¿UNA ESPIRITUALIDAD LAICA? Por Antonio DÍAZ TORTAJADA
El Dalai Lama se ha convertido en un infatigable misionero: Es la hora de una espiritualidad laica, no religiosa, es la síntesis de su mensaje. Una ética secular que se sustente en las cualidades innatas del ser humano. No es necesario ser religioso para ser una persona moralmente ética, pues el amor y la compasión, por ejemplo, no tienen por qué estar relacionados con una religión, ha dicho el líder espiritual tibetano. La idea no es nueva, pero sí de una enorme pertinencia en momentos en que, para muchos de nosotros, parecen volver los dogmatismos.
A Freud le parecía que las religiones eran infantiles, pues eso de apoyarse en el esquema garrote zanahoria no es que sedujera mucho a los inteligentes. Pero el problema del mal ?razón de la teodicea es tan antiguo como la filosofía: Usted sufre aquí y ahora, para poner a prueba su fe mientras esté en este mundo; si pasa el examen será recompensado en el otro.
Algunas religiones administran este sistema de recompensas (mientras estamos aquí) a criterio de sus pastores. El carácter maniqueo de las deontologías ?sistemas de conducta basados en el deber ? se resiste a admitir los matices intermedios. Habría que ser ciento por ciento bueno para considerarse practicante de la dudosa ética virtuosa. Pero la física dice otra cosa, que no hay eficiencia absoluta pues la incesante dinámica orden caos nos lanza alternativamente a momentos de neguentropía o su contrario, la entropía. Y esto parece aplicable no simplemente a los sistemas físicos sino a los morales; por lo demás, nos resulta más fácil adquirir malos hábitos que buenos. Y cuesta más romper con los primeros que con los últimos.
Aprender a moverse en la infinita gama de los matices que componen nuestros comportamientos, abrir nuestro corazón a la tolerancia y el respeto por las ideas que nos resultan ajenas o contrarias, y considerar que de esta manera es posible la paz y la armonía en las sociedades, es otra de las cosas que muy probablemente difunde el Dalai. Y dirá ? ¡cómo no! ? que la violencia sólo puede engendrar violencia y sufrimiento. Creo que será útil apreciar con cuidado sus ideas. Y un sector de nuestra sociedad laica las pueda llevar a la práctica. Será un buen pre-evangelio.
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