{"id":736,"date":"2008-10-27T14:38:03","date_gmt":"2008-10-27T14:38:03","guid":{"rendered":"http:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=736"},"modified":"2008-10-27T14:38:03","modified_gmt":"2008-10-27T14:38:03","slug":"destrucci\u00d3n--de--libros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=736","title":{"rendered":"DESTRUCCI\u00d3N   DE   LIBROS"},"content":{"rendered":"<p>&#8220;Mira en la conspiraci\u00f3n universal, dirigida al exterminio del j\u00fabilo y a la ruina de la belleza, el retorno y el establecimiento definitivo de los antiguos fantasmas del caos y de la nada&#8230;&#8221;<br \/>\nJ.A. Ramos Sucre, El ret\u00f3rico<\/p>\n<p>TODOS LOS FUEGOS, EL FUEGO<\/p>\n<p>No veo c\u00f3mo comenzar esta historia atroz sin formular algunas premisas:<br \/>\na) La veneraci\u00f3n fan\u00e1tica por un libro convertido en un talism\u00e1n cultural sagrado caus\u00f3 la aniquilaci\u00f3n de miles de libros.<br \/>\nEsto y lo que sigue: el fervor extremista asign\u00f3 una condici\u00f3n m\u00e1gica al contenido de una obra (ll\u00e1mese Cor\u00e1n, Biblia o el programa de un movimiento religioso, social, art\u00edstico o pol\u00edtico) y legitim\u00f3 su procedencia divina (Dios como autor o en su defecto un iluminado). Es el mito de la Obra Sagrada, a secas. De ah\u00ed, y sin reservas, que sobreviniera la condena m\u00e1s absoluta, supersticiosa y oficial de todo aquello que no confirmara semejante postura. La defensa teol\u00f3gica de un libro considerado definitivo, irrebatible e indispensable no ha tolerado discrepancias o manifestaciones de cultura deliberada. En parte, porque la desviaci\u00f3n o reflexi\u00f3n cr\u00edtica se iguala a la rebeli\u00f3n; en parte porque lo sagrado no admite conjeturas: supone un Cielo para sus gendarmes y un Infierno inagotable, domicilio de penalizaci\u00f3n con tintes de pesadilla combustible, para sus transgresores. La verdad, en este sentido, fue y sigue siendo a priori; principalmente trascendente, propiedad de un colectivo cuya fe da por sentado que la oposici\u00f3n es inoportuna e injusta.<br \/>\n\u00a0 \u00a0 Esta visi\u00f3n nos lleva a un segundo punto:<br \/>\nb) El di\u00e1logo del libro estorba el mon\u00f3logo del fan\u00e1tico.<br \/>\nEl di\u00e1logo acuerda la interlocuci\u00f3n y el consenso. La destrucci\u00f3n pretende amedrentar, disuadir, antes que convencer o persuadir. Subyace en todo esto la creencia de que el libro sagrado no puede ser cuestionado por meros mortales. No es, en definitiva, un proyecto dial\u00e9ctico sino impositivo, monotem\u00e1tico, aislado. Un vulgar plan de conquista. El fin superior del proceso castiga la blasfemia para disipar la corrupci\u00f3n de las tesis o su disoluci\u00f3n p\u00e9rfida en la duda; la salvaci\u00f3n del alma es la meta y no hay resquicios ni obst\u00e1culos que no puedan derribarse. c) El fuego, con escasas excepciones, ha sido el instrumento de la mayor parte de la destrucci\u00f3n de libros en la historia.<br \/>\nComo elemento purificador, principio y fin, antes y nunca, el fuego resulta eficaz al reducir a cenizas la escritura. Act\u00faa, pues, como respuesta al pensamiento heterodoxo y como ofrenda a la posici\u00f3n ortodoxa. La quema de libros ha intentado determinar que dado que el conocimiento es poder (Bacon dixit) la inversi\u00f3n, es decir, el poder como conocimiento, se expresa en la eliminaci\u00f3n categ\u00f3rica o, por momentos distra\u00edda, del menor atisbo de cuestionamiento o indiferencia.<br \/>\nImporta que el acto sea contundente, irreversible, casi una moraleja. Yavh\u00e9 no dud\u00f3 en hacer uso del fuego para destruir Sodoma. Desde ese momento en que los atenienses condenaron a Prot\u00e1goras y redujeron su obra a las llamas hasta la persecuci\u00f3n contra Salman Rushdie y sus irreverentes &#8220;Versos sat\u00e1nicos&#8221; , por citar uno de lo signos con que cierra este siglo, la moraleja (esto es: la disidencia no redunda en beneficios) ha probado sus efectos desmoralizantes. Lo invocado es lo de menos. Bien sea en el nombre del padre, del hijo, del esp\u00edritu santo, Mahoma o del partido, el horror provocado es id\u00e9ntico. Todos los fuegos son el fuego original.<br \/>\nEn el &#8220;Fausto&#8221; de Marlowe, quiz\u00e1s el mejor de todos o el m\u00e1s feliz, hay un punto, (Acto V, escena II), en el que Fausto, ya condenado y conducido por los demonios, grita: &#8220;No te abras, infierno horrible. !Lucifer, no vengas por m\u00ed! !Yo quemar\u00e9 mis libros!&#8230;&#8221; . Pero no se salva: sus s\u00faplicas son tard\u00edas y la promesa de negar el conocimiento, cometido el pecado letal, no basta. No hay absoluci\u00f3n que valga. Y sus libros, tarde o temprano, cabe imaginar, correr\u00e1n la misma suerte.<br \/>\nd) Hay demasiadas definiciones del libro. Yo no tengo ninguna que difiera de las que he le\u00eddo, por lo que me atrevo a resumir con desparpajo: el libro encuentra al hombre en el lugar donde \u00e9ste jurar\u00eda no haber estado nunca. S\u00edmbolo del mundo, diestra objetivaci\u00f3n de la memoria humana, es tambi\u00e9n la extensi\u00f3n e instauraci\u00f3n de un mensaje espiritual lanzado a trav\u00e9s de los siglos condensadamente con el fin de propiciar el renacimiento o encanto de una situaci\u00f3n o pensamiento.<br \/>\nDestruir un libro, por tanto, es rescindir, bajo el m\u00e1s crudo realismo, su intenci\u00f3n final. La idea (debo darle un nombre) no es otra que desarticular las bases de su intemporalidad y domesticar a sus lectores. Negado como s\u00edmbolo, negada la humanidad que lo sostiene, negada la memoria misma en su esencia m\u00e1s \u00edntima, se transforma en una lecci\u00f3n con fines sociales devastadores. La excusa del libro sagrado o del inter\u00e9s nacional permite, adem\u00e1s, sorprender la confianza de la reflexi\u00f3n cr\u00edtica o simplemente alternativa para exponer las condiciones incuestionables de absoluta devoci\u00f3n de una comunidad por un libro. Una vez establecido este dominio, cualquier cosa es posible.<br \/>\nCada una de estas premisas se agota en s\u00ed misma. Corresponden a la cara visible de lo que llamo el mito de la Obra Sagrada, cuyo poder de est\u00edmulo y principio devastador est\u00e1 en sus umbrales. El lado oscuro, sospecho, s\u00f3lo ha deletreado tres o cuatro signos en los hechos que ofrezco seguidamente.<\/p>\n<p>GENEALOG\u00cdA DEL DOMINIO<\/p>\n<p>El primero acontecimiento, no por fechas sino por importancia, ocurri\u00f3 hacia el 640 (\u00f3 644) d.C., cuando el comandante Amir ibn al-Ass, terminada la conquista de Egipto, envi\u00f3 una carta al califa Omar I (Umar ibn al-Khattab), refiri\u00e9ndole sus hallazgos en la ex\u00f3tica Alejandr\u00eda: hab\u00eda encontrado 4.000 ba\u00f1os, 4.000 palacios, 400 teatros, 40.000 jud\u00edos y 12.000 comerciantes de aceite. Posteriormente, a\u00f1adi\u00f3 a su censo la prestigiosa Biblioteca de la ciudad no sin pedir instrucciones sobre qu\u00e9 hacer con el elevado n\u00famero de libros (como se llamaba entonces a cada rollo de papiro) que desde el siglo 3 a.C. demandaban el inc\u00f3modo orgullo hel\u00e9nico. Omar, pr\u00edncipe de la fe, heredero de la piedad de Mahoma, respondi\u00f3 la inquietud de Amir con pragmatismo: &#8220;Si los libros contienen la misma doctrina del Cor\u00e1n, no sirven para nada porque repiten; si los libros no est\u00e1n de acuerdo a la doctrina del Cor\u00e1n, no tiene caso conservarlos&#8221;. Abd al-Latif, cronista prudente, resumi\u00f3 las consecuencias de este consejo con frases inh\u00f3spitas: &#8220;La Biblioteca de Alejandr\u00eda fue incendiada y totalmente destruida&#8230;&#8221;. Los papiros sirvieron para encender el fuego que calentaba las termas p\u00fablicas. En lugar de le\u00f1a, los textos de Her\u00e1clito (quien alguna vez escribi\u00f3: &#8220;El fuego juzgar\u00e1 y alcanzar\u00e1 todas las cosas&#8221; ), Hes\u00edodo, Gorgias (el sofista que dijo: &#8220;Nada existe&#8221; ), Epicuro, Arqu\u00edloco, Crisipo, de la gran mayor\u00eda de cl\u00e1sicos, ardieron por seis largos meses.<br \/>\nEn el intento por salvar la dignidad y el poder de un libro juzgado infalible, inimitable y resplandeciente, los musulmanes ultrajaron millares de vol\u00famenes. Chih-huang-ti, Primer Emperador de China, Se\u00f1or Augusto, responsable de la Gran Muralla, acept\u00f3 alguna vez una proposici\u00f3n ministerial de quemar todos los libros que no llevaran el sello real y el 213 a.C. centenares de escritos chinos desaparecieron. Pero el 206 a.C., una guerra civil que no estaba contemplada dentro de los planes del Emperador, arras\u00f3 tambi\u00e9n con los ejemplares que llevaban el sello real. En Alejandr\u00eda la ambigua orden de Omar caus\u00f3 el exterminio del cuarenta por ciento de la literatura griega antigua. No obstante, tan infame episodio no fue excepcional. La cremaci\u00f3n de obras se practicaba desde siglos anteriores. A petici\u00f3n de Egl\u00e9 Charmell, historiadora, pude leer en el &#8220;Gran Diccionario Hist\u00f3rico o Miscel\u00e1nea de Curiosidades de la Historia sagrada y profana&#8221; de Luis Moreri lo siguiente: &#8220;Peleando Cesar contra los habitadores de Alexandria, mand\u00f3 pegar fuego a sus nav\u00edos, y extendi\u00e9ndole las llamas a la Bibliotheca, lo consumieron todo. No habl\u00f3 este dictador en su Historia de esta desgracia, de la cual era el autor; pero no se olvidaron de ella Plutarco, Di\u00f3n y Tito Livio. Erigi\u00f3 Cleopatra Reyna de Egypto otra Bibliotheca en el Serapeum, y logr\u00f3 de Antonio la Bibliotheca de Attalo, rey de P\u00e9rgamo, para echar cimientos a la suya&#8221; . El 47 a.C. ocurri\u00f3 lo de C\u00e9sar, quien no conforme con el da\u00f1o hecho sustrajo obras de contenido militar (que aprovech\u00f3, sin dudas de por medio, a su regreso a Roma). A\u00f1os despu\u00e9s, el emperador Diocleciano (284-305 d.C.) instig\u00f3 la desaparici\u00f3n de todos los escritos de magia y alquimia. Supersticioso en exceso, temi\u00f3 que los alejandrinos, sometidos a la hipot\u00e9tica Roma que dirig\u00eda, aprendiesen, por procedimiento alqu\u00edmicos, a convertir metales en oro y decidiesen recuperar \u00e1nimos belicosos. Algunos historiadores acusan al patriarca Te\u00f3filo de haber sido el verdadero causante del m\u00e1s grave de los da\u00f1os, por haber atacado el Templo de Serapis el a\u00f1o 389 y la Biblioteca el 391 con una multitud enfurecida.<br \/>\nLa tradici\u00f3n de infamias conden\u00f3 600.000 papiros, aproximadamente, al saqueo y la extinci\u00f3n. Aulo Gelio afirm\u00f3 que eran 700.000 rollos. S\u00e9neca habl\u00f3 de 400.000. Juan Tzetzes, comentarista bizantino, quiso mediar explicando que la Biblioteca estuvo dividida: con 42.800 manuscritos en el Serapeo y 490.000 en el Museo. Autores modernos resistentes al sentido com\u00fan opinan que pudo haber dos millones de originales. <\/p>\n<p>*****<\/p>\n<p>En Egipto fue quemado tambi\u00e9n &#8220;El libro de Toth&#8221;. Nadie sabe nada de esta obra, excepto que fue escrita por un hombre llamado Toth, inventor de la escritura y secretario de los dioses; asimismo se cree que conten\u00eda secretos sobre el poder del fara\u00f3n y f\u00f3rmulas m\u00e1gicas. En varias \u00e9pocas desapareci\u00f3 y conoci\u00f3 las llamas. Una leyenda lo convierte en el texto de todos los magos que se precien de tal, aunque ninguna evidencia ha podido probar que existi\u00f3, siquiera, el texto original. Un papiro refiere que hacia el 360 a.C. pudo haber sido objeto de las m\u00e1s oscuras manipulaciones pol\u00edticas.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Otra verdadera biblioteca griega maldita fue la de P\u00e9rgamo, cuya historia aport\u00f3 Plinio en su &#8220;Historia Natural&#8221; y que yo, con a\u00f1adidos inciertos, me atrevo a compendiar. Eumenes II, monarca irascible, la fund\u00f3 en el siglo 2 a.C. en abierta declaraci\u00f3n de guerra con la de Alejandr\u00eda. En pocos a\u00f1os, lleg\u00f3 a reunir 200.000 \u00f3 300.000 vol\u00famenes copiados en un nuevo material: el pergamino, m\u00e1s d\u00factil, menos perecedero. Con Crates de Malos (Siglo 3 a.C.) como director se defini\u00f3 una b\u00fasqueda basada en las premisas filos\u00f3ficas del estoicismo. Los estudios se orientaron hacia ex\u00e9gesis logicistas en lugar de an\u00e1lisis filol\u00f3gicos: &#8220;&#8230;su principio fundamental es la anomal\u00eda, basada en la observaci\u00f3n del uso en el lenguaje hablado&#8221;. La desaparici\u00f3n de la Biblioteca de P\u00e9rgamo a ra\u00edz de las luchas pol\u00edticas en el Asia Menor hizo que Antonio (hay quienes hablan de Augusto) enviara los pergaminos sobrevivientes a su querida Cleopatra con el leve prop\u00f3sito de donarlos al Serapeo de Alejandr\u00eda (era su manera de disculpar la quema del 47 a.C.). As\u00ed acab\u00f3 la segunda biblioteca helen\u00edstica m\u00e1s famosa. La rivalidad acab\u00f3 en iron\u00eda, en mueca.<\/p>\n<p>*****<\/p>\n<p>Arist\u00f3teles (H. 384-322 a.C.) pudo haber formado la biblioteca privada m\u00e1s admirada en la antig\u00fcedad, si no por su n\u00famero (pues descollar\u00edan las de Atenas, Rodas, Cos, \u00c9feso), por su calidad. Estrab\u00f3n asegur\u00f3 que el fil\u00f3sofo fue el primer v\u00e1stago entre los coleccionistas serios. En efecto, compr\u00f3 escritos filos\u00f3ficos, matem\u00e1ticos, f\u00edsicos, literarios y pol\u00edticos de los que supo hacer buen uso al citarlos en sus propias obras. A su muerte, Teofrasto (H. 388-288 a.C.) retuvo los libros y los acrecent\u00f3 sobremanera con manuscritos exc\u00e9ntricos. Pero la mala fortuna comenz\u00f3 cuando Neleo de Esc\u00e9psis, heredero final de la biblioteca muri\u00f3 y sus familiares, temerosos del pillaje, la arrojaron en un s\u00f3tano. Cuando Apelic\u00f3n de Teos, rico intelectual, opt\u00f3 por comprarla, muchos papiros ya hab\u00edan sido destruidos por la humedad. Sila, general romano, se apoder\u00f3 el 84 a.C. de Atenas y, al enterarse de la existencia de los curiosos legados de Arist\u00f3teles, hizo zarpar un barco a toda prisa con los materiales a Roma, en donde Tirani\u00f3n de Amiso enmend\u00f3 y reescribi\u00f3 lo mutilado. Posteriormente Andr\u00f3nico de Rodas se inmortaliz\u00f3 clasificando cada tratado por grupos. Fue \u00e9l, en realidad, el autor material del t\u00edtulo &#8220;Metaf\u00edsica&#8221;, otorgado a los textos aristot\u00e9licos que ven\u00edan despu\u00e9s de los que se ocupaban de f\u00edsica.<\/p>\n<p>****<\/p>\n<p>La primera referencia que poseo de la destrucci\u00f3n de un libro entre los griegos est\u00e1 en Di\u00f3genes Laercio y aparece en sus &#8220;Vidas de los m\u00e1s ilustres fil\u00f3sofos&#8221; (IX,52). Es el caso de Prot\u00e1goras, condenado en el siglo V por agn\u00f3stico. &#8220;Sobre los dioses&#8221;, su escrito, fue quemado en la plaza p\u00fablica as\u00ed como confiscado a sus poseedores. Prot\u00e1goras tuvo que huir para no ser v\u00edctima de las multitudes democr\u00e1ticas atenienses. Plat\u00f3n fue acusado de pegar fuego a los tratados de Dem\u00f3crito; quer\u00eda evitar, a tenor de los rumores mezquinos de sus colegas, cualquier acusaci\u00f3n de plagio debido a las m\u00e1gicas coincidencias entre sus escritos y el &#8220;Gran Diacosmos&#8221;. Laercio cuenta este suceso con la m\u00e1s resignada malicia posible. Hip\u00f3crates de Cos, seg\u00fan bi\u00f3grafos indiscretos, destruy\u00f3 la biblioteca del Templo de la Salud de Cnido. W.H.S. Jones, en su traducci\u00f3n del &#8220;Corpus Hippocraticum&#8221; de la colecci\u00f3n Loeb, recoge la leyenda imputando al padre de la medicina un descomunal deseo de impedir que intensos secretos se difundiesen o pudiesen ser conocidos por herederos de la gran tradici\u00f3n de los asclep\u00edades. <\/p>\n<p>****<\/p>\n<p>Con el advenimiento del cristianismo, resucit\u00f3 un per\u00edodo pre-inquisitivo. El 415 d.C. una poblada, seguidora de San Cirilo, asesin\u00f3 a Hipatia, investigadora matem\u00e1tica de la biblioteca de Alejandr\u00eda. Su cuerpo fue violado, y la piel sufri\u00f3 quemaduras y raspaduras con conchas marinas hasta el hueso. Tal ferocidad se aplic\u00f3 a muchos escritos. A falta de testimonios fehacientes, desconocemos los t\u00edtulos y la cantidad que, desaprobados por la Iglesia, fue arrojada a las llamas. Pero es presumible pensar en un centenar. No fueron tiempos de clemencia. Eran raros los padres verdaderamente instruidos; eran abundantes los logoclastas. Te\u00f3filo asest\u00f3 un golpe bajo a los restos del Serapeo incitando a sus fieles a demoler piedra por piedra a fin de erigir un templo a los m\u00e1rtires cristianos. Nuevamente, los anaqueles sufrieron destrucci\u00f3n y robo. El desinter\u00e9s por la literatura pagana que produjo el movimiento cristiano deriv\u00f3 en la extinci\u00f3n natural de muchos autores. La copia da\u00f1ada de un determinado escritor, al no ser reemplazada por una nueva debido a una desidia continua, se convirti\u00f3 en una mala se\u00f1al con el pasar de los a\u00f1os. As\u00ed perdimos miles de obras. Una convicci\u00f3n fulminante destruy\u00f3, con el rigor m\u00e1s extremo, los libros de los gn\u00f3sticos y lo que de ellos conocemos est\u00e1 en los textos de sus acusadores, los cuales, secretamente, parecen haberlos inmortalizado al recopilar los fragmentos m\u00e1s relevantes.<br \/>\nLa ca\u00edda del imperio romano empeor\u00f3 la paciente labor de conservaci\u00f3n. Alarico tom\u00f3 Roma con sus hordas b\u00e1rbaras el 410 d.C. Desde el 24 de agosto, d\u00eda del suceso, hasta pasada una semana, la ciudad fue saqueada sin piedad. Las casas brillaron como antorchas. Los papiros sirvieron como lumbre en las org\u00edas.<br \/>\nContrario a esta ferocidad, uno de los caudillos de los godos, cuando \u00e9stos encendieron fuegos para destruir las bibliotecas griegas, levant\u00f3 su voz diciendo que conven\u00eda dejarlas a los enemigos como cosa id\u00f3nea para apartarlos de los ejercicios militares y entregarlos a ocupaciones sedentarias y ociosas. Montaigne (&#8220;De la pedanter\u00eda&#8221;, Ensayos, I), fuente de esta an\u00e9cdota, la relata como un modelo contrario que bien puede oponerse aqu\u00ed a los hechos expuestos.<br \/>\nPara el siglo 5 d.C. la nueva historia de Roma la retom\u00f3 Constantinopla, donde la llama de la cultura prendi\u00f3 nuevamente dentro de los m\u00e1rgenes del imperio Bizantino. Esta etapa constituy\u00f3 un renacimiento parcial de la conciencia hel\u00e9nica porque, seg\u00fan John A. Garraty y Peter Gay (&#8220;Columbia History of the World&#8221;), &#8220;poseer cultura era indispensable para hacer carrera. Con la excepci\u00f3n del rudo Basilio II, los emperadores fueron ejemplares en este terreno y continuaron favoreciendo a los intelectuales. Le\u00f3n VI el prudente, estudioso de las teor\u00edas de Focio, era un excelente ret\u00f3rico; su hijo Constantino VII convirti\u00f3 el palacio imperial en punto de encuentro de estudiosos y literatos&#8230;&#8221;.<br \/>\nEste esfuerzo se mantuvo hasta que la &#8220;cristiana&#8221; Cuarta Cruzada arras\u00f3 el a\u00f1o 1204 con la urbe y diezm\u00f3 considerablemente los papiros y pergaminos antiguamente rescatados. Durante 3 interminables d\u00edas, cruzados de ardiente piedad, sacerdotes y soldados asesinaron, robaron y destruyeron con &#8220;fe&#8221; ejemplar.<\/p>\n<p>****<\/p>\n<p>En la Roma imperial no hubo ning\u00fan cambio en esta lenta y tenaz destrucci\u00f3n. El defensor de Virgilio, mecenas respetado y querido, c\u00e9sar incuestionable, el pac\u00edfico Augusto, destruy\u00f3 millares de obras alegando razones de Estado. Suetonio relata en su &#8220;Vida de los doce c\u00e9sares&#8221; (Libro 3, LXI) que la crueldad del voluptuoso Tiberio no tuvo l\u00edmites. Un resentido, al parecer, acus\u00f3 a un poeta de injuriar en su obra al m\u00edtico Agamen\u00f3n; otra acusaci\u00f3n peligrosa divulg\u00f3 la noticia de que un historiador alababa en su texto a Bruto y a Casio llam\u00e1ndolos &#8220;los \u00faltimos romanos&#8221;. Tiberio, ofuscado, conden\u00f3 a muerte a estos y a numerosos escritores destruyendo sus libros con verdadera sa\u00f1a. Se desconoci\u00f3 que los mismos poetas ajusticiados leyeron sus creaciones a Augusto, quien las elogi\u00f3 enormemente. Domiciano procur\u00f3 contribuir a paliar los incendios a que hab\u00edan sido sometidas las bibliotecas por las incursiones b\u00e1rbaras enviando mensajeros a Alejandr\u00eda a la b\u00fasqueda de copias fieles de los grandes cl\u00e1sicos. Esta labor la acompa\u00f1aba de una insana tendencia a destruir en quemaderos p\u00fablicos todos los libros sospechosos de ofender su majestad o a Roma (que sol\u00eda ser lo mismo). Los poetas eran apaleados y los editores crucificados o empalados.<\/p>\n<p>LAS PUERTAS INDUCIDAS<\/p>\n<p>En mayo de 925 d.C., el monasterio de Saint Gall fue atacado. Uno de los prop\u00f3sitos de los b\u00e1rbaros era aniquilar a los monjes y prender fuego al lugar, lo que hubiera significado el fin de miles de libros resguardados bajo el mayor fervor. Una mujer, asc\u00e9tica, devota, triste, llamada Wilborada, ejerc\u00eda entonces el cuidado de la biblioteca y tuvo una visi\u00f3n. No sabemos cu\u00e1l fue, pero entre el atardecer y la madrugada del d\u00eda siguiente del primero de mayo enterr\u00f3 las obras. La cr\u00f3nica relata que finalmente los sitiados vencieron a sus atacantes; el fuego, de cualquier manera, consum\u00eda el monasterio y el cuerpo de Wilborada, mutilado, vejado, erizado en su c\u00f3lera, yac\u00eda sobre un mont\u00f3n de tierra donde se encontraron m\u00e1s tarde todos los libros ilesos. Su acto le vali\u00f3 un santidad curiosa y el patronazgo absoluto sobre los bibli\u00f3filos.<br \/>\n*****<\/p>\n<p>Durante la dominaci\u00f3n de los moros en Espa\u00f1a, Al Hakam II, protector de artistas, fund\u00f3 en C\u00f3rdoba una de las Bibliotecas m\u00e1s importantes de su tiempo, adquiri\u00f3 textos raros, envi\u00f3 mensajeros a divulgar su deseo de obtener copias de los mejores libros del mundo lo que le facilit\u00f3 la selecci\u00f3n de 400.000 vol\u00famenes, pero Mohamed Ibn Abi Amir, mejor conocido como Almansur, heredero forzado en el califato, militar \u00e1vido de fortuna, asesino de su hijo, apenas muerto Al Hakam II permiti\u00f3 que los te\u00f3logos musulmanes quemaran todos los libros de la Biblioteca que contradijeran la fe de Mahoma. Este gesto le vali\u00f3 ser considerado el m\u00e1s piadoso de los hombres, lo cual ratific\u00f3 al destruir el santuario de Santiago de Compostela y hacer que los prisioneros llevaran sobre sus hombros las campanas de la iglesia.<br \/>\n*****<\/p>\n<p>Miles de hombres y mujeres acusados de brujer\u00eda fueron purificados con fuego; en su destino estaba, l\u00ednea por l\u00ednea, transcrito el de los libros sospechosos de satanismo o herej\u00eda. Miguel Servet fue quemado el 27 de octubre de 1533 por los calvinistas; una efigie suya hab\u00eda sido incendiada por los cat\u00f3licos. Con \u00e9l ardieron sus libros, donde negaba la Trinidad y la reduc\u00eda a una sola entidad plat\u00f3nica. Su muerte le vali\u00f3 a Calvino un efusivo elogio de Melanchton. Pero a la historia le agradan las simetr\u00edas rebeldes. Esteban Dolet, tip\u00f3grafo e impresor, aprovech\u00f3 un permiso de Francisco I para editar a Terencio, Rabelais, Cicer\u00f3n, Virgilio y otros cl\u00e1sicos; una redada piadosa encontr\u00f3 en su hogar textos de Calvino y Melanchton e inmediatamente fue detenido, procesado y condenado a la hoguera. Tuvo la satisfacci\u00f3n de que el d\u00eda de su ejecuci\u00f3n, un 3 de agosto de 1546, alguien pensara correcto usar sus libros en lugar de madera y la plaza de Maubert se llen\u00f3 de humo y ceniza.<br \/>\nLas actividades de la Inquisici\u00f3n perfeccionaron y legalizaron autos de f\u00e9 contra el pensamiento alternativo. De los \u00edndices de libros prohibidos (Index Librorum Prohibitorum) se pas\u00f3 muy pronto a la acci\u00f3n fren\u00e9tica contra toda disidencia. Jacobo I de Inglaterra, en 1603, orden\u00f3 destruir todos los ejemplares de &#8220;Descubrimientos de la brujer\u00eda&#8221;, obra de Reginald Scott, miembro del parlamento que, con una inocencia fugaz public\u00f3 en 1584 su libro con la esperanza de demostrar que no exist\u00edan brujas ni demonios.<br \/>\n****<\/p>\n<p>Por &#8220;Los libros condenados&#8221; de Jacques Bergier supe del Abad Tritemo y de John Dee. Cada uno exige un ensayo aparte, pero por ahora bastar\u00eda con hacer un poco de memoria. Juan Tritemo, nacido en 1462 y muerto en 1516, antes Johannes de Heidenberg, fue miembro de una sociedad secreta llamada Cofrad\u00eda Celta donde se estudiaba la astrolog\u00eda, la magia, la c\u00e1bala, la matem\u00e1tica y la literatura. Un af\u00e1n de supervivencia lo acerc\u00f3 a la religi\u00f3n, vi\u00e9ndose convertido en Abad. Sus estudios fueron resumidos en los ocho tomos de su &#8220;Esteganograf\u00eda&#8221;, un manuscrito que, seg\u00fan \u00e9l, obedeci\u00f3 a un sue\u00f1o. La obra, en suma, describ\u00eda m\u00e9todos de escritura secreta y de telepat\u00eda y telequin\u00e9tica. Felipe II la hizo cremar por miedo a su divulgaci\u00f3n.<br \/>\nJohn Dee, nacido en 1527 y muerto en 1608, fue un personaje fascinante. No importa si su escritura es torpe, ingenuamente fant\u00e1stica y remeda el estilo de su \u00e9poca. De por s\u00ed, Dee causa una admiraci\u00f3n enorme. Gustav Meyrink histori\u00f3 su vida, pero lo que maravilla es el hecho de que pas\u00f3 de una fama tibia a un c\u00e1lido odio sin demoras. Todo, por haber publicado en 1659 &#8220;A true and faithfull relation of what passed betwen Dr. John Dee and some spirits&#8221;, un libro que describe sus intemporales conversaciones con seres de otra dimensi\u00f3n a trav\u00e9s de una piedra negra de antracita. Esos seres se habr\u00eda puesto en contacto con \u00e9l a la b\u00fasqueda de un acercamiento provechoso. Su forma de viajar es en el tiempo. Antes de la aparici\u00f3n de este volumen, ya una plebe enardecida saque\u00f3 su casa y prendi\u00f3 fuego a los cuatro mil libros de su biblioteca. Igual suerte corrieron numerosos manuscritos de notas. Hoy en d\u00eda s\u00f3lo podemos leer &#8220;La m\u00f3nada jerogl\u00edfica&#8221; en traducciones de dudosa autenticidad.<br \/>\n****<\/p>\n<p>El 10 de mayo de 1933 los nazis convocaron a una gran asamblea nacional para destruir los libros de todos los opositores o autores de origen jud\u00edo. Las obras de Freud, los rosacruces y Thomas Mann, entre muchos, fueron condenadas por Joseph Goebbels al fuego. Una pel\u00edcula que recoge el momento en Berl\u00edn muestra a estudiantes, fil\u00f3sofos, profesores, escritores, poetas, pol\u00edticos, ni\u00f1os, arrojando libros a la pira con alegr\u00eda inefable tras la menci\u00f3n del t\u00edtulo.<br \/>\nLa persecuci\u00f3n contra una obra y su autor responde a la temerosa debilidad que cuestione. El grado de animosidad y empe\u00f1o en la labor no es ajeno a las circunstancias que exponga al ridiculo. Las &#8220;Cartas filos\u00f3ficas&#8221; de Voltaire, publicadas en abril de 1734, provocaron la ira de la iglesia, el escritor fue detenido y un decreto del Parlamento, tres meses despu\u00e9s, autoriz\u00f3 a un verdugo a desgarrar y quemar las ep\u00edstolas por &#8220;inspirar el libertinaje m\u00e1s peligroso para la religi\u00f3n y para el orden de la sociedad&#8221;.<br \/>\nEn el siglo XX se me ocurre que los dos casos m\u00e1s desleznables son los de James Hanley y Salman Rushdie. Hay otros, por supuesto, pero busco solamente una escandalosa y avara representatividad. Del primero se oye hablar poco y se lee menos, pero no fue un escritor mediocre. Autor de &#8220;El Chico&#8221; (1931), novela extraordinaria que narra la iniciaci\u00f3n de un joven marino, sufri\u00f3 un proceso judicial y en 1934 la polic\u00eda decomis\u00f3 su libro. En a\u00f1adidura, Hugh Walpole, escritor y misterioso vocero de las buenas costumbres inglesas (que nadie conoce) destruy\u00f3 un ejemplar en p\u00fablico y cientos m\u00e1s fueron quemados. Walpole lleg\u00f3 a manifestar que la obra &#8220;es tan desagradable y horrible, tanto en la narraci\u00f3n como en lo incidentes que se relatan, que me extra\u00f1a que los impresores no se hubieran declarado en huelga mientras la imprim\u00edan&#8230;&#8221;. Con Salman Rushdie, escritor ingl\u00e9s de origen hind\u00fa, el ensa\u00f1amiento ha sido inescrupuloso y constituye un anacronismo inadmisible: sobre \u00e9l pesa una condena a muerte lo mismo que sobre sus &#8220;Versos sat\u00e1nicos&#8221;, una novela mediocre e impulsiva que tiene el m\u00e9rito de haber ridiculizado el fundamentalismo en sus axiomas centrales. La persecuci\u00f3n contra Rushdie es indescriptible: protegido por Scotland Yard, vive a merced de una mudanza continua en Inglaterra y de los m\u00faltiples amigos que ha sabido ganarse en el mundo intelectual. En Ir\u00e1n fue quemada su obra y algunas librer\u00edas inglesas dinamitadas.<br \/>\nEn un r\u00e9gimen pol\u00edtico, militar o religioso desp\u00f3tico el libro deja de ser un instrumento de conocimiento y s\u00f3lo se acepta como entretenimiento o propaganda. La Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica o China o Thailandia o Vietnam. El nombre no importa: el terrorismo aplicado no modifica sus m\u00e9todos: incineraci\u00f3n de libros y enjuiciamiento popular del autor. Si hay algo que recriminar a la antigua Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica no s\u00f3lo ser\u00edan sus incontables cr\u00edmenes impunes sino no haber permitido, ni siquiera en la disidencia, la aparici\u00f3n de una literatura pr\u00f3xima a la magn\u00edfica vertiente de Dostoievsky y Tolstoi. Gorky no es una excepci\u00f3n, es la confirmaci\u00f3n de esta profunda grieta abierta en medio de la narrativa rusa. Lo mismo debo decir de la narrativa y poes\u00eda espa\u00f1ola cortada en dos mitades por el terror del r\u00e9gimen de Francisco Franco. La prohibici\u00f3n, la censura, no son las formas de una dictadura: hay que verlas como su contenido.<\/p>\n<p>****<\/p>\n<p>El miedo, el arrepentimiento o la decepci\u00f3n ha impulsado a algunos autores a destruir sus libros. Nostradamus quem\u00f3 su biblioteca para evitar que el contenido de sus vol\u00famenes sobre astrolog\u00eda y magia llegaran a manos equivocadas. Edgard Allan Poe, deprimido por lo que consider\u00f3 como mediocres poemas, busc\u00f3 y destruy\u00f3 todos los ejemplares de su primer libro de poemas que logr\u00f3 encontrar. <\/p>\n<p>CLAVE IMAGINARIA<\/p>\n<p>Multiplicando sus incertidumbres, la historia de la literatura ha expuesto en cuatro grandes momentos la terrible verdad hist\u00f3rica presentada aqu\u00ed. Bajo los signos compartidos de una propuesta universal, la destrucci\u00f3n imaginaria de libros ha procurado ser fiel a las m\u00e1s venerables y conmovedoras met\u00e1foras del mundo y del hombre. Quevedo hablaba de que su llama pod\u00eda nadar en agua fr\u00eda sin extinguirse: algo de eso y tal vez menos o m\u00e1s, se cumple en el origen, que es el fin, de la obra que describe, como un espejo inverso, la eliminaci\u00f3n de vol\u00famenes por el fuego. La narrativa ha asumido dos posiciones: la de los hombres que queman los libros que conducen a la locura o la de los que desean abolir el pasado. Entre estos dos extremos de una moneda \u00fanica todo sucede.<br \/>\nLa m\u00e1s c\u00e9lebre quema de libros hecha en una novela, inolvidable, \u00edntima, es la que presenta Cervantes en el cap\u00edtulo VI de la primera parte de &#8220;Don Quijote&#8221;. Nadie puede no recordar al cura y al barbero (que es como decir la iglesia y la censura) cuando entran en la biblioteca de Alonso Quijano, dormido entonces, y consiguen un centenar de textos, en su mayor\u00eda novelas de caballer\u00edas que proceden a revisar y seleccionar, aunque la sobrina y el ama piden una hoguera expedita. Por el &#8220;Amad\u00eds de Gaula&#8221; que se salva por ser el primero y el mejor de todos al corral y al fuego ir\u00e1n &#8220;Las sergas de Espladi\u00e1n&#8221; y todos los ep\u00edgonos junto con &#8220;Don Olivante de Laura&#8221;, &#8220;Florismarte de Hircania&#8221;, &#8220;El caballero Platir&#8221;, &#8220;El caballero de la cruz&#8221;, &#8220;Palmer\u00edn de Oliva&#8221;, &#8220;Don Belian\u00eds&#8221; y otros. Al despertar, la sobrina explica que la biblioteca ha desaparecido por obra de un mago y don Quijote cree perfectamente que un tal Frest\u00f3n ha sido el destructor. El cap\u00edtulo sirvi\u00f3 a Cervantes para hacer una cr\u00edtica poderosa contra los dominios sesgados y mediocres de una tradici\u00f3n que distrajo y falsific\u00f3 la lectura de libros serios y calificados en pro de una frivolidad de dicha oscura.<br \/>\nHenry James dijo que Nathaniel Hawthorne &#8220;se las arregl\u00f3, a trav\u00e9s de un exquisito proceso, mejor conocido por el mismo, para transformar un pesado fardo moral en la sustancia de la imaginaci\u00f3n&#8221;. En efecto, en &#8220;El Holocausto del mundo&#8221; narra una f\u00e1bula universal: hastiados del excesivo c\u00famulo de conocimientos y cosas, los hombres deciden, en las praderas del Oeste, encender una gigantesca hoguera donde arrojan peri\u00f3dicos, revistas, signos her\u00e1ldicos, condecoraciones, licores, armamentos, todo lo que ha hecho y deshecho la tecnolog\u00eda o la mec\u00e1nica o el ingenio, incluyendo los libros. Hawthorne refiere con extra\u00f1a fruici\u00f3n puritana:<br \/>\n&#8220;All\u00ed fueron a dar infolios gruesos y pesados que conten\u00edan los trabajos de lexic\u00f3grafos, comentaristas y enciclopedistas, los cuales, tras caer en las brasas con pesadez de plomo, ard\u00edan sin llama hasta ser cenizas, como le\u00f1a podrida. Los peque\u00f1os y exquisitamente sobredorados tomos franceses del siglo pasado, entre ellos los cien vol\u00famenes de Voltaire, crepitaron soltando una brillante lluvia de chispas y llamas diminutas; mientras que la literatura actual de ese mismo pa\u00eds ard\u00eda en rojo y azul y ba\u00f1aba con luz infernal los rostros de los espectadores, confiri\u00e9ndoles un aspecto de demonios multicolores. Un compendio de cuentos alemanes exhalaba tufaradas de azufre. Los cl\u00e1sicos ingleses resultaron ser excelente combustible&#8230;Las obras de Milton, en particular, emitieron una potente llamarada y, poni\u00e9ndose al rojo, se convirtieron en un carb\u00f3n que promet\u00eda durar m\u00e1s casi cualquier otro material de la pila. De Shakespeare brot\u00f3 una llama de tan maravilloso esplendor que las gentes se proteg\u00edan los ojos&#8230;y ni siquiera cuando arrojaron los tratados de sus glosadores dej\u00f3 de despedir un fulgor deslumbrante&#8230;&#8221;.<br \/>\nPor \u00faltimo, se comprende que para aniquilar la ra\u00edz de los males del mundo es preciso quemar el coraz\u00f3n del hombre y en ese punto el relato se detiene, feliz y confuso.<br \/>\nEn 1953 Ray Bradbury public\u00f3 &#8220;Farenheit 451&#8221;, t\u00edtulo que es a la vez un dato que informa sobre la temperatura que hace falta para cremar un libro. En esa novela angustiosa y nost\u00e1lgica, en la l\u00ednea de &#8220;1984&#8221; de George Orwell y &#8220;Un mundo feliz&#8221; de Aldoux Huxley, hay un futuro en el que los libros est\u00e1n prohibidos y un cuerpo de bomberos se encarga de incinerarlos sin demora ante los peligros de que, le\u00eddos, perturben la enajenaci\u00f3n y ortodoxia vital del sistema imperante. Montag, al concluir la persecuci\u00f3n desatada en su contra, se une a los disentes, vagos que llevan en su memoria un libro completo o el cap\u00edtulo de un libro y esperan reunirse con otros como ellos para as\u00ed intentar reescribir a los grandes cl\u00e1sicos desaparecidos por los decretos oficiales. Itelio, romano de alta alcurnia, ten\u00eda en su casa un cuerpo de cien esclavos a los que llamaba para la sobremesa. Cada uno recitaba un largo texto de memoria y entreten\u00eda a los comensales con Homero, Virgilio, P\u00edndaro. En la obra de Bradbury la memoria es un recurso para sobrevivir en un futuro hostil.<br \/>\nBorges, en &#8220;El Congreso&#8221; , relato incluido en &#8220;El libro de arena&#8221; rescata a Hawthorne por completo. Un periodista llamado Alejandro Ferri se une a El Congreso, un grupo dirigido por Alejandro Glencoe. Apol\u00edticos, universalistas, los congresales creen que representan el mundo y deciden incorporar a representantes de todas las tendencias y g\u00e9neros. El fracaso de la empresa termina con una gran hoguera donde son quemados todos los libros recopilados (enciclopedias, atlas, la &#8220;Historia Naturalis&#8221; de Plinio, obras de diversa procedencia). Fern\u00e1ndez Irala, uno de los miembros, comenta: &#8220;Cada tantos siglos hay que quemar la Biblioteca de Alejandr\u00eda&#8221;.<br \/>\nComo corolario y desde otra perspectiva, borgiana, erudita, intencionadamente c\u00ednica, hay que citar &#8220;El nombre de la rosa&#8221; de Umberto Eco. Como se sabe, los asesinatos cometidos en esa novela obedecen a los celos extra\u00f1os de un monje bibli\u00f3filo que pretende evitar que el mundo conozca el \u00fanico ejemplar existente del segundo libro de la &#8220;Po\u00e9tica&#8221; de Arist\u00f3teles que, al parecer, era una defensa de la comedia. La biblioteca secreta del monasterio, al final, arde sin dejar rastro. Adso de Melk, protagonista y narrador se\u00f1ala: &#8220;La l\u00e1mpara fue a parar justo al mont\u00f3n de libros que hab\u00edan caido de la mesa y yac\u00edan unos encima de otros con las p\u00e1ginas abiertas. Se derram\u00f3 el aceite, y en seguida el fuego prendi\u00f3 en un pergamino muy fr\u00e1gil que ardi\u00f3 como un haz de hornija reseca. Todo sucedi\u00f3 en pocos instantes: una llamarada se elev\u00f3 desde los libros, como si aquellas p\u00e1ginas milenarias llevasen siglos esperando quemarse y gozaran al satisfacer de golpe una sed inmemorial de ecpirosis&#8230;&#8221; (Ob. cit., p. 5).<br \/>\nHabr\u00eda otros ejemplos que citar, como en todo lo dicho, pero no he buscado escribir un informe policial; me limito a aportar referencias y temores. Que, si me escucha con los ojos, me disculpe Quevedo, por la omisi\u00f3n de sus &#8220;Sue\u00f1os&#8221; , y en rengl\u00f3n seguido extiendo las disculpas a Lovecraft, Orwell, Zamyatin, Huxley, en fin. <\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Hasta aqu\u00ed, segmento tras segmento, \u00e9poca tras \u00e9poca, el resumen de esta historia. Dante, perplejo y aterido, en el canto XXV del Infierno (46 y sgs.), cuenta c\u00f3mo una serpiente con seis pies se transforma en hombre y los colores de ambos seres se confunden sin que predomine el de uno o el otro . Una transformaci\u00f3n y ambig\u00fcedad parecida corresponde a los v\u00e9rtices de los hechos, incompletos, dispersos, que me propuse, con la m\u00e1s minuciosa parcialidad, referir en estas p\u00e1ginas. No es ni deben verse en blanco y negro ni eludirse como tal. La hoguera de ayer, creo, es la de hoy, la misma que arde a\u00fan en estas l\u00edneas con fulgor intacto.<br \/>\nEl dilema, lo reconozco, sigue vigente: \u00bfPor qu\u00e9 destruyen libros los hombres? He formulado ya una teor\u00eda donde atribuyo la causa a la histeria colectiva causada por el mito de la Obra Sagrada. Tal vez no sea del todo cierto; tal vez, y hay que atender esto, los motivos profundos est\u00e9n en una declaraci\u00f3n de Fred Hoyle, astr\u00f3nomo y novelista. En &#8220;De hombres y galaxias&#8221; , escribi\u00f3 que cinco l\u00edneas bastar\u00edan para arruinar todos los fundamentos de nuestra civilizaci\u00f3n. Esta posibilidad terrible, impertinente, codiciosa, nos aturde y no habr\u00eda razones para no pensar que, tras la excusa autoritaria, se esconda la b\u00fasqueda obsesiva del libro que contenga esas cinco l\u00edneas. La conspiraci\u00f3n, as\u00ed, quedar\u00eda evidenciada.<\/p>\n<p>Con todo el escepticismo posible, ofrezco un \u00edndice de lecturas: Anthon, Charles. A Classical Dictionary of the Greeks and Romans, 1857.<br \/>\nBergier, Jacques. Los libros condenados, 1971.<br \/>\nCantarella, Raffaele. La literatura griega de la \u00e9poca helen\u00edstica e imperial, 1972.<br \/>\nEasterling, P.E.- Knox,B.M.W. The Cambridge History of Classical Literature. I. Greek literature, 1985.<br \/>\nGarraty, John A. Gay, Peter. Columbia History of the World, 1972.<br \/>\nGibbon, Edward. The decline and fall of the roman empire, 1839.<br \/>\nKenyon, F.G. Books and Readers in ancient Greece and Rome, 1951.<br \/>\nLaercio, Diogenes. Lives of eminent philosophers, 1972.<br \/>\nOssa, Felipe. Historia de la escritura y la letra impresa, 1993.<br \/>\nPfeiffer, Rudolf. History of classical scholarship. From the beginning to the end of the helenistic Age, 1968.<br \/>\nPichon, Jean-Charles. Histoire universelle des sectes et des soci\u00e9t\u00e9s secretes, 1969<br \/>\nPinner, H.L. The World of Books in Classical Antiquity, 1948.<br \/>\nRosarivo, Ra\u00fal M. Historia general del libro impreso, 1964.<br \/>\nTurner, E.G. Athenian books in the fifth and forth centuries, 1952.<br \/>\nVarios. Paulys Realencyclopaedie Der Classischen Altertums-Wissenschaft, 1893 y ss.<br \/>\nWilson, N.G. Scribes &#038; Scholars. A Guide to the Transmission of Greek and Latin Literature, 1968.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8220;Mira en la conspiraci\u00f3n universal, dirigida al exterminio del j\u00fabilo y a la ruina de la belleza, el retorno y el establecimiento definitivo de los antiguos fantasmas del caos y de la nada&#8230;&#8221; J.A. Ramos Sucre, El ret\u00f3rico TODOS LOS FUEGOS, EL FUEGO No veo c\u00f3mo comenzar esta historia atroz sin formular algunas premisas: a)<\/p>\n<p class=\"text-right\"><span class=\"screen-reader-text\">Continue Reading&#8230; DESTRUCCI\u00d3N   DE   LIBROS<\/span><a class=\"btn btn-secondary continue-reading\" href=\"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=736\">Continue Reading&#8230;<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[13],"tags":[],"class_list":["post-736","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/736","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=736"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/736\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=736"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=736"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=736"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}