{"id":701,"date":"2008-10-14T14:10:41","date_gmt":"2008-10-14T14:10:41","guid":{"rendered":"http:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=701"},"modified":"2008-10-14T14:10:41","modified_gmt":"2008-10-14T14:10:41","slug":"el-\u00e1rbol-de-la-colina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=701","title":{"rendered":"El \u00e1rbol de la colina"},"content":{"rendered":"<p>El \u00e1rbol de la colina<br \/>\nH. P. Lovecraft y Duane W. Rimel<br \/>\nThe tree on the hill, \u00a9 1934.<\/p>\n<p>Al sureste de Hampden, cerca de la tortuosa garganta que excava el r\u00edo Salm\u00f3n, se extiende una cadena de colinas escarpadas y rocosas que han desafiado cualquier intento de colonizaci\u00f3n. Los ca\u00f1ones son demasiado profundos, los precipicios demasiado escarpados como para que nadie, excepto el ganado trashumante, visite el lugar. La \u00faltima vez que me acerqu\u00e9 a Hampden la regi\u00f3n ?conocida como el Infierno? formaba parte de la Reserva del Bosque de la Monta\u00f1a Azul. Ninguna carretera comunica este lugar inaccesible con el mundo exterior, y los monta\u00f1eses dicen que es un trozo del jard\u00edn de Su Majestad Sat\u00e1n transplantado a la Tierra. Una leyenda local asegura que la zona est\u00e1 hechizada, aunque nadie sabe exactamente el por qu\u00e9. Los lugare\u00f1os no se atreven a aventurarse en sus misteriosas profundidades, y dan cr\u00e9dito a las historias que cuentan los indios, antiguos moradores de la regi\u00f3n desde hace incontables generaciones, acerca de unos demonios gigantes venidos del Exterior que habitaban en estos parajes. Estas sugerentes leyendas estimularon mi curiosidad. La primera y, \u00a1gracias a Dios!, \u00faltima vez que visit\u00e9 aquellas colinas tuvo lugar en el verano de 1938, cuando viv\u00eda en Hampden con Constantine Theunis. El estaba escribiendo un tratado sobre la mitolog\u00eda egipcia, por lo que yo me encontraba solo la mayor\u00eda del tiempo, a pesar de que ambos compart\u00edamos un peque\u00f1o apartamento en Beacon Street que miraba a la ingame Casa del Pirata, construida por Exer Jones hac\u00eda sesenta a\u00f1os. La ma\u00f1ana del 23 de junio me sorprendi\u00f3 caminando por aquellas siniestras y tenebrosas colinas que a aquellas horas, las siete de la ma\u00f1ana, parec\u00edan bastante ordinarias. Me alej\u00e9 siete millas hacia el sur de Hampden y entonces ocurri\u00f3 algo inesperado. Estaba escalando por una pendiente herbosa que se abr\u00eda sobre un ca\u00f1\u00f3n particularmente profundo, cuando llegu\u00e9 a una zona que se hallaba totalmente desprovista de la hierba y vegetaci\u00f3n propia de la zona. Se extend\u00eda hacia el sur; se hab\u00eda producido alg\u00fan incendio, pero, despu\u00e9s de un examen m\u00e1s minucioso, no encontr\u00e9 ning\u00fan resto del posible fuego. Los acantilados y precipicios cercanos parec\u00edan horriblemente chamuscados, como si alguna gigantesca antorcha los hubiese barrido, haciendo desaparecer toda su vegetaci\u00f3n. Y aun as\u00ed segu\u00eda sin encontrar ninguna evidencia de que se hubiese producido un incendio&#8230; Caminaba bajo un suelo rocoso y s\u00f3lido sobre el que nada florec\u00eda. Mientras intentaba descubrir el n\u00facleo central de esta zona desolada, me di cuenta de que en el lugar hab\u00eda un extra\u00f1o silencio. No se ve\u00eda ning\u00fan ave, ninguna liebre, incluso los insectos parec\u00edan rehuir la zona. Me encaram\u00e9 a la cima de un peque\u00f1o mont\u00edculo, intentando calibrar la extensi\u00f3n de aquel paraje inexplicable y triste. Entonces vi el \u00e1rbol solitario. Se hallaba en una colina un poco m\u00e1s alta que las circundantes, de tal forma que enseguida lo descubr\u00ed, pues contrastaba con la soledad del lugar. No hab\u00eda visto ning\u00fan \u00e1rbol en varias millas a la redonda: alg\u00fan arbusto retorcido, cargado de bayas, que crec\u00eda encaramado a la roca, pero ning\u00fan \u00e1rbol. Era muy extra\u00f1o descubrir uno precisamente en la cima de la colina. Atraves\u00e9 dos peque\u00f1os ca\u00f1ones antes de llegar al sitio; me esperaba una sorpresa. No era un pino, ni un abeto, ni un almez. Jam\u00e1s hab\u00eda visto, en toda mi existencia, algo que se le pareciera; \u00a1y, gracias a Dios, jam\u00e1s he vuelto a ver uno igual! Se parec\u00eda a un roble m\u00e1s que a cualquier otro tipo de \u00e1rbol. Era enorme, con un tronco nudoso que media m\u00e1s de una yarda de di\u00e1metro y unas inmensas ramas que sobresal\u00edan del tronco a tan s\u00f3lo unos pies del suelo. Las hojas ten\u00edan forma redondeada y todas ten\u00edan un curioso parecido entre s\u00ed. Podr\u00eda parecer un lienzo, pero juro que era real. Siempre supe qu\u00e9 era, a pesar de lo que dijo Theunis despu\u00e9s. Recuerdo que mir\u00e9 la posici\u00f3n del Sol y decid\u00ed que eran aproximadamente las diez de la ma\u00f1ana, a pesar de no mirar mi reloj. El d\u00eda era cada vez m\u00e1s caluroso, por lo que me sent\u00e9 un rato bajo la sombra del inmenso \u00e1rbol. Entonces me di cuenta de la hierba que crec\u00eda bajo las ramas. Otro fen\u00f3meno singular si tenemos en cuenta la desolada extensi\u00f3n de tierra que hab\u00eda atravesado. Una ca\u00f3tica formaci\u00f3n de colinas, gargantas y barrancos me rodeaba por todos sitios, aunque la elevaci\u00f3n donde me encontraba era la m\u00e1s alta en varias millas a la redonda. Mir\u00e9 el horizonte hacia el este, y, asombrado, at\u00f3nito, no pude evitar dar un brinco. \u00a1Destac\u00e1ndose contra el horizonte azul sobresal\u00edan las Monta\u00f1as Bitterroot! No exist\u00edan ninguna otra cadena de picos nevados en trescientos kil\u00f3metros a la redonda de Hampden; pero yo sab\u00eda que, a esta altitud, no deber\u00eda verlas. Durante varios minutos contempl\u00e9 lo imposible; despu\u00e9s comenc\u00e9 a sentir una especie de modorra. Me tumb\u00e9 en la hierba que crec\u00eda bajo el \u00e1rbol. Dej\u00e9 mi c\u00e1mara de fotos a un lado, me quit\u00e9 el sombrero y me relaj\u00e9, mirando al cielo a trav\u00e9s de las hojas verdes. Cerr\u00e9 los ojos. Entonces se produjo un fen\u00f3meno muy curioso, una especie de visi\u00f3n vaga y nebulosa, un sue\u00f1o diurno, una enso\u00f1aci\u00f3n que no se asemejaba a nada familiar. Imagin\u00e9 que contemplaba un gran templo sobre un mar de cieno, en el que brillaba el reflejo rojizo de tres p\u00e1lidos soles. La enorme cripta, o templo, ten\u00eda un extra\u00f1o color, medio violeta medio azul. Grandes bestias voladoras surcaban el nuboso cielo y yo cre\u00eda sentir el aletear de sus membranosas alas. Me acerqu\u00e9 al templo de piedra, y un portal\u00f3n enorme se dibuj\u00f3 delante de m\u00ed. En su interior, unas sombras escurridizas parec\u00edan precipitarse, espiarme, atraerme a las entra\u00f1as de aquella tenebrosa obscuridad. Cre\u00ed ver tres ojos llameantes en las tinieblas de un corredor secundario, y grit\u00e9 lleno de p\u00e1nico.<br \/>\nSab\u00eda que en las profundidades de aquel lugar acechaba la destrucci\u00f3n; un Infierno viviente peor que la muerte. Grit\u00e9 de nuevo. La visi\u00f3n desapareci\u00f3. Vi las hojas y el cielo terrestre sobre m\u00ed. Hice un esfuerzo para levantarme. Temblaba; un sudor g\u00e9lido corr\u00eda por mi frente. Tuve unas ganas locas de huir; correr ciegamente alej\u00e1ndome de aquel t\u00e9trico \u00e1rbol sobre la colina; pero desech\u00e9 estos temores absurdos y me sent\u00e9, tratando de tranquilizar mis sentidos. Jam\u00e1s hab\u00eda tenido un sue\u00f1o tan v\u00edvido, tan horripilante. \u00bfQu\u00e9 hab\u00eda producido esta visi\u00f3n? \u00daltimamente hab\u00eda le\u00eddo varios de los libros de Theunis sobre el antiguo Egipto&#8230; Mene\u00e9 la cabeza, y decid\u00ed que era hora de comer algo. Sin embargo, no pude disfrutar de la comida. Entonces tuve una idea. Saqu\u00e9 varias instant\u00e1neas del \u00e1rbol para mostr\u00e1rselas a Theunis. Seguro que las fotos le sacar\u00edan de su habitual estado de indiferencia. A lo mejor le contaba el sue\u00f1o que hab\u00eda tenido&#8230; Abr\u00ed el objetivo de mi c\u00e1mara y tom\u00e9 media docena de instant\u00e1neas del \u00e1rbol. Tambi\u00e9n hice otra de la cadena de picos nevados que se extend\u00eda en el horizonte. Pretend\u00eda volver y las fotos podr\u00edan servir de ayuda&#8230; Guard\u00e9 la c\u00e1mara y volv\u00ed a sentarme sobre la suave hierba. \u00bfEra posible que aquel lugar bajo el \u00e1rbol estuviera hechizado? Sent\u00eda pocas ganas de irme&#8230; Mir\u00e9 las curiosas hojas redondeadas. Cerr\u00e9 los ojos. Una suave brisa meci\u00f3 las ramas del \u00e1rbol, produciendo musicales murmullos que me arrullaban. Y, de repente vi de nuevo el p\u00e1lido cielo rojizo y los tres soles. \u00a1Las tierras de las tres sombras! Otra vez contemplaba el enorme templo. Era como si flotase en el aire, \u00a1un esp\u00edritu sin cuerpo explorando las maravillas de un mundo loco y multidemensional! Las cornisas inexplicables del templo me aterrorizaban, y supe que aquel lugar no hab\u00eda sido jam\u00e1s contemplado ni en los m\u00e1s locos sue\u00f1os de los hombres. De nuevo aquel inmenso portal\u00f3n bostez\u00f3 delante de m\u00ed; y yo era atra\u00eddo hacia las tinieblas del interior. Era como si mirase el espacio ilimitado. Vi el abismo, algo que no puedo describir en palabras; un pozo negro, sin fondo, lleno de seres innominables y sin forma, cosas delirantes, salvajes, tan sutiles como la bruma de Shamballah. Mi alma se encogi\u00f3. Ten\u00eda un p\u00e1nico devastador. Grit\u00e9 salvajemente, creyendo que pronto me volver\u00eda loco. Corr\u00ed, dentro del sue\u00f1o corr\u00ed preso de un miedo salvaje, aunque no sab\u00eda hacia d\u00f3nde iba&#8230; Sal\u00ed de aquel horrible templo y de aquel abismo infernal, aunque sab\u00eda, de alguna manera, que volver\u00eda&#8230;<br \/>\nPor fin pude abrir los ojos. Ya no estaba bajo el \u00e1rbol. Yac\u00eda, con las ropas desordenadas y sucias, en una ladera rocosa. Me sangraban las manos. Me ergu\u00ed, mirando a mi alrededor. Reconoc\u00ed donde me hallaba; \u00a1era el mismo sitio desde donde hab\u00eda contemplado por primera vez toda aquella requemada regi\u00f3n! \u00a1Hab\u00eda estado caminando varias millas inconsciente! No vi aquel \u00e1rbol, lo cual me alegr\u00f3&#8230; incluso las perneras del pantal\u00f3n estaban vueltas, como si hubiese estado arrastrando parte del camino&#8230; Observ\u00e9 la posici\u00f3n del sol. \u00a1Atardec\u00eda! \u00bfD\u00f3nde hab\u00eda estado? Mir\u00e9 la hora en el reloj. Se hab\u00eda parado a las 10:34&#8230;<\/p>\n<p>Edici\u00f3n digital de ?<br \/>\nRevisi\u00f3n de urijenny (odoniano@yahoo.com.ar)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El \u00e1rbol de la colina H. P. Lovecraft y Duane W. Rimel The tree on the hill, \u00a9 1934. Al sureste de Hampden, cerca de la tortuosa garganta que excava el r\u00edo Salm\u00f3n, se extiende una cadena de colinas escarpadas y rocosas que han desafiado cualquier intento de colonizaci\u00f3n. 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