{"id":695,"date":"2008-10-14T13:50:29","date_gmt":"2008-10-14T13:50:29","guid":{"rendered":"http:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=695"},"modified":"2008-10-14T13:50:29","modified_gmt":"2008-10-14T13:50:29","slug":"las-mandr\u00e1goras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=695","title":{"rendered":"Las mandr\u00e1goras"},"content":{"rendered":"<p>Las mandr\u00e1goras<br \/>\nClark Ashton Smith<br \/>\nThe mandrakes, \u00a9 1933. Traducido por Enric Navarro.<br \/>\nEn: http:\/\/www.eldritchdark.com\/wri\/translations\/spanish\/mandragoras.html<\/p>\n<p>Gilles Grenier el hechicero y Sabine, su esposa, procedentes del Bajo Averoigne, de lugares desconocidos o que incluso no constan en ning\u00fan mapa, hab\u00edan elegido con sumo cuidado el emplazamiento de su caba\u00f1a, cerca de las marismas cuyas aguas estancadas el r\u00edo Isoile, una vez superado el gran bosque, estr\u00eda en canales de aguas inmutables, infestadas de juncos, estanques abotagados de juncias, cubiertos de espuma como los potingues de las brujas. La casa se alzaba entre mimbreras y alisos sobre un peque\u00f1o mont\u00edculo. Y enfrente, orientado a las marismas, hab\u00eda un peque\u00f1o prado hundido en tierra rojiza donde crec\u00edan los cortos y gruesos tallos con pobladas hojas de mandr\u00e1goras cuyo tama\u00f1o y abundancia superaban el de cualquier otra marca de la provincia donde latiese la brujer\u00eda.<br \/>\nGilles y Sabine empleaban las ra\u00edces carnosas y bifurcadas de aquella planta, que en opini\u00f3n de muchos eran semejantes a las extremidades del cuerpo humano, para confeccionar filtros amorosos. Sus pociones, preparadas con much\u00edsimo esmero y astucia, enseguida adquirieron reputada fama entre la gente com\u00fan de las villas; incluso recib\u00edan pedidos de las clases m\u00e1s elevadas, que acud\u00edan de inc\u00f3gnito a la caba\u00f1a. Se afirmaba que las pociones produc\u00edan sorprendentes efectos aun en los corazones m\u00e1s fr\u00edos y distantes, que hend\u00edan las corazas de las almas m\u00e1s virtuosas y castas.<br \/>\nAs\u00ed pues, la demanda de aquellas p\u00f3cimas magistrales devino enorme. Adem\u00e1s, la pareja de hechiceros elaboraba preparados m\u00e1s sencillos para peque\u00f1os hechizos y diversas artes adivinatorias. Y seg\u00fan la creencia popular, Gilles le\u00eda perfectamente los dictados de las estrellas. Teniendo en cuenta la mentalidad del siglo XV, cuando ciencia y brujer\u00eda a\u00fan iban indiscerniblemente unidas, no es de extra\u00f1ar que tanto \u00e9l como su mujer gozasen de excelente reputaci\u00f3n. Nadie los acusaba de echar maleficios. Y como los bebedizos hab\u00edan promovido la celebraci\u00f3n de un buen n\u00famero de matrimonios, la Iglesia local estaba contenta porque se arreglaban bien los asuntos il\u00edcitos surgidos a partir de tales pr\u00e1cticas.<br \/>\nAun as\u00ed, al principio hubo quien desconfi\u00f3 de Gilles; con cierto temor murmuraban que lo hab\u00edan expulsado de Blois, pues en aquella zona hab\u00eda la creencia popular de que todos los llamados Grenier eran hombres lobo. Pusieron de relieve su abundante cabellera, el espeso vello negro de las manos y una barba que pr\u00e1cticamente le nac\u00eda a la altura de los ojos. Pero en l\u00edneas generales, se juzg\u00f3 que aquellas aseveraciones carec\u00edan de fundamento, y que en Gilles no se apreciaban signos ni actitudes propios de la licantrop\u00eda. Y al poco, a causa de los motivos expuestos antes, los escasos detractores se vieron completamente superados por la t\u00e1cita aceptaci\u00f3n popular que consiguieron sus pr\u00e1cticas.<br \/>\nEn realidad apenas nada se sab\u00eda de ellos, ni siquiera los visitantes asiduos. Manten\u00edan la discreci\u00f3n propia de los que se mueven entre misterios y hechizos. Sabine, atractiva mujer con ojos grisazulados y cabello color del trigo, aspecto del todo opuesto al de una bruja tradicional, era ostensiblemente m\u00e1s joven que Gilles, con el pelo y la barba ya maculados por la edad. Algunos clientes rumoreaban que, a menudo, se los o\u00eda enzarzados en violentas discusiones. Por supuesto, la gente enseguida se burl\u00f3, diciendo que la causa de tales disputas dom\u00e9sticas era la confecci\u00f3n de los filtros. Pero aparte de estas trivialidades, de poco m\u00e1s se pod\u00eda hablar. Las contrariedades conyugales de Gilles y Sabine, graves o insubstanciales, para nada interfer\u00edan en los magn\u00edficos resultados de sus bebedizos.<br \/>\nTan poco se notaba la presencia de Sabine que incluso cinco a\u00f1os despu\u00e9s de instalarse en Averoigne, los clientes y los vecinos tardaron mucho en percatarse de que Gilles estaba solo. El hechicero respondi\u00f3 que su esposa hab\u00eda emprendido un largo viaje para visitar a los parientes de una lejana provincia. Nadie puso en duda aquellas explicaciones ni se cay\u00f3 en la cuenta de que nadie la hab\u00eda visto marcharse.<br \/>\nA mediados de oto\u00f1o, de un modo impreciso y parco Gilles dijo a los que le preguntaron que al menos no regresar\u00eda hasta poco antes de la primavera. Aquel a\u00f1o el invierno no solo lleg\u00f3 antes de lo previsto, sino tambi\u00e9n se demor\u00f3 m\u00e1s de lo normal: fuertes nevadas y ventiscas azotaron el bosque y las tierras altas, y sojuzgaron las ci\u00e9nagas con una espesa capa de hielo. Fue una estaci\u00f3n dura, dominada por las privaciones. Cuando advino la ansiada primavera, las flores cubrieron los prados y brotaron las hojas en los alisos, muy pocos pensaban en la ausencia de Sabine. Y m\u00e1s adelante, cuando las manzanas sucedieron a las campanillas p\u00farpura de las mandr\u00e1goras, su prolongada ausencia dej\u00f3 de alimentar los temas de conversaci\u00f3n.<br \/>\nTambi\u00e9n parec\u00eda que la ausencia no incumbiese para nada a Gilles, pl\u00e1cidamente dedicado a sus libros y marmitas, a la recolecci\u00f3n de hierbas y ra\u00edces para las f\u00f3rmulas m\u00e1gicas. Obraba como si supiera a ciencia cierta que su esposa ya no regresar\u00eda jam\u00e1s. Y es que en realidad la hab\u00eda matado un atardecer de oto\u00f1o, en el curso de una \u00e1cida disputa. En defensa propia, le hab\u00eda arrebatado el cuchillo con el que lo amenazaba y le hab\u00eda abierto el p\u00e1lido y delicado cuello. Acto seguido, la enterr\u00f3 a la luz de los \u00faltimos rayos de la Luna, en el prado de las mandr\u00e1goras, procurando tapar bien la tierra removida como si, en realidad, hubiese estado plantando nuevas ra\u00edces.<br \/>\nCuando el deshielo tambi\u00e9n lleg\u00f3 al prado, ya no estaba seguro del lugar exacto en el que hab\u00eda sepultado el cad\u00e1ver. Ahora bien, a medida que avanzaba la primavera, se apercibi\u00f3 de que en una de las zonas las mandr\u00e1goras crec\u00edan con mayor profusi\u00f3n que en el resto. Fue all\u00ed donde lleg\u00f3 a pensar que yac\u00eda el cuerpo de Sabine. Lo visitaba con frecuencia, y no pod\u00eda evitar sonre\u00edrse con complacida y clandestina iron\u00eda, en vez de preocuparse porque gracias a aquel osario las mandr\u00e1goras brotasen y crec\u00edan como en ninguna otra parte. A decir verdad, tambi\u00e9n era parad\u00f3jico que el destino lo hubiese llevado a hacer del prado un cementerio familiar.<br \/>\nEl asesinato de su esposa no le suscitaba ning\u00fan sentimiento de culpabilidad. Desde el principio hab\u00edan vivido como el perro y el gato. Sabine ten\u00eda un car\u00e1cter endiabladamente fuerte y ladino. Nunca hab\u00eda amado a aquella taimada bruja; cuando lo dejaba solo se sent\u00eda infinitamente mejor, sin soportar sus continuos sarcasmos, su mirada ce\u00f1uda, sin temer que sus largos dedos y afiladas u\u00f1as le desenredasen la barba.<br \/>\nComo hab\u00eda previsto, con la primavera la demanda de sus filtros amorosos subi\u00f3 como la espuma. Los hombres y mujeres de la vecindad acud\u00edan constantemente, tanto los galanes que pretend\u00edan asaltar los muros de la virtud como las esposas que ansiaban recobrar la ilusi\u00f3n de sus primeros d\u00edas de matrimonio, o las mujeres crepusculares que deseaban rejuvenecer con el ardor de hombres j\u00f3venes. Por eso, de nuevo tuvo que dedicarse a abastecer bien sus existencias en p\u00f3cimas amorosas. Para tal efecto, se dirigi\u00f3 al prado de noche, bajo la Luna llena de mayo, en busca de ra\u00edces reci\u00e9n salidas con que elaborar sus bebedizos.<br \/>\nCon una sonrisa algo perversa, comenz\u00f3 a seleccionar las plantas, ba\u00f1adas por la luz arg\u00e9ntea de la Luna, que crec\u00edan justo donde estaba enterrada Sabine. Con una peculiar paleta hecha a partir del f\u00e9mur de una bruja, comenz\u00f3 a desenterrar con mucho cuidado las ra\u00edces en forma de hombres diminutos. Aunque completamente familiarizado con las formas extra\u00f1as y en cierta manera humanas de la mandr\u00e1gora, el aspecto de la primera ra\u00edz que extrajo lo sorprendi\u00f3. Inusualmente grande y p\u00e1lida, cuando se la acerc\u00f3 a los ojos para examinarla mejor vio que sus formas y extremidades \u00a1eran las propias de una mujer, proporcionada por el justo medio y con los diez dedos de los pies claramente distinguibles! Carec\u00eda de brazos y, sin embargo, el pecho estaba formado por una gran mata de hojas ovales.<br \/>\nGilles se sorprendi\u00f3 sobre todo por el modo en que la ra\u00edz semej\u00f3 girarse y contorsionarse de dolor cuando la arranc\u00f3 de la tierra. La dej\u00f3 caer s\u00fabitamente y el min\u00fasculo ser se qued\u00f3 temblando sobre la hierba. Tras reflexionar un poco, juzg\u00f3 que aquel prodigio era de naturaleza demon\u00edaca y sigui\u00f3 escarbando. Para su sorpresa, la siguiente ra\u00edz se parec\u00eda extraordinariamente a la anterior. Y la media docena m\u00e1s que extrajo eran la exacta y burda reproducci\u00f3n en miniatura de una mujer de la cabeza a los pies. Y sumido en el desconcierto m\u00e1s absoluto, se dio cuenta del singular parecido que guardaban con la difunta Sabine.<br \/>\nEste hallazgo perturb\u00f3 profundamente al hechicero, pues superaba aun su enorme capacidad para comprender lo inexplicable. Aquel milagro, divino o diab\u00f3lico, empez\u00f3 a cobrar un cariz siniestro e inquietante. Era como si la esposa asesinada hubiera regresado, o que las mandr\u00e1goras hubiesen forjado una imp\u00eda imitaci\u00f3n de ella. Le temblaba el pulso cuando se dispuso a desenterrar otra ra\u00edz; por eso trabaj\u00f3 con un cuidado menor del acostumbrado y, sin querer, con la paleta de hueso la parti\u00f3 torpemente.<br \/>\nRepar\u00f3 en que hab\u00eda hendido uno de los min\u00fasculos tobillos. Al mismo tiempo, un grito agudo y lleno de reprobaci\u00f3n, parecido al de la voz de Sabine mezclado con furia y dolor, semej\u00f3 perforarle los o\u00eddos pese a percibirlo de forma muy atenuada, como si lo hubiese emitido desde muy lejos. El grito ces\u00f3 y no lo volvi\u00f3 a o\u00edr. H\u00f3rridamente aterrorizado, Gilles se dio cuenta de que se hab\u00eda quedado contemplando fijamente la paleta: en ella brillaba una mancha obscura del color de la sangre. Temblando de pies a cabeza, tir\u00f3 de la ra\u00edz mutilada para descubrir que de ella emanaba un l\u00edquido parecido a la sangre. Al principio, desarmado por el miedo y algunos escr\u00fapulos, tuvo la intenci\u00f3n de enterrar los despojos mutilados y cuyo obsceno parecido con Sabine lo atormentaba. Los esconder\u00eda en lo m\u00e1s rec\u00f3ndito, fuera de su vista y la de otros; de no ser as\u00ed, acaso alguien llegar\u00eda a sospechar de \u00e9l o incluso lo acusar\u00eda de asesinato.<br \/>\nSin embargo, comenz\u00f3 a calmarse. Se le ocurri\u00f3 pensar que, aunque las viesen otros, aquellas ra\u00edces se podr\u00edan contemplar como un mero capricho natural, no ten\u00edan por qu\u00e9 revelar su delito, puesto que muy pocos identificar\u00edan un aut\u00e9ntico parecido con Sabine. Asimismo, pens\u00f3 que aquellas ra\u00edces quiz\u00e1 manifestar\u00edan propiedades extraordinarias con las que fabricar pociones de efectos incre\u00edbles en cuanto a poder y eficacia. Venciendo por completo sus temores iniciales y la repulsa que le inspiraba la situaci\u00f3n, llen\u00f3 un cesto de mimbre con las figurillas temblorosas y de cabeza vegetal. Retorn\u00f3 a la caba\u00f1a, sopesando las posibilidades que le podr\u00eda reportar semejante fen\u00f3meno, menoscabando los normales prejuicios que cualquier otro sentir\u00eda en id\u00e9ntica situaci\u00f3n.<br \/>\nGracias a su manifiesta audacia, cuando se dispuso a aderezarlas para el caldero no le perturb\u00f3 en absoluto el hecho de descubrir que las mandr\u00e1goras estaban ba\u00f1adas en una substancia sanguinolenta. Consider\u00f3 que los borboteos fren\u00e9ticos del caldo, hirviente y espumoso como la saliva de un demonio, se deb\u00edan a las excepcionales propiedades de tama\u00f1os ingredientes. Incluso os\u00f3 elegir la ra\u00edz con las formas m\u00e1s parecidas a una mujer para colgarla en medio de la caba\u00f1a, junto a otras hierbas y componentes, con la intenci\u00f3n de consultarla cual or\u00e1culo del futuro, como se usaba entre hechiceros.<br \/>\nLos nuevos filtros fueron adquiridos por \u00e1vidos clientes. Gilles se arriesg\u00f3 a recomendarlos para vencer las m\u00e1s arduas virtudes, ya que seg\u00fan \u00e9l sus propiedades inundaban de pasi\u00f3n los pechos m\u00e1s inasequibles y marm\u00f3reos; incluso eran capaces de inflamar la pasi\u00f3n de un muerto.<br \/>\nAhora, al recordar esta antigua leyenda de Averoigne, creo que se dijo que el imp\u00edo brujo, sin temer a Dios ni al diablo, os\u00f3 cavar nuevamente en la zona donde yac\u00eda Sabine para extraer muchos m\u00e1s ejemplares de ra\u00edces blancuzcas y con formas femeninas, las cuales gritaban desesperadas bajo la luz de la Luna o mov\u00edan sus miembros compulsivamente. Y todos los ejemplares que sac\u00f3 se parec\u00edan sobremanera a la difunta Sabine en miniatura, de la cabeza a los pies. Y a partir de ella compuso nuevos filtros para venderlos cuando se presentase la ocasi\u00f3n.<br \/>\nSin embargo, nunca lleg\u00f3 a vender estas \u00faltimas creaciones, y de las primeras s\u00f3lo vendi\u00f3 unas pocas debido a las tremendas y calamitosas consecuencias que conllevaron su prescripci\u00f3n. Quienes las tomaron, hombres o mujeres, no se sintieron invadidos por la m\u00e1s inflamada de las pasiones, como era deseable, sino que les atac\u00f3 una obscura ira, una locura sat\u00e1nica que les impel\u00eda de modo irresistible a agredir y aun matar a quienes mediante el bebedizo hab\u00edan buscado prender en ellas la llama de amor. As\u00ed, los maridos se volvieron contra las mujeres, las muchachas contra quienes las cortejaban, con palabras insufladas de odio y acciones deplorables. Un joven gal\u00e1n que hab\u00eda acudido a la cita prometida fue acometido por una mujer vengativa que le clav\u00f3 en el rostro sus afiladas u\u00f1as y le abri\u00f3 sangrantes canales. Una dama que hab\u00eda cre\u00eddo salir vencedora del torneo amoroso fue maltratada hasta morir por su caballero, hasta entonces dechado de cortes\u00eda y respeto.<br \/>\nTal revuelo armaron aquellos sucesos que se pens\u00f3 que hab\u00eda una invasi\u00f3n de demonios. Al principio se crey\u00f3 que todos aquellos hombres y mujeres enajenados estaban pose\u00eddos por el diablo. Pero cuando sali\u00f3 a colaci\u00f3n el uso de las pociones y se vio claramente de qui\u00e9n proced\u00edan, la carga de toda la culpa recay\u00f3 sobre los hombros de Gilles Grenier, que fue acusado de brujer\u00eda tanto por las leyes eclesi\u00e1sticas como las civiles.<br \/>\nLos oficiales encargados de arrestar a Gilles lo encontraron al atardecer en su caba\u00f1a, inclinado y murmurando sobre un caldero lleno de espuma y que borboteaba con un fluido que herv\u00eda cual detritus del Flegeto. Penetraron y lo prendieron por sorpresa. No ofreci\u00f3 resistencia, pero s\u00ed mostr\u00f3 una gran sorpresa cuando le explicaron los devastadores efectos que hab\u00edan causado sus filtros. No aleg\u00f3 nada en favor ni en contra de las acusaciones de brujer\u00eda.<br \/>\nA punto de llev\u00e1rselo prisionero, los oficiales percibieron una voz muy d\u00e9bil y tr\u00e9mula que sal\u00eda de las sombras de la caba\u00f1a, donde colgaban manojos de hierbas y plantas, as\u00ed como aperos propios de la brujer\u00eda. Lo parec\u00eda emitir una extra\u00f1a ra\u00edz, dividida justo por el lugar que podr\u00eda equivaler a la cintura de una mujer y ennegrecida por el fuego del caldero. Uno de los oficiales crey\u00f3 reconocer en ella la voz de Sabine, la esposa del brujo. Todos juraron que la hab\u00edan o\u00eddo perfectamente pronunciar estas palabras: &#8220;En lo m\u00e1s profundo del prado, donde m\u00e1s crecen las mandr\u00e1goras&#8221;.<br \/>\nPetrificados de espanto por las misteriosas palabras y por la repulsiva apariencia humana de la planta, aquel fen\u00f3meno lo atribuyeron al influjo de Satan\u00e1s. Asimismo, no sab\u00edan qu\u00e9 pensar de aquellas palabras. Preguntaron a Gilles con mucha insistencia, pero el brujo se neg\u00f3 a cooperar. Fue su nerviosismo ante tales cuestiones lo que finalmente les decidi\u00f3 ir a examinar el sitio se\u00f1alado por la voz.<br \/>\nComenzaron a cavar alumbrados por linternas. Hallaron gran cantidad de ra\u00edces y, por debajo, apareci\u00f3 el cad\u00e1ver de una mujer en el que a\u00fan se distingu\u00edan los rasgos de Sabine. A consecuencia del descubrimiento, Gilles Grenier fue acusado de brujer\u00eda y de uxoricidio. Lo declararon culpable de ambos delitos, aunque \u00e9l neg\u00f3 firmemente cualquier imputaci\u00f3n de intencionalidad en los efectos de los filtros. En cuanto al asesinato, aleg\u00f3 que la hab\u00eda matado en defensa propia.<br \/>\nLo colgaron en la horca, junto a otros asesinos, y su cad\u00e1ver fue quemado en la hoguera.<\/p>\n<p>Edici\u00f3n digital en eldritchdark.com<br \/>\nRevisi\u00f3n de urijenny (odoniano@yahoo.com.ar)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las mandr\u00e1goras Clark Ashton Smith The mandrakes, \u00a9 1933. Traducido por Enric Navarro. En: http:\/\/www.eldritchdark.com\/wri\/translations\/spanish\/mandragoras.html Gilles Grenier el hechicero y Sabine, su esposa, procedentes del Bajo Averoigne, de lugares desconocidos o que incluso no constan en ning\u00fan mapa, hab\u00edan elegido con sumo cuidado el emplazamiento de su caba\u00f1a, cerca de las marismas cuyas aguas estancadas<\/p>\n<p class=\"text-right\"><span class=\"screen-reader-text\">Continue Reading&#8230; Las mandr\u00e1goras<\/span><a class=\"btn btn-secondary continue-reading\" href=\"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=695\">Continue Reading&#8230;<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[17],"tags":[],"class_list":["post-695","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos-de-ciencia-ficcion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/695","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=695"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/695\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=695"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=695"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=695"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}