{"id":686,"date":"2008-10-14T13:24:34","date_gmt":"2008-10-14T13:24:34","guid":{"rendered":"http:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=686"},"modified":"2008-10-14T13:24:34","modified_gmt":"2008-10-14T13:24:34","slug":"las-arenas-azules-de-la-tierra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=686","title":{"rendered":"Las arenas azules de la tierra"},"content":{"rendered":"<p>Las arenas azules de la Tierra<br \/>\nRobert F. Young<br \/>\nHopsoil, \u00a9 1960 by Mercury Press Inc.. Traducci\u00f3n de Gim\u00e9nez Sales-Navarro Gon\u00e7\u00e1lves en Ciencia Ficci\u00f3n Selecci\u00f3n-23, Libro Amigo 414, Editorial Bruguera S. A., 1976.<\/p>\n<p>Marte ha sido durante d\u00e9cadas el objetivo favorito de los autores de SF. Desde Wells a Bradbury, pasando por Rice Burroughs, han sido legi\u00f3n los astronautas literarios que han hecho volar (nunca mejor dicho) su imaginaci\u00f3n hacia el sugestivo planeta rojo. Si un hipot\u00e9tico marciano leyera todo lo que los terrestres han escrito sobre su mundo, probablemente se partir\u00eda de risa&#8230; O, tal vez, como &#8220;venganza po\u00e9tica&#8221;, escribir\u00eda un relato romo el que sigue.<\/p>\n<p>NOTA: La historia que sigue lleg\u00f3 hasta mi por conductos hasta ahora inaccesibles, cuya naturaleza no puedo ni debo divulgar. Es, por lo que s\u00e9, la primera historia marciana de ciencia ficci\u00f3n que llega a la Tierra, y aunque siga su propio curso, hay muchas cosas que se pueden deducir de ella, como, por ejemplo: 1) Que los marcianos son muy parecidos a nosotros. 2) Que su civilizaci\u00f3n es muy parecida a la nuestra. 3) Que todo el tiempo que los escritores de ciencia ficci\u00f3n de la Tierra han empleado usando a Marte como espejo de los defectos de nuestra sociedad, los escritores marcianos de ciencia ficci\u00f3n lo han empleado a su vez usando a la Tierra como espejo de los defectos de la suya, 4) Que el asunto de las imitaciones ha sido tan explotado en Marte como en la Tierra, y que algunos escritores marcianos de ciencia ficci\u00f3n han empezado a parodiar a otros escritores marcianos de ciencia ficci\u00f3n. 5) Que esta misma historia est\u00e1 entre dichas parodias<\/p>\n<p>La nave descendi\u00f3 de la abismal inmensidad y se pos\u00f3, como un obscuro p\u00e1jaro sin alas, sobre las arenas azules de la Tierra.<br \/>\nEl capit\u00e1n Frimpf abri\u00f3 la puerta. Sali\u00f3 a la centelleante luz del sol y llen\u00f3 sus pulmones con una bocanada de aire fresco. A su alrededor, llegando hasta el ondulado horizonte, se extend\u00edan las arenas azules. En la distancia, los destrozados edificios de una ciudad extinguida hacia mucho tiempo brillaban bajo la luz como grandes alas de cristal coloreado. M\u00e1s arriba, peque\u00f1as nubes redondas jugaban en el enorme campo de juegos del cielo.<br \/>\nSe le nublaron los ojos. \u00abLa Tierra ?pens\u00f3?. \u00a1La Tierra al fin!\u00bb<br \/>\nLos tres hombres: que compon\u00edan el resto de la tripulaci\u00f3n salieron de la nave y se detuvieron a su lado. Ellos tambi\u00e9n miraron el paisaje con ojos nublados.<br \/>\n?Azul ?suspir\u00f3 Birp.<br \/>\n?Azul ?murmur\u00f3 Fardel.<br \/>\n?Azul ?mascull\u00f3 Pempf.<br \/>\n?Azul, naturalmente ?acab\u00f3 el capit\u00e1n con suavidad?. \u00bfNo han sostenido nuestros astr\u00f3nomos durante mucho tiempo que el color azul de la Tierra no puede ser atribuido solamente a la capacidad para absorber la luz que tiene su atm\u00f3sfera? \u00a1La superficie ten\u00eda que ser azul!<br \/>\nY agach\u00e1ndose, recogi\u00f3 un pu\u00f1ado de la extra\u00f1a substancia que cay\u00f3 por entre sus dedos como humo azul.<br \/>\n?Las arenas azules de la Tierra ?murmur\u00f3 reverentemente. Se enderez\u00f3 y, quit\u00e1ndose el casco, dej\u00f3 que el aire limpio de la Tierra le acariciase el pelo, a la brillante luz del sol. En la distancia, la ciudad dejaba escapar un sonido semejante al de muchas campanas de cristal, el viento le trajo aquel sonido por encima de las arenas azules, y \u00e9l pens\u00f3 en los c\u00e1lidos veranos de Marte y en sus largos y perezosos d\u00edas, y en sus tardes calurosas, en las que se tomaba un refresco en el porche de la abuela Frimpf.<br \/>\nSinti\u00f3 que alguien respiraba sobre su cuello y se volvi\u00f3, irritado.<br \/>\n?\u00bfQu\u00e9 le ocurre, Birp?<br \/>\nBirp se aclar\u00f3 la garganta :<br \/>\n??Lo siento, se\u00f1or ?dijo?. Pero \u00bfno cree usted que&#8230;? Quiero decir, se\u00f1or, que ha sido un largo viaje, y Pempf, Fardel y yo estamos un poco se&#8230;, quiero decir que estamos un poco tensos y que pensamos&#8230;<br \/>\nPero ante la expresi\u00f3n de reproche que vio en los ojos del capit\u00e1n, dej\u00f3 la frase en suspenso.<br \/>\n?Muy bien ?dijo \u00e9ste fr\u00edamente?. Abrid una caja de esa bazofia, pero s\u00f3lo una, \u00bfentendido? Y si encuentro una sola botella vac\u00eda estropeando este paisaje virgen os dar\u00e9 con ella en la cabeza.<br \/>\nBirp, que hab\u00eda salido disparado hacia la nave, se par\u00f3 en seco al o\u00edr la advertencia del capit\u00e1n.<br \/>\nPero \u00bfqu\u00e9 haremos, entonces, se\u00f1or? Si las ponemos otra vez en la nave tendremos que gastar mucho combustible para despegar, y ya andamos con las reservas justas.<br \/>\nEl capit\u00e1n reflexion\u00f3 unos instantes. No era un gran problema y lo resolvi\u00f3 en seguida ?sin muchas dificultades.<br \/>\n?Enterradlas ?contest\u00f3.<br \/>\nMientras la tripulaci\u00f3n se tragaba su cerveza, el capit\u00e1n permaneci\u00f3 mirando hacia la distante ciudad. Se imagin\u00f3 a s\u00ed mismo contando todo aquello a su esposa cuando volviese a Marte, y se imagin\u00f3 a s\u00ed mismo sentado ante la mesa del comedor describiendo las torres de cristal, las agujas centelleantes y los ruinosos edificios.<br \/>\nA su pesar, vio tambi\u00e9n a su esposa. Sentada al otro extremo de la mesa, escuchaba y com\u00eda, pero m\u00e1s tragaba que escuchaba. \u00a1Cielos!, estaba m\u00e1s gorda ahora que cuando \u00e9l habla partido. Por mil\u00e9sima vez se pregunt\u00f3 por qu\u00e9 las esposas ten\u00edan que engordar tanto&#8230;, tanto, que a veces sus maridos ten\u00edan que sacarlas en carretones. \u00bfPor qu\u00e9 no se levantaban y se mov\u00edan de vez en cuando en lugar de abalanzarse en manada sobre cualquier electrodom\u00e9stico que los fabricantes lanzaran al mercado? \u00bfY por qu\u00e9 ten\u00edan que comer, comer y tragar todo el tiempo?<br \/>\nEl rostro del capit\u00e1n palideci\u00f3 al pensar en la factura del mercado que tendr\u00eda que pagar a su vuelta, y este pensamiento le trajo otros sobre cosas igualmente angustiosas, tales como los impuestos sobre las rentas personales, la carretera, el \u00e1rbol, el gas, la hierba, el aire, la primera guerra mundial, la segunda guerra mundial, la tercera guerra mundial, la cuarta guerra mundial&#8230;<br \/>\nSuspir\u00f3. \u00a1Era como para darse a la bebida, aquello de tener que pagar por guerras en las que hab\u00edan luchado el padre, el abuelo, el bisabuelo y el tatarabuelo! Mir\u00f3 con envidia a Birp, Pempf y Fardel. A ellos no les preocupaban sus impuestos. No les preocupaba nada. Bailaban alrededor de la caja vac\u00eda de cerveza como unos aut\u00e9nticos b\u00e1rbaros, y hab\u00edan compuesto ya una canci\u00f3n soez sobre las arenas azules de la Tierra.<br \/>\nEl capit\u00e1n Frimpf escuch\u00f3 las palabras y poco a poco se le fueron calentando las orejas.<br \/>\n?\u00a1Bueno, ya est\u00e1 bien! ?dijo bruscamente?. Enterrad la botellas, quemad la caja y volved a la nave. Ma\u00f1ana ser\u00e1 un d\u00eda muy duro.<br \/>\nObedientes, Birp, Pempf y Fardel enterraron las cuatro filas de peque\u00f1as botellas en la arena azul, cubriendo, uno por uno, aquellos peque\u00f1os soldados muertos. Despu\u00e9s de quemar la caja y de dar las buenas noches al capit\u00e1n entraron en la nave.<br \/>\nEl capit\u00e1n se qued\u00f3 fuera. Sal\u00eda la luna. \u00a1Y qu\u00e9 luna! Su m\u00e1gico resplandor convirti\u00f3 la llanura en un extenso mantel azul obscuro, y la ciudad en un candelabro de plata.<br \/>\nEl misterio de aquellos edificios vac\u00edos y de aquellas calles abandonadas cruz\u00f3 la llanura y penetr\u00f3 hasta la m\u00e9dula de sus huesos. \u00bfQu\u00e9 hab\u00eda pasado con los habitantes de la ciudad?, se pregunt\u00f3. \u00bfQu\u00e9 les hab\u00eda sucedido a los habitantes de las otras ciudades que hab\u00eda visto cuando la nave hab\u00eda entrado en \u00f3rbita?<br \/>\nSacudi\u00f3 la cabeza. No lo sabia y probablemente no lo sabr\u00eda nunca. Su propia ignorancia le entristeci\u00f3 y, de pronto, encontr\u00f3 irresistible el patetismo de la llanura y el ininterrumpido silencio de la noche. Volvi\u00f3 a la nave y cerro la puerta tras \u00e9l. Estuvo largo tiempo tendido en la obscuridad de su camarote, pensando en las personas de la Tierra, en la civilizaci\u00f3n que habla venido y se hab\u00eda ido, sin dejar tras de s\u00ed m\u00e1s que un pu\u00f1ado de cristales. Finalmente, se qued\u00f3 dormido.<br \/>\nCuando sali\u00f3, a la ma\u00f1ana siguiente, hab\u00eda veinticuatro \u00e1rboles de cerveza frente a la nave.<br \/>\nEste nombre surgi\u00f3 en el acto en la mente del capit\u00e1n Frimpf. Nunca hab\u00eda visto \u00e1rboles de cerveza, y nunca hab\u00eda o\u00eddo hablar de ellos, pero \u00bfqu\u00e9 otro nombre pod\u00eda darse a un grupo de grandes plantas le\u00f1osas con botellas de l\u00edquido ambarino colgando de sus ramas y listas para ser recogidas como frutos maduros?<br \/>\nAlgunos de los frutos hab\u00edan sido ya arrancados. Y hab\u00eda un semillero en el flamante huerto: por la hilera de mont\u00edculos que habla al borde del huerto se pod\u00eda deducir que hab\u00edan sido plantadas nuevas semillas.<br \/>\nEl capit\u00e1n estaba mudo de asombro. \u00bfC\u00f3mo era posible que un terreno ?incluso un terreno de la Tierra? hiciera crecer, de unas botellas vac\u00edas y en una sola noche, \u00e1rboles de cerveza? Empez\u00f3 a vislumbrar lo que les pod\u00eda haber ocurrido a los habitantes de la Tierra.<br \/>\nPempf vino hacia \u00e9l con una botella en cada mano.<br \/>\n?Pruebe, se\u00f1or ?dijo entusiasmado?. \u00a1Nunca habr\u00e1 probado nada semejante!<br \/>\nEl capit\u00e1n le detuvo con una mirada penetrante.<br \/>\n?Soy un oficial, Pempf. \u00a1Y los oficiales no beben cerveza!<br \/>\n?Lo&#8230; lo olvid\u00e9, se\u00f1or. Lo siento.<br \/>\n?\u00a1Ya lo creo que debe sentirlo! \u00a1Usted y los otros dos! \u00bfQui\u00e9n les dio permiso para comer&#8230;, quiero decir beber frutos de la Tierra?<br \/>\nPempf inclin\u00f3 la cabeza lo suficiente como para demostrar que estaba arrepentido, pero no tan arrepentido como deb\u00eda, de acuerdo con su graduaci\u00f3n.<br \/>\n?Nadie, se\u00f1or. Creo&#8230;, creo que perdimos la cabeza.<br \/>\n?\u00bfNo tienen la menor curiosidad por saber c\u00f3mo han crecido esos \u00e1rboles? Usted es el qu\u00edmico de la expedici\u00f3n. \u00bfPor qu\u00e9 no est\u00e1 analizando el suelo?<br \/>\n?No ser\u00eda de ninguna utilidad, se\u00f1or. Un suelo como \u00e9ste, capaz, con sus propiedades, de hacer crecer \u00e1rboles de botellas vac\u00edas, es el producto de una ciencia con un mill\u00f3n de a\u00f1os de adelanto sobre la nuestra. Adem\u00e1s, se\u00f1or, no creo que el suelo sea el \u00fanico responsable. Creo que la luz del sol, al reflejarse en la superficie de la Luna, se combina con ciertas radiaciones lunares y da a la luz de Luna resultante la facultad de fecundar y multiplicar cualquier cosa plantada en este planeta.<br \/>\nEl capit\u00e1n le mir\u00f3.<br \/>\n?\u00bfCualquier cosa, dice usted?<br \/>\n?\u00bfPor qu\u00e9 no, se\u00f1or? Plantamos botellas vac\u00edas de cerveza y han salido \u00e1rboles, \u00bfno?<br \/>\n?Hummm ?murmur\u00f3 el capit\u00e1n.<br \/>\nSe volvi\u00f3 bruscamente y entr\u00f3 otra vez en la nave. Pas\u00f3 el d\u00eda en su camarote, pensando. Olvidado completamente del apretado plan del d\u00eda. Despu\u00e9s de la puesta del sol sali\u00f3 y enterr\u00f3 detr\u00e1s de la nave todos los billetes de Banco que hab\u00eda tra\u00eddo consigo. Sent\u00eda no tener m\u00e1s, pero en realidad no importaba, porque tan pronto diesen fruto los \u00e1rboles tendr\u00eda todas las semillas que quisiera.<br \/>\nAquella noche, por primera vez en muchos a\u00f1os, durmi\u00f3 sin so\u00f1ar con la factura del mercado y con los impuestos.<br \/>\nPero a la ma\u00f1ana siguiente, cuando sali\u00f3 afuera y dio apresuradamente la vuelta a la nave, no encontr\u00f3 ning\u00fan \u00e1rbol de billetes floreciendo bajo el sol. No encontr\u00f3 m\u00e1s que los peque\u00f1os mont\u00edculos que \u00e9l mismo hab\u00eda dejado la noche anterior.<br \/>\nAl principio, la decepci\u00f3n le dej\u00f3 aturdido. Luegopens\u00f3: \u00abQuiz\u00e1 el dinero lleve m\u00e1s tiempo. \u00a1Probablemente sea tan dif\u00edcil de hacer crecer como de conseguirlo.\u00bb Volvi\u00f3 al otro lado de la nave y mir\u00f3 hacia el huerto. Los \u00e1rboles eran tres veces m\u00e1s grandes que el d\u00eda anterior y formaban ya un peque\u00f1o bosque. Perplejo, camin\u00f3 por los claros salpicados de sol y mirando con envidia los grandes racimos de frutos de \u00e1mbar.<br \/>\nUn rastro de tapones le llev\u00f3 hasta un claro en el que crec\u00eda un nuevo sembrado. Crec\u00eda a ojos vistas. Pempf, Fardel y Birp bailaban alrededor como ninfas barbudas de los bosques, esgrimiendo botellas y cantando a voz en grito. La canci\u00f3n obscena sobre las arenas azules de la Tierra tenia ahora una segunda estrofa.<br \/>\nAl verle se detuvieron en seco, y al advertir la expresi\u00f3n del capit\u00e1n dieron por terminada la fiesta. Este se pregunt\u00f3 si habr\u00edan dormido aquella noche. Lo dudaba. Pero hubiesen dormido o no, estaba claro que la disciplina se relajaba r\u00e1pidamente. Si quer\u00eda salvar la expedici\u00f3n tenia que actuar con prontitud.<br \/>\nPero, por alguna raz\u00f3n, su iniciativa parec\u00eda haberle abandonado. La idea de salvar la expedici\u00f3n le hizo pensar en la vuelta a Marte, y la vuelta a Marte le hizo pensar en su gruesa esposa, y su gruesa esposa le hizo pensar en la factura del mercado, y \u00e9sta en los impuestos, y el recuerdo de los impuestos, por una raz\u00f3n inexplicable, le hac\u00eda pensar en el peque\u00f1o armario de licores de su camarote y en la botella de whisky por descorchar que permanec\u00eda sola en su repisa.<br \/>\nDecidi\u00f3 aguardar hasta ma\u00f1ana para reprender a la tripulaci\u00f3n. Seguramente por entonces sus \u00e1rboles de billetes habr\u00edan surgido ya de la tierra, d\u00e1ndole una idea de cu\u00e1nto deb\u00eda esperar para recoger su primera cosecha de dinero y plantar la segunda. Cuando su fortuna estuviese asegurada podr\u00eda encararse mejor con el problema de los \u00e1rboles de cerveza.<br \/>\nPero a la ma\u00f1ana siguiente los mont\u00edculos, en la parte de atr\u00e1s de la nave, estaban igual. El huerto de cerveza, por el contrario, era algo digno de verse. Se hab\u00eda extendido hasta la mitad de la llanura, en direcci\u00f3n a la ciudad muerta, y el viento. en las ramas cargadas de frutos, hac\u00eda un sonido semejante al de una planta embotelladora en plena producci\u00f3n.<br \/>\nEn la mente del capit\u00e1n quedaban muy pocas dudas sobre la suerte que hab\u00edan corrido los habitantes de la Tierra. Pero \u00bfqu\u00e9 hab\u00eda ocurrido con los \u00e1rboles que dichos habitantes hab\u00edan plantado? No era un tipo obtuso, y la respuesta lleg\u00f3 en seguida. Los habitantes de la Tierra hab\u00edan llevado a cabo una funci\u00f3n semejante a la de las abejas en Marte: al beber el fruto l\u00edquido hab\u00edan fecundado el caparaz\u00f3n de<br \/>\ncristal que le recubr\u00eda, y estos caparazones fecundados y plantados hablan producido nuevos \u00e1rboles.<br \/>\n\u00abUna ecolog\u00eda muy agradable\u00bb, pens\u00f3 el capit\u00e1n.<br \/>\nPero como todas las buenas cosas se hab\u00eda extinguido. Una por una, todas las personas se hab\u00edan convertido en activos fecundadores, y, finalmente, hab\u00edan muerto agotados, y los \u00e1rboles, incapaces de reproducirse por s\u00ed solos, se hablan extinguido.<br \/>\nUn destino tr\u00e1gico, sin duda. Pero \u00bfera acaso m\u00e1s tr\u00e1gico que morir a causa de los impuestos?<br \/>\nEl capit\u00e1n pas\u00f3 el resto del d\u00eda tratando de encontrar un medio de fecundar el dinero. Sus ojos se desviaban cada vez con m\u00e1s frecuencia hacia la puerta del peque\u00f1o armario de los licores. Al atardecer, Birp, Pempf y Fardel aparecieron solicitando una audiencia.<br \/>\nFardel fue quien habl\u00f3.<br \/>\n?Se\u00f1or ?dijo?. Lo hemos decidido. No vamos a volver a Marte.<br \/>\nEl capit\u00e1n no se sorprendi\u00f3, pero no pudo dejar de mostrarse irritado.<br \/>\n??\u00a1Volved a vuestro huerto y dejadme en paz! ?dijo, d\u00e1ndoles la espalda.<br \/>\nCuando hubieron salido fue hasta el armario de los licores y abri\u00f3 la puerta. Cogi\u00f3 la \u00fanica botella que quedaba. Sus dos compa\u00f1eras hab\u00edan quedado vac\u00edas hac\u00eda tiempo, y hab\u00edan sido arrojadas por el dispositivo de eliminaci\u00f3n. Ahora flotaban, en \u00f3rbita, en alg\u00fan lugar entre la Tierra y Marte.<br \/>\n?Ha sido una suerte que salvara una ?dijo, y la fecund\u00f3. Luego sali\u00f3, tambale\u00e1ndose, y la enterr\u00f3 , detr\u00e1s de la nave, y se sent\u00f3 para ver c\u00f3mo crec\u00eda.<br \/>\nQuiz\u00e1 sus \u00e1rboles de dinero crecieran, o quiz\u00e1 no. Si no crec\u00edan no volverla a Marte. Estaba harto de su gruesa. esposa, estaba harto de la cuenta del mercado y de los impuestos sobre las rentas personales, la carretera, el \u00e1rbol, el gas, la hierba y el aire, y de los de la primera, segunda, tercera y cuarta guerras mundiales. Y sobre todo estaba. harto de ser un honorable oficial con la boca seca.<br \/>\nSali\u00f3 la Luna y \u00e9l pudo ver, encantado, c\u00f3mo los primeros brotes de su \u00e1rbol de whisky surg\u00edan de las arenas azules de la Tierra.<\/p>\n<p>Edici\u00f3n digital de urijenny (odoniano@yahoo.com.ar)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las arenas azules de la Tierra Robert F. Young Hopsoil, \u00a9 1960 by Mercury Press Inc.. Traducci\u00f3n de Gim\u00e9nez Sales-Navarro Gon\u00e7\u00e1lves en Ciencia Ficci\u00f3n Selecci\u00f3n-23, Libro Amigo 414, Editorial Bruguera S. A., 1976. Marte ha sido durante d\u00e9cadas el objetivo favorito de los autores de SF. Desde Wells a Bradbury, pasando por Rice Burroughs, han<\/p>\n<p class=\"text-right\"><span class=\"screen-reader-text\">Continue Reading&#8230; Las arenas azules de la tierra<\/span><a class=\"btn btn-secondary continue-reading\" href=\"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=686\">Continue Reading&#8230;<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[17],"tags":[],"class_list":["post-686","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos-de-ciencia-ficcion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/686","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=686"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/686\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=686"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=686"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=686"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}