Respaldo de material de tanatología

VALIDEZ DUELO COMO CRITERIO DE EXCLUSIÓN EPISODIO DE DEPRESIÓN MAYOR

VALIDEZ DEL DUELO COMO CRITERIO DE EXCLUSIÓN DEL DIAGNÓSTICO DE EPISODIO DE DEPRESIÓN MAYOR.

FUENTE: WORLD PSYCHIATRY. 2007 JUN;6(2) Sidney Zissok , Katherine Shear , Kenneth S. Kendler Department of Psychiatry, University of California, San Diego, 9500 Gilman Dr., 9116A, La Jolla, CA 92093, USA [Artículo original] [24/10/2007]

Resumen

Desde la publicación del DSM-III en 1980, la postura oficial de la Psiquiatría norteamericana ha sido que la presencia de un cuadro de duelo por el fallecimiento de un ser querido es un criterio de exclusión para el establecimiento del diagnóstico de episodio de depresión mayor. Sin embargo, la validez empírica de este criterio de exclusión no ha sido bien establecida. Dado que en la actualidad ya se está planificando el DSM-V, es el momento de reexaminar el criterio de exclusión del duelo, especialmente a la vista de los nuevos datos contenidos en las últimas revisiones de esta cuestión. En el artículo presente se evalúa la validez relativa de dos hipótesis contrapuestas: 1) el duelo como criterio de exclusión del diagnóstico de episodio de depresión mayor no es válido debido a que, mediante el uso de criterios de validación, la depresión relacionada con el duelo durante los 2 primeros meses tras el fallecimiento de un ser querido es similar al cuadro de depresión no relacionada con duelo; 2) el duelo como criterio de exclusión del diagnóstico de episodio de depresión mayor es válido debido a que, mediante el uso de criterios de validación, la depresión relacionada con duelo durante los 2 primeros meses después del fallecimiento de un ser querido no es similar a la depresión no relacionada con duelo. La evidencia apoya con mayor firmeza la hipótesis 1 que la hipótesis 2. Así, es posible que ya no esté justificado el duelo como criterio de exclusión del diagnóstico de episodio de depresión mayor.

Para acceder al texto completo consulte las características de suscripción de la fuente original: www.pubmedcentral.nih.gov/tocrender.fcgi?journal=297&act

RECURSOS EN INTERVENCIÓN EN DUELOS:

RECURSOS EN INTERVENCIÓN EN DUELOS: http://groups.msn.com/tododuelo/_whatsnew.msnw

La muerte de un ser querido es siempre una situación difícil de enfrentar. Cuando alguien muere en una guerra o desastre, la aflicción puede ser aun mayor debido a la naturaleza repentina y potencialmente violenta del evento. Después de la muerte de un ser querido, usted experimenta el desconsuelo, lo que literalmente significa ?sentirse despojado por la muerte?. Usted puede experimentar una gran diversidad de emociones, incluyendo:

? Rechazo ? Incredulidad ? Confusión ? Consternación ? Tristeza ? Añoranza ? Ira ? Humillación ? Desesperación ? Culpa

Estos sentimientos son reacciones comunes a la pérdida de un ser querido.

Muchas personas experimentan, además, síntomas físicos de aguda tristeza ? dolor estomacal, pérdida del apetito, trastornos intestinales, alteración del sueño o pérdida de energía. De todas las situaciones de estrés de la vida, el duelo es el que puede poner más seriamente a prueba sus sistemas de defensa naturales. Las enfermedades existentes pueden empeorar o pueden aparecer nuevos síntomas. Las reacciones emocionales profundas pueden incluir ataques de ansiedad, fatiga crónica, depresión y pensamientos suicidas.

Duelo es el proceso natural a través del cual una persona acepta una pérdida importante. El duelo puede incluir tradiciones religiosas o militares para honrar a la persona que ha fallecido o reuniones con amigos y familiares para compartir la pérdida. El duelo es personal y puede durar meses o años. La aflicción es la expresión externa de la pérdida. Es probable que su aflicción se exprese tanto física como psicológicamente. Por ejemplo, el llanto es una expresión física, mientras que la depresión es una expresión psicológica.

Tenga presente que el fallecimiento de un ser querido puede dar lugar a que tenga que realizar ajustes importantes a su vida, tal como criar a los hijos sólo, adaptarse a vivir sin compañía o volver a trabajar. Estos retos pueden intensificar cualquier ansiedad y aflicción que ya esté experimentando.

VIVIENDO CON LA AFLICCIÓN –Cuando un ser querido fallece, lo mejor que puede hacer es permitirse a sí mismo sentir tristeza. Hay muchas formas de hacer frente a esta situación en forma eficaz. ? Busque a personas que le den consuelo. Busque a familiares y amigos que entiendan sus sentimientos. Dígales cómo se siente; eso le ayudará a atravesar mejor el proceso del duelo. Únase a un grupo de apoyo que esté integrado por otras personas que hayan experimentado pérdidas similares. Existen grupos de apoyo en la mayoría de los establecimientos militares. Si se siente desconsolado, pida ayuda. No es signo de debilidad. Hable con un familiar, amigo, miembro del personal de servicios familiares, ministro o rabí de confianza. Los capellanes militares pueden ayudarlo, pues la mayoría de ellos recibe capacitación en consejería pastoral y crisis. No se aísle. ? Cuide su salud. Visite al medico de su familia. Aliméntese adecuadamente, haga ejercicio y descanse bastante. Tenga cuidado del peligro que representa usar medicinas o alcohol para ahogar su tristeza. ? Sea paciente. Se requiere tiempo y esfuerzo para asimilar una pérdida importante, aceptar los cambios en su vida y empezar nuevamente a vivir el presente sin vivir en el pasado. ? Busque ayuda. Si sus sentimientos se convierten en una carga demasiado pesada, busque ayuda profesional para sobrellevar su dolor. Buscar ayuda es una señal de fortaleza y no de debilidad.

AYUDANDO A OTROS A ENFRENTAR SU DOLOR – Si alguien a quien usted aprecia ha perdido a un ser querido, puede ayudarlo a atravesar el proceso del duelo. ? Escuche. Anime a la persona a hablar sobre sus sentimientos y a compartir con usted recuerdos de la persona que ha fallecido. Recuerde, una persona puede tardar un largo tiempo para recuperarse de la pérdida de un ser querido. ? No ofrezca consuelo falso. Expresiones como ?Fue lo mejor? o ?Lo superarás con el tiempo? no ayudan a una persona que está de duelo. Por el contrario, ofrezca una simple expresión de dolor, y dedique tiempo para escucharlo. ? Ofrezca ayuda práctica. Cuidar de los niños, cocinar y hacer mandados son formas de ayudar a alguien que está de duelo. ? Recomiende la búsqueda de ayuda profesional cuando se necesite. No dude en recomendar la ayuda profesional cuando considere que alguien está experimentando demasiado dolor como para enfrentarlo solo.

AYUDANDO A LOS NIÑOS A ENFRENTAR SU DOLOR – Los niños enfrentan el dolor de forma diferente que los adultos. La muerte de uno de sus padres puede ser especialmente difícil para los niños pequeños y afectar su sentido de seguridad. Con frecuencia se sienten confundidos con los cambios que observan, especialmente si adultos bien intencionados tratan de evitar que se den cuenta de la verdad o de que vean el dolor del padre sobreviviente. Una comprensión limitada y la incapacidad para expresar sentimientos exponen a los niños muy pequeños a un riesgo especial, ya que pueden regresar a comportamientos anteriores (como orinarse en la cama), hacer preguntas acerca de la persona fallecida, que pueden parecen insensibles, inventar juegos relacionados con la muerte o pretender que la muerte nunca ocurrió.

Ayudar a un niño a superar su dolor puede generar un mayor estrés al padre que está de duelo. Sin embargo, los arranques de cólera o las críticas solo contribuyen a intensificar la ansiedad del niño y a retardar su recuperación. Por el contrario, dedíqueles más tiempo y hable honestamente con ellos con palabras que puedan entender. Ayúdelos a enfrentar sus sentimientos y recuerde que ellos lo observan esperando encontrar en usted un comportamiento adecuado y habilidades para sobrellevar el dolor.

FUENTE: http://www.mentalhealthamerica.net/go/information/get-info/en-espanol/desconsuelo-y-aflicci-n-informaci-n-para-los-familiares-de-militares

Centro médico israelí lucha por evitar traslado niña Palestina

JERUSALEN (Reuters) – Un centro de rehabilitación israelí está desafiando una orden gubernamental de transferir a un hospital en la ocupada Cisjordania a una niña palestina que quedó tetrapléjica tras un ataque aéreo del Ejército judío.

Maria Amin, que el jueves cumple seis años, no puede recibir la asistencia que necesita en la instalación palestina, “por lo que no irá a ningún sitio” hasta que no se garantice su bienestar, dijo Shirley Meyer, del Hospital Centro de Rehabilitación, en Jerusalén. Maria quedó paralizada por debajo del cuello en mayo del año pasado, cuando el coche en el que iba fue alcanzado por la explosión de un misil lanzado contra un líder de la Jihad Islámica en Gaza. En el ataque murieron su madre, su abuela y su hermano mayor. La niña fue llevada a Israel, donde el Ministerio de Defensa está cubriendo sus gastos médicos y la estancia de su padre y hermano mayor en el hospital.

De momento ha completado un programa de rehabilitación, pero ahora el Ministerio dice que tiene que irse. Defensa ha prometido pagarles un apartamento en la ciudad Cisjordania de Ramala, donde estaría atendida por el Centro de Rehabilitación Abu Raya.

Pero Meyer no se mostró satisfecha: “Hablé con personal del Abu Raya y me dijeron que no están ni formados ni equipados para atender a Maria,” manifestó a Reuters.

Hamdi Amin, el padre, ha apelado la orden de traslado y el Tribunal Supremo israelí ha dicho que no puede ser transferida hasta que no celebre una sesión el próximo mes.

Maria puede moverse en una silla de ruedas que controla con un mando que mueve con su barbilla, pero sus médicos dicen que permanecerá tetrapléjica el resto de su vida, y que dependerá de un respirador. “Quiero quedarme aquí y construir una casa aquí, no me quiero ir,” dijo la niña en hebreo, idioma que ha aprendido durante su estancia en el centro. Su tratamiento incluye sesiones semanales de hidroterapia en una piscina y terapia con un computador.

El Ministerio de Defensa dijo en un comunicado que llevarla a un hospital palestino permitirá reintegrarla “en un ambiente que es natural para ella” y aseguró que el Abu Raya “puede cumplir con todas las necesidades de Maria.”

Adi Lustigman, abogado de Amin, dijo que Israel está equivocado si teme que permitir la estancia de la niña anime a otros heridos en ataques de su Ejército a intentar lograr tratamiento médico a largo plazo en el Estado judío “por lo único de este caso, la gravedad de las heridas y lo que pasó a su familia.”

http://newsbox.latam.msn.com/article.aspx?as=article&f=la-ollttopnews-noticias-nofilter&t=3392&id=6271103&d=20070830&do=http://newsbox.latam.msn.com&i=http://newsbox.latam.msn.com/mediaexportlive&ks=0&mc=10&ml=ma&lc=es&ae=windows-1252

Duelo por muerte de un ser querido

Muerte de un ser querido | Depresión = En mi intensa crítica a la educación que recibimos en esta sociedad está la muerte como tema tabú, tampoco nos enseñan a afrontarla ni a verbalizarla de forma natural, es uno de los miedos mayores , el miedo mayor y sin embargo es inevitable. Reivindico centrarnos en la vida que es lo que realmente tenemos pero afrontar también de cara la muerte y tener pautas para afrontar ese sufrimiento inevitable de perder a un ser querido y que con ayuda puede ser menos destructivo. Aqui van unas pautas y un articulo que está muy bien.

DATE PERMISO PARA ESTAR EN DUELO – Date permiso para estar mal, necesitado, vulnerable?Puedes pensar que es mejor no sentir el dolor, o evitarlo con distracciones y ocupaciones pero, al final, el dolor saldrá a la superficie. El momento de dolerte es ahora. Acepta el hecho de que estarás menos atento e interesado por tus ocupaciones habituales o por tus amistades durante un tiempo, que tu vida va a ser diferente, que tendrás que cambiar algunas costumbres…

DEJA SENTIR DENTRO DE TI EL DOLOR – Permanece abierto al dolor de tu corazón. Siente y expresa las emociones que surjan, no las pares. No te hagas el fuerte, no te guardes todo para ti, y con el tiempo el dolor irá disminuyendo. Sentir y expresar el dolor, la tristeza, la rabia, el miedo…por la muerte de tu ser amado, es el UNICO camino para cerrar y sanar la herida por la pérdida.

DATE TIEMPO PARA SANAR – El duelo por la pérdida de una persona muy importante suele durar entre 1 y 3 años. No te hagas pues expectativas mágicas. Estate preparado para las RECAÍDAS. Hoy puedes estar bien y un suceso inesperado, una visita, el aniversario, las Navidades te hacen sentir que estás como al principio, que vas para atrás, y no es así. El momento más difícil puede presentarse alrededor de los 6 meses del fallecimiento, cuando los demás comienzan a pensar que ya tienes que haberte recuperado.

SÉ PACIENTE CONTIGO MISM@ – Aunque las emociones que estas viviendo pueden ser muy intensas y necesitar mucha energía, son PASAJERAS. Procura vivir el momento presente, por duro que sea. Sé amable contigo mismo/a. Recuerda que el peor enemigo en el duelo es no quererse.

NO TEMAS VOLVERTE LOC@ – Puedes vivir sentimientos intensos de tristeza, rabia, culpa, confusión o abatimiento, deseos de morir… Son reacciones habituales y normales después de la muerte de un ser querido.

APLAZA LAS DECISIONES IMPORTANTES – Decisiones como vender la casa, dejar el trabajo, marcharte a otro lugar?es preferible dejarlas para más adelante. Seguramente, ahora no puedes pensar con suficiente claridad, y podrías más tarde lamentarlo. No suele ser tampoco conveniente iniciar una nueva relación afectiva (nueva pareja, otro embarazo?) mientras no hayas resuelto adecuadamente la pérdida. NO DESCUIDES TU SALUD Pasados los primeros días puede resultarte muy útil que te hagas un horario (hora de levantarte, comidas, hora de acostarte?) y lo sigas. Aliméntate bien y cuida tu cuerpo. No abuses del tabaco, alcohol, tranquilizantes?

NO TE AUTOMEDIQUES Si para ayudarte en estos momentos tienes que tomar algún medicamento, que sea siempre a criterio de un médico y nunca por los consejos de familiares, amigos y vecinos bien intencionados. Recuerda que tomar medicamentos para “no sentir” pueden contribuir a cronificar el duelo.

BUSCA Y ACEPTA EL APOYO DE OTROS – Sigue conectado con los otros. Necesitas su presencia, su apoyo, su preocupación, su atención… Dale la oportunidad a tus amigos y seres queridos de estar a tu lado. Piensa que pueden querer ayudarte, pero no saben la manera de hacerlo. Pueden temer ser entrometidos o hacerte daño si te recuerdan tu pérdida. No te quedes esperando su ayuda y pídeles lo que necesitas.

PROCURA SER PACIENTE CON LOS DEMÁS – Ignora los intentos de algunas personas de decirte cómo debes sentirte y por cuanto tiempo. Sentirás que algunas personas no comprenden lo que estas viviendo. Intentarán hacer que te olvides de tu dolor, comprende que lo hacen para no verte triste. Piensa que quieren ayudarte, pero que no saben como hacerlo. Busca personas de confianza que te permitan “estar mal” y desahogarte sin miedo cuando lo necesites.

DATE PERMISO para descansar, disfrutar y divertirte Date permiso para sentirte bien, reír con los amigos, hacer bromas… Tienes perfecto derecho y además puede ser de gran ayuda que busques, sin forzar tu propio ritmo, momentos para disfrutar. Recuerda que tu ser querido querría solo lo mejor para ti y que los “malos momentos”, vendrán por si solos. Confía en tus propios recursos para salir adelante Recuerda como pudiste resolver otras situaciones difíciles de tu vida. Repítete a menudo: “algún día encontraré mi serenidad”.

FUENTE: http://www.vidaemocional.com/index.php?var=06101301

La empatía se desactiva cuando barreras culturales nos separan de los demás

La empatía se desactiva cuando barreras culturales nos separan de los demás: La empatía es un sentimiento que nos lleva a ponernos en el lugar de los demás, y que puede impulsarnos a ayudar a otros. Sin embargo, empatizamos más con aquellos que nos recuerdan a nosotros mismos, y tendemos a ayudar mucho más a aquellos que se nos parecen.

Una investigación llevada a cabo en Alemania ha demostrado que la sensación de empatía, así como el impulso de ayudar a otros, son propiciados no sólo por nuestro buen corazón, sino también por la afinidad de los otros con nuestra cultura y modo de vida. Por Marta Morales.

Los sentimientos de empatía que nos llevan a ayudar a los demás tienen ciertos límites, señala un estudio cuyos resultados han sido publicados en el número de julio de la revista Personality and Social Psychology Bulletin, perteneciente a la Society for Personality and Social Psychology estadounidense, que es la mayor sociedad de psicólogos del mundo, con 4.500 miembros. – La investigación, dirigida por el especialista Stefan Stürmer, de la Universidad de Kiel ha comprendido dos experimentos distintos. Con ellos pretendía averiguarse, por un lado, las diferentes formas de empatía que se sienten hacia personas similares o distintas, así como el papel de la empatía en la motivación humana de ayudar a los demás. – En el primero de los experimentos, se reunió a personas de distintas culturas (100 estudiantes varones alemanes y musulmanes, de alrededor de 25 años), mientras que en el segundo se agruparon a hombres y mujeres entre los que no había diferencias culturales evidentes. Empatía general, pero ayuda particular – Con el primero de los grupos, se descubrió que cuando los participantes sabían que alguno de sus compañeros tenía problemas económicos porque habían perdido dinero o su tarjeta de crédito, todos empatizaban con ellos, pero sólo ayudaban a aquellos que pertenecían a su propio grupo cultural. – Este experimento sirvió para medir la tendencia a ayudar a los demás y a empatizar en un contexto multicultural: se descubrió que la empatía condiciona más las acciones de ayuda cuando el que presta dicha ayuda y el ayudado pertenecen al mismo grupo cultural. – En el segundo experimento, en el que se reunió a 23 mujeres y 17 hombres, de una media de edad de 20 años, se reprodujeron las mismas situaciones problemáticas, pero todos los miembros pertenecían a un mismo grupo cultural. Dentro de éste, sin embargo, los participantes tendían a ayudar a aquellos a los que consideraban más parecidos a ellos mismos. Enfatizar las similitudes entre diferentes – Anteriores estudios habían sugerido que la motivación a ayudar podía atravesar las barreras interculturales, pero el estudio de la Universidad de Kiel señala que, aunque siga existiendo esa posibilidad, lo cierto es que la tendencia humana básica consiste en apoyar más a aquellos con los que nos sentimos más identificados. – El punto de partida de este estudio fue el presupuesto de que las motivaciones para ayudar a otros, en vez de ayudarnos a nosotros mismos, a menudo son de una naturaleza distinta. Ambos experimentos respaldaron claramente este presupuesto, al demostrar que incluso en encuentros intergrupales de personas generosas, la empatía se “desactiva” como motivador significativo que nos impulsa a ayudar a los demás cuando los posibles receptores de la ayuda son miembros de grupos diferentes. Los investigadores señalan que este déficit de generosidad que nos caracteriza debería superarse con medidas que enfatizaran aquello en lo que nos parecemos a los que no son totalmente como nosotros, en lugar de acentuar lo que nos diferencia de los demás.

LA HORA DE LA AGONÍA

LA HORA DE LA AGONÍA – Fuente: www.fraynelson.com – Autor: Fr. Nelson Medina

PREGUNTAS SOBRE LAS HORAS DE AGONÍA

– ¿Es verdad que cuando una persona esta en agonía no deben estar con ella personas que no estén casadas por la Iglesia, es decir, personas amancebadas, porque impiden que la persona muera tranquilamente?

– ¿O también qué hay de cierto que cuando una persona no puede morir, es porque está esperando algún familiar y cuando el familiar va a verlo la persona muere en paz?

– ¿O también, que cuando una persona muere con los ojos abiertos es porque estaba esperando algún familiar?

*  La muerte es compleja, no sólo desde el punto de vista emocional o existencial, sino incluso biológico. Tal vez puede decirse que morir, desde el punto de vista del cuerpo, es algo así como una cascada de hechos que van desconectando nuestros varios sistemas (circulatorio, linfático, hormonal, neuronal, digestivo, etc.) y que a la vez están marcados por el avance implacable de los mismos micro-organismos que tenemos cuando estamos vivos. Vivir, en esta tierra, es entre otras cosas mantener a raya a la muerte, mientras uno sigue haciendo acopio de la energía, materiales e información que necesita para mantenerse, reproducirse, comunicarse y sentirse relativamente bien, seguro y estable.

*  Esta tremenda complejidad hace muy difícil hacer predicciones sobre qué es lo “normal” o lo “extraño” cuando alguien muere. Aunque es verdad que todos los procesos de la muerte implican desconexión, disolución y corrupción, los modos específicos en que se den las cosas no son iguales para todas las personas. Parece cierto que hay personas que pasan de un estado inconsciente a la muerte, o como se dice, “del sueño a la muerte,” mientras que otros parecen sufrir prolongadas agonías, sobre todo cuando hay dificultades respiratorias crónicas, o dolores agudos.

*  Es de esperar que los ojos o el aspecto del rostro estén más relacionados con esta clase de factores orgánicos y biológicos y no tanto con situaciones externas. Por decir algo, no debo suponer que si mi abuelo murió con los ojos cerrados es que no le importaba si yo iba a despedirme de él. Y sin embargo, es real que los recuerdos, expectativas y emociones de los agonizantes influyen en su modo de morir, por lo menos de una forma parcial, y si es el caso que están conscientes.

*  Ejemplos numerosos hay de personas que sufren mucho en agonía y luego mueren en paz al poder despedirse por ejemplo de un hijo que estaba lejos. En otro sentido, una mamá que quiso ver a su hija casada y bien casada “por la Iglesia” puede sentirse muy mal de ver que no logró convencerla de ello. Pero es difícil decirle a una hija en esa condición que no vaya a despedirse de la mamá, y yo jamás aconsejaría algo así, entre otras cosas porque la angustia de esperarla puede ser una tortura peor. En resumen, yo considero como simples mitos esas cosas que te han contado, creo que no se puede hacer una regla de ellos, y creo que es más sensato seguir estas sugerencias:

1. Con la ayuda de la medicina, hacer todo lo posible para aliviar las causas de dolor o incomodidad física del agonizante. Las condiciones de temperatura, humedad, iluminación, nivel de ruido, número de personas a un mismo tiempo, deben estar bajo cuidado del médico y todos han de respetarlas con diligencia.

2. El ambiente ha de ser tranquilo, lleno de afecto y de una presencia serena pero no artificialmente calmada. Hay dolor. Se trata de una partida que rasga el alma. Pero con mucha caridad hay que pensar en no agobiar con nuestras expresiones sentimentales lo que ya es muy duro para el agonizante.

3. Procúrese, dentro de lo razonable, que todas las personas que sean afectivamente significativas para el agonizante puedan visitarlo en algún momento. Si hay modo de averiguarlo, sin lastimar ni intimidar, trátese de conocer quiénes quisiera el agonizante que estuvieran cerca de él en los momentos decisivos. Extrema delicadeza se requiere aquí para no herir tampoco la sensibilidad de parientes o amigos.

4. Somos creyentes, ¿verdad? La fe debe estar presente pero, de nuevo, sin excesos. Por ejemplo, es un exceso lo que hacen algunas familias demasiado fervorosas, que quieren que a todas horas este una persona rezándole al enfermo. La oración ha de ser un soporte, una fuente de fortaleza, y no un agobio o carga. Por supuesto, llámese oportunamente al sacerdote de modo que la Unción de los Enfermos se reciba con provecho y en plena conciencia. No tiene mucho sentido lo que piensan algunas familias, que es preferible que el sacerdote llegue cuando ya el agonizante ni puede confesarse bien ni a veces entiende que le están haciendo.

La dignidad, la caridad y el respeto han de brillar en cada una de las sencillas celebraciones litúrgicas o piadosas que se tengan cerca del enfermo o con participación suya.

5. Respétese mucho la privacidad y el pudor del agonizante. A menudo la condición de su cuerpo implica que esté con poca ropa o con varias sondas. Con algo de sentido de común pensemos cómo nos sentiríamos nosotros con tantas visitas y en condiciones en que uno no puede casi valerse por sí mismo. Esto vale en mucho mayor grado para las mujeres de todas las edades.

El agonizante no sólo quiere que lo visiten. A veces quiere hablar, quiere ser escuchado, aunque ello implique un esfuerzo físico considerable. Los que estén con él tienen entonces el hermoso deber de ayudarle a encontrar descanso también en ese aspecto, ya se trate a través de una buena confesión, o de otra clase de confidencias o testamentos.

¿Cómo compaginar la aniquiladora idea de la muerte?

¿Cómo compaginar la aniquiladora idea de la muerte con este incontenible afán de vida?

Mario Benedetti

ERA SÓLO VARICELA

M. dijo: -Yo quiero ir a Rafaela.

Y tosía una vez más, sin poder contenerse. Pero además de la tos, la fiebre, los escalofríos, el dolor de cabeza que se sentía como si martillaran dentro del cráneo.

El pediatra que examinaba a su hijo le informó el diagnóstico: -Es una varicela, tiene que evitar exponerlo al sol, en lo posible que no se toque las lesiones. Primero son pequeñas ronchitas llamadas pápulas que luego se convierten en vesículas y finalmente en costras. ¿Usted ya tuvo varicela?

-No recuerdo.

-Si no la ha tenido, la va a tener, porque su hijo está contagiando desde antes de la erupción. Y algo muy importante: no le dé ningún medicamento que contenga aspirina, porque existe el riesgo de una complicación muy seria que afecta al sistema nervioso central, es una inflamación grave del cerebro.

M. escuchó las indicaciones como desde un planeta lejano y pidió al médico que se las escribiera por miedo a no recordarlas. Tomó en brazos a su bebé -tenía dos años recién cumplidos- y salió. Si tuviera que repetir, si tuviera que recordar lo que hizo hasta el momento en que subió por fin al colectivo, no hubiera podido, todo le parecía confuso, desconocido y hasta amenazante. Tenía un solo pensamiento: Yo quiero ir a Rafaela. La mujer del asiento de al lado no pudo menos que advertir que algo malo le ocurría a ese inquieto pasajero, especialmente por su profesión, era enfermera. El hombre temblaba, sacudido por los escalofríos.

Durante los cabeceos frecuentes, cuando el sueño lo vencía, sus brazos se aflojaban y el chico quedaba desprotegido. Solidariamente lo convenció de que se lo cuidaría hasta llegar al destino. M. tampoco recordaría que sus familiares lo esperaban en la terminal, ni sus rostros alarmados al ver su estado demacrado, el pelo mojado por la transpiración febril, los escalofríos intermitentes, la respiración superficial y agitada, con la boca abierta, los labios secos. M. fue internado esa tarde en terapia intensiva. Por la noche, fue necesario colocarlo en respiración asistida, con diagnóstico de neumonía bilateral grave, probablemente de causa varicelosa.

La evolución fue larga y complicada, lo que ocurre en un porcentaje muy reducido de pacientes. M. agregó insuficiencia cardiaca al cuadro infeccioso, además de que las lesiones por la varicela se sobre infectaron.

El virus de la varicela deprime la respuesta inmune, es decir las defensas que tiene el organismo para contrarrestar la colonización bacteriana.  La invasión del virus al sistema nervioso también determinó períodos de excitación y confusión, que se sumaban a los efectos de la persistente fiebre. Por más de una semana, el cuadro fue crítico y con un desenlace incierto.

Afortunadamente, el trabajo conjunto del equipo humano y las medidas de sostén que se corregían cotidianamente rindieron su fruto. En el décimo día de internación, se pudo desconectar del respirador y al día siguiente comenzó a ingerir alimento nuevamente. Hasta entonces, durante la conexión al respirador, la nutrición se mantenía mediante una sonda.

Ese mismo día, la enfermera le mostró una foto del responsable de su contagio, que sus familiares le acercaron.

Inmediatamente, reaccionó: -Ese es mi hijo, ¿de dónde sacaste eso?  M ya estaba por el buen camino.

ACERCA DE LA SALUD/Por el Dr. Armando Peláez – http://laopinion-rafaela.com.ar/opinion/2007/06/20/h762003.htm

Una investigación reciente desafía y confirma algunas de las creencias del duelo

Una investigación reciente desafía y confirma algunas de las creencias más comunes sobre el proceso de duelo.

MARTES 20 de febrero (HealthDay News/HispaniCare) –El estudio encontró que, para los adultos mayores afligidos por una muerte por causas naturales, el proceso de duelo comienza con un anhelo por el ser querido y una aceptación de su pérdida. Esto contradice la teoría estándar de las “cinco etapas del duelo” de los psicólogos que incluye negación, anhelo, ira, depresión y aceptación como las fases de emociones por las que los individuos en duelo pasan típicamente. En su lugar, “este estudio básicamente muestra que el anhelo es el síntoma dominante de duelo después de la pérdida, no la negación, la tristeza o la depresión”, afirmó Holly Prigerson, directora del Centro de investigación en psicooncología y atención paliativa del Instituto contra el cáncer Dana-Farber de Boston. “Y, en general, la reacción principal era un alto grado de aceptación”, añadió.

Los investigadores encontraron que, poco después de una muerte, la aceptación se convierte en la emoción experimentada más comúnmente por el afligido, en lugar de la negación o la depresión esperadas. Anotaron que la aceptación es también la última emoción en alcanzar su punto máximo. El estudio aparece en la edición del 21 de febrero del Journal of the American Medical Association.

Los investigadores también encontraron que las emociones negativas, como la ira, habían alcanzado principalmente su punto máximo seis meses tras la pérdida. Esto sugiere que si alguien parece quedarse estancado en su duelo después de este período de tiempo, tal vez esté experimentando dificultades para conllevar su pérdida y podría necesitar asesoría o apoyo adicional.

La teoría del duelo en cinco etapas ha evolucionado con el tiempo, pero se desarrolló originalmente como una teoría del duelo en cuatro etapas: negación y aislamiento, anhelo y búsqueda, desorganización y desesperación, y reorganización. Entonces, la mundialmente famosa psiquiatra Dra. Elisabeth Kübler-Ross escribió un libro llamado Sobre la muerte y los moribundos, que adaptaba el duelo en cuatro etapas a una respuesta en cinco etapas de las personas terminalmente enfermas a su muerte inminente.

Según la información de fondo del estudio, ese trabajo evolucionó hacia las cinco etapas del duelo comúnmente reconocidas actualmente. “Las cinto etapas se han aceptado como la verdad definitiva, sin estudios. No ha habido investigaciones empíricas anteriores”, apuntó Prigerson. Y esa es la razón de este estudio.

Para evaluar las cinco etapas del duelo, que en este estudio fueron renombradas como los cinco indicadores del duelo, Prigerson y sus colegas de la Facultad de medicina de la Universidad de Yale reclutaron a 233 adultos que vivían en Connecticut que habían perdido a un ser querido recientemente para que participaran en el estudio. Los participantes del estudio eran predominantemente blancos (el 97 por ciento), la mayoría eran cónyuges del fallecido (el 84 por ciento) y tenían una edad promedio de alrededor de 63 años. Sus seres queridos habían muerto por causas naturales y en muertes no traumáticas. Según los autores del estudio, esta población representa a la persona en duelo típica de los Estados Unidos. Los voluntarios del estudio fueron entrevistados a los seis, once y veinte meses después de la pérdida de su ser querido.

Los investigadores crearon una escala indicadora de duelo de uno a cinco para indicar qué tan fuerte era la emoción de duelo que se sentía. Una puntuación de cinco significaba que la emoción era muy fuerte. En los primeros seis meses tras la pérdida, la puntuación promedio de la aceptación era de 4.11 y del anhelo 3.77. La depresión era la siguiente emoción más común, con una puntuación de 2.29, seguida por la negación con 2.27 y la ira con 1.87. Durante los siguientes seis meses, todos los indicadores negativos de duelo, con excepción de la depresión, disminuyeron y el nivel de aceptación aumentó. Las puntuaciones de depresión permanecieron iguales en el periodo de seis a 12 meses después de la pérdida.

Durante los siguientes 12 meses, todos los indicadores negativos de duelo se redujeron, mientras que la aceptación siguió en aumento. “Los indicadores negativos de duelo llegan a su punto máximo seis meses tras la pérdida”, afirmó Prigerson. “La expresión del duelo es un fenómeno muy complejo, con mucha variabilidad individual”, señaló Shirley Otis-Green, investigadora principal especializada del Centro médico nacional City of Hope de Duarte, California. Y esa expresión no sigue necesariamente una programación ordenada, aseguró Kristin James, coordinadora del Heartlight Program, un programa de duelo familiar del Hospital conmemorativo infantil de Chicago. “Cuantificar el duelo es importante, si se puede, pero aunque este estudio puede que describa lo que sucede en promedio, hay tantos eventos que pueden desencadenar estas emociones nuevamente. Decir que en un mes o seis meses estas emociones deben haber desaparecido no es fácil”, señaló James.

James añadió que, sobre todo con las muertes no típicas (el tipo que no se estudió aquí), definir lo que constituye un duelo “normal” y lo que no es difícil. Por ejemplo, señaló, si un niño pierde a un padre, probablemente apenas empiece a sentir duelo a eso de los seis meses, porque con frecuencia el duelo se retrasa en los niños.

Artículo por HealthDay, traducido por Hispanicare Traducido del inglés: miércoles, 21 de febrero, 2007 HealthDay (c) Derechos de autor 2007, ScoutNews, LLC

Duelo

¿Qué es el duelo?

El duelo humano se define como una reacción adaptativa natural, normal y esperable ante la pérdida de un ser querido. El duelo no es una enfermedad1, aunque resulta ser un acontecimiento vital estresante de primera magnitud, que tarde o temprano hemos de afrontar, casi todos, los seres humanos. La muerte del hijo/a y la del cónyuge, son consideradas las situaciones más estresantes por las que puede pasar una persona2,3.

Para conocer la magnitud del problema puede servirnos de referencia un cálculo hecho en nuestro entorno del País Vasco. Considerando un tamaño familiar medio de 2,76 miembros en 20014, una tasa bruta de mortalidad de 8,9 por mil en 20044 y una duración del proceso de duelo de 3 años5, resulta una prevalencia del 4,91%; es decir, en una consulta con 1800 usuarios habrá unas 88 personas en duelo ?activo?.

Características del Duelo

Es un proceso único e irrepetible, dinámico y cambiante momento a momento, persona a persona y entre familias, culturas y sociedades. No es un proceso que siga unas pautas universales1.
Se relaciona inequívocamente con la aparición de problemas de salud:
El riesgo de depresión en viudos/as se multiplica por cuatro durante el primer año6.
Casi la mitad de viudos/as presentan ansiedad generalizada o crisis de angustia en el primer año7.
Aumenta el abuso de alcohol8 y fármacos; la mitad de las viudas utilizan algún psicofármaco en los 18 primeros meses de duelo9.
Entre un 10-34 % de los dolientes desarrollan un duelo patológico10,11
Aumenta el riesgo de muerte principalmente por eventos cardiacos y suicidio12; los viudos tienen un 50% más de probabilidades de morir prematuramente, durante el primer año 13.
La población en duelo demanda un mayor apoyo sanitario, incrementando el consumo de recursos, quizá por la pérdida de las redes sociales y con ellas de muchos de los recursos clásicos para el doliente (familiares, religiosos, vecinos, amigos, compañeros de trabajo,…). En un reciente estudio realizado en atención primaria14, la tasa promedio anual de consultas al centro de salud resultó ser un 80% mayor entre los dolientes que en el resto de la población. En otros estudios se obtienen resultados similares; en viudas el número de consultas se dispara en un 63% en los 6 primeros meses9 y en viudos se multiplica por cuatro durante los 20 primeros meses 15.
Cronología del duelo

La enorme variabilidad del duelo depende de las características de la persona en duelo, su situación personal y antecedentes, de ?quien? es la persona fallecida para el doliente, de las causas y circunstancias de su fallecimiento, de las relaciones sociofamiliares, y de las costumbres sociales, religiosas, etc. de la sociedad en la que vive. A pesar de toda esta enorme variabilidad se puede describir a grandes rasgos la evolución del duelo a lo largo del tiempo, para ello fragmentamos artificialmente el proceso de duelo en fases o períodos que reúnen unas características y nos ayudan a entender lo que sucede en la mente del doliente:

Duelo anticipado (pre-muerte). Es un tiempo caracterizado por el shock inicial ante el diagnóstico y la negación de la muerte próxima, mantenida en mayor o menor grado hasta el final; también por la ansiedad, el miedo y el centrarse en el cuidado del enfermo. Este período es una oportunidad para prepararse psicológicamente para la pérdida16 y deja profundas huellas en la memoria.

Duelo agudo (muerte y peri-muerte). Son momentos intensísimos y excepcionales, de verdadera catástrofe psicológica, caracterizados por el bloqueo emocional, la parálisis psicológica, y una sensación de aturdimiento e incredulidad16 ante lo que se está viviendo. Es una situación de auténtica despersonalización.

Duelo temprano. Desde semanas hasta unos tres meses después de la muerte. Es un tiempo de negación, de búsqueda del fallecido, de estallidos de rabia, y de intensas oleadas de dolor y llanto, de profundo sufrimiento. La persona no se da cuenta todavía de la realidad de la muerte16

Duelo intermedio. Desde meses hasta años después de la muerte. Es un tiempo a caballo entre el duelo temprano y el tardío, en el que no se tiene la protección de la negación del principio, ni el alivio del paso de los años. Es un periodo de tormentas emocionales y vivencias contradictorias, de búsqueda, presencias, culpas y autorrepoches,… donde continúan las punzadas de dolor intenso que llegan en oleadas.16 Con el reinicio de lo cotidiano se comienza a percibir progresivamente la realidad de la pérdida16,17, apareciendo múltiples duelos cíclicos en el primer año (aniversarios, fiestas, vacaciones..) y la pérdida de los roles desarrollados por el difunto (confidente, amante, compañero, el chapuzas, …). Es también un tiempo de soledad y aislamiento, de pensamientos obsesivos,… A veces es la primera experiencia de vivir sólo, y es frecuente no volver a tener contacto físico íntimo ni manifestaciones afectivas con otra persona. Se va descubriendo la necesidad de descartar patrones de conducta previos que no sirven (cambio de estatus social) y se establecen unos nuevos que tengan en cuenta la situación actual de pérdida. Este proceso es tan penoso como decisivo, ya que significa renunciar definitivamente a toda esperanza de recuperar a la persona perdida15. Finalmente los períodos de normalidad son cada vez mayores. Se reanuda la actividad social y se disfruta cada vez más de situaciones que antes eran gratas, sin experimentar sentimientos de culpa. El recuerdo es cada vez menos doloroso y se asume el seguir viviendo. Varios autores sitúan en el sexto mes el comienzo de la recuperación16,18-20, pero este período puede durar entre uno y cuatro años.

Duelo tardío. Transcurridos entre 1 y 4 años, el doliente puede haber establecido un nuevo modo de vida, basado en nuevos patrones de pensamiento, sentimiento y conducta21 que puede ser tan grato como antes, pero sentimientos como el de soledad, pueden permanecer para siempre, aunque ya no son tan invalidantes como al principio. Se empieza a vivir pensando en el futuro, no en el pasado.

Duelo latente (con el tiempo…) A pesar de todo, nada vuelve a ser como antes, no se recobra la mente preduelo21, aunque sí parece llegarse, con el tiempo, a un duelo latente, más suave y menos doloroso, que se puede reactivar en cualquier momento ante estímulos que recuerden…

 El duelo y la atención primaria de salud

Pensamos22, junto con otros autores23-28, que la atención primaria es el nivel asistencial ideal para ayudar a las personas en duelo. En muchas ocasiones el médico asiste de su enfermedad al familiar fallecido, en el domicilio, estableciendo una relación especial con la familia en este periodo tan crítico para ella. En otras ocasiones, las mas habituales, el fallecimiento se produce fuera del domicilio y el doliente acude a su médico de familia con una confianza casi natural, porque ya le conoce y está habituado a mostrarle los aspectos más vulnerables de sí mismo, sabe que puede expresar sus emociones en un ambiente seguro y, a la vez, mantener una circunstancia social normalizada, que no implica el estigma de la psiquiatría.

El médico de familia es el único especialista del ámbito sanitario al que acuden normalmente los dolientes y el único que puede atender la morbilidad asociada al duelo, así como el dolor, la disfunción y la incapacidad ocasionados por el conjunto de circunstancias personales, familiares y sociales que conlleva el proceso del duelo.

Preguntados los dolientes sobre la ayuda que desearían recibir del personal sanitario, solicitan consultas programadas, consejo médico, visitas domiciliarias, y que siempre que acudan a la consulta se interesen por su pesar29.

¿Cómo puedo saber si una persona en duelo necesita ayuda profesional?

Hay varias situaciones en las que la intervención está claramente indicada:

El doliente pide ayuda expresa para su proceso.
El profesional valora que la ayuda es necesaria.  
Existen varios predictores de riesgo asociados.
Detectamos pistas que nos orientan hacia un posible duelo complicado.
 Predictores de riesgo de mala evolución del duelo  

La muerte siempre va asociada a unas circunstancias que se pueden desglosar en: causa de la muerte; quién era el fallecido para el doliente y tipo de relación entre ellos; personalidad y recursos psicoemocionales del doliente; y finalmente la situación familiar, social, laboral, cultural, etc. que está viviendo el doliente en esos momentos. Este conjunto puede ser considerado normal, en el sentido de que no añade por sí mismo dificultades a las ya propias del duelo, o por el contrario puede complicarlo enormemente.

Podemos considerar predictores de malos resultados o de dificultades en la elaboración del duelo, los siguientes 5,16,17,21,30-34:

Muertes repentinas o inesperadas; circunstancias traumáticas de la muerte (suicidio, asesinato)
Pérdidas múltiples; pérdidas inciertas (no aparece el cadáver).
Muerte de un niño, adolescente, (joven en general).
Doliente en edades tempranas o tardías de la vida.
Muerte tras una larga enfermedad terminal; muerte por SIDA
Doliente demasiado dependiente; relación ambivalente o conflictiva con el fallecido.
Historia previa de duelos difíciles; depresiones u otras enfermedades mentales.
Tener problemas económicos; escasos recursos personales como trabajo, aficiones.
Vivir sólo; poco apoyo sociofamiliar real o sentido; alejamiento del sistema tradicional socio-religioso de apoyo (emigrantes).
Crisis concurrentes, laborales, económicas, judiciales….
 Duelo Complicado

Para saber si estamos ante un duelo complicado nos pueden servir de ayuda los criterios diagnósticos del “Trastorno por Duelo Prolongado” de Prigerson, Vanderwerker & Maciejewski (2007) 28 propuestos para el DSM-V:

Criterios diagnósticos del “Trastorno por Duelo Prolongado” propuestos para el DSM-V.

Criterio A Presentar a diario, al menos uno de los siguientes síntomas:

Pensamientos intrusivos -que entran en la mente sin control- acerca del fallecido.
?Punzadas? de dolor incontrolable por la separación.
Añorar -recordar su ausencia con una enorme y profunda tristeza- intensamente al fallecido.  
Criterio B Presentar a diario, al menos 5 de los 9 síntomas siguientes:

Estar confuso acerca de cual es el papel de uno en la vida, o sentir que se ha muerto una parte de sí mismo.
Dificultad para aceptar la realidad de la pérdida.
Tratar de evitar todo lo que le recuerde que su ser querido ha muerto.
Sentirse incapaz de confiar en los demás desde el fallecimiento.
Estar amargado o enfadado en relación con el fallecimiento
Sentirse mal por seguir adelante con su vida (p. Ej. hacer nuevas amistades o interesarse por cosas nuevas).
Sentirse frío e insensible -emocionalmente plano- desde el fallecimiento.
Sentirse frustrado en la vida, que sin el fallecido su vida está vacía y no tiene sentido.
Sentirse como ?atontado?, aturdido o conmocionado.
Criterio C La duración de estos síntomas es de al menos 6 meses

Criterio D Estos síntomas causan un malestar clínicamente significativo o un importante deterioro de la vida social, laboral u otras actividades significativas (p. Ej. responsabilidades domésticas) de la persona en duelo.

*Publicados con permiso de Holly Prigerson (2007)28

¿En qué consisten los Cuidados Primarios de Duelo?

Los Cuidados Primarios de Duelo (CPD) son una guía de actuación, para ayudar a una persona en duelo en el nivel primario de atención. Se definen por unos objetivos, una estrategia para conseguirlos y unas técnicas a aplicar.

Objetivo generales de los Cuidados Primarios de Duelo:

Prevención primordial: educar en la muerte y el duelo a no dolientes; bien sea población general (charlas informales en asociaciones, conferencias en institutos?), población consultante (hablando en consulta, nuestra actitud?) o profesionales sanitarios (seminarios, talleres, guías como la presente…).
Prevención primaria: cuidar que la persona elabore su duelo de la manera más natural y saludable posible -saliendo incluso crecida de la crisis- y que no enferme.
Prevención secundaria: detectar precozmente el duelo complicado, para poder establecer una terapia temprana y/o derivar a otro nivel, y realizar labores de seguimiento y/o soporte de personas con duelos complicados ya diagnosticados,
Prevención terciaria: asumir -también- el seguimiento y/o soporte de personas con duelos crónicos, de años de evolución y secuelas de por vida.
Técnicas de Cuidados Primarios de Duelo

Exploratorias: perfil de duelo. (recogida de datos básicos para la intervención).

Las técnicas exploratorias tienen como objetivo, conocer todos los datos que pueden ser determinantes en la evolución del duelo. Para recoger estos datos de una forma ordenada, se establece una rutina dividida en:

Datos generales: edad y nombres del fallecido y doliente, fecha de fallecimiento, cumpleaños, etc.
Datos sociofamiliares: genograma, relaciones familiares, amigos, situación económica, etc.
Antecedentes personales: problemas de salud psicofísicos, elaboración de posibles duelos previos, coincidencia de otros problemas de trabajo, familia, amigos, etc., tiempo de convivencia y tipo de relación con el fallecido, etc.
Evolución del proceso del duelo: causa y lugar del fallecimiento, conocimiento de la enfermedad, sentimientos que manifiesta como añoranza, culpa, rabia, ansiedad, tristeza, etc. y apoyo emocional de la familia.
Finalmente se hace un resumen de lo mas relevante en cada uno de los apartados explorados, resultando un ?perfil de duelo? que servirá para orientar la intervención, priorizando los problemas detectados y además saber si estamos ante un duelo aparentemente normal o de riesgo.

Generales: REFINO (conforman nuestra actitud al intervenir)

Las técnicas de intervención generales que desarrollamos en CPD se pueden resumir con el acrónimo R E F I N O, siendo: Relación (R), Escucha (E), Facilitación (F), Informar (I), Normalizar (N), Orientar (O).

Establecer una Buena Relación. Construir una adecuada relación profesional con el doliente es el fundamento y el principio de todo. Una buena relación de cuidados se caracterizará por:

Tener una estrategia, con unos objetivos centrados en el doliente y negociados con él, así como unas actividades encaminadas a conseguirlos
Producirse en un tiempo y en un espacio. Acordar un tiempo por sesión, una periodicidad (mas cercana al principio y progresivamente mas alejada) y un seguimiento (aconsejable el primer año, por lo menos).
Desarrollarse entre iguales, en una teórica relación entre pares. Ambos se mantienen en el mismo nivel de poder, el médico y el doliente son simplemente dos seres humanos que interactúan en un marco profesional de dispensación de cuidados.
Realizarse en una dirección, es decir, que aunque es una relación entre iguales, hay una persona que ayuda (el profesional) y otra persona que recibe la ayuda (el doliente), y no a la inversa.
Con empatía: el profesional trata de sintonizar con las emociones del doliente y además se lo hace ver, le hace ver que está ?rozando? lo que siente.
Ser genuina y auténtica, mostrando un interés por lo que nos cuenta la persona en duelo, tomando conciencia del sufrimiento del otro.
Respetar, no dejar entrar en nuestra mente los juicios de valor que automáticamente se nos activan cuando tenemos una persona delante.
Mantenerse dentro del marco profesional establecido. Subrayando las características ?profesionales? de la relación para evitar malos entendidos y reacciones de transferencia-contratransferencia dramáticas (Ej. evitar ser un ?sustituto interino? del que falta).
Escucha activa. La escucha activa es atenta, centrada e intensa; es una escucha del otro y de uno mismo:

Es atenta, porque el profesional está con los cinco sentidos.
Es centrada, debido a que se vive el aquí y ahora del momento.
La escucha de nosotros mismos mientras estamos con el doliente, el conectarnos con nuestras emociones y tomar conciencia de lo que nos dicen.
En la atención de personas que sufren profundamente tenemos que recordar, casi de continuo, que: ?yo soy yo… y el otro es el otro?. Lo mismo que no se puede morir con cada muriente… no se puede perder a nuestra pareja, nuestro hijo,… con cada doliente. También debemos tener en cuenta, que nos podemos impregnar de los sentimientos del doliente y saber que son de él, no nuestros.

Facilitación. Facilitar es favorecer la comunicación, esperar, tener paciencia, es también hacerle un espacio al otro (al doliente) y darle ?permiso? con nuestra actitud y ese clima ?seguro? que hemos creado, para que cuente lo que se le ocurra o exprese sus emociones más profundas. La tristeza, culpa, miedo, amor y alegría, serán partos más o menos fáciles, solo hay que estar y no interrumpir; mientras que la rabia siempre será un parto difícil.

Son técnicas facilitadoras de la comunicación: preguntas abiertas, baja reactividad, miradas, silencios, ecos, asentimientos, hacer resúmenes para resituar mentalmente al doliente y ayudarle a identificar sus emociones.

Informar. Informar al doliente es:

Explicarle lo que hoy define la psicología occidental como el constructo duelo, pero siempre volviendo a insistir que lo suyo es ?único? y que tiene permiso para sentir lo que quiera y cuando quiera.
Aclararle que la evolución teórica del proceso es hacia el ajuste, que todos los seres vivos se adaptan instintivamente a las nuevas situaciones
Orientarle sobre las dudas más habituales: ?¿Es bueno ir al cementerio?, ¿y llorar…?, ¿y hablar siempre del muerto…?, ¿porqué ahora no me fío de nada ni de nadie, y porqué me parece todo distinto?, ¿porqué ahora tengo más miedo de morirme y a la vez quiero morirme?.
Normalizar. Normalizar es asegurarle al doliente ?y se lo está diciendo su médico- que lo que siente, piensa, hace… es totalmente normal y lo natural en su situación… Esto valida sus reacciones y sentimientos, los legitima, confirma, desculpabiliza y además puede seguir sintiéndolos.

Cuando normalizamos es mejor tomarnos tiempo y tener en cuenta la cadencia del encuentro; controlando nuestra reactividad,… dejando transcurrir un tiempo entre el estímulo del doliente y la respuesta que damos.

Normalizaremos especialmente, que no se quiera olvidar, ni dejar de llorar… que se continúe hablando con él o que se refiera a él en presente?

Orientar. Orientar es guiar, sugerir, aconsejar… o incluso prescribir mediante instrucciones concretas determinadas conductas o rituales, y a veces lo contrario; por ejemplo, disuadir de una decisión precipitada,… ?quiero vender este piso, creo que aquí no puedo vivir, son muchos recuerdos, entro en casa y es como una losa que se me viene encima…?.

Como orientación general, desanimamos de la toma de decisiones importantes durante el primer año, pero a la vez fomentamos la toma independiente de decisiones menores.

También podemos asesorar en la reorganización familiar, explicando que la pérdida de uno de los componentes de la familia lo trastoca todo,… interacciones, roles, espacios, normas, autoridad, poder, economía,… todo se tiene que renegociar y reconstituir.

Específicas de uso habitual (se usarán con frecuencia en las intervenciones, por estar relacionadas con los problemas que plantea habitualmente el doliente).

Anticipación de fechas y situaciones. La anticipación de situaciones difíciles da sensación de control. Algunas fechas (aniversario de la muerte, cumpleaños, Navidades, Todos los Santos, etc.) son especiales y con ellas llegarán nuevos tirones de dolor que si han sido previstos, no sorprenden ni desmoralizan tanto al doliente.

El darse cuenta de lo que siente, en determinadas situaciones y saber porqué, también alivia. Así por ejemplo saber porqué, a veces, la gente hace como que no le ve (no saben qué decir, se sienten violentos), no le tratan como antes (ya no es pareja), o en las fiestas, fines de semana, vacaciones, lo pasa mal porque nota de forma mas intensa su falta y no encuentra cual es ahora su lugar…

Toma de decisiones, solución de problemas y adquisición de habilidades. A veces, la persona en duelo tiene un auténtico bloqueo cognitivo mezclado con miedo, su mundo se le ha venido abajo y todo puede ser extremadamente peligroso y difícil. En esta situación, es útil la ayuda en la toma de decisiones, comenzando con problemas sencillos, tratando de que la persona llegue a ser autónoma. Otras veces se trata de adquirir habilidades que ejercía su pareja (arreglar un enchufe, cambiar una bombilla, ir al banco, etc.). o de recuperar otras que tenía y que las ha perdido por la distribución de roles entre los dos. Cada logro en este sentido, supone una mejora de la autoestima.

Narración repetitiva de la muerte y ?contar? historias. Hablar de la muerte alivia. La narración de un hecho trágico lo desdramatiza en parte. La descripción de los momentos finales, de la muerte, será espontáneamente reiterativa por parte del doliente. La repetición del relato pormenorizado de la muerte quita intensidad a la emoción, es catártico, lava, purga, abre la espita de la emoción y además libera, ordena y estructura el pensamiento, hace de la muerte una parte de nosotros mismos, la normaliza.

Hablar del muerto alivia. La narración de retazos de la vida del difunto, resitúa los vínculos y asegura que nunca se romperán, pero serán de otra manera. Con ello el doliente perfila lo que fue y lo que es, reflexiona, busca, y tiene la oportunidad de ver que los vínculos son ahora distintos, pero perviven. Puede hacer nuevas amistades, ilusionarse con los nietos, la vida… sin miedo, nunca se va a olvidar,… porque el olvido es imposible.

Prescripción de tareas y rituales. La prescripción es un contrato, concreto e individualizado, es una ?receta? negociada previamente entre las partes, que compromete al doliente a su cumplimiento.

Se deben prescribir tareas realistas, de fácil cumplimiento, sobre todo al principio16. El objetivo sería reestructurar la cotidianeidad con conductas saludables. Para empezar se puede prescribir salir todos los días a la compra, andar un rato, sacar a pasear el perro,… esto le obliga a resocializarse a la vez que realiza una actividad saludable. Debemos evitar maneras de afrontar la pérdida, claramente perjudiciales como, el sedentarismo, horas de televisión, el juego, el abuso de alcohol, tabaco… La conducta idónea sería aquella que tenía antes de morir su familiar.

Con la prescripción también se pueden controlar situaciones aparentemente incontrolables como los rituales, regulando por ejemplo las visitas al cementerio, el tiempo que dedica a hablar con el fallecido,… tratando de impedir que estas conductas sean invalidantes.

Hablar de los sueños y de las presencias: visuales, auditivas, táctiles… Los sueños están cargados de alegorías y representan el mundo vivencial del doliente, su abordaje aporta información sobre su estado emocional.

Las presencias (ver, oír o sentir que le toca el difunto) son descargas del cerebro, ante determinados estímulos, de parte de la información que tiene almacenada sobre el fallecido, es algo parecido al miembro fantasma (se siente aunque no está). Pasado el tiempo van desapareciendo progresivamente los fenómenos alucinatorios, pero la información no desaparece nunca y basta un estímulo lo suficientemente intenso, (aniversario,…) para provocar emociones olvidadas, incluso años después. Es importante hablar con el doliente de estos fenómenos, para normalizarlos y evitar la idea de que el difunto está interviniendo en su vida (pensamiento mágico21), o pensar que se esta volviendo loco, ambas ideas muy presentes, por lo novedoso e intenso de las emociones que está viviendo.

Sondas emocionales y preguntas terapéuticas. Las sondas emocionales son preguntas que tratan de atravesar las barreras defensivas y facilitan la comunicación. Son preguntas que rastrean las emociones y liberan parte de su tormenta interior.

Pueden ser un ejemplo las siguientes: ?desde la última vez que nos vimos… ¿habías pensado en hablar hoy de algo que se te haya quedado colgado?…, eso que te ronda a veces en la cabeza, y le das vueltas y vueltas,… ¿querías comentarlo conmigo??; ?¿cuando estás de noche, sin poder dormir, que pensamientos te vienen al a cabeza??; ?¿ha habido alguna fecha o se acerca alguna fecha significativa para el recuerdo??, por ejemplo el cumpleaños, aniversario de boda, cabo de año, fiesta de Todos los Santos,… ó ?¿A veces crees estar volviéndote loca??ó ?¿En alguna ocasión, te ha parecido verle u oírle o que te ha tocado?? o simplemente un ?¿Cómo te sientes??. Preguntar por lo que significan para él/ella las visitas al cementerio.

También es conveniente indagar sobre las ideas de suicidio y valorar si hay riesgo, si es algo concreto o sólo una idea fugaz, o la pérdida del ?norte? existencial (propia del duelo), y qué cosas (frenos y anclajes) se lo impiden y le sujetan a la vida

Tópicos sociales al uso. Los tópicos sociales, provocan lejanía emocional y a veces enfado. Conviene evitar las frases hechas, las seguridades prematuras y los consejos no pedidos35 como: ?te acompaño en el sentimiento?, ?ya verás como… se te pasará con el tiempo?, ?lo que tienes que hacer es… irte de vacaciones y olvidarte de todo?.

Muchas veces los tópicos son fruto del nerviosismo y del no saber qué decir, por eso puede ser mas adecuado verbalizar cómo nos sentimos: ?no se qué decirte…estoy nervioso, esto también me afecta…?, o mejor todavía expresarlo de forma no verbal con un apretón de manos, una palmada, un abrazo, una mirada en silencio,… La comunicación no verbal es directa y sincera, transmite entendimiento y se capta fácilmente.

Psicofármacos. Medicalizar el duelo significa darle categoría de enfermedad, con todo lo que esto conlleva. Ante un duelo normal, es adecuado evitar tanto la ?anestesia emocional? como la dependencia; así los ansiolíticos e hipnóticos conviene usarlos a demanda y a poder ser por períodos cortos 16,21,34 (Ej. a la hora de actos públicos) y a dosis mínimas.

En cuanto a la administración de antidepresivos, es difícil diferenciar la depresión mayor, de la tristeza propia del duelo, y cuando existen dudas (Ej. dolientes con síntomas depresivos persistentes) se puede probar su eficacia, ya que mejoran la depresión pero no la ?pena? propia del duelo16,44.

Pruebas complementarias: análisis, radiografías, electrocardiograma… El doliente, a pesar de tener ganas de morir, también tiene miedo a la muerte, a la enfermedad, al dolor, a pasar por lo mismo que su? y aquí tiene cabida la indicación razonable de pruebas complementarias, que tranquilicen y confirmen la salud.

PENSAMIENTO EN EL DUELO: A PROPÓSITO DE UN CASO.

PENSAMIENTO EN EL DUELO: A PROPÓSITO DE UN CASO.

Sólo discusión del caso:  Para ver el artículo completo, ir al enlace al final del mensaje

El proceso de duelo supone una de las mayores crisis vitales que todo ser humano va a sufrir alguna vez en su existencia, por lo que tiene características comunes a otras situaciones estresantes del ciclo vital, pero además posee unas características propias en lo que se refiere al ámbito de lo afectivo, lo cognitivo y también lo perceptivo. La mayor o menor intensidad del duelo varía dependiendo de si la persona fallecida era o no una persona con la que se ha creado vínculos de apego. Estas intensas relaciones nos hacen vivir en unos márgenes de seguridad y con un orden que nos permite atenuar nuestro nivel de angustia. Es por esto que el duelo es una experiencia tan devastadora, ya que nos confronta con nuestro sistema creencial, que se desorganiza por completo, provocando una especie de ?caos cerebral? que sería responsable de las percepciones, afectos y comportamientos especiales que aparecen en el duelo, que algunos autores han llamado ?mente de duelo?.

DISCUSIÓN

La persona en duelo pasa por una serie de estados a lo largo del proceso de duelo. En un primer momento (que puede durar de horas a semanas) , la persona pasa por un estado de embotamiento o sueño, caracterizado por una parálisis psicomotriz, apariencia externa de normalidad, disminución del campo de la conciencia, que algunos autores asemejan a un episodio disociativo histérico. En realidad esta es una defensa del organismo ante la situación de caos que vive la persona, y el ataque a su propia integridad que supone la pérdida de una persona de apego. Pasada esta anestesia emocional se produce una etapa en la que esta inhibición alterna con episodios de activación, a veces sin un sentido concreto. Se producen entonces una serie de conductas encaminadas a ?recuperar? a la persona perdida, consistentes en llanto, lamentos, gritos, llamadas al difunto y otras conductas de búsqueda. Los fenómenos perceptivos o distorsiones de la percepción normal son muy frecuentes en las primeras fases del duelo, pudiendo durar mucho tiempo, aunque lo más frecuente es que la intensidad y la frecuencia de este tipo de sensaciones vayan disminuyendo con el tiempo, pudiendo ?reactivarse? en situaciones concretas, como son los aniversarios. Algunos autores comparan este fenómeno al del ?miembro fantasma?, existiría una deprivación física y simbólica brusca, junto al agotamiento y determinadas situaciones y objetos (cosas del difunto, olores…), que provoca en el deudo ilusiones, alucinaciones y la percepción subjetiva de la presencia del difunto. Hay personas para las que la evocación del fallecido resulta aliviadora y por eso se aferran a lugares y objetos durante años.

En nuestra cultura nos enseñan que todo se puede analizar desde el punto de vista lógico-racional. En el duelo, sufrimos algo para lo que no estamos preparados, y la lógica no servirá entonces para calmar nuestra angustia; surge entonces lo que se denomina el pensamiento mágico. En la persona en duelo este pensamiento mágico la invade. La duración de esta mente de duelo es variable. El poseer un trabajo o una actividad ocupacional es fundamental, ya que sirve como organizador, además es fundamental que el paciente sea capaz de vincularse emocionalmente con otras personas en otras relaciones significativas.

En nuestro caso el paciente se encuentra anclado en esta fase de ?pensamiento mágico?, con sensación constante de permanecer con el fallecido, pacto de silencio con él, si no cumple o modifica algo aparece la culpa que le ancla en el pasado. Esto adquiere una estabilidad, en un estado de homeostasis cada vez más difícil de modificar, que puede llevar a la cronificación del duelo. Entre los factores de riesgo para una mala evolución del duelo, debemos mencionar la relación simbiótica o de dependencia con el difunto, varias pérdidas en un corto período de tiempo, factores relacionados con el tipo de muerte (inesperada, asesinatos, suicidio, catástrofe), cuidados prolongados a personas moribundas que provocan ambivalencia y culpa, dejando a la persona vacía y sin función tras el fallecimiento. Como vemos, varios de estos factores aparecen en nuestro caso. El duelo patológico tiene diversas formas.

En general consideramos patológico el duelo que se cronifica en el tiempo (aunque la cifra de 6 meses es muy cuestionada), con prolongación indefinida de algunas de las fases de duelo (por ejemplo de la fase de activación o de la negación), así como el duelo pospuesto, en el que un incidente mínimo puede desencadenar la crisis. Es por esto que para superarlo debemos hacer una intervención temprana (se considera que lo apropiado es antes de los dos primeros años). En cuanto al tratamiento, creemos necesario establecer unos objetivos en el trabajo con el paciente, que consistirían en hacer desaparecer la sintomatología asociada, lograr una buena aceptación de la pérdida y mejorar el funcionamiento cotidiano, trabajando las diferentes áreas afectadas en el duelo (el área afectiva, somática, cognitiva y motora).

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