Respaldo de material de tanatología

Reflexiones sobre comunalidad

Benjam�n Maldonado Alvarado

Reflexiones sobre comunalidad

y

medicina ind�gena tradicional (1)

Primera edici�n cibern�tica, octubre del 2003

Captura y dise�o, Chantal L�pez y Omar Cort�s

Presentaci�n

El ensayo que aqu� publicamos, debido a la pluma del compa�ero, amigo, maestro e investigador, Benjam�n Maldonado Alvarado, aborda un tema, de suyo, sumamente interesante.

Las presentes reflexiones sobre las relaciones existentes entre el criterio comunal y la medicina ind�gena tradicional, de seguro no habr�n de pasar desapercibidas, tanto por lo atractivo del tema como por la pulcritud con que han sido escritas.

En efecto, en muchas regiones de la Rep�blica mexicana, donde la poblaci�n ind�gena es notoriamente mayoritaria, se mantiene una milenaria sabidur�a en cuanto a los medios medicinales tradicionalmente usados. Oaxaca, uno de esos Estados en los que ese tipo de sabidur�a se manifiesta.

Sin embargo, y como muy atinadamente se�ala el autor de estas reflexiones, lo que ha de servirnos de pauta para intentar un acercamiento a esa sabiduria, esta centrado en la forma de vida comunal de esas culturas, siendo precisamente lo comunal, el dato clave para poder comprender las diferencias existentes en los conceptos medicina tradicional y medicina tradicional ind�gena.

Siendo la vida comunal lo que caracteriza a las culturas ind�genas, resulta, hasta cierto grado, imposible diferenciar su visi�n de la salud y de la medicina, de su antiqu�sima forma de vida. As�, y como muy atinadamente lo especifica el autor, es posible seguir un paralelismo entre los criterios de salud en el campo socio-comunal, al igual que en el f�sico-individual. El cuerpo social, esto es, la comunidad, requiere, para lograr un �ptimo desarrollo, mantenerse plenamente sana, lo que implica contar con la medicina que sea capaz de prevenir cierto tipo de enfermedades sociales, al igual que medicina capaz de curar los desequilibros que alteren o pongan en severo riesgo su salud.

Desde tiempos inmemoriales las culturas ind�genas as� lo han comprendido y as� lo han vivido, siendo para ellas lo importante el mantener la salud de la comunidad en cuanto cuerpo social, ya que la salud de los individuos en cuanto cuerpos f�sicos, depende, b�sicamente, de la salud de la comunidad. As�, si el criterio de lo comunal llegase a desaparecer, o sea, llegase a morir, los cuerpos f�sicos de las individualidades que la conforman, perecer�an igualmente. Datos de esta verdad pueden escudri�arse en las aut�nticas tragedias que el proceso de colonizaci�n trajo consigo en diversos pa�ses del continente americano.

Esperamos que estas reflexiones despierten el inter�s por profundizar en tan actual como atrayente tema.

Chantal L�pez y Omar Cort�s

Introducci�n

Este texto contiene un conjunto de ideas a desarrollar. Se trata de ideas destinadas originalmente a m�dicos ind�genas de Oaxaca, y por lo tanto ten�an el fin de sugerirles pistas de reflexi�n. Fueron presentadas en un seminario organizado por el Consejo Estatal de M�dicos Ind�genas Tradicionales de Oaxaca, que es un organismo civil que agrupa a la mayor�a de estos sabios oaxaque�os y que tiene por objetivo agremiarlos para ejercer en mejores condiciones su oficio, con el cual se fortalecen las culturas locales.

La medicina ind�gena tradicional ha sido rescatada de su medio natural para ser llevada al mundo urbano como una m�s de las medicinas alternativas. Comercialmente se pueden adquirir medicinas tradicionales que no han sido elaboradas por ind�genas, y se puede acudir a cl�nicas mestizas de medicina ind�gena y los conceptos de salud y enfermedad que explican el estado de un enfermo y su curaci�n tienen m�s que ver con una explicaci�n positivista que con sus viejas explicaciones. Obviamente en estas condiciones se practica la medicina ind�gena en espa�ol y la comunidad, y sobre todo la familia, no son un referente importante dentro del proceso de curaci�n.

Por estas razones era conveniente reflexionar con m�dicos tradicionales sobre algunas de estas ideas y ubicar la discusi�n en un contexto pol�tico.

Benjam�n Maldonado

Medicina tradicional y medicina ind�gena tradicional

Empecemos con una pregunta que nos ayudar� a precisar la relaci�n entre comunalidad y medicina ind�gena tradicional: �podemos establecer diferencias importantes entre medicina tradicional y medicina ind�gena tradicional en Oaxaca? Aparentemente no, porque la medicina tradicional es de origen ind�gena: los m�dicos, las plantas, sus conocimientos y el conjunto de conceptos sobre el funcionamiento y disfuncionamiento del mundo constituyen la parte medular de ambos tipos de medicina.

�Qu� es entonces lo que definir�a el car�cter ind�gena en este caso? �Podr�amos decir que la medicina ind�gena tradicional es s�lo la que se conserva en comunidades ind�genas? Eso excluir�a la posibilidad de su existencia y desarrollo en comunidades rurales que ya no son hablantes de alguna lengua ind�gena o que ya no se identifican como tales. �Es s�lo la que se practica en lengua ind�gena? Eso excluir�a a los m�dicos ind�genas que la ejercen en espa�ol (2). Entonces, si la diferencia no se encuentra con claridad en su origen ni en sus caracter�sticas, esto nos lleva a proponer que la diferencia entre ambas medicinas radicar�a en el contexto en que se desarrolla, que en el caso ind�gena es la comunalidad o vida comunal. De acuerdo a esto, consideremos entonces que la medicina ind�gena tradicional es la que se practica en un contexto comunal, mientras que la medicina tradicional en Oaxaca es la misma medicina ind�gena pero que se practica en contextos descomunalizados, tanto en ciudades como en comunidades donde la comunalidad no es ya la forma de vida de quienes recurren a ella (3).

El espacio de la vida india es principalmente la comunidad, donde se vive comunalmente, por lo que el espacio propio de la medicina ind�gena tradicional es tambi�n la comunidad. Pero la migraci�n ha ampliado las fronteras de pertenencia a la comunidad y hoy es posible hablar de comunidad transterritorial al referirse a la reconstrucci�n organizativa de los migrantes de un mismo origen en sus lugares de destino (Kearney, 1996; Coloquio, 1999; Barabas, 2001). De manera similar, podr�a hablarse de una medicina ind�gena tradicional transterritorial cuando los m�dicos migran y contin�an practicando su actividad. Pero la reproducci�n de lo cultural fuera de la comunidad ocurre b�sicamente entre migrantes que no han perdido vinculaci�n con su comunidad y que contin�an articulados a la vida comunal, aunque a distancia, cumpliendo c�clicamente con sus cargos, servicios y cooperaciones, asistiendo a fiestas y apoyando a sus familiares. Entonces, si la ampliaci�n de la comunidad m�s all� de sus fronteras territoriales es posible cuando se contin�a articulado con la comunidad, podemos decir que la medicina ind�gena transterritorial funciona en condiciones similares y que por lo tanto es la vinculaci�n de sus actores a la vida comunal la que la mantiene en una l�gica espec�fica, que es la l�gica india.

La comunalidad o modo de vida ind�gena

La comunalidad, lo comunal, no es s�lo lo que ocurre en lo local, en la comunidad, porque al hablar de lo comunal no nos referimos a un espacio sino a una forma de ser en distintos espacios. Esta forma de ser es espec�fica, aunque no exclusiva, de los ind�genas. El ind�gena vive en una comunidad territorial en la que es parte de una comunidad etnopol�tica, es decir una colectividad culturalmente espec�fica, estructurada en un tejido de relaciones sociales basadas en el principio de reciprocidad, y es una colectividad que ejerce el poder en un territorio de manera permanente a trav�s de la asamblea, y tambi�n lo ejerce por periodos a trav�s de su sistema de cargos.

Cada persona ind�gena, que vive generalmente en comunidades peque�as, forma parte de un conjunto grande de relaciones: tiene numerosos parientes a trav�s de la ramificaci�n familiar, tiene tambi�n bastantes parientes rituales (compadres, padrinos, ahijados), y tiene algunos vecinos sin relaci�n parental pero con muchos de los cuales mantiene relaciones de intercambio de bienes y de ayuda mutua. Esta red es todav�a m�s densa por la participaci�n en los tequios, en las asambleas y en las fiestas es colectiva, abierta pero obligatoria. Los ind�genas son comunidad en un territorio comunal y reiteran c�clicamente su pertenencia a ella a trav�s de su participaci�n en lo colectivo, en el cumplimiento de sus responsabilidades y obligaciones.

La persona forma parte no s�lo de su comunidad de origen sino tambi�n de una comunidad menor dentro de ella, que es la familia. La familia ind�gena funciona como comunidad, donde los derechos se respetan a quienes cumplen con sus obligaciones con la comunidad. Ser comunal es una pesada carga que implica mucho trabajo gratuito, responsabilidad y gastos; es una carga a la que a veces se rehuye pero a la que generalmente se acepta hasta con gusto. Servir a la comunidad es la v�a para sentirse y ser reconocido como parte de ella.

Este concepto de vida est� relacionado con su expresi�n en una lengua espec�fica, distintiva y propia, y con un conjunto de conocimientos del entorno que permiten saber vivir la vida comunal entre los humanos y con los sobrenaturales. En todo ello, la medicina tradicional ocupa un lugar fundamental, al mismo tiempo que lo comunal ocupa un lugar primordial en la medicina tradicional.

Salud y enfermedad en el cuerpo social y en el cuerpo humano

Es interesante establecer un paralelismo entre el cuerpo humano y la sociedad concebida como cuerpo social, para observar algunas de sus caracter�sticas relativas a la salud en el caso de las comunidades ind�genas. Para ello, giraremos en torno a la idea de que el concepto curativo de la medicina ind�gena tradicional forma parte del concepto curativo de la sociedad.

Todos sabemos que no existe ning�n humano que haya sido siempre saludable y que adem�s est� exento de accidentes que lo pudieran lesionar. Aunque la salud total es una aspiraci�n humana, no existe ni existir� alg�n humano que la pueda tener durante toda su vida. En ese sentido, la medicina atiende el desequilibrio provocado por la enfermedad.

De la misma manera, tampoco existe ni ha existido ni existir� ninguna sociedad humana que est� libre de problemas y conflictos. Es decir, que no hay comunidad que sea un para�so terrenal, una tierra sin mal o un cuerpo social siempre saludable. El cuerpo social est� frecuentemente enfermo: algunas veces padece enfermedades curables de larga o corta duraci�n (como algunos conflictos agrarios o disputas entre familias), otras veces llega a tener enfermedades incurables (como en muchos casos es la divisi�n por intereses pol�ticos) o mortales (como el caciquismo), o a padecer fracturas e incluso mutilaciones (como las expulsiones).

Ni el cuerpo humano ni el social tienen condiciones de inmunidad, por lo que contar con una estructura de curaci�n ha sido una de sus preocupaciones y sobre todo de sus principales �xitos para perdurar. Esta estructura la han autogenerado por muchos siglos, y s�lo recientemente ambos cuerpos han cedido en alguna medida la atenci�n de su salud a instituciones externas a su cultura.

La estructura curativa del cuerpo humano es el sistema de medicina tradicional, conformado por m�dicos, medicinas y su conocimiento. La estructura curativa del cuerpo social ind�gena son b�sicamente la asamblea comunitaria, sus autoridades y el derecho tradicional o consuetudinario. A trav�s de la asamblea se diagnostica y soluciona los problemas que enferman a la comunidad; las autoridades tienen por funci�n tratar de evitar que los problemas se presenten, pero una vez presentes deben encontrarles curaci�n, tomando medidas o recurriendo a la asamblea para acordarlas, cuando la magnitud de la enfermedad lo amerita.

Para los cuerpos humanos -siempre expuestos a enfermedades-, son los m�dicos quienes recuperan su salud, constituy�ndose con ello en un elemento estructural cuya funci�n es lograr la mejor calidad de vida saludable para el cuerpo humano. De la misma manera, la asamblea y las autoridades son los elementos estructurales de la comunidad ind�gena que tienen por funci�n generar las mejores condiciones de vida para el cuerpo social, al encabezar a la comunidad en la b�squeda de las maneras de solucionar y enfrentar todo tipo de problemas.

Y al igual que en el cuerpo social, para que el cuerpo humano recupere la salud a la manera tradicional, se requiere de un contexto comunal de curaci�n, dado b�sicamente por la participaci�n familiar en torno al enfermo.

La estructura de salud que podemos llamar tradicional tanto para el cuerpo humano como para el social, se desenvuelve dentro de un contexto espec�fico, que es el contexto comunal. Tanto las personas como la sociedad han sido tradicionalmente comunales entre los ind�genas. Es con base en una concepci�n comunal, colectivista, de la vida, que han moldeado sus instituciones y que han adoptado elementos provenientes de otras culturas. Por ejemplo, el municipio es una instituci�n no ind�gena de gobierno que se adopta en Oaxaca durante el siglo XIX y que no requiere de una organizaci�n comunal para funcionar, como se puede ver en municipios grandes de Oaxaca y en municipios mestizos de diversos estados de la Rep�blica. Pero a pesar de ello, los municipios ind�genas de Oaxaca son, en general, municipios comunales, es decir, que se les ha dado una caracter�stica particular, espec�fica, que es propia de los ind�genas.

Gran parte de las comunidades ind�genas ya no tienen una estructura curativa constituida s�lo por la medicina tradicional y se ha incorporado en ellas la medicina al�pata, el m�dico hegem�nico, la ciencia excluyente y su templo, que es el centro de salud. Al igual que en el caso de la lengua, en ocasiones la convivencia entre lo propio y lo ajeno (a lo que se tiene derecho) es relativamente equilibrada, pero en otras significa un proceso de desplazamiento o de sustituci�n de la medicina tradicional, quedando anclada la comunidad a una estructura que no es autogenerada sino que depende del subsidio gubernamental para funcionar, y por lo tanto su funcionamiento est� fuera de sus manos. La medicina occidental no es inocua y al curar genera trastornos tanto en el cuerpo humano como en el social (4).

Lo importante es considerar que una sociedad como la india, que genera su estructura de curaci�n y la pierde o abandona, est� condenada a ser consumida por la enfermedad o a recurrir a nuevas estructuras; en un contexto colonial, este cambio es generalmente inducido por el gobierno, de manera que la sociedad es orillada a renunciar a lo propio y transformarse. Los gobiernos no ayudan a los pueblos indios a curarse sino que los presionan para dudar de su salud, aceptarla como enfermedad y buscar las formas cient�ficas de curarla.

Medicina tradicional y autonom�a

Finalmente, es necesario no perder de vista que el momento actual de las luchas indias muestra una tendencia a la construcci�n de formas auton�micas de vida no exclusivas en el seno de la sociedad nacional. Esta autonom�a, en el caso de los indios, est� cimentada en su experiencia hist�rica de organizaci�n comunal, y es a partir de esa comunalidad que la autonom�a adquiere una dimensi�n cercana.

La autonom�a no es tal si se le separa de la autogesti�n, y es precisamente la comunalidad la que ha generado experiencias autogestivas s�lidas en la vida india: por ejemplo, en el ejercicio del poder local, en la articulaci�n econ�mica regional, en la procuraci�n de justicia, de salud, de educaci�n. Si entendemos a la autogesti�n como la capacidad social de hacerse cargo de sus cosas sin el concurso indispensable del Estado u otros agentes externos, debemos reconocer que las comunidades indias han sido autogestivas, y la medicina ind�gena tradicional es uno de sus aspectos m�s evidentes: a trav�s de ella, la sociedad india -ya sea a nivel comunitario o regional– ha contado con todos los recursos necesarios para curarse (m�dicos, medicinas, conceptos). Por siglos, no hubo intervenci�n del Estado en la atenci�n a la salud de los indios, y con sus recursos fueron lo suficientemente saludables para rehacer su vida y adem�s cumplir con el pago de tributos e impuestos. Tampoco necesitaron de maestros para educar a sus hijos, ni de abogados para resolver sus conflictos cotidianos.

Es en su articulaci�n subordinada con la cultura totalitaria (Jaulin, 1989), tanto virreinal como mexicana, que los indios han ido perdiendo sus capacidades autogestionarias para depender cada vez m�s de agentes externos para la atenci�n de sus problemas y necesidades, lo que se ha traducido en que son cada vez m�s dependientes del Estado. Una perspectiva auton�mica no puede ignorar esto y proponer una sociedad completamente nueva o totalmente reconstruida del pasado, sino encontrar las formas en que lo occidental pueda ser incorporado a una estructura propia y autocontrolada.

Los m�dicos ind�genas tradicional son una estructura autogenerada fundamental en la conservaci�n con vida y salud tanto del cuerpo humano como del cuerpo social con base en su cultura originaria. En otras palabras, son una estructura autogestiva propia para la autonom�a. Adem�s, si consideramos los esfuerzos de los m�dicos ind�genas oaxaque�os por organizarse (el Consejo Estatal de M�dicos Ind�genas Tradicionales de Oaxaca tiene m�s de 600 miembros de distintos grupos etnoling��sticos), podemos ver en ellos un aporte adicional a la construcci�n de la autonom�a a trav�s de la vinculaci�n de intelectuales indios, que son los m�dicos.

Notas

(1) Este texto fue presentado como ponencia en el Seminario Permanente sobre Derechos Ind�genas y Medicina Tradicional convocado por el Consejo Estatal de M�dicos Ind�genas Tradicionales de Oaxaca y la delegaci�n estatal del INI, Oaxaca, 15 de mayo del 2003.

(2 Cada vez es m�s claro que la identificaci�n de lo indio con la lengua es insuficiente: las comunidades indias en las que la lengua originaria ya no es hablada por la mayor�a de sus habitantes, no por eso dejan de ser indias, pues en algunos casos sus habitantes siguen identific�ndose como indios en espa�ol y en muchos casos las comunidades siguen organizadas tal como las comunidades indias. Esto es evidente por ejemplo en el hecho de que son 418 municipios los que eligen a sus autoridades por el sistema llamado de Usos y Costumbres (que tiene como estructura a los cargos y como �rgano de expresi�n a la asamblea general de la comunidad), mientras que son apenas unos 250 municipios oaxaque�os los que son habitados mayoritariamente por hablantes de lengua ind�gena.

(3 Un contexto descomunalizado es un contexto en el que el individualismo tiende a desplazar al colectivismo comunal tanto a nivel de toda la comunidad como a nivel familiar y personal. Es en un contexto individualista en el que queda desubicada la medicina ind�gena tradicional: las pr�cticas curativas tradicionales no tienen la misma l�gica en un contexto comunal que en uno individualista aunque la forma de la pr�ctica m�dica pueda ser id�ntica.

(4 La salud del cuerpo social indio es apenas recientemente reconocida pero s�lo en algunos de sus aspectos (como el tequio y su utilidad); pero lo m�s com�n es que esa salud cultural sea concebida como enfermedad por la poblaci�n actualmente mayoritaria y tratada como tal por los gobiernos nacionales.

Bibliograf�a

Barabas, Alicia 2001 – Traspasando fronteras: los migrantes ind�genas de M�xico en los Estados Unidos, en: Cuadernos del Sur N�m.16, mayo, Oaxaca.

Coloquio 1999 – Coloquio nacional sobre pol�ticas p�blicas de atenci�n al migrante (Memoria). Oaxaca: Gobierno Constitucional del Estado.

Jaulin, Robert 1989 – Los indios y las m�scaras del totalitarismo (entrevista a Robert Jaulin), primera parte, en: El Medio Milenio N�m. 5, Oaxaca.

Kearney, Michael 1996 – La migraci�n y la formaci�n de regiones aut�nomas pluri�tnicas en Oaxaca, Coloquio sobre derechos ind�genas, Oaxaca: Instituto Oaxaque�o de las Culturas.

Maldonado, Benjam�n 2002 – Autonom�a y comunalidad india. Enfoques y propuestas desde Oaxaca. Oaxaca: INAH-Oaxaca / Secretar�a de Asuntos Ind�genas del gobierno del estado / Coalici�n de Maestros y Promotores Ind�genas de Oaxaca / Centro de Encuentros y Di�logos Interculturales.

¿Qué es la medicina tradicional indígena?

Se denomina “medicina tradicional indígena” al sistema de conceptos, creencias, prácticas y recursos materiales y simbólicos destinado a la atención de diversos padecimientos y procesos desequilibrantes, cuyo origen se remonta a las culturas prehispánicas, pero que, como toda institución social, ha variado en el curso de los siglos, influida por otras culturas médicas (española, africana, moderna), por los cambios en el perfil epidemiológico de las poblaciones y por factores no médicos de diversa índole (económicos, ecológicos, religiosos). Constituye un recurso fundamental para la atención a la salud de millones de mexicanos y es ejercida por terapeutas conocidos popularmente en español como curanderos, parteras, hueseros, hierberos, rezanderos, sobadores o graniceros, y en las lenguas indígenas como h’men (mayas), mara’akáme (huicholes), h’ilol (tzeltales, tzotziles), etcétera. En gran parte de las áreas rurales del México indígena, la medicina tradicional forma parte de un sistema real de salud junto a la medicina académica o científica y a la medicina doméstica o casera.

Ofrecemos aquí -como resultado de diversas investigaciones y de nuestros propios trabajos- una serie de rasgos que son comunes a las medicinas tradicionales indígenas de México y de otras regiones del continente americano:

1. Las medicinas tradicionales coexisten con los sistemas médicos occidentales en la mayoría de los países que poseen manifestaciones importantes de cultura médica tradicional o popular.

2. Los terapeutas tradicionales mantienen con respecto al sistema médico occidental (llamado también académico, científico o alopático) relaciones de conflicto y complementación.

3. Usualmente, las medicinas tradicionales no constituyen dominios autónomos, independientes de la religión y de los sistemas de creencias, de los grandes mitos populares o de formas ancestrales de la cosmovisión tradicional.

4. Su modelo terapéutico, generalmente no organicista o biologista, con frecuencia es un importante factor de control social y de modulación de las conductas del individuo y del grupo.

5. Se hallan estrechamente ligadas a otros componentes de la vida social y aparecen como una derivación directa de la cultura del grupo.

6. Asocian elementos pertenecientes al mundo material inanimado y al de los seres vivos, compartiendo categorías, características o cualidades (v.gr. el frío y el calor, la posibilidad de que síndromes de filiación cultural como el mal de ojo o los aires afecten por igual al hombre o a los animales, e incluso a plantas y objetos).

7. En ellas, el mundo humano es frecuentemente un microcosmos que refleja el universo natural, social y sobrenatural, siendo el medio físico y las relaciones humanas factores determinantes de la causalidad de numerosas enfermedades.

8. Muestran una ausencia casi total de cirugía y un rechazo a la disección y a la autopsia.

9. Los conceptos de balance y equilibrio constituyen nociones básicas que el terapeuta interpreta en sentido físico, psíquico, mítico, moral o religioso, a veces sin distinción de dominios (p. e. La higiene y la ética suelen estar estrechamente ligadas).

10. La mayoría de ellas reconocen centros o soplos anímicos, determinantes para la vida (p. e., el tonalli, el ihíyotl y el yollo en la tradición nahua del México central).

11. La socialización de la enfermedad se apoya con frecuencia en la triple experiencia del terapeuta, el enfermo y el grupo, por lo que las formas de eficacia simbólica encuentran un respaldo comunitario que excede los límites de la consulta médica.

12. Los conceptos relativos a la causalidad de las enfermedades son compartidas por el terapeuta, el enfermo y el grupo. A diferencia de lo que usualmente ocurre en el sistema médico occidental, en las medicinas tradicionales el marco ideológico-técnico es común a varios actores del proceso terapéutico, y base de numerosas curaciones.

13. En general, en la práctica médica aparecen cuatro dominios bien definidos que dan lugar a la existencia de terapeutas con tipos de prácticas específicas: parteras, curanderos, hueseros y hierberos, cuyas funciones suelen combinarse.

14. Posesión y desposesión constituyen grandes órdenes causales de un gran número de padecimientos. Factores naturales, personales y preternaturales o sobrenaturales viabilizan la posesión y la desposesión, y el diagnóstico puede variar -con respecto al agente causal- según el progreso de la enfermedad.

15. En la medida en que la mayor parte de los países que poseen una importante medicina tradicional han sido objeto de la explotación colonial, vastos sectores de sus taxonomías muestran indicios de sincretismos (lo que se revela en los nombres de las enfermedades, en la explicación de su etiología, en los tratamientos y las maniobras, en los remedios utilizados, etcétera) o de francas alteraciones de los modelos ancestrales.

16. Las asociaciones, gremios, organizaciones y, en general, toda forma de institucionalización de los terapeutas tradicionales constituyen fenómenos históricos recientes o, por el contrario, muy antiguos (preexistentes a los procesos de conquista y colonización). En general, no existen en los sistemas médicos tradicionales auténticas estructuras burocráticas encargadas de la planificación, la formación de recursos humanos, la investigación, el desarrollo tecnológico, el sistema de pagos, las relaciones con los servicios de salud institucionales, etcétera.

17. La formación de los terapeutas obedece a muy diversos patrones, generalmente: entrenamiento con otro terapeuta más experimentado y de mayor edad, herencia, habilidades personales excepcionales, defectos físicos o trastornos mentales característicos, signos reconocidos al momento del nacimiento o en el entorno del sujeto, asociaciones míticas con un doble, un animal-compañero, experiencias existenciales inusuales, etcétera.

18. Poseen un vasto conocimiento del medio físico (particularmente del mundo vegetal), que constituye la base de su materia médica.

19. El reconocimiento social del ejercicio de los terapeutas -generalmente personas adultas maduras, investidas de prestigio técnico y moral-, los convierte en agentes de reproducción ideológica y cultural, y de control social.

20. El mecanismo de transmisión oral de los conocimientos constituye la base esencial para la formación de los recursos humanos.

21. El cobro de honorarios suele ser simbólico o adecuado a la condición socio-económica del paciente, compartiendo con el terapeuta necesidades materiales y principios ideológicos.

22. La coexistencia de la medicina tradicional no sólo se establece con el sistema médico institucional o académico; existe una estrecha relación con las formas domésticas o caseras de la terapéutica médica, siendo éste el ámbito desde donde derivan hacia la práctica pública numerosos terapeutas.

23. La mayoría de las medicinas indígenas establece una distinción entre “enfermedades del médico” y “enfermedades del curandero” (o “del brujo”, “de la gente”, “tradicionales”, etcétera).

24. Poseen una escasa tecnología cuyo uso ancestral indica variaciones mínimas o insignificantes a lo largo del tiempo (un buen ejemplo de esto lo constituye el empleo del baño de vapor o temazcal -cuyo empleo aparece ya documentado para el mundo prehispánico-, característico en el tratamiento de diversas enfermedades y en el proceso del embarazo, el parto y el puerperio). (ZOLLA,1987:72-74).

Etnomedicina en Mesoamérica central

(ALTERACIONES VISTAS POR LA TRADICIÓN. ESPECIALISTAS. MEDIOS Y PROCEDIMIENTOS TERAPÉUTICOS LOCALES).

RESUMEN.
Las culturas tradicionales de salud y las etnomedicinas en Mesoamérica son el resultado de la evolución de sistemas precedentes como el chamanismo. Protegidas en las etnias debido a su carácter de utilidad y necesidad para la supervivencia de las gentes, llegaron a la modernidad más o menos transformadas. La mezcla amerindio-hispana, tras la conquista, dio lugar a una tradición nueva, la mestiza, desarrollada principalmente en las áreas urbanas. Tradiciones originarias y tradición mestiza recogen una serie de ópticas del fenómeno de salud-enfermedad así como los modos y medios adaptados a las culturas para conservar el bienestar de las gentes.

INTRODUCCIÓN.
Las formas de entender el bienestar en cada cultura se relacionan con los contenidos de sus tradiciones. La verdad es que, en un mundo plural, todos los seres humanos deberían poder mostrarse como son. Deberían poder seguir desarrollando sus modos de prevenir los males y curar. En las sociedades del pasado, y en las del presente, los seres humanos fabricaron, y fabrican, sistemas y maneras para atender las necesidades de salud. En el estudio interpretativo que los investigadores Jean Clottes y David Lewis-Williams (2001) han hecho de los dibujos y expresiones pictóricas, así como escultóricas, de las cuevas del paleolítico europeo, se sugiere la existencia de chamanes en la prehistoria. Por lo que se conoce a través de las fuentes documentales (principalmente rusas) estudiadas por Mircea Eliade (2001) sobre el chamanismo asiático y norasiático, ese sistema, además de terapéutico, sería un modo organizativo de los grupos y comunidades en tiempos en los que las amenazas externas (naturales y humanas) hacían peligrar no sólo el equilibrio y bienestar de los individuos sino la estabilidad e integridad de sus grupos. Para Antony Tao (2003), del chamanismo arcaico chino nació una especialidad más dedicada a la terapéutica: el chamanismo curativo, a partir del momento en que las sociedades se hicieron sedentarias (inicio del Neolítico, hace unos 10000 años). De este chamanismo surgiría posteriormente la medicina tradicional china.

Hasta la llegada de los europeos a América, los grupos amerindios dispusieron de modos de curar adaptados a sus formas de pensar y a sus cosmovisiones. Los Cronistas de Indias dieron cuenta de las características del mundo que encontraron y descubrieron. Y, aunque influidos por su origen, su forma de pensar europeo-cristiana y los condicionamientos que el poder religioso y el poder político les imponían, retrataron, como hizo Fray Bernardino de Sahagún (1994) en el Códice Florentino, toda la majestuosidad de aquellas culturas. En esas etnografías de la época, se habla de curadores, de formas de curar y de elementos para curar; es decir, de toda una organización de la terapéutica.

En mi opinión, debido a los condicionamientos de los cronistas, en sus libros se exponen principalmente medios de cura naturales (de origen vegetal, la mayoría; pero también, minerales y de origen animal); aunque se habla tímidamente de la cura simbólica (o mejor, de la parte simbólica de la cura), asociada a los chamanes.

Anna Reid (2003) escribe sobre el chamanismo siberiano, recuperándose, como otras parcelas de la cultura de los pueblos norasiáticos, tras el fin del “Imperio Soviético”. Chamanes y etnomédicos siberianos sufrieron por el avance de la Rusia zarista hacia el Este; y volvieron a sufrir cuando el sistema soviético impuso a los originarios siberianos un orden basado en una cultura materialista de base productiva.

Europa Occidental, como han hecho otras partes del mundo, ha seguido su propio camino de evolución y progreso. Razones sociohistóricas y culturales hicieron posible el surgimiento de la ciencia. Expresa Antony Tao (2003) que los griegos entendieron el universo como un todo ordenado por leyes que el pensamiento es capaz de descifrar y conocer. A esta base cultural se unió el aporte del cristianismo; que, como el judaísmo, entendía un dios transcendente, separado de la naturaleza. Quedó la naturaleza, en las culturas europeas, libre de ataduras y dependencias espirituales, dispuesta para ser estudiada por un pensamiento no mediatizado por la divinidad. En el Renacimiento ya se expresó y se ensayó esa tendencia. Luego, llegó la Ilustración; y después, la Revolución Industrial. Europa se hizo poderosa. Los grupos dirigentes y los poseedores del dinero “proyectaron su mirada” (enfocaron sus intereses), como en su tiempo hizo la Corona de Castilla, a otros lugares del planeta. Encontraron gentes diferentes, gentes que no hablaban como ellos, que no pensaban como ellos, que no veían las cosas como ellos, que no entendían las enfermedades como ellos y que no curaban como ellos. Al igual que hicieron los españoles en América, el resto de los países europeos también impuso unas relaciones de poder a las nuevas sociedades.

La ciencia, como parte de la cultura europea, se ha tomado como modelo de progreso (evolucionismo). Una gran parte de los científicos positivos ha considerado una sola línea de avance humano en el globo: la suya. Se ha visto a gentes de otros pueblos como seres en fase de desarrollo precientífico, tildados, incluso por los primeros antropólogos, de “salvajes”. En la actualidad se ha creado entre los occidentales una conciencia de superioridad basada en todas esas ideas. La medicina se ha hecho científica y, por lo tanto, el modelo a seguir.

Sin embargo, antropólogos como Malinowski, Franz Boas o Clifford Geertz han valorado el aporte original de los miembros de las culturas. Para saber de alguien, no sólo hay que observarlo; también hay que escucharlo hablar de sí mismo. Para conocer una cultura ajena, es necesario que nos la expliquen sus protagonistas. Medicinas tradicionales amerindias y asiáticas entienden que para entender qué le pasa a un enfermo, hay que permitirle hablar de su dolencia, y de la vivencia obtenida a través de esa experiencia. Algo así decía Edward Bach (1999).

Cada etnomedicina se ubica en un asiento cultural propio. Nunca convergerán de manera natural dos líneas de progreso culturales si no se manipulan para que así ocurra. La ciencia surgió en Europa como un hecho propio del camino evolutivo europeo. Pero otros pueblos (amerindios, asiáticos, africanos) no tuvieron cultura griega, ni cristianismo, ni judaísmo, ni Renacimiento, ni Ilustración a la francesa. Y eso no significó, ni significa, que fueran (o que sean) menos que los europeos. Es una cuestión política.

Los Polo (1984) narraron maravillas de progreso en Asia cuando Europa aún vivía en plena Edad Media. Los Cronistas de Indias, y otros hombres inteligentes y sensibles de la época, se quedaron boquiabiertos cuando contemplaron la amplitud de las culturas de los pueblos conquistados en América.

Fue el colonialismo (hablando del colonialismo occidental en general, no sólo del español) el que rompió el desarrollo equilibrado de los pueblos no occidentales. Fue ese colonialismo el que modificó la trayectoria de las líneas de evolución sociocultural no occidentales. Fue el mismo colonialismo el que fabricó las diferencias que generaron complejos de inferioridad a gran escala (entre los pueblos sometidos), potenciando a la vez los egos culturales de los colonizadores.

El llamado Tercer Mundo es una expresión acuñada por la cultura occidental, dominante. Es una gradación. El Primer Mundo, es el mundo rico, por lo tanto superior porque tiene el poder. El Segundo Mundo es un híbrido a medio desarrollar, mal sentado entre dos sillas. El Tercer Mundo es el de los miserables (término con muchas lecturas, dependiendo de la óptica de aproximación a su comprensión). La pobreza, las enfermedades, el hambre y todas las lacras que padecen los hombres, las mujeres y los niños de ese llamado Tercer Mundo surgieron después de que los grupos humanos que en él se desarrollaban desde la antigüedad, se vieran invadidos y sometidos por humanos venidos de lejos. Esas condiciones no se deben, pues, a sus particularidades socioculturales, históricas y organizativas, diferentes de las que condujeron a la revolución científica europea.

En la actualidad se sigue realizando una “ayuda” al Tercer Mundo “asistencialista”, a través de ONG´s, organizaciones religiosos y estatales. Una ayuda, en opinión de muchos miembros de las etnias, improductiva, estéril e incapaz de ajustarse a la organización autóctona de grupos y gentes. Los miembros de esas sociedades desean, primero, que se les respete y se les tenga en cuenta; segundo, si se les ofrece ayuda, ésta debe ser valorada, validada y gestionada desde las propias organizaciones locales. Tercero, que los especialistas sanitarios occidentales y estatales se complementen con los especialistas locales y etnomédicos. A veces, dicen, “llegan los blancos con sus ideas, sus medicinas y su comida para nosotros, lo cual marca todavía más las diferencias entre unos y otros”. Mapuches sudamericanos, mayas de Chiapas o zapotecos oaxaqueños desean poder seguir su desarrollo desde sus organizaciones, compartiendo con el resto de los grupos y con sus naciones un diseño de futuro en una sociedad plural, multicultural y en paz. Para muchos, es parecida la imposición de las armas, de las leyes ajenas, de la educación nacional, de los centros de salud estatales y de sus medicinas. Con ninguno de los grupos locales contaron para hacerlo. No hubo mesa de acuerdo.

Cuando los amerindios sufrieron la desestructuración de sus sociedades en el siglo XVI. Cuando nuevas instituciones impusieron un orden importado de Europa, empezó el camino de decadencia de los grupos originarios, alejados de los puertos seguros de su organización tradicional. Pasaron los años, y los siglos, en América. La mezcla amerindio-hispana creó una nueva sociedad, mixta, mestiza, confluencia de dos fuentes humanas y culturales distintas. Esta sociedad se desarrolló en los núcleos urbanos, fabricando un tipo de etnomedicina mixta, mestiza (como la podemos encontrar hoy en el Mercado de Sonora en México D.F.). Dicha cultura de salud es ya una tradición más en América. Por otra parte, los grupos indígenas, alterados, siguieron su desarrollo relativamente original en las áreas alejadas de las ciudades, manteniendo con mayor o menor grado de aculturación sus propios sistemas terapéuticos.

El mundo en que vivimos hoy presenta otro tipo de “colonialismo” si se quiere llamar así, caracterizado por la sustitución, superposición y empuje de ideas. La cultura occidental (sus iconos ideales y comerciales, la publicidad, la música…), a través del fenómeno de la globalización y de la internacionalización, se muestra poderosa y avanza dominante, imponiéndose en todas las sociedades, superponiéndose a las culturas locales, sustituyéndolas (en el peor de los casos) o mezclándose con ellas (en el mejor de los casos).

Las medicinas tradicionales son medicinas surgidas en sociedades y culturas con rasgos propios y diferenciados, utilizadas con éxito por los miembros de esas sociedades. Representantes de la antropología médica como Robert Hahn, Arthur Kleinman, Peter Brown o Byron Good entienden que salud y enfermedad no se pueden separar de sus contextos socioculturales; y que los sistemas terapéuticos, etnomedicinas y modos de curar son el resultado de la adecuación de la atención a dichos contextos.

La occidentalización del mundo es un hecho palpable. La extensión de la medicina occidental ?científica hace que muchos problemas, entendibles dentro de un contexto cultural global puedan ser atendidos y solucionados. Pero, no todos. Alteraciones como el “susto” o las “mapuche kutran” (enfermedades entendibles dentro del contexto de vida mapuche, Sudamérica), son síndromes de nosología indígena. “Bloqueo de Qi de Hígado-Vesícula Biliar” es un síndrome definido en la medicina tradicional china no necesariamente coincidente con una patología universalmente reconocible según la ciencia occidental. Formas de atención como la “limpia” (culturas amerindias), acceden a la persona enferma de forma diferente a como lo hacen las píldoras de la medicina de patente. En ambos casos, el medio y la forma de atención se ajustan al contexto sociocultural del enfermo así como al modo de entender la enfermedad (por él y por el médico), y a la manera de contrarrestarla. Medios de tratamiento como la acupuntura (medicina tradicional china) no son entendidos en su verdadera dimensión si son estudiados desde ópticas diferentes a la de su contexto de origen. Juzgar la acupuntura desde otra posición cultural (por ejemplo, la científica), implica necesariamente hacer comparaciones.

Si se considera que la posición de partida del estudio, por ejemplo la científica, es la “verdadera”, al no entenderse la acupuntura como se entiende en su contexto de origen, se verá únicamente como una práctica de estimulación de la reacción defensiva, y punto. Incluso se elaborarán juicios calificándola de placebo. Se habrá descubierto una “nueva acupuntura”, una acupuntura diferente a la de su contexto originario. Y se habrá hecho un ejercicio de auténtico etnocentrismo.

Siguiendo a Geertz (1990, 1993) creo que necesitamos acercarnos al objeto del que queremos hablar. Ello implica necesariamente, moverse, “salir de nuestro centro”, conocer al objeto en su lugar, reconocerlo. Es el ejercicio básico en antropología; y es un ejercicio que la antropología recomienda practicar a cualquier investigador (científico natural o científico social). Así entenderemos que la acupuntura tiene un significado relacionado con el contexto en que se creó; o que la “limpia” amerindia significa algo más allá de nuestra propia proyección significativa exótica, hecha desde “nuestro centro”. Nos liberaremos de una incómoda y anticuada posición estática de observación, así como del juicio etnocentrista, inadmisible en los tiempos que corren para cualquier divulgador o comunicador cultural-científico que se precie.

Las medicinas tradicionales pueden practicarse solas o pueden ser combinadas entre sí y con la medicina científica. Puede haber colaboración entre los profesionales de unas y otras.

Pueden convertirse también los sistemas terapéuticos originales en sistemas interculturales cuando los que los conocen y practican los adaptan a las circunstancias específicas de las personas y sus problemas (relación con lo natural-biológico, lo social y lo cultural).

En el futuro podremos tener: a) una gran cultura mundial con más o menos préstamos de las culturas que ha ido encontrando por el camino; b) una sociedad internacional multicultural (con un dominio claro de la cultura occidental); c) una sociedad caracterizada por la interculturalidad; d) una dinámica imprecisa caracterizada por la variación permanente del hecho cultural.

Mientras tanto, supervivientes y preservadas hoy como parte de la cultura indígena por instituciones mexicanas; reconocidas por leyes de salud en algunos Estados (Morelos, Nuevo León); y con reconocimientos parecidos en otros (Oaxaca, Chiapas) se practican y se utilizan las etnomedicinas tradicionales mesoamericanas. En China, gran parte de Asia y un número importante de países del mundo es utilizada con éxito la medicina tradicional china.

En India y Sri Lanka, la medicina ayurvédica. Y en otras áreas del globo siguen vivas aún formas de curar perfectamente válidas dentro de sus contextos y fuera de ellos; de igual rango que la medicina occidental convencional (la más extendida del globo). Como medicinas interculturales (adaptadas por los profesionales y etnomédicos de distintos contextos socioculturales) la más conocida y difundida es la medicina china. Pero la difusión de los conocimientos y la distribución por el mundo de los etnomédicos originarios están haciendo que se conozcan etnomedicinas tan antiguas e importantes como las de los grupos indígenas mexicanos (uso del temazcal, de la herbolaria y las limpias) o sudamericanos (herbolaria, limpia, etc.).

El resumen que sigue corresponde a parte del trabajo de investigación de mi tesis doctoral, realizado en distintos lugares de los Estados de México y Oaxaca en 2004, 2005 y 2006.

2. ENFERMEDADES VISTAS POR LAS TRADICIONES (ORIGINARIA Y MIXTA) EN MESOAMÉRICA. ESPECIALISTAS.
Al hablar de enfermedades vistas por las tradiciones, las que explicaré más adelante pueden entenderse en Mesoamérica tanto dentro de las culturas originarias (rurales) como dentro de la cultura mixta (urbana).

Las distintas maneras de comprender y atender la salud en las sociedades prehispánicas han llegado a nuestros días bien conservadas, que no congeladas, ya que entre tradición y presente hay un reajuste y una adaptación permanentes, tal como piensan los propios médicos indígenas oaxaqueños (Bernal, 1991-I). Muchas alteraciones y problemas de salud pueden ser atendidos por especialistas distintos, es decir que no son exclusivos de profesionales concretos. Otros sí, o simplemente resulta más frecuente acudir a un tipo de profesional que a otro.

Algunos especialistas, los que trabajan técnicas manuales, como: colocadores de huesos, sobadores y otros, sobre todo en las áreas de cultura mestiza, realizan un trabajo en el cuerpo no siempre acompañado por rituales. En otros casos sí, dependiendo de la etiología del problema y de las implicaciones y relaciones. Hay curanderos-yerberos en las ciudades que poco se diferencian de naturistas occidentales, atendiendo la inflamación de abdomen, el dolor de cabeza, el reumatismo o la alteración menstrual con la medicina de plantas o la fórmula de hierbas que corresponda, más los consejos alimenticios, de régimen de vida, etc.

Hay especialistas y sabios (más en áreas rurales) que, viendo en la enfermedad una implicación espiritual o simbólica, llevan a cabo una terapéutica diferente. En México hay tantas posibilidades de ser atendido como visiones e interpretaciones de los problemas se tengan. En cualquier caso, se trate el cuerpo con sobadas o hierbas, se atienda el alma con rituales, la visión de los profesionales y especialistas tradicionales no es parcelada. Recordemos que en la tradición originaria oaxaqueña, la enfermedad se ve como algo que le saca a uno del camino seguro en la vida. Para aproximar a la comprensión occidental dicha idea, y siempre orientado por los informantes, diré que en el plano perceptible no se ve la enfermedad como patología (al estilo occidental) sino como alteración básica que da lugar a variadas manifestaciones y expresiones de problemas (físicos, emocionales, psicosociales, mezcla). Quien padece mareos puede tener el mismo desequilibrio básico que otro que se preocupa demasiado, o que alguien a quien le duele la cabeza y no logra centrarse en su vida: el aire o el mal de ojo.

Diferentes manifestaciones pueden ser consecuencia de la misma causa. Y, por llamarlo de alguna forma, problemas de apariencia similar, tener orígenes distintos. En el primer caso el médico tradicional realiza una atención igual o parecida. En el segundo, el tratamiento será diferente por ser diferente el origen. Algo parecido podemos decir de la terapéutica tradicional en China. En el plano perceptible, lo que en la óptica occidental corresponde a una patología, por ejemplo parkinson, en la visión asiática se vería como síndrome de temblores, teniendo diferentes causas y respondiendo en cada caso a diferentes tratamientos o atenciones.

Al revés, dos situaciones diferentes como la demencia senil o el síndrome de fatiga crónica, pueden encuadrarse dentro de una misma desarmonía de fondo llamada técnicamente en medicina china: Deficiencia de Inn de Riñón, tratándose ambas con formulaciones parecidas o iguales (se trata la causa o la causa y los síntomas). Quiero llegar con todo esto a la idea de necesidad de contemplar a la persona en conjunto y en su relación con el medio para entender su mal y elegir el remedio adecuado, en las terapéuticas tradicionales (como vemos, diferente del planteamiento de la ciencia médica occidental que estandariza y etiqueta las enfermedades, denominadas patologías y, con pequeñas variantes, observables en cualquier persona del mundo). En la visión de la enfermedad de los pueblos prehispánicos se creía que, por diversas razones, el ser humano sufría problemas en relación con las esencias divinas circulantes. Uno de los tipos de circulación era el contagio. Cuando alguien tenía fiebre alta, la enfermedad era extraída del paciente como entidad invisible y depositada en una figurilla de pasta (un perro) que se dejaba en las proximidades a la merced de cualquier caminante (López Austin, 1997).

2.1. RELACIÓN ENFERMEDAD-MUERTE

En la tradición de muchas culturas siberianas, la enfermedad es el resultado de las malas influencias (principalmente espirituales y de los muertos aunque también de vivos, envidias, maldiciones…), según mis informadores rusos. M. Eliade recoge en su obra que para los chukchis siberianos la enfermedad es provocada por los malos espíritus (Eliade, 2001). En la tradición coreana, a los muertos se les convida y se les tiene presente (Kwang-Il Kim, informante). Lo mismo sucede en la cultura chatina mesoamericana (D. Catalino, informante). Y otro tanto hacen en las culturas norasiáticas, por miedo a posibles malas influencias y atracciones de los recién fallecidos (Eliade, 2001). Para los siberianos, según Eliade (2001) los que mueren por enfermedad van a los infiernos. La incineración del cadáver es un modo de purificación.

La muerte para los antiguos nahuas era el fin de un ciclo, tal como en el maíz. Cuando el hombre moría, su esencia era purificada, limpiada, borrada de recuerdos para ocupar un nuevo cuerpo (López Austin, 1997). Explica López Austin (1997) que la vida y la muerte no eran vistas como los extremos de una línea recta sino como dos puntos diametralmente opuestos en un círculo en movimiento. Tal círculo se corresponde con lo que en este trabajo llamo: realidad amplia.

La enfermedad es una manera de provocar la muerte, paso necesario y previo para el nacimiento y la renovación de la vida y de los seres.

2.2. VISIÓN DEL CUERPO Y DE LA PERSONA.

Ya hemos expuesto que los antiguos nahuas entendían al ser humano formado por materia densa-pesada y materia sutil. Las esencias de algunos dioses formaron parte de la creación tras el castigo que sufrieron por pecar. Tanto el espacio terrestre como el tiempo portan materia divina, igual que animales, plantas, ríos, océanos (López Austin, 1997). Siguiendo a este autor, hablando de la tradición, el cuerpo sería el constituyente pesado del hombre, sujeto a la mortalidad, a la necesidad de alimentarse y de reproducirse. El balance de energías, fuerzas y tensiones, en el ser humano y en el medio equivale a la salud. Las esencias divinas que se mueven por el mundo tienen que ver en la ruptura de la estabilidad del bienestar. Las divinidades terrestres y pluviales, oscuras, nocturnas, rigen y controlan el crecimiento y la reproducción del ser humano (López Austin, 1997).

Escribe León-Portilla, hablando de los antiguos mexicanos: Debe subrayarse que al incluir el corazón en el concepto náhuatl de persona, se afirma que, si es importante la fisonomía moral expresada en el rostro, lo es con igual o mayor razón el corazón, centro del que parece provenir toda la acción del hombre…Se complementa así entre los nahuas mejor que entre los mismos griegos la idea del rostro, con el dinamismo interior del propio yo (León-Portilla, 1983: 147).

Existe una relación directa entre la expresión y morfología del rostro con el corazón en la cultura china y en su medicina, entendido dicho corazón no sólo como órgano, estructura, sino como un conjunto formado por elementos físicos, funciones fisiológicas, funciones energéticas y características mentales-emocionales.

Sigue León-Portilla diciendo: Consecuencia de describir al hombre como dueño de un rostro, dueño de un corazón, fue la preocupación de los tlamatimime por comunicar sabiduría a los rostros y firmeza a los corazones (León-Portilla, 1983: 147).

En la obra del médico español Juan de Cárdenas (s. XVI), se expone con bastante sencillez, pero bien expresado y razonado, que la vida es calor y que dicho calor natural es conservado en la humedad sustancial del cuerpo. La muerte natural sería el gasto progresivo del calor vital y el consumo de su humedad contenedora. El cuerpo vive más o menos, dependiendo de sus actividades, de su interacción con el medio, de la alimentación y del estilo de vida de la persona. Para Cárdenas, los españoles nacidos en América vivían menos que los nacidos en España debido a la destemplanza de la región americana, que es caliente y húmeda. El calor del aire y la humedad, explica Cárdenas, consumen el calor humano e inflaman los cuerpos, ahogando su calor (Cárdenas, 1591). Esta visión del cuerpo vivo como una especie de vela encendida, proveniente de Europa, pasó a la cultura mestiza. Para Foster (1980), la medicina tradicional en América se construyó con las tradiciones locales más la cultura médica y de salud española.

En este trabajo defino dos ámbitos de expresión de la cultura tradicional de salud: el de los grupos originarios (rural) y el de la sociedad mestiza (urbano). Las ideas que expone Cárdenas (1591) sobre el cuerpo, la vida, la enfermedad, la curación, la influencia del medio, siguen existiendo hoy en la cultura mixta mexicana, transformadas, mezcladas, compaginadas con otras provenientes de las distintas tradiciones indígenas. La idea de la vida como calor conservado en la sustancia húmeda del cuerpo, relacionada a su vez con la luz de las divinidades tiene que ver con el desarrollo de la cultura tradicional urbana. Por ejemplo, todas las informaciones que me han dado sobre el susto coinciden, considerándolo enfermedad por pérdida o robo de una energía vital de la persona; y relacionado con lo físico y espiritual de la naturaleza y el medio.

Las observaciones de Cárdenas le llevan a la conclusión de que el medio ambiente del Nuevo Mundo (calor-humedad) influye sobre ciertas características de los cuerpos que hacen que éstos duren más o menos. Diferencia, pues, por nacimiento e influencia del medio, no sólo a indios y españoles sino a españoles nacidos en España y españoles nacidos en las Indias. Al indio lo considera de naturaleza flemática permanente y opina que, debido a su cultura y por seguir una vida más ordenada y menos ociosa, su pelo encanece menos que el del español a quien considera flemático accidental. El autor explica por qué el español pierde el pelo mientras que el indígena nunca se vuelve calvo; o por qué el europeo tiene barba y el indio es lampiño. En todo caso se tiene en cuenta la constitución, la herencia y el medio. Resalto esa dedicación de Juan de Cárdenas al estudio del medio como influyente a veces decisivo sobre cambios físicos y fisiológicos. Se puede tildar la medicina occidental de la época de ecomedicina. Ese aspecto era un punto de aproximación a las medicinas tradicionales locales, tremendamente ligadas al ambiente; y, a mi juicio, uno de los modos de unión-mezcla con tradiciones locales.

En este estudio nos interesan las opiniones de los mesoamericanos, pero su contraste con las de los primeros españoles viviendo en estas tierras resulta muy útil a la hora de ver precedentes de la cultura tradicional mestiza. Por otra parte, fueron observadores, testigos e informadores de unas culturas (las originarias, en este caso) algunos de cuyos rasgos, quinientos años más tarde, todavía se aprecian en las tradiciones indígenas actuales.

La visión del cuerpo que tienen los otomíes está asociada a elementos simbólicos que lo unen con el cuerpo amplio de la naturaleza (Galinier, 1997).

Medicina popular; curanderismo; etnomedicina

A medida que aumenta la inmigración desde los países en desarrollo hacia los desarrollados, es más probable que los médicos deban atender a pacientes con una gran variedad de creencias y prácticas médicas indígenas “poco científicas” (etnomedicina), que pueden parecerles extrañas, irracionales o simplemente erróneas y que impiden una atención sanitaria correcta. Es evidente que este hecho no debería ocurrir.

La biomedicina contemporánea es una variedad extremadamente refinada de medicina popular. Constituye una práctica tradicional en las naciones industrializadas occidentales, conlleva un inmenso peso emocional e intelectual y se basa en la ciencia empírica. La medicina popular depende igualmente de la observación empírica.

Las personas que han estado inmersas en la etnomedicina a lo largo de sus vidas, suelen mostrarse intimidadas o asustadas por la biomedicina. Al rechazar los médicos sus creencias tradicionales, es posible que los pacientes eviten recibir la atención biomédica que necesitan. Por ello, el cuidado óptimo se logrará al combinar la biomedicina y la etnomedicina. Esta situación obliga a una tolerancia frente al encuentro de culturas y a una comprensión de lo que es clave en los conceptos etnomédicos.

Los conceptos de salud, enfermedad y malestar son fundamentales en la biomedicina. Salud es un estado existencial de armonía bioorgánica, emocional y espiritual. Enfermedad es un estado anómalo de la salud, ocasionado por una disfunción inherente o por una invasión o exposición a algún agente externo. Malestar es la experiencia individual de la enfermedad. Estas definiciones varían según las distintas culturas.

La salud suele definirse en términos vivenciales o funcionales. La salud vivencial corresponde a la idea individual de salud (el sentido individual de adecuación y reacción al guión dictado por la sociedad), mientras que la salud funcional es el concepto de salud socialmente definido (la habilidad de cumplir con los papeles y obligaciones socialmente establecidos, p. ej., el trabajo, la paternidad). Ambas son independientes y a menudo tienen que ver con la salud individual que es capaz de hacer lo que el individuo quiere, incluso cuando lo que desea se halla definido por la cultura. Las descripciones que proporciona un paciente sobre su estado de salud deben basarse en cualquiera de estas definiciones y necesitan la comprobación de algún médico. Por ejemplo, un joven egipcio acude con hematuria producida por una esquistosomiasis. Puede ser que él considere la hematuria (menstruación masculina) como “normal” si no interfiere en su modo de vida habitual; es decir, considera que goza de buena salud. Por el contrario, el paciente puede estar físicamente sano pero no es capaz de afrontar los deberes impuestos por su cultura, de manera que se considerará a sí mismo enfermo. Por ejemplo, en algunas zonas de México, la carencia del suficiente dinero para hacer frente a las obligaciones sociales (debido a la pobreza o a un gasto excesivo) puede considerarse como una enfermedad, la “angustia por el dinero”.

La enfermedad puede definirse como el resultado de la disfunción orgánica o social o como una forma de inquietud individual o social. De todas maneras, los procesos físicos y sociales tienden a superponerse.

Los problemas sociales pueden considerarse manifestaciones de males con una clara causa popular. Además, los males orgánicos pueden interpretarse como la manifestación de un problema social subyacente. Por ejemplo, la familia emigra desde un ambiente rural hacia un entorno urbano en EE.UU. La hija pequeña presenta dolores abdominales, vómitos y fiebre. En lugar de buscar atención médica, la familia intenta buscar una causa popular, como la violación de algún tabú o algún descuido en las obligaciones rituales. La familia está más predispuesta a expiar los errores cometidos por su conducta que a buscar ayuda médica.

Los inmigrantes pueden simpatizar con la teoría humoral de la medicina y de las enfermedades (que es probablemente el esquema más universal) y que prevalece entre las culturas procedentes de África, India, el sudeste asiático, China, Japón, México y América Central y del Sur). Es habitual que se sienta que la salud es un equilibrio entre elementos “calientes y fríos”. El tratamiento puede basarse en opuestos (situaciones calientes pueden demandar una medicina fría), análogos (situaciones calientes obligan a usar una medicina caliente), o algún tipo de combinación. La “temperatura” de las medicinas se basa en una variedad de características; por ejemplo, algunas culturas del Oriente Medio consideran los anticonceptivos orales como calientes ya que detienen el flujo menstrual (secan el útero), mientras que otras culturas utilizan el color (las píldoras azules son frías). Por tanto, cuando se prescriben fármacos, ¿son aceptables su forma, color o método de administración? Si no es así (lo que puede conducir al incumplimiento de las instrucciones), ¿se puede prescribir algún otro tratamiento alternativo? Si el paciente está preocupado por el color, argumentar que, precisamente, este color es el responsable de que la píldora parezca mejor a los pacientes de EE.UU. (o de cualquier otro país desarrollado), o que bajo este recubrimiento de color el principio activo presenta un color neutro, puede lograr la cooperación del enfermo.

Aparte de las ideas sobre la causalidad, las ideas populares sobre el contagio pueden ser importantes en el tratamiento de los pacientes y en la prevención de enfermedades. En diversas zonas del mundo, los curanderos han introducido la teoría de los gérmenes en el repertorio de causas, aunque este hecho no posee las implicaciones que suponen en el mundo occidental respecto al contagio a partir de los gérmenes. En México, por ejemplo, algunos curanderos afirman que los gérmenes ocasionan las enfermedades, aunque a continuación no observan precauciones de asepsia en sus intervenciones (p. ej., vuelven a usar las agujas hipodérmicas, utilizan sin limpiar los mismos utensilios para diferentes pacientes, permiten que personas enfermas preparen comida) ya que creen que si Dios o los espíritus quieren que alguien enferme, nada puede hacerse para evitarlo. El contagio implica la transferencia de alguna esencia de una entidad a otra, a menudo mediante formas que parecen mágicas. De alguna manera está justificado, ya que lo mágico está relacionado con el mundo invisible. Los espíritus y los dioses, los gérmenes y virus son igualmente invisibles al ojo desnudo y un especialista debe emplear diversas tecnologías para revelarlos (tanto si requiere un microscopio de transmisión de luz como si se trata de estados de trance). Una vez identificado el agente causal, puede iniciarse el tratamiento. Así pues, el enfoque de las tecnologías tradicional y biomédica es similar en las formas e incluso en el contenido.

Diferencias de contenido más importantes entre los conceptos populares y biomédicos (etnofisiología) pueden afectar la asistencia sanitaria. Por ejemplo, al igual que ocurría con la hematuria en algunas comunidades egipcias, en algunos sitios se considera bastante normal la infección por Ascaris e incluso se piensa que es esencial para la digestión. Este concepto es análogo al papel nutricional de algunos componentes de la microflora GI según la biomedicina. Por ello, la erradicación es imposible desde un punto de vista cultural y generará resistencia. Además, si un paciente presenta problemas agudos debidos a los helmintos, se considerará que ya no actúa como un buen huésped. El paciente intenta apaciguar los gusanos, el médico intenta eliminarlos. Se puede encontrar un punto intermedio: si el paciente se ha convertido en un mal huésped, quizá los gusanos necesiten un incentivo (bajo la forma de un antihelmíntico) para mudarse.

Las ideas etnofisiológicas también pueden indicar los alimentos y tratamientos adecuados a impedir que pacientes debilitados tomen los fármacos que necesitan. Por ejemplo, un paciente anémico está débil y, por tanto (según la lógica popular), posee un estómago débil. Puede ser que rehúse tomar suplementos de Fe en comprimidos ya que el comprimido es fuerte y, por tanto, de difícil digestión. En este caso, se debe recetar un suplemento en forma líquida.

Las ideas populares sobre la fuerza se extienden hasta la fertilidad. Por ejemplo, en algunas zonas del sur de Asia se cree que la fuerza del óvulo disminuye durante el ciclo menstrual. Esta idea señala que es mejor tener relaciones entre los días 4 y 16 después de la menstruación, de manera que las parejas observan abstinencia desde el día 16 por miedo a engendrar un niño “débil”. Esta práctica dificulta la fertilidad, pero no es fácil convencer a la pareja de que tenga relaciones fuera de esta “ventana de fuerza”.

Varias ideas sobre la fuerza se refieren a la sangre. Diversas culturas (especialmente en Oriente Medio y en México) sostienen que los humanos tienen una cantidad de sangre fija, lo que hace difícil las extracciones sanguíneas para transfusiones o análisis. Poco se puede hacer, excepto pactar con el donante o con el paciente. Sin embargo, no es raro que el paciente acepte agradecido la transfusión (la sangre puede ser más valiosa que el oro). Pero también es posible que rechace la transfusión en razón de discutibles características morales, espirituales o étnicas del donante con la convicción de que son contagiosas. Deben individualizarse las explicaciones a cada enfermo.

Quizá el aspecto más frustrante de la medicina intercultural es el fenómeno de los síndromes dependientes de la cultura. No tienen una analogía clara en la biomedicina y, con mucha frecuencia, incluyen conceptos populares de causalidad. Suelen constituir factores habituales las causas sobrenaturales (p. ej., brujería, ataques de espíritus, pérdida del alma, quebranto de un tabú), las causas naturales (p. ej., el desequilibrio caliente/frío, la ingesta de comida ligera/pesada) o una combinación de ambas. Estos síndromes pueden parecer inverosímiles y mágicos, aunque pueden ser (y a menudo lo son) causa de muerte. Algunos se presentan de manera que, de algún modo, pueden remedar enfermedades biomédicas establecidas.

Una enfermedad del espíritu es una alteración del alma o del espíritu. Una fuerza espiritual externa (p. ej., un fantasma) penetra en un cuerpo, una parte del alma del paciente se pierde o es robada (susto) o la enfermedad es el justo castigo al quebranto de un tabú, de manera que se traumatiza de forma grave el alma del individuo, lo que produce la enfermedad.

Las enfermedades del espíritu son bastante comunes en África, Asia, Latinoamérica y en los grupos indígenas de Norteamérica. Entre los síntomas biomédicos típicos se incluyen convulsiones, estados de trance, amenorreas, fiebre, letargia y malestar. Los síntomas populares son miedo, indolencia y desventura.

Con frecuencia no puede encontrarse una explicación biomédica a estas alteraciones, que se muestran refractarias a los tratamientos biomédicos estándares. El tratamiento popular consiste en determinar el tipo de la enfermedad del espíritu, sus “agentes causales y operativos” y los pasos apropiados para restablecer el equilibrio social y religioso adecuado.

La causalidad supuesta señala el tratamiento más adecuado. Un inmigrante procedente de Latinoamérica que recibió un fuerte sobresalto puede padecer una pérdida del alma (susto). Ello puede manifestarse en forma de letargia, ansiedad, fiebre y malestar. Por tanto, puede pensarse que una víctima del “susto” padece déficit nutricionales, anemia o, incluso, un shock, aunque el tratamiento de estos síntomas no resolverá el problema subyacente. En otro ejemplo de “susto”, una persona puede ser víctima de un proyectil mágico (una intromisión invisible e imaginaria hacia el interior del cuerpo, que puede ocasionar reacciones locales, sistémicas o ambas). Una llaga que supura se puede imputar a tal proyectil. Un tratamiento antibacteriano producirá la remisión, pero la infección recidivará hasta que el objeto ofensor sea “sacado” por un hechicero. La escisión quirúrgica no es la solución.

Las enfermedades del espíritu (el “susto” es una de ellas) y las muertes del espíritu pueden tener sus análogos en la biomedicina. Los denominados males psicógenos o muerte psicógena reflejan el síndrome giving up/given up (dejando/dejado) en el que los pacientes que se sienten desamparados y desesperados desarrollan un síndrome de abstinencia/depresión que puede ser el factor desencadenante de enfermedades orgánicas o incluso conducir a la muerte. Si el espíritu y los achaques psicógenos son análogos, ambos sistemas de medicina comportan una base común.

Para el médico que debe enfrentarse a los síndromes relacionados con aspectos culturales, a la medicina humoral y a las ideas “singulares” sobre fisiología, la clave del éxito es la tolerancia y la aceptación de las variantes culturales sin prejuicios (relativismo cultural). Aunque no deba esperarse que los médicos conozcan los detalles de las diversas variantes de medicinas populares practicadas en todo el mundo, algunos factores son universales, lo que permite un enfoque común. En el curso de las entrevistas mantenidas con el paciente y su familia, se deben averiguar el país de origen, el tipo de medicina allá practicada y si el paciente participa de la vida de alguna comunidad de otros inmigrantes. Si éste fuera el caso, es posible ser que haya terapeutas populares (tradicionales) en dicha comunidad, lo que ofrecería la posibilidad de un tratamiento conjunto. Aceptar que el paciente se pueda beneficiar de las creencias en las prácticas de la medicina popular tradicional puede tener un efecto terapéutico y permitir el tratamiento biomédico necesario.

Si el objetivo es el mantenimiento de la salud o su retorno, deben emplearse todos los recursos disponibles. Si un paciente inmigrado acude con un síndrome atípico o si un síndrome, aparentemente fácil de diagnosticar, no responde al tratamiento estándar, hay que preguntar al paciente qué es lo que harían en su país de origen. Si la respuesta es la visita a un curandero, debe tenerse en cuenta la posibilidad de remitirlo a uno e incluso establecer contactos con él (si se establecen buenas relaciones entre ambos, éste puede ser un sistema para remitirse pacientes mutuamente, lo que redundará en una mejoría del cuidado de los pacientes). Esta situación obliga a una confianza y un respeto mutuos entre médicos, lo cual se facilita mediante una actitud que relativice, en lugar de estar repleta de prejuicios.

Ofelia Hope Illescas: testimonio

Ofelia Hope Illescas

Región Mixe del estado de Oaxaca

Expresamos un profundo agradecimiento a la Organización de Médicos Tradicionales Mixes (Ometram), por ser un ejemplo de compromiso y disposición de trabajo conjunto, con propuestas externas, como fue el caso de la aplicación del proyecto Historias de Vida de Médicos Indígenas Tradicionales, discutido, aprobado y ejecutado por la organización y por el puño y letra de la propia protagonista, la médico mixe tradicional Ofelia Hope Illescas.

?Me llamo Ofelia Hope Illescas. Nací en San Cristóbal Chichicaxtepec, municipio de Mixistlán de la Reforma, distrito de Zacatepec Mixe, Oaxaca. Tengo 57 años de edad, soy casada, católica y campesina. Siembro y cultivo maíz, frijol, chilacayote. Me dedico al hogar, soy curandera (Yëg tsokpë) y adivinadora (May-machob) del maíz y calendario mixe. Desde hace 33 años he estado curando a mis paisanos de mi comunidad y de otras cercanas. Actualmente atiendo por semana de cinco a seis pacientes, antes eran muchos más, pero ahora como la mitad del pueblo ya cambió de religión (evangélicos) dicen que ya no creen; por eso buscan otras formas de curación. ?Entiendo poco el español; no lo hablo porque soy india mixe, por eso sólo hablo y entiendo mi idioma. A mí me tocó comenzar a trabajar para juntarnos como médicos indígenas de la región mixe, junto con las señoras Magdalena, Irene y otras más, por eso formo parte de la Ometram, que es nuestra organización.?

Ofelia Hope Illescas

Relatos de la historia de vida

?Considero que sobre todo la Tierra
es nuestra Madre, es un ser viviente
que facilmente se puede convertir
en desgracia si le faltamos al respeto?
Ofelia Hope

Ofelia Hope Illescas es originaria del estado de Oaxaca, nació en San Cristóbal Chichicaxtepec el 10 de septiembre de 1939. Pertenece al pueblo indígena mixe, y aunque no tuvo educación escolarizada comprende el idioma español, además de hablar y entender la lengua mixe de la región.Ofelia Hope es curandera (Yëg tsokpë, en lengua mixe). En la localidad se le conoce como adivinadora (Mayb-machob). Doña Ofelia tiene 57 años de edad, de ellos 33 los ha empleado en su práctica terapéutica como curandera y adivinadora. Atiende a personas de su localidad y de otras poblaciones; en promedio, entre cinco y seis por semana.

Antepasados, pautas de crianza

?Al igual que mis papás y abuelos, yo nací aquí en San Cristóbal Chichicaxtepec. Cuando tenía 12 años mi mamá murió de calentura. Cuando falleció, mucha gente del pueblo, entre ellos mis abuelos Antonio Santiago, Basilio Hope y Matías Guzmán, sanaban de susto y eran curanderos, adivinadores y pulsadores; también mi tatarabuelo José Manuel trabajaba bien la adivinación con el maíz y el calendario mixe. Creo que para poder ser curandero y adivinador es realmente querer serlo y poner mucha atención; además, se debe tener el don, algo que no sé qué es, pero se siente que con ello aprende uno rápido; también la fe de desear curar y ayudar a la gente, sólo así se puede ser adivinador. ?En mi familia sólo fuimos dos hijos: mi hermana y yo. Yo fui la primera. Al primero se le decía, ?el que llegaba primero? y al más pequeño el ?último fruto?. ?Siempre se recibía con alegría ?como ahora? el nacimiento de un niño, sólo que antes al parecer se necesitaba tener más hijos porque el pueblo era pequeño, y era necesario que éste creciera. De hecho, cuando se moría un niño o una niña había, al igual que hoy, tristeza, lo sentíamos mucho y llorábamos. Cuando algún niño o persona se moría, oraban con los rezanderos y curadores; al muertito lo envolvían en un petate y así lo enterraban. ?La felicidad de recibir a un niño era tanta que no había diferencias de género, la familia se alegraba igual de tener un niño o una niña.?

?Está chiquita?, así le decían a veces cuando era pequeña, pero casi siempre la llamaban Ofelia, ?éste es mi nombre, me lo pusieron mis papás.? Anteriormente cada mujer daba a luz sola, ayudada solamente por la familia; había una señora que sabía, pero sólo se llamaba cuando era peligroso el alivio, por eso, doña Ofelia dice: ?Cuando nací y antes de que naciera mi mamá se atendió solita. Ella, al igual que las demás mujeres embarazadas, no tenía cuidados especiales, hacía sus trabajos hasta el día del alivio en el que ya se tenía preparado todo para el nacimiento, el fogón prendido, agua caliente, aguardiente o mezcal, trapos limpios, hilo y un machete viejo, con el que cortaba el ombligo; antes lo calentaban hasta que se pusiera rojo, así era la costumbre.?

Durante el nacimiento de Ofelia se realizaron preparativos especiales, así como algunas ceremonias en el primer año de vida; sin embargo éstos eran y son iguales para todos los niños. ?A los tres días de nacido se hace una ceremonia y se sacrifica un gallo en el boquete del temascal como protección para el niño y la madre. A los 20 días del alumbramiento se hace una ceremonia con tamales de chile que se dan a los invitados, padrinos y familiares. El papá se iba al cerro a ofrendar por la salud del niño o la niña. La placenta se lava con jabón para que el pequeño no salga lagañoso, se echa en una vasija limpia y tapada y se deja en alguna laguna. También se cuida el cordón umbilical, pues cuando se cae y se encuentra dicen que el niño o la niña sale muy buscón, y cuando no se ve dónde cayó el cordón, son muy tranquilos. A mí, como a todos los niños, a los seis meses y al año mis papas ofrendaron animales por la salud de la familia. Me bautizaron en la iglesia, todo muy sencillo, pues el cura me echó agua en la cabeza y eso fue todo.

?Recuerdo que cuando era chiquita y los niños se enfermaban, los papás se preocupaban y se desesperaban aunque había curanderos, hierberos, hueseros, chupadores; todavía existen, pero aún hay enfermedades que no se pueden curar y en ese tiempo los doctores y los lugares donde comprar medicinas estaban muy lejos, además no teníamos una carretera. Estábamos en el puro monte, se enfermaban muchos niños y algunos se morían; cuando era niña me platicaron y me tocó ver cómo fallecieron muchos niños de no sé qué enfermedad (calenturas). A pesar de que era chiquita, a mí no me tocó morir. También así fallecían los grandes, de repente amanecían muertos, así fue como dejó de vivir mi mamá. Los recién nacidos se enfermaban y morían por malos aires, de mal de ojo, susto, cólicos. Los más grandecitos de calenturas, tos, diarreas y susto. La manera de cómo los cuidábamos era no sacarlos al aire, tapándolos con mucha ropa y cobijas, darles medicinas y té de hierbas. Después de los 20 días de nacidos, se pensaba que ya se habían logrado y se podía salir con ellos. Antes se creía que las enfermedades venían de los espíritus malos, otras veces por promesas de los antiguos que no cumplían en los cerros y con los santos. Se recomendaba a las personas guardar y respetar las costumbres y a la Madre Tierra; tenían que estar limpios de malos actos para que no llegara la enfermedad o la muerte. También se cuidaba de las personas que tienen la vista y mirada fuerte, y sangre negativa, porque pueden hacer el mal de ojo, mal aire o susto aunque ellos no quieran. Cuando eso pasaba se pedía que la persona cargara al niño y le hiciera cariños para que no les pasara nada o sanara. También a las embarazadas, igual que a los niños, se les cuidaba cuando había eclipse de sol o de luna para que no salieran, que se encerraran porque si les pegaba seguro que el niño salía mal (con defectos).

Con los ancianos también se tenían cuidados. ?Me platicaba mi mamá que cuando yo estaba chiquita me daba mucha calentura y me tardaba en curar, también me enfermé de tosferina (xich-oh), y ya de grande me dio lo que se llama tifo; es tan grave que me estaba muriendo, pero me curaron con muchas hierbas y rezos. ?Hasta los dos años mi mamá me dio pecho; me alimentaba como diez veces al día, pero desde los siete u ocho meses dicen que me daban ya atolito blanco, memelitas de maíz con sal, caldo de frijoles, tortillas remojadas con frijoles. De los dos años en adelante, comía como todos y hasta con un poco de chile. Nos sentábamos en el suelo o en el petate cerca del comal y la lumbre, así comíamos sabroso. Bebíamos agua, atole, té. ?Para hacer la comida, lavar los trastes y la ropa, los niños y las mujeres íbamos a traer el agua a los pozos naturales, en donde nacía. No era trabajo pesado y nos gustaba; también ahí mismo nos bañábamos. A los niños chiquitos se acostumbraba bañarlos en la cocina, cerca de la lumbre, con agua tibia y a partir de los tres años se les bañaba con agua fría. Algunas veces, pero más cuando los niños tenían calentura, se les bañaba con agua tibia y le ponían cogollo tierno de durazno y en ocasiones otras hierbas. ?La casa donde vivimos con mis papás era chiquita, de un solo cuarto de carrizo y cercas de palo, el piso de tierra y techo de zacate; en ese cuarto estaba la cocina y todo. Dormíamos en petate, en el suelo, con mis papás, mi hermanita. Éramos cinco personas: mis papás, un abuelito, mi hermana y yo. Ahí sigo viviendo, pero ahora ya es una casa con dos cuartos de adobe, con techo de lámina de asbesto y piso de tierra. Aparte tengo la cocina.

?De chiquita jugaba con mi hermana y mis amigas a las fiestas del pueblo; me gustaba mucho porque era muy alegre y todos jugábamos, ya sea en el patio de la casa, en la calle o en donde vivían los vecinos. También jugábamos a la comidita, a correr, a brincar. Nunca tuve juguetes comprados, nosotros hacíamos muñecas y carritos; mis papás a veces nos ayudaban a hacer muñequillas, caballitos de trapo y carrizo, aunque ellos no jugaban con nosotros. Mis papás me daban consejos de cómo respetar a las personas mayores. Darles los buenos días, las buenas tardes, o las buena noches.

?Antes la gente quería tener muchos hijos porque nuestro pueblo era muy chico y era necesario que creciera, ya sean varoncitos o mujercitas. Y anteriormente al que le tocaba heredar la casa era al más chiquito, al ?último fruto?, pero ahora ya les toca a todos por igual. A los demás les correspondía parte de la casa y el terreno para la milpa se repartía en partes iguales. Las mujeres heredaban igual que los hombres. En la actualidad se siguen estas costumbres. ?Los niños desde su nacimiento hasta los tres años se les vestía con una ropa larga, de una pieza (túnica); después con pantaloncitos de manta y su sombrerito. La mujer con vestiditos floreados y de bolitas, con rebocito, descalzos o con huarachitos, cuando tenían dinero; antes no se usaban zapatos, sólo para la fiesta grande del pueblo se les compraba ropa nueva, pero casi siempre la hacían en sus casas. Al principio iban muy limpios aunque después llegaban sucios a la casa. Más que las fiestas, no había otras cosas importantes, de ahí siempre la misma ropa. Ni siquiera cuando se les bautizaba ocupaban ropa especial o nueva, ahora es cuando los padrinos ya les compran ropa nueva y blanca a sus ahijados.

?Antes era diferente el trato de los papás y la gente grande hacia los niños, eran muy mandones, muy autoritarios; nos regañaban cuando hacíamos algo malo, y se tenía que hacer lo que ellos decían. Cuando se enojaban los papás, sólo nos miraban feo y ya con eso. Si no entendíamos nos hablaban fuerte y nos regañaban, pero cuando estaban de buenas se sentaban a platicar y nos contaban cuentos y chistes; era muy bonito. ?Los niños a los adultos le tenían mucho respeto, creo que hasta miedo y vergüenza para hablarles. Ahora ha cambiado todo ?la forma de cómo se les educa a los niños?, hay mucho libertinaje, esto descontrola a los niños y les causa daño. ?Recuerdo que desde muy niña mis papás, tíos, abuelitos, siempre platicaban mucho por las tardes o las noches y yo me ponía a escuchar cuentos, historias, canciones. Me gustaban más aquellos que hablaban de cómo era la vida antes, de cómo se formó el pueblo y de las muertes que hubo por las enfermedades.

?Desde los 5 ó 6 años ya nos tocaba cuidar los pollitos y guajolotitos, acarrear agua y cuidar a los hermanos más chicos. Ya desde los 6 y 7 años, cuando el niño se sentía capaz de caminar lejos, iba al campo con la familia, pero desde bebé la mamá lo lleva de un lado a otro en la espalda enredado en el rebozo, y hacía trabajos fuertes para hombres a los 15 ó 16 años. Las niñas a los 14 ó 15 años ya hacen labores de mujer grande; como darle de comer a la familia y lavar la ropa, echar las tortillas, preparar la comida, cuidar a los niños chiquitos. Todos estos trabajos los hice como a los 11 ó 12 años por ser huérfana de madre a esa edad, así que nunca salí de mi pueblo.

?Los menores se consideraban niños hasta los 13 años, aunque ya realizaban labores en el campo y en los quehaceres de la casa, pero todavía jugábamos y todo era nuevo para nosotros. ?Yo fui a la escuela sólo unos meses, porque mi mamá se enfermó y murió, por eso abandoné los estudios; desde ese momento comencé mis obligaciones como mujer. En la escuela no aprendí nada, en nada me ayudó, todavía hasta ahora ni siquiera puedo hablar el español aunque sí le entiendo, pero no mucho. Recuerdo que solamente el maestro hablaba español y nosotros los niños y los grandes sólo el mixe, todos éramos y somos mixes, no había y en la actualidad no existen niños mestizos, por eso no sé leer ni escribir.

Me llevaba bien con los niños, jugábamos y aun cuando me salí, seguimos jugando. Cuando crecí, mis padres querían que aprendiera a leer y a escribir, ya que había muy pocos que sabían hacerlo, pero pues ya no pude.?

Aprendizaje

?Cuando era niña, nunca me imaginé que iba a curar o ser adivinadora, nada de eso, a mí la necesidad me obligó a curar. Fue hasta después de casada. Vino nuestra primera hija y se enfermaba muy seguido, ahí fue donde me puse a pensar que debía saber y poder curar. La necesidad me obligó, ver a mi hija siempre enferma y a otros niños, sentía que podía curarlos. Así es como aprendí, llevando a mi hija con curanderos y adivinadores, ahí ponía mucha atención y de repente me di cuenta que ya sabía mucho. También mis abuelos, y en especial el abuelito de mi esposo, me decían que era bueno saber y así como ellos, anteriormente había más curanderos y adivinadores que sabían el calendario mixe y su interpretación; ahora somos menos. Yo aprendí sobre todo por la naturaleza que permitió que todos mis hijos sanaran y estén vivos, lo mismo con mis enfermos. Creo que me concedieron ese don, no lo tengo pedido, se aprende por voluntad propia y no por castigo. Aprendí ya casada, a los 24 años, pero sí me daba tiempo de hacer mi trabajo. Considero que sobre todo la Tierra es nuestra Madre, es un ser viviente que fácilmente se puede convertir en desgracia si le faltamos al respeto; hay que respetar a toda la naturaleza. Yo luego invoco, le hablo a la Madre Tierra, al viento, al Sol, a la Luna. Hay enfermedades que agarran en general a todo el pueblo, es que algo malo estamos haciendo juntos; pero si es de una persona la enfermedad, se piensa que el matrimonio no tiene suerte de vivir juntos. Hace un tiempo se oían pláticas sobre las enfermedades, que muchas personas se curaban separándose del matrimonio, viviendo mejor en unión libre; otros recogiendo ciertos animales en lugares muy especiales donde indican los adivinadores.

?Nada cambió desde que empecé a curar, todo fue igual. A mí siempre me llamaron por mi nombre, pero cuando fui capaz de trabajar y empecé a curar a los 24 años, a veces me llamaban por mi nombre y otras me decían ?la curandera? (Yëg tsokpë) o ?la adivinadora? (May-machob).

A medida como fui aprendiendo la manera de curar, cambió mi forma de hablar, poco a poco fui aprendiendo también el modo de expresión para las ocasiones que se presentan en los trabajos, es decir, que cuando no se cura se habla igual que todos, ya cuando le piden que cure, con respeto y siempre ceremonioso para así adivinar la enfermedad y poder curar.?

Los sueños

?Los sueños para mí no son importantes, soñar es natural, cuando algo preocupa hasta se sueña. Hay sueños especiales, otros son de mal augurio, no me acuerdo y no sé si mis sueños se hacen realidad; yo no aprendí por sueños. No adivino ni curo por medio de los sueños, algunas veces soñaba andar en algún lugar; en ese sitio cercano estaba el espíritu, transformado en animal de un enfermo. Una vez iba buscando leña en el monte y no me había dado cuenta que estaba muy cerca de una víbora que me estaba mirando embravecida; cuando la descubrí todo el cuerpo se me estremeció, me asusté mucho. Pasaron varios años y cuando me enfermé comencé con un dolor de muelas muy intenso, por más que tomaba calmantes no hacían efecto; se agravaba más. Hasta se hizo confusión de dolores: muelas, cabeza y toda la cara; duré así varias semanas llorando de dolor. Pero una madrugada que logré dormirme por unos segundos, soñé que andaba en la orilla de un río; sobresaltada, me desperté acordándome del gran susto de ver a la víbora. Como pude le conté a mi suegra, de inmediato ella buscó una rameadora quien fue a traer mi espíritu e inmediatamente se fueron los dolores? pero esto me pasó a mí, no creo que esto me ayudó a mi preparación.

?A veces cuando sueño con difuntos que llegan o se encuentran sentados en algún lugar, es seguro que se van a enfermar mis hijos o nietos. Creo que los sueños pueden mostrar sobre todo a las personas quienes poseen fuerza negativa, los que trabajan con el espíritu malo. Cuando se sueña con animales ponzoñosos es que hay problemas, envidias, pero así lo sabe toda la gente, no nada más yo. Pero los difuntos, al igual que los que aún viven, también platican en sueños de su hambre, sed y sufrimientos.

?Los sueños provienen del cerebro, que capta a los espíritus que viven en el universo. Las almas, que son el sentir de los vivos, vagan y avisan lo que va a suceder por medio de los sueños, pues a través de ellos nos comunicamos con el alma. Creo que son los espíritus los que flotan en el universo y se logran comunicar con el cerebro, que en esos momentos se encuentra desocupado.

?Existen muchos tipos de sueños: hay sueños inútiles que son los que no tienen pies ni cabeza; hay otros que se hacen realidad, son los que se sueñan en luna llena. ?Muchas personas se enferman por medio de los sueños y al despertar sienten molestias, éstos son difíciles de aliviar; otras veces la persona que está soñando empieza a sudar o a hablar, como que se resiste a la enfermedad y lo saca en el sudor.

?Los curanderos y los adivinadores sueñan igual que otros, y algunas personas sueñan de forma muy acertada, ya sea por bien o por mal, aunque no practiquen la curación. ?Aunque a mí nunca me ha pasado, creo que es posible, a través de los sueños, hacer comunicación con lo sagrado, lo bueno y lo malo.?

El diagnóstico

?Yo adivino las enfermedades con el maíz o con el calendario mixe y también con otras cosas más. Me pongo en la mesa o el suelo y echo el maíz, según va saliendo la posición del maíz es como se va viendo la enfermedad; igual pasa con el calendario mixe. Después, dependiendo de la enfermedad, curo con rezos, plantas, con limpias, con pomadas o con el temascal.

?Es con la adivinatoria con maíz como se ve cuando la enfermedad es pasajera o duradera. Cuando es por susto o por otras causas naturales, esto lo aprendí preguntando a otros adivinadores, quienes dominan más esto. No recuerdo que haya recibido algún regalo, cuando alguien está aprendiendo no se dice, no se cuenta; sólo cuando ya eres curadora.Te dan a veces pollo, huevos, maíz o te invitan a comer, o cuando tienen dinero también te dan? pero sí, la gente agradece. Yo recibí el agradecimiento de una familia que estaba por morir su niño y se logró recuperar.?

Cultura Médica

La medicina tradicional en San Cristóbal Chichicaxtepec

?Los que tenemos el don de curar debemos guardar respeto y verdad a nuestros semejantes, si no lo hacemos no podemos saber curar. A mí las personas que curo a veces me dan dinero, otras comida o algo, pero ellos voluntariamente me dan para ayudarme, para mí es igual que me den o no; el favor que puedo hacer lo gozaré en la otra vida. ?El curandero es quien sana de las enfermedades a las personas y al pueblo; es quien pide a Dios, a los santos y a la naturaleza para que no se enfermen. Es quien hace el bien y respeta las costumbres y la naturaleza. Me siento muy satisfecha de poder ayudar a mis paisanos, aunque a la vez siento preocupación porque hay muchos que se enferman y a veces es muy pesado sanarlos. Para que resulte mi trabajo, tengo que estar bien con todos, mi esposo me apoya y me anima por este trabajo; mis compañeros de la Organización de Médicos Indígenas y yo nos apoyamos.

?El adivinador y curandero es quien ya está seguro de lo que hace, no tiene miedo y tiene más comunicación con la naturaleza. Un aprendiz no da curación solo, necesita de la persona que le está enseñando; él mismo escoge al que le va a enseñar. La demás gente del pueblo poco sabe de las enfermedades, no saben cómo sacarlas, se preparan tés pero siempre nos buscan, ya que cada enfermedad tiene su forma de curar. Nosotros como curanderos a veces vamos con otro curandero de confianza para sanar. Para poder hacerlo hay que tener fe y el enfermo también, si no es así, no sanan. Las personas que dañan y enferman son mal vistos en los pueblos, pero sí hay.

?En mi comunidad hay varios paisanos que curan, son como diez personas. Algunos son curanderos y adivinadores como yo; otros son chupadores, los que sacan del cuerpo sangre negra o sangre magullada por golpes que no sangran o de otras enfermedades, lo extraen chupando la parte dañada; los hueseros ponen los huesos en su lugar, cuando son desviaciones, tronchaduras y hasta rupturas. Las parteras ven a las mujeres y las ayudan para prepararlas, sobándolas y colocando al niño para que salga bien y las atienden en sus partos que dan a luz una nueva vida. Las hierberas curan con plantas y rameadas. Los rezanderos piden a los cerros y a los santos alivio. Todos ellos hacen el bien, saben curar, cada quien tiene sus cuidados y nos respetamos y ayudamos. Me siento satisfecha y contenta porque formamos un grupo de trabajo todos los curanderos aquí en mi comunidad, por la salud de nuestros pueblos.

?Yo para curar sí le hablo a los santos, a Dios y a la naturaleza; a los santos patronos de los pueblos de donde son las personas. Aquí, a san Cristóbal se le invoca tirando tres copas de mezcal o aguardiente antes de comenzar la curación. Al santo se le prenden trece velas de cera natural, se agarra la flor más fresca de su florero y un poco de agua bendita y se le unta al enfermo en la frente, espalda, pecho, brazos y pies, rogando que la enfermedad se vaya. ?A mí me vienen a pedir para ir a curar a otros pueblos; sí salgo y así he conocido otras enfermedades y otras plantas medicinales. Cuando curo a veces los aires malos pueden entrar en el cuerpo, así como los espíritus negativos, esto es peligroso. También las sectas religiosas dicen que somos brujos y hechiceros. Cuando a veces fallamos la gente critica muy fuerte.?

Historia de su cuerpo

?Para que el cuerpo esté bien, hay que tener muchos cuidados: comer bien, descansar, estar limpios y bien con las costumbres y la naturaleza. Por eso siento que no estoy enferma, sólo un poco cansada por la edad; sí me he enfermado de gripa, tos, pero es natural por los cambios de temperatura y mal aire y eso me lo curo con medios naturales; con yerbas y rezos que no dañan el cuerpo. Cuando tengo gripa, trato de estar en la casa y me cuido de no mojarme. Nada más una vez tuve dolor de cabeza fuerte y toda la cara, que duró varias semanas; pero no creo que esto hizo que yo curara o provocó algo en mi vida. Lo que sí creo es que eso me hizo pensar que hay que aliviar pronto al enfermo para que no sufra mucho. A todos los que yo curo siempre les digo que no deben descuidar el rito sagrado de las entrañas de la tierra, que guarden respeto a las costumbres y se cuiden del mal aire, ya que eso es capaz de convertirse en cosas negativas para la salud. Porque al saber y conocer los distintos males de los enfermos trato de cuidarme más, trato de comer y descansar lo necesario, así es como cuido mi cuerpo, porque se siente mal por los aires malos de los enfermos. También cuando hay enfermos graves yo me preocupo mucho.

?Yo pienso que la muerte se da cuando el espíritu se separa, si la persona fallece por accidente y no por enfermedad lo que sacan es natural; pero si están enfermos y mueren pueden contagiar el mal por el sudor, el aliento o el orín. Porque creo que el cuerpo es parte de todo lo que nos rodea, del agua, la tierra, el sol, la luna y el aire, y el cuerpo se acaba, pero el espíritu sigue flotando en todas partes. Por eso hay que ver de dónde viene el mal, hay que adivinar y para cada mal hay que trabajarlo?.

Concepción salud-enfermedad

?Para estar sano se debe estar bien con Dios, con la naturaleza, con las costumbres, con el pueblo, cumplir con las obligaciones, comer bien y descansar. La gente se enferma por no cumplir con las costumbres y por descuidos; de ahí vienen las enfermedades, de cuestiones naturales, agua sucia y sustos; eso es lo que nosotros llamamos las enfermedades más difíciles. Así como el mal de ojo y sustos y eso lo curamos los adivinadores y curanderos viejos, los que saben trabajarlo. Yo conozco las enfermedades graves por medio de la adivinación con el maíz y el calendario mixe; a veces le pregunto a los enfermos qué sienten. ?Hay personas que pueden causar enfermedades y ésas son las que tienen sangre y espíritu negativo. Con la mirada roban el espíritu y lo convierten en pequeños animales presos en cualquier cueva. Siempre es bueno cumplir con todas las promesas; es peligroso no cumplir, se pueden enfermar y morir, así sean promesas con los santos, la naturaleza, los cerros. Nosotros los curanderos tenemos que guardar respeto a las enfermedades de las personas, así como el cura se tiene que guardar el secreto?.

Galdino Hernández Castellanos: testimonio

Galdino Hernández Castellanos

Región Mixteca de la Costa del estado de Oaxaca

El objetivo de los relatos de la vida de Galdino Hernández fue conocer la cultura y el saber del médico indígena tradicional, así como los métodos, elementos terapéuticos y las formas en que éste da solución a los problemas de salud enfermedad. Esto también se hizo con el propósito de establecer una comunicación constante, tratando de superar de manera conjunta sus actividades tradicionales e incrementar recíprocamente nuestros conocimientos en la atención de las enfermedades, y así conservar la salud de su comunidad. La gente le tiene mucha confianza porque él los trata con amabilidad y consideración. Ellos saben que es una costumbre curarse con hierbas naturales y de esa manera conservan lo que sabían sus antepasados. Galdino estuvo participando con el INI sin egoísmo, por lo que deben tomarse en cuenta los relatos de su historia y mostrarse al público, ya que en muchas ocasiones lo hacía sólo en privado. Él está consciente y considera de gran importancia el apoyo de los médicos institucionales para canalizar los casos pertinentes.

La labor social del médico indígena ha sido la de participar en su comunidad en diferentes cargos públicos y religiosos, y en diversos comités como por ejemplo el del agua potable, el de salud y saneamiento ambiental y mayordomo de diferentes santos de su capilla, etcétera. También ha prestado su apoyo económico para obras de beneficio comunitario.

  Relato de la historia de vida

Antepasados

?Nací en Santa Catarina Mechoacan y me crié en Jamiltepec.

Mis padres y mis abuelos también nacieron en este lugar. Soy el primero de los cuatro hijos que tuvieron mis padres.

?Mi abuelo fue curandero y me encaminó hacia las actividades que hoy en día realizo; sin embargo, mi bisabuelo fue el primer curandero en la familia. Yo pienso que cualquier persona puede serlo, siempre y cuando Dios le dé el don de hacerlo, y que la persona sienta que le nace en su corazón ser curandero. Yo lo soy porque este don ha pertenecido a la familia desde tiempo atrás, en especial en mí, y es una herencia de mis antepasados?.

Pautas de crianza

?Mis padres me criaron con cariño y amor, manteniéndome con el producto de las cosechas, y me dieron una educación formal para ser útil en la vida. Recuerdo que cuando era niño ayudaba a mis papás a acarrear agua para el consumo de la casa, bañaba a mis hermanitos, jugaba con ellos, además de ir a la escuela y mis padres procuraron que yo cumpliera con las tareas.

?Recuerdo que cuando era niño los adultos pensaban y veían a los pequeños en una forma muy especial. Si los encontraban por los caminos les contaban el cuento del viejito y del burrito caminando juntos, y al terminar se despedían cariñosamente. Llegando los niños a su casa platicaban el acontecimiento a sus papás, quienes se sentían contentos por el cariño y amistad brindados a sus hijos por los adultos.

?Los niños de ahora no son iguales a los de antes, actualmente ya no respetan a sus mayores porque ven televisión, películas, novelas, los cuales pervierten su mente y ya no son inocentes como antes. Los adultos ponían cuidado de que los niños no se enfermaran, que no tuvieran un accidente con animales ponzoñosos y de sufrir algunas caídas. Enseñaban a sus hijos a respetar a sus mayores y a apreciarlos como personas de experiencia.

?Como fui el primer hijo, la tradición era que el papá se emborrachara de alegría y que la mamá pusiera una veladora a la virgen de Monserrat por el buen nacimiento.

A la partera se le daba un guajolote vivo y otro en guiso, y se hacía un convivió en casa entre parientes. Me recibieron con cariño, porque cuando nace un nuevo persona en la familia, va a ser útil en la vida viviendo en la misma casa.

Se quería que igual fuera hombre o mujer porque ambos trabajarán para su subsistencia; el hombre para laborar en el campo trayendo chepile y leña a la casa, la mujer para moler atole y hacer tortillas para el alimento del hombre. Yo me consideré niño hasta los 14 años de edad.

?Cuando se ha perdido a un ser querido, se atiende a la gente que les llega a acompañar, se contrata un violinista para que toque música dolorosa al angelito. Padres y padrinos sienten un profundo dolor?.

Denominaciones

?Por ser el primer hijo de la familia ocupé el primer lugar desde mi nacimiento. Según como nacen y crecen niños se les nombra niño grande o niño chiquito; el grande porque ya se cuida solo, y el nene necesita atención especial de sus papás y de sus hermanos mayores. Me nombraban siempre ?hijo querido, hijo hermoso, valiente y fuerte, gracias a Dios que ya puede trabajar por sí solo?, estas fueron las dulces palabras de mis padres cuando fui capaz de trabajar.

?Tengo dos nombres, uno por mis papás y otro por mis padrinos. El nombre se decidió así: mis padres adoraban a un santo y el nombre de éste me lo pusieron, y mis padrinos el nombre del santo que marca la fecha del calendario. Mis papás se acostumbraron a llamarme con un solo nombre que es el del santo de su devoción, y con éste me llaman y me conocen actualmente?.

Salud – enfermedad

?Recuerdo que durante los primeros años de mi vida, en mi pueblo la enfermedad se veía muy avanzada porque los niños la padecían mucho y se morían, entre ellas: alferecía, mal de ojo, coraje, ninañi, nahual y hechicería. Fallecían también si no se ofrendaba a los curanderos con presentes como pan, guajolote, gallinas y algo de dinero.

?Se acostumbraba tenerles cuidado en su comida, pero los niños andaban siempre descalzos y desnudos por la extrema pobreza de los papás. Vivían en casas de zacate, dormían en el suelo y estaban muy propensos a enfermarse.

Los padres se preocupaban pensando en la forma de cómo curar y dominar las enfermedades, algunos idearon descubrir la naturaleza de algunas plantas medicinales curativas de la madre tierra. Para poder curar hicieron experimentos con sus propias familias.

?Según las edades le hacían rosario cada mes al santo de su devoción para que cuidara el alma de los niños; así mismo, hacían promesas anuales para evitar accidentes, enfermedades y muertes. Se tenía cuidado de esconder a los menores frente a las visitas, porque muchos tienen miradas fuertes que causan calor de ojo al niño y éste puede enfermarse. Se tenía cuidado con las embarazadas en el eclipse de luna, de las miradas de gente con coraje, no salir en las noches para que no les pegue el mal de aire.

?Se tiene cuidado con las personas de más edad en no darles corajes, ver que coman a su hora, no dejar que trabajen duramente en el campo, que carguen poca leña, que muela menos y así disminuirles todo trabajo pesado.

?Se vio que al comer tierra los niños se hinchaban de la cara y del estómago, también se llenaban de lombrices por no tener limpieza en su alimentación y les salía sarna en su piel por jugar con tierra sucia. También se enfermaban de envidia y coraje. Yo estuve muy enfermo de diarrea y vómito, sarampión, tos, angina, fuego en la boca y alferecía. ?Cuando ya era mayor empecé a trabajar en el campo con mi papá, después me pusieron en la escuela cuando ellos lo creyeron conveniente. Estuve en la escuela con mucha ilusión de ser útil y poder ayudar a mis padres y a mi prójimo.

?De recién nacido sólo me alimentaron con leche materna hasta la edad de 2 años. Acostumbraron a darme tortillas, frijoles, atole, huevo, pollo, y toda clase de hierbas comestibles que hay en el campo. A los niños pequeños les daban de comer seis veces al día, porque en cada una comían poco.

Bebían atole, caldo de frijoles, de chepile, de calabacitas, ejotes y caldo de hierbamora, bebían estos alimentos para fortalecer su cuerpo. Comían en un plato de barro y bebían agua en jícara de palo sobre el suelo.

?A los niños se les bañaba en los arroyos, y los más chiquitos en casa con jabón de cebo de ternera, mezclando hierbas en el agua para evitar enfermedades, resfriados o mal de aire. El agua se conseguía en los arroyos de ojo de agua, se acarreaba en burro o en bule de palo cargado en el hombro. La acarreaban los papás o los niños mayores, ya que el arroyo estaba lejos de la casa.

?Mi casa era de hoja de bilijan con zacate y vivían en ella diez personas. Yo dormía en un petate de palma en el suelo y solo por ser el más grande.

?Hoy en día ya no vivo en la casa donde me críe, en mi comunidad de origen, ahora resido en otro lugar donde trabajo como médico tradicional?.

Juegos

?Recuerdo que jugaba en el patio de mi casa con muñecos de madera hechos por mi papá, con los niños que vivían cerca de mi casa y jugábamos además al gallo cantador, a la escondida y a la carrera del burro, a los trapiches de fabricar panela, cortar bejucos y machacarlo con el trapiche. También a los columpios de madera, trompos de madera y canicas de piedra. Mis preferidos fueron la carrera del burro y los trapiches de fabricar panela. Mis padres nunca me compraron juguetes en alguna tienda, ellos los hacían con las maderas de sus propios corrales, entre ellos payasos, carretilla, balón de cuero de vaca y silbato de palo. Por las tardes o en las noches jugábamos con mi papá al chaneque, al lobo, al coyote, al tigre y a la zorra?.

Status, indumentaria y herencia

?Los padres de un bebé recién nacido esperan que crezca fuerte y vigoroso. Se da más importancia al varón por su fortaleza para el trabajo del campo y porque es quien va a mantener a la familia. La mujer sólo está al mando del varón. Siempre ha sido muy importante el nacimiento de más niños para realizar mejor las reuniones de jóvenes y ciudadanos para acordar construir iglesias, municipios y escuelas, adorar al Dios de las lluvias y de las cosechas del campo.

?Con la llegada de la pubertad despertó en mi el amor por alguien, el anhelo de lograr algo en la vida. Cuando celebraron por primera vez mi cumpleaños, me sentí ese día el hombre más feliz de la tierra conviviendo con mis amiguitos, me regalaron frutas del campo y mi madre nos dio de comer tamales de gallina de rancho.

?Los primeros años de mi vida comenzaron a hacerse importantes a los 15 años de edad, cuando empecé a sentirme feliz con la ilusión de trabajar y un día casarme con una mujer de mi edad para hacer mi propia vida. Yo me sentía menos cuando era niño, porque aún no sabía qué hacer, no pensaba qué significado tenía el vivir, me sentía menos ante los compañeros más grandes. La forma de vestir del niño iba cambiando; a los 5 años de edad le ponían normalmente sus calzones y cotones de manta de algodón tejido para cubrir su cuerpo conforme iba creciendo. Se acostumbraba que los pequeños anduvieran desnudos hasta esa edad. En mi juventud era una tradición vestir un calzón y cotón especial bordado con el mismo hilo del tejido, adornando el bordado con pinturas de añil, usando huaraches de correa con sombrero de palma y un trapo rojo en el pescuezo para lucirse en la fiesta.

?Cuando los niños eran bautizados envolvían su cuerpo con una sábana blanca y amarraban un pañuelo rojo en su cabeza. Los niños más grandes vestían con calzón y cotón blanco y a las niñas se les cubría con sábana blanca y huipil; los niños usaban huaraches cuando había fiesta de mayor importancia como mayordomía, bautizos, casamiento, etcétera.

?Al repartirles la herencia los padres a sus hijos, se consideraba al mayor y al menor por ser el primero y el último en la familia para dejarles casa y terreno. A los demás les correspondía recibir animales como caballos, burros, vacas y chivos. Las mujeres heredaban metates, trastes de cocina, material de hilar y tejer. Aún se conservan estas tradiciones, igual que en el ambiente de los pueblos indígenas?.

Trabajo

?Cuando ya se tenían de 6 a 7 años de edad, a los niños se les notaba una inquietud de ser igual que sus papás.

Los primeros trabajos que se le encargaba a los varones era limpiar la milpa, y a las mujercitas a moler, lavar trastes, acarrear agua del arroyo, lavar la ropa y poner nixtamal en las ollas de barro. Entre los 10 y 12 años empezaban a encargarles trabajos y se les enseñaba a realizar las actividades del campo y la cocina. A los 10, el niño salía acompañado de su papá para aprender a laborar en la limpia de la milpa y del frijol. Se consideraba ya hombre de trabajo a los 15 años. La niña se sentía eficaz para el trabajo a esa edad y ya desarrollaba las actividades de su madre.

Los quehaceres que corresponden a las mujeres son: moler el nixtamal, hacer las tortillas, cocer frijoles, hacer atole de maíz y todas las demás cuestiones domésticas.

El agua la acarrean el esposo y los hijos mayores. De chico ayudaba a mi padre a vender leña en manojos y maíz por cuarto de litro en la casa de la gente para ganar dinero y comprar panela y café para que los demás hermanitos tomaran. Mi trabajo era sencillo y fácil de acuerdo a mi edad. Me gustaba la carpintería, la tejería y hacer los trabajos de barro?.

Educación formal

?Cuando fui a la escuela uno de los propósitos principales fue aprender a hablar español, saber escribir y leer. Los maestros fueron buenos conmigo, me educaron y gracias a Dios hoy en día me desenvuelvo un poco en la vida.

?En mi escuela no se hablaba casi en español, se platicaba más en lengua nativa dentro del salón de clases y en el pueblo. Para mí es muy importante haber asistido a la escuela, porque aprendí un poco el español y las demás enseñanzas de mis maestros, con las que actualmente me defiendo en la sociedad. La relación con mis compañeros era de amistad y cariño, nunca peleamos ni tuvimos envidias entre nosotros. En mi escuela hubo una cantidad mínima de niños mestizos con quienes llevé una relación amistosa a pesar de ser yo indígena, y nunca tuvimos disgustos durante el año escolar. Además, mantuvimos una relación amistosa, obediente y de respeto hacia los maestros.

?Para mis padres era muy importante que se cumplieran todas las tareas pues querían que sus hijos tuvieran un cambio en su vida; para ellos al estar su hijo estudiando éste debía tener siempre buenas calificaciones. Para mis papás también era muy importante acompañarme diario a la escuela, porque podían aprender un poco de toda la enseñanza que recibía. Yo fui poco a la escuela, sin embargo otros compañeros no pudieron ir por ser muy pobres y muchos padres en aquel entonces no comprendían la importancia de ir a la escuela, para ellos lo mejor era trabajar en el campo?.

Cultura Oral

?Al hablarles los padres a sus hijos acostumbraban hacerlo en mixteco llamándolos con cariño, diciéndoles ?mi pequeñito amado?. Los padres se dirigían a los pequeños y los regañaban cuando no hacían bien los mandados, los trataban enojados y cuando hacían bien los encargos recibían afecto, amor y cariño. A las personas mayores se les hablaba con mucho respeto. Actualmente en los jóvenes ha habido grandes cambios respecto a la conducta porque no se les ha obligado a este acto de respeto hacía sus mayores.

?En mi juventud me platicaron mis abuelos sobre la Revolución mexicana; narraciones acerca de la luna y el sol, el cuento de los brujos y de la bandolera. Me llamó la atención principalmente cuando contaron que la bandolera se llevó a un niño a su cueva y los padres asustados y preocupados lo encontraron hasta el siguiente día, vivo y salvo?.

Aprendizaje

?Empecé con interés a investigar plantas curativas porque unos de mis cuñadas estuvo muy grave de fiebre maligna; la curé con hierbas frescas, le di a tomar tés, le hice oraciones y ella se recuperó poco a poco; gracias a Dios respondió a las oraciones. Mantengo mi propio equilibrio y el espíritu de Dios lo bendice para estar sano.

?Yo imaginaba que algún día iba a conocer que ciertas plantas medicinales eran útiles, curativas, saludables, positivas y que darían buenos resultados en la sanación de las enfermedades que hay sobre la tierra.

?Para convertirme en curandero, tuve un sueño donde un santo me revelaba que tenía que curar porque él me daría el don de hacerlo. Fue una inspiración propia del sueño y el don de Dios de ser curandero; también mi abuelo me orientó.

?Por necesidad de salvar mi vida empecé a curar a mi propia familia. Una de mis hermanas se vio muy grave y luché lo que más pude para sanarla del espíritu maligno que la estaba atacando muy fuerte y gracias a Dios, poco a poco se recuperó siendo ésta mi primera experiencia.

En vida, mi abuelo me aconsejaba que el arte de sanar era importante para ayudar a la gente pobre que no tenía con qué curarse, por eso se morían de distintos males. Mi familia ha sido pobre y muchos se enfermaban. Mi abuelo era curandero y me enseñó a sanar empezando por la propia familia. Yo me acerqué más a Dios para que me diera el don de saber curar.

?Entendía que vivía en un mundo bonito, donde el sol alumbra la tierra para trabajar de día en el campo y respirar aire fresco, sano y limpio. Así como contemplar la luna en el cielo cuando entraba la noche en el campo, cuando no había luz eléctrica, pues con la luna nos distinguíamos en el patio de las casas y en las calles.

?Yo veía difícil curar las terribles enfermedades que sufrían los hombres, porque en aquel entonces no había medicamentos para atacarlas. Mi abuelo salía lejos a buscar las hierbas medicinales para sanar a sus enfermos. Yo escuché historias en las que se curaban con rezos, rituales, conjuros, y concentración en pensamientos sobrenaturales, visibles y telepatías, mentales y naturales. Durante el inicio de mi aprendizaje, viví situaciones terribles. Todas las noches me atacaban pesadillas asombrosas, que me dejaban paralizado, con la mente en blanco. Yo hacía ayunos con la esperanza de aprender más y convertirme en un verdadero curandero, comía solamente las hierbas nutritivas del campo. Guardaba dietas espirituales, era soltero, no tenía vicios de alcohol ni de cigarro, no hablaba groserías, depositaba una viva fe hacia Dios para que con el tiempo llegara a ser un buen curandero que pudiera ayudar a mi prójimo.

?Durante mi aprendizaje no tenía tiempo para jugar porque no quería interrumpir mi mente para poder concentrarme. Descubrí la capacidad de sanar cuando mi familia se enfermaba mucho y mi abuelo ya había fallecido, por lo que no había quién la curara. Entonces tomé la decisión de sentirme capaz de dar solución a los problemas de enfermedad que había en mi casa.

?Pensaba en Dios pidiéndole fuerzas y ánimo para poder dominar la enfermedad que atendía. Cuando mi paciente sanó por primera vez, me sentí seguro de curar porque ya empezaban a creer en mí, ya que podía ayudarles en sus problemas de salud.

?Empecé a pedir a Dios el don de curar a los 14 años y lo hice por primera vez a los 17. La enfermedad que curé fue la fiebre maligna que atacó duramente a mi hermana y quien se recuperó al poco tiempo?.

Sueños

?Recuerdo que en mi aprendizaje soñaba que andaba cortando flores y hierbas que curaban a los enfermos, haciendo ensomerios, rituales, prendiendo velas y veladoras para curarlos de espanto. Los sueños me sirvieron porque ahora curo de esa manera y con el santo de mi devoción; también hago ensomerios con aceite de olivo y copal, hago limpias con aguardiente y huevo, doy bañadas con hierbas curativas del campo.

Muchos de los sueños son realidades y otros son simples, porque no todos son iguales y no se puede confiar en los sueños negativos.

No soy muy bueno para interpretarlos, pero si se sueña con animales ponzoñosos es mala enfermedad, mal presagio para la salud de las personas y mala suerte. Esto es según la tradición de los antiguos en su creencia. En mi aprendizaje fueron importantes porque soñaba con el deseo de saber curar y dominar la enfermedad del paciente y ahuyentar espíritus malos que llegan a las casas además de los que caen directamente sobre la persona.

?No se platica con ninguna persona porque esto es secreto del curandero para que su don no se eche al lodo.

Yo no he platicado con nadie ajeno al trabajo. Las enfermedades con mucho tiempo en el paciente no sanan fácilmente y los que apenas empiezan se pueden curar en la mayoría de los casos. No comentaba con ninguno, solamente daba confianza y seguridad en los tratamientos que le proporcionaba para el restablecimiento de su salud. Solamente lo comentaba con mis familiares cuando lograba mejorar mis conocimientos.

?Por parte de mi abuelo recibí palabras de aliento y también por algunos ciudadanos el pueblo, conscientes que día a día aprendía más para obtener buenos resultados en los conocimientos de la medicina indígena.

Los pacientes se sentían contentos por haber sanado y como agradecimiento le daban al curandero regalos tales como gallinas, guajolotes, maíz, chile, ajo y cebolla.

Me sentía con ánimo, valor y decisión, dispuesto a cumplir con el don obtenido de Dios para el bien de la salud indígena. Me subía a un cerro solitario en donde se encontraban unas piedras y debajo de éstas rezaba para recibir el don de curar y las fuerzas espirituales.

?He tenido complicaciones con curanderos malos, como brujos y hechiceros, por la envidia y la competencia, ya que empecé a tener éxito por hacer el bien a los enfermos.

Me tiraron con arma de fuego y no estaba de Dios que me muriera. Él me salvó de la muerte.

?Al cuerpo humano Dios lo hizo en forma muy especial. Fue creado con sabiduría para que desarrolle todo tipo de trabajo en la tierra, y es natural que deseche todas las sustancias que ya no le sirven.

?Los sueños revelan lo que ha de suceder y si uno cree se convierten en realidad. Yo soñaba que uno de mis pacientes me atacaba cortándome uno de mis brazos. A la siguiente noche volví a soñar que un hombre desconocido me perseguía para matarme y que por poco me alcanzaba; de pronto desperté. Después estuve muy preocupado pensando en esos sueños. Pasados cuatro meses, éstos se convirtieron en realidad cuando un sujeto llegó a mi casa como a las 20:00 hrs., en 1995, y me tiró de balazos; por milagro de Dios no me morí, porque no he hecho ningún mal a nadie. La parte del cuerpo de donde provienen los sueños es la mente, guiada por el pensamiento, imaginariamente de lo que el corazón siente y se le revela. Asimismo, los sueños coinciden con el alma para revelar a la mente algo que va a acontecer. En todo ser viviente su alma tiene contacto con los sueños, ya sea para revelarles lo bueno o lo malo. Pero tienen su manera de comunicarse con el alma. En la vida se tienen sueños de diferentes formas: cuando son útiles se revelan sanos y limpios. Los sueños inútiles, son los que se muestran indecentes, porque caen fuertemente en el alma, guiados por los espíritus malos. Éstos son los que destruyen al hombre cuando se sugestiona. Muchos sueños sí se convierten en realidad y muchos no. Depende de cómo sea la fe de la gente hacia los sueños.

?A los curanderos, según su experiencia, los sueños les indican de dónde proviene la enfermedad para que explique a sus pacientes cómo tienen que curarse para que encuentren pronto alivio. También los sueños le indican qué clase de mal tiene el paciente, así como las hierbas curativas necesarias para su tratamiento. En la actividad de los curanderos, los sueños ocupan un segundo lugar, porque depende mucho de cómo se tiene el contacto y la fe en éstos para poder trabajar. Para mí son muy significativos por la comprobación de algunos en la realidad.

?El sueño es exclusivo de las personas especializadas en curar con este arte. Como los curanderos que adivinan y dan confianza a los pacientes en sus problemas de salud. El sueño se coordina con el alma, como un fenómeno biológico, al que la tradición asigna un sentido y una posición en el orden de la realidad.

?Además me ha mostrado la envidia que me tienen los compañeros curanderos, me muestra las duras luchas de competencia con ellos. Al final de cuentas, llegamos a empatar nuestros conocimientos. La acción que sucede en los sueños se manifiesta en los acontecimientos reales de la vida. Según la experiencia mística, se clasifican en húmedos cuando son positivos y en blancos cuando son negativos. Los sueños pueden mostrar cuál es la fuerza del alma o del espíritu de una persona. Según el pacto que se tenga con ellos para vivir y trabajar. Cuando se guarda fe, los sueños pueden ser un medio de comunicación. Cuando mi familia se encontraba lejos, oraba a Dios pidiendo que en sueños se revelara mi preocupación por ellos y el deseo de verlos. Al llegar el sueño a su alma y espíritu, les conmovió mi preocupación y a los cuatro días mi familia llegó a casa. Entonces oré más a Dios para agradecerle porque bendijo mi petición y se convirtió en realidad. Siempre que haya fe en el pacto con los sueños, nos pueden indicar cómo modificar la situación en la vida real. De acuerdo a la especialidad del conocimiento se tiene el tacto psicológico para ponerse de acuerdo con lo sagrado, éstos son secretos especiales del curandero?.

Ritos de pasaje

?Después de haber nacido, la partera hacia ensomerios para ahuyentar los malos aires alrededor del niño y de la madre durante ocho días. Los abuelos pagaban a la partera con velas grandes y gallinas gordas, la visitaban después llevándole tostadas y atole blanco hasta completar tres meses. Al recién nacido se le protegía no sacándolo al sol para que no se resfriara su cuerpecito, se evitaba que la gente extraña lo viera y se enfermara de alferecía, corajeo mal de ojo?.

Durante el nacimiento de Galdino se realizaron preparativos especiales, así como algunas ceremonias durante su primer año de vida, sin embargo éstos eran y son iguales para todos los niños.

?Hubo un trato especial porque rezaron en el vientre de mi madre para que cayera la placenta y cuando cayó continuaron rezando para dar gracias a Dios por haber escuchado la oración y salvar a la mujer y a su criatura.

Mi ombligo tuvo un significado muy importante, porque deca ahí se mantuvo latente y con vida el niño dentro del vientre de su madre.

?Durante mis primeros años de vida, se realizaron reuniones de niños para celebrar mi cumpleaños. Salíamos juntos al campo a comer cañas, a cortar flores y otras frutas que conseguíamos.

?Mis padres me platicaron que cuando me bautizaron el sacerdote me persignó y bañó mi cabeza con agua bendita estando en los brazos de mis padrinos.

?Recuerdo que cuando era menor participé en una misa cantada por los niños con el sacerdote en la celebración de una primera comunión y en tres evangelios.

?También recuerdo cuando murió el hijo de mi vecino ya que todos sus amigos quedamos muy tristes. Los padrinos del niño lo amortajaron adornándolo con flores y prendiendo velas alrededor de su caja. Tocaron violinistas y guitarristas música dolorosa y ensomaron con incienso de copal y aceite de olivo, rezaron los cantores rociando agua bendita al cuerpecito. Nosotros diariamente íbamos al panteón a jugar alrededor de su tumba, y así regresábamos contentos.

?Me comentaron que a mi madre durante su embarazo le hicieron limpias para protegerla a ella y a mi de algún mal aire; después de nacer, le pusieron veladoras a la virgen de Monserrat porque hubo un buen parto y en ese momento que nací se celebraba la boda eclesiástica de mis papás. Eran las 15:00 horas. Para la atención del alumbramiento había cerca hilo de algodón, machete limpio, aceite de olivo, vela de cebo y trapos limpios. Se tenía cuidado de acomodar bien al niño en el vientre de la madre y de que ella no cargara cosas pesadas, que comiera hierbas muy nutritivas y caldo de desarrollara bien y pudiera nacer sano. La partera la atendía, la revisaba y calculaba la fecha del nacimiento. Esta mujer tenía siempre el cuidado de acomodar bien al niño para mantenerlo en buena posición y hacerlo nacer bien. Ella atendió el parto y cortó el ombligo con un machete filoso y limpio?.

Isauro Guerrero García: testimonios

Isauro Guerrero García

Región Mazateca Alta del estado de Oaxaca

El presente trabajo es resultado quizá un poco de la casualidad o ?porque así lo han querido los seres mágicos de la mazateca?. Yo no era responsable de su realización, mi interés como pasante de etnología dentro de los Programas Rurales de la UNAM ?en este caso para el CCI de Huautla de Jiménez y para la COIMA?, se enfocaba hacia las ceremonias de pasaje: bautizos, bodas y funerales, así como las mayordomías. En esas fechas en que fui invitada a participar en el equipo de salud para la investigación de ?Historia de vida de médicos indígenas tradicionales?, me encontraba persiguiendo huehuentones para conocer acerca de las actividades de estos grupos de danzantes (actores-músicos) que hacen su aparición en la mayoría de las comunidades indígenas mazatecas durante la semana de Todos los Santos.

Me agradó la invitación pues me pareció importante incursionar en esa rama de la cultura, aunque creí que resultaría difícil por las reticencias que, a veces, acostumbran los practicantes de este tipo de medicina. Afortunadamente no fue así, ya que desde un principio la idea fue aceptada y apoyada por los integrantes de la agrupación Médicos. Tradicionales Indígenas Agua Bendita del municipio San José Tenango, y en especial por las personas que resultaron electas en la asamblea efectuada para ese fin. Su colaboración ha sido sumamente valiosa, no sólo porque han tenido la paciencia suficiente para responder cada una de las preguntas planteadas (algunas complejas, por intermediación de las intérpretes), sino porque además nos brindaron la oportunidad de convivir con ellos y sus familias permitiéndonos entrar a su espacio cotidiano. Debido a la limitación de no comprender el mazateco, fue necesario recurrir a un intérprete, por lo que se propuso que éste fuera un familiar del curandero, ya que el afecto que los une permitiría que el trabajo se desarrollara en un ambiente de confianza y paciencia para expresar libremente sus ideas, con el fin de que las próximas generaciones conozcan y reconozcan lo valioso de la vida de estos guardianes de la salud, y para que el estímulo económico quede entre su gente. La información registrada por la entrevistadora se obtuvo con algunas dificultades, ya que la comunidad de Cerro Liquidambar no cuenta con energía eléctrica como para utilizar la grabadora por tiempo prolongado y el difícil acceso no permitió llevar los implementos necesarios para el uso de la misma A pesar de ello, se intentó conservar la expresión textual de los intérpretes (que en el trabajo se manifiestan en tercera persona) así como las escasas participaciones del actor principal en idioma español (en primera persona), aunque el relato está salpicado por algunas palabras de quien escribe. Durante nuestra estancia en la casa del chjota chjine Isauro, observamos aspectos de su personalidad. Es un hombre tierno y cariñoso con sus hijos así como con otros niños, es demasiado religioso y respetuoso, por ello, para plantearle las preguntas relacionadas con sus impulsos sexuales, tratamos de hacerlo en forma sutil y respetuosa. Es expresivo y en su afán de darse a entender en su limitado castellano o en su lengua natal, sus explicaciones siempre fueron acompañadas de mímica.

Orgulloso de ser un chjota chjine, se considera uno de los mejores curanderos de la región y siempre está ansioso por aprender más sobre la medicina tradicional y la alópata. Esto demuestra que algunos terapeutas tradicionales ya reconocen la existencia de enfermedades difícilmente tratadas con sus conocimientos, sin dejar de aceptar a la medicina tradicional como una valiosa preservadora de la cultura indígena a través de sus diversas manifestaciones.

Comentarios sobre el trabajo de campo

El 4 de noviembre, Pánfilo de la Luz López, director del CCI de la sierra mazateca, ubicado en Huautla de Jiménez, Teotitlán, Oaxaca, me solicitó colaborar con el equipo de salud para la realización de la investigación del programa Tópicos selectos ?Historias de vida de médicos indígenas tradicionales?.

Dos días después, la responsable de Cultura del CCI, Rosalba Terán Carrera, y yo nos trasladamos al municipio de San José Tenango para sostener una reunión al día siguiente con los médicos tradicionales de la agrupación. Agua Bendita integrantes de la organización de terapeutas tradicionales mazatecos ?María Sabina?, para informar sobre la investigación y pedirles su apoyo, así como elegir, democráticamente, a los médicos tradicionales que a su juicio eran los indicados para hacerles su historia de vida, resultando electos dos de ellos: el curandero y partero Isauro Guerrero García, de la comunidad de Cerro Liquidambar, y la partera y hierbera Teodora García Idelfonso, de la congregación San Jorge. Debido a la lejanía de la comunidad de Cerro Liquidambar, se acordó trasladarnos durante tres días a la vivienda del señor Isauro, donde se realizó la primera parte de la investigación de campo.

Con el apoyo de la responsable de cultura como intérprete, trabajamos aproximadamente dos horas y media por sesión realizando dos por día, una en la mañana y otra en la tarde. La premura del tiempo nos obligó a consultar la guía de manera regular dada la difícil comprensión lingüística durante la entrevista.

Esta primera etapa concluyó el 10 de noviembre. La segunda parte de la investigación de campo se realizó del 13 al 16 del mismo mes, periodo en el que se convivió de tiempo completo con el curandero y su familia, y se platicó con algunas otras personas de la comunidad. Contamos también con el apoyo de la hija del entrevistado como intérprete, de ahí que el formato y el trabajo se expresen en tercera persona, tal como se fue traduciendo; en contadas ocasiones el médico Isauro hizo comentarios en español, éstos quedan diferenciados (con letra cursiva) de las traducciones de su hija.

Creo importante comentar que permanecer en la casa de nuestro informante fue de gran utilidad, ya que además de conocer otras de sus labores (cultivo de café y maíz y cría de chivos), se logró una relación de afecto y confianza que facilitó la labor durante las entrevistas. Después de revisar el formato y darnos cuenta de las lagunas de información faltantes, invitamos a don Isauro y a Ofelia a visitarnos para platicar y completar esos datos; así lo hicieron, mejorando notablemente el trabajo.

Relatos de la historia de vida del Chjota Chjine

Antepasados

De sus antepasados, indica nuestra intérprete, ?fue su abuelo materno, Juan García, quien le enseñó la sabiduría de la curación, ya que él hacía ese trabajo con velas, maíz, cacao y copal; también era chupador y partero?, y de igual forma ?aprendió todo de su padre ?es decir, el bisabuelo de Isauro Guerrero?; estos personajes murieron a los 95 y 105 años de edad, respectivamente?. Añade la intérprete que ?no cualquier persona puede ser curandero, se necesita de una fuerza o poder especial; debe ser elegido por Dios como él lo fue a la edad de 10 años cuando por primera vez compartió los hongos con sus abuelos maternos?. Sin embargo aunque no es indispensable pertenecer a una familia de curanderos, sí es necesario ser elegido.

Pautas de crianza

Por la situación precaria en que vivía la familia de don Isauro, y por ser el segundo hijo responsable y el mayor, ?desde los 8 años ?comenta el médico en voz de la traductora? empezó a trabajar en el campo, chapeando con el machete perico?; él considera que ?a partir de ese momento empezó a dejar de ser niño?, aunque en su tiempo libre aún ?jugaba con sus hermanos y sus amigos al trompo, las canicas y el balero?, siendo los dos primeros sus favoritos. Sus padres no tenían tiempo para elaborarle sus juguetes debido al trabajo, ni para jugar con él; él mismo los elaboraba con madera (trompo y balero) o ?compraba las canicas a escondidas de sus padres? para evitar ser regañado.

Cuidados durante el embarazo y el alumbramiento

?Cuando su madre estaba embarazada de él, ella se sintió bien?, normal, nada especial; ?al momento de nacer le ayudó en el alumbramiento el abuelo materno, que era curandero y partero, siendo además quien le enseñó desde joven el trabajo de médico?; los hongos se lo habían dicho a los 10 años de edad durante un viaje: ?Cuando se fue por un túnel muy largo él escuchó que el señor Jesucristo le dijo que tenía el poder para curar, igual que su abuelo?. Esto sucedió una ocasión que sus abuelos maternos estaban tomando los hongos y él interrumpió la velada, por lo que la abuela ?le dio un par? (los hongos siempre se toman en pares).

Cuando él nació no hubo ceremonia alguna, ?sólo lo bañaron en temascal después de los 20 días del alumbramiento junto con su mamá, para protegerlos?; el baño, además de ser curativo por los vapores, evita infecciones por el parto; el corte del cordón umbilical también cumple la función de ser limpia de protección. ?No era costumbre meter al recién nacido al temascal, pero como lloraba mucho, lo metieron y se lo dieron a su mamá para abrazarlo?.

A pesar de que no era considerada como una ceremonia sino como cuidados del embarazo, era costumbre que su abuelo revisara a la mamá de don Isauro después de los seis meses le sus juguetes debido al trabajo, ni para jugar con él; él mismo los elaboraba con madera (trompo y balero) o ?compraba las canicas a escondidas de sus padres? para evitar ser regañado.

Cuidados durante el embarazo y el alumbramiento

?Cuando su madre estaba embarazada de él, ella se sintió bien?, normal, nada especial; ?al momento de nacer le ayudó en el alumbramiento el abuelo materno, que era curandero y partero, siendo además quien le enseñó desde joven el trabajo de médico?; los hongos se lo habían dicho a los 10 años de edad durante un viaje: ?Cuando se fue por un túnel muy largo él escuchó que el señor Jesucristo le dijo que tenía el poder para curar, igual que su abuelo?. Esto sucedió una ocasión que sus abuelos maternos estaban tomando los hongos y él interrumpió la velada, por lo que la abuela ?le dio un par? (los hongos siempre se toman en pares).

Cuando él nació no hubo ceremonia alguna, ?sólo lo bañaron en temascal después de los 20 días del alumbramiento junto con su mamá, para protegerlos?; el baño, además de ser curativo por los vapores, evita infecciones por el parto; el corte del cordón umbilical también cumple la función de ser limpia de protección. ?No era costumbre meter al recién nacido al temascal, pero como lloraba mucho, lo metieron y se lo dieron a su mamá para abrazarlo?. A pesar de que no era considerada como una ceremonia sino como cuidados del embarazo, era costumbre que su abuelo revisara a la mamá de don Isauro después de los seis meses de lo de ser necesario, según indicaran los maicitos la posición del niño.

Con el fin de darle más fuerza, le hacían a la futura madre limpias con trece granos de cacao, una pluma roja o morada de guacamaya (ave que habla y lleva el mensaje a los dioses), copal, cinco huevos, dos de gallina y tres de totola (hembra del guajolote), velas y rezos para pedir por ellos. No existía dieta alimenticia para la embarazada, podía comer de todo lo que había en la región y durante la época.

Según comenta la intérprete, ?cuando había un eclipse toda la familia se reunía para protegerla rodeándola?, de tal manera que quedara en medio durante el transcurso del fenómeno. ?También es costumbre que antes de atender el alumbramiento se prenda una vela y se reza a Jesucristo y a la Virgen de Guadalupe?.

Aproximadamente a los cinco minutos de nacer, antes de cortarle el cordón umbilical, se le amarró después de darle dos vueltas con un hilo que puede ser de cualquier color; ?su abuelo le cortó el ombligo con un carrizo afilado a los cinco centímetros de largo, después lo limpió a base de fomentos de agua caliente para que la punta no se infecte y seque rápido; a los tres días ya debe caerse. Si el ombligo se infectaba era costumbre curar con el orín del recién nacido. Una vez que ha caído, se dejaba colgado de una planta hasta que se secaba o desaparecía. La placenta se mete en una bolsa y se entierra a un metro de profundidad y 100 metros de distancia de la casa; se cuida mucho de los gusanos y de los animales, tanto domésticos como del monte. Si los gusanos la llegan a ver el niño queda ciego, si la come un perro, el niño se vuelve egoísta?.

Nacimiento y status

?Su nacimiento, al igual que el de sus hermanos, fue recibido con alegría tanto por la familia como por la comunidad; se ponen contentos por tal acontecimiento, las amistades de la familia llevan atole, caldo de pollo o res, tortillas? y otros alimentos a la nueva madre ?para que se recupere pronto?. Antes de los 40 días se debe tener mucho cuidado, tanto por la madre como por el hijo; si el padre va a un velorio o entierro, se tiene que bañar y cambiar totalmente de ropa antes de entrar a verlos, ya que ?se trae el mal del difunto?, de lo contrario ?puede enfermar a su familia?. Según el médico Isauro, era igualmente recibido en la familia ?una niña o un niño, ya que ambos son el resultado de que una pareja esté junta, y ambos son seres humanos?. La madre los atendía porque el padre tenía que ir a trabajar, pero había ocasiones en que ella se enojaba con ellos y era el papá el encargado de defenderlos. Don Isauro, a través de su intérprete, continúa: ?En algunas otras familias se quería más a los varones porque trabajan y llevan dinero a la casa, mientras que las mujeres, aunque también laboran, sólo lo hacen en el hogar?. El orden en que los hijos han llegado al mundo tiene importancia especial, aunque no siempre es percibida. A continuación se enlistan los nombres que se les da a los hijos, según el orden en que van naciendo o lugar que ocupan dentro de la familia:

El tercero tí ma, jan
El cuarto tí ma, ño
El quinto tí ma, aón
El sexto tí ma, jaon
El séptimo tí ma, ñato
El octavo tí ma, jin
El noveno tí ma, ñajan
El décimo tí ma, te
El onceavo tí ma, tejngo
El doceavo tí ma, tejaó
El último o menor jetá – ti xifetá

Del segundo al penúltimo son considerados ?los de enmedio?, stina xitjio gabase.

De acuerdo con el trabajo y respeto que un ser humano adquiere a lo largo de su vida, también recibe varios nombres o categorías sociales; en el caso de nuestro protagonista.son:

ti xikjié male síxá Niño que todavía no puede trabajar

ti xijie male xá Gente trabajadora (ya pueden trabajar)

n´in xikjé tjínle chjoon Hombre que ya tiene mujer (casado)

n´in xikjé tjínle xtí Hombre con hijos chjota chjine Gente de sabiduría (curandero)

chjota chjínga Gente de edad (de respeto)

chjota chjine b´enda Gente de gran sabiduría.

Don Isauro es visto así porque conoce mucho, ya que es curandero, partero y adivina con hongos y maicitos, cuando tomo los hongos despierta más mi sabiduría. Según don Isauro, cuando llega el primer hijo varón (ti j?chjinga) se dice: ?Él va a ir a la escuela, va a ser alguien importante, me va a ayudar en la milpa, va a cuidar mis terrenos, va a ayudar a mantener a sus hermanos menores y va a ser respetado por esto como a un padre. Cuando llega una niña se piensa: va a ayudar a la señora (la esposa) en el que hacer de la casa, va a darle de comer y cuidar a los animales de traspatio, va a echar las tortillas, también va a ir a la escuela; el trabajo más delicado es el de la mujer; ella nos va a cuidar cuando ya seamos grandes en las atenciones que un hombre no hace?. ?Al primero se le nombra ti j?chjinga o hijo mayor, y se le da tanto la responsabilidad como el respeto, ya que va a ser el padre de sus hermanos; los siguientes tienen que acatar las órdenes del mayor en todos los trabajos, ya sea dentro de la casa o en la milpa; con él se deben poner de acuerdo. ?La hija más chica debe cuidar de los padres y del hermano mayor que es también considerado como un papá?.

Herencia

Al hijo mayor se le deja la casa de los padres; los terrenos se dividen entre los otros hijos varones. A las mujeres no se les acostumbraba heredar, ya que al casarse es el esposo el encargado de proporcionarles casa y comida. Don Isauro añade que ?en la actualidad es al más chico a quien se le deja la casa de los padres y si las hijas mayores quieren terreno ya pueden pelear por él, ya no es como antes?.

Rito de pasaje: bautizo

Isauro Guerrero García no tuvo ninguna ceremonia previa al bautizo, ?a él lo bautizaron cuando tenía 6 meses de edad en la iglesia de San Miguel Huautepec, los padrinos fueron. Erasmo Pedro y María Tiburcia, sus tíos maternos, ellos le regalaron el ropón, los zapatitos, una cera y el rosario (chaski) y pagaron 20 centavos? por la ceremonia católica. De acuerdo a Isauro, ?no se le hizo fiesta, sólo se entregó a sus padrinos una ofrenda?, un kilo de panela, dos kilos de carne de res, $5.00 de pan, un kilo de café, en agradecimiento (por su ropa) y por haber aceptado ser los compadres de mis papás.

La cera (vela) es muy importante, por eso cuando trabajo siempre tengo que prender una cera; es el significado de que me bautizaron. Don Isauro no recuerda haber tenido primera comunión.

Alimentación

Desde que nació hasta los 2 años de edad, ?lo alimentaban con sikaki? (leche materna) y ?atolitos, después le empezaron a dar comidas: tortillas, arroz, pollo, carne de res.

Baño

?A los niños pequeños se les bañaba con agua tibia y ja-bón de lavado. Se les tallaba con un estropajo el cuerpo y el cabello, y cuando no se tenía éste, utilizaban otra hoja llamada xkanopa?, en el agua no se mezclaba hierba al-guna, sólo se cuidaba que fuera limpia; ésta, ?se traía para los hermanos mayores de un arroyo que quedaba a tres minutos de camino de su casa?.

A él le tocó acarrear agua a partir de los 7 años de edad, ya que era el segundo en orden de los hermanos, pues los menores aún no podían hacerlo; a partir ?de los 7 u 8 años se bañaban en el arroyo?. ?Él vivía en una casa de techo de zacate con paredes de madera con cartón y piso de tierra; la cocina era de los mismos materiales; tenían un fogón en una hornilla elevada?, no contaban con energía eléctrica, por lo que ?para alumbrarse usaban candiles con petróleo. No tenían excusado, acostumbraban hacerlo al aire libre?; dormían en petates con la madre hasta los 6 años y posteriormente con algún hermano; ?él lo hacía con su hermano mayor?.

?En su casa vivían catorce personas; sus dos padres, sus once hermanos y él?, para ese entonces ya trabajaban cinco de sus hermanos y él para mantener a la familia.

Salud y enfermedad

?Su familia lo cuidaba mucho y cuando se enfermaba lo curaban con la medicina tradicional; lo protegían de la gente extraña?, ya que ?se cree mucho en el mal de ojo, para ello se utiliza pisiate y se le reza a san Pedro y san chivo, puerco, sopa de pasta, frutas (naranja, plátano, guayaba, etc.)?, y verduras de la época y de la región. ?Ya tomaba, además de atole y agua, un poco de café. Él y sus hermanos comían en la cocina juntos dos o tres veces al día?, de acuerdo a la situación económica de su padre en esa temporada.

Indumentaria

La forma de vestir de los pequeños varía de acuerdo con la edad y el sexo. A los niños de 0 a 3 años ?no se les ponía pantalones, sólo se les cubría la parte de arriba con una camisetita o suéter si hacía frío?; de 3 a 7 años, ?les ponían pantaloncitos con tirantes y camisetita?; de 7 a 15 años, ?calzón y camiseta de manta así como huaraches de cuero?.

A las niñas de 0 a 3 años ?se les ponía vestidito o camisetita con calzoncito?; de 3 a 7 años,?vestido corto y calzoncitos?; de 7 a 15 años, ?vestido más largo y hua-raches o zapatos de hule?. A los 15 años de edad me puse mi primer pantalón de vestir.

?Tanto para la fiesta grande del santo patrón de la comunidad (en La Providencia, San Agustín, el 28 de agos-to) como para Todos los Santos, se les compraba a los niños ropa nueva y huarachitos y se les arreglaba muy bien; para ir a la escuela no llevaban uniforme sólo para algún desfile?. El uso de calzado variaba según las condiciones económicas de la familia; antes comenzaban a usarse a partir de los 3 años zapatos de cuero o plástico y ahora, desde que caminan, si se puede, se les compran sandalias de hule.

Cuando se le preguntó a don Isauro cuál era el momento de más satisfacción y cuál el recuerdo menos importante de cuando era niño, comentó que el más importante fue ?cuando empezó a trabajar en el campo a los 8 años, ya que podía llevar dinero a su casa?, Dios me dio la fuerza para seguir adelante; y se sintió menos importante a los 5 años porque escuchaba que sus padres hablaban de la necesidad económica y de que él aún era muy pequeño para trabajar y ayudarles?.

División del trabajo por edad y sexo

En lo relacionado con el trabajo, los niños y niñas desde la edad de 7 años empiezan a imitar a sus mayores en las tareas domésticas o del campo, pero ¿qué tareas pueden realizar?, ¿cuáles son sus primeros trabajos y a qué edades? ?A los varones de 8 a 10 años los mandan a la escuela?, si hay una cercana a su vivienda o comunidad; ?los mandan a traer agua, a cuidar a sus hermanos menores, ir a llamar a sus papás (o parientes cercanos), llevar recados y soplar la lumbre?.

De los 10 a 15 años, ?los llevan al campo y ahí se les enseña a trabajar: cargar leña, chapear, cortar las cerezas del café, sembrar, doblar y bajar elotes y el frijol?; a los 15 un joven ya puede desempeñar las mismas labores que su padre. ?Las niñas desde los 7 años empiezan a aprender a tejer, coser, atender a los animales (gallinas, cerdos o chivos), traer agua, barrer y buscar trozos de leña? en las cercanías de la comunidad. A medida que van creciendo, sus tareas son más complejas; ?lavan la ropa, cocinan, hacen el nixtamal, lo muelen y hacen las tortillas; al campo sólo van a cortar café, frijol y lo traen cargando? hasta la casa con ayuda de su rebozo. Una muchacha de 16 años ya puede realizar todas las tareas del hogar igual que su madre.

?Hay hombres que ayudan a sus mujeres en algunas tareas, como atender a los animales y traer la leña, no para acarrear el agua?, es casi siempre responsabilidad de los hijos y las mujeres.

En el caso particular de don Isauro, ?él a la edad de 8 años salió a trabajar al campo; sembraba caña con su padre, chapeaba el terreno y exprimía las cañas para sacarle el jugo con el que se hacía aguardiente o panelas; a los 15 años ya podía cuidar el cocido de éstas?.

?Más tarde trabajó en el cultivo de café; él prefería este trabajo porque es menos cansado que el de la caña. También fue aprendiendo a curar?, por lo que a los 25 años su labor era más completa; no sólo ayudaba en la caña, trabajaba el café y atendía a sus chivos, sino que ya era reconocido como un buen curandero, y empezaba a ser un hombre de sabiduría.

Educación formal

?Cuando él era niño, Isauro hablaba en mazateco, no sabía castellano?, igual que los otros niños de su edad de la comunidad donde vivía. ?Fue hasta los 10 o 12 años cuando empezó a entender el castellano; cuando fue a la escuela aprendió un poco?; en la actualidad no lo habla, ni lo entiende bien completamente.

Pero si en su forma de hablar como niño y joven no hubo nada especial, sí lo hay en su forma de expresarse como curandero; ?un chjota chjine b?enda debe hablar en forma fuerte, pausada y clara para que se le escuche y entienda bien?, tanto en el más allá como con sus pacientes.

A los 12 años de edad, empezó a asistir a la escuela primaria ?Agustín Zaragoza?, de la comunidad de Río Santiago, municipio de Huautla de Jiménez; todos los días bajaba caminando 5 km para llegar a la escuela, mismos que subía para regresar a su hogar, en La Providencia. Durante dos años de estudio terminó el segundo grado de primaria, donde aprendió a leer y escribir el castellano de manera deficiente; ahí en las canchas de la escuela le agradaba jugar al baloncesto con sus compañeros de estudio; cuando los mayores de la escuela o la comunidad no la ocupaban jugaban con una pelota ya que no tenían dinero para comprar un balón. Los mejores amigos de su infancia, que aún recuerda, fueron: Ángel, José Martínez, Ricardo Martínez y Felícito Guerrero.

Cuando murió su hermano mayor a los 15 años, él dejó la escuela y se dedicó a ayudar a su padre; ?sus abuelitos y el resto de su familia lo veían con respeto por que era un joven muy trabajador?.

Como ya comentamos, asistió a la escuela primaria a los 12 años. ?Sí le agradaba, sobre todo porque platicaba y jugaba con sus compañeros que también eran sus amigos y como era de pensarse, si eso era lo que más le gustaba, al maestro era precisamente lo que más le molestaba, por lo que les pegaba con varas en la espalda porque no atendían la clase y no aprendían bien, aunque el maestro sí les enseñaba; éste se llamaba Modesto y venía de Huautla de Jiménez?; a don Isauro le disgustaba que los regañara y golpeara, ?también le molestaba que los niños mayores no los dejaran jugar en las canchas de la escuela?.

El libro preferido de Isauro, que recuerda con cierto cariño, es Arma campesina (alma campesina). Las clases se daban frecuentemente en mazateco, ya que la enseñanza del español era casi nula; ?éste lo medio aprendió a leer y escribir a la edad de 45 años, en Teotitlán, gracias al maestro Casimiro Quina, en una escuela nocturna de educación para adultos?. Don Isauro Guerrero considera que ?ir a la escuela sí le sirvió, aprendió a hacer su firma, a leer y escribir un poco en castilla y a hacer cuentas con los números, sobre todo la suma?.

Su relación con los niños fue normal, era buena; a su escuela asistía puro niño mazateco, pero si con éstos la relación era buena, no lo fue así con los maestros, ya que eran groseros y les pegaban a los niños. Sus padres ?no le ayudaban en las tareas, sabían menos que él? y ?lo regañaban cuando no las hacía?; no siempre cuidaban su asistencia ya que eran ellos quienes en épocas de mucho trabajo lo llevaban al campo ocasionando que faltara a la escuela.

Testimonio de Feliza González Moreno: testimonio

Testimonio de Feliza González Moreno, paciente y prima de María Guadalupe Narciso

?Quién sabe cuántos años ya tenemos (de conocerse), como desde hace 22 años. Vivía allá en el ejido cuando supe, pos, cuando vine por acá ella ya curaba. ?Yo estaba enferma, ella todavía no usaba eso con lo que ahorita cura. Me dijo que era puro frío que yo tenía porque tuve, creo, tres niños; pero nada más duró Miguel. Ya después fui al doctor, para que naciera mi otro hijo, el que tiene 17 años. Antes de que yo fuera al doctor, una tía, de las que andan curando, me hizo un lavado y me dio medicina, para tomar. Creo que me barrió mucho el estómago, me daba así como diarrea y no se me quitaba. Entonces, ella (su prima, doña Guadalupe Narciso) mandó a su hija, estaba chiquita su hija, la que vive en México. Me mandó decir que me fuera para que me hiciera otro lavado; entonces le dije a su hija, ?no, yo no me voy a eso porque me va a hacer igual, así como me hicieron, que ya no puedo caminar?. La niña me dijo, ?no, dice mi mamá que nos vamos, que no te va a hacer lavado, te va a echar pura medicina, nada más en tu estómago, que así se te va a enfriar?. Pues me fui, y cuando llegué me hizo lavado.

Me dijo ?éste no te va a hacer como el que te hizo mi tía; éste te va a enfriar?. Me dio medicina que yo me echaba. Pero era pura hierba. Poco a poquito se me quitó y ya me bañó, así, con puro alcohol, porque antes todavía no usaba esas medicinas que ahorita tiene; ya poco a poco compró sus medicinas. Todo me quitó, me bañó con el alcohol. De eso tiene como 18 ó 19 años, antes de que yo tuviera a mi hijo. Ya después me embaracé de mi hijo, ahora él vive. No me cobró. Me fui al médico cuando mi otro hijo nació. ?Antes, cuando ella curaba hacía puro limpias, así, con yema (huevos); luego, pues ya bañaba con puro alcohol. Usaba, también, otra medicina que le decían alimento fuerte, compraba éter que era para aire, que era para sentimiento. Con eso los bañaba también; echaba harta hierba en el alcohol, con eso también bañaba.?

La utilización de nuevos medicamentos o recursos para atender problemas de salud

?Luego empezó a ir a comprar hierbas con la señora a quien le compra. Compró pomadas como las que ahora usa. Compraba pomada de coyote, de esa que tiene el jorobadito; alumbre y otras medicinas. Poco a poco le dijo a la señora Lupe, ?esto le sirve, mire esto?. Como siempre, mi prima me llevaba cuando íbamos a comprar las medicinas. Ella vio que con eso sí, ya después a los que venían de fuera así los curaba. Ya muchos le compraban, ?véndeme a mi también una?, le decían. Entonces ella ya las vendía y con eso compraba más, pero ahora ya casi no les vende porque sólo las usa para bañarlos, porque dice que no la quieren pagar. Sí, ya ves, se dio usted cuenta que la otra señora que vino, dice que le debía.?

Limpia

?A mí no me ha hecho limpia ella; le hizo limpia a mi hijo. Lo llevaba yo, le hacía limpia, luego le hacía lavado. Cuando se me ponía grave lo llevaba con ella, a veces ya se le121 vantaba, le hacía lavado, le bañaba con alcohol. Cuando le hacía limpia a mi hijo era con pura yema (huevo), nada más. Luego me decía que mi hijo estaba enfermo de puro aire. Lo agarraba la virgencita, prometíamos ir a San Juan de los Lagos o al señor de Chalma. A veces nos decía eso y luego me contestaba, ?cómprate nomás una veladora, ahorita la limpias y la prendes ahí en el adoratorio, para que tu hijito la vaya a dejar?. Luego, pues mi hijo ya comía, ya hacía bien del baño. Ella siempre me lo curaba, pero también siempre lo llevaba al médico, porque mi hijo no obraba bien, no hacía del dos.?

La relación de doña Lupe con su paciente

?Es que luego vienen unos nomás a dejar una servilleta, le vienen a dejar un chal o un rebozo; luego ya no vienen por su servilleta. Les dice, ?no, cómo te voy a curar si tú me debes?. Como ella tiene su carácter, ya no los cura. Cobra $30.00 la limpia y si le dicen ?si hace lavado o me baña ¿cuánto me vas a cobrar??, ella les dice, ?es grande, te cobro $70.00 y de la limpia ya son $100.00?. Le pagan y sí los cura.?

?Esa señora hace limpias?. Se corrió el rumor

?Me acuerdo que cuando me vine para acá, ella ya curaba. Yo escuché cuando ella andaba diciendo a una señora que su niño quién sabe qué tenía y ella le dijo, ?a ver tráelo para acá? le vamos a hacer una limpia a ver qué tiene?. Luego esa señora decía que le hizo limpia a su niño, le dijo qué es lo que tenía. Ya después de eso, la señora lo contó a otra señora y así, empezaron a venir. ?Cuando ella hace limpia y quiebra la yema (huevo) en el vaso se ve también, cuando se sube harto (la yema), cómo limpia; ?ese es puro aire, aire seco, aire caliente es que uno tiene mucho calor adentro. Este es la Virgen de Guadalupe, este es santa Cruz, que este es san Juanita?; bueno entonces ella dice pos que si tenemos esto, ?vas a ir a prender una veladora?, porque casi no vamos a verlos, no nos dejan. Ella dice, ?pídele el favor, ve a ofrecer una veladora a ese santo y verás que sí te deja?. Luego ya viene uno, que si ya te pregunté. Cuando prometemos que vamos a ir a visitar, por ejemplo a San Juan de los Lagos, o nuestro señor de Chalma decimos que sí vamos a ir y luego no vamos; después cualquier cosa nos pasa, hasta que se enferme un hijo o nosotros, nos da calentura o le da al bebé diarrea, y así, hasta que ya le dice uno qué es lo que tiene, le ofrece su veladora y ya se le quita. ?Se puede enfermar de muchas cosas, por ejemplo, ahorita que es tiempo de lluvia, por comer alguna fruta, como una ciruela o capulín; se botiga uno. Entons ella le dice, ?no, pues ese está abotigado, está empachado?necesita un lavado?, o ?dale carbonato con sal de uvas, exprímele limón? dale que lo tome y luego ya le sobas bien el estómago?, así le dice.?

?Ella sabe?

?Yo no sé cómo sabe que es aire, que es santo, que agarra a los niños. La imagen no la encuentro. ?Si me dice ?fíjate ahora, este es santa Cruz?, que este Todos los Santos, no lo veo pues no conozco. Quiero decir que curar, porque, bueno, sólo le ayudo cuando estoy allá con ella. Le voy a lavar sus vasos, le traigo su agua.

Luego me dice, dame esto, dame el alcohol, ese alimento fuerte, el frasco ese y ya me dice cuál, pero así, para prepararlo, para curar a alguien no, nunca. ?Hay dos opciones, la hierbera y el médico. Si a uno ya lo llevaron mucho con el doctor o a la clínica o centro de salud y no se compuso, van con la hierbera? o se van antes con la hierbera y si no se cura, mejor lo llevan al médico. ?Una limpia es puro aire. Si el niño se cayó, por ejemplo, aquí de la cerca, pues ya se lo agarró el Salvador del Mundo; necesita que lo limpien con una vela que van a poner allí donde se cayó; lo van a bañar con alcohol, así lo hacen. Pues la tierra, es el Salvador del Mundo. Hay unos niños que les da diarrea cuando se caen por ahí. Y pregunta que a dónde se cayó, pues allí, contestan y dice límpiale y luego le bañas con alcohol y prendes la veladora; háblale al Salvador del Mundo para que lo deje y se le corta la diarrea? se le va.?Sí, como Dios es Salvador del Mundo. Ya tiene mucho que he escuchado eso, dicen que cuando se cae uno por ahí, que es Salvador del Mundo. ?Según, me platicó ella, hace un tiempo se enfermó y me dijo que vivía en México; entonces, la señora que le curaba, creo que ella vio cómo lo hacía y luego su papá se enfermó, lo llevaron con una curandera por acá en Ixtlahuaca; ella dice que estaba con su papá y creo que vio cómo hacía la señora esa, y pos aprendió.

?Nada más su abuelita que era matrona? ella le dijo cómo. Le dijo que no, que cómo iba a saber ella qué tanto le faltaba, entonces le decía, mira si a ella le falta, tú le haces el dedo (medio dedo), ella le dijo que cómo le iba a hacer. ?También aquí nosotros, aunque no sabemos hacer de limpias, muchos sabemos de hierbas, que juntamos orita que es tiempo de lluvias y hay hartas hierbitas. ?Lo que sabe la gente y lo que ella sabe es lo mismo. El avance que ella lleva es que cura con otras medicinas, por ejemplo, usa la víbora de cascabel, echa esa comadreja, el zorrillo, luego otra medicina, el alimento fuerte, el éter para tomar, el éter para bañar. Luego lo junta, eso no se compara con los que nomás pura hierbita, ella va adelante de otros con medicinas que ella conoce, aunque a veces las compra también.?

Testimonio de Cirila Reyes González, partera-hierbera de 80 años de edad

Testimonios de Vida de Médicos Indígenas Tradicionales

María Guadalupe Narciso Álvarez

Testimonio de Cirila Reyes González, partera-hierbera de 80 años de edad

En el presente testimonio la narración está en tercera persona debido a que doña Lupe Narciso traduce a doña Cirila Reyes del mazahua al español (lo que aparece entre comillas es la traducción de las palabras de doña Cirila). Los temas, siguiendo la metodología, son sugeridos por la historiadora de estos testimonios.

Aprendizaje

?Su vecino la llamó en la noche y lo fue a ver. Estaba la señora con su esposo nomás, y le dijo que viera tantito a su bebé porque ya había nacido. Entonces, lo garró al bebé, lo levantó y le limpió la boquita; lo que tenía. Entonces, ella acostó a la mamá, al bebé lo bañó y lo acostó junto a la mamá. Ya supieron de allí, ya nomás las señoras le gritaban que fuera a ayudar a los partos. Así fue para siempre, para siempre le gritaban. ?Sí le asustó cuando curó la primera vez. Primero no, pero ya después le preguntó al señor, ¿dónde están las tijeras?, ?no tengo tijeras, vete a ver el cuchillo que está en la cocina?, así le dijo, y con eso le cortaron el ombligo al bebé. Ella rápido lo amarró. Cuando llegó con su marido le dijo que quién la mandó allí, a dónde fue y si le iba a matar al bebé, o a la señora. Entonces, ella la iba a llevar a la cárcel y su marido le dijo, ?si te van a llevar a la cárcel, no te voy a seguir, regla a ver cómo arreglas tus asuntos?, así le dijo. ?Cuando aprendió, tenía 40 años. Ella hizo lo posible por ganar el dinerito. Para comprar algo, lo que necesitaba en la cocina o su ropa.

?Ella bañó al bebé, a la mamá y coció hierbas para aire. A los tres días lavó la ropa del bebé, la de la mamá, y lo cambió. Durante tres días ella no se fue. ?Vivía allá arriba una señora que gritó, ?vente para acá, tía Lila, córrele; vente, vente a ayudarme, esta señora ya se alivió; vente a verme tantito, que me vas a ayudar aquí?. Su marido le dijo ?vete, córrele a ver; pobre señora está sola?? entonces ya se fue. Pues así ya se enseñó? ya después gritaron. Cuando vivía allá arriba en el monte, entonces, se fue en el ejido y lo mismo, los vecinos ya llamaron. Ya llamaron, ya se fue a tal parte.? Posteriormente, doña Cirila narró quién le enseñó a atender partos: ?Fue una partera que vio ella, la difunta Maliciana Marín, la que le ayudaba a sus hijos. Ella vio que le echó el veliz así, tapó el muñeco, le fajó, le echó el rebozo, como esa señora partera que me ayudó a mí. La vi que me hizo así sobado y pues también lo voy a hacer, lo voy a echar. Entonces preparo la hierbabuena (Gnaphalium luebmannii Sch), le echo tantito alcohol, y lo meto acá en el ombligo, y ya con eso se le quita el dolor que tiene. Nomás puro fue así de muchachas que la ayudó. Nadie más que esa señora dijo que le enseñó, que le ayudó.?

Doña Cirila platica su experiencia como partera, respecto a la atención de los recién nacidos. ?Cuando se desmayan los niños los baña con cigarros, Faros; los tibia con alcohol y los baña; cuando quieren agarrar pulmonía, con eso se les quita. Se calienta al bebé y se duerme, ya no llora. ?De la boca, pa? que ya no pase suciedad así, cuando ya se alivia, dice que garra un trapo y le limpia todo de la boquita, todo de los ojitos, todo de la cabecita, entonces, ya lo tiende a la mamá. Los bebés que se aliviaban, los levantaba, les limpiaba la boca y luego los traía a la mamá a la casa a donde ella llegaba. ?Veía cuando platicaban, ?cuando no está nadie quien te ayude, cuando ya se vino el bebé, nomás la placenta se viene, es fácil para venir, entonces, ya vamos a ayudar?. Cuando estaba trabajando oía a las señoras que andaban así, que decían, ?ese bebé, ya se cayo?, ?ese bebé, si no lo encuentra la partera, quién te va a ayudar?, ?ya se cayó el bebé? agárrale con un trapo, límpiale la boca para que no pase suciedad, con eso ya se le quita, ya no se enferma, porque si no, le garra como cólico?, así decían.?

Práctica médica. Cultura médica

?Pos ella sabe cómo bañar al bebé. Lo baña con alcohol y le unta tantito esa pomada. Luego le arregla la molleja, le empina la cabecita para abajo. Cuando se aliviaba su nuera – tiene dos -ella la sigue viendo; cuando la vienen a llamar las sigue. Va a ir, le gritan, ?que vayan a ver tantito a mi esposa, o mi tía?; o así, y a ver si le falta o ya llega la hora que nace. Cuando llega la hora, rápido ella la ve; pero cuando le falta pues tiene que andar su paso, para acá y para allá. ?Nace bien el bebé, bien gordito y fuerzudo. Si es mujer tiene fuerzas y nace muy bien, no tiene problemas. ?Cuando se quiere bajar el bebé, le da dolor, nomás le echa cebolla con ajo y lo unta en el estómago, en la espalda, o cigarro. Después le unta alcohol y ya con eso se le baja el aire que tiene; porque es aire lo que tiene, lo que quiere bajar, pero ya con ese alcohol, la pomada que le echa o vick vaporub y cebolla; es calmante.

?Ya nada más lo baña con cebolla y ya. Nada más la mamá le dice, ?no tía, ya vete, ya estoy bien, ¿cree que todavía me falta?, aún no me voy a aliviar, ya se me quitó todo el dolor, todo lo que tengo?. Cuando está abajo, se le baja como el moco, es cuando ya nace el bebé. Cuando ya nació su bebé la gente se va y ni siquiera se acuerda de ella, ni cuánto le deben. ?Cuando la gente grande no regla bien, va ir a cortar árnica (Arnica montana, L.), le echa tantito alcohol y se toma caliente. Ya con eso se le calma o se le baja la regla bien.? Doña Cirila recomienda a estas personas para que eviten estas enfermedades que ?le echen una sobada en todo en el pulmón y, así, en el pecho. Si le da dolor en la cabeza, le unta tantita pomada y lo baña con tantito alcohol. Entonces a los tres días ya está bien. Son como 20 personas que ya ha curado de dolor: sus vecinos y sus nietos. El sobado de los huesos, con la pomada que les unta con alcohol.?

El nacimiento de un niño

?Cuando todavía le falta una hora para el nacimiento es cuando ya le dice a la mamá que se siente, que haga sus pasos. Cuando ya se le bajó su agua, que viene como moco, entonces llega bien el bebé. Ya se nace. ?Le hace el sobado (en el muñeco) en el estómago para que la hemorragia no se pelee mucho. Entonces eso lo apachurra, para que se le baje? para que ya no se pelee mucho con la mamá del bebé; hemorragia es lo que tiene, porque luego le da retorcijón? pero esa sangre se le cuaja? se le hace dura. Entonces, ella lo magulla, le coce algo, un ajenjo o lo que le da para que tome y se calienten sus tripas. Le echa unas cuatro gotas de alcohol a un vaso y medio para que tome. Se le calienta todo el cuerpo y bien que se duerme contenta la mamá. ?Aquí nosotras levantamos pesado. Algunas después de ocho días que se alivian ya alzan pesado, así tumba al metate para que muela, o la olla o algo nixcomel. Nosotras acostumbramos amarrar esa faja, porque si no, se le riega el histérico. Se le va todo de la cabeza, de la mano y de los pies, y por eso allí ayuda el muñeco que se amarra con rebozo.

?Ese histérico que ya se regó todo, ya se subió a la cabeza, a los oídos, al pulmón, a los pies y a los dedos. Se cura sobado para arriba, desde los pies. De las manos se hace así, para arriba, y luego el dedo lo hace así, así lo jala, entonces ya el histérico se sube. Sobado en las manos y en la cabeza. Después lo baja y lo mete así, hacia el muñeco. El rebozo ya lo tiene acá, ya nada más lo baja así? sobado y todo esto así. Ya lo siente cuando el histérico está en el muñeco y amarra el rebozo, entonces ya está bien. El histérico todas nosotras lo tenemos. Cuando estamos muchachas todavía no sentimos nada, pero cuando ya tenemos 30 ó 33 años ya se siente el histérico; porque se riega por el trabajo que tenemos, excavamos o acarreamos piedras, cargamos pesado y todo eso, eso es lo que trabajamos nosotras. El histérico brinca mucho cuando ya se junta, pero cuando no tiene nada no brinca nada del ombligo.?

Cuando una persona tiene histérico

?Le duele mucho el estómago, siente que no tiene tripas; como vacío del estómago, entonces, le dice a la señora que va curar el histérico, ?vente pa?ca tía, me vas a ver tantito a sobar mi estómago, porque quién sabe qué cosa tengo; siento que no me aguanto, me duele mucho mi estómago; no tengo hambre y tengo como asco?, así le dicen. Entonces con su puño le agarra, así pa? arriba y ya después la soba así. Ya la faja, la baña en tantito alcohol tibio y ya con eso y con la hierbabuena (Gnaphalium luebmannii Sch), con eso se le calma el dolor que tiene. ?Dice que va a ir a ver el doctor, pero con el doctor no se compone. Hasta que le pone un vaso de ventosa, entonces, ya con ese se le quita el dolor que tiene, porque es aire lo que tiene. ?Por ejemplo, ahorita que estás muchacha todavía no sientes nada, pero el día que va a nacer un bebé o dos, vas a sentir el dolor. Pero toda la gente sí tiene el histérico porque trabaja fuerte, pesado.

?Ella, cuando nació su primero y segundo hijo no sintió; ya en el tercero, ya dio brincos del estómago, se agarró como desmayada, ya no tenía fuerzas, le daba asco comer todo, por lo mismo del histérico.? Doña Cirila narró entonces cómo fue que aprendió a curar el histérico: ?Ella solita aprendió, porque sola se aliviaba de sus muchachos. Ella sentía que su ombligo brincaba. Se lo arregló solita con un muñeco, sola se fajó, entonces el dolor que le daba se le quitó.?

María Guadalupe Narciso Álvarez: testimonios

María Guadalupe Narciso Álvarez

Región Mazahua del Estado de México

Las prácticas terapéuticas de los pueblos indígenas de México hablan de procesos de transmisión cultural de un bagaje de conocimientos médicos que abarcan los ámbitos supralocales en los que nace y se desarrolla el individuo y reflejan también procesos socioeconómicos y culturales de estas comunidades.

En México se ha dado un sincretismo de diversas formas terapéuticas (de tradición prehispánica, indígena, colonial, española, europea, africana y árabe) que a través del tiempo han generado una oferta de tratamiento a los problemas de salud, que no sólo ha abarcado el aspecto biológico del individuo, sino que además se ha desplegado una intensa actividad en la curación a través del pensamiento sicorreligioso y del ritual curativo. Estas concepciones acerca de la salud-enfermedad han perneado el espíritu de pueblos como el mazahua, con lo que su mezcla ha dado lugar, por determinadas características, a llamar de diversas maneras a los sistemas o subsistemas médicos vigentes (ejemplos: etnomedicina, medicina indígena tradicional, medicina popular, espiritualismo, etcétera). La conceptualización y definición de estas prácticas a veces se entremezcla, según la experiencia misma de las parteras mazahuas, por lo cual consideramos que no es pertinente proponer un límite tajante entre una y otra; es decir, en dónde lo podríamos marcar.

Precisamente, uno de los enfoques en que hemos puesto la atención en el presente estudio ha sido entender cómo se da el proceso de transmisión cultural de conocimientos especializados (como el de partera-hierbera) de un individuo a otro y de generación en generación. Asimismo, cómo es la interacción entre el recurso humano portador de un determinado conocimiento, y las personas a las cuales presta sus servicios para que exista una continuidad a través del tiempo.

Un aspecto importante de estos testimonios es haber contemplado además los de otras personas del ámbito especializado (parteras-hierberas), así como de quienes demandan su atención. Aun sin la necesidad metodológica de ?cruzar información?, debido a que se trata de personas ampliamente reconocidas en la organización de médicos indígenas tradicionales, resulta indispensable presentar la evidencia de su pertenencia a un medio cultural más que a una historia particular.

María Guadalupe Narciso Álvarez

Relatos de la historia de vida de la partera-hierbera mazahua

Antepasados

?Mi güelito era carpintero, hacía cajas para muertos, mesas, puertas. Me dijo una vez su nuera: ?hija, a tu güelito, le faltan tijeras?, cuando estaba trabajando yo en México. Cómprame eso hija, cómprame esto, quiero, pobrecita de ti hija, fuiste a San Juan de los Lagos. Y conque, pos sí, a poco voy a decir a mi güelito que no le voy a comprar; le tengo que comprar, ni modo, le tengo que comprar. Pos si, a mi güelito le compraba todo lo que me pedía, porque tenía miedo, cuando era chiquita, chispaba su huarache y me pegaba.

?En San Pedro el Alto nacieron mi papá y mi güelito Guadalupe Álvarez Cortés. Su esposa de mi güelito? mi güelita, Crescencia Mateo, nació en San Pedro Chico. ?Mi mamá se quedó huérfana, fue triste su vida. Mi abuelo le decía a la madrastra de mi mámá: ?Catarina, ¿ya le diste de comer a mis hijos? ?Sí, quién, Lupe, ya les di de comer, sí cierto, ya le di de comer a Ciana, ya le di a Lino, ya le di a Pedro, pásate pa?ca vamos a comer?. Entraba, cerraba la puerta. Ellos, como los perros, estaban en la puerta viendo. Pero un día que supo mi güelito que no le daba de comer a mi mamá ni a sus hermanos, a male Catarina la golpearon; mi güelito la corrió de su casa, porque quería una mujer que cuidara a sus hijos, pero no, a mi mamá le daba una mamila delgada, una a Pedro y otra a Lino. Cuando creció mi mamá, molía nixcomel, pero quedito, porque si hacía ruido esa vieja le iba quitar su masa. La iba a aventar, para dar a los perros.

No la iba a dejar moler. Mi mamá tenía hambre y la madrastra era así. Cuando murió esa señora, hasta le dio gusto a mi mamá.?

Pautas de crianza

?Antes encendíamos petróleo por litro; una vela costaba un centavo, que me daba mi abuelita, y yo iba a comprarla. Me decía ?vete hija a comprar esos charales, los vamos a cocer con agua y vas a comprar ajo y cebolla? y luego comía ajo, cebolla, y epazote bien picoso. ?Cuando tenía 10 años, me di cuenta dónde vivía, dónde estaban las casas, todas retiradas, no como ahora que están juntas. Podías andar de noche, nadie te espantaba, andaba uno libre. No había luz antes, encendíamos petróleo nomás. El litro lo pagábamos a dos centavos. Una vela costaba un centavo, me daba cuatro mi güelita, con lo que iba yo a comprar. Le hacía su comida a mi güela.

No había el mismo dinero antes, yo conocí lo que eran cuatro centavos; pero los ntigüitos estaban chiquitos, pero con eso, llevaba ocho centavos, humm, traía harto, muchas cosas, y en cambio, ahorita todo está caro. ?Mi papá nunca tuvo un lápiz, nunca usó un cuaderno, ya que antes no había. Mi padre iba con su compañero a la barranca, buscaba esa laja, con esa laja lo letraba en su mano, lo escribía en su mano, o en sus pies. Ya cuando llegaba de la escuela en la tarde le decía mi güelito, ?a ver las letras que trais tú, Pedro, ¿fuiste la escuela o no fuiste, fuiste a jugar? Si no quieres estudiar es tu culpa, no mía, pero te estoy dando tu estudio, pero si no quieres es tu culpa. Dime de una vez si vas a la escuela o no vas, para sacarte. Te vas a quedar, hijo, a llevar a los burros, si no tienes burros yo te compro unos puercos para que los cuides.Si no te gusta estudiar, eso es lo que voy hacer?. Mi padre respondía, ?no papá, yo sí, mira aquí está mi mano, mira todo esto; mira, aquí están mis brazos, aquí vienen mis pies; mira, aquí están las letras, lo que me mandan, papá. Yo sí te obedezco, papá, porque tú ya eres anciano, porque ya mi mamá es la segunda, porque tu esposa ya se murió, la primera. Yo sí te entiendo, papá, yo sí te quiero?.

?Yo vivía en el ejido. Cuando llegaba a la casa iba a traer miel para venderla. Hacía mi lucha para encontrar con qué comer, con qué dar a mi hija, con qué ayudar en algo a mi papá. Entonces, cuando todavía no dejaba mi maleta que cargaba, mi mamá me decía: ?apúrate, déjala allí, ¿qué no piensas dar de comer a tu tío?? Tenía coraje mi madre, porque mi tía nomás garraba su niño y se sentaba en el fogón en donde molía mi mamá. Mi tío no hacía caso, no le daba nada, entonces mi mamá tenía coraje y se desquitaba conmigo.

Mi tío sí me llevaba al doctor y nos mandaba con su esposa a Toluca. Mi papá, Gregorio Narciso, tenía algo, nosotros no sufrimos, mi papá decía: ?hijo, hija, ustedes no sufren, te falta ropita, pero para comer no te falta, tienen todo?. Porque mi papá raspaba, tenía maguey, pero la demás gente no, y sufría mucho. Los niños lloraban de necesidad, me acuerdo. El difunto güelito decía a mi mamá: ?vete a cortar un nopal que voy a comer, tengo hambre, no me lleno, siento que me muero de hambre?, así decía.?

Aprendizaje

?Mi guelito cuando era viejito ya no podía caminar, le dolían mucho sus pies. Me decía que le agarrara tantito hierba de burro (Dalea scanes pavaifolia), que le tallara; luego le echara alcohol con cebolla, que le untara y con eso se le quitaba. Si no, me decía: ?vete a quitar esa penca que está allí, hija, vete a guisar en el comal, échale sal, échale tantito carbonato, alcohol, hija. Úntamelo aquí, aquí te enseño, acá arribita, aquí en mi espalda, más abajo, de este lado, aquí, mira; úntame acá abajo, mira, apriétamelo como lo haces, duro, ansina. Cuando me haces así, sí puedo caminar. Quién sabe tu abuelita, creo que ésa, como que no te quiere, ¿verdad?, pero si no te quiere, cuando vayamos para allá le voy a dar sus golpes para que te cargue?. Yo decía, ?sí, güelito, yo puedo caminar?. ?No, tu de noche ya no puedes caminar porque estás chiquita?.

?Me decía que le agarrara tantita hierba mora (Solanum cf. nigrum) tallada, luego le chara alcohol con cebolla tapada. Me mandaba a cortar una penca de sábila (Aloe saponaria L.) para asarla en el comal, que le echara sal, carbonato y se la pusiera en la espalda.?

Condiciones de vida

?Yo no los quiero porque son malos los hombres. Es verdad lo que te digo. No tengo marido, duré nomás un año con él. Tenía dos meses de casada y me pegaba mucho; ya cuando ajusté un año, no quería yo caminar, ya no quería comer, ya la ropa que traía no me quedaba bien. ?Los corajes, se junta todo eso, de bilis, del estómago, del dolor de estómago, de la cabeza, de los ascos, de lo que les da a veces a las mujeres que son débiles, o no están fuertes de espíritu. Hasta cuando ve que llega su marido tiembla; pero es puro coraje. Pues cómo no le va a tener miedo, hasta la garra con palo, le pega, o la trata de matar.

?Me acuerdo cuando trabajaba, cuando me fui pa? México, cuando abandoné a mi marido. Yo no sabía hablar. No sabía hacia dónde iba garrar carro pa? llegar allí a México, ni dónde iba a bajar. Nomás me dijo el señor, el que era delegado de mi casa: ?no hija, no puedo detenerte, cada rato tu marido te pega mucho. Ése no te dio la vida para que te esté pegando. Vete, cuando veas que la gente se baja en Tacuba, bájate, y pregunta por trabajo. Vas a ver, sí lo vas a encontrar?. Así lo hice y pregunté por trabajo.

La primera casa que visité, allí me quedé. Duré trabajando en ese lugar ocho años. La patrona me quería mucho, me trataba como hija, no como sirvienta. Tenía dos hijos jóvenes. Uno me trataba como su hermana, no como sirvienta. ?Me querían mucho. Cuando estaba enferma mi patrona me llevaba al doctor y hasta lloraba por mí. Cuando mi papá fue a recogerme, no lo dejó mi patrón, y le dijo: ?si se muere Lupe aquí la voy a sepultar?, y me quedé hasta que me compuse. Ahí me curó una señora, una viejita que conocí, se llamaba doña Mari. Tenía varios años enferma cuando fui a hacerme una limpia; me dijo: ?no Lupe, tienes ocho días nomás, porque te vas a morir hija ¿Cómo le vamos a hacer ahorita? Te vamos a curar tres veces. Te voy a dar una limpia tres veces y te tomas esta medicina. Aquí vas a estar conmigo, vas a vivir, tienes que quedarte; todavía no te vas a morir?. Ella me curó. Hace años que murió. Así me dio vida nuevamente.?

Práctica Médica, Causas de demanda de atención

Los motivos más frecuentes que llevan a las personas de San Pedro el Alto, y otras comunidades a solicitar los servicios de la ?tía Lupe?, como suelen llamarle, son: ?espanto, dolor de estómago, tos, gripa, empachos, partos, mal de ojo, abotigados, vómito, anginas, limpia buena (aire), cuando no pueden tener hijos, caída de la mollera y cuando hay riesgo de aborto.?

Enfermedades de los niños

En este apartado hemos optado por presentar, de la práctica médica de doña Lupe, las enfermedades y los llamados ?síndromes de filiación cultural? (señalados con cursivas). Para ello, en una primera parte de cada problema de salud, aparece el relato textual (con un leve ?retoque?) de la hierbera-partera; y, enseguida, en algunos de ellos, una breve sistematización (algunas causas, síntomas y tratamientos). En algunos casos las palabras íntegras de doña Lupe aparecen entre comillas y en otros la redacción es de la coautoría.

Abotigado con aire

?Cuando los niños están abotigados, les soplo alcohol en el pechito, después en el corazón, el pulmoncito y luego la espalda. Luego, le pongo alcohol en todo el cuerpo; con toda la medicina que tengo, lo baño, lo sobo con la pomada; ya con eso el niño se calma y queda bien, y pos se lo devuelvo sano a su mamá. Se lo lleva cargando y bien dormido. Se despierta a las tres y media de la tarde, o si no todo el día se duerme. Cuando se despierta, su mamá le da pecho y come bien. Entonces ella se queda contenta y dice: ?mi niño ya está bien?. ?Los niños que tienen deposición, vómito y lloran mucho están abotigados. Entonces, le digo a la mamá: ?qué le hiciste?, ?nada, no le hice nada? nomás llegué y lo acosté, y ahorita pos no puede dormir, por más que lo cargo, no quiere tomar su chichi, llora mucho?. Dije, voy a ir a San Pedro con la tía, ella me lo va a curar, porque si lo llevo con el doctor no me lo cura. Yo le creo al doctor, pero no le tengo fe. Porque vale más una hierbita (con la) que lo baña la tía y con eso ya se le quita el vómito, la deposición.

Lo curo, le coso hierba maestra (Artemisia artemisiae folia, L.), hierba pegajosa (Desmodium axillare, Swartz Dic), y le doy una cucharada de aceite de cocina. Se toma calientito y se le quita ese dolorcito de estómago. Cuando se duerme le digo a la mamá que lo cargue para que no despierte, porque si lo despierta nomás lo va a espantar. Entonces, la mamá pregunta: ?¿qué le voy a hacer tía??. Pos lo mismo, esa hierba que viste que cocí dásela a tomar; le vas a dar baños de alcohol, échale tantito Altamira (Ambrosía cumanensis, H.B.K.) con hierbabuena (Gnaphalium luebmannii, Sch), y con poleo (Menta pulegium) o tantito ruda (Ruta Chaleponsis, L.), pa? que se le quite ese aire que le da; todo se toma calientito.?

Abotigado con aire (sistematización)

Algunos de los síntomas son: ?deposición, vómito, lloran mucho?, no comen, les duele el estómago. Tratamiento: se les sopla alcohol en el pecho, en el corazón, pulmones y espalda; darles baño ?con alcohol y con toda la medicina que tengo??, les unta pomada y les soba. Baños de alcohol, altamiza, hierbabuena, poleo y ruda. Té de hierba maestra y hierba pegajosa cocidas y con ello tomar ?una cucharada de aceite?, caliente.

Atención al recién nacido

En una de las ocasiones en las que se reunieron a platicar la historiadora, la protagonista y doña Cirila Reyes, partera- hierbera de mayor edad (quien hablaba de la atención a la parturienta y al bebé), doña Lupe describió su manera de atender a un recién nacido: ?Les hago un lavado a los niños, le echo toronjil blanco (Agastache mexicana), azul Chenopodium foetidium, L.), que es difícil de encontrar, hierbabuena, alcanfor (Petunias parviflora), poleo, rosa de castilla (Rosa cientifolia, L.), altamiza, hierbabuena de la casa, del monte; epazote de perro (Chenopodium botrys, L.) y hierbamora (Solanum cf. Nigrum). Es lo que le echo para bañarlo con esa medicina y ya el niño se contenta con su mamá. Si no se compone y me lo trai de vuelta, con dos o tres veces lo curo; cuando lo lleva al doctor, no lo cura, y cuando viene conmigo, me dice la mamá: ?no, tía Lupe, tú estas acostumbrada a curar a los niños. A mis niños siempre que les llevo al doctor o a otro lado a limpiar, no se componen, hasta que te los traigo?. Esa enrizquini la muelo bien, la revuelvo con otzbegui y lo muelo también con siempreviva (Dudleya Lanceolata Nutt). Le pongo en la cabecita, los piecitos, o el pulmoncito, o el pecho, y con eso lo curo. Pero si al niño le da vómito y se desmaya mucho? y le da mucho cólico, entonces no se lo voy a poner en sus pies, nomás en su espaldita, su pechito y su cabecita; porque ese es bien fresco? que sí cura.?

Abotigado en recién nacido (3 meses)

?Le reviso su estómago por si está abotigado. Si es así, le digo, mamá (a la mujer), dónde te fuiste a aliviar, con ese doctor o con quién?, ?no, nomás en la casa?, y ¿quién te ayudó, vio la partera? ?Una viejita que ya no puede?. Lo que le pasa al bebé creo que es su suciedad, no le limpiaron la boquita. Vale más limpiar la boquita, los ojitos, por eso los niños se enferman y les agarra el cólico.?

Abotigado en recién nacido (3 meses), Sistematización

Algunas causas son: la partera que atendió al niño no le limpió bien la boca, por lo que ingirió desechos placentarios. Algunos síntomas: cólicos.

Caída de mollera (o ?molleja?)

?Los niños que me traen porque se les cai la molleja, pos yo les hago tantita pomada para la garganta con la que voy a sobarlo tantito? y con eso ya se le quitó. Entonces, le digo a la mamá, le revuelves bien ese vaporub que te punté con la pomada. No le pasa nada con él, no se va a inflamar. ?Los niños que me traen así, es porque no pueden mamar o bien abren mucho la boquita para mamar. ?Pos no mama, aunque quiera (mamar) no puede porque tiene inflamada la garganta? y luego la mollera se le cai?. Por eso no puede comer el niño. Yo le unto en la boquita esa pomada para quitarle el dolor y la inflamación que tiene en la garganta, entonces, la revuelvo con mi dedo y así también se le quita. Luego el niño se duerme y cuando se despierte ya come bien.

?Para las pomadas que hago no junto hierba sucia, porque a los niños que voy a curar les puede hacer mal. Junto hierba limpia. Cuando no hay porque es tiempo de secas, voy a Ixtlahuaca y la compro.?

Tos

?A los niños que tienen tos les coso (cuezo) gigante (Nicotiana glauca, Graham), flor de durazno, flor de capulín (Xylosma cf. Panamensis, Turcz), moco de maguey, moco de nopales (Oputina, sp.) y se los doy a tomar en té calientito. Le echo azúcar y ya con eso que tome queda bien, porque se le calentó el estomaguito, la gargantita y ya no tose mucho. Por los granitos que tiene, le meto el dedo y le tallo con la pomada para quitarle la comezón que tiene.?

Tos (sistematización)

Algunos síntomas: tos y granitos en la garganta. Tratamiento: té de gigante, flor de durazno, flor de capulín, moco de maguey, moco de nopales y azúcar. Se talla la pomada en la garganta.

Anginas

?A los niños que tienen anginas les apachurro tantito su manita, sus piecitos y sus oídos. Les tallo su garganta y con eso se les quitan. ?Sé que tiene anginas porque le reviso todo cuando el niño llora: la gargantita? le garro su manita, le toco? el niño no se deja? su ombliguito, sus pies, y lo sobo con la pomada. Con eso se le quita, le unto harta pomada? lo jalo hasta atrás.?

Enfermedades de personas adultas, Histérico

?Cuando dice la esposa: ?ya tenemos los hijos grandes, ya se van a la escuela, ya los demás ya se casaron, todavía estamos muchachos?. Dicen los señores: ?que te lleven al doctor, a poco no te va a curar ese pa? que vas a tener un bebé. Ay, yo quisiera que encargaras lo más rápido un bebé, si no te curan allí, te llevo a una limpia, a ver cómo te curas?. Así me llega (la mujer): ?Cúrame tía, cúrame tía Lupe?, ¿pero a usted qué cosa voy a curar?, ?es que mi señor todavía quiere un bebé, dice, y ya curé mucho, me fui a ese que cura, pero no cura como usted, sólo usted cura más mejor? me fui a Atlacomulco y no me curaron?. Cuando viene le sobo la cabeza, las manos, los pies. ?Pos lo que pasa es que tienes histérico? (doña Lupe a su paciente). El histérico ya se le regó en todo su cuerpo, ya se le fue y de allí, pos no puede tener. Ya cuando lo junto, le digo: agárrate aquí, mira, apriétale como garro mi mano. ¿Qué sientes?, me dice, ?ya panza (estómago), ya panza buena?. Ahora agárrate fuerte, tú, señor, garra ese rebozo, acomódalo bien que ya le eché hierba. Ayúdame, yo te enseño cómo vas a hacer, yo lo garro de este lado, es fácil para que se cure. Ese rebozo estíralo bien y ora mételo, ora esa punta gárralo, ahora espérate, acomódalo así, mira, jálalo bien, la hierba? comódala así pa? que no se caí, ora, ayúdame a jalar, usted va a decir si ya está bien (sujeto) tu rebozo o falta poquito, jala otro poquito, allí va, ora sí, ya está bien. ¿No trajeron un trapo para hacer un monito (muñeco) arriba de la hierba?

?No, no trajimos nada?, dicen. Bueno, ahorita voy a buscar. Le encuentro un trapito, ya con ese le amarramos. ?Llegas y te acuestas , ya no vas a levantar nada pesado, te cuidas como cuando tenemos bebé, no te vas a mover. Te acuestas y recoges los pies, no vayas a estirarlos, porque si los estiras, entonces tu histérico se va a regar de vuelta; haces como te digo, bajas tu rebozo para acomodar las hierbas. Llévate unas rebanadas de esa cebolla grande y échalas en el ombligo, de allí, le rocías tantito alcohol y vas a ver, esa cebolla va a apestar mucho. Quién sabe si tu señor va a querer acostarse contigo. Luego, el señor dice: ?no, yo tía, me acuesto aparte?, ?no, pos si mi señor quiere hijo, pos tiene que sufrir?. ¿Dónde va a estar ella acostada? Se acuestan juntos. Cuando viene de vuelta (la paciente) dice: ?con dos veces que me fajaste tía, luego, luego ya encargué? tía?, así dicen.?

Histérico (sistematización)

Algunos síntomas: no se puede tener hijos. Diagnóstico: es necesario sobar los pies, la cabeza, las manos para saber si el histérico esta pegado en todo el cuerpo. Tratamiento: sobada en todo el cuerpo, dirigiendo los movimientos hacia el estómago para juntar el histérico. Se le pide a la paciente apriete con su mano su estómago, mientras tanto, doña Lupe y el marido de la paciente, le amarran un rebozo alrededor apretándole el estómago. En el rebozo, del lado que coincide con el ombligo, debe llevar una mezcla de hierbas que se conoce como ?monito? o ?muñeco?.

Recomendaciones: no levantar objetos pesados, tener los pies flexionados al momento de acostarse; no soltarse el rebozo, al cual posteriormente se le deben poner rebanadas de cebolla grande en el ombligo y echarle alcohol.

Cuando no pueden tener hijos las mujeres, Esterilidad

?La señora que viene a que la cure, viene porque le dura un mes su regla. Sangra mucho, a la vez dice que hace (sangra) negro. Le hago lavado y la fajo con la hierba. Le doy medicina que toma. Le echo ese panocha negra? de los ratones. Con eso, ya se le baja bien. Entonces, con dos veces, ya va a tener su bebé, ya encarga su bebé.?

Riesgo de perder al bebé. Riesgo de aborto

Como suele hacerlo doña Lupe, para explicar su experiencia médica, prosigue su relato e imagina que la misma mujer, a quien resolvió el problema de infertilidad, le consulta acerca de un posible desprendimiento del feto. Doña Lupe habla como si ella misma fuese la paciente que ha llegado a consultarle: ?Me duele mucho, me da el retorcijón como cuando ya nos vamos a aliviar y siento? como que ya quiero aliviar? le digo que no tiene nada? lo que tienes es aire, eso es lo que ya te va a bajar tu bebé. Pero no, vente pa? ca, te voy a bañar con esa medicina y te voy a poner tantita pomada; El bebé ya está frío, es el bebé el que está enfermo. Cuando sentimos dolor nosotras, un dolor que sentimos mucho, porque creemos que estamos enfermas, no es cierto, nosotras no estamos enfermas, el bebé sí; tiene mucho frío, tiene aire, por eso siente que ya se va, pero todavía no, todavía le falta. Si quieres te hago un lavado con hierbas, le digo, puras frías para que se quite ese aire que tienes adentro. ?Pero eso va a ser calientito, pa? que se caliente?, me dice y ya así le hago ese lavado. Ya le digo ora vente acuéstate. Me dices cuando ya se te calmó el dolor y te paras. Se acuesta media hora o una hora, luego me dice, ?ya me voy a parar tía, ya estoy bien, ya no me duele nada, ni porque dejé mis animales y no haya quién los cuide. Ya nos vamos, ya me voy a ir con mi marido, ya estoy bien?, así dicen.?

Riesgo de perder al bebé. Riesgo de aborto, (sistematización)

Algunas causas: que el feto tenga frío y aire. Algunos síntomas: le duele el estómago a la señora, siente como que ya quiere parir. Tratamiento: se le baña con medicina y se le pone pomada. Se hace un lavado con hierbas frías.

Ojo. Ronchas

Así visualiza doña Lupe el ojo entre adultos: ?El joven allí está con su amigo, le dice: ?no chavo, yo te gano?, ?no, tú no me vas a ganar?, ?acuérdame, dice, yo te voy a ganar?, ?no, esa va a ser mía, voy primero yo? ?cómo crees? si somos amigos, me vas a hacer así, ¿me vas a quitar la que me gustó??, ?pero también me gusta a mí, mejor busca tu otra, mejor deja ésa?, ?bueno, está bien, ¿chocamos o no chocamos?, sí, chocamos pa? qué pelear, amigo, quedamos?, ?está bien, órale, pero yo cuando encuentre lo mío también me vas a acompañar?. ?Como no se casó conmigo, pos ora el ojo que le eche tiene que enfermar. Lo que usa ella, a eso le voy a echar algo, para que le salga algo en su cara, como paño, para que nadie la vaya a querer, porque va a quedar bien fea. Pero si ella me va a querer, yo no lo voy a hacer?, así dicen.

?Esas ronchas que tienes, ese paño que tiene tu cara, le echas esa pomada que yo preparo. Vas a sentir fresca tu cara, tus ojos. Así se te quita eso. Puede comprar eso que usamos para los labios, para que no se le partan, y lo tallas en toda la cara, como crema, nomás el de los líos.?

Ojo. Ronchas o paño (sistematización)

Algunas causas: cuando una persona no es correspondida por otra, ocasiona que el ofendido le eche ojo. Cuando una persona le pone a otra algo en sus cosas que usa. Algunos síntomas: comezón, aparición de paño y ronchas en la cara. Tratamiento: aplicar pomada preparada por doña Lupe en la cara, también se puede usar pomada para labios partidos o resecos y untarla en el rostro.

Aire. Ardor de estómago y cuerpo

?Cuando a las señoras les arde mucho el estómago, sienten como cuando comemos salsa bien picosa. Sienten que quieren tomar un pedazo de hielo para que se refresque el estómago, su cara, la cabeza, las manos y los pies.? Doña Lupe platica como si estuviera con un paciente, para mostrar de qué manera les habla y los atiende. ?Te da asco esa medicina que apesta como perfume, pero con esa se te va a quitar ese dolor que tienes en tu estómago. Te va a quitar lo que te arde, todo lo que tienes en tu cuerpo, tus pies; en tres minutos se te va a quitar. Te voy a bañar con alcohol, con toda esa medicina y la pomada que te voy a untar en tu estómago, pa? que se te quite ese aire. Al rato o mañana ya vas a tener hambre.?

Aire. Ardor de estómago y cuerpo (sistematización)

Algunos síntomas: ardor de estómago y cuerpo. No puede comer. Tratamiento: baño de alcohol y medicina de herbolaria preparada por doña Lupe. Untar pomada en el estómago.

Quemaduras en las manos

?Algo roban, o tal vez algo que hacen. Muchas personas los queman o no sé lo que hacen. Creo que les queman las manos, porque las traen chamuscadas. Ellos lo niegan, pero pienso que a lo mejor sí hacen eso. Hasta les digo ¿por qué roba, qué no puede trabajar? No es bueno eso. Te baño con esa medicina, vas a ver. Vas a ver, no te va a durar tres días. Ya se te quitó todo eso que tienes. Yo lo baño con alcohol con hierbas y loción Siete Machos. Le digo que se eche también pomada, la que hacemos. Se lo echa, es fresco, lleva muchas hierbas y con ese se lo quita rápido, ?pero ya te pones a trabajar cuando vayas a México?.?

Quemaduras en las manos (sistematización)

Algunas causas: Es posible que se trate de un castigo por robar algo. Algunos síntomas: manos como quemadas y siente ardor. Tratamiento: baño de alcohol con hierbas o loción Siete Machos (durante tres días); aplicación de pomada. Recomendaciones: ponerse a trabajar y ya no robar.