Respaldo de material de tanatología

La depresión de los docentes

DOCENCIA. CCOO y la consejería de educación diagnostican los principales problemas
La depresión de los docentes, un bache que promedia 70 días

La enfermedad que más afecta es la gripe, pero la media de faltas es inferior z De 1999 a 2004 se han producido 20.000 bajas. La Junta pone en marcha un plan para combatir esta realidad
Z MATUCHA GARCÍA. MÁLAGA

El profesorado malagueño presenta tres grandes grupos de enfermedades: respiratorias, tramautológicas y psiquiátricas. Aunque la cifra más elevada de bajas en este gremio se produce por gripe, las de mayor duración son a causa de la depresión, con 70 días de media de duración, según datos reales registrados y facilitados por la Junta de Andalucía.
Desde 1999 hasta 2004 se han producido 122.000 bajas en Andalucía de las que alrededor de 20.000 corresponden a la provincia de Málaga. Un hecho que también ha sido diagnosticado por CCOO, que se ha centrado en los riesgos psicosociales de este sector profesional en relación con el resto de ocupaciones.

Así, el sindicato indica que el 54% del absentismo se relaciona con el estrés, que es el responsable del 60 al 80% de los accidentes de trabajo en la enseñanza. Se establece además que el estrés, la ansiedad, la depresión, diversos trastornos psicosomáticos, cardiovasculares, la úlcera de estómago, alergias, contracturas o dolor de espalda pueden ser debidos a la exposición de riesgos psicosociales (de la conducta humana) en el trabajo.

Según este trabajo de CCOO realizado a 266 docentes en 14 centros de la provincia, en este colectivo existe un bajo sentimiento de grupo, “lo que supone una situación de riesgo para la salud”. Además, aunque conocen claramente sus funciones consideran difícil llevarlas a cabo por diferentes factores como el hecho de que entre en contradicción con la actitud de los padres o con las propias normas de la administración, según explicó el responsable de Enseñanza Pública de CCOO, Francisco Gallego.

Poner en marcha soluciones para combatir esta realidad es precisamente el objetivo del primer Plan Andaluz de Salud Laboral y Prevención de Riesgos Laborales del Personal Docente de los Centros Públicos. Un proyecto del que se beneficiarán los 91.000 maestros y profesores andaluces, de los que 14.000 son malagueños.

Un total de 36 medidas, que ya han comenzado a ponerse en marcha y que se desarrollarán hasta 2010, para las que se contempla una inversión en la región de 3,65 millones de euros, el 19%, 700.000 euros, para Málaga. Los ámbitos de actuación son la salud y la prevención. En este último se va a habilitar una `web´ que aglutine todo tipo de información, explicó el director de Gestión de Recursos Humanos de la Junta de Andalucía, Carlos Gómez.

LA INUTILIDAD DEL SUFRIMIENTO

Introducción de “La inutilidad del sufrimiento

Por cortesía de ‘La Esfera de los libros’ les ofrecemos la introducción de ‘La inutilidad del sufrimiento’

¡Nos pasamos la vida sufriendo!

¿Alguna vez nos hemos puesto a pensar con qué facilidad sufrimos? o, para decirlo de otra forma, ¿cuánta vida se nos escapa sufriendo?, ¿cuánta energía desperdiciamos?, ¿cuántas ilusiones y esperanzas tiramos?, ¿cuántas ocasiones perdemos?, ¿cuántas alegrías ahogamos?… Realmente, ¿hay justificación a tanto sufrimiento?, ¿la vida es tan difícil y la felicidad tan imposible?, ¿de verdad nos creemos que nuestro destino es sufrir?, ¿que estamos «aquí» para pasarlo mal?…

Casi nadie, al menos en nuestra sociedad occidental, contestaría de forma afirmativa a estas preguntas, pero lo cierto es que parecen actuar como si creyeran en un destino fatalista de la vida. Personalmente, desearía que a estas alturas de la historia, en pleno siglo xxi, la mayoría de las personas no se sintieran «atrapadas» por «algo» de lo que no pudieran escapar. No obstante, la verdad es que mucha gente sufre de forma inútil y, además, sufre prolongadamente. La psicología, y sobre todo los 25 años de experiencia profesional, me han enseñado muchas cosas, pero quizá lo que más valore es ¡cómo se ha desarrollado mi capacidad de observación! ¡Qué fácil te resulta «mirar y ver» cuando has aprendido a hacerlo!; pero ¡qué difícil! les resulta la vida a las personas que se sienten atrapadas por su trabajo, por sus estudios, por sus padres, por sus parejas, por sus hijos, por su edad?; en definitiva, atrapadas por sus circunstancias y sin aparente posibilidad de «ver» la salida o la solución final. La verdad es que sin darnos cuenta repetimos conductas, rutinas, costumbres, hábitos…, formas de actuar que, inexorablemente, nos hacen sentirnos mal, pero que se nos antojan imposibles de evitar. Ante lo que consideramos una mala noticia nos preocupamos, en lugar de prepararnos para superarla en las mejores condiciones; los contratiempos nos alteran y con facilidad nos dispersan, dificultándonos la búsqueda de las mejores opciones; rápidamente vemos en los acontecimientos la parte negativa, las dificultades, los obstáculos, en lugar de las oportunidades que encierran. Al final sufrimos y, de nuevo, sufrimos inútilmente.

La primera vez que me quedé muy impactada por la falta de felicidad que parecía tener la mayoría de las personas que me rodeaban fue a finales de los años setenta. Entonces, yo era una persona muy joven, recién licenciada, entusiasmadísima con mi trabajo y? muy sorprendida ante la aparente infelicidad que veía a mi alrededor. No se me ocurrió otra forma mejor que intentar «medir» la satisfacción o insatisfacción que las personas sentían en su vida. Ni corta ni perezosa, dentro de lo que entonces era mi ámbito laboral, en el transcurso de las entrevistas personales que realizaba para hacer la historia de los niños y comentar el desarrollo que tenían, pregunté a aproximadamente 180 parejas de padres, con niños entre uno y seis años, qué opinión de conjunto tenían sobre sus vidas; lógicamente, las preguntas no eran tan literales, pero a través de la información recibida se podía clasificar con bastante precisión a las parejas: las que se sentían en general muy felices y satisfechas, felices, insatisfechas, agobiadas, decepcionadas, atrapadas en el día a día y agotadas ante sus circunstancias. Los datos fueron demoledores, tanto que prefiero no transcribirlos. La verdad es que eran un prototipo, quizá avanzado para la época, de lo que hoy día es la realidad para casi todas las parejas jóvenes.

En el contexto en que nos movíamos, lo habitual es que ambos padres trabajasen; además, eran lo suficientemente jóvenes como para tener niños menores de seis años, estaban pagando casi todos la hipoteca de la casa, tenían salarios medios y un nivel cultural medio-alto. A pesar de llevar relativamente poco tiempo casados o viviendo en pareja (la media no sobrepasaba los seis años de convivencia), la mayoría se sentían muy agotados con la experiencia de ser padres y simultanear su trabajo con las «obligaciones» y responsabilidades que conlleva la atención de los niños. En muchos casos se mostraban hostiles hacia el otro miembro de la pareja, como si éste tuviera la culpa de su situación, de su agobio, de su falta de tiempo personal. Estas circunstancias influían muy negativamente en su relación y muchos de ellos, si hubieran podido dar marcha atrás, se hubiesen planteado caminos diferentes. No pensemos que su realidad era peor que la que podían tener otras parejas; al contrario, al menos ellos disfrutaban de una guardería en su trabajo, que les prestaba un servicio de indudable calidad, además de proporcionarles más facilidades en el cuidado de sus hijos. Pero si la mayoría de estas parejas se sentían agotadas ante las circunstancias de su vida diaria: prisas, tensiones, lucha constante con el reloj, con los imprevistos, con las enfermedades de los niños, con los contratiempos típicos?, ¿cómo creemos que se siente hoy ese segmento tan importante de nuestra población? Posteriormente, mi actividad profesional me llevó a seguir trabajando con niños y padres.

Además, tuve la suerte, casi desde el principio, de simultanear esta faceta con la psicología clínica (niños, adolescentes, jóvenes, adultos?) y, finalmente, completé mi abanico con una intensa experiencia en el mundo de la psicología de la empresa. La verdad es que no he vuelto a hacer más trabajos estadísticos de este estilo, ¡no quiero deprimirme inútilmente!, pero no tengo dudas sobre cuáles serían los resultados. ¿Alguien piensa que las circunstancias han mejorado y que hoy día es más fácil compatibilizar la vida profesional y familiar? Seguramente pocas personas se atreverían a contestar de forma afirmativa. Mi trabajo como psicóloga abarca todos los ámbitos y los tramos de la población y cada día siento más contraste entre cómo me gustaría ver a la mayoría de la gente y cómo la veo en realidad. Con frecuencia, tanto en el ámbito de la formación como en el marco de la consulta, muchas personas me dicen que les encanta verme de buen humor, irradiando energía y «calma». Seguramente, para ellos resulto el prototipo de lo que pueden considerar como una persona agradable, relajada y a la par activa, que se lo pasa bien trabajando y parece ser feliz en su vida personal. gYo, que me conozco bien, no me considero nada excepcional, aunque es verdad que en general me encuentro muy a gusto con mi vida; me siento, por el contrario, muy defraudada por la falta de felicidad que veo en la mayoría de las personas. Bien, ¡pues de eso se trata! Por supuesto, a veces las circunstancias que nos rodean hacen difícil, muy difícil, que nos encontremos bien, pero si hemos conseguido un buen control de nuestros pensamientos lograremos ser dueños de nuestras emociones, y esas circunstancias podemos verlas como oportunidades para desarrollar nuevas habilidades y recursos, que nos facilitarán el control de nuestras vidas. Todos conocemos a personas, supuestamente afortunadas, a las que la vida parece sonreír y, sin embargo, se sienten tremendamente desgraciadas.

Por el contrario, vemos a seres humanos con vivencias terribles que, a pesar de todo, consiguen mantener un espíritu animoso, y siguen «luchando» con una fuerza constante, cuando no arrolladora, que los lleva a esa sensación tan maravillosa de «encontrarse bien consigo mismos». Esa vivencia es aún más intensa y plena cuando la experimentamos en esos momentos en que la vida parece ponernos a prueba. En definitiva, y con palabras llanas, se trata de que nuestro cerebro actúe a nuestro favor y no en nuestra contra. Nuestro cerebro nos acompañará siempre, al igual que nuestro Sistema Nervioso Autónomo (SNA) y nuestro Sistema Nervioso Central (SNC). Seguramente, una de las primeras cosas que nos tendrían que haber enseñado es cómo descubrirlos y cómo ponerlos a nuestro servicio. Lejos de esa realidad tan palpable, la verdad es que muchas personas, a pesar de los años que ya llevan a sus espaldas, se siguen sintiendo prisioneras de «sus nervios», de «su forma de ser», de «su manera de actuar», «de ver la vida»? No hay nada que justifique ese encadenamiento, ese sufrimiento «tan inútil como prolongado». Vamos a tratar de aprender cómo controlar nuestra vida y, para ello, descubriremos cómo encaminar mejor a la persona hacia la ilusión y no hacia el sufrimiento. http://elmundolibro.elmundo.es/elmundolibro/2003/05/14/no_ficcion/1052936478.html

Trastorno Bipolar I

INTERVENCIONES PSICOSOCIALES EN EL TRASTORNO BIPOLAR —Contexto: Se ha demostrado que las intervenciones psicosociales mejoran el resultado fármaco terapéutico en el trastorno bipolar. —Objetivo: Examinar las ventajas de las 4 psicoterapias específicas del trastorno en conjunto con la farmacoterapia, sobre el tiempo de recuperación y la probabilidad de continuar sano después de un episodio de depresión bipolar. —Diseño: Ensayo aleatorio controlado. —Escenario: Quince clínicas afiliadas al programa de mejora del tratamiento sistemático para el trastorno bipolar. —Pacientes: Un total de 293 pacientes no internados referidos con trastorno bipolar I o II y depresión, tratados con el protocolo fármaco terapéutico, fueron asignados aleatoriamente a una psicoterapia intensiva (n=163) o a un cuidado de colaboración (n= 130), una intervención psico-educacional breve. —-Intervenciones: La psicoterapia intensiva se proporcionó semanalmente y dos veces por semana hasta 30 sesiones en 9 meses según los protocolos para la terapia enfocada a la familia, la terapia interpersonal y de ritmo social, y la terapia cognitivo conductual. El cuidado de colaboración consistió en 3 sesiones en 6 semanas. —-Principales medidas del resultado: Las valoraciones del resultado fueron realizadas por psiquiatras en cada visita de farmacoterapia. Los resultados principales incluyeron el tiempo de recuperación y la proporción de pacientes clasificados como sanos durante cada uno de los 12 meses de estudio

Resultados: Todos los análisis fueron por intención de tratamiento. Los índices de deterioro no diferenciaron en las condiciones de psicoterapia intensiva (35.6%) y de cuidado de colaboración (30.8%). Los pacientes bajo psicoterapia intensiva presentaron índices de recuperación significativamente mayores al final del año (64.4% vs. 51.5%) y periodos menores de recuperación que los pacientes bajo cuidado de colaboración (índice de peligro, 1.47; Intervalo de confianza 95%, 1.08-2.00; P=0.01). Los pacientes bajo psicoterapia intensiva fueron 1.58 veces (intervalo de confianza 95%, 1.17-2.13) más probables a estar clínicamente sanos durante cualquier mes de estudio que aquellos bajo cuidado de colaboración (P=.003). No se observó ninguna diferencia estadística significativa en los resultados de las 3 psicoterapias intensivas.

Conclusiones: El tratamiento psicosocial intensivo como adjunto a la farmacoterapia fue más beneficioso que el tratamiento breve al mejorar la estabilización de la depresión bipolar. Los estudios futuros deben comparar la rentabilidad de los modelos de psicoterapia para el trastorno bipolar. –Para acceder al texto completo consulte las características de suscripción de la fuente original: http://archpsyc.ama-assn.org

TRASTORNOS DEL SUEÑO COMO PRINCIPAL MANIFESTACIÓN CLÍNICA DE ALTERACIÓN DE LOS RITMOS CIRCADIANOS EN LA DEPRESIÓN.

Las alteraciones del sueño son una característica clínica común de muchos trastornos psiquiátricos. Se ha estimado que el 90% de los pacientes con depresión se quejan sobre la calidad del sueño. No es sorprendente ya que las regiones cerebrales implicadas en la depresión también lo aparecen en la regulación del sueño y la vigilia. La posible explicación para las alteraciones del sueño en la depresión incluye el incremento de la ansiedad y los despertares en la mayoría de los pacientes, anomalías en los ritmos circadianos y el hecho de que los sistemas neurobiológicos incluidos en el estado del ánimo y la conducta podrían mediar en el sueño. —Las investigaciones polisomnográficas del sueño han demostrado que el sueño en la depresión se manifiesta con alteraciones en cuanto a su continuidad, caracterizadas por una reducción del sueño de onda lenta y una desinhibición del sueño REM, con un acortamiento de la latencia REM, una prolongación del primer periodo REM y un incremento de la densidad REM. —Distintos modelos teóricos han sido desarrollados para explicar las anomalías del sueño en la depresión, como los dos modelos del proceso del sueño y regulación, el modelo crisis de la hormona liberadora de hormona del crecimiento/hormona liberadora de corticotropina (GHRH/ CRH), y el modelo de interacción recíproca del sueño no REM (NREM) y de la regulación del sueño REM. La manipulación del ciclo sueño-vigilia, la privación del sueño, o una fase avanzada del periodo de sueño, alivia los síntomas de la depresión y los agentes depresivos más efectivos suprimen el sueño REM

Estos hallazgos indican una fuerte relación entre el sueño y la depresión. Esta revisión examina el conocimiento actual de los cambios del sueño en la depresión, discutiendo la contribución de esta información para nuestro conocimiento de la etiología de la depresión, con énfasis en las alteraciones de los ritmos circadianos en la depresión, y considerando las implicaciones clínicas de los indicadores del sueño como potenciales marcadores para la investigación y la monitorización clínica de la depresión.

Cómo es vivir con un dolor agobiante que no desaparece

Cómo es vivir con un dolor agobiante que no desaparece – Puede aparecer por una lesión, una enfermedad o la alteración del sistema nervioso

Las consecuencias psicológicas y sociales de este dolor pueden ser enormes, desde despojar a una persona de la capacidad de disfrutar de la vida hasta trabajar. Sólo la mitad de los pacientes que padece dolor crónico puede volver a trabajar. Para los especialistas en dolor, “nadie en su sano juicio cambiaría una vida plena por la miseria del dolor crónico”.

Fuente para todo el artículo: http://www.lanacion.com.ar/cienciasalud/nota.asp?nota_id=961183&origen=premium

DEPRESIÓN EN MÉDICOS RESIDENTES Y ERRORES

13 FEB 08 | ?British Medical Journal? DEPRESIÓN EN MÉDICOS RESIDENTES Y ERRORES EN LA MEDICACIÓN

Un estudio aparecido en el “British Medical Journal” muestra que los errores farmacológicos son seis veces más frecuentes si los facultativos están deprimidos.

(Jano on line) Los residentes de medicina que están deprimidos son alrededor de seis veces más propensos a cometer errores en la medicación que los que no lo están, según un estudio publicado en la edición electrónica de ?British Medical Journal?, que evaluó a 123 residentes pediátricos de tres hospitales infantiles de los Estados Unidos. Los investigadores encontraron que el 20% de los residentes estaba deprimido y que el 74% sufría de desgaste profesional.

Durante el periodo del estudio, los residentes cometieron un total de 45 errores en la medicación y los que estaban deprimidos cometieron 6,2 veces más errores en los fármacos que los que no lo estaban. No pareció haber ninguna relación entre índices más altos de errores en los medicamentos y el desgaste profesional. Estos hallazgos sugieren que la salud mental de los médicos podría desempeñar un papel más significativo en la seguridad de los pacientes de lo que antes se sospechaba, apuntan los autores del estudio.

Además, el alto índice de desgaste profesional de los residentes de este estudio, que coincide con el de otros estudios, indica que los métodos para capacitar a los médicos podrían causar estrés que resulta nocivo para la salud de los residentes. Se necesita hacer más para estudiar y mejorar la salud mental, así como las condiciones laborales de los médicos, concluyen los autores del estudio.

En Estados Unidos, cada año hasta 98,000 pacientes mueren a causa de errores en los medicamentos. El estrés de la capacitación de los residentes, que incluye factores como la falta de sueño y de tiempo libre, está entre los motivos más comúnmente citados de tales errores, según la información del estudio.

DEPRESIÓN E INSUFICIENCIA CARDIACA

DEPRESIÓN E INSUFICIENCIA CARDIACA Aumento del riesgo de muerte u hospitalización. Dres. Sherwood A, Blumenthal JA, Hinderliter AL y colaboradores (SIIC)

Introducción y objetivos =La insuficiencia cardiaca se caracteriza por el compromiso significativo de la función del miocardio, elevado número de complicaciones y la reducción de la expectativa de vida. Las características de esta insuficiencia que contribuyen con el deterioro clínico son el empeoramiento de la función cardiaca y la activación neurohumoral. En general, los tratamientos tienen como objetivo mejorar la función circulatoria y bloquear el sistema renina-angiotensina y el sistema nervioso simpático.

La depresión es un factor de riesgo psicosocial significativo en los pacientes con enfermedad coronaria. Su presencia se asocia con aumento del riesgo de insuficiencia cardiaca en los pacientes con predisposición y tiene consecuencias negativas en quienes ya padecen la enfermedad. Se informó que los pacientes con insuficiencia cardiaca y depresión presentan mayores probabilidades de ser hospitalizados o de morir. En los pacientes con insuficiencia cardiaca, la depresión se asocia con la gravedad de la enfermedad. No obstante, no se sabe en qué medida contribuye con las consecuencias clínicas negativas de ésta.

Durante los últimos años se comenzaron a utilizar el péptido natriurético tipo B y el propéptido natriurético tipo B aminoterminal (NT-propéptido natriurético tipo B) como marcadores diagnósticos y pronósticos de insuficiencia cardiaca. Ambos son liberados por el tejido ventricular cardíaco y tienen propiedades vasodilatadoras y diuréticas. En el presente estudio se empleó el NT-propéptido natriurético tipo B para evaluar la gravedad de la insuficiencia cardiaca y la relación entre los síntomas de depresión y la muerte y la hospitalización durante 3 años de seguimiento.

Como la depresión se asocia con peor pronóstico en los pacientes con enfermedades cardíacas, hay gran interés en la identificación de un tratamiento eficaz para ese trastorno. Los fármacos antidepresivos disminuirían la mortalidad asociada con el infarto agudo de miocardio y mejorarían la función cardiaca con un perfil de efectos adversos adecuado. No obstante, aún no se estudiaron los efectos del tratamiento antidepresivo en pacientes con insuficiencia cardiaca. En consecuencia, también se evaluó la asociación entre el tratamiento antidepresivo, la letalidad y la hospitalización durante 3 años de seguimiento.

Pacientes y métodos = El presente fue un estudio prospectivo, observacional y de seguimiento, en el cual participaron 204 pacientes con insuficiencia cardiaca. Inicialmente se evaluaron los antecedentes clínicos y los tratamientos actuales, tanto cardiológicos como psiquiátricos. También se midieron los niveles plasmáticos de NT-propéptido natriurético tipo B y la fracción de eyección del ventrículo izquierdo. Los síntomas depresivos se evaluaron mediante el Beck Depression Inventory.

El seguimiento consistió en la evaluación anual de los registros médicos de los participantes. Asimismo, se contactó a los pacientes con una frecuencia similar para reunir información sobre hospitalizaciones durante el último año y los tratamientos administrados. El parámetro principal de evaluación fue el tiempo transcurrido hasta la muerte o la hospitalización debido a enfermedad cardiovascular.

Resultados =La media de edad de los pacientes al comienzo del estudio fue de 56.8 años. El 31.9% de los participantes eran mujeres. La mayoría eran caucásicos y recibían beta bloqueantes o inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina. El puntaje inicial medio del Beck Depression Inventory fue de 10.3. Al principio, el 21.1% de los pacientes tomaba antidepresivos. Este grupo no se diferenció del resto respecto de la mayoría de las características. No obstante, los que tomaban antidepresivos y presentaban más síntomas depresivos tuvieron más probabilidades de recibir un beta bloqueante y presentar niveles más bajos de hemoglobina.

El seguimiento duró de 2 a 5 años. Durante su transcurso, 26% de los pacientes fallecieron y 62% fueron hospitalizados al menos 1 vez. Casi la mitad de las hospitalizaciones se debieron a enfermedad cardiovascular. Los niveles plasmáticos de NT-propéptido natriurético tipo B se asociaron en forma significativa con la muerte o la hospitalización por causa cardiovascular. El aumento de la sintomatología depresiva también se relacionó con el aumento del riesgo de muerte u hospitalización por causa cardiovascular. Los pacientes que tomaban antidepresivos tuvieron más probabilidades de morir o de ser hospitalizados por la enfermedad cardiovascular que los que no los recibían. En los pacientes en tratamiento antidepresivo, los niveles de NT-propéptido natriurético tipo B fueron similares a los hallados en el resto de los pacientes. Su aumento se relacionó con todas las causas de hospitalización o muerte. Asimismo, los síntomas depresivos y el tratamiento antidepresivo también se relacionaron con aumento del riesgo de todas las causas de muerte u hospitalización.

Discusión =En los pacientes con insuficiencia cardiaca relativamente estables que reciben tratamiento médico, la presencia de síntomas depresivos se asocia con aumento del riesgo de muerte u hospitalización por causas cardiovasculares. Estos hallazgos coinciden con lo informado en estudios previos. La depresión tiene consecuencias clínicas negativas más allá de la insuficiencia cardiaca. El nivel de NT-propéptido natriurético tipo B, que indica la gravedad de la insuficiencia cardiaca, también se relaciona con el riesgo de muerte o de hospitalización. No obstante, los efectos adversos de la depresión se observaron más allá del nivel de NT-propéptido natriurético tipo B, la fracción de eyección del ventrículo izquierdo y otros factores de riesgo. Esto indica que la depresión no es un simple reflejo de la gravedad de la insuficiencia cardiaca. La presencia de síntomas depresivos puede tener consecuencias notables, con un aumento aproximado del 56% del riesgo de hospitalización o de muerte.

La relación entre la depresión y el peor pronóstico de estos pacientes puede deberse a diferentes factores relacionados con hábitos como el tabaquismo, el sedentarismo y la falta de adhesión al tratamiento. También se identificaron vías fisiopatológicas mediante las cuales la depresión afecta en forma directa el riesgo cardiovascular en los pacientes con insuficiencia cardiaca. Entre los factores relacionados con la depresión se menciona la disminución de la variabilidad de la frecuencia cardiaca y de la sensibilidad barorrefleja y con el aumento de la actividad simpática, la coagulabilidad sanguínea, la inflamación y la disfunción endotelial. Cada vía puede actuar de manera independiente o sinérgica para aumentar el riesgo en los pacientes con insuficiencia cardiaca.

La prevalencia elevada de depresión observada en el presente estudio coincide con lo hallado en estudios anteriores. Esto destaca la necesidad de evaluar a los pacientes con insuficiencia cardiaca para detectar la presencia de depresión y crear y evaluar estrategias terapéuticas seguras para disminuir la sintomatología depresiva y mejorar el estado clínico. Se observó aumento de la probabilidad de muerte o de hospitalización asociada con el tratamiento antidepresivo a pesar de la gravedad de la depresión y de la insuficiencia cardiaca y de la presencia de comorbilidades. Es decir, los peores resultados no pueden atribuirse a la gravedad de la insuficiencia cardiaca.

El tratamiento antidepresivo puede indicar la presencia de depresión crónica, recurrente o resistente al tratamiento. De acuerdo con lo hallado en un estudio previo, los pacientes con antecedentes de depresión luego de un infarto de miocardio que permanecían depresivos a pesar del tratamiento tuvieron peores resultados clínicos que los tratados con eficacia. Por lo tanto, la depresión resistente al tratamiento puede ser indicadora de peor pronóstico. Más del 80% de los pacientes con insuficiencia cardiaca tratados con antidepresivos recibían inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina. Se sugirió que la administración de estos fármacos puede mejorar la supervivencia. En cambio, los antidepresivos tricíclicos pueden provocar arritmias ventriculares que ponen en peligro la vida del paciente.

En resumen, en los pacientes con insuficiencia cardiaca, el aumento de la sintomatología depresiva se asocia con peor pronóstico, lo cual no se debe a la gravedad de la insuficiencia. La asociación observada entre el tratamiento antidepresivo y los resultados clínicos más desfavorables podría indicar que los pacientes con insuficiencia cardiaca que requieren antidepresivos deben ser controlados en forma más exhaustiva.

Lic. Juan M. Covarrubias. Terapeuta tanatología, psioconcologia, pruebas psicosometricas

Una demencia que despierta la creatividad

Una demencia que despierta la creatividad
Un neurólogo de California develó cómo afecta el cerebro

Imagen de una migraña pintada por Anne Adams, en la que se basa en la estructura y la repetición Foto: NYT12-04-08

NUEVA YORK.? Si Rod Serling todavía estuviera vivo escribiendo los episodios de Dimensión desconocida, seguramente se hubiera interesado en la historia de Anne Adams, una científica canadiense convertida en artista, que murió el año pasado a causa de un extraño trastorno mental. Tras estudiar matemática, química y biología, la doctora Adams dejó su carrera de profesora y científica teórica en 1986 para comenzar a pintar.

“Anne estaba en su estudio de 9 a 5 todos los días”, dijo su marido, Robert Adams, matemático retirado. En 1994, la doctora Adams sintió fascinación por la música de Maurice Ravel y pintó Desentrañando el Bolero, obra que tradujo la música a una forma visual.

El doctor Bruce Miller, neurólogo y director del Centro de la Memoria y el Envejecimiento de la Universidad de California en San Francisco, publicó recientemente en la revista Brain un estudio que explica cómo la enfermedad mental que padeció Adams, además de Ravel, puede dar lugar al surgimiento de talentos artísticos.

Ravel compuso El Bolero en 1928, cuando tenía 53 años y comenzaban a evidenciarse los signos de su enfermedad en los errores de escritura, tanto en su música como en sus cartas. El Bolero alterna entre dos temas melódicos principales; los repite ocho veces en los 340 compases, con volumen e instrumentación crecientes. “El Bolero es un ejercicio de compulsión, estructura y perseverancia -dijo Miller-. Aumenta sin cambiar de clave hasta el compás 326. Entonces, se acelera hacia el colapso final.”

Adams pintó un rectángulo vertical por cada compás del Bolero . La transformación del sonido en una forma es clara y estructurada. La altura corresponde al volumen; la forma, a la calidad de la nota y el color, al tono. Los colores se mantienen unidos hasta el cambio de clave en el compás 326, donde un grupo de figuras rosadas y anaranjadas anuncian la conclusión.

Miller explicó que Ravel y Adams sufrían las primeras etapas de una extraña enfermedad llamada demencia frontotemporal (FTP, según sus siglas en inglés) cuando hicieron ambas obras. La enfermedad alteró los circuitos de su cerebro: cambió las conexiones entre sus partes anterior y posterior, y los dotó de una creatividad inusual.

Remodelación cerebral

“Estamos acostumbrados a pensar que la demencia ataca el cerebro de manera difusa -opina Miller-. Es incorrecto. Ahora nos damos cuenta de que cuando unos circuitos específicos se dañan o se desintegran, pueden llegar a causar o liberar actividad en otras áreas. Es decir, si una parte del cerebro funciona mal, otra parte puede remodelarse y volverse más fuerte.”

Por eso, algunos de estos pacientes desarrollan habilidades artísticas cuando las áreas frontales del cerebro declinan y las posteriores toman el control.

Desde 1997 hasta su muerte, Adams se sometió periódicamente a estudios cerebrales, lo que les permitió a sus médicos vislumbrar los cambios. “En 2000 tuvo problemas para encontrar las palabras -dijo su marido-. Aunque era una matemática dotada, no podía sumar números de un dígito.”

Para entonces, los circuitos del cerebro de Adams ya se habían reorganizado. Las áreas frontales del lenguaje mostraban atrofia. Pero mientras tanto, ciertas áreas de la parte posterior del cerebro, utilizadas para el procesamiento visual y espacial, se habían fortalecido.

Cuando el cerebro de los artistas se daña en la parte posterior derecha, pierden su capacidad de ser creativos, sostiene Miller. La historia de Anne Adams es al revés. Su caso y otros sugieren que los artistas en general exhiben una dominancia de esta parte del cerebro.

En un cerebro sano estas áreas se dedican a integrar percepciones multisensoriales. Colores, sonidos, sensaciones táctiles y espacio son entrelazados de maneras novedosas. Pero suelen estar inhibidas por la dominancia de la corteza frontal. Cuando se liberan, surge la creatividad.

Miller ha sido testigo de cómo pacientes con FTD se convertían en talentosos diseñadores de paisajes, pianistas, pintores y otras artes creativas mientras su enfermedad continuaba progresando.

La doctora Adams continuó pintando hasta 2004, cuando no pudo sostener más el pincel.

Su arte, incluyendo Un ABC de los invertebrados , una interpretación de la relación matemática pi, una imagen de aura de migraña y otros trabajos están en dos sitios web: www. members.shaw.ca/adms y www. memory.ucsf.edu/Art/gallery.htm .

Por Sandra Blakeslee
De The New York Times

CUIDADOS PALIATIVOS (II) Los componentes de una buena muerte

CUIDADOS PALIATIVOS (II)
Los componentes de una buena muerte

por ÁNGELES LÓPEZ

¿Cómo le gustaría morir? Si piensa que ésta es una pregunta simple, está equivocado. Un estudio realizado por médicos de la Universidad de Washington, en Seattle (EEUU), pone de manifiesto que, aunque sí hay ciertos aspectos comunes en cómo entiende un enfermo terminal el final de su vida, no todos los pacientes coinciden sobre cómo sería una muerte digna.

Lo mejor, es que tanto médicos como familiares, hablen con el paciente y respeten sus preferencias.

En general, casi todo el mundo teme morir con dolor o tener un sufrimiento prolongado. Por este motivo, muchos pacientes piensan que lo mejor sería que el trance hacia la muerte se produjese mientras duermen, lo que significaría que el acontecimiento ocurriría sin perturbar a la persona, tranquilamente.

Aunque hay un acuerdo generalizado sobre lo que sería una mala muerte, no todos se ponen de acuerdo en cómo afrontarla. La mayoría opina que depender de otros, una agonía prolongada o que la enfermedad haga sufrir a los más cercanos es en esencia una mala muerte. Sin embargo, hay discrepancia en cómo minimizar estas circunstancias. Así unos opinan que lo mejor es fallecer en el hogar pero otros piensan que esto podría ocasionar demasiado sufrimiento a sus allegados.

Por otro lado, casi la mitad de los pacientes consultados querría morir acompañado por su familia pero el resto no quiere hacer pasar por esta situación a sus seres queridos. Ser consciente del propio fallecimiento es un deseo que algunos pacientes tienen pero la mayoría prefiere no darse cuenta del final de su vida. No obstante, otros piensan que saber que la defunción es inminente contribuye a una buena muerte.

Puntos de consenso

A pesar de las diferencias, algunas conclusiones de este estudio, publicado en ‘Archives of Internal Medicine’ coinciden con las observadas en anteriores investigaciones.

La ausencia de dolor y sufrimiento, la rapidez, morir mientras se duerme y el estar en paz con Dios son las circunstancias que la mayoría de pacientes considera ideales para tener una buena muerte.

“Lo único que me gustaría sería dormir una noche y no despertar. Sería muy fácil, una forma rápida de irse, sin fármacos, sin efectos secundarios, para mí eso sería lo mejor”, éste es un testimonio de un paciente terminal y participante del estudio.

Otro miedo común es perder la independencia, no poder alimentarse o cuidarse uno mismo. Este temor con frecuencia viene originado al haber observado a algún familiar en esta situación.

Sin embargo, el estudio muestra que pacientes, cuidadores y médicos tienen una visión distinta sobre el final de la vida. “Los resultados tienen implicaciones para los médicos que atienden a los pacientes terminales. Debido a que las definiciones sobre buena o mala muerte varían de forma individual, los facultativos deberían investigar lo que significa para cada paciente el término ‘sufrimiento'”, explican los autores del estudio.

Una vez conseguida esta información la cuestión se centrará en cómo el médico puede corresponder a los deseos del paciente. Aunque si no hay una conversación previa sobre el tema, la forma en como el enfermo entienda una muerte digna puede distar bastante de la idea que tenga su médico sobre este asunto. Además, como se muestra en otro estudio, el hecho de que el facultativo se siente y escuche al afectado aumenta la satisfacción y el bienestar de estas personas.

CUIDADOS PALIATIVOS (I) Morir sin dolor

CUIDADOS PALIATIVOS (I)
Morir sin dolor

  El debate sobre la eutanasia ha reavivado el interés en los cuidados paliativos de los enfermos terminales

  En España hay 350 equipos dedicados a administrar estos tratamientos, pero los especialistas reclaman más medios

por ÁNGELES LÓPEZ

                  Belén Moreno no es un número. Gracias al equipo de cuidados paliativos de su hospital, su madre, que acaba de morir, y su familia no se han sentido como una cifra más de la seguridad social. Ellos son un ejemplo de cómo este tipo de atención puede hacer mucho por los enfermos terminales. En nuestro país, son muchas las personas que cada día reciben un diagnóstico así. Sin embargo, no todos cuentan con el apoyo necesario para afrontar dignamente el final de la vida.

El equipo de medicina paliativa de la Fundación Hospital Alcorcón ha sido el que ha cuidado de la familia de Ana Belén en los últimos cuatro meses. Ésta es una unidad domiciliaria, es decir, sus pacientes no se encuentran en el hospital sino en sus propios hogares. Formado por una psicóloga, una médico y una enfermera que acuden a cada domicilio para proporcionar el mayor bienestar posible a los enfermos y a su familia.

“Son ‘las tres mosqueteras’. Así es como las llamamos porque han estado siempre ahí, ayudándonos y solucionando nuestros problemas. Nos han demostrado que les importamos de verdad, que no somos un número. El contacto con nosotros ha seguido después de la muerte de mi madre. Quieren comprobar que estamos bien”, explica Ana Belén.

A su madre de 54 años le diagnosticaron en 2004 cáncer de colon. La enfermedad estaba diseminada por todo su cuerpo. No tenía curación. “Estuvo ingresada un mes y medio. Tras ese tiempo los médicos nos aconsejaron que lo mejor para ella es que la lleváramos a casa. A pesar de que nos hablaron de que estaría atendida por el equipo de medicina paliativa, teníamos miedo de que al no estar en el hospital su dolor no estuviera controlado o de que tuviera algún tipo de crisis”.

Sin embargo, los temores fueron desapareciendo con el tiempo. Un infusor de medicación evitó en todo momento el dolor. La familia aprendió cómo tenía que movilizar a la madre para estar cómoda, cómo debía darle de comer, asearla, etc. “No ha sido tan duro como pensábamos. Mi madre estaba muy tranquila gracias a los cuidados que le dábamos y por cómo ellas la trataban… La manera cómo le hablaban, cómo la tocaban… Todos desearíamos tener un trato así”.

Debido a un ictus sufrido en los primeros días de la enfermedad, esta paciente no podía hablar. Por eso su familia tenía tanto empeño en interpretar sus deseos. “Mi madre lo expresaba todo con la mirada que le cambiaba mucho. Lo controlaba todo, sabía cuándo estábamos mal. Me preocupaba su dolor emocional”.

El apoyo familiar

La familia es uno de los grandes objetivos de la medicina paliativa. A diferencia de los hospitales clásicos en donde se aparta a los familiares de la visita y el cuidado médico, en este tipo de atención ellos son un pilar básico. “Se han centrado mucho en darnos apoyo, en explicarnos cuál iba a ser el proceso de la enfermedad de mi madre, la manera en cómo iba a terminar. Cada día te iban dando un poco más de información, a cuentagotas, para poder asimilarla”, comenta Ana Belén.

Hablar. Expresar las emociones. El equipo de atención domiciliaria sabe que los familiares pasan por distintas etapas durante la enfermedad terminal. Su labor consiste en darles un apoyo y eliminar ideas erróneas. “A veces tenía sentimientos de culpa por cualquier cosa, por reírme con un chiste, por dormir ocho horas seguidas. Ellas me los fueron quitando poco a poco, me hicieron entender que es imposible estar 24 horas llorando”.

Ana Belén y su familia están tranquilos. Saben que han hecho lo imposible para que su madre tuviera el mejor final posible. Dentro de su enfermedad, “mi madre tuvo una muerte perfecta: el dolor estuvo controlado, se fue apagando poco a poco”.

artículo extraído de www.elmundo.es