{"id":691,"date":"2008-10-14T13:33:53","date_gmt":"2008-10-14T13:33:53","guid":{"rendered":"http:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=691"},"modified":"2008-10-14T13:33:53","modified_gmt":"2008-10-14T13:33:53","slug":"proceso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=691","title":{"rendered":"Proceso"},"content":{"rendered":"<p>Proceso<br \/>\nAlfred Elton van Vogt<br \/>\nProcess, \u00a9 1950 (The Magazine of Fantasy and Science Fiction, Diciembre de 1950). Traducido por ? en ?<\/p>\n<p>Bajo la brillante luz de aquel lejano sol, el bosque respiraba y estaba vivo. Era consciente de la nave que acababa de aparecer, tras atravesar las ligeras brumas de la alta atm\u00f3sfera. Pero su autom\u00e1tica hostilidad hacia cualquier cosa alien\u00edgena no iba acompa\u00f1ada inmediatamente por la alarma.<br \/>\nPor decenas de miles de kil\u00f3metros cuadrados, sus ra\u00edces se entrelazaban bajo el suelo, y sus millones de copas se balanceaban indolentemente bajo miles de brisas. Y m\u00e1s all\u00e1, extendi\u00e9ndose a lo ancho de las colinas y las monta\u00f1as, y m\u00e1s all\u00e1 a\u00fan, hasta el borde de un mar casi interminable, se extend\u00edan, otros bosques, tan fuertes y poderosos como \u00e9l mismo.<br \/>\nDesde un tiempo inmemorial el bosque hab\u00eda guardado el suelo de un peligro cuya comprensi\u00f3n se hab\u00eda perdido. Pero ahora empezaba a recordar algo de este peligro. Proven\u00eda de naves como aquella que descend\u00eda ahora del cielo. El bosque no llegaba a determinar exactamente c\u00f3mo se hab\u00eda defendido a s\u00ed mismo en el pasado, pero s\u00ed recordaba claramente que aquella defensa hab\u00eda sido necesaria.<br \/>\nA medida que iba siendo m\u00e1s y m\u00e1s consciente de la aproximaci\u00f3n de la nave a trav\u00e9s del cielo gris-rojo que hab\u00eda sobre \u00e9l, sus hojas susurraron un eterno relato de batallas libradas y ganadas. Los pensamientos recorr\u00edan su lento camino a lo largo de canales de vibraciones, y las ramas madres de cientos de \u00e1rboles temblaron imperceptiblemente.<br \/>\nLo vasto de tal temblor, afectando poco a poco a todos los \u00e1rboles, cre\u00f3 gradualmente un sonido y una tensi\u00f3n. Al principio fue casi impalpable, como una suave brisa soplando a trav\u00e9s de un verdeante valle. Pero aument\u00f3 de intensidad.<br \/>\nAdquiri\u00f3 substancia. El sonido lleg\u00f3 a envolverlo todo. Y la totalidad del bosque aguard\u00f3, vibrando su hostilidad, esperando la cosa que se le acercaba a trav\u00e9s del cielo.<br \/>\nNo tuvo que esperar mucho.<\/p>\n<p>La nave aument\u00f3 de tama\u00f1o mientras segu\u00eda la curva de su trayectoria. Su velocidad, ahora que estaba m\u00e1s cerca del suelo, era mayor de lo que hab\u00eda parecido al principio. Plane\u00f3 amenazadora, por encima de los \u00e1rboles m\u00e1s cercanos, y descendi\u00f3 a\u00fan m\u00e1s, sin preocuparse de las copas. Algunas ramas se rompieron, algunos v\u00e1stagos se incendiaron, y \u00e1rboles enteros fueron barridos como si se tratara de seres insignificantes, sin peso ni fuerza.<br \/>\nLa nave prosigui\u00f3 su descenso, abri\u00e9ndose camino a trav\u00e9s del bosque que gritaba y gem\u00eda a su paso. Se pos\u00f3, abriendo un profundo surco en el suelo, tres kil\u00f3metros despu\u00e9s de que tocara el primer \u00e1rbol. Tras ella, la senda de \u00e1rboles tronchados se estremec\u00eda y palpitaba bajo la luz del sol, un recto sendero de destrucci\u00f3n que ?record\u00f3 repentinamente el bosque? era id\u00e9ntico al que se hab\u00eda producido en el pasado.<br \/>\nEmpez\u00f3 amputando los sectores alcanzados. Hilo refluir su savia, y ces\u00f3 su vibraci\u00f3n en el \u00e1rea afectada. M\u00e1s tarde enviar\u00eda nuevos brotes a reemplazar a aquellos que hab\u00edan sido destruidos, pero ahora acept\u00f3 aquella muerte parcial y sufri\u00f3 por ella. Conoci\u00f3 el miedo.<br \/>\nEra un miedo te\u00f1ido por la rabia. Sent\u00eda la nave yaciendo sobre los troncos partidos, en una parte de s\u00ed mismo que a\u00fan no estaba muerta. Sent\u00eda la frialdad y la dureza de aquellas paredes de acero, y el miedo y la rabia aumentaron.<br \/>\nUn susurrar de pensamientos puls\u00f3 a lo largo de los canales vibratorios. Espera, dec\u00edan, hay un recuerdo en m\u00ed. Un recuerdo de un lejano tiempo en el que vinieron otras naves parecidas a \u00e9sta.<br \/>\nEl recuerdo se neg\u00f3 a precisarse. Tenso pero vacilante, el bosque se prepar\u00f3 a lanzar su primer ataque. Empez\u00f3 a crecer alrededor de la nave.<br \/>\nMucho tiempo atr\u00e1s hab\u00eda descubierto el poder de crecimiento que pose\u00eda. Hab\u00eda sido en un tiempo en el que ocupaba una extensi\u00f3n mucho m\u00e1s limitada que la que cubr\u00eda ahora. Y entonces, un d\u00eda, se dio cuenta de que estaba muy cerca de otro bosque como \u00e9l mismo.<br \/>\nLas dos masas de \u00e1rboles en crecimiento, los dos colosos de entremezcladas ra\u00edces, se acercaron mutuamente lenta, prudentemente, en una creciente pero cautelosa sorpresa y maravilla de que otra forma de vida similar a la suya hubiera podido existir todo aquel tiempo. Se acercaron, se tocaron&#8230; y lucharon durante a\u00f1os.<br \/>\nDurante aquella prolongada lucha casi nada creci\u00f3 en las regiones centrales, que se detuvieron. Los \u00e1rboles dejaron de desarrollar nuevas ramas. Las hojas, por necesidad, se robustecieron y afirmaron sus funciones para per\u00edodos mucho m\u00e1s largos. Las ra\u00edces se desarrollaron lentamente. Toda la energ\u00eda utilizable del bosque fue concentrada en los procesos de defensa y ataque.<br \/>\nAut\u00e9nticas murallas de \u00e1rboles se levantaban en una noche. Enormes ra\u00edces cavaban t\u00faneles en las profundidades del suelo penetrando kil\u00f3metros y kil\u00f3metros, abri\u00e9ndose paso entre rocas y metales, edificando una barrera de madera viva contra el invasor crecimiento del bosque extranjero. En la superficie, las barreras se cerraron en una l\u00ednea de un kil\u00f3metro o m\u00e1s de \u00e1rboles situados tronco contra tronco. Y, bajo estas bases, la gran batalla se detuvo finalmente. El bosque acept\u00f3 el obst\u00e1culo creado por su enemigo.<br \/>\nM\u00e1s tarde, luch\u00f3 con las mismas armas contra un segundo bosque que lo atacaba desde otra direcci\u00f3n.<br \/>\nLos l\u00edmites de estas demarcaciones empezaron a ser tan naturales como el gran mar salado del sur, o las heladas c\u00faspides de las monta\u00f1as que se cubr\u00edan de nieve una vez cada a\u00f1o.<br \/>\nY como hab\u00eda hecho en su batalla contra los otros dos bosques, el bosque concentr\u00f3 toda su fuerza contra la nave invasora. Los \u00e1rboles crecieron a un ritmo de treinta cent\u00edmetros cada pocos minutos. Las plantas trepadoras escalaron los \u00e1rboles, se proyectaron por encima de la nave. Los incontables filamentos reptaron por encima del metal, y se anudaron por s\u00ed mismos alrededor de los \u00e1rboles del otro lado. Las ra\u00edces de aquellos \u00e1rboles se enterraron profundamente en el suelo, y se anclaron en un estrato rocoso m\u00e1s resistente que ninguna nave jam\u00e1s construida. Los troncos se ensancharon, y las lianas engrosaron hasta convertirse en enormes cables.<br \/>\nCuando la luz de aquel primer d\u00eda dej\u00f3 paso al grisor del atardecer, la nave estaba enterrada bajo cientos de toneladas de madera, y oculta bajo un follaje tan denso que ninguna parte de ella era visible.<br \/>\nHab\u00eda llegado el momento de pasar a la acci\u00f3n para la destrucci\u00f3n final.<br \/>\nPoco despu\u00e9s de obscurecer, peque\u00f1as ra\u00edces comenzaron a tantear por debajo de la nave. Eran infinit\u00e9simamente peque\u00f1as; tan peque\u00f1as que en su estadio inicial no ten\u00edan m\u00e1s que unas pocas docenas de \u00e1tomos de di\u00e1metro; tan peque\u00f1as que el aparentemente s\u00f3lido metal parec\u00eda casi vac\u00edo para ellas; tan incre\u00edblemente peque\u00f1as que penetraron sin ning\u00fan esfuerzo en el duro acero.<br \/>\nFue en aquel momento, como si hubiera estado aguardando a que llegara aquel estadio, que la nave reaccion\u00f3, pasando a la acci\u00f3n. El metal empez\u00f3 a calentarse, luego quem\u00f3, despu\u00e9s se puso al rojo vivo. Era todo lo que necesitaba. Las min\u00fasculas ra\u00edces se contrajeron y murieron. Las ra\u00edces m\u00e1s grandes cerca del metal ardieron lentamente a medida que el creciente calor las alcanzaba.<br \/>\nEn la superficie se inici\u00f3 otro tipo de violencia. Chorros de llamas surgieron de un centenar de orificios en la superficie de la nave. Primero las lianas, luego los \u00e1rboles, empezaron a arder. No era el estallido de un incontrolable fuego, ni el feroz incendio saltando de \u00e1rbol en \u00e1rbol en una furia irresistible. Desde hac\u00eda mucho tiempo, el bosque hab\u00eda aprendido a controlar los fuegos iniciados por los rayos o por la combusti\u00f3n espont\u00e1nea. Se trataba \u00fanicamente de enviar grandes cantidades de savia al \u00e1rea afectada. Cuanto m\u00e1s verde era el \u00e1rbol, cuanta m\u00e1s savia lo permeaba, m\u00e1s intenso ten\u00eda que ser el fuego para mantenerse.<br \/>\nEl bosque no pudo recordar inmediatamente haberse hallado nunca frente a un fuego que pudiera arrasar al mismo tiempo toda una hilera de \u00e1rboles dejando que cada uno de ellos derramase un l\u00edquido viscoso por cada una de las resquebrajaduras de su corteza.<br \/>\nPero este fuego s\u00ed pod\u00eda. Era distinto. No tan s\u00f3lo pose\u00eda llama, sino que era tambi\u00e9n energ\u00eda. No se alimentaba tan s\u00f3lo de madera, sino que viv\u00eda con una energ\u00eda contenida en s\u00ed mismo.<br \/>\nFinalmente, este hecho despert\u00f3 los recuerdos asociativos del bosque. Era un recuerdo agudo e inconfundible de lo que hab\u00eda hecho hac\u00eda mucho tiempo para librar, a \u00e9l y a su planeta, de una nave como aquella.<br \/>\nComenz\u00f3 por retirarse de las inmediaciones de la nave. Abandon\u00f3 su intento de aprisionar aquella estructura alien\u00edgena con un andamiaje de madera y hojas. A medida que la preciosa savia se retiraba a los \u00e1rboles que ahora deb\u00edan formar la segunda l\u00ednea de defensa, las llamas adquirieron amplitud, y el fuego se hizo tan brillante que toda la escena adquiri\u00f3 una tonalidad irreal.<br \/>\nPas\u00f3 cierto tiempo antes de que el bosque se diera cuenta de que hac\u00eda rato que los rayos de fuego ya no surg\u00edan de la nave, y que toda la incandescencia y el humo que a\u00fan quedaban eran producidos por la madera ardiendo.<br \/>\nEsto tambi\u00e9n coincid\u00eda con sus recuerdos de lo que hab\u00eda ocurrido en la anterior ocasi\u00f3n.<br \/>\nFren\u00e9ticamente, pero con reluctancia, el bosque inici\u00f3 lo que ahora se daba cuenta que era el \u00fanico medio de librarse del intruso. Fren\u00e9ticamente porque se sent\u00eda terriblemente convencido de que la llama emitida por la nave pod\u00eda destruir bosques enteros. Y reluctantemente porque el m\u00e9todo de defensa tra\u00eda consigo el sufrir quemaduras de energ\u00eda apenas menos violentas que las que pudiera producirle la m\u00e1quina.<br \/>\nDecenas de miles de ra\u00edces crecieron hacia las profundidades en busca de formaciones que hab\u00edan evitado cuidadosamente desde que hab\u00eda llegado la \u00faltima nave. A pesar de la necesidad de apresurarse, el proceso en s\u00ed mismo era lento. Peque\u00f1\u00edsimas ra\u00edces, estremeci\u00e9ndose ante lo que ten\u00edan que hacer, se obligaron a s\u00ed mismas a abrirse camino hacia las profundidades, se enterraron en determinados estratos minerales, y a trav\u00e9s de un intrincado proceso de \u00f3smosis arrancaron granos de metal puro de las capas naturales de metal impuro. Los granos eran casi tan peque\u00f1os como las ra\u00edces que hab\u00edan penetrado en las paredes de acero de la nave, tan peque\u00f1os como para poder ser transportados hacia la superficie, suspendidos en la savia, a trav\u00e9s del laberinto de gruesas ra\u00edces.<br \/>\nMuy pronto hubo miles de granos movi\u00e9ndose a lo largo de los canales, luego millones. Y, aunque cada uno de ellos era en s\u00ed mismo peque\u00f1\u00edsimo, el suelo donde fueron depositados brill\u00f3 muy pronto a la luz del agonizante fuego. Cuando el sol de aquel mundo ascendi\u00f3 por sobre el horizonte, el plateado reflejo formaba un c\u00edrculo a treinta metros alrededor de la nave.<br \/>\nFue poco despu\u00e9s del mediod\u00eda cuando la m\u00e1quina alien\u00edgena dio se\u00f1ales de comprender lo que estaba ocurriendo. Una docena de escotillas se abrieron, y algunos objetos flotaron fuera de ellas. Se posaron en el suelo, y comenzaron a absorber aquella mancha plateada con cosas terminadas en una boquilla que chupaban el polvo fin\u00edsimo en forma ininterrumpida. Trabajaban con grandes precauciones; pero una hora despu\u00e9s de oscurecer hab\u00edan recogido m\u00e1s de doce toneladas del finamente disperso uranio 235.<br \/>\nA la ca\u00edda de la noche, todas las cosas provistas de dos patas desaparecieron en el interior de la nave. Las escotillas se cerraron. La larga nave en forma de torpedo se elev\u00f3 suavemente del suelo y se dirigi\u00f3 hacia el cielo, donde el sol brillaba a\u00fan d\u00e9bilmente.<br \/>\nLa primera consciencia de la nueva situaci\u00f3n le lleg\u00f3 al bosque cuando las ra\u00edces debajo de la nave informaron de un s\u00fabito descenso de la presi\u00f3n. Pasaron varias horas antes de que llegara a la conclusi\u00f3n de que la nave enemiga hab\u00eda sido echada. Y varias horas m\u00e1s antes de que se diera cuenta de que el uranio que permanec\u00eda a\u00fan en el suelo deb\u00eda ser retirado. Sus radiaciones se estaban extendiendo peligrosamente.<br \/>\nEl accidente se produjo por una raz\u00f3n muy simple. El bosque hab\u00eda tomado aquella substancia radiactiva de las rocas. Para librarse de ella, necesitaba tan solo introducirla de nuevo en las m\u00e1s cercanas capas rocosas, particularmente las del tipo de roca que absorb\u00eda la radiactividad. Para el bosque, la situaci\u00f3n era tan obvia como esto.<br \/>\nUna hora despu\u00e9s de que iniciara la realizaci\u00f3n de su plan, la explosi\u00f3n lanz\u00f3 su hongo hacia el espacio abierto.<br \/>\nEra algo que estaba mucho m\u00e1s all\u00e1 de la capacidad de comprensi\u00f3n del bosque. Ni vio ni escuch\u00f3 aquella colosal silueta portadora de muerte. Lo que experiment\u00f3 fue sin embargo suficiente. Un hurac\u00e1n arras\u00f3 kil\u00f3metros cuadrados de bosque. Las ondas de calor y de radiaci\u00f3n provocaron incendios que requirieron horas para ser extinguidos.<br \/>\nEl miedo se apag\u00f3 lentamente cuando record\u00f3 que tambi\u00e9n hab\u00eda ocurrido lo mismo la otra vez. Pero m\u00e1s aguda que este recuerdo fue la visi\u00f3n de las posibilidades que abr\u00eda lo ocurrido&#8230; la naturaleza de tal oportunidad.<br \/>\nPoco despu\u00e9s del amanecer del d\u00eda siguiente, lanz\u00f3 su ataque. Su v\u00edctima era el bosque que ?seg\u00fan su desfalleciente memoria? hab\u00eda invadido originalmente su territorio.<br \/>\nA lo largo de todo el frente que separaba a los dos colosos, entraron en erupci\u00f3n peque\u00f1as explosiones at\u00f3micas. La s\u00f3lida barrera de \u00e1rboles que formaban las defensas exteriores del otro bosque se derrumb\u00f3 ante los sucesivos ataques de tan irresistible energ\u00eda.<br \/>\nEl enemigo, reaccionando normalmente, puso en marcha sus reservas de savia. Cuando estaba plenamente dedicado a la gigantesca tarea de edificar una nueva barrera, las bombas empezaron de nuevo a actuar. Las explosiones resultantes destruyeron completamente las reservas de savia. Y el enemigo, no pudiendo comprender lo que estaba ocurriendo, estuvo perdido desde aquel momento.<br \/>\nEn la tierra de nadie donde hab\u00edan actuado las bombas, el bosque atacante lanz\u00f3 una oleada de ra\u00edces. Cada vez que se manifestaba una resistencia, estallaba una nueva bomba at\u00f3mica. Poco despu\u00e9s del siguiente mediod\u00eda una tit\u00e1nica explosi\u00f3n destruy\u00f3 el centro sensitivo de \u00e1rboles del otro bosque&#8230; y la batalla finaliz\u00f3.<br \/>\nSe necesitaron meses para que el bosque creciera en el territorio de su derrotado enemigo, arrancando sus agonizantes ra\u00edces, arrasando en su empuje los indefensos \u00e1rboles que hab\u00edan quedado, y tomando posesi\u00f3n plena e indiscutida de su nuevo territorio.<br \/>\nUna vez terminada la tarea, se volvi\u00f3 como una furia contra el bosque que lo franqueaba por el otro lado. Una vez m\u00e1s, atac\u00f3 con el trueno at\u00f3mico, e intent\u00f3 abrumar a su adversario con una lluvia de fuego.<br \/>\nFue respondido con igual fuerza. \u00a1Explosiones at\u00f3micas! Su conocimiento se hab\u00eda difundido a trav\u00e9s de la barrera de entrelazadas ra\u00edces que formaba la separaci\u00f3n entre los dos bosques.<br \/>\nLos dos monstruos se destruyeron mutuamente casi por completo. Cada uno de ellos se convirti\u00f3 en un vestigio, que tuvo que iniciar de nuevo el doloroso proceso de su crecimiento. A medida que pasaban los a\u00f1os, el recuerdo de lo que hab\u00eda ocurrido se fue desvaneciendo. Pero tampoco ten\u00eda importancia. Actualmente, las naves ven\u00edan muy a menudo. Y de todos modos, aunque el bosque hubiera recordado, sus bombas at\u00f3micas no pod\u00edan estallar en presencia de una nave.<br \/>\nLa \u00fanica forma que hab\u00eda de echar a las naves consist\u00eda en rodear cada nave alien\u00edgena con un c\u00edrculo de fino polvo radioactivo. Entonces, la nave absorb\u00eda el material y se retiraba apresuradamente.<br \/>\nLa victoria del bosque fue desde entonces tan simple como eso.<\/p>\n<p>Edici\u00f3n digital de Sadrac<br \/>\nRevisi\u00f3n de urijenny (odoniano@yahoo.com.ar)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Proceso Alfred Elton van Vogt Process, \u00a9 1950 (The Magazine of Fantasy and Science Fiction, Diciembre de 1950). Traducido por ? en ? Bajo la brillante luz de aquel lejano sol, el bosque respiraba y estaba vivo. 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