Respaldo de material de tanatología

Diabetes Mellitus Tipo 2

Introducción

La diabetes mellitus es un síndrome que se expresa por afección familiar determinada genéticamente, en la que el sujeto puede presentar:

– Alteración en el metabolismo de carbohidratos, grasas y proteínas.

– Deficiencia relativa o absoluta en la secreción de insulina.

– Resistencia en grado variable a la insulina.

Desafortunadamente la diabetes mellitus no sólo consiste en la elevación de glucosa sino que es un síndrome complejo que debe enfocarse desde un punto de vista integral debido a las repercusiones agudas y crónicas que frecuentemente sufren los sujetos que la padecen.

Existen numerosas clasificaciones, siendo la más aceptada la formulada por el Expert Committee on the Diagnosis and Classification of Diabetes Mellitus emitida en 1997, que la divide en dos tipos principales sin considerar la edad de inicio: diabetes mellitus tipo 1 (DM 1) y diabetes mellitus tipo 2 (DM 2); en este último se incluye a más de 90% de todos los diabéticos, razón por la cual aquí se describirá únicamente la DM 2 y en particular su manejo en el primer nivel de atención (pacientes ambulatorios que no requieren hospitalización).

La morbilidad por diabetes mellitus en México ha mostrado una tendencia ascendente, lo que condiciona que la demanda de hospitalización en los últimos años sea cinco veces mayor que la de otros padecimientos, con una mayor incidencia de complicaciones.

La prevalencia es la medición que permite evaluar mejor la magnitud y tendencia de esta enfermedad.

– En la década de los sesenta la prevalencia estimada por la OMS indicó que 2% de los mexicanos eran diabéticos.

– En 1979 la DM 2 se identificó en 17% de una población de mexicoamericanos de 45 a 74 años que radicaban en Laredo, Texas.

– En 1990 el IMSS informó que en su población atendida la diabetes ocupó el primer lugar de morbilidad, tercero en demanda de consulta, sexto en incapacidades y quinto en mortalidad.

– De acuerdo con los resultados obtenidos en la Encuesta Nacional de Enfermedades Crónicas de 1993, la prevalencia para la población de 20 a 60 años fue de 6.7%. De este grupo 68.7% tenía diagnóstico previo de diabetes y en 31.3% se hizo el hallazgo, lo cual indica que dos tercios del total de los diabéticos son conocidos; sin embargo, al considerar los resultados de las curvas de tolerancia a la glucosa la razón de conocidos: desconocidos es de 1:1.

La mortalidad por diabetes también ha mostrado una tendencia ascendente en los dos últimos decenios. En 1976 del total de muertes 7% correspondió a diabetes y en 1993 alcanzo 13%. Por otra parte, la mortalidad hospitalaria por diabetes aumentó de 2% en 1977 a 6% en 1984.

Si bien la letalidad total por diabetes es de 9%, cifra que coincide con la correspondiente a la causada por complicaciones renales, se eleva significativamente cuando la causa es por cetoacidosis (23%) o coma hiperosmolar (43%).

Factores de riesgo

Los factores de riesgo representan situaciones identificables que se asocian con DM 2; es por ello que se utilizan como auxiliares para determinar, predecir o prevenir el desarrollo de la enfermedad o de sus complicaciones con varios años de anticipación; influye en ello la oportunidad con que se identifiquen y el control que se alcance en los factores modificables tales como sobrepeso, obesidad, control de las enfermedades concomitantes (hipertensión arterial), trastornos del metabolismo del colesterol y triglicéridos, sedentarismo, estrés emocional, tabaquismo y alcoholismo. Asimismo se utilizan como orientadores para establecer el tratamiento apropiado a cada diabético y como indicadores del pronóstico de la calidad de vida y sobrevida.

Los factores de riesgo pueden presentarse en cualquier momento del desarrollo de la historia natural de la enfermedad y pueden modificarse a través del tiempo; por ello es importante realizar una búsqueda intencional periódica para detectar en forma temprana la enfermedad y facilitar el diagnóstico y tratamiento oportunos con el inicio de medidas preventivas potenciales como la educación para la salud en grupos de riesgo, el control específico de factores modificables y evaluación de las opciones terapéuticas apropiadas a las características de cada diabético, lo cual repercutirá favorablemente en la morbilidad y mortalidad inherentes a la enfermedad. (Véase algoritmo de prevención de DM 2.)

Criterios diagnósticos

La etiología de la DM 2 es desconocida y ha sido más difícil de delimitar en sus componentes genéticos que la DM 1. Los genes candidatos propuestos son el de la insulina, del receptor de insulina, de la glucucinasa y del genoma mitocondrial. Se ha establecido una herencia autosómica dominante en la variedad conocida antiguamente como MODY (diabetes mellitus del adulto de aparición en la juventud). Los factores epigenéticos del individuo reconocidos como determinantes son el sobrepeso y la obesidad relacionados con el sedentarismo, el estrés emocional, la alimentación rica en fructosa y ácidos grasos saturados, el tabaquismo, alcoholismo y la falta de control de enfermedades concomitantes (trastornos del metabolismo del colesterol y triglicéridos).

El término DM 2 se aplica a los trastornos caracterizados por hiperglucemia en ayunas o niveles de glucosa plasmática por arriba de los valores de referencia; el diagnóstico se establece cuando se cumple cualquiera de los siguientes requisitos, de acuerdo con la propuesta del Expert Committee on the Diagnosis and Classification of Diabetes Mellitus:

– Cuando se sospeche DM 2 y se confirme a través de la prueba de detección en un individuo aparentemente sano.

– Cuando se presenten los síntomas clásicos de diabetes como poliuria, polidipsia, polifagia, pérdida injustificada de peso, cetonuria (en algunos casos) y se registre glucosa plasmática casual >200 mg/dL (glucemia determinada en cualquier momento sin ayuno previo).

– Elevación de la concentración plasmática de glucosa en ayuno ³ 126 mg/dL, en más de una ocasión.

– Glucemia en ayuno menor al valor diagnóstico de diabetes, pero con una concentración de glucosa ³ 200 mg/dL en plasma venoso 2 horas después de la carga oral de 75 g de glucosa, en más de una ocasión.

(Véase algoritmo de identificación de DM 2.)

Para el diagnóstico de intolerancia a la glucosa deben cumplirse las dos condiciones siguientes:

– Glucosa plasmática de ayuno > 110 mg/dL pero < 126 mg/dL. - Glucemia a las 2 horas poscarga oral de glucosa ³ 140 pero < 200 mg/dL en plasma venoso. Al interpretar los criterios de diagnóstico de la DM 2 deben identificarse y evaluarse ciertos factores que elevan los niveles de glucosa en plasma y que pueden alterar el resultado de la prueba en ausencia de la enfermedad, tales como administración de algunos medicamentos antihipertensivos, betabloqueadores, diuréticos tiazídicos, glucocorticoides, preparados que contienen estrógenos (los cuales para no afectar los resultados deben suspenderse un mes previo a la prueba), ácido nicotínico, fenitoína, catecolaminas, así como situaciones de estrés psicológico o condicionado por otras enfermedades. También puede influir la restricción marcada en la ingestión de carbohidratos o la inactividad física prolongada. Complicaciones La frecuencia, gravedad y progresión de las complicaciones agudas y crónicas están relacionadas con el grado de hiperglucemia, los trastornos metabólicos asociados, la duración de la enfermedad, la exposición a otros factores de riesgo y el ambiente genético. (Véase algoritmo de identificación precoz de complicaciones tardías de DM 2.) Agudas Son complicaciones agudas el coma hiperosmolar, la cetoacidosis diabética y la hipoglucemia, las cuales no son abordadas en este documento porque su manejo requiere de un segundo nivel de atención (manejo intra-hospitalario). Crónicas De ellas, esto es lo más relevante: - En ojos se incrementa el riesgo para desarrollar cataratas, retinopatía, glaucoma y es la principal causa de ceguera adquirida en los adultos de 20 a 74 años de edad. - Se incrementa 17 veces el riesgo de desarrollar daño renal, que se manifiesta por nefropatía (microalbuminuria) e insuficiencia renal crónica. - Se incrementa dos veces el riesgo de cardiopatía isquémica, enfermedad vascular cerebral e hipertensión arterial. - Se incrementa la probabilidad de insuficiencia vascular periférica, que a su vez condiciona pie diabético, el cual causa más de la mitad de todas las amputaciones que se llevan a cabo en el IMSS. - Se incrementa el riesgo de neuropatía autonómica en los sistemas cardiovascular, digestivo y genitourinario. - En piel y mucosas favorece infecciones oportunistas piógenas y micóticas crónicas. (Véase algoritmo de identificación precoz de complicaciones tardías de DM 2). Pronóstico El pronóstico de la DM 2 depende de los factores de riesgo, la evolución de la enfermedad, el grado de control metabólico y la ausencia o presencia de infecciones recurrentes, hipertensión arterial y nefropatía. El embarazo es un factor de riesgo para la progresión de la retinopatía y un componente genético que favorece la presencia de complicaciones a largo plazo. Los individuos con proteinuria y diagnóstico de diabetes anterior a los 30 años de edad tienen una supervivencia de 3 a 12 años, pero en presencia de síndrome nefrótico sólo 30 a 50% sobrevive después de 2 a 4 años. Tratamiento El objetivo del manejo de la DM 2 es lograr el control bioquímico, prevenir las complicaciones microvasculares y macrovasculares y con ello favorecer una mejor calidad de vida. Para conseguirlo debe realizarse evaluación médica completa, ya que la enfermedad tiene un comportamiento diferente en cada paciente, lo que obliga a realizar un plan de manejo individual con base en la edad, presencia de otras enfermedades, estilo de vida, restricciones económicas, habilidades aprendidas de automonitorización, nivel de motivación del paciente y la participación de la familia en la atención de la enfermedad. (Véase algoritmo de manejo médico del paciente ambulatorio con DM 2.) En los pacientes con diagnóstico reciente se debe investigar síntomas, factores de riesgo, hábitos de alimentación, estado nutricional, antecedentes de peso corporal, hábitos de ejercicio físico, antecedente de familiares directos con diabetes mellitus, estilo de vida, factores culturales, psicosociales, educacionales y económicos y resultados de los análisis de laboratorio, que pueden influir en el manejo. En diabéticos sin respuesta adecuada al tratamiento y en quienes se desea ajustarlo, además de los datos previos se deben considerar los planes de alimentación y ejercicio físico así como los resultados en el control de la glucemia, el tratamiento actual y los previos, la frecuencia, severidad y causas de complicaciones agudas como hipoglucemia y cetoacidosis, las infecciones previas y actuales, particularmente de la piel, dentales y genitourinarias, síntomas y tratamiento de las complicaciones crónicas asociadas. El inicio del tratamiento lo constituye la educación diabetológica (individual, familiar y grupal) y la motivación. Dieta La dieta es el pilar fundamental sobre el que descansa el tratamiento. Al proporcionar los nutrientes y calorías apropiados a cada paciente es factible llevarlo y mantenerlo en el peso ideal, además de obtener un mejor control metabólico, minimizar las fluctuaciones de la glucemia tanto en ayuno como durante el periodo posprandial, mediante un balance adecuado de carbohidratos, proteínas y grasas. Esto influye favorablemente sobre las manifestaciones clínicas de la enfermedad y la limitación de la progresión de los cambios degenerativos que se manifiestan como complicaciones, y consecuentemente en el incremento de los años de vida saludable. Para lograr el equilibrio entre los grupos de alimentos, la tendencia actual es administrar al diabético un porcentaje de hidratos de carbono similar al de una persona sana y reducir el aporte graso, en especial las grasas saturadas y el colesterol, debido a que los pacientes sometidos a este tipo de dietas presentan una menor incidencia de complicaciones y por lo tanto la morbilidad y mortalidad condicionadas por la enfermedad disminuyen. Hidratos de carbono Un individuo sano consume diariamente en una dieta normal entre 120 a 300 g de hidratos de carbono, que representan 50% de las calorías totales y se constituyen por carbohidratos simples y complejos. Para calcular el aporte en hidratos de carbono es necesario hacer las siguientes consideraciones: - El requerimiento mínimo diario es de 50 g para evitar la cetosis condicionada por el catabolismo proteico y graso. - Son preferibles los carbohidratos complejos, que tienen la característica de absorberse lentamente debido la liberación gradual al torrente circulatorio de la glucosa que contienen, por lo que ejercen una acción moduladora sobre la concentración evitando las bruscas oscilaciones que condicionan hiperglucemia. - El aumento en el consumo de carbohidratos simples o complejos incrementa el nivel de triglicéridos. Fibra insoluble La incorporación de fibra insoluble a la dieta como el salvado (Psyllium plantago) y el nopal (se recomienda el consumo diario de 25 g por cada 1000 calorías) ha demostrado ser útil en el control de la DM 2, al disminuir los niveles de glucemia por el secuestro intestinal de glucosa y lípidos. Grasas El aporte de grasas en la dieta normal corresponde hasta 40% de las calorías totales; en los diabéticos se debe reducir a 30% e integrarse fundamentalmente por grasas insaturadas para reducir la ingesta de colesterol a cifras menores de 300 mg por día y disminuir el riesgo de aterogénesis. Proteínas Para prevenir el daño renal en los diabéticos las proteínas se calculan a 0.8 g/kg de peso corporal/día en lugar de 1 g/kg/día. En los que ya tienen nefropatía la restricción es mayor (0.6 g/kg/día) para reducir la proteinuria y retrasar la progresión hacia insuficiencia renal. Sal La cantidad de sal debe reducirse a 3 g/día debido a que en el diabético la hiperinsulinemia condicionada por la enfermedad incrementa la reabsorción renal de Na+ y de forma alterna estimula el sistema simpático, lo que favorece la asociación de hipertensión arterial y diabetes. En el paciente hipertenso se recomienda un- consumo no mayor de 2.4 g/día. Vitaminas Los aportes de ácido ascórbico y vitaminas A y E son elementos complementarios de la dieta del diabético que tienen efecto benéfico al actuar como secuestradores de radicales libres, implicados en el desarrollo de aterosclerosis. El suministro de piridoxina reduce la proporción de hemoglobina glucosilada. Edulcorantes Se pueden permitir edulcorantes como la sacarina en cantidades < 500 mg/día o aspartame < 50 mg/día. El sorbitol, manitol y fructosa contienen las mismas calorías que la glucosa, por lo que se debe tener cuidado con ellas. Requerimientos calóricos Se sugiere calcular los requerimientos calóricos tomando como base los criterios de la American Diabetes Association, que se presentan en el cuadro I. Cuadro I. Bases para calcular los requerimientos calóricos en el paciente diabético Sexo Edad/ Actividad Calorías por kg   años física de peso ideal H/M 0- 1   120   1-10   80-100 Mujer 11-15   35   > 16
  30

Hombre 11-15
  50-80

      (65)

  >20
Muy activo
50

    Promedio
40

    Sedentario
30

H/M adulto
Muy activo
30

  < 55 Sedentario 28   > 55
Sedentario
20

En embarazo  1er trimestre
28-32

    2º trimestre
36-38

    3er trimestre
36-38

Puesto que el peso corporal influye profundamente en la etiopatogenia de la DM 2 (resistencia a la insulina), en los requerimientos insulínicos y en el control de la glucosa, la ingestión calórica adecuada es la clave del plan de nutrición y puede valorarse con el recordatorio de las últimas 24 horas. El plan de alimentación debe individualizarse y las proporciones de nutrientes dependerán de los objetivos que se tengan con cada paciente. Una vez calculado el requerimiento calórico se distribuye para lograr la ley del equilibrio dietético.

Las calorías se dividen en los tres alimentos principales de la siguiente forma: desayuno 20%, comida de 20 a 30%, cena de 20 a 30% y en dos o tres pequeñas colaciones entre comidas de 10% cada una. Se sugiere revisar y reajustar la dieta por lo menos cada seis meses o antes si el caso lo amerita.

En pacientes que realizan ejercicio físico se debe calcular un aporte calórico adicional. Para conocer el aporte que se proporciona en la dieta se recomienda utilizar el sistema de intercambio de alimentos diseñado por la American Dietetic Association y American Diabetes Association (cuadro II), que divide en seis listas básicas los grupos alimenticios que contienen aproximadamente la misma cantidad de hidratos de carbono, proteínas, grasas y calorías por ración, lo que facilita el diseño de la dieta de acuerdo con las características del paciente.

Cuadro II.

Contenido de hidratos de carbono, proteínas, grasas, calorías y colesterol

por ración de intercambio en cada una de las listas de alimentos

Lista de HC
P
G
cal
Colesterol

intercambio (g)
(g)
(g)
  (mg)

I
         
Leche (1/4 L)         
Descremada 12
8
1
90
5

Semidescremada 12
8
5
120
14

Entera 12
8
8
150
34

II
         
Verduras         
(un tazón) 5
2
0
28
0

III
         
Frutas (10 g) 15
0
0
60
0

IV
         
Cereales           
(30 g) 15
3
1
80
0

V
         
Carnes (30 g)         
Magra 0
7
3
55
18

Moderada grasa 0
7
5
75
30

Mucha grasa 0
7
8
100
40-60

VI
         
Grasas (5 g)           
Poliinsaturada 0
0
5
45
0

Monoinsaturada 0
0
5
45
mínimo
Saturada 0
0
5
45
exceso
HC= Hidratos de carbono P= Proteínas G= Grasas

Ejercicio o actividad física

El ejercicio físico es un recurso auxiliar importante en la atención del diabético, con el que se obtiene un mayor beneficio cuando el programa se diseña con base en la condición física, motivación e intereses de cada paciente (cuadro III).

Cuadro III.

Indicación de ejercicio en el paciente ambulatorio diabético tipo 2

Previo a la indicación de ejercicio investigar:
– Factores de riesgo cardiovascular
– Plan de alimentación y los resultados en el control de la enfermedad
– Presencia de:
– Trastornos vasculares a nivel neurológico, de corazón y retina

-·Neuropatía

-·Enfermedades concomitantes

– Complicaciones agudas y crónicas (frecuencia, gravedad)

– Hábitos de ejercicio: gustos, costumbres, estilos de vida, factores culturales,
psicosociales (redes de apoyo), educacionales y económicos

– Grado de aceptación de la enfermedad
– Manejo farmacológico:
-·Hipoglucemiantes orales

-·Insulina

Beneficios que aporta el ejercicio

1. Disminución de la concentración de glucemia durante y después del ejercicio.

2. Disminución de la concentración basal y posprandial de insulina.

3. Disminución de la concentración de hemoglobina glucosilada.

4. Mejoría de la sensibilidad a la insulina al incrementar el número de receptores insulínicos y la afinidad con la hormona.

5. Mejoría en la concentración de los lípidos plasmáticos:

– Disminución de los triglicéridos totales.

– Disminución del colesterol total y de las lipoproteínas de baja densidad (LDL).

– Aumento de las lipoproteínas de alta densidad (HDL).

– Aumento en el gasto de energía.

– Reducción de peso al combinarlo con un plan de alimentación adecuado.

– Disminución del tejido adiposo.

– Mantenimiento de la masa corporal magra.

6. Mejoría en el acondicionamiento cardiovascular.

7. Mejoría en la sensación de bienestar y la calidad de vida.

Consideraciones en la prescripción del ejercicio físico

– Antes de prescribirlo el paciente debe ser revisado intencionalmente en busca de complicaciones e individualizar su tratamiento.

– Debe iniciarse de forma lenta y progresiva, además de practicarse a intervalos regulares por lo menos 3 a 4 veces por semana y gradualmente aumentar la duración. Iniciar con sesiones de máximo 20 minutos.

– No debe implicar trauma para los pies.

– El ejercicio prolongado puede potenciar los efectos hipoglucemiantes, tanto de los agentes orales como de la insulina.

– Si la glucemia en ayuno es >300 mg/dL, se sugiere posponer el ejercicio hasta que sea controlada.

– La práctica de ejercicio después de las cuatro de la tarde puede reducir la liberación de glucosa hepática y disminuir la glucemia en ayuno.

– El ejercicio puede reducir la hiperglucemia pos-prandial.

– En los diabéticos que reciben insulina se procurará:

– No realizar ejercicio durante el efecto máximo de la insulina.

– Administrar la insulina lejos de los segmentos corporales que se ejercitan.

– Si el paciente recibe una sola dosis de insulina de acción intermedia, disminuirla 30% los días en que se realiza el ejercicio.

– Están contraindicados los deportes de contacto (futbol, baloncesto, karate, etcétera) y los aeróbicos de alto impacto.

– Los pacientes con pobre control metabólico y los que tienen complicaciones diabéticas como retinopatía proliferativa activa, deben evitar aquellos ejercicios que se asocian con aumento de la presión intraabdominal, movimientos rápidos de la cabeza o riesgo de trauma ocular. Los diabéticos que además son hipertensos deben evitar el levantamiento de pesas y la maniobra de Valsalva.

Intensidad

Para adquirir un acondicionamiento cardiovascular y físico adecuado debe planearse una actividad de 50 a 70% de la capacidad de cada individuo para el ejercicio.

Tratamiento farmacológico

Se debe considerar éste cuando no se puede lograr niveles plasmáticos de glucosa cercanos a las cifras normales con la terapia nutricional y el ejercicio físico; en este caso el médico decidirá la mejor alternativa farmacológica para el paciente al considerar:

– La severidad de la enfermedad.

– La presencia de manifestaciones clínicas y de enfermedades concomitantes, como infecciones crónicas.

– La responsabilidad y motivación del paciente en su propio control.

– La colaboración de su familia.

– La edad.

– El índice de masa corporal.

(Véase algoritmo de manejo médico farmacológico en el paciente ambulatorio con DM 2.)

Hipoglucemiantes orales

En la actualidad sólo se emplean dos tipos de hipoglucemiantes orales: sulfonilureas y biguanidas.

Sulfonilureas

Son eficaces en pacientes con DM 2 en los que el empleo de hipoglucemiantes orales no está contraindicado, es decir, en pacientes que tienen secreción endógena de insulina, no son alérgicos a las sulfas, no tienen daño hepático o renal severo, no cursan con embarazo, no están amamantando ni tienen descontrol que amerite hospitalización.

El beneficio que aportan las sulfonilureas es estimular las células beta del páncreas. Las nuevas sulfonilureas del tipo de la glimepirida tienen acción en receptores específicos de sulfonilureas y condicionan una respuesta más fisiológica en la producción de insulina. La persistencia de niveles de glucemia adecuados a pesar de un incremento en los niveles de insulina sugiere algunas acciones extrapancréaticas de esta familia de fármacos.

Para utilizar adecuadamente estos hipoglucemiantes se debe considerar la farmacodinamia, así como los efectos adversos por su administración.

Farmacodinamia

En general se absorben rápido. La concentración máxima se alcanza en corto tiempo y se difunden con rapidez a los tejidos. Su principal efector es la célula beta. Se unen a las proteínas plasmáticas en más de 90%, lo que les confiere acción prolongada; debido a esta propiedad, en el tratamiento crónico se recomienda una o dos dosis diarias. Su degradación se lleva a cabo principalmente en el hígado y sus catabolitos son eliminados por el riñón o la bilis. Algunos de los catabolitos pueden tener acción hipoglucemiante como la clorpropamida y la glibenclamida; esta condición explica que en ocasiones tengan una acción aún más prolongada, sobre todo en pacientes con insuficiencia renal.

En los cuadros IV y V se indican las propiedades y dosis de las sulfonilureas disponibles en México.

Cuadro IV.

Propiedades farmacológicas de las sulfonilureas

  Año*
Concentración

máxima

en horas
Actividad
biológica

en horas
Catabolitos

activos
S

1ª Generación         
Tolbutamida
1956
1-2
6-12
no
100

Clorpropamida
1957
1-7
24-72
si
95

2ª Generación         
Glibenclamida
1969
1.5-4
20-24
+/-
50

Glipicida
1971
1-5
14-16
no
70

Glicacida
1972
0-8
10-15
no
65

* = Año en que se inició su empleo clínico
S = Porcentaje de excreción renal, el resto lo hace por vía biliar
   

Cuadro V.

Dosificación de las sulfonilureas

  mg por
Dosis
Dosis
Tomas

  tableta
inicial
máxima
/día *

Tolbutamida 500 y 1000
500
3000
1-3

Clorpropamida 250
125
500
1

Glibenclamida 5
2.5
20
1-2

Glipicida 5
2.5
40
1-3

Glicacida 80
40
320
1

* Se divide la dosis cuando se requiere más de una o dos tabletas 

Indicaciones

Las sulfonilureas sólo se encuentran indicadas en pacientes que no hayan logrado su control óptimo con la dieta y el ejercicio. Para obtener un mayor beneficio se deben utilizar ante las siguientes condiciones:

– Edad mayor de 40 años.

– Peso normal o sobrepeso.

– Evolución de la enfermedad menor de 10 años.

– Control de la enfermedad con menos de 40 unidades diarias de insulina.

– Cifras de glucemia menores a 300 mg/dL.

– Cumplimiento de la dieta y del ejercicio físico programados.

Contraindicaciones

Las más importantes son:

– DM 1, ya sea autoinmunitaria o por otras enfermedades pancreáticas.

– Embarazo o lactancia.

– Infecciones graves.

– Descontrol metabólico agudo.

– Cetoacidosis o estado hiperosmolar.

– Traumatismo grave.

– Estrés grave.

– Alergia a las sulfas.

– Pacientes que tengan riesgo de presentar hipoglucemia como ancianos, anoréxicos, con baja ingesta de calorías, insuficiencia hepática o renal en fase terminal.

Efectos adversos de las sulfonilureas

Se manifiestan en los siguientes sitios:

Sangre: agranulocitosis, anemia aplástica y hemolítica.

Piel: prurito, edema nodoso, eritema multiforme, dermatitis exfoliativa, síndrome de Stevens-Johnson, fotosensibilidad.

Aparato digestivo: náusea, vómito, pirosis, ictericia, hepatitis granulomatosa, colestasis.

Estrategias en el tratamiento

En pacientes en quienes se inicia tratamiento con sulfonilureas se puede escoger cualquiera administrada media hora antes del desayuno en una sola toma. La dosis debe adecuarse cada semana hasta alcanzar el control óptimo o la dosis máxima permitida. Cuando se logra el control deberá continuarse con la misma dosis y realizar adecuaciones sólo cuando sea necesario.

Es importante que el médico insista que aun con el tratamiento con hipoglucemiantes es necesario cumplir con la dieta, el ejercicio físico y las citas médicas asignadas para el control de la enfermedad, con la finalidad de obtener la respuesta esperada e identificar las fallas por la presencia de infecciones o complicaciones. La identificación de éstas en fases tempranas permite dar tratamiento oportuno o realizar los ajustes necesarios.

Se ha estimado que de 10 a 30% de los pacientes tratados con sulfonilureas presenta falla primaria, es decir, no obtiene un control adecuado en la fase inicial por selección equivocada del medicamento. De 5 a 10% de los diabéticos presenta falla secundaria, es decir, respuesta inadecuada a las sulfonilureas por falta de cumplimiento a la dieta y ejercicio físico, presencia de enfermedades intercurrentes tales como infarto agudo del miocardio, infecciones no diagnosticadas, hipertiroidismo, administración de otros medicamentos o falla verdadera de las sulfonilureas.

Cuando la falla de las sulfonilureas no se corrige con las medidas anteriores se puede intentar la combinación de éstas con biguanidas, ya que sus efectos son sumatorios, iniciando con la dosis media de ambos hipoglucemiantes. (Véase algoritmo de manejo médico farmacológico en el paciente ambulatorio con DM 2.)

Interacción de medicamentos con sulfonilureas

Los medicamentos interactuantes más comunes según su tipo de acción son los siguientes:

Acción antagónica

Alteran la acción o secreción de insulina: diuréticos, difenilhidantoína, betabloqueadores, esteroides, estrógenos, indometacina, isoniacida, ácido nicotínico.

Acortan la vida media de las sulfonilureas: alcohol y rifampicina.

Acción potencializadora

Desplazan las sulfonilureas de las proteínas: sulfonamidas, salicilatos, pirazolonas, clofibrato.

Prolongan la vida media al impedir el catabolismo: dicumarol, cloranfenicol, pirazolona, inhibidores de la monoaminooxidasa.

Disminuyen la eliminación renal: Salicilatos, pirazolonas, sulfonamidas y alopurinol.

Biguanidas

Las biguanidas más que verdaderos hipoglucemiantes son medicamentos cuyo mecanismo de acción es disminuir la producción hepática de glucosa, aumentar la captación de glucosa por los tejidos, favorecer el transporte intracelular de glucosa, mejorar la sensibilidad a la insulina y disminuir el apetito.

Farmacodinamia

La absorción de las biguanidas es rápida, alcanza su máxima concentración entre 1 y 2.5 horas y de 50 a 60% es biodisponible y no se une a las proteínas del plasma. Se eliminan por riñón e intestino, su vida media es de 2 a 4.5 horas y 90% es depurado por el riñón a las 12 horas.

Indicaciones

Por sensibilizar a la acción de la insulina endógena se han utilizado en otros estados de resistencia a la insulina. Se encuentran indicadas en pacientes con DM 2, sobrepeso e hipertrigliceridemia sin respuesta adecuada a la dieta y ejercicio, en pacientes con falla primaria o secundaria a las sulfonilureas. En los ancianos deberán emplearse con precaución, debido a que incrementa la probabilidad de acidosis láctica, sobre todo en pacientes mal seleccionados.

Contraindicaciones

Estas son las más frecuentes:

– Insuficiencia renal

– Insuficiencia hepática

– Insuficiencia cardiaca

– Insuficiencia respiratoria

– Enfermedades respiratorias crónicas

– Embarazo

– Pacientes con alcoholismo

– Antecedentes de acidosis láctica

Estrategias en el tratamiento

Las biguanidas se utilizan en primera instancia en pacientes obesos y en asociación con las sulfonilureas cuando éstas fallan. El tratamiento se inicia con dosis mínimas, de 25 mg de fenformina o 500 mg de metformina antes de cada comida. Cuando se utilizan las formas de acción prolongada se prescriben cada 12 horas.

Los efectos secundarios se presentan en un grupo reducido de pacientes y predominan las manifestaciones del tubo digestivo con dolor epigástrico, sabor metálico, náuseas, anorexia y acidosis láctica.

Insulina

En los pacientes con DM 2 que presentan falla primaria o secundaria a los hipoglucemiantes orales es posible añadir una pequeña dosis de insulina intermedia y cuando este procedimiento no resulte adecuado, se suspenderán los hipoglucemiantes orales para continuar el control exclusivamente con insulina. Algunos diabéticos obesos presentan resistencia a la insulina, por lo que en ocasiones requieren dosis mayores. El esquema de su aplicación y sus modificaciones posteriores pueden ser similares a las que se siguen en los pacientes con DM 1.

Indicaciones

Los pacientes con DM 2 pueden requerir insulina cuando cursan con infecciones graves, en el posoperatorio o en algunas situaciones de estrés agudo o severo, coma cetoacidótico o hiperosmolar, embarazo y catabolia.

En el cuadro VI se indican los tipos de insulina, la vía de administración y el tiempo de acción.

Cuadro VI.

Tipo de insulina

Origen Tipo
Vía de admón.
Inicio
Duración

    y acción
(horas)
(horas)

B,P,H R SC/IM/IV/corta ½ h
6 h

B,P,H N SC/intermedia 2-4
18-24

B,P,H L SC/intermedia 2-4
18-24

B Pzi SC/prolongada 4-6
24-36

H Mezcla* SC/corta e intermedia ½
18-24

B=Bovina P=Porcina H = Humana
R=Rápida N=nph L = Lenta

Pzi=Protamina zinc SC=Subcutánea IM = Intramuscular

IV=Intravenosa

* N-70 % + R-30 %
 

Dosis de insulina

Idealmente la insulina que debe utilizarse es la humana. La dosis cotidiana se calcula entre 0.5 a 1.2 U/kg de peso por día. El tratamiento se inicia con dosis bajas de insulina intermedia, de 0.2 a 0.4 U/kg/día, y se van incrementando las unidades a razón de 2 a 3 U de acuerdo con las cifras de glucemia. Durante las situaciones de estrés agudo o severo generalmente se requiere aumentar la dosis.

Uno de los principales problemas del tratamiento con insulina exógena es no poder reproducir el patrón de secreción de la hormona fisiológica. En la selección de la insulina apropiada para cada paciente debe tomarse en cuenta el tipo de diabetes, los hábitos del paciente, la dieta, la dosis y el tipo de insulina que se va a administrar.

A continuación se señalan los esquemas de tratamiento con insulina más utilizados:

Una sola dosis de insulina intermedia al día. Se aplica antes del desayuno. Tiene las desventajas de no prevenir la hiperglucemia nocturna y de la limitación de la dosis, ya que no se recomienda para pacientes que requieren más de 40 U al día.

Dos aplicaciones de insulina intermedia al día. Es uno de los esquemas más utilizados. Con esta forma de aplicación se previene la hiperglucemia nocturna y se puede administrar dosis altas de insulina. Se aconseja administrar dos tercios de la dosis antes del desayuno y el tercio restante antes de la cena.

Tres aplicaciones de insulina al día. Esta forma de tratamiento es una variante de la anterior, en la que la dosis de insulina nocturna se divide entre insulina rápida (que se aplica antes de la cena) e insulina intermedia (que se aplica al momento de ir a dormir). En general se indica cuando no se puede controlar la glucemia con dos dosis de insulina intermedia al día.

Las de tres aplicaciones de insulina al día. La variante más empleada en este esquema consiste en dividir la dosis de insulina en una aplicación de insulina rápida antes de cada alimento y una dosis de insulina intermedia al momento de ir a dormir.

Bombas de infusión de insulina. La administración de insulina mediante una bomba de infusión se aproxima a la secreción fisiológica, puesto que se proporciona una cantidad constante de la hormona y se aumenta la velocidad de infusión antes de cada comida. La insulina que se utiliza es de acción rápida. Actualmente no se dispone de bombas de infusión en México.

En el cuadro VII se presentan alternativas para modificar los esquemas de tratamiento de la DM 2.

Cuadro VII.

Modificaciones requeridas en la dosis de insulina según niveles

de concentración de glucemia durante 2 ó más días en los momentos señalados

Glucemia Antes del  Antes de la Antes de la Al acostarse
  desayuno comida cena 
Alta  Añadir insulina Añadir insulina Aumentar insulina Añadir insulina 
  de acción intermedia de acción rápida de acción intermedia  de acción rápida 
  antes de la cena. antes del desayuno. antes del desayuno. antes de la cena.
Baja  Reducir insulina Reducir insulina Reducir insulina Reducir insulina
  de acción intermedia de acción rápida de acción intermedia de acción rápida 
  antes de la cena. antes del desayuno. antes del desayuno. antes de la cena.
Los aumentos y reducciones de insulina serán de dos unidades cada vez

Complicaciones

Puede originar hipoglucemia la aplicación de una dosis mayor de insulina a la que el paciente necesita para su control, la ingestión insuficiente de alimentos y el exceso de ejercicio. Se considera que existe hipoglucemia cuando la concentración de glucosa sanguínea es inferior a 50 mg/dL. Esta puede sospecharse con base en la sintomatología que además permite clasificarla en tres categorías:

Leve: Cuando los pacientes presentan activación del sistema adrenérgico, es decir, palpitaciones, diaforesis, palidez y temblor.

Moderada: Cuando presentan disminución de la función motora, con trastornos en el estado de conciencia de leve a moderado, sin perder la capacidad de intentos para contrarrestar el efecto del hipoglucemiante.

Grave: Cuando presentan alteraciones severas del estado de conciencia, convulsiones y coma, lo cual es poco frecuente.

Otras condiciones comunes asociadas con respuesta refractaria a la insulina son las enfermedades concomitantes como las neoplasias, la aplicación ficticia de insulina o alergia a la misma, la lipodistrofia y la producción de anticuerpos contra la hormona relacionada con el uso de insulina bovina que se presenta en algunos diabéticos.

REFERENCIAS

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Fuente
Rev Med IMSS (Mex)1997; Volumen 35 (5):353-368
En Biblioteca Virtual en Salud de México

Diabetes y nutricion (archivo en ingles y texto en español)

Diabetes y nutricion

¿Por qué es importante lo que como?
Lo que usted come guarda una estrecha relación con la cantidad de azúcar en la sangre. Elegir los alimentos correctos lo ayudará a controlar su nivel de azúcar en la sangre.

¿Debo seguir una dieta especial?
No hay una “dieta para diabéticos”. Su médico probablemente le sugiera trabajar con un nutricionista registrado para diseñar un plan de comidas. Un plan de comidas es una guía que le indica qué tipo de alimentos puede elegir para sus comidas, y para bocadillos (refrigerios), y en qué cantidad puede comerlos. Para la mayoría de las personas con diabetes, así como también para aquéllos que no la tienen, una alimentación saludable consiste en un 40% a un 60% de calorías provenientes de los carbohidratos, un 20% proveniente de las proteínas y un 30% o menos proveniente de la grasa.

¿Puedo comer cualquier tipo de azúcar?
Sí. En los últimos años, los médicos han descubierto que el consumo de algo de azúcar no suele causarle problemas a la mayoría de las personas con diabetes, siempre que ésta sea parte de una alimentación equilibrada. Sólo debe poner atención a cuánta cantidad de azúcar consume y debe procurar no agregar azúcar a los alimentos.

¿Qué tipos de alimentos puedo comer?
En general, puede elegir entre 2 y 5 opciones (o hasta 60 gramos) de carbohidratos, 1 opción de proteínas y cierta cantidad de grasa por cada comida. Consulte a su médico o nutricionista para obtener consejos específicos.

Los carbohidratos. Los carbohidratos se encuentran en las frutas, verduras, leguminosas, productos lácteos y alimentos con almidón tales como los panes. Procure comer frutas frescas en lugar de frutas enlatadas ?a menos que éstas estén envasadas en agua o en su propio jugo?, jugos de frutas o frutas secas. Puede comer verduras frescas y verduras congeladas o enlatadas. Los aderezos como la mayonesa sin grasa, la salsa de tomate y la mostaza también son carbohidratos.

Las proteínas. Las proteínas se encuentran en la carne, aves, pescado, productos lácteos, leguminosas y en algunos vegetales. Procure comer aves y pescados con mayor frecuencia que carne roja. No coma la piel de las aves, y retire la grasa en exceso de todas las carnes. Elija productos lácteos descremados o con un contenido bajo en grasa como los quesos y los yogures.

La grasa. La mantequilla, margarina, manteca y aceites añaden grasa a los alimentos. La grasa también se encuentra en muchos productos lácteos y de carne. Procure evitar alimentos fritos, platos elaborados con mayonesa ?a menos que la mayonesa sea sin grasa?, yemas de huevos, tocino y productos lácteos con un alto contenido en grasa. Su médico o nutricionista le indicará cuántos gramos de grasa puede comer por día. Cuando coma versiones de alimentos elaborados sin grasa ?como la mayonesa y la mantequilla? revise la etiqueta para ver cuántos gramos de carbohidratos estos contienen. Tenga en cuenta que estos productos con frecuencia suelen contener azúcar agregada.

¿Qué es la lista de intercambio?
La lista de intercambio ?vea el ejemplo de abajo? es una herramienta que lo ayudará a planificar comidas y bocadillos saludables. Para hacer que su dieta sea más variada, puede reemplazar ciertos alimentos por otros del mismo grupo. En la columna de la derecha se proporcionan algunos ejemplos.

Ejemplo de lista de intercambio

Grupo de alimentos Puede consumir… O cambiar por…
Frutas: cada porción contiene aproximadamente 15 gramos de carbohidratos 1 pedazo de fruta fresca pequeño o mediano 1/2 taza de jugo de fruta, o fruta enlatada o en trozos
Verduras: cada porción contiene aproximadamente 5 gramos de carbohidratos 1 taza de verduras crudas 1/2 taza de verduras cocidas o de jugo de verduras
Almidones: cada porción contiene aproximadamente 15 gramos de carbohidratos 1 rebanada o una onza (31 gramos) de pan 1/2 taza de pasta, cereal, verduras que contienen almidón
Azúcar, miel, melazas 1 cucharadita 4 gramos de carbohidratos
Leche: no incluye crema, yogur o queso 1 taza de leche 12 gramos de carbohidratos y 8 gramos de proteínas
Carne 1 onza (31 g) de carne, pescado, ave, queso o yogur 1/2 taza de leguminosas
Grasa: incluye nueces, semillas y pequeñas cantidades de tocino y mantequilla de maní 1 cucharadita de aceite, mantequilla o margarina 5 gramos de grasa

¿Qué sucede si mi azúcar en la sangre está por debajo o por encima de lo normal?
Si su nivel de azúcar en la sangre es bajo, usted puede sentirse fastidiado, cansado, confundido, tembloroso o sudoroso. Esta condición se conoce con el nombre de hipoglicemia. Esto puede ocurrir después de que usted haya trabajado mucho o hecho demasiado ejercicio. Si su nivel de azúcar en la sangre está bajo, usted primero debe verificar su nivel de azúcar en la sangre, y luego beber jugo de frutas o un refresco carbonatado común (no dietético) inmediatamente. En general, esto hará que su nivel vuelva a alcanzar un valor normal.

Sin embargo, si tiene mucha sed, orina mucho o tiene la visión borrosa, es posible que su nivel de azúcar en sangre esté muy alto. Verifique su nivel de azúcar en sangre y consulte con su médico para saber qué debe hacer.

Este panfleto fue elaborado por la American Academy of Family Physicians (La Academia Estadounidense de Médicos de Familia), con la colaboración de la American Diabetes Association (Asociación Estadounidense para la Diabetes).

Conceptos Erróneos sobre la Diabetes y su Dieta
Kathryn von Saalfeld

Debido a que la diabetes mellitus comúnmente es referida como la “enfermedad del azúcar”, muchas personas erróneamente piensan que es causada por comer demasiada azúcar refinada. Aunque es cierto que el azúcar y otros carbohidratos simples pueden producir un aumento rápido de la glucosa, o azúcar, en sangre, no causan la diabetes. La etiología, o causa, de esta enfermedad crónica es aún desconocida, pero se sabe que la herencia, la obesidad y el consumo excesivo de calorías son importantes.

Otro mito común sostiene que una persona diabética debe excluir las “harinas” de su dieta. La cantidad de carbohidratos que un diabético puede consumir al día depende tanto de su requerimiento calórico, como de su plan de tratamiento de la diabetes, como por ejemplo la dieta que le haya sido prescrita, o si debe o no inyectarse insulina.

Las “harinas”, o carbohidratos complejos, se encuentran principalmente en los panes, los granos como el arroz, los cereales, las pastas y las verduras harinosas, como la papa y la yuca. Ya que éstos proporcionan energía, vitaminas, minerales y fibra, es importante incluírlos en los tiempos de comida más fuertes. Es preferible comer aquéllos que son de grano entero, o integrales, ya que aportan una mayor cantidad de fibra que enlentece la absorción de glucosa por el cuerpo.

Lo mismo sucede con el azúcar simple. La creencia de que debe ser eliminada de la dieta de un diabético se basa en que el azúcar simple es más rápidamente absorbida que otros tipos de carbohidratos, y que puede agravar la hiperglicemia. Mientas exista un adecuado suministro de insulina para metabolizarla, una persona con diabetes puede ingerir cantidades moderadas de azúcar, siempre y cuando cuide los alimentos consumidos que contengan azúcar.

Ya no se considera necesario preparar platillos por separado, “especiales”, para los miembros diabéticos de una familia. Hoy en día, tanto el público como la comunidad médica se ha percatado de la importancia de lo importante que es una dieta balanceada para mantener la salud en general, a la vez que se reconoce que los principios recomendados en una dieta sana para un diabético son muy similares a lo que deberían consumir todos.

Diabetes mellitus y ejercicio

Diabetes Mellitus y Ejercicio
El ejercicio es un factor muy importante a tener en cuenta al elaborar un programa para el control de la diabetes. Además del hecho de que mejora el tono muscular, y mantiene saludables al corazón, vasos sanguíneos y pulmones, el ejercicio hace bajar el colesterol y los triglicéridos. Otros beneficios incluyen el gasto de calorías, lo cual ayuda a las personas con diabetes no insulinodependiente a lograr un peso adecuado y a mantenerlo. El ejercicio contribuye al control de la diabetes porque potencia la acción de la insulina y así se disminuye la cantidad de medicación que se requiere. Un programa balanceado de ejercicio reduce la tensión y el estrés, mejora la concentración y hace disminuir el apetito.

Programas de Ejercicio para Personas con Diabetes
Ejercicio para las Personas que están Excedidas de Peso y que tienen Diabetes Tipo II
Ejercicios para Personas con Diabetes Tipo I
Preguntas y Respuestas

Fuente
The Healing Handbook for Persons with Diabetes
http://www.umassmed.edu/diabeteshandbook/Spanish/chap07_s.htm#ExercisePrograms

Programas de Ejercicio para Personas con Diabetes
Las mejores actividades para usted son ejercicios aeróbicos vigorosos. Este tipo de ejercicios usan los grupos musculares grandes, aumentan la energía y mejoran la salud en general. Pida mas información al personal de la oficina de su médico, o saque ideas de Ejercicio y Diabetes, un folleto escrito por Jean Kapetanios (ordénelo a Area Health and Education Center, 81 Plantation St, Worcester, MA 01605), o The Diabetic’s Sports and Exercise Book por June Biermann y Barbara Toohey.

A continuación detallamos algunas actividades aeróbicas que pueden gustarle hacer:

Caminar
Correr

Patinar

Tennis
Remo
Saltar la cuerda

Baile aeróbico

Patín de hielo

Esquí nórdico o cross country
Nadar
Andar en bicicleta

Fútbol (Soccer)

Básquetbol

Bicicleta estacionaria

 

Las siguientes, NO son consideradas actividades aeróbicas

Béisbol/ Softbol
Bowling
Fútbol americano
Voleibol
Montar a caballo
Golf

Hay muchas formas prácticas de aumentar la actividad física. El caminar es una de las actividades más fáciles: ppuede caminar al supermercado en vez de manejar, puede pasear al perro, estacionar el auto mas lejos de lo usual, para así obligarse a caminar un poco, bajarse del ómnibus dos paradas antes y caminar el resto del camino. El caminar, es un ejercicio ideal, no importa su edad. No es peligroso, es barato, requiere menos fuerza física que muchos otros deportes, y usted no necesita tomar lecciones para comenzar. Puede caminar solo, o acompañado, en lugares cerrados o al aire libre.

Para caminar cómodamente, use calzado apropiado. Nunca camine descalzo. Use ropa holgada, y de tal manera que si siente mucho calor, pueda sacarse algo de ropa. Comience lentamente, y aumente la distancia y la velocidad cada semana. Haga paseos largos y fáciles, y respire profundamente. Tenga con usted algún caramelo para proveer azúcar de acción rápida si es que lo necesita, y esté pendiente de la aparición de síntomas de hipoglucemia. Si hace calor, también lleve agua para beber. Luego de caminar, inspeccione sus pies para estar seguro que no tiene ampollas o lastimaduras.

 

El caminar, quema calorías 
Millas que ha caminado  Calorías utilizadas 
2
3
4
5  150 – 240
240 – 360
350 – 420
420 – 480 

Además de caminar, hay otras formas de mantenerse activo que ni siquiera parecieran ser ejercicio. Por ejemplo, use las escaleras en vez del ascensor o las escaleras mecánicas. Si es que está mirando televisión, levántese durante las propagandas comerciales, y dé unas vueltas por su casa. Use aparatos manuales en vez de eléctricos; cortar el césped, rastrillar las hojas, lavar el auto — aún lavar ventanas o pisos pueden constituir un buen ejercicio y utilizar calorías extra.

ANTES DE COMENZAR CUALQUIER TIPO DE EJERCICIO, VEA A SU MEDICO PARA QUE DETERMINE QUE USTED ESTA EN CONDICIONES DE EJERCITARSE.
USE ALGUN TIPO DE IDENTIFICACION MEDICA, YA SEA UN BRAZALETE O UN COLGANTE, O UNA TARJETA EN SU BILLETERA QUE DEBE TENER CONSIGO CUANDO ESTA HACIENDO EJERCICIO.
NUNCA HAGA EJERCICIO CUANDO NOTA QUE SU GLUCEMIA ESTA ALTA Y ADEMAS TIENE CETONAS EN LA ORINA. EN ESOS CASOS, EL EJERCICIO PUEDE DESENCADENAR CETOACIDOSIS DIABETICA
Monitoreo de la Glucemia Durante el Ejercicio
Al comenzar un programa de ejercicio, mida su azúcar sanguínea antes, durante y después de hacer ejercicio. Al medir su glucemia usted podrá:

Conocer la respuesta que su cuerpo tiene al ejercicio
Evitar episodios de hipoglucemia
Determinar tipo y cantidad del snack a comer antes del ejercicio

Ejercicio para las Personas que están Excedidas de Peso y que tienen Diabetes tipo II

Es muy probable que luego de un día de trabajo, usted no se sienta con ganas de hacer ejercicio. Pero, les aseguramos que cuando usted logre un control aceptable sobre su diabetes, se sentirá mucho mejor. La forma de lograr este objetivo es a través del seguimiento de la dieta y el ejercicio. El ejercicio disminuye su apetito y mejora la actividad de la insulina que su cuerpo aún produce. Además, recuerde que meintras se ejercita, quema calorías, que de otra manera serían almacenadas en el cuerpo en forma de grasa. Al utilizar más calorías de las que usted come, usted va a bajar de peso y estará en condiciones de ejercitarse aún más.

La cantidad de calorías que se queman en cada sesión de ejercicio, depende de su tamaño, y en el tipo, duración e intensidad del ejercicio. Haga ejercicio bien seguido. Ir a jugar al bowling una vez por semana no es suficiente. Para tener mejor resultado, haga ejercicio 5 veces a la semana por lo menos por 30 minutos cada vez.

Ejercicios Fáciles para Principiantes
Ejercicios que promuevan agacharse y estirarse son buenos para principiantes porque son fáciles y con menor probabilidad de causar lesiones que otro tipo de ejercicio. Aún cuando usted avance en el tipo y dificultad del ejercicio, es siempre una buena idea prepararse para cada sesión con unos pocos minutos de agacharse y estirarse. Además de estos ejercicios, hay otros ejercicios fáciles que un principiante puede hacer sobre la cama, o en una estera en el piso o sentado en una silla.

Agacharse y estirarse: Parado con las piernas separadas, dóblese hacia adelante, atrás y a cada lado.
Estos ejercicios usted puede hacer mientras está acostado en su cama o en un colchón en el piso:

Ejercicios para los pies : Mueva los dedos de los pies en una manera circular.
Luego, mueva ambos pies , con movimientos circulares, primero hacia un lado, luego hacia otro.
Elevaciones de las rodillas: Acostado de espalda, levante una rodilla lo mas cerca que pueda del pecho, y luego bájela lentamente. Repita con la otra rodilla.
Rodar: Comience de espaldas, eleve sus brazos por arriba de su cabeza. Estírese, luego ruede de un lado al otro lentamente.
Piernas: Acostado sobre un costado, levante una pierna y muévala en forma circular. Dése vuelta hacia el otro lado y repita con la otra pierna
Ejercicios que usted puede hacer mientras está sentado en una silla :

Círculos con los brazos: levante ambos brazos por delante suyo. haga un movimiento circular primero con un brazo y luego con el otro. Luego extienda los brazos hacia los costados y mueva los brazos en círculo primero en una dirección y luego en la otra. Repita desde el comienzo
Brazos: Mientras está sentado, apoye las manos en los brazos de la silla y trate de levantar su cuerpo de la silla usando solo la fuerza de sus brazos.

Asma

El asma es una enfermedad inflamatoria del aparato respiratorio que provoca dificultad en la respiración (disnea). Este término procede del griego ‘âsthma [jadeo] + -ma (griego). El asma es una afección respiratoria fundamentalmente de origen alérgico. Está muy extendida entre la población, en particular aquella que viven en las grandes ciudades.

Epidemiología 

El asma es una enfermedad frecuente que varía mucho de un país a otro. Afecta alrededor del 3 al 7% de la población adulta, siendo más frecuente en edades infantiles. En niños es una de las más importantes enfermedades crónicas. Es más frecuente en el sexo masculino, pero al llegar a la pubertad, esta relación cambia. En los últimos veinte años se ha registrado un aumento en su indicencia debido en parte a la contaminación ambiental y las consecuencias de esta. La enfermedad tiene un fuerte componente hereditario y hasta el momento no se ha demostrado ninguna de las hipótesis infecciosas propuestas como origen del cuadro.

Mecanismo de producción de asma 
Vías aéreas inflamadas y broncoconstricción en el asma.Aunque se conoce que el asma es una condición causada por una inflamación crónica de las vías aéreas, los componentes precisos de esta inflamación están todavía por dilucidar y las causas de esta inflamación son inciertas. Muchas células inflamatorias pueden estar implicadas e interactuar con otras de alguna manera compleja.

Existe ya una evidencia persuasiva de que los mastocitos juegan un importante papel en la respuesta inmediata al alérgeno y el asma inducido por el esfuerzo y el relacionado con alimentos, pero las células responsables de la inflamación crónica que provocan la hiperreactividad bronquial son los macrófagos, los eosinófilos y linfocitos T, todos ellos aparecen activados en el asma. Los linfocitos T están programados para producir ciertas citoquinas (células Th2) que conducen a la característica inflamación eosinofílica. Esta programación comprende a células presentadoras de antígeno, tales como las células dendríticas en el epitelio de vía aérea.

El proceso de inflamación crónica puede que conduzca a cambios estructurales, tales como la fibrosis, el engrosamiento o hipertrofia del músculo liso bronquial y la angiogénesis lo que puede dar lugar a una obstrucción irreversible de la vía aérea.

Desde el punto de vista emocional, si bien no se ha precisado su causa, está bien definido que las emociones del paciente toman un papel muy importante en el desarrollo de la enfermedad. En un nivel subconsciente el asma puede desarrollarse más en infantes que provienen de hogares conflictivos, evidenciando de esta manera que el estrés es el principal factor desencadenante. Es fundamental, para el enfermo de asma, llevar una vida no solo llena de cuidados en relación a los agentes patógenos desencadenantes, sino también cuidados en cuanto a su ambiente emocional para que su vida transcurra sin estrés.

Causas 
El asma bronquial es común en personas jóvenes con una historia clínica de catarros continuados, o de antecedentes familiares asmáticos. Las crisis de asma se relacionan con el consumo de ciertos alimentos o la presencia de determinados agentes alergenos. Las causas que provocan el asma bronquial y motivan la respuesta de los mecanismos principalmente inmunológicos se clasifican en:

Extrínsecas. Son agentes alergenos (polen, lana, polvo, etc.) o contaminación atmosférica, materias irritantes, variaciones meteorológicas, etc.
Intrínsecas. Están representadas por microbios, hongos, etc., y tos, trastornos psíquicos, etc.
Mixtas. Combinación con frecuencia de naturaleza bacteriana de factores intrínsecos y extrínsecos.

Sintomatología 
Los síntomas más característicos del asma bronquial son la disnea o dificultad respiratoria de intensidad y duración variable y con la presencia de espasmos bronquiales, habitualmente acompañados de tos, secreciones mucosas y respiración sibilante.

Evolución 
La evolución de la reacción asmática constituye un proceso cuyas principales fases son:

Crisis. Tiene lugar como reacción de los mecanismos inmunológicos o no inmunológicos frente a agentes alergenos, microbianos, etc.
Ataque. Sobreviene al persistir el estado de crisis y constituye una acentuación de la misma.
Agudización. Tiene lugar cuando el estado anterior no disminuye después del tratamiento habitual y, con frecuencia, la tos, acentúa la irritación bronquial.

Tratamiento Convencional 
El tratamiento convencional del asma bronquial puede ser:

Sintomático. Tiene por objeto interrumpir la crisis mediante medicamentos de acción rápida (adrenalina), corticoides, etc.
Preventivo. Indica el uso regular de broncodilatadores, antihistamínicos, corticosteroides, gimnasia respiratoria, inmunoterapia especifica, etc.

Variaciones 
Asma producido por esfuerzo
Asma ocupacional
Asma alérgica

Clasificación evolutiva 
Basada en los patrones de obstrucción bronquial medida a través de aparatos de registro tipo Peak Flow Meter o espirometría:

Asma intermitente: el síntoma aparece de vez en cuando, no frecuentemente
Asma persistente
Asma estacional
Asma nocturna-matutina
Asma inestable o caótica

Tolle, Eckhart – El Poder del Ahora

INTRODUCCIÓN
EL ORIGEN DE ESTE LIBRO

El pasado me sirve de poco y rara vez pienso en él; sin embargo, me gustaría contarles brevemente cómo llegué a ser un maestro espiritual y cómo nació este libro.
Hasta los treinta años, viví en un estado de ansiedad casi continua, salpicada con periodos de depresión suicida. Ahora lo siento como si estuviera hablando de una vida pasada o de la vida de alguien diferente.
Una noche, no mucho después de cumplir veintinueve años, me desperté de madrugada con un sentimiento de absoluto terror. Había despertado con ese sentimiento muchas veces antes, pero esta vez era más intenso que nunca. El silencio de la noche, los contornos vagos de los muebles en la habitación oscura, el ruido distante de un tren, todo parecía tan ajeno, tan hostil y tan absolutamente sin sentido que creó en mí un profundo aborrecimiento del mundo. Lo más odioso de todo, sin embargo, era mi propia existencia. ¿Qué sentido tenía continuar viviendo con esta carga de desdicha? ¿Por qué seguir con esta lucha continua? Podía sentir un profundo anhelo de aniquilación, de inexistencia, que se estaba volviendo mucho más fuerte que el deseo instintivo de continuar viviendo.
“No puedo seguir viviendo conmigo mismo”. Este era el pensamiento que se repetía continuamente en mi mente. Entonces súbitamente me hice consciente de cuán peculiar era este pensamiento. “¿Soy uno o dos? Si no puedo vivir conmigo mismo, debe haber dos: el ‘yo’ y el ‘mí mismo’ con el que ‘yo’ no puedo vivir”. “Quizá”, pensé, “sólo uno de los dos es real”.
Esta extraña revelación me aturdió tanto que mi mente se detuvo. Estaba completamente consciente, pero no había más pensamientos. Después me sentí arrastrado hacia lo que parecía un vórtice de energía. Al principio era un movimiento lento y después se aceleró. Me sobrecogió un intenso temor y mi cuerpo empezó a temblar. Oí las palabras “no te resistas a nada” como si fueran pronunciadas dentro de mi pecho. Sentía como si me arrastrara a un vacío. Sentía que el vacío estaba dentro de mí en lugar de afuera. De repente, ya no sentí más miedo y me dejé caer en aquel vacío. No recuerdo lo que pasó después.
Me despertó el canto de un pájaro en la ventana. Nunca había oído un sonido así antes. Mis ojos aún estaban cerrados y vi la imagen de un diamante precioso. Sí, si un diamante pudiera producir un sonido, sería así. Abrí mis ojos. La primera luz del amanecer se filtraba por las cortinas. Sin ningún pensamiento, sentía, sabía que hay mucho más en la luz que aquello de lo que nos damos cuenta. Aquella suave luminosidad filtrándose a través de las cortinas era el amor mismo. Mis ojos se llenaron de lágrimas. Me levanté y caminé por la habitación. La reconocía y sin embargo sabía que antes no la había visto verdaderamente. Todo era fresco y prístino, como si acabara de nacer. Tomé cosas, un lápiz, una botella vacía, maravillándome ante la belleza y la vividez de todo.
Aquel día caminé por la ciudad en total asombro por el milagro de la vida sobre la tierra, como si acabara de nacer a este mundo.
En los cinco meses siguientes viví en un profundo estado de paz y embelesamiento ininterrumpidos. Después esta condición disminuyó algo en intensidad o quizá me pareció porque se volvió mi estado natural. Podía funcionar todavía en el mundo, aunque me daba cuenta de que nada de lo que hiciera podría añadir algo a lo que ya tenía.
Sabía, por supuesto, que algo profundamente significativo me había ocurrido, pero no lo entendía en absoluto. Solamente varios años después, luego de haber leído textos espirituales y de haber pasado tiempo con maestros, me di cuenta de que lo que todo el mundo buscaba ya me había ocurrido a mí. Comprendí que la intensa presión del sufrimiento aquella noche debió haber forzado a mi conciencia a retirarse de su identificación con aquel ser infeliz y profundamente temeroso, identificación que es en últimas una ficción de la mente. Esta retirada debió ser tan completa que este ser sufriente y falso se derrumbó inmediatamente, como cuando se le quita el tapón a un juguete inflable. Lo que quedó después fue mi verdadera naturaleza como el eterno presente que Yo soy: la conciencia en su estado puro, anterior a la identificación con la forma. Más tarde, aprendí también a entrar en ese reino interior, ajeno al tiempo y a la muerte que había percibido originalmente como un vacío y a permanecer completamente consciente. Viví en estados de arrobamiento y santidad tan indescriptibles que incluso la experiencia original que acabo de describir palidece en comparación. Llegó un momento en el que, por un tiempo, no quedó nada de mí en el plano físico. No tenía relaciones, ni empleo, ni hogar, ni identidad socialmente definida. Pasé casi dos años sentado en los bancos de los parques en un estado de intenso gozo.
Pero incluso las experiencias más bellas vienen y se van. Más fundamental, quizá, que cualquier experiencia, es la corriente subterránea de paz que no me ha abandonado desde entonces. A veces es muy fuerte, casi palpable, y los demás la pueden sentir también. En otras ocasiones, está en alguna parte en el fondo, como una melodía distante.
Después, la gente venía ocasionalmente a mí y me decía: “Quiero lo que usted tiene. ¿Puede dármelo o mostrarme cómo lograrlo?” Y yo decía: “Usted ya lo tiene. Sólo que no puede sentirlo porque su mente hace demasiado ruido”. Esta respuesta creció después hasta convertirse en el libro que usted tiene en sus manos.
Sin darme cuenta, tenía una identidad externa de nuevo. Me había convertido en un maestro espiritual.

LA VERDAD QUE HAY DENTRO DE USTED
Este libro representa la esencia de mi obra, en la medida en que puede ser expresada en palabras, con individuos y con pequeños grupos de exploradores espirituales, durante los últimos diez años en Europa y en Norteamérica. Con profundo amor y aprecio, quisiera agradecer a esas personas excepcionales su valor, su deseo de abrazar el cambio interior, el reto de sus preguntas y su disposición a escuchar. Este libro no habría podido llegar a existir sin ellos. Pertenecen a lo que es todavía una minoría de pioneros espirituales, pero que afortunadamente está creciendo: personas que están alcanzando un punto en el que son capaces de romper patrones mentales colectivos y heredados que han mantenido a los seres humanos sujetos al sufrimiento por millones de años.
Confío en que este libro llegue a los que están listos para una transformación interior muy radical y que por tanto actúe como un catalizador para ella. También espero que llegue a otros muchos que encuentren su contenido digno de consideración, aunque puedan no estar listos para vivirlo o practicarlo plenamente. Es posible que en el futuro, la semilla que se sembró al leer este libro se fusione con la semilla de la iluminación que todo ser humano lleva dentro, y súbitamente esta semilla brote y se haga viva dentro de ellos.
El libro en su forma actual se originó, a menudo espontáneamente, en respuesta a preguntas hechas por personas en seminarios, clases de meditación y sesiones de consejería privadas, así que he conservado el formato de preguntas y respuestas. Aprendí y recibí tanto en esas clases y sesiones como los que preguntaban. Algunas de las preguntas y respuestas las escribí casi al pie de la letra. Otras son genéricas, es decir, que combiné ciertos tipos de interrogantes que se hacían con frecuencia en una sola pregunta y resumí la esencia de diferentes respuestas para formar una respuesta genérica. A veces, en el proceso de escribir, surgía una nueva respuesta más profunda o penetrante que cualquier cosa que yo hubiera dicho nunca. Algunas otras preguntas adicionales fueron formuladas por la editora para clarificar más algunos puntos.
Usted encontrará que desde la primera hasta la última página, los diálogos oscilan continuamente entre dos niveles diferentes. En el primer nivel, llamo su atención hacia lo que es falso en usted. Hablo de la naturaleza de la inconsciencia y de la disfunción humana, así como de sus manifestaciones más comunes en la conducta, desde los conflictos en las relaciones hasta las guerras entre las tribus o las naciones. Tal conocimiento es vital, porque a menos que usted aprenda a reconocer lo falso como falso -como algo que no es usted- no puede haber transformación duradera y usted siempre acabará arrastrado de nuevo hacia la ilusión y hacia alguna forma de dolor. En este nivel también le muestro cómo no convertir lo que es falso en usted en su verdadero ser y en un problema, porque así es como se perpetúa lo falso.
En el otro nivel, hablo de una transformación profunda de la conciencia humana -no como una posibilidad futura distante, sino disponible ahora- sin importar quién sea usted o dónde esté. Trato de mostrarle cómo liberarse de la esclavitud de la mente, cómo entrar en un estado iluminado de conciencia y cómo sostenerlo en la vida diaria.
En este nivel del libro, las palabras no siempre tienen que ver con información, sino que a menudo buscan llevarlo a usted a esta nueva conciencia en la medida en que lee. Una y otra vez trato de llevarlo a usted conmigo a ese estado intemporal de presencia intensa y consciente en el Ahora, así como de darle a probar la iluminación. Mientras que usted no alcance a experimentar aquello de lo que hablo, puede encontrar estos pasajes algo repetitivos. Pero en cuanto lo experimente, creo que se dará cuenta de que tienen un gran poder espiritual y pueden llegar a ser para usted las partes más provechosas del libro. Sin embargo, puesto que toda persona lleva dentro de sí la semilla de la iluminación, a menudo me dirijo al conocedor en usted que vive tras el pensador, el ser profundo que inmediatamente reconoce la verdad espiritual, resuena con ella y se fortalece con ella.

El símbolo de pausa que aparece después de ciertos pasajes es una sugerencia de que detenga la lectura por un momento, se quede en silencio y sienta y experimente la verdad de lo que se acaba de decir. Puede haber otros lugares en el texto en los que usted hará esto natural y espontáneamente.
Cuando comience a leer el libro, el significado de ciertas palabras, tales como “Ser” o “presencia” puede no ser enteramente claro para usted al principio. Simplemente siga leyendo. Ocasionalmente pueden venir a su mente preguntas u objeciones según lee. Probablemente encontrarán respuesta más adelante en el libro, o se harán irrelevantes según usted profundiza en la enseñanza y en usted mismo.
No lea sólo con la mente. Esté atento a cualquier “respuesta emocional” mientras lee y a una sensación de reconocimiento desde el fondo de usted mismo. No puedo hablarle de ninguna verdad espiritual que en el fondo usted no conozca de antemano. Todo lo que puedo hacer es recordarle lo que ha olvidado. El conocimiento vivo, antiguo y sin embargo siempre nuevo, se activa entonces y se libera desde el interior de todas las células de su cuerpo.
La mente siempre quiere categorizar y comparar, pero este libro le será más útil si no trata de comparar su terminología con la de otras enseñanzas: de otra forma, probablemente se llegará a sentir confundido. Uso palabras como “mente”, “felicidad” y “conciencia” en forma que no necesariamente tiene relación con la de otras enseñanzas. No se apegue a las palabras. Sólo son peldaños, que deben dejarse atrás lo más rápidamente posible.
Cuando ocasionalmente cito las palabras de Jesús o del Buda, de Un Curso sobre los Milagros o de otras enseñanzas, no lo hago para comparar sino para llamar su atención sobre el hecho de que en esencia hay y ha habido siempre sólo una enseñanza espiritual, aunque viene en muchas formas. Algunas de esas formas, como las religiones antiguas, se han recubierto tanto de materia extraña que su esencia espiritual ha sido oscurecida casi completamente. En gran medida, por tanto, su significado más profundo ya no se reconoce y su poder transformador se ha perdido. Cuando incluyo citas de las religiones antiguas o de otras enseñanzas, lo hago para revelar su significado más profundo y por consiguiente restablecer su poder transformador, particularmente para los lectores que siguen esas religiones o enseñanzas. Les digo: no hay necesidad de ir a otra parte en busca de la verdad. Permítame mostrarle cómo profundizar en lo que usted ya tiene.
En la mayoría de los casos, sin embargo, me he propuesto utilizar una terminología tan neutra como sea posible para alcanzar a un amplio rango de personas. Este libro puede verse como una reformulación para nuestro tiempo de esa única experiencia espiritual atemporal, la esencia de todas las religiones. No deriva de fuentes externas, sino de una auténtica Fuente interior, así que no contiene teoría o especulación. Hablo a partir de la experiencia interior, y si a veces hablo violentamente, lo hago para pasar a través de capas pesadas de resistencia mental y para alcanzar aquel lugar interior donde usted ya sabe, como yo sé, y donde la verdad se reconoce cuando es oída. Hay entonces un sentimiento de exaltación y de vivacidad realzada, cuando algo dentro de usted dice: “Sí, sé que eso es verdad”.

CAPÍTULO UNO
USTED NO ES SU MENTE
EL MAYOR OBSTÁCULO PARA LA ILUMINACIÓN
La iluminación, ¿qué es eso?
Un mendigo había estado sentado más treinta años a la orilla de un camino. Un día pasó por allí un desconocido. “Una monedita”, murmuró mecánicamente el mendigo, alargando su vieja gorra de béisbol. “No tengo nada que darle”, dijo el desconocido. Después preguntó: “Qué es eso en lo que está sentado?” “Nada”, contestó el mendigo. “Sólo una caja vieja. Me he sentado en ella desde que tengo memoria”. “¿Alguna vez ha mirado lo que hay dentro?”, preguntó el desconocido. “No” dijo el mendigo. “¿Para qué? No hay nada dentro”. “Échele una ojeada”, insistió el desconocido. El mendigo se las arregló para abrir la caja. Con asombro, incredulidad y alborozo, vio que la caja estaba llena de oro.
Yo soy el desconocido que no tiene nada que darle y que le dice que mire dentro. No dentro de una caja como en la parábola, sino en un lugar aún más cercano, dentro de usted mismo.
“¡Pero yo no soy un mendigo! “, le oigo decir.
Los que no han encontrado su verdadera riqueza, que es la alegría radiante del Ser y la profunda e inconmovible paz que la acompaña, son mendigos, incluso si tienen mucha riqueza material. Buscan afuera mendrugos de placer o de realización para lograr la aceptación, la seguridad o el amor, mientras llevan dentro un tesoro que no sólo incluye todas esas cosas sino que es infinitamente mayor que todo lo que el mundo pueda ofrecer.
La palabra iluminación evoca la idea de un logro sobrehumano y el ego quiere conservar las cosas así, pero es simplemente el estado natural de sentir la unidad con el Ser. Es un estado de conexión con algo inconmensurable e indestructible, algo que, casi paradójicamente, es esencialmente usted y sin embargo es mucho más grande que usted. Es encontrar su verdadera naturaleza más allá del nombre y de la forma. La incapacidad de sentir esta conexión da lugar a la ilusión de la separación, de usted mismo y del mundo que lo rodea. Entonces usted se percibe a sí mismo, consciente o inconscientemente, como un fragmento aislado. Surge el miedo y el conflicto interior y exterior se vuelve la norma.
Me encanta la sencilla definición de la iluminación dada por Buda como “el fin del sufrimiento”. No hay nada sobrehumano en esto, ¿cierto? Por supuesto, como toda definición, es incompleta. Sólo dice lo que la iluminación no es: no es sufrimiento. ¿Pero qué queda cuando ya no hay sufrimiento? El Buda no habla sobre esto y su silencio implica que usted tiene que averiguarlo por sí mismo. Usa una definición negativa para que la mente no la convierta en algo que se deba creer o en un logro sobrehumano, una meta que es imposible de alcanzar. A pesar de esta precaución, la mayoría de los budistas aún cree que la iluminación es para el Buda, no para ellos, al menos no en esta vida.
Usted usó la palabra Ser. ¿Puede explicar lo que quiere decir con eso?
El Ser es la única Vida, eterna, siempre presente, más allá de las miles de formas de la vida que están sujetas al nacimiento y a la muerte. Sin embargo, el Ser no sólo está más allá, sino también profundamente dentro de cada forma como su esencia más íntimamente invisible e indestructible. Esto significa que es accesible a usted ahora como su propio ser más profundo, su verdadera naturaleza. Pero no busque captarlo con la mente. No trate de entenderlo. Usted puede conocerlo sólo cuando la mente está inmóvil. Cuando usted está presente, cuando su atención está completa e intensamente en el Ahora, se puede sentir el Ser, pero nunca puede ser entendido mentalmente. Recuperar la conciencia del Ser y permanecer en ese estado de “sentimiento-realización” es la iluminación.

Cuando usted dice Ser ¿está hablando de Dios? Si es así ¿por qué no lo dice?
La palabra Dios se ha vuelto vacía de significado a través de miles de años de mal uso. Yo la uso a veces, pero lo hago poco. Por mal uso entiendo que las personas que nunca han tenido ni un atisbo del reino de lo sagrado, de la infinita vastedad que hay detrás de esta palabra, la usan con gran convicción, como si supieran de qué están hablando. O argumentan contra él, como si supieran qué es lo que están negando. Ese mal uso da lugar a creencias y afirmaciones absurdas y a engaños del ego, tales como “Mi o nuestro Dios es el único Dios verdadero y tu Dios es falso” o la famosa afirmación de Nietzsche “Dios ha muerto”.
La palabra Dios se ha convertido en un concepto cerrado. En el momento en que se pronuncia, se crea una imagen mental, quizá ya no la de un anciano de barba blanca, pero si una representación mental de alguien o algo externo a uno y, casi inevitablemente, algo o alguien masculino.
Ni Dios ni Ser ni ninguna otra palabra pueden definir o explicar la inefable realidad que hay detrás de ellas, así que la única cuestión importante es si la palabra es una ayuda o un obstáculo para permitirle a usted experimentar Aquello que señala. ¿Señala más allá de sí misma, hacia esa realidad trascendental o tiende demasiado fácilmente a volverse solamente una idea en su cabeza en la que usted cree, un ídolo mental?
La palabra Ser no explica nada, pero tampoco lo hace la palabra Dios. Sin embargo Ser tiene la ventaja de que es un concepto abierto. No reduce lo infinito invisible a una entidad finita. Es imposible formarse una imagen mental de ello. Nadie puede reclamar la posesión exclusiva del Ser. Es su propia esencia y es inmediatamente accesible a usted como la sensación de su propia presencia, la comprensión de Yo soy que es anterior a yo soy esto o yo soy aquello. Así que hay solamente un pequeño paso de la palabra Ser a la experiencia del Ser.

¿Cuál es el mayor obstáculo para experimentar esta realidad?
La identificación con su mente, que hace que el pensamiento se vuelva compulsivo. No ser capaz de dejar de pensar es una calamidad terrible, pero no nos damos cuenta de ello así que se considera normal. Este ruido mental incesante nos impide encontrar ese reino de quietud interior que es inseparable del Ser. También crea un falso ser hecho por la mente que arroja una sombra de temor y de sufrimiento. Observaremos todo esto con más detalle posteriormente.
El filósofo Descartes creía que había encontrado la verdad fundamental cuando hizo su famosa aseveración: “Pienso, luego existo”. De hecho había dado expresión al error básico: equiparar pensar con Ser e identidad con pensamiento. El pensador compulsivo, lo que quiere decir casi todo el mundo, vive en un estado de separación aparente, en un mundo enfermizamente complejo de problemas y conflictos continuos, un mundo que refleja la creciente fragmentación de la mente. La iluminación es un estado de totalidad, de estar “en unión” y por lo tanto en paz. En unión con la vida en su aspecto manifestado, el mundo, así como con su ser más profundo y con la vida no manifestada, en unión con el Ser. La iluminación no es sólo el fin del sufrimiento y del conflicto continuo interior y exterior, sino también el fin de la temible esclavitud del pensamiento incesante. ¡Qué increíble liberación!
La identificación con su mente crea una pantalla opaca de conceptos, etiquetas, imágenes, palabras, juicios y definiciones que bloquea toda relación verdadera. Se interpone entre usted y su propio yo, entre usted y su prójimo, entre usted y la naturaleza, entre usted y Dios. Es esta pantalla de pensamiento la que crea la ilusión de la separación, la ilusión de que existe usted y un “otro” totalmente separado. Entonces olvida el hecho esencial de que, bajo el nivel de las apariencias físicas y de las formas separadas, usted es uno con todo lo que es. Con “olvidar” quiero decir que usted ya no puede sentir esta unidad como una realidad auto-evidente. Puede que crea que es verdad, pero ya no sabe que es verdad. Una creencia puede ser consoladora. Sin embargo sólo a través de su propia experiencia se vuelve liberadora.
Pensar se ha vuelto una enfermedad. La enfermedad ocurre cuando las cosas se desequilibran. Por ejemplo, no hay nada malo en que las células se multipliquen y dividan en el cuerpo, pero cuando este proceso continúa sin tener en consideración el organismo total, las células proliferan y tenemos una enfermedad. Nota: la mente es un instrumento magnífico si se usa correctamente. Utilizada en forma inadecuada, sin embargo, se vuelve muy destructiva. Para decirlo en forma más exacta, no es tanto que usted la utilice inadecuadamente, generalmente usted no la utiliza en absoluto. Ella lo utiliza a usted. Esa es la enfermedad. Usted cree que usted es su mente. Ese es el engaño. El instrumento se ha apoderado de usted.
No estoy del todo de acuerdo. Es cierto que tengo muchos pensamientos inútiles, como la mayoría de las personas, pero todavía puedo escoger usar mi mente para lograr cosas y lo hago todo el tiempo.
Sólo porque puede resolver un crucigrama o construir una bomba atómica no quiere decir que usted use su mente. Así como a los perros les encanta roer huesos, a la mente le encanta hincarle el .diente a los problemas. Por eso hace crucigramas y construye bombas atómicas. Usted no tiene interés en ninguna de estas dos cosas. Déjeme preguntarle esto: ¿Puede liberarse de su mente a voluntad? ¿Ha encontrado el botón de apagar?
¿Usted se refiere a dejar de pensar completamente? No, no puedo, excepto quizá por un momento.
Entonces la mente lo está usando. Usted está identificado inconscientemente con ella, de forma que ni siquiera sabe que es su esclavo. Es casi como si usted estuviera poseído sin saberlo y por lo tanto toma a la entidad que lo posee por usted mismo. El comienzo de la libertad es la comprensión de que usted no es la entidad que lo posee, el que piensa. Saber esto le permite observar a esa entidad. En el momento en que usted empieza a observar al que piensa se activa un nivel más alto de conciencia. Entonces usted comienza a darse cuenta de que hay un vasto reino de inteligencia más allá del pensamiento, que el pensamiento es sólo un minúsculo aspecto de esa inteligencia. También se da cuenta de que todo lo que importa verdaderamente -la belleza, el amor, la creatividad, la alegría, la paz interior- surgen de un lugar más allá de la mente. Usted comienza a despertar.

Tolle, Eckhart – Practicando el Poder del Ahora

PRACTICANDO
EL PODER DEL AHORA

ENSEÑANZAS, MEDITACIONES Y EJERCICIOS ESENCIALES
EXTRAÍDOS DE ?EL PODER DEL AHORA?

ECKHART TOLLE

2001

Título Original: Practicing the Power of Now ? Essential Teachings, Meditations and Exercises from The Power of Now
?2001, _Eckhart Tolle
Digitalizador: ? Nascav (España)
L-03 ? 12/11/03

La libertad comienza cuando te das cuenta
de que no eres «el pensador».
En el momento en que empiezas a observar al pensador,
se activa un nivel de conciencia superior.
Entonces te das cuenta de que hay un vasto reino
de inteligencia más allá del pensamiento,
y de que el pensamiento
sólo es una pequeña parte de esa inteligencia.
También te das cuenta de que todas las cosas
verdaderamente importantes
?la belleza, el amor, la creatividad,
la alegría, la paz interna?
surgen de más allá de la mente.

Empiezas a despertar.

ÍNDICE

INTRODUCCIÓN,
por Eckhart Tolle

PRIMERA PARTE
ACCEDER AL PODER DEL AHORA

CAPÍTULO UNO
Ser e iluminación
CAPÍTULO DOS
El origen del miedo
CAPÍTULO TRES
Accede al poder del ahora
CAPÍTULO CUATRO
La disolución de la inconsciencia
CAPÍTULO CINCO
La belleza surge en la quietud de tu presencia

SEGUNDA PARTE
LAS RELACIONES COMO PRÁCTICA ESPIRITUAL

CAPÍTULO SEIS
Disolver el cuerpo-dolor
CAPÍTULO SIETE
De las relaciones adictivas a las relaciones iluminadas

TERCERA PARTE
ACEPTACIÓN Y RENDICIÓN
CAPÍTULO OCHO
La aceptación del ahora
CAPÍTULO NUEVE
Transformar la enfermedad y el sufrimiento
AGRADECIMIENTOS

INTRODUCCIÓN
POR ECKHART TOLLE

Desde su primera publicación, en 1997, El poder del ahora ha impactado sobre la conciencia colectiva del planeta mucho más de lo que jamás me hubiese imaginado. Ha sido traducido a quince idiomas, y diariamente recibo cartas de todas partes del mundo en las que los lectores me cuentan que sus vidas realmente han cambiado con las enseñanzas del libro.
A pesar de que los efectos de la locura de la mente egotista siguen siendo visibles por todas partes, algo nuevo está surgiendo. Hasta ahora, nunca ha habido tantas personas preparadas para deshacerse de los modelos mentales colectivos que desde tiempos inmemoriales han vinculado a la humanidad con el sufrimiento. Un nuevo estado de conciencia está surgiendo. ¡Ya hemos sufrido bastante! Incluso está emergiendo de tu interior en este mismo momento, mientras coges el libro entre tus manos y lees estas líneas que hablan de la posibilidad de vivir una vida liberada en la que ni te haces sufrir a ti mismo ni a los demás.
Muchos de los lectores que se pusieron en contacto conmigo me comunicaron su deseo de que los aspectos prácticos de las enseñanzas contenidas en El poder del ahora fuesen presentados en un formato más accesible, para poder utilizarlos a diario. Ese pedido se convirtió en el motor que impulsó este libro.
No obstante, además de los ejercicios y las prácticas, esta obra también contiene una selección de pasajes del libro original que permiten recordar algunos de sus conceptos e ideas, y que espero se convierta en el manual que os ayude a incorporar tales nociones en vuestra vida cotidiana.
Muchos de esos fragmentos son particularmente adecuados para la lectura meditativa. Cuando practicas la lectura meditativa no lees con el fin de recopilar nueva información, sino para entrar en un estado de conciencia diferente a medida que lees. Esta es la razón por la cual puedes repasar el mismo pasaje una y otra vez, y en cada ocasión sentirlo fresco y novedoso. Sólo las palabras que fueron escritas o pronunciadas en un estado de presencia poseen ese poder transformador, que es el poder de despertar la presencia en el lector.
Es preferible que leas estos párrafos lentamente. En muchas ocasiones desearás hacer una pausa para reflexionar en silencio, reposadamente; en otras, sencillamente, quizá prefieras abrir el libro al azar y leer algunas líneas.
Aquellos lectores que se sintieron intimidados o abrumados por El poder del ahora encontrarán también en esta obra una introducción a la transformación de la conciencia humana.
ECKHART TOLLE,
9 de julio de 2001

PRIMERA PARTE

ACCEDER AL PODER DEL AHORA

Cuando tu conciencia
se dirige hacia fuera,
surgen la mente y el mundo.
Cuando se dirige hacia dentro,
alcanza su propia Fuente
y regresa a casa, a lo No Manifestado.

CAPÍTULO UNO
SER E ILUMINACIÓN

Más allá de la miríada de formas de vida que están sujetas al nacimiento y a la muerte existe la Vida Una, eterna y omnipresente. Muchas personas utilizan la palabra Dios para describirla, pero yo suelo llamarla Ser. La palabra Ser no explica nada, pero la palabra Dios tampoco. Ser, no obstante, tiene la ventaja de ser un concepto abierto. No reduce el infinito invisible a una entidad finita. Es imposible formarse una imagen mental del Ser, y nadie puede pretender su posesión exclusiva. Es tu esencia misma; puedes acceder a ella inmediatamente como el sentimiento de tu propia presencia.
Por eso sólo hay un pequeño paso entre la palabra Ser y la experiencia del Ser.
EL SER NO SÓLO ES TRASCENDENTE; TAMBIÉN IMPREGNA PROFUNDAMENTE cada forma, y su esencia es invisible e indestructible. Esto significa que ahora mismo puedes acceder al Ser porque es tu identidad más profunda, tu verdadera naturaleza. Pero no trates de aferrarlo con la mente. No trates de entenderlo.
Sólo puedes conocerlo dejando la mente en silencio. Cuando estás presente, cuando tu atención está plena e intensamente en el ahora, puedes sentir el Ser, pero nunca podrás entenderlo mentalmente.
La iluminación es recuperar la conciencia del Ser y residir en ese estado de «sensación-realización».
La palabra iluminación suscita la idea de un logro sobrehumano, y al ego le gusta que sea así; pero no es más que tu estado natural en el que sientes la unidad con el Ser. Es un estado de conexión con algo inconmensurable e indestructible, con algo que es esencialmente tú, y sin embargo es mucho mayor que tú. Es encontrar tu verdadera naturaleza más allá del nombre y de la forma.
La incapacidad de sentir esta conexión crea la ilusión de que estás separado de ti mismo y del mundo que te rodea. Entonces te percibes, consciente o inconscientemente, como un fragmento aislado. Surge el miedo, y los conflictos internos y externos pasan a ser la norma.
El mayor obstáculo para experimentar la realidad de tu conexión es la identificación con la mente, que hace que el pensamiento se vuelva compulsivo. Ser incapaz de dejar de pensar es una enfermedad terrible, pero no nos damos cuenta de ella porque casi todo el mundo la sufre y se considera algo normal. Este ruido mental incesante te impide encontrar el reino de quietud interior que es inseparable del Ser. También crea un falso yo fabricado por la mente, que lanza una sombra de miedo y sufrimiento.
La identificación con la mente produce una pantalla opaca de conceptos, etiquetas, imágenes, palabras, juicios y definiciones que bloquean toda verdadera relación. Esa pantalla se interpone entre tú y tú mismo, entre tú y tu prójimo, entre tú y la naturaleza, entre tú y Dios; crea la ilusión de separación, la ilusión de que tú y el «otro» estáis totalmente separados. Entonces te olvidas del hecho esencial de que, debajo del nivel de las apariencias físicas y de las formas separadas, eres uno con todo lo que es.
La mente es un instrumento soberbio si se usa correctamente. Sin embargo, si se usa de forma in-apropiada, se vuelve muy destructiva. Para decirlo con más precisión, no se trata tanto de que usas la mente equivocadamente: por lo general no la usas en absoluto, sino que ella te usa a ti. Ésa es la enfermedad. Crees que tú eres tu mente. Ese es el engaño. El instrumento se ha apoderado de ti.
Es como si estuvieras poseído sin saberlo, y crees que la entidad posesora eres tú.
LA LIBERTAD COMIENZA cuando te das cuenta de que no eres la entidad posesora, el pensador. Saberlo te permite examinar la entidad. En el momento en que empiezas a observar al pensador, se activa un nivel de conciencia superior.
Entonces empiezas a darte cuenta de que hay un vasto reino de inteligencia más allá del pensamiento, y de que el pensamiento sólo es una pequeña parte de esa inteligencia. También te das cuenta de que todas las cosas verdaderamente importantes ?la belleza, el amor, la creatividad, la alegría, la paz interna? surgen de más allá de la mente.
Empiezas a despertar.

LIBÉRATE DE TU MENTE

La buena nueva es que puedes liberarte de tu mente, que es la única verdadera liberación. Y puedes dar el primer paso ahora mismo.
EMPIEZA POR ESCUCHAR LA VOZ QUE HABLA DENTRO DE TU CABEZA, y hazlo tan frecuentemente como puedas. Presta una atención especial a cualquier patrón de pensamiento repetitivo, a esos viejos discos de gramófono que pueden haber estado dando vueltas en tu cabeza durante años.
Esto es lo que llamo «observar al pensador», que es otra manera de decir: escucha la voz dentro de tu cabeza, mantente allí como presencia que atestigua.
Cuando escuches la voz, hazlo imparcialmente. Es decir, no juzgues. No juzgues ni condenes lo que oyes, porque eso significaría que la misma voz ha vuelto a entrar por la puerta de atrás.
Pronto te darás cuenta de esto: la voz está allí y yo estoy aquí, observándola. Esta comprensión Yo soy, esta sensación de tu propia presencia, no es un pensamiento. Surge de más allá de la mente.
Así, cuando escuchas un pensamiento, no sólo eres consciente del pensamiento, sino también de ti mismo como testigo del pensamiento. Ha hecho su aparición una nueva dimensión de conciencia.
CUANDO ESCUCHAS EL PENSAMIENTO, sientes como si hubiera una presencia consciente ?tu yo profundo? por debajo o detrás de él. De este modo el pensamiento pierde su poder sobre ti y se disuelve rápidamente, porque ya no energetizas tu mente mediante la identificación con ella. Es el principio del fin del pensamiento compulsivo e involuntario.
Cuando el pensamiento se aquieta, experimentas una discontinuidad en la corriente mental, una brecha de «no-mente». Al principio las brechas serán cortas, tal vez duren unos segundos, pero gradualmente se irán prolongando. Cuando ocurren estas discontinuidades, sientes cierta quietud y paz dentro de ti. Es el principio del estado natural de sentirte unido al Ser, generalmente nublado por la mente.
Con la práctica, la sensación de quietud y de  paz se va ahondando. De hecho, esa profundidad no tiene fin. También sentirás una sutil emanación de alegría elevándose desde lo más hondo de ti: la alegría de Ser.
En este estado de conexión interna estás mucho más alerta, más despierto que en el estado de identificación mental. Estás plenamente presente. Y también se eleva la frecuencia vibratoria del campo energético que da vida al cuerpo físico.
A medida que profundizas en este reino de la no-mente, como a veces se le denomina en Oriente, vas alcanzando el estado de conciencia pura. En ese estado sientes tu propia presencia con tal intensidad y alegría que, en comparación, todo pensamiento, toda emoción, tu cuerpo físico y todo el mundo externo se vuelven relativamente insignificantes. Sin embargo, no es un estado de egoísmo, sino de desprendimiento y generosidad. Te lleva más allá de lo que pensabas que era «tu identidad». Esa presencia es esencialmente tú, y al mismo tiempo es inconcebiblemente mayor que tú.
EN LUGAR DE «OBSERVAR AL PENSADOR», también puedes crear una apertura en la corriente mental por el simple hecho de dirigir el foco de tu atención al ahora. Basta con que te hagas intensamente consciente del momento presente.
Esto es algo por demás satisfactorio. De este modo retiras la conciencia de tu actividad mental y creas una brecha sin mente en la que estás muy alerta y consciente, pero no piensas. Ésta es la esencia de la meditación.
EN TU VIDA COTIDIANA puedes practicar esto tomando cualquier actividad rutinaria, que habitualmente sólo es un medio para un fin, y darle toda tu atención para que se convierta en un fin en sí misma.
Por ejemplo, cada vez que subas o bajes las escaleras en tu casa o en tu puesto de trabajo, presta mucha atención a cada escalón, a cada movimiento, incluso a tu respiración. Mantente totalmente presente.
O cuando te laves las manos, presta atención a todas las percepciones sensoriales asociadas con esa actividad: el sonido y la sensación del agua, el movimiento de tus manos, el aroma del jabón, etc.
O cuando entres en tu coche, después de cerrar la puerta, detente durante unos segundos y observa el flujo de tu respiración. Toma conciencia de una silenciosa pero intensa sensación de presencia.
Hay un criterio que te permite medir el éxito logrado en esta práctica: el grado de paz que sientas en tu interior.
El paso más vital en tu camino hacia la iluminación es éste: aprende a no identificarte con tu mente. Cada vez que creas una apertura en el flujo mental, la luz de tu conciencia se fortalece.
Puede que un día te sorprendas sonriendo a la voz que suena en tu cabeza como sonreirías a las travesuras de un niño. Esto significa que has dejado de tomarte el contenido de tu mente tan en serio, y que tu sentido de identidad ya no depende de él.

ILUMINACIÓN: ELEVARSE POR ENCIMA DEL PENSAMIENTO

A medida que uno crece, va formándose una imagen mental de sí mismo basada en su condicionamiento personal y cultural. A este yo fantasma lo llamamos ego. El ego es tu actividad mental y sólo puede funcionar mediante el pensamiento constante. El término ego tiene distinto significado según se trate de una persona u otra, pero cuando lo uso aquí me refiero al falso yo, creado por una identificación inconsciente con la mente.
Para el ego, el momento presente apenas existe. Sólo considera importantes el pasado y el futuro. Esta inversión total de la verdad explica por qué, en la modalidad ego, la mente es tan disfuncional. Siempre está tratando de mantener el pasado vivo, porque ¿quién serías sin él? Y se proyecta constantemente hacia el futuro para asegurarse la supervivencia y buscar en él una sensación de liberación o satisfacción. Dice: «Algún día, cuando haya ocurrido esto, lo otro o lo de más allá, estaré bien, en paz, seré feliz.»
Incluso cuando parece que el ego está en el presente, no ve el presente: lo percibe equivocadamente porque lo mira con los ojos del pasado. O reduce el presente a ser un medio para un fin, un fin que siempre reside en el futuro proyectado por la mente. Observa tu mente y comprobarás que funciona así.
El momento presente contiene la clave de la liberación, pero no puedes encontrar el momento presente mientras seas tu mente.
Alcanzar la iluminación significa elevarse por encima del pensamiento. En el estado de iluminación sigues usando la mente cuando la necesitas, pero de un modo mucho más enfocado y eficaz que antes. La empleas principalmente con fines prácticos, pero eres libre del diálogo interno involuntario, y vives en la quietud interior.
Cuando empleas la mente, y en particular cuando necesitas dar una solución creativa a algo, vas oscilando cada pocos minutos entre la mente y la quietud, entre la mente y la no-mente. La no-mente es conciencia sin pensamiento. Sólo la no-mente permite pensar creativamente, porque da al pensamiento un poder real. El pensamiento por sí solo, desconectado del vasto campo de la conciencia, se convierte rápidamente en algo estéril, insano, destructivo.

EMOCIÓN: LA REACCIÓN DEL CUERPO A LA MENTE

La mente, tal como yo uso la palabra, no es únicamente el pensamiento. Incluye también las emociones y las pautas de reacción inconscientes, tanto mentales como emocionales. La emoción surge en el punto donde cuerpo y mente se encuentran. Es la reacción del cuerpo a la mente o, dicho de otra forma, el reflejo de la mente en el cuerpo.
Cuanto más te identificas con el pensamiento, con lo que te gusta o disgusta, con tus juicios e interpretaciones, es decir, cuanto menos presente estás como conciencia observante, más fuerte es la carga de energía emocional, seas consciente de ella o no. Si no puedes sentir tus emociones, si estás desconectado de ellas, acabarás sintiéndolas a un nivel puramente físico, como un problema o síntoma físico.
Si TE ES DIFÍCIL SENTIR TUS EMOCIONES, empieza por enfocar la atención en el campo energético interno de tu cuerpo. Siente el cuerpo desde dentro. Así estarás en contacto con tus emociones.
Si realmente quieres conocer tu mente, el cuerpo siempre te dará un reflejo fiel; por tanto, observa la emoción o, más bien, siéntela en tu cuerpo. Si existe un conflicto aparente entre ambos, el pensamiento es el que miente y la emoción dice la verdad. No la verdad última de tu identidad real, sino la verdad relativa de tu estado mental en ese momento.
Es posible que aún no puedas hacer consciente la actividad de tu mente inconsciente en forma de pensamientos, pero siempre se reflejará  en el cuerpo como una emoción, de la que sí puedes tomar conciencia.
Observar una emoción es básicamente igual que escuchar u observar un pensamiento, tal como he descrito el proceso anteriormente. La única diferencia es que, mientras el pensamiento está en tu cabeza, la emoción tiene un fuerte componente físico, de modo que se siente principalmente en el cuerpo. Puedes dejar que la emoción esté ahí sin ser controlado por ella. Ya no eres la emoción; eres el observador, la presencia que mira.
Si practicas así, todo lo que es inconsciente en ti saldrá a la luz de la conciencia.
ADQUIERE EL HÁBITO DE PREGUNTARTE: ¿Qué está pasando dentro de mí en este momento? Esa pregunta te orientará en la dirección correcta. Pero no analices, simplemente observa. Enfoca tu atención hacia dentro. Siente la energía de la emoción.
Si no hay ninguna emoción presente, lleva la atención más profundamente al campo energético de tu cuerpo. Es el pasadizo hacia el Ser.

CAPÍTULO DOS
EL ORIGEN DEL MIEDO

El estado de miedo psicológico está divorciado de cualquier peligro real e inmediato. Puede adoptar diversas formas: desazón, preocupación, ansiedad, nervios, tensión, temor, fobia, etc. El miedo psicológico del que hablamos siempre se refiere a algo que podría ocurrir, no a algo que ya está ocurriendo. Tú estás en el aquí y ahora, mientras que tu mente está en el futuro. Esto crea una brecha de ansiedad. Y si te has identificado con tu mente y has perdido el poder y la simplicidad del ahora, esa brecha de ansiedad será tu constante compañera. Siempre puedes afrontar el momento presente, pero no puedes afrontar algo que sólo es una proyección mental; no puedes afrontar el futuro.
Además, mientras sigas identificándote con tu mente, el ego dirigirá tu vida. Debido a su naturaleza fantasmal, y a pesar de sus elaborados mecanismos de defensa, el ego es muy vulnerable e inseguro, y se siente amenazado constantemente. Por cierto, esto sigue siendo verdadero aunque externamente esté muy seguro. Ahora bien, recuerda que una emoción es la reacción del cuerpo a la mente. ¿Qué mensaje recibe continuamente el cuerpo desde el ego, desde ese falso yo fabricado por la mente?: peligro, estoy amenazado. ¿Y qué emoción genera este mensaje continuo?: miedo, por supuesto.
El miedo parece tener muchas causas: miedo a la pérdida, miedo al fracaso, miedo a que nos hieran, y así sucesivamente; pero, en definitiva, todos los miedos pueden resumirse en el miedo del ego a la muerte, a la aniquilación. Para el ego, la muerte siempre está a la vuelta de la esquina. En este estado de identificación con la mente, el miedo a la muerte afecta a todos los aspectos de tu vida.
Por ejemplo, algo tan aparentemente trivial y «normal» como la necesidad compulsiva de tener razón en una discusión y demostrar que el otro está equivocado ?defender la posición mental con la que te has identificado? se debe al miedo a la muerte. Si te identificas con una posición mental y resulta que estás equivocado, tu sentido de identidad, basado en la mente, se sentirá bajo una seria amenaza de aniquilación. Por tanto, tú, como ego, no puedes permitirte estar equivocado. Equivocarse es morir. Esto ha motivado muchas guerras y ha causado la ruptura de innumerables relaciones.
Cuando dejas de identificarte con la mente, el hecho de tener razón o estar equivocado es indiferente para tu sentido de identidad; de modo que esa necesidad compulsiva, apremiante y profundamente inconsciente de tener razón, que es una forma de violencia, deja de estar presente. Puedes expresar cómo te sientes y lo que piensas con claridad y firmeza, pero tal expresión no estará teñida de agresividad ni actitud defensiva. Tu sentido de identidad deriva entonces de un lugar más profundo y verdadero dentro de ti, no de la mente.
OBSERVA CUALQUIER ACTITUD DEFENSIVA que surja en ti. ¿Qué estás defendiendo?: una identidad ilusoria, una imagen mental, una entidad ficticia. Haciendo consciente este patrón y observándolo, puedes romper la identificación con él. El patrón inconsciente comenzará a disolverse rápidamente a la luz de tu conciencia.
Este es el final de todas las discusiones y juegos de poder, que son tan corrosivos para las relaciones. El poder sobre los demás es debilidad disfrazada de fuerza. El verdadero poder está dentro, y está a tu disposición ahora.
La mente siempre trata de negar el ahora y de escapar de él. En otras palabras: cuanto más te identificas con tu mente, más sufres. O puedes decirlo de este otro modo: cuanto más capaz seas de valorar y aceptar el ahora, más libre estarás del dolor y del sufrimiento, más libre de la mente egotista.
Si no deseas crear más dolor para ti mismo ni para los demás, si no quieres añadir más dolor al residuo del pasado que aún vive en ti, no crees más tiempo, o crea el imprescindible para gestionar los aspectos prácticos de la vida. ¿Cómo dejar de crear tiempo?
DATE CUENTA INEQUÍVOCAMENTE DE QUE EL MOMENTO PRESENTE es lo único que tienes. Haz del ahora el  centro fundamental de tu vida. Si antes vivías en el tiempo y hacías breves visitas al ahora, establece tu residencia habitual en el ahora y haz breves visitas al pasado y al futuro cuando tengas que resolver los asuntos prácticos de tu vida.
Di siempre «sí» al momento presente.

ACABA CON LA ILUSIÓN DEL TIEMPO

La clave es ésta: acaba con la ilusión del tiempo. Tiempo y mente son inseparables. Retira el tiempo de la mente y ésta se para, a menos que elijas usarla.
Estar identificado con la mente es estar atrapado en el tiempo: vives de forma compulsiva y, casi exclusivamente, mediante el recuerdo y la anticipación. Esto produce una preocupación interminable por el pasado y el futuro, y una falta de disposición a honrar y reconocer el momento presente y permitir que sea. La compulsión surge porque el pasado te da una identidad y el futuro contiene una promesa de salvación, de una realización de algún tipo. Ambas son ilusiones.
Cuanto más te enfocas en el tiempo ?pasado y futuro? más pierdes el ahora, lo más precioso que hay.
¿Por qué es lo más precioso? En primer lugar, porque es lo único que hay. Es todo lo que hay. El eterno presente es el espacio dentro del que se despliega tu vida, el único factor que permanece constante. La vida es ahora. No ha habido nunca un momento en que tu vida no fuera ahora, ni lo habrá jamás. En segundo lugar, el ahora es el único punto que puede llevarte más allá de los limitados confines de la mente. Es tu único punto de acceso al reino informe e intemporal del Ser.
¿Has experimentado, hecho, pensado o sentido algo fuera del momento presente? ¿Piensas que lo harás alguna vez? ¿Es posible que algo ocurra o sea fuera del ahora? La respuesta es evidente, ¿no es cierto?
Nada ocurrió nunca en el pasado; ocurrió en el ahora. Nada ocurrirá nunca en el futuro; ocurrirá en el ahora.
La esencia de lo que estoy diciendo aquí no puede entenderse mentalmente. En el momento que lo entiendes, se produce un cambio de conciencia de la mente al Ser, del tiempo a la presencia. De  repente, todo se vivifica, irradia energía, emana Ser.

Gibrán Khalil Gibrán: LOS SECRETOS DE CORAZÓN

Gibrán Khalil Gibrán  LOS SECRETOS DEL CORAZON  (1931)

La majestuosa mansión se encontraba bajo las alas de la noche silente, como la Vida bajo la envoltura de la Muerte. En su interior, una doncella sentada ante un escritorio de marfil, reclinada su bella cabeza sobre suave mano, como una lila marchita sobre sus pétalos. Miraba, alrededor de sí y se sentía una miserable prisionera que lucha por atravesar los muros del calabozo para contemplar a la Vida, marchando en el cortejo de la Libertad.
Las horas pasaban como los espectros de la noche, como una procesión entonando el fúnebre canto de su pena, y la doncella se sentía segura derramando sus lágrimas en angustiosa soledad. Cuando no pudo resistir más su sufrimiento y se sintió en plena posesión de los secretos de su corazón, tomó la pluma y, mezclando lágrimas y tinta sobre el pergamino, escribió:

Amada hermana:

Cuando en el corazón se apiñan los secretos, y arden los ojos por las quemantes lágrimas, y las costillas parecen estallar con el creciente confinamiento del corazón, no se puede hallar otra expresión de ese laberinto salvo una oleada de liberación como ésta.
Las personas melancólicas gozan lamentándose, y los amantes hallan alivio y condolencia en sus sueños, y los oprimidos se deleitan cuando causan conmiseración. Te escribo porque me siento como un poeta que imagina la belleza de las cosas y compone en versos sus impresiones, presa de un poder divino… Soy como el niño del hambriento que llora por su alimento, haciendo caso omiso de la condición de su pobre y piadosa madre y de su fracaso en la vida.
Escucha mi dolorosa historia, querida hermana, y llora conmigo, pues sollozar es como una plegaria y las lágrimas de piedad son caridad porque surgen de un alma buena y sensible y no se derraman en vano. Fue la voluntad de mi padre que me casara con un hombre noble y rico. Mi padre era como la mayoría de los hombres ricos que, por temor a la pobreza, sólo gozan de la vida cuando pueden acrecentar su riqueza y agregar más oro a sus cofres, para ganar con su esplendor el favor de la nobleza, anticipándose así a los ataques de los días aciagos… Y ahora descubro que soy, con todo mi amor y mis sueños, una víctima sobre un altar de oro que odio, y dueña de un honor heredado que desprecio.
Respeto a mi esposo porque es amable y generoso con todos; trata de hacerme feliz y gasta su oro para complacer mi corazón, pero he descubierto que todas estas cosas no valen lo que un momento de verdadero y divino amor. No te burles de mí, hermana, pues ahora soy una persona muy instruida acerca de los anhelos del corazón de una mujer -ese palpitante corazón como un pájaro en el vasto cielo del amor-, como una copa vuelta a colmar con el vino de los tiempos, añejado para las almas sedientas… como un libro en cuyas páginas se leen capítulos de felicidad y desventura, regocijo y dolor, alegría y pesar. Nadie puede leer este libro, excepto el verdadero compañero que es la otra mitad de la mujer, y que ha sido creado para ella desde el principio del mundo.
Sí, me he convertido en la más sabia de las mujeres en lo que atañe al objeto del alma y el sentido del corazón, porque he descubierto que mis magníficos corceles y carruajes y relucientes cofres de oro y sublime nobleza no valen lo que una mirada de ese pobre joven que espera pacientemente, sufriendo los tormentos de la aflicción y la desventura… Ese joven oprimido por la cruel voluntad de mi padre, prisionero en la estrecha y melancólica celda de la Vida…
Por favor, querida mía, no urdas nada para consolarme, pues la calamidad por medio de la cual he descubierto el poder de mi amor es mi gran consuelo. Ahora miro hacia adelante a través de mis lágrimas, y espero la llegada de la Muerte, que me llevará donde pueda encontrarme con la otra mitad de mi alma, para abrazarlo como lo hacía antes de llegar a este extraño mundo.
No pienses mal de mí, porque cumplo con mi deber de esposa fiel y acato con paciencia y tranquilidad las leyes y reglas del hombre. Lo honro con mi mente, lo respeto con mi corazón y lo venero con mi alma. Pero Dios hizo que diera parte de mí a mi amado antes de conocer a mi esposo.
El cielo ha querido que pasara mi vida junto a un hombre que no me estaba destinado, y mis días se consumen en silencio de acuerdo con la voluntad divina, pero si no se abren las puertas de la Eternidad, continuaré con la bella mitad de mi alma y volveré la vista hacia el Pasado, y ese Pasado es este Presente… Miraré a la vida como la Primavera mira al Invierno, contemplaré a los obstáculos de la Vida como aquél que ha llegado a la cima de la montaña después de trepar por la senda más escarpada.

En ese momento, la doncella dejó de escribir y, ocultando el rostro en el hueco de sus manos, sollozó amargamente. Su corazón se negaba a confiar a la pluma sus más sagrados secretos, pero aceptaba derramar estériles lágrimas que se dispersaban rápidamente, confundiéndose con el éter, refugio de las almas de los amantes y del espíritu de las flores. Después de un momento retomó la pluma y añadió:
¿Recuerdas a ese joven? ¿Recuerdas los destellos que emanaban de sus ojos, y los signos de pesar en su rostro? ¿Recuerdas su risa, que hablaba de las lágrimas de una madre separada de su único hijo? ¿Puedes reconstruir su voz serena, como el eco de un distante valle? ¿Lo recuerdas cuando meditaba, escrutando nostálgica y plácidamente los objetos y hablando de ellos con extrañas palabras, para luego agachar la cabeza suspirando como si temiera revelar los grandiosos secretos de su corazón? ¿Recuerdas sus sueños y creencias? ¿Recuerdas todo esto de un joven a quien la humanidad contaba entre sus hijos, y a quien mi padre miraba con ojos de superioridad porque estaba por encima de la voracidad terrenal y era más noble que la grandeza heredada?
Debes saber, querida hermana, que soy una mártir de este mundo insignificante, y una víctima de la ignorancia. ¿Te condolerás de una hermana que se sienta en el silencio de la horrible noche para verter todo lo que su yo interior encierra, y revelarte los secretos de su corazón? Estoy segura que te condolerás de mí, porque sé que el Amor ha visitado tu corazón.

Llegó el alba, y la doncella se rindió al Sueño, esperando hallar sueños más dulces y placenteros que los que había hallado en la vigilia…

COMPATRIOTAS

¿Qué buscáis, Compatriotas?
¿Deseáis acaso que construya para
Vuestros gloriosos palacios, decorados
Con palabras vacías de sentido, o
Para vuestros templos techados con sueños?
¿O me ordenáis que destruya aquello
Que los mentirosos y tiranos han construido?
¿Debo desarraigar con mis manos
Aquello que los hipócritas y los malvados
Han implantado? ¡Decid cuál es vuestro insensato
Deseo!

¿Qué querríais que hiciera,
Compatriotas? Debo ronronear como
Un gatito para satisfaceros, o debo rugir
Como un león para complacerme? He
Cantado para vosotros, pero vosotros no habéis
Danzado; ante vosotros he llorado, pero
No habéis sollozado. ¿Debo acaso cantar
Y llorar al mismo tiempo?

Vuestras almas sufren los tormentos
Del hambre, y sin embargo el fruto del
Conocimiento es más feraz que
Las piedras de los valles.
Vuestros corazones se marchitan de
Sed, y sin embargo las fuentes de la
Vida manan junto a vuestros
Hogares. ¿Por qué no bebéis?

Tiene el mar sus flujos y reflujos,
La Luna, crecientes y menguantes
Fases, y las Épocas sus
Inviernos y veranos, y todas las
Cosas varían como la sombra
De un Dios futuro oscilando entre
La tierra y el sol, pero la Verdad no
Puede cambiarse, ni tampoco disiparse;
¿Por qué, entonces, intentáis
Desfigurar su semblante?

Os he llamado en el silencio
De la noche para mostraros la
Gloria de la luna y la dignidad
De las estrellas, pero habéis salido,
Sobresaltados, de vuestro letargo y cogiendo
Con temor vuestras espadas, habéis gritado:
“¿Dónde está el enemigo? ¡A él debemos matar
Primero!” Al alba, cuando
El enemigo llegó, os volví a llamar,
Pero no salisteis esta vez
De vuestro letargo, porque estabais
Encerrados en el miedo, luchando contra
Las procesiones de espectros de
Vuestros sueños.

Y os dije: “Trepemos a
La cima de la montaña y veamos la
Belleza del mundo.” Y me
Respondisteis diciendo: “En las profundidades
De ese valle vivieron nuestros padres,
Y a su sombra vivieron, y en
Sus grutas fueron sepultados. ¿Cómo podríamos
Abandonar este lugar por otro
Que ellos no honraron?

Y os dije: “Vayamos a la
Llanura cuya magnificencia llega hasta
El mar.” Y tímidamente me hablasteis,
Diciendo: “El rugido del abismo
Atemorizaría nuestros espíritus, y el
Terror a las profundidades consumiría
Nuestros cuerpos.”

Os he amado, Compatriotas, pero
Mi amor por vosotros es doloroso para mí
E inútil para vosotros; y hoy os
Odio, y el odio es un diluvio
Que arrasa con las hojas secas
Y las temblequeantes casas.

He tenido lástima de vuestra debilidad,
Compatriotas, pero mi lástima sólo ha servido
Para aumentar vuestras flaquezas, exaltando
Y nutriendo la pereza, que
Es inútil a la Vida. Y veo hoy
Vuestra enfermedad, a la que mi alma aborrece
Y teme.

He llorado por vuestra humillación
Y sumisión; y aunque manaron mis lágrimas
Cristalinas, no pudieron encrespar
Las turbias aguas de vuestra debilidad;
Quitaron, sin embargo, el velo de mis ojos.
Mis lágrimas nunca han llegado a
Vuestros petrificados corazones, pero
Han disipado la oscuridad dentro de mí.
Me burlo hoy de vuestro sufrimiento
Pues la risa es como el airado trueno que
Precede a la tempestad, y que nunca ruge
Cuando la tempestad ha pasado.

¿Qué deseáis, Compatriotas?
¿Queréis que os muestre
El espectro de vuestro semblante sobre
El rostro de las quietas aguas? ¡Venid,
Ahora y ved cuán horrible sois!
¡Mirad y meditad! El miedo
Ha tornado vuestros cabellos grises como las
Cenizas, y la disipación ha marcado
Vuestros ojos convirtiéndolos en
Negros agujeros, y la cobardía
Ha tocado vuestras mejillas que parecen
Ahora tenebrosos despeñaderos del
Valle, y la Muerte ha besado
Vuestros labios, dejándolos amarillos
¿Qué buscáis, Compatriotas?
¿Qué pedís de la Vida a quien ya no os
Cuenta más entre sus hijos?

Vuestras almas se hielan en las
Garras de los sacerdotes y
Hechiceros, y tiemblan vuestros
Cuerpos ante las zarpas de los
Déspotas y los derramadores de
Sangre, y vuestro país se estremece
Bajo las botas en marcha del
Enemigo conquistador; ¿qué podéis, entonces,
Esperar, aunque estéis orgullosamente erguidos
Ante el rostro del sol? Vuestras espadas se
Herrumbran en sus vainas, y están rotas
Vuestras lanzas, y resquebrajados
Vuestros escudos; ¿por qué, entonces,
Permanecéis en el campo de batalla?

La hipocresía es vuestra religión, y la
Falsedad vuestra vida, y la
Nada vuestro fin; ¿por qué vivís,
Entonces? ¿No es acaso la
Muerte el único solaz
Para los miserables?

La vida es la determinación que
Acompaña a la juventud, y la diligencia
Que sucede a la madurez, y la
Sabiduría que persigue a la senilidad; pero
Vosotros, Compatriotas, habéis nacido viejos
Y débiles. Y se marchitó vuestra piel
Y se consumió vuestro cráneo, y luego os
Convertisteis en niños, que juegan
En el fango y se arrojan piedras
Unos a otros.

El conocimiento es una luz que enriquece
El calor de la vida, y todos los que la buscan
Pueden ser parte de ella; pero vosotros,
Compatriotas, perseguís la oscuridad
Y evitáis la luz, esperando que el agua
Mane de las rocas, y la
Miseria de vuestra nación es
Vuestro crimen… No perdono
Vuestros pecados, porque vosotros sabéis
Lo que hacéis.

La humanidad es un río brillante
Que canta en su cauce, llevando
Los secretos de la montaña hasta
El corazón del mar; pero vosotros,
Compatriotas, sois turbios
Pantanos infectados de insectos
Y serpientes.

El Espíritu es una sagrada antorcha
Azul, que quema y devora las
Plantas mustias, que crece en
La tormenta e ilumina
Los rostros de las diosa’!; pero
Vosotros, Compatriotas… vuestras almas
Son como cenizas que el viento
Dispersa en la nieve, y que
Las tempestades esparcen para siempre
Sobre los valles.

No temáis al fantasma de la Muerte,
Compatriotas, pues su grandeza
Y piedad se negarán a acercarse
A vuestra pequeñez; no os atemoricéis
Ante la Daga, porque rehusará
Alojarse en vuestros huecos corazones.
Os odio, Compatriotas, porque
Vosotros odiáis la gloria y la grandeza.
Os desprecio porque vosotros os despreciáis.
Soy vuestro enemigo, porque os negáis
A daros cuenta de que sois
Los enemigos de las diosas.

LA ENCANTADORA HURÍ

¿Hacia dónde me llevan, Oh Encantadora
Hurí, y cuánto más debo seguirte
Por este ríspido camino sembrado de
Espinas? ¿Por cuánto tiempo nuestras almas
Ascenderán y descenderán penosamente por este sinuoso
Sendero rocoso?

Como un niño que sigue a su madre, así
Te sigo, asido a tus ropas
Olvidando mis sueños y
Admirando tu belleza; mis ojos,
Presa de tu hechizo, están ciegos a la
Procesión de espectros que se cierne sobré
Mí, y me atrae hacia ti una fuerza
Interior que no puedo negar.

Detente y momento y déjame ver
Tu semblante; y mírame un
Momento: quizá descubra los
Secretos de tu corazón en tus extraños
Ojos. Detente y descansa, pues estoy fatigado,
Y tiembla mi alma de miedo al transitar
Esta horrible senda. Detente, pues
Hemos arribado a esa terrible encrucijada
Donde la Muerte abraza a la Vida.
¡Oh, Hurí, escúchame! Yo era libre
Como los pájaros, explorando valles y
Bosques, y volando por el vasto
Cielo. Al atardecer reposaba sobre las
Ramas de los árboles, meditando sobre los
Templos y palacios de la Ciudad de las
Coloridas Nubes, que el Sol edifica
En la mañana y destruye antes del
Anochecer.

Yo era como un pensamiento, caminando solo
Y en paz de Este a Oeste del
Universo, regocijándome con la
Belleza y alegría de la Vida, y cuestionando
El magnífico misterio de la
Existencia.

Yo era como un sueño que se deslizaba bajo
Las amistosas alas de la noche,
Penetrando por las ventanas cerradas
En los aposentos de las doncellas, retozando
Y despertando sus esperanzas… Luego me
Sentaba junto a los jóvenes y alborotaba sus
Deseos… Luego exploraba los cuartos
De los mayores y me adentraba en sus pensamientos
De plácido contentamiento.

Entonces tú cautivaste mi fantasía, y desde
Ese hipnótico momento me sentí como un
Prisionero arrastrando sus cadenas e
Impelido hacia un hogar desconocido…
Tu dulce vino, que ha robado mi voluntad,
Me ha intoxicado. y ahora descubro
Que mis labios besan la mano
Que con rigor me golpea. ¿Acaso no puedes
Ver con los ojos de tu alma la
Opresión de mi corazón? Detente un
Momento: estoy recobrando mis fuerzas
Y liberando mis cansados pies de las
Pesadas cadenas. He destruido la
Copa de la que bebí tu
Gustosa ponzoña… Pero ahora estoy
En tierra extraña, y perplejo:

¿Qué camino he de seguir?
He recuperado mi libertad, ¿Me aceptarás
Ahora como dispuesto acompañante,
Que mira el Sol con vidriosos
Ojos, y empuña el fuego
Con firmes dedos?

He desplegado mis alas y estoy
Pronto a descender, ¿Acompañarás a
Un joven que pasa sus días vagando
En las montañas como el águila solitaria y
Malgasta sus noches deambulando en los
Desiertos como el león inquieto?

¿Te contentarás con el
Afecto de uno que considera al amor
Sólo como un anfitrión y se niega
A aceptarlo como amo?

¿Aceptarás a un corazón que ama
Pero jamás se rinde? ¿Y que arde, pero
Jamás se funde? ¿Estarás cómoda
Con un alma que se estremece ante la
Tempestad, pero jamás se somete a ella?
¿Aceptarás como compañero a uno
Que ni esclaviza ni es un
Esclavo? ¿Serás mi dueña, pero sin
Poseerme, tomando mi cuerpo pero no mi corazón?
Entonces aquí está mi mano… estréchala
Con tu bella mano; y aquí está mi
Cuerpo… abrázalo con tus amantes
Brazos; y aquí están mis labios… prodígales
un beso profundo y embriagador.

MUERTOS ESTABAN LOS MÍOS
(Escrito en el exilio, durante el hambre en Siria)
PRIMERA GUERRA MUNDIAL

Los míos se han ido, pero yo aún existo
Llorándolos en soledad…
Muertos están mis amigos y por su
Muerte mi vida es nada más que un gran
Desastre.

Las colinas de mi país están inmersas
En lágrimas y sangre, pues se han ido los míos
y mis amados, y yo estoy aquí
Viviendo como lo hacía cuando los míos y mis
Amados disfrutaban de la vida y sus
Alegrías, y cuando las colinas de
Mi país estaban benditas y rodeadas
Por la luz del sol.
Los míos murieron de hambre, y aquel que
No pereció de inanición fue despedazado
Por la espada; y aquí estoy yo
En esta tierra distante, vagando
Entre gente feliz que duerme
Sobre lechos mullidos y que sonríe al día,
Y el día les sonríe.

Los míos tuvieron una muerte dolorosa
Y vergonzosa, y aquí estoy yo viviendo en la paz
Y la abundancia… Es esta una gran tragedia
Siempre representada en el escenario de mi
Corazón; a muy pocos les importa presenciar el
Drama, pues los míos son como pájaros
Con las alas rotas que la bandada deja atrás.

Si estuviera hambriento y viviera entre mi
Famélico pueblo, y si fuera perseguido junto con
Mis oprimidos compatriotas, la carga
De estos días negros pesaría menos
Sobre mis desasosegados sueños, y la
Oscuridad de la noche sería menos
Sombría ante mis hundidos ojos y mi
Apesadumbrado corazón y mi alma herida.

Porque aquel que comparte con los suyos
Los pesares y agonías sentirá el
Supremo alivio que sólo el sufrimiento
Y el sacrificio engendran. Y estará
En paz consigo mismo cuando muera,
Inocente junto a sus compañeros inocentes.

Pero no vivo con mi hambriento
Y perseguido pueblo, que camina
En el cortejo de la muerte hacia el
Martirio… Estoy aquí, al otro lado
Del ancho mar, viviendo a la sombra de la
Tranquilidad, y a la luz de la
Paz… Estoy distante de la triste
Arena y de los acongojados, y de nada
Puedo enorgullecerme, ni siquiera de mis propias
Lágrimas.

¿Qué puede hacer un hijo exilado por
Su hambriento pueblo, y de qué vale
Para su pueblo el lamento de un
Poeta ausente?

Si yo fuera una mazorca de maíz plantada en la tierra
De mi país, los niños hambrientos me
Seguirían para alejar con mis granos
La mano de la Muerte de su alma. Si fuera
Un fruto maduro de los jardines de mi país
Las hambrientas mujeres me arrancarían
Para alimentar la vida. Si fuera
Un pájaro volando en el cielo de mi país,
Mis hambrientos hermanos me darían caza y
Con la carne de mi cuerpo alejarían de
Sus cuerpos la sombra de la tumba.

Pero ¡Ay de mí! No soy una mazorca de maíz
Plantada en las llanuras de Siria, ni un
Maduro fruto de los valles del Líbano:
Esta es mi desventura, la muda calamidad
Que me humilla ante mi alma
Y ante los fantasmas de la noche…

Esta es la dolorosa tragedia que atiesa mi lengua
Y maniata mis brazos y me apresa, despojado
de fuerza, acción y voluntad.
Esta es la maldición marcada a fuego
Sobre mi frente
Ante Dios y ante los hombres.

Y a menudo me han dicho:
“La desventura de tu país no es
nada comparada con la calamidad que aqueja
Al Mundo, y las lágrimas y la sangre vertidas
Por tu pueblo no son nada comparadas
con los ríos de sangre y lágrimas
Derramados cada día y cada noche en los
Valles y llanuras de la tierra.

Sí, pero la muerte de los míos es
Una silenciosa acusación; es un crimen
Concebido por la mente de invisibles
Serpientes… Una tragedia sin
Música ni decorados… Y si los míos
Hubieran atacado a los déspotas
Y opresores para morir como rebeldes,

Yo hubiera dicho: “Morir por
La libertad es más noble que vivir a la
Sombra de la débil sumisión, porque
Aquel que abrace a la muerte con la espada
De la Verdad en la mano, se eternizará
En la Eternidad de la Verdad, pues la Vida
Es más débil que la Muerte, y la Muerte
Más débil que la Verdad.

Si mi nación hubiera participado en la guerra
De todas las naciones y hubiera muerto en el
Campo de batalla, yo diría que fue
La rugiente tempestad quien quebró
Con su furia las tiernas ramas; y una
Muerte violenta bajo un cielo de
Tormenta es más noble que morir
Lentamente en los brazos de la senilidad.
Pero no hubo salvación de esas
Fauces… Los míos cayeron
Y lloraron con los sollozantes ángeles.

Si un terremoto hubiera desgarrado
A mi país en dos y la tierra hubiera
Engullido a los míos en su seno,
Yo hubiera dicho: “Una gran ley misteriosa
Ha actuado por voluntad de la fuerza divina,
Y sería una locura si nosotros
Frágiles mortales, intentáramos escudriñar
Sus profundos secretos…”

Pero los míos no murieron en rebeldía;
No los mataron en el campo
De batalla; ni tampoco un terremoto
Destrozó mi país para avasallarlos.
La muerte fue su único salvador, y
El hambre su único menoscabo.

Los míos murieron en la cruz…
Murieron con las manos
Extendidas hacia Oriente y Occidente,
Mientras los despojos de sus ojos
Miraban la oscuridad del
Firmamento… Murieron en silencio.
Pues la humanidad había cerrado sus oídos
A sus gritos. Murieron por no
Favorecer a su enemigo.
Murieron por amar a sus
Vecinos. Murieron por depositar
Su confianza en la humanidad.
Murieron por no oprimir
Al opresor. Murieron
Porque eran las flores
Aplastadas, y no los aplastantes pies.
Murieron porque eran pacíficos.

Perecieron de hambre en una tierra
Rica en leche y miel.
Murieron porque se levantaron
Los monstruos del infierno y destruyeron
Todo lo que crecía en sus campos,
Y devoraron sus últimas reservas…
Murieron porque las víboras y
Los hijos de las víboras escupieron veneno
En el espacio donde los Cedros Sagrados y
Las rosas y el jazmín exhalaban

Gibrán Khalil Gibrán: LA VOZ DEL MAESTRO

Gibrán Khalil Gibrán
LA VOZ DEL MAESTRO
(1959)

I

EL MAESTRO Y EL DISCÍPULO

1. VIAJE DEL MAESTRO A VENECIA

Y sucedió que el Discípulo vio al Maestro pasear en silen¬cio arriba y abajo del jardín, y en su pálido semblante mostrá¬banse señales de profunda .tristeza. El Discípulo saludó al Maestro en nombre de Alá y le preguntó cuál era la causa de su dolor. El Maestro hizo un ademán con el báculo y rogó al Discípulo que se sentase en la piedra junto al estanque de los peces. Así lo hizo el Discípulo, preparándose a escuchar la voz del Maestro.

Y éste dijo:

Quieres que te relate la tragedia que mi Memoria repite cada día y cada noche en el escenario de mi corazón. Estás cansado ya de mi prolongado silencio y del secreto que no te revelo, y te atribulas ante mis suspiros y -lamentaciones. Te dices a tí mismo: “Si el Maestro no me admite en el templo de sus tristezas, ¿cómo voy a poder penetrar jamás en la morada de sus afectos?”
Escucha mi historia… Préstame oído, pero no me compa¬dezcas, porque la piedad es parados débiles, y yo estoy fuerte todavía en medio de mi aflicción.
Desde los días de mi juventud me ha venido persiguiendo en el sueño y en la vigilia el fantasma de una extraña mujer. La veo cuando estoy a solas por la noche, sentada junto a mi lecho. En el silencio de la medianoche escucho, su dulce voz. Muchas veces, al cerrar los ojos, siento el tacto de sus suaves dedos en mis labios; y cuando abro los ojos, el miedo me invade y repentinamente empiezo a escuchar el susurro de los ecos de la Nada…
Frecuentemente me siento desorientado y me digo: “¿No será mi fantasía la que me hace dar vueltas hasta parecer que me pierdo entre las nubes? ¿No habré forjado yo desde lo más hondo de mis sueños una nueva divinidad de voz melo¬diosa y manos tibias? ¿He perdido acaso los sentidos y, en medio de mi locura, he creado esta cara y amada compañera? ¿Me he retirado de la sociedad de los hombres y del bullicio de la ciudad para poder estar a solas con el objeto de mi ado¬ración? ¿Habré cerrado los ojos y los oídos a las formas y rumores de la Vida, para poder admirarla mejor y escuchar su melodiosa voz?
Me pregunto a mí mismo muchas veces: “¿Soy un loco a quien le place estar solo, y que de los fantasmas de su soledad modela una compañera y esposa para su alma?”
Te hablo de una Esposa y te asombra el oír esta palabra. Pero, ¿cuántas veces nos desconcertamos ante una experien¬cia extraña que rechazamos como imposible, aunque su reali¬dad no puede borrarse de nuestra mente por mucho que lo intentemos?
Esta mujer de mis visiones ha sido en realidad mi esposa, y ha compartido conmigo los gozos y sinsabores de la vida. Cuando me despierto por la mañana, la veo reclinada sobre mi almohada, mirándome con ojos rutilantes de bondad y amor maternal. Está conmigo cuando planeo cualquier empresa y me ayuda a realizarla. Cuando me siento a comer, ella toma asiento junto a mí e intercambiamos ideas y pala¬bras. Al anochecer, está conmigo de nuevo y me dice:
-Llevamos mucho tiempo encerrados en este lugar. Salga¬mos a caminar por los campos y las praderas.
Entonces dejo mi trabajo y la sigo por el campo, nos sentamos en una piedra elevada y contemplo el horizonte distante. Ella me señala la nube dorada y me hace notar la canción que gorjean los pájaros antes de retirarse a pasar la noche, agradeciendo al Señor por la dádiva de su libertad y de su paz.
De cuando en cuando viene a mi habitación, en mis momentos de ansiedad y tribulación. Pero, en cuanto la diviso, todos mis cuidados y zozobras se truecan en alegría y calma. Cuando mi espíritu se subleva contra la injusticia del hombre para el hombre, y veo su rostro entre otros rostros de los cuales estoy dispuesto a huir, sosiégase la tem¬pestad de mi corazón, a la que sucede su voz celestial de paz. Cuando estoy sólo y los crueles dardos de la vida despedazan mi corazón y me encadenan a la tierra los grilletes de la vida, observo que mi compañera me mira con los ojos llenos de amor, y mi amargura se torna en mansedumbre, y la Vida se me antoja un Edén de felicidad.
Acaso me preguntes cómo puedo estar contento con esta existencia tan rara, y cómo un hombre como yo, en plena primavera de la vida, es capaz de encontrar alegría en fantas¬mas y ensueños. Pero yo te digo que los años que he pasado en tal estado constituyen la piedra angular de cuanto he llega¬do a conocer sobre la vida, la Belleza, la Dicha y la Paz.
Porque la compañera de mi fantasía y yo hemos sido como pensamientos que flotan libremente ante la luz del Sol o sobre la superficie de las aguas, entonando un cántico a la luz de la Luna… Un cántico de paz que endulza el espíritu y conduce a la belleza inefable.
Vida es lo que vemos y experimentamos a través del espíritu; pero llegamos a conocer el mundo que nos rodea a través de nuestro entendimiento y de nuestra razón. Y ese conocimiento nos produce gran alegría o tristeza. Yo estaba destinado a experimentar la tristeza antes de llegar a los treinta años. Ojalá hubiese muerto antes de alcanzar los años que secaron la sangre de mi corazón y la savia de mi vida, deJ andome como un árbol seco con ramas que ya no se columpian a la dulce brisa, y en las que no construyen sus nidos los pájaros.
El Maestro se calló y sentándose junto a su Discípulo, continuó:

Hace veinte años, el gobernador del Monte Líbano me mandó a Venecia en una misión de estudio, con una carta de recomendación para el alcalde de la ciudad, a quien había conocido en Constantinopla. Zarpé del Líbano a borde de una nave italiana en el mes de Nisán. El aire primaveral era fragante y las nubes blancas se cernían sobre el horizonte como hermosas pinturas. ¿Con qué palabras podré describir¬te el júbilo que sentí durante la travesía? Todas son muy pobres y muy escasas para expresar los sentimientos que laten en el corazón del hombre.
Los años que pasé con mi etérea compañera estuvieron llenos de gozo, de delicias y de paz. Jamás sospeché que el Dolor estuviese esperándome, ni que el Sufrimiento acechase en el fondo de mi copa de Alegría.
Cuando el vehículo me apartaba de mis montañas y valles nativos y me acercaba a la costa, mi compañera iba sentada a mi lado. Estuvo conmigo los tres días jubilosos que pasé en Beirut, recorriendo la ciudad junto a mí, deteniéndose donde yo me detenía, sonriendo cuando me topaba con algún amigo.
Cuando me senté en el balcón del hotel que dominaba la ciudad, ella se incorporó a mis sueños.
Pero un gran cambio se efectuó -en mí cuando estaba a punto de embarcarme. Sentí una mano misteriosa que me agarraba y tiraba de mí hacia atrás; y oí en mi interior una voz, que murmuraba:
– ¡Regresa! ¡No te vayas! ¡Vuélvete al puerto antes de que se dé el barco a la vela!
Pero yo no quise escuchar aquella voz. Cuando izaron las velas, me sentí como un pájaro que de repente hubiera caído entre las garras de un halcón y que lo arrebataba a lo alto del cielo.
Al anochecer, cuando las montañas y las colinas del Líba¬no no se perdían en el horizonte, me encontré solo en la popa de la embarcación. Miré en torno, buscando a la mujer de mis sueños, a la mujer que amaba mi corazón, a la esposa de mis días, pero ya no estaba junto a mí. La hermosa doncella cuyo semblante veía cada vez que miraba al cielo, cuya voz escuchaba en el sosiego de la noche, cuya mano sostenía cuando vagaba por las calles de Beirut… ya no estaba junto a mí.
Por vez primera en mi vida me encontré completamente solo en un bajel que surcaba el mar profundo. Me puse a pasear por cubierta, llamándola desde el fondo de mi cora zón, mirando a las olas con la esperanza de descubrir su rostro. Pero todo fue en vano. A medianoche, cuando todos los pasajeros se habían retirado, yo seguía en cubierta, solo, atormentado y lleno de ansiedad.
De repente levanté los ojos, ¡y allí estaba la compañera de mi vida, por encima de mí, en una nube, a corta distancia de la proa! Salté de gozo, abrí anchurosamente los brazos y exclamé:
-¡Por qué me has abandonado, amada mía! ¿Adónde te has ido? ¿Dónde has estado? ¡Acércate amorosamente a mí y ya no me dejes solo jamás!
Pero ella no se movió. En su cara advertí señales de pena y amargura, que jamás hasta entonces había visto. Hablando quedamente y en tono triste, me dijo:
-He surgido de las profundidades del mar para verte una vez más. Vete ahora a tu camarote y duérmete,. entr.egado al sueño.
Dichas estas palabras, se fundió con las nubes y se desva¬neció. La llamé a gritos frenéticamente, como un niño hambriento. Abrí los brazos en todas las direcciones, pero lo único que estrecharon fue el aire nocturno, denso de humedad. Bajé a mi litera, sintiendo dentro de mí el flujo y el reflu¬jo de los furiosos elementos. Era como si estuviese a bordo de otra nave completamente distinta, agitado por las ríspidas marejadas de la Perplejidad y la Desesperación.
Por extraño que parezca, en cuanto toqué con el rostro la almohada, me quedé profundamente dormido.
Soñé, y en mi sueño vi un manzano en forma de cruz, pendiente de la cual, como crucificada, estaba la compañera de mi vida. De sus manos y pies manaban gotas de sangre, que caían sobre las flores marchitas del árbol.
La embarcación bogaba día y noche, pero yo me sentía como en trance, no sabiendo si era un ser humano que viajaba a un clima distinto o un espectro que se movía a través de un cielo encapotado. En vano imploré a la Providencia para que me concediese oír el rumor de su voz, o ver un atisbo de su sombra, o gozar la suave caricia de sus frágiles dedos sobre mis labios.
Transcurrieron catorce días y seguía todavía solo. El día decimoquinto, a la luz de la Luna, avistamos la costa de Italia a lo lejos y entre dos luces arribamos al puerto. Un gentío a bordo de góndolas ornamentadas con insignias salió al encuentro de la nave para dar la bienvenida de la ciudad a los pasajeros.
La ciudad de Venecia está situada sobre muchas pequeñas islas, próximas la una a la otra. Sus calles son canales y sus numerosos palacios y residencias están construidas sobre el agua. Las góndolas son su único medio de transporte.
Mi gondolero me preguntó adónde iba, y cuando le dije, que quería visitar al alcalde de Venecia, me miró con extraño misterio. Según nos internábamos por los canales, la noche fue extendiendo su manto negro sobre la ciudad. Brillaban luces en las ventanas abiertas de los palacios y de las iglesias, y sus reflejos en el agua daban a la ciudad el aspecto de algo entrevisto en la visión fantasmagórica de un poeta, hechicera y encantadora a la vez.
Cuando la góndola llegó a la confluencia de los canales, escuché de pronto el trágico tañido de las campanas de una iglesia. Aunque estaba en trance espiritual, ausente total¬mente de la realidad, los ecos se hundieron en mi corazón y me deprimieron el espíritu.
La góndola atracó y quedó amarrada al pie de una esca¬linata de mármol que llevaba a una calle enlosada. El gondo¬lero señaló hacia un suntuoso palacio que se erguía en medio de un jardín, y me dijo:
-Aquí está tu destino.
Lentamente fui subiendo los peldaños que conducían hasta el palacio, seguido por el gondolero que cargaba mis pertenencias. Al llegar a la puerta, le pagué y despedí, dándo¬le las gracias.
Llamé y la puerta se abrió. Cuando entré, me saludaron rumores de llantos y sollozos. Me estremecí y me quedé estupefacto. Se me acercó un anciano criado de la casa que me preguntó en tono sombrío qué deseaba.
-¿Es éste el palacio del alcalde? -le pregunté.
Me dijo que sí con una inclinación de cabeza. Entonces le entregué la misiva que me diera el gobernador del Líbano. La miró y se retiró solemnemente hacia la puerta que comu¬nicaba con el salón de recepciones.
Me volví hacia el criado joven y le pregunté la causa de la tristeza que se cernía sobre la habitación. Me contestó que ese mismo día había muerto la hija del alcalde, y mientras decía estas palabras, se cubrió el rostro y derramó lágrimas amargas.
Imagínate lo que podía sentir un hombre que acababa de surcar el océano, fluctuando entre la esperanza y la desespe¬ración y que-, al terminar su viaje, se encontraba a la puerta de un palacio poblado por los crueles fantasmas de la consterna¬ción y el llanto. Imagínate los sentimientos de un extranjero que busca hospitalidad y descanso en un palacio, y que sólo se halla con las alas blancas de la muerte.
No tardó en regresar el viejo criado, y con una inclinación me dijo¬:
-El álcalde os espera.
Me acompañó hacia otra puerta que había al extremo de un pasillo y con un ademán me invitó a pasar. Allí me encon¬tré con un conjunto de sacerdotes y otros dignatarios, hundi¬dos en el más profundo silencio. En el centro de la estancia me recibió un hombre anciano de luenga barba blanca, que me estrechó la mano y me dijo:
-Tenemos la desgracia de daros la. bienvenida cuando venís de tierras tan remotas, en un día que lloramos la pérdi¬da de nuestra amadísima hija. Sin embargo, confío en que nuestra pena no interfiera para nada con vuestra misión, que puedo aseguraros haré lo posible por atender.
Le di las gracias por su bondad y expresé mis condolen¬cias más sinceras. Tras lo cual me señaló un asiento y yo me incorporé al austero y silencioso grupo.
Al contemplar los tristes rostros de los presentes y escu¬char sus sollozos ahogados, sentí que el corazón se me agobia¬ba de abatimiento y dolor.
No tardaron en marcharse uno tras otro los dolientes y sólo quedamos el atribulado padre y yo. Cuando también yo hice ademán de retirarme, me retuvo y me dijo:
-Amigo mío, os suplico que no os vayáis, Sed nuestro huésped, si es que no tenéis inconveniente en acompañarnos en nuestro luto.-Sus palabras me conmovieron hondamente, asentí con un ademán y él siguió diciendo:-Los hombres del Líbano son sumamente hospitalarios con los extranjeros; no debemos dejarnos ganar en bondad y cortesía por nuestro invitado del Líbano.
Tocó una campanilla y apareció un mayordomo, vestido con un magnífico uniforme.
-Muestra a nuestro huésped el aposento del ala oriental -le dijo- y haz que lo atiendan como se merece mientras está con nosotros.
El mayordomo me condujo a una habitación espaciosa y amueblada con lujo. En cuanto se retiró, me dejé caer en el diván y empecé a reflexionar sobre mi situación en esta tierra extranjera. Pasé revista á las primeras horas que había pasado en ella, tan lejos de mi patria nativa.
A los pocos minutos regresó el mayordomo, trayéndome la cena en una bandeja de plata. Después de comer, me puse a pasear por la estancia, asomándome de cuando en cuando a la ventana para contemplar el cielo veneciano y escuchar las voces de los gondoleros y el rítmico batir de sus remos. No tardé en sentirme adormilado y, reclinando mi fatigado cuerpo en la cama, me entregué completamente a un olvido de todo, en que se mezclaba el aturdimiento del sueño con el despejo de la vigilia.
No sé cuántas horas estaría sumido en este estado, porque hay grandes espacios de la vida que atraviesa el espíritu y no seríamos capaces de medir con el tiempo, ese invento del hombre. Lo único que sentí entonces y siento todavía es la poco venturosa condición en que me encontraba.
De pronto advertí qué un fantasma flotaba sobre mí; era un espíritu sutil que me llamaba, aunque no con señales sensibles. Me levanté y me dirigí hacia el pasillo, como impe¬lido o arrastrado por alguna fuerza divina. Caminaba sin voluntad, como en sueños y se me antojaba que me movía en un mundo más allá del tiempo y del espacio.
Cuando llegué al fondo del corredor, abrí una puerta y me encontré en una antecámara de vastas proporciones, en cuyo centro se levantaba un féretro rodeado de cirios llamean¬tes y guirnaldas de flores blancas. Me arrodillé junto al ataúd y miré a la figura que yacía inerte en él. Allí, delante de mí, cubierta por el velo de la muerte, estaba la faz de mi adora¬da, de la compañera de mi vida. Era la mujer a quien tanto amara, yerta ahora en el frío de la muerte, envuelta en un sudario blanco, rodeada de blancas flores y velada por el silencio de los siglos.
¡Oh Señor del Amor, de la Vida y de la Muerte! Tú eres el creador de nuestras almas. Tú guías nuestros espíritus hacia la luz y hacia las tinieblas. Tú calmas nuestros corazones y los sobresaltas de dolor o de esperanza. Tú me acabas de mostrar a la compañera de mi juventud en esta forma helada e inerte. Señor, Tú me has arrancado de mi patria para llevarme a otra y me has revelado el poder de la muerte sobre la vida y del dolor sobre la alegría. Tú has plantado un lirio blanco en el desierto de mi quebrantado corazón y me has trasladado a un valle remoto para enseñarme otro lirio seco.
¡Oh amigos de mi soledad y mi destierro! Dios ha queri¬do que apure el cáliz amargo de la vida. Hágase su voluntad. No somos más que frágiles átomos en el cielo infinito; y sólo nos cabe obedecer y acatar la voluntad de la Providencia.
Si amamos, ese amor no es de nosotros ni para nosotros. Si nos regocijamos, nuestro gozo no está en nosotros sino en la vida misma. Si padecemos, nuestro sufrimiento no está en nuestras heridas, sino en el corazón mismo de la Naturaleza. No estoy lamentándome al narrarte esta historia, porque el que se lamenta duda de la vida, y yo soy un firme creyente. Creo en el valor de las hieles que van mezcladas en cada brebaje que apuro en la copa de la vida. Creo en la belleza del dolor que penetra y satura mi corazón. Creo en la compa¬sión última de estos dedos de acero que me despedazan el alma.
Esta es mi historia. ¿Cómo voy a poder terminarla, cuando en realidad no tiene fin?
Me quedé arrodillado ante el féretro, hundido en el silen¬cio y estuve contemplando aquél semblante angelical hasta que llegó la aurora. Entonces me levanté y volví a mi aposen¬to, abatido bajo el peso abrumador de la Eternidad y soste¬nido por el dolor de toda la humanidad sufriente.
Tres semanas después abandoné Venecia y regresé al Líbano. Antojábaseme que había vivido miles de años en las vastas y mudas profundidades del pasado.
Pero la visión me siguió. Aunque la volví a encontrar muerta, en mí continuaba viva aún. A su sombra he padecido y he aprendido. Tú sabes perfectamente bien, discípulo mío, cuáles han sido mis sufrimientos.
Me he esforzado por comunicar a mi pueblo y a sus gobernantes el conocimiento y la sabiduría: Llevé a Al-Haris, gobernador del Líbano, el llanto de los oprimidos que esta¬ban siendo vejados y aplastados por las injusticias y perversi¬dades de los funcionarios de su Estado y de los dignatarios de la iglesia.
Le aconsejé que siguiese el camino de sus antepasados y tratase a sus súbditos como ellos, con clemencia, caridad y comprensión. Le dije: “El pueblo es la gloria de nuestro reino y la fuente de su prosperidad.” Díjele más todavía: “Cuatro cosas hay que un gobernante debe desterrar de su reino: la ira, la avaricia, la mentira y la violencia.”
Por estas y otras enseñanzas, fui castigado, desterrado y excomulgado por la Iglesia.
Pero llegó una noche en que Al-Haris, con el corazón atribulado, no podía conciliar el sueño. De pie ante su venta¬na contemplaba el firmamento. ¡Qué maravilla! ¡Cuántos cuerpos celestes perdidos en el infinito! ¿Quién creó este mundo misterioso y admirable? ¿Quién dirige las trayectorias de estas estrellas? ¿Qué relación tienen estos remotos cuerpos con el nuestro? ¿Quién soy yo y por qué estoy aquí? Todas estas preguntas se formulaba Al-Haris a sí mismo.
Entonces se acordó de mi destierro y se arrepintió del duro trato a que me había sometido. Inmediatamente mandó a buscarme, implorando mi perdón. Me hizo merced de un manto oficial y me proclamó su consejero ante todo el pueblo, mientras me colocaba una llave de oro en la mano. No siento la menor pesadumbre por mis años de destie¬rro. El que quiera buscar la verdad y anunciarla a la humanidad tiene que sufrir. Mis dolores me han enseñado a comprender los de mi prójimo; ni la persecución ni el destierro han empa¬ñado la visión que palpita dentro de mí.
Y ahora estoy fatigado…

Terminada su historia, el Maestro despidió a su Discípulo, que se llamaba Almuhtada, lo cual quiere decir “el Converso”, y se dirigió a su retiro para reposar en cuerpo y alma del cansancio de los viejos recuerdos.

2. MUERTE DEL MAESTRO

Dos semanas después, el Maestro enfermó y una multitud de admiradores suyos acudió a la ermita para preguntar por su salud. Cuando llegaron a la puerta del jardín, vieron que salían de las habitaciones del Maestro un sacerdote, una monja, un médico y Almuhtada. El Discípulo amado anunció la muerte del Maestro. El gentío empezó a llorar y a sollozar, pero Almuhtada no derramó una sola lágrima ni habló una palabra.
Quedóse algún tiempo hundido en sus propios pensa¬mientos, hasta que por fin se irguió sobre la piedra del estan¬que de los peces y habló:
Hermanos y compatriotas: acaban todos de escuchar la triste noticia de la muerte del Maestro. El inmortal Profeta del Líbano se ha entregado al sueño eterno y su alma bien¬ aventurada se eleva por encima de nosotros en los cielos del espíritu, más allá de la tristeza y de la pesadumbre. Su alma se ha desprendido de la esclavitud del cuerpo,y ha arrojado las cargas y la fiebre de esta vida terrenal.
El maestro ha abandonado este mundo material, ataviado con las vestiduras de la gloria y ha pasado a otro mundo libre de penalidades y aflicciones. Ahora está donde nuestros ojos no pueden verlo ni nuestros oídos escucharle. Mora en el mundo del espíritu, cuyos habitantes lo necesitan acuciosa¬mente. Está ahora adquiriendo el conocimiento de un nuevo cosmos, cuya historia y hermosura siempre lo han fascinado y cuya lengua él se ha esforzado siempre por aprender.
Su vida en esta tierra constituyó una larga cadena de hechos gloriosos. Fue una vida de meditación constante, porque el Maestro no descansaba más qué en el trabajo. Amaba el trabajo, que definió como amor visible.
Fue la suya un alma inquieta, que no podía descansar sino en el regazo de la vigilia. Fue el suyo un corazón amante que rebosaba de bondad y de celo.
Tal fue la vida que llevó en esta tierra…
Era un manantial de sabiduría que brotaba del seno de la Eternidad, una corriente pura de ese conocimiento que riega y vivifica la mente del Hombre.
Y ahora ese río ha desembocado en las playas de la Eter¬nidad. ¡Que ningún intruso lo llore ni derrame lágrimas por su partida!
Debe tenerse presente que sólo los que han estado frente al Templo de la Vida, sin hacer fructificar la tierra con una gota de sudor de su frente, se hacen acreedores a las lágrimas y a las lamentaciones cuando la abandonan.
Pero, ¿no pasó por ventura el Maestro todos los días de su vida trabajando en beneficio de la Humanidad? ¿Hay entre los presentes alguno que no haya bebido de la fuente pura de su sabiduría? Por eso, el que desee honrarlo que ofrezca a su alma bienaventurada un himno de alabanza y acción de gracias, no los ecos lúgubres de sus lamentos. El que desee rendirle el homenaje que se merece, que asimile el conoci¬miento en los libros llenos de sabiduría que ha legado al mundo.
¡Al genio nada se le da, sólo se recibe de él! Sólo así debe honrárselo. No hay que llorar por él, sino alegrarse y beber de lo hondo de su sabiduría. Solamente así podrá pagársele el tributo que se le debe.

Después de oír las palabras del Discípulo, la muchedum¬bre se retiró y todos volvieron a sus casas con una sonrisa en los labios y con cánticos de acción de gracias en el corazón.
Almuhtada quedó solo en este mundo, pero la soledad jamás tomó posesión de su corazón, porque la Voz del Maestro resonó siempre en sus oídos, exhortándolo a seguir trabajando y a sembrar las palabras del Profeta en los cora¬zones y mentes de cuantos querían escucharlo por su libre voluntad. Pasaba muchas horas en el jardín meditando a solas sobre los pergaminos que le entregara el Maestro, y en los cuales había dejado escritas sus palabras de sabiduría.
A los cuarenta días continuos de meditación, Almuhtada abandonó el retiro de su Maestro y empezó a peregrinar por los villorios, aldeas y ciudades de la Antigua Fenicia.
Un día que cruzaba la plaza del mercado de la ciudad de Beirut, lo siguió una muchedumbre. Se detuvo en un paseo público, el gentío se agolpó en torno suyo y él les habló con la voz del Maestro, diciendo:

El árbol de mi corazón está cargado de frutos; venid, vosotros los hambrientos y recogedlos. Comed y saciaos… Venid y recibid de la abundancia de mi corazón y aliviadme la carga. Mi alma se abate bajo el peso del oro y de la plata. Venid, buscadores de tesoros ocultos, llenad vuestras bolsas y aligerad mi peso…
Mi corazón rebosa hasta los bordes con el vino de los siglos. Venid, todos los sedientos, bebed y apagad vuestra sed. El otro día vi a un rico de pie a la puerta del templo, extendiendo sus manos llenas de piedras preciosas a los transeúntes, mientras los llamaba y decía:
Tengan piedad de mí. Quítenme estas joyas de encima, porque han debilitado mi alma y endurecido mi corazón. Compadézcanse de mí, llévenselas y devuélvanme la salud.
Pero ninguno de los fieles prestaba oídos a sus súplicas. Me quedé mirando al hombre y dije para mis adentros: Seguramente sería mejor que fuese un mendigo, que vagase por las calles de Beirut alargando su mano temblorosa, pidien¬do limosnas y que se volviese a casa por la noche con las manos vacías.
He visto a un acaudalado y generoso jeque de Damasco plantar sus tiendas en el desierto árido de Arabia y en las laderas de las montañas. Al anochecer enviaba a sus esclavos a buscar viajeros para darles albergue y acogida en sus tiendas. Pero los ásperos caminos estaban solitarios y los criados no le llevaron jamás invitado alguno.
Y reflexioné sobre la suerte del triste jeque y el corazón me habló, diciendo: “Indudablemente, sería, mejor que fuese un pordiosero, con un báculo en la mano y una escudilla colgándole del brazo y que compartiese al mediodía el pan de la amistad con sus compañeros junto a los montones de basu¬ra de las afueras de la ciudad…”
Vi en Líbano a la hija del gobernador, que se levantaba del lecho ataviada con un manto precioso. Llevaba la cabelle¬ra ungida de almizcle y su cuerpo estaba envuelto en perfu¬mes. Paseaba por el jardín del palacio de su padre en busca de un enamorado. Las gotas de rocío que humedecían la hierba mojaban la orla de su vestido. ¡Pero ay! Entre todos los súbditos de su padre no había quien la amase.
Al reflexionar sobre el ánimo atribulado de la hija del gobernador, mi alma me advirtió, diciéndome: “¿No sería mejor para ella acaso ser la hija de un oscuro labrador, que condujese al pasto las ovejas de su padre y las volviese al aprisco al anochecer, entre las fragancias de la tierra y de las viñas, con su tosco vestido de pastora?” Por lo menos, por mal que le fuesen las cosas, podría huir furtivamente de la cabaña de su padre y en el silencio de la noche salir en busca de su amado, que la esperaría junto al arroyuelo murmurante.
El árbol de mi corazón está cargado de frutos. Venid, almas hambrientas, recogedlos, comed y saciaos. Mi espíritu rebosa de vino añejo. Venid, corazones sedientos, bebed y apagad vuestra sed…
Ojalá fuera yo un árbol que no floreciese ni diese fruto; porque el dolor de la fertilidad es más cruel que la amargura de la infecundidad; y el sufrimiento del generoso acaudalado es más terrible que la miseria del pobre mendigo…
Ojalá fuera yo un pozo seco, para que la gente arrojase piedras a mis profundidades. Porque es preferible ser un pozo vacío -que una fuente de agua pura, no tocada por labios sedientos.
Pediría a Dios ser una caña rota, pisoteada por el pie del hombre, porque eso es mejor que ser una lira en casa de alguien que tenga los dedos llagados y todos los miembros de su hogar sean sordos.
Oídme, hijos e hijas de mi patria; meditad sobre estas palabras que os han llegado a través de la voz del Profeta. Haced un hueco para ellas en los senos de vuestro corazón y que la semilla de la sabiduría germine en el jardín de nuestra alma. Porque este es el don precioso del Señor.

Y la fama de Almuhtada se extendió por toda la tierra y mucha ‘gente acudía a rendirle homenaje de otros países y a escuchar al vocero del Maestro.
Acosábanle médicos, letrados, poetas y filósofos con diversas preguntas, dondequiera que lo encontraban, lo mismo en la calle que en la iglesia, en la mezquita, en la sinagoga o en cualquier lugar en que se, congregasen los hombres. Sus mentes quedaban enriquecidas con sus hermo¬sas palabras, que pasaban de boca en boca.
Les hablaba de la Vida y de la Realidad de la Vida, dicién¬doles así:

El hombre es como la espuma del mar, que flota sobre la superficie del agua. Cuando sopla el viento, se desvanece como si nunca hubiese existido. Así son nuestras vidas arre¬batadas por el soplo de la Muerte…
La Realidad de la Vida es la Vida misma, que no comien¬za en el vientre de la madre ni termina en la tumba.
Porque los años que pasan no son más que un momento en la vida eterna; y el mundo de la materia y cuanto en él hay no es sino un sueño comparado con el despertar que llama¬mos el terror dula Muerte.
El éter propaga todos los ecos de nuestra risa, todos los suspiros que exhalan nuestros corazones y conservan su reso¬nancia, que responde a cada veso nacido de la alegría.
Los ángeles llevan la cuenta de cada lágrima derramada por la tristeza, y llevan a los oídos de los espíritus que flotan en el cielo del Infinito cada canción de Alegría emanada de nuestros afectos.
Allí, en el mundo futuro, vamos a ver y sentir todas las vibraciones de nuestras emociones y todos los movimientos de nuestro corazón. Comprenderemos el significado de la divinidad que hay dentro de nosotros y a la que no presta¬mos atención porque estamos arrastrados por la Desespera¬ción.
Esa acción que, en medio de nuestra culpa, llamamos hoy flaqueza, aparecerá mañana como eslabón esencial de la cade¬na completa del Hombre.
Las tareas crueles por las que no hemos recibido compen¬sación vivirán con nosotros e irradiarán su esplendor y serán heraldos de nuestra gloria; y las penalidades que hemos sopor¬tado serán como una guirnalda de laurel en nuestras cabezas glorificadas…

Después de pronunciar estas palabras, estaba el Discípulo a punto de retirarse de la muchedumbre para descansar corporalmente de los afanes del día, cuando divisó a un joven que miraba a una hermosa doncella con ojos en los cuales se reflejaba la perplejidad.
Y el discípulo se dirigió a él, diciendo:

¿Estás preocupado por los numerosos credos que profesa la Humanidad? ¿Estás extraviado en el valle de-las creencias contrarias? ¿Crees que el estar libre de energía es menos grave y pesado que el yugo de la sumisión, y que la opcion a disen¬tir proporciona al hombre más seguridad que el baluarte del asentimiento?
Si estás en este caso; haz de la Belleza tu religión y adóra¬la como si fuese tu diosa; porque es la obra visible, manifies¬ta y perfecta de las manos de Dios. Aléjate de los que han jugado con lo divino como si fuese una farsa y se han asocia¬do con la codicia y el orgullo; cree en cambio en lo divino de la belleza, que es al mismo tiempo el comienzo de nuestro culto a la Vida y la fuente de nuestra hambre de Felicidad.
Haz penitencia ante la Belleza y expía por tus pecados, porque la Belleza acerca más tu corazón al trono de la mujer, que es el espejo de tus afectos y la maestra de tu corazón en los secretos de la Naturaleza, hogar de tu vida.
Y antes de despedir al gentío que lo rodeaba, añadió:
En este mundo hay dos linajes de hombres: los hombres de ayer y los hombres de mañana. ¿A cuál de ellos pertene¬céis, hermanos . míos? Venid, permitidme que os observe y averiguad si sois de los que entran en el mundo de la luz, o de los que avanzan por el país de las tinieblas. Venid, decidme quién sois y qué sois.
¿Eres un político que dice para sus adentros: “Voy a valerme de mi patria en beneficio propio?” Entonces, no eres sino un parásito que vive de los demás. O bien, ¿eres un patriota sinceró, que susurra al oído de su yo interior: “Me gusta entregarme al servicio de mi país como ciudadano fiel?” En ese caso, eres un oasis en el desierto, dispuesto a apagar la sed del caminante.
¿O eres un mercader que te aprovechas y explotas las necesidades de la gente, acumulando bienes para revenderlos a precios exhorbitantes? Si es así, eres un réprobo; y lo mismo da que mores en un palacio o que tu casa sea la cárcel. ¿O eres un hombre honrado que facilitas al labrador y al tejedor dar salida a sus productos, medias entre comprador y vendedor y permites que ganen también los demás y no tú solo? Entonces, eres un hombre justo; y no importa que te colmen de elogios o de ignominia.
¿Eres un líder religioso, que tejes con la sencillez y simplicidad de los creyentes un manto escarlata para tu cuerpo, y con su bondad una corona de oro para tu cabeza y aunque te aprovechas de la abundancia de Satanás, vas predicando el odio a Satanás? En ese caso eres un hereje y lo mismo da que ayunes todo el día y’reces toda la noche. ¿O eres el hombre fiel que ve en la bondad del pueblo una base para el mejoramiento de toda la nación y en cuya alma está la escala de la perfección que lleva hasta el Espí¬ritu Santo? Si eres de esos, vienes a ser como un lirio en el jardín de la Verdad; y no importa que tu fragancia se propa¬gue entre los hombres o se disipe en el aire, porque allí será conservada eternamente.
¿O eres un periodista que vende sus principios en los mercados de esclavos y se realiza en la calumnia, en la desven¬tura de la gente y en el crimen? Entonces eres como un buitre voraz que trata de hartarse de carne putrefacta.
¿O eres un maestro que se asoma al escenario de la histo¬ria e inspirado en las glorias del pasado, predica a la humani¬dad y obra de conformidad con lo que predica? Si es así, constituyes un remedio para la humanidad doliente y un bálsamo para los corazones dolidos.
¿Eres acaso un gobernador que mira por encima del hombro a sus gobernados y que no se afana más que por exprimirles la bolsa y explotarlos en beneficio propio? Pues entonces, eres como cizaña en el granero de la Nación.
¿Eres un servidor público dedicado, que ama al pueblo y está siempre alerta para proporcionarles bienestar y eres celoso por su prosperidad? Si es así, eres una verdadera bendi¬ción en los campos de pan de la nación.
¿O eres uno de esos maridos que se considera con dere¬cho a cometer toda clase de atropellos, pero estima ilegal cúalquier acción reprensible de su esposa? En ese caso, eres como los salvajes ya desaparecidos, que vivían en las cavernas y se tapaban la desnudez con pieles de alimañas.
O bien, ¿eres un compañero fiel, cuya esposa está siempre a tu lado, compartiendo cada uno de tus pensamientos, de tus alegrías y de tus triunfos? Si eres así, vienes a ser como el que camina al amanecer al frente de una nación hacia el mediodía de la justicia, de la razón y de la sabiduría.
¿Eres un escritor que yergue ufanamente su cabeza por encima del vulgo, mientras su cerebro se empantana en el abismo del pasado, lleno de andrajos y desechos inútiles de las edades?. Si es así, eres como un charco de agua estancada, ¿O eres uno de esos pensadores profundos que escudriñan su yo interior, eliminando lo que es inútil, gastado y malo, para quedarse únicamente con lo que es útil y bueno? En ese caso, eres maná para el hambriento y agua clara y fresca para el sediento.
¿Eres un poeta lleno de ruido y vacío de ecos musicales? Entonces eres como uno de esos payasos que nos hacen reír cuando lloran y nos hacen llorar cuando ríen.
¿O eres una de esas almas privilegiadas en cuyas manos ha puesto Dios un laúd para que solaces el espíritu de los hombres con sones celestes y lleves a tus prójimos hacia la Vida y la Belleza de la Vida? Si te cabe esa suerte, eres como una antorcha que ilumina nuestro camino, una dulce inspira¬ción para nuestros tristes corazones y una revelación de lo divino en nuestros sueños.
Por lo tanto, la humanidad está dividida en dos largas hileras, una integrada por los ancianos y tullidos, que se apoyan en débiles bastones y van jadeando al avanzar por el camino de la Vida como si estuviesen escalando la cumbre de una montaña cuando, en realidad están descendiendo al abismo.
Y la otra hilera está integrada por jóvenes que parecen correr con alas en los pies, cantando como si tuviesen cuerdas argentinas en sus gargantas y ascienden hacia las cumbres como arrastrados por algún poder mágico e irresistible.
¿A cuál de estos dos grupos pertenecéis, hermanos míos? Formulaos vosotros mismos esta pregunta, cuando estéis solos en el silencio de la noche.
Juzgad por vosotros mismos si pertenecéis a los Esclavos del Ayer o a los Hombres Libre del Mañana.

Y Almuhtada se volvió a su retiro y no se dio a ver en muchos meses, porque se entregó a la lectura y a la reflexión de las sabias palabras que su Maestro dejara escritas en los pergaminos de que lo hizo heredero. Aprendió mucho, sobre todo muchas cosas que jamás había oído de los labios de su Maestro y de las cuales no tenía la menor idea. Hizo voto de no abandonar la ermita hasta haber estudiado y dominado a fondo cuanto el Maestro había dejado en la tierra, para podérselo comunicar, a sus conciudadanos. De esta manera Almuhtada se impuso en las doctrinas de su Maestro, olvida¬do de sí mismo y de cuanto lo rodeaba, así como de todos aquellos hombres que habían escuchado su palabra en los mercados y calles de Beirut.
En vano intentaron sus seguidores localizarlo y llegar hasta donde estaba, cuando empezaron a preocuparse por su suerte. El mismo gobernador del Monte dirigiéndose a los funcionarios del estado, se encontró con que declinaba tal honor con el mensaje siguiente:
“Volveré pronto a verte y traeré un mensaje especial para todo el pueblo.”
El gobernador decretó que todos los ciudadanos saliesen a recibir a Almuhtada el día que iba a aparecer en público, para darle la bienvenida con todo género de honores en sus casas, en las iglesias, mezquitas, sinagogas y centros de estu¬dio y que estuviesen dispuestos a escuchar con reverencia sus palabras, porque su voz era la voz del Profeta.
El día en que por fin salió Almuhtada de su retiro para dar comienzo a su misión se convirtió en una jornada de rego¬cijo y celebración popular. Almuhtada se expresó con toda libertad y sin rebuscamientos ni rodeos de ningún género, predicó el evangelio del amor y de la hermandad. Nadie se atrevió a amargarlo siquiera con el destierro del país, ni con las excomuniones de la Iglesia. ¡Cuán otro había sido el sino triste de su Maestro, al cual habían desterrado y exco¬mulgado, sin otorgarle un perdón eventual y sin volverlo a llamar de su exilio!
La voz de Almuhtada resonó bajo los cielos de todo el Líbano. Pasando el tiempo, sus palabras se imprimieron en un libro en forma de.epístolas, que se distribuyó por la Antigua Fenicia y otros países árabes. Algunas de las epístolas estaban redactadas con las palabras mismas del Maestro; pero otras fueron rescatadas por Maestro y Discípulo de volúmenes antiguos de sabiduría y tradiciones populares.

 

II LA VOZ DEL MAESTRO 1. DE LA VIDA

La Vida es una isla en un océano de soledad, una isla cuyos macizos de rocas son esperanza, cuyos árboles son sueño, cuyas flores son soledad y cuyos arroyuelos son sed.
Vuestra vida, hombres compañeros míos, es una isla sepa¬rada de todas las demás islas y regiones. Por muchas que sean las naves qué zarpan de vuestras costas rumbo a otros climas, por muchas que sean las embarcaciones que tocan vuestras playas, seguís siendo una isla solitaria que adolece de las angustias de la soledad y de ansia de felicidad. Sois descono¬cido para vuestros semejantes y estáis muy lejos de su simpa¬tía y de su comprensión.
Hermano mío, yo te he visto sentado sobre tu montaña dorada, regodeándote en tus riquezas, ufano de tus tesoros y seguro en tu fe ciega de que cada puñado de oro qué has amasado constituye un eslabón invisible que une los deseos y pensamientos de los demás hombres con los tuyos.
Te he visto con los ojos de mi mente como a un gran conquistador que acaudillase sus tropas, empeñado en destruir las fortalezas de sus enemigos. Pero, al mirarte de nuevo, no he encontrado más que un corazón solitario ancla¬do en tus arcones, un pájaro sediento encerrado en una jaula dorada, con su vasija de agua vacía.
Te he visto, hermano mío, encaramado al trono de la gloria, mientras tu pueblo te rodeaba aclamando tu majestad, cantando las glorias de tus grandes hazañas, encomiando tu sabiduría y alzando hacia ti sus ojos con la expresión de quien mira a un profeta, exultantes y jubilosos sus espíritus hasta el mismo pabellón de los cielos.
Y cuando paseabas la mirada sobre tus súbditos, observé en tu faz las señales de la felicidad y del poder y del triunfo, como si fueses tú el alma de su cuerpo.
Pero, al volver a mirarte, he aquí que te encontré solo en tu soledad, de pie junto a tu trono, como un desterrado que alarga su mano en todas direcciones, suplicando compasión y piedad a espectros invisibles, mendigando albergue, aunque sólo haya dentro de él un poco de calor y amistad.
Te he visto, hermano mío, enamorado de una hermosa mujer, entregando el corazón ante el altar de su belleza. Cuando sorprendí la mirada de ternura y amor maternal que te lanzaba, me dije: “¡Viva el Amor que ha desterrado la soledad de este hombre y ha unido su corazón con otra!” Pero, cuando levanté nuevamente hacia ti mis ojos, vi dentro de tu amante corazón otro corazón solitario, derra¬mando en vano amargas lágrimas por revelar sus secretos a una mujer; y tras tu alma transida de amor, otra alma soli¬taria que era como una nube vagarosa, deseaba en vano disol¬verse en lágrimas que anegasen los ojos de tu amada.
Tu vida, hermano mío, es una morada solitaria separada de las viviendas de los demás hombres. Es una casa en cuyo interior no puede penetrar la mirada del vecino. Si se hundie¬ se en las tinieblas, la lámpara de tu vecino no podría alum¬brarla. Si estuviese vacía de provisiones, no podrían llenarla las despensas de tus vecinos. Si estuviese en un desierto, no podrías pasar a los jardines de los demás hombres, labrados y cuidados por otras manos. Si se levantase en la cumbre de una montaña, no podrías bajarla al valle hollado por los pies de otros hombres.
El espíritu de tu vida, hermano mío, está asediado por la soledad y si no fuese por esa soledad y ese abandono, tú no serías tú, ni yo sería yo. De no ser por esta soledad y este abandono desolado, llegaría a creer, al oír tu voz, que era la mía; y al ver tu rostro, que era yo mismo mirándome en un espejo.

 

2. MÁRTIRES DE LA LEY DEL HOMBRE

¿Has nacido acaso en la cuna del dolor y criado en el regazo de la desventura y en la casa de la opresión? ¿Estás comiendo un mendrugo seco, humedecido sólo con tus lágri¬mas ?
¿Eres un soldado a quien la dura ley del hombre obliga a abandonar a tu esposa y a tus hijos, para lanzarte al campo de batalla a defender la Avaricia, que tus gobernantes llaman falsamente Deber?
¿Eres un poeta contento con las migajas de la vida, feliz con tu posesión de pergamino y tinta, que habitas como un extranjero en tu patria, desconocido para tus semejantes?
¿Eres un prisionero, aherrojado en oscura celda por algún delito insignificante y condenado por quienes tratan de reformar al hombre, corrompiéndole?
¿Eres una joven a la que Dios ha otorgado el don de la belleza, pero víctima de la torpe licencia del rico que te enga¬ñó y compró tu cuerpo, pero no tu corazón y te abandonó a la miseria y a la desgracia?
Si eres uno de estos seres, eres mártir de la ley del hombre. Eres un desdichado y tu desdicha es fruto de la iniquidad del fuerte y de la injusticia del tirano, de la brutalidad del rico y del egoísmo del libertino y del avaro.
¡Animo, dolientes amados míos, porque tras este mundo de materia hay un Gran Poder, un Poder que es todo justicia, misericordia, piedad y amor!
Sois como una flor que crece a la sombra; la suave brisa llega y se lleva nuestra semilla a la luz del Sol, donde volveréis a vivir en la belleza.
Sois como el árbol desnudo que se encorva bajo las nieves del invierno. ¡Llegará la Primavera y extenderá sobre voso¬tros sus lozanas ropas verdes! ¡Y la Verdad rasgará el velo de lágrimas que oculta nuestra brisa! Yo os meto dentro de mí, afligidos hermanos míos, yo os amo y desprecio a vuestros opresores.

Gibrán Khalil Gibrán: JESÚS, EL HIJO DEL HOMBRE

GIBRÁN KHALIL GIBRÁN

JESÚS, EL HIJO DEL HOMBRE
(1928)
SANTIAGO, HIJO DE ZEBEDEO

El reinado de la Tierra

Era un día primaveral el día en que Jesús llegó a un parque de Jerusalén, y comenzó a dialogar con la multitud sobre el Reinado del Cielo.
Graves acusaciones en contra de fariseos y escribas que colocaban trampas y cavaban pozos en el sendero de quienes buscaban el Reino Celestial, apostrofándolos y recriminándolos con acritud. Entre la multitud se hallaban personas que defendían a los escribas y fariseos, y planearon. arrestar a Jesús, y a nosotros con él. Pero Jesús logró burlar sus ardides y escapar por el portal de la ciudad que mira hacia el Norte. Allí nos contempló y dijo:
-Todavía no ha llegado la hora en que me prendan. Aún tengo mucho de que hablaros, y mucho es también lo que tengo que hacer entre vosotros antes de pensar en entregarme-. -Y después añadió, su voz teñida de felicidad:-Vayamos hacia el Norte, hacia la primavera. Subid conmigo a los montes, pues el invierno ha terminado y la nieve del Líbano está cayendo hacia los valles, agregando su preludio a las sinfonías de los arroyos. Las llanuras y las viñas han alejado todo sueño, y han despertado para recibir al Sol con lujuriosos higos y frescas uvas.
Estaba siempre a la. cabeza de la columna que conformaban los suyos, todo ese día y también el siguiente. En el atardecer del tercero habíamos escalado la cima del monte Hermón. En lo alto de una meseta se detuvo a observar las aldeas esparcidas por el llano. Se le iluminó la cara, que en ese instante parecía oro bruñido. Nos tendió las manos.
-Ved cómo el suelo se ha vestido con sus verdes vestiduras -dijo- y de qué manera los arroyos han bordado sus faldas con brillante hilo de plata. La Tierra es hermosa, verdad, y todo lo que es y existe encima de ella es encantador; pero, atrás de todo lo que veis se encuentra un Reino del cual yo seré monarca y gobernante. Si podéis amar y encariñaros con el corazón iréis conmigo a ese Reino, a gobernar a mi lado. En ese lugar vuestro rostro y el mío no estarán velados; no llevarán vuestras diestras puñales ni cetros. Nuestros gobernados vivirán en la tranquilidad sin sentir hacia nosotros miedo u horror.
De esa forma habló Jesús, pero yo estaba ciego y no podía ver el Reino de esta Tierra, ni las grandiosas ciudades fortificadas y amuralladas. No moraba en mi espíritu más que una sola ansia: ir junto al Maestro hasta aquel otro Reino. En ese instante había llegado Judas Iscariote, que se puso junto a Jesús y le dijo:
-Los reinados de los seres humanos son muchos y extensos; las huestes de Salomón y de David vencerán al fin a los romanos. Si es tu deseo llegar a ser rey de los judíos, nuestras lanzas y puñales estarán a tu servicio para expulsar a los extranjeros y triunfar sobre ellos.
Al escuchar esto Jesús, su faz se indignó, y le respondió con voz estentórea y resonante:
-¡Fuera de aquí, demonio! ¡Podrás creer, por azar, que mi llegada entre las legiones de los milenios es para gobernar, un solo día, sobre un hormiguero de personas. Mi trono no llegará a tu poca inteligencia, pues quien trata de abarcar la Tierra con sus alas, no tratará de buscar un lugar de refugio en un nido abandonado y destruido! ¿Se siente honrada o enaltecida, quizás, una aldea porque sus moradores visten mortajas? Mi Reino no es de este mundo y mi trono no se erguirá sobre las calaveras de vuestros ancestros. Si anheláis un reino que no sea el Reino del Alma, más os valiera abandonarme aquí y emprender el descenso a las cuevas de vuestros muertos, donde, desde tiempos remotos, los seres de testa coronada llaman a conciliábulo en sus sepulcros, para glorificar la osamenta de vuestros antepasados. ¡Cómo te atreves a tentarme con un trono de infecta materia, cuando mi frente ansía la corona de los astros o vuestras espinas! Pero, de no ser por un sueño de un pueblo casi olvidado, no hubiera permitido que vuestro sol tuviera su aurora en mi paciencia, ni que vuestra luna refleje y alargue mi sombra en vuestro camino. De no haber sido yo un ansia pura, por la que tiritó y se emocionó el alma de una madre alba e inmaculada, me habría desembarazado de mis pañales y hubiera vuelto a lo infinito. Y de no ser por el profundo dolor que impera en las entrañas de todos vosotros, no me hubiera quedado en este lugar para sollozar y gemir. ¿Quién eres y qué es lo que deseas de mí, oh Judas Iscariote? Habrás calculado mi peso en alguna balanza para encontrarme digno de dirigir un ejército de enanos y de conducir una deforme escuadra en contra de un enemigo que no se acuartela más que en vuestras inquinas, temores. y fantasmas. Varios son los insectos que hormiguean a mis pies, pero yo los venceré. Estoy harto de sus burlas y sus chanzas, y cansado está mi espíritu de toda compasión con los animales o insectos que me consideran cobarde, porque mi camino no se encuentra entre sus murallas y fortalezas. Uno de los fines de la piedad es mi necesidad de misericordia hasta el final. ¡Oh!, cómo quisiera, si pudiera lograrlo, encaminar mis pasos en dirección a un mundo más grande, en el que moran seres muy superiores a los de este mundo; pero… ¿De qué manera podrá conseguirlo? Vuestro rey y vuestro sacerdote piden mi vida. Ya lograrán su propósito antes de encaminarme hacia ese otro mundo. No quebrantaré el curso de las Leyes ni esclavizaré a la ignorancia. Permitid que la ignorancia se cultive a sí misma hasta hartar a sus descendientes. Permitid que los ciegos lleven a los enceguecidos a la fosa. Permitid que los muertos sepulten a los cadáveres hasta que se ahogue la tierra bajo el perfume de esos amargos capullos. Mi reino no es de este mundo, no. Es y será en el lugar en el que tres de vosotros se reúnan con amor, con veneración, idolatrando a la hermosura de la vida, con felicidad y con placer ante mi recuerdo.
En el momento de terminar su discurso dirigió bruscamente su vista a donde se encontraba Judas Iscariote y lo exhortó diciéndole:
-¡Fuera de mi vista, hombre! los reinos de vosotros nunca estarán dentro del mío.
Ya era tarde. Se dirigió a nosotros y dijo:
-Vayámonos de este lugar, pues la noche ya se avecina y está casi encima de nosotros. Caminemos mientras haya luz. Descendió del monte seguido por nosotros. Bastante atrás, lejos y a la zaga, Judas nos seguía despacio. Al arribar al llano ya había anochecido. En ese instante Tomás, el hijo de Theófanos, se dirigió a Jesús diciéndole:
-Maestro, la noche está muy oscura y ninguno de nosotros llega ya a distinguir el verdadero sendero. Si lo deseas podemos ir en dirección a las luces de aquella aldea, en donde quizá podamos hallar algo de comer y un lecho.
Jesús entonces le respondió:
-Os he dirigido hacia lo alto cuando teníais apetito, pero ahora que os he llevado a la llanura vuestra necesidad se ha multiplicado. ¡Es triste que no pueda estar entre vosotros esta noche, pero es que quiero estar a solas!
Entonces se adelantó Simón Pedro y le habló:
-No nos abandones en la tiniebla de la noche; déjanos pasar esta noche a tu lado en este estrecho sendero; pues tanto la noche como sus fantasmas no harán demasiado extensa su visita si con nosotros estás; mejor aún, estaremos cómo iluminados por un Alba si con nosotros te quedas. Jesús le respondió:
-En esta noche los chacales estarán en sus cuevas y madrigueras, en sus nidos los pájaros del cielo, pero el Hijo del Hombre no hallará dónde reposar su cabeza. En verdad es mi deseo estar a solas esta noche. Pero si ese es vuestro deseo podréis, por segunda vez, encontrarme en la orilla donde os he hallado.
Lo abandonamos con el alma dolorida, pues no deseábamos irnos y dejarlo solo. A cada momento volvíamos nuestra mirada hacia el lugar donde Jesús se encontraba en la gloria de su soledad, camino al oeste. El único que quiso echar hacia atrás la cabeza, para ver al Maestro en su perfecta soledad, fue Judas Iscariote. Desde ese momento Judas se convirtió en otro, se tornó malhumorado e hipócrita. Su mirada se vio oscurecida por una densa niebla de odio, maldad y felonía.

ANA, MADRE DE MARÍA

El nacimiento de Jesús

Mi nieto nació aquí, en Nazareth, en el mes de enero. La noche del nacimiento de Jesús unos hombres que venían de Levante nos visitaron. Se trataba de unos extranjeros que habían llegado de Asdrolón con las caravanas que mercan con Egipto. Nos solicitaron hospitalidad en nuestro hogar, pues en el albergue no encontraban lugar para pasar la noche. Les di la bienvenida y les informé:
-Mi hija acaba de dar a luz un varón; vosotros, sin lugar a dudas, me disculparéis si no os hago las cumplimentaciones que merece vuestra permanencia aquí.
Me agradecieron el haberles dado hospedaje, y, luego de cenar me dijeron:
-Es nuestro deseo conocer al recién nacido.
El hijo de María era un bebé muy hermoso; ella misma era muy bella y atrayente. Ni bien los extranjeros vieron a María y a mi nieto, extrajeron de sus bolsas oro y plata y lo dejaron a los pies del niño. Luego le ofrendaron incienso y mirra y prosternándose, más tarde oraron en un idioma que no comprendimos.
En el momento de conducirlos al aposento que había preparado para que reposaran, penetraron en el mismo con un aire de recogimiento, como maravillados por lo que acababan de ver. Cuando salió el sol se marcharon para continuar su camino hacia Egipto; mas antes de partir me dijeron:
-A pesar de tener su nieto un día de edad hemos podido ver en su mirada la luz del Dios que adoramos, y hemos visto también Su sonrisa a flor de labios. Por eso, le rogamos que cuide de Él como para que Él la cuide después.
Y luego de decir esto, montaron en sus dromedarios y nunca más los hemos vuelto a ver.
En lo que respecta a María su felicidad no era, con todo, tan grande como su asombro y admiración ante su vástago. Detenía la mirada largamente sobre su rostro, y después la perdía en el horizonte, a través de la ventana, absorta como si estuviera contemplando una revelación del cielo.
El niño fue creciendo en edad y en espíritu, y se mostraba absolutamente distinto de sus compañeros de juegos, pues buscaba la soledad y no permitía que se le mandara, y nunca pude poner mis manos sobre él.
Y era muy amado por todos los habitantes de Nazareth. Luego de unos años supe el porqué y el motivo de ese cariño y apoyo. Varias veces se llevaba la comida y la regalaba a los extranjeros que pasaban, y si yo alguna vez le daba un trozo de golosina, lo ofrecía a sus compañeros sin comer de él ni siquiera un trozo.
Trepaba a los árboles frutales de nuestra huerta y le llevaba los frutos a los que no tenían en la suya. Y varias veces le he visto jugar carreras con los chicos de la aldea; cuando se daba cuenta que alguno se le había adelantado, disminuía, a propósito, la velocidad de su marcha para que pudieran ganar sus contendientes. Y cuando lo conducía por la noche a su cama para que descansara acostumbraba decir:
-Dile a mi madre y a las otras que únicamente mi cuerpo descansa, pero mi espíritu las acompaña hasta que el de ellas se asome a mi Alba.
Y muchas otras cosas más, como por ejemplo esa hermosa parábola que me contaba cuando aún era un pequeño, pero que ahora, en mi vejez, la memoria me impide acordarme con fidelidad de ella.
Hoy me han dicho que no volveré a verlo nunca, mas… ¿cómo podré creerles? Si ahora mismo sigo oyendo su risa y el eco de sus pisadas todavía resuena en el patio de nuestra casa, y si beso el rostro de mi hija percibo aún el aroma de sus besos derretirse sobre mi alma; como también siento su hermoso cuerpo flotar estrechado contra mi pecho. Mas, ¿no es cierto que es extraño que María no haya hablado nunca más de su hijo cuando yo estaba presente? Varias veces creí sentir que ella misma tenía necesidad de verlo, pero como una estatua de metal, de esa manera se inmovilizaba ella meditando ante la luz diurna, de tal forma que mi alma se derretía y corría por mi pecho como si fuera un río.
Pero, quién sabe; quizás ella sepa más que yo; y ruego al cielo que me cuente todo lo que sabe del misterio que no alcanzo a descubrir.

ASSAF, ORADOR DE TIRO

El Verbo de Jesús

¿Qué es lo que puedo hablar de su Verbo? Sin lugar a dudas, una enorme fuerza oculta dentro de él mismo llenaba sus parábolas de un encanto particular que seducía a sus oyentes. Quizá también fuera porque era bello e irradiaba simpatía. Tal vez el gentío prestaba más atención a su rostro perfecto que a sus charlas y discursos. Pero él muchas veces hablaba con la irresistible potencia de un espíritu elevado, y ese Espíritu poseía un dominio absoluto sobre todo aquel que lo estuviera escuchando.
Cuando yo era un muchacho tuve ocasión de escuchar a oradores de Roma, Atenas y Alejandría, mas el Nazareno era totalmente distinto a cualquiera de ellos. La preocupación mayor de aquéllos era ordenar las palabras en forma espectacular, mas en cuanto oyes hablar al Profeta de Nazareth, sientes que el alma se escapa de ti y sale a recorrer regiones distantes y extrañas. Él relata una historia o inculca enseñanzas con parábolas o anécdotas. En toda la historia de Siria nadie había escuchado parábolas como las de Jesús, parecía que las tejía con hilos de estaciones, igual como el tiempo trama sus tejidos con los hilos de las eras y de los milenios. Ved aquí algunos ejemplos de cómo él comenzaba generalmente sus sermones:
“Un día un labrador salió a sembrar”, o “Un hombre pudiente poseía muchos viñedos”, o “Al caer la tarde, un pastor contando sus ovejas cayó en cuenta que le faltaba una..”. Esta manera de hablar hace trasladar a sus oyentes hasta sus egos simplificados y a sus ayeres apacibles y tranquilos. En verdad cada uno de nosotros es como un agricultor, todos amamos los viñedos, y en las llanuras de nuestra memoria existe un Pastor, un rebaño y una oveja perdida.
En ese lugar también hay un Arado, una Artesa y una Era. En efecto, el Nazareno ha comprendido las fuentes de nuestro Yo más antiguo, e inspeccionado los hilos con que Dios fabricó la tela de la cual estamos hechos. Los oradores de Grecia y de Roma se han dirigido a la muchedumbre, hablándoles sobre la vida de la misma forma como la concibe el pensamiento; pero el Nazareno les habló sobre un anhelo que nace en lo profundo del espíritu. Los primeros han visto y contemplado la vida con mirada quizá más turbia que la tuya o la mía; pero el Nazareno ha visto la vida a la luz de Dios. Y varias son las ocasiones en que he pensado que hablaba a sus oyentes como si el peñasco hablara a la infinita llanura. Y en su verbo existía un empuje al que nunca hubieran llegado los discursos de los oradores atenienses y romanos.

MARÍA MAGDALENA

Sus encuentros con Jesús

Era el mes de junio cuando lo vi por vez primera. Paseaba en medio de la sementera con mis esclavas y doncellas. Jesús estaba solo. El ritmo de sus pasos resonando en el camino era distinto al de los hombres comunes; pero, movimiento igual que el de su cuerpo nunca pude ver otro parecido. Los demás hombres no poseían su forma de caminar, y aún ahora no sé si lo hacía lentamente o con rapidez. Mis esclavas y doncellas lo señalaban con el índice susurraban entre sí excitadas. Me detuve un momento y levanté mi mano en ademán de saludo, que él no contestó ni siquiera mirándome. En ese momento lo detesté y pude sentir cómo mi sangre se agostaba en mis venas por el odio que hizo presa de mí en ese instante. Me quedé fría. Temblaba, helada, igual como si me encontrara en medio de una horrible nevada. Esa noche soñé con él, y a la mañana siguiente mi camarera me contó que grité terriblemente en sueños, y no pude descansar en toda la noche.
La segunda vez que pude verlo fue en agosto. Se encontraba descansando a la sombra del ciprés que está frente al jardín de mi casa. Lo observaba a través de la ventana. Su figura irradiaba paz y majestad; parecida a esas estatuas de piedra que se ven en Antioquía y otras ciudades norteñas. En ese instante llegó una de mis doncellas, la egipcia, y me dijo:
-Ahí está otra vez ese hombre, sentado frente al jardín. Lo observé con detenimiento y se emocionó mi espíritu hasta lo más profundo de mí misma, porque era realmente hermoso. Su cuerpo era incomparable.
Todas sus líneas se habían uniformado armoniosamente, tanto que me parecieron estar enamoradas unas de otras. En ese momento me atavié con mi mejor traje damasquino para ir a hablarle. ¿Era mi soledad la que me llevó hasta él o fue el perfume de su cuerpo? ¿Acaso era la codicia de mis ojos que anhelaban la belleza, o era su belleza lo que buscaban mis ojos? Hasta hoy no lo he podido saber. Del vestido perfumado que yo llevaba, surgían mis pies calzados con las sandalias doradas que el general romano me había obsequiado, sí, eran las mismas sandalias. Y cuando hube llegado hasta él, lo saludé diciéndole:
-Buenos días.
-Buenos días, María -me respondió.
Luego me miró. Sus ojos negros vieron en mí lo que no vio hombre alguno antes que él. Ante sus miradas me sentí como desnuda y sentí vergüenza de mí misma. No habiéndome dicho, entretanto, más que ese “buenos días, María”, le dije
-¿Quieres venir a mi casa?
-¿No estoy ahora acaso en tu casa? -replicó.
No comprendí sus palabras en aquél momento, pero ahora sí que las entiendo.
-¿Quieres compartir conmigo mi vino y mi pan? -insistí.
-Sí, María, pero no ahora.
“Pero no ahora, no ahora”, así me dijo. En estas palabras había la voz del océano, del huracán y del bosque. Y cuando me las dijo, hablaron simultáneamente la Vida con la Muerte.
Acuérdate, amigo mío, y no te olvides, que yo. estaba muerta; que era una mujer que se había divorciado de sí misma y vivía lejos de este Yo que hoy ves en mí. Había sido poseída por todos los hombres sin ser de ninguno. Me llamaban mujer libertina y decían que tenía siete demonios. Todos me maldecían y todos me envidiaban; pero cuando el atardecer de sus ojos alboreó en los míos, desaparecieron y se apagaron todos los astros de mis noches y me volví María, únicamente María: una mujer que se había extraviado sobre la tierra que conocía, para luego encontrarse a sí misma en nuevos mundos. Y volví a insistir:
-Ven a mi casa y comparte mi pan y mi vino.
-¿Por qué insistes que yo sea tu huésped? -respondió.
Y le contesté:
-Te ruego que entres en mi casa.
Mientras yo le hablaba, sentía que todo lo que tenía de la tierra y del cielo se reunía en mis palabras y en mis súplicas. Entonces me observó fijamente, y sobre mi espíritu alumbró la luz de sus ojos. Y me dijo:
-Tú tienes muchos amantes, en cambio soy yo el único que te ama. Los demás hombres se aman a sí mismos a tu lado, pero yo quiero y amo tu alma. Los demás hombres ven en ti una belleza que se marchita antes de la terminación de sus años, pero la hermosura que yo veo en ti no se marchitará jamás. En el otoño de tus días no temerá aquella Belleza mirarse a sí misma en un espejo, y nadie podrá acusarla ni denigrarla. Sólo yo amo lo que es invisible en ti.
Y luego me dijo en voz baja:
-Sigue ahora tu camino, y si no quieres que yo me siente a la sombra de este ciprés tuyo, seguiré yo también el mío.
Y le supliqué llorando:
-Maestro, ven y entra en mi casa. Allí tengo incienso que quemaré ante ti, y una jofaina de plata para lavar tus pies.
Eres un extranjero, pero no lo eres aquí. Por eso te suplico que entres en mi casa.
No bien hube terminado, se levantó y me miró como cuando miran las Estaciones al campo; sonrió y me dijo nuevamente
-Todos los hombres se aman a sí mismos a tu lado, mas yo sólo te amo para tu salvación.
Dijo esto y siguió su camino; pero nadie hubiera podido caminar como él. ¿Habrá nacido en mi jardín algún soplo divino y luego se fue hacia el Levante? ¿Fue una tempestad
que vino a sacudir todas las cosas para volverlas a sus verdaderos cimientos?
No lo supe en ese entonces, -pero en aquel día el atardecer de sus ojos mató la bestia que vivía en mí. Y por eso me volví una mujer, María, María Magdalena.

FILEMÓN, BOTICARIO GRIEGO

Jesús, el príncipe de los médicos

El Nazareno era el príncipe de los médicos, tanto en su pueblo como en los pueblos aledaños. Ningún otro hombre ha conocido como él nuestros cuerpos, sus elementos y sus propiedades. Ha curado a mucha gente de muchas y extrañas enfermedades que ni los griegos ni los egipcios conocían. Dicen que ha resucitado a los muertos. No importa que esto sea o no verdad; el hecho es que él manifiesta su fuerza, porque todas las cosas y acontecimientos importantes no pueden ser atribuidos sino a aquel que toma a su cargo cosas de tanta magnitud e importancia.
Dicen también que Jesús ha visitado la India, Asiria y Babilonia, y que los sacerdotes de aquellas regiones le habían enseñado sus ciencias ocultas y la sabiduría que está escondida en las profundidades nuestras. Pero… ¡quién sabe! Tal vez los dioses se lo hayan revelado directamente, sin intermedio de los sacerdotes, pues lo que los dioses ocultan a todos los hombres, durante muchos siglos, a menudo lo revelan en un solo instante a un solo hombre, tanto que si Apolo pasara su mano sobre el corazón de un humilde desconocido, lo volvería hecho un sabio y un gran señor.
Muchas puertas se han abierto ante los hijos de Tiro y del Tibet. Allí había muchas puertas que estaban cerradas y selladas, y, sin embargo, se abrieron al paso de este hombre que consiguió penetrar en el Templo del Alma, que es el cuerpo, y descubrir los espíritus malignos que conspiran contra nuestras fuerzas y nuestro valor, separándolos de los espíritus bondadosos que tejen sus hilos en la quietud y calma de sus horas.
A mi forma de ver, Jesús curaba los enfermos por medio de la oposición y la resistencia, porque ese sistema empleado por él no era conocido entre nuestros filósofos. Sorprendía a la fiebre con su tacto glacial y la ahuyentaba; y los órganos inutilizados se volvían sanos ante la fuerza de su serenidad maravillosa.
Sí; el Nazareno ha descubierto la savia pasajera en la corteza de nuestro árbol carcomido y marchito, pero ¿cómo llegó a tocar aquella savia con sus dedos? No lo sé. También alcanzó a descubrir el acero puro cubierto por la oxidación; pero ningún ser humano nos puede explicar cómo libró a la espada de su óxido y le devolvió el brillo.
Muchas veces se me ocurrió creer que él llegaba hasta los males más hondos que padecen todos los seres que viven bajo del sol, mitigando esos dolores, fortificando y ayudando a aquellos seres, no sólo con su sabiduría, sino señalando el camino de su propia fuerza para levantarse y despojarse de sus dolores sanos y curados.
Y no obstante eso, jamás se ocupó de su propio poder como médico. Toda su atención estaba concentrada en las cuestiones religiosas y políticas de este país. Y esto me hace sufrir porque, antes que nada, debemos ser sanos de cuerpo. Pero estos sirios, cuando son atacados por algún mal, no buscan su panacea, sino más bien se entregan a las discusiones y a las polémicas especulativas y teológicas. Y su mayor desgracia es que su más grande médico renunció a su útil profesión y prefirió ser orador en la plaza pública.

SIMÓN PEDRO

Cómo fue llamado, con su hermano, por Jesús

Estaba yo a la orilla del lago cuando vi por vez primera a Jesús, mi Maestro y Señor. Mi hermano Andrés estaba conmigo y los dos andábamos pescando. Las olas estaban embravecidas y agitadísimas, y debido al mal estado del tiempo nuestra pesca era muy exigua. Nos encontrábamos transidos por el dolor que traspasaba nuestros corazones. De repente se detuvo Jesús frente a nosotros como si hubiera, en ese momento, llegado de la nada; por cuanto no lo vimos venir de ningún lado. Luego nos llamó a cada uno por su nombre y dijo:
-Si me seguís os conduciré a una ensenada -cerca de la costa de abundante pesca.
Cuando lo miré, la red se escapó de mis manos, porque una luz alumbró mi interior y lo reconocí; pero mi hermano Andrés le dijo:
-Nosotros conocemos todas las abras de estas orillas; también sabemos que en estos días muy ventosos los peces buscan las profundidades, donde no pueden llegar nuestras redes.
A lo que contestó Jesús:
-Seguidme, pues, a las orillas del mar Mayor y os haré pescadores de los hombres, y vuestras redes jamás se retirarán vacías.
Entonces abandonamos nuestra barca y nuestras redes y lo seguimos; reas yo le seguí guiado por una fuerza invisible que le acompañaba. Caminaba yo a su lado sin respirar, inundado por el asombro, mientras mi hermano Andrés venía detrás, no menos admirado y maravillado. Y mientras caminábamos sobre las arenas cobré ánimo y le dije:
-Señor, yo y mi hermano te seguiremos, y a donde tú vayas te acompañaremos; si es tu deseo visitar nuestra casa esta noche, ésta se llenaría de bendiciones. Sólo comerías platos frugales y sencillos. Mas,, si entras en nuestra choza la convertirías en palacio, y si compartes nuestro pan, seremos envidiados por todos los príncipes de la tierra.
Y respondió Jesús:
-Sí, seré vuestro huésped esta noche.
Mi corazón se alegró hondamente al oír sus palabras. Así lo hemos seguido en silencio hasta llegar a la. casa. Cuando pisamos el umbral, Jesús dijo:
-La paz sea en esta morada y con sus habitantes.
Luego entró y lo seguimos. Una vez dentro de la casa fue agasajado por mi mujer, mi suegra y mi hija. Todas se prosternaron delante de él y besaron los bordes de su manto. ¡Estaban maravilladas por tan honroso hospedaje al Señor, el Elegido que vino a dormir bajo nuestro techo! También porque ellas lo conocieron en el Jordán, cuando Juan el Bautista reveló su poder a la multitud. De inmediato, mi esposa y mi suegra se dieron a la tarea de preparar la cena.
En cuanto a mi hermano Andrés, de naturaleza tímido y vergonzoso, su fe en Jesús era más honda que la mía.
Mi hija, que a la sazón tenía doce años, se colocó junto a Jesús y lo cogió de un pliegue de su manto, temiendo que nos dejara para volver a emprender viaje bajo el cielo oscuro.
Se había aferrado a él como un cordero que ha encontrado su buen pastor. Y a la hora de la cena nos sentamos a la mesa todos juntos. Tomó en sus manos el pan, y luego de haber servido el vino nos miró y dijo:
-Amigos míos, bendecidme y acompañadme en esta comida, tanto como nuestro Padre nos ha bendecido al otorgárnosla.
Dijo todo esto antes de probar un solo bocado, porque de este modo quiso respetar las antiguas costumbres y las tradiciones, que hacían del huésped querido un señor de la casa.
Y cuando estuvimos sentados a la mesa, sentimos en lo más profundo de nuestro ser hallarnos sentados en el banquete de un gran rey.
Mi hija Petronila, la inocente pequeñuela, miraba extasiada la cara del Señor y seguía con atención los movimientos de sus manos y sus ademanes. Una nube de lágrimas empañaba sus ojos. Y cuando Jesús se hubo levantado de la mesa, salió seguido por todos nosotros y se ubicó debajo del gran parral. Mientras nos hablaba, nosotros lo escuchábamos con los corazones hondamente emocionados.
Nos habló de la segunda venida del Hijo del Hombre, de las puertas del cielo que en ese entonces se abrirá, y de los ángeles cuando bajan trayendo la paz y la alegría a todos los hombres, y cuando se elevan llevando a Dios sus anhelos y sus ansias.
En esa circunstancia me miró en los ojos y con su mirada llegó hasta lo más hondo de mi ser y dijo:
-Te he elegido junto con tu hermano y es preciso que me sigáis. Habéis trabajado mucho hasta el cansancio; ahora os haré descansar. Llevad mi yugo y aprended de mí, por cuanto mi alma desbórdase de paz, y en él hallarán vuestras almas su patria y sus necesidades cumplidas.
Al terminar estas palabras nos pusimos de pie y dije: -Maestro, te seguiremos hasta el fin del mundo, y si nuestra carga es pesada cual una montaña, la llevaremos en nuestro camino del cielo, aceptándola gustosos y satisfechos. Y luego mi hermano:
-Maestro, queremos ser hilos entre tus manos y en tu telar, para que hagas de nosotros cuando quieras, un lienzo que usarás en tu divino manto.
Después alzó mi mujer su cabeza y exclamó, mientras surcaban sus mejillas lágrimas de alegría:
-¡Bendito seas tú que vienes en nombre de Dios! ¡Bendito sea el Vientre que te concibió y el Pecho que te amamantó! Mi hija estaba echada a sus pies, abrazándolos contra su pecho; empero mi suegra, sentada en el umbral de la puerta, estaba callada; pero lloraba en su silencio, mojando así su manto. Jesús llegó hasta ella y alzándole la cabeza la miró en los ojos y le dijo:
-Tú eres la madre de todos estos amigos. Ahora que lloras de alegría, yo sabré guardar tus lágrimas en mis recuerdos.
En esa hora vimos asomar la bella luna; Jesús la miró detenidamente y nos dijo:
-Larga fue nuestra velada. Retiraos a vuestros lechos y que Dios vele vuestros sueños y vuestro reposo. En cuanto a mí, quiero permanecer bajo este parral hasta que nazca el día. Hoy he tirado mi red y pescado dos hombres, lo que me conforma y satisface. Que paséis buena noche.
Mi suegra le dijo
-Señor, te hemos preparado el lecho, ruego entres y descanses.
A lo que respondió Jesús:
-La verdad te digo que -necesito reposo; pero no bajo ningún techo. Dejadme dormir esta noche bajo el dosel de la viña y la luz de las estrellas. Y ahora hasta siempre.
Se apresuró mi suegra para sacar y preparar el lecho afuera. Era un colchón, una almohada y un cobertor. Jesús la miró dulcemente y dijo:
-Descansaré sobre un lecho que se hizo dos veces. Entonces lo dejamos solo y entramos en la casa. Mi hija fue la última en entrar. Lo miraba con insistencia hasta que cerró la puerta.
Así he conocido a mi Rabí y Señor por primera vez, y no obstante haber esto pasado hace muchos años, lo recuerdo como si hubiera sido hoy.

CAIFÁS, SUMO SACERDOTE

Lo hemos matado con la conciencia serena y pura

Es indispensable, al hablar de este hombre Jesús, de su vida y de su muerte, recordar dos realidades irrefutables: la conservación del Torá en nuestras manos y la salvación del Estado, para que permanezca en las fuertes manos de los romanos. Ese hombre constituía un peligro para nosotros y para Roma. Ha envenenado al pueblo ingenuo y cándido, y lo ha conducido, mediante un sortilegio admirable, a rebelarse contra el César y contra nosotras.
Hasta mis esclavos, hombres y mujeres, al oírlo hablar en la plaza pública, se llenaron de ideas subversivas y se tornaron muy díscolos y disconformes. Muchos de ellos abandonaron mi casa y regresaron al desierto de donde vinieron.
El Torá es la base de nuestra fuerza y la cúspide de nuestro triunfo. Ningún hombre puede destruirnos mientras en nuestras manos tengamos esta fuerza invicta, como ninguno puede reducir a escombros a Jerusalén, cuyas murallas y paredes están levantadas sobre las viejas rocas que con sus propias manos colocó David.
Si es necesario que la sementera de Ibrahim crezca y fructifique, nada más justo que esta tierra permanezca pura; y ese hombre Jesús trataba de mancillarla incitando a la rebelión. Es por eso que lo hemos muerto, cargando, a conciencia, con toda la responsabilidad. Y así mataremos a todo aquel que ose violar la ley de Moisés o profanar nuestro sagrado patrimonio.
Nosotros, juntamente con Pilatos, hemos advertido al pueblo el peligro que había en ese hombre, y vimos que era prudente poner fin a su vida. Mas ahora estoy poniendo todo el poder que está a mi alcance para castigar a sus discípulos, de igual manera como lo hice con él, para así destruir sus enseñanzas y su doctrina.
Si el judaísmo quiere sobrevivir, es necesario entonces reducir a polvo a quien lo persiga, y antes de que muera el judaísmo cubriría mi blanca cabeza con cenizas, igual que el profeta Samuel; rompería este manto y esta dalmática santa que he heredado de Harón; y me pondría el cilicio hasta el fin de mi vida.

JONÁS, MUJER DEL GUARDIA DE HERODES

Los hijos

Jesús no era casado y no se casó jamás; pero era amigo y defensor de las mujeres. Las comprendió tal como debieron comprenderlas todos los hombres en el Amor puro.
Amaba a los niños tal como debieron los hombres haberlos amado, con la fe y la comprensión. En sus ojos había la ternura del padre, el cariño del hermano y la abnegación del hijo. Tomaba a un niñito y, al colocarlo sobre sus rodillas, decía:
-En este niño se encuentra vuestra fuerza y vuestra libertad; con él formaréis el reino del Espíritu.
Dicen que Jesús desdeñaba la ley de Moisés y perdonaba a las pecadoras de Jerusalén y de los países adyacentes. En aquel tiempo yo misma era pecadora a los ojos de la gente porque amé a un hombre que no era mi esposo. Era un saduceo. Un día llegaron los saduceos hasta mi hogar, hallándose mi amante conmigo; me prendieron y me encarcelaron. Cuando fueron en busca de mi amante éste había desaparecido dejándome sola. Después de un tiempo me condujeron a la plaza pública, en donde Jesús enseñaba a la multitud. Me llevaron a su presencia, con el propósito deliberado de tentarlo y prepararle una artimaña, mas Jesús no me juzgó; por el contrario, avergonzó a mis acusadores y los llenó de reproches. Después me ordenó que me fuera en paz.
Después de aquella escena, todos los frutos insulsos de la vida cobraron sabor en mi boca. Y las rosas que nunca tuvieron aroma perfumaron mi corazón.
Y fui una mujer a quien nunca volvieron a acosar los malos pensamientos. Y me sentí libre, y jamás volví a bajar ante nadie mi frente.

REBECA

Novia de Caná

Sucedió esto antes que lo hubiera conocido el pueblo. Estaba en el jardín de mi madre, cuidando las flores, cuando Jesús se detuvo frente a nuestro portal y dijo:
-Tengo sed. ¿Quieres, muchacha, darme de beber de tu pozo?
Corrí adentro y luego de haber llenado de agua una copa de plata, vertí en ella unas gotas del ánfora de esencia de jazmín. Aplacó su sed y vi que estaba satisfecho. Luego me miró a los ojos y dijo:
-Vengan a ti mis bendiciones.
Cuando dijo eso sentí la sensación de un viento llegar de las alturas y vibrar todo mi cuerpo. -Perdí mi timidez, cobré ánimo y le dije:
-Soy ¡oh, mi Señor!, la prometida de un joven de Caná, de Galilea. En el cuarto día de la semana entrante me desposaré con él. ¿Quieres asistir a mi boda y de esa manera bendecir con tu presencia mi matrimonio?
A lo que me contestó:
-Sí, hija mía, asistiré.
No olvidaré nunca esas palabras: “¡hija mía!” Era él joven y yo frisaba los veinte años. Luego siguió su camino; en tanto yo permanecía en el portón del jardín, hasta que escuché la voz de mi madre que me llamaba.
En el día cuarto de la semana siguiente fui conducida por mi familia a la casa de mi novio, y allí me entregaron a él.
Y vino Jesús junto a su madre y su hermano Santiago. Se ubicaron alrededor de la mesa con los demás invitados, en el momento que las mozas de Galilea, las compañeras de mi mocedad, entonaban las canciones que para la boda de las vírgenes compuso el rey Salomón.
Jesús comía de nuestros platos, bebía nuestro vino y sonreía a todos los presentes, oía las canciones que el amante dedicaba a su amada a la hora que la acompañaba a su cabaña; los cánticos y coplas alegres del joven viñatero que amó a la hija del dueño de las viñas y la llevó a la casa de su madre; los poemas del príncipe que, locamente enamorado de la pobre campesina, la coronaba con la diadema y el cetro de sus padres. Creo también que escuchaba otras canciones; pero desde mi sitio de novia no podía oír ni precisar bien.
Al declinar la tarde vino el padre de mi novio y susurró al oído de la madre de Jesús las siguientes palabras:
-Ya no nos queda vino para nuestros huéspedes, y el día de la boda aún no ha concluido.
Oyó Jesús lo que a su madre fue dicho en secreto y respondió:
-El copero sabe que todavía hay en los jarrones bastante vino para beber.
Y así fue en verdad, pues hubo vino en abundancia durante toda la noche. Entonces comenzó Jesús a hablar. Nos habló de los milagros de la Tierra y del Cielo. Nos explicó el misterio de las flores del Cielo que abren sus pétalos cuando la noche se cierra sobre la Tierra; y de las rosas que florecen cuando los luceros se ocultan en la luz del día. Nos enseñó con parábolas y ejemplos y nos relató cuentos. Su dulce voz conmovía los corazones de todos los oyentes, y cuando lo mirábamos profundamente en los ojos, nos parecía que veíamos visiones del Cielo, y nos olvidábamos de los manjares y de las canciones. Y mientras yo lo escuchaba me sentía en una tierra extraña y distante.
Pasado un momento, dijo un comensal al padre de mi novio
-Has dejado el mejor vino para el final del banquete de boda, y no todos lo hacen así.
Todos los presentes en la casa se convencieron y creyeron en un milagro, y bebieron al finalizar el festín mejor vino que al comienzo.
Yo también creí en la maravilla del vino que Jesús hizo, mas no me asombré, porque en su voz escuchaba muchos milagros y muchas maravillas. Y así me acompañó su voz, desde aquella vez hasta el nacimiento de mi primogénito.
Y todavía la gente de nuestra aldea y pueblos cercanos recuerda las palabras de aquel querido huésped, diciendo constantemente
-El Espíritu de Jesús el Nazareno es mejor y más añejo que cualquier vino.

UN FILÓSOFO PERSA EN DAMASCO

Las deidades de antes y de ahora

Yo no puedo predecir lo que mañana será de ese hombre. Tampoco podré pronosticar lo que sucederá a sus discípulos, porque la semilla oculta en el corazón de la manzana es un árbol invisible, pero si esa semilla cae sobre una roca, no podrá germinar.
Por eso digo que el antiguo Israel es cruel y desconoce la piedad; por ello debe buscarse para Israel una nueva divinidad; un dios dulce y clemente que lo trate con piedad y ternura; un dios que descienda con los rayos del sol y camine por sus estrechos senderos, en reemplazo de esa deidad suya, ya envejecida, sentada eternamente sobre el trono de su tribunal, pesando errores y midiendo culpas.
Israel necesita un dios de quien la envidia no haya conocido ningún camino a su corazón, y en cuyo recuerdo no se hayan registrado las faltas y las culpas de su pueblo. Un dios que no se vengue de su pueblo castigando a los hijos por culpas de los padres hasta la tercera y cuarta generación.
El hombre de Siria es igual que su hermano de cualquier lugar. Se mira en el espejo de sus conocimientos y allí encuentra a su dios. Crea los dioses a su imagen y semejanza, y adora lo que sobre su faz refleja la imagen. Pero el ser humano, en verdad, ora a sus ansias lejanas para que se despierten y se cumplan todos sus deseos. En el cosmos no hay cosa más profunda que el alma del hombre. El alma es la hondura que se busca a sí misma, porque en ella no hay otra voz que hable ni otros oídos que oigan.
Nosotros mismos, en Persia observamos nuestras caras en el disco del sol y vemos nuestros cuerpos danzando en el fuego que encendemos en nuestros altares. Es por esa razón que el Dios de Jesús, que él llamó Padre, no será extraño en medio del pueblo de este Maestro. Por ello creo que satisfará sus anhelos.
Las divinidades de Egipto han arrojado las piedras que llevaban a cuestas y huyeron al desierto de Nubia, para vivir libres entre los que aún viven libres de conocimientos.
El Sol de los Dioses de Grecia y Roma marcha hacia su crepúsculo. Ellos eran muy parecidos a los hombres en cuyos pensamientos y meditaciones no pudieron vivir. Y el bosque
a cuya sombra ha nacido su magia, lo talaron las hachas de los atenienses y alejandrinos.
También en esta tierra vemos que los de altos sitiales bajan de sus elevados rangos para confundirse con la humildad y la modestia de los legisladores de Beirut y los ermitaños de Antioquía. Tú no ves más que los ancianos y mujeres decrépitas ir caminando a los templos de sus padres y abuelos; sólo buscan el comienzo del sendero aquellos que se extraviaron en su final.
Pero este hombre Jesús, este prodigioso nazareno, ha hablado de un dios que cabe en todas las almas y cuya sabiduría se elevó hasta escapar a todo castigo, y cuyo amor se sublimó tanto que rehuye nombrar los pecados de sus criaturas.
Y el dios de ese nazareno pasará por el umbral de todos los hijos de la tierra y se sentará a su lado, cerca del hogar, y será una bendición dentro de sus casas y luz en sus caminos.
Mas yo tengo un dios que es el dios de Zoroastro. Un dios que es sol en el cielo, fuego sobre la tierra y luz en el regazo del hombre. Me conformo con él, y fuera de él no necesito otra deidad.

DAVID, CORRELIGIONARIO DE JESÚS

Jesús práctico

No llegué a comprender el sentido de sus sermones hasta después de habernos dejado. No entendí nada de sus parábolas hasta que ellas cobraron forma ante mis ojos, naciendo, por reacción propia, en cuerpos que ahora escoltan las legiones de mis días.
He aquí lo que me ha sucedido: una noche estaba sentado en mi casa, pensando y recordando en éxtasis sus palabras y actos para registrarlos en el Libro de mi vida, cuando en ese instante entraron tres ladrones. No obstante percibir su presencia no pude levantarme e ir a su encuentro esgrimiendo la espada, ni preguntarles: “¿qué hacéis aquí?”, porque estaba invadido por la Fe y por el Espíritu, que se mantenían hondamente en mi meditación.
Continué escribiendo mis memorias sobre el Maestro, y cuando los ladrones se hubieron retirado, recordé sus palabras: “A quien te pidiere tu capa, dale tu vestidura también”. Y las entendí…
Cuando estaba registrando sus ejemplos y sus parábolas, no había en la tierra una persona capaz de interrumpir mi labor, aún a costa de perder todos mis bienes, porque no obstante el interés natural que tengo en protegerlos y defenderme, sabía en qué lugar se hallaba aquel otro Gran Tesoro.

LUCAS

Los hipócritas

Despreció Jesús a todos los hipócritas y los recriminó duramente. Su ira contra ellos caía cual rayo fulminante. En sus oídos, la voz de Él era como un trueno cuyo estampido hacía temblar los corazones. Pidieron su muerte por el miedo espantoso que le tenían. Eran como topos; trabajaban en sus oscuras cuevas conspirando contra su vida, pero Él jamás se dejó caer en sus trampas y ardides; se compadecía de su ignorancia, por cuanto sabía que no podían burlarse del Espíritu ni encaminarse al abismo.
Tomaba en sus manos un espejo y desde su fondo veía a los perezosos, los cojos, los desafortunados y los caídos a la orilla del camino rumbo a su tumba. Y tuvo compasión de todos, y su anhelo era elevarlos hasta su cabeza y cargarse con sus fardos. Sí; varias veces ha querido que sus debilidades y flaquezas se apoyaran sobre su brazo fuerte y firme.
En sus fallos no era tan severo contra el impostor, el ladrón y el homicida, tanto como en sus juicios contra los hipócritas, que enmascaraban sus rostros y ocultaban sus manos; con éstos era implacable, muy severo y terminante. En tantas ocasiones me puse a pensar en aquel corazón que recibía con toda

Gibrán Khalil Gibrán: EL PROFETA

Gibrán Khalil Gibrán
EL PROFETA
(1923)

El Profeta

Almustafá, el elegido y bienamado, el que era un amanecer en su propio día, había esperado doce años en la ciudad de orfalese la vuelta del barco que debía devolverlo a su isla natal.
A los doce años, en el séptimo día de Yeleol, el mes de las cosechas, subió a la colina, más allá de los muros de la ciudad, y contempló él mar. Y vio su barco llegando con la bruma.
Se abrieron, entonces, de par en par las puertas de su corazón y su alegría voló sobre el océano. Cerró los ojos y oró en los silencios de su alma.
Sin embargo, al descender de la colina, cayó sobre él una profunda tristeza, y pensó así, en su corazón. ¿Cómo podría partir en paz y sin pena? No; no abandonaré esta ciudad sin una herida en el alma.
Largos fueron los días de dolor que pasé entre sus muros y largas fueron las noches de soledad y, ¿quién puede separarse sin pena de su soledad y su dolor?
Demasiados fragmentos de mi espíritu he esparcido por estas calles y son muchos los hijos de mi anhelo que marchan desnudos entre las colinas. No puedo abandonarlos sin aflicción y sin pena.
No es una túnica la que me quito hoy, sino mi propia piel, que desgarro con mis propias manos.
Y no es un pensamiento el que dejo, sino un corazón, endulzado por el hambre y la sed.
Pero, no puedo detenerme más.
El mar, que llama todas las cosas a su seno, me llama y debo embarcarme.
Porque el quedarse, aunque las horas ardan en la noche, es congelarse y cristalizarse y ser ceñido por un molde. Desearía llevar conmigo todo lo de aquí, pero, ¿cómo lo haré?
Una voz no puede llevarse la lengua y los labios que le dieron alas. Sola debe buscar el éter.
Y sola, sin su nido, volará el águila cruzando el sol. Entonces, cuando llegó al pie de la colina, miró al mar otra vez y vio a su barco acercándose al puerto y, sobre la proa, los marineros, los hombres de su propia tierra.
Y su alma los llamó, diciendo:
Hijos de mi anciana madre, jinetes de las mareas; ¡cuántas veces habéis surcado mis sueños! Y ahora llegáis en mi vigilia, que es mi sueño más profundo.
Estoy listo a partir y mis ansias, con las velas desplegadas,, esperan el viento.
Respiraré otra vez más este aire calmo, contemplaré otra vez tan sólo hacia atrás, amorosamente.
Y luego estaré con vosotros, marino entre marinos. Y tú, inmenso mar, madre sin sueño.
Tú que eres la paz y la libertad para el río y el arroyo. Permite un rodeo más a esta corriente, un murmullo más a esta cañada.
Y luego iré hacia ti, como gota sin límites a un océano sin límites.

Y, caminando, vio a lo lejos cómo hombres abandonaban sus campos y sus viñas y se encaminaban apresuradamente hacia las puertas de la ciudad.
Y oyó sus voces llamando su nombre y gritando de lugar a lugar, contándose el uno al otro de la llegada de su barco. Y se dijo a sí mismo:
¿Será el día de la partida el día del encuentro? ¿Y será mi crepúsculo, realmente, mi amanecer?
¿Y, qué daré a aquel que dejó su arado en la mitad del surco, o a aquel que ha detenido la rueda de su lagar?
¿Se convertirá mi corazón en un árbol cargado de frutos
que yo recoja para entregárselos?
¿Fluirán mis deseos como una fuente para llenar sus copas?
¿Será un arpa bajo los dedos del Poderoso o una flauta a través de la cual pase su aliento?
Buscador de silencios soy ¿qué tesoros he hallado en ellos que pueda ofrecer confiadamente?
Si es este mi día de cosecha ¿en qué campos sembré la semilla y en qué estaciones, sin memoria?
Si esta es, en verdad, la hora en que levante mi lámpara, no es mi llama la que arderá en ella.
Oscura y vacía levantaré mi lámpara.
Y el guardián de la noche la llenará de aceite y la encenderá.
En palabras decía estas cosas. Pero mucho quedaba sin decir en su corazón. Porque él no podía expresar, su más profundo secreto.
Y, cuando entró en la ciudad, toda la gente vino a él, llamándolo a voces.
Y los viejos se adelantaron y dijeron:
No nos dejes.
Has sido un mediodía en nuestros crepúsculo y tu juventud nos ha dado motivos para soñar.
No eres un extraño entre nosotros; no eres un huésped, sino nuestro hijo bienamado.
Que no sufran aún nuestros ojos el hambre de su rostro.

Y los sacerdotes y las sacerdotisas le dijeron:
No dejes que las olas del mar nos separen ahora, ni que los años que has pasado aquí se conviertan en un recuerdo. Has caminado como un espíritu entre nosotros y tu sombra ha sido una luz sobre nuestros rostros.
Te hemos amado mucho. Nuestro amor no tuvo palabras y con velos ha estado cubierto.
Pero ahora clama en alta voz por ti y ante ti se descubre. Siempre ha sido verdad que él amor no conoce su hondura hasta la hora de la separación.
Y vinieron otros también a suplicarle. Pero él no les respondió. Inclinó la cabeza y aquellos que estaban a su lado vieron cómo las lágrimas caían sobre su pecho.
El y la gente se dirigieron, entonces, hacia la gran plaza ante el templo.

Y salió del santuario una mujer llamada Almitra. Era una profetisa.
Y él la miró con enorme ternura, porque fue la primera que lo buscó y creyó en él cuando tan sólo había estado un día en la ciudad.
Y ella lo saludó, diciendo:
Profeta de Dios, buscador de lo supremo; largamente has escudriñado las distancias buscando tu barco.
Y ahora tu barco ha llegado y debes irte.
Profundo es tu anhelo por la tierra de tus recuerdos y por el lugar de tus mayores deseos y nuestro amor no te atará, ni nuestras necesidades detendrán tu paso.
Pero sí te pedimos que antes de que nos dejes, nos hables y nos des tu verdad.
Y nosotros la daremos a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos, y así no perecerá.
En tu soledad has velado durante nuestros días y en tu vigilia has sido el llanto y la risa de nuestro sueño. Descúbrenos ahora ante nosotros mismos y dinos todo lo que existe entre el nacimiento y la muerte, como te ha sido mostrado.
Y él respondió:
Pueblo de Orfalese ¿de qué puedo yo hablar sino de lo que aún ahora se agita en vuestras almas?

El Amor

Dijo Almitra: Háblanos del Amor.

Y él levantó la cabeza, miró a la gente y una quietud descendió sobre todos. Entonces, dijo con gran voz:
Cuando el amor os llame, seguidlo.
Y cuando su camino sea duro y difícil.
Y cuando sus alas os envuelvan, entregaos. Aunque la espada entre ellas escondida os hiriera.
Y cuando os hable, creed en él. Aunque su voz destroce nuestros sueños, tal cómo el viento norte devasta los jardines.

Porque, así como el amor os corona, así os crucifica.
Así como os acrece, así os poda.
Así como asciende a lo más alto y acaricia vuestras más tiernas ramas, que se estremecen bajo el sol, así descenderá hasta vuestras raíces y las sacudirá en un abrazo con la tierra.

Como trigo en gavillas él os une a vosotros mismos.
Os desgarra para desnudaros.
Os cierne, para libraros de vuestras coberturas.
Os pulveriza hasta volveros blancos.
Os amasa, hasta que estéis flexibles y dóciles.
Y os asigna luego a su fuego sagrado, para que podáis convertiros en sagrado pan para la fiesta sagrada de Dios.

Todo esto hará el amor en vosotros para que podáis conocer los secretos de vuestro corazón y convertiros, por ese conocimiento, en un fragmento del corazón de la Vida.

Pero si, en vuestro miedo, buscáreis solamente la paz y el placer del amor, entonces, es mejor que cubráis vuestra desnudez y os alejéis de sus umbrales.
Hacia un mundo sin primaveras donde reiréis, pero no con toda vuestra risa, y lloraréis, pero no con todas vuestras lágrimas.
El amor no da nada más a sí mismo y no toma nada más que de sí mismo.
El amor no posee ni es poseído.
Porque el amor es suficiente para el amor.

Cuando améis no debéis decir: “Dios está en mi corazón”, sino más bien: “Yo estoy en el corazón de.Dios.”
Y pensad que no podéis dirigir el curso del amor porque él si os encuentra dignos, dirigirá vuestro curso.

El amor no tiene otro deseo que el de realizarse.
Pero, si amáis y debe la necesidad tener deseos, que vuestros deseos sean éstos:
Fundirse y ser como un arroyo que canta su melodía a la noche.
Saber del dolor de la demasiada ternura.
Ser herido por nuestro propio conocimiento del amor. Y sangrar voluntaria y alegremente.
Despertarse al amanecer con un alado corazón y dar gracias por otro día de amor.
Descansar al mediodía y meditar el éxtasis de amar. Volver al hogar con gratitud en el atardecer.
Y dormir con una plegaria por el amado en el corazón y una canción de alabanza en los labios.

El Matrimonio

Entonces, Almitra habló otra vez: ¿Qué nos diréis sobre el Matrimonio, Maestro?

Y él respondió, diciendo:

Nacisteis juntos y juntos para siempre.
Estaréis juntos cuando las alas blancas de la muerte esparzan vuestros días.
Sí; estaréis juntos aun en la memoria silenciosa de Dios. Pero dejad que haya espacios en vuestra cercanía.
Y dejad que los vientos del cielo dancen entre vosotros. Amaos el uno al otro, pero no hagáis del arnor una atadura.
Que sea, más bien, un mar movible entre las costas de vuestras almas.
Llenaos uno al otro vuestras copas, pero no bebáis de una sola copa.
Daos el uno al otro de vuestro pan, pero no comáis del mismo trozo.
Cantad y bailad juntos y estad alegres, pero que cada uno de vosotros sea independiente.
Las cuerdas de un laúd están solas, aunque tiemblen con la misma música.
Dad vuestro corazón, pero no para que vuestro compañero lo tenga.
Porque sólo la mano de la Vida puede contener los corazones.
Y estad juntos, pero no demasiado juntos. Porque los pilares del templo están aparte.
Y, ni el roble crece bajo la sombra del ciprés ni el ciprés bajo la del roble.

Los niños

Y una mujer que sostenía un niño contra su seno pidió: Háblanos de los niños.

Y él dijo:

Vuestros hijos no son hijos vuestros.
Son los hijos y las hijas de la Vida, deseosa de sí misma. Vienen a través vuestro, pero no vienen de vosotros.
Y, aunque están con vosotros, no os pertenecen.

Podéis darles vuestro amor, pero no vuestros pensamientos.
Porque ellos tienen sus propios pensamientos.
Podéis albergar sus cuerpos, pero no sus almas.
Porque sus almas habitan en la casa del mañana que vosotros no podéis visitar, ni siquiera en sueños.
Podéis esforzaros en ser como ellos, pero no busquéis el hacerlos como vosotros.
Porque la vida no retrocede ni se entretiene con el ayer. Vosotros sois el arco desde el que vuestros hijos, como flechas vivientes, son impulsados hacia delante.
El Arquero ve el blanco en la senda del infinito y os doblega con Su poder para que Su flecha vaya veloz y lejana. Dejad, alegremente, que la mano del Arquero os doblegue. Porque, así como El ama la flecha que vuela, así ama también el arco, que es estable.

El dar

Entonces, un hombre rico dijo: Háblanos del dar.

Y él contestó:

Dais muy poca cosa cuando dais de lo que poseéis.
Cuando dais algo de vosotros mismos es cuando realmente dais.
¿Qué son vuestras posesiones sino cosas que atesoráis por miedo a necesitarlas mañana?
Y mañana, ¿qué traerá el mañana al perro que, demasiado previsor, entierra huesos en la arena sin huellas mientras sigue a los peregrinos hacia la ciudad santa? ¿Y qué es el miedo a la necesidad sino la necesidad misma?
¿No es, en realidad, el miedo a la sed, cuando el manantial está lleno, la sed inextinguible?

Hay quienes dan poco de lo mucho que tienen y lo dan buscando el reconocimiento y su deseo oculto malogra sus regalos.
Y hay quienes tienen poco y lo dan todo.
Son éstos los creyentes en la vida y en la magnificencia de la vida y su cofre nunca está vacío.

Hay quienes dan con alegría y esa alegría es su premio.
Y hay quiénes dan con dolor y ese dolor es su bautismo.
Y hay quienes dan y no saben del dolor de dar, ni buscan la alegría de dar, ni dan conscientes de la virtud de dar.
Dan como, en el hondo valle, da el mirto su fragancia al espacio.
A través de las manos de los que como esos son, Dios habla y, desde el fondo de sus ojos, El sonríe sobre la tierra.

Es bueno dar algo cuando ha sido pedido, pero es mejor dar sin demanda, comprendiendo.
Y, para la mano abierta, la búsqueda de aquel que recibirá es mayor goce que el dar mismo.
¿Y hay algo, acaso, que podáis guardar? Todo lo que tenéis será dado algún día.
Dad, pues, ahora que la estación de dar es vuestra y no de vuestros herederos.

Decís a menudo: “Daría, pero sólo al que lo mereciera.” Los árboles en vuestro huerto no dicen así, ni lo dicen los rebaños en vuestra pradera.
Ellos dan para vivir, ya que guardar es perecer.
Todo aquel que merece recibir sus días y sus noches, merece, seguramente, de vosotros todo lo demás.
Y aquel que mereció beber el océano de la vida, merece llenar su copa en vuestro pequeño arroyo.
¿Y cuál será mérito mayor que el de aquel que da el valor y la confianza -no la caridad- del recibir?
¿Y quiénes sois vosotros para que los hombres os muestren su seno y os descubran su orgullo para que así veáis sus merecimientos desnudos y su orgullo sin confusión?
Mirad primero si vosotros mismos merecéis dar y ser un instrumento del dar.
Porque, a la verdad, es la vida la que da a la vida, mientras que vosotros, que os creéis dadores, no sois sino testigos.

Y vosotros, los que recibís -y todos vosotros sois de ellos- no asumáis el peso de la gratitud, si no queréis colocar un yugo sobre vosotros y sobre quien os da.
Eleváos, más bien, con el dador en su dar como en unas alas.
Porque exagerar vuestra deuda es dudar de su generosidad, que tiene el libre corazón de la tierra como madre y a Dios como padre.

El comer y el beber

Entonces, un viejo que tenía una posada dijo: Háblanos del comer y del beber.

Y él respondió:

Ojalá pudiérais vivir de la fragancia de la tierra y, como planta del aire, ser alimentados por la luz.
Pero, ya que debéis matar para comer y robar al recién nacido la leche de su madre para apagar vuestra sed, haced de ello un acto de adoración.
Y haced que vuestra mesa sea un altar en el que lo puro y lo inocente, el buque y la pradera sean sacrificados a aquello que es más puro y aún inocente que el hombre.
Cuando matéis un animal, decidle en vuestro corazón: “El mismo poder que te sacrifica, me sacrifica también; yo seré también destruido.
La misma ley que te entrega en mis manos me entregará a mí en manos más poderosas.
Tu sangre y mi sangre no son otra cosa que la savia que alimenta el árbol del cielo.”

Y, cuando mordáis una manzana, decidle en vuestro corazón:
“Tus semillas vivirán en mi cuerpo.
Y los botones de tu mañana florecerán en mi corazón. Y tu fragancia será mi aliento.
Y gozaremos juntos a través de todas las estaciones.”
Y, en el otoño, cuando reunáis las uvas de vuestras vides para el lagar, decid en vuestro corazón:
“Yo soy también una vid y mi fruto será llevado al lagar. Y, como vino nuevo será guardado en vasos eternos.”
Y, en el invierno, cuando sorbáis el vino, que haya en vuestro corazón un canto para cada copa.
Y que haya en ese canto un recuerdo para los días otoñales y para la vid y para el lagar.

El trabajo

Entonces, dijo el labrador: Háblanos del trabajo.

Y él respondió, diciendo:

Trabajáis para seguir el ritmo de la tierra y del alma de la tierra.

Porque estar ocioso es convertirse en un extraño en medio de las estaciones -y salirse de la procesión de la vida, que marcha en amistad y sumisión orgullosa hacia el infinito.

Cuando trabajáis, sois una flauta a través de cuyo corazón el murmullo de las horas se convierte en música.
¿Cuál de vosotros querrá ser una caña silenciosa y muda cuando todo canta al unísono?

Se os ha dicho siempre que el trabajo es una maldición y la labor una desgracia.
Pero yo os digo que, cuando trabajáis, realizáis una parte del más lejano sueño de la tierra, asignada a vosotros cuando ese sueño fue nacido.
Y, trabajando, estáis, en realidad, amando a la vida.
Y amarla, a través del trabajo, es estar muy cerca del más recóndito secreto de la vida.
Pero si, en vuestro dolor, llamáis al nacer una aflicción y al soportar la carne una maldición escrita en vuestra frente, yo os responderé que nada más que el sudor de vuestra frente lavará lo que está escrito.

Se os ha dicho también que la vida es oscuridad y, en vuestra fatiga, os hacéis eco de la voz del fatigado.
Y yo os digo que la vida es, en verdad, oscuridad cuando no hay un impulso.
Y todo impulso es ciego cuando no hay conocimiento. Y todo saber es vano cuando no hay trabajo.
Y todo trabajo es vacío cuando no hay amor.
Y cuando trabajáis con amor, os unís con vosotros mismos, y con los otros, y con Dios.
¿Y qué es trabajar con amor?
Es tejer la tela con hilos extraídos de vuestro corazón como si vuestro amado fuera a usar esa tela.
Es construir una casa con afecto, como si vuestro amado fuera a habitar en ella.
Es plantar semillas con ternura y cosechar con gozo, como si vuestro amado fuera a gozar del fruto.
Es infundir en todas las cosas que hacéis el -aliento de vuestro propio espíritu.
Y saber que todos los muertos benditos se hallan ante vosotros observando.

He oído a menudo decir, como si fuera en sueños: “El que trabaja en mármol y encuentra la forma de su propia alma en la piedra es más noble que el que labra la tierra.”
“Aquel que se apodera del arco iris para colocarlo en una tela transformada en la imagen de un hombre es más que el que hace las sandalias para nuestros pies.”
Pero, yo digo, no en sueños, sino en la vigilia del mediodía, que el viento no habla más dulcemente a los robles gigantes que a la menor de las hojas de la hierba.
Y solamente es grande el que cambia la voz del viento en una canción, hecha más dulce por-u propio amor.
El trabajo es el amor hecho visible.
Y si no podéis trabajar con amor, sino solamente con disgusto, es mejor que dejéis vuestra tarea y os sentéis a la puerta del templo y recibáis limosna de los que trabajan gozosamente.
Porque, si horneáis el pan con indiferencia estáis horneando un pan amargo que no calma más que a medias el hambre del hombre.
Y si refunfuñáis al apretar las uvas, vuestro murmurar destila un veneno en el vino.
Y si cantáis, aunque fuera como los ángeles, y no amáis el cantar, estáis ensordeciendo los oídos de los hombres para las voces del día y las voces de la noche.

La Alegría y el Dolor

Entonces, dijo una mujer: Háblanos de la Alegría y del Dolor.

Y él respondió:

Vuestra alegría es vuestro dolor sin máscara.
Y la misma fuente de donde brota vuestra risa fue muchas veces llenada con vuestras lágrimas.
Y ¿cómo puede ser de otro modo?
Mientras más profundo cave el dolor en vuestro corazón, más alegría podréis contener.
¿No es la copa que guarda vuestro vino la misma copa que estuvo fundiéndose en el horno del alfarero?
¿Y’ no es el laúd que apacigua vuestro espíritu la misma madera que fue tallada con cuchillos?
Cuando estéis contentos, mirad en el fondo de vuestro corazón y encontraréis que es solamente lo que,os produjo dolor, lo que os da alegría.
Cuando estéis tristes, mirad de nuevo en vuestro corazón y veréis que estáis llorando, en verdad, por lo que fue vuestro deleite.

Algunos de vosotros decís: “La alegría es superior al dolor” y otros: “No, el dolor es más grande.”
Pero yo os digo que son inseparables.
Vienen juntos y, cuando uno de ellos se sienta con vosotros a vuestra mesa, recordad que el otro está durmiendo en vuestro lecho.
En verdad, estáis suspensos, como fiel de balanza, entre vuestra alegría y vuestro dolor.
Sólo cuando vacíos estáis quietos y equilibrados.
Cuando el tesorero os levanta para pesar su oro y su plata, es necesario que vuestra alegría o vuestro dolor suban o bajen.