{"id":702,"date":"2008-10-14T14:11:04","date_gmt":"2008-10-14T14:11:04","guid":{"rendered":"http:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=702"},"modified":"2008-10-14T14:11:04","modified_gmt":"2008-10-14T14:11:04","slug":"el-\u00e1rbol","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=702","title":{"rendered":"El \u00e1rbol"},"content":{"rendered":"<p>El \u00e1rbol<br \/>\nHoward Phillips Lovecraft<br \/>\nThe tree, \u00a9 1921 (The Tryout, Octubre de 1921)<\/p>\n<p>Fata viam invenient<\/p>\n<p>En una ladera verde del monte Maenalus, en Arcadia, hay un olivar que rodea una villa en ruinas. Muy cerca existe una tumba, en otro tiempo tan hermosa como la casa. En un extremo de ese sepulcro, de modo que sus curiosas ra\u00edces desplazan los manchados bloques de m\u00e1rmol pent\u00e9lico, crece un olivo asombrosamente grande y de formas repugnantes; y se asemeja tan grotescamente a una figura humana, o al cad\u00e1ver contorsionado de un hombre, que los campesinos temen pasar por all\u00ed de noche, cuando la Luna ilumina d\u00e9bilmente sus ramas retorcidas. El monte Maenalus fue paraje predilecto del terrible Pan, que cuenta con muchos compa\u00f1eros extra\u00f1os; y los pastores sencillos creen que el \u00e1rbol tiene alguna horrenda relaci\u00f3n con los misteriosos panisci; pero un viejo colmenero que vive en una choza vecina me cont\u00f3 una historia muy distinta.<br \/>\nHace muchos a\u00f1os, cuando la villa de la ladera era nueva y esplendorosa, viv\u00edan en ella dos escultores, Kal\u00f3s y Musides. Sus obras eran alabadas desde Lydia a Ne\u00e1polis, y nadie se atrev\u00eda a decir que el uno aventajase al otro en habilidad. El Hermes de Kal\u00f3s se alzaba en un santuario de Corinto y la Pallas de Musides coronaba una columna de Atenas pr\u00f3xima al Parten\u00f3n. Todos los hombres rend\u00edan homenaje a Kal\u00f3s y a Musides, y se maravillaban de que no hubiese ni una sombra de celos art\u00edsticos que enfriara el calor de su fraterna amistad.<br \/>\nPero aunque Kal\u00f3s y Musides viv\u00edan en imperturbable armon\u00eda, sus naturalezas no eran iguales. Mientras Musides disfrutaba por la noche entreg\u00e1ndose a las diversiones urbanas de Tegea, Kal\u00f3s prefer\u00eda quedarse en casa; entonces sal\u00eda furtivamente, a escondidas de sus esclavos, y acud\u00eda al fr\u00edo retiro del olivar. All\u00ed meditaba las visiones que llenaban su mente, y all\u00ed conceb\u00eda las hermosas formas que luego inmortalizaba traslad\u00e1ndolas al m\u00e1rmol. Los ociosos dec\u00edan que Kal\u00f3s conversaba con los esp\u00edritus del olivar, y que sus estatuas no eran sino im\u00e1genes de los faunos y las dr\u00edadas que \u00e9l ve\u00eda all\u00ed&#8230; ya que nunca copiaba sus obras de ning\u00fan modelo vivo.<br \/>\nTan famosos eran Kal\u00f3s y Musides, que a nadie extra\u00f1\u00f3 que el tirano de Siracusa les enviara emisarios para hablar de la costosa estatua de Tych\u00e9 que hab\u00eda proyectado erigir en su ciudad. De enorme tama\u00f1o e ingenio deb\u00eda ser esta obra, pues quer\u00eda que fuese una maravilla para las naciones y una meta para los viajeros. Aqu\u00e9l cuya obra resultara elegida ser\u00eda exaltado m\u00e1s all\u00e1 de cuanto cabe imaginar; honor para el que Kal\u00f3s y Musides fueron invitados a competir. Su amor fraternal era bien conocido, y el astuto tirano supuso que cada uno, en vez de ocultar su obra al otro, le ofrecer\u00eda ayuda y consejo, que este entendimiento producir\u00eda dos im\u00e1genes de inusitada belleza, y que aquella que destacase eclipsar\u00eda incluso los sue\u00f1os de los poetas.<br \/>\nCon alegr\u00eda aceptaron los escultores la oferta del tirano, y durante los d\u00edas siguientes sus esclavos oyeron el incesante golpear de los cinceles. Kal\u00f3s y Musides no se ocultaban sus obras; pero s\u00f3lo ellos las ve\u00edan. Salvo los suyos, ning\u00fan par de ojos contemplaba las dos divinas figuras que los h\u00e1biles golpes liberaban de los toscos bloques que las hab\u00edan tenido aprisionadas desde los or\u00edgenes del mundo.<br \/>\nPor las noches, como siempre, Musides acud\u00eda a divertirse a los salones de Tegea, mientras Kal\u00f3s vagaba a solas por el olivar. Pero a medida que transcurr\u00eda el tiempo, los hombres observaban que le faltaba alegr\u00eda al en otro tiempo chispeante Musides. Era extra\u00f1o, se dec\u00edan, que la depresi\u00f3n se hubiese apoderado de quien tantas probabilidades ten\u00eda de ganar la m\u00e1s alta recompensa del arte. Transcurrieron muchos meses; sin embargo, el rostro afligido de Musides no reflejaba otra cosa que la tensa expectaci\u00f3n que la empresa despertaba.<br \/>\nLuego, un d\u00eda, Musides habl\u00f3 de la enfermedad de Kal\u00f3s, y ya nadie se maravill\u00f3 de su tristeza, porque todos sab\u00edan lo hondo y sagrado que era el afecto de los dos escultores. As\u00ed que muchos fueron a visitar a Kal\u00f3s, y pudieron comprender la palidez de su rostro; pero tambi\u00e9n vieron en \u00e9l una feliz serenidad que hac\u00eda su mirada m\u00e1s m\u00e1gica que la mirada de Musides, el cual, devorado por esta ansiedad, apartaba a todos los esclavos en sus ansias por alimentar y cuidar al amigo con sus manos. Ocultas detr\u00e1s de pesadas cortinas, aguardaban las figuras inacabadas de Tych\u00e9, a las que apenas se acercaban ya el enfermo y el fiel compa\u00f1ero que le asist\u00eda.<br \/>\nY Kal\u00f3s a pesar de que estaba inexplicablemente cada vez m\u00e1s d\u00e9bil, a pesar de los auxilios de los sorprendidos m\u00e9dicos y los cuidados de su amigo, ped\u00eda a menudo que le llevasen al olivar que \u00e9l tanto armaba. All\u00ed rogaba que le dejasen, como si deseara hablar a solas con los seres invisibles. Musides siempre complac\u00eda sus deseos, aunque sus ojos se llenaban visiblemente de l\u00e1grimas, viendo que Kal\u00f3s hac\u00eda m\u00e1s caso de los faunos y de las dr\u00edadas que de \u00e9l. Por \u00faltimo, se acerc\u00f3 el final, y Kal\u00f3s empez\u00f3 a hablar de cosas del m\u00e1s all\u00e1. Musides, llorando, le prometi\u00f3 un sepulcro m\u00e1s hermoso que la tumba del propio Mausolo; pero Kal\u00f3s le rog\u00f3 que no le hablase m\u00e1s de glorias de m\u00e1rmol. S\u00f3lo un deseo obsesionaba ahora el pensamiento del moribundo: que enterrasen junto a su sepulcro, cerca de su cabeza, unas ramitas de olivo del olivar. Y una noche, estando a solas en la obscuridad del olivar, muri\u00f3 Kal\u00f3s.<br \/>\nEl sepulcro de m\u00e1rmol que el afligido Musides esculpi\u00f3 para su amigo del alma fue inefablemente hermoso. Nadie m\u00e1s que el propio Kal\u00f3s habr\u00eda podido emular sus bellos bajorrelieves, donde se revelaban todos los esplendores del Eliseo. Pero no olvid\u00f3 Musides enterrar junto a la cabeza de Kal\u00f3s las ramas de olivo que su amigo le hab\u00eda pedido.<br \/>\nCuando el vivo dolor dio paso a la resignaci\u00f3n, Musides volvi\u00f3 a trabajar con diligencia en su figura de Tych\u00e9. Todo el honor ser\u00eda ahora para \u00e9l, ya que el tirano de Siracusa no quer\u00eda la obra m\u00e1s que de \u00e9l o de Kal\u00f3s. Su trabajo le permit\u00eda ahora dar libre curso a su emoci\u00f3n, y trabajaba con m\u00e1s constancia cada d\u00eda, y elud\u00eda las diversiones a las que antes se entregaba. Entretanto, pasaba las noches junto a la tumba de su amigo, cerca de cuya cabeza hab\u00eda brotado un joven olivo. Tan r\u00e1pido era el crecimiento de este \u00e1rbol, y tan extra\u00f1a su forma, que quienes lo contemplaban prorrump\u00edan en exclamaciones de sorpresa. En cuanto a Musides, parec\u00eda producirle a la vez fascinaci\u00f3n y temor.<br \/>\nTres a\u00f1os despu\u00e9s de la muerte de Kal\u00f3s, Musides envi\u00f3 un emisario al tirano, y en el \u00e1gora de Tegea se corri\u00f3 la voz de que la enorme estatua estaba terminada. A la saz\u00f3n, el \u00e1rbol que hab\u00eda crecido junto a la tumba hab\u00eda adquirido unas proporciones asombrosas, superiores a todos los \u00e1rboles de su especie, y extend\u00eda una rama corpulenta por encima del recinto donde Musides trabajaba. Como eran muchos los visitantes que acud\u00edan a contemplar el \u00e1rbol prodigioso, as\u00ed como a admirar el arte del escultor, Musides casi nunca estaba solo. Pero no le importaba esta multitud de invitados; al contrario, parec\u00eda m\u00e1s temeroso de quedarse solo, ahora que su absorbente obra estaba terminada. El viento desolado de la monta\u00f1a, suspirando entre el olivar y el \u00e1rbol de la tumba, produc\u00eda, de manera extra\u00f1a, sonidos vagamente articulados.<br \/>\nEl cielo estaba obscuro la tarde en que los emisarios del tirano llegaron a Tegea. Se sab\u00eda que ven\u00edan a llevarse la gran imagen de Tych\u00e9, y a traer eterna gloria a Musides, por la cual los pr\u00f3xenos les dispensaron una c\u00e1lida acogida. Por la noche, se desat\u00f3 una tormenta de viento en la cumbre del Maenalus, y los hombres de la lejana Siracusa se alegraron de poder descansar a cubierto\u00a0 en la ciudad. Hablaron de su ilustre tirano y del esplendor de su capital, y se alegraron por la belleza de la estatua que Musides hab\u00eda esculpido para \u00e9l. Entonces los de Tegea les contaron lo grande que era la bondad de Musides y su profunda aflicci\u00f3n por su amigo; y c\u00f3mo ni siquiera los inminentes laureles del arte pod\u00edan consolarle de la ausencia de Kal\u00f3s, quien quiz\u00e1 los habr\u00eda ce\u00f1ido en su lugar. Y tambi\u00e9n les hablaron del \u00e1rbol que crec\u00eda junto a la cabeza de Kal\u00f3s. Pero el viento aullaba horriblemente, y los de Siracusa y los arcadios elevaron sus plegarias a Eolo.<br \/>\nCuando el Sol sali\u00f3 por la ma\u00f1ana, los pr\u00f3xenos condujeron a los emisarios del tirano, ladera arriba, a la morada del escultor; sin embargo, el viento de la noche hab\u00eda hecho cosas muy extra\u00f1as. Los gritos de los esclavos se elevaban en medio de un escenario de desolaci\u00f3n; y en el olivar no se alzaban ya las espl\u00e9ndidas columnatas de la inmensa residencia donde hab\u00eda so\u00f1ado y trabajado Musides. Aisladas y rotas, s\u00f3lo quedaban las viviendas humildes y los muros inferiores, pues sobre el suntuoso peristilo se hab\u00eda derrumbado la pesada rama del \u00e1rbol extra\u00f1o, reduciendo el majestuoso poema de m\u00e1rmol a un mont\u00f3n de ruinas deplorables. Los extranjeros y los tegeos se quedaron horrorizados, y se volvieron hacia el \u00e1rbol siniestro y gigantesco, cuya silueta parec\u00eda misteriosamente humana, y cuyas ra\u00edces se hund\u00edan en el esculpido sepulcro de Kal\u00f3s. Y el miedo y el espanto de todos aument\u00f3 cuando registraron el recinto derruido y no encontraron rastro alguno del bondadoso Musides y la maravillosamente modelada imagen de Tych\u00e9. En las tremendas ruinas s\u00f3lo reinaba el caos, y los representantes de ambas ciudades se vieron decepcionados: los emisarios, por haberse quedado sin la estatua; los habitantes de Tegea, por haberse quedado tambi\u00e9n sin artista al que coronar. No obstante, los de Siracusa consiguieron, poco despu\u00e9s, una espl\u00e9ndida estatua de Atenea, y los tegeos se consolaron erigiendo en el \u00e1gora un templo de m\u00e1rmol conmemorando el talento, las virtudes y la piedad fraterna de Musides.<br \/>\nPero a\u00fan sigue all\u00ed el olivar, as\u00ed como el \u00e1rbol que crece en la tumba de Kal\u00f3s; el viejo colmenero me ha contado que a veces sus ramas susurran, cuando sopla el viento por la noche, y repiten una y otra vez: &#8220;\u00a1Oid\u00e1! \u00a1Oid\u00e1!&#8230; \u00a1Yo s\u00e9! \u00a1Yo s\u00e9&#8221;.<\/p>\n<p>Edici\u00f3n digital de ?<br \/>\nRevisi\u00f3n de urijenny (odoniano@yahoo.com.ar)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El \u00e1rbol Howard Phillips Lovecraft The tree, \u00a9 1921 (The Tryout, Octubre de 1921) Fata viam invenient En una ladera verde del monte Maenalus, en Arcadia, hay un olivar que rodea una villa en ruinas. 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