.  Y el significado para los padres, sería también lo mismo?

Agradezco su respuesta a mi mensaje, y quedo a su disposición.

De: Ana María Enviado: 09/10/2005 08:40 a.m.
Se trabajaría casi de la misma forma, sin embargo una de las cosas que hay que considerar es el hecho de que la pareja se queda sola, a diferencia que cuando hay hijos, en donde existe aun una vida en común, cuando se va el o la única hija, la pareja corre el riesgo de quebrarse, debido fundamentalmente a que cada uno va a hacer un afrontamiento diferente, si es que la pareja no se a conformado adecuadamente o se encuentra pasando por un periodo de edad que hace que se evaluen procesos de vida, se corre el riesgo de que se termine como pareja.

Por otra parte el significado de una hija es distinto para una madre que  para un padre, aunque digamos que a los hijos se les quiere por igual, siempre hay uno que es al que continuamente buscamos, sea porque se nos parece o por que vemos en él o ella características que nos llenan más.  Cuando hay un hijo único, abría que ver que de cada  uno se ha visto representado en ella o él y cuanto significa para ellos.

Por ese motivo, las conversaciones individuales permiten hacer un acercamiento al dolor y al significado de la perdida en cuanto significado tenia la niña o niño que se fué.

Escucha, sin conclusiones y Tiempo, y si somos los que estamos trabajando con ellos, descarga, el dolor de las personas con las que trabjamos, por más experimentados o expertos que seamos, siempre nos va a mover algo, por eso es bueno, recomendable e imprescindible hacer el vaciado de la pena de la pena, sino no servimos.  Recordemos queel primer instrumento que tenemos somos nosotros mismos, y si nuestro principal instrumento no lo cuidamos, poco va a servir.

Espero haberte ayudado,
Seguire en esta línea

Un fraternal abrazo

Ana María


Ana María Castañeda Chang

De: Luna_silviabritos Enviado: 09/10/2005 10:17 p.m.
Querida Myrna:

He intentado abrir el adjunto y me ha sido imposible, de modo que no pude leer.

De modo que te pregunto a tí y a María sobre este tema.

Ciertamente lo que remarca  María es así, pero creo es mucho mas complejo que eso…

En mi caso particular, coordino un grupo de duelo por suicidio y los padres que han perdido a sus únicos hijos es bastante dificultoso que puedan hacer el duelo.

Ello tambien se acrienta con la ausencia de un Dios.

Insisto en que hay diferencias en el duelo, en las reacciones de los padres, en la actitud, en la confrontación, en la aceptación cuando se trata de hijos únicos.
Me parece que necesitamos de otros elementos “recursos”para poder cubrir las espectativas de estos padres.

Podrían ustedes ayudarme.

Silvia
 

De: Myrna67582 Enviado: 10/10/2005 11:16 a.m.
Hola Silvia:

No sé qué pasa, pero no me están llegando los mensajes del grupo a mi buzón… ni modo. Acabo de entrar a la página y leí tu mensaje.

Un abrazo,
Myrna

De: montedeoya Enviado: 10/10/2005 06:31 p.m.
Estimada Silvia: Perdona que me meta en vuestra conversación, pero yo tengo un grupo de suicidio y otro de padres (entre ellos muchos con hijos únicos muertos) y podría seros de ayuda. No hay duda que el tener hijos únicos es un agravante para el proceso de recuperación: el que ya no escuchar más “mamá” llega a ser muy doloroso. Nosotros no tenemos porqué tener o encontrar los recursos por ellos: eso es precisamente una función suya. Nuestra labor es estar allí, con ellos, acompañándoles en ese descubrimiento, en ese dolor tan terrible.
Como te he dicho, en mis grupos hay padres con más hijos y otros que se han quedado ya sin hijos. Y el apoyo que se dan es mutuo. Por supuesto notan las diferencias: para unos es una suerte tener más, para otros es otras preocupaciones más. Lo importante es permirtirles este espacio para que ellos discutan, hablen, se entristezcan, compartan su dolor.
Nuestra tarea no es quitarles su dolor o tener todas las respuestas. Es, simplemente, estar ahí.
La crisis de conceptos (más no de fe) es parte del proceso: la muerte le hará madurarlos, tanto religiosos como de otro tipo. A los que peor les va no es a los que no creen en nada o a los que tienen mucha fe: es a los del medio, y en la mitad estamos casi todos. Es pues una tarea entre todos…. que mejor amor-comunión-fe que el estar juntos acompañándonos en semejante crisis??
Jorge (montedeoya)

 

De: Luna_silviabritos Enviado: 10/10/2005 11:15 p.m.
Estimado Jorge

Le agradezco que haya respondido a mi pedido.

Por lo que Ud me dice ciertamente hay variaciones, que quizás tengan que ver con nuestras culturas,  tradiciones y metodología.

En la Argentina solo existen dos grupos de duelo por suicidio presenciales.
El nuestro, es presencial y virtual,  tenemos cinco años de creado, de modo que nos falta mucho camino por recorrer.
Y nuestra necesidad de poder dialogar con personas que tenga mas experiencia que la nuestra y puedan colaborarnos.

La Metodología nuestra está elaborada a traves de los Grupos Resurrección del Padre Mateo Bautista, Duelo del Padre Pangrazzi  y el Asesoramiento del Dr Sergio Pérez Barrero.
Los dos primeros, se refieren a duelos por enfermedad, accidente o muertes súbitas, mencionando el suicidio, sin profundizar en él.
Y con el Dr Sergio Pérez Barrero hemos dialogado mucho el tema, pero continúo en la búsqueda de mas aportes para trabajar con padres que han perdido hijos únicos por suicidio.

Nuestros grupos presenciales tienen una duración de un año, con un Encuentro semanal de 1:30 Hs con un grupo que no supera los 10 integrantes.
Coordinado por un profesional de las salud y un voluntario.

Nos reunimos en un aula de la Iglesia Catedral y estamos abiertos a todas las confesiones religiosas.

Muchos de ellos, llegan enfurecidos con Dios.

Planificamos los temas de cada encuentro antes de iniciarlos y dejamos Encuentros libres para ser cubiertos por los tema que salgan del grupo.

Esta misma metodología se emplea en la Comunidad Virtual.

En este caso, ha surgido este tema “El duelo de hijos únicos fallecidos por suicidio”.

De modo que nosotros iniciamos, permitiéndole a cada uno que cuente como ha transcurrido esa semana.
Despues el coodinador expone un tema en particular, que tiene que ver con la vivencia de la  persona en duelo, a partir de allí se produce un debate sobre lo expuesto.
Donde cada uno deja en claro como lo esta viviendo…

Por ejemplo:
La importancia de deshagorse.
La importancia de saber escuchar, para dejarse ayudar.
La empatía.
El duelo se vive en familia.
Los hijos hacen el duelo. Duelo de hermanos. Descentralizar a la madre.
La bronca, la culpa, el rencor…

De ese modo le brindamos recursos, le aportamos conocimientos de cómo se vive el duelo por suicidio”, para pueda contar con estas herramientas para elaborar su duelo.

De la misma manera lo escribe el Dr Sergio Pérez Barrero en su libro.

Por lo que leo ustedes no lo hacen así.
Perdone que le pregunte , no quiero pecar de entender y qu eno sea así.

Ud. se reune con el grupo y ellos expresan solos lo que les pasa.
Ud los acompaña y los contiene en ese descubrir de su vivencia.
Una corriente psicoanalítica.

Usted me dice: Como te he dicho, en mis grupos hay padres con más hijos y otros que se han quedado ya sin hijos. Y el apoyo que se dan es mutuo. Por supuesto notan las diferencias: para unos es una suerte tener más, para otros es otras preocupaciones más.
Lo importante es permirtirles este espacio para que ellos discutan, hablen, se entristezcan, compartan su dolor.
Nuestra tarea no es quitarles su dolor o tener todas las respuestas. Es, simplemente, estar ahí.
En esto concordamos plenamente.

La crisis de conceptos (más no de fe) es parte del proceso: la muerte le hará madurarlos, tanto religiosos como de otro tipo. A los que peor les va no es a los que no creen en nada o a los que tienen mucha fe: es a los del medio, y en la mitad estamos casi todos. Es pues una tarea entre todos…. que mejor amor-comunión-fe que el estar juntos acompañándonos en semejante crisis??
Bueno, ve, en este punto tenemos un problema, muchos de nuestros profesionales y hablo de mi ciudad,  Bahía Blanca, Provincia de Buenos Aires, Argentina, no trabajan en su gran mayoría la parte espiritual. Solo la científica.
Hay muchos ateos, o dicen aceptar la existencia de un Dios, pero no profesan esa fe. Como Ud dice los que estan en el medio. En  l a ambivalencia.

Justamente el  Dr Alfonso Reyes Zubiría, tocó en el último Cogreso que estuvimos juntos el tema de la Espiritualidad como parte indispensable de este Duelo. Y por ello su invitación de participar en la Fundación del GLET en noviembre en DF., para unificar el trabajo del Tanatólogo y Suicidiólogo.
Pero bien dificil lo veo el poder llevar adelante sin convertir a la ONG y dentro del ella el Area de Duelo, en un Grupo sectario.
El nuestro es para Cristianos y no Cristianos. Respetando las diferencias de cada uno.
Acá ya no hablamos de crisis de Fe, hablamos de ausencia  de Fe. Y esta última es la que predomina. Hasta el extremo de no concurrir al Grupo porque está dentro de la Iglesia Catedral. Estoy hablando tanto de profesionales que trabajan con nosotros, como personas en duelo.
¿Comprende lo complejo de la situación?

Esto se dá en los dos grupos, presencial y virtual.

Le agradezco el tiempo que me ha dispensado, esperando contar con Ud para seguir dialogando sobre el tema.

Quedando a su disposición.

Silvia ( Luna) 

De: Médica34 Enviado: 12/10/2005 04:37 p.m.
Un saludo colega: Comparto del todo su percepción de ayuda y el fomentar la autonomía, para de esta manera ayudarles a recuperar su dignidad e independencia de la crisis.

Me gustaría que me ofreciera su opinión en cuanto a las pérdidas de estima cuando la muerte de ese hijo único es por suicidio. Me refiero a diferentes sentimientos además de los comunes: culpa, ira, angustia y otras etapas. Las Pérdidas en cuanto a Sentido de Personalidad.

Agradezco la ayuda y conocimientos que pueda ofrecerme, en esta área tan poco trabajada, y tan poco informada en los estudios sobre la mente humana.

Médica34

De: Ana María Enviado: 13/10/2005 03:36 a.m.
Me aleje de la conversación un par de días para poder tomar perspectiva en cuanto lo que querian, siento que se esta tratando de hacer una diferencia entre lo que es perdida de un hijo único y pérdida de un hijo por suicidio, y ciertamente a mi parecer la valoración si es más grande más dificil nos lleva a categorizar las pérdidas, Cuando en lo que en realidad ha pasado es que se ha perdido a un hijo.

El Problema de la categorización nos lleva a considerar que la forma de la pérdida es lo importante. He trabajado con madres que han perdido a hijos de forma natural, despues de una larga enfermedad y por suicidio todos considerados como niños o adolescentes, y para ellas la muerte de sus hijos era eso “muerte” el no verlos nunca más el no poder cobijarlos, y el no poder estar junto a ellos.

El que si es más fuerte o no, me lleva a recordar lo que muchas mamas me decian con respecto a que le habian dicho familiares y algunos profecionales como forma de aliento “agradece que se fué temprano”, ” fué rapido no sufrió”, a lo que ellas me decian, “se fué mi pequeño o pequeña no entienden”.

Como bien decían cada uno con un proceso distinto, PROCESO, pero no importancia, en algunos puede ser que se ventile más el proceso personal, en otros el procesos marital, y en otros el proceso familiar. Eso va a depender de como cada uno afronte el problema.

En mi experiencia , para que ingresen a grupo han tenido que pasar mucho tiempo a solas, o en forma individual, y durante ese proceso los padres que han perdido un hijo sea de la forma que sea, recorren continuamente los espacios que han vivido en el ultimo momento.

Ahora bien, la estima personal, si la e visto que se pone en duda, las madre creen que no sirven para cuidar hijos. Cuando han sido bebes unicos los que se han ido, ellas piensan que no saben cuidarlosbien se hechan la culpa, y consideran que solo pueden tener “bebes enfermos” por lo que el intentar tener hijos por miedo y por falta de valia, tambien se acrecienta.

Cuando he trabajado con mamás cuyos hijos pequeños se han suicidado (entre 8 y 10 años) la constante que he observado es que se culpabilizan por no haber estado ahi para defenderles, fundamentalmente eran madres que trabajaban todo el día y que vivian en situaciónes de violencia familiar.

Es decir son muchas las variables para considerar este Proceso y no solamente la forma como se fué el hijo. Si le preguntamos a una madre o a un padre, cada uno de ellos nos va a decir que su dolor es fuerte y es cierto.

Ana María

De: Myrna67582 Enviado: 18/10/2005 02:15 a.m.
?Los padres en duelo aprenden a vivir con los recuerdos, con las esperanzas perdidas, con los sueños destrozados. Nunca llegan a ?superar? la muerte, pero sí se recuperan, se adaptan y aprenden a vivir con el dolor.? (DONNELLY 1982, X)

Los hijos son símbolos vulnerables y queridos de lo que viene más adelante. Se los considera la esperanza del futuro. = Cuando muere un hijo, se pierde la esperanza.

Dos proposiciones universales sobresalen cuando se reflexiona sobre el dolor de los padres:

La muerte de un hijo es desorientadora.
Y desprenderse de un hijo es imposible.
Los padres nunca olvidan a un hijo que muere. El lazo que crean con él va más allá de la muerte. Como los sobrevivientes, los padres en duelo tratan de adaptarse a esta nueva existencia que se les impone. Tratan de traspasar a otros el amor y otros regalos especiales que recibieron de su hijo; tratan de hacer del hijo que murió una parte de sus vidas para siempre; tratan siempre de ?honrar al niño que debió vivir? (Finkbeiner 1996, XIV).

Los padres en duelo alientan a otros, que se preocupan por ellos, a que hagan lo mismo. Les piden a otras personas que los ayuden, que sean para ellos ?una cuerda de salvamento, una cuerda para sobrevivir [y para entender]… el llanto de sus almas? (Donnelly 1982, IX).

Los padres en duelo dicen: ?Nuestros hijos están en nuestra sangre; el lazo que nos une a ellos parece no romperse [e intentan] encontrar maneras sutiles y aparentemente inconscientes para mantener ese lazo? (Finkbeiner 1996, XIII, XIV).

Los padres en duelo deben hacer esto para enfrentar lo que parece ser una barrera infinita de dolor y tristeza. Un padre en duelo expresó esta situación diciendo que LA HERIDA SANA, PERO LA CICATRIZ QUEDA PARA SIEMPRE.

Lo que les ha ocurrido a estos padres les ha cambiado la vida; nunca volverán a ver la vida de la misma forma, nunca volverán a ser las mismas personas. Mientras intentan avanzar, estos padres se dan cuenta de que son sobrevivientes y de que han sido lo suficientemente fuertes para soportar lo que es, probablemente, uno de los golpes más duros de la vida. Al encarar y afrontar su dolor, luchan para continuar este proceso mientras hacen de esta pérdida devastadora una parte de su historia personal, de la historia de sus vidas, de su propio Ser.

LA MUERTE DE UN HIJO; EL DOLOR DE LOS PADRES: UN PROCESO DE POR VIDA.

Un abrazo, Myrna

Más allá del suicidio: sugerencias para los supervivientes

Más allá del suicidio: sugerencias para los supervivientes
1. Sepa que puede sobrevivir; tal vez ahora no le parezca posible, pero es posible.
2. Piense en por qué sucedió hasta que ya no le haga falta saberlo, o hasta que esté satisfecho con respuestas parciales.
3. Aunque se sienta abrumado por la intensidad de sus sentimientos, debe saber que todos sus sentimientos son normales.
4. La rabia, el sentido de culpa, la confusión y la distracción son respuestas comunes. Usted no está loco; está de luto.
5. Si siente enojo contra la persona, el mundo, contra Dios y consigo mismo, piense que no hay nada malo en expresarlo.
6. Tal vez se siente culpable por lo que piensa que hizo o dejó de hacer. La culpa se puede convertir en pena a través del perdón.
7. Es normal pensar en el suicidio. Eso no significa que usted vaya a suicidarse.
8. Acuérdese de tomar las cosas una a una o día a día.
9. Encuentre a alguien que sepa escuchar para compartir con él o ella sus sentimientos. Llame a alguien si le hace falta conversar.
10. No tenga miedo de llorar. Las lágrimas son curativas.
11. Se necesita tiempo para recuperarse.
12. Recuerde que la decisión no fue suya. Nadie tiene una influencia completa en la vida de otro.
13. Espere reveses. Si las emociones vuelven en una oleada repentina, es probable que sean restos de su dolor, como algo inacabado.
14. Trate de postergar las decisiones importantes

American Association of Suicidology 4201 Connecticut Ave., NW Suite 408 Washington, DC 20008
Phone: (202) 237-2280 Email: info@suicidology.org
www.suicidology.org

Duelo por suicidio

MUERTE POR SUICIDIO

Un caso de Duelo Complicado
 
 
 
“El que se mata por sus propios deseos comete suicidio”.

Abate Francois Desfontaines, 1735 (creador del término)

“La persona que se suicida deposita todos sus secretos en el corazón del sobreviviente, le sentencia a afrontar muchos sentimientos negativos y, es más, a obsesionarse con pensamientos relacionados con su papel, real o posible, a la hora de haber precipitado el acto suicida o de haber fracasado en evitarlo. Puede ser una carga muy pesada”.

(Caín, 1972, página X, citado por Worden, J.W., 1997)

En la muerte por suicidio es preciso separar la forma de la muerte del muerto mismo; hay que rescatarlos de ésta, rescatar su vida de la forma de morir. Es necesario realizar este desdoblamiento para que se de el proceso de sanación.

Lo que realmente importa no es la forma de morir, sino el hecho de que YA NO ESTÁN. El trabajo de recuperación debe hacerse por su ausencia, no por su forma de morir.

J. Montoya Carrasquilla (2004)

ANTECEDENTES

A lo largo de la historia, las culturas que han poblado el planeta han considerado el suicidio de distinta manera. Aunque algunas de ellas son muy parecidas, las mismas culturas han incluso modificado su propio acercamiento al mismo con el paso de los años, retomando o abandonando posturas anteriores.

El impacto de tales consideraciones aún persiste de forma más o menos importante hoy día. Algunos de sus antecedentes son:

La Antigüedad

Los Galios consideraron razonable el suicidio por vejez, por muerte de los esposos, por muerte del jefe o por enfermedad grave o dolorosa. De igual forma, para Celtas Hispanos, Vikingos y Nórdicos, la vejez y la enfermedad eran causas razonables. En los pueblos germánicos (Visigodos), el suicidio buscaba evitar la muerte vergonzosa (“kerlingedale”), lo cual era loable y bien visto. En la China (1.800 ac) se llevaba a cabo por lealtad, en Japón se trataba de un acto ceremonial, por expiación o por derrota, y en la India por motivos litúrgicos o religiosos, así como por muerte de los esposos (éste último considerado hoy día un delito criminal).

Las Tribus Africanas consideraban maligno y terrible el contacto físico con el cuerpo del suicida, incluso se quemaba la casa y el árbol donde se hubiese ahorcado éste; el suicidio reflejaba la ira de los antepasados y se consideraba asociado a brujería; por otra parte, el cuerpo se enterraba sin los ritos habituales.

En los Antiguos Cristianos el suicidio era muy raro pues atentaba contra el V mandamiento. En La Biblia aparecen 8 referencias a suicidios: 3 de guerreros para no entregarse al enemigo, 2 en defensa de la patria, 1 al ser herido por una mujer, y 2 por decepción (Ajitófel y Judas). Existe también la referencia a dos suicidios colectivos, uno de 40 personas en un subterráneo de Jerusalén y el suicido de la fortaleza sitiada de Massada.

En Grecia y Roma las referencias a los suicidios son innumerables y por diversos motivos: por conducta heroica y patriótica, por vínculos societarios y solidarios, por fanatismo, por locura, por decreto (Sócrates), suicidio asistido por el senado. Durante la antigüedad clásica el suicidio del enfermo de “enfermedad incurable por necesidad” fuese una alternativa razonable; en Roma sólo se penaba el suicidio irracional. Prevalecía la idea de que quién no era capaz de cuidar de sí mismo, tampoco cuidaría de los demás, por lo que se despreciaba el suicidio sin causa aparente. Se consideraba que el enfermo “terminal” que se suicidaba tenía motivos suficientes. Se aceptaba pues el suicidio provocado por “la impaciencia del dolor o la enfermedad”, ya que según decían se debía al “cansancio de la vida (…), la locura o el miedo al deshonor”. La idea de “bien morir” (Eu thanatos) era un Summun bonum: “(…) porque es mejor morir de una vez que tener que padecer desdichas un día tras el otro” (Esquilo, Prometeo encadenado). Es más, “no es de buen médico entonar conjuros a una herida que reclama amputación (Sófocles, Áyax).

Las filosofías de los estoicos, pitagóricos, platónicos, aristotélicos y epicúreos tuvieron una gran influencia sobre el concepto romano del suicidio como liberación de un sufrimiento insoportable. Para los romanos y los griegos, morir decentemente, racionalmente y al mismo tiempo con dignidad, era muy importante. En cierto modo, la forma de morir era la medida del valor final de la vida, en especial para aquellas vidas consumidas por la enfermedad, el sufrimiento y el deshonor: “¿Seguimos o no aceptando el principio de que lo importante no es vivir sino vivir bien? (…) ¿Y que vivir bien, vivir honradamente y de acuerdo con la justicia, constituyen la misma cosa? (Platón: Critón)”. Aristóteles lo consideraba una injusticia sino era autorizado por el Estado: “Entonces eran rehusados los honores de la sepultura normal y la mano derecha era cortada y apartada del cuerpo”.

En los primeros tiempos republicanos, Tarquino el Soberbio ordenó poner en cruz los cadáveres de los suicidas y abandonarlos como presas de los pájaros y animales salvajes para combatir una epidemia de suicidios. No dar sepultura a los suicidas era habitual. Para Séneca, “el suicidio era un acto enérgico, por el que tomamos posesión de nosotros mismos y nos libramos de inevitables servidumbres”. Celebró el suicidio de Catón como “el triunfo de la voluntad humana sobre las cosas”.

El Neoplatonismo, la filosofía de la felicidad más influyente en la antigüedad clásica, consideraba que el hombre no debía abandonar voluntariamente el lugar asignado por Dios. El suicidio, por lo tanto, afectaba al alma negativamente después de la muerte. San Agustín (354 430 d.c.) describió el suicidio como “detestable y abominable perversidad”. Agustín afirmaba que dios otorgaba la vida y los sufrimientos, y que por lo tanto se tenían que soportar. De igual forma, el Islamismo lo condena de tal forma que lo considera un hecho más grave que el homicidio.

Edad Media

Durante esta época el suicidio es penado rígidamente por las leyes religiosas. El Concilio de Arlés (452) declaró que el suicidio era un crimen. El Concilio de Braga (563) lo sancionó penalmente al dictaminar que el suicida no fuera honrado con ninguna conmemoración en la liturgia, excluido del camposanto. Lo mismo sucedió en el Concilio de Auxerre (578). El cuerpo de los suicidas era trasladado con escarnio, enterrado en la encrucijada de los caminos, su memoria difamada y sus bienes confiscados.

Renacimiento

Es variable, aumenta y disminuye según el período, siendo muy notable durante el romanticismo (llamado “mal del siglo”). Persisten las sanciones religiosas.

Hoy día

Varios hechos se esgrimen hoy día como elementos importantes que favorecen la actitud suicida: una salud psicológica quebrantada, la superioridad de lo material sobre lo espiritual, la ambición desmesurada del hombre por el poder, la frialdad del cientificismo tecnológico, el estrés de la vida, la vejez desprotegida e institucionalizada, la disolución familiar, la pérdida de vínculos, la falta de valores morales, la masificación, la soledad del hombre, la pérdida de roles y valores.

Por otra parte y de enorme trascendencia en las culturas cristianas, el Catecismo de la Iglesia Católica, edición 1992, señala que “La iglesia ora por las personas que han intentado contra su vida”, asumiendo así una actitud más pastoral que antaño y teniendo en cuenta la actitud mental y psicológica del suicida y las consecuencias sobre la familia.

FACTORES DESENCADENANTES

Varios factores se consideran implicados en el suicidio:

1. Sociales

El estilo de vida moderno, cultura “light”, consumismo exagerado, falta de autoridad, manipulación, fácil, falta de valores y referencias, desarraigos graves, disolución familiar, tecnicismo avasallador, ausencia de significatividad religiosa, sexualidad deshumanizada, alto grado de agresividad. Algunos autores hablan del suicidio anómico (el que tiene lugar después de una ruptura social importante), el altruista (para salvar el honor familiar o personal o para que otros no se hagan cargo de su persona) y el egoísta (los que nunca estuvieron integrados en la sociedad y que no pertenecen a ella).

2. Factores psicológicos

Personalidad impulsiva y con baja tolerancia al fracaso, dependientes y con expectativas excesivamente ambiciosas o irreales.

3. Factores patológicos

Trastornos del ánimo (depresión, enfermedad bipolar, distimia), trastornos psicóticos, obsesivo-compulsivos, trastorno limítrofe.

4. Factores biológicos

Trastorno neuroquímico.

5. Factores clínicos

Enfermedad terminal, cirugía reciente sin éxito, dolor no controlado, tumores (especialmente craneales), deformaciones (especialmente faciales), amputaciones graves e invalidantes.

6. Factores demográficos

(a) Edad: Aumenta con la edad: mayor riesgo en los mayores de 65 años; 70% de los intentos en menores de 40 años.

(b) Sexo: Más frecuente en mujeres pero más efectivo en hombres.

(c) Estado civil: Variable, puede ser más frecuente en solteros, viudos o separados.

(d) Ocupación: Variable, en desempleados y trabajos de mucha responsabilidad y estrés.

(e) Razas: Más frecuente en raza blanca, presencia de fenómenos de contaminación cultural; para 1996 UNICEF-, el mayor índice de suicidio fue en países como Finlandia, Lituania, Nueva Zelanda, Federación Rusa y Eslovenia.

(f) Grupos sociales: Variable según el país; los países más desarrollados tienen los índices más altos de suicido: Suecia, Japón, Suiza, USA.

(g) Religión: Una vida espiritual sana y consecuente parece ser un factor protector.

(h) Zona geográfica: Variable según el país.

(i) Período del año: Variable, parecen existir ciclos, más frecuentes en primavera y otoño y los días lunes.

7. Antecedentes familiares

Mayor riesgo cuando hay antecedentes por posible contaminación psicológica y/o historia de enfermedad psiquiátrica (enfermedad bipolar). Se destacan mala comunicación, alcoholismo, lazos familiares rotos.

8. Factores etiológicos agudos

Depresión grave, desesperación, pérdida significativa (muerte, separación, pérdida económica, etc.), interrupción de medicación, intoxicación por alcohol o drogas.

9. Triángulo letal de Schneiderman

Síntomas característicos que acompañan a la persona cuando está a punto de cometer suicidio:

a) Baja auto-estima.

b) Agitación extrema en la cual la persona se encuentra muy pensionada y no discierne claramente; las decisiones intelectuales se transforman en decisiones impulsivas de orden afectivo: ¨El dolor de ellos es más superable que el que yo tengo ahora¨.

c) “Visión en túnel” (“no se ve otra cosa que la muerte como salida”) o limitación en las posibilidades intelectuales que determinan que el sujeto no puede discernir serenamente más allá de la situación inmediata.

LOS ESTADOS DEL PROCESO SUICIDA

Primer Estado

Fase sintomática disfórica (malestar), surge la primera idea de suicidio, si bien la reacción inicial es de oposición.

Segundo Estado

La idea va tomando cuerpo. No ve otra salida. El 40% lo comunica al médico, psicólogo o sacerdote y el 80% a familiares y conocidos.

Tercer Estado

Tranquilidad y calma antes de la tormenta. Ya está decidido el cómo, el cuándo y el dónde.

FACTORES ETIOLÓGICOS POR EDADES

1. Niños

Problemas severos de incomunicación, huida de la agresión física o sexual, fracaso o humillación en el colegio, antecedentes de suicidio en la familia o en un amigo, muerte reciente de un familiar, padres separados con relaciones conflictivas (70% mayor de incidencia), traslados de domicilio, pérdidas de amigos, incapacidad de adaptación a nuevos estilos de vida, experiencias tempranas traumáticas.

2. Adolescentes

Padres divorciados, alcohólicos o depresivos, embarazos no deseados, pérdida de autoestima (por discusión familiar, humillación, fracaso escolar, homosexualidad, inadaptación y rechazos sociales, etc.), abuso de alcohol o drogas, trastorno de la conducta, fracaso del noviazgo, contacto con familiares o sobrevivientes de suicidio (alto grado de contaminación), traslados de domicilio, pérdidas de amigos, incapacidad de adaptación a nuevos estilos de vida, carencia de estructura o límites familiares, amputación del futuro (“ya nada me ilusiona”), deseo fantasiosos de castigar o manipular a los seres queridos.

3. Estudiantes universitarios

Presión para el éxito, fracaso académico.

4. Adultos

Depresión o trastorno de la personalidad, desempleo o inestabilidad laboral, duelo (reunificación mágica, urgencia de sustraerse al dolor), infidelidad y problemas sexuales, divorcio, violencia familiar, abortos, prisión.

5. Ancianos

Depresión, soledad, aislamiento social, problemas económicos, pérdida de autonomía e independencia, problemas de salud, nido vacío, insomnio, maltrato.

EL SUICIDIO Y LOS NIÑOS

Como factor de riesgo conocido, es difícil decidir el momento adecuado para hablarle a un niño sobre el suicidio. El mejor momento para hacerlo parece ser el de la muerte misma, antes de que los conflictos e inquietudes hayan adoptado la forma de síntomas o problemas de comportamiento y antes de que otros niños lo comenten. Los niños comprenden mejor el asesinato que el suicidio, porque conocen y están familiarizados con sus sentimientos agresivos. Si el padre superviviente opta por mantener el secreto o deformar la realidad de los hechos (comunicación distorsionada), el niño se dará cuenta de que hay algo que se le oculta o es incongruente con la realidad que aprecia, lo cual levantará una barrera en la comunicación entre padre e hijo, precisamente en un momento en que el niño necesita expresar sus ambivalentes y conflictivas emociones.

Cuatro aspectos de carácter general, y relacionados con el suicidio, permiten estudiar las consideraciones comunes y generales de las reacciones de los niños al suicidio paterno:

(1) Cada suicidio posee características únicas;

(2) Las circunstancias familiares en el marco del suicidio son únicas;

(3) La estructura de la personalidad del niño y su nivel de desarrollo en el momento del suicidio hacen que la reacción sea absolutamente individualizada en cada caso;

(4) En muchos casos, antes del suicidio, ya existían problemas de desarrollo en los niños.

Además de ello, los niños están frecuentemente involucrados en algunos aspectos del acto mismo del suicidio. El sentimiento dominante originado por el suicidio de uno de sus padres es el de culpabilidad; su origen es diverso:

a. Dado que la forma de pensar de los niños es eminentemente concreta y caracterizada por un concepto deformado de causalidad, egocentrismo y pensamiento mágico al interpretar las realidades psíquicas, muchos niños creen que determinados incidentes inmediatamente anteriores al suicidio -sobre todo quejas de sus padres por su mala conducta- son la causa directa de aquel.

b. En muchos casos el padre deprimido ha hecho sentirse culpables y parcialmente responsables de su desesperación a los miembros de la familia, por lo que éstos se sienten aún más culpables al producirse el suicidio.

c. Dadas las características de los trastornos que habitualmente se asocian a conductas autolíticas, se advierte reiteradamente al niño de que tenga cuidado de no indisponer o preocupar a uno de ellos, con lo cual se deposita la responsabilidad de su bienestar psicológico sobre el crío.

El sentimiento de culpabilidad del niño se suele concentrar también en el propio acto de suicidio y es matizado por cuestionamientos del tipo “¿Cómo pudo, cómo debió evitarlo”? Este sentimiento de culpa es intenso y agobiante, y sus efectos son claramente visibles en el niño: declaraciones insistentes y directas de culpabilidad y auto-reproche, depresión, comportamiento provocativo, auto-castigo, conducta obsesiva, pensamientos cargados de culpabilidad y esfuerzos desesperados para defenderse demostrando que es absolutamente bueno, que no hace daño a nadie y que no es malo ni peligroso.

Las implicaciones del suicidio paterno, y sus graves consecuencias a largo plazo sobre la estructura psíquica del niño, exigen una cuidadosa y continuada vigilancia a todo lo largo del duelo desde una perspectiva multidimensional y multidisciplinaria

EL SUICIDIO O EL DESEO DE MORIR EN EL ENFERMO TERMINAL

La desesperanza es la variable clave que une la depresión al suicidio, y es significativamente mejor predictor de suicidio consumado que la depresión sola. La soledad, el abandono, la pérdida de control interno y externo, así como la sensación de desamparo o impotencia ante la enfermedad -habituales compañeros del paciente con enfermedad terminal- son factores muy destacables asociados a una mayor vulnerabilidad al suicidio. Por otra parte, el dolor es la primera causa de morbilidad en el enfermo moribundo; la gran mayoría de los suicidios en el marco oncológico se presentan en pacientes con dolor grave mal controlado y pobremente tolerado.

Los trastornos confusionales son también una causa importante de suicidio, especialmente en pacientes hospitalizados; su presencia  asociada a una pérdida en la capacidad de control de impulsos  puede conducir a un “acting out” (impulso) de pensamientos autolíticos en un paciente, por lo demás, deprimido, gravemente enfermo y confuso. La fatiga psicoemocional y el agotamiento físico, financiero, espiritual, familiar, comunitario y de los recursos de salud son otros de los elementos trascendentes en la motivación del suicidio en el enfermo terminal o moribundo. Para algunas personas, particularmente desde una perspectiva filosófica, el suicidio en los enfermos que afrontan una enfermedad fatal es visto como “razonable” y provisto de un significado positivo: retomar el control de la propia vida y mantener la seguridad de una “muerte digna”. Las posturas habitualmente defendidas comportan elementos más emocionales que científicos.

En cualquier caso, no es raro que el enfermo moribundo pida algo que acabe con sus sufrimientos; a menudo reconsideran la idea cuando el médico comprende la legitimidad de su opción y la necesidad de mantener un sentido de control sobre aspectos de su muerte. El objetivo no es prevenir el suicidio a toda costa, sino prevenir aquel que se debe a la desesperación, a la soledad y aislamiento, y a un inapropiado control de los síntomas.

MITOS ERRÓNEOS ACERCA DEL SUICIDIO

1. La persona que amenaza con suicidarse en realidad no lo va a hacer y quien desea seriamente hacerlo no avisa.

2. La familia siempre es contenedora.

3. La persona histérica no se suicida.

4. El suicidio es un problema solo de viejos.

5. Hablar de suicidio con la persona que ha pensado o intentado hacerlo induce al acto.

6. Solo los locos o raros se suicidan.

7. Cuando alguien planea suicidarse, nada ni nadie puede detenerlo.

8. La pobreza es el mayor desencadenante del suicidio.

9. La gente que intenta suicidarse realmente quiere morirse, antes o después.

10. Solo se suicidan los cobardes.

11. Todos escriben cartas antes de suicidarse (solo uno de cada 6 suicidas deja una carta a los seres queridos).

RELACIÓN DE ACOMPAÑAMIENTO CON LOS SOBREVIVIENTES

El suicidio de un ser querido es una tragedia devastadora que deja despedazada la vida de los sobrevivientes y produce un duelo muy traumatizante. Algunos elementos propios del suicidio, incluyen:

1. Sentimiento de traición y abandono

“¿Qué le hice para que me hiciera tanto daño?”, “¿Cómo pudo hacerme esto?”, “¿Acaso no pensó en mi, en los niños, en su mamá?”, “¿Porqué no pudimos llenar su vida?”, “¿Porqué lo hizo?”, “¿Estaba enojado conmigo?”. El suicidio despierta un angustiante y molesto sentido de traición por tantos años de paciencia y cariño que se brindó.

2. Sentimiento de culpa

La muerte por suicidio no implica solo su ausencia sino que, además, la muerte se vivencia como una acusación por lo que se hizo o no se hizo, se dijo o no se dijo. Es común a toda pérdida pero más acusada en suicidio.

3. Fracaso de rol

Muy unido al sentimiento de culpa, el suicidio produce un angustiante sentimiento de fracaso de rol, muy notable entre las madres.

4. Preguntas sin respuesta

Hay mucha confusión y no hay respuestas. Existe una urgente necesidad de encontrar una justificación racional al mismo, una causa medianamente aceptable.

5. Muerte sin adiós

Queda la sensación angustiante de haber sido abandonados de forma unilateral e injusta.

6. Rabia

El suicidio produce un intenso sentimiento de rechazo hacia aquel ser querido que terminó con su vida (amor-odio contra el objeto amado), resentimiento por haberse dado por vencido, contra nosotros por no habernos dado cuenta, hacia Dios por no haber evitado la tragedia. La rabia, como sentimiento, es un intento de sacar el dolor de sí mismos.

7. El estigma

Aun cuando las condenas históricas han desaparecido en gran parte, el suicidio estigmatiza gravemente a la familia: “Ahí va la madre el suicida”, “Qué sería lo que le hicieron”, etc. La condena es tanto hacia la familia como hacia el mismo suicida. Los supervivientes suelen experimentar menos apoyo social que sus contrapartes y sienten más necesidad de comprensión que en otras muertes. La vergüenza asociada al estigma es uno de los sentimientos más difíciles de sobrellevar.

8. Miedo

Es muy frecuente, tanto por lo anterior como por el reconocimiento de los propios sentimientos autodestructivos, incluso pueden arrastrar con ellos una sensación de destino o predestinación. Además, existe el constante miedo sobre el futuro “más allá de la muerte” de su ser querido (condenación, infierno, etc.).

9. Pensamiento distorsionado

Se presenta por la necesidad de ver la conducta de la víctima, no como un suicidio sino como una muerte accidental, creándose un patrón de comunicación distorsionada en las familias. La familia crea así un mito respecto a lo que realmente le ocurrió a la víctima, y si alguien cuestiona la muerte llamándola por su nombre real, produce un gran enojo y rechazo de los demás, aquellos que necesitan verla como una muerte accidental o natural. Así, es frecuente que los miembros de familia oculten la causa de la muerte y sepan quién sabe y quién no la verdad.

ELEMENTOS DEL ASESORAMIENTO PARA SUPERVIVIENTES DE SUICIDIOS

1. Educación en duelo y en suicidio (libros, artículos, películas).

2. Intervenciones precoces antes de que se establezcan patrones disfuncionales como los pensamientos distorsionados.

3. Intervención sintomática

A. Confrontar con la realidad la culpabilidad hacia uno mismo y hacia los otros (diferenciar entre culpa racional e irracional);

B. Ayudar a corregir las negaciones y distorsiones (afrontar la realidad del suicidio, utilizar las palabras difíciles como “se suicidó”, “se ahorcó”, etc., corregir distorsiones);

C. Trabajar el enfado y la rabia (extraerlo de sí mismo y dirigirlo constructivamente hacia afuera);

D. Confrontar la sensación de traición y abandono con la realidad;

E. Explorar fantasías de futuro (efecto de la muerte sobre su futuro);

F. Manejo grupal del estigma y la vergüenza.

4. Intervención relacional

A. Explorar las funciones de rol y la vivencia de fracaso del mismo.

B. Confrontar la necesidad de encontrar una justificación racional al mismo (una causa medianamente aceptable).

5. Establecer un ritual de despedida.

6. Terapia individual y terapia grupal.

7. Encuentros mixtos de personas que intentaron suicidarse y supervivientes de suicidios.

BIBLIOGRAFÍA

1. Bautista, M y Correa, M: Relación de ayuda ante el Suicidio. Editorial San Pablo. Buenos Aires, 1996

2. Doka, K.J. (Editor): Living with grief alter sudden loss. Hospice Foundation of America, 1996

3. Montoya Carrasquilla, J.: Guía para el Duelo. Editorial Piloto, Funeraria San Vicente. Medellín. 2000-2003.

4. Montoya Carrasquilla, J.: El Arte del Bien Morir: http://www.artemorir.homestead.com/index.html

5. Montoya Carrasquilla, J.: El enfermo con cáncer avanzado: el suicidio o el deseo de morir. Anales de Psiquiatría, 8 (5): 188-191; 1992

6. Montoya Carrasquilla, J.: El duelo del anciano. Geriátrika, 8 (4): 180-184; 1992

7. Montoya Carrasquilla, J.: Cáncer avanzado. Control de síntomas. Editado por el Departamento de Publicaciones de Laboratorios Delagrange. Madrid. 1992

8. Worden, J.W.: El tratamiento del duelo: asesoramiento psicológico y terapia. Editorial Pailón. Barcelona, 1997

CRITERIOS REVISADOS DE DUELO COMPLICADO (CRDC)

Criterio A (estrés por la separación afectiva que conlleva la muerte).

Presentar, cada día o en grado acusado, 3 de los 4 síntomas siguientes: 1. Pensamientos intrusos -que entran en la mente sin control- acerca del fallecido. 2.  Añoranza -recordar su ausencia con enorme y profunda tristeza- del fallecido. 3.  Búsqueda -aún sabiendo que está muerto- del fallecido. 4. Sentimientos de soledad como resultado del fallecimiento.

Criterio B (estrés por el trauma psíquico que supone la muerte).

Presentar, cada día o en grado acusado, y como consecuencia del fallecimiento, 4 de los 8 síntomas siguientes: 1. Falta de metas y/o tener la sensación de que todo es inútil respecto al futuro. 2. Sensación subjetiva de frialdad, indiferencia y/o ausencia de respuesta emocional. 3. Dificultad para aceptar la realidad de la muerte (p.ej., no terminar de creérselo). 4. Sentir que la vida está vacía y/o que no tiene sentido. 5. Sentir que se ha muerto una parte de si mismo. 6. Asumir síntomas y/o conductas perjudiciales del fallecido, o relacionadas con él. 7. Excesiva irritabilidad, amargura, y/o enfado en relación con el fallecimiento. 8. Tener alterada la manera de ver e interpretar el mundo (p.ej: haber perdido la sensación de seguridad, la sensación de control, la confianza en los demás).

Criterio C (cronología).

La duración del trastorno -los síntomas arriba indicados- es de al menos 6 meses.

Criterio D (deterioro).

El trastorno causa un importante deterioro de la vida social, laboral u otras actividades significativas de la persona en duelo.

Bibliografía

Landa V, García-García JA. El proceso de duelo. En: De la Revilla L, Montoso R, eds. Atención familiar en el enfermo crónico, inmovilizado y terminal. Granada: Fundación para el Estudio de la Atención a la Familia; 2000.

García-García JA, Landa V, Grandes G, Mauriz A, Andollo I. Cuidados Primarios de Duelo (CPD). El nivel primario de atención al doliente. Sestao: Grupo de Estudios de Duelo de Vizcaya; 2001. p 17-8.

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