{"id":699,"date":"2008-10-14T14:07:12","date_gmt":"2008-10-14T14:07:12","guid":{"rendered":"http:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=699"},"modified":"2008-10-14T14:07:12","modified_gmt":"2008-10-14T14:07:12","slug":"las-botas-m\u00e1gicas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=699","title":{"rendered":"Las botas m\u00e1gicas"},"content":{"rendered":"<p>Las botas m\u00e1gicas<br \/>\nViktor Saparin<br \/>\nTraducido por Carlos Robles en Lo mejor de la Ciencia Ficci\u00f3n rusa, relatos recopilados por Jacques Bergier, Libro Amigo 88, Editorial Bruguera S. A., 1968.<\/p>\n<p>Todo empez\u00f3 con una nader\u00eda. Al ponerse Petja una bota, su madre not\u00f3 que la suela ten\u00eda un agujero del tama\u00f1o de una monedita, tapado s\u00f3lo por la plantilla. Otra \u00abmonedita\u00bb, un poco m\u00e1s grande, aparec\u00eda tambi\u00e9n en la suela del otro pie. Petja hab\u00eda observado que, qui\u00e9n sabe por qu\u00e9, la bota derecha se desgastaba m\u00e1s de prisa que la izquierda, por lo que el descubrimiento no le sorprendi\u00f3 en absoluto.<br \/>\nSin embargo, su madre endureci\u00f3 la mirada.<br \/>\n?Imag\u00ednese, Iv\u00e1n Ivanovic ?a falta de otros, la mujer se dirig\u00eda a un hu\u00e9sped de sus vecinos, una persona venida de lejos, que en aquel momento hab\u00eda entrado en la cocina?. Este chico se come las botas. Se las he comprado hace un mes y mire. \u00bfHa visto alguna vez algo semejante?<br \/>\nIvan Ivanovic dej\u00f3 sobre la mesa la tetera que tema en la mano y mir\u00f3 a Petja.<br \/>\n?Es un chico como otro cualquiera ?dijo?. No tiene importancia.<br \/>\n?\u00a1Un chico como otro cualquiera! ?la madre de Petja alarg\u00f3 los brazos?. \u00bfD\u00f3nde ha visto algo parecido? Es un desastre. \u00a1Se come los zapatos!<br \/>\n?Yo tambi\u00e9n era as\u00ed ?repuso Iv\u00e1n Ivanovic, conciliador; volvi\u00f3 a coger la tetera y la puso bajo el grifo?. Mire, no ha pasado nada, he llegado a ser profesor&#8230; S\u00f3lo es un chico nervioso&#8230;<br \/>\n?Pero las botas las hacen para chicos normales ?continu\u00f3 la madre de Petja?. No hay zapatos especiales para los que no se est\u00e1n nunca quietos.<br \/>\n?Es verdad ?contest\u00f3 Iv\u00e1n Ivanovic, en tono serio?. Es verdad, los futbolistas, los deportistas, disponen de botas especiales, y nadie piensa en acusarles de correr demasiado. Sin embargo, para los chicos no hay nada. Y es natural que corran&#8230; Habr\u00eda que proporcionarles tambi\u00e9n botas adecuadas&#8230;<br \/>\n?No s\u00e9 d\u00f3nde encontrar botas que le duren m\u00e1s de un mes ?exclam\u00f3 la mujer, sacudiendo la cabeza?. \u00a1Ser\u00eda un milagro!<br \/>\nPetja, ofendido, arrug\u00f3 la nariz. \u00a1Qu\u00e9 culpa ten\u00eda \u00e9l de ser un chico nervioso! \u00bfDeb\u00eda, entonces, quedarse sentado siempre, con las piernas cruzadas? En vez de afrontar el problema espec\u00edficamente, como hac\u00eda su profesor, su madre las tomaba siempre con \u00e9l. Como si gastara las suelas adrede.<br \/>\nIv\u00e1n Ivanovic dej\u00f3 la tetera sobre la plancha del hornillo y se dirigi\u00f3 hacia la puerta. En el umbral se detuvo, mirando otra vez a Petja como para examinarlo.<br \/>\n?Le enviar\u00e9 un par de botas m\u00e1gicas ?prometi\u00f3, con sencillez?. El muchacho me parece adecuado, siempre que sea verdad todo cuanto me ha dicho acerca de \u00e9l. Se las mandar\u00e9, pero con una condici\u00f3n: que el chico se ponga las botas todos los d\u00edas y le deje hacer todo lo que quiera. Y no se preocupe, Antonina Ignatevna, ya ver\u00e1 c\u00f3mo mis botas no se gastan nunca.<br \/>\nA pesar de la c\u00f3lera, Antonina Ignatevna no pudo por menos de sonre\u00edr. Era una buena persona ese Iv\u00e1n Ivanovic&#8230;<br \/>\n?Ojal\u00e1 fueran m\u00e1gicas&#8230;<br \/>\nPetja estaba convencido de que Iv\u00e1n Ivanovic hab\u00eda inventado todo aquello para calmar a su madre. No ten\u00eda, realmente, aspecto de mago&#8230;<br \/>\n\u00bfD\u00f3nde estaba el cucurucho que Petja recordaba haber visto sobre la cabeza del malabarista del circo? \u00bfY aquella mirada penetrante o aquel modo de mover las manos, propio de los magos? Iv\u00e1n Ivanovic era un hombrecillo de chaqueta gris, con gafas, de barbita puntiaguda. Se parec\u00eda mucho a Sereza, el zapatero del segundo piso. Nadie habr\u00eda dicho al verlo que de joven fue un muchacho nervioso.<br \/>\nSin embargo, dos semanas despu\u00e9s de la partida de Iv\u00e1n Ivanovic lleg\u00f3 un paquete. Su remitente era el hombrecillo.<br \/>\nPetja pens\u00f3 que contendr\u00eda un par de botas claveteadas con refuerzos met\u00e1licos, tal vez un par de botas de monta\u00f1a semejantes a las que en una ocasi\u00f3n vio en un escaparate. Pero en el paquete hab\u00eda un par de zapatos negros vulgares, de corte sencill\u00edsimo.<br \/>\nPetja se los prob\u00f3. Le iban de perilla.<br \/>\n?En seguida se ve que es un hombre&#8230; ?murmur\u00f3 la madre?. Con toda su inteligencia, Iv\u00e1n Ivanovic no sabe que a los chicos se les debe comprar todo un poco grande. Y aseguraba que le durar\u00edan mucho tiempo&#8230; Venga, p\u00f3ntelos. A caballo regalado&#8230;; pero las gastar\u00e1s pronto. Recu\u00e9rdalo&#8230;<br \/>\nAquel d\u00eda comenz\u00f3 la extraordinaria historia de las botas.<br \/>\nContra todas las leyes de la naturaleza, las botas siguieron intactas.<br \/>\nAl principio, Petja camin\u00f3 despacio, con cautela. Llevaba botas m\u00e1gicas y nunca se sabe&#8230; Luego, poco a poco, se acostumbr\u00f3 a la novedad hasta que no pens\u00f3 m\u00e1s en ello. Volvi\u00f3 a correr como antes y a jugar al f\u00fatbol cuanto quiso.<br \/>\nUna tarde, cuando Petja ya se hab\u00eda metido en la cama, la madre cogi\u00f3 las botas y se puso a observarlas.<br \/>\n\u00abYa las has llevado bastante ?dijo para si?, y&#8230; \u00a1Pero si est\u00e1n nuevas! Y pensar que&#8230; La suela est\u00e1 como nueva. Entonces, si quiere, sabe cuidarlas&#8230;\u00bb<br \/>\nAquella noche la mujer dio a Petja el beso de despedida con cari\u00f1o especial, pero Petja ten\u00eda la vaga sensaci\u00f3n de no haber merecido enteramente el agradecimiento de su madre.<br \/>\n\u00abBah ?se dijo, al dormirse?, depender\u00e1 mucho de las botas. Tambi\u00e9n Mar\u00eda Petrovna se lamentaba muchas veces de la calidad de sus botas. No se me puede echar la culpa a mi&#8230;\u00bb<br \/>\nMaria Petrovna habitaba en el apartamento de enfrente y era una mujer conocida por su escepticismo con respecto a todo y a todos. A los chicos, nerviosos o no, los hab\u00eda clasificado tiempo atr\u00e1s en la categor\u00eda de los fen\u00f3menos absolutamente negativos.<br \/>\nPor eso, cuando Antonina Ignatevna le cont\u00f3 las alabanzas de Petja, explicando que se hab\u00eda vuelto formal y que ya no gastaba las botas, no vacil\u00f3 en desilusionarla.<br \/>\n?Mire, Mar\u00eda Petrovna, son realmente botas m\u00e1gicas ?insisti\u00f3 la madre de Petja?, o mi Petja ha cambiado. Hace seis meses que las lleva, sin quit\u00e1rselas nunca, y a\u00fan no se han gastado.<br \/>\n?No tiene nada de extraordinario ?le replic\u00f3 Mar\u00eda Petrovna, tras haber echado una mirada a las suelas?. \u00bfVe estas bolitas? No se gastan nunca. Pero a m\u00ed no me gustan; producen reuma.<br \/>\n?\u00bfQu\u00e9 dice? \u00a1La suela de esparto deja pasar el aire! ?objet\u00f3 Antonina Ignatevna.<br \/>\n?Bueno, son de goma ?admiti\u00f3 Maria Petrovna.<br \/>\n?No pueden ser de goma ?disenti\u00f3 Antonina Ignatevna?. \u00a1Son tan ligeras! \u00a1Pruebe!<br \/>\nA rega\u00f1adientes, Maria Petrovna cogi\u00f3 las botas.<br \/>\n?No pesan casi nada ?dijo, con desprecio?. Se ve que est\u00e1n hinchadas.<br \/>\n?\u00bfPor qu\u00e9 hinchadas?<br \/>\n?Sencill\u00edsimo. \u00bfSabe c\u00f3mo se hace? Se hinchan las burbujas de aire de la goma. Por eso es ligera.<br \/>\nDej\u00f3 las botas en el suelo, limpi\u00e1ndose los dedos.<br \/>\nAntonina Ignatevna sab\u00eda perfectamente que el procedimiento de obtener el crep\u00e9 era muy distinto, pero, como siempre, Maria Petrovna hab\u00eda dicho la \u00faltima palabra.<br \/>\nPasaron los meses&#8230; Las botas no se gastaban, como si de verdad fuesen m\u00e1gicas. Antonina Ignatevna empez\u00f3 a mirarlas con cierto temor. Sab\u00eda que el profesor no era Mefist\u00f3feles, sino un hombre normal, pero en aquel regalo suyo hab\u00eda algo sobrenatural. Y no se trataba \u00fanicamente de la resistencia extraordinaria de las botas, hab\u00eda algo m\u00e1s.<br \/>\nEn una ocasi\u00f3n, Antonina Ignatevna descubri\u00f3 un ara\u00f1azo en la punta de la bota izquierda. Sin duda, al jugar con otros chicos, Petja le hab\u00eda dado un golpe. Sin embargo, unos d\u00edas despu\u00e9s el ara\u00f1azo hab\u00eda desaparecido sin dejar la menor huella. \u00bfY c\u00f3mo explicar el hecho de que las botas pareciesen siempre nuevas, aunque Petja no se preocupaba nunca de limpiarlas?<br \/>\nPor otra parte, segu\u00edan ajust\u00e1ndose exactamente a la medida del pie de Petja; pese al transcurso del tiempo, no se hab\u00edan deformado.<br \/>\nEs cierto que, en general, el zapato de piel cede y se adapta al pie, pero al propio tiempo envejece. En cambio, aquellas botas parec\u00edan ser nuevas de trinca.<br \/>\nMar\u00eda Petrovna, incapaz de estarse callada, le ech\u00f3 un d\u00eda un peque\u00f1o serm\u00f3n a Antonina Ignatevna:<br \/>\n?Exagera usted con su peque\u00f1o. \u00a1Cada d\u00eda, un par de zapatos nuevos! Deber\u00eda gastar mejor el dinero. \u00a1Ya se arrepentir\u00e1!<br \/>\n?Por favor ?le contest\u00f3 Antonina Ignatevna? \u00a1Si hace un a\u00f1o que lleva los mismos zapatos!<br \/>\n?\u00bfCree que soy tonta? ?Mar\u00eda Petrovna parec\u00eda ofendida?. Estas madres&#8230; \u00a1Pierden la cabeza por los hijos! No saben qu\u00e9 hacer por ellos&#8230; Pero as\u00ed s\u00f3lo los malcr\u00edan&#8230;<br \/>\nDicho esto, empez\u00f3 a acusar a Antonina Ignatevna de mentirosa. De no saber educar a su hijo. De comprar cada d\u00eda a \u00absu Petenfza\u00bb un par de zapatos nuevos, mientras ella segu\u00eda usando los mismos, viejos y aun desfondados.<br \/>\nLa pobre Antonina Ignatevna intent\u00f3 explicarle la verdad, pero, \u00bfqu\u00e9 explicaciones pod\u00eda dar?<br \/>\nPor culpa de las botas, la vida de Antonina Ignatevna se complic\u00f3 de una forma incre\u00edble. \u00bfDecir la verdad? Nadie la creer\u00eda. \u00bfAdmitir que compraba a Petja un par de zapatos nuevos todos los d\u00edas? Era absurdo.<br \/>\nPasaron otros dos meses, pero los zapatos no envejec\u00edan. Antonina Ignatevna fue presa de la consternaci\u00f3n.<br \/>\n?Ven ?dijo un buen d\u00eda a Petja?. Deja que estas botas descansen un poco. Ponte las viejas.<br \/>\nY le volvi\u00f3 a dar las botas que en su tiempo provocaron su conversaci\u00f3n con el profesor. El zapatero Sereza les hab\u00eda puesto medias suelas.<br \/>\n?Hice muy bien al comprarlas un n\u00famero mayor ?observ\u00f3 la mujer?. Las debes llevar, se te quedar\u00e1n peque\u00f1as. Estas las guardar\u00e9 en el armario.<br \/>\n\u00bfQuer\u00eda convencerse de que su hijo hab\u00eda aprendido a cuidar las botas? \u00bfO bien aquellas botas eternas empezaban a asustarla? Es dif\u00edcil decir lo que la madre de Petja ten\u00eda en la mente, pero cuando el chico se calz\u00f3 las botas viejas, lanz\u00f3 un suspiro de alivio.<br \/>\nAcostumbrado a las botas del profesor, tan ligeras que parec\u00eda que no las llevaba, Petja sent\u00eda ahora pesados sus pies. No pas\u00f3 mucho tiempo sin que Antonina Ignatevna no tuviese que llevarlas de nuevo al zapatero. Por lo tanto, Petja segu\u00eda siendo el chico inquieto de antes, y el secreto de la larga duraci\u00f3n de las botas regaladas por el profesor no depend\u00eda de sus cuidados. Pero Antonina Ignatevna continu\u00f3 testarudamente haciendo arreglar las botas viejas hasta que, por fin, el bueno de Sereza le dijo:<br \/>\n?Ya es hora de echarlas a la basura. C\u00f3mprele al chico un par de botas nuevas.<br \/>\n\u00a1Comprar unas botas nuevas cuando en el armario ten\u00eda un par m\u00e1s de nuevo!<br \/>\nA rega\u00f1adientes, abri\u00f3 el caj\u00f3n donde las hab\u00eda puesto. Hac\u00eda va varios meses que no las ve\u00eda.<br \/>\n?Tienen un poco de polvo ?suspir\u00f3, d\u00e1ndoselas a su hijo?. Pru\u00e9batelas, quiz\u00e1 te estar\u00e1n estrechas.<br \/>\nPetja cogi\u00f3 las botas que, como en el pasado, alegraban la vista con su limpieza.<br \/>\nY como en aquel lejano d\u00eda en que Petja se las puso por primera vez, tambi\u00e9n ahora le sentaban como un guante.<br \/>\nPero esto no fue lo que m\u00e1s sorprendi\u00f3 a Antonina Ignatevna. Ahora estaba en cierto modo acostumbrada a cosas semejantes. Pero no a aquello. Recordaba perfectamente que, al meter las botas en el armario, las suelas parec\u00edan ligeramente gastadas; entonces se hab\u00eda alegrado, porque las rozaduras y los ara\u00f1azos ven\u00edan a confirmar que se trataba de botas normales, de objetos de este mundo sometidos al desgaste de las fuerzas de la naturaleza. Hecho extra\u00f1o, ahora se alegraba de algo que un tiempo atr\u00e1s la enfurec\u00eda.<br \/>\nPues bien, al echar una mirada a las suelas, Antonina Ignatevna vio, con asombro, que estaban absolutamente nuevas.<br \/>\nY no s\u00f3lo eso. Mir\u00e1ndolas de costado, examinando el espesor de las suelas, hizo un descubrimiento aun m\u00e1s incre\u00edble.<br \/>\nLa pobre mujer se puso las gafas, se las quit\u00f3 y, finalmente, las acerc\u00f3 de nuevo a sus ojos. \u00bfSer\u00eda posible? \u00a1Las suelas eran a\u00fan m\u00e1s gruesas que antes! Nunca hab\u00eda conseguido comprender c\u00f3mo Petja no consegu\u00eda desgastar unas suelas tan delgadas, pero ahora&#8230; \u00a1hab\u00edan crecido!<br \/>\nAntonina Ignatevna se qued\u00f3 sin aliento. Era absurdo. \u00bfPueden existir en el mundo zapatos que crecen?<br \/>\nCasi tuvo miedo de darle a Petja botas tan extraordinarias. \u00bfPero qu\u00e9 pod\u00eda hacer? \u00bfTirarlas?<br \/>\nEl dilema fue resuelto por la casualidad. Aquel d\u00eda, Petja no pudo utilizar las botas del profesor, porque se puso enfermo. Por fortuna, s\u00f3lo se trataba de un ligero catarro, que lo retuvo, sin embargo, en el lecho durante una semana. Durante aquel tiempo, las famosas botas no quedaron sin usar. Su fama se hab\u00eda extendido por todo el caser\u00edo y los amigos de Petja, cuyas respectivas madres tampoco les escatimaban los coscorrones a causa de los zapatos rotos, se las pidieron prestadas para jugar a la pelota. \u00bfQu\u00e9 les importaba a ellos que la eterna duraci\u00f3n de aquellas botas no tuviese una explicaci\u00f3n cient\u00edfica? El caso m\u00e1s bien excitaba su fantas\u00eda, y muchos defend\u00edan las versiones mas incre\u00edbles, demostrando una fe ilimitada en las posibilidades en la t\u00e9cnica, mientras otros, los m\u00e1s peque\u00f1os, que a\u00fan no hab\u00edan salido del mundo de la fantas\u00eda, cre\u00edan que las \u00abbotas del profesor\u00bb eran verdaderamente m\u00e1gicas.<br \/>\nAs\u00ed, las botas de Petja empezaron a ser usadas por turno. Con ellas jugaban a la pelota muchachos enloquecidos que a veces se dislocaban una rodilla o un tobillo, pero no se romp\u00edan nunca. Aguantaban bastantes pruebas duras, pero realmente no parec\u00eda existir ninguna fuerza en el mundo capaz de estropearlas.<br \/>\nLleg\u00f3 as\u00ed un d\u00eda en que Antonina Ignatevna ya no pudo m\u00e1s y, tras preguntar a la vecina su direcci\u00f3n, escribi\u00f3 una carta a Iv\u00e1n Ivanovic.<br \/>\nEsta fue la respuesta del profesor:<br \/>\n\u00ab&#8230;S\u00ed, crecen. Y en esto, querida Antonina Ignatevna, no hay nada milagroso. Comprendo su asombro e intentar\u00e9 explicarle el motivo.<br \/>\n\u00bb\u00bfPor qu\u00e9 crecen? \u00bfHa o\u00eddo hablar alguna vez de las epifitas? Son plantas que no viven sobre la tierra, sino en el aire. No tienen ra\u00edces y pueden vivir sobre una empalizada, incluso sobre un hilo del tel\u00e9grafo, sin tocar la tierra. \u00bfC\u00f3mo se nutren? No de telegramas, naturalmente, y perd\u00f3neme la broma. Toman todo lo preciso para su desarrollo del aire. En el aire siempre hay humedad, siempre hay polvo que contiene part\u00edculas minerales. Y nuestras plantas se adaptan a este tipo de alimentaci\u00f3n, digamos \u00aba\u00e9rea\u00bb.<br \/>\n\u00bbDesde hace varios a\u00f1os, nuestro instituto estudia estos min\u00fasculos organismos vegetales, que viven en grandes colonias como los corales. Estas dan lugar a una masa compacta, ligera, flexible como la goma, pero que deja pasar el aire. Las botas que se obtienen con esa masa no son en nada inferiores a la piel, incluso tienen una propiedad de la que la piel carece: crecen. \u00bfRecuerda la piel de zapa de Balzac? Aqu\u00e9lla disminu\u00eda. Pero la nuestra crece continuamente, porque vive. Las c\u00e9lulas vegetales de que est\u00e1 formada se multiplican con rapidez, aliment\u00e1ndose, como todas las ep\u00edfitas, a trav\u00e9s del aire. Para las suelas hemos preparado una piel que crece de modo particularmente r\u00e1pido, porque esta parte del zapato se gasta m\u00e1s. Le dir\u00e9 tambi\u00e9n que la suela puede alimentarse mejor que las dem\u00e1s partes de la bota, porque se halla en contacto con la tierra, donde la humedad y las substancias minerales son m\u00e1s numerosas. La alimentaci\u00f3n m\u00e1s substanciosa contribuye a hacer que la suela se regenere m\u00e1s de prisa. Es un proceso imperceptible para el ojo del hombre; si no llega usted a tener las botas encerradas en el armario durante cuatro meses enteros, es probable que nunca hubiera descubierto que \u00e9stas crecen realmente. Como es natural, tambi\u00e9n las botas que crecen tienen sus inconvenientes. No se pueden conservar almacenadas largo tiempo porque su n\u00famero variar\u00eda. Un adulto que se compra hoy un par, un tiempo despu\u00e9s las encontrar\u00eda demasiado grandes. En los zapatos de los adultos s\u00f3lo puede aplicarse en la suela. Y no es poco; en efecto, hemos recibido muchas cartas de agradecimiento de carteros y de personas cuya profesi\u00f3n les obliga a caminar mucho, entre los cuales hemos distribuido un cierto n\u00famero de pares, a t\u00edtulo de prueba.<br \/>\n\u00bbPero las botas de los chicos se pueden fabricar todas ellas con piel creciente. Creemos haber resuelto un problema que preocupa a todos: la confecci\u00f3n de botas que puedan ser llevadas durante varios a\u00f1os seguidos. En nuestros experimentos hemos sometido ya a desgaste artificial varios pares, calculando un consumo normal de cinco a\u00f1os, pero una cosa es la experimentaci\u00f3n y otra la prueba pr\u00e1ctica. Por esta raz\u00f3n me interesa much\u00edsimo saber el fin que tendr\u00e1n las botas de Petja. Escr\u00edbame, por favor, si no le molesta demasiado, al menos una vez cada seis meses. Tenemos bajo nuestro \u00abpatrocinio\u00bb muchos escolares que usan nuestras botas, pero las de Petja forman parte de la primera partida y todas las noticias al respecto nos son particularmente precisas. Yo ya le he escrito dos veces, pero debo haber confundido la direcci\u00f3n, porque tampoco mis parientes me han contestado.<br \/>\n\u00bbPara nuestros experimentos no escogemos a los chicos especialmente inquietos, pero eso no significa que nuestras botas sean tratadas de la peor manera. Como en todas las dem\u00e1s cosas, tambi\u00e9n con ellas es necesario un cierto cuidado.<br \/>\n\u00bbAl probar una nueva marca de bicicleta, se la somete a las pruebas m\u00e1s dif\u00edciles, pero al usarlas normalmente, es bueno observar todas las normas prescriptas de mantenimiento. Nuestras botas est\u00e1n destinadas a los adultos obligados por su profesi\u00f3n a caminar mucho y a los chicos, pero no a las personas descuidadas. D\u00edgaselo a Petja. Cuidar un objeto significa doblar su vida. Si Petja quiere convertirse en un ejemplo en materia de botas, no como destructor, sino por saberlas conservar y sacarles rendimiento, deber\u00e1 observar estas sencillas normas, que adjunto a la carta. Esto tambi\u00e9n es un experimento y le ruego que colabore. Antes era un caso desesperado de descuido, pero hoy, sin embargo, se me cita como ejemplo de orden. Quisiera saber precisamente lo que duran nuestras botas cuando se las cuida bien. Escr\u00edbame.<br \/>\n\u00bbP.S.: Dentro de unos d\u00edas entrara en servicio la primera f\u00e1brica experimental para la producci\u00f3n en serie de las ?botas m\u00e1gicas?.\u00bb<br \/>\nUna semana m\u00e1s tarde, Petja y su madre asistieron en un cine a la proyecci\u00f3n de un documental sobre la f\u00e1brica de \u00absuelas autorregeneradoras\u00bb, como las llamaba el locutor.<br \/>\n?Tenemos \u00absierras autoafiladas\u00bb ?dec\u00eda el locutor?, existen relojes de cuerda autom\u00e1tica, relojes para los distra\u00eddos que, una vez se les ha dado cuerda, ya no se paran nunca. Ahora nos llega la suela que no se gasta nunca. Ah\u00ed est\u00e1, ante vuestros ojos.<br \/>\nEn la pantalla aparecieron enormes tinas poco profundas que conten\u00edan un caldo nutritivo en el que se cultivaban peque\u00f1\u00edsimos organismos vegetales que, vistos al microscopio, parec\u00edan min\u00fasculas estrellas amarillas.<br \/>\nEl documental mostraba c\u00f3mo estos organismos, al crecer, formaban una delgada hoja, tan ligera que flotaba sobre el caldo. La hoja segu\u00eda creciendo, haci\u00e9ndose poco a poco m\u00e1s espesa.<br \/>\n?Con el desarrollo de los microorganismos ?explicaba el locutor?, el material resulta cada vez m\u00e1s compacto. Ahora, la piel ya est\u00e1 lista. Puede ser enviada al corte.<br \/>\nEn un departamento cerrado, numerosas m\u00e1quinas autom\u00e1ticas recortaban, en la \u00abpiel\u00bb artificial que all\u00ed llegaba, miles de suelas de varias dimensiones.<br \/>\n?Y la suela sigue creciendo ?a\u00f1adi\u00f3 el locutor.<br \/>\nSe vio una enorme suela que ocupaba toda la pantalla. La toma en acelerado proporcionaba una r\u00e1pida visi\u00f3n del crecimiento. El espesor de la suela aumentaba a ojos vistas.<br \/>\n?El tiempo transcurrido es, en realidad, de dos meses ?explic\u00f3 el locutor?. La suela ha crecido tanto, que ha compensado el desgaste producido por un uso prolongado y constante. Y seguir\u00e1 creciendo indefinidamente, como los hongos que quiz\u00e1 alguno de ustedes cultiva. \u00a1Gastar\u00e1n los zapatos, pero esta suela no se desgastar\u00e1 jam\u00e1s!<br \/>\n?\u00a1Menos mal! ?apenas sali\u00f3 del cine Antonina Ignatevna lanz\u00f3 un suspiro de alivio?. Ahora todo est\u00e1 claro&#8230;<br \/>\nAl encontrarse a Mar\u00eda Petrovna, se enfrent\u00f3 con ella sin miedo:<br \/>\n?\u00a1Vaya al cine! ?le aconsej\u00f3?. Vera c\u00f3mo se hacen los zapatos de Petja. \u00a1Ya no podr\u00e1 decir que le compro un par nuevo cada mes!<br \/>\n?Ya s\u00e9 lo que hacen en el cine ?replic\u00f3 la vecina?. Un mont\u00f3n de trucos. Tengo un sobrino que estudia en el Instituto de Cinematograf\u00eda y precisamente estos d\u00edas han dado una clase especial sobre ilusiones \u00f3pticas.<br \/>\n?Pues estas botas existen ?replic\u00f3 la madre de Petja, acercando su hijo a Maria Petrovna?. Y Petja, tambi\u00e9n. No son ninguna ilusi\u00f3n \u00f3ptica.<br \/>\n?Bueno. Supongamos que sea verdad ?concedi\u00f3 la vecina, con superioridad?. Pero todos los chicos son unos mentirosos. Y el suyo no es mejor que los dem\u00e1s. No comprendo por qu\u00e9 lo mima as\u00ed. \u00bfQu\u00e9 necesidad ten\u00eda de hacerle esas botas especiales?&#8230; \u00bfNo le basta con las botas corrientes?<\/p>\n<p>Edici\u00f3n digital de Tecum<br \/>\nRevisi\u00f3n de urijenny (odoniano@yahoo.com.ar)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las botas m\u00e1gicas Viktor Saparin Traducido por Carlos Robles en Lo mejor de la Ciencia Ficci\u00f3n rusa, relatos recopilados por Jacques Bergier, Libro Amigo 88, Editorial Bruguera S. A., 1968. Todo empez\u00f3 con una nader\u00eda. Al ponerse Petja una bota, su madre not\u00f3 que la suela ten\u00eda un agujero del tama\u00f1o de una monedita, tapado<\/p>\n<p class=\"text-right\"><span class=\"screen-reader-text\">Continue Reading&#8230; Las botas m\u00e1gicas<\/span><a class=\"btn btn-secondary continue-reading\" href=\"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=699\">Continue Reading&#8230;<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[17],"tags":[],"class_list":["post-699","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos-de-ciencia-ficcion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/699","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=699"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/699\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=699"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=699"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=699"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}