{"id":692,"date":"2008-10-14T13:34:35","date_gmt":"2008-10-14T13:34:35","guid":{"rendered":"http:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=692"},"modified":"2008-10-14T13:34:35","modified_gmt":"2008-10-14T13:34:35","slug":"el-armonizador","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=692","title":{"rendered":"El armonizador"},"content":{"rendered":"<p>El armonizador<br \/>\nAlfred Elton van Vogt<br \/>\nIlustraci\u00f3n de Ram\u00f3n de la Fuente<br \/>\nThe harmonizer, \u00a9 1944, by Street &#038; Smith Publishers.<\/p>\n<p>Parece natural que en 1944, en pleno conflicto mundial, en medio de la m\u00e1s espantosa contienda que la humanidad haya conocido, las hombres (y no debemos olvidar que los autores de SF lo son, a pesar de las dudas que puedan existir al respecto en algunos momentos) sientan un anhelo de paz. Paz definitiva y sin cortapisas. Este anhelo es el que origin\u00f3 el relato que pueden leer a continuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de que hubo sacado dos bro\u00actes del suelo, la planta ibis comenz\u00f3 a mostrar la irritabilidad propia de la ma\u00acteria viva inteligente. Se dio cuenta de que estaba creciendo.<br \/>\nEste darse cuenta fue un proceso lento, muy influenciado por la reacci\u00f3n qu\u00edmica del aire y la luz sobre las innumerables membranas que formaban su estructura vital. Gotitas de \u00e1cido se precipitaron so\u00acbre las delicadas pel\u00edculas coloidales. El ritmo de dolor y placer que sigui\u00f3 baj\u00f3 hasta sus ra\u00edces.<br \/>\nEra un estadio muy primitivo del desa\u00acrrollo de una planta ibis. Como un cachorrillo reci\u00e9n nacido, reaccionaba ante los est\u00edmulos. Pero a\u00fan no ten\u00eda objetivo al\u00acguno, ni pensaba. Y ni siquiera recorda\u00acba que hab\u00eda estado viva anteriormente.<br \/>\n\u00a1Slach! \u00a1Snip! La azada del hombre al\u00accanz\u00f3 los dos brotes plateados y los cerce\u00acn\u00f3 a unos cinco cent\u00edmetros por debajo de la superficie.<br \/>\n?Cre\u00ed que hab\u00eda acabado con todas las hierbas de este lado ?dijo el hombre.<br \/>\nSu nombre era Wagnowski, y era un soldado que deb\u00eda partir para el frente al d\u00eda siguiente. En realidad, no us\u00f3 exac\u00actamente\u00a0 las\u00a0 palabras aqu\u00ed citadas, pero su imprecaci\u00f3n ven\u00eda a decir lo mismo.<br \/>\nLa planta ibis no se dio cuenta inme\u00acdiatamente de lo que hab\u00eda sucedido. La serie de mensajes que hab\u00eda comenzado cuando el primer brote se hab\u00eda abierto paso a trav\u00e9s del terreno a\u00fan segu\u00eda ba\u00acjando hacia las ra\u00edces, dejando el impac\u00acto de su significado en cada una de las m\u00faltiples membranas coloidales. Dicho impacto tom\u00f3 la forma de una peque\u00f1a reacci\u00f3n qu\u00edmica que, a su manera, caus\u00f3 una sensaci\u00f3n.<br \/>\nInstante a instante, a medida que sus mensajes eran transmitidos por la tenue electricidad inducida en las pel\u00edculas membranosas, la planta ibis iba viviendo m\u00e1s. Y a pesar de lo peque\u00f1o que era cada ac\u00acto de consciencia qu\u00edmico en s\u00ed mismo, ning\u00fan acontecimiento subsiguiente lo po\u00acd\u00eda cancelar en lo m\u00e1s m\u00ednimo.<br \/>\nLa planta estaba viva, y lo sab\u00eda. El corte de sus brotes y de la parte superior de su ra\u00edz provoc\u00f3 simplemente que des\u00accendiese una segunda oleada de reaccio\u00acnes. El efecto qu\u00edmico de esta segunda oleada fue aparentemente el mismo que el de la reacci\u00f3n primitiva: gotas de \u00e1cido compuestas de no m\u00e1s de media docena part\u00edculas coloidales. La reacci\u00f3n parec\u00eda la misma, pero no lo era. Antes, la planta hab\u00eda estado excitada y casi ansiosa; aho\u00acra, se irrit\u00f3.<br \/>\nTal como ocurre en las plantas, los re\u00acsultados de esta reacci\u00f3n no fueron aparentes en seguida. La ibis no hizo ning\u00fan intento inmediato de producir nuevos bro\u00actes. Pero al tercer d\u00eda comenz\u00f3 a suceder una cosa muy curiosa. A la ra\u00edz cercana a la superficie comenzaron a salirle raici\u00acllas horizontales. Estas se abrieron cami\u00acno en la obscuridad subterr\u00e1nea, mante\u00acni\u00e9ndose horizontales por el simple siste\u00acma de percibir, como todas las plantas, la gravitaci\u00f3n.<br \/>\nAI octavo d\u00eda, una de tas nuevas raici\u00acllas entr\u00f3 en contacto con la ra\u00edz de un arbusto, y comenz\u00f3 a enrollarse a su alrededor&#8230; Entonces, de alguna manera, se estableci\u00f3 una relaci\u00f3n, y al quinceavo d\u00eda una nueva serie de brotes sali\u00f3 a la su\u00acperficie en la base del arbusto, emergien\u00acdo a la luz. Lo asombroso, lo diferente de esta segunda serie de brotes, era que no ten\u00edan una tonalidad plateada. Eran de un color verde obscuro. En color, forma y textura, las hojas, a medida que se de\u00acsarrollaban, se fueron pareciendo cada vez m\u00e1s a duplicados exactos de las hojas del arbusto.<br \/>\nR\u00e1pidamente, aparecieron nuevos bro\u00actes. A medida que pasaban las semanas, el \u00abmiedo\u00bb que hab\u00eda producido su mimetis\u00acmo desapareci\u00f3, y las hojas volvieron a adquirir su tonalidad plateada. Lentamen\u00acte, la planta se fue haciendo consciente de los pensamientos humanos y animales, pero no fue sino hasta doscientos d\u00edas m\u00e1s tarde cuando la ibis comenz\u00f3 a mos\u00actrar sus sensibilidad b\u00e1sica. La reacci\u00f3n que sigui\u00f3 fue tan potente y de unos efec\u00actos tan amplios como los resultados de la misma sensibilidad en su anterior existencia.<br \/>\nEso hab\u00eda sido ochenta millones de a\u00f1os antes.<\/p>\n<p>La nave, con las plantas ibis a bordo, estaba pasando a trav\u00e9s del sistema solar cuando ocurri\u00f3 la cat\u00e1strofe.<br \/>\nCay\u00f3 en una Tierra de pantanos, nebli\u00acnas y fant\u00e1sticos monstruos reptiloides. Cay\u00f3 r\u00e1pidamente y sin control. Su velo\u00accidad, cuando golpe\u00f3 la densa atm\u00f3sfera, era colosal. Y no hab\u00eda absolutamente na\u00acda que pudieran hacer al respecta los superseres que iban a bordo.<br \/>\nLo que hab\u00eda sucedido era una precipi\u00actaci\u00f3n de la materia mantenida en suspensi\u00f3n en las c\u00e1maras de motores. Corno resultado de la condensaci\u00f3n, los crista\u00acloides de la zona de penumbra submicrosc\u00f3pica situada por encima del estado mo\u00aclecular perdieron \u00e1rea superficial. La ten\u00acsi\u00f3n superficial se debilit\u00f3 hasta la d\u00e9ci\u00acma, la cent\u00e9sima, la mil\u00e9sima parte de lo necesario. Y, en aquel momento, por el m\u00e1s improbable de los accidentes, la na\u00acve pas\u00f3 cerca de la Tierra y se enfrent\u00f3 con la masa muerta del campo magn\u00e9tico del gigantesco planeta.<br \/>\n\u00a1Pobre nave! \u00a1Pobres seres! Estrellados, muertos desde hacia ochenta millones de a\u00f1os.<br \/>\nDurante todo aquel d\u00eda y la noche si\u00acguiente, los restos de la nave ardieron y se fundieron, y llamearon con una incan\u00acdescencia blanca y destructora. Cuando termin\u00f3 la primera noche, iluminada por el fuego, no quedaba mucho de lo que ha\u00acb\u00eda sido una nave de m\u00e1s de un kil\u00f3me\u00actro y medio de largo. Aqu\u00ed y all\u00e1, sobre el terreno cret\u00e1ceo, el agua y el bosque pri\u00acmigenio, yac\u00edan secciones no quemadas, trozos retorcidos de metal que se alzaban hacia los cielos perpetuamente cubier\u00actos, con sus partes inferiores fundidas pa\u00acra siempre en un denso y f\u00e9tido suelo que actuar\u00eda incesantemente contra su du\u00acreza hasta que al fin, derrotado el metal, sus elementos se disolvieran en e! suelo y se convirtieran ellos mismos en suelo.<br \/>\nMucho antes de que esto sucediera, la ibis, que a\u00fan estaba viva, hab\u00eda reaccionado a la humedad, y enviado zarcillos so\u00acbre el desgarrado metal de lo que hab\u00eda sido su sala de cultivo, hacia los abier\u00actos agujeros de! suelo. Antes hab\u00eda tres\u00accientas plantas, pero en el \u00faltimo terrible per\u00edodo previo al choque se hab\u00edan he\u00accho algunos esfuerzos por destruirlas.<br \/>\nEn total, ochenta y tres ibis sobrevivie\u00acron al deliberado intento de destruirlas, y entre ellas se produjo una mort\u00edfera ca\u00acrrera por plantar ra\u00edces. Las que tarda\u00acron m\u00e1s en recuperar consciencia supie\u00acron instintivamente que ser\u00eda mejor ale\u00acjarse un poco. Entre las \u00faltimas, y de\u00acbilitada por el da\u00f1o sufrido en el cho\u00acque, se hallaba la ibis. Fue la \u00faltima en llegar al terreno dador de vida. Luego, si\u00acgui\u00f3 un per\u00edodo doloroso e interminable durante el cual sus zarzillos y ra\u00edces se abrieron paso entre la amasada mara\u00f1a de sus compa\u00f1eras en lucha, hacia el re\u00acmoto borde del creciente bosque de mato\u00acrrales plateados.<br \/>\nPero lleg\u00f3 hasta all\u00ed. Vivi\u00f3. Y, habiendo sobrevivido, habiendo tomado posesi\u00f3n de un \u00e1rea adecuada en la que desarrollar\u00acse sin interferencias, perdi\u00f3 su febrilidad, y se expandi\u00f3 hasta ser un hermoso \u00e1rbol de tonos plateadas.<br \/>\nCreci\u00f3 hasta treinta, cuarenta y cinco, sesenta metros. Y entonces, madura y sa\u00actisfecha, se dispuso a pasar una existen\u00accia eterna en un terreno grotesco pero inmensamente f\u00e9rtil. No pensaba. Viv\u00eda y disfrutaba y experimentaba la existencia. Durante un millar de a\u00f1os no se for\u00acmaron otras gotas de \u00e1cido en sus mem\u00acbranas coloidales que las debidas a la reacci\u00f3n a la luz, el calor, el agua, el aire y otros est\u00edmulos del estar simplemente viva.<br \/>\nEsta existencia id\u00edlica fue interrumpida una gris\u00e1cea y encapotada ma\u00f1ana por un apagado pero tremendo trueno y un tem\u00acblor del suelo. No era un terremoto peque\u00ac\u00f1o. Los continentes se estremecieron en los espasmos del renacimiento. Los oc\u00e9a\u00acnos corrieron hacia donde antes hab\u00eda ha\u00acbido Tierra, y la Tierra surgi\u00f3 h\u00fameda de los c\u00e1lidos mares. Una ancha extensi\u00f3n de profunda agua cenagosa separaba antes del cataclismo el bosque de \u00e1rboles ibis del continente. Cuando el temblor del tor\u00acturado planeta dej\u00f3 paso a la estabilidad parcial de aquella inquieta era, el panta\u00acno estaba unido al lejano y m\u00e1s alto terreno por una larga y pelada cordillera de colinas,<br \/>\nAl principio era simplemente barro, pe\u00acro se sec\u00f3 y endureci\u00f3. Brot\u00f3 hierba, y los arbustos aparecieron en algunos lados. Crecieron \u00e1rboles a partir de semillas lle\u00acvadas por el viento. La joven vegetaci\u00f3n corri\u00f3 hacia el cielo y, simult\u00e1neamente, llev\u00f3 a cabo una implacable lucha para obtener espacio; pero todo esto no ten\u00eda importancia en comparaci\u00f3n con el hecho de que exist\u00eda la cordillera. Por encima del abismo que hab\u00eda aislado a las ibis hab\u00eda sido tendido un puente. No tard\u00f3 mucho en manifestarse el nuevo estado de cosas. Un d\u00eda cualquiera, un ser lleg\u00f3 altanero sobre las alturas, un ser con una cola acorazada que manten\u00eda r\u00edgida\u00acmente enhiesta, con colmillos como cuchi\u00acllos y ojos que brillaban como el fuego con la furia de una inacabable hambre bestial.<br \/>\nAs\u00ed lleg\u00f3 el Tyrannosaurus rex al pac\u00edfico h\u00e1bitat de las ibis, y despert\u00f3 de su estado latente a una planta que hab\u00eda sido cultivada y desarrollada por sus creado\u00acres con un solo objetivo.<br \/>\nLos animales no eran nada nuevo para los \u00e1rboles ibis. Las ci\u00e9nagas que los ro\u00acdeaban estaban repletas de grandes y pl\u00e1\u00accidos vegetarianos. Gigantescas serpientes se arrastraban por entre los helechos al borde del pantano, y serpenteaban por las turbias aguas. Y hab\u00eda un incesante corretear de bestias j\u00f3venes, casi descerebradas, por entre los \u00e1rboles plateados.<br \/>\nEra un mundo de vida hambrienta, pero su hambre era de vegetaci\u00f3n, o de seres vivos que apenas si eran m\u00e1s que plantas: las largas y cuculantes hierbas del pan\u00actano, los matorrales cargados de hojas, las empapadas ra\u00edces de las plantas acu\u00e1\u00acticas y las mismas plantas, los peces pri\u00acmitivos, los seres culebreantes que no te\u00acn\u00edan sensaci\u00f3n de dolor o ni siquiera de su fin. En el tranquilo torpor de su exis\u00actencia, los reptiles o anfibios comedores de plantas no eran casi m\u00e1s que plantas gigantescas que pod\u00edan moverse.<br \/>\nLos m\u00e1s enormes de todos eran aque\u00acllas criaturas bonachonas, los brontosaurios de largos cuellos y cola, uno de los cuales estaba comi\u00e9ndose las generosas hojas de un alto helecho la ma\u00f1ana en que el dinosaurio comedor de carne entr\u00f3 en escena con la delicadeza de un ariete.<br \/>\nLa lucha que sigui\u00f3 no fue del todo desigual. El brontosaurio ten\u00eda, por enci\u00acma de todo, peso y deseos de escapar, algo que result\u00f3 ser especialmente dif\u00edcil dado que el Tyrannosaurus rex ten\u00eda sus asombrosos colmillos clavados en la grue\u00acsa parte inferior del cuello del enorme ser, a la vez que hab\u00eda clavado sus garras en la maciza carne del gran costado al que se aferraba. El movimiento del brontosaurio estaba limitado por la necesidad de arrastrar consigo las muchas tonela\u00acdas de su agresor.<br \/>\nComo un gigante borracho, la gran bes\u00actia se tambale\u00f3 ciegamente hac\u00eda el agua cenagosa. Si vio el \u00e1rbol ibis, fue una ima\u00acgen que no le dijo nada. El golpe derri\u00acb\u00f3 al brontosaurio, lo cual constitu\u00eda pr\u00e1cticamente sentencia de muerte para un ser que, a\u00fan en las circunstancias m\u00e1s favorables, necesitaba diez minutos para ponerse en pie. En pocos minutos, el di\u00acnosaurio le dio el golpe de gracia y, con una babosa y sangrienta ferocidad, co\u00acmenz\u00f3 a engullir.<br \/>\nEstaba a\u00fan absorto en su sangriento banquete, media hora m\u00e1s tarde, cuando la ibis comenz\u00f3 a reaccionar en forma concreta.<br \/>\nLas reacciones iniciales hab\u00edan comen\u00aczado casi en el mismo momento en que el dinosaurio hab\u00eda llegado a la vecindad. Cada coloide sensitivo del \u00e1rbol capt\u00f3 las oleadas de ansia casi palpables irradia\u00acdas por el carn\u00edvoro. Las ondas mentales de la bestia eran emitidas como resulta\u00acdo de las tensiones superficiales de las membranas de su cerebro embrionario; y \u00e9stas eran de naturaleza el\u00e9ctrica, por lo que su efecto en las delicadamente equi\u00aclibradas pel\u00edculas de las membranas del ibis fue el de iniciar una febril secreci\u00f3n de \u00e1cidos. Se formaron cuadrillones de gotitas; y aunque, una vez m\u00e1s, no parec\u00edan diferentes de los \u00e1cidos similares agregados a consecuencia de otros est\u00ed\u00acmulos, la diferencia comenz\u00f3 a manifes\u00actarse media hora despu\u00e9s de que el brontosaurio exhalara su estertor final.<br \/>\nEl \u00e1rbol ibis y sus compa\u00f1eros exuda\u00acron billones y billones de diminutas mo\u00actas de polvo. Algunas de esas motas flo\u00actaron hacia el dinosaurio, y fueron absorbidas por sus pulmones, desde los cuales pasaron a su riego sangu\u00edneo.<br \/>\nLa reacci\u00f3n no fue visible instant\u00e1nea\u00acmente. Tras varias horas, el gigantesco es\u00act\u00f3mago del dinosaurio qued\u00f3 saciado. Se apart\u00f3 para revolcarse y dormir en un barrizal, que r\u00e1pidamente llen\u00f3 con el olor de sus enormes defecaciones y orines, un proceso que realizaba con la misma facili\u00acdad dormido que despierto.<br \/>\nAl despertarse, no tuvo dificultad para oler la carne no refrigerada de su reciente presa. Corri\u00f3 ansioso a continuar alimen\u00act\u00e1ndose, durmi\u00f3, y comi\u00f3 de nuevo, y lue\u00acgo una vez m\u00e1s. Le llev\u00f3 varios d\u00edas de incesante digesti\u00f3n el absorber al brontosaurio, pero luego estuvo, de nuevo, fe\u00acrozmente hambriento.<br \/>\nPero no fue a cazar. En lugar de esto, vag\u00f3 por los alrededores sin objetivo y sin descanso, buscando despojos. A su alre\u00acdedor, se mov\u00edan anfibios y reptiles, pre\u00acsas ideales. El dinosaurio no mostr\u00f3 in\u00acter\u00e9s alguno. Excepto por una inadecua\u00acda dieta constituida por los despojos de los peque\u00f1os reptiles, pas\u00f3 la siguiente semana muri\u00e9ndose de hambre en medio de la abundancia.<br \/>\nAl quinceavo d\u00eda, un tr\u00edo de peque\u00f1os y vulgares dinosaurios se encontraron con su debilitado cuerpo, y se lo comieron sin darse siquiera cuenta de que a\u00fan es\u00actaba vivo.<br \/>\nEn alas de un miliar de brisas, las fra\u00acgantes esporas flotaron. Eran inacabables. Ochenta y tres \u00e1rboles ibis hab\u00edan comen\u00aczado a producir aquello para lo que ha\u00acb\u00edan sido creados. Y, una vez iniciado, el proceso no se deten\u00eda.<br \/>\nLas esporas no echaban ra\u00edces. No era \u00e9se su objetivo. Flotaban. Colgaban en las corrientes de aire sobre los tranquilos \u00e1r\u00acboles, ca\u00edan hacia la h\u00fameda Tierra, pero siempre dispuestas a aceptar el abrazo de un nuevo viento, tan ligeras, tan et\u00e9reas, que no estaban fuera de su capacidad los viajes al otro extremo del mundo. Tras de s\u00ed dejaban una pista de cad\u00e1veres entre los reptiles carniceros. Una vez afectados por las motas de dulce aroma, los m\u00e1s gi\u00acgantescos asesinos de la historia del pla\u00acneta perd\u00edan su brutalidad, y mor\u00edan co\u00acmo moscas envenenadas.<br \/>\nNaturalmente, llev\u00f3 mucho tiempo com\u00acpletar el proceso; pero no era el tiempo lo que faltaba. Cada carn\u00edvoro muerto su\u00acministraba despojos para las hambrientas hordas que recorr\u00edan la Tierra; y as\u00ed, du\u00acrante d\u00e9cadas, miles de millares de seres vivieron gracias a la abundancia de car\u00acn\u00edvoros muertos. Adicionalmente, puesto que hab\u00eda un \u00edndice de mortalidad normal entre los no carn\u00edvoros cada a\u00f1o, el sumi\u00acnistro de carne per capita aument\u00f3, al principio de una forma gradual, y luego con una celeridad devastadora.<br \/>\nLa muerte de tantos asesinos hab\u00eda creado un desequilibrio entre los carn\u00edvoros y sus presas. Los vegetarianos, que ya exist\u00edan en gran n\u00famero, comenzaron a reproducirse casi sin peligro. Los reto\u00f1os crec\u00edan en un mundo que hubiera sido id\u00edlico de no ser por una cosa: no hab\u00eda bastante comida. Cada bocado de verde alcanzable, cada ra\u00edz, vegeta! y brote, era arrancado por mand\u00edbulas ansiosas antes de que consiguiera madurar.<br \/>\nDurante un tiempo, los carniceros su\u00acpervivientes se dieron grandes banquetes, y luego, una vez m\u00e1s, se alcanz\u00f3 un equi\u00aclibrio temporal. Pero, una y otra vez, los prol\u00edficos vegetarianos pusieron a sus re\u00acto\u00f1os en un mundo convertido en paci\u00acfico por la exudaci\u00f3n de unas plantas que no pod\u00edan soportar la brutalidad, pero que no sent\u00edan nada cuando la muerte lle\u00acgaba por hambre.<br \/>\nLos siglos dejaron caer su niebla de ol\u00acvido sobre cada sangrienta indentaci\u00f3n de aquella sierra que iba y ven\u00eda. Y, mientras tanto, a medida que pasaban los mi\u00aclenios, los ibis manten\u00edan su pac\u00edfica exis\u00actencia. Durante mucho tiempo fue pac\u00edfi\u00acca, sin incidentes de ninguna clase. Du\u00acrante cien mil a\u00f1os, los se\u00f1oriales \u00e1rboles se alzaron en su aislamiento casi total, y estuvieron contentos. Durante aquella gran extensi\u00f3n de tiempo, la Tierra, a\u00fan inestable, se hab\u00eda agitado muchas veces ante la estremecedora furia transforma\u00acdora de los colosales terremotos; pero no fue sino cuando los \u00e1rboles ya estaban cerca de cumplir su segundo centenar de millares de a\u00f1os que fueron de nuevo afec\u00actados.<br \/>\nUn continente fue arrancado y desga\u00acrrado. El abismo era de millar y medio de kil\u00f3metros de ancho, y en algunos luga\u00acres de casi cuarenta kil\u00f3metros de profundidad. Cort\u00f3 el borde de la isla, y lan\u00acz\u00f3 a la ibis a un abismo de cinco kil\u00f3me\u00actros de profundidad. El agua entr\u00f3 ru\u00acgiente en el agujero, y la Tierra lleg\u00f3 es\u00actrepitosa en torrentes casi l\u00edquidos. Estre\u00acmecido y enterrado, el \u00e1rbol ibis sucum\u00acbi\u00f3 a su nuevo ambiente. Se redujo r\u00e1pi\u00acdamente al estado de una ra\u00edz que lucha\u00acba por permanecer viva contra fuerzas hostiles.<br \/>\nFue tres mil a\u00f1os despu\u00e9s cuando tuvo lugar el segundo acto de los \u00e1rboles ibis en la superficie del planeta.<br \/>\nUna nave ataviada con una mir\u00edada de colores descendi\u00f3 por entre la neblina y obscuridad de la hirviente jungla planeta\u00acria que era la Tierra en el cret\u00e1ceo. Mien\u00actras se aproximaba al bosquecillo platea\u00acdo, fren\u00f3 su enorme velocidad y se detu\u00acvo en seco directamente sobre la isla en el pantano.<br \/>\nEra un aparato mucho m\u00e1s peque\u00f1o que el enorme nav\u00edo que se hab\u00eda desplomado en una terrible destrucci\u00f3n tantos, tantos a\u00f1os antes. Pero era lo bastante grande como para lanzar, tras un corto intervalo, seis gr\u00e1ciles botes patrulleros.<br \/>\nR\u00e1pidamente, los botes corrieron hacia el suelo.<br \/>\nLos seres que salieron de ellos ten\u00edan dos brazos y dos piernas, pero all\u00ed terminaba su parecido con la forma humana. Caminaban sobre el gomoso suelo con la facilidad y confianza de los due\u00f1os y se\u00ac\u00f1ores absolutos. El agua no era barrera para ellos; caminaban sobre ella como si fuera una materia gelatinosa. Ignoraban a los reptiles; y, por alguna raz\u00f3n, cuando estaban amenazados por un encuentro, eran las bestias las que se apartabas, si\u00acseando de miedo.<br \/>\nLos seres parec\u00edan tener una profunda comprensi\u00f3n natural de su objetivo, pues no intercambiaron palabra entre ellos. Sin emitir sonido o malgastar un gesto, hicie\u00acron flotar una plataforma coloc\u00e1ndola so\u00acbre una peque\u00f1a colina. La plataforma no emit\u00eda fuerza alguna visible o audible, pero, bajo ella, el terreno espume\u00f3 y se despedaz\u00f3. Una secci\u00f3n de la c\u00e1mara de motores de la vieja y gran nave fue cata\u00acpultada al aire, y mantenida en suspensi\u00f3n por haces invisibles.<br \/>\nNo era un objeto inerte. Chisporrotea\u00acba y brillaba con energ\u00eda radiante. Expuesta al aire, siseaba y rug\u00eda como la mort\u00edfera m\u00e1quina que era. Torrentes de fuego brotaron de ella hasta que algo, algo verde, fue disparado contra ella desde un largo tubo, parecido al de un ca\u00f1\u00f3n. Lo verde deb\u00eda de haber sido energ\u00eda at\u00f3mi\u00acca, con una potencia desproporcionada a su tama\u00f1o. Instant\u00e1neamente, el rugido, el siseo, el chisporroteo de energ\u00eda de la c\u00e1mara de motores fue ahogado. Igual que si hubiera sido un ser vivo golpeado de muerte, el metal qued\u00f3 inerte.<br \/>\nLos superseres volvieron su atenci\u00f3n concentrada hacia el bosquecillo de \u00e1rboles ibis. Primero los contaron. Luego, hi\u00accieron incisiones en varias ra\u00edces, y extra\u00acjeron una cierta cantidad de meollo blan\u00acco de cada una. Los extractos fueron llevados a la nave madre, y sometidos a exa\u00acmen qu\u00edmico. De esta forma se descubri\u00f3 que hab\u00eda habido ochenta y tres \u00e1rboles. Se inici\u00f3 una detenida b\u00fasqueda del que faltaba.<br \/>\nPero la enorme herida en las entra\u00f1as del planeta hab\u00eda sido llenada por las co\u00acrrientes con barro y agua. No quedaba ni rastro de la planta.<br \/>\n\u00abHay que llegar a la conclusi\u00f3n ?ano\u00act\u00f3 finalmente el comandante en el libro de a bordo? de que el ibis perdido fue destruido por una de las calamidades tan comunes en los planetas en formaci\u00f3n. Desgraciadamente, ya se han producido grandes da\u00f1os en la evoluci\u00f3n natural de la vida de la jungla. Debido a este desa\u00acrrollo acelerado, la inteligencia, cuando finalmente surja, ser\u00e1 peligrosamente sal\u00acvaje en su manifestaci\u00f3n. El lapso tempo\u00acral transcurrido impide toda recomenda\u00acci\u00f3n anticipada de rectificaci\u00f3n.\u00bb<br \/>\nPasaron ochenta millones de a\u00f1os.<\/p>\n<p>Wagnowski se apresur\u00f3 a ir a lo largo de la tranquila carretera suburbana, atravesando la verja. Era un grueso y robus\u00acto soldado con fr\u00edos ojos azules, que vol\u00acv\u00eda a casa con permiso y al principio, mientras besaba a su mujer, no se dio cuenta de los da\u00f1os que las bombas ha\u00acb\u00edan producido en su casa.<br \/>\nFinalmente, vio el \u00e1rbol plateado. Lo mir\u00f3. Estaba a punto de exclamar algo, cuando se dio cuenta de que toda un ala de la casa era un caparaz\u00f3n vac\u00edo, del que s\u00f3lo quedaba una \u00fanica pared que se al\u00aczaba en precario equilibrio.<br \/>\n?\u00a1Los\u00a0 malditos\u00a0 fascistas\u00a0 americanos! ?aull\u00f3 con ansias asesinas?. \u00a1Son todos unos hijos de&#8230;I<br \/>\nMenos de media hora m\u00e1s tarde, el sen\u00acsible \u00e1rbol ibis coment\u00f3 a emitir un delicioso perfume. Primero Rusia, y luego el resto del mundo, respir\u00f3 la \u00abpaz\u00bb que se iba extendiendo.<br \/>\nSe acab\u00f3 la Tercera Guerra Mundial.<\/p>\n<p>Edici\u00f3n digital de urijenny (odoniano@yahoo.com.ar)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El armonizador Alfred Elton van Vogt Ilustraci\u00f3n de Ram\u00f3n de la Fuente The harmonizer, \u00a9 1944, by Street &#038; Smith Publishers. Parece natural que en 1944, en pleno conflicto mundial, en medio de la m\u00e1s espantosa contienda que la humanidad haya conocido, las hombres (y no debemos olvidar que los autores de SF lo son,<\/p>\n<p class=\"text-right\"><span class=\"screen-reader-text\">Continue Reading&#8230; El armonizador<\/span><a class=\"btn btn-secondary continue-reading\" href=\"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=692\">Continue Reading&#8230;<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[17],"tags":[],"class_list":["post-692","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos-de-ciencia-ficcion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/692","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=692"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/692\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=692"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=692"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=692"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}