{"id":698,"date":"2008-10-14T14:06:03","date_gmt":"2008-10-14T14:06:03","guid":{"rendered":"http:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=698"},"modified":"2008-10-14T14:06:03","modified_gmt":"2008-10-14T14:06:03","slug":"los-colmillos-de-los-\u00e1rboles","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=698","title":{"rendered":"Los colmillos de los \u00e1rboles"},"content":{"rendered":"<p>Los colmillos de los \u00e1rboles<br \/>\nRobert Silverberg<br \/>\nThe fangs of the trees, \u00a9 1968 (The Magazine of Fantasy and Science Fiction, Octubre de 1968). Traducido por ? en La otra sombra de la Tierra, Super Ficci\u00f3n 62, Ediciones Mart\u00ednez Roca S. A., 1981.<\/p>\n<p>Desde la casa de la plantaci\u00f3n, sobre la colina de Dolan, gris y esbelta como la aguja de una torre, Zen Holbrook alcanzaba a ver todo cuanto le interesaba: las alamedas de los \u00e1rboles del jugo en el amplio valle, la corriente r\u00e1pida donde su sobrina Naomi prefer\u00eda ba\u00f1arse, el lago tranquilo y sereno m\u00e1s all\u00e1. Tambi\u00e9n ve\u00eda la zona amenazada de infecci\u00f3n en el Sector C, al lado norte del valle, donde ?\u00bfo era s\u00f3lo su imaginaci\u00f3n?? las lustrosas hojas azules de los \u00e1rboles parec\u00edan ya manchadas con el tono naranja de la enfermedad del moho.<br \/>\nSi su mundo iba a acabarse, aquello significaba el principio del fin.<br \/>\nPermaneci\u00f3 en pie ante el curvado ventanal del centro de informaci\u00f3n, sobre la casa. Era a primera hora de la ma\u00f1ana. Dos lunas p\u00e1lidas pend\u00edan a\u00fan en el cielo del amanecer, pero el sol se levantaba ya sobre el pa\u00eds de las colinas. Naomi estaba levantada y fuera de la casa, jugueteando en el arroyo. Cada ma\u00f1ana, antes de dejar la casa, Holbrook pasaba revista a toda la plantaci\u00f3n. El radar y los sensores ofrec\u00edan a su vista planos de todos los puntos clave. Adelantando el cuerpo, Holbrook pas\u00f3 sus manos de dedos gruesos sobre los mandos y encendi\u00f3 las pantallas que flanqueaban el ventanal. Pose\u00eda mil setecientas hect\u00e1reas de \u00e1rboles del jugo&#8230; Una fortuna, aunque, debido a la hipoteca, lo que ganaba era poco en comparaci\u00f3n con lo mucho que daba a ganar. Su reino. Su imperio. Registr\u00f3 el Sector C, su favorito. S\u00ed, en la pantalla se ve\u00edan largas filas de \u00e1rboles, de quince metros de altura, agitando sus miembros inquietos. \u00c9sta era la zona de peligro, el sector amenazado. Holbrook examin\u00f3 intensamente las hojas de los \u00e1rboles. \u00bfTen\u00edan ya manchas de moho? Los informes del laboratorio llegar\u00edan un poco m\u00e1s tarde. Estudi\u00f3 los \u00e1rboles, vio el brillo de sus ojos, el destello de sus colmillos. Eran muy buenos los \u00e1rboles de este sector. Cumplidores, unos productores magn\u00edficos.<br \/>\nSus \u00e1rboles favoritos. Le gustaba tratar de convencerse a s\u00ed mismo de que los \u00e1rboles ten\u00edan personalidad, nombre, identidad. No hac\u00eda falta simular demasiado. Puso en marcha el audio.<br \/>\n?Buenos d\u00edas, C\u00e9sar ?dijo?. Buenos d\u00edas, Alcib\u00edades, H\u00e9ctor. Buenos d\u00edas, Plat\u00f3n.<br \/>\nLos \u00e1rboles reconoc\u00edan su nombre. En respuesta a su saludo, agitaron las ramas como si el viento barriera la alameda. Holbrook vio el fruto casi maduro, largo e hinchado, cargado de jugo alucin\u00f3geno. Los ojos de los \u00e1rboles ?placas brillantes y escamosas incrustadas en varias filas sobre el tronco? brillaron y se volvieron busc\u00e1ndole.<br \/>\n?No estoy en la alameda, Plat\u00f3n ?advirti\u00f3 Holbrook?. Todav\u00eda me encuentro en la casa de la plantaci\u00f3n. Pronto ir\u00e9 ah\u00ed. Hace una ma\u00f1ana preciosa, \u00bfverdad?<br \/>\nEntre la penumbra, a nivel del suelo, surgi\u00f3 el hocico largo y sonrosado de un ladr\u00f3n de jugo, saltando de un mont\u00f3n de hojas ca\u00eddas. Disgustado, Holbrook observ\u00f3 c\u00f3mo el roedor, peque\u00f1o y audaz, cruzaba la alameda en cuatro saltos r\u00e1pidos y ven\u00eda a caer sobre el enorme tronco de C\u00e9sar, trepando con destreza entre los grandes ojos del \u00e1rbol. Los miembros de C\u00e9sar se agitaban furiosos, pero no consegu\u00eda localizar al monstruo. El ladr\u00f3n de jugo se desvaneci\u00f3 entre las hojas y reapareci\u00f3 nueve metros m\u00e1s arriba, movi\u00e9ndose ahora en el nivel donde crec\u00eda el fruto. Frunc\u00eda ansiosamente el hocico. Luego, se incorpor\u00f3 sobre las cuatro patas posteriores y se dispuso a chupar un fruto casi maduro, por un valor de ocho d\u00f3lares en alucin\u00f3genos.<br \/>\nDe la copa del Alcib\u00edades surgi\u00f3, como una serpentina estrecha y sinuosa, un zarcillo, un tent\u00e1culo poderoso. Cruz\u00f3 el espacio que le separaba de C\u00e9sar y cay\u00f3 como el rayo en torno al ladr\u00f3n de jugo. El animal apenas tuvo tiempo de gemir al comprender que hab\u00eda sido atrapado cuando ya el tent\u00e1culo acababa con \u00e9l, estrangul\u00e1ndole. En un gracioso arco, el zarcillo regres\u00f3 a la copa de Alcib\u00edades, y la boca abierta del \u00e1rbol qued\u00f3 a la vista cuando las hojas se entreabrieron. Los dientes se separaron, el tent\u00e1culo se desprendi\u00f3 de su presa y el cuerpo del ladr\u00f3n cay\u00f3 en la boca del \u00e1rbol. Alcib\u00edades se estremeci\u00f3 de placer. Fue un ligero temblor de las hojas, una afectaci\u00f3n de modestia, la satisfacci\u00f3n en realidad por sus r\u00e1pidos reflejos que le hab\u00edan proporcionado un bocado tan exquisito. Era un \u00e1rbol muy listo y muy hermoso, y estaba muy satisfecho de s\u00ed mismo. \u00abUna vanidad perdonable ?pens\u00f3 Holbrook?. Eres un buen \u00e1rbol, Alcib\u00edades. Todos los del Sector C sois buenos \u00e1rboles. \u00bfPero si tienes la enfermedad del moho, Alcib\u00edades? \u00bfQu\u00e9 ser\u00e1 de tus hojas brillantes, de tus ramas esbeltas, si tengo que quemarte y eliminarte de la alameda?\u00bb<br \/>\n?Muy bien hecho ?le dijo?. Me gusta verte siempre tan alerta.<br \/>\nAlcib\u00edades sigui\u00f3 agit\u00e1ndose. S\u00f3crates, a cuatro \u00e1rboles en diagonal, en la misma fila, apret\u00f3 las ramas contra el tronco en lo que Holbrook reconoci\u00f3 como un gesto de disgusto, un gru\u00f1ido torvo. No a todos los \u00e1rboles les gustaba la vanidad de Alcib\u00edades, su orgullo y su rapidez.<br \/>\nDe pronto, Holbrook no pudo soportar la vista del Sector C. Toc\u00f3 los botones de mando y pas\u00f3 al Sector K, el nuevo, al extremo sur del valle. Aqu\u00ed los \u00e1rboles no ten\u00edan nombres, ni los recibir\u00edan tampoco. Holbrook hab\u00eda decidido hac\u00eda tiempo que era una afectaci\u00f3n tonta considerar a los \u00e1rboles como si fueran amigos o animalitos dom\u00e9sticos. Eran, sencillamente, productores de ingresos. Y supon\u00eda un error encari\u00f1arse con ellos&#8230;, seg\u00fan comprend\u00eda con mayor claridad ahora que algunos de sus amigos se ve\u00edan amenazados por el moho, que se contagiaba de un mundo a otro para arruinar las plantaciones de \u00e1rboles del jugo.<br \/>\nRegistr\u00f3 el Sector K con mayor frialdad.<br \/>\nDeber\u00eda pensar en ellos como \u00e1rboles, se dijo. No como animales, ni como personas. \u00c1rboles. Ra\u00edces muy largas que se hunden a dieciocho metros bajo el suelo para nutrirse. No pueden moverse de un lugar a otro. Se desarrollan por fotos\u00edntesis. Florecen, son fecundados por el polen y producen grandes frutos como falos, cargados de alcaloides capaces de inducir sombras muy interesantes en la mente de los hombres. \u00c1rboles, \u00e1rboles, \u00e1rboles. Pero tienen ojos. Y dientes. Y boca. Poseen miembros prensiles. Piensan. Reaccionan. Tienen un alma. Cuando se les hiere, incluso gritan. Est\u00e1n adaptados para perseguir animales peque\u00f1os. Digieren carne. Algunos prefieren el cordero a la ternera. Unos son pensativos y solemnes; otros, alegres y saltarines; otros pl\u00e1cidos, casi bovinos. Aunque todos son bisexuales, algunos presentan una personalidad decididamente masculina; hay otros femeninos, otros ambivalentes. Almas. Personalidades.<br \/>\n\u00c1rboles.<br \/>\nLos \u00e1rboles sin nombre del Sector K le tentaban a cometer el pecado de apegarse a ellos. Ese gordo pod\u00eda llamarse Buda. Y aqu\u00e9l, Abe Lincoln. Y t\u00fa, t\u00fa eres Guillermo el Conquistador&#8230;<br \/>\n\u00c1rboles.<br \/>\nHab\u00eda hecho el esfuerzo y hab\u00eda triunfado. Examin\u00f3 fr\u00edamente la alameda, asegur\u00e1ndose de que no hab\u00eda sufrido da\u00f1o durante la noche a causa de los animales de presa; comprobando los frutos maduros; leyendo los informes que proporcionaban los sensores, monitores que vigilaban el nivel del az\u00facar, la etapa de la fermentaci\u00f3n, la toma de manganeso, todo el proceso complicado y equilibrado de la vida del que depend\u00eda el \u00e9xito de la plantaci\u00f3n. Holbrook lo manejaba todo pr\u00e1cticamente solo. Ten\u00eda a sus \u00f3rdenes tres vigilantes humanos y tres docenas de robots. El resto se hac\u00eda por telemetr\u00eda y, por lo general, todo iba bien. Por lo general. Adecuadamente guardados, cuidados y alimentados, los \u00e1rboles daban su fruto tres veces al a\u00f1o. Holbrook lo enviaba a la planta de transformaci\u00f3n, junto al puerto espacial de la costa, donde se somet\u00eda el jugo al debido proceso y se embarcaba hacia la Tierra. Holbrook no participaba en eso; no era m\u00e1s que un productor del fruto. Llevaba aqu\u00ed diez a\u00f1os y no ten\u00eda planes para cambiar de profesi\u00f3n. Llevaba una vida tranquila, una vida solitaria, la vida que \u00e9l hab\u00eda elegido.<br \/>\nHizo girar los registros del radar de un sector a otro, hasta haberse asegurado de que todo iba bien en la plantaci\u00f3n. En el recorrido final, capt\u00f3 la corriente y a Naomi justo en el momento en que sal\u00eda del ba\u00f1o. La muchacha subi\u00f3 a un acantilado rocoso, sobre las aguas agitadas; y agit\u00f3 sus largos cabellos, lisos y dorados. Daba la espalda a la c\u00e1mara. Holbrook observ\u00f3 con placer c\u00f3mo goteaba el agua de su cuerpo esbelto. Las sombras delineaban su silueta; la luz del sol brillaba en la cintura estrecha, en la curva de las caderas, en las nalgas tensas. Ten\u00eda quince a\u00f1os, estaba pasando un mes de sus vacaciones de verano con el t\u00edo Zen y se divert\u00eda como nunca entre los \u00e1rboles del jugo. Su padre era el hermano mayor de Holbrook. \u00c9ste s\u00f3lo hab\u00eda visto antes a Naomi en dos ocasiones, una cuando era a\u00fan un beb\u00e9 y otra cuando ten\u00eda unos seis a\u00f1os. Se hab\u00eda sentido algo inquieto cuando le hablaron de envi\u00e1rsela, ya que no entend\u00eda nada de ni\u00f1os y, adem\u00e1s, no estaba muy ansioso de compa\u00f1\u00eda. Pero no se neg\u00f3 a la petici\u00f3n de su hermano. Por otra parte, tampoco era ella una ni\u00f1a. Se volvi\u00f3 ahora, y la c\u00e1mara mostr\u00f3 a Holbrook los senos como manzanas, el vientre liso, el ombligo hundido, los muslos esbeltos. Quince a\u00f1os. No, ya no era una ni\u00f1a. Era una mujer. No ocultaba en absoluto su desnudez y nadaba as\u00ed cada ma\u00f1ana, aun no ignorando la existencia de las c\u00e1maras. Holbrook no se sent\u00eda c\u00f3modo observ\u00e1ndola. \u00bfDeb\u00eda hacerlo? La verdad, no resultaba adecuado. La vista de la muchacha le agitaba sospechosamente. \u00ab\u00a1Qu\u00e9 diablos, soy su t\u00edo!\u00bb Un m\u00fasculo se le crisp\u00f3 en la mejilla. Se dijo que la \u00fanica emoci\u00f3n que le invad\u00eda al verla era el placer y el orgullo de que su hermano hubiera engendrado algo tan encantador. S\u00f3lo admiraci\u00f3n, eso era todo lo que se permit\u00eda sentir. Ella estaba morena, de color miel, con tonos rosados y dorados. Parec\u00eda emitir una radiaci\u00f3n m\u00e1s brillante que la del sol. Holbrook apret\u00f3 el bot\u00f3n de mando. \u00abHe vivido demasiado tiempo solo. Mi sobrina. Mi sobrina&#8230; S\u00f3lo una ni\u00f1a. Quince a\u00f1os. Encantadora.\u00bb Cerr\u00f3 los ojos, los abri\u00f3 apenas, se mordi\u00f3 el labio. \u00ab\u00a1Vamos, Naomi, c\u00fabrete!\u00bb<br \/>\nCuando la chica se puso los shorts y el sujetador, fue como un eclipse de sol. Holbrook cerr\u00f3 el centro de informaci\u00f3n y baj\u00f3 a la casa de la plantaci\u00f3n, tomando al pasar un par de c\u00e1psulas como desayuno. Un cochecito reluciente sali\u00f3 del garaje, Holbrook salt\u00f3 al interior y se puso en camino para dar los buenos d\u00edas a la chiquilla.<br \/>\nTodav\u00eda estaba junto a la corriente, jugando con una cosita peluda, enroscada en un arbusto, semejante a un gatito con muchas patas.<br \/>\n?\u00a1Mira esto, Zen! ?le grit\u00f3?. \u00bfEs un gato o un ciempi\u00e9s?<br \/>\n?\u00a1Ap\u00e1rtate de eso! ?le grit\u00f3 con tal vehemencia que ella dio un salto atr\u00e1s, aterrada.<br \/>\n\u00c9l ya ten\u00eda el arma en la mano y el dedo en el gatillo. El peque\u00f1o animal, impasible, segu\u00eda enroscando las patas en torno a las ramas.<br \/>\nMuy cerca de \u00e9l, Naomi se asi\u00f3 a su brazo y dijo roncamente:<br \/>\n?No lo mates, Zen. \u00bfEs peligroso?<br \/>\n?No lo s\u00e9.<br \/>\n?Por favor, no lo mates.<br \/>\n?Es la regla en este planeta ?dijo?. Cualquier cosa con columna vertebral y m\u00e1s de una docena de patas es probablemente mortal.<br \/>\n?\u00a1Probablemente!<br \/>\nLa voz son\u00f3 burlona.<br \/>\n?A\u00fan no conocemos toda la fauna local. A \u00e9ste no lo hab\u00eda visto antes, Naomi.<br \/>\n?Es demasiado lindo para ser peligroso. \u00bfNo quieres guardar el arma?<br \/>\nLa guard\u00f3 y se acerc\u00f3 a la bestezuela. No hab\u00eda garras, ten\u00eda los dientes peque\u00f1os, el cuerpo d\u00e9bil. Mala se\u00f1al. Una criatura as\u00ed, sin medios visibles de defensa&#8230; Hab\u00eda muchas probabilidades de que ocultara un aguij\u00f3n venenoso en la peluda cola. La mayor\u00eda de los animales con tantas patas lo ten\u00edan. Holbrook cogi\u00f3 una rama de un metro de largo y precavidamente, la arroj\u00f3 contra la secci\u00f3n media del animal.<br \/>\nR\u00e1pida respuesta. Un siseo, la parte trasera se volvi\u00f3 como un rel\u00e1mpago&#8230; y \u00a1bum! un aguij\u00f3n de muy mal aspecto se clav\u00f3 en la corteza de la ramita. Cuando la cola se retir\u00f3, unas cuantas gotas de un fluido rojizo cayeron de la madera. Holbrook se alej\u00f3 y el animal le mir\u00f3 furioso, como esperando que se acercara m\u00e1s a \u00e9l.<br \/>\n?\u00a1Qu\u00e9 rico! ?dijo Holbrook?. Una monada. Naomi, \u00bfes que no quieres vivir ni hasta cumplir los diecis\u00e9is a\u00f1os?<br \/>\nElla segu\u00eda de pie muy p\u00e1lida y agitada, casi at\u00f3nita ante la ferocidad del ataque.<br \/>\n?Parec\u00eda tan cari\u00f1oso ?dijo?. Casi domesticado.<br \/>\nZen sac\u00f3 el arma y lanz\u00f3 un r\u00e1pido rayo a la cabeza del animal, que cay\u00f3 del \u00e1rbol, se enrosc\u00f3 y no se movi\u00f3 m\u00e1s. Naomi apart\u00f3 la vista. Holbrook la sujet\u00f3 por los hombros.<br \/>\n?Lo siento, cari\u00f1o ?dijo?. No quer\u00eda matar a tu amiguito. Pero un minuto m\u00e1s y \u00e9l te habr\u00eda matado a ti. Cuenta las patas cuando juegues con los bichos de aqu\u00ed. No lo olvides. Cuenta siempre las patas.<br \/>\nAsinti\u00f3 ella. Le resultar\u00eda muy \u00fatil esta lecci\u00f3n de no fiarse de las apariencias. No es oro todo lo que reluce. Holbrook mir\u00f3 la hierba de un tono cobrizo y pens\u00f3 por un momento en lo que significaba tener quince a\u00f1os y despertar a la horrible verdad del universo. Propuso amablemente:<br \/>\n?Vamos a visitar a Plat\u00f3n, \u00bfquieres?<br \/>\nNaomi olvid\u00f3 su tristeza. La otra cara de la moneda de tener quince a\u00f1os: uno se recupera pronto.<br \/>\nAparcaron el cochecito al llegar al Sector C y entraron a pie. A los \u00e1rboles no les gustaba que los veh\u00edculos motorizados circularan entre ellos. Estaban conectados, a pocos cent\u00edmetros por debajo de la tierra arcillosa de la alameda, por una red de filamentos entremezclados que ten\u00edan cierta funci\u00f3n neurol\u00f3gica y, aunque no registraban el peso de un humano, cualquier veh\u00edculo que cruzara el camino originaba un coro de gritos entre los \u00e1rboles. Naomi iba descalza. Holbrook, junto a ella, llevaba botas hasta la rodilla. Se sent\u00eda grande y torp\u00f3n a su lado. Era bastante corpulento, pero la ligereza de la muchacha intensificaba a\u00fan m\u00e1s el contraste.<br \/>\nElla se entreg\u00f3 a su juego habitual con los \u00e1rboles. Su t\u00edo se los hab\u00eda presentado a todos, y ahora pasaba de uno a otro, saludando a Alcib\u00edades y H\u00e9ctor, a S\u00e9neca, a Enrique VIII, a Tomas Jefferson y al rey Tut. Naomi conoc\u00eda a todos los \u00e1rboles tan bien como \u00e9l, mejor quiz\u00e1s, y ellos la conoc\u00edan a su vez. Cuando pasaba entre ellos, los \u00e1rboles se agitaban y se acicalaban, enderez\u00e1ndose y disponiendo sus miembros y ramas del mejor modo posible. Incluso el viejo S\u00f3crates, retorcido y rechoncho, parec\u00eda deseoso de gustar. Naomi se acerc\u00f3 a la caja gris colocada en medio del camino donde los robots dejaban trozos de carne cada noche y lanz\u00f3 algunos a sus preferidos. Pedazos de carne cruda y roja. Cargados los brazos con aquellos trofeos sanguinolentos, bailaba alegremente por el camino, ofreci\u00e9ndoselos a sus \u00e1rboles favoritos. Una ninfa en medio de sus ritos, pens\u00f3 Holbrook. Tiraba la carne a lo alto, vigorosamente. Cuando \u00e9sta iba por el aire, sal\u00edan tent\u00e1culos de un \u00e1rbol u otro para atraparla al vuelo y met\u00e9rsela en la garganta. Los \u00e1rboles no necesitaban carne, pero les gustaba, y era una tradici\u00f3n muy corriente entre los cultivadores que los \u00e1rboles bien alimentados produc\u00edan m\u00e1s jugo. Holbrook daba carne a sus \u00e1rboles tres veces a la semana, excepto al Sector D, que ten\u00eda raci\u00f3n diaria.<br \/>\n?No te saltes a ninguno ?recomend\u00f3.<br \/>\n?Sabes que no lo har\u00e9.<br \/>\nNing\u00fan trozo volv\u00eda a caer al suelo de la alameda. A veces, dos \u00e1rboles trataban de coger el mismo a la vez, lo que daba por resultado una ligera pelea. No se mostraban precisamente amistosos entre ellos. Por ejemplo, hab\u00eda mucha inquina entre C\u00e9sar y Enrique VIII y era indudable que Cat\u00f3n despreciaba tanto a S\u00f3crates como a Alcib\u00edades, aunque por razones diferentes. De vez en cuando, por la ma\u00f1ana, Holbrook y su personal hallaban miembros arrancados, yaciendo en el suelo. Sin embargo, y por lo general, incluso los \u00e1rboles con personalidades conflictivas se las arreglaban para tolerarse mutuamente. Ten\u00edan que hacerlo, ya que estaban condenados a una proximidad constante. Holbrook hab\u00eda intentado en una ocasi\u00f3n separar dos \u00e1rboles del Sector F enfrentados en una enemistad constante, pero era imposible arrancar del suelo un \u00e1rbol ya crecido sin matarlo y estropear el sistema nervioso de los treinta vecinos m\u00e1s pr\u00f3ximos, seg\u00fan aprendi\u00f3 a su costa.<br \/>\nMientras Naomi daba de comer a los \u00e1rboles, les hablaba y acariciaba sus troncos escamosos como podr\u00eda hacerlo con un rinoceronte domesticado, Holbrook desenroll\u00f3 en silencio una escalera telesc\u00f3pica e inspeccion\u00f3 de nuevo las hojas buscando manchas de moho. En realidad, apenas serv\u00eda de nada. El moho no se hac\u00eda visible en las hojas hasta que hab\u00eda penetrado ya en las ra\u00edces del \u00e1rbol. Probablemente, las manchas de tono naranja que cre\u00eda ver eran puro producto de su imaginaci\u00f3n. Tendr\u00eda el informe del laboratorio en una o dos horas, y \u00e9l le dir\u00eda cuanto necesitaba saber, bueno o malo. Sin embargo, no pod\u00eda dejar de mirar. Cort\u00f3 un pu\u00f1ado de hojas de una de las ramas bajas de Plat\u00f3n, disculp\u00e1ndose por ello, y las volvi\u00f3 entre sus manos, frotando la superficie brillante. \u00bfQu\u00e9 eran estas peque\u00f1as colonias de part\u00edculas rojizas? Su mente trat\u00f3 de rechazar la posibilidad de la peste. \u00bfUna plaga que saltara de un mundo a otro y que ca\u00eda sobre \u00e9l, arruin\u00e1ndole? Hab\u00eda creado su plantaci\u00f3n a base de cr\u00e9ditos. Un poco de dinero propio y mucho del banco. Pero el cr\u00e9dito es un arma de dos filos. Si la peste atacaba la plantaci\u00f3n y mataba un n\u00famero de \u00e1rboles suficiente para que su parte quedara por debajo del nivel que el banco consideraba necesario como garant\u00eda, \u00e9ste se apoderar\u00eda de todo. Aunque podr\u00edan contratarle para que trabajara como administrador suyo. Ya hab\u00eda o\u00eddo hablar de cosas as\u00ed.<br \/>\nPlat\u00f3n se agit\u00f3 inquieto.<br \/>\n?\u00bfQu\u00e9 ocurre, viejo? ?murmur\u00f3 Holbrook?. Lo has pillado, \u00bfverdad? Sientes algo por dentro&#8230; Lo s\u00e9, lo s\u00e9. Tambi\u00e9n yo lo siento en mi interior. Tenemos que tom\u00e1rnoslo con filosof\u00eda. Los dos. ?Dej\u00f3 caer las hojas al suelo y pas\u00f3 con la escalerilla a Alcib\u00edades?. Vamos, hermoso, vamos. D\u00e9jame mirar. No te cortar\u00e9 ninguna hoja. ?Le pareci\u00f3 que aquel \u00e1rbol orgulloso gru\u00f1\u00eda irritado?. Est\u00e1s un poco manchado aqu\u00ed debajo, \u00bfsabes? Tambi\u00e9n te has contagiado.<br \/>\nLas ramas exteriores del \u00e1rbol se contrajeron, como si Alcib\u00edades las ci\u00f1era contra s\u00ed angustiado. Holbrook sigui\u00f3 adelante por la fila. Las manchas de moho resaltaban mucho m\u00e1s que la v\u00edspera. No, no se dejaba llevar por la imaginaci\u00f3n. El Sector C hab\u00eda sido alcanzado. Ya no necesitaba recibir el informe del laboratorio. Se sinti\u00f3 extra\u00f1amente tranquilo ahora, aunque aquello le anunciaba su ruina.<br \/>\n?\u00bfZen?<br \/>\nBaj\u00f3 la vista. Naomi estaba al pie de la escalera, sosteniendo un fruto casi maduro en la mano. Hab\u00eda algo grotesco en ellos. Los frutos parec\u00edan una broma de la bot\u00e1nica. Presentaban una forma tan claramente f\u00e1lica que un \u00e1rbol maduro con cien o m\u00e1s frutos pendientes de sus ramas resultaba el arquetipo del macho por excelencia. Todos los visitantes lo encontraban muy gracioso. Pero la mano de una chica de quince a\u00f1os sosteniendo aquel objeto rozaba con la obscenidad. Naomi jam\u00e1s hab\u00eda hecho comentarios sobre la forma de los frutos, ni mostraba ahora el menor sonrojo. Al principio, Holbrook lo hab\u00eda tomado por inocencia o timidez. Al conocerla mejor, empez\u00f3 a sospechar que simulaba deliberadamente ignorar aquella coincidencia biol\u00f3gica tan absurdamente c\u00f3mica s\u00f3lo para no molestarle a \u00e9l. Puesto que la juzgaba una ni\u00f1a, se comportaba decorosamente como tal, se dijo Holbrook. La fascinante complejidad de la interpretaci\u00f3n que daba a la actitud de Naomi le hab\u00eda mantenido ocupado durante d\u00edas.<br \/>\n?\u00bfD\u00f3nde lo encontraste? ?pregunt\u00f3.<br \/>\n?Aqu\u00ed mismo. Alcib\u00edades lo dej\u00f3 caer.<br \/>\n\u00abEl asqueroso bromista\u00bb, pens\u00f3 Holbrook.<br \/>\n?\u00bfY qu\u00e9? ?dijo.<br \/>\n?Est\u00e1 maduro. Lleg\u00f3 el momento de la cosecha, \u00bfno?<br \/>\nApret\u00f3 el fruto. Holbrook sinti\u00f3 que el rostro le ard\u00eda.<br \/>\n?\u00c9chale una mirada ?continu\u00f3 ella. Y se lo tir\u00f3.<br \/>\nTen\u00eda raz\u00f3n. Iba a empezar la \u00e9poca de la cosecha en el Sector C. Cinco d\u00edas antes de lo debido. No se alegraba. Supon\u00eda otra prueba de la enfermedad, que, como bien sab\u00eda ahora, se hab\u00eda extendido a estos \u00e1rboles.<br \/>\n?\u00bfQu\u00e9 hay de malo? ?pregunt\u00f3 ella.<br \/>\nBaj\u00f3 y le mostr\u00f3 el mont\u00f3n de hojas que cortara de Plat\u00f3n.<br \/>\n?\u00bfVes estas manchas? Es moho. Una enfermedad que ataca a los \u00e1rboles del jugo.<br \/>\n?\u00a1No!<br \/>\n?Ha ido pasando de un sistema a otro durante los \u00faltimos cincuenta a\u00f1os. Y a pesar de las cuarentenas, ha llegado hasta aqu\u00ed.<br \/>\n?\u00bfQu\u00e9 les pasa a los \u00e1rboles?<br \/>\n?Se produce una aceleraci\u00f3n metab\u00f3lica ?explic\u00f3 Holbrook?. Por eso empiezan a caer ya los frutos. Se aceleran sus ciclos hasta recorrer todo un a\u00f1o de vida en un par de semanas. Se vuelven est\u00e9riles. Pierden las hojas. Seis meses despu\u00e9s del contagio, est\u00e1n muertos ?hablaba abrumado, con los hombros hundidos?. Lo sospechaba desde hac\u00eda dos o tres d\u00edas. Ahora lo s\u00e9.<br \/>\n?\u00bfY cu\u00e1l es la causa, Zen?<br \/>\nParec\u00eda interesada, pero no realmente preocupada.<br \/>\n?En \u00faltimo t\u00e9rmino, un virus. Las etapas son tan diversas que no puedo explicarte toda la secuencia. Se trata de un vector de intercambio: el virus inunda una planta y se introduce en sus semillas, los roedores se las comen y as\u00ed entra en su sangre, que luego chupan los insectos que les pican y que transmiten a un mam\u00edfero y&#8230; \u00a1Oh, diablos! \u00bfQu\u00e9 importan los detalles? Se necesitaron ochenta a\u00f1os para seguir la huella de una sola secuencia. No es posible poner en cuarentena un mundo entero contra todo, claro. El moho acaba por llegar a \u00e9l viajando sobre cualquier criatura viviente. Y aqu\u00ed lo tenemos.<br \/>\n?Supongo que fumigar\u00e1s la plantaci\u00f3n.<br \/>\n?No.<br \/>\n?\u00bfNo se acaba as\u00ed con el moho? \u00bfCu\u00e1l es el tratamiento?<br \/>\n?No hay ninguno ?contest\u00f3 Holbrook.<br \/>\n?Pero&#8230;<br \/>\n?Mira, he de volver a la casa. Puedes entretenerte sin m\u00ed, \u00bfverdad?<br \/>\n?Claro. ?Se\u00f1al\u00f3 la carne?. Ni siquiera he terminado de darles de comer. Y est\u00e1n muy hambrientos esta ma\u00f1ana.<br \/>\nIba a decirle que ya era completamente in\u00fatil alimentarles, que todos los \u00e1rboles de aquel sector estar\u00edan muertos a la ca\u00edda de la noche. Pero el instinto le advirti\u00f3 que ser\u00eda demasiado complicado empezar a explic\u00e1rselo ahora. Le envi\u00f3 una r\u00e1pida sonrisa, carente de alegr\u00eda, y se dirigi\u00f3 al veh\u00edculo. Cuando la mir\u00f3 de nuevo, Noem\u00ed lanzaba una gran trozo de carne hacia Enrique VIII, que la atrap\u00f3 con destreza y se la meti\u00f3 en la boca.<br \/>\nEl informe del laboratorio sali\u00f3 por la ranura de la pared un par de horas m\u00e1s tarde, confirmando lo que Holbrook sab\u00eda ya: moho. Por lo menos la mitad del planeta se hab\u00eda enterado de la noticia para entonces y Holbrook hab\u00eda recibido ya a una docena de visitantes. En un planeta con una poblaci\u00f3n humana inferior a las cuatrocientas personas, constitu\u00eda todo un r\u00e9cord. El gobernador del distrito, Fred Leitfried, fue el primero en aparecer, lo mismo que el comisionado agr\u00edcola local, puesto que Fred Leitfried ocupaba tambi\u00e9n ese cargo. A continuaci\u00f3n, acudi\u00f3 una delegaci\u00f3n formada por dos hombres del Gremio de Cultivadores de \u00c1rboles del Jugo. Luego vino Mortensen, el hombrecillo rechoncho que dirig\u00eda la planta de transformaci\u00f3n, y Heemskerck, de la l\u00ednea de exportaci\u00f3n, y algunos empleados del banco, junto con un representante de la compa\u00f1\u00eda de seguros. Una par de cultivadores vecinos se presentaron un poco m\u00e1s tarde. Le sonrieron compasivamente y, como buenos camaradas, le dieron unos golpecitos de \u00e1nimo en el hombro. Sin embargo, bajo esa conmiseraci\u00f3n lat\u00eda una hostilidad en potencia. No se lo dir\u00edan claramente, pero Holbrook no necesitaba de la telepat\u00eda para saber lo que pensaban: L\u00edbrate de esos \u00e1rboles enfermos antes de que infesten todo el maldito planeta.<br \/>\nEn su caso, \u00e9l habr\u00eda opinado lo mismo. Aunque los vectores del moho hubiesen llegado a su mundo, en realidad la enfermedad no era tan contagiosa. Quedar\u00eda confinada, las plantaciones vecinas se salvar\u00edan, incluso se salvar\u00edan las alamedas a\u00fan no da\u00f1adas de su propia plantaci\u00f3n&#8230;, siempre que actuase con la rapidez suficiente. Si fuera un vecino suyo el que tuviera el moho en los \u00e1rboles, Holbrook tendr\u00eda tantos deseos como ellos de que los cortara inmediatamente de ra\u00edz.<br \/>\nFred Leitfried, un hombre alto, de rostro amable, ojos azules y sombr\u00edos incluso en una ocasi\u00f3n alegre, parec\u00eda ahora a punto de estallar en llanto.<br \/>\n?Zen ?dijo?, he ordenado la alerta en todo el planeta. Los bi\u00f3logos estar\u00e1n preparados en treinta minutos para interrumpir la cadena de transmisi\u00f3n. Empezaremos en tu propiedad y trabajaremos en un radio cada vez m\u00e1s amplio hasta haber aislado todo este sector. A partir de ese momento, confiaremos en la suerte.<br \/>\n?\u00bfEn qu\u00e9 vector de transmisi\u00f3n est\u00e1s pensando? ?pregunt\u00f3 Mortensen, mordi\u00e9ndose nerviosamente el labio inferior.<br \/>\n?En los saltadores ?respondi\u00f3 Leitfried?. Son los m\u00e1s grandes y m\u00e1s f\u00e1ciles de cazar y sabemos que son portadores potenciales del moho. Si todav\u00eda no se les ha contagiado el virus, tal vez interrumpamos ah\u00ed la secuencia y nos libremos de ello.<br \/>\nHolbrook pregunt\u00f3 hoscamente:<br \/>\n?\u00bfSabes que hablas de exterminar quiz\u00e1s un mill\u00f3n de animales?<br \/>\n?Lo s\u00e9, Zen.<br \/>\n?\u00bfCrees que podr\u00e1s hacerlo?<br \/>\n?Hay que hacerlo. Adem\u00e1s ?a\u00f1adi\u00f3 Leitfried?, los planes de contingencia fueron redactados hace mucho tiempo y todo est\u00e1 dispuesto para llevarlos a cabo. Haremos que un producto letal para los salteadores cubra como una neblina la mitad del continente antes de la ca\u00edda de la noche.<br \/>\n?Una verg\u00fcenza ?murmur\u00f3 uno de los hombres del banco?. Unos animales tan pac\u00edficos&#8230;<br \/>\n?Pero ahora suponen una amenaza ?adujo uno de los cultivadores?. Tienen que desaparecer.<br \/>\nHolbrook solt\u00f3 un gru\u00f1ido. A \u00e9l le gustaban los saltadores. Mansos como conejitos, aunque casi del tama\u00f1o de un oso, mordisqueaban los arbustos y no hac\u00edan da\u00f1o a los humanos. Desdichadamente, se les hab\u00eda identificado como susceptibles a la infecci\u00f3n por el virus del moho y, en otros mundos, se hab\u00eda demostrado que, interrumpiendo una etapa b\u00e1sica en la secuencia de transmisi\u00f3n, se deten\u00eda el contagio del moho, ya que el virus mor\u00eda si no encontraba terreno adecuado para la etapa siguiente de su ciclo vital. A Naomi le gustan los saltadores, pens\u00f3. Nos juzgar\u00e1 unos canallas por aniquilarlos. Pero hemos de salvar nuestros \u00e1rboles. Si realmente fu\u00e9ramos unos canallas, los habr\u00edamos exterminado antes incluso de que el moho apareciese, s\u00f3lo para asegurarnos.<br \/>\nLeitfried se volvi\u00f3 a \u00e9l:<br \/>\n?\u00bfSabes lo que tienes que hacer ahora, Zen?<br \/>\n?S\u00ed.<br \/>\n?\u00bfNecesitas ayuda?<br \/>\n?Prefiero actuar solo.<br \/>\n?Podemos conseguirte diez hombres.<br \/>\n?Se trata s\u00f3lo de un sector \u00bfno? ?protest\u00f3?. Puedo hacerlo. Y debo hacerlo. Son mis \u00e1rboles.<br \/>\n?\u00bfCu\u00e1ndo empezar\u00e1s? ?pregunt\u00f3 Borden, el cultivador cuya plantaci\u00f3n lindaba con la de Holbrook por el este. Hab\u00eda casi cien kil\u00f3metros de monte bajo entre las dos propiedades, pero no era dif\u00edcil comprender que se mostrara impaciente y deseoso de que se adoptaran las medidas de protecci\u00f3n necesarias.<br \/>\n?Dentro de una hora, supongo ?respondi\u00f3 Holbrook?. Primero he de efectuar algunos c\u00e1lculos. Fred, \u00bfy si subieras conmigo y me ayudaras a comprobar el \u00e1rea infectada en la pantalla?<br \/>\n?De acuerdo.<br \/>\n?Antes de que se vaya, se\u00f1or Holbrook&#8230; ?empez\u00f3 el de la compa\u00f1\u00eda de seguros, avanzando un paso.<br \/>\n?D\u00edgame.<br \/>\n?Quiero que sepa que lo aprobamos por completo. Le apoyaremos en todo.<br \/>\nMuy amable de su parte, pens\u00f3 Holbrook con amargura. \u00bfPara qu\u00e9 serv\u00edan los seguros, si no para apoyar siempre? No obstante, consigui\u00f3 devolverle una amable sonrisa, acompa\u00f1ada de un murmullo de gratitud.<br \/>\nEl del banco no dijo nada, y Holbrook se sinti\u00f3 agradecido por su silencio. Habr\u00eda tiempo m\u00e1s tarde para hablar de la garant\u00eda, la nueva negociaci\u00f3n de las acciones y todo lo dem\u00e1s. Primero se precisaba saber qu\u00e9 parte de la plantaci\u00f3n sobrevivir\u00eda despu\u00e9s de adoptar las necesarias medidas de protecci\u00f3n.<br \/>\nEn el centro de informaci\u00f3n, \u00e9l y Leitfried pusieron en marcha todas las pantallas a la vez. Holbrook indic\u00f3 el Sector C e introdujo un plano esquem\u00e1tico de la alameda en la computadora. A\u00f1adi\u00f3 los datos del informe del laboratorio.<br \/>\n?\u00c9sos son los \u00e1rboles infectados ?dijo, utilizando una pluma luminosa para trazar un c\u00edrculo en la pantalla?. Tal vez unos cincuenta en total ?ampli\u00f3 un poco el c\u00edrculo?. Y \u00e9sta es la zona de incubaci\u00f3n posible. Entre ochenta y cien \u00e1rboles m\u00e1s. \u00bfQu\u00e9 te parece, Fred?<br \/>\nEl gobernador del distrito cogi\u00f3 la pluma luminosa de manos de Holbrook y se acerc\u00f3 a la pantalla. Hizo un c\u00edrculo todav\u00eda m\u00e1s amplio, que llegaba casi a la periferia del sector.<br \/>\n?Han de desaparecer todos \u00e9sos, Zen.<br \/>\n?Son cuatrocientos \u00e1rboles&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los colmillos de los \u00e1rboles Robert Silverberg The fangs of the trees, \u00a9 1968 (The Magazine of Fantasy and Science Fiction, Octubre de 1968). Traducido por ? en La otra sombra de la Tierra, Super Ficci\u00f3n 62, Ediciones Mart\u00ednez Roca S. A., 1981. Desde la casa de la plantaci\u00f3n, sobre la colina de Dolan, gris<\/p>\n<p class=\"text-right\"><span class=\"screen-reader-text\">Continue Reading&#8230; Los colmillos de los \u00e1rboles<\/span><a class=\"btn btn-secondary continue-reading\" href=\"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=698\">Continue Reading&#8230;<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[17],"tags":[],"class_list":["post-698","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos-de-ciencia-ficcion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/698","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=698"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/698\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=698"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=698"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=698"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}