{"id":715,"date":"2008-10-14T14:32:48","date_gmt":"2008-10-14T14:32:48","guid":{"rendered":"http:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=715"},"modified":"2008-10-14T14:32:48","modified_gmt":"2008-10-14T14:32:48","slug":"la-hija-del-\u00e1rbol","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=715","title":{"rendered":"La hija del \u00e1rbol"},"content":{"rendered":"<p>La hija del \u00e1rbol<br \/>\nMiriam Allen DeFord<br \/>\nThe daughter of the tree, \u00a9 1951. Traducci\u00f3n de Mireia Bofill en Extra\u00f1os compa\u00f1eros de cama, selecci\u00f3n de Thomas N. Scortia, Super Ficci\u00f3n 44, Ediciones Mart\u00ednez Roca S. A., 1979.<\/p>\n<p>Si tuviera que jugarme algo en una apuesta sobre cu\u00e1l de los dos acabar\u00e1 hundi\u00e9ndose antes, si el Pe\u00f1\u00f3n de Gibraltar o Miriam Allen DeFord, escoger\u00eda el primero y comenzar\u00eda a buscar acomodo para los monos de Gibraltar en el zool\u00f3gico de San Francisco. Con sus ochenta a\u00f1os bien cumplidos, Miriam puede m\u00e1s que cualquier pareja de nosotros en las reuniones mensuales que celebra Mystery Writers of America en Rocca&#8217;s de San Francisco. Se me abre la boca s\u00f3lo de pensar lo que debi\u00f3 ser cuando estaba en la flor de la vida&#8230;, tr\u00e8s formidable, como dir\u00edan los franceses. Si despu\u00e9s de estas palabras se la imaginan como una grande dame de imponente figura que abruma a la gente con su aire de tener un contacto directo con el arc\u00e1ngel Gabriel por lo menos, descarten esa idea. Es una mujer menuda, casi recatada, de voz suave y con un excitante sentido del humor.<br \/>\nEn una carta me dice que a este relato, el primero que public\u00f3 en \u00abThe Magazine of Fantasy and Science Fiction\u00bb, le sigui\u00f3 luego otro cuento sobre un \u00e1rbol Gathi, a ra\u00edz del cual Tony Boucher la acus\u00f3 de dendrofilia. Ella reconoce francamente esta peculiar afici\u00f3n. \u00abHasta el punto en que el muchacho se encuentra con el indio ?escribe?, todo esto le sucedi\u00f3 a mi marido, exactamente tal y como est\u00e1 escrito, cuando se traslad\u00f3 de Baltimore a Seattle en su primera juventud.\u00bb<\/p>\n<p>Lo que m\u00e1s le oprim\u00eda a Lee era el silencio. En su casa, en Boston, hab\u00eda aprendido de memoria a Longfellow: \u00abEl murmullo de los pinos y los abetos\u00bb. All\u00ed hab\u00eda pinos y abetos del Canad\u00e1, aunque la mayor parte del bosque estaba formado por abetos corrientes y, sobre todo, abetos rojos; pero ninguno de ellos murmuraba. No hab\u00eda p\u00e1jaros cantores y s\u00f3lo de tarde en tarde escuchaba la llamada de una t\u00f3rtola. Incluso echaba de menos el rumor del r\u00edo Snoqualmie que tanto le hab\u00eda importunado la primera noche. El muchacho deposit\u00f3 en el suelo el hornillo de lat\u00f3n y las sartenes y latas, para dar un descanso a sus hombros, y bebi\u00f3 un largo trago de su botella de agua. Pens\u00f3 que, tal vez, a fin de cuentas, hab\u00eda sido una insensatez no intentar cruzar ese puente a medio terminar.<br \/>\nPero jam\u00e1s hubiera podido cruzarlo. Todas las bromas y burlas de Watt sobre los cobardes jovenzuelos de dieciocho a\u00f1os incapaces de mantener el equilibrio s\u00f3lo sirvieron para encenderle la cara; no pudieron obligarle a poner un pie sobre ese artilugio tambaleante con los enormes boquetes que se abr\u00edan en medio. Nunca hab\u00eda soportado la altura. Cierta vez, cuando era un renacuajo y su padre le llev\u00f3 a Vermont en verano, descubri\u00f3 que se mareaba y sent\u00eda n\u00e1useas cuando no ten\u00eda un terreno s\u00f3lido bajo los pies. Se las arreglar\u00eda muy bien solo. Ten\u00eda un hacha para cortar la maleza si los matorrales y los rododendros se hac\u00edan demasiado espesos. Si se topaba con un puma, o incluso con un oso, lo m\u00e1s probable era que \u00e9ste retrocediera apresuradamente al verle. No ten\u00eda miedo. S\u00f3lo que todo estaba tan terriblemente callado.<br \/>\nPara darse \u00e1nimos, empez\u00f3 a silbar McGinty baj\u00f3 al fondo del mar, una cancioncilla en boga en Boston dos a\u00f1os atr\u00e1s, en 1890, antes de que falleciera su padre y \u00e9l se encontrara a la deriva. Entonces le hab\u00eda parecido un sue\u00f1o rom\u00e1ntico y aventurero dejar la escuela y dedicar todo lo que le restaba del dinero del seguro para viajar a Seattle con Watt Gibson. S\u00f3lo hac\u00eda un a\u00f1o que Washington se hab\u00eda convertido en un estado; Watt, con los cinco a\u00f1os que le aventajaba en edad, y un t\u00edo que llevaba una d\u00e9cada en el Oeste y lo hab\u00eda mandado a buscar, estaba lleno de optimistas historias de futuras perspectivas en las que se mezclaban inextricablemente el dinero y la excitaci\u00f3n. Pero los muchachos llegaron a la zaga de un gran incendio que dej\u00f3 a la peque\u00f1a ciudad postrada, con s\u00f3lo dos edificios comerciales en pie; la gente viv\u00eda en tiendas de campa\u00f1a y hab\u00eda poco trabajo, excepto para carpinteros y alba\u00f1iles con experiencia. Entonces el t\u00edo de Watt se uni\u00f3 a una partida que iba a colonizar el territorio al este del Snoqualmie; y Lee, que hab\u00eda salido raras veces de la ciudad, agradeci\u00f3 abrumado la oportunidad de acompa\u00f1arles como cocinero.<br \/>\nNo hab\u00eda contado con que tendr\u00eda que recorrer varios kil\u00f3metros a lo largo de una quebrada, completamente solo, hasta que \u00e9sta se hiciera lo suficientemente estrecha para poder cruzarla, y luego recorrer el camino de regreso hasta el campamento.<br \/>\nBueno, si los otros eran capaces de sobrevivir todo ese tiempo sin tocino ni tortas, \u00e9l lograr\u00eda sobrevivir hasta volver a encontrarlos. Se agach\u00f3 v volvi\u00f3 a cargarse al hombro la pesada mochila con los utensilios de cocina. No se oy\u00f3 el menor crujido de ramitas ni un susurro de aire; pero cuando dio un rodeo en torno al enorme tronco de un abeto se encontr\u00f3 cara a cara con un hombre que le aguardaba calladamente.<br \/>\nLee dio un salto y las latas tintinearon, pero el hombre continu\u00f3 quieto, esperando. Era un indio, probablemente uno de los indios Flathead de la plantaci\u00f3n de l\u00fapulo, pues a veces sal\u00edan al bosque en busca de bayas, perdices y ant\u00edlopes durante la temporada baja.<br \/>\n?Klahowya sikhs ?dijo t\u00edmidamente Lee.<br \/>\nTodas esas tribus indias de or\u00edgenes y lenguas diversas hablaban chinook, la jerga comercial; y tambi\u00e9n lo hablaban todos los hombres blancos que ten\u00edan tratos con ellos; y Lee se hab\u00eda entretenido casi dos a\u00f1os en aprender a hablar con fluidez la curiosa mezcla de ingl\u00e9s, franc\u00e9s, castellano y diversos dialectos indios.<br \/>\n?Klahowya ?respondi\u00f3 tajantemente el desconocido.<br \/>\nLee no hablaba con tanta facilidad como hab\u00eda imaginado. El impasible rostro moreno que ten\u00eda delante casi se sonri\u00f3 mientras \u00e9l le explicaba trabajosamente hacia d\u00f3nde se dirig\u00eda, eludiendo los motivos del viaje. Esos tipos eran capaces de cruzar el Gran Ca\u00f1\u00f3n sobre un tabl\u00f3n; su delicado sentido del equilibrio los emparentaba con los gatos.<br \/>\nSe enter\u00f3 de que estaba casi a ocho kil\u00f3metros del final de la quebrada. Ya hab\u00eda recorrido al menos cinco, de modo que le quedar\u00edan trece kil\u00f3metros de regreso por el otro lado. Todav\u00eda estaba poco avanzado el d\u00eda; con suerte, podr\u00eda reunirse con su grupo al atardecer. Si ten\u00edan hambre, pod\u00edan encender una hoguera, calentar caf\u00e9 y comer algunas galletas que hab\u00edan sobrado del desayuno, pero \u00e9l, a pesar de llevar el hornillo y todos los utensilios de cocina, no llevaba consigo nada comestible, aparte de la sal y la levadura y una peque\u00f1a y solitaria lata de harina. Se sinti\u00f3 bastante aliviado cuando el indio inquiri\u00f3:<br \/>\n?\u00bfMesika olo?<br \/>\nS\u00ed, ten\u00eda mucha hambre, como s\u00f3lo puede tenerla un muchacho de dieciocho a\u00f1os en perfecto estado de salud. El indio ten\u00eda una bolsa llena de bayas y dos t\u00f3rtolas. Celebrar\u00edan un fest\u00edn.<br \/>\nGravemente, sin hablar demasiado, montaron el hornillo y recogieron astillas. Lee prepar\u00f3 unas tortas mientras el indio desplumaba y limpiaba las t\u00f3rtolas. Se pusieron a comer con buen apetito.<br \/>\nInesperadamente, las matas de rododendro a su derecha se abrieron sin apenas un sonido y apareci\u00f3 una muchacha. El indio la salud\u00f3 cort\u00e9smente con la cabeza y la muchacha esboz\u00f3 una t\u00edmida sonrisa, pero no pronunci\u00f3 ni una palabra. Lee permaneci\u00f3 sentado con la boca entreabierta, la mirada fija en ella, con un palillo olvidado entre los dedos. La muchacha se dej\u00f3 caer en el suelo a su lado, con un gracioso gesto, y se dispuso a compartir la comida, sin haber pronunciado a\u00fan una palabra.<br \/>\nEn medio de su sorpresa, el muchacho se olvid\u00f3 de la comida. Mir\u00f3 inquisitivamente a su compa\u00f1ero, pero el indio se limit\u00f3 a menear muy levemente la cabeza y continu\u00f3 impasible su comida. La muchacha no emiti\u00f3 ni un sonido y no pareci\u00f3 advertir las miradas subrepticias de Lee.<br \/>\nIba vestida como una india, pero resultaba evidente que era de pura sangre blanca. Su cabello, que llevaba peinado en dos largas trenzas, era de un suave color casta\u00f1o, y cuando alarg\u00f3 el brazo para coger una torta, Lee pudo distinguir la blancura de su piel, m\u00e1s all\u00e1 de la parte bronceada. Una vez le mir\u00f3 de lleno, con una curiosidad equivalente a la suya, y Lee vio que ten\u00eda los ojos azul obscuro.<br \/>\nLuego se levant\u00f3 tan sigilosamente como hab\u00eda aparecido, alz\u00f3 un momento las manos por encima de la cabeza, en se\u00f1al de saludo y aparentemente tambi\u00e9n de agradecimiento, y se alej\u00f3 en silencio. Sus pasos, con los mocasines de ante, no produjeron ni un sonido, y aunque Lee se levant\u00f3 de un salto y corri\u00f3 algunos pasos tras ella, no pudo descubrirla por ning\u00fan lado.<br \/>\nCuando volvi\u00f3, el indio estaba recogiendo las cosas y enterrando los restos de su comida. Parec\u00eda divertido, pero esper\u00f3 que fuera Lee quien hablara.<br \/>\n?\u00bfQui\u00e9n es? ?pregunt\u00f3 el muchacho en chinook.<br \/>\nEl indio estaba atareado encendiendo su pipa. Cuando consigui\u00f3 que tirara bien, respondi\u00f3 pausadamente, en la misma lengua, aunque sin ir al grano.<br \/>\n?Ella no puede o\u00edr ?dijo?, pero si hablamos de ella cuando ella est\u00e1 aqu\u00ed, ella lo sabe y se pone triste.<br \/>\n?\u00bfPero qui\u00e9n es?<br \/>\n?Okustie stick?dijo el indio y sigui\u00f3 chupando su pipa en silencio.<br \/>\n?La hija del \u00e1rbol.<br \/>\nLee se ruboriz\u00f3: \u00bfse estar\u00eda burlando de \u00e9l ese hombre? Pero el indio le mir\u00f3 con amodorrada amabilidad.<br \/>\nUn poco ofendido, el muchacho termin\u00f3 de empacar sus cosas y se dispuso a continuar su viaje. Sent\u00eda los ojos del hombre fijos en \u00e9l, pero no mir\u00f3 hacia donde se encontraba el indio. Cuando hubo terminado su tarea, dijo secamente:<br \/>\n?Gracias por la comida. Adi\u00f3s, amigo.<br \/>\nY le volvi\u00f3 la espalda para marcharse.<br \/>\nEl indio solt\u00f3 una risita.<br \/>\n?Espera. Te lo contar\u00e9 ?se ofreci\u00f3 secamente.<br \/>\nEso era justo lo que deseaba Lee. De inmediato dej\u00f3 caer la mochila y se instal\u00f3 en cuclillas al lado del hombre, con la espalda apoyada en el gran abeto.<br \/>\nSe produjo un c\u00f3modo silencio. Luego el indio, fumando tranquilamente al tiempo que emit\u00eda las palabras guturales de la extra\u00f1a lengua, dijo:<br \/>\n?Hace mucho tiempo yo vine aqu\u00ed, yo era un ni\u00f1o. Hace mucho tiempo mi padre ven\u00eda a veces aqu\u00ed a cazar. A veces hac\u00eda un puchero, quer\u00eda mucha comida para dar a sus amigos. Entonces viv\u00edamos a la orilla del lago, pesc\u00e1bamos. A veces busc\u00e1bamos carne de oso, carne de ant\u00edlope, mi padre recorr\u00eda muchos kil\u00f3metros, cazando aqu\u00ed en los bosques. Yo era un ni\u00f1o, \u00e9l me trajo, me ense\u00f1\u00f3 a cazar. Y mucho antes de que ella naciera, yo conoc\u00ed a la madre de esa chica.<br \/>\n?Es una chica blanca, \u00bfverdad? ?se le escap\u00f3 a Lee.<br \/>\nEl indio arrug\u00f3 el ce\u00f1o; hab\u00eda interrumpido el orden de su relato.<br \/>\n?Su madre mujer blanca.<br \/>\n?Pero parece toda blanca. \u00bfSu padre es un indio?<br \/>\n?Su padre no indio, no hombre blanco. Escucha, no hables. Yo te lo contar\u00e9.<br \/>\nLee se acomod\u00f3. Los hombres pod\u00edan esperar; estar\u00edan bastante c\u00f3modos y contentos de gozar de un merecido descanso tras varios d\u00edas de marcar senderos y talar matorrales. El indio levant\u00f3 una mano admonitoria para atajar nuevas interrupciones y continu\u00f3:<br \/>\n?Esa chica m\u00e1s joven que t\u00fa. Esto que te dir\u00e9 sucedi\u00f3 cuando yo ya hombre. Pero empez\u00f3 hace mucho tiempo, cuando mi padre me trajo aqu\u00ed de ni\u00f1o, me ense\u00f1\u00f3 a cazar. Cuando yo mayor, vine solo. Entonces un hombre blanco y una mujer blanca vinieron de muy lejos, a vivir aqu\u00ed en los bosques.<br \/>\n\u00bbPronto tal vez muchos hombres blancos vivir\u00e1n aqu\u00ed, talar\u00e1n \u00e1rboles, construir\u00e1n casas. T\u00fa vienes hoy, ma\u00f1ana muchos m\u00e1s. Alg\u00fan d\u00eda no habr\u00e1 bosques, todo casas, todo hombres blancos. Pero entonces \u00e9l primer hombre blanco que vino aqu\u00ed, y trajo una mujer con \u00e9l.<br \/>\n\u00bbPor qu\u00e9 vino, no lo s\u00e9, mi padre no lo sab\u00eda. Tal vez hizo algo malo, escap\u00f3. Tal vez estaba enfermo, quer\u00eda curarse en el bosque. T\u00fa vienes aqu\u00ed enfermo, los \u00e1rboles te curan. Pero no, era un hombre fuerte, trabajaba mucho, no estaba enfermo. Tal vez estaba loco, no s\u00e9. Pero vino, y trajo una mujer.<br \/>\n\u00bbPrimero acamp\u00f3, luego tal\u00f3 \u00e1rboles y construy\u00f3 una casa. Ahora la casa no est\u00e1, los \u00e1rboles crecieron sobre ella. Pero \u00e9l la construy\u00f3 y caz\u00f3 para comer, y la mujer recog\u00eda bayas. Ella limpi\u00f3 el terreno e intent\u00f3 plantar ma\u00edz, no pudo. No era mujer para trabajar duro. Cuando la vi not\u00e9 en sus manos que no era mujer para trabajar.<br \/>\n\u00bbEl hombre trabajaba mucho, todo el d\u00eda, talaba \u00e1rboles construy\u00f3 una cerca, cazaba. Al final del d\u00eda, estaba muy cansado; com\u00eda, se acostaba, dorm\u00eda. En la ma\u00f1ana se levantaba sal\u00eda a trabajar. Nunca hablaba mucho; siempre mucho silencio para la mujer.<br \/>\nLee pens\u00f3 en el silencio del bosque, que tanto le hab\u00eda oprimido. Imagin\u00f3 a una mujer blanca de buena familia condenada a vivir para siempre en ese bosque y se estremeci\u00f3.<br \/>\n?Cada a\u00f1o, el hombre blanco se marchaba, volv\u00eda a su tierra. Tal vez no hab\u00eda hecho cosas malas, tal vez s\u00f3lo vino porque estaba loco. Pero no estaba tan loco, cuidaba muy bien de todo. Estuvo fuera tal vez dos lunas.<br \/>\n\u00bbEsos d\u00edas, nuestra gente ten\u00eda esclavos. \u00c9l acud\u00eda a nosotros, ped\u00eda un esclavo para ayudarle a llevar una carga. Volv\u00eda, devolv\u00eda el esclavo, nos dejaba regalos. A veces nosotros quer\u00edamos cosas, se lo dec\u00edamos, las compraba, nos las tra\u00eda. Siempre volv\u00eda muy cargado, todo lo que necesitaba hasta el pr\u00f3ximo a\u00f1o. Cuando estaba fuera, dejaba la mujer sola en la casa.<br \/>\n\u00bbUn d\u00eda vino as\u00ed a nuestro lugar, habl\u00f3 con mi padre. Dijo:<br \/>\n?Mi mujer ha escapado.<br \/>\n\u00bbMi padre dijo:<br \/>\n?\u00bfLa has encontrado?<br \/>\n\u00bbEl dijo:<br \/>\n?Oh, s\u00ed, la he encontrado. Ha escapado dos veces, tres veces, tal vez est\u00e1 loca, creo.<br \/>\n\u00bbMi padre dijo:<br \/>\n?\u00bfQu\u00e9 hizo para que creas que est\u00e1 loca?<br \/>\n\u00bbEl hombre blanco dijo:<br \/>\n?Cuando la encontr\u00e9, hac\u00eda el amor con un abeto. Abrazaba al abeto, le dec\u00eda como a un hombre: &#8220;T\u00fa me entiendes, t\u00fa me quieres&#8221;.<br \/>\n\u00bbEl hombre blanco ri\u00f3, pero mi padre mene\u00f3 la cabeza. Sab\u00eda que los \u00e1rboles son buena medicina para los enfermos, mala medicina para los locos. \u00bfVes este \u00e1rbol grande?<br \/>\nLee asinti\u00f3 con un movimiento de cabeza. El indio roz\u00f3 levemente el enorme abeto contra el cual estaban apoyados.<br \/>\n?Los \u00e1rboles quieren a la gente, algunos \u00e1rboles antes fueron gente, hace mucho tiempo. Este \u00e1rbol, oye todo lo que decimos. No puede responder, pero oye.<br \/>\nParec\u00eda absurdo, pero a pesar suyo Lee sinti\u00f3 un leve estremecimiento en la espina dorsal. El indio continu\u00f3 gravemente:<br \/>\n?T\u00fa tratas mal a la mujer, la dejas sola, a lo mejor le pegas, a lo mejor le dices malas palabras, alg\u00fan \u00e1rbol lo oye. Ese \u00e1rbol, llama a esa mujer, se la quita al hombre, tal vez se hace su marido.<br \/>\nEso era excesivo. El muchacho se ri\u00f3. El indio arrug\u00f3 el ce\u00f1o.<br \/>\n?T\u00fa no r\u00edas. El hombre blanco se ri\u00f3 cuando mi padre se lo dijo. \u00c9l dijo: \u00abT\u00fa tambi\u00e9n est\u00e1s loco, como mi mujer\u00bb. \u00c9l se fue.<br \/>\n\u00bbEntre tanto, yo me hice hombre mayor, iba a cazar solo al bosque. Mi padre era hombre viejo, no iba conmigo. Nos hicimos pobres, dejamos nuestra casa, no m\u00e1s esclavos, salimos a trabajar para los hombres blancos en la plantaci\u00f3n de l\u00fapulo. A veces, como ahora, recordaba cuando era ni\u00f1o. Volv\u00eda a los bosques, viv\u00eda aqu\u00ed dos, tres d\u00edas. Recordaba los buenos tiempos que viv\u00ed, olvidaba los malos tiempos. Cada vez que ven\u00eda, cuando era un hombre joven, ve\u00eda a la mujer blanca aqu\u00ed. A veces su marido estaba trabajando en el bosque, a veces estaba lejos, en su tierra. Pero siempre lo mismo: ella paseaba por el bosque, sin miedo a nada. Los jaguares, los osos, los ant\u00edlopes: ella hablaba con esos animales, nunca le hac\u00edan da\u00f1o. A veces cantaba. Una vez la vi, hace mucho tiempo. Alguien mat\u00f3 una hembra de ant\u00edlope, tal vez su hombre, tal vez un indio. La peque\u00f1a cr\u00eda estaba sola, tal vez ten\u00eda un mes. Ella cogi\u00f3 la cr\u00eda en los brazos como un ni\u00f1o, le cant\u00f3. Yo lo vi.<br \/>\n\u00bbSiempre hablaba tambi\u00e9n con los \u00e1rboles, como si fueran gente. Eso es malo, hablar con los \u00e1rboles. Los \u00e1rboles escuchan, no pueden hablar, pero oyen. Un gran abeto ?grande como \u00e9ste? la vi abrazarlo, besar la corteza, hablarle al \u00e1rbol. Lo vi y corr\u00ed. No quer\u00eda que el \u00e1rbol me castigara porque lo vi con la mujer. T\u00fa no me crees, pero yo te lo digo.<br \/>\n\u00bbLuego vino un largo invierno, muy malo. Mucha nieve, muy profunda. No pod\u00eda trabajar; le dije al patr\u00f3n; me voy a los bosques, tal vez cace algo para comer, tal vez no. Hace diecisiete a\u00f1os, tal vez.<br \/>\nDiecisiete a\u00f1os. Juzgando su edad lo mejor que pudo, Lee pens\u00f3 que la muchacha deb\u00eda tener unos diecis\u00e9is.<br \/>\n?Trat\u00e9 de cazar todo el d\u00eda; ni una perdiz, ni una t\u00f3rtola, ni un ant\u00edlope, nada. La nieve ca\u00eda fuerte, hac\u00eda mucho fr\u00edo. Me acerqu\u00e9 a la casa del hombre blanco. Ahora la casa ya no est\u00e1, los \u00e1rboles han crecido sobre ella. Pero entonces la casa estaba all\u00ed. O\u00ed voces dentro. Yo no quer\u00eda entrar, tal vez se peleaban, no quer\u00edan que un extra\u00f1o oyese. Esper\u00e9 fuera, escuch\u00e9. La mujer blanca estaba muy enfadada, lloraba, dec\u00eda: \u00ab\u00a1Deja esa hacha!\u00bb Yo mir\u00e9 por la ventana: s\u00f3lo hab\u00eda un papel en la ventana y el viento hab\u00eda rasgado una esquina, de modo que pude ver. El hombre blanco ten\u00eda un hacha, ella le sujetaba el brazo, muy fuerte.<br \/>\n\u00bb\u00c9l dijo: \u00ab\u00a1Voy a acabar con esta tonter\u00eda! \u00a1Acabar\u00e9 con esto!\u00bb Pens\u00e9 que tal vez iba a hacerle da\u00f1o, ten\u00eda que impedirlo, pero ella le solt\u00f3 el brazo, corri\u00f3 a la puerta y \u00e9l no la toc\u00f3. \u00c9l dijo: &#8220;\u00bfQu\u00e9 haces? \u00bfAd\u00f3nde vas?&#8221; Entonces la o\u00ed hablar con la voz de otra mujer, no su voz; si no lo veo, pienso que hay otra mujer en la habitaci\u00f3n. Aguarda. Recuerdo lo que dijo ella, las palabras. No chinook, las dir\u00e9 en King Chautch le lang.<br \/>\nEl indio hizo una pausa, como si intentara recordar exactamente; luego muy despacio, en su voz gutural, dijo en ingl\u00e9s: \u00abHe terminado contigo. Me voy a un lugar donde me quieran\u00bb.<br \/>\nEl sonido de esas lentas palabras mal pronunciadas, en la mon\u00f3tona voz del indio, recorri\u00f3 con un estremecimiento de horror las venas de Lee. Era un muchacho con imaginaci\u00f3n ?otro sin imaginaci\u00f3n, como Watt Gibson, habr\u00eda cruzado ese puente colgante sin pens\u00e1rselo dos veces?, y de pronto oy\u00f3 a esa criatura perdida, desolada, agotada hasta la locura, pronunciando su terrible desaf\u00edo. En el silencio que sigui\u00f3, imagin\u00f3 por un momento que pod\u00eda o\u00edr los ligeros pasos de la muchacha. Pero cuando se volvi\u00f3 bruscamente, no hab\u00eda nadie a la vista.<br \/>\n?Entonces ?sigui\u00f3 diciendo el indio con deliberaci\u00f3n?, porque habl\u00f3 con la voz de otra mujer, supe que estaba loca de verdad. Prefer\u00eda quedarme afuera en la nieve que estar con una mujer loca. No escuch\u00e9 m\u00e1s, me fui.<br \/>\n?\u00bfY no averiguaste qu\u00e9 pas\u00f3? ?pregunt\u00f3 Lee?. \u00c9l deb\u00eda tener intenci\u00f3n de cortar ese gran \u00e1rbol que tanto le gustaba a ella, \u00bfno crees? Y ella intentaba imped\u00edrselo. \u00bfLo cort\u00f3?<br \/>\nCon gran turbaci\u00f3n, de pronto advirti\u00f3 que hab\u00eda hablado en ingl\u00e9s, lengua de la cual el indio probablemente no conoc\u00eda m\u00e1s que un par de palabras. Pero el hombre no hizo caso de su interrupci\u00f3n y sigui\u00f3 hablando pl\u00e1cidamente.<br \/>\n?Me alej\u00e9, pero no encontr\u00e9 nada que cazar. Lleg\u00f3 la noche, segu\u00eda nevando. Yo ten\u00eda mucho fr\u00edo, no pod\u00eda hacer fuego en la nieve. No ten\u00eda m\u00e1s remedio que pasar la noche con la mujer loca. Volv\u00ed a la casa del hombre blanco. No hab\u00eda luz. Me acerqu\u00e9 a la puerta para llamar, ni un ruido en la casa. Tropec\u00e9 junto a la puerta, me agach\u00e9. Cog\u00ed una rama de \u00e1rbol, estaba tirada en el umbral. Sacud\u00ed la nieve de la rama, la palp\u00e9. Era una rama de abeto. Entonces supe.<br \/>\n?\u00bfSupiste qu\u00e9?<br \/>\n?Supe que el abeto hab\u00eda venido a buscar a la mujer. Supe que la hab\u00eda o\u00eddo, hab\u00eda venido a buscarla. Supe otra cosa. Abr\u00ed la puerta. El hombre blanco estaba tendido en el suelo. Encend\u00ed la luz, pero ya lo sab\u00eda antes de mirar. Estaba muerto.<br \/>\n?\u00bfMuerto?<br \/>\n?Llevaba cuatro, cinco horas muerto. Mir\u00e9 para ver alguna se\u00f1al de c\u00f3mo hab\u00eda muerto, pero lo sab\u00eda antes de mirar. La nuca estaba rota.<br \/>\n?\u00bfCon el hacha?<br \/>\n?El hacha estaba en un rinc\u00f3n, estaba limpia. El \u00e1rbol hab\u00eda o\u00eddo; hab\u00eda venido a buscar a su mujer, lo hab\u00eda matado.<br \/>\n?\u00a1Pero, por Dios! ?explot\u00f3 Lee. Se contuvo y continu\u00f3 pausadamente en chinook?: Un \u00e1rbol no puede entrar en una casa y matar a un hombre.<br \/>\n?El esp\u00edritu del \u00e1rbol puede entrar en cualquier parte, matar a cualquiera. Esc\u00fachame.<br \/>\n\u00bbRegres\u00e9 al rancho, pero volv\u00ed aqu\u00ed. Antes del verano vi a la mujer blanca, tal vez dos, tres veces. No lo dije a nadie, ni a mi padre, ni a nadie. No quer\u00eda que el \u00e1rbol viniera, me castigara. La primera vez que volv\u00ed, la luna siguiente, la casa estaba limpia, el cuerpo muerto enterrado. Una mujer puede hacer eso, trabaja lentamente sobre la tierra helada. Hizo mucho fr\u00edo todo el tiempo, el cuerpo se conserv\u00f3 hasta que ella hubo terminado. Una vez volv\u00ed, justo antes del verano. Vi a la mujer, ella dijo: \u00abVuelve cuando caiga la primera nieve\u00bb. Yo dije: \u00abVendr\u00e9\u00bb.<br \/>\n\u00bbCay\u00f3 la primera nieve, le dije al patr\u00f3n: no puedo trabajar, vine aqu\u00ed, fui a la casa de la mujer blanca. Ahora era su casa, el hombre estaba muerto. Pero ella viv\u00eda casi todo el tiempo afuera, en el bosque, con el \u00e1rbol. Entr\u00e9 en la casa, estaba muy enferma. Iba a morir. Ten\u00eda un beb\u00e9. Esa ni\u00f1a que has visto.<br \/>\n\u00bbElla dijo: &#8220;Yo voy a morir, t\u00fa coge la ni\u00f1a, d\u00e1sela a tu mujer&#8221;. Yo dije: &#8220;Me quedar\u00e9. Esperar\u00e9&#8221;. Me qued\u00e9, tal vez dos, tres d\u00edas, le di comida. Luego, ella muri\u00f3. Cav\u00e9 una fosa, la enterr\u00e9. Luego, le llev\u00e9 la ni\u00f1a a mi mujer.<br \/>\n\u00bbEra la hija del \u00e1rbol. El \u00e1rbol oye demasiado, por eso ella no puede o\u00edr, no puede hablar. Pero era una ni\u00f1a muy buena, muy tranquila. Vivi\u00f3 con nosotros, como nuestra hija. Muy bonita, muy buena, pero no pod\u00eda hablar. Cuando fue una ni\u00f1a mayor, se escap\u00f3. Yo sab\u00eda d\u00f3nde estaba. Vine aqu\u00ed, la encontr\u00e9, me la llev\u00e9. Ella se escap\u00f3 una y otra vez.<br \/>\n\u00bbAhora est\u00e1 todo el invierno en nuestro campamento. Ayuda a mi mujer, trabaja en el rancho, es muy buena chica. Pero cuando llega la primavera, se escapa, se queda aqu\u00ed hasta la primera nieve. Ahora no la sigo, s\u00e9 d\u00f3nde est\u00e1. Vengo aqu\u00ed, a veces la veo, a veces no. Ella vive aqu\u00ed, coge bayas, se lava en el r\u00edo, duerme en el suelo. Est\u00e1 con su padre.<br \/>\nInstintivamente, Lee se apart\u00f3 del abeto gigante contra el cual se hab\u00eda apoyado. El indio casi se sonri\u00f3.<br \/>\n?No este \u00e1rbol. Yo no me apoyo en ese \u00e1rbol. Ese \u00e1rbol est\u00e1 muy escondido en el bosque. Si un hombre blanco corta alg\u00fan d\u00eda ese \u00e1rbol, tal vez lo lamente. Tal vez el \u00e1rbol le mate al caer.<br \/>\n?\u00a1Todo lo que dices es imposible! ?exclamo Lee, en voz excesivamente alta. Luego cambi\u00f3 otra vez al chinook?: Ella es una muchacha mayor. \u00bfEstar\u00e1 segura en el bosque?<br \/>\n?Est\u00e1 segura ?dijo tristemente el indio?. Mi mujer vigila que est\u00e9 segura en el campamento, su padre vigila que est\u00e9 segura en el bosque. Yo pienso que tal vez nunca amar\u00e1 a un hombre. S\u00f3lo es medio como t\u00fa y como yo.<br \/>\nLee le mir\u00f3 dubitativo. La muchacha era muy bonita.<br \/>\nEl indio se levant\u00f3. Sin duda deb\u00eda estar de regreso en la plantaci\u00f3n, en Snoqualmie, al amanecer.<br \/>\n?T\u00fa vuelve con tus amigos, tal vez esta noche. Esta noche hay luna llena, ser\u00e1 f\u00e1cil ?levant\u00f3 una mano en se\u00f1al de despedida?: Klahowya sikhs.<br \/>\n?Klahowya ?respondi\u00f3 Lee. Luego, cuando ya se hab\u00eda alejado algunos pasos y empezaba a preguntarse con el pulso acelerado si la muchacha no volver\u00eda a aparecer entre los matorrales cuando el hombre se perdiera de vista, le grit\u00f3?: No te creo. La mujer blanca mat\u00f3 al hombre. La ni\u00f1a era su hija.<br \/>\n\u00abO la tuya\u00bb, pens\u00f3 para sus adentros.<br \/>\nEl indio tambi\u00e9n se volvi\u00f3 y le sonri\u00f3 con condescendencia. Hab\u00eda vivido con hombres blancos: sab\u00eda c\u00f3mo funcionaba su mente.<br \/>\n?La ni\u00f1a no era su hija ?dijo sin pasi\u00f3n?. La ni\u00f1a no era mi hija, tampoco. Yo no toco una mujer que pertenece a un \u00e1rbol. T\u00fa eres un hombre, no un ni\u00f1o, no hables como un ni\u00f1o. Esa chica no es la hija de ning\u00fan hombre. Naci\u00f3 diez meses despu\u00e9s de morir el hombre, cuando empez\u00f3 a caer la nieve. Es hija del \u00e1rbol.<br \/>\nLee tambi\u00e9n sonri\u00f3 y mene\u00f3 obstinadamente la cabeza. El indio se encogi\u00f3 de hombros y dio media vuelta para marcharse. El muchacho le vio desaparecer entre los \u00e1rboles; luego se ajust\u00f3 la pesada mochila y empez\u00f3 a avanzar por el sendero. Era cierto lo que le hab\u00eda dicho Watt; esos indios ten\u00edan mentalidad de ni\u00f1os. \u00a1Todas esas historias fant\u00e1sticas!<br \/>\nOy\u00f3 un leve rumor a su izquierda, entre los matorrales. Lee levant\u00f3 bruscamente la vista y alcanz\u00f3 a divisar una larga cabellera casta\u00f1a.<br \/>\n\u00a1Aj\u00e1, se dijo, conque se ha fijado en m\u00ed! Ten\u00eda mucho tiempo; el d\u00eda todav\u00eda era joven. Deliberadamente deposit\u00f3 la mochila en el suelo at\u00f3 su pa\u00f1uelo a una rama para se\u00f1alar el lugar y se apart\u00f3 del sendero.<br \/>\nElla era m\u00e1s ligera que \u00e9l y el bosque era terreno familiar para ella. Pero se mantuvo lo bastante pr\u00f3xima a su vista y a su o\u00eddo para seguir atray\u00e9ndole. De pronto se detuvo, a menos de veinte metros de \u00e9l; y sus ojos le miraban invitadores.<br \/>\n?\u00a1Espera! ?le llam\u00f3 Lee, olvidando que no pod\u00eda o\u00edrle. No se o\u00eda ning\u00fan otro sonido; los \u00e1rboles le rodeaban como solemnes guardianes. Ech\u00f3 a correr.<br \/>\nSe encontr\u00f3 rid\u00edculamente tendido sobre el duro suelo, con las rodillas lastimadas, la mano izquierda ensangrentada.<br \/>\nSe levant\u00f3 dolorido. Vio tirada en el suelo la rama ca\u00edda que le hab\u00eda hecho tropezar.<br \/>\nSe agach\u00f3 y la recogi\u00f3. Se la qued\u00f3 mirando durante un largo minuto. De un vistazo comprob\u00f3 que los \u00e1rboles que le rodeaban eran abetos rojos, con algunos pinos.<br \/>\nLa rama que ten\u00eda en la mano era de un abeto corriente.<br \/>\nLa muchacha hab\u00eda desaparecido. S\u00f3lo hab\u00eda silencio a su alrededor.<br \/>\nTemblando bajo los c\u00e1lidos rayos del Sol, Lee regres\u00f3 cojeando al sendero. Se carg\u00f3 la mochila a la espalda, tan r\u00e1pidamente como pudo, y ech\u00f3 a andar rumbo al campamento. S\u00f3lo deseaba estar junto a Watt y los otros tan pronto como se lo permitieran sus presurosas piernas.<\/p>\n<p>Edici\u00f3n digital de diaspar?<br \/>\nRevisi\u00f3n de\u00a0 urijenny (odoniano@yahoo.com.ar)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La hija del \u00e1rbol Miriam Allen DeFord The daughter of the tree, \u00a9 1951. Traducci\u00f3n de Mireia Bofill en Extra\u00f1os compa\u00f1eros de cama, selecci\u00f3n de Thomas N. Scortia, Super Ficci\u00f3n 44, Ediciones Mart\u00ednez Roca S. A., 1979. Si tuviera que jugarme algo en una apuesta sobre cu\u00e1l de los dos acabar\u00e1 hundi\u00e9ndose antes, si el<\/p>\n<p class=\"text-right\"><span class=\"screen-reader-text\">Continue Reading&#8230; La hija del \u00e1rbol<\/span><a class=\"btn btn-secondary continue-reading\" href=\"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=715\">Continue Reading&#8230;<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[17],"tags":[],"class_list":["post-715","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos-de-ciencia-ficcion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/715","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=715"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/715\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=715"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=715"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=715"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}