{"id":726,"date":"2008-10-14T14:42:54","date_gmt":"2008-10-14T14:42:54","guid":{"rendered":"http:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=726"},"modified":"2008-10-14T14:42:54","modified_gmt":"2008-10-14T14:42:54","slug":"el-\u00faltimo-sue\u00f1o-del-viejo-roble-(cuento-de-navidad)","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=726","title":{"rendered":"El \u00faltimo sue\u00f1o del viejo roble (Cuento de Navidad)"},"content":{"rendered":"<p>El \u00faltimo sue\u00f1o del viejo roble (Cuento de Navidad)<br \/>\nHans Christian Andersen<\/p>\n<p>Hab\u00eda una vez en el bosque, sobre los acantilados que daban al mar, un vetusto roble, que ten\u00eda exactamente trescientos sesenta y cinco a\u00f1os. Pero todo este tiempo, para el \u00e1rbol no significaba m\u00e1s que lo que significan otros tantos d\u00edas para nosotros, los hombres.<br \/>\nNosotros velamos de d\u00eda, dormimos de noche y entonces tenemos nuestros sue\u00f1os. La cosa es distinta con el \u00e1rbol, pues vela por espacio de tres estaciones, y s\u00f3lo en invierno queda sumido en sue\u00f1o; el invierno es su tiempo de descanso, es su noche tras el largo d\u00eda formado por la primavera, el verano y el oto\u00f1o.<br \/>\nAquel insecto que apenas vive veinticuatro horas y que llamamos ef\u00edmera, m\u00e1s de un caluroso d\u00eda de verano hab\u00eda estado bailando, viviendo, flotando y disfrutando en torno a su copa. Despu\u00e9s, el pobre animalito descansaba en silenciosa bienaventuranza sobre una de las verdes hojas de roble, y entonces el \u00e1rbol le dec\u00eda siempre:<br \/>\n?\u00a1Pobre peque\u00f1a! Tu vida entera dura s\u00f3lo un momento. \u00a1Qu\u00e9 breve! Es un caso bien triste.<br \/>\n?\u00bfTriste? ?respond\u00eda invariablemente la ef\u00edmera?. \u00bfQu\u00e9 quieres decir? Todo es tan luminoso y claro, tan c\u00e1lido y magn\u00edfico, y yo me siento tan contenta&#8230;<br \/>\n?Pero s\u00f3lo un d\u00eda y todo termin\u00f3.<br \/>\n?\u00bfTermin\u00f3? ?replicaba la ef\u00edmera?. \u00bfQu\u00e9 es lo que termina? \u00bfHas terminado t\u00fa, acaso?<br \/>\n?No, yo vivo miles y miles de tus d\u00edas, y mi d\u00eda abarca estaciones enteras. Es un tiempo tan largo, que t\u00fa no puedes calcularlo.<br \/>\n?No te comprendo, la verdad. T\u00fa tienes millares de mis d\u00edas, pero yo tengo millares de instantes para sentirme contenta y feliz. \u00bfTermina acaso toda esa magnificencia del mundo, cuando t\u00fa mueres?<br \/>\n?No ?dec\u00eda el roble?. Contin\u00faa m\u00e1s tiempo, un tiempo infinitamente m\u00e1s largo del que puedo imaginar.<br \/>\n?Entonces nuestra existencia es igual de larga, s\u00f3lo que la contamos de modo diferente.<br \/>\nY la ef\u00edmera danzaba y se mec\u00eda en el aire, satisfecha de sus alas sutiles y primorosas, que parec\u00edan hechas de tul y terciopelo. Gozaba del aire c\u00e1lido, impregnado del aroma de los campos de tr\u00e9bol y de las rosas silvestres, las lilas y la madreselva, para no hablar ya de la asp\u00e9rula, las primaveras y la menta rizada. Tan intenso era el aroma, que la ef\u00edmera sent\u00eda como una ligera embriaguez. El d\u00eda era largo y espl\u00e9ndido, saturado de alegr\u00eda y de aire suave, y en cuanto el sol se pon\u00eda, el insecto se sent\u00eda invadido de un agradable cansancio, producido por tanto gozar. Las alas se resist\u00edan a sostenerlo, y, casi sin darse cuenta, se deslizaba por el tallo de hierba, blando y ondeante, agachaba la cabeza como s\u00f3lo \u00e9l sabe hacerlo, y se quedaba alegremente dormido. \u00c9sta era su muerte.<br \/>\n?\u00a1Pobre, pobre ef\u00edmera! ?exclamaba el roble?. \u00a1Qu\u00e9 vida tan breve!<br \/>\nY cada d\u00eda se repet\u00eda la misma danza, el mismo coloquio, la misma respuesta y el mismo desvanecerse en el sue\u00f1o de la muerte. Repet\u00edase en todas las generaciones de las ef\u00edmeras, y todas se mostraban igualmente felices y contentas.<br \/>\nEl roble hab\u00eda estado en vela durante toda su ma\u00f1ana primaveral, su mediod\u00eda estival y su ocaso oto\u00f1al. Llegaba ahora el per\u00edodo del sue\u00f1o, su noche. Acerc\u00e1base el invierno.<br \/>\nVen\u00edan ya las tempestades, cantando: \u00ab\u00a1Buenas noches, buenas noches! \u00a1Cay\u00f3 una hoja, cay\u00f3 una hoja! \u00a1Cosechamos, cosechamos! Vete a acostar. Te cantaremos en tu sue\u00f1o, te sacudiremos, pero, \u00bfverdad que eso le hace bien a las viejas ramas? Crujen de puro placer. \u00a1Duerme dulcemente, duerme dulcemente! Es tu noche n\u00famero trescientos sesenta y cinco; en realidad, eres docemesino. \u00a1Duerme dulcemente! La nube verter\u00e1 nieve sobre ti. Te har\u00e1 de s\u00e1bana, una caliente manta que te envolver\u00e1 los pies. Duerme dulcemente, y sue\u00f1a\u00bb.<br \/>\nY el roble se qued\u00f3 despojado de todo su follaje, dispuesto a entregarse a su prolongado sue\u00f1o invernal y so\u00f1ar; a so\u00f1ar siempre con las cosas vividas, exactamente como en los sue\u00f1os de los humanos.<br \/>\nTambi\u00e9n \u00e9l hab\u00eda sido peque\u00f1o. Su cuna hab\u00eda sido una bellota. Seg\u00fan el c\u00f3mputo de los hombres, se hallaba ahora en su cuarto siglo. Era el roble m\u00e1s corpulento y hermoso del bosque; su copa rebasaba todos los dem\u00e1s \u00e1rboles, y era visible desde muy adentro del mar, sirviendo a los marinos de punto de referencia. No pensaba \u00e9l en los muchos ojos que lo buscaban. En lo m\u00e1s alto de su verde copa instalaban su nido las palomas torcaces, y el cuclillo gritaba su nombre. En oto\u00f1o, cuando las hojas parec\u00edan l\u00e1minas de cobre forjado, acud\u00edan las aves de paso y descansaban en ella antes de emprender el vuelo a trav\u00e9s del mar. Mas ahora hab\u00eda llegado el invierno; el \u00e1rbol estaba sin hojas, y quedaban al desnudo los \u00e1ngulos y sinuosidades que formaban sus ramas. Ven\u00edan las cornejas y los grajos a posarse a bandadas sobre \u00e9l, charlando acerca de los duros tiempos que empezaban y de lo dif\u00edcil que resultar\u00eda procurarse la pitanza.<br \/>\nFue precisamente en los d\u00edas santos de las Navidades cuando el roble tuvo su sue\u00f1o m\u00e1s bello. Vais a o\u00edrlo.<br \/>\nEl \u00e1rbol se daba perfecta cuenta de que era tiempo de fiesta. Cre\u00eda o\u00edr en derredor el ta\u00f1ido de las campanas de las iglesias, y se sent\u00eda como en un espl\u00e9ndido d\u00eda de verano, suave y caliente. Verde y lozana extend\u00eda su poderosa copa, los rayos del sol jugueteaban entre sus hojas y ramas, el aire estaba impregnado del aroma de hierbas y matas olorosas. Pintadas mariposas jugaban a la gallinita ciega, y las ef\u00edmeras danzaban como si todo hubiese sido creado s\u00f3lo para que ellas pudiesen bailar y alegrarse. Todo lo que el \u00e1rbol hab\u00eda vivido y visto en el curso de sus a\u00f1os desfilaba ante \u00e9l como un festivo cortejo. Ve\u00eda cabalgar a trav\u00e9s del bosque gentileshombres y damas de tiempos remotos, con plumas en el sombrero y halcones en la mano. Resonaba el cuerno de caza, y ladraban los perros. Vio luego soldados enemigos con armas relucientes y uniformes abigarrados, con lanzas y alabardas, que levantaban, sus tiendas y volv\u00edan a plegarlas; ard\u00edan fuegos de vivaque, y bajo las amplias ramas del \u00e1rbol los hombres cantaban y dorm\u00edan. Vio felices parejas de enamorados que se encontraban a la luz de la luna y entallaban en la verdosa corteza las iniciales de sus nombres. Un d\u00eda ? hab\u00edan transcurrido ya muchos a\u00f1os ?, unos alegres estudiantes colgaron una c\u00edtara y un arpa e\u00f3lica de las ramas del roble; y he aqu\u00ed que ahora reaparec\u00edan y sonaban melodiosamente. Las palomas torcaces arrullaban como si quisieran contar lo que sent\u00eda el \u00e1rbol, y el cuclillo pregonaba a voz en grito los d\u00edas de verano que le quedaban a\u00fan de vida.<br \/>\nFue como si un nuevo flujo de vida recorriese el \u00e1rbol, desde las \u00faltimas fibras de la ra\u00edz hasta las ramas m\u00e1s altas y las hojas. Sinti\u00f3 el roble como si se estirara y extendiera. Por las ra\u00edces notaba, que tambi\u00e9n bajo tierra hay vida y calor. Sent\u00eda crecer su fuerza, crec\u00eda sin cesar. Se elevaba el tronco continuamente, ganando altura por momentos. La copa se hac\u00eda m\u00e1s densa, ensanch\u00e1ndose y subiendo. Y cuanto m\u00e1s crec\u00eda el \u00e1rbol, tanto mayor era su sensaci\u00f3n de bienestar y su anhelo, impregnado de felicidad indecible, de seguir elev\u00e1ndose hasta llegar al sol resplandeciente y ardoroso.<br \/>\nRebasaba ya en mucho las nubes, que desfilaban por debajo de \u00e9l cual obscuras bandadas de aves migratorias o de blancos cisnes.<br \/>\nY cada una de las hojas del \u00e1rbol estaba dotada de vista, como, si tuviese un ojo capaz de ver. Las estrellas se hicieron visibles de d\u00eda, tal eran de grandes y brillantes; cada una luc\u00eda como un par de ojos, unos ojos muy dulces y l\u00edmpidos. Recordaban queridos ojos conocidos, ojos de ni\u00f1os, de enamorados, cu\u00e1ndo se encontraban bajo el \u00e1rbol.<br \/>\nEran momentos de infinita felicidad, y, sin embargo, en medio de su ventura sinti\u00f3 el roble un vivo af\u00e1n de que todos los restantes \u00e1rboles del bosque, matas, hierbas y flores, pudieran elevarse con \u00e9l, para disfrutar tambi\u00e9n de aquel esplendor y de aquel gozo. Entre tanta magnificencia, una cosa faltaba a la felicidad del poderoso roble: no poder compartir su dicha con todos, grandes y peque\u00f1os, y este sentimiento hac\u00eda vibrar las ramas y las hojas con tanta intensidad como un pecho humano.<br \/>\nLa copa del \u00e1rbol se movi\u00f3 como si buscara algo, como si algo le faltara. Mir\u00f3 atr\u00e1s, y la fragancia de la asp\u00e9rula y la a\u00fan m\u00e1s intensa de la madreselva y la violeta, subieron hasta ella; y el roble crey\u00f3 o\u00edr la llamada del cuclillo.<br \/>\nY he aqu\u00ed que empezaron a destacar por entre las nubes las verdes cimas del bosque, y el roble vio c\u00f3mo crec\u00edan los dem\u00e1s \u00e1rboles hasta alcanzar su misma altura. Las hierbas y matas sub\u00edan tambi\u00e9n; algunas se desprend\u00edan de las ra\u00edces, para encaramarse m\u00e1s r\u00e1pidamente. El abedul fue el m\u00e1s ligero; cual blanco rayo proyect\u00f3 a lo alto su esbelto tronco, mientras las ramas se agitaban como un tul verde o como banderas. Todo el bosque crec\u00eda, incluso la ca\u00f1a de pardas hojas, y las aves segu\u00edan cantando, y en el tallito que ondeaba a modo de una verde cinta de seda, el saltamontes jugaba con el ala posada sobre la pata. Zumbaban los abejorros y las abejas, cada p\u00e1jaro entonaba su canci\u00f3n, y todo era melod\u00eda y regocijo en las regiones del \u00e9ter.<br \/>\n?Pero tambi\u00e9n deber\u00edan participar la florecilla del agua ?dijo el roble?, y la campanilla azul, y la diminuta margarita.<br \/>\nS\u00ed, el roble deseaba que todos, hasta los m\u00e1s humildes, pudiesen tomar parte en la fiesta.<br \/>\n?\u00a1Aqu\u00ed estamos, aqu\u00ed estamos!? se oy\u00f3 gritar.<br \/>\n?Pero la hermosa asp\u00e9rula del \u00faltimo verano (el a\u00f1o pasador hubo aqu\u00ed una verdadera alfombra de lirios de los valles) y el manzano, silvestre, \u00a1tan hermoso como era!, y toda la magnificencia de a\u00f1os atr\u00e1s&#8230; \u00a1qu\u00e9 l\u00e1stima que haya muerto todo, y no puedan gozar con nosotros!<br \/>\n?\u00a1Aqu\u00ed estamos, aqu\u00ed estamos! ?se oy\u00f3 el coro, m\u00e1s alto a\u00fan que antes. Parec\u00eda como si se hubiesen adelantado en su vuelo.<br \/>\n?\u00a1Qu\u00e9 hermoso! ?exclam\u00f3, entusiasmado, el viejo roble \u00a1Los tengo a todos, grandes y chicos, no falta ni uno! \u00bfC\u00f3mo es posible tanta dicha?<br \/>\n?En el reino de Dios todo es posible ?se oy\u00f3 una voz.<br \/>\nY el \u00e1rbol, que segu\u00eda creciendo incesantemente, sinti\u00f3 que las ra\u00edces se soltaban de la tierra.<br \/>\n?Esto es lo mejor de todo ?exclam\u00f3 el \u00e1rbol?. Ya no me sujeta nada all\u00e1 abajo. Ya puedo elevarme hasta el infinito en la luz y la gloria. Y me rodean todos los que quiero, chicos y grandes.<br \/>\n?\u00a1Todos!<br \/>\n\u00c9ste fue el sue\u00f1o del roble; y mientras so\u00f1aba, una furiosa tempestad se desencaden\u00f3 por mar y tierra en la santa noche de Navidad. El oc\u00e9ano lanzaba terribles olas contra la orilla, cruji\u00f3 el \u00e1rbol y fue arrancado de ra\u00edz, precisamente mientras so\u00f1aba que sus ra\u00edces se desprend\u00edan del suelo. Sus trescientos sesenta y cinco a\u00f1os no representaban ya m\u00e1s que el d\u00eda de la ef\u00edmera.<br \/>\nLa ma\u00f1ana de Navidad, cuando volvi\u00f3 a salir el sol, la tempestad se hab\u00eda calmado. Todas las campanas doblaban en son de fiesta, y de todas las chimeneas, hasta la del jornalero, que era la m\u00e1s peque\u00f1a y humilde, se elevaba el humo azulado, como del altar en un sacrificio de acci\u00f3n de gracias. El mar se fue tambi\u00e9n calmando progresivamente, y en un gran buque que aquella noche hab\u00eda tenido que capear el temporal, fueron izados los gallardetes.<br \/>\n?\u00a1No est\u00e1 el \u00e1rbol, el viejo roble que nos se\u00f1alaba la tierra! ?dec\u00edan los marinos?. Ha sido abatido en esta noche tempestuosa. \u00bfQui\u00e9n va a substituirlo? Nadie podr\u00e1 hacerlo.<br \/>\nTal fue el paneg\u00edrico, breve pero efusivo, que se dedic\u00f3 al \u00e1rbol, el cual yac\u00eda tendido en la orilla, bajo un manto de nieve. Y sobre \u00e9l resonaba un solemne coro procedente del barco, una canci\u00f3n evocadora de la alegr\u00eda navide\u00f1a y de la redenci\u00f3n del alma humana por Cristo, y de la vida eterna:<\/p>\n<p>Regoc\u00edjate, grey cristiana.<br \/>\nVamos ya a bajar anclas.<br \/>\nNuestra alegr\u00eda es sin par.<br \/>\n\u00a1Aleluya, aleluya!<\/p>\n<p>As\u00ed dec\u00eda el himno religioso, y todos los tripulantes se sent\u00edan elevados a su manera por el canto y la oraci\u00f3n, como el viejo roble en su \u00faltimo sue\u00f1o, el sue\u00f1o m\u00e1s bello de su Nochebuena.<\/p>\n<p>Edici\u00f3n digital de ?<br \/>\nRevisi\u00f3n de urijenny (odoniano@yahoo.com.ar)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El \u00faltimo sue\u00f1o del viejo roble (Cuento de Navidad) Hans Christian Andersen Hab\u00eda una vez en el bosque, sobre los acantilados que daban al mar, un vetusto roble, que ten\u00eda exactamente trescientos sesenta y cinco a\u00f1os. 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