Respaldo de material de tanatología

DUELO INFANTIL

DUELO INFANTIL

INTRODUCCIÓN:

El anhelo del hijo por el padre muerto es especialmente intenso y penoso, sobre todo cuando las cosas se vuelven más difíciles de lo que eran antes. Ante la noticia de pérdida de un padre algunos niños lloran otros, en cambio, no. La tendencia a llorar se manifiesta poco en niños menores de 5 años y en los mayores de 10 es prolongada.
Al igual que los adultos, algunos niño tienen en ocasiones imágenes vívidas del padre muerto, las que están vinculadas con la esperanza de su regreso.
Cuando las condiciones son favorables, el duelo se caracteriza por recuerdos e imágenes de la persona muerta, además de tristeza por su muerte.
En el duelo patológico, el niño tiene dificultades para expresar lo que siente, generalmente se debe a que los padres reprimen sus sentimientos, o porqué no saben como ayudar al niño a superar esto.
Luego de la pérdida de un padre se debe estar atento al comportamiento o reacción de un niño para poder ayudarlo a tiempo y evitar que algún tipo de conducta desadaptativa se fije en él.
Finalmente, creemos que sería importante el pronto inicio de una investigación seria en este campo ya que la bibliografía e información son escasos, lo que puede presentar problemas al clínico en un caso de éstos, ya que tendría que actuar en forma experiencial lo que implica un gran gasto de energía tanto para él como para el paciente.

ASPECTOS QUE INFLUYEN EN LA SITUACIÓN DE DUELO.

El camino que tome el duelo, esta profundamente influido por la manera en que sea tratado, el padre sobreviviente, por sus parientes y amigos durante las semanas y meses que sigan a la pérdida.

1.- Lo que se le dice al niño y cuando se le dice:

Los adultos suelen estar presentes cuando muere un deudo o pariente, si no lo están, la información le llega de todas maneras en forma pronta. En cambio, en nuestra sociedad, esto no ocurre con los niños, y la información suele llegárles en forma tardía y equívoca. Debido a esto muchas veces la respuesta del niño no está en consonancia con lo ocurrido.
Cuando muere uno de los padres, casi siempre es el progenitor sobreviviente el que informa a los hijos de éste hecho, lo que obviamente es un paso penoso y difícil.
En la mayor parte de los casos, esta información se entrega en forma inmediata, pero en algunos llega a postergarse por semanas e incluso meses.
Generalmente, se le informa al niño que el padre muerto se ha ido de viaje o que está en el hospital. El padre sobreviviente es muy llevado a decir, también al niño, que el otro se fue al cielo, esto en una familia devota no presenta mayores dificultades, pero cuando la familia no lo es se crean dificultades pues hay una discrepancia entre lo que el padre cree y lo que se le dice al niño. En este caso, el cielo, para el niño, no pasa a ser diferente de otros lugares físicos como Rancagua, Arica, etc, y el niño comienza a preguntar donde queda este lugar, quienes viven ahí, etc. El niño, suele creer entonces que el padre muerto regresará pronto; Ej: a un niño de 4 años le dijeron que su padre muerto se había ido al cielo, el día de su cumpleaños lloró porque éste no llegó a verlo.
Otra explicación que se les da a los niños cuando muere alguien es que esta persona se ha ido a dormir, el niño no entiende que se trata sólo de una metáfora y para él, el irse a dormir, pasa a convertirse en un hecho peligroso.

Ahora bien, los dos tipos de informaciones decisivas que se le deben entregar al niño son:

– El padre muerto no regresará.
– El cuerpo se encuentra sepultado bajo tierra.

Esta información es difícil de entregar porqué el padre sobreviviente busca proteger al hijo de la impresión de muerte y de la situación de duelo.
Por lo común no se lleva al niño al entierro, y si se lo lleva, no se le explica la razón de estar ahí; Ej: dos hijos son llevados al entierro de uno de sus padres, pero ellos no sabían que es lo que estaba sucediendo allí, ni tampoco se atrevían a preguntar.
Se debe tener en cuenta que los niños interpretan rápidamente los signos, y cuando un padre teme expresar sus sentimientos, los hijos también reprimen los suyos y dejan de hacer preguntas al respecto, por este motivo algunos niños suelen negar la muerte de un padre.
– Lo que se debe hacer:

-El 1º paso consiste en brindar apoyo al padre sobreviviente de manera tal que pueda reflexionar sobre lo ocurrido. Se le debe ayudar a expresar sus sentimientos e impulsos, de esta manera el duelo toma un camino sano. Una vez producido esto, se hace menos dura la tarea de incluir a los hijos en el proceso de duelo.

-El padre y los hijos pueden expresar en común sus sentimientos.

-Finalmente debe considerarse que sólo patologías y confusión nacen al ocultar la información de muerte a un niño, o cuando se reprimen sus sentimientos. Sólo cuando se les da información verdadera y el apoyo necesario, los niños son capaces de asumir y responder al duelo en forma realista y sana.

2.- Ideas del Niño sobre la muerte:

Las ideas de muerte de un niño derivan de sus tradiciones familiares y de la relación con su grupo de pares.
Los niños comienzan a preguntar sobre la muerte cuando ven a un insecto o a un ratón muerto; es importante, en este momento, responder todas sus dudas para que se forme en él una adecuada idea de muerte. Lo más importante es decir al niño desde pequeño que todos vamos a morir algún día, que esta es una ley de la naturaleza y que en ese momento es natural sentir pena y deseos de que esa persona regrese con nosotros.

3.- Consideraciones Favorables al Duelo

Siempre que las condiciones sean favorables, todo niño va a llorar a un padre desaparecido, igual que en el duelo sano del adulto.
Las condiciones para el duelo infantil no son tan diferentes a las del duelo del adulto. Las más significativas son:

– Que haya mantenido una relación razonablemente segura y afectuosa con sus padres antes de sufrir la pérdida.

– Que se le dé información precisa sobre lo ocurrido, que se le permita hacer toda clase de preguntas y se le conteste del modo más honesto posible, que participe en la aflicción de la familia e incluso en las ceremonias fúnebres.

– Que cuente con la consoladora presencia del padre sobreviviente, sino es posible, de un sustituto de confianza y que tenga la seguridad de que esa relación habrá de continuar.

Reconocemos que en la realidad estas condiciones son difíciles de reunir. Después de la muerte de un padre, el niño o el adolescente generalmente anhela su presencia con tanta persistencia como un adulto, a veces abriga la esperanza de que el padre desaparecido pueda volver, otras veces reconoce de mala gana que eso no puede ser y se pone triste. A veces se puede comprobar que experimenta una viva sensación de la presencia de la persona muerta. Puede tener estallidos de cólera por la pérdida sufrida y en otras sentimientos de culpabilidad, también teme que el padre sobreviviente muera, es decir el resultado de una pérdida es temer sufrir otra pérdida. A menudo se encontrará ansioso y tendrá conductas difíciles de comprender.
Cuanto menor es el niño menos posibilidades hay de que el duelo se parezca al de un adulto. Cuando las condiciones son favorables, el duelo de los niños se caracteriza por recuerdos e imágenes persistentes de la persona y por repetidos accesos de anhelo y tristeza, especialmente en reuniones de familia y aniversarios o cuando una nueva relación empieza a marchar mal, esto es importante cuando se espera que un niño con duelo establezca una nueva relación. El niño debe aprender a diferenciar la relación anterior de la nueva para que ésta prospere, esto es más decisivo aún cuando se trata de una nueva figura parental, pues surgen las comparaciones que son inevitables y penosas.
El niño responderá mejor a los nuevos rostros si el padre sobreviviente y/o la nueva figura parental son sensibles al recuerdo del niño por la relación anterior.

4.- Respuesta a la Partida

El niño frente a la pérdida reacciona de diferentes maneras, algunas de las respuestas a la pérdida que tienen implicaciones prácticas son la ansiedad, cólera y culpa:

La ansiedad: un niño que sufrió una pérdida teme sufrir otra. Esta actitud lo hará especialmente sensible a toda separación de la figura que cumple con las funciones de maternidad y también a cualquier hecho que le parezca indicar otra pérdida, es propenso a buscar consuelo en algún juguete viejo o manta, algo esperable a su edad.

Cólera o ira: algunos niños pequeños que pierden a un padre se ponen extremadamente furiosos por el hecho. Suelen pasa inadvertidos y por lo tanto no se consignan, especialmente cuando la cólera se expresa de manera indirecta.

La culpa será abordada más adelante

PÉRDIDA EN LA NIÑEZ Y TRASTORNO PSIQUIATRICO

Cuando las condiciones de duelo son desfavorables, los niños a los que se les murió un padre suelen convertirse más que otros en pacientes psiquiatricos. La sintomatología dependerá de la forma en que fue elaborado el duelo. Estos niños muestran extremada pesadumbre emocional durante la primera parte de la vida adulta.
Se ha hecho un estudio con la intención de seguir la evolución de niños que sufrieron una perdida hasta sus 30 años y compararlos con la evolución de niños que no sufrieron ninguna pérdida.
Existe una significativa correlación entre el sexo del niño remitido a tratamiento y el sexo del padre muerto. Es más frecuente en niñas que se les murió la madre, y en niños que se les murió el padre. Los síntomas y problemas presentados por los niños suelen, a si mismo, tomar la forma de enfermedades neuróticas o trastornos neuróticos, como conducta antisocial o delincuencia.
Los factores posteriores a la muerte son tan o más importante que la muerte misma en cuanto a la aparición de la misma. La mayoría de los procesos patológicos son el producto de la interacción de condiciones adversas posteriores a la pérdida con los procesos de duelo puestos en marcha por ello.

De todas las atribuidas a la pérdida temprana la conducta suicida es la que más aparece en el testimonio, otras son

– Mostrar alto grado de apego ansioso (sobre dependencia).

– Desarrollar afecciones depresivas de gravedad que llegan incluso a calificarse como psicóticas.

Con respecto a las depresiones, las ideas suicidas son más elaboradas y persistentes que en los otros grupos (separación y divorcio), muchas veces les resultaban difíciles de controlar por lo que buscan ayuda para protegerse. Muchos de los intentos suicidas estaban precedidos por la pérdida o por la amenaza de una pérdida de una persona importante para ellos.

1.- Motivos que conducen al suicidio:

    * 1. El deseo de reunirse con una persona muerta.
    * 2. El deseo de vengarse de una persona muerta por haberse ido, deseo que puede tomar la forma de deseos asesinos contra uno mismo suscitados por una persona que se ha ido o bien deseos de abandonar a otra persona en represalia.
    * 3. El deseo de destruir el sí-mismo a fin de acallar un abrumador sentimiento de culpa por haber contribuido a una muerte.
    * 4. La sensación de que la vida no vale la pena de ser vivida sin ninguna futura perspectiva de una relación amorosa con otra persona.

2.- Motivos para hacer una amenaza de suicidio:

    * 1. El deseo de obtener una respuesta solícita de una figura de apego a la que se siente negligente; éste es el bien conocido grito de ayuda.
    * 2. El deseo de castigar a una figura de apego para obligarla así a ser más atenta.

VARIEDADES PATOLÓGICAS

1.- Ansiedad Persistente.

A) Temor a sufrir otra pérdida:
Quienes pierden a un padre temen perder también al otro, ya sea por abandono o por muerte. Esto puede evitarse si es que se le explica en forma clara al niño la causa de muerte del otro padre, respondiendo, además todas sus preguntas al respecto. También deben evitarse observaciones que directa o indirectamente hagan al niño sentirse responsable de la muerte del padre o del estado de salud del sobreviviente.
Otra cosa que generalmente no se considera, es el efecto que tienen en un niño las palabras del padre sobreviviente cuando dice que la vida ya no vale la pena vivirse, o cuando expresa ideas suicidas.
En el niño es inevitable el temor de ser abandonado cuando uno de los padres muere, esto se incrementa si se deja al niño con algún deudo o extraño por algún tiempo.
La patología comienza cuando no se reconocen los temores del niño de que pueda suceder tal cosa, y se agrava cuando son rechazados o reprimidos por el padre sobreviviente.

B) Temor de morir también:
Este tipo de razonamiento es bastante natural, aunque sea equivocado. Como los niños se identifican con el padre del mismo sexo, suelen creer que cuando muere el padre del mismo sexo, deben morir ellos también.
Otro problema es que los niños suelen asociar la muerte con algún hecho cercano y tratan de evitarlo, en lo futuro, para no morir; Ej: A una madre embarazada se le detecta un cáncer y, debido a su estado y a que este cáncer se encontraba muy avanzado, la madre muere. Tiempo después la hija manifiesta, en el colegio y en la casa, que no desea tener hijos y que cuando grande va a ser monja. Una vez en terapia la niña manifiesta que este temor se debe a que ha asociado el embarazo con la muerte.

2.- Esperanzas de reunión y Deseos de Morir El También:
Es común que los niños guarden la esperanza de reunirse con el padre muerto. Esto se manifiesta de dos maneras:

– O bien cree que el padre muerto regresará a este mundo
– O bien, el niño desea morir para reunirse con él. Estas se ven fortalecidas por circunstancias como:

– Promesas hechas por el padre muerto y que no alcanzó a cumplir, y
– Tener buenas relaciones con el hijo, y luego de la muerte, el cuidado y afecto se vuelven penosos y desdichados para el niño

3.- Persistencia en Culpar o Culparse.
Es muy fácil que un niño le eche la culpa a algo o alguien (incluso a sí mismo) por la muerte de uno de los padres, ésto se debe a dos razones:

– En general un niño no tiene ideas claras sobre lo que causa la muerte.
– Los niños asignan gran importancia a lo que ven, a lo oyen, o a lo que se les dice.

El 60% de los niños se culpa, o culpa al padre por la muerte del otro. Un niño se echará la culpa si el padre que muere o el padre sobreviviente trataron de controlarlo diciéndole que su conducta estaba enfermándole o que sería la causa de su muerte, así mismo cuando oye que un padre amenaza a otro.

4.- Hiperactividad:
Cuando un niño se muestra excesivamente activo o agresivo, resulta difícil asociar ésto con la pérdida de uno de los padres. Los niños suelen responder de esta manera cuando el padre sobreviviente no demuestra cariño por el niño o cuando ambos se llevan mal.
Esta respuesta se da cuando se es incapaz de una adecuada respuesta de duelo, también se da en los adultos por esta causa.

5.- compulsión a Entregar Cuidados y a Confiar en Sí Mismos:
Se da cuando se hace sentir responsable al niño de los cuidados de un padre. También cuando el niño ha sido cuidado en forma inapropiada; luego de mostrarse triste y de anhelar amor y apoyo, se preocupa intensamente de la tristeza de otros y se siente impulsado a hacer lo posible por ayudarlos y sostenerlos; Ej: Un niño que, luego de la muerte del padre, siente que debe ocupar el vacío dejado por éste.

6.- Euforia y Despersonalización:
Cierto grado de euforia es común en niños que no han pasado por el adecuado proceso de duelo, algunas veces parece probable que se deba a una expresión de alivio por quedar ahora anuladas las molestas restricciones impuestas por el padre muerto. También se da porqué los niños manifiestan que no quieren estar tristes, el razonamiento es que la persona feliz no muere.
Otro motivo para presentar euforia, se debe a lo descrito por Mitchel en 1966: ?La característica más típica de la persona muerta es su inmovilidad, por lo tanto es natural que un niño que tema morir se mantenga en constante movimiento. Incluso la idea de mantener con vida a otras personas contribuye a esta respuesta?.

7.- Síntomas Identificatorios y los Accidentes:
Particularmente notorios son aquellos casos en que la pérdida se manifiesta en síntomas que son la réplica de aquellos que tuvo la persona muerta; Ej. Un niño, que perdió a su madre producto de un ataque al corazón, manifiesta constantemente que le duele el pecho y que necesita de un médico, sin que se le halla detectado nada en los exámenes que se le han practicado.
Muchos clínicos creen que aquellos niños que han sufrido una pérdida son más proclives a sufrir accidentes que otros, muchos antecedentes circunstanciales apoyan esta tesis, aunque no se ha hecho un estudio serio al respecto.

PERDIDA EN LA CONDUCTA DEL PADRE SOBREVIVIENTE CON LOS HIJOS

Viudas: Cuando un padre muere es inevitable que cambie el modo de tratar a los hijos del sobreviviente, pues ahora se encuentra en un estado de aflicción y además es el único responsable de los hijos. La madre sobreviviente debe desempeñar dos roles.
La muerte modifica todos los planes y esperanzas del futuro y precisamente cuando un niño está más necesitado de afecto, paciencia y comprensión de los adultos que están a su lado, éstos no se encuentran en condiciones de brindárselos. Una de las posibilidades que se presentan es la de enviar a los niños a otra parte, otra forma frecuente de reaccionar es la contraria, es decir, que el padre busque consuelo para sí en los hijos, en estos casos los hijos suelen compartir la cama con el padre sobreviviente. También es común que se abrume al niño con responsabilidades o exigencias demasiado elevadas que no le son fáciles de llevar, en otros casos se le exige al niño que sea una replica del padre muerto, asimismo se observa ansiedad y preocupación por la salud del niño y de la propia.
Ansiosa y emocionalmente inestable una viuda suele ser excesivamente laxa en los modos de disciplina con los hijos, pasando frecuentemente de un extremo a otro, o sea puede llegar a ser muy estricta también.

Viudos: Cuando se trata de hijas, los padres viudos suelen exigirle demasiado en cuanto a la compañía y el consuelo. Cuando se trata de hijos pequeños, el padre encarga el cuidado de los hijos a otra persona y los ve menos.
Finalmente, muchas de las dificultades que experimenten los niños luego de la pérdida de uno de los padres dependerá de la conducta del padre sobreviviente con ellos.

INTERVENCIÓN TERAPEUTICA

– Rectificación de las fantasías de muerte.
– Trabajar la idealización del padre muerto.
– Terapia familiar:

a) Trabajar la elaboración de su propio duelo.
b) Aceptar al niño tal cual es, sin asignarle funciones del difunto.
c) Eliminar los beneficios secundarios que obtiene el niño en relación con el manejo de la pérdida.
d) Colaborar en la desidealización del padre muerto.
e) Aceptar las emociones que se vivencian en relación al padre muerto.

Análisis de la relación entre duelo patológico y dependencia emocional

Cuando  se produce la ruptura de una relación de pareja, es necesario que cada uno de los involucrados inicie un proceso de elaboración del impacto emocional. A este proceso de deshacer los lazos afectivos y recolocar emocionalmente a quien fue el ser querido, se le conoce como DUELO, desde los planteamientos hechos por Freud (1917) en ?La aflicción y la melancolía.? (1)
Sin embargo, no es inusual observar casos en los cuales, alguno de los involucrados reacciona de manera no sana en ese proceso de separación, y realiza acciones que podrían describirse como de tipo patológico y que le impiden rehacer su equilibrio psicológico y emocional. En el presente artículo se examinan los conceptos Duelo patológico y Dependencia  emocional, a partir del análisis de las entrevistas a seis mujeres (2),  para intentar explicar las reacciones no sanas de personas que han vivido la experiencia de la separación.

En su libro ?La expresión de las emociones en el hombre y en los animales? Darwin, (1872, citado por Worden (1997), p 24) describe como los animales expresan la tristeza de una manera muy similar a los seres humanos niños y adultos.

Por su parte, Lorenz (1963) en su libro ?Sobre la agresión: el pretendido mal? describe de manera detallada la conducta de duelo en una Oca que ha perdido a su pareja. (3) Lorenz escribe que ?… la primera respuesta a la separación del compañero consiste en un intento ansioso de encontrarlo de nuevo. La Oca se traslada de sitio, inquieta de día y de noche, volando grandes distancias y visitando lugares donde podría encontrar a su pareja.?

Estudios como los presentados por Bowlby (1983), señalan que los humanos sufren en algún grado el duelo tras una pérdida. En este sentido el duelo puede concebirse como el conjunto de reacciones emocionales y conductuales  que tienen lugar tras la pérdida de alguien o algo emocionalmente significativo.

La pérdida de la pareja, bien sea por muerte o por separación, como es el caso trabajado en el presente documento, ocasiona un fuerte impacto emocional que hace muy difícil su asimilación en razón de los sentimientos de ira, dolor, soledad, desconfianza e incertidumbre que invaden a quien lo afronta.

Es Worden (1997),  quien con gran detalle, ha hecho la distinción entre duelo normal y duelo patológico, a pesar  de que el mismo Freud, en su artículo Duelo y melancolía, separa los términos proponiendo que la Aflicción equivaldría al duelo normal y la Melancolía haría alusión al duelo patológico (4) y que la diferencia entre los dos radicaría en que la persona  afligida (duelo normal) vería el mundo como pobre y vacío debido a la ausencia del ser querido, en tanto que la persona melancólica (duelo patológico) se vería a sí misma como pobre y vacía.

Worden (1997), es enfático al señalar que el término duelo normal (también denominado no complicado) abarca un amplio rango de sentimientos y conductas que son normales después de una pérdida. Conforme a su planteamiento, los sentimientos presentes en el duelo normal serían: 1)Tristeza, que se manifiesta a través del llanto, 2) Enfado, que conlleva una sensación de frustración ante la confirmación de que ya no hay nada que hacer y que puede implicar una experiencia regresiva, 3) Culpa y autorreproche, por algo que se hizo o se dejó de hacer, 4) Ansiedad, que trae consigo una sensación de inseguridad y temor de no poder cuidar de sí mismos, 5) Soledad, que emana  de la imposibilidad de volver a compartir y, otros sentimientos tales como fatiga, impotencia, shock, anhelo, emancipación y alivio.

Es de anotar que Worden reconoce que algunas personas pueden presentar ausencia de sentimientos lo que ocurriría en razón de que, debido al impacto, habría muchos sentimientos que afrontar y, como una forma de protección, la persona experimentaría insensibilidad para que todos los sentimientos no se hicieran conscientes y se desbordara emocionalmente, lo que llevaría a un proceso patológico.
     
En lo que hace referencia a las conductas, Worden señala como normales en el proceso de duelo las siguientes: Trastornos del sueño ( que implicarían dificultad para dormir y para despertar temprano en la mañana), Trastornos alimentarios, Conducta distraída, Aislamiento Social, Soñar con el ser querido, Evitar recordatorios del ser querido, Suspirar, Hiperactividad sosegada, Llorar,  Visitar lugares comunes y Atesorar objetos que pertenecían a la persona.

Con respecto al duelo complicado o anormal, Worden  lo describe como aquel en el cual  la intensificación de los factores descritos en el duelo normal están desbordados  y la persona recurre a conductas desadaptativas o permanece inacabadamente en este estado sin avanzar hacia su resolución.

Obviamente que en el hecho de que el duelo se complique intervendrían muchos factores pero, principalmente,  aspectos de tipo relacional (es decir, circunscritos a la manera como se llevaba la relación con la persona), aspectos circunstanciales (relativos a la manera como se produjo el rompimiento de los lazos), factores de personalidad (que tienen que ver con la manera de afrontar el malestar emocional), y finalmente factores sociales  (que hacen relación al tipo de redes de apoyo con las que se cuenta o no).

Sobre el concepto de Dependencia Emocional, se ha planteado  que es un término que aún no tiene reconocimiento en la literatura científica. Sin embargo, Castelló (5) ha intentado definirlo y caracterizarlo, catalogándolo como una necesidad afectiva  extrema que una persona siente hacia otra a lo largo de sus diferentes relaciones de pareja, señalando que uno de los rasgos característicos de estas personas es la incapacidad de soportar la soledad.

Con base en la anterior definición se infieren dos elementos distintivos de la dependencia emocional los cuales son: 1)La necesidad de sentirse parte de una relación es desbordante  con lo cual no se ve restringida a una persona, y 2) Esa necesidad emocional es fundamentalmente de tipo afectivo, con lo cual no alcanza a catalogarse  como trastorno de personalidad, aunque cuando la persona dependiente muestra alteraciones como sensación de inutilidad y desvalimiento personal no hay que descartar un diagnóstico diferencial.

Por supuesto que, como ya se evidenció arriba al tratar los conceptos relacionados con el duelo, siempre será necesario revisar los aspectos de personalidad ligados o que afloren al producirse el impacto emocional consecuente a la separación de la pareja.

La literatura encuentra aquí convergencia al concordar en que las personas que hacen duelos complicados tras la perdida de la pareja, así como los  dependientes emocionales tendrían en su historia abandonos tempranos por las figuras paterna o materna, hospitalizaciones vividas traumáticamente como desamparo, o el haber sido internados, de manera precoz, en jardines o instituciones escolares (Bowlby, 1983, p34).

Sin embargo,  vale la pena resaltar la aclaración que Bowlby hace al plantear que todos los eventos de separaciones tempranas ?… no significan que el resultado inevitable sea una mutilación de la personalidad, pero si que… pueden incidir en una posterior disfunción más o menos severa? (p. 44).

METODOLOGÍA Y PROCEDIMIENTO

La investigación que sirvió como base al presente documento se realizó dentro del enfoque cualitativo, haciendo uso de la entrevista en profundidad. La población estuvo constituida por seis (6) mujeres entre los 25 y 38 años de edad que habían vivido en unión libre y, al momento de la entrevista, se encontraban separadas. Todas ellas vivían en Bogotá y registraban un periodo de convivencia en pareja superior a dos (2) años, llevando más de uno sin tener contacto alguno  con sus  antiguas parejas. Su nivel escolar oscilaba entre 5º  grado y educación tecnológica, y todas se ubicaban en estrato socioeconómico medio (2-3).

La información recopilada se aglutino, para su análisis, en las categorías Nivel sociodemográfico, Significado del concepto de pareja, Concepto de familia, Creencias y dinámicas de la familia extensa, Concepto de pérdida afectiva y, finalmente, Vivencia emocional del duelo por la separación.

Los hallazgos revelaron que la  crianza de las entrevistadas estuvo marcada por una educación rígida y restrictiva de corte machista en la cual la mujer ocupaba un lugar secundario, su aporte era poco reconocido, y, excepto en un caso, tenían una posición de sumisión.

Se encontró que en cuatro de los seis casos las mujeres acusaban carencias afectivas en sus relaciones con sus padres, las cuales, pretendieron llenar al constituir la relación de pareja. Esas carencias se manifestaban en poco diálogo, poca o nula expresión afectiva tanto en palabras como en contacto físico y negación de la expresión emocional.

En cinco de los casos  las mujeres fueron abandonadas por sus parejas y tuvieron que hacerse cargo del sostén del hogar, lo que significo tener que vincularse rápidamente a actividades productivas no gratificantes  (en general oficios domésticos), excepto en dos casos, lo cual necesariamente incidió en la no posibilidad de dar un curso sano al proceso de  elaboración de su pérdida.

La totalidad del grupo entrevistado manifestó haberse apegado, para llenar su vacío afectivo, a sus hijos (llegando incluso a dormir con ellos) y solo una de ellas manifestó haber contado con el apoyo efectivo de su familia extensa para afrontar la situación de separación.

CONCLUSIONES

Con base en la información obtenida y analizada pueden plantearse las siguientes conclusiones:

– Existe una gran cercanía entre los comportamientos de dependencia emocional  y duelo complicado o patológico como se describen en la literatura.

– Es significativo el hecho de que las carencias afectivas tempranas incidan, como lo plantea Bowlby (1983), en el establecimiento de apegos ansiosos, los cuales, al momento de romperse un lazo afectivo, se convierten en obstáculos para iniciar un sano proceso de resolución del duelo. Desde este aspecto podría decirse  que, para iniciar el proceso de elaboración de duelo, se requiere trabajar la estructura emocional de las personas con el propósito de que resuelvan sus apegos, progresen hacia la independencia emocional y reconozcan que su valía no esta en directa relación a tener o no una pareja al lado. En  términos de Worden (1997),  este trabajo permitiría iniciar las tareas de ajustarse  a un ambiente en que la otra persona ya no está, y se le pueda recolocar emocionalmente (encontrarle un lugar apropiado en la vida psicológica) de manera que se pueda iniciar la reconstrucción del proyecto de vida.

– En todos los casos, como parte normal del duelo, hubo un alto componente de rabia al momento de constatarse la pérdida, pero en los casos en que la ruptura se produjo por maltrato,  infidelidad o una mezcla de las dos, la dosis de rabia tuvo una magnitud tal que se convirtió en obstáculo para la resolución del duelo por mantenerse un continuo recuerdo del otro con dolor. En este punto es valioso traer los elementos de aprendizaje obtenidos a través de la practica atendiendo a personas en duelo, los cuales nos muestran que se requiere, para resolver los duelos actuales,  que se afronte la resolución de los duelos antiguos que se mantenían encapsulados (el abandono real o percibido por parte de los padres  o de otras personas emocionalmente significativas se vive como pérdida)  pues la no sana resolución de los primeros obstruye la resolución apropiada de los últimos.

– Finalmente, en directa relación con los hallazgos reportados por Worden, podemos afirmar que las mujeres que no hacen  una buena resolución del proceso de duelo  tienden a ser más jóvenes, se han quedado con la responsabilidad de la crianza  de los hijos, y viven solas y sin familiares próximos que sirvan como red de apoyo. Adicionalmente, son demasiado dependientes de la pareja y su educación cultural y familiar les impide realizar una expresión abierta de sus emociones, además que muestran haber reaccionado mal a anteriores separaciones.

Se espera retomar este tipo de investigaciones con una población más numerosa, con el propósito de validar las conclusiones a un mayor nivel de generalidad. Sin embargo, es predecible que los hallazgos continuarán en la misma línea de lo aquí expuesto.

Notas

1.-  FREUD, Sigmund. Obras Completas. Volumen I. Cap. X. Madrid. Bilioteca Nueva. 1967.
2.-  Las entrevistas fueron realizadas por el estudiante Miler Bayona Yará, como parte de su proyecto de investigación en razón de su participación en el Grupo de Investigación sobre Muerte y Duelo en el Contexto Colombiano en la  Universidad Manuela Beltrán, Grupo que dirige el autor del presente escrito.
3.-  LORENZ, Konrad. Sobre la Agresión: el pretendido mal. Madrid. Siglo XXI. 1972.
4.-  WORDEN,  J. William. El Tratamiento del Duelo. Asesoramiento Psicológico y Terapia. Buenos Aires. Paidós. 1997. P 46.
5.-  CASTELLÓ BLASCO,  J.  Dependencia Emocional: Características y Tratamiento. En prensa. 

ATRAVESANDO LA LUZ

ATRAVESANDO LA LUZ
POR  MELLER-THOMAS BENEDICT

Mellen-Thomas Benedict es un artista que sobrevivió una experiencia cercana a la muerte en 1982.  El estuvo muerto por más de una hora y media y durante ese tiempo el se elevó de su cuerpo y entró en la Luz. Curioso sobre el universo, el fue llevado lejos en las profundidades remotas de la existencia y aún más allá, en el energético Vacío de la Nada detrás del Big Bang. Con respecto a su experiencia cercana a la muerte, el Dr. Kenneth Ring ha dicho “Esta historia es una de las más destacadas que he encontrado en mi extensa investigación  sobre experiencias cercanas a la muerte”.
La ruta a la Muerte
En 1982 yo morí de un cáncer terminal.
La condición que yo tenía era inoperable, y cualquier clase de quimioterapia que pudieran hacerme me convertiría en poco más de un vegetal. Me habían dado entre seis y ocho meses de vida. Me habían dado una información extraña en 1970 y  me había vuelto cada vez más desconfiado sobre la crisis nuclear, la crisis ecológica y etc. Así que como no tenía una base espiritual, comencé a creer que la naturaleza había cometido un error y que probablemente nosotros éramos probablemente un organismo canceroso en el planeta. Percibí a todos los humanos como un cáncer y eso es lo que yo había logrado. Eso es lo que me mató. Tengan cuidado con su visión del mundo. Puede regresar sobre ustedes especialmente si es una visión negativa del mundo.
Eso es lo que me llevó a mi muerte. Yo intenté toda clase de métodos de sanación alternativos pero nada ayudo. Así que decidí que esto era realmente entre yo y Dios. Yo nunca antes me había enfrentado a Dios antes, ni siquiera trabajado con Dios. Yo no estaba en ninguna clase de espiritualidad en esa época pero comencé un viaje para aprender sobre espiritualidad y sanación alternativa. Empecé a leer todo lo que pude sobre el tema porque no quería recibir sorpresas cuando me fuera al otro lado. Así que comencé a leer sobre varias religiones y filosofías. Ellas eran todas muy interesantes y daban esperanzas de que había algo del otro lado.
  Por otra parte, como artista auto-empleado en vidrios de colores, yo no tenía ni seguro médico ni nada por el estilo. Así que los ahorros de mi vida se fueron de la noche a la mañana en pruebas. Entonces estaba enfrentando la profesión médica sin ninguna clase de seguro. No quería echar abajo financieramente a mi familia así que decidí manejar esto por mi mismo. No tenía un dolor constante pero había momentos oscuros. Supe que no me iba a animar a manejar y finalmente terminé en una cuidadora hospitalaria. Tenía mi propia cuidadora hospitalaria. Estuve muy bendecido por este ángel que vino conmigo durante la última parte. Yo duré unos 18 meses. No quería tomar un montón de drogas porque deseaba estar tan conciente como fuera posible. Entonces experimenté tal dolor que no tenía nada sino dolor en mi consciencia, afortunadamente solo por unos pocos días por vez.

La Luz de Dios
Recuerdo que desperté una mañana en casa aproximadamente a las 4,30 de la mañana y supe que  era el fin. Este era el día en que iba a morir. Así que llamé a unos pocos amigos y les dije adiós. Desperté a mi cuidadora hospitalaria y se lo dije. Yo tenía un acuerdo privado con ella de que dejaría solo a mi cuerpo muerto por unas seis horas, pues había leído que toda clase de cosas interesantes ocurren cuando uno muere. Me volví a dormir. La próxima cosa que recuerdo es el comienzo de una típica experiencia cercana a la muerte.
Súbitamente tuve total consciencia y estaba parado pero mi cuerpo estaba en la cama. Había alrededor a mí alrededor. El estar fuera de mi cuerpo era  aún más vívido que la experiencia ordinaria. Era tan vívido que yo podía ver todas las habitaciones de la casa, podía ver el techo de la casa, podía ver alrededor de la casa, podía ver debajo de la casa. Estaba esta Luz brillando. Me volví a la Luz. La Luz era muy similar a lo que muchas otras personas han descrito en sus experiencias cercanas a la muerte. Era tan magnifico, es tangible, tu puedes sentirlo. Es tan fascinante, tú deseas ir por ella así como desearías ir hacia los brazos de tu madre o padre ideal. Cuando comencé a avanzar hacia la Luz yo supe intuitivamente que si iba hacia la Luz estaría muerto. Así que mientras avanzaba hacia la Luz le dije “Por favor, espera un minuto, solo espera un segundo aquí. Yo quiero pensar en esto, me gustaría hablarte antes de irme”. Para mi sorpresa, toda la experiencia se detuvo en ese punto. Tú tienes el control inclusive en tu experiencia cercana a la muerte. No vas en un roler costero rápido. Mi pedido fue honrado y tuve algunas conversaciones con la Luz. La Luz seguía cambiando en distintas figuras, como Jesús, Budda, Krishna, mandalas, imágenes arquetípicas y signos. Pregunté a la Luz “¿que está ocurriendo aquí? Por favor, Luz, vuélvete clara ante mí! Yo realmente quiero conocer la realidad de la situación”. Yo no podía decir las palabras exactas porque era como una especie de telepatía.
La Luz me respondió. La información transferida fue que tus creencias forman la clase de feedback  que recibes ante la Luz. Si tú eres un budista o católico o Fundamentalista, recibes de regreso un lazo de tu propia cosa. Tienes una chance de mirarlo, examinarlo pero la mayor parte de la gente no lo hace. A medida que la Luz se revelaba a si misma ante mi, me volví consciente de que lo que realmente estaba viendo era la matriz de nuestro Ser Superior. La única cosa que yo puedo decirte es que se convirtió en una matriz, un mandala de almas humanas, y que lo que yo vi fue eso que llamamos nuestro Ser Superior en cada uno de nosotros como una matriz. Es también un conducto hacia la fuente; cada uno de nosotros viene directamente, como una directa experiencia de la Fuente. Nosotros todos tenemos un Ser Superior o una parte de suprema alma de nuestro ser. Se me reveló a mí en su forma de energía más verdadera. La única forma en que puedo realmente describirla es que el ser del Ser Superior es más como un conducto. No parecía eso pero es una conexión directa con la Fuente. Así que la Luz me estaba mostrando la matriz del Ser Superior. Y se volvió muy claro para mi que todos los Seres Superiores están conectados como un solo ser, todos los humanos están conectados como un solo ser, somos en verdad el mismo ser, distintos aspectos del mismo ser. No esta comprometido con una religión particular. Esto es lo que me volvía a mí. Y yo vi este mandala de almas humanas. Fue la cosa más hermosa que jamás he visto. Entré en ella y fue sobrecogedora.  Fue como si todo el amor que siempre quisiste y fue la clase de amor que cura, sana, regenera. Mientras le pedía a la Luz que siguiera explicando, yo entendí lo que es la matriz del Ser Superior. Tenemos una grilla alrededor del planeta donde todos los Seres Superiores están conectados. Esto es como una gran compañía, un próximo sutil nivel de energía alrededor nuestro, el nivel del espíritu, podríamos decir. Entonces, después de un par de minutos, yo pedía más aclaración. Yo realmente quería saber de que se trata el universo y estaba listo para irme entonces. Yo dije “Estoy listo, llévame”. Entonces la Luz se convirtió en la cosa más hermosa que jamás he visto, un mandala de almas humanas en este planeta. Ahora yo vine a esto con mi punto de vista negativo de lo que había pasado en el planeta. Entonces mientras le pedía a la luz que siga aclarándome las cosas yo vi en este mandala magnifico cuan bellos somos en nuestra esencia, nuestro centro Somos las creaciones más hermosas. El Alma humana, la matriz humana que todos hacemos juntos es absolutamente fantásticos, elegantes, exóticos, todo. Yo no puedo decir suficientemente como cambió mi opinión de los seres humanos en ese instante. Dije: “Oh, Dios, no sabía cuan hermosos somos!” En cualquier nivel, alto o bajo, en cualquier forma en la que tu estés, eres la creación más hermosa, lo eres. Estaba atónito por encontrar que no había mal en ningún alma.
Dije “¿Como puede ser esto?” La respuesta fue que ningún alma era inherentemente mala. Las cosas terribles que ocurrieron a la gente puede llevarlas a hacer cosas malignas pero sus almas no eran malignas. Lo que toda la gente busca, lo que las sustenta, es el amor, me dijo la Luz. Lo que distorsiona a la gente es la ausencia de amor. Las revelaciones que vienen de la Luz parecían continuar y entonces pregunté a la Luz “Significa esto que la humanidad será salvada?” Entonces como un golpe de trompeta y lluvia de luces espiraladas la Gran Luz habló diciendo: “Recuerda esto y nunca lo olvides; tu te salvas, te redimes y te sanas a ti mismo. Siempre lo haces. Siempre lo harás. Tu fuiste creado con el poder de hacerlo desde antes del comienzo del mundo”. En ese instante yo comprendí aún más. Comprendí que NOSOTROS YA HEMOS SIDO SALVADOS y nos hemos salvado a nosotros mismos porque fuimos diseñados para auto corregirnos como el resto del universo de Dios. De eso se trata la segunda venida. Yo agradecí la Luz de Dios con todo mi corazón. La mejor cosa que podía recibir fueron estas simples palabras de apreciación: “Oh, querido Dios, querido Universo, querido Gran Ser, yo amo mi vida”. La Luz pareció respirarme aún más profundamente. Era como si la Luz me estuviera absorbiendo completamente. La Luz Amor es, hasta este día indescriptible. Yo entré en otro reino, más profundo que el último y me volví consciente de algo más, mucho más. Era un enorme arroyo de Luz, vasto y pleno, profundo en el Corazón de la Vida. Pregunté que era esto.
La Luz respondió “Este es el RÍO DE LA VIDA. Bebe de esta agua maná para el contento de tu corazón” y así lo hice. Tomé un gran sorbo y luego otro. Bebí la Vida Misma! Yo estaba en éxtasis. Entonces la Luz dijo “Tu tienes un deseo” la Luz sabía todo sobre mí. Todo el pasado, presente y futuro. “Sí!” susurré. Pedí ver el resto del Universo; más allá de nuestro sistema solar, más allá de toda ilusión humana. La Luz entonces me dijo que yo podía ir con el arroyo. Lo hice y fui llevado por la Luz hasta el fin del túnel. Sentí y escuché una serie de suaves sonidos de estampidos. Que velocidad!
El vacío de la Nada
Súbitamente parecí ir en un cohete lejos del planeta en este arroyo de Vida. Vi la tierra volar lejos. El sistema solar en todo su esplendor, hizo un zumbido y desapareció. Más rápido que la velocidad de la luz yo volé por el centro de la galaxia absorbiendo más conocimiento a medida que iba. Aprendí que esta galaxia y todo el universo está bullendo con muy distintas variedades de VIDA. Vi muchos mundos. La buena nueva es que no estamos solos en este Universo! Mientras rodaba en este arroyo de conciencia por el centro de la galaxia, el arroyo iba expandiéndose en ola fractales pasmosas de energía.
. . Los súper grupos de galaxias con toda su antigua sabiduría desaparecieron aunque yo estaba yendo algún lado, realmente viajando. Pero cuando comprendí eso, mientras el arroyo se expandía, mi propia consciencia estaba también expandiéndose para tomar todo en el Universo! Toda creación pasó a mi lado. Fue una maravilla inimaginable! Yo verdaderamente era un niño Maravilla; un Bebe en el Mundo de la Fantasía! Parecía como si todas las creaciones del Universo rugían a mi lado y desaparecían en un punto de Luz. Casi inmediatamente, una segunda Luz apareció. Venía de todos lados, y era tan distinta; Una Luz hecha de más que todas las frecuencias en el Universo. Yo sentí y escuché varios estampidos sónicos aterciopelados nuevamente. Mi consciencia, o ser, se estaba expandiendo para hacer interfaz con el Universo Holográfico total y más. Mientras pasaba a la segunda Luz, me vino la conciencia de que acababa de trascender la Verdad. Estas son las mejores palabras que encuentro para ello pero intentaré explicarlo. Mientras yo pasaba a la segunda Luz, yo me expandía más allá de la Primera Luz. Me encontré a mi mismo en una profunda quietud, más allá de todo silencio. Podía ver o percibir PARA SIEMPRE, más allá del infinito. Yo estaba en el vacío. Estaba en la pre-creación, antes del Big Bang. Yo había cruzado el comienzo del tiempo -La Primer Palabra- la primer vibración. Yo estaba en el ojo de la Creación. Sentía como si yo estuviera tocando el rostro de Dios. No era un sentimiento religioso. Simplemente yo era uno con la Vida Absoluta y la Conciencia. Cuando yo digo que podía ver o percibir para siempre, quiero significar que podía experimentar toda la creación generándose a si misma. No tenía principio ni final. Ese es un pensamiento de expansión mental ¿no?
Los científicos perciben el Big Bang como un simple evento que creó al Universo. Yo vi que el Big Bang es solo uno de un número infinito de Big Bangs creando Universos sin fin y simultáneamente. Las únicas imágenes que aún se acercan a términos humanos serían los creados por supercomputadoras usando ecuaciones de geometría fractal. Los antiguos sabían esto. Ellos decían que la Cabeza Divina creaba periódicamente nuevos Universos mediante la exhalación y que des-creaba otros universos al inspirar. Esas épocas fueron llamadas Yugas. La ciencia moderna llamó a esto el Big Bang. Yo estaba en una consciencia absoluta, pura. Podía ver o percibir todos los Big Bangs o Yugas creando y des-creándose a si mismos. Instantáneamente entraba en todos ellos simultáneamente. Vi que cada pequeña pieza de la creación tiene el poder de crear. Es muy difícil tratar de explicar esto. Aún estoy sin palabras al respecto. Me llevó años luego de volver, para asimilar las palabras para toda la experiencia del Vacío. Puedo decirte esto ahora, el Vacío es menos que nada, sin embargo es más de lo que todo es! El Vacío es el cero absoluto, el caos formando todas las posibilidades. Es Conciencia Absoluta, mucho más que incluso la Inteligencia universal. Donde está el Vacío? Lo sé. El Vacío está dentro y fuera de todo. Tú, justo ahora, aún mientras vives, estás siempre dentro y fuera del Vacío simultáneamente. No tienes que ir a ningún lugar ni morir para llegar allí. El Vacío es el vacío o la nada que está entre todas las manifestaciones físicas. El ESPACIO entre los átomos y sus componentes. La Ciencia Moderna ha comenzado a estudiar este espacio que hay entre todo. Ellos lo llaman el punto Cero. Cuando quiera que ellos intenten medirlo, sus instrumentos salen de la escala o al infinito por decirlo así. Ellos no tienen forma, hasta ahora, para medir el infinito con seguridad.  Hay más de espacio cero en tu propio cuerpo y en el Universo que en ninguna otra cosa! Lo que los místicos llaman Vacío no es vacío. Está tan lleno de energía, una distinta clase de energía que ha creado todo lo que somos. Todo desde el Big Bang es vibración, desde la primer Palabra que es la primera vibración. El I Am (YO SOY) bíblico realmente tiene un signo de interrogación al final: “I Am what I Am? (en inglés la frase bíblica “Yo Soy el que Yo Soy puede servir también para decir Yo Soy ¿qué soy yo?) Así que la creación es Dios explorando a Dios Mismo a través de cada forma imaginable, en una exploración siempre andando, infinita, a través de cada uno de nosotros. A través de cada pedazo de pelo en tu cabeza, a través de cada hoja de cada árbol, a través de cada átomo. Dios está explorándose a Si Mismo, al gran “I Am”. Yo comencé a ver que todo lo que es, es el Ser, literalmente, tu Ser, Mi Ser. Todo es el gran Ser. Por eso Dios sabe aún cuando se cae una hoja. Eso es posible porque dondequiera que estás tú, es el centro del universo. Dondequiera que cualquier átomo está, ese es el centro del universo. Hay Dios en eso y hay Dios en el Vacío. Mientras yo exploraba el Vacío y todas las Yugas o creaciones, yo estaba completamente fuera del tiempo y espacio como lo conocemos. En este estado expandido, yo descubrí que la creación tiene que ver con la Absoluta Conciencia Pura, o Dios, viniendo a la Experiencia de la Vida como la conocemos. El Vacío mismo está desprovisto de experiencia. Está en la pre-vida, antes de la primer vibración.
  La Deidad es más que vida y muerte. Por lo tanto hay aún más que vida y muerte para experimentar en el Universo! Yo estaba en el Vacío y estaba consciente de todo lo que había sido creado jamás. Era como si estuviera mirando a través de los ojos de Dios. Me había vuelto Dios. Súbitamente ya no era yo nunca más. La única cosa que puedo decir es que yo miraba a través de los ojos de Dios. Y súbitamente yo supe por qué existía cada átomo y podía verlo todo. El punto interesante fue que entre en el Vacío y volví con esta comprensión de que Dios no estaba allí. Dios está aquí. De eso se trata todo. Así, en esta búsqueda constante de la raza humana para buscar a Dios… Dios nos dio todo a nosotros, todo está aquí, esto es todo. Y esto en lo que estamos ahora es la Exploración de Dios a través nuestro. La gente está tan ocupada tratando de volverse Dios que ellos debieran comprender que nosotros ya somos Dios y Dios se está volviendo nosotros. Eso es de lo que se trata. Cuando comprendí esto, terminé con el Vacío y quería volver a esta creación, o Yuga. Parecía que era natural hacer esto. Entonces yo súbitamente volví a través de la segunda Luz, o el Big Bang, escuchando varios estampidos aterciopelados más. Anduve por el arroyo de la conciencia de regreso por toda la creación y ¡que recorrido fue este! Las Súper Agrupaciones de Galaxias vinieron a través de mí con mayores visualizaciones aún. Pasé por el centro de nuestra galaxia que es un agujero negro. Los agujeros negros son los grandes procesadores y recicladores del Universo.
  Sabías que hay del otro lado de un Agujero Negro? Estamos nosotros, nuestra galaxia, que ha sido reprocesada desde otro Universo. En su total configuración de energía, la galaxia parecía como una fantástica ciudad de luces. Toda la energía de este lado del Big Bang es luz. Cada sub átomo, átomo, estrella, planeta, aún la misma conciencia está hecha de luz y tiene una frecuencia y/o partícula. La Luz es una cosa viviente. Todo está hecho de luz, aún las piedras, así que todo está vivo. Todo está hecho de la Luz de Dios; todo es muy inteligente.
La Luz del Amor

Mientras seguía por el arroyo, pude finalmente ver una enorme Luz viniendo. Yo supe que era la Primer Luz, la Matriz de Luz del Ser Superior de nuestro Sistema Solar. Entonces todo el Sistema solar apareció en la Luz acompañado por uno de esos estampidos aterciopelados. Yo vi que el sistema solar en el que vivimos es nuestro cuerpo local más grande. Es nuestro cuerpo local y nosotros somos mucho mas grandes de lo que imaginamos. Vi que el sistema solar es nuestro cuerpo. Yo soy una parte de esto y la tierra es este ser enorme creado que nosotros somos, y nosotros somos la parte de ella que sabe que es. Pero somos sólo esa parte de ella. Nosotros no somos todo pero somos esa parte de ella que sabe lo que ella es. Yo podía ver toda la energía que genera este sistema solar y es una show increíble de luz! Podía escuchar la Música de las Esferas.
  Nuestro sistema solar, como lo hacen todos los cuerpos celestes, genera una única matriz de luz, sonido y energías vibratorias. Civilizaciones avanzadas de otros sistemas de estrellas pueden focalizar la vida como nosotros la conocemos en el universo, por la impresión de la matriz de energía o las energías vibratorias. Es como un juego de niños. Los niños Maravilla de la tierra (seres humanos) hacen una abundancia de sonidos ahora, como los niños que juegan en el patio trasero del universo. Anduve en el arroyo directamente hacia el centro de la Luz. Me sentí abrazado por la Luz que me tomaba con su aliento nuevamente, seguido por otro suave estampido sónico. Estaba en esta gran Luz de Amor con el arroyo de la vida fluyendo a través mío. Debo decir nuevamente que es la Luz más amorosa la Luz que no juzga. Es el padre ideal para este Niño Maravilla “Y ahora que?” pregunté. La Luz me explicó que no hay muerte, somos seres inmortales. Hemos vivido por siempre! Comprendí que somos parte de un sistema natural vivo que se recicla a si mismo sin fin. Nunca me habían dicho que tenía que volver. Acababa de saberlo. Era solo natural por lo que yo había visto. No se cuanto tiempo yo estuve con la Luz en tiempo humano. Pero vino un momento en el que comprendí que todas mis preguntas habían sido respondidas y mi regreso estaba pronto. Cuando digo que todas mis preguntas habían sido respondidas en el otro lado, quiero decir justo eso. Todas mis preguntas han sido respondidas. Cada humano tiene una vida distinta y distintas preguntas para explorar. Algunas de nuestras preguntas son Universales pero cada uno de nosotros está explorando esta cosa que llamamos Vida en nuestra forma única.
  Así es cada otra forma de vida, desde las montañas hasta cada hoja de cada árbol. Y eso es muy importante para el resto de nosotros en este Universo. Porque todo contribuye al Gran Cuadro, la totalidad de la Vida. Nosotros somos literalmente Dios explorándose a Ser mismo de Dios en una infinita Danza de Vida. Tu unicuidad se expande en toda Vida
Su regreso a la Tierra
Cuando comencé mi regreso al ciclo de vida, nunca cruzó por mi mente ni me fue dicho, que yo regresaría al mismo cuerpo. Simplemente no importaba. Yo tenía una total confianza en la Luz y en el proceso de la Vida. Mientras el arroyo se fundía con la gran Luz yo pedí no olvidar jamás las revelaciones y los sentimientos de lo que yo había aprendido en el otro lado. Hubo un “si”. Se sintió como un beso a mi alma. Entonces fui llevado de vuelta a través de la Luz dentro del reino vibratorio nuevamente. Todo el proceso fue revertido, con aún más información que me era dada. Volví a mi hogar y me dieron lecciones sobre la mecánica de la reencarnación. Me dieron respuestas para todas esas pequeñas preguntas que yo tenía:”Como funciona esto?” Yo supe que yo reencarnaría. La tierra es un gran procesador de energía y conciencia individual  que evoluciona a partir de cada uno de nosotros. Yo pensé por primera vez en mi mismo como un ser humano y fui feliz de serlo. Por lo que yo había visto, podía ser feliz de estar en un átomo en este universo. Un átomo. Así ser la parte humana de Dios… esta es la bendición más fantástica.
  Es una bendición y esta bendición está más allá de cualquiera de nuestras más increíbles imaginaciones. Para cada uno de nosotros ser la parte humana de esta experiencia es pasmoso y magnífico. Cada uno de nosotros, no importa donde estemos, atornillados o no, somos una bendición para el planeta, allí donde estemos. Así que fui a través del proceso de reencarnación esperando ser un bebé en alguna parte. Pero me dieron una lección sobre como evoluciona la identidad individual y la conciencia. Así que me reencarné de vuelta en este cuerpo. Me sorprendió tanto cuando abrí mis ojos! No se por qué, porque yo lo comprendía, pero aún así fue tal sorpresa estar de vuelta en este cuerpo, de nuevo en mi habitación con alguien mirándome y llorando desconsoladamente. Era mi cuidadora hospitalaria. A ella le habían dado una hora y media luego de encontrarme muerto. Ella estaba segura de que yo estaba muerto; todos los signos de la muerte estaban allí ? yo estaba rígido. No sabemos por cuanto tiempo yo estuve muerto, pero si sabemos que fue por una hora y media desde que fui descubierto. Ella hizo honor a mi deseo de que mi cuerpo nuevo muerto fuera dejado solo por unas pocas horas, tantas como ella pudiera. Teníamos un estetoscopio amplificado y muchas formas de controlar las funciones vitales del cuerpo para ver lo que estaba ocurriendo. Ella podía verificar que yo estaba realmente muerto. No era una experiencia de muerte cercana. Yo experimenté la muerte misma por lo menos durante una hora y media. Ella me encontró muerto y verificó con el estetoscopio, la presión sanguínea y un monitor de corazón durante una hora y media.
Entonces me desperté y vi la luz afuera. Intenté levantarme para ir allí pero me caí de la cama. Ella escuchó un fuerte “clunk”, corrió y me encontró en el suelo. Cuando me recuperé, me sorprendí mucho y aún me atemoricé por lo que me había ocurrido. Al principio toda la memoria del viaje que acababa de hacer no estaba allí. Seguí resbalándome de este mundo y seguía preguntando “estoy vivo?”. Este mundo parecía más un sueño que un mundo.
  En unos tres días ya me sentí nuevamente normal, más inteligente, sin embargo distinto de lo que me había sentido en mi vida. Mi recuerdo de la travesía volvió más tarde. No podía ver nada equivocado en ningún ser humano que yo había visto. Antes yo tenía mucha tendencia a juzgar. Pensaba que mucha gente estaba realmente torcida excepto yo. Pero lo veía más claro a todo eso. Unos tres años más tarde un amigo dijo que yo debiera hacerme un control, así que fui y pasé por escaneos y todo eso. Realmente me sentía bien así que temía recibir malas noticias. Recuerdo al doctor de la clínica mirando los escaneos de antes y después y diciendo: “bueno, ahora no hay nada aquí”. Yo dije: “realmente, ¿será un milagro?”. El dijo “No, estas cosas ocurren, ellas son llamadas remisiones espontáneas”. El actuaba sin estar impresionado en absoluto. Pero aquí había un milagro y yo estaba impresionado aún si nadie más lo estuviera.
Las Lecciones que aprendí
El misterio de la vida tiene poco que ver con la inteligencia. El universo no es un proceso intelectual de ninguna manera.
El intelecto sirve de ayuda, es brillante, pero justo ahora, es todo con lo cual procesamos, en lugar de hacerlo con nuestros corazones y con la parte más sabia de nosotros. El centro de la tierra es este gran transmutador de energía, como lo ves en las fotos del campo magnético de nuestra tierra. Ese es nuestro ciclo, siendo almas reencarnadas que pasan y vuelven por el nuevamente. Una señal de que ustedes están logrando un nivel humano es que están comenzando a evolucionar su conciencia individual. Los animales tienen un alma grupal y ellos reencarnan en almas grupales. Un reno será  muy probablemente siempre un reno. Pero solo ser nacido un humano, ya sea deformado o genial, muestra que tu estás en el sendero de desarrollar una conciencia individual. Esa es en si misma parte de la conciencia de grupo llamada humanidad. Vi que las razas son grupos de personalidad. Naciones como Francia, Alemania y China cada una tiene su propia personalidad. Las ciudades tienen su personalidad, su alma grupal local que atrae cierta gente. Las familias son almas grupales. La identidad individual está evolucionando como ramas de un fractal; el alma grupal explora nuestra individualidad. Las preguntas distintas que cada uno de nosotros tiene son muy, muy importantes. Así es como la Divinidad está explorando al Ser de Dios, a través de ustedes. Así que hagan preguntas, hagan su búsqueda. Encontrarán su propio Ser y encontrarán a Dios en ese Ser porque es solo el Ser. Más que eso, comencé a ver que cada uno de nosotros los humanos, somos almas compañeras. Somos partes de la misma alma fractalizándose en muchas direcciones creativas, pero aún así sigue siendo la misma.
Ahora veo cada ser humano que siempre veré y veo a mi alma compañera, la que siempre estuve buscando. Más aún, la más grande alma compañera que jamás tendrás eres tu mismo. Cada uno de nosotros, hombres y mujeres. Lo experimentamos en el útero y en estados de reencarnación. Si ustedes buscan esa última alma compañera o gemela fuera de ustedes, nunca la encontrarán, no está allí. Así como Dios no está “allí”. Dios está aquí. No busquen “por ahí afuera” a Dios. Búscalo aquí a Dios. Mira a través de tu propio Ser. Comienza teniendo el mayor asunto amoroso que jamás tuviste… con tu Ser. Amarás todo desde allí. Yo tuve un descenso en lo que podrías llamar Infierno y fue muy sorprendente. No vi a Satán ni al mal. Mi descenso al infierno fue un descenso en la miseria humana de costumbres en cada persona, en la ignorancia y la oscuridad de no saber. Parecía una eternidad miserable. Cada una de los millones de almas a mi alrededor tenía una pequeña estrella de luz siempre disponible. Pero nadie parecía prestarle atención. Estaban tan consumidos por su propio dolor, trauma y miseria! Luego de lo que pareció una eternidad, comencé llamando a esa Luz, como un niño pide ayuda a  sus padres. Entonces la Luz se abrió y formó un túnel que vino justo a mi sacándome de ese temor y pena. Eso es lo que el Infierno realmente es. Lo que estamos aprendiendo es a tomarnos de las manos, andar juntos. Las puertas del Infierno están abiertas ahora. Vamos a unirnos, tomarnos las manos y salir juntos del infierno.
La Luz vino a mí y me volvió un enorme ángel dorado. Yo dije “eres un ángel de muerte?”. Me expresó que era mi suprema alma, la matriz de mi Ser Superior, una súper vieja parte de nosotros mismos. Entonces fue llevado a la Luz. Pronto nuestra ciencia cuantificará al espíritu. Los físicos usan colisiones atómicas para aplastar átomos y ver de que están hechos. Lo desglosaron en quarks y magia y todo eso. Bien un día ellos llegarán hasta la pequeña cosa que hace la unión de todo y ellos tendrán que llamarla… Dios. Con los colisionantes atómicos ellos no solo están viendo que está allí sino que están creando partículas. Gracias a Dios la mayor parte de ellas viven solo milisegundos y nanosegundos. Estamos comenzando a entender lo que estamos creando también mientras avanzamos. Mientras veía por siempre, llegué a un reino en el que hay un punto por el que pasamos todo conocimiento y comenzamos creando el próximo fractal. Tenemos ese poder de crear a medida que exploramos. Y ese es Dios expandiéndose a si mismo a través nuestro. Desde mi regreso experimenté la Luz espontáneamente y he aprendido como llegar a ese espacio casi en cualquier momento en que medito. Cada uno de ustedes puede hacerlo. No tienen que morir para hacer esto. Está dentro de tu equipo, tú ya tienes el cableado para hacerlo. El cuerpo es el más magnífico ser de Luz que hay. El cuerpo es un universo de increíble Luz. El Espíritu no nos empuja a disolver este cuerpo.
  No es eso lo que está ocurriendo. Dejen de intentar volverse Dios. Dios se está volviendo ustedes. Aquí. La mente es como un niño que corre por el universo pidiendo esto y pensando que el creo el mundo. Pero yo pregunto a la mente: “Que tiene que hacer tu madre con esto?” Ese es el próximo nivel de conciencia espiritual. Oh! Mi madre! De golpe abandonas el ego, porque no eres la única alma en el universo. Una de mis preguntas a la Luz fue “que es el cielo?” Me dieron un tour de todos los cielos que han sido creados: los Nirvanas, Las Tierras de Felices Cacerías, todas ellas. Pasé por ellas. Estas son creaciones mentales de formas que hemos creado. Realmente no vamos al cielo, nosotros somos reprocesados. Los milagros y la magia ocurren naturalmente en un universo amoroso.

                             

PD:

El mensaje es textual; no quise cambiar un ápice aunque los verbos y tiempos sean dudosos en algunos párrafos.

Se trata de una vivencia personal, queda a criterio del eventual lector su veracidad.

facundo cabral

Dé mi madre aprendí que nunca es tarde, que siempre se puede empezar de nuevo, ahora mismo le puedes decir: “BASTA” a los hábitos que te destruyen, a las cosas que te encadenan, a la tarjeta de crédito, a los noticieros que te envenenan desde la mañana, a los que quieren dirigir tu vida por el camino perdido, ahora mismo le puedes decir “BASTA” al miedo que heredaste, porque la vida es aquí y ahora mismo.

Que nada te distraiga de, ti mismo, debes estar atento porque todavía no gozaste la más grande alegría ni sufriste e1 más grande dolor.

Vacía la copa cada noche para que Dios te la llene de agua nueva en el nuevo día.

Vive de instante en instante porque, eso es la vida. Me costó 57 años llegar hasta aquí, ¿cómo no gozar y respetar este, momento?

Se gana y se pierde, se sube y se baja, se nace y se muere.
Y si la historia es tan simple, ¿porqué te preocupas tanto?

No te sientas aparte y olvidado, todos somos la sal de la Tierra.

En la tranquilidad hay salud como plenitud dentro de uno.

Perdónate, acéptate, reconócete y ámate, recuerda que tienes que vivir contigo mismo por la eternidad, borra el pasado para no repetirlo, para no abandonar como tu padre, para no desanimarte como tu madre, para no tratarte como te trataron ellos, pero no culpes porque nadie puede enseñar lo que no sabe, perdónalos y te liberarás de esas cadenas.

Si estás atento al presente, el pasado no te distraerá, entonces serás siempre nuevo.

Tienes el poder para ser libre en este mismo momento, el poder está siempre en el presente por toda la vida está en cada instante, pero no digas NO PUEDO ni en broma porque el inconsciente no tiene sentido de humor, lo tomará en serio y te lo recordará cada vez que lo intentes.

Si quieres recuperar la salud ABANDONA la crítica, el resentimiento y la culpa, responsables de nuestras enfermedades.

PERDONA a todos y perdónate, no hay liberación más grande que el perdón, no hay nada como. vivir sin enemigos.

Nada peor para la cabeza y por lo tanto para el cuerpo, que el miedo, la culpa, el resentimiento y la crítica que te hace juez (agotadora y vana tarea) y cómplice de lo que te disgusta.

Culpar a los demás es no aceptar la responsabilidad de nuestra vida, es distraerse de ella.

El bien y el mal viven dentro tuyo, alimenta más al bien para que sea el VENCEDOR cada vez que tengan que enfrentaras.

Lo que llamamos problemas son lecciones, por eso nada de lo que nos sucede es en vano.

NO TE QUEJES, recuerda que naciste desnudo, entonces ese pantalón y esa camisa que llevas ya son ganancia.

Cuida el presente porque en él vivirás el resto de tu vida.

Libérate de la ansiedad, piensa que lo que debe ser será, y sucederá naturalmente.

Bushido Soul of Japan – (Bushido Alma de Japón) Inazo Nitobe

Bushido Soul of Japan – (Bushido Alma de Japón)

Inazo Nitobe

Índice.

PROLOGO 3
SIETE PRINCIPIOS 4
ALGUNOS COMENTARIOS DE MIRUMOTO JINTO, RIKUGUNSHOKAN DEL CLAN DEL DRAGÓN 6
CREDO SAMURAI 7
DEDICATORIA 8
PREFACIO 9
PREFACIO DE LA DECIMA EDICION REVISADA 10
BUSHIDO COMO UN SISTEMA ETICO 12
FUENTES DEL BUSHIDO 15
RECTITUD O JUSTICIA 20
VALOR EL ESPIRITU DE OSADIA Y CONDUCTA 22
BENEVOLENCIA LA SENSACION DE SOCORRO 26
CORTESIA 32
VERDAD O VERACIDAD 36
HONOR 40
EL DEBER DE LA LEALTAD 44
EDUCACION Y EL ENTRENAMIENTO DE UN SAMURAI 50
AUTOCONTROL 52
LAS INSTITUCIONES DE SUICIDIO Y ENMIENDA 56
LA ESPADA, EL ALMA DEL SAMURAI 65
EL ENTRENAMIENTO Y LA POSICION DE LA MUJER 67
LA INFLUENCIA DEL BUSHIDO 75
¿SIGUE VIVO EL BUSHIDO? 79
EL FUTURO DEL BUSHIDO 85

PROLOGO.

¿Qué es el camino del guerrero? Literalmente es la senda donde la persona que mantiene sus armas para combatir en el campo de batalla, conoce las ventajas y desventajas de cada una de ellas.
Esto en apariencia suena a una cuestion bélica, pero realmente se aplica a todo.

El camino del guerrero o Bushidou, es una via durísima. Es raro el guerrero que se reconoce a si mismo como tal, debido a que esta inmerso en el camino, ni siquiera se da cuenta de los títulos ni aspira a alcanzarlos.

Ser guerrero significa…cada quien tiene su significado, pero de manera general es la persona que constantemente esta entrenando sus habilidades, que constantemente se presiona, y en algunas èpocas se lleva al borde de sus propias capacidades para superarse a si mismo.

No busca las condiciones perfectas, se adapta al medio, y si este no es el óptimo, hace lo mínimo por quejarse y lo máximo para actuar. De esto se desprende que la base de sus palabras son los hechos, y si no conoce de un tema no lo inventa, sin embargo no es tan abierto y también aplica la estrategia.

El guerrero es un ser solitario que trabaja en grupo, esto es, que busca ser autónomo, autártico y autosuficiente, pero si encuentra seres similares a él, no los desprecia y se les une si para alcanzar una meta propuesta.

Para un guerrero ni la fama, ni la fortuna son seguras, si no solamente la muerte. Además del aspecto que la encuentre en alguna batalla, también en lo que respecta a la muerte propia.

Demasiadas palabras solo empantanan el asunto. Todos somos guerreros innatos, ¿acaso no luchamos para nacer?, asi que no se necesita de manuales ni poemas ni recetas. Solo debemos de hacer lo que debemos y ya.

SIETE PRINCIPIOS.

Estos son los siete principios que rigen el código deL Bushido, la guía moral de la mayoría de los samurai de Rokugan. Se fiel a él y tu honor crecerá. Rómpelo, y tu nombre será denostado por las generaciones venideras.

1. GI – Honradez y Justicia
Sé honrado en tus tratos con todo el mundo. Cree en la Justicia, pero no en la que emana de los demás, sino en la que surge de ti.
Para un auténtico samurai no existen las tonalidades de gris en lo que se refiere a honradez y justicia.
Sólo existe lo correcto y lo incorrecto.

2. YU – Valor Heróico
Álzate sobre las masas de gente que temen actuar. Ocultarse como una tortuga en su caparazón no es vivir.
Un samurai debe tener valor heróico. Es absolutamente arriesgado. Es temerario y peligroso. Vive la vida de forma plena, completa y maravillosa. El coraje heròico no es ciego. Es inteligente y fuerte.
Reemplaza el miedo por el respeto y la precaución.

3. JIN – Compasión
Mediante el entrenamiento intenso el samurai se convierte en rápido y fuerte. No es como el resto de los hombres. Desarrolla un poder que debe ser usado en bien de todos.
Tiene compasión. Ayuda a sus compañeros en cualquier oportunidad. Si la oportunidad no surge, se sale de su camino para encontrarla.

4. REI – Cortesía
Los samurai no tienen motivos para ser crueles. No necesitan demostrar su fuerza. Un samurai es cortés incluso con sus enemigos. Sin esta muestra directa de respeto no somos mejores que los animales.
Un samurai recibe respeto no solo por su fiereza en la batalla, sino también por su manera de tratar a los demás. La auténtica fuerza interior del samurai se vuelve evidente en tiempos de apuros.

5. MAKOTO – Sinceridad Absoluta
Cuando un samurai dice que hará algo, es como si ya estuviera hecho. Nada en esta tierra lo detendrá en la realización de lo que ha dicho que hará.
No ha de “dar su palabra.” No ha de “prometer.” El simple hecho de hablar ha puesto en movimiento el acto de hacer.
Hablar y Hacer son la misma acción.

6. MEYO – Honor
El Auténtico samurai solo tiene un juez de su propio honor, y es él mismo. Las decisiones que tomes y cómo las lleves a cabo son un reflejo de quien eres en realidad.
No puedes ocultarte de ti mismo.

7. CHUGO – Deber y Lealtad
Para el samurai, haber hecho o dicho “algo”, significa que ese “algo” le pertenece. Es responsable de ello y de todas las consecuencias que le sigan.
Un samurai es intensamente leal a aquellos bajo su cuidado. Para aquellos de los que es responsable, permanece fieramente fiel.
Las palabras de un hombre son como sus huellas; puedes seguirlas donde quiera que él vaya.
Cuidado con el camino que sigues.

ALGUNOS COMENTARIOS DE MIRUMOTO JINTO, RIKUGUNSHOKAN DEL CLAN DEL DRAGóN.

Sobre el valor: El camino del valiente no sigue los pasos de la estupidez.

Sobre la lealtad: Un perro sin amo vagabundea libre. El halcón de un Daimyo (Señor Feudal) vuela más alto.

Sólo hay una lealtad superior a la del samurai hacia su Daimyo: la del Daimyo hacia sus súbditos.

Sobre el Respeto: Un alma sin respeto es una morada en ruinas. Debe ser demolida para construir una nueva.

Sobre la Excelencia: La perfección es una montaña inescalable que debe ser escalada a diario.

Sobre la Venganza: La ofensa es como un buen haiku (Breve poema japonés de tres versos): puede ignorarse, desconocerse, perdonarse o borrarse, pero nunca puede ser olvidada.

Sobre la Espada: Mi hoja es mi alma. Mi alma pertenece a mi Daimyo. Ultrajar mi hoja es afrentar a mi Daimyo.

Sobre el Honor: La muerte no es eterna; el deshonor, sí.

Sobre la Muerte: El samurai nace para morir. La muerte, pues, no es una maldición a evitar, sino el fin natural de toda vida.

CREDO SAMURAI.
Carezco de padres, hago que la Tierra y el Cielo sean mis padres.
Carezco de hogar, hago que el Hara y la conciencia sea mi hogar.
Carezco de Vida y de Muerte, hago que el Ritmo de mi Respiración sea mi vida y muerte.
Carezco de poder divino, hago de la honestidad mi poder divino.
Carezco de medios, hago de la docilidad y la comprensión mis medios.
Carezco de poder o secreto mágico, hago que el Carácter…mi personalidad sea mi poder o secreto mágico.
Carezco de cuerpo, hago del estoicismo…la resistencia mi cuerpo.
Carezco de ojos, hago del resplandor del rayo…el relámpago mis ojos.
Carezco de oídos, hago de la sensibilidad mis oídos.
Carezco de extremidades, hago de la presteza…la rapidéz mis extremidades.
Carezco de leyes, hago de mi auto defensa mis leyes.
Carezco de estrategia, hago de lo no oscurecido por el pensamiento…lo correcto para matar y lo correcto para restituir la vida mi estrategia.
Carezco de proyectos de ideas, hago de tomar la ocasión al vuelo mis proyectos de ideas.
Carezco de milagro, hago que la acción correcta sea mi milagro.
Carezco de principios, hago de la adaptabilidad a todas las circunstancias mis principios.
Carezco de táctica, hago del vacío y la plenitud mi táctica.
Carezco de talento, hago que la agudeza…la astucia sea mi talento.
Carezco de amigos, hago que mi mente sea mi amiga.
Carezco de enemigos, hago del descuido mi enemigo.
Carezco de armadura, hago de la benevolencia y la virtud mi armadura.
Carezco de castillo, hago que mi mente inamovible sea mi castillo.
Carezco de espada, hago de la Ausencia de Yo…la No mente mi espada.
Carezco de premios, hago de la mirada orgullosa de mis hijos mi recompensa.

Samurai anónimo, siglo XIV

DEDICATORIA.

Diciembre 1904.
A mi querido Tío Tokitoshi Ota, quien me enseñó a venerar el pasado y admirar las hazañas de los samurai, dedico este pequeño libro.

?Aquel Camino,
En la montaña, quien esta parado sobre que él,
Es conveniente dudar si sea de hecho un camino,
Mientras lo veas a si mismo como una perdida de tiempo;
La ruta alli está, claramente desde las faldas hasta la cumbre,
¡No yerres, puedes confundirte!, ¿Porqué se ve divido
desde el lado del intacto desierto?,
Y Luego (traer en la fresca filosofía)
¿Qué si los divide a ellos mismos?
¿Deberán probar al final
La mayor invención consumada
Para entrenar al ojo de un hombre y
enseñarle cuál es la fe??
ROBERT BROWNING.
Bishop Blougram’s Apology.

?Hay, si asi se puede decir, tres poderosos espíritus, los cuales de vez en cuando, se movieron en la superficie de las aguas, y dieron un impulso predominante a los sentimientos de moral y energía de la humanidad.
Estos son los espíritus de libertad, de religión y de honor.?
HALLAM.
Europe in the Middle Ages.

?El código de caballería es en si mismo la poesía de la vida?.
SCHLEGEL.
Philosophy of History.

1908 13ra Edición Revisada y Mejorada.

PREFACIO.
Hace aproximadamente diez años, mientras pasaba los días bajo la hospitalidad del distinguido jurista Belga M. de Laveleye, durante un paseo nuestra conversación se tornó teniendo como tema la religión.
“¿Quiere decir usted, preguntó el respetable profesor, que no tienen educación religiosa en sus escuelas?”.
Al responder con una negativa, quedó inmediatamente asombrado, y con un tono de voz que no podré olvidar fácilmente, repitió
“¡Ninguna religión!, ¿Cómo imparten ustedes la educación moral?”.
La pregunta me atontó en ese entonces. No tenía una respuesta lista, porque los preceptos morales que había aprehendido en mis días de infancia no habían sido impartidos en la escuela, y no fue hasta que comencé a analizar los diferentes elementos que me formaron las nociones de bueno y malo, encontré que fue el Bushido lo que habia respirado con mi nariz
El principal origen de este pequeño libro es debido a las frecuentes preguntas hechas por mi esposa del porque tales y tales ideas, usos y costumbres prevalecen en Japón.
En mis intentos de dar una respuesta satisfactoria a M. de Laveleye y a mi esposa, encontré que sin entender la época Feudal y el Bushido, las ideas morales del Japón presente, son un volúmen sellado.
Aprovechando la ociosidad producto de una larga enfermedad, escribo al público en el orden ahora presentado, algunas de las respuestas dadas en aquella conversación.
Consiste principalmente en lo que se me dijo y fue enseñado, en mi juventud, cuando el Feudalismo aún estaba en vigor.
Entre Lafcadio Hearn y la Sra. Hugh Frase por un lado, y Sir Ernest Satow y el Profesor Chamberlain en el otro, ciertamente sería una pena escribir en Inglés algo del Japonés. La única ventaja que tengo sobre ellos, sería asumir la actitud de un defensor de oficio, mientras que estos distinguidos escritores son los mejores litigantes.
He pensado a menudo que “¡Puedo darles un obsequio en mi idioma presentando la causa de Japón en términos más elocuentes¡”.
Pero aquel que habla en un idioma prestado, debe estar agradecido de que pueda darse a entender.
Todo el discurso que he podido ilustrar es a través de ejemplos paralelos de historia y literatura Europea, creyendo que esto ayudará a la comprensión de los lectores extranjeros.
Puede que alguna de mis alusiones, de temas religiosos y creyentes, ser hecha a la ligera, pero confío que mi actitud hacia el Cristianismo no sea cuestionada.
Esto es con los métodos eclesiásticos y con las formas que obscurecen las enseñanzas de Cristo, y no a las enseñanzas mismas, con las que tengo poca condescendencia.
Creo en la religión enseñada por Él y traida a nosotros en el Nuevo Testamento, asi como también en la ley escrita en el corazón. Además, creo que Dios hizo un testamento que que quizá llamó “viejo” con cada gente y nación, “Pagano, Judío o Cristiano”. En cuanto el resto de mi teología, no necesito imponerla ante la paciencia del público.
En conclusión a este prefacio, quiero expresar mi agradecimiento a mi amiga Anna C. Hartshorne por sus invaluables sugerencias y por el característico diseño japonés hecho por ella, para la portada de este libro.
INAZO NITOBE.
Malvern, Pa, Décimo Segundo mes, 1899.

PREFACIO.
DE LA DÉCIMA EDICIÓN REVISADA.

Desde su primera publicación en Philadelphia, hace más de seis años, este libro ha tenido una historia inesperada.
La reimpresión japonesa ha pasado a través de ocho ediciones, la presente es la décima en aparecer en el idioma inglés.
Simultáneamente con esta, sera lanzada por la casa editora de Nueva York de Mr. George H. Putnam’s Sons, una edición Americana e Inglesa.
En medio de este tiempo Bushido ha sido traducido al Mahratti por el Sr. Dev de Khandesh, al alemán por el Sr. Fräulein Kaufmann de Hamburg, al Bohemio por el Sr. Hora de Chicago, al Polaco por la Sociedad de Ciencia y Vida en Lemberg, aunque esta edición polaca ha sido censurada por el gobierno ruso. Ahora esta siendo traducido al noruego y al francés. Se está contemplando una traducción al Chino.
Un soldado ruso, ahora prisionero en Japón, tiene un manuscrito en Ruso, listo para la imprenta. Una parte de el volúmen ha sido traido al público húngaro y una revisión detallada, casi con el grado de comentario, se ha publicado en japonés.
Todas las notas aclaratorias para la ayuda de los jóvenes estudiantes, han sido compiladas por mi amigo el Sr. H. Sakurai, a quien agradezco mucho su ayuda.
Estoy mas gratificado por el sentimiento de que mi humilde trabajo haya encontrado simpatizantes de distintos sectores, siendo muestra de que el interes mundial n este tema es creciente .
Excesiva adulación me ha alcanzado al oir las noticias que me han llegado de fuentes oficiales, de que el presidente Rooselvelt me ha hecho el honor, que no merezco, de haberlo leido, y repartido docenas de copias entre sus amigos.
Haciendo enmiendas y correciones en la presente edición, me he remitido en gran parte a ejemplos concretos.
Todavía continúo lamentando, y en verdad no he cesado de hacerlo, de mi inhabilidad de agregar un capítulo de Piedad Filial, la cual es considerada uno de las dos ruedas de la carroza de la ética Japonesa. “La lealtad empieza en el otro”.
Mi falta de habilidad es debida en parte a mi ignorancia al sentimiento Occidental de relegar esta virtud particular, y en parte a la ignorancia de mi propia actitud hacia ella, y no puedo hacer comparaciones que satisfagan mi mente. Espero algún día, ahondar en este y otros temas.
Todas las materias que son tocadas en estas páginas son capaces de mayor amplificación y discusión, pero ahora no encuentro la forma clara de hacerlo.
Este prefacio sería incompleto e injusto, si omitiera la deuda que he contraído con mi esposa por la ayuda que me ha brindado leyendo los borradores, dando sugerencias y sobre todo su apoyo constante.

INAZO NITOBE.
Kyoto, Mayo 22, 1905.

BUSHIDO COMO UN SISTEMA ÉTICO.

El código de caballería esuna flor no menos indígena a la tierra de Japón que su emblema, el sakura o flor del cerezo; ni está como un espécimen disecadode una antigüa virtud preservada en el herbolario de nuestra historia.
Sigue siendo un objeto viviente de poder y belleza entre nosotros, y si no asume ninguna forma o aspecto tangible, la atmósfera de la esencia moral no es menor, y nos da aviso de que aún estamos bajo su potente encanto.
Las condiciones de la sociedad que lo llevaron adelante y alimentaron, ya han pasado de largo, pero como esas estrellas remotas que estaban una vez y ya no estan, todavía continuan vertiendo sus rayos sobre nosotros, la luz del código de caballería, que fue un hijo del feudalismo, aun continúa iluminando nuestra senda moral, sobreviviendo asi esta institución madre.
Es un placer para mí, reflejar esta materia en el lenguaje de Burke, quien expresó el bien conocido toque de elogios sobre el negligente féretro de su arquetipo europeo.
El discute un triste defecto de información relativo al lejano oriente, cuando el erudito escolar Dr. George Miller, no dudaba en afirmar que ese código de caballería, o alguna otra institución similar, nunca había existido entre las naciones antiguas o modernas de oriente [Nota: History Philosophically Illustrated, (3ra Ed. 1853), Vol. II, p. 2.].
Tal ignorancia, a pesar de todo, es ampliamente entendible, la tercera edición del trabajo del buen Doctor apareció el mismo año en que el Commodore Perry derrumbó las puertas de nuestro exclusivismo.
Mas de una década después, en la época en la que nuestro feudalismo tuvo sus últimos días de angustia, Karl Marx, escribiendo su “Capital”, llamó la atención de sus lectores a la peculiar ventaja de estudiar las instituciones sociales y políticas del feudalismo, como las que continuaban teniendo vida en Japón.
Invitaría además al estudiante histórico y ético occidental al estudio del código de caballería presente en el Japón.
El atractivo de la adquisición histórica y la comparación entre feudalismo y caballería Europea y Japonesa, no es el propósito principal de este escrito.
Mi intento es mas, primero el relatar el origen e influencias de nuestro código de caballería, segundo, su carácter y enseñanzas, tercero, su influencia entre las masas y cuarto, la continuidad y la permanencia de su influencia.
De estos puntos, únicamente el primero será breve y transitorio, no pretendo llevar a mis lectores al sinuoso camino de la historia de nuestra nación; el segundo tendrá un mayor tamaño, podrá ser de interés para los estudiantes de Ética Internacional y Etnología Comparativa, por mostrar nuestras formas de pensar y actuar, y el resto de los capítulos serán manejados como corolarios.
La palabra Caballería que he usado para definir su aproximación Japonesa, expresa más que un hombre montando su caballo.

Bu Shi Do significa literalmente las formas del caballero militar, las formas en la cual pelea un noble y como deben observarse en su vida diaria y tambien en su vocación; en una palabra los “Preceptos de Caballería”, las obligaciones de la noble clase guerrera.
Habiendo dado este significado literal, puedo permitirme usar ya este término. También es recomendable el uso del término original por esta razón, de que una enseñanza circunscrita y única engendra un molde en la mente y carácter peculiar, localista, debemos portar la insignia de esta singularidad, entonces, algunas palabras tienen un timbre nacional tan expresivo de las característias de la raza que aún el mejor de los traductores pueden hacerles escasa justica, ni que decir de la justicia impuesta y agravada.
¿Quién puede dar una traducción acertada del término alemán “Gemüth”, o quién no siente la diferencia entre dos palabras verbalmente aliadas como el gentleman del inglés o el gentilhomme del francés?.
Bushido, entonces, es el código de principios morales que era requerido o instruido a ser observado por los caballeros. Este no es un código escrito, en el mejor de los casos consiste en algunas máximas llevadas de boca en boca y transportadas por la pluma de algún famoso guerrero o savant.
Mas frecuentemente es un código inexpresado e inescrito, que posee todo el poder de la sanción de una hecho verdadero, y de una ley escrita en las tablas carnales del corazón.
Fue fundado no en la creación de un solo cerebro, al menos capaz, o en la vida de un simple personaje, al menos famoso. Este ha sido un organismo que ha crecido por décadas y siglos de carrera militar. Quizás, cumple con la misma posición en la historia de la ética que la Constitución Inglesa cumple en la historia política, a pesar de no tener comparación con esta Magna Charta o el acto de recopilación del Habeas Chorpus Act.
Es cierto, en los albores del siglo XVII los Estatutos Militares (Buke Hatto) fueron promulgados, pero sus escazos trece artículos estuvieron mas relacionados con casamientos, castillos, feudos entre otros, y las regulaciones didácticas apenas eran tratadas.

A pesar de ello, no podemos apuntar un tiempo y lugar definido y decir “Aquí esta la fuente origen”.
Su origen solamente logra sentido en la época feudal, y reespeto a ese tiempo, puede ser identificado con el feudalismo. Pero el feudalismo en sí, es un tejido de muchos hilos, y el Bushido comparte esa intrincada naturaleza.
Similar a las instituciones políticas de feudalismo de Inglaterra que puede decirse provienen desde la conquista Nomanda, lo mismo podemos encontrar en Japón con el ascenso de Yoritomo, a finales del siglo XII. Tambien como, en Inglaterra, encontramos elementos sociales de feudalismo mucho más atrás, en el período previo a William The Conqueror, tambien en Japón algunas germinaciones de feudalismo habían brotado mucho tiempo atrás del período de Yoritomo.
Una vez más, tanto en Japón como en Europa, cuando el feudalismo fue inaugurado formalmente, de forma natural la clase de guerreros profesionales llego a ser prominente. Esos fueron conocidos como Samurai, que significa literalmente como en el viejo inglés cniht (knecht, knight), guardias o asistentes recordando el caracter de Soldurii que el Caesar mencionó como existente Aquitana, o el comitati, quien, de acuerdo a Tacitus, seguía a jefes germánicos de su tiempo, o para tener otro paralelo, las milicias medii de las cuales se puede leer en la historia de la Europa Medieval.
La palabra Índico Japonesa Buke ó Bushi (Caballero Guerrero) también fue adoptada como de uso común.
Ellos fueron una clase privilegiada, y debieron originalmente haber sido una raza de salvajes que hizo de la pelea su vocación. Esta clase era reclutada naturalmente, en un largo período de guerra, desde el más bravo hasta el más temerario, y durante todo el proceso de selección, el tímido y el débil eran relegados, y únicamente “una estirpe feroz de humanos, todos hombres, con una fuerza bruta”, recordando la frase de Emerson, sobrevivía para formar los clanes y las filas del samurai.
Profiriendo gran honor y grandes privilegios, y por correspondencia grandes responsabilidades, tuvieron la necesidad de un común denominador de conducta, especialmente por que siempre estaban en pie de batalla y formaban parte de clanes diferentes.

Apenas mientras los médicos limitan la competencia entre sí mismos por cortesía profesional, apenas pues los abogados se sientan en cortes del honor en casos de la etiqueta violadaasi también debe el guerrero poseer cierto recurso para el juicio final en sus delitos menores.
¡Juego justo en combate!, que gérmenes fértiles de moralidad hay en este sentido primitivo de salvajismo e infantilismo. ¿No es la raíz de todas las virtudes militares y cívicas?, sonreímos (¡como si ya lo hubieramos pasado!) con los deseo juveniles del pequeño británico, Tom Brown de “Dejar atrás el nombre de un amigo que nunca ha saltado o dejado amoratado la espalda de un amigo”. ¿Pero,quién no conoce que este deseo es la piedra angular en la cual las estructuras morales de grandes dimensiones pueden ser establecidas?, puede decirse, sin ir muy lejos, ¿acaso las religiones más pacífistas y de amor no engendran esta aspiración?.

EL SIMBOLISMO DEL AJEDREZ Burckhardt, Titus

EL SIMBOLISMO DEL AJEDREZ
TITUS BURCKHARDT
El juego del ajedrez es originario de la India. Fue transmitido al
Occidente medieval por medio de los persas y los �rabes.
La palabra “jaque mate” que deriva del persa (shah =rey y el �rabe
mat=ha muerto).
El antiguo orden estrat�gico es evidente en la posici�n de las figuras
usado en el Oriente antiguo, la tropa ligera, representada por los
peones, ocupa la primera l�nea; el grueso del ejercito lo constituye la
tropa pesada, carros de guerra (torres), caballeros (caballos) y
elefantes de combate (alfiles); el rey con su “dama” o “consejero”
permanecen en el centro de las tropas.
La forma del tablero corresponde al tipo “cl�sico” del Vastumandala,
el diagrama que tambi�n constituye el trazado fundamental de un
templo o ciudad. Dicha diagrama simboliza la existencia concebida
como campo de acci�n de las fuerzas divinas. En su significado mas
universal, el combate figurado por el juego del ajedrez representa el
de los devas con los asuras, los dioses con los titanes, o los �ngeles
con los demonios, deriv�ndose de este todos los dem�s significados
del juego.
Que el ajedrez es de origen brahmanico ,lo prueba el car�cter
eminentemente sacerdotal del diagrama de 8X8 cuadrados. Los
hind�es consideraban el juego del ajedrez con una escuela de
gobierno y defensa.
(Sin el sello que el Esp�ritu divino imprime a la materia, esta no
tendr�a forma inteligible, y sin la materia que recibe el sello divino y,
por decirlo as�, lo delimita, ninguna manifestaci�n seria posible…
Hab�a anta�o, en el comienzo del presente manvantara una “cosa”
indefinible e ininteligible, que “obstru�a cielo y tierra”; viendo esto los
devas la tomaron s�bitamente, la echaron en tierra, boca abajo, y se
establecieron sobre ella en la posici�n que ten�an cuando la tomaron;
Brahma la llen� de devas (es la transformaci�n del caos en cosmos,
el fiat lux, por el que la tierra “informe y vac�a” ser� llenada de
reflejos divinos)
(Los devas de la mitolog�a hind� son an�logos a los angeles de las
tradiciones monote�stas; sabido es que cada �ngel corresponde a una
funci�n divina)

CIENCIA MODERNA Y SABIDURÍA TRADICIONAL

TITUS BURCKHARDT

Los cinco ensayos que componen este volumen tienen un solo fin en común: recordar que existe un tipo de conocimiento que trasciende a la razón discursiva.

Al haberse olvidado, en el mundo moderno, lo que es la simbología y al no tener conciencia de las consecuencias del pensar en términos científicos, el autor, Titus Burckhardt, pone en evidencia los límites de la ciencia moderna y sus contradicciones, tomando como base algunos ejemplos típicos: la «física relativista» de Einstein; el «biologismo evolucionista» de Teilhard y la «psicología de las profundidades» de Jung.

INDICE

Introducción

Capítulo I:
Cosmología perennis

Capítulo II:
Ciencia no sabia

Capítulo III:
El origen de las especies

Capítulo IV:
Psicología moderna y sabiduría tradicional

Capítulo V:
Reflexiones sobre la Divina Comedia de Dante, expresión de la sabiduría tradicional

Títulos originales de los ensayos:

1, Cosmologia perennis; 2, Unweise Wissenschaft; 3, Díe Herkunft der Arten; 4, Moderne Psychologie und Ueberlieferte Weisheit; 5, Zu Dantes Divina Commedia.

Versión castellana de Jordi Quingles y Alejandro Corniero.
TAURUS EDICIONES, S. A., Príncipe de Vergara, 81, 1.º, MADRID, 1979.
ISBN: 84-306-5010-5
Depósito legal: M. 8.661-1982                         

Introducción

Los cinco ensayos que componen este volumen, que desde el punto de vista de la temática no parecen estar estrechamente relacionados entre sí, tienen en común un mismo fin: recordar que existe un tipo de conocimiento que trasciende con mucho a la razón discursiva.

Dos son los obstáculos que hoy, aún más que en el pasado, ocultan este conocimiento, y ambos están íntimamente ligados entre sí.  Ante todo, se ha olvidado qué es la simbología, es decir, que existen modos de expresión que aluden más que enunciar expresamente, sin que por ello sean menos verídicos y exactos.  En segundo lugar, el pensar en términos científicos, en su forma más general, ha dado a la capacidad imaginativa de la gran mayoría de los hombres modernos una dirección determinada que a la vez la limita.

Esta es la razón por la que ha sido necesario poner en evidencia los límites de la ciencia moderna y sus contradicciones intrínsecas sobre la base de algunos ejemplos típicos tomados del campo de la física, del de la biología y del de la psicología, que corresponden a su vez al campo de la materia, al de las formas vivas y al del alma.

A la ciencia natural moderna, que a pesar de su agudeza y precisión incurre en gravísimos errores, contraponemos la cosmología clásica y medieval, a menudo «ingenua» en los detalles, pero profundamente verdadera en lo que a las cuestiones esenciales se refiere. Al principio de la obra describimos sus fundamentos más generales. Las conclusiones sobre la Divina Comedia de Dante quieren poner en evidencia cómo cosmología tradicional y contemplación, es decir, estudio del orden cósmico y conocimiento de la Verdad divina, pueden entrelazarse.

Capítulo I: COSMOLOGÍA PERENNIS

En el mundo tal como es realmente, por el hecho de que estamos insertos en él y de él formamos parte, los modos existenciales corpóreos, psíquicos y espirituales se entrelazan en un conjunto que el método puramente analítico de la ciencia moderna no puede captar. La más mínima percepción, el hecho de aprehender con los sentidos un objeto cualquiera, de incorporarlo a la red de imágenes interiores y que el espíritu lo reconozca como verdadero y real, constituye un proceso indivisible que demuestra cómo, en este mundo, condiciones de tipo muy diverso se insertan unas en otras, unas en modo espacio-temporal, otras en modo temporal no espacial y aun otras en modo supraespacial y supratemporal.  De ello resulta que la «realidad» no consiste en meras «cosas», sino que representa un orden de inconcebible sutileza y multiplicidad de niveles.  Todos los pueblos que no están deformados por la modernidad lo saben.  El tener conciencia de la múltiple gradación interna de la existencia forma parte de la experiencia primordial humana.  Sólo en virtud de una evolución muy particular del pensamiento podía ignorarse este complejo de experiencias hasta llegar al punto de aceptar una ciencia basada exclusivamente en datos numéricos como explicación satisfactoria del cosmos.

Por nuestra parte, no ignoramos que existen algunos científicos espiritualmente despiertos que no se hacen la ilusión de poder penetrar, con el método analítico propio de la ciencia moderna, más allá de un campo bastante limitado y superficial de la realidad.  No obstante, hay una especie de concepción moderna de la realidad con pretensiones totalitarias, condicionada como está no tanto por determinados resultados de la investigación actual como por su punto de vista particular y prácticamente exclusivo de la misma: es por el hecho de que la ciencia moderna se limita a los datos que pueden ser contados, medidos, pesados y, en última instancia, registrados estadísticamente sobre la base de repetidas observaciones, por lo que buena parte de la humanidad contemporánea ha llegado hasta el punto de considerar como «reales» sólo estos elementos.
No es por casualidad por lo que el método empírico de la ciencia obtiene el propio «nihil obstat» de la filosofía cartesiana; ésta, en efecto, divide la realidad en dos esferas, la material y la espiritual, separando al hombre, como un caso especial, del resto del cosmos: sólo en él coincidirán materia y espíritu.  Descartes no conoce otra materia que la corpórea, ni otro modo de ser del espíritu que, el conceptual; ello reduce tanto el espíritu como el alma.  Por el contrario, según las doctrinas cosmológicas y metafísicas de los pueblos antiguos, el universo, el cosmos, consta de numerosos niveles existenciales que, de acuerdo con la naturaleza humana, pueden subdividirse en tres esferas, la del cuerpo, la del alma (o psique) y la del espíritu, mas que si se examinan a fondo, constituyen una multiplicidad casi ilimitada.  En la esfera corpórea se incluye todo lo que está sujeto a la materia (en el sentido corriente del término), al número, al espacio y al tiempo; la esfera psíquica se substrae de tales condiciones, sin que por ello se vea libre de otras, también limitativas, pero menos separativas, sólo el espíritu puro, que como tal es incomparablemente superior a la mera razón, se libera por encima de todas estas condiciones existenciales; está, por así decirlo, ?hecho de conocimiento?, y no está sujeto ni a la forma ni al cambio.
La filosofía cartesiana, con su dualismo de la existencia, está, como tal filosofía, casi olvidada, pero aún sobrevive uno de sus aspectos: el de haber limitado el pensamiento científico a lo cuantitativamente verificable.
Ni siquiera los progresos de la psicología moderna han aportado ningún cambio a este hecho.  Aparecen como un mero oscilar entre dos aspectos irreconciliables de la realidad: mientras que para la ciencia «exacta» la verdad coincide con la efectividad de las cosas exteriores, con lo cual lo conocido no presupone un sujeto que conoce, para la psicología más reciente no hay ya ninguna verdad cierta; amenaza con reducirlo todo a lo subjetivo.  Por consiguiente, el hombre moderno se ve privado de un seguro sostén interior y, al mismo tiempo, queda como encerrado en una coraza que lo separa del riquísimo tejido cósmico.  Ésta, de cualquier modo, es la situación de quien no comprende los presupuestos conceptuales y las formas artificiosas del mundo moderno, convirtiéndose en su víctima.  De hecho, la pretensión totalitaria de la ciencia moderna quizá se explique del modo más eficaz a través del escenario técnico que ella misma ha contribuido a montar; en él se representa el repertorio sensorialmente perceptible de las abstractas tesis científicas, por lo que actúa aún más violentamente sobre el alma. Tal visión exterior y cuantitativa ha llegado a ser tan habitual entre la mayoría de los hombres que viven bajo el influjo de la ciencia moderna, que ahora ya son incapaces de sentir la profundidad inconmensurable de todo lo real. Existe una visión materialista del mundo, aun independiente de la filosofía materialista; y que se encuentra incluso artificialmente conectada con la fe en Dios.
Santo Tomás de Aquino escribía: «Es profundamente erróneo suponer que, en lo que a las verdades de fe respecta, sea indiferente lo que se piense sobre la creación con tal de que se tenga una concepción exacta de Dios … ; puesto que un error sobre la naturaleza de la creación siempre se reflejará en una errónea noción de Dios.. Habla de «naturaleza» de la creación, no de tal o cual de sus aspectos, puesto que el conocimiento de las cosas creadas es infinito.  Una visión exacta de lo creado sólo puede referirse a su naturaleza total, y ésta se volverá, a su vez, cognoscible siempre que no se tome en lugar del todo lo que no es sino una parte, un sector definido de condiciones determinadas.  En este sentido será mucho menos erróneo considerar a la Tierra como centro del universo o incluso considerarla plana, que identificar, por ejemplo, la percepción sensorial con un proceso físico, olvidando así incluso lo que «ven» el ojo y la propia vista.  Conocer la naturaleza de lo creado significa percibir íntegramente sus sucesivas gradaciones, que se extienden desde lo corpóreo hasta lo espiritual puro.  Una vez comprendidos los inconmensurables niveles de la existencia, el hombre advertirá igualmente la unidad que queda expresada en la coordinación de esos diversos niveles entre sí: si espíritu, alma y cosas corpóreas no estuvieran coordinadas entre sí, no habría ningún conocimiento; objeto y sujeto se escindirían; la conexión de las cosas corpóreas escaparía a cualquier lógica, el alma quedaría encerrada irremisiblemente en su propio sueño y el mundo corpóreo sería incognoscible no sólo parcialmente, sino también en su propia esencia. ¿Cómo se demostraría la verdad si no hubiese más que empirismo? ¿Quién puede garantizarnos que la actividad de las células cerebrales corresponde de alguna manera a las leyes reales del mundo?

… Las cosas todas
guardan entre sí un orden: forma
que, al universo, a Dios hace semejante .

«Las cosas todas: es decir, no sólo las corpóreas.  Por «forma», Dante no entiende una conformación definitivamente delimitada o claramente espacial, sino, en el sentido peripatético de la palabra, la unidad cualitativa inherente a un ser o cosa creada. «Forma» que es ley interior, y este significado es ya intrínseco al término griego kósmos, que ante todo significa orden.  Una ciencia que se limite al mundo corpóreo-material no puede, en razón de ello, ser designada como cosmología en sentido estricto, aun cuando pudiera incluir en su propia visión la totalidad del espacio astronómico.
Resulta evidente que la ciencia moderna, con los medios de que dispone, no puede llegar a conocer la unidad cualitativa del universo y la íntima ley de su estructura de múltiples niveles; mas esto no significa finalmente que la capacidad cognoscitiva humana no pueda tener acceso a esa ley.  No existe únicamente una razón calculadora; existe, además, una intuición espiritual, que René Guénon define adecuadamente como «intuición intelectual» , y que se refiere a las verdades universalmente válidas innatas al espíritu.  Esto no tiene nada que ver ni con el sentimiento ni con la «intuición» basada en la fantasía que podría permitir a un científico genial establecer una nueva teoría . La verdadera intuición o visión espiritual tiene un carácter tan poco “subjetivo” como la certeza de que dos por dos son cuatro o que todo triángulo equilátero es inscribible en un círculo: En realidad, la inmediata certeza inherente a estos y otros axiomas del pensamiento, y sin la cual no existiría ninguna ciencia pragmática , corresponde aún en mayor medida a las verdades a las que se refiere, en última instancia, toda cosmología tradicional.
Hablamos de cosmología «tradicional» porque sin una tradición que aporte los necesarios puntos de apoyo, el espíritu humano difícilmente podría superar el plano del pensar consuetudinario a fin de extraer las verdades universalmente válidas, subyacentes al propio pensamiento, para cristalizarlas en la conciencia. Este proceso no consiste en repetir simplemente algunos esquemas conceptuales, puesto que las verdades de las que aquí se trata son conceptualmente inagotables; su manifestación se limitará siempre a un reflejo incompleto que sólo podrá estimular una nueva expresión de la intuición más profunda.
Las máximas intuiciones de que sea capaz el espíritu humano -y en este sentido es más que humano, pues coincide con la fuente luminosa interna de todo conocimiento- se refieren a la esencia de Dios mismo, llegando a cubrir un campo, por lo tanto, más amplio que el teológico en el sentido moderno de la palabra.  En realidad y sobre todo, compete a la teología comentar determinados dogmas revelados: ella deduce y enseña. La intuición espiritual, por el contrario, no está como tal ligada a ninguna forma prefijada. En segundo lugar, la teología se limita por norma  al puro Ser, correspondiente a la visión personal de Dios como creador, conservador y redentor. La intuición espiritual, en cambio, tiene la virtud de penetrar hasta el fondo primordial suprapersonal de la Divinidad, fondo que es, de suyo, absoluto: precisamente por el hecho de ser, el puro Ser ya está limitado a una primera aunque omnicomprensiva condición; por eso está, en cierto modo, autocondicionado, distinguiéndose así del Absoluto.

Llamaremos metafísica a la visión espiritual que se abre a lo Absoluto y a lo Infinito .
La cosmología no se refiere, como tal, ni al Absoluto ni al puro Ser, antes bien a la existencia, a la totalidad de los mundos creados o manifestados.  Sin embargo, como sin origen divino no habría cosmos, y éste, desde un punto de vista existencial, no puede ser más que una imagen limitada de lo divino, la cosmología se interesa también, indirectamente, por las verdades metafísicas, extrayendo de ellas sus certezas últimas.
Rigurosamente hablando, una teología puede subsistir aun sin una infraestructura cosmológica.  En las religiones monoteístas , por ejemplo, la conciencia de la omnipotencia divina es suficiente para colocar al mundo en su justo lugar, mientras que la conciencia de la omnipresencia de Dios desmonta, por así decirlo, la estructura cosmológica del mundo: siendo Dios omnipresente en su totalidad, y teniendo la virtud de revelarse en cualquier momento y de una manera conforme a quien reza, lo único decisivo es la relación entre el hombre y Dios.  Esto presupone, sin embargo, que el conocimiento de la omnipotencia y omnipresencia divinas no se vea invalidado por una falsa valoración del mundo, como ocurre inevitablemente cuando se le atribuye al mundo material una realidad prácticamente autónoma. Lo que obstaculiza la conciencia de Dios no es el hecho de tomar los progresos materiales por lo que son, sino el trastorno metódico de las jerarquías visibles de este mundo, la subordinación de los aspectos cualitativos de la existencia a los cuantitativos, el hecho de hacer derivar a los seres superiores de los inferiores, de reducir datos psíquicos a datos meramente fisiológicos, y otros juicios erróneos que pueden surgir de la ciencia moderna.  No se presentan aisladamente: actúan en conjunto como un muro impenetrable que se opone a cualquier visión realmente espiritual de las cosas.  En realidad, son los aspectos más sutiles, indivisibles, y no cuantitativamente mensurables del mundo los que sugieren su origen divino.  Sugerencia que necesita sostenes conceptuales: el hombre no puede referir el mundo a Dios sin entenderlo -al menos en principio- como un orden lógico.  La distancia entre el mundo y Dios hace, así, que en aquél nunca falten elementos sin sentido aparente; pero ningún hombre puede tolerar vivir totalmente en el absurdo, porque ello corta las alas de su espíritu.  Para el hombre, vivir en el absurdo es la mayor de las desdichas, ya que se ve obligado a evadirse con sofisticaciones terrenas.  Lo cual nos autoriza a decir que una civilización que no posea una cosmología en el verdadero sentido de la palabra, no es una auténtica civilización.
En verdad, sólo la visión metafísica de Dios es independiente de la cosmología y al mismo tiempo inmune a cualquier error cosmológico; para aquélla, el mundo no es sino un reflejo del Absoluto: no se puede oponer el mundo al Absoluto, como si coexistiera junto a él; frente al Absoluto, el mundo es simplemente nada; pero en la medida en que posee realidad, en su esencia, el mundo es el propio Absoluto.
Esta visión es quizá más directamente explícita en el Vedanta hindú, si bien informa también al Budismo Mahâyana en su doctrina de la unidad última de samsâra y Nirvâna.  Entre las religiones monoteístas, esta verdad, aun estando contenida en ellas, sólo se pone en evidencia en la dimensión esotérica; la encontramos expresada en sufíes como Muhyi-I-din lbn ‘Arabi, ‘Abd-al-Karin al-Yili, al-Sabistari y otros, así como en ciertos esoteristas hebreos y algunos maestros cristianos representantes de la gnosis en el sentido auténtico, no herético, de la palabra .
La enunciación vedántica por la cual el mundo no sería sino apariencia o ilusión, no debe entenderse como si con ello se pusiera en duda la realidad empírica del Mundo en sí; tomado en sí mismo, el mundo es lo que es; sólo que este -tomar en sí mismo- incluye un engaño o, mejor dicho, cierto punto de vista provisional, casi onírico, en la medida en que el mundo no posee ninguna realidad autónoma; es totalmente relativo, un mero reflejo que, sin el Sí divino que en él se contempla y sin el espejo divino que lo manifiesta no sería del todo.
La concepción metafísica no caerá nunca en la tentación de considerar un aspecto parcial del cosmos, por ejemplo, el mundo corpóreo, como algo independiente, ni se dejará inducir a atribuir al pensamiento una realidad mayor de la que efectivamente le corresponde: el espíritu humano no podría comprender del todo el universo si no fuera, en su más profunda esencia, idéntico al Origen de éste.
Por esta razón, la clave de cualquier auténtica cosmología es la doctrina de la Esencia universal del espíritu: en realidad, sólo tiene garantía una ciencia cuando se la puede llevar hasta el punto en que ser y conocer, objeto y sujeto, coincidan: esto es lo que ocurre con la Esencia universal del espíritu.
No pretendemos decir con ello que la cosmología como tal tenga por objeto el espíritu puro; su ámbito más real es la existencia, el mundo «objetivo» en su estructura, aun permaneciendo siempre en conexión con la doctrina de la Esencia universal del espíritu.  Un ejemplo muy claro de esto es la cosmología hindú representada por la escuela; o, mejor dicho, el «punto de vista» doctrinal (darshana) del Sânkhya: el fundamento de todo lo que se contempla, desde este punto de vista, es Prakriti, la materia prima que, aun siendo de suyo indefinible-, lleva en sí todos los posibles modos de existencia; Prakriti es la raíz de toda multiplicidad; todos los niveles y todos los contrarios se desarrollan a partir de ella. Sin embargo, es totalmente pasiva y los modos que contiene potencialmente se despliegan sólo por intervención de su polo complementario «esencial» y activo, Purusha. Este no interviene personalmente en el devenir cósmico; no participa en ninguna de las transformaciones determinadas por su presencia; a través de todos los estados cósmicos permanece inmóvil en sí mismo, aun siendo acción pura, así como Prakriti por sí sola es siempre pasividad imperturbable e inmutable. En cierto modo, todo «tomar forma» parte del polo activo, Purusha; mientras que el polo pasivo, Prakriti, se limita a reflejar; y desde otro punto de vista, todo cambio y limitación vienen determinados sólo por la materia prima, Prakriti, mientras Purusha, el contenido puro de todas las cosas, permanece intacto.
Purusha puede ser equiparado al espíritu, así como Prakriti puede considerarse como materia prima; sin embargo, la relación entre los dos polos existenciales, tal como los concibe la cosmología hindú, no tiene nada en común con el dualismo cartesiano de «espíritu» y cmateria»: Purusha no consiste en pensamiento, y Prakriti no tiene extensión ni masa; Purusha es ciertamente cognoscitivo, pero su conocer es esencial, y como tal no sólo comprende a la existencia, sino que, además, la determina en su esencia.
Purusha y Prakriti, por otra parte, sólo se distinguen entre sí en lo que respecta a sus efectos cósmicos; en su origen, en el Ser puro, están unificados, no teniendo la acción pura otro objeto que la pasividad pura, ni ésta otro contenido que la acción pura, determinada sólo por sí misma .
Tomando al cosmos como tal, se puede considerar cada campo o cada modo existencia, bien desde la perspectiva de la esencialidad activa y formativa, Purusha, bien desde la perspectiva de la materia prima, Prakriti. Considerando los impulsos de la esencia de las cosas, su configuración material parece accidental, y, partiendo de ésta, la esencia no puede captarse simultáneamente.  Es como si de una casa se dijera que consiste en piedras, cimientos, vigas y tejas y presupusiéramos tácitamente la forma global de la propia casa.  Volvemos a encontrar estos dos puntos de vista o «dimensiones» de la realidad cósmica en la distinción peripatética entre «forma» y «materia». La «forma» en este sentido esencial se refiere al polo existencial, activo, Purusha; mientras la materia primordial, la hyle o materia prima, corresponde a Prakriti  .
La cosmología del Sânkhya parece ocuparse sólo de lo que nace de Prakriti, como conviene a una visión anclada en la existencia «objetiva», aunque siempre presupone la presencia de Purusha.
En realidad, a toda auténtica ciencia le corresponde una visión más o menos limitada y tiene el derecho a limitarse a esa visión con tal que reconozca los principios de una visión más amplia. El objeto de la cosmología es la existencia diferenciada; su presupuesto es la doctrina del Ser unitario, comprendida a su vez en la doctrina del Infinito y del Absoluto de la metafísica pura.
En virtud de sus tres niveles, espíritu, alma y cuerpo, el hombre es como una imagen del universo entero.  Aunque no puede captar los diversos planos de la existencia en todo su alcance y en todas sus variaciones, puede saber, en principio, mediante la contemplación de sus propias «dimensiones» externas e internas, cómo está «construido» el universo; su espíritu, que «hacia abajo» se ramifica en los sentidos y «hacia arriba» alcanza con su raíz al Ser indiferenciado y al Ente supremo, le permite captar, de algún modo, el eje entero del universo. El saber tradicional garantiza, por lo tanto, conocimientos incomparablemente más profundos y reales que todas las enseñanzas de la ciencia moderna, aunque a veces, en el plano meramente empírico, sus representaciones sean «ingenuas», es decir, simplemente humanas. En el terreno de los fenómenos infinitamente múltiples y al mismo tiempo limitados, todo conocimiento no puede ser, de cualquier modo, más que provisional.
De acuerdo con la visión cristiana del mundo, el conocimiento de la esencia universal absoluta del Espíritu, en que se basa cualquier auténtica cosmología, viene dado por la doctrina joanea  del Logos, «por el que todas las cosas han sido hechas»; y que, al mismo tiempo, es la luz que «ilumina a todo hombre que viene a este mundo» (Juan, I, 3-9); el Logos es el origen del universo, la quintaesencia de la existencia en la que se contienen las posibilidades de todas las cosas creadas; y al propio tiempo es la fuente luminosa de todo conocimiento, sin la cual ninguna percepción, ningún paso del «objeto» al «sujeto», serían posibles. El Logos es el Verbo divino; en su ser determinado se determina y se manifiesta también la multiplicidad de sus posibilidades, y, sin embargo, todo permanece en él y, con él, en Dios.
El aspecto cosmológico del Logos, que no descubre el secreto intrínsecamente divino de las tres Personas, está trazado en la concepción plotiniana del primer espíritu o intelecto (nous), y que escapa a la doctrina cristiana; el espíritu es la primera emanación del Uno supremo; por el hecho de que él mira al Uno y, reflejándolo, objetiviza el contenido inagotable de su visión, de él nace el mundo entero.  Si se entiende este nacer del espíritu a partir del Uno y del mundo a partir del espíritu en la manera en que es entendido, es decir, no como un surgir material, sino como una emanación o un reflejo que no añade ni quita nada al Uno supremo, en esta concepción no hay nada que refute la transcendencia divina; al contrario, se inserta como una dimensión cosmológica en la doctrina joanea del Logos, dando así origen, al mismo tiempo, a la teoría de la jerarquía de la realidad como una expresión de la infinitud contenida en la unidad divina.  Esta infinitud exige su espejo, el espíritu universal, de cuyo reflejo infinito nace el alma universal (psyche) que, reflejando a su vez al espíritu universal, produce la naturaleza (physis) y, finalmente, al mundo corpóreo; en cada nivel, la realidad se hace más exterior, limitada, fragmentaria, aun estando fundamentalmente contenida en el espíritu universal y, por ello, en el Uno supremo. Todo esto debe interpretarse no en un sentido literal, sino simbólico; no obstante, esta terminología puede dar razón de todas las representaciones concretas de la realidad cósmica.
Que el Cristianismo se vale de la doctrina plotiniana del reflejo o fragmentación gradual de la única luz divina, se evidencia, entre otros, en el siguiente pasaje de la Divina Comedia de Dante:
Lo que no muere y lo que puede morir
no son más que reflejos de aquella idea
que nuestro Señor engendra con su amor.
Porque la viva luz que de su luminar surge,
de él no se separa
ni del amor que a ambos entrelaza .

No hay duda, empero, de que existe una diferencia entre la representación bíblica de la creación y la doctrina plotiniana de la emanación de la existencia a partir del Uno; diferencia fácilmente superable, no obstante, si se miran con perspectiva ambas terminologías y se hace justicia al símbolo; ¿qué puede significar, en efecto, la afirmación bíblica de que Dios ha creado el mundo «de la nada» (ex nihilo) sino que Dios no ha creado el mundo de otra materia que exista fuera de Él?  Pero si el mundo no tiene otra realidad que la que le viene de Dios, en este sentido no es sino su reflejo o su emanación. Mientras que el símbolo del crear evoca la representación de una actividad divina, el símbolo del emanar es estática; recuerda a una luz cuya naturaleza es resplandecer, y que necesariamente resplandece, puesto que es.
En este sentido, los cosmólogos griegos y los filósofos posteriores concibieron el cosmos como expresión necesaria del Ente divino y, por lo tanto, como eterno.  A su entender, el cosmos tomado como entidad, no tiene ni principio ni fin temporales, mientras que, según la Biblia, el universo empezó en el mismo momento en que Dios lo creó.  La aparente contradicción entre ambas concepciones se resuelve, sin embargo, cuando se considera que el tiempo, como expresión del cambio y del tránsito, no puede ser anterior a la creación.  El tiempo fue creado con el mundo; por eso el principio del mundo no es de naturaleza temporal, aunque pueda expresarse en términos temporales con una visión que represente simbólicamente los efectos divinos como acción.  Lo que en la teoría de las emanaciones divinas aparece como una jerarquía que va desde una realidad superior hasta una realidad inferior, en el relato de la creación se presenta como un desarrollo temporal. Efectivamente, el mundo corpóreo tiene un principio temporal y un fin temporal; pero en un sentido fundamental o, si se quiere, lógico, el universo empieza y termina fuera del tiempo, desde el momento en que su imprevisible duración es nula respecto a la eterna «hora de Dios».
Los Evangelios no hablan de la estructura del universo y no parecen aportar ningún punto de referencia para una cosmología.  En realidad, la cosmología cristiana se refiere principalmente al relato de la creación tal como es referida en el Antiguo Testamento, utilizando al propio tiempo la herencia de los cosmólogos griegos. Se la puede definir, por lo tanto, como ecléctica, sin que ello signifique que de suyo esté dividida; las diversas tradiciones no coinciden por azar, sino que se complementan recíproca y providencialmente: a la creación bíblica, que reviste una forma mitológica, es decir, puramente metafórica, se añade, a modo de comentario, la cosmología griega, cuya terminología, relativamente racional, permanece neutra desde el punto de vista de la simbología y del de la doctrina de la salvación.
Todo esto no tiene nada que ver con el sincretismo, que sólo aparece cuando se entremezclan los planes y las terminologías espirituales.  El mito bíblico de la creación y la cosmología griega no son ni irreconciliables en sus puntos de vista ni intercambiables; sin embargo, sería imposible mezclar, por ejemplo, la cosmología budista con el lenguaje simbólico de la Biblia.  El relato bíblico de la creación adopta la forma de un drama, representando una acción divina que se desarrollaría simbólicamente en el tiempo, de modo que las condiciones primordiales y las condicionadas, es decir, lo eterno y lo efímero, se distingan como un «antes» y un «después».  La cosmología griega, por el contrario, corresponde a una visión estática del universo; describe su estructura tal como es «ahora» y «siempre», como una jerarquía de condiciones existenciales cuyos grados inferiores estarían determinados por el tiempo, el espacio y el número, mientras que los grados superiores escaparían del transcurso del tiempo, de los límites espaciales y de otras condiciones análogas.  Esta teoría se presenta natural y providencialmente como un comentario científico a los símbolos bíblicos.  El mito bíblico es revelado; sin embargo, la cosmología griega no es tampoco de origen meramente racional y, por lo tanto, puramente humana; aun en Aristóteles, que con mucha razón puede considerarse como el predecesor del racionalismo occidental, algunos conceptos fundamentales, tales como la distinción entre «forma» (eidos) y «materia» (hyle) no son, de suyo, de naturaleza meramente racional, y derivan, desde luego, de un saber sagrado y, por lo tanto, al margen del tiempo. Aristóteles tradujo una sabiduría transmitida a una dialéctica ontológica, en base a la ley de que, a su modo, la lógica tiene la virtud de reflejar la ontología, la unidad de la existencia (Ninguna cosa puede a la vez ser y no ser); pero la limitación de este método consiste exactamente en el hecho de que sólo representa la realidad en la medida en que ésta sea lógicamente representable, es decir, sólo en el marco de la existencia, con exclusión de las verdades supremas, puramente metafísicas. Platón y Plotino van mucho más allá; superan la cosmología «objetiva» de Aristóteles usando las formas conceptuales como meros símbolos y anteponiendo la visión espiritual al pensamiento lógico. La cosmología cristiana -y esto es válido para la cosmología islámica y la hebrea del medioevo- tomó de Aristóteles el pensamiento analítico y de Platón la teoría de los arquetipos, base de toda simbología .
La fusión entre el patrimonio cosmológico griego y el monoteísmo de tipo semítico  se completó con el intercambio, vivo entre los espíritus de los mundos cristiano, islámico y hebreo. De hecho, en estos credos la visión del mundo era esencialmente la misma hasta finales del medioevo.  Las diferencias sólo se producirían en la medida en que la simbología particular de cada fe se extendía también al campo cosmológico: la teoría de los nombres y de las cualidades divinas tiene sus aplicaciones cosmológicas y, por su contenido, la ciencia de los ángeles forma parte de la cosmología. Los contrastes reales sólo subsisten entre las diversas soteriologías, en las que el saber cosmológico apenas afloraba . No faltan, por otra parte, conexiones que se extienden de toda la cosmología occidental hasta las teorías correspondientes de las civilizaciones asiáticas.  Sin embargo, a partir de estas relaciones más o menos históricamente verificables, no puede llegarse a la conclusión de que una cosmología como la occidental de la Edad Media se haya desarrollado por azar y por razones exteriores a las que representa. La correspondencia entre la visión cósmica de los tres credos demuestra ya cómo los elementos antiguos utilizados en la estructura de la cosmología medieval sólo habían servido para estimular y expresar una visión de por sí unitaria, determinada por la Esencia del espíritu y la naturaleza de las cosas.

La cosmología es un modo indirecto de conocimiento de Dios; y aunque lo mismo pueda decirse de la fe, será en un sentido totalmente distinto. Si bien la fe empeña ante todo a la voluntad, como decisión personal hacia un objetivo presentido pero no totalmente conocido, la cosmología tiene desde el primer momento un carácter cognoscitivo y, por lo tanto, impersonal, en virtud del cual se acerca a la gnosis en el sentido real, no herético, de la palabra.  Por otra parte, la fe se relaciona con la gnosis por su incapacidad de subsistir desvinculada de una visión espiritual metafísica más sublime, que tenga por objeto, no al universo, sino al propio Dios, y que sepa interpretar la teoría de lo absolutos contenida en las Sagradas Escrituras y aplicarla a todos los aspectos de la realidad .
¿Debe, pues, una cosmología expresarse en los mismos términos forjados por los maestros medievales mediante una síntesis del patrimonio platónico y aristotélico?  Si bien no es necesario que se exprese con ellos, sigue siendo indispensable que los comprenda. En nuestros días, se considera con demasiada facilidad que una renovación espiritual pase por un desembarazarse de las formas transmitidas en favor de un contenido que aún no se posee ni se está en condiciones de fijar; sólo se consigue una auténtica renovación espiritual mediante un conocimiento mejor y más en profundidad de lo que encierran las formas tradicionales. Al espíritu no lo sofoca la forma, sino el uso desprovisto de sentido que de ella se hace.
En la visión antigua y medieval del mundo, cosmología y filosofía estaban estrechamente vinculadas entre sí.  Se separaron precisamente cuando la cosmología se redujo a una mera descripción del universo visible; así, la filosofía pierde su fondo universalmente válido y asume gradualmente el carácter solitario, oportunista y arbitrario que hoy la caracteriza. Las ciencias naturales y la filosofía moderna son como las dos mitades de una entidad perdida: una de ellas se desarrolla hacia la «objetividad», y la otra hacia la «subjetividad».  La entidad se perdió cuando se abandonó su eje seguro, que no es sino la doctrina transmitida del espíritu. Por otra parte, es perfectamente plausible que cualquier investigación sobre la verdad plantee ante todo la siguiente pregunta: ¿Existe alguna razón para que el hombre tenga la facultad de conocer la verdad en cualquier medida o respecto?  O la facultad cognoscitiva del hombre participa de una luz que nace a su vez de la fuente de toda verdad y de todo ser, o no existe verdad alguna.
Quizá el mejor modo de demostrar cuáles son los criterios de verdad propuestos por la cosmología tradicional consista en señalar los errores y contradicciones inherentes a la ciencia moderna de la naturaleza y que sólo pueden ser eliminados y superados con la ayuda de tina verdadera cosmología.  En los capítulos siguientes nos detendremos, por tanto, en tres aspectos típicos de las ciencias naturales modernas, relativos a la materia inorgánica, a la vida y a la psique humana, arrojando luz, de vez en cuando, sobre las tesis modernas desde el punto de vista de la cosmología tradicional.  Para demostrar finalmente qué posibilidades espirituales son inherentes a una visión cosmológica del mundo, añadiremos una interpretación de algunos pasajes del gran poema de Dante. Si con ellos nos desviamos del ámbito propiamente cosmológico, se demostrará, en cambio, cómo, en una «visión del mundo» auténtica y realmente provista de sentido, las cosas están entrelazadas y se produce una conexión entre lo ínfimo y lo más sublime.

El bibliocausto nazi

El bibliocausto nazi
por Fernando B�ez (*)

Todos, en alg�n momento dado, deben haber o�do hablar del Holocausto Jud�o, nombre dado a la aniquilaci�n sistem�tica de millones de jud�os a manos de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Pero conviene advertir, y eso desde el inicio, que este genocidio tuvo su equivalente. Tambi�n hubo un Bibliocausto, donde 100 millones de libros fueron destruidos directa o indirectamente por el mismo r�gimen. Entender c�mo se gest� puede permitirnos comprender cuanta raz�n ten�a Heinrich Heine cuando escribi� prof�ticamente en su obra Almanzor (1821): […]donde los libros son quemados, al final tambi�n son quemados los hombres[…]. La destrucci�n de libros de 1933 fue, a mi juicio, apenas un pr�logo a la matanza siguiente. Las hogueras de libros inspiraron los hornos crematorios. Y esto merece una reflexi�n detenida, porque se trata de un acontecimiento que marc� para siempre la vida de millones de hombres y va a continuar como uno de los hitos m�s siniestros de la historia.
El comienzo de esta barbarie tiene fecha: el 30 de enero de 1933, cuando el presidente de la llamada Rep�blica de Weimar, en Alemania, Paul Ludwig Hans Anton Von Beneckendorff Und Von Hindenburg (1847-1934), design� a Adolfo Hitler como canciller. Trataba de reconocer as� la inestable mayor�a de este iracundo pol�tico; viejo y cort�s, Hindenburg ignor� lo que sobrevino casi de inmediato: un per�odo pol�tico y militar conocido posteriormente como El Tercer Reich (El Tercer imperio). Hitler, quien hab�a sido cabo en el ej�rcito, frustrado pintor, gestor de fracasado golpe de Estado en 1923, utiliz� una estrategia de intimidaci�n contra los jud�os, los sindicatos y el resto de los partidos pol�ticos. No era, como puede pensarse ligeramente, un loco, sino la voz m�s visible de una idiosincracia germana totalitaria.
El 4 de febrero, la Ley para la Protecci�n del Pueblo Alem�n restringi� la libertad de prensa y defini� los nuevos esquemas de confiscaci�n de cualquier material considerado peligroso. Al d�a siguiente, las sedes de los partidos comunistas fueron atacadas salvajemente y sus bibliotecas destruidas. El 27, el Parlamento Alem�n, el famoso Reichstag, fue incendiado, junto con todos sus archivos. El 28, la reforma de la Ley para la Protecci�n del Pueblo Alem�n y el Estado, legitim� medidas excepcionales en todo el pa�s. La libertad de reuni�n, la libertad de prensa y la de opini�n, quedaron restringidas. En unas elecciones controladas, el Partido de Hitler, conocido como Partido Nazi, obtuvo la mayor�a del nuevo Parlamento y se decret� oficialmente el nacimiento del Tercer Reich.
Alemania, obviamente, estaba transformando sus instituciones despu�s de la terrible derrota sufrida durante la I Guerra Mundial. Hitler, quien no era alem�n, fue considerado como el un estadista id�neo para rescatar la autoestima colectiva, y sus purgas contra la oposici�n lo convirtieron en un l�der temido. Su eficacia, no obstante, estaba sustentada en varios hombres. Uno de ellos era Hermann G�ring; el otro era Joseph Goebbels. Ambos eran fan�ticos, pero el segundo fue quien convenci� a Hitler de la necesidad de extremar las medidas que ya ven�an ejecutando, y logr� su designaci�n al frente de un nuevo �rgano del Estado, el Reichsministerium f�r Volksaufkl�rung und Propaganda (Ministerio del Reich para la Ilustraci�n de Pueblo y para la Propaganda).
Goebbels estaba consciente de sus ideas, y Hitler le dio carta blanca. Ten�a una fe absoluta en su amigo, as� como buenas razones para creer ciegamente en sus aciertos. Goebbels, quien no hab�a ingresado al Ej�rcito por ser patizambo, se hab�a doctorado como Fil�logo, en 1922, en la Universidad de Heidelberg, donde fue profesor Friedrich Hegel en el siglo XIX. Era un lector apasionado de los cl�sicos griegos y, en cuanto a pensamiento pol�tico, prefer�a el estudio de los textos marxistas y de todo lo escrito que existiera contra la burgues�a. Admiraba a Friedrich Nietzsche, recitaba poemas de memoria, y, escrib�a textos dram�ticos y ensayos. Cuando se uni� a Hitler, reconoci� su verdadera vocaci�n, como lo dijo muchas veces, y ya con el cargo de Ministro, en 1933, reuni� un equipo de trabajo para redactar la Ley Relativa al Gobierno del Estado, sancionada el 7 de abril de ese a�o. Indudablemente, ahora ten�a un control absoluto sobre la educaci�n y foment� un cambio total en las escuelas y universidades. El 8 de abril se envi� un memorando a las Organizaciones Estudiantiles Nazis, en el cual se propon�a la destrucci�n de aquellas obras consideradas peligrosas en las bibliotecas de Alemania. De todos modos, ya el mes anterior, exactamente el d�a 26 de marzo, se quemaron libros en Schillerplatz, en un lugar llamado Kaiserslautern. El primero de abril, Wuppertal sufri� saqueos y quemas de libros en Brausenwerth y en Rathausvorplatz.
Algo terrible se gest� entonces. Una especie de fervor inusitado que estaba limitado por la presi�n internacional europea, despert� entre los estudiantes e intelectuales alemanes. Un odio manejado por osadas r�fagas de propaganda se extendi� en las aulas, y el resultado no se hizo esperar. El 11 de abril, en D�sseldorf, se destruyeron libros de contenido comunista y jud�o. Algunos de los m�s importantes fil�sofos alemanes, sin ser obligados a ello, como Martin Heidegger, adhirieron las ideas de Goebbels. En abril, Heidegger fue designado Rector de la Universidad de Friburgo y el 1 de mayo se hizo miembro del NSDAP, lo cual indica que debi� recitar el siniestro juramento de esa organizaci�n.
El 2 de mayo, en la Gewerkschaftshaus de Leipzig, se destruyeron textos, pero fue realmente el 5 de mayo de 1933 cuando empez� todo. Los estudiantes de la Universidad de Colonia fueron a la biblioteca, y en medio de l�grimas y risas, recogieron todos los libros de autores jud�os o de procedencia jud�a. Horas m�s tarde, los quemaron. Estaba bastante claro que esa era la v�a elegida para mandar un mensaje al mundo entero. Y los actos as� lo probaron.
Los estudiantes estaban fren�ticos. El d�a 6, del mismo mes, la juventud del Partido Nazi y miembros de otras organizaciones, sacaron media tonelada de libros y folletos del Instituto de Investigaci�n Sexual de Berl�n. Goebbels, indetenible, preparaba reuniones todas las noches porque se hab�a decidido iniciar un gran acto de desagravio a la cultura alemana. Como fecha tentativa, se propuso el 10 de mayo. El 8 de mayo hubo algunos des�rdenes en Friburgo, y destrucciones de libros.
El 10 de mayo fue un d�a agitado desde temprano. Miembros de la Asociaci�n de Estudiantes Alemanes se agolparon en la biblioteca de la Universidad Wilhelm Von Humboldt y comenzaron a recoger todos los libros prohibidos por el r�gimen. Hab�a una euforia inesperada, fluctuante. Finalmente, los libros, junto con los que se hab�an obtenido en otros centros, como el Instituto de Investigaciones Sexuales o en las bibliotecas de jud�os capturados, fueron transportados a Opernplatz. En total, el n�mero de obras sobrepasaba los 25.000. Pronto, se concentr� una multitud alrededor de los estudiantes. �stos empezaron a cantar un himno que caus� gran impresi�n entre los espectadores. La primera consigna fue fulminante: Contra la clase materialista y utilitaria. Por una comunidad de Pueblo y una forma ideal de vida. Marx, Kautsky .
La hoguera ya estaba encendida. Tal vez nadie pod�a creer lo que pasaba, pero una de las capitales m�s cultas del mundo, donde se encontraban algunas de las m�s importantes universidades europeas, fue el centro de una de las quemas de libros m�s impresionante de la �poca. Joseph Goebbels, quien dirig�a todas las acciones, levant� la voz y despu�s de saludar con un estruendoso Heil, explic� los motivos de la quema: La �poca extremista del intelectualismo jud�o ha llegado a su fin y la revoluci�n de Alemania ha abierto las puertas nuevamente para un modo de vida que permita llegar a la verdadera esencia del ser alem�n. Esta revoluci�n no comienza desde arriba, sino desde abajo, y va en ascenso. Y es, por esa raz�n, en el mejor sentido de la palabra, la expresi�n genuina de la voluntad del Pueblo[…]
�Durante los pasados catorce a�os Uds., estudiantes, sufrieron en silencio vergonzoso la humillaci�n de la Rep�blica de Noviembre, y sus bibliotecas fueron inundadas con la basura y la corrupci�n del asfalto literario de los jud�os. Mientras las ciencias de la cultura estaban aisladas de la vida real, la juventud alemana ha reestablecido ahora nuevas condiciones en nuestro sistema legal y ha devuelto la normalidad a nuestra vida[…]
�Las revoluciones que son genuinas no se paran en nada. Ninguna �rea debe permanecer intocable[…]
�Por tanto, Uds. est�n haciendo lo correcto cuando Uds., a esta hora de medianoche, entregan a las llamas el esp�ritu diab�lico del pasado[…]
�El anterior pasado perece en las llamas; los nuevos tiempos renacen de esas llamas que se queman en nuestros corazones[…]
Los cantos entonces prosiguieron y al final de cada estrofa se aplic� la medida de arrojar los libros de aquellos autores mencionados:
Contra la decadencia misma y la decadencia moral. Por la disciplina, por la decencia en la familia y en la propiedad.
Heinrich Mann, Ernst Glaeser, E. Kaestner
Contra el pensamiento sin principios y la pol�tica desleal. Por la dedicaci�n al Pueblo y al Estado.
F.W. Foerster.
Contra el desmenuzamiento del alma y el exceso de �nfasis en los instintos sexuales. Por la nobleza del alma humana.
Escuela de Freud.
Contra la distorsi�n de nuestra historia y la disminuci�n de las grandes figuras hist�ricas. Por el respeto a nuestro pasado.
Emil Ludwig, Werner Hegemann.
Contra los periodistas jud�os dem�cratas, enemigos del Pueblo. Por una cooperaci�n responsable para reconstruir la naci�n.
Theodor Wolff, Georg Bernhard.
Contra la deslealtad literaria perpetrada contra los soldados de la Guerra Mundial. Por la educaci�n de la naci�n en el esp�ritu del poder militar.
E.M. Remarque
Contra la arrogancia que arruina el idioma alem�n. Por la conservaci�n de la m�s preciosa pertenencia del Pueblo.
Alfred Kerr
Contra la impudicia y la presunci�n. Por el respeto y la reverencia debida a la eterna mentalidad alemana.
Tucholsky, Ossietzky
La operaci�n, cuyas caracter�sticas se hab�an mantenido en secreto hasta ese instante, se revel� pronto en su verdadera dimensi�n porque el mismo 10 de mayo, hubo una quema de libros en numerosas ciudades alemanas. La lista de quemas incluy� varias ciudades y fue casi simult�nea para causar p�nico: Bonn, Braunschweig, Bremen, Breslau, Dortmund, Dresden, Frankfurt/Main, G�ttingen, Greifswald, Hannover, Hannoversch-M�nden, Kiel, K�nigsberg, Marburg, M�nchen, M�nster, N�renberg, Rostock y Worms. Finalmente hay que mencionar W�rzburg, en cuya Residenzplatz se incineraron cientos de escritos.
Y, como si se tratara de una avalancha, Goebbels insisti� en continuar con estas quemas de libros prohibidos. No hubo un rinc�n en el que los estudiantes y los miembros de las juventudes hitlerianas no destruyeran obras. El 12 de mayo, se eliminaron libros en Erlangen Schlo�platz, en la Universit�tsplatz de Halle-Wittenberg. Al parecer, el 15 de mayo, algunos miembros apilaron textos en Kaiser-Friedrich-Ufer, en Hamburgo, y a las once de la noche, despu�s de un discurso ante una escasa multitud, los quemaron. La apat�a preocup� a los integrantes de los incipientes servicios de inteligencia del partido y se decidi� repetir el acto. El 17 de ese mes, la Universit�tsplatz, de Heidelberg  se conmovi� cuando hasta los ni�os participaron en estas acciones. Tambi�n el 17 se volvi� a utilizar la Jubil�umsplatz, en Heidelberg, para las quemas. Hubo otras destrucciones adicionales el 17 de mayo: en la Universidad de Colonia, en la ciudad de Karlsruhe.  
El 19 de mayo, Hitler estaba totalmente emocionado. Y Goebbels, seguro de los efectos de este �xito, pidi� a los j�venes no detenerse. El mismo 19, el horror se mantuvo en el Museo Fridericanum, en Kassel, y en la Me�platz, de Mannheim. El 21 de junio, en tres regiones se quemaron libros. Por una parte, estaba Darmstadt,  en cuya Mercksplatz se llevaron a cabo los hechos; por otra, Essen y la m�tica ciudad de Weimar. Varios a�os m�s tarde, espec�ficamente el 30 de abril de 1938, la Residenzplatz, de la famosa Salzburgo, fue utilizada por estudiantes y militares para una destrucci�n masiva de ejemplares condenados.
El impacto producido por las quemas de mayo 1933 fue enorme. Sigmund Freud, cuyos libros fueron seleccionados para ser destruidos, dijo ir�nicamente a un periodista que semejante hoguera era un avance en la historia humana:
En la Edad Media ellos me habr�an quemado. Ahora se contentan con quemar mis libros[…]
Freud, por descuido, tal vez, olvid� en su broma que �l hubiera sido quemado en un horno si se hubiese quedado en Alemania.
Varios grupos intelectuales marcharon en Nueva York contra estas medidas . La revista Newsweek no vacil� en hablar de un �holocausto de libros� y la revista Time utiliz� por primera vez el t�rmino de �bibliocausto�. Los japoneses, impresionados, condenaron los ataques. El repudio, en suma, fue total.
No obstante, seg�n el ensayista W. J�tte , el rechazo no evit� que se destruyeran todas las obras de m�s de 5.500 autores. Los principales textos de los m�s destacados representantes de inicios del siglo XX alem�n recibieron vetos continuos y ardieron sin piedad. La Comisi�n para la reconstrucci�n cultural judeo-europea, estableci� que en 1933 hab�a 469 colecciones de libros jud�os, con m�s de 3.307.000 vol�menes distribuidas de modo irregular. En Polonia, por ejemplo, hab�a 251 bibliotecas con 1.650.000 libros; en Alemania, 55 bibliotecas con 422.000 libros; en la Uni�n Sovi�tica, 7 bibliotecas con 332.000 libros; en Holanda, 17 bibliotecas con 74.000 libros; en Rumania hab�a 25 bibliotecas con 69.000 libros; en Lituania hab�a 19 bibliotecas con 67.000 libros; y en Checoslovaquia hab�a 8 bibliotecas con 58.000 libros. Al finalizar la II Guerra Mundial, no qued� ni la cuarta parte de estos textos. Los libros jud�os eran considerados �enemigos del pueblo� y estaban visiblemente prohibidos. Entre 1941 y 1943, los due�os de las colecciones eran deportados y sus bibliotecas confiscadas. Un informe confidencial del erudito Ernst Grumach revela que la Gestapo convirti� en pulpa de papel cientos de obras para poder sacar folletos y revistas propagand�sticas . Las colecciones judaicas de Polonia y Viena se quemaron en un incendio en las oficinas de la Reichssicherheitshauptamt (Oficina Central de Seguridad del Reich), ocurrido entre el 22 y 23 de noviembre de 1943.
En Polonia, los Brenn-Kommandos acabaron con las sinagogas jud�as y prendieron fuego a la Gran Biblioteca Talm�dica del Seminario Teol�gico Jud�o de Lubl�n. Un informe nazi sobre este hecho se conserva: Para nosotros es motivo de especial orgullo destruir la Academia Talm�dica, conocida como una de las m�s grandes de Polonia[…]Nosotros sacamos la notable biblioteca talm�dica fuera del edificio y colocamos los libros en el mercado, donde les prendimos fuego. El fuego demor� veinte horas[…]
Desde 1939, no hubo una semana en la cual no se produjese un ataque contra una biblioteca o museo polaco. La Biblioteca Raczynsky, la Biblioteca de la Sociedad Cient�fica y la Biblioteca de la Catedral (dotada con una renombrada colecci�n de incunables), sufrieron quemas devastadoras. La biblioteca Nacional de Varsovia, en octubre de 1944, fue destruida con tal sa�a que se quemaron 700.000 libros. Esto no es todo: la biblioteca militar, con 350.000 obras, fue arrasada. Cuando los alemanes abandonaban el pa�s, quemaron los archivos de la Biblioteca P�blica de Varsovia. La Biblioteca Tecnol�gica de la Universidad de Varsovia, con 78.000 libros, fue atacada y destruida en 1944. A duras penas, los bibli�filos rescataron 3.850 t�tulos unos a�os despu�s.
La persecuci�n afect� al matem�tico Waclaw Sierpinski (1882-1969), famoso por haber resuelto un problema planteado por Gauss y por haber escrito libros ininteligibles como La teor�a de los n�meros irracionales (1910). En 1944, los nazis, preocupados por sus hallazgos, arrasaron su biblioteca y la de otros colegas suyos. Seg�n los expertos, unos 15.000.000 de libros desaparecieron en Polonia. Entre 1938 y 1945, el ej�rcito alem�n, inspirado por el mito de una raza pura con textos sagrados, invadi� tambi�n Checoslovaquia. Casi de inmediato, las bibliotecas de la zona de Sudetenland sufrieron saqueos y numerosos ataques adem�s de quemas p�blicas de libros.
La biblioteca Nacional de la Universidad de Praga fue severamente da�ada y al menos 25.000 libros desaparecieron. Todos los vol�menes de la biblioteca de la Facultad de Ciencias Naturales fueron destruidos. Al final de la ocupaci�n, ya no exist�an 2.000.000 de obras y cl�sicos como la Biblia Eslava y siete c�dices preciosos pertenecientes a la biblioteca de Jan Hodejovsky, quedaron en cenizas .
Hitler, por su parte, no distrajo jam�s su afecto por Goebbels y le perdon� todo, hasta sus reiterados deslices con prostitutas jud�as. El d�a de su suicidio, en 1945, lo nombr� Canciller del Reich. Y Goebbels, acept� este honor, pero por unas horas. Casi como si se tratara de una simetr�a perversa, el 1 de mayo, el mes de la gran quema de libros, acab� con todos sus hijos, mat� a su esposa, y luego, no sin esbozar una sonrisa de triunfo y alzar la mano celebrando al F�hrer, se dio muerte .
Poco despu�s, y agrego este comentario ir�nico a modo de final, los libros de la biblioteca personal de Hitler fueron encontrados en una mina de sal cerca de Berchtesgaden por un grupo de soldados de la Divisi�n 101. De una colecci�n de m�s de 16000 libros, quedaban 3000 libros, pero algunos m�s fueron robados y los otros destruidos debido a los datos que conten�an, y el resto, unos 1200, fueron transferidos a la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos en enero de 1952, y desde entonces permanecen all�. Lo interesante de este hallazgo fue que nos permiti� saber que Hitler era lector voraz, un bibli�filo preocupado por las ediciones antiguas, por Arthur Schopenhauer, y una devoci�n entera por Magie: Geschichte, Theorie, Praxis (1923) de Ernst Schertel, obra en la que todav�a se puede encontrar subrayado de su pu�o y letra la frase:
Quien no lleva dentro de s� las semillas de lo demon�aco nunca dar� nacimiento a un nuevo mundo
Esta frase curiosa, sesgada, resaltada, puede ser la que explique el horror descrito en este cap�tulo.

DESTRUCCIÓN DE LIBROS

“Mira en la conspiración universal, dirigida al exterminio del júbilo y a la ruina de la belleza, el retorno y el establecimiento definitivo de los antiguos fantasmas del caos y de la nada…”
J.A. Ramos Sucre, El retórico

TODOS LOS FUEGOS, EL FUEGO

No veo cómo comenzar esta historia atroz sin formular algunas premisas:
a) La veneración fanática por un libro convertido en un talismán cultural sagrado causó la aniquilación de miles de libros.
Esto y lo que sigue: el fervor extremista asignó una condición mágica al contenido de una obra (llámese Corán, Biblia o el programa de un movimiento religioso, social, artístico o político) y legitimó su procedencia divina (Dios como autor o en su defecto un iluminado). Es el mito de la Obra Sagrada, a secas. De ahí, y sin reservas, que sobreviniera la condena más absoluta, supersticiosa y oficial de todo aquello que no confirmara semejante postura. La defensa teológica de un libro considerado definitivo, irrebatible e indispensable no ha tolerado discrepancias o manifestaciones de cultura deliberada. En parte, porque la desviación o reflexión crítica se iguala a la rebelión; en parte porque lo sagrado no admite conjeturas: supone un Cielo para sus gendarmes y un Infierno inagotable, domicilio de penalización con tintes de pesadilla combustible, para sus transgresores. La verdad, en este sentido, fue y sigue siendo a priori; principalmente trascendente, propiedad de un colectivo cuya fe da por sentado que la oposición es inoportuna e injusta.
    Esta visión nos lleva a un segundo punto:
b) El diálogo del libro estorba el monólogo del fanático.
El diálogo acuerda la interlocución y el consenso. La destrucción pretende amedrentar, disuadir, antes que convencer o persuadir. Subyace en todo esto la creencia de que el libro sagrado no puede ser cuestionado por meros mortales. No es, en definitiva, un proyecto dialéctico sino impositivo, monotemático, aislado. Un vulgar plan de conquista. El fin superior del proceso castiga la blasfemia para disipar la corrupción de las tesis o su disolución pérfida en la duda; la salvación del alma es la meta y no hay resquicios ni obstáculos que no puedan derribarse. c) El fuego, con escasas excepciones, ha sido el instrumento de la mayor parte de la destrucción de libros en la historia.
Como elemento purificador, principio y fin, antes y nunca, el fuego resulta eficaz al reducir a cenizas la escritura. Actúa, pues, como respuesta al pensamiento heterodoxo y como ofrenda a la posición ortodoxa. La quema de libros ha intentado determinar que dado que el conocimiento es poder (Bacon dixit) la inversión, es decir, el poder como conocimiento, se expresa en la eliminación categórica o, por momentos distraída, del menor atisbo de cuestionamiento o indiferencia.
Importa que el acto sea contundente, irreversible, casi una moraleja. Yavhé no dudó en hacer uso del fuego para destruir Sodoma. Desde ese momento en que los atenienses condenaron a Protágoras y redujeron su obra a las llamas hasta la persecución contra Salman Rushdie y sus irreverentes “Versos satánicos” , por citar uno de lo signos con que cierra este siglo, la moraleja (esto es: la disidencia no redunda en beneficios) ha probado sus efectos desmoralizantes. Lo invocado es lo de menos. Bien sea en el nombre del padre, del hijo, del espíritu santo, Mahoma o del partido, el horror provocado es idéntico. Todos los fuegos son el fuego original.
En el “Fausto” de Marlowe, quizás el mejor de todos o el más feliz, hay un punto, (Acto V, escena II), en el que Fausto, ya condenado y conducido por los demonios, grita: “No te abras, infierno horrible. !Lucifer, no vengas por mí! !Yo quemaré mis libros!…” . Pero no se salva: sus súplicas son tardías y la promesa de negar el conocimiento, cometido el pecado letal, no basta. No hay absolución que valga. Y sus libros, tarde o temprano, cabe imaginar, correrán la misma suerte.
d) Hay demasiadas definiciones del libro. Yo no tengo ninguna que difiera de las que he leído, por lo que me atrevo a resumir con desparpajo: el libro encuentra al hombre en el lugar donde éste juraría no haber estado nunca. Símbolo del mundo, diestra objetivación de la memoria humana, es también la extensión e instauración de un mensaje espiritual lanzado a través de los siglos condensadamente con el fin de propiciar el renacimiento o encanto de una situación o pensamiento.
Destruir un libro, por tanto, es rescindir, bajo el más crudo realismo, su intención final. La idea (debo darle un nombre) no es otra que desarticular las bases de su intemporalidad y domesticar a sus lectores. Negado como símbolo, negada la humanidad que lo sostiene, negada la memoria misma en su esencia más íntima, se transforma en una lección con fines sociales devastadores. La excusa del libro sagrado o del interés nacional permite, además, sorprender la confianza de la reflexión crítica o simplemente alternativa para exponer las condiciones incuestionables de absoluta devoción de una comunidad por un libro. Una vez establecido este dominio, cualquier cosa es posible.
Cada una de estas premisas se agota en sí misma. Corresponden a la cara visible de lo que llamo el mito de la Obra Sagrada, cuyo poder de estímulo y principio devastador está en sus umbrales. El lado oscuro, sospecho, sólo ha deletreado tres o cuatro signos en los hechos que ofrezco seguidamente.

GENEALOGÍA DEL DOMINIO

El primero acontecimiento, no por fechas sino por importancia, ocurrió hacia el 640 (ó 644) d.C., cuando el comandante Amir ibn al-Ass, terminada la conquista de Egipto, envió una carta al califa Omar I (Umar ibn al-Khattab), refiriéndole sus hallazgos en la exótica Alejandría: había encontrado 4.000 baños, 4.000 palacios, 400 teatros, 40.000 judíos y 12.000 comerciantes de aceite. Posteriormente, añadió a su censo la prestigiosa Biblioteca de la ciudad no sin pedir instrucciones sobre qué hacer con el elevado número de libros (como se llamaba entonces a cada rollo de papiro) que desde el siglo 3 a.C. demandaban el incómodo orgullo helénico. Omar, príncipe de la fe, heredero de la piedad de Mahoma, respondió la inquietud de Amir con pragmatismo: “Si los libros contienen la misma doctrina del Corán, no sirven para nada porque repiten; si los libros no están de acuerdo a la doctrina del Corán, no tiene caso conservarlos”. Abd al-Latif, cronista prudente, resumió las consecuencias de este consejo con frases inhóspitas: “La Biblioteca de Alejandría fue incendiada y totalmente destruida…”. Los papiros sirvieron para encender el fuego que calentaba las termas públicas. En lugar de leña, los textos de Heráclito (quien alguna vez escribió: “El fuego juzgará y alcanzará todas las cosas” ), Hesíodo, Gorgias (el sofista que dijo: “Nada existe” ), Epicuro, Arquíloco, Crisipo, de la gran mayoría de clásicos, ardieron por seis largos meses.
En el intento por salvar la dignidad y el poder de un libro juzgado infalible, inimitable y resplandeciente, los musulmanes ultrajaron millares de volúmenes. Chih-huang-ti, Primer Emperador de China, Señor Augusto, responsable de la Gran Muralla, aceptó alguna vez una proposición ministerial de quemar todos los libros que no llevaran el sello real y el 213 a.C. centenares de escritos chinos desaparecieron. Pero el 206 a.C., una guerra civil que no estaba contemplada dentro de los planes del Emperador, arrasó también con los ejemplares que llevaban el sello real. En Alejandría la ambigua orden de Omar causó el exterminio del cuarenta por ciento de la literatura griega antigua. No obstante, tan infame episodio no fue excepcional. La cremación de obras se practicaba desde siglos anteriores. A petición de Eglé Charmell, historiadora, pude leer en el “Gran Diccionario Histórico o Miscelánea de Curiosidades de la Historia sagrada y profana” de Luis Moreri lo siguiente: “Peleando Cesar contra los habitadores de Alexandria, mandó pegar fuego a sus navíos, y extendiéndole las llamas a la Bibliotheca, lo consumieron todo. No habló este dictador en su Historia de esta desgracia, de la cual era el autor; pero no se olvidaron de ella Plutarco, Dión y Tito Livio. Erigió Cleopatra Reyna de Egypto otra Bibliotheca en el Serapeum, y logró de Antonio la Bibliotheca de Attalo, rey de Pérgamo, para echar cimientos a la suya” . El 47 a.C. ocurrió lo de César, quien no conforme con el daño hecho sustrajo obras de contenido militar (que aprovechó, sin dudas de por medio, a su regreso a Roma). Años después, el emperador Diocleciano (284-305 d.C.) instigó la desaparición de todos los escritos de magia y alquimia. Supersticioso en exceso, temió que los alejandrinos, sometidos a la hipotética Roma que dirigía, aprendiesen, por procedimiento alquímicos, a convertir metales en oro y decidiesen recuperar ánimos belicosos. Algunos historiadores acusan al patriarca Teófilo de haber sido el verdadero causante del más grave de los daños, por haber atacado el Templo de Serapis el año 389 y la Biblioteca el 391 con una multitud enfurecida.
La tradición de infamias condenó 600.000 papiros, aproximadamente, al saqueo y la extinción. Aulo Gelio afirmó que eran 700.000 rollos. Séneca habló de 400.000. Juan Tzetzes, comentarista bizantino, quiso mediar explicando que la Biblioteca estuvo dividida: con 42.800 manuscritos en el Serapeo y 490.000 en el Museo. Autores modernos resistentes al sentido común opinan que pudo haber dos millones de originales.

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En Egipto fue quemado también “El libro de Toth”. Nadie sabe nada de esta obra, excepto que fue escrita por un hombre llamado Toth, inventor de la escritura y secretario de los dioses; asimismo se cree que contenía secretos sobre el poder del faraón y fórmulas mágicas. En varias épocas desapareció y conoció las llamas. Una leyenda lo convierte en el texto de todos los magos que se precien de tal, aunque ninguna evidencia ha podido probar que existió, siquiera, el texto original. Un papiro refiere que hacia el 360 a.C. pudo haber sido objeto de las más oscuras manipulaciones políticas.

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Otra verdadera biblioteca griega maldita fue la de Pérgamo, cuya historia aportó Plinio en su “Historia Natural” y que yo, con añadidos inciertos, me atrevo a compendiar. Eumenes II, monarca irascible, la fundó en el siglo 2 a.C. en abierta declaración de guerra con la de Alejandría. En pocos años, llegó a reunir 200.000 ó 300.000 volúmenes copiados en un nuevo material: el pergamino, más dúctil, menos perecedero. Con Crates de Malos (Siglo 3 a.C.) como director se definió una búsqueda basada en las premisas filosóficas del estoicismo. Los estudios se orientaron hacia exégesis logicistas en lugar de análisis filológicos: “…su principio fundamental es la anomalía, basada en la observación del uso en el lenguaje hablado”. La desaparición de la Biblioteca de Pérgamo a raíz de las luchas políticas en el Asia Menor hizo que Antonio (hay quienes hablan de Augusto) enviara los pergaminos sobrevivientes a su querida Cleopatra con el leve propósito de donarlos al Serapeo de Alejandría (era su manera de disculpar la quema del 47 a.C.). Así acabó la segunda biblioteca helenística más famosa. La rivalidad acabó en ironía, en mueca.

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Aristóteles (H. 384-322 a.C.) pudo haber formado la biblioteca privada más admirada en la antigüedad, si no por su número (pues descollarían las de Atenas, Rodas, Cos, Éfeso), por su calidad. Estrabón aseguró que el filósofo fue el primer vástago entre los coleccionistas serios. En efecto, compró escritos filosóficos, matemáticos, físicos, literarios y políticos de los que supo hacer buen uso al citarlos en sus propias obras. A su muerte, Teofrasto (H. 388-288 a.C.) retuvo los libros y los acrecentó sobremanera con manuscritos excéntricos. Pero la mala fortuna comenzó cuando Neleo de Escépsis, heredero final de la biblioteca murió y sus familiares, temerosos del pillaje, la arrojaron en un sótano. Cuando Apelicón de Teos, rico intelectual, optó por comprarla, muchos papiros ya habían sido destruidos por la humedad. Sila, general romano, se apoderó el 84 a.C. de Atenas y, al enterarse de la existencia de los curiosos legados de Aristóteles, hizo zarpar un barco a toda prisa con los materiales a Roma, en donde Tiranión de Amiso enmendó y reescribió lo mutilado. Posteriormente Andrónico de Rodas se inmortalizó clasificando cada tratado por grupos. Fue él, en realidad, el autor material del título “Metafísica”, otorgado a los textos aristotélicos que venían después de los que se ocupaban de física.

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La primera referencia que poseo de la destrucción de un libro entre los griegos está en Diógenes Laercio y aparece en sus “Vidas de los más ilustres filósofos” (IX,52). Es el caso de Protágoras, condenado en el siglo V por agnóstico. “Sobre los dioses”, su escrito, fue quemado en la plaza pública así como confiscado a sus poseedores. Protágoras tuvo que huir para no ser víctima de las multitudes democráticas atenienses. Platón fue acusado de pegar fuego a los tratados de Demócrito; quería evitar, a tenor de los rumores mezquinos de sus colegas, cualquier acusación de plagio debido a las mágicas coincidencias entre sus escritos y el “Gran Diacosmos”. Laercio cuenta este suceso con la más resignada malicia posible. Hipócrates de Cos, según biógrafos indiscretos, destruyó la biblioteca del Templo de la Salud de Cnido. W.H.S. Jones, en su traducción del “Corpus Hippocraticum” de la colección Loeb, recoge la leyenda imputando al padre de la medicina un descomunal deseo de impedir que intensos secretos se difundiesen o pudiesen ser conocidos por herederos de la gran tradición de los asclepíades.

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Con el advenimiento del cristianismo, resucitó un período pre-inquisitivo. El 415 d.C. una poblada, seguidora de San Cirilo, asesinó a Hipatia, investigadora matemática de la biblioteca de Alejandría. Su cuerpo fue violado, y la piel sufrió quemaduras y raspaduras con conchas marinas hasta el hueso. Tal ferocidad se aplicó a muchos escritos. A falta de testimonios fehacientes, desconocemos los títulos y la cantidad que, desaprobados por la Iglesia, fue arrojada a las llamas. Pero es presumible pensar en un centenar. No fueron tiempos de clemencia. Eran raros los padres verdaderamente instruidos; eran abundantes los logoclastas. Teófilo asestó un golpe bajo a los restos del Serapeo incitando a sus fieles a demoler piedra por piedra a fin de erigir un templo a los mártires cristianos. Nuevamente, los anaqueles sufrieron destrucción y robo. El desinterés por la literatura pagana que produjo el movimiento cristiano derivó en la extinción natural de muchos autores. La copia dañada de un determinado escritor, al no ser reemplazada por una nueva debido a una desidia continua, se convirtió en una mala señal con el pasar de los años. Así perdimos miles de obras. Una convicción fulminante destruyó, con el rigor más extremo, los libros de los gnósticos y lo que de ellos conocemos está en los textos de sus acusadores, los cuales, secretamente, parecen haberlos inmortalizado al recopilar los fragmentos más relevantes.
La caída del imperio romano empeoró la paciente labor de conservación. Alarico tomó Roma con sus hordas bárbaras el 410 d.C. Desde el 24 de agosto, día del suceso, hasta pasada una semana, la ciudad fue saqueada sin piedad. Las casas brillaron como antorchas. Los papiros sirvieron como lumbre en las orgías.
Contrario a esta ferocidad, uno de los caudillos de los godos, cuando éstos encendieron fuegos para destruir las bibliotecas griegas, levantó su voz diciendo que convenía dejarlas a los enemigos como cosa idónea para apartarlos de los ejercicios militares y entregarlos a ocupaciones sedentarias y ociosas. Montaigne (“De la pedantería”, Ensayos, I), fuente de esta anécdota, la relata como un modelo contrario que bien puede oponerse aquí a los hechos expuestos.
Para el siglo 5 d.C. la nueva historia de Roma la retomó Constantinopla, donde la llama de la cultura prendió nuevamente dentro de los márgenes del imperio Bizantino. Esta etapa constituyó un renacimiento parcial de la conciencia helénica porque, según John A. Garraty y Peter Gay (“Columbia History of the World”), “poseer cultura era indispensable para hacer carrera. Con la excepción del rudo Basilio II, los emperadores fueron ejemplares en este terreno y continuaron favoreciendo a los intelectuales. León VI el prudente, estudioso de las teorías de Focio, era un excelente retórico; su hijo Constantino VII convirtió el palacio imperial en punto de encuentro de estudiosos y literatos…”.
Este esfuerzo se mantuvo hasta que la “cristiana” Cuarta Cruzada arrasó el año 1204 con la urbe y diezmó considerablemente los papiros y pergaminos antiguamente rescatados. Durante 3 interminables días, cruzados de ardiente piedad, sacerdotes y soldados asesinaron, robaron y destruyeron con “fe” ejemplar.

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En la Roma imperial no hubo ningún cambio en esta lenta y tenaz destrucción. El defensor de Virgilio, mecenas respetado y querido, césar incuestionable, el pacífico Augusto, destruyó millares de obras alegando razones de Estado. Suetonio relata en su “Vida de los doce césares” (Libro 3, LXI) que la crueldad del voluptuoso Tiberio no tuvo límites. Un resentido, al parecer, acusó a un poeta de injuriar en su obra al mítico Agamenón; otra acusación peligrosa divulgó la noticia de que un historiador alababa en su texto a Bruto y a Casio llamándolos “los últimos romanos”. Tiberio, ofuscado, condenó a muerte a estos y a numerosos escritores destruyendo sus libros con verdadera saña. Se desconoció que los mismos poetas ajusticiados leyeron sus creaciones a Augusto, quien las elogió enormemente. Domiciano procuró contribuir a paliar los incendios a que habían sido sometidas las bibliotecas por las incursiones bárbaras enviando mensajeros a Alejandría a la búsqueda de copias fieles de los grandes clásicos. Esta labor la acompañaba de una insana tendencia a destruir en quemaderos públicos todos los libros sospechosos de ofender su majestad o a Roma (que solía ser lo mismo). Los poetas eran apaleados y los editores crucificados o empalados.

LAS PUERTAS INDUCIDAS

En mayo de 925 d.C., el monasterio de Saint Gall fue atacado. Uno de los propósitos de los bárbaros era aniquilar a los monjes y prender fuego al lugar, lo que hubiera significado el fin de miles de libros resguardados bajo el mayor fervor. Una mujer, ascética, devota, triste, llamada Wilborada, ejercía entonces el cuidado de la biblioteca y tuvo una visión. No sabemos cuál fue, pero entre el atardecer y la madrugada del día siguiente del primero de mayo enterró las obras. La crónica relata que finalmente los sitiados vencieron a sus atacantes; el fuego, de cualquier manera, consumía el monasterio y el cuerpo de Wilborada, mutilado, vejado, erizado en su cólera, yacía sobre un montón de tierra donde se encontraron más tarde todos los libros ilesos. Su acto le valió un santidad curiosa y el patronazgo absoluto sobre los bibliófilos.
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Durante la dominación de los moros en España, Al Hakam II, protector de artistas, fundó en Córdoba una de las Bibliotecas más importantes de su tiempo, adquirió textos raros, envió mensajeros a divulgar su deseo de obtener copias de los mejores libros del mundo lo que le facilitó la selección de 400.000 volúmenes, pero Mohamed Ibn Abi Amir, mejor conocido como Almansur, heredero forzado en el califato, militar ávido de fortuna, asesino de su hijo, apenas muerto Al Hakam II permitió que los teólogos musulmanes quemaran todos los libros de la Biblioteca que contradijeran la fe de Mahoma. Este gesto le valió ser considerado el más piadoso de los hombres, lo cual ratificó al destruir el santuario de Santiago de Compostela y hacer que los prisioneros llevaran sobre sus hombros las campanas de la iglesia.
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Miles de hombres y mujeres acusados de brujería fueron purificados con fuego; en su destino estaba, línea por línea, transcrito el de los libros sospechosos de satanismo o herejía. Miguel Servet fue quemado el 27 de octubre de 1533 por los calvinistas; una efigie suya había sido incendiada por los católicos. Con él ardieron sus libros, donde negaba la Trinidad y la reducía a una sola entidad platónica. Su muerte le valió a Calvino un efusivo elogio de Melanchton. Pero a la historia le agradan las simetrías rebeldes. Esteban Dolet, tipógrafo e impresor, aprovechó un permiso de Francisco I para editar a Terencio, Rabelais, Cicerón, Virgilio y otros clásicos; una redada piadosa encontró en su hogar textos de Calvino y Melanchton e inmediatamente fue detenido, procesado y condenado a la hoguera. Tuvo la satisfacción de que el día de su ejecución, un 3 de agosto de 1546, alguien pensara correcto usar sus libros en lugar de madera y la plaza de Maubert se llenó de humo y ceniza.
Las actividades de la Inquisición perfeccionaron y legalizaron autos de fé contra el pensamiento alternativo. De los índices de libros prohibidos (Index Librorum Prohibitorum) se pasó muy pronto a la acción frenética contra toda disidencia. Jacobo I de Inglaterra, en 1603, ordenó destruir todos los ejemplares de “Descubrimientos de la brujería”, obra de Reginald Scott, miembro del parlamento que, con una inocencia fugaz publicó en 1584 su libro con la esperanza de demostrar que no existían brujas ni demonios.
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Por “Los libros condenados” de Jacques Bergier supe del Abad Tritemo y de John Dee. Cada uno exige un ensayo aparte, pero por ahora bastaría con hacer un poco de memoria. Juan Tritemo, nacido en 1462 y muerto en 1516, antes Johannes de Heidenberg, fue miembro de una sociedad secreta llamada Cofradía Celta donde se estudiaba la astrología, la magia, la cábala, la matemática y la literatura. Un afán de supervivencia lo acercó a la religión, viéndose convertido en Abad. Sus estudios fueron resumidos en los ocho tomos de su “Esteganografía”, un manuscrito que, según él, obedeció a un sueño. La obra, en suma, describía métodos de escritura secreta y de telepatía y telequinética. Felipe II la hizo cremar por miedo a su divulgación.
John Dee, nacido en 1527 y muerto en 1608, fue un personaje fascinante. No importa si su escritura es torpe, ingenuamente fantástica y remeda el estilo de su época. De por sí, Dee causa una admiración enorme. Gustav Meyrink historió su vida, pero lo que maravilla es el hecho de que pasó de una fama tibia a un cálido odio sin demoras. Todo, por haber publicado en 1659 “A true and faithfull relation of what passed betwen Dr. John Dee and some spirits”, un libro que describe sus intemporales conversaciones con seres de otra dimensión a través de una piedra negra de antracita. Esos seres se habría puesto en contacto con él a la búsqueda de un acercamiento provechoso. Su forma de viajar es en el tiempo. Antes de la aparición de este volumen, ya una plebe enardecida saqueó su casa y prendió fuego a los cuatro mil libros de su biblioteca. Igual suerte corrieron numerosos manuscritos de notas. Hoy en día sólo podemos leer “La mónada jeroglífica” en traducciones de dudosa autenticidad.
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El 10 de mayo de 1933 los nazis convocaron a una gran asamblea nacional para destruir los libros de todos los opositores o autores de origen judío. Las obras de Freud, los rosacruces y Thomas Mann, entre muchos, fueron condenadas por Joseph Goebbels al fuego. Una película que recoge el momento en Berlín muestra a estudiantes, filósofos, profesores, escritores, poetas, políticos, niños, arrojando libros a la pira con alegría inefable tras la mención del título.
La persecución contra una obra y su autor responde a la temerosa debilidad que cuestione. El grado de animosidad y empeño en la labor no es ajeno a las circunstancias que exponga al ridiculo. Las “Cartas filosóficas” de Voltaire, publicadas en abril de 1734, provocaron la ira de la iglesia, el escritor fue detenido y un decreto del Parlamento, tres meses después, autorizó a un verdugo a desgarrar y quemar las epístolas por “inspirar el libertinaje más peligroso para la religión y para el orden de la sociedad”.
En el siglo XX se me ocurre que los dos casos más desleznables son los de James Hanley y Salman Rushdie. Hay otros, por supuesto, pero busco solamente una escandalosa y avara representatividad. Del primero se oye hablar poco y se lee menos, pero no fue un escritor mediocre. Autor de “El Chico” (1931), novela extraordinaria que narra la iniciación de un joven marino, sufrió un proceso judicial y en 1934 la policía decomisó su libro. En añadidura, Hugh Walpole, escritor y misterioso vocero de las buenas costumbres inglesas (que nadie conoce) destruyó un ejemplar en público y cientos más fueron quemados. Walpole llegó a manifestar que la obra “es tan desagradable y horrible, tanto en la narración como en lo incidentes que se relatan, que me extraña que los impresores no se hubieran declarado en huelga mientras la imprimían…”. Con Salman Rushdie, escritor inglés de origen hindú, el ensañamiento ha sido inescrupuloso y constituye un anacronismo inadmisible: sobre él pesa una condena a muerte lo mismo que sobre sus “Versos satánicos”, una novela mediocre e impulsiva que tiene el mérito de haber ridiculizado el fundamentalismo en sus axiomas centrales. La persecución contra Rushdie es indescriptible: protegido por Scotland Yard, vive a merced de una mudanza continua en Inglaterra y de los múltiples amigos que ha sabido ganarse en el mundo intelectual. En Irán fue quemada su obra y algunas librerías inglesas dinamitadas.
En un régimen político, militar o religioso despótico el libro deja de ser un instrumento de conocimiento y sólo se acepta como entretenimiento o propaganda. La Unión Soviética o China o Thailandia o Vietnam. El nombre no importa: el terrorismo aplicado no modifica sus métodos: incineración de libros y enjuiciamiento popular del autor. Si hay algo que recriminar a la antigua Unión Soviética no sólo serían sus incontables crímenes impunes sino no haber permitido, ni siquiera en la disidencia, la aparición de una literatura próxima a la magnífica vertiente de Dostoievsky y Tolstoi. Gorky no es una excepción, es la confirmación de esta profunda grieta abierta en medio de la narrativa rusa. Lo mismo debo decir de la narrativa y poesía española cortada en dos mitades por el terror del régimen de Francisco Franco. La prohibición, la censura, no son las formas de una dictadura: hay que verlas como su contenido.

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El miedo, el arrepentimiento o la decepción ha impulsado a algunos autores a destruir sus libros. Nostradamus quemó su biblioteca para evitar que el contenido de sus volúmenes sobre astrología y magia llegaran a manos equivocadas. Edgard Allan Poe, deprimido por lo que consideró como mediocres poemas, buscó y destruyó todos los ejemplares de su primer libro de poemas que logró encontrar.

CLAVE IMAGINARIA

Multiplicando sus incertidumbres, la historia de la literatura ha expuesto en cuatro grandes momentos la terrible verdad histórica presentada aquí. Bajo los signos compartidos de una propuesta universal, la destrucción imaginaria de libros ha procurado ser fiel a las más venerables y conmovedoras metáforas del mundo y del hombre. Quevedo hablaba de que su llama podía nadar en agua fría sin extinguirse: algo de eso y tal vez menos o más, se cumple en el origen, que es el fin, de la obra que describe, como un espejo inverso, la eliminación de volúmenes por el fuego. La narrativa ha asumido dos posiciones: la de los hombres que queman los libros que conducen a la locura o la de los que desean abolir el pasado. Entre estos dos extremos de una moneda única todo sucede.
La más célebre quema de libros hecha en una novela, inolvidable, íntima, es la que presenta Cervantes en el capítulo VI de la primera parte de “Don Quijote”. Nadie puede no recordar al cura y al barbero (que es como decir la iglesia y la censura) cuando entran en la biblioteca de Alonso Quijano, dormido entonces, y consiguen un centenar de textos, en su mayoría novelas de caballerías que proceden a revisar y seleccionar, aunque la sobrina y el ama piden una hoguera expedita. Por el “Amadís de Gaula” que se salva por ser el primero y el mejor de todos al corral y al fuego irán “Las sergas de Espladián” y todos los epígonos junto con “Don Olivante de Laura”, “Florismarte de Hircania”, “El caballero Platir”, “El caballero de la cruz”, “Palmerín de Oliva”, “Don Belianís” y otros. Al despertar, la sobrina explica que la biblioteca ha desaparecido por obra de un mago y don Quijote cree perfectamente que un tal Frestón ha sido el destructor. El capítulo sirvió a Cervantes para hacer una crítica poderosa contra los dominios sesgados y mediocres de una tradición que distrajo y falsificó la lectura de libros serios y calificados en pro de una frivolidad de dicha oscura.
Henry James dijo que Nathaniel Hawthorne “se las arregló, a través de un exquisito proceso, mejor conocido por el mismo, para transformar un pesado fardo moral en la sustancia de la imaginación”. En efecto, en “El Holocausto del mundo” narra una fábula universal: hastiados del excesivo cúmulo de conocimientos y cosas, los hombres deciden, en las praderas del Oeste, encender una gigantesca hoguera donde arrojan periódicos, revistas, signos heráldicos, condecoraciones, licores, armamentos, todo lo que ha hecho y deshecho la tecnología o la mecánica o el ingenio, incluyendo los libros. Hawthorne refiere con extraña fruición puritana:
“Allí fueron a dar infolios gruesos y pesados que contenían los trabajos de lexicógrafos, comentaristas y enciclopedistas, los cuales, tras caer en las brasas con pesadez de plomo, ardían sin llama hasta ser cenizas, como leña podrida. Los pequeños y exquisitamente sobredorados tomos franceses del siglo pasado, entre ellos los cien volúmenes de Voltaire, crepitaron soltando una brillante lluvia de chispas y llamas diminutas; mientras que la literatura actual de ese mismo país ardía en rojo y azul y bañaba con luz infernal los rostros de los espectadores, confiriéndoles un aspecto de demonios multicolores. Un compendio de cuentos alemanes exhalaba tufaradas de azufre. Los clásicos ingleses resultaron ser excelente combustible…Las obras de Milton, en particular, emitieron una potente llamarada y, poniéndose al rojo, se convirtieron en un carbón que prometía durar más casi cualquier otro material de la pila. De Shakespeare brotó una llama de tan maravilloso esplendor que las gentes se protegían los ojos…y ni siquiera cuando arrojaron los tratados de sus glosadores dejó de despedir un fulgor deslumbrante…”.
Por último, se comprende que para aniquilar la raíz de los males del mundo es preciso quemar el corazón del hombre y en ese punto el relato se detiene, feliz y confuso.
En 1953 Ray Bradbury publicó “Farenheit 451”, título que es a la vez un dato que informa sobre la temperatura que hace falta para cremar un libro. En esa novela angustiosa y nostálgica, en la línea de “1984” de George Orwell y “Un mundo feliz” de Aldoux Huxley, hay un futuro en el que los libros están prohibidos y un cuerpo de bomberos se encarga de incinerarlos sin demora ante los peligros de que, leídos, perturben la enajenación y ortodoxia vital del sistema imperante. Montag, al concluir la persecución desatada en su contra, se une a los disentes, vagos que llevan en su memoria un libro completo o el capítulo de un libro y esperan reunirse con otros como ellos para así intentar reescribir a los grandes clásicos desaparecidos por los decretos oficiales. Itelio, romano de alta alcurnia, tenía en su casa un cuerpo de cien esclavos a los que llamaba para la sobremesa. Cada uno recitaba un largo texto de memoria y entretenía a los comensales con Homero, Virgilio, Píndaro. En la obra de Bradbury la memoria es un recurso para sobrevivir en un futuro hostil.
Borges, en “El Congreso” , relato incluido en “El libro de arena” rescata a Hawthorne por completo. Un periodista llamado Alejandro Ferri se une a El Congreso, un grupo dirigido por Alejandro Glencoe. Apolíticos, universalistas, los congresales creen que representan el mundo y deciden incorporar a representantes de todas las tendencias y géneros. El fracaso de la empresa termina con una gran hoguera donde son quemados todos los libros recopilados (enciclopedias, atlas, la “Historia Naturalis” de Plinio, obras de diversa procedencia). Fernández Irala, uno de los miembros, comenta: “Cada tantos siglos hay que quemar la Biblioteca de Alejandría”.
Como corolario y desde otra perspectiva, borgiana, erudita, intencionadamente cínica, hay que citar “El nombre de la rosa” de Umberto Eco. Como se sabe, los asesinatos cometidos en esa novela obedecen a los celos extraños de un monje bibliófilo que pretende evitar que el mundo conozca el único ejemplar existente del segundo libro de la “Poética” de Aristóteles que, al parecer, era una defensa de la comedia. La biblioteca secreta del monasterio, al final, arde sin dejar rastro. Adso de Melk, protagonista y narrador señala: “La lámpara fue a parar justo al montón de libros que habían caido de la mesa y yacían unos encima de otros con las páginas abiertas. Se derramó el aceite, y en seguida el fuego prendió en un pergamino muy frágil que ardió como un haz de hornija reseca. Todo sucedió en pocos instantes: una llamarada se elevó desde los libros, como si aquellas páginas milenarias llevasen siglos esperando quemarse y gozaran al satisfacer de golpe una sed inmemorial de ecpirosis…” (Ob. cit., p. 5).
Habría otros ejemplos que citar, como en todo lo dicho, pero no he buscado escribir un informe policial; me limito a aportar referencias y temores. Que, si me escucha con los ojos, me disculpe Quevedo, por la omisión de sus “Sueños” , y en renglón seguido extiendo las disculpas a Lovecraft, Orwell, Zamyatin, Huxley, en fin.

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Hasta aquí, segmento tras segmento, época tras época, el resumen de esta historia. Dante, perplejo y aterido, en el canto XXV del Infierno (46 y sgs.), cuenta cómo una serpiente con seis pies se transforma en hombre y los colores de ambos seres se confunden sin que predomine el de uno o el otro . Una transformación y ambigüedad parecida corresponde a los vértices de los hechos, incompletos, dispersos, que me propuse, con la más minuciosa parcialidad, referir en estas páginas. No es ni deben verse en blanco y negro ni eludirse como tal. La hoguera de ayer, creo, es la de hoy, la misma que arde aún en estas líneas con fulgor intacto.
El dilema, lo reconozco, sigue vigente: ¿Por qué destruyen libros los hombres? He formulado ya una teoría donde atribuyo la causa a la histeria colectiva causada por el mito de la Obra Sagrada. Tal vez no sea del todo cierto; tal vez, y hay que atender esto, los motivos profundos estén en una declaración de Fred Hoyle, astrónomo y novelista. En “De hombres y galaxias” , escribió que cinco líneas bastarían para arruinar todos los fundamentos de nuestra civilización. Esta posibilidad terrible, impertinente, codiciosa, nos aturde y no habría razones para no pensar que, tras la excusa autoritaria, se esconda la búsqueda obsesiva del libro que contenga esas cinco líneas. La conspiración, así, quedaría evidenciada.

Con todo el escepticismo posible, ofrezco un índice de lecturas: Anthon, Charles. A Classical Dictionary of the Greeks and Romans, 1857.
Bergier, Jacques. Los libros condenados, 1971.
Cantarella, Raffaele. La literatura griega de la época helenística e imperial, 1972.
Easterling, P.E.- Knox,B.M.W. The Cambridge History of Classical Literature. I. Greek literature, 1985.
Garraty, John A. Gay, Peter. Columbia History of the World, 1972.
Gibbon, Edward. The decline and fall of the roman empire, 1839.
Kenyon, F.G. Books and Readers in ancient Greece and Rome, 1951.
Laercio, Diogenes. Lives of eminent philosophers, 1972.
Ossa, Felipe. Historia de la escritura y la letra impresa, 1993.
Pfeiffer, Rudolf. History of classical scholarship. From the beginning to the end of the helenistic Age, 1968.
Pichon, Jean-Charles. Histoire universelle des sectes et des sociétés secretes, 1969
Pinner, H.L. The World of Books in Classical Antiquity, 1948.
Rosarivo, Raúl M. Historia general del libro impreso, 1964.
Turner, E.G. Athenian books in the fifth and forth centuries, 1952.
Varios. Paulys Realencyclopaedie Der Classischen Altertums-Wissenschaft, 1893 y ss.
Wilson, N.G. Scribes & Scholars. A Guide to the Transmission of Greek and Latin Literature, 1968.

El reino de las hormigas

El reino de las hormigas
Herbert George Wells
The empire of the ants, © 1905 (The Strand, Diciembre de 1995). Traducido por Alfonso Hernández Catá en Narraciones de ciencia ficción, Editorial Castellote, 1971.

1
Cuando el capitán Guérilleau recibió la orden de conducir el Benjamín Constant, cañonero de su nuevo mando, a lo largo del río Batemo para socorrer a los indígenas de Badama amenazados por una invasión de hormigas, sospechó que las autoridades navales trataban, por venganza, de ponerle en ridículo. En su reciente ascenso habían influido de una manera novelesca y eficaz para alterar la regularidad del escalafón la azul languidez de sus ojos y el capricho de cierta noble brasileña; y con tal motivo El Diario y O Futuro insinuaron capciosas ironías, cuyo recuerdo sólo estimulaba en él la decisión de evitar el menor pretexto a nuevas burlas.
En su calidad de criollo, el capitán Guérilleau tenía de la etiqueta y de la disciplina una idea exclusivamente portuguesa; y con el único que se franqueaba a bordo era con el ingeniero Holroyd. Estas confidencias le permitían, de paso, practicar el idioma inglés con una pronunciación que siempre fue en extremo burda.
?Si me envían a esa comisión es para ponerme en ridículo ?le dijo arrugando colérico la orden?. ¿Qué puede hacer un hombre contra las hormigas sino dejarlas venir y marcharse cuando se les antoje?
?Parece ser ?respondió Holroyd? que éstos vienen y no se van. Ese marinero que me ha dicho usted que es un Sambo…
?Sí, hijo de india y blanco, mestizo.
?Pues ése asegura que no serán las hormigas, sino los hombres, los que cedan el terreno esta vez.
El capitán fumó durante algunos instantes nerviosamente y luego opinó:
?¡Quién sabe si tenga razón! Nadie puede saber lo que se propone Dios con esas invasiones de hormigas. Ya en la Trinidad hubo una, pero fueron hormigas pequeñas, de esas que cortan y transportan hojas; y, sin embargo, todos los naranjos y manglares quedaron en esqueleto. ¿No es extraño ese poder de destrucción? A veces verdaderos ejércitos de hormigas de una especie que pudiéramos llamar belicosa, han invadido aldehuelas enteras, y al volver los expulsados habitantes las hallaron limpias de todo insecto: ni pulgas, ni cucarachas, ni nada…
?El mestizo ?replicó el ingeniero? asegura que éstas son de una especie mucho más terrible.
Guérilleau se encogió de hombros y, taconeando irascible, se puso a mirar el cigarrillo. No tardó mucho en expresar la insistencia de sus ideas:
?¿Me quiere usted decir, mi querido Holroyd, qué puedo yo hacer contra hormigas más o menos infernales?
Y tras nueva reflexión, ratificó:
?Nada. ¡Es absurdo… Absurdo!
A mediodía se puso el uniforme de gala y bajó a tierra, de donde no tardaron en llegar, precediéndole, toda suerte de bultos. Sentado bajo la toldilla para disfrutar del frescor vesperal, el ingeniero fumaba absorto en la contemplación del paisaje. Estaban a seis días de la desembocadura del Amazonas y no muy lejos del opuesto océano cuya vasta anchura recordaba muchas veces el gigantesco río; al Sur se divisaba una isla arenosa de escasísima vegetación, y el agua corría continuamente espesa, turbia, cual si viniera de una esclusa monstruosa perdida entre las dos filas de milenarios árboles… De una esclusa en la que por raro y poderoso capricho hubiesen puesto caimanes y toda clase de fluvial fauna. El vasto silencio penetraba el espíritu, y la aldea de Lemquer, sobre la cual se destacaba la pequeña iglesia junto a ruinas delatoras de un pasado próspero, parecía entre la fronda lujuriante una moneda de plata caída en el desierto… El ingeniero inglés, que veía los trópicos por vez primera, recordaba el paisaje nativo, donde vallas, fosos y canales reducen la naturaleza a la más perfecta sumisión. En los seis días que llevaban remontando el río, el esplendor indomado de aquel rincón del mundo le había sugerido una idea hasta entonces no presentida: la insignificancia del hombre. Durante el viaje apenas habían encontrado rastros humanos; un día se cruzaron con una canoa, otro entrevieron en un repecho de la orilla un puesto de vigilancia, y otros, casi todos, nada… nadie. Holroyd comprendió durante este viaje que el hombre es un animal poco frecuente cuyo dominio terrenal se reduce a una ínfima parte del globo.
A medida que se prolongaba la sinuosa navegación hacia Badama se daba más profunda cuenta de aquellas verdades. El pintoresco capitán, preocupado tan pronto de las hormigas como de la recomendación recibida de economizar las municiones del cañón de proa, no lograba apartar ambas ideas de su meditación. A pesar de aplicarse al estudio del castellano para entretenerse, en la práctica estaba constreñido aún a conjugar todos los verbos en presente y a emplear escueto el substantivo, y la sola persona capaz de comprender el inglés, fuera de Guérilleau, era un fogonero negro, que más que hablarlo lo tartamudeaba con fatigosa angustia; así que Holroyd no podía expansionarse mucho. El segundo comandante, llamado Da Cunha, aseguraba hablar francés, pero debía ser un francés diferente del aprendido por el ingeniero en el colegio de Southport, y eso hacía que sus relaciones se limitaran a un cambio de cortesías y de breves observaciones sobre el tiempo, el cual, como tantas otras cosas en el desconcertante nuevo mundo, carecía de alteraciones familiares y era día y noche tórrido, saturado de humedad, surcado apenas por bocanadas caliginosas portadoras de miasmas de pútridas vegetaciones; y árboles, pájaros, insectos, alimañas, serpientes y monos, en terrible variedad, parecían preguntar al hombre con monotonía hostil qué venía a buscar a aquellos parajes, en cuyo cielo los soles carecían de júbilo y las noches de frescas brisas. Aun cuando los vestidos pesaban horriblemente sobre el cuerpo, era imposible desnudarse a causa del calor durante el día y de los mosquitos por la noche. Sobre el puente deslumbraba la luz, mientras en los camarotes se sentían principios de asfixia. Moscas sutiles, ligeras y dañinas, picaban en los tobillos y en los puños; y el capitán Guérilleau, única y pintoresca compensación para Holroyd de tantas incomodidades físicas, se había tornado fastidioso, repitiendo día tras día sus vulgares aventuras cual si desgranara un rosario. A veces, Da Cunha proponía una partida de caza, y disparaban algunos tiros sobre los caimanes; de raro en raro se detenían junto a los caseríos agazapados bajo los árboles e improvisaban festejos cuyos dos únicos números eran el baile y la bebida. Estas escalas constituían oasis momentáneos en la aridez tediosa del viaje sobre las aguas rápidas, aturdidos por el trepidar de los motores; y como no podían llevar a bordo a mujer alguna, se contentaban con reverenciar la damajuana, obesa y seductora deidad prodigadora de entusiasmos y olvidos que se erguía a popa como sobre un altar. Holroyd pensaba con complacencia que debía haber otra divinidad de repuesto en el fondo de la bodega.
A cada escala Guérilleau recogía nuevos pormenores acerca de la invasión de las hormigas, y concluyó interesándose por su misión.
?Se trata de una nueva especie ?decía al volver de interrogar a algún indígena?. Una especie desconocida que seremos los primeros en estudiar, pues vamos a convertirnos en… ¿cómo se llaman los que estudian bichejos? Entomólogos, sí… Dicen que son enormes, que algunas tienen cinco centímetros y aún más… ¿Verdad que es grotesco? ¡Eso de convertirnos en atrapadores de hormigas!… Lo malo es que, según dicen, éstas lo devoran todo y están arrasando la comarca.
Y agitado de patriótica preocupación, prosiguió:
?Supongamos que estalla inopinadamente una guerra con cualquier país de Europa y me coge a mí aquí, a seis días de viaje… Figúrese. ¡Un cañón menos al servicio de la patria!
Y dándose palmaditas en la rodilla, volvió a su idea dominante sin fijarse en la sonrisa irónica del ingeniero.
?Esas gentes en cuyo campamento bailamos ayer, son fugitivos obligados a huir de sus hogares sin poder coger siquiera muebles ni ropa. Las hormigas llegaron un mediodía y fue preciso dejarles libre el terreno inmediatamente y escapar; una sola hora de retraso habría bastado para que los devorasen. ¿Comprende? Por lo general en cuanto se comen los granos y los insectos vuelven a irse, pero esta vez no fue así. Y cuando trataron de ir a explorar y ver si tenían ya permiso para volver a ocupar sus casas, sucedió una cosa espantosa. El primero que se atrevió a entrar fue un mozo, y las hormigas lo atacaron.
?Pero, ¿cómo? ¿En grupos? ¿A picotazos? ¿A mordiscos?
?No sé. Sus parientes lo vieron salir despavorido de la casa, pasar como loco junto a ellos y tirarse de cabeza al río para ahogar las hormigas, que le daban un aspecto negro y horrible.
Y acercando a la cara de Holroyd sus ojos límpidos y oprimiéndole las rodillas, terminó en voz baja y emocionada:
?Por la noche el muchacho murió, cual si lo hubiera mordido una serpiente.
?¿Envenenado por las hormigas?
?¡Quién sabe! Acaso las mordeduras fueran tan tremendas que no hiciese falta veneno… ¡No nos debían mandar para esto!… Yo estudié la carrera para luchar con hombres, no con bichos… Eso no debía de ser cosa nuestra.
A partir de ese día el capitán habló con frecuencia de las hormigas; y cada vez que la casualidad les deparaba el encuentro con un ser humano en aquella inmensidad de agua, de Sol y de inmensos bosques distantes, Holroyd oía que la palabra indígena «sauba» (hormiga) se repetía como un leit motiv inquietante en las conversaciones. El interés crecía a medida que se aproximaban a la zona invadida. Esta curiosidad general hizo que el capitán depusiese su gesto autoritario para aceptar la conversación del segundo, que conocía acerca de las especies de hormigas comunes curiosas particularidades, reveladas a Holroyd a través de la traducción nada fácil de Guérilleau. Da Cunha habló del ejército anónimo de obreras que pululan y combaten guiadas por otras hormigas mayores, reinas al parecer, que cuando ya el enemigo está casi vencido trepan hasta el cuello, infligiendo picaduras de las cuales brota la sangre; explicó también con qué habilidad cortan las hojas para protegerse con ellas, y aseguró haber visto en Caracas hormigueros de más de cien metros… Durante tres días discutieron los tres si las hormigas tenían o no ojos; y la discusión llegó a exaltarse tanto con peligro de jerarquías y respetos, que Holroyd creyó oportuno ir a tierra en busca de una hormiga y decidir experimentalmente la duda. En efecto, capturó varias de distintas especies, y tras largos exámenes creyeron comprobar que unas tenían ojos y otras no. Entonces la discusión volvió a encresparse, so pretexto de si las hormigas mordían o picaban.
?Estas que vamos a combatir ?dijo el capitán, que aseguraba haber visto algunas en un rancho?, no sólo no carecen de ojos, sino que los tienen grandísimos, y en lugar de correr a ciegas como las comunes, permanecen quietas en un rincón y observan desde él antes de atacar.
?Pero, ¿pican? ?preguntó Holroyd.
?Sí, pican e infiltran ponzoña en la picada… Mientras más pienso menos me explico qué podremos hacer contra ellas. Acabarán por irse según han venido, y en paz.
?¿Y si no se van?
?Alguna vez han de irse, ¡qué caramba! ?respondió Guérilleau.
Pasado Tamandú, el río se dilataba en una solitaria extensión de ochenta millas para estrecharse luego y fundirse con otro río aún más caudaloso. En la confluencia tupidos bosques parecían querer encerrar la corriente; el aspecto no era ya el mismo: troncos y vegetaciones flotaban a la deriva, y por primera vez el Benjamín Constant pudo amarrarse aquella noche a los troncos seculares de árboles cuyo ramaje llegaba casi hasta la borda. Holroyd y Guérilleau permanecieron despiertos hasta muy tarde, disfrutando de la deliciosa sensación de estar sumidos en una de las bellezas más grandes de la naturaleza. Entre cigarro y cigarro el capitán hablaba, sin lograr libertarse de la obsesión de las hormigas; ya muy tarde, temeroso del calor, mandó tender una colchoneta sobre el puente. Sus últimas palabras antes de dormirse fueron de amedrentada perplejidad.
?¿Qué vamos a hacer contra esas endiabladas hormigas? ¡Es absurdo, absurdo!
Ya solo, Holroyd, clavándose de vez en cuando la uña para mitigar el dolor en la picadura de algún mosquito, se puso a meditar sentado bajo la toldilla, mientras escuchaba la respiración intranquila de Guérilleau. Rumores extraños partían tan pronto del río como de la selva, y la misma impresión de grandeza que lo había empequeñecido al ponerse por primera vez en contacto con el trópico, se apoderó de nuevo de él. Sólo una luz fulgía sobre la sombría masa del cañonero; la brisa traía de proa bisbiseo de conversación, y luego volvía a quedar todo en calma. Sus ojos iban desde la obra muerta del buque a las aguas, que parecían muertas también, y a la masa profunda del bosque, que se dijera deseosa de penetrar en el río. Entre la fronda, de tiempo en tiempo, palpitaba la llamita fosfórica de algún gusano de luz, y sin turbar el vasto silencio se percibían crujidos, susurros, signos de esa actividad misteriosa y profunda que palpita durante la noche en los bosques.
La selvática inmensidad del paraje lo conmovía. Como todo hombre, Holroyd sabía que los cielos son inmensos y el océano desmesurado e indomable; pero esta noción abstracta había sido modificada por la vida en su país natal, donde todo parece indicar que el mundo pertenece al hombre… Y esta afirmación orgullosa, en Inglaterra no era mentira: allí los animales no domésticos viven por tolerancia y crecen según contrato; por doquiera los caminos, las cercas, las precauciones, hablan de una seguridad establecida por el hombre a su exclusivo servicio; y desde la escuela, en los mapas, se adquiere la noción de que la Tierra pertenece al hombre, que colorea con agradables tintas las porciones ocupadas por cada pueblo mientras deja en un azul monótono la amplia inmensidad de los mares… De este modo Holroyd, igual que tantos, había aceptado sin casi considerarla la idea de que un día no habría sitio del globo en donde el arado no hubiese hecho surco, ni humano agrupamiento en que llanos caminos y ágiles tranvías no facilitasen el tráfico llevando a todas partes la seguridad organizada. Mas ahora, ante la inmensidad americana, empezaba a dudar.
El bosque rumoroso parecía responder a su duda diciéndole: «Soy invencible; si tolero la presencia del hombre es a título de intruso inofensivo a quien impongo la disyuntiva de abandonarme o perecer». Milla tras milla, enmarañándose, los troncos gigantescos, los tupidos arbustos y las enredaderas parásitas unen su barrera a las flores cuyo aroma pujante hace desfallecer las cabezas más fuertes; y a cado paso la tortuga, la serpiente, la variedad infinita de pájaros, insectos y fieras, parecen también decir al hombre: «Estamos en nuestros dominios; nada tienes que hacer aquí». La menor victoria sobre la selva cuesta tremendos sacrificios; hay que combatir la vegetación y los animales; hay que exponerse a sucumbir por la picadura, por la garra y por la fiebre… Y como prueba de la realidad de su meditación, aquí y allá una cabaña abandonada y un ajuar derruido decían a Holroyd la lección del hombre derrotado en su intento de conquistar los intrincados reinos del jaguar y del tigre.
¿Y eran los terribles felinos los verdaderos dueños? Holroyd pensó que selva adentro, a muy pocas millas, debía de haber más hormigas que hombres hay en el mundo; y tuvo de súbito esta idea absolutamente nueva y terrible: Si en algunos millares de años el hombre ha pasado del estado bárbaro a un grado de civilización que le permite creerse dueño del porvenir y soberano de la Tierra, ¿quién impedirá a las hormigas evolucionar de manera análoga? Las conocidas por él vivían en pequeños grupos, sin esfuerzo alguno coordinado contra las fuerzas hostiles; mas si es innegable que poseen un lenguaje y no carecen de inteligencia, ¿por qué habían de detenerse en su estado actual más de lo que se detuvo el hombre en el estado de barbarie?… Supongamos que las hormigas comenzaran a metodizar sus conocimientos y que así como nosotros centuplicamos nuestro poder merced a la tradición y a la escritura, inventaran armas, fundaran imperios y sostuvieran guerras organizadas estratégicamente… ¿Por qué no pensar en la posibilidad de todo esto?… El ingeniero recordó los detalles recogidos por el capitán acerca de aquellas hormigas misteriosas y formidables contra las cuales iban a luchar. Según todos los testimonios, disponían de un veneno tan mortífero como el de las peores serpientes, y obedecían a jefes más aptos por lo visto que las hormigas cortadoras y acarreadoras a que se había referido Da Cunha. Y por si esto fuese poco, eran carnívoras, valerosas, y en lugar de partir después de haber limpiado las casas de granos e insectos, permanecían irreductiblemente fieras, igualmente dispuestas a no compartir con el hombre ningún dominio.
Nada turbaba la quietud de la noche. El agua susurraba contra los costados del navío, y en lo alto, en torno a la luz del mástil, se agitaba un zumbar de falenas. De pronto la voz soñolienta de Guérilleau dijo en la obscuridad, mientras el cuerpo daba una vuelta para poder inmovilizarse de nuevo:
?¿Qué podemos hacer contra esas hormigas?
Y Holroyd fue rescatado del horror de su siniestro ensueño por el clarinear de un mosquito que giraba en torno de su frente, dispuesto a herir.

2
Cuando supo Holroyd a la mañana siguiente que estaban a menos de cuarenta kilómetros de Badama, las riberas más próximas atrajeron su atención. A cada rato subía al puente para observar los alrededores; pero ningún signo de vida humana percibía, excepto las ruinas de alguna casa y la fachada musgosa del abandonado convento de Mojú, por una de cuyas ventanas, cual alegoría del triunfo de la naturaleza, asomaba un árbol su ramaje mientras enredaderas tupidísimas cubrían casi las desconchadas paredes. Extrañas mariposas amarillas, de alas casi traslúcidas, cruzaban el río e iban de vez en cuando a posarse en la cubierta, donde los marineros se entretenían en cazarlas… Fue aproximadamente a mediodía cuando vieron a lo lejos el lanchón arrastrado por la corriente.
A primera vista no creyeron que navegase sin rumbo, pues las velas fláccidas parecían esperar la brisa y una forma humana se divisaba a proa sentada junto a los dos grandes remos. A popa también otra silueta semejaba dormir apoyada contra el extremo del puente central; pero bien pronto las oscilaciones del timón y la tendencia a ser atraída por la estela del cañonero, demostraron que algo insólito ocurría a bordo. Guérilleau, que se puso a observarla con los gemelos, se asombró de la extraña negrura del rostro del hombre sentado a proa; y por más que graduó el anteojo no pudo distinguir la nariz en la mancha negrorrojiza de la cara. El cuerpo parecía más desplomado que sentado a medida que se aminoraba la distancia, y el capitán sentía nacer y crecer en sí una especie de repugnancia hacia aquel misterio del que, sin embargo, no podía separar la atención. Cuando ya estuvo algo más cerca, llamó a Holroyd y ordenó una maniobra para acortar aún más la distancia. Ya a simple vista se veía el nombre de la lancha ?Santa Rosa? escrito a ambos lados de la proa, que cada vez parecía buscar más decididamente la estela del Benjamín Constant.
Al girar el cañonero para acercarse, la Santa Rosa oblicuó brusca y la silueta del hombre sentado a proa se desplomó cual si todas sus articulaciones se hubiesen aflojado de súbito; el sombrero rodó por el puente y dejó al descubierto una cabeza de aspecto repugnante.
?¡Caramba! ¿Ha visto usted? ?exclamó Guérilleau saliendo al encuentro de Holroyd, que subía la escalerilla del puente.
?Sin duda está muerto ?contestó Holroyd?. Creo que lo mejor será arriar uno de nuestros botes e ir a ver. Algo raro pasa en ese lanchón.
?¿Se ha fijado usted en la cara del hombre?
?No. ¿Cómo la tiene?
?No sé cómo ?dijo el capitán contrayendo la boca en un gesto de asco.
Y volviendo de súbito la espalda al inglés, gritó varias órdenes… El cañonero volvió a virar para seguir una dirección paralela a la de la barca; se arrió un bote y embarcaron en él tres hombres al mando del segundo. Devorado por la curiosidad, el capitán maniobró para colocar su navío lo más cerca posible de la Santa Rosa, y mientras los remeros bogaban hacia ella, él y Holroyd eran enteramente ojos… Sin duda alguna sólo estaban a bordo los dos hombres que parecían cadáveres; y aun cuando no podían distinguirse bien sus caras, la crispadura de las manos y la tumefacción de todos los miembros demostraba que habían sido sometidos a algún extraño proceso de descomposición. Durante un instante el interés de Guérilleau y Holroyd se concentró en los hatijos de ropas extrañamente sucios a primera vista; luego fue a fijarse en el entrepuente, donde se apilaban cajas y baúles. La puertecilla de la camareta estaba inexplicablemente abierta, y a medida que la distancia era menor comprobaron aquí y allá grandes manchas negras, movibles. Aquel vaivén obscuro los fascinó enseguida, y al verlo ensancharse en torno de los hombres caídos, les vino a la imaginación, sin necesidad de esforzarse, la imagen de las multitudes saliendo de la plaza al concluir una corrida de toros. Holroyd, que había cambiado de sitio para ver mejor, se dio cuenta de que el capitán estaba junto a él, y le dijo:
?¿Tiene sus gemelos ahí? Fíjese bien en el aspecto de las manchas.
Guérilleau miró con insistencia, balbuceó algunas frases y le tendió los anteojos al ingeniero, quien después de mirar otro rato repuso:
?Son las hormigas, no cabe duda. Ya ve que salen a recibirnos.
Se pusieron de nuevo a observarlas, y al pronto creyeron estar viendo hormigueros semejantes a los de la especie común; mas no tardaron en notar que las hormigas eran mayores, y que algunas de ellas llevaban una especie de manto grisáceo. El examen era tan dificultoso a causa de la oscilación de la lancha, que no podían percibir los detalles. De pronto, la cabeza del segundo apareció tras la borda de la Santa Rosa y entabló con el capitán un breve coloquio:
?Suba a bordo ?dijo el capitán.
Como el teniente objetase que la barca estaba llena de hormigas, Guérilleau arguyó:
?¿No tiene usted botas? Unos cuantos pisotones le bastarán para abrirse camino.
Desviando la conversación, gritó el segundo:
?¿Cómo habrán muerto estos pobres hombres?
El capitán se extendió en hipótesis que Holroyd no pudo seguir, y empezó luego a discutir con vehemencia creciente, mientras el ingeniero, tomando de su mano los anteojos, tornó a examinar las hormigas y el cadáver tendido sobre la cubierta central. He aquí la minuciosa descripción que más de una vez ha hecho de aquel examen:
«Las hormigas eran mayores que las de todas las demás especies conocidas, y se movían con rapidez y precisión nada semejantes a los ciegos tanteos con que suele proceder la hormiga común. De cada veinte o veinticinco se destacaba una más grande, cuya cabeza, sobre todo, tenía desmesurado tamaño; y viéndolas reunirse en torno a las otras, como si coordinaran su esfuerzo, pensé enseguida en capataces que capitanearan un grupo. Estas hormigas mayores recogían el cuerpo extrañamente antes de avanzar, al modo de minúsculos felinos, cual si quisieran servirse mejor de sus patas anteriores. Y más de una vez tuve la idea extraña, imposible de verificar por la distancia y la movilidad de la lancha y del cañonero, de que la mayor parte tenía, tanto en derredor del cuerpo como en la extremidad de sus patas, algo artificial, añadido para ampliar su poder de acción, que brillaba como metal blanco.»
El conflicto de disciplina se elevaba entre el capitán y su segundo con acres caracteres, y arrancó al ingeniero de su contemplación. Guérilleau vociferaba crispando los puños:
?¡Su deber es cumplir la orden y subir a la lancha!
El teniente no parecía participar de esta opinión, y para buscar testigos y apoyo volvía la vista hacia las cabezas cobrizas de los marineros mulatos que tenía cerca. Holroyd, para desviar la cuestión, dijo en inglés:
?Me parece que esos pobres hombres han sido devorados por las hormigas.
Pero, sin responderle, el capitán siguió interpelando colérico a Da Cunha:
?¡Le intimo por última vez a subir, y si no cumple la orden, incurre en el delito de insubordinación! ¿Lo oye? De insubordinación y cobardía… ¿Es ése el valor que se le supone en la hoja de servicios? ¡Si tarda un minuto más en subir, lo meteré en el calabozo, le formaré consejo de guerra y hasta lo fusilaré si es preciso; sí, señor!
Siguió lanzando un torrente de injurias con los puños agarrotados y los pies trémulos, mientras el teniente, silencioso, lívido, lo miraba sin decidirse, pintada la angustia en los ojos. Toda la marinería se había reunido a proa, estupefacta… De pronto, en un instante en que el capitán se detuvo para tomar aliento, el segundo pareció adoptar una heroica resolución, y alzándose merced a una flexión de sus membrudos brazos, subió a la Santa Rosa. El capitán contuvo un nuevo alud de imprecaciones y cerró la boca en un «¡ah!» de satisfecha curiosidad.
Holroyd vio a las hormigas retirarse ante los pesados pasos de Da Cunha, que al llegar junto al cadáver caído en el puente titubeó, se inclinó sobre él y, asiéndolo por la chaqueta, le dio una vuelta para verlo de cara. Una verdadera oleada negra salió del traje, y el teniente retrocedió con rapidez y pateó tres o cuatro veces violentamente. El ingeniero volvió a coger los anteojos, y pudo ver en torno a las recias botas del intruso dispersarse las hormigas y proceder de manera opuesta a la de sus hermanas de la especie común: en vez de perder terreno y tiempo en locas idas y venidas, se apartaban en línea recta y, agrupándose a poca distancia, parecían considerar a Da Cunha como lo haría un grupo de hombres ante un gigantesco monstruo que acabara de derrotarles.
?¿De qué ha muerto? ?gritó el capitán.
Holroyd adivinó que el teniente explicaba que el cuerpo estaba demasiado desfigurado para darse cuenta de la causa de la defunción. La voz del capitán volvió a preguntar:
?¿Qué hay en la camareta de proa?
Da Cunha avanzó algunos pasos y comenzó a responder en portugués; de pronto se detuvo, sacudió con brusco ademán una pierna en movimientos extraños, cual si tratara de pisotear objetos invisibles, y se encaminó de prisa hacia el bote; mas dominado otra vez por el sentimiento del deber, dio media vuelta y, después de bajar a la bodega, se le vio escalar la proa e inclinarse un instante sobre el otro cadáver. Casi enseguida lanzó un gemido y volvió a desandar su camino a pasos rígidos, hasta que se detuvo y en tono respetuoso y frío que contrastaba con la excitación anterior, se puso a dialogar con el capitán. Holroyd, no pudiendo comprenderle bien, no abandonaba los gemelos, y observó que las hormigas habían desaparecido de todos los sitios visibles; mas en los rincones sobrios le pareció distinguir el brillo de innumerables ojos brillantes, en acecho.
Entre el capitán y el teniente se decidió que la Santa Rosa, demasiado llena de hormigas para consentir la permanencia de un destacamento, debía ser remolcada; y Da Cunha marchó de nuevo a proa para recibir el cable y amarrarlo, mientras los marineros, de pie en el bote del Benjamín Constant, miraban curiosos sin poder prestarle ayuda. Cada vez más impresionado, Holroyd se daba cuenta de que una actividad al mismo tiempo unánime y furtiva agitaba a los misteriosos insectos. Por lo pronto descubrió que gran número de hormigas gigantes, no menores de tres o cuatro centímetros, iba de una zona obscura a otra arrastrando objetos inidentificables. No marchaban en columnas compactas, sino en líneas que evocaban los avances, alternados de carreras y ocultaciones, de la moderna infantería bajo el fuego; y como hace ésta en cada trinchera o montículo, se detenían en los accidentes favorables de la cubierta antes de ir a reunirse en multitud innúmera junto a la escalerilla de la bodega por donde indefectiblemente Da Cunha tenía que pasar al regreso.
Holroyd no las vio asaltar al teniente, pero tuvo la certeza de que el ataque había sido ejecutado con terrible método. El grito de Da Cunha fue tan repentino, tan angustioso, que les heló la sangre:
?¡Me han picado, me han picado!
Un instante lo vieron volver hacia ellos su cara dolorida y rencorosa, correr a pasos inciertos hacia la borda y lanzarse al agua con tal violencia, que suscitó un gran remolino.
Los marineros lo izaron al bote y lo condujeron a bordo, donde murió pocas horas después.

3
Al salir del camarote donde el cuerpo del desventurado Da Cunha yacía inflado y contorsionado por la terrible muerte, Holroyd y el capitán se dirigieron a popa y permanecieron un rato contemplando la barca siniestra que seguía las aguas del Benjamín Constant. Las tinieblas de la noche sólo eran interrumpidas de tiempo en tiempo por relámpagos estivales azulosos y trémulos, y la barca de la muerte ?vago triángulo obscuro? se deslizaba tras ellos con su velamen fláccido, sobre el cual el humo de las chimeneas del cañonero ponía un palio de sombra que a veces surcaban rojas chispas… El pensamiento de Guérilleau se detuvo en el recuerdo del agrio coloquio sostenido por la mañana con su segundo y en las palabras acusadoras proferidas por éste en el delirio de la fiebre postrera.
?Es absurdo que haya dicho que yo lo asesiné… ¿No le parece? ¡Alguno tenía que subir a la lancha!… ¿Es que no va a quedar otro remedio que dejarles el campo libre a esas condenadas hormigas en cuanto se presenten?
Holroyd, sin responder, pensaba en el disciplinado asalto de los pequeños e innumerables monstruos sobre la cubierta desnuda, bajo el fuego del Sol. El capitán insistió aún:
?Era a él a quien correspondía ir: yo no podía abandonar el mando. ¿Puede un militar quejarse de morir cumpliendo su deber?… ¡Asesinado! Lo que pasa es que estaba… ¿cómo diré yo?…, loco, loco, sí… quizá por efecto del veneno. ¿No lo cree usted?
Siguió un largo silencio a esta pregunta, e interpretándolo como favorable respuesta, el capitán dijo:
?¡Hay que hundir esa maldita barca!… Voy a mandar ahora mismo que le prendan fuego.
?¿Para qué?
La pregunta pareció irritarlo, y encogiéndose de hombros y cruzándose de brazos, preguntó a su vez:
?¿Que para qué? Para hacer algo. Lo que es esas hormigas no volverán a matar a ningún hombre.
Holroyd no tenía ganas de conversación y no contradijo a Guérilleau. Lejana algarabía de monos llenó de gritos agoreros la densa noche al acercarse la cañonera a la orilla frondosa y suscitar el croar áspero de las ranas. Después de un largo intervalo durante el cual el capitán repitió varias veces sus propias palabras para buscar la controversia, lo invadió una cólera activa que se tradujo en blasfemias y órdenes. Toda la tripulación pareció alegrarse, cual si un deseo de venganza multiplicara su celo. Se cortó el cable, volvieron a arriar el bote, y brazos fornidos lanzaron a la barca siniestra pedazos de estopa saturados de petróleo y luego mechas encendidas. Poco después surgió detrás del cañonero una llama alegre y crujiente; y Holroyd veía la lanza de oro elevarse en la sombra e iluminar el agua, el buque, la ribera, con luz tan pronto amarilla como verdosa. Hasta los maquinistas subieron a ver el espectáculo… Detrás de Holroyd la voz del mulato dijo después de un gran esfuerzo filológico:
?«Sauba» hacer era, era… ¡Oh, yo contento, contento!
Y estalló en ancha risa que no logró comunicar al ingeniero, quien, recordando el drama de la mañana, estaba pensando que las innumerables hormigas abrasadas en la hoguera flotante tenían también ojos para ver y cerebro para pensar.
La interrogación desesperada de Guérilleau «¿qué hacer contra ellas?» se había también incrustado en su mente, y se la repetía a sí mismo todavía cuando el cañonero fondeó delante de Badama. El caserío, con sus techos de palma seca, sus establos, su quieto molino verdecido de enredaderas y su paseo ribereño orillado de rosales que se inclinaban para mirarse en la corriente, dormía en la quietud matinal; y a medida que el Sol iba subiendo, parecía muerto en vez de dormido. En cuanto a las hormigas, su pequeñez y la distancia impedían comprobar su presencia.
?Todos los habitantes deben haber huido ?dijo Guérilleau?; pero como hay que hacer algo pitaremos con la sirena por si queda alguno.
Holroyd tiró del alambre del silbato, y un lamento agudo y tembloroso llenó el aire y fue a arrancar ecos al bosque. Cuando se extinguió, el capitán tuvo una idea laboriosamente concebida:
?Podemos hacer una cosa ?dijo.
?Usted dirá.
?Tocar la sirena otra vez.
Y mientras el alarido volvió a vibrar en la quietud del día naciente, Guérilleau medía a grandes zancadas la cubierta, agitado por pensamientos múltiples que, a veces, temerosos de romper la prisión del cerebro, asomaban a los labios en fragmentos discordes, ya en español, ya en portugués. Parecía dirigirse a un tribunal invisible y justificar ante él su conducta; Holroyd percibió algunas frases referentes a las municiones y se puso a mirarlo extrañado. Entonces Guérilleau le habló en inglés:
?¿Quiere usted decirme, mi querido ingeniero, qué puede hacerse?
Embarcaron en un bote y fueron acercándose a la playa para examinar minuciosamente con los anteojos «al enemigo». Poco a poco las formidables hormigas fueron apareciendo en posturas inmóviles, con los ojos alerta, fijos en el botecillo que se aproximaba. Y cuando estuvieron cerca, ya una multitud estaba belicosamente apiñada junto al embarcadero donde era necesario atracar, dispuestas sin duda a cerrarles el paso. Guérilleau sacó el revólver y, con cólera estéril, se puso a dispararles tiros. Holroyd, apretándose contra las cavidades oculares los gemelos, creyó percibir que de casa a casa iban extrañas zanjas llenas de una actividad incansable. Cuando estuvieron a pocos metros pudieron ver del otro lado del muelle un esqueleto perfectamente mondado y reluciente, cubierto a medias con los harapos del vestido… Los marineros habían dejado de bogar para hablar mejor, y el capitán dijo desesperado:
?¡Y la nota del almirante me dice que todas las vidas de Badama están a mi cargo, ya ve usted! Y como también están las de la tripulación, no puedo mandar un destacamento a tierra: serían atacados y envenenados como Da Cunha; y a la vuelta los veríamos hincharse e insultarme lo mismo que él, para morir retorciéndose en contorsiones espantosas… No, no, es imposible. Caso de desembarcar alguien, debo ser yo… Iré con botas fuertes y decidido a todo… Aunque me parece que tampoco yo debo desembarcar… ¡no sé, no sé!…
Holroyd comprendió que en estas dudas estaba implícita la decisión sensata de no exponerse, y nada dijo. La cólera del capitán volvió a recaer sobre su manía primitiva:
?Esta comisión no ha tenido otro objeto que ponerme en ridículo.
Anduvieron de aquí para allá sin acercarse mucho, examinando el avisador esqueleto desde diferentes lugares, y luego volvieron a bordo. La incertidumbre del capitán se exacerbaba por momentos. A mediodía levantaron presión y el cañonero se dirigió velozmente río abajo, cual si fuese en busca de algo muy urgente, para girar a las pocas horas y volver a anclar al caer la tarde frente al caserío destruido, con su quietud hostil, su muellecito orlado de rosales, sus zanjas amenazadoras y su esqueleto que hablaba con muda elocuencia del dolor, de la impotencia y de la muerte. Una enorme turbonada agitó la atmósfera, y tras la lluvia y los truenos vino la noche fresca profunda, espléndida de astros; y tanto en el pueblo como en el buque pareció dormir todo, excepto Guérilleau, que paseaba como fiera enjaulada por el puente. Holroyd despertó con el alba, y dirigiéndose al insomne, le preguntó:
?¿Hay algo nuevo?
?Nada, nada… pero ya he decidido.
?¿Va usted a desembarcar?
Había en la pregunta del ingeniero una alegría maligna, mas Guérilleau no pareció percibirla, y poniendo a prueba la ansiedad del ingeniero, dijo:
?He decidido, pero no eso… He decidido tirarles con el cañón de proa.
Así lo hizo; y Dios sabe lo que las terribles hormigas pensaron de tan madura decisión. Dos veces, con belicosa solemnidad, mandó en persona el fuego, y toda la tripulación hubo de ponerse algodones en los oídos y formar en zafarrancho de combate, como si se tratase de una batalla. Al primer cañonazo el antiguo molino de azúcar cayó a tierra, y al segundo, el almacén situado cerca del muelle se derribó con pardo estrépito. Sólo entonces se produjo en el ánimo colérico del capitán la reacción razonable:
?Todo es inútil, inútil ?suspiró?. No nos queda más que volver a pedir instrucciones precisas. ¡Y por si no era bastante, ahora me reñirán también por el despilfarro de municiones!… ¡Han querido ponerme en ridículo…! No me cabe duda, mi querido Holroyd.
Todavía un momento, antes de decidir, permaneció con los ojos fijos en el vacío, presa de infinita perplejidad, y volvió a su ritornelo doloroso:
?¿Qué puede hacer el hombre contra las hormigas? ¡Nada, nada!
Durante el día el cañonero descendió perezosamente por el río, y a media tarde un destacamento fue a enterrar bajo los copudos árboles, en un lugar libre aún de la invasión, el cuerpo terriblemente desfigurado de Da Cunha.

4
Holroyd mismo me contó aún no hará tres semanas la historia transcripta anteriormente; y luego se la he oído referir también a otros. Llena la imaginación del recuerdo de las hormigas invencibles, ha regresado a Inglaterra con la idea, según dice, de concitar al país contra las invasoras antes de que sea demasiado tarde.
Asegura que ya amenazan la Guayana, apenas separada por mil millas de su presente zona de acción, y que el ministro de las Colonias debe ocuparse sin tardanza del asunto. Si alguien sonríe al oírlo, se exalta y argumenta así:
?¿Ha pensado usted en que se trata de hormigas inteligentes? Medite en lo que este hecho significa, y suponga que puedan, como nosotros, llegar a servirse de utensilios, a descubrir el fuego y los metales, y a ejecutar, por verdaderos prodigios de mecánica, maravillas superiores a cuantas la ignorancia europea desconoce aún. ¿No saben ustedes que las «sauvas» en 1841 horadaron bajo el Paraíba un túnel no menos ancho que el Támesis a su paso por Londres? Estoy seguro de que se sirven de sus maravillosos medios actuales con un método lógico y minucioso, sin despreciar ninguna lección de la práctica, lo que equivale a nuestros libros guardadores y propulsores de cultura. Hasta aquí su acción se limita a una invasión progresiva que fuerza a perecer o a huir a todo ser humano; pero su número aumenta formidablemente, y estoy persuadido de que pronto el hombre habrá tenido que abandonarles íntegra la América del Sur…
?Usted no habla en serio; usted no cree…
?Creo más. ¿Por qué han de detenerse en la América del Sur? En 1915 o poco más tarde habrán llegado, si no aumentan la velocidad de su avance, a las primeras estaciones del ferrocarril, y entonces los capitalistas europeos no tendrán otro remedio que ocuparse de ellas. Hacia 1920 poseerán de seguro la mitad de la cuenca del Marañón; y no me parece aventurado vaticinar para el 1950 ó 60 la fecha de su descubrimiento de Europa.

Edición digital de Sadrac
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