{"id":689,"date":"2008-10-14T13:30:55","date_gmt":"2008-10-14T13:30:55","guid":{"rendered":"http:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=689"},"modified":"2008-10-14T13:30:55","modified_gmt":"2008-10-14T13:30:55","slug":"la-orqu\u00eddea-indecisa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=689","title":{"rendered":"La orqu\u00eddea indecisa"},"content":{"rendered":"<p>La orqu\u00eddea indecisa<br \/>\nArthur C. Clarke<br \/>\nTraducci\u00f3n de Flora Casas en Cuentos de la taberna del ciervo blanco, Alianza Editorial S. A..<\/p>\n<p>Muy pocos clientes de \u00abEl Ciervo Blanco\u00bb admitir\u00edan que los relatos de Harry Purvis sean ciertos, pero todos estar\u00e1n de acuerdo en que algunos son m\u00e1s veros\u00edmiles que otros. Y en cualquier escala de probabilidades, el asunto de la orqu\u00eddea indecisa ocupar\u00eda un lugar muy bajo.<br \/>\nNo recuerdo qu\u00e9 t\u00e1ctica ingeniosa utiliz\u00f3 Harry para iniciar su relato; puede que alg\u00fan aficionado a las orqu\u00eddeas trajera su \u00faltimo engendro al bar y eso le proporcionara una buena excusa. No importa. Recuerdo la historia que, al fin y al cabo, es lo que cuenta.<br \/>\nEsta vez la aventura no estaba relacionada con ninguno de los numerosos parientes de Harry, y evit\u00f3 explicar c\u00f3mo se las hab\u00eda arreglado para conocer tantos detalles s\u00f3rdidos. El h\u00e9roe ?si as\u00ed puede llam\u00e1rsele? de esta epopeya de invernadero era un inofensivo oficinista, muy bajito, llamado H\u00e9rcules Keating. Y si piensan que \u00e9sta es la parte m\u00e1s inveros\u00edmil del relato, esperen a lo que sigue.<br \/>\nH\u00e9rcules no es un nombre que pueda llevarse con facilidad en la mayor\u00eda de los casos, y si a ello a\u00f1adimos una estatura de cuatro pies y nueve pulgadas y el aspecto de necesitar un a\u00f1o de gimnasia incluso para poder parecer un alfe\u00f1ique de noventa y siete libras, puede ser realmente vergonzoso. Quiz\u00e1 esto ayude a explicar el hecho de que H\u00e9rcules tuviera muy poca vida social y que sus amigos fueran las macetas de un invernadero situado en la parte trasera de su jard\u00edn. Era de gustos sencillos y necesitaba poco dinero para vivir, gracias a lo cual hab\u00eda llegado a conseguir una colecci\u00f3n de orqu\u00eddeas y cactus realmente notable. Disfrutaba de muy buena reputaci\u00f3n entre los cact\u00f3filos y a menudo recib\u00eda paquetes que ol\u00edan a tierra y a selvas tropicales desde los lugares m\u00e1s remotos del globo.<br \/>\nA H\u00e9rcules s\u00f3lo le quedaba un pariente con vida, la t\u00eda Henrietta, y ser\u00eda dif\u00edcil encontrar dos personas m\u00e1s dispares. Se trataba de una mujer imponente, de seis pies de altura, que usaba trajes de \u00abtweed\u00bb de hechura un tanto hombruna, conduc\u00eda un Jaguar imprudentemente y fumaba puros, uno tras otro. Sus padres hab\u00edan querido un chico, y nunca llegaron a convencerse de que su deseo no se hubiera cumplido. Henrietta se ganaba la vida ?y ganaba bastante? con la crianza de perros de diferentes tama\u00f1os y razas. A menudo paseaba con dos de sus \u00faltimas adquisiciones, que no eran precisamente el tipo de canes port\u00e1tiles que caben en el bolso de una dama. Las perreras Keating se especializaban en grandes daneses, aisacianos, san bernardos&#8230;<br \/>\nHenrietta consideraba a los hombres, con raz\u00f3n, como el sexo d\u00e9bil y, por tanto, no se hab\u00eda casado. Pero por alguna raz\u00f3n extra\u00f1a, se tomaba un inter\u00e9s de t\u00eda (s\u00ed, esa es la palabra adecuada) por H\u00e9rcules, y le visitaba casi todos los fines de semana. Manten\u00edan una relaci\u00f3n muy curiosa; es posible que H\u00e9rcules contribuyera a reforzar los sentimientos de superioridad de Henrietta. Si se le tomaba como un ejemplar t\u00edpico del sexo masculino, habr\u00eda que reconocer que se trataba de una especie realmente despreciable. Pero si \u00e9ste era el motivo de la actitud de Henrietta, no era consciente de ello y parec\u00eda profesarle a su sobrino aut\u00e9ntico cari\u00f1o. Mostraba hacia \u00e9l una actitud protectora, pero amable.<br \/>\nComo era de esperar, su comportamiento no ayudaba precisamente a paliar el complejo de inferioridad de H\u00e9rcules. Al principio, toleraba a su t\u00eda; despu\u00e9s empez\u00f3 a temer sus visitas, su voz atronadora y sus apretones de manos, capaces de romper los huesos a cualquiera y, al final, acab\u00f3 por odiarla. Lleg\u00f3 un momento en que el odio se convirti\u00f3 en el sentimiento dominante de su vida, por encima, incluso, del amor a sus orqu\u00eddeas. Pero no se atrev\u00eda a mostrarlo, consciente de que si la t\u00eda Henrietta lo descubr\u00eda, ser\u00eda capaz de partirle en dos y arrojar los trozos a su manada de lobos.<br \/>\nNo hab\u00eda forma alguna de que H\u00e9rcules pudiera expresar sus sentimientos reprimidos. Ten\u00eda que mostrarse amable con la t\u00eda Henrietta, aunque sintiera deseos de asesinarla. Y se sent\u00eda as\u00ed muy a menudo, pero sab\u00eda que nunca lo har\u00eda. Hasta que un d\u00eda&#8230;<br \/>\nSeg\u00fan el vendedor, la orqu\u00eddea proven\u00eda de \u00abalg\u00fan lugar de la regi\u00f3n amaz\u00f3nica\u00bb, direcci\u00f3n un tanto vaga. Cuando H\u00e9rcules la vio por primera vez no le pareci\u00f3 demasiado atrayente, a pesar de gustarle tanto las orqu\u00eddeas. Una ra\u00edz informe, del tama\u00f1o aproximado del pu\u00f1o de un hombre; eso era todo. Exhalaba un perfume como de putrefacci\u00f3n, un olor inconfundible a carro\u00f1a. H\u00e9rcules no estaba seguro de que pudiera crecer y as\u00ed se lo dijo al vendedor, con la esperanza de adquirirla por un precio m\u00f3dico. La llev\u00f3 a su casa sin mucho entusiasmo.<br \/>\nLa planta no dio muestras de crecimiento durante el primer mes, pero H\u00e9rcules no se preocup\u00f3 por eso. Un d\u00eda, apareci\u00f3 un min\u00fasculo brote verde que empez\u00f3 a trepar hacia la luz. Despu\u00e9s, el avance fue r\u00e1pido. Se desarroll\u00f3 un tallo grueso y carnoso, tan grande como el antebrazo de un hombre, de un color verde virulento. Cerca de la parte superior del tallo, una serie de protuberancias muy curiosas rodeaban la planta; por lo dem\u00e1s, carec\u00eda totalmente de forma. H\u00e9rcules parec\u00eda muy interesado; ten\u00eda la seguridad de haber descubierto una especie completamente nueva.<br \/>\nLa velocidad de crecimiento era fant\u00e1stica; pronto excedi\u00f3 a H\u00e9rcules en altura, aunque esto no signifique mucho. Las protuberancias se desarrollaban, dando la impresi\u00f3n de que en cualquier momento la orqu\u00eddea har\u00eda eclosi\u00f3n.<br \/>\nH\u00e9rcules esperaba con ansiedad, sabiendo que algunas flores tienen una vida muy corta, y pasaba el mayor tiempo posible en el invernadero. A pesar de la vigilancia, la transformaci\u00f3n ocurri\u00f3 una noche mientras dorm\u00eda.<br \/>\nPor la ma\u00f1ana, la orqu\u00eddea apareci\u00f3 rodeada de ocho zarcillos que colgaban casi hasta llegar al suelo. Deb\u00edan haberse desarrollado en el interior de la planta y brotado con una velocidad inusitada para el mundo vegetal. H\u00e9rcules se qued\u00f3 mirando el fen\u00f3meno con incredulidad, y se fue a trabajar muy pensativo.<br \/>\nAquella noche, mientras regaba la planta y comprobaba el estado de la tierra, observ\u00f3 un hecho a\u00fan m\u00e1s extra\u00f1o. Los zarcillos aumentaban de grosor y no estaban completamente inm\u00f3viles. Mostraban una tendencia, ligera pero inconfundible, a vibrar, como si poseyeran vida propia. A pesar de su inter\u00e9s y entusiasmo, H\u00e9rcules encontr\u00f3 esta circunstancia m\u00e1s que inquietante.<br \/>\nD\u00edas m\u00e1s tarde, ya no le quedaba la menor duda. Cuando se aproximaba a la orqu\u00eddea, los zarcillos se inclinaban hacia \u00e9l de una forma muy alarmante. La impresi\u00f3n de que ten\u00eda hambre era tan fuerte que H\u00e9rcules empez\u00f3 a sentirse muy inc\u00f3modo, y una idea comenz\u00f3 a rondarle la cabeza. Hubo de pasar alg\u00fan tiempo antes de que recordara de qu\u00e9 se trataba; entonces se dijo a s\u00ed mismo: \u00ab\u00a1Por supuesto! \u00a1Qu\u00e9 tonto soy!\u00bb, y se dirigi\u00f3 a la biblioteca local. All\u00ed pas\u00f3 media hora muy provechosa, releyendo un relato escrito por un tal H. G. Wells, titulado \u00abLa floraci\u00f3n de la extra\u00f1a orqu\u00eddea\u00bb.<br \/>\n\u00ab\u00a1Dios m\u00edo!\u00bb, pens\u00f3 H\u00e9rcules cuando hubo terminado el relato. Hasta el momento no hab\u00eda apreciado en su planta ning\u00fan aroma sopor\u00edfero capaz de subyugar a una posible v\u00edctima, pero las dem\u00e1s caracter\u00edsticas se parec\u00edan demasiado. H\u00e9rcules regres\u00f3 a su casa muy agitado.<br \/>\nAbri\u00f3 la puerta del invernadero y observ\u00f3 la avenida de plantas, hasta que su vista alcanz\u00f3 a la reina de todas ellas. Examin\u00f3 con cuidado la largura de los zarcillos ?se sorprendi\u00f3 llam\u00e1ndolos tent\u00e1culos? y se acerc\u00f3 hasta donde le pareci\u00f3 una distancia prudencial. La planta daba la impresi\u00f3n de estar alerta y al acecho, actitudes m\u00e1s propias del reino animal que del vegetal. H\u00e9rcules record\u00f3 la infortunada historia del doctor Frankenstein y no le pareci\u00f3 demasiado divertido.<br \/>\n\u00a1Pero aquello era rid\u00edculo! Semejantes cosas no ocurr\u00edan en la vida real. Bueno, s\u00f3lo hab\u00eda una forma de comprobarlo&#8230;.<br \/>\nH\u00e9rcules fue a la casa y volvi\u00f3 a los pocos minutos con una escoba, en cuyo extremo hab\u00eda colocado un trozo de carne cruda. Sinti\u00e9ndose como un idiota, avanz\u00f3 hacia la orqu\u00eddea del mismo modo que un domador de leones se acercar\u00eda a una de sus fieras a la hora de comer.<br \/>\nNo pas\u00f3 nada al principio. Pero un instante despu\u00e9s, dos zarcillos se retorcieron bruscamente. Empezaron a contraerse hacia delante y hacia atr\u00e1s, como si la planta estuviera tomando una decisi\u00f3n. De improviso, se movieron a tal velocidad, que pr\u00e1cticamente se hicieron invisibles. Se enroscaron alrededor de la carne y H\u00e9rcules not\u00f3 un estir\u00f3n en el extremo de la escoba. La carne desapareci\u00f3 en un momento; la orqu\u00eddea la sosten\u00eda contra su pecho ?si es que puede utilizarse tal met\u00e1fora.<br \/>\n?\u00a1Por las barbas del Profeta! ? grit\u00f3 H\u00e9rcules, que no se permit\u00eda muy a menudo semejante lenguaje.<br \/>\nLa orqu\u00eddea no volvi\u00f3 a mostrar signos de vida durante veinticuatro horas. Estaba esperando a que la carne estuviera un poco pasada y desarrollando, al mismo tiempo, su aparato digestivo. Al d\u00eda siguiente, una red de lo que parec\u00edan ra\u00edces cortas cubr\u00eda la carne, a\u00fan visible. Por la noche, la carne hab\u00eda desaparecido. La planta hab\u00eda probado el sabor de la sangre.<br \/>\nLas emociones de H\u00e9rcules mientras observaba a su favorita eran muy confusas. A veces, casi le produc\u00eda pesadillas, y vislumbraba todo tipo de horribles acontecimientos. La orqu\u00eddea era por entonces muy grande y si \u00e9l se colocaba al alcance de sus garras, no tendr\u00eda escapatoria. Pero no correr\u00eda el menor riesgo. Hab\u00eda instalado un sistema de tuber\u00edas para regarla a una distancia conveniente, y en cuanto al alimento menos ortodoxo, se limitaba a arrojarlo al alcance de sus tent\u00e1culos. Com\u00eda una libra de carne cruda al d\u00eda, pero H\u00e9rcules pensaba con desasosiego que ser\u00eda capaz de engullir mayores cantidades si tuviera la oportunidad de hacerlo. El sentimiento de triunfo por haber conseguido semejante maravilla bot\u00e1nica superaba sus escr\u00fapulos naturales. Cuando quisiera, podr\u00eda convertirse en el cultivador de orqu\u00eddeas m\u00e1s famoso del mundo. Era muy propio de sus cortas luces el que no se le ocurriera pensar que otras personas, aparte de los aficionados a las orqu\u00eddeas, pudieran interesarse por su mascota.<br \/>\nLa criatura med\u00eda ya seis pies, y parec\u00eda que a\u00fan seguir\u00eda creciendo, aunque mucho m\u00e1s lentamente que hasta entonces. H\u00e9rcules hab\u00eda quitado el resto de las plantas de aquella parte del invernadero, no tanto por temor al canibalismo, sino para poder cuidarlas sin peligro. Hab\u00eda tendido una cuerda a lo largo de la nave central para evitar el riesgo de que, accidentalmente, quedara al alcance de aquellos ocho brazos colgantes.<br \/>\nEra evidente que la orqu\u00eddea pose\u00eda un sistema nervioso muy desarrollado y algo que pod\u00eda aproximarse a inteligencia. Sab\u00eda cu\u00e1ndo la iban a alimentar y mostraba se\u00f1ales inconfundibles de alegr\u00eda. Lo m\u00e1s fant\u00e1stico ?aunque H\u00e9rcules a\u00fan no estaba seguro? era que pod\u00eda producir sonidos. A veces, antes de la comida, le parec\u00eda o\u00edr un silbido incre\u00edblemente agudo, rayano con el l\u00edmite de audibilidad. Un murci\u00e9lago reci\u00e9n nacido emitir\u00eda un sonido semejante; se preguntaba qu\u00e9 finalidad tendr\u00eda. \u00bfAcaso atra\u00eda la orqu\u00eddea a su presa mediante la emisi\u00f3n de sonidos? Si as\u00ed fuera, el truco no funcionar\u00eda con \u00e9l.<br \/>\nMientras H\u00e9rcules hac\u00eda estos descubrimientos tan interesantes, su t\u00eda Henrietta segu\u00eda d\u00e1ndole la lata, y sus sabuesos atac\u00e1ndole. Porque lo cierto es que no estaban tan bien educados como su t\u00eda pretend\u00eda. Ven\u00eda zumbando en su coche los domingos por la tarde, con un perro en el asiento delantero y otro ocupando la mayor parte del maletero. Despu\u00e9s sub\u00eda las escaleras de dos en dos, ensordec\u00eda a H\u00e9rcules con sus saludos, le paralizaba con un apret\u00f3n de manos y le lanzaba el humo de su puro en plena cara. Hubo un tiempo en que le atemoriz\u00f3 la idea de que le besara, pero pronto comprendi\u00f3 que un comportamiento tan afeminado era totalmente imposible.<br \/>\nLa t\u00eda Henrietta despreciaba bastante las orqu\u00eddeas de H\u00e9rcules. Opinaba que emplear el tiempo libre en un invernadero era un entretenimiento decadente. Su v\u00e1lvula de escape consist\u00eda en ir de caza mayor a Kenya. Esto no contribu\u00eda a aumentar las simpat\u00edas de H\u00e9rcules, que detestaba los deportes sangrientos. Pero, a pesar del odio que le inspiraba su arrolladora t\u00eda, todas las tardes de domingo preparaba puntualmente el t\u00e9 y manten\u00edan un \u00abt\u00e9te-\u00e1-t\u00e9te\u00bb de lo m\u00e1s amistoso, al menos en apariencia. Henrietta nunca lleg\u00f3 a sospechar que H\u00e9rcules, mientras serv\u00eda el t\u00e9, deseaba que estuviera envenenado; tras su m\u00e1scara de rudeza se escond\u00eda un gran coraz\u00f3n y el conocimiento de tal deseo la hubiera herido profundamente. H\u00e9rcules no habl\u00f3 a su t\u00eda del pulpo vegetal. A veces, le mostraba los ejemplares m\u00e1s interesantes, pero \u00e9ste quer\u00eda mantenerlo en secreto. Quiz\u00e1 antes de planear con todo detalle el diab\u00f3lico plan, su subsconciente ya preparaba el terreno&#8230;<br \/>\nUn domingo por la noche, ya muy tarde, cuando el rugido del Jaguar acababa de desvanecerse en la obscuridad y H\u00e9rcules se encontraba en el invernadero tratando de recobrar el equilibrio nervioso, la idea se le present\u00f3, totalmente definida, en su mente. Estaba contemplando la orqu\u00eddea, observando que los zarcillos hab\u00edan alcanzado el grosor del pulgar de un hombre, cuando una imagen muy placentera apareci\u00f3 ante sus ojos. Se imagin\u00f3 a la t\u00eda Henrietta en poder del monstruo, luchando en vano por escapar de las garras carn\u00edvoras. \u00bfPor qu\u00e9 no? Ser\u00eda el crimen perfecto. El sobrino, enloquecido, llegar\u00eda demasiado tarde al lugar de los hechos para prestarle ayuda y, cuando la polic\u00eda atendiera su fren\u00e9tica llamada, podr\u00edan comprobar que se trataba de un desgraciado accidente. Por supuesto que habr\u00eda una investigaci\u00f3n, pero el comisario ser\u00eda ben\u00e9volo a la vista de la tristeza evidente de H\u00e9rcules&#8230;<br \/>\nMientras m\u00e1s lo pensaba, m\u00e1s le gustaba la idea. No pod\u00eda haber ning\u00fan fallo, con tal que la orqu\u00eddea cooperase. Ese era el principal problema. Tendr\u00eda que llevar a cabo un plan de entrenamiento con aquella criatura. Ya ten\u00eda un aspecto realmente diab\u00f3lico, pero deb\u00eda de cuidar todos los detalles, para que actuara de acuerdo con su apariencia.<br \/>\nTeniendo en cuenta que no pose\u00eda experiencia alguna en tales asuntos, y que no podr\u00eda consultar con ninguna autoridad en la materia. H\u00e9rcules adopt\u00f3 una t\u00e1ctica prudente, como si de un negocio se tratase. Suspendi\u00f3 varios trozos de carne del extremo de una ca\u00f1a de pescar, fuera del alcance de la orqu\u00eddea, hasta conseguir que la criatura agitara los tent\u00e1culos con desesperaci\u00f3n. En esos momentos sus fuertes silbidos pod\u00edan o\u00edrse con claridad, y H\u00e9rcules se preguntaba c\u00f3mo pod\u00eda producir el sonido. Tambi\u00e9n se preguntaba cu\u00e1les ser\u00edan sus \u00f3rganos de percepci\u00f3n, pero esto constitu\u00eda otro misterio imposible de resolver sin un acercamiento peligroso. Si todo iba bien, quiz\u00e1 t\u00eda Henrietta tendr\u00eda la oportunidad de descubrir estos hechos tan interesantes, aunque seguramente estar\u00eda demasiado ocupada en aquellos momentos como para que la posteridad pudiera beneficiarse de ellos. No cab\u00eda duda de que la bestia era lo suficientemente poderosa como para entend\u00e9rselas con su presunta v\u00edctima. Una vez hab\u00eda arrebatado una escoba de las manos de H\u00e9rcules y, aunque ello en s\u00ed probase muy poco, el terrible \u00abcrac\u00bb de la madera un momento m\u00e1s tarde hab\u00eda provocado una sonrisa de satisfacci\u00f3n en los finos labios del entrenador. Empez\u00f3 a mostrarse mucho m\u00e1s amable y atento con su t\u00eda. Se convirti\u00f3 en un sobrino modelo en todos los sentidos.<br \/>\nCuando H\u00e9rcules consider\u00f3 que sus t\u00e1cticas de picador hab\u00edan puesto a la orqu\u00eddea en el estado adecuado, se pregunt\u00f3 si deber\u00eda ponerla a prueba con carnaza viva. Este problema le preocup\u00f3 durante varias semanas, en las que miraba con ojos calculadores a cada gato o perro que transitaba por la calle, pero finalmente abandon\u00f3 la idea, por una raz\u00f3n muy peculiar. Ten\u00eda demasiado buen coraz\u00f3n para llevarla a la pr\u00e1ctica. T\u00eda Henrietta ser\u00eda la primera v\u00edctima.<br \/>\nNo dio de comer a la orqu\u00eddea durante las dos semanas previas a su plan. No se atrevi\u00f3 a dejar pasar m\u00e1s tiempo; no quer\u00eda debilitar a la bestia, sino simplemente aumentar su apetito, para que el resultado del encuentro fuera el previsto. Y un buen d\u00eda, despu\u00e9s de llevar las tazas a la cocina, se sent\u00f3 de cara al humo del puro de t\u00eda Henrietta y dijo inocentemente:<br \/>\n?Me gustar\u00eda ense\u00f1arte una cosa, t\u00eda. Quiero darte una sorpresa. Vas a morirte de risa.<br \/>\nPens\u00f3 que no era una descripci\u00f3n demasiado exacta, pero pod\u00eda dar una idea general.<br \/>\nLa t\u00eda se quit\u00f3 el puro de la boca y mir\u00f3 a H\u00e9rcules con aut\u00e9ntico asombro.<br \/>\n?\u00a1Vaya! ?bram\u00f3?. No gana una para sorpresas. \u00a1Qu\u00e9 habr\u00e1s estado haciendo, sinverg\u00fcenza!<br \/>\nLe dio una palmada amistosa en la espalda que le hizo expulsar todo el aire de sus pulmones.<br \/>\n?No te lo puedes imaginar ?dijo H\u00e9rcules tras recobrar el aliento?. Est\u00e1 en el invernadero.<br \/>\n?\u00bfC\u00f3mo? ?exclam\u00f3 la t\u00eda evidentemente confusa.<br \/>\n?S\u00ed, ven a echar un vistazo. Va a causarte verdadero asombro.<br \/>\nLa t\u00eda dio un bufido, que pod\u00eda haber indicado incredulidad, pero sigui\u00f3 a H\u00e9rcules sin m\u00e1s preguntas. Los dos alsacianos, muy ocupados en comerse la alfombra, la miraron ansiosamente y se levantaron, pero ella los alej\u00f3 con un movimiento de la mano.<br \/>\n?No preocupaos, chicos ?grit\u00f3 bruscamente?. Volver\u00e9 dentro de un minuto.<br \/>\nH\u00e9rcules no lo crey\u00f3 muy probable. Era una tarde obscura y las luces del invernadero estaban apagadas. Cuando entraron, la t\u00eda buf\u00f3:<br \/>\n?Dios m\u00edo. H\u00e9rcules, este lugar huele como un matadero. No recuerdo una peste semejante desde que mat\u00e9 a un elefante en Bulawayo y tardamos una semana en encontrarlo.<br \/>\n?Lo siento, t\u00eda ?se disculp\u00f3 H\u00e9rcules mientras la conduc\u00eda a trav\u00e9s de las tinieblas?. Estoy usando un nuevo fertilizante. Produce unos resultados sorprendentes. Vamos&#8230;, un par de yardas m\u00e1s. Quiero que sea una aut\u00e9ntica sorpresa.<br \/>\n?Espero que no se trate de una broma ?dijo la t\u00eda en tono de sospecha, mientras prosegu\u00eda la marcha con determinaci\u00f3n.<br \/>\n?Te aseguro que no es ninguna broma ?contest\u00f3 H\u00e9rcules con la mano en el interruptor de la luz. Pod\u00eda ver la protuberancia amenazante de la orqu\u00eddea; la t\u00eda se encontraba a diez pies de ella. Esper\u00f3 hasta que lleg\u00f3 a la zona de peligro, y puls\u00f3 el interruptor. La estancia qued\u00f3 iluminada por una luz fr\u00eda. T\u00eda Henrietta se detuvo, con los brazos en jarras, delante de la orqu\u00eddea gigante. H\u00e9rcules crey\u00f3 que se retirar\u00eda antes de que la planta entrara en acci\u00f3n, pero, unos segundos m\u00e1s tarde, vio que la observaba tranquilamente, incapaz de hacerse una idea de qu\u00e9 demonios era aquello. Pasaron cinco segundos hasta que la orqu\u00eddea empez\u00f3 a moverse. Entonces, los tent\u00e1culos colgantes se pusieron en acci\u00f3n, pero no en la forma que H\u00e9rcules esperaba. La planta los dobl\u00f3 cuidadosamente, pero en torno a s\u00ed misma, como protegi\u00e9ndose, y emitiendo al mismo tiempo un grito de aut\u00e9ntico terror. H\u00e9rcules comprendi\u00f3 la triste realidad en un momento de indescriptible desilusi\u00f3n.<br \/>\nSu orqu\u00eddea era una cobarde redomada. Era capaz de afrontar los peligros de la vida salvaje del Amazonas, pero al enfrentarse con t\u00eda Henrietta su valor se hab\u00eda venido abajo.<br \/>\nEn cuanto a su presunta v\u00edctima, se qued\u00f3 mirando a la criatura con perplejidad, que pronto se convirti\u00f3 en una actitud muy diferente. Gir\u00f3 sobre sus talones y apunt\u00f3 a su sobrino con un dedo acusador.<br \/>\n?\u00a1H\u00e9rcules! ?bram\u00f3?. La pobrecilla est\u00e1 muerta de miedo, \u00bfhas estado maltrat\u00e1ndola?<br \/>\nH\u00e9rcules permanec\u00eda de pie con la cabeza colgando, avergonzado y frustrado.<br \/>\n?No, no, t\u00eda ?acert\u00f3 a decir?. Debe ser nerviosa por naturaleza.<br \/>\n?Bueno, estoy acostumbrada a tratar con animales. Deber\u00edas haberme avisado antes. Hay que tratarlos con firmeza, pero con suavidad al mismo tiempo. La dulzura da siempre buenos resultados, con tal de que aprendan a distinguir qui\u00e9n es el amo. Venga, venga, peque\u00f1ita, no tengas miedo de la t\u00eda; no va a hacerte da\u00f1o.<br \/>\nEra una visi\u00f3n repugnante, pens\u00f3 H\u00e9rcules en su negra desesperaci\u00f3n. Con sorprendente delicadeza, t\u00eda Henrietta empez\u00f3 a hacer mimos a la bestia, d\u00e1ndole golpecitos y acarici\u00e1ndola hasta que los tent\u00e1culos se relajaron y el grito penetrante se desvaneci\u00f3. H\u00e9rcules sali\u00f3 apresuradamente, conteniendo un gemido, al ver como uno de los tent\u00e1culos avanzaba y empezaba a acariciar los dedos nudosos de Henrietta.<br \/>\nDesde entonces es un hombre acabado. Y lo que es peor, nunca pudo escapar a las consecuencias de su crimen malogrado. Henrietta ten\u00eda una nueva mascota y a veces le visitaba no s\u00f3lo los fines de semana, sino dos o tres veces entre semana. Evidentemente, no confiaba en que H\u00e9rcules tratara a la orqu\u00eddea adecuadamente, y a\u00fan sospechaba que la maltrataba. Tra\u00eda piltrafas sabros\u00edsimas, que incluso los perros rechazaban pero que la orqu\u00eddea aceptaba encantada. El olor, que hasta entonces se hab\u00eda limitado al invernadero, empez\u00f3 a introducirse en la casa&#8230;<br \/>\nY as\u00ed contin\u00faa la situaci\u00f3n, concluy\u00f3 Harry Purvis, dando por finalizado este relato tan inveros\u00edmil, para satisfacci\u00f3n de, al menos, dos de las partes interesadas. La orqu\u00eddea es feliz y t\u00eda Henrietta, puede ejercer, sin duda, su dominio sobre otra criatura. La bestia sufre un ataque de nervios cada vez que un rat\u00f3n se cuela en el invernadero, y Henrietta se desvive por consolarla.<br \/>\nEn cuanto a H\u00e9rcules, no hay posibilidad de que vuelva a causar problemas a ninguna de las dos. Parece como si se hubiera sumido en una especie de abulia vegetal; en realidad, a\u00f1adi\u00f3 Harry pensativamente, cada d\u00eda se parece m\u00e1s a una orqu\u00eddea.<br \/>\nDe una especie inofensiva, por supuesto&#8230;<br \/>\nEdici\u00f3n digital de Dabarro\t\tRevisi\u00f3n de urijenny (odoniano@yahoo.com.ar<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La orqu\u00eddea indecisa Arthur C. Clarke Traducci\u00f3n de Flora Casas en Cuentos de la taberna del ciervo blanco, Alianza Editorial S. A.. Muy pocos clientes de \u00abEl Ciervo Blanco\u00bb admitir\u00edan que los relatos de Harry Purvis sean ciertos, pero todos estar\u00e1n de acuerdo en que algunos son m\u00e1s veros\u00edmiles que otros. Y en cualquier escala<\/p>\n<p class=\"text-right\"><span class=\"screen-reader-text\">Continue Reading&#8230; La orqu\u00eddea indecisa<\/span><a class=\"btn btn-secondary continue-reading\" href=\"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=689\">Continue Reading&#8230;<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[17],"tags":[],"class_list":["post-689","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos-de-ciencia-ficcion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/689","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=689"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/689\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=689"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=689"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=689"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}