{"id":718,"date":"2008-10-14T14:37:37","date_gmt":"2008-10-14T14:37:37","guid":{"rendered":"http:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=718"},"modified":"2008-10-14T14:37:37","modified_gmt":"2008-10-14T14:37:37","slug":"la-ma\u00f1ana-verde","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=718","title":{"rendered":"La ma\u00f1ana verde"},"content":{"rendered":"<p>La ma\u00f1ana verde<br \/>\nRay Bradbury<br \/>\nThe green morning \u00a9 1950. Traducci\u00f3n de ? en ?.<\/p>\n<p>Cuando el Sol se puso, el hombre se acuclill\u00f3 junto al sendero y prepar\u00f3 una cena frugal y escuch\u00f3 el crepitar de las llamas mientras se llevaba la comida a la boca y masticaba con aire pensativo. Hab\u00eda sido un d\u00eda no muy distinto de otros treinta, con muchos hoyos cuidadosamente cavados en las horas del alba, semillas echadas en los hoyos, y agua tra\u00edda desde los brillantes canales. Ahora, con un cansancio de hierro en el cuerpo delgado, yac\u00eda de espaldas y observaba c\u00f3mo el color del cielo pasaba de una obscuridad a otra.<br \/>\nSu nombre era Benjamin Driscoll, ten\u00eda treinta y un a\u00f1os. Y lo que \u00e9l deseaba era que Marte creciera verde y alto con \u00e1rboles y follajes, produciendo aire, mucho aire, aire que aumentar\u00eda con cada temporada; \u00e1rboles que refrescar\u00edan las ciudades abrasadas por el verano, \u00e1rboles que parar\u00edan los vientos del invierno. Hay muchas cosas que un \u00e1rbol pod\u00eda hacer: dar color, proporcionar sombra, soltar frutas, o convertirse en parque de juegos para los ni\u00f1os; un amplio universo a\u00e9reo de escalas y columpios, una arquitectura de alimento y de placer, eso era un \u00e1rbol. Pero los \u00e1rboles, ante todo, destilaban un aire helado para los pulmones y un gentil susurro para los o\u00eddos, cuando uno est\u00e1 acostado de noche en lechos de nieve y el sonido invita dulcemente a dormir.<br \/>\n\u00c9l permanec\u00eda escuchando a la obscura tierra recogi\u00e9ndose en s\u00ed misma, en espera del Sol y las lluvias que a\u00fan no hab\u00edan llegado. Acercaba la oreja al suelo y pod\u00eda escuchar las pisadas de los a\u00f1os movi\u00e9ndose en la distancia e imaginaba los verdes brotes de las semillas sembradas ese d\u00eda; los brotes buscando apoyo en el cielo, echando rama tras rama, hasta que Marte era un bosque vespertino, Marte era un huerto resplandeciente.<br \/>\nEn las primeras horas de la ma\u00f1ana, cuando el peque\u00f1o Sol se elevase d\u00e9bilmente entre las apretadas colinas, \u00e9l se levantar\u00eda y acabar\u00eda en unos pocos minutos con un desayuno ahumado, aplastar\u00eda las cenizas de la hoguera y empezar\u00eda a trabajar con los sacos a la espalda, probando, cavando, sembrando semillas y bulbos, apisonando levemente, regando, siguiendo adelante, silbando, mirando el claro cielo cada vez m\u00e1s brillante a medida que pasaba la ma\u00f1ana.<br \/>\n?Necesitas el aire ?le dijo a su fuego nocturno.<br \/>\nEl fuego era un rubicundo y vivaz compa\u00f1ero que respond\u00eda con un chasquido, y en la noche helada dorm\u00eda all\u00ed cerca, entornando los ojos, sonrosados, so\u00f1olientos y tibios.<br \/>\n?Todos necesitamos el aire. Hay aire enrarecido aqu\u00ed en Marte. Uno se cansa tan pronto&#8230; Es como vivir en los Andes, en Am\u00e9rica del Sur, en la cima. Uno aspira y no consigue nada. No satisface.<br \/>\nSe palp\u00f3 la caja tor\u00e1xica. En treinta d\u00edas, c\u00f3mo hab\u00eda crecido. Para tomar m\u00e1s aire, todos ellos necesitaban desarrollar sus pulmones. O plantar m\u00e1s \u00e1rboles.<br \/>\n?Para eso estoy aqu\u00ed ?dijo; el fuego le respondi\u00f3 con un chasquido?. En la escuela nos contaban la historia de Johnny Appleseed caminando a trav\u00e9s de Norteam\u00e9rica plantando semillas de manzano. Bueno, yo estoy haciendo m\u00e1s. Estoy plantando robles, olmos, arces, toda clase de \u00e1rboles, \u00e1lamos y cedros y casta\u00f1os. En vez de pensar s\u00f3lo en fabricar fruta para el est\u00f3mago, fabrico aire para los pulmones. Cuando estos \u00e1rboles crezcan en algunos a\u00f1os, \u00a1piensa cu\u00e1nto ox\u00edgeno dar\u00e1n!<br \/>\nRecord\u00f3 su llegada a Marte. Como miles de otros, pase\u00f3 los ojos por la apacible ma\u00f1ana y pens\u00f3: \u00bfC\u00f3mo encajar\u00e9 aqu\u00ed? \u00bfQu\u00e9 har\u00e9? \u00bfHabr\u00e1 trabajo para m\u00ed?<br \/>\nLuego se hab\u00eda desmayado. Alguien coloc\u00f3 un frasco de amon\u00edaco contra su nariz y, tosiendo, \u00e9l volvi\u00f3 en s\u00ed.<br \/>\n?Usted estar\u00e1 bien ?dijo el m\u00e9dico.<br \/>\n?\u00bfQu\u00e9 sucedi\u00f3?<br \/>\n?El aire enrarecido. Algunos no pueden adaptarse. Me parece que usted tendr\u00e1 regresar a la Tierra.<br \/>\n?\u00a1No! Se sent\u00f3 y casi inmediatamente se le obscurecieron los ojos y Marte gir\u00f3 dos veces debajo de \u00e9l. Sus fosas nasales se dilataron y oblig\u00f3 a sus pulmones a que bebieran en el profundo vac\u00edo.<br \/>\n?Estar\u00e9 bien. \u00a1Tengo que permanecer aqu\u00ed!<br \/>\nLe dejaron tendido, boqueando horriblemente, como un pez. Y \u00e9l pens\u00f3: Aire, aire, aire. Ellos me env\u00edan de regreso a causa del aire. Y volvi\u00f3 la cabeza hacia los campos y colinas marcianos. Cuando se le aclar\u00f3 la vista, lo primero que not\u00f3 fue que ah\u00ed no hab\u00eda \u00e1rboles, ning\u00fan \u00e1rbol, ni cerca ni lejos cuando uno miraba en cualquier direcci\u00f3n. La tierra estaba desnuda, negra, desolada, sin ni siquiera hierbas. Aire, pens\u00f3, mientras una substancia enrarecida le silbaba en la nariz. Aire, aire. Y sobre la cima de las colinas, en sus sombras, o aun a orillas de los arroyos, ni un \u00e1rbol, ni una solitaria brizna de hierba. \u00a1Por supuesto! Sinti\u00f3 que la respuesta no le ven\u00eda de su cerebro, sino de sus pulmones y su garganta. Y el pensamiento fue como una repentina r\u00e1faga de ox\u00edgeno puro, poni\u00e9ndole de pie. Hierba y \u00e1rboles. Se mir\u00f3 las manos, el dorso, las palmas. Sembrar\u00eda hierba y \u00e1rboles. \u00c9sa ser\u00eda su tarea, luchar contra la cosa que le imped\u00eda quedarse en Marte. Librar\u00eda una privada guerra hort\u00edcola contra Marte. Ah\u00ed estaba el viejo suelo, y las plantas que hab\u00edan crecido en \u00e9l eran tan antiguas que al fin hab\u00edan desaparecido. Pero, \u00bfy si introdujera nuevas especies? \u00c1rboles terrestres, grandes mimosas y sauces llorones y magnolias y majestuosos eucaliptos. \u00bfQu\u00e9 ocurrir\u00eda entonces? Qui\u00e9n sabe qu\u00e9 riqueza mineral ocultaba el suelo, sin explotar porque los viejos helechos, las flores, los arbustos, y los \u00e1rboles se hab\u00edan muerto de cansancio.<br \/>\n?\u00a1Perm\u00edtanme levantarme! ?grit\u00f3?. \u00a1Quiero ver al coordinador!<br \/>\n\u00c9l y el coordinador hablaron de cosas que crec\u00edan y eran verdes, toda una ma\u00f1ana. Pasar\u00edan meses, sino a\u00f1os, antes que se organizasen las plantaciones. Hasta ahora, los alimentos se tra\u00edan congelados desde la Tierra, en c\u00e1maras frigor\u00edficas volantes, y unos pocos jardines p\u00fablicos verdeaban en instalaciones hidrop\u00f3nicas.<br \/>\n?Entretanto ?dijo el coordinador?, \u00e9sta ser\u00e1 su tarea. Le entregaremos todas nuestras semillas; una peque\u00f1a cantidad. El espacio en los cohetes es sumamente costoso por ahora. Estoy temeroso, puesto que los primeros poblados son colectividades mineras, que sus plantaciones de \u00e1rboles no cuenten con mucha simpat\u00eda&#8230;<br \/>\n?\u00bfPero ustedes me dejar\u00e1n hacerlo?<br \/>\nEllos le dejaron hacerlo. Provisto con una simple motocicleta, con una caja llena de semillas y reto\u00f1os, \u00e9l hab\u00eda estacionado su veh\u00edculo en el desierto valle y ech\u00f3 pie a tierra.<br \/>\nEso hab\u00eda ocurrido hac\u00eda treinta d\u00edas, y \u00e9l nunca hab\u00eda mirado hacia atr\u00e1s. Mirar hacia atr\u00e1s hubiera sido descorazonarse para siempre. El tiempo era excesivamente seco, parec\u00eda poco probable que las semillas hubiesen brotado. Quiz\u00e1 toda su campa\u00f1a, esas cuatro semanas en que hab\u00eda cavado encorvado sobre la Tierra, estaba perdida. Clavaba los ojos adelante, avanzando poco a poco por el inmenso valle soleado, alej\u00e1ndose del Primer Pueblo, aguardando la llegada de las lluvias.<br \/>\nLas nubes se acumulaban sobre las secas monta\u00f1as ahora cuando \u00e9l se cubr\u00eda los hombros con la manta. Todo en Marte era tan imprevisible como el clima. Sinti\u00f3 alrededor las calcinadas colinas, que la escarcha de la noche iba empapando, y pens\u00f3 en el suelo del valle, negro como la tinta, tan negro y lustroso que parec\u00eda arrastrarse y vivir en el pu\u00f1o, un suelo fecundo en donde podr\u00edan brotar unas habas de largos tallos, de donde caer\u00edan quiz\u00e1s unos gigantes de voz enorme, d\u00e1ndose unos golpes que les sacudir\u00edan los huesos.<br \/>\nEl fuego tembl\u00f3 sobre las cenizas so\u00f1olientas. El distante rodar de las ruedas de un carro estremeci\u00f3 el aire. Un trueno. Un repentino olor a agua. Esta noche, pens\u00f3, y extendi\u00f3 la mano para sentir la lluvia. Esta noche.<br \/>\nDespert\u00f3 al sentir un golpe muy leve sobre la frente. El agua le corri\u00f3 por la nariz hasta los labios. Una gota golpe\u00f3 su ojo, nubl\u00e1ndolo. Otra le estall\u00f3 en la barbilla.<br \/>\nLa lluvia. Fresca, dulce y tranquila, ca\u00eda desde lo alto del cielo, como un elixir m\u00e1gico que sab\u00eda a encantamientos y estrellas y aire, arrastrando un polvo de especias, y movi\u00e9ndose como raro jerez liviano sobre su lengua.<br \/>\nLluvia. Se incorpor\u00f3. Dej\u00f3 caer la manta y su manchada camisa azul, mientras la lluvia arreciaba en gotas m\u00e1s s\u00f3lidas. El fuego parec\u00eda un animal invisible danzando sobre \u00e9l, pisote\u00e1ndolo, hasta convertirlo en un furioso humo. La lluvia ca\u00eda. La gran tapa negra del cielo se dividi\u00f3 en seis trozos de azul pulverizado, como un maravilloso esmalte fracturado, y se precipit\u00f3 a Tierra. \u00c9l observ\u00f3 diez mil millones de cristales de lluvia, titubeando lo bastante como para ser fotografiados por la descarga el\u00e9ctrica. Luego obscuridad y agua.<br \/>\nEstaba empapado hasta la piel, pero manten\u00eda su rostro hacia arriba y dej\u00f3 al agua golpear sus p\u00e1rpados, riendo. Aplaudi\u00f3 y se incorpor\u00f3 y dio una vuelta por el peque\u00f1o campamento, y era la una de la ma\u00f1ana.<br \/>\nLlovi\u00f3 sin cesar durante dos horas. Aparecieron las estrellas, frescamente lavadas y m\u00e1s claras que nunca.<br \/>\nCambiando sus ropas por una muda seca que sac\u00f3 desde una bolsa de celof\u00e1n, el se\u00f1or Benjamin Driscoll se tendi\u00f3 y felizmente se durmi\u00f3.<br \/>\nEl Sol se elev\u00f3 lentamente entre las colinas. Se extendi\u00f3 pac\u00edficamente sobre la Tierra y despert\u00f3 al se\u00f1or Driscoll donde \u00e9l descansaba.<br \/>\nEsper\u00f3 por un momento antes de levantarse. Hab\u00eda trabajado y esperado ese momento durante un mes largo y caluroso, y ahora, incorpor\u00e1ndose, se volvi\u00f3 y encar\u00f3 la direcci\u00f3n de donde \u00e9l hab\u00eda venido.<br \/>\nEra una ma\u00f1ana verde. Tan lejos como \u00e9l pudo ver, los \u00e1rboles se ergu\u00edan contra el cielo. No un \u00e1rbol, ni dos, ni una docena, sino los miles que \u00e9l hab\u00eda plantado en semillas y reto\u00f1os. Y no peque\u00f1os \u00e1rboles, no, ni arbolillos, ni peque\u00f1os brotes tiernos, sino grandes \u00e1rboles, \u00e1rboles tan altos como diez hombres, verdes y verdes e inmensos y macizos, \u00e1rboles de resplandecientes hojas met\u00e1licas, \u00e1rboles susurrantes, \u00e1rboles alineados sobre las colinas, limoneros, secoyas y mimosas y robles y olmos, cerezos, arces, manzanos, naranjos, eucaliptos, estimulados por una tumultuosa lluvia, sustentados por el extra\u00f1o y m\u00e1gico suelo, e invariablemente hacia donde \u00e9l miraba, echando nuevas ramas, nuevos y abiertos brotes.<br \/>\n?\u00a1Imposible! ?exclam\u00f3 el se\u00f1or Benjamin Driscoll.<br \/>\nPero el valle y la ma\u00f1ana eran verdes. \u00a1Y el aire! De todas partes, como una corriente m\u00f3vil, como un r\u00edo de las monta\u00f1as, llegaba el nuevo aire, el ox\u00edgeno soplando de los verdes \u00e1rboles. Se lo pod\u00eda ver brillando en las alturas en oleadas de cristal. Ox\u00edgeno, fresco, puro y verde, el fr\u00edo ox\u00edgeno que transformaba el valle en un delta fluvial. En un momento las puertas en el pueblo se abrir\u00edan de par en par, la gente se precipitar\u00eda en el milagro nuevo del ox\u00edgeno, aspir\u00e1ndolo en bocanadas, con las mejillas rosadas, narices fr\u00edas, pulmones revividos, corazones agitados, y cuerpos rendidos animados ahora en pasos de baile.<br \/>\nEl se\u00f1or Benjamin Driscoll aspir\u00f3 una profunda bocanada de h\u00famedo aire verde y se desmay\u00f3. Antes que despertara nuevamente, otros cinco mil nuevos \u00e1rboles hab\u00edan subido hacia el amarillo Sol.<\/p>\n<p>Edici\u00f3n electr\u00f3nica de Ar\u00e1cnido<br \/>\nRevisi\u00f3n de\u00a0 urijenny (odoniano@yahoo.com.ar)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La ma\u00f1ana verde Ray Bradbury The green morning \u00a9 1950. Traducci\u00f3n de ? en ?. Cuando el Sol se puso, el hombre se acuclill\u00f3 junto al sendero y prepar\u00f3 una cena frugal y escuch\u00f3 el crepitar de las llamas mientras se llevaba la comida a la boca y masticaba con aire pensativo. 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