{"id":709,"date":"2008-10-14T14:17:13","date_gmt":"2008-10-14T14:17:13","guid":{"rendered":"http:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=709"},"modified":"2008-10-14T14:17:13","modified_gmt":"2008-10-14T14:17:13","slug":"el-pecado-de-hyacinth-peuch","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=709","title":{"rendered":"El pecado de Hyacinth Peuch"},"content":{"rendered":"<p>El pecado de Hyacinth Peuch<br \/>\nThe sin of Hyacinth Peuch \u00a9 1952 (Fantastic, Oto\u00f1o de 1952).<\/p>\n<p>En un valle de Breta\u00f1a cerca del boscoso l\u00edmite del Departamento de Morbihan se encuentra un pueblecillo cuyo nombre es Chateauverne. \u00bfLe resulta familiar ese nombre?<br \/>\nSi no es as\u00ed, se debe a que Monsieur el prefecto de Morbihan y sus superiores de Par\u00eds han hecho todo lo posible para que las muertes no se publicaran en los peri\u00f3dicos. No tiene sentido recargar el terror con su difusi\u00f3n. Adem\u00e1s, hab\u00eda que tener en cuenta el turismo.<br \/>\nEl abate Courtot cooper\u00f3 en la tarea de mantener cerrada la boca de sus feligreses en la medida de lo posible, es decir, dentro de un radio de cinco metros a su alrededor: el abate era bastante sordo.<br \/>\nSi visita usted Chateauverne hoy, le resultar\u00e1 dif\u00edcil creer que hace muy poco sus habitantes tem\u00edan salir a caminar de noche. Todav\u00eda se conservan algunos signos: cierta tensi\u00f3n entre la gente joven, cierta resistencia a hacer el amor en los recodos sombr\u00edos de los caminos apartados.<br \/>\nSi es observador, notar\u00e1 que a\u00fan las casas m\u00e1s viejas, ruinosas y descuidadas poseen pesados postigos de s\u00f3lida madera de roble con enormes cerrojos y trancas forjados a mano, que tuvieron ocupado a Emile Peri\u00e8 sobre el yunque m\u00e1s de un mes.<br \/>\nAqu\u00ed y all\u00e1 ver\u00e1 a unas pocas personas de ojos fatigados vestidas con ropas obscuras. La concurrencia a la iglesia de Ste. Marie es un veinte por ciento mayor que anta\u00f1o, m\u00e1s regular y m\u00e1s reverente. Por supuesto, existe siempre un obstinado n\u00facleo de incorregibles que se sientan del otro lado de la plaza y miran el desfile de los piadosos, mientras beben y escupen, con el aire de quien no duda de que s\u00f3lo la gente sucia tiene necesidad de ba\u00f1arse. Sin embargo, el Diablo aument\u00f3 el reba\u00f1o del abate al reducirlo.<br \/>\nChateauverne es un grupo de casas con tejados alre\u00acdedor de una plaza de cantos rodados donde Hyacinth Peuch, el idiota del pueblo, dormita entre cerdos y galli\u00acnas. A un lado se encuentra la casa del abate y la tienda de ramos generales de la viuda Martin. En el lado opues\u00acto est\u00e1 la fonda larga y baja de Jean Pierre Boitavin, cuyo hermano Baptiste fue el cuarto asesinado antes de que se descargara la lluvia. All\u00ed es donde se sientan, a la sombra, los c\u00ednicos.<br \/>\n?La poblaci\u00f3n es de seiscientos habitantes y no se ha modificado mucho en los \u00faltimos dos siglos. Los ciudadanos de Chateauverne se dedican por entero a la agricul\u00actura, si por dedicaci\u00f3n se entiende el constante c\u00e1lculo, y por lo tanto poseen la terrena sofisticaci\u00f3n de los que est\u00e1n en contacto diario con las formas inferiores y m\u00e1s lujuriosas de vida. Procrean juiciosamente, con un ojo en el futuro y otro en la cuenta bancaria, y, en opini\u00f3n del abate, saben m\u00e1s de lo que conviene a la salvaci\u00f3n de sus almas inmortales.<br \/>\nEl \u00f3seo tintineo de la muerte irrumpi\u00f3 en este escenario una c\u00e1lida noche de mayo en que el aire era fragante y so\u00f1oliento y los insectos nocturnos zumbaban bajo los \u00e1rboles.<br \/>\nJos\u00e9phine Rimbaud ten\u00eda una cita. Era joven, de cur\u00acvas interesantes y distaba mucho de poseer una carga excesiva de capacidad intelectual. Esta tierna desventaja daba a sus emociones una espl\u00e9ndida imparcialidad; tanta, en efecto, que en una oportunidad, se sab\u00eda, hab\u00eda respondido con una tentadora sonrisa a la vac\u00eda mueca de Hyacinth Peuch quien, aunque no estaba tan profunda\u00acmente sumergido en la idiotez para desde\u00f1ar unas piernas bien torneadas, era considerado generalmente como un deplorable c\u00f3mplice para cualquier aventura er\u00f3tica.<br \/>\nQue a Jos\u00e9phine le faltara algo en un sentido al par que pose\u00eda m\u00e1s de lo suficiente en otros era un asunto que exig\u00eda una correcci\u00f3n por parte de una mano ajena. Es natural impulsar a los dem\u00e1s hacia la perfecci\u00f3n. De los muchos maestros ansiosos por contribuir a su educaci\u00f3n, ella eligi\u00f3 a Hercule Girandole, hijo de un granjero, porque ten\u00eda pelo ondulado, Hercule era un nom\u00acbre que sonaba fuerte y poderoso y una girandole es una rueda de fuegos de artificio. Jos\u00e9phine no se opon\u00eda para nada a afrontar fuegos de artificio giratorios.<br \/>\nDe modo que a las ocho, cuando las sombras empe\u00aczaban a profundizarse, se puso en marcha decidida a ampliar su mente con las sencillas lecciones de biolog\u00eda del dispuesto Hercule. Se adorn\u00f3 con cintas y frunces que acentuaban adecuadamente sus atractivos femeninos, se dio unos dulces toques de perfume en los luga\u00acres apropiados y sali\u00f3 sedienta de educaci\u00f3n.<br \/>\nTrot\u00f3 alegremente todo a lo largo de la Avenue des Hirondelles, que fuera en una \u00e9poca parte de la propiedad de los Verne, y luego tom\u00f3 un estrecho sendero flanqueado por altos setos y que conduc\u00eda hasta la vieja plantaci\u00f3n, adonde se hab\u00edan dirigido t\u00edmidamente con el mismo encantador prop\u00f3sito doce generaciones previas.<br \/>\nEl lugar de la cita era un peque\u00f1o obelisco de grani\u00acto que dec\u00eda: Ici la M\u00e9t\u00e9orite de 1897. No era literalmente as\u00ed, porque la piedra del espacio hab\u00eda sido exhumada a\u00f1os antes y enviada a alg\u00fan lugar donde profundos ancianos largos de pelo y cortos de vista pudieran examinarla. Incluso el agujero que hab\u00eda dejado estaba ahora relleno de vegetaci\u00f3n.<br \/>\nJos\u00e9phine se detuvo junto al obelisco y mir\u00f3 en derredor en la semiobscuridad. La hierba era m\u00e1s suave que una cama.<br \/>\n?\u00a1Hercule! ?susurr\u00f3 en voz temblorosa. Una llamada as\u00ed era seductora, en tanto que el imperioso mugido que habr\u00eda deseado proferir no hubiese sido digno de una se\u00f1orita. Alis\u00f3 su vestido, pensando por qu\u00e9 \u00e9l se escond\u00eda y la desesperaba?. \u00a1Hercule!<br \/>\nNo hubo respuesta. Solamente el suspiro del viento y el roce de los \u00e1rboles. La muchacha frunci\u00f3 el ce\u00f1o. Llegaba tarde. Eso no estaba bien. La mujer puede llegar tarde para subrayar su decoro y su t\u00edmida negativa a caer en la trampa, si no teme que otra se adelante; pero el hombre debe ser puntual y, a\u00fan mejor, llegar an\u00actes de la hora, para tener tiempo de caminar nerviosamente, entre la esperanza y la desesperaci\u00f3n y consumi\u00acdo por la pasi\u00f3n y el deseo.<br \/>\nEra lamentable. Indignada, dio vuelta al obelisco, mir\u00f3 detr\u00e1s de un matorral, quiso ver lo que hab\u00eda detr\u00e1s de un \u00e1rbol y cay\u00f3 cuan larga era al tropezar con un par de piernas cruzadas.<br \/>\nSe puso de pie, pensando que esa noche ten\u00eda una po\u00acderosa maldici\u00f3n, y mir\u00f3 las piernas. Sigui\u00f3 la obscura forma hasta la cara contra\u00edda: descubri\u00f3 que la gir\u00e1ndula no volver\u00eda a girar.<br \/>\nJos\u00e9phine se volvi\u00f3 y corri\u00f3. Ni un grito. Ni un gemido. Ni un angustioso pedido de auxilio. Simplemente corri\u00f3, con la boca abierta, con las caderas ondulando, sin parar, los dos kil\u00f3metros hasta el pueblo. La prime\u00acra persona que vio fue la viuda Martin, que ocupaba masivamente el vano de la puerta de su tienda. Cuando estuvo a su lado, jade\u00f3 unas pocas palabras fren\u00e9ticas, se dej\u00f3 caer sobre los cantos rodados del suelo y se en\u00actreg\u00f3 a un acceso de histeria.<br \/>\nAhora bien: la viuda Martin pesaba cien kilos, ten\u00eda bigotes negros y una vez hab\u00eda matado un chancho de un rev\u00e9s destinado simplemente a apartarlo de sus tablones de hortalizas. Germaine Joubert, la chismosa del pueblo, jurar\u00eda m\u00e1s tarde que el infortunado animal hab\u00eda dado tres vueltas de carnero en el aire antes de cerrar sus ojos y expirar, con la misma expresi\u00f3n que te\u00acn\u00eda el finado Henri Martin en sus \u00faltimos momentos, similaridad que bien pod\u00eda no ser una coincidencia. Comprender\u00e1 usted por esto que la viuda Martin era tr\u00e8s formidable, y la \u00faltima persona que perderla el juicio por la angustia de Jos\u00e9phine.<br \/>\nLa mir\u00f3, por encima de sus labios con herpes, y dijo:<br \/>\n?No importa lo que haya hecho ese inservible de Gi\u00acrandole, revolcarte en el esti\u00e9rcol no lo va a arreglar.<br \/>\nHippolyte Lemaitre dej\u00f3 su silla en la acera de la fonda y cruz\u00f3 la plaza, seguido por Hyacinth Peuch y varios otros. Todos contemplaron a Jos\u00e9phine, y en espe\u00accial lo poco extra que no sol\u00eda exhibir en momentos m\u00e1s normales.<br \/>\nHippolyte se dirigi\u00f3 a la viuda Martin.<br \/>\n?\u00bfQu\u00e9 ocurre, Hortense?<br \/>\n?Una torpeza de ese Girandole.<br \/>\n?Tut ?dijo Hippolyte, para quien la falta de des\u00actreza en el apareamiento era un pecado imperdonable.<br \/>\n?Hercule&#8230; ?dijo Jos\u00e9phine, incorpor\u00e1ndose con los ojos h\u00famedos, enrojecidos y llenos de horror?. \u00a1Est\u00e1 muerto!<br \/>\n?\u00bfQu\u00e9? ?exclam\u00f3 Hippolyte.<br \/>\n?\u00bfMuerto? ?dijo la viuda Martin.<br \/>\n?Todo retorcido y desangrado. Yo le vi ?se dej\u00f3 caer e inici\u00f3 otro acceso? . \u00a1Terrible! \u00a1Terrible!<br \/>\n?Va a llover ?dijo Hyacinth Peuch, mostrando unos dientes que parec\u00edan antiguas l\u00e1pidas en ruinas?. Va a llover mucho, van a ver.<br \/>\n?\u00bfD\u00f3nde ha ocurrido eso? ?pregunt\u00f3 con el ce\u00f1o fruncido Hippolyte Lemaitre?. \u00bfD\u00f3nde? \u00a1Habla, muchacha!<br \/>\n?Junto a la piedra del meteoro.<br \/>\n?Seguramente se la tir\u00f3 encima ?sugiri\u00f3 la viuda Martin.<br \/>\n?\u00a1No lo hice yo! ?grit\u00f3 Jos\u00e9phine.<br \/>\nLleg\u00f3 Germaine Joubert. Se le mov\u00edan las aletas de su nariz delgada y sus ojos acuosos se mov\u00edan en todas direcciones.<br \/>\n?\u00bfNo hiciste qu\u00e9?<br \/>\n?No se entreg\u00f3 a Girandole ?inform\u00f3 la viuda Martin, que siempre se imaginaba a Germaine con los ojos clavados en las cloacas?. Le cort\u00f3 las tripas. La muerte antes que la deshonra.<br \/>\n?\u00a1Dios m\u00edo! ?dijo Germaine; se le eriz\u00f3 el pelo, y hasta la peluca?. Dios m\u00edo.<br \/>\nY sali\u00f3 corriendo para ser la primera en distribuir la noticia.<br \/>\n?Bueno ?dijo Hippolyte?. Voy a telefonear a Sif. Es mejor que vaya a ver en seguida.<br \/>\nLa viuda Martin asinti\u00f3 y le mir\u00f3 mientras se iba. Ignorando a Jos\u00e9phine, se sent\u00f3 en el escal\u00f3n del umbral y jug\u00f3 ociosamente con su labio superior.<br \/>\n?Va a llover ?repiti\u00f3 Hyacinth Peuch; la mir\u00f3 con la cabeza puesta de costado?. Va a llover mucho. Ya ver\u00e1.<br \/>\nMedia hora m\u00e1s tarde llov\u00eda a c\u00e1ntaros.<br \/>\nNapole\u00f3n Sif, el gendarme de Pontaupis, lleg\u00f3 en su bicicleta en menos de una hora. Ten\u00eda los calcetines mojados y su capa chorreaba. Experimentaba el bilio\u00acso tedio de quien se siente v\u00edctima de una obscura conspiraci\u00f3n. Como casi todos los naturales de Pontaupis, a nueve kil\u00f3metros, pensaba que Chateauverne era un pozo de iniquidades donde cualquier cosa pod\u00eda suceder y por lo com\u00fan suced\u00eda.<br \/>\nEntr\u00f3 en la fonda, sacudi\u00f3 su capa sobre el suelo, colg\u00f3 su gorro en el respaldo de una silla y se sec\u00f3 la cara con un pa\u00f1uelo.<br \/>\n?\u00bfQu\u00e9 ocurre? \u00bfUn muerto?<br \/>\nUn coro de voces le respondi\u00f3:<br \/>\n?El joven Girandole.<br \/>\n?Retorcido como un tirebouchon junto a un \u00e1rbol, debajo de la lluvia.<br \/>\n?Helado y desangrado junto al obelisco.<br \/>\n?El viejo Rimbaud se llev\u00f3 a Jos\u00e9phine a su casa: dijo que le iba a arrancar la verdad a palos.<br \/>\n?Hortense Martin piensa que&#8230;<br \/>\n?\u00bfA qui\u00e9n le importa lo que piense Hortense?<br \/>\n?\u00bfQuiere un co\u00f1ac? ?pregunt\u00f3 Jean Pierre Boita\u00acvin??. Est\u00e1 tan mojado como si hubiera venido pedalean\u00acdo por dentro del canal.<br \/>\n?Bueno, c\u00f3mo no ?dijo Sif, ablandado. Mir\u00f3 la copa, hizo girar suavemente el contenido, olisque\u00f3 el bouquet, bebi\u00f3 un sorbito y chasque\u00f3 los labios?. Hum. Que es\u00acpere Girandole. No se va a mojar m\u00e1s aunque est\u00e9 flo\u00actando.<br \/>\n?Que espere ?aprob\u00f3 Jean Pierre?. Yo tambi\u00e9n voy a esperar hasta el fin de los tiempos: me deb\u00eda cuarenta francos. Un hombre no tiene derecho a morir cuando debe dinero. Es indecente.<br \/>\nSif termin\u00f3 de beber y asinti\u00f3.<br \/>\n?Si todos lo hicieran, quedar\u00edamos arruinados ?dijo. Se aboton\u00f3 la capa y adopt\u00f3 una pose de gran autoridad?. Convendr\u00eda que uno o dos me acompa\u00f1aran para ense\u00f1arme el lugar donde ha perecido este deudor.<br \/>\nUn par se ofreci\u00f3, m\u00e1s por morbosa curiosidad que por un sentido de civismo. Al salir se encontraron con el abate Courtot que caminaba apresuradamente bajo la lluvia. El viejo sacerdote se detuvo ante la autoridad.<br \/>\n?\u00bfQu\u00e9 le trae aqu\u00ed, hijo? Espero que no sea nada grave.<br \/>\n?Girandole est\u00e1 duro en el bosque.<br \/>\n?\u00bfDe veras? ?el abate movi\u00f3 tristemente la cabe\u00acza?. A Hercule no le va a gustar.<br \/>\n?\u00bfNo? ?Sif le mir\u00f3.<br \/>\n?Un padre borracho es una manantial de verg\u00fcenza.<br \/>\n?El joven Girandole ?le grit\u00f3 Sif en el o\u00eddo? est\u00e1 muerto.<br \/>\n?\u00a1Dios m\u00edo! ?el abate retrocedi\u00f3 un paso y se masaje\u00f3 su \u00f3rgano auditivo?. Qu\u00e9 cosa horrible! Un jo\u00acven encantador, y bueno&#8230;<br \/>\nMuy turbado, les mir\u00f3 alejarse y desaparecer en la obscura lluvia.<br \/>\nCasi toda la poblaci\u00f3n de Chateauverne vio el cad\u00e1\u00acver, tuvo n\u00e1useas y malos sue\u00f1os, aparte de Emile P\u00e9ri\u00e8 y la viuda Martin, que ten\u00edan un car\u00e1cter excepcionalmente fuerte. Los hermanos Boitavin hicieron un viaje especial hasta L?Orient para comprar una nueva remesa de co\u00f1ac.<br \/>\nDos ancianos y asombrados m\u00e9dicos y Napole\u00f3n Sif estuvieron de acuerdo en que ning\u00fan cuerpo humano pod\u00eda ser tan espantosamente retorcido por obra del hom\u00acbre y que lo mejor ser\u00eda depositar la responsabilidad en el amplio regazo del Alt\u00edsimo. Dieron por sentado que Hercule hab\u00eda sido v\u00edctima de un rayo en la flor de la juventud, por obra de Dios, que cumpl\u00eda sus designios en formas misteriosas.<br \/>\nA Girandole el mayor, que hab\u00eda derramado sus ener\u00acg\u00edas con tal entusiasmo que pocas veces se le hab\u00eda visto perpendicular, y que ahora pasaba sus \u00faltimos a\u00f1os recordando con deleite sus pasadas iniquidades, se le se\u00f1al\u00f3 que los hijos suelen pagar las culpas de los padres. Un sistema de justicia que, a sus ojos, ten\u00eda sus ventajas.<br \/>\nJos\u00e9phine, ya recuperada del golpe y dispuesta a mi\u00acrar en torno en busca de nuevos conquistadores, se le hizo ver que quiz\u00e1s un solo minuto de modestia la hab\u00eda salvado de compartir la suerte de su enamorado.<br \/>\nEn el funeral, el abate Courtot hizo uso pleno y leg\u00ed\u00actimo de la dolorosa ocasi\u00f3n, y disert\u00f3 sobre varios aspectos de la venganza celestial. Hizo oblicuas referen\u00accias a los h\u00e1bitos poco santos de ciertas personas a quienes todos identificaron como los dem\u00e1s.<br \/>\nHercule descendi\u00f3 a la fosa. Napole\u00f3n pedale\u00f3 de vuel\u00acta hasta Pontaupis. Jos\u00e9phine Rimbaud permiti\u00f3 que el joven Armand Descoules la acompa\u00f1ara en direcci\u00f3n aproximada a la de su hogar, con la esperanza de que en alguna parte del camino le ofreciera algo m\u00e1s que con\u00acsuelo espiritual. Hyacinth Peuch ayud\u00f3 a llenar la tumba con las manos desnudas y dejando caer un hilo de baba al suelo.<br \/>\nTodo el asunto qued\u00f3 reducido a chismes, gestos, encogimientos de hombros. Pero s\u00f3lo durante seis d\u00edas, hasta que ocurri\u00f3 el siguiente crimen.<br \/>\nHyacinth Peuch trajo la mala noticia. Trastabill\u00f3 has\u00acta el peque\u00f1o grupo sentado en el exterior de la fonda de Boitavin, puso la cabeza de costado e hizo una mueca.<br \/>\n?Va a llover pronto.<br \/>\n?Vete, tonto ?le dijo alguien, con impaciencia.<br \/>\n?Mucha lluvia para lavar la sangre\u00a0 farfull\u00f3?. La sangre de Laverne.<br \/>\n?Laverne no tiene sangre ?declar\u00f3 Lamaitre, diri\u00acgiendo un gui\u00f1o a los dem\u00e1s.<br \/>\nEra m\u00e1s bien una exageraci\u00f3n que una mentira. Ju\u00acles Laverne era un personaje alto y sombr\u00edo, tan flaco que le llamaban Le Pendu, el ahorcado.<br \/>\nSus rasgos finos y como de p\u00e1jaro ten\u00edan cierta semejanza con los \u00faltimos se\u00f1ores de Verne, y esto, unido a su nombre, hab\u00eda fomentado en \u00e9l la ilusi\u00f3n de que una pandilla de siniestros abogados le hab\u00eda quitado su leg\u00edtima herencia. Jules se comportaba, por lo tanto, con la fr\u00eda dignidad de un duque enga\u00f1ado, inspeccionaba peri\u00f3dicamente sus propiedades recorriendo los ex\u00actensos campos de los Verne, y ocasionalmente examinaba los registros civiles de los pueblos vecinos en busca de un antiguo certificado de matrimonio que no exist\u00eda, ya que la uni\u00f3n espec\u00edfica que le interesaba s\u00f3lo se hab\u00eda celebrado en la cama.<br \/>\n?Mucha sangre de Laverne ?insisti\u00f3 Hyacinth, con cierta glotoner\u00eda?. Cerca de la piedra del meteoro.<br \/>\n?\u00bfQu\u00e9? \u00bfD\u00f3nde?<br \/>\n?Retorcido como el otro. Lo vi ?volvi\u00f3 a trasta\u00acbillar al recordarlo?. \u00a1Va a llover pronto!<\/p>\n<p>No hab\u00eda el menor indicio de lluvia. Finas nubes ocul\u00actaban en parte el sol que se pon\u00eda: por lo dem\u00e1s el cie\u00aclo estaba claro. A pesar de esto, el grupo se agit\u00f3; se sent\u00edan inc\u00f3modos y no les gustaba que el idiota se mostrara tan seguro. Y adem\u00e1s, si deb\u00eda haber una segunda v\u00edctima en la plantaci\u00f3n, Laverne ten\u00eda tantas posibilidades como cualquiera, y m\u00e1s que la mayor\u00eda. Siem\u00acpre estaba rondando el lugar mientras pensaba en lo dis\u00actinto que podr\u00eda haber sido todo. Miraron a Hyacinth, y se miraron entre s\u00ed.<br \/>\nAntes que nadie pudiera decir una palabra, Germalne Joubert se aproxim\u00f3 con sus ojitos viv\u00edsimos.<br \/>\n?\u00bfPueden creerlo? \u00a1Es incre\u00edble! ?hizo una pausa para crear suspense, y luego agreg\u00f3?: Jules Laverne, ese escu\u00e1lido, ese proscripto, ha dejado su bicicleta junto a la casa de Tillie Benoit \u00a1toda la noche! Una verg\u00fcen\u00acza. \u00bfQue le ve ella? \u00bfO qu\u00e9 le ve \u00e9l? Y adem\u00e1s, qu\u00e9 impudencia, dejar la bicicleta como un anuncio, jact\u00e1ndose abiertamente&#8230; Si me preguntan&#8230;<br \/>\n?Nadie le pregunta nada, lengua larga ?dijo Hippolyte, quien sosten\u00eda que Germaine era capaz de percibir el calor del esti\u00e9rcol a distancia.<br \/>\n?\u00bfEh? \u00bfLe he o\u00eddo bien, Monsieur?<br \/>\n?Es claro que s\u00ed. Ll\u00e9vese la lengua a otra parte.<br \/>\nElla alz\u00f3 una indignada y justiciera cabeza.<br \/>\n?Perm\u00edtame que le diga, Monsieur Lemaitre, que si no fuera por los pocos que somos puros&#8230;<br \/>\n?M\u00e1s bien a la fuerza que por elecci\u00f3n ?respondi\u00f3 \u00e9l agudamente, y la mir\u00f3 alejarse con la nariz en alto. Y les dijo a los dem\u00e1s?: Tille Benoit no le hubiera sonre\u00eddo a Jules por cincuenta mil francos. Es tan c\u00e1lida como una roca y terminar\u00e1 por darle a los gusanos lo que ha negado a los hombres, pero&#8230;<br \/>\n?\u00bfQu\u00e9? ?urgi\u00f3 uno de los otros.<br \/>\n?Su casa est\u00e1 sobre el camino a la plantaci\u00f3n. Por lo tanto, voy a dar una vuelta por el obelisco. \u00bfAlguien viene?<br \/>\n?Yo.<br \/>\nOtro gru\u00f1\u00f3:<br \/>\n?En ese caso yo tambi\u00e9n me podr\u00eda adherir a esta locura.<br \/>\n?Va a llover ?les record\u00f3 Hyacinth Peuch, mostrando sus dientes amarillos?. Lavar\u00e1 la sangre.<br \/>\n?Lluvia, lluvia, lluvia ?coment\u00f3 el gru\u00f1\u00f3n?. Siempre habla de lluvia, como si no tuvi\u00e9ramos bastante.<br \/>\n?Escupi\u00f3 en el suelo?. El pobre tonto escucha demasiado a estos escarbadores de basura que se llaman a si mismos granjeros. Siempre el tiempo amenaza llevarles a la bancarrota. No estar\u00e1n satisfechos mientras no tengan una lluvia cada d\u00eda y otra el domingo para limpiar los desag\u00fces. Todo lo que le piden a Dios es eso: lluvia y desag\u00fces. Del resto se ocupa la Banque de France.<\/p>\n<p>Ya se o\u00edan truenos cuando llegaron a la piedra con la inscripci\u00f3n Ici la M\u00e9t\u00e9orite de 1897. Las primeras gotas cayeron mientras llevaban a la plaza la estropeada figura de Laverne.<br \/>\nNapole\u00f3n Sif volvi\u00f3 a coger una mojadura, como los dos m\u00e9dicos. Contemplaban meditabundos la extra\u00f1a forma que parec\u00eda haber sufrido un tormento inimagina\u00acble, de otro mundo, antes de ir a reclamar sus derechos en una propiedad m\u00e1s alta y remota. Ten\u00eda todos los huesos rotos y las articulaciones dislocadas. El torso ha\u00acb\u00eda girado sobre sus caderas y la cabeza miraba incon\u00acgruamente la espalda. Las piernas estaban retorcidas como hilo.<br \/>\nEl rayo, aventur\u00f3 Sif, no golpea dos veces en el mis\u00acmo lugar. Bah, coment\u00f3 un m\u00e9dico eso era un mito. El otro corrobor\u00f3 que los rayos suelen caer en el mismo lugar, sobre todo si hay en el subsuelo un yacimiento de hierro. De cualquier modo, el cad\u00e1ver de Laverne hab\u00eda aparecido exactamente a tres metros del de Girandole. El veredicto fue como el anterior: muerte causada por un rayo.<br \/>\nEnterraron a Jules Laverne junto con sus f\u00fatiles esperanzas y sus sue\u00f1os ociosos. Sif regres\u00f3 a Pontaupis. Los Boitavin trajeron otro cargamento de bebidas de l?Orient. Hyacinth Peuch tir\u00f3 tierra a la tumba.<br \/>\nEl abate Courtot habl\u00f3 solemnemente del pecado de imitar a los superiores, del abismo que aguarda al orgullo, del oropel de los tesoros mundanos, que no se pueden llevar consigo. La piadosa Jos\u00e9phine tradujo esta in\u00acformaci\u00f3n teol\u00f3gica como la recomendaci\u00f3n autorizada a usar dichos tesoros mientras a\u00fan estaban calientes.<br \/>\nEl nombre de Laverne se uni\u00f3 al de Girandole en las conversaciones morbosas, y no se le dio otro sentido a ninguno de ambos durante las cuarenta y ocho horas subsiguientes. Un tiempo muy corto, con todo; porque como Laverne no ten\u00eda mucha substancia, la tercera muer\u00acte lleg\u00f3 muy pronto.<br \/>\nLa falta de \u00e9nfasis del pr\u00f3ximo anuncio aument\u00f3 su horror. Era la tarde del d\u00eda del mercado, \u00fanica ocasi\u00f3n semanal en que Chateauverne se ve\u00eda a s\u00ed mismo como un pueblo abierto y bullicioso.<br \/>\nEmile P\u00e9ri\u00e9 se abri\u00f3 camino por la plaza, entre jaulas de gallinas y cerdos rezongones. Era un hombre gigantesco de pelo en pecho y cejas amenazadoras a quien se llamaba a sus espaldas y a cierta distancia l?encadreur, el marquero de obras de arte. Aunque era el herrero del pueblo, se le atribu\u00eda el otro oficio desde el d\u00eda memora\u00acble en que sus nalgas hab\u00edan quedado prisioneras en un excusado mal construido. Se necesit\u00f3 la colaboraci\u00f3n de cuatro personas para ponerle en libertad y, como era un hombre rudo y taciturno, el recuerdo de ese remoto episodio era lo \u00fanico que le molestaba.<br \/>\nEmile pas\u00f3 junto a una pared donde se alineaban al\u00acgunos sombr\u00edos borrachos y a una cerca donde estaban sentados algunos septuagenarios y penetr\u00f3 pesadamente en la fonda. Le hizo un gesto a Baptiste y dijo en voz ronca:<br \/>\n?\u00a1Otro!<br \/>\nBaptiste Boitavin no comprend\u00eda, pues le hab\u00eda visto entrar.<br \/>\n?Pero Emile, \u00bfc\u00f3mo puedo servirte otro si a\u00fan no has pedido el primero?<br \/>\n?Lo beber\u00e9 ahora. Un co\u00f1ac doble. No vendr\u00e1 mal.<br \/>\n?Las manos de P\u00e9ri\u00e9 representaron un movimiento de torsi\u00f3n, como si estuviera matando una gallina invisible?. Ha habido otro.<br \/>\nLa cara de Baptiste palideci\u00f3: esta vez hab\u00eda com\u00acprendido. Ech\u00f3 un vistazo a los dem\u00e1s parroquianos, se inclin\u00f3 sobre el mostrador y pregunt\u00f3 en voz baja:<br \/>\n?\u00bfQui\u00e9n?<br \/>\n?Portale. ?Las manos volvieron a girar?. Estaba as\u00ed, todo dado vuelta. ?Bebi\u00f3 un trago de co\u00f1ac?. Reventado y seco, como una naranja podrida.<br \/>\n?\u00a1Ooooh! ?dijo Baptiste, y retrocedi\u00f3 un paso?. El tel\u00e9fono.<br \/>\n?Que no vengan m\u00e1s cretinos de Pontaupis ?sugiri\u00f3 P\u00e9ri\u00e9?. No es momento para in\u00fatiles.<br \/>\n?Llamar\u00e9 a la gendarmer\u00eda de Vannes. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el cuerpo? \u00bfEn la plantaci\u00f3n?<br \/>\n?No. Lo traje aqu\u00ed, doblado y flexible como una soga mojada. Est\u00e1 en la capilla, y s\u00f3lo la viuda Martin me vio.<br \/>\n?Se qued\u00f3 acodado sobre el mostrador, bebiendo, hasta que Baptiste regres\u00f3 del tel\u00e9fono y le hizo una se\u00f1a. Res\u00acpondi\u00f3 encogi\u00e9ndose de hombros, sali\u00f3 y fue a buscar a la forja un martillo de tres kilos que puso al lado de su cama.<br \/>\nPor alguna raz\u00f3n misteriosa, la primera respuesta al pedido de ayuda de Baptiste lleg\u00f3 en la forma de una excitada brigada de bomberos con una escalera de doce metros y tres bombas. Este circo, que hab\u00eda batido el r\u00e9cord de Vannes a Chateauverne por m\u00e1s de un minuto, apareci\u00f3 en la plaza con un sonoro clamor de sirenas y campanas, diseminando gansos, gallinas, repollos y chis\u00acmosos. De inmediato Chateauverne se convirti\u00f3 en un tumulto, mientras los voluntarios corr\u00edan en todas direc\u00acciones en busca de un inexistente incendio. Entre algunos ebrios se hablaba de quemar algo para justificar el br\u00edo de la visita y los gastos.<br \/>\nUna hora m\u00e1s tarde, despu\u00e9s de muchos gritos, discusiones y repetidas llamadas telef\u00f3nicas a Vannes, los bomberos se retiraron llev\u00e1ndose tres botellas de vino nuevo. Se les sugiri\u00f3 no ir a Pontaupis, de donde quiz\u00e1 les habr\u00edan llamado, y que deb\u00eda haber sido arrasada has\u00acta sus cimientos mucho antes.<br \/>\nMenos espectacularmente fue descargada en una calle lateral una carretada de gendarmes, que entraron en la capilla. Germaine Joubert les vio, se acerc\u00f3 a la puerta con otras personas y las noticias empezaron a volar de boca en boca.<br \/>\n?El tercero.<br \/>\n?Como los otros.<br \/>\n?Es Portale.<br \/>\nLes impresion\u00f3, aunque la noticia no les tocaba tan de cerca. Magn\u00edfico Portale no era un nativo de Chateauverne. De origen extranjero, y seg\u00fan se cre\u00eda ib\u00e9rico, ha\u00acb\u00eda vagado por las inmediaciones durante a\u00f1os, gan\u00e1n\u00acdose precariamente la vida con una cara llena de amor y un coraz\u00f3n lleno de concupiscencia. Se rumoreaba que Magn\u00edfico era el padre de diecisiete hijos, ocho de ellos de su leg\u00edtima esposa. A pesar de esta indiscriminaci\u00f3n copulatoria se le ten\u00eda en cierta estima porque hab\u00eda ale\u00acgrado la vida de las mujeres sin hijos y su pecado era en suma la caridad cristiana.<br \/>\nLos gendarmes se llevaron a Magn\u00edfico violentamente contra\u00eddo y el d\u00eda siguiente regresaron con grandes cajas, palas, un documento oficial lleno de frases como \u00abdis\u00acp\u00f3nese\u00bb y \u00abpor cuanto\u00bb, excavaron las tumbas de Giran\u00acdole y Laverne, los empaquetaron y se los llevaron a Vannes.<br \/>\nPara este momento, Chateauverne hab\u00eda decidido que dos eran bastante y tres demasiado. La soberbia punter\u00eda de los rayos resent\u00eda la credulidad, especialmente por\u00acque nada similar hab\u00eda ocurrido nunca. Deb\u00eda haber un asesino suelto, un man\u00edaco.<br \/>\nAparecieron los postigos de roble. La forja de Emile P\u00e9ri\u00e9 empez\u00f3 a echar humo y a producir martillazos para tratar de cumplir las exigencias de un s\u00fabito boom de trancas y cerrojos m\u00e1s grandes y s\u00f3lidos. Armand Des\u00accoules ten\u00eda todas las calles para \u00e9l despu\u00e9s de las ocho y media, pero deb\u00eda cortejar a Jos\u00e9phine a la distancia m\u00e1xima de un tiro de piedra de su casa y tuvo que pos\u00actergar su rom\u00e1ntica intenci\u00f3n de tomar lo poco que a\u00fan le faltaba.<br \/>\nLa cuarta noche despu\u00e9s del traslado de los cuerpos a Vannes, cuando todav\u00eda prosegu\u00edan las especulaciones y el miedo rondaba por los callejones obscuros, Baptiste Boitavin lleg\u00f3 a una decisi\u00f3n.<br \/>\n?Este salvaje ha matado solamente de noche y en la plantaci\u00f3n ?dijo?. Ese es un juego al que pueden jugar dos ?tom\u00f3 entonces una pesada escopeta de dos ca\u00f1os y agreg\u00f3?: Vamos a buscarlo y a terminar con \u00e9l.<br \/>\n?Excelente idea ?aprob\u00f3 Hippolyte Lemaitre?. Esos de Vannes duermen con la satisfacci\u00f3n porcina de los que est\u00e1n engordados a impuestos. Nos podr\u00edan liquidar a todos en orden alfab\u00e9tico antes de que se despierten. Lo mejor ser\u00e1 que actuemos nosotros mismos.<br \/>\nHubo murmullos de apoyo. S\u00f3lo Timoth\u00e9e Clotaire, el sepulturero de la iglesia, se opuso. Era el tipo de hom\u00acbre que invariablemente presenta un problema ante cualquier soluci\u00f3n.<br \/>\n?\u00bfY si este asesino no es un ser humano?<br \/>\n?Ya sabemos que no lo es. Es inhumano. ?Baptiste escupi\u00f3 en el suelo?. Le mataremos.<br \/>\n?\u00bfY si es una fiera, como un gorila enloquecido?<br \/>\n?Lo mismo volar\u00e1 hecho pedazos.<br \/>\n?\u00bfY si fuera un elefante escapado del Cirque Nationale? ?insisti\u00f3 Timoth\u00e9e. Su mirada ve\u00eda la escopeta de Baptiste del tama\u00f1o de una cerilla en comparaci\u00f3n con un elefante.<br \/>\n?Por m\u00ed, podr\u00eda ser una boa constrictor de veinte metros ?afirm\u00f3 redondamente Baptiste, ech\u00e1ndose el arma al hombro?. Estoy listo. \u00bfQui\u00e9n m\u00e1s viene conmigo?<br \/>\nSe le unieron diez, armados con siete rifles, una pis\u00actola de tiro al blanco, un antiguo machete y una maza de roble con formidables tachones de bronce. Impregna\u00acdo de ferocidad marcial, el grupo se puso en marcha, seguido a la distancia por Hyacinth Peuch, que mostraba sus dientes amarillos y parec\u00eda curioso.<br \/>\nDurante tres horas batieron los bosques. Se llamaban unos a otros y orinaban a intervalos frecuentes; molestaron bastante a los conejos y a los b\u00fahos, pero no encontraron nada man\u00edaco ni monstruoso. Uno por uno fueron regresando a sus hogares, fatigados, cada cual de acuerdo a la medida de su paciencia.<br \/>\nA las tres de la ma\u00f1ana Jean Pierre Boitavin despert\u00f3 a Hippolyte Lemaitre golpeando violentamente la puerta.<br \/>\n?\u00a1Hola!\u00a0 \u00a1Ya est\u00e1 aqu\u00ed! \u00bfVolvieron los dem\u00e1s?<br \/>\nSeguramente. ?Hippolyte se frotaba los ojos, demasiado estupidizado por el sue\u00f1o para sentirse irritado?. \u00bfQu\u00e9 ocurre, Jean Pierre?<br \/>\n?\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 Baptiste?<br \/>\n?\u00bfNo ha regresado? ?Hippolyte mir\u00f3 su reloj, vio que era muy tarde y se despert\u00f3 en el acto. Hizo girar la llave?: Pase y espere a que me vista. Vamos a bus\u00accarle.<br \/>\nLe encontraron exactamente donde se lo figuraban, aunque ninguno hab\u00eda querido admitirlo. Cerca de la piedra del meteorito, con el arma sin descargar junto a su mano fr\u00eda. Apenas era reconocible.<br \/>\nUna nueva gran caja lleg\u00f3 de Vannes y se llev\u00f3 a Bap\u00actiste bajo la mirada inquisitiva de Roger Corbeau, un chico de doce a\u00f1os y pelo en desorden. Roger era por naturaleza tan poco respetuoso del peligro que ya se ha\u00acb\u00eda roto cuatro huesos, le hab\u00edan hecho siete suturas y hab\u00eda tenido en dos oportunidades la vida en un hilo.<br \/>\nEsto no ocurr\u00eda porque estuviese lleno de coraje sino m\u00e1s bien por la ceguera particular de las personas propensas a los accidentes. En otras palabras, ten\u00eda algo en com\u00fan con Ilyacinth Peuch, s\u00f3lo que no tan desarrollado. Entre los conocedores locales de los desastres, cund\u00eda la idea de que Roger no durar\u00eda mucho en este mundo porque Jes\u00fas lo quer\u00eda para hacerse con \u00e9l un rayo de sol.<br \/>\nLos or\u00e1culos dieron justo en el centro. Roger fue obedientemente a la cama, se escap\u00f3 por la ventana del tejado, y se dirigi\u00f3 directamente a la plantaci\u00f3n para ver por s\u00ed mismo lo que ocurr\u00eda. Seguramente su entusiasmo se habr\u00eda evaporado en menos de una hora si le hubie\u00acran hecho esperar todo ese tiempo; pero, caracter\u00edsticamente, eligi\u00f3 un momento en que el servicio era r\u00e1pido y eficiente. A su debido tiempo fue buscado, descubier\u00acto y llevado a Vannes en una caja m\u00e1s chica, bajo una lluvia feroz.<br \/>\nDos gendarmes con sus carabinas cargadas empezaron a montar guardia por las noches en la plantaci\u00f3n. Duran\u00acte los diez d\u00edas siguientes no ocurri\u00f3 nada. Reinaba el buen tiempo y hac\u00eda calor. Aunque les aburr\u00eda su tarea, la cumpl\u00edan a conciencia; pero no oyeron nada sospechoso ni vieron nada que pudiera ser motivo de alarma.<br \/>\nA las diez y veinte de la und\u00e9cima noche, uno de ellos fue a casa de Tillie Benoit en busca del caf\u00e9 que ella pre\u00acparaba, tal como se hab\u00eda establecido oficialmente. Llevaba una lata de mala gana, porque la atm\u00f3sfera estaba m\u00e1s fr\u00eda y parec\u00eda presagiar una lluvia, y adem\u00e1s porque pensaba que bien podr\u00eda prepararles el caf\u00e9 alguien m\u00e1s sociable y simp\u00e1tico que Tillie, una mujer flaca y fr\u00edgida que les dispensaba esa bebida como si le estuviera haciendo un favor a los leprosos.<br \/>\nSin embargo se qued\u00f3 con Tillie tanto como pudo, mantuvo con ella una conversaci\u00f3n llena de elevada moralidad y bajos prop\u00f3sitos, con la encallecida determi\u00acnaci\u00f3n de alguien que considera cada fortaleza como un desaf\u00edo y que, de cualquier manera, debe mantener la reputaci\u00f3n cuidadosamente cultivada de ser tan apasionado como un gato entero repleto de curry.<br \/>\nPas\u00f3 casi una hora antes de que regresara, derrotado. Una vez en el obelisco, mir\u00f3 a su alrededor.<br \/>\n?Marcel.<br \/>\nSilencio.<br \/>\n?\u00a1Marcel!<br \/>\nNo hubo respuesta.<br \/>\nEn voz m\u00e1s alta y levemente temblorosa:<br \/>\n?\u00a1Marcel!<br \/>\nEl viento fr\u00edo susurraba entre los \u00e1rboles. Percibi\u00f3 un olor acre, d\u00e9bil pero familiar y perturbador. Olfate\u00f3, tra\u00actando de recordar.<br \/>\n\u00a1Sangre!<br \/>\nDej\u00f3 caer la lata de caf\u00e9 de la mano izquierda y la carabina de la derecha. Abandon\u00f3 a Marcel, gir\u00f3 y corri\u00f3 como jam\u00e1s hab\u00eda corrido antes.<br \/>\nCuarenta hombres de la primera compa\u00f1\u00eda del regimiento 23 de Infanter\u00eda llegaron la tarde siguiente. Ocuparon posiciones en la plantaci\u00f3n con \u00f3rdenes estrictas de no permitir la entrada a nadie. Un periodista lleg\u00f3 desde l?Orient, y fue enviado por la viuda Martin a investigar una masacre imaginaria en Pontaupis, donde hac\u00eda tiempo que estaba haciendo falta una buena. El prefecto de Morbihan visit\u00f3 personalmente Chateauverne, estuvo tres minutos y se march\u00f3.<br \/>\nLa semana siguiente no ocurri\u00f3 nada. Tillie Benoit re\u00acchaz\u00f3 a los cuarenta soldados, cada uno de los cuales pens\u00f3 que era id\u00e9ntica a la madre de su perrito masco\u00acta. El oficial al mando de la tropa, un capit\u00e1n, no opin\u00f3 al respecto. Estaba satisfecho porque le hab\u00edan dado una direcci\u00f3n en donde pod\u00eda hacer sus ejercicios de calistenia sobre alfombra, tan necesarios para la salud y el es\u00acp\u00edritu del guerrero.<br \/>\nPor lo que se pod\u00eda ver, poco m\u00e1s se hizo al respecto de las sucesivas tragedias; pero el jueves a la noche apareci\u00f3 una persona en la fonda. Era un hombre peque\u00f1o y delicado, de aspecto \u00e1gil, con una barba blanca de chi\u00acvo y ojos fr\u00edos y azules.<br \/>\n?\u00bfEs usted Jean Pierre Boitavin?<br \/>\n?S\u00ed, se\u00f1or.<br \/>\nEl otro exhibi\u00f3 una tarjeta.<br \/>\nGeorge Fournier, Inspecteur. Suret\u00e9 G\u00e9n\u00e9rale.<br \/>\n?\u00a1Ah, la Polic\u00eda! ?dijo Jean Pierre, impresionado?. No es necesario preguntar qu\u00e9 le trae aqu\u00ed.<br \/>\nEl inspector Fournier asinti\u00f3.<br \/>\n?Ya he interrogado a una cantidad de personas: el abate Courtot, P\u00e9ri\u00e9, Lemaitre, Mme. Martin y otros. Todos aquellos cuya informaci\u00f3n podr\u00eda ser \u00fatil. S\u00f3lo me quedan dos nombres en la lista: el suyo y&#8230; ?tom\u00f3 una libreta y la consult\u00f3? un tal Hyacinth Peuch ?los ojos helados horadaron a Jean Pierre?. Por favor, d\u00edgame todo lo que sepa sobre este asunto.<br \/>\nObediente, Jean Pierre cont\u00f3 los hechos con tantos detalles como pudo recordar.<br \/>\n?Es la misma historia ?coment\u00f3 Fournier?. \u00bfD\u00f3n\u00acde est\u00e1 Peuch? \u00bfD\u00f3nde se le puede encontrar?<br \/>\n?All\u00ed fuera. ?Jean Pierre se\u00f1al\u00f3 la plaza?. Es ese pobre subnormal que est\u00e1 jugando con esas basuras.<br \/>\n?Aj\u00e1&#8230; \u00bfPuede hablar?<br \/>\n?Ciertamente, monsieur. S\u00f3lo que la gente extra\u00f1a le asusta ?pens\u00f3 un instante?. Le voy a llamar y le voy a dar un co\u00f1ac. Esperaremos hasta que lo absorba, despu\u00e9s, usted podr\u00eda convidarle con otro: eso tendr\u00e1 un aire fraternal. Y despu\u00e9s de dos co\u00f1acs le besar\u00e1 la frente y le llenar\u00e1 de baba.<br \/>\n?Ll\u00e1mele ?orden\u00f3 Fournier, acostumbrado a sufrir cuando se trataba de cumplir con su deber.<br \/>\nHyacinth se acerc\u00f3 con ese andar arrastrado y ladea\u00acdo que caracteriza a muchos subnormales. Bebi\u00f3 lentamente el co\u00f1ac, con cierta suspicacia, porque la gente del pueblo le aconsejaba siempre que se cuidara de la gente que le ofrec\u00eda regalos.<br \/>\n?Hyacinth sabe cu\u00e1ndo va a llover ?dijo Jean Pie\u00acrre, para gratificarle con un elogio?. Si dice que llove\u00acr\u00e1, llueve. Despu\u00e9s de cada una de las muertes anuncio que los \u00e1ngeles llorar\u00edan, y as\u00ed lo hicieron.<br \/>\n?\u00bfAh, s\u00ed? ?dijo Fournier, estudiando el aspecto de cementerio de los dientes de Hyacinth?. \u00bfY por qu\u00e9 llueve despu\u00e9s de las muertes?<br \/>\n?Para que se vaya la sangre ?inform\u00f3 Hyacinth.<br \/>\nLuego termin\u00f3 el co\u00f1ac, chasque\u00f3 los labios y sonri\u00f3.<br \/>\n?\u00bfQue vaya ad\u00f3nde?<br \/>\n?A las ra\u00edces.<br \/>\n?Ah, a las ra\u00edces ?dijo Fournier; alz\u00f3 una ceja inquisitivamente?. \u00bfY qu\u00e9 ra\u00edces son \u00e9sas?<br \/>\n?Las del \u00e1rbol. ?Hyacinth mir\u00f3 la copa vac\u00eda.<br \/>\n?S\u00edrvale otro ?orden\u00f3 Fournier?. Me interesan much\u00edsimo los \u00e1rboles, Monsieur Peutch. \u00bfDe qu\u00e9 \u00e1rbol me habla?<br \/>\nEncantado de o\u00edrse llamar monsieur, el tonto tartamude\u00f3:<br \/>\n?El&#8230; el grande que&#8230; que atrapa conejos.<br \/>\nUn destello brill\u00f3 en los ojos de Fournier mientras preguntaba:<br \/>\n?\u00bfUsted lo ha visto hacer eso?<br \/>\nMyacinth no respondi\u00f3.<br \/>\n?Mu\u00e9streme c\u00f3mo lo hace ?invit\u00f3 Fournier, con pa\u00acciencia.<br \/>\n?Vamos, mu\u00e9strale al se\u00f1or ?dijo Jean Pierre?. Nunca han visto una cosa as\u00ed en Par\u00eds.<br \/>\nCon cierta resistencia, Hyacinth dej\u00f3 su copa, se paro, extendi\u00f3 r\u00edgidamente los brazos por encima de la cabeza y mir\u00f3 al cielorraso.<br \/>\n?Est\u00e1 as\u00ed todo el d\u00eda ?inform\u00f3?. No se puede mover por la luz. Pero de noche&#8230;<br \/>\n?\u00bfS\u00ed?<br \/>\n?Hay cosas que corren sobre las ra\u00edces, cosas con sangre&#8230;<br \/>\n?Siga ?urgi\u00f3 Fournier.<br \/>\n?Entonces&#8230; ?Hyacinth respir\u00f3 profundamente. Luego sus brazos vibraron, y de pronto bajaron velozmente hasta sus pies, con toda su fuerza. Los dedos ara\u00f1aron el suelo. Luego enderez\u00f3 el cuerpo y alz\u00f3 un poco los brazos. Se qued\u00f3 mir\u00e1ndoles, con un gorgoteo de placer, mientras sus manos retorc\u00edan algo y la sangre imaginaria goteaba sobre sus pies.<br \/>\n?Y en seguida llueve ?dijo.<br \/>\nJean Pierre empin\u00f3 la botella de co\u00f1ac.<br \/>\n?Necesito yo un trago ?dijo. Bebi\u00f3 y mir\u00f3 a Hyacinth?. Nom d?un chien! \u00bfC\u00f3mo puede haber un \u00e1rbol as\u00ed?<br \/>\n?\u00bfY le viste coger as\u00ed conejos? ?dijo Fournier?. \u00bfMuchas veces? \u00bfDesde hace mucho?<br \/>\n?Cuatro, cinco, seis a\u00f1os. Tal vez m\u00e1s. No s\u00e9 ?Hya\u00accinth sostuvo una mano a la altura de su cabeza?. Desde que el \u00e1rbol era as\u00ed de grande.<br \/>\n?\u00bfY eso ocurre con frecuencia? ?dijo Fournier.<br \/>\n?S\u00f3lo de noche y cuando est\u00e1 por llover ?dijo el experto en los procedimientos del misterio?. Si no hay lluvia, no hay caza.<br \/>\nFournier no se molest\u00f3 en preguntar por qu\u00e9 no hab\u00eda dicho nada de esto antes. Sab\u00eda la respuesta: los locos aprenden pronto a no hablar demasiado de su locura.<br \/>\n?\u00bfNos puedes llevar hasta ese \u00e1rbol?<br \/>\n?S\u00ed, Monsieur.<br \/>\nEn la creciente obscuridad, el vegetal no parec\u00eda distinto de otros \u00e1rboles cercanos. Simplemente un grueso y nudoso tronco de altas ramas y una masa de hojas an\u00acchas y carnosas. Estaba exactamente a ocho metros del obelisco.<br \/>\nCuarenta soldados lo rodeaban mientras el inspector Fournier examinaba cuidadosamente lo que se pod\u00eda ver a la luz de media docena de linternas.<br \/>\n?\u00bfEst\u00e1 seguro de que \u00e9sta es la planta asesina?<br \/>\n?Seguro, Monsieur ?afirm\u00f3 Hyacinth, muy satisfecho de ser el centro de la atenci\u00f3n sin que nadie se burlara.<br \/>\n?\u00bfNo hay otros?<br \/>\n?No, Monsieur.<br \/>\n?Eso es una locura ?exclam\u00f3 el capit\u00e1n, frustrado en sus designios de dedicar la noche a asaltar los encantos de la maestra del pueblo. Atraves\u00f3 marcialmente el cerco de soldados, golpete\u00f3 con su bast\u00f3n el duro tronco y agreg\u00f3 con autoridad?: Ninguna planta puede tener suficiente sensibilidad o velocidad de reacci\u00f3n. Ni sus miembros pueden tener bastante elasticidad. Es decir que&#8230;<br \/>\nSus \u00faltimas palabras se perdieron en una s\u00fabita r\u00e1faga de aire y un tremendo swish cuando media docena de ramas descendieron y le capturaron. Subi\u00f3 y subi\u00f3 en el aire, y las ramas le exprimieron como un trapo mo\u00acjado. No brot\u00f3 de \u00e9l un grito ni un gemido. S\u00f3lo se oy\u00f3 el ruido de los huesos rotos, la carne desgarrada, el go\u00actear de la sangre.<br \/>\nCon una sacudida final, las ramas dejaron caer el cuer\u00acpo y regresaron a su posici\u00f3n original. Silencioso, impasible, satisfecho, el \u00e1rbol se irgui\u00f3 en la obscuridad.<br \/>\nAlguien ilumin\u00f3 con una linterna el cuerpo, murmu\u00acrando sombr\u00edos juramentos.<br \/>\n?Va a llover ?prometi\u00f3 Hyacinth Peuch.<\/p>\n<p>Fournier volvi\u00f3 a la vida como si se despertase de una pesadilla. Se hizo cargo de la situaci\u00f3n con r\u00e1pidas \u00f3rdenes.<br \/>\n?Saquen el cuerpo de aqu\u00ed. Traigan madera, ramas, quesoreno, todo lo que sea combustible. Arr\u00f3jenlo junto al monstruo. Con cuidado, no se acerquen. \u00a1R\u00e1pido, idio\u00actas, r\u00e1pido!<br \/>\nSe lanzaron a una fren\u00e9tica actividad. En poco tiem\u00acpo la pir\u00e1mide de le\u00f1a lleg\u00f3 hasta la altura de las ramas bajas. Encima de todo arrojaron el quesoreno requisado de las l\u00e1mparas y estufas de Tillie Benoit. Fournier personalmente arrim\u00f3 la cerilla. El fuego empez\u00f3 a arder, vacil\u00f3, y de pronto se alz\u00f3 hacia el cielo.<br \/>\nEn ese momento el \u00e1rbol empez\u00f3 a sacudirse como un ser enloquecido, arrojando chispas y tizones ardientes en todas direcciones, lleno de vida violenta y terrible. Los hombres no fueron piadosos: continuaron arrojando le\u00f1os al fuego hasta que el tronco de un \u00e1rbol vecino re\u00acvent\u00f3 por la presi\u00f3n de la savia hirviente.<br \/>\nAl alba no quedaba m\u00e1s que un c\u00edrculo de cenizas grises del que retiraron unos carbonizados restos de ra\u00edces, con los que hicieron un fuego m\u00e1s peque\u00f1o. A las diez de la ma\u00f1ana, cansados, sucios, despeinados, regre\u00acsaron a la plaza.<br \/>\nFournier entr\u00f3 en la fonda, se lav\u00f3 y pidi\u00f3 el desayuno.<br \/>\n?Era un \u00e1rbol, una planta sedienta de sangre venida de qui\u00e9n sabe d\u00f3nde. Quiz\u00e1s ese meteorito trajo la semilla desde alg\u00fan obscuro mundo. ?Pens\u00f3 un momento?. Sea como sea hemos visto el fin de este vampiro. Chateauverne no volver\u00e1 a tener problemas.<br \/>\n?No estoy tan seguro, Monsieur ?dijo Jean Pie\u00acrre?. En Chateauverne, cuando a uno no lo estrangulan o le usan para el caldo, le roban cuarenta francos o le retienen prisionero en un excusado como un emperador sin poder. ?Alcanz\u00f3 una botella?. \u00bfQuerr\u00eda un co\u00f1ac?<br \/>\n?Ciertamente.<br \/>\nFalta contar el resto, que quiz\u00e1 nunca ser\u00e1 narrado. Una chispa de vida hab\u00eda venido del fondo del espacio y se hab\u00eda arraigado en Chateauverne: como era fototr\u00f3pica, de d\u00eda permanec\u00eda como hipnotizada, y de noche crec\u00eda, se mov\u00eda, y beb\u00eda sangre. As\u00ed ocurri\u00f3 hasta que fue destruida.<br \/>\nNo se le concedi\u00f3 a Hyacinth Peuch, el tonto, ning\u00fan cr\u00e9dito por esto. Antes bien, se le critic\u00f3 por no haber hablado antes, aunque en ese caso nadie le hubiese cre\u00eddo.<br \/>\nHasta un idiota puede tener sensibilidad, de modo que tampoco la primavera siguiente se expuso a ser insultado. Al regresar de cierta glorieta escondida donde a veces sus ojos, bizcos pero eficaces, le instru\u00edan sobre las artes gemelas del cortejo y la conquista, vio una es\u00acpecie de casta\u00f1a velluda que cruzaba el sendero.<br \/>\nEra una cosa peque\u00f1a, pardusca, brillante, cubierta de cilias temblorosas. Se mov\u00eda lenta y trabajosamente entre la hierba; cay\u00f3 sin poder evitarlo por el plano inclinado de un zanj\u00f3n y trep\u00f3 la margen opuesta: all\u00ed se acomod\u00f3 en la parte m\u00e1s alta, se hundi\u00f3 en el suelo y desapareci\u00f3 de la vista.<br \/>\nMuy de vez en cuando volvi\u00f3 a ese lugar, pero cerca de la zanja brotaban continuamente matas y arbustos, y no habla manera de distinguir entre locales y visitan\u00actes. Un d\u00eda, a fines de octubre, advirti\u00f3 una rata muerta, seca y retorcida debajo de un arbusto de un metro de alto.<br \/>\nChateauverne recibi\u00f3 el aviso que se le deb\u00eda.<br \/>\n?Va a llover ?le dijo Hyacinth a la viuda Martin, en su voz encharcada y llena de gorgoteos, sonriendo, con la cabeza ladeada y una gota pendiente de la nariz.<br \/>\nAhora bien, la viuda Martin era una mujer sana y fuerte, consciente de su soledad, y estaba gozando silenciosa e inocentemente de sus propios deseos; y la ima\u00acgen de Hyacinth le resultaba en ese momento tan indeseable como una rata muerta en un banquete.<br \/>\nAs\u00ed que gru\u00f1\u00f3:<br \/>\n?\u00a1Vete, tonto!<br \/>\n&#8230;Y, rasc\u00e1ndose el trasero, olvid\u00f3 la cuesti\u00f3n.<\/p>\n<p>Edici\u00f3n digital de diaspar<br \/>\nRevisi\u00f3n de urijenny (odoniano@yahoo.com.ar)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El pecado de Hyacinth Peuch The sin of Hyacinth Peuch \u00a9 1952 (Fantastic, Oto\u00f1o de 1952). En un valle de Breta\u00f1a cerca del boscoso l\u00edmite del Departamento de Morbihan se encuentra un pueblecillo cuyo nombre es Chateauverne. \u00bfLe resulta familiar ese nombre? Si no es as\u00ed, se debe a que Monsieur el prefecto de Morbihan<\/p>\n<p class=\"text-right\"><span class=\"screen-reader-text\">Continue Reading&#8230; El pecado de Hyacinth Peuch<\/span><a class=\"btn btn-secondary continue-reading\" href=\"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=709\">Continue Reading&#8230;<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[17],"tags":[],"class_list":["post-709","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos-de-ciencia-ficcion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/709","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=709"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/709\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=709"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=709"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=709"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}