{"id":700,"date":"2008-10-14T14:09:27","date_gmt":"2008-10-14T14:09:27","guid":{"rendered":"http:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=700"},"modified":"2008-10-14T14:09:27","modified_gmt":"2008-10-14T14:09:27","slug":"la-parra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=700","title":{"rendered":"La parra"},"content":{"rendered":"<p>La parra<br \/>\nKit Reed<br \/>\nThe vine \u00a9 1967 by Mercury Press Inc. (The Magazine of Fantasy and Science Fiction, Noviembre de 1967). Traducci\u00f3n de F. Corripio, J. Pi\u00f1eiro, y C. Gaudes en Ciencia Ficci\u00f3n Selecci\u00f3n-2, Libro Amigo 187, Editorial Bruguera S. A., 1971.<\/p>\n<p>La total entrega exigida a sus cuidadores por la inmensa vid, la fatal sumisi\u00f3n de sus siervos, y los intereses creados a su alrededor constituyen una escalofriante alegor\u00eda de la servidumbre del hombre contempor\u00e1neo, esclavo de sus necesidades artificiales, y prisionero de ciegas y devoradoras estructuras. He aqu\u00ed un alucinante relato del que todos somos, en mayor o menor grado, protagonistas.<\/p>\n<p>D\u00eda tras d\u00eda, verano tras verano, venciendo obst\u00e1culo tras obst\u00e1culo, contumazmente, a trav\u00e9s de los siglos, la familia Baskin hab\u00eda cuidado aquella parra.<br \/>\nNadie sab\u00eda con exactitud los a\u00f1os que ten\u00eda, qui\u00e9n la hab\u00eda plantado, ni qui\u00e9n hab\u00eda sido el primer Baskin que la cuidara. Cuando los primeros colonos llegaron al valle, la parra ya estaba all\u00ed. Nadie sab\u00eda, tampoco, qui\u00e9n hab\u00eda edificado el inmenso invernadero que la albergaba o qui\u00e9n enviaba los camiones que llegaban cada oto\u00f1o para llevarse la fruta.<br \/>\nLos mismos Baskin tampoco lo sab\u00edan. Aun as\u00ed, continuaban cuidando la parra, arrancando las malas hierbas a su alrededor, recogiendo su fruta, reg\u00e1ndola en \u00e9pocas en las que nadie dispon\u00eda de agua y abon\u00e1ndola cuando no hab\u00eda abono. La familia viv\u00eda en una casa peque\u00f1a, situada al pie de su inmenso tronco, dedicando todos sus d\u00edas a la planta. Todos los miembros de la familia Baskin ten\u00edan la espalda encorvada y su piel mostraba un color p\u00e1lido y blando a causa de vivir toda una vida bajo el invernadero.<br \/>\nCuando mor\u00edan eran enterrados en el suelo familiar, situado en el exterior del gran invernadero, sin ata\u00fades ni sudarios, para que pudiesen continuar alimentando a la planta. El hijo mayor era el \u00fanico que se casaba. Generalmente cortejaba a su novia fuera del valle, para que la muchacha no supiese, hasta ser llevada a casa, que ten\u00eda que parir hijos e hijas que cuidasen la parra. Aunque no hab\u00eda prueba alguna, circulaban rumores de que exist\u00eda un ritual macabro en el que los Baskin entregaban parte de su sangre, cuatro veces al a\u00f1o, para enriquecer la tierra en su base.<br \/>\nAun cuando la fant\u00e1stica parra estaba alojada entre paredes de cristal, su sombra se extend\u00eda por gran parte del valle. En el buen tiempo los granjeros pod\u00edan contemplar su magn\u00edfico fruto y darse cuenta de que no hab\u00eda uvas que se pudiesen comparar con las que colgaban dentro del invernadero.<br \/>\nCuando llegaban las heladas tempranas o la sequ\u00eda asolaba el terreno, los granjeros culpaban a la parra. Pero aun cuando la odiaban terriblemente, se sent\u00edan atra\u00eddos por ella.<br \/>\nTanto en verano como en invierno hab\u00eda un constante desfile de gente que llegaba desde todos los rincones del valle, y con el tiempo a\u00fan de m\u00e1s lejos, gentes que ansiaban ver el invernadero y su contenido, y esperaban en silencio hasta que les tocaba el turno de entrar en \u00e9l.<br \/>\nFuera del conservatorio no crec\u00eda la hierba. En un radio de cientos de yardas a la redonda la tierra aparec\u00eda desnuda, como si fuese terreno de erosi\u00f3n. Los visitantes se aproximaban al invernadero mediante un pasaje elevado, conscientes de la poderosa red de ramas, hojas y ra\u00edces que se extend\u00eda a sus pies. M\u00e1s adelante, el invernadero estaba casi obscurecido por la enorme abundancia de hojas y de fruta que colgaba de sus ramas.<br \/>\nEn la peque\u00f1a puerta de este elevado pasaje, los visitantes entregaban una moneda a la hija m\u00e1s joven de los Baskin y atravesaban el torniquete, para atisbar desde la barandilla el enorme y sinuoso tronco de la parra. Sus ojos lo segu\u00edan hasta la base y hasta la tierra cuidadosamente trabajada que lo sosten\u00eda, y la mayor parte de aquellas personas no acertaban a comprender por qu\u00e9 aquel tronco med\u00eda veinte pies de di\u00e1metro.<br \/>\nLa tierra se hallaba dividida por una serie de pasos pavimentados en madera a lo largo de los cuales los Baskin caminaban con sus tijeras de podar, azadas, y picos, dispuestos a ablandar un terr\u00f3n, o atar alguna parte de la planta que hubiera podido liberarse del enorme \u00e1rbol y comenzara a inclinarse peligrosamente.<br \/>\nEn la parte alta se extend\u00eda la parra enlaz\u00e1ndose en mil formas diferentes y casi obscureciendo el techo. Todo el invernadero estaba lleno de ramas y fruta de esta sola planta, de manera que el visitante pod\u00eda permanecer en la barandilla del pasaje exterior, a la izquierda de la casa de los Baskin, y contemplar yardas y m\u00e1s yardas de espacio libre cruzado por caminos de madera y cubierto por ramaje verde. De este tejado de verdor colgaban enormes racimos de impecables uvas, fruta opulenta de la parra. Forzando un poco la vista, todos los visitantes pod\u00edan tambi\u00e9n distinguir a los Baskin yendo de ac\u00e1 para all\u00e1 a lo largo de los senderos de madera, con sus rostros p\u00e1lidos y ataviados con sus camisas de algod\u00f3n gris.<br \/>\nHab\u00eda algunas personas que aseguraban que la parra succionaba la vida de los Baskin y hab\u00eda otras que dec\u00edan que, por el contrario, eran los Baskin quienes adquir\u00edan vida a causa de su parra.<br \/>\nFuera cual fuese la verdad, el visitante percib\u00eda en sus movimientos cierta prisa, una urgencia extra\u00f1a, y al cabo de un momento quiz\u00e1 se ve\u00eda obligado a llevarse una mano a la garganta como si la parra tambi\u00e9n le amenazase, aspirando el aire que respiraba, y as\u00ed el visitante se volv\u00eda apresuradamente y hu\u00eda de all\u00ed sin apenas darse cuenta de la presencia de los dem\u00e1s que se apretujaban sobre la barandilla para poder ocupar un mejor lugar de observaci\u00f3n.<br \/>\nAun atemorizado en tal manera, el visitante regresaba siempre. En su lejano hogar, y en otra estaci\u00f3n del a\u00f1o, cerrar\u00eda sus ojos y ver\u00eda una vez m\u00e1s aquella gigantesca estructura viviente. Algo le impulsar\u00eda a volver y as\u00ed lo har\u00eda, quiz\u00e1 con una esposa reciente a con un hijo reci\u00e9n nacido, diciendo: \u00abIntent\u00e9 dec\u00edrtelo. No hay palabras para describir la parra\u00bb.<br \/>\nY as\u00ed, las multitudes que llegaban al valle se hac\u00edan m\u00e1s y m\u00e1s grandes, y con el tiempo se construyeron nuevas carreteras y lugares donde poder comer, y como algunas personas llegaban desde muy lejos y precisaban de un lugar de descanso, la gente del valle construy\u00f3 paradores.<br \/>\nUno por uno, los granjeros disminuyeron su propia producci\u00f3n, abandonando vi\u00f1edos para invertir su dinero en moteles y restaurantes. Las casas cinematogr\u00e1ficas hicieron acto de presencia, y alguien construy\u00f3 una terraza, que estaba orientada hacia el invernadero, dot\u00e1ndola con parasoles multicolores y con piscinas.<br \/>\nTambi\u00e9n hubo quien construy\u00f3 peque\u00f1os puestos de venta donde se expend\u00edan uvas y botellas de vino que, seg\u00fan se aseguraba, proced\u00edan de la famosa parra.<br \/>\nLa gente del valle prosper\u00f3 r\u00e1pidamente, y aun cuando todav\u00eda viv\u00edan a la sombra de la parra, ya no la maldec\u00edan. En lugar de mirarla con odio alzaban sus ojos al cielo y murmuraban: \u00abEspero que llueva, la parra necesita agua.\u00bb O: \u00abSi hay helada espero que no se quiebren los cristales del invernadero y se da\u00f1e la parra.\u00bb<br \/>\nCon el tiempo abandonaron definitivamente el cultivo de la tierra y desde entonces sus vidas dependieron del constante fluir de visitantes que llegaban a ver la parra.<br \/>\nY as\u00ed ocurri\u00f3 que Charles Baskin naci\u00f3 en \u00e9poca de prosperidad, cuando la gente del valle ya no evitaba a la familia. En su lugar dec\u00edan: \u00ab\u00bfEst\u00e1 muy atareada tu familia?\u00bb; o golpeando afectuosamente sobre la espalda de Charles le preguntaban: \u00ab\u00bfC\u00f3mo va la parra, Charles?\u00bb<br \/>\n\u00abMaravillosamente bien\u00bb, respond\u00eda \u00e9l, un tanto distra\u00eddamente, porque ya estaba cerca de los veinte a\u00f1os, era el primog\u00e9nito y deb\u00eda buscar esposa.<br \/>\nEn otros tiempos la cosa hubiera sido m\u00e1s dif\u00edcil&#8230; Un Baskin que entonces quisiera hacer la corte a una muchacha ten\u00eda que tomar un carro o un carromato y atravesar las monta\u00f1as, viajando sin descanso hasta llegar a una ciudad donde nunca hubiesen o\u00eddo hablar de la parra.<br \/>\nLa propia madre de Charles hab\u00eda llegado al valle procedente de una de tales ciudades. Hab\u00eda llegado all\u00ed con sus ojos nublados por el amor y los o\u00eddos cuajados de las mentiras de su padre, mentiras y promesas; y no entendi\u00f3 las cosas tal y como eran hasta que entr\u00f3 en el invernadero. Se dio cuenta entonces de que se pasar\u00eda el resto de su vida cuidando la parra.<br \/>\nCharles la hab\u00eda visto languidecer durante toda su infancia, llorando sentada sobre una de las enormes ra\u00edces de la planta, y hab\u00eda escuchado de sus labios, noche tras noche, historias y an\u00e9cdotas de lo que ocurr\u00eda fuera del valle.<br \/>\nSin embargo, durante aquellos veinte a\u00f1os transcurridos, las cosas hab\u00edan cambiado mucho all\u00ed. Los padres de su madre hab\u00edan llegado de visita y en lugar de protestar se sintieron encantados. Les llev\u00f3 hasta el lugar el alcalde, reventando de orgullo, y los dos abuelos admiraron el invernadero, y alabaron la casa, e incluso llegaron hasta el extremo de acariciar el tronco de la parra.<br \/>\nLa madre a\u00fan estaba protestando y tratando de explicar cosas, cuando los dos viejos la interrumpieron para decirle totalmente convencidos:<br \/>\n?Querida, debes ser muy feliz aqu\u00ed.<br \/>\nY a continuaci\u00f3n partieron.<br \/>\nCharles, presenciando la escena, hab\u00eda pensado: \u00ab\u00bfY por qu\u00e9 no lo iba a ser?\u00bb La parra en aquellos d\u00edas exudaba prosperidad y aun cuando aquellos que llegaban a verla se sent\u00edan asombrados, tambi\u00e9n deseaban mostrarse sol\u00edcitos y casi siempre aconsejaban: \u00abM\u00e1s alimento.\u00bb O: \u00abNo podemos permitir que le suceda nada a esta parra.\u00bb<br \/>\nY as\u00ed, cuando Charles lleg\u00f3 a su mayor\u00eda de edad, cualquier muchacha del valle se hubiese sentido orgullosa de entrar a formar parte de la familia que cuidaba la parra. Varias de las chicas que por all\u00ed viv\u00edan trataron de llamar su atenci\u00f3n, pero \u00e9l siempre hab\u00eda amado a Maida Freemont, cuyo padre dirig\u00eda un lugar de recreo en la colina.<br \/>\nCierto d\u00eda, bajo una maravillosa puesta de sol, los dos contemplaron las \u00faltimas luces que se reflejaban sobre el techado del invernadero, situado m\u00e1s abajo que ellos. Charles dijo entonces:<br \/>\n?Baja al valle y vive conmigo.<br \/>\n?No s\u00e9&#8230; ?replic\u00f3 Maida mirando por encima del hombro de Charles hacia el techado del invernadero?. Ese lugar me pone muy nerviosa.<br \/>\n?Tonter\u00edas ?dijo su padre, que acababa de escuchar las \u00faltimas palabras de su hija?. Alguien tendr\u00e1 que cuidar de la parra con el tiempo.<br \/>\n?S\u00ed ?respondi\u00f3 Charles, a la vez que sent\u00eda un estremecimiento de premonici\u00f3n?. Yo te quiero Maida, cuidar\u00e9 de ti.<br \/>\nY acto seguido la abraz\u00f3 estrechamente, pensando que si se casaba con ella todo marchar\u00eda bien.<br \/>\n?Maida&#8230;<br \/>\n?Dime&#8230;<\/p>\n<p>La llev\u00f3 en viaje de bodas a trav\u00e9s del oc\u00e9ano. Unos cuantos d\u00edas de libertad antes de que se metiera a vivir en el invernadero. Regresaron del viaje tostados y con aspecto saludable; y Charles la condujo a trav\u00e9s de los pasadizos que se extend\u00edan por las paredes de cristal, esperando ver la parra.<br \/>\nCharles cogi\u00f3 a su esposa en brazos y atraves\u00f3 el portillo.<br \/>\n?Y bien ?dijo al mismo tiempo que la depositaba en el balc\u00f3n interior?, ya estamos aqu\u00ed&#8230;<br \/>\nLa muchacha ocult\u00f3 el rostro en el hombro de su esposo y murmur\u00f3:<br \/>\n?S\u00ed&#8230;, ya estamos aqu\u00ed.<br \/>\nCuando nuevamente se abrazaron, Charles se sinti\u00f3 muy inc\u00f3modo. Not\u00f3 que se produc\u00eda un sutil cambio en el color de la luz del invernadero y cierta extra\u00f1a diferencia en el aire que les rodeaba. El aire en aquellos momentos era m\u00e1s pesado, como si acabara de recibir una pincelada de fermento. Molesto, tom\u00f3 a Maida por una mano y se apresur\u00f3 a penetrar en la casa.<br \/>\nEl resto de la familia se hallaba sentada en la sala de estar: el padre, la madre, Sally y Sue. Se hab\u00edan cambiado sus ropas de trabajo. La madre y las muchachas se hab\u00edan puesto vestidos de color de alhucema, y el padre luc\u00eda su camisa de color vino. Rodearon inmediatamente a los nuevos esposos y pas\u00f3 un minuto antes de que Charles se diera cuenta de que all\u00ed faltaba alguien.<br \/>\n?\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el abuelo ?<br \/>\nSu madre respondi\u00f3 evasivamente:<br \/>\n?Se fue&#8230;<br \/>\n?\u00bfAd\u00f3nde?<br \/>\nEl padre movi\u00f3 la cabeza y respondi\u00f3:<br \/>\n?Algo&#8230; le sucedi\u00f3 y muri\u00f3.<br \/>\nSue dijo calmosamente:<br \/>\n?Ya era hora.<br \/>\nIntervino la madre para hacer las cosas m\u00e1s f\u00e1ciles:<br \/>\n?Convert\u00ed su cuarto en una magn\u00edfica sala para vosotros y as\u00ed tendr\u00e9is un verdadero apartamento.<br \/>\nEn el exterior hubo un ruido extra\u00f1o, como si toda la parra se estremeciese. Maida se apret\u00f3 contra Charles, y \u00e9ste respondi\u00f3:<br \/>\n?Est\u00e1 bien, madre. Eso es estupendo.<br \/>\nMaida murmur\u00f3:<br \/>\n?\u00a1Oh, Charlie, Charlie, s\u00e1came de aqu\u00ed!<br \/>\nEl vacil\u00f3.<br \/>\nLa familia les contemplaba con ojos violeta. Estaban esperando.<br \/>\nAsintiendo con un movimiento de cabeza, Charles abraz\u00f3 m\u00e1s estrechamente a Maida y dijo:<br \/>\n?Vamos, querida.<br \/>\nY en el rellano de la escalera a\u00f1adi\u00f3:<br \/>\n?Conf\u00eda en m\u00ed. Conf\u00eda en la parra.<br \/>\nSubieron los dos juntos. En el exterior se oy\u00f3 otro extra\u00f1o ruido, muy parecido a un gigantesco suspiro.<br \/>\nCharles se levant\u00f3 temprano, pero la familia ya estaba trabajando. Sally se hallaba en el torniquete de entrada al pasadizo recogiendo dinero de los visitantes. Sue estaba agachada en uno de los pasillos de madera arrancando distra\u00eddamente una mala hierba. Su madre estaba subida en una escalera situada en el extremo m\u00e1s alejado del invernadero, atando una fina rama de la parra.<br \/>\nCharles se aproxim\u00f3 a ella.<br \/>\n?Madre, aqu\u00ed hay algo diferente ?dijo.<br \/>\nPero la madre solamente frunci\u00f3 el ce\u00f1o, atando un nudo, y no dijo nada.<br \/>\nCuando a mediod\u00eda regresaron a la casa, Maida parec\u00eda haberse recuperado y animado mucho. Estaba en la cocina. Llevaba los cabellos recogidos y sujetos en la nuca y silbaba alegremente. Dijo:<br \/>\n?Hice un pastel.<br \/>\nTerminaron la comida felizmente. Sally habl\u00f3 mucho sobre un muchacho que hab\u00eda visto. Hab\u00eda atravesado el torniquete de entrada al pasadizo dos veces sin haberse acercado a la barandilla para contemplar la parra. S\u00f3lo le interesaba charlar con ella. La madre sonre\u00eda al mismo tiempo que daba a Maida algunas instrucciones sobre el gobierno de la casa. El padre estaba un poco p\u00e1lido y como abstra\u00eddo.<br \/>\n?El pastel ?dijo Maida, cort\u00e1ndolo.<br \/>\nTodos abrieron la boca asombrados.<br \/>\n?\u00a1Uvas!<br \/>\nUna vez que terminaron de hablar con ella, Charles la condujo hasta su habitaci\u00f3n, tratando de tranquilizarla.<br \/>\n?Por favor, querida, no llores m\u00e1s. Lo que ocurri\u00f3 es que no has comprendido&#8230;<br \/>\n?Todo lo que yo quer\u00eda era&#8230;<br \/>\n?Lo s\u00e9, pero perjudicaste a la parra. Ninguno de nosotros jam\u00e1s hace da\u00f1o a la parra.<br \/>\nBaskin, aquella tarde, permaneci\u00f3 una hora m\u00e1s en el invernadero, quiz\u00e1 pensando c\u00f3mo arreglar el estropicio que hab\u00eda realizado su mujer en la parra. Fue de un lado a otro por los pasadizos de madera, arrancando malas hierbas y podando, hasta que poco antes de la puesta de sol tropez\u00f3 con su padre.<br \/>\nSe hallaba en tierra, cerca del muro exterior, terriblemente pegado al terreno, como si estuviese comulgando con \u00e9l. Cuando Charles le llam\u00f3, el viejo no respondi\u00f3, ni se movi\u00f3.<br \/>\nInclin\u00e1ndose y alz\u00e1ndole un poco, Charles logr\u00f3 sentarle contra el muro de cristal.<br \/>\n?Padre, \u00bfno crees que no es normal estar tirado ah\u00ed en la suciedad, de esa manera?<br \/>\nEl viejo le mir\u00f3 y musit\u00f3:<br \/>\n?Ten\u00eda que hacerlo&#8230;<br \/>\n?\u00bfPor qu\u00e9, padre? \u00bfPor qu\u00e9?<br \/>\n?No lo comprender\u00edas.<br \/>\n?Padre, \u00bfte encuentras bien?<br \/>\nEl viejo le apart\u00f3 calmosamente y replic\u00f3:<br \/>\n?Vamos&#8230;, es la hora de regar la parra.<br \/>\nLos \u00faltimos visitantes se hab\u00edan ido ya, y as\u00ed abrieron las esclusas que daban paso al agua. Cenaron bajo el suave murmullo del agua que regaba la tierra. Aquella noche, Charles y Maida se abrazaron m\u00e1s estrechamente, como si estuviesen atemorizados por la constante lluvia artificial.<br \/>\nEl padre ya no volvi\u00f3 a ser el mismo de antes. Al cabo de dos meses hab\u00eda fallecido, languideciendo misteriosamente ante los ojos de toda la familia, hasta morir. A la vez que el viejo se iba perdiendo poco a poco, la parra prosperaba, produciendo m\u00e1s fruto, extendiendo m\u00e1s y m\u00e1s sus ramas hasta que lleg\u00f3 un momento en que Charles temi\u00f3 que el invernadero no fuese lo suficientemente grande para albergarla. Trabaj\u00f3 largas horas podando y arregl\u00e1ndola, intentando mantenerla dentro de ciertos l\u00edmites, y cuanto m\u00e1s trabajaba, menos resultados parec\u00edan alcanzar sus esfuerzos.<br \/>\nSu madre y las muchachas tambi\u00e9n parec\u00edan afectarse mucho, haciendo in\u00fatiles esfuerzos y languideciendo m\u00e1s y m\u00e1s ante sus ojos.<br \/>\nSolamente Maida estaba bien, atareada en un g\u00e9nero de vida que nada ten\u00eda que ver con la parra o con el invernadero. Estaba embarazada y en sus sue\u00f1os sobre el futuro, cuando conversaban sobre el porvenir, ni Charles ni Maida mencionaban la parra para nada.<br \/>\nSolamente Sally parec\u00eda resentirse del inminente beb\u00e9, ri\u00f1endo con Maida porque no ayudaba como lo hac\u00edan los dem\u00e1s, aunque la propia Sally pasaba cada vez menos tiempo trabajando. En lugar de hacerlo se entreten\u00eda en el torniquete de entrada, charlando con el muchacho visitante.<br \/>\n?Mejor ser\u00e1 que le digas que deje de venir por aqu\u00ed ?dijo Charles una noche.<br \/>\n?\u00bfPor qu\u00e9? Tengo que vivir mi propia vida, \u00bfno?<br \/>\nCharles frunci\u00f3 el ce\u00f1o mirando a Sally y respondi\u00f3:<br \/>\n?Tu vida es la parra.<br \/>\nAl d\u00eda siguiente la muchacha hab\u00eda desaparecido. Hab\u00eda metido sus ropas en una maleta de cart\u00f3n, para huir con el muchacho. Desde una distante ciudad enviaron una tarjeta que dec\u00eda:<br \/>\n\u00abSalid de ah\u00ed antes de que sea demasiado tarde.\u00bb<br \/>\nNo hab\u00eda direcci\u00f3n del remitente.<br \/>\nSue movi\u00f3 la cabeza con gesto de pesadumbre y coment\u00f3:<br \/>\n?Tendremos que trabajar m\u00e1s duro para compensar su marcha.<br \/>\n?No servir\u00e1 de nada ?respondi\u00f3 la madre, desde su rinc\u00f3n?. No servir\u00e1 de nada.<br \/>\n?No digas eso ?replic\u00f3 Charles secamente?. Entre todos tenemos que cuidar la parra.<br \/>\nMuy avanzada ya en su embarazo, Maida murmur\u00f3:<br \/>\n?\u00a1Maldita sea la parra!<br \/>\nComo Charles no pudo encontrar a su madre para que le ayudara, cuando naci\u00f3 el ni\u00f1o entre \u00e9l y Sue oficiaron de comadronas. Cuando todo acab\u00f3, Charles sali\u00f3 hacia los pasadizos de madera y llam\u00f3 a la anciana para darle la buena noticia.<br \/>\nFinalmente la encontr\u00f3 boca abajo, pegada a la tierra, como lo hab\u00eda estado su padre, y tuvo que hacer un enorme esfuerzo para alzarla. Imaginaba que algo la hab\u00eda golpeado cuando la apart\u00f3 de la tierra. Atemorizado la llev\u00f3 hasta la casa y la acost\u00f3. Aun cuando la mujer era fuerte, Charles no le permiti\u00f3 dejar la casa para nada. Entre \u00e9l y Sue cargaron con el trabajo porque no ten\u00edan otro remedio que hacerlo as\u00ed. De todas formas la madre muri\u00f3 pronto. La enterraron en el solar familiar, donde podr\u00eda alimentar a la parra.<br \/>\nEn aquellos momentos quedaban en la casa solamente cuatro personas: Charles, Maida, el beb\u00e9&#8230; y Sue, quien poco a poco tambi\u00e9n iba languideciendo y adelgazando ante sus ojos.<br \/>\nCharles estaba desesperado y probablemente habr\u00eda huido de all\u00ed a no ser por el peque\u00f1o. El beb\u00e9 era su futuro y todas sus esperanzas. Crecer\u00eda fuerte y saludable, llevando en s\u00ed la tradici\u00f3n de los Baskin en cuanto se refer\u00eda al cuidado de la parra.<br \/>\n?Pronto tendremos una ni\u00f1a ?dijo sonriendo a Maida.<br \/>\nAl otro lado del fuego, Sue se llev\u00f3 ambas manos a los labios. Sus dedos acariciaron el rostro, nerviosamente, e inmediatamente se puso en pie y ech\u00f3 a correr.<br \/>\nCuando Charles sali\u00f3 al porche escuch\u00f3 sus pasos, r\u00e1pidos y desesperados. Pero estaba todo muy obscuro y la gran parra cruji\u00f3 sobre \u00e9l. Con un estremecimiento, entr\u00f3 en la casa.<br \/>\nNo volvieron a ver a Sue, y as\u00ed Maida tuvo que cuidar al beb\u00e9 en la casa y salir a ayudar a su esposo en el trabajo de la parra.<br \/>\nEra una muchacha \u00e1gil y capaz, y ahora que hab\u00eda dado a luz un hijo, parec\u00eda sentirse extra\u00f1amente reconciliada con la vida en el interior del invernadero, como uno m\u00e1s de los que siempre hab\u00edan trabajado all\u00ed.<br \/>\nElla y Charles trabajaban bien, pero Charles comenz\u00f3 a observar ciertos cambios en su esposa. A menudo la hallaba en el pasadizo de madera m\u00e1s lejano del invernadero con una mejilla apoyada en el muro de cristal, profundamente ensimismada. Fue por esta \u00e9poca cuando Charles descubri\u00f3 el esqueleto de Sue suspendido entre la verde espesura de la parra. Lo liber\u00f3 de su encierro y lo enterr\u00f3 r\u00e1pidamente para que Maida no lo viese.<br \/>\nLa tierra parec\u00eda vivir cuajada de fuertes ra\u00edces que en aquel momento se agitaron espasm\u00f3dicamente. Charles dio un salto atr\u00e1s, terriblemente alarmado.<br \/>\n\u00abNos iremos ?pens\u00f3 mordi\u00e9ndose el labio inferior?. Me llevar\u00e9 a ella y al ni\u00f1o muy lejos de aqu\u00ed.\u00bb<br \/>\n.Pero ya era demasiado tarde. Maida no respondi\u00f3 a sus angustiosos gritos, y finalmente la encontr\u00f3 pegada a la tierra junto a la puerta de la casa.<br \/>\nCuando la alz\u00f3, la muchacha sonri\u00f3. Parec\u00eda estar ciega, pero, aun as\u00ed, su aspecto era tan encantador como siempre. All\u00ed donde hab\u00eda tocado la tierra? su piel estaba cruzada por diminutas venas rasgadas. La llev\u00f3 en brazos, corriendo, tropezando, hasta la carretera. Cuando la polic\u00eda la traslad\u00f3 al hospital, Charles llam\u00f3 al padre de Maida.<br \/>\n?Se\u00f1or Freemont, Maida y yo nos iremos de aqu\u00ed tan pronto se encuentre mejor para viajar.<br \/>\n?Y har\u00e1s bien, muchacho ?respondi\u00f3 el se\u00f1or Freemont?. Yo cuidar\u00e9 aqu\u00ed de Maida. T\u00fa vuelve a tu trabajo en la parra.<br \/>\n?Me parece que no acaba usted de entenderlo, tenemos que irnos de aqu\u00ed&#8230;<br \/>\nEl viejo le aconsej\u00f3 nuevamente que regresara al invernadero y a\u00f1adi\u00f3:<br \/>\n?Pronto estar\u00e1 bien, hijo. Vuelve a tu trabajo.<br \/>\nComo no hab\u00eda otra cosa que hacer, as\u00ed lo hizo Charles, pero ten\u00eda la mente ocupada con sus proyectos. Cuando Maida mejorase se la llevar\u00eda de all\u00ed en compa\u00f1\u00eda del beb\u00e9; si era preciso robar\u00eda un coche y partir\u00edan del valle hasta que estuvieran muy lejos de aquella tierra maldita, sanos y salvos.<\/p>\n<p>?Ha muerto ?dijo el padre de Maida. llorando junto al torniquete de entrada a los pasadizos altos.<br \/>\n?La parra la mat\u00f3 ?respondi\u00f3 Baskin desesperadamente.<br \/>\nEl viejo aplic\u00f3 sobre su hombro una afectuosa palmada y luego a\u00f1adi\u00f3:<br \/>\n?Bien&#8230;, bien, est\u00e1 llegando la hora de la recolecci\u00f3n. Ya sabes c\u00f3mo les gusta eso a los visitantes&#8230;<br \/>\n?Pero tengo que&#8230;<br \/>\n?Tienes que seguir trabajando en nombre de Maida. Por el valle. Todos dependemos de ti.<br \/>\nAntes de que Charles pudiese protestar, el viejo coloc\u00f3 un rastrillo en su mano. Al cabo de un rato un grupo de hombres comenz\u00f3 a instalar un torniquete autom\u00e1tico.<br \/>\n?Te dir\u00e9 algo ?dijo el viejo?. Colocaremos un r\u00f3tulo de \u00abProhibidas las visitas\u00bb y as\u00ed dispondr\u00e1s de cierto tiempo para cumplir con el luto.<br \/>\n?Pero no hay&#8230;<br \/>\nBaskin penetr\u00f3 en el invernadero a\u00f1adiendo:<br \/>\n?&#8230;No hay tiempo para lutos. Solamente queda el tiempo justo para cuidar la vi\u00f1a.<br \/>\nTal exigencia ocup\u00f3 todas sus horas libres. Cuidaba tambi\u00e9n al ni\u00f1o, al que dejaba en el porche en un lugar donde \u00e9l pod\u00eda vigilarle, y si aquella noche dej\u00f3 al beb\u00e9 sin atender, casi no fue culpa suya.<br \/>\nOy\u00f3 un fuerte chasquido y un distante lamento. Charles corri\u00f3 para ver lo que hab\u00eda ocurrido. La parra hab\u00eda roto un panel de cristal del invernadero. Charles estaba a punto de volverse hacia la casa y hacia el beb\u00e9 cuando una rama llena de hojas cay\u00f3 alrededor de uno de sus brazos sosteni\u00e9ndole como si deseara decirle: \u00abEscucha\u00bb.<br \/>\nImpaciente, Charles se sacudi\u00f3 la presa. Con creciente p\u00e1nico ech\u00f3 a correr.<br \/>\nNo pudo llegar a tiempo. Nadie hubiese podido hacerlo. El beb\u00e9, o bien hab\u00eda trepado por su cuna, o le hab\u00edan sacado de all\u00ed. Estaba jugando en la tierra frente a la casa. Baskin grit\u00f3, destroz\u00e1ndose casi la garganta, pero antes de que el beb\u00e9 pudiese o\u00edr o responder, una fuerte ra\u00edz surgi\u00f3 del suelo, rode\u00f3 el cuello del ni\u00f1o y lo introdujo profundamente en la tierra.<br \/>\nCharles imagin\u00f3 o\u00edr un eructo c\u00f3smico.<br \/>\nLanz\u00e1ndose desesperadamente sobre la tierra la rasg\u00f3 con furia, pero no encontr\u00f3 rastro del beb\u00e9, ni su gorra, ni siquiera un solo hueso. En su dolor e ira, Baskin cav\u00f3 m\u00e1s profundamente con ambas manos, golpeando las ra\u00edces y maldiciendo la tierra. El suelo estaba vivo, luchaba en contra de \u00e9l, y finalmente le cost\u00f3 gran trabajo desembarazarse de las ra\u00edces que trataban de hacer presa en su carne.<br \/>\nSe retir\u00f3 hacia el porche jadeando penosamente. Entr\u00f3 en la casa, recogi\u00f3 papeles, astillas y trapos, y camin\u00f3 sobre uno de los pasillos de madera hasta llegar al gran tronco, para formar una pira en su base. Empap\u00f3 la carga con petr\u00f3leo y le prendi\u00f3 fuego.<br \/>\nAs\u00ed fue c\u00f3mo Charles Baskin finalmente hizo la guerra a la parra.<br \/>\nDando un salto hacia atr\u00e1s, para evitar el calor, la maldijo mil veces, pensando que todo acabar\u00eda muy pronto, pero mientras contemplaba la quema el sistema de riego funcion\u00f3 repentinamente, quiz\u00e1 movido por alg\u00fan largo tent\u00e1culo de la parra. Cuando el humo desapareci\u00f3, se dio cuenta de que la parra apenas hab\u00eda sufrido da\u00f1o alguno con el fuego ya apagado, y estaba succionando desde su interior, de vez en cuando, ba\u00f1\u00e1ndose el tronco con nueva savia.<br \/>\nBaskin, entonces lo atac\u00f3 con una sierra autom\u00e1tica, pero antes de que hubiese llegado muy lejos, la parra comenz\u00f3 a dejar caer tijeretas desde todas sus ramas y cada una de ellas comenz\u00f3 a enraizar. y todas, como por arte de magia se apoderaron de la sierra, intentando volverla hacia \u00e9l. Charles se vio obligado a retroceder r\u00e1pidamente hacia un lugar seguro, huyendo del invernadero, sumido en la m\u00e1s honda desesperaci\u00f3n.<br \/>\nPens\u00f3 verter una cuba de lej\u00eda en el terreno, pero antes de que pudiese aproximarse lo suficiente, las ra\u00edces ya sobresal\u00edan de la tierra por el exterior del invernadero asiendo la cuba y tratando de alcanzar al propio Baskin.<br \/>\nTen\u00eda que atacar de nuevo al tronco, pero el invernadero se hab\u00eda convertido en un lugar impenetrable. Aquella \u00abcosa\u00bb se hab\u00eda rodeado de una espesa armadura de gruesas ra\u00edces y fibras y en ning\u00fan momento pudo Charles acercarse al tronco.<br \/>\nDesesperado, traz\u00f3 otro plan: si no pod\u00eda da\u00f1ar la planta, destrozar\u00eda el invernadero, y la primera helada matar\u00eda la parra.<br \/>\nSolamente hab\u00eda roto tres paneles de cristal, cuando la encolerizada planta le aplic\u00f3 unos fuertes latigazos con sus ra\u00edces a la vez que lanzaba un profundo y estremecedor bramido. Charles a\u00fan estaba luchando denodadamente cuando el primer cami\u00f3n apareci\u00f3 en el horizonte. Llegaba gente de la ciudad para investigar.<br \/>\n?Gracias a Dios ?dijo al primer hombre que le ayud\u00f3?. Gracias a Dios que han llegado.<br \/>\nEl hombre le mir\u00f3 a trav\u00e9s del verdor y le pregunt\u00f3:<br \/>\n?\u00bfQu\u00e9 ha sucedido?<br \/>\n?Tenemos que matarla ?respondi\u00f3 Baskin.<br \/>\nLuego pens\u00f3: \u00abAhora ver\u00e1n\u00bb.<br \/>\nAl cabo de dos segundos a\u00f1adi\u00f3:<br \/>\n?Tenemos que matarla antes de que nos mate a todos.<br \/>\n?Ese hombre trataba de hacerle da\u00f1o a la planta ?dijo alguien a su espalda?. Parece que hemos llegado a tiempo.<br \/>\nBaskin abri\u00f3 la boca sin acabar de comprender del todo.<br \/>\n?S\u00ed, justamente a tiempo ?musit\u00f3.<br \/>\nLos hombres retrocedieron y dejaron que la parra terminara lo que estaba haciendo. Entonces echaron suertes para ver a qui\u00e9n le tocaba quedarse all\u00ed para cuidar la planta. El afortunado ganador envi\u00f3 un amigo a la ciudad para que comunicara la buena noticia a su esposa, y entonces avanz\u00f3 abriendo las dobles puertas que daban paso al invernadero. Al aproximarse, la parra retir\u00f3 sus tent\u00e1culos enroll\u00e1ndolos calmosamente en su primitivo lugar. En voz baja, casi acariciadora, el hombre pregunt\u00f3 en la obscuridad:<br \/>\n?\u00bfTe encuentras bien?<\/p>\n<p>Edici\u00f3n digital de\u00a0 urijenny (odoniano@yahoo.com.ar)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La parra Kit Reed The vine \u00a9 1967 by Mercury Press Inc. (The Magazine of Fantasy and Science Fiction, Noviembre de 1967). Traducci\u00f3n de F. Corripio, J. Pi\u00f1eiro, y C. Gaudes en Ciencia Ficci\u00f3n Selecci\u00f3n-2, Libro Amigo 187, Editorial Bruguera S. A., 1971. La total entrega exigida a sus cuidadores por la inmensa vid, la<\/p>\n<p class=\"text-right\"><span class=\"screen-reader-text\">Continue Reading&#8230; La parra<\/span><a class=\"btn btn-secondary continue-reading\" href=\"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=700\">Continue Reading&#8230;<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[17],"tags":[],"class_list":["post-700","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos-de-ciencia-ficcion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/700","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=700"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/700\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=700"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=700"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=700"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}