{"id":706,"date":"2008-10-14T14:15:23","date_gmt":"2008-10-14T14:15:23","guid":{"rendered":"http:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=706"},"modified":"2008-10-14T14:15:23","modified_gmt":"2008-10-14T14:15:23","slug":"los-comedores-de-lotos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=706","title":{"rendered":"Los comedores de lotos"},"content":{"rendered":"<p>Los comedores de lotos<br \/>\nFritz Leiber<br \/>\nThe lotus eaters, \u00a9 1972 (The worlds of Fritz Leiber). Traducci\u00f3n de Jos\u00e9 M\u00aa. Pomares en Ciencia Ficci\u00f3n Selecci\u00f3n-33, Libro Amigo 556, Editorial Bruguera S. A., 1978.<\/p>\n<p>Siempre desaprob\u00e9 en\u00e9rgicamente la costumbre de castrar a los gatos o esterilizar a las gatas (en base a que tales acciones disminuyen la fortaleza, invaden la individualidad, y son un insulto contra el derecho de todo ser para procrear) hasta que empec\u00e9 a cuidar una casa y tres gatos castrados en Summerland, en el sur de California. Era una casa maravillosa situada en la seca y abrupta falda de una colina.<br \/>\nNo tard\u00e9 en empezar a comprender a mis tres eunucos.<br \/>\nMi esposa se pasaba la mayor parte del tiempo en la cama. Estaba enferma y sent\u00eda una gran afici\u00f3n por el alcohol, los libros y las suaves luces de la chimenea.<br \/>\nYo alimentaba a los tres gatos: Braggi, un macho enorme, suave, desaseado, con los ojos y el pelo rojo; Fanusi, una peque\u00f1a gata beige, con las costumbres de un ser inquieto; y la Gran Duquesa, blanca, con manchas negras, tortuosa y fuerte, que parec\u00eda una criatura capaz de cabalgar (aunque no s\u00e9 muy bien sobre qu\u00e9 corcel) al mando de una tropa de caballer\u00eda del Oeste.<br \/>\nBraggi era muy cari\u00f1oso. Se acercaba a m\u00ed y se tend\u00eda sobre mis zapatos&#8230;, un gran gesto de afectividad.<br \/>\nFanusi era una neur\u00f3tica, a pesar de su inquieto comportamiento b\u00e1sico. Aun cuando estuviera galanteando con uno, siempre estaba nerviosa y dispuesta a echar a correr.<br \/>\nLa Gran Duquesa no perd\u00eda nunca su frialdad, aunque era la m\u00e1s peque\u00f1a ?si bien la m\u00e1s tuerte? de los tres.<br \/>\nLo que m\u00e1s me sorprend\u00eda de ellos, a! cabo de una semana de convivencia, era que todos eran unos asesinos. Tra\u00edan ratoncillos muertos, e incluso ratas, p\u00e1jaros y ardillas, que no se com\u00edan, sino que arrojaban a mis pies. Cre\u00eda que eran unos ejemplos perfectos de los deportes sangrientos. De hecho, me di cuenta de que la Gran Duquesa llevaba a cabo cada d\u00eda una expedici\u00f3n regular de caza, esperando unos pocos minutos en cada uno de los lugares que eleg\u00eda para matar.<br \/>\nMe preguntaba c\u00f3mo se las arreglar\u00edan para comer, pues, al parecer, nunca se com\u00edan a sus presas&#8230; Se limitaban a mostr\u00e1rmelas, mientras que su due\u00f1a, que era la propietaria de la casa, cuando los puso estrictamente a mi cuidado, me asegur\u00f3 que cada uno de ellos s\u00f3lo tomaba dos cucharadas, peque\u00f1as, de comida enlatada para gatos al d\u00eda. Una afirmaci\u00f3n que me dej\u00f3 inmediatamente asombrado.<br \/>\nNo tard\u00e9 en encontrar la soluci\u00f3n a trav\u00e9s de mi esposa, que suele comprender a la gente mucho mejor que yo. Cada uno de los tres gatos segu\u00eda una ruta regular hacia cuatro casas condescendientes situadas en el vecindario, donde consegu\u00edan buenas provisiones de las mesas de los seres humanos.<br \/>\nEntonces, me di mucha m\u00e1s cuenta de la existencia de un jard\u00edn bastante grande, situado al pie de la colina donde se encontraba la casa, y del que mi esposa y yo nos hab\u00edamos comprometido a cuidar, junto con los tres gatos cazadores desexualizados (\u00a1qu\u00e9 terrible palabra esa de desexualizar!). Se entregaban a menudo al juego sexual entre ellos mismos; la castraci\u00f3n no es un desastre tan grande para la actividad sexual como muchos piensan. Aquellos tres felinos disfrutaban los unos con los otros.<br \/>\nMe sent\u00ed a\u00fan m\u00e1s interesado por el jard\u00edn situado al pie de la casa, desde donde, por las noches, me llegaban los maullidos de los gatos como si se tratara de las toses suaves de los leones.<br \/>\nEl jard\u00edn era una verdadera jungla. No, peor que una jungla. Era algo muy parecido al caos.<br \/>\nAs\u00ed pues, comenc\u00e9 primero por intentar arreglar lo peor. Se trataba de una mala hierba que ten\u00eda puntas negras, con un aspecto parecido a las primeras agujas de fon\u00f3grafo de bamb\u00fa, pero que mostraba diminutos erizamientos negros en los extremos. Se enganchaban muy decididamente a mis calcetines y pantalones. Pero segu\u00ed libr\u00e1ndome de ellos con la ayuda de mi esposa.<br \/>\nEntonces, llegu\u00e9 a unos peque\u00f1os matorrales erizados, marrones y circulares. No tuve tanto problema para desembarazarme de ellos. La parte posterior del jard\u00edn empez\u00f3 a adquirir el aspecto de algo que yo fuera capaz de conquistar.<br \/>\nEmpec\u00e9 a cortar toda clase de maderas muertas. Hab\u00eda matorrales que conten\u00edan bayas rojas, situados en el centro del jard\u00edn. Una vez serrada toda la madera inferior, gris, seca y muerta, descubr\u00ed bajo ella una simple fuente de cemento. Me imagin\u00e9 que ni la due\u00f1a de la casa que hab\u00edamos alquilado ?junto con sus tres gatos? estar\u00eda al corriente de la existencia de aquella fuente, pues la \u00fanica atenci\u00f3n que hab\u00eda prestado a aquella zona desde hac\u00eda cinco a\u00f1os hab\u00eda sido regar el terreno durante media hora cada tarde. Nunca descubr\u00ed c\u00f3mo funcionaba aquella fuente.<br \/>\nPor aquella \u00e9poca, mi esposa sufri\u00f3 un leve ataque al coraz\u00f3n, pero encontramos a un m\u00e9dico que le hizo mucho bien y tanto ella como yo continuamos manteniendo nuestras solitarias formas de vida: ella en su habitaci\u00f3n, y yo ante mi m\u00e1quina de escribir, en mi estudio, pasando siempre de una a tres en\u00e9rgicas y sudorosas horas en la parte trasera del jard\u00edn.<br \/>\nLimpi\u00e9 las superficies bajas, ahora que hab\u00eda quitado los matorrales m\u00e1s molestos, primero con un machete, y despu\u00e9s con una segadora de mano.<br \/>\nEmpec\u00e9 a acercarme entonces a los \u00e1rboles y al elevado l\u00edmite de vegetaci\u00f3n. Aquello significaba que encontrar\u00eda mucha m\u00e1s madera seca y muerta. Demasiado para nuestros capazos. Llenar\u00eda el coche de cajas de cart\u00f3n, en las que colocar\u00eda mis grises y muertos desechos vegetales, y lo llevar\u00eda todo al basurero de la ciudad, un enorme valle sombr\u00edo situado detr\u00e1s de las colinas que daban al mar, pero rodeado siempre de chillonas aves marinas. \u00c9l hacer aquello me produjo una extra\u00f1a sensaci\u00f3n, como si estuviera enterrando a mi esposa&#8230; o uno, o todos los gatos que tanto ella como yo est\u00e1bamos cuidando.<br \/>\nAproximadamente por esta misma \u00e9poca, Braggi comenz\u00f3 a visitarme mientras yo trabajaba en el jard\u00edn de la colina. Me observaba desde muy cerca y cuando me sentaba sobre el borde de la fuente de cemento para descansar un poco y enjugarme el sudor de la frente, se restregaba lleno de afectividad contra mis tobillos. Yo le acariciaba.<br \/>\nMi esposa le\u00eda sus libros y tomaba sus buenos vasos de licor en nuestra habitaci\u00f3n. Cuando miraba hacia abajo desde la amplia ventana lo hac\u00eda como queriendo darme a entender su compa\u00f1\u00eda, su afecto y su preocupaci\u00f3n por m\u00ed. Yo la saludaba con la mano.<br \/>\nEstaba fascinado por las cosas que iba poniendo al descubierto mi trabajo de desbrozar maleza. Mientras trabajaba bajo las ramas grises y muertas de dos aguacates, descubr\u00ed toda una \u00abplacentera b\u00f3veda\u00bb hemisf\u00e9rica, como se dice en el poema de Coleridge, una b\u00f3veda que se elevaba sobre mi cabeza con enormes hojas verdes y grandes frutos igualmente verdes ca\u00eddos sobre tierra. Aquella noche, mi esposa y yo nos comimos una enorme ensalada.<br \/>\nDurante los d\u00edas que siguieron, entregamos a los amigos que nos visitaron un buen n\u00famero de estos maravillosos frutos de piel granulada.<br \/>\nPor esta \u00e9poca, las dos gatas \u00abalteradas\u00bb ?la neur\u00f3tica Fanusi y la majestuosa Gran Duquesa? empezaron a observarme ocasionalmente, mientras Braggi lo segu\u00eda haciendo desde cierta distancia, mientras yo trabajaba en el jard\u00edn.<br \/>\nEntonces, me lanc\u00e9 al ataque del seto de cinco metros del jard\u00edn, todo \u00e9l verde y vigoroso y cubierto de matas de peque\u00f1as y extra\u00f1as bayas amarillas. Qued\u00e9 extra\u00f1ado de mis descubrimientos al cortar esta feroz vegetaci\u00f3n; tres peque\u00f1os \u00e1rboles de hoja perenne que crec\u00edan lateralmente, en su intento de librarse de esta enorme prisi\u00f3n verde y alcanzar el sol; dos hermosas ramas de rosas suavemente amarillentas, que estaban floreciendo; y un peque\u00f1o naranjo que mostraba frutos diminutos.<br \/>\nAquella noche, mi esposa y yo colocamos un hermoso florero en nuestra mesa. Yo experimentaba una gran sensaci\u00f3n de triunfo al haber conquistado el jard\u00edn.<br \/>\nPero aquella misma noche, aunque algo m\u00e1s tarde, todo fue horrible. Me despert\u00e9 de un sue\u00f1o ligero y desliz\u00e1ndome muy despacio fuera de la gran cama con objeto de no despertar a mi esposa, me puse un bat\u00edn y me dirig\u00ed hacia la parte trasera del jard\u00edn.<br \/>\nCada una de las cosas que yo hab\u00eda cortado estaba creciendo ahora a una velocidad sobrenatural, aunque no s\u00e9 qu\u00e9 dios o diosa ten\u00eda el poder suficiente para hacer aquello.<br \/>\nMe qued\u00e9 perplejo por un momento&#8230; el tiempo suficiente para darme cuenta de que Braggi, Fanusi y la Gran Duquesa me estaban observando desde uno de los lados de la colina, silueteados por la luz de la Luna.<br \/>\nParec\u00eda claro que toda la vegetaci\u00f3n ?hierbas, hierbajos, matojos, matorrales, parras y \u00e1rboles? estaba decidida a rodearme y estrangularme hasta causarme la muerte a m\u00ed y a mi esposa y enterrar la casa.<br \/>\nMe di cuenta de que no hab\u00eda dominado aquello para darle vida, sino que aquello me estaba dominando a m\u00ed para darme la muerte. Aunque este pensamiento me plante\u00f3 la paradoja de que al tratar de dar vida al jard\u00edn ?liber\u00e1ndolo?, hab\u00eda puesto en marcha sus fuerzas contra m\u00ed.<br \/>\nEch\u00e9 a correr colina arriba y sub\u00ed las escaleras. Mi esposa se despert\u00f3 instant\u00e1neamente. Cog\u00ed una botella de licor para ella. Sin empacar nada, nos dirigimos r\u00e1pidamente hacia nuestro autom\u00f3vil, pasando junto a matorrales y hierbas que crec\u00edan amenazadoramente y que nos cubr\u00edan las piernas. Saltamos al auto y lo pusimos en marcha, abriendo la puerta de atr\u00e1s y gritando:<br \/>\n?\u00a1Fanusi! \u00a1Gran Duquesa! \u00a1Braggi! \u00a1Saltad adentro!<br \/>\nPara mi propio alivio y m\u00e1xima extra\u00f1eza, as\u00ed lo hicieron con rapidez: Fanusi casi con un ataque de histerismo; Braggi tan cari\u00f1oso como siempre (de hecho, acomod\u00e1ndose sobre mi esposa), y la Gran Duquesa mirando hacia atr\u00e1s, sobre su hombro blanco manchado de negro, con una actitud orgullosa, observando la vegetaci\u00f3n que parec\u00eda estar persigui\u00e9ndonos.<br \/>\nD\u00edas m\u00e1s tarde, envi\u00e9 algunas cartas.<br \/>\nTres meses despu\u00e9s recib\u00ed noticias de la pareja propietaria de la casa.<br \/>\nLos puntos principales eran que estaban muy agradecidos por habernos llevado a los tres gatos ?que hab\u00edan sido una molestia para ellos durante mucho tiempo?, pero sin mostrarse dispuestos a recuperar a sus animales dom\u00e9sticos. \u00bfY c\u00f3mo es que hab\u00eda dejado el jard\u00edn de atr\u00e1s en un estado tan desordenado, cuando hab\u00eda prometido arreglarlo? Y adem\u00e1s, \u00bfnos hab\u00edamos llevado todos los aguacates?<br \/>\nEn vista de todo lo cual, mi ruego de que se nos pagara un poco m\u00e1s por haber cuidado la propiedad parec\u00eda rid\u00edculo.<br \/>\nMi esposa y yo nos miramos el uno al otro, mientras que Braggi, Fanusi y la Gran Duquesa nos contemplaban desde los lugares asignados junto a la chimenea que brillaba con luz parpadeante, roja, ondulante y misteriosa, y nos sonre\u00edan con sus sonrisas de Cheshire.<\/p>\n<p>Edici\u00f3n digital de Umbriel<br \/>\nRevisi\u00f3n de urijenny (odoniano@yahoo.com.ar)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los comedores de lotos Fritz Leiber The lotus eaters, \u00a9 1972 (The worlds of Fritz Leiber). Traducci\u00f3n de Jos\u00e9 M\u00aa. Pomares en Ciencia Ficci\u00f3n Selecci\u00f3n-33, Libro Amigo 556, Editorial Bruguera S. A., 1978. 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