{"id":661,"date":"2008-05-13T18:40:05","date_gmt":"2008-05-13T18:40:05","guid":{"rendered":"http:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=661"},"modified":"2008-05-13T18:40:05","modified_gmt":"2008-05-13T18:40:05","slug":"arthur-c.-clarke:-2001-una-odisea-en-el-espacio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=661","title":{"rendered":"Arthur C. Clarke: 2001 Una odisea en el espacio"},"content":{"rendered":"<p>ARTHUR C. CLARKE<\/p>\n<p>Titulo original: 2001 A SPACE ODISSEY<br \/>\nTraductor: Antonio Ribera<br \/>\n\u00a9 1968 by Arthur C. Clarke<br \/>\n\u00a9 1985 Ediciones Orbis S.A.<br \/>\nDep\u00f3sito Legal: M.36.202-1985<\/p>\n<p>Edici\u00f3n electr\u00f3nica: Sadrac ?<br \/>\nRevisado y corregido por El Trauko<br \/>\nVersi\u00f3n 1.0 &#8211; Word 97<\/p>\n<p>?La Biblioteca de El Trauko?<br \/>\nhttp:\/\/www.fortunecity.es\/poetas\/relatos\/166\/<br \/>\nhttp:\/\/go.to\/trauko<br \/>\ntrauko33@mixmail.com<br \/>\nChile &#8211; Noviembre 2000<\/p>\n<p>Texto digital # 18<\/p>\n<p>Este texto digital es de car\u00e1cter did\u00e1ctico y s\u00f3lo puede ser utilizado dentro del n\u00facleo familiar, en establecimientos educacionales, de beneficencia u otras instituciones similares, y siempre que esta utilizaci\u00f3n se efect\u00fae sin \u00e1nimo de lucro.<\/p>\n<p>Todos los derechos pertenecen a los titulares del Copyright.<br \/>\nCualquier otra utilizaci\u00f3n de este texto digital para otros fines que no sean los expuestos anteriormente es de entera responsabilidad de la persona que los realiza.<\/p>\n<p>2001 ? UNA ODISEA ESPACIAL<br \/>\nArthur C. Clarke<\/p>\n<p>I ? NOCHE PRIMITIVA<br \/>\n1 ? El camino de la extinci\u00f3n<br \/>\nLa sequ\u00eda hab\u00eda durado ya diez millones de a\u00f1os, y el reinado de los terribles saurios tiempo ha que hab\u00eda terminado. Aqu\u00ed en el ecuador, en el continente que hab\u00eda de ser conocido un d\u00eda como Africa, la batalla por la existencia hab\u00eda alcanzado un nuevo cl\u00edmax de ferocidad, no avist\u00e1ndose a\u00fan al victorioso. En este terreno bald\u00edo y disecado s\u00f3lo pod\u00eda medrar, o aun esperar sobrevivir, lo peque\u00f1o, lo raudo o lo feroz.<br \/>\nLos hombres mono del &#8220;veldt&#8221; no eran nada de ello, y no estaban por ende medrando; realmente, se encontraban ya muy adelantados en el curso de la extinci\u00f3n racial. Una cincuentena de ellos ocupaban un grupo de cuevas que dominaban un angosto vallecito, dividido por un perezoso riachuelo alimentado por las nieves de las monta\u00f1as, situadas a doscientas millas al norte. En \u00e9pocas malas, el riachuelo desaparec\u00eda por completo, y la tribu viv\u00eda bajo el sombr\u00edo manto de la sed.<br \/>\nEstaba siempre hambrienta, y ahora la apresaba la torva inanici\u00f3n. Al filtrarse serpenteante en la cueva el primer d\u00e9bil resplandor del alba, Moon?Watcher vio que su padre hab\u00eda muerto durante la noche. No sab\u00eda que el viejo fuese su padre, pues tal parentesco se hallaba m\u00e1s all\u00e1 de su entendimiento, pero al contemplar el enteco cuerpo sinti\u00f3 un vago desasosiego que era el antecesor de la pesadumbre.<br \/>\nLas dos criaturas estaban ya gimiendo en petici\u00f3n de comida, pero callaron al punto ante el refunfu\u00f1o de Moon?Watcher. Una de las madres, defendi\u00f3 a la cr\u00eda a la que no pod\u00eda alimentar debidamente, respondiendo a su vez con un enojado gru\u00f1ido, y a \u00e9l le falto hasta la energ\u00eda para asestarle un manotazo por su protesta.<br \/>\nHab\u00eda ya suficiente claridad para salir. Moon?Watcher asi\u00f3 el canijo y arrugado cad\u00e1ver y lo arrastr\u00f3 tras s\u00ed al inclinarse para atravesar la baja entrada de la cueva. Una vez fuera se ech\u00f3 el cad\u00e1ver al hombro y se puso en pie&#8230; \u00fanico animal en todo aquel mundo que pod\u00eda hacerlo.<br \/>\nEntre los de su especie Moon?Watcher era casi un gigante. Pasaba un par de cent\u00edmetros del metro y medio de estatura, y aunque p\u00e9simamente alimentado, pesaba unos cincuenta kilos. Su peludo y musculoso cuerpo estaba a mitad de camino entre el del mono y el del hombre, pero su cabeza era mucho m\u00e1s parecida a la del segundo que a la del primero. La frente era deprimida y presentaba protuberancias sobre la cuenca de los ojos, aunque ofrec\u00eda inconfundiblemente en sus genes la promesa de humanidad.<br \/>\nAl tender su mirada sobre aquel hostil mundo del pleistoceno, hab\u00eda ya algo en ella que sobrepasaba la capacidad de cualquier mono. En sus oscuros y sumisos ojos se reflejaba una alboreante comprensi\u00f3n&#8230; los primeros indicios de una inteligencia que posiblemente no se realizar\u00eda aun durante a\u00f1os, y no podr\u00eda tardar en ser extinguida para siempre.<br \/>\nNo percibiendo se\u00f1al alguna de peligro, Moon?Watcher comenz\u00f3 a descender el declive casi vertical al exterior de la cueva, s\u00f3lo ligeramente embarazado por su carga. Como si hubiesen estado esperando su se\u00f1al, los componentes del resto de la tribu emergieron de sus hogares, dirigi\u00e9ndose presurosos declive abajo en direcci\u00f3n a las fangosas aguas del riachuelo para su bebida ma\u00f1anera.<br \/>\nMoon?Watcher tendi\u00f3 su mirada a trav\u00e9s del valle para ver si los Otros estaban a la vista, mas no hab\u00eda se\u00f1al alguna de ellos. Quiz\u00e1 no hab\u00edan abandonado a\u00fan sus cuevas, o estaban ya forrajeando a lo largo de la ladera del cerro. Y como no se los ve\u00eda por parte alguna, Moon?Watcher los olvid\u00f3, pues era incapaz de preocuparse m\u00e1s que de una sola cosa cada vez.<br \/>\nDeb\u00eda primero zafarse del viejo, pero \u00e9ste era un problema que requer\u00eda muy poco que pensar. Hab\u00eda habido muchas muertes aquella temporada, una en su propia cueva; s\u00f3lo ten\u00eda que depositar el cad\u00e1ver donde hab\u00eda dejado el de la nueva criatura en el \u00faltimo cuarto de luna, y las hienas se encargar\u00edan del resto.<br \/>\nEllas estaban ya a la espera, all\u00e1 donde el peque\u00f1o valle se dilu\u00eda en la sabana, como si supiesen de su llegada. Moon?Watcher deposit\u00f3 el cuerpo bajo un mezquino matorral todos los huesos anteriores hab\u00edan desaparecido ya y se apresur\u00f3 a volver a reunirse con la tribu. No volvi\u00f3 a pensar m\u00e1s en su padre.<br \/>\nSus dos compa\u00f1eras, los adultos de las otras cuevas, y la mayor\u00eda de los j\u00f3venes estaban forrajeando entre los \u00e1rboles raquitizados por la sequ\u00eda valle arriba, buscando bayas, suculentas ra\u00edces y hojas, y ocasionales brevas, as\u00ed como lagartijas o roedores. S\u00f3lo los peque\u00f1os y los m\u00e1s d\u00e9biles de los viejos permanec\u00edan en las cuevas; si quedaba alg\u00fan alimento al final de la b\u00fasqueda del d\u00eda, podr\u00edan nutrirse. En caso contrario, no tardar\u00edan en estar de suerte otra vez las hienas.<br \/>\nPero aquel d\u00eda era bueno&#8230; aunque como Moon?Watcher no conservaba un recuerdo real del pasado, no pod\u00eda comparar un tiempo con otro. Hab\u00eda dado con una colmena en el tronco de un \u00e1rbol muerto, y as\u00ed hab\u00eda disfrutado de la mejor golosina que jam\u00e1s saboreara su gente; todav\u00eda se chupaba los dedos de cuando en cuando mientras conduc\u00eda el grupo al hogar, a la ca\u00edda de la tarde. Desde luego, hab\u00eda sido v\u00edctima de un gran n\u00famero de aguijonazos, pero apenas los hab\u00eda notado. Se sent\u00eda ahora casi tan contento como jam\u00e1s lo estuviera; pues aunque estaba a\u00fan hambriento, en realidad no se notaba d\u00e9bil por el hambre. Y eso era lo m\u00e1s a lo que pod\u00eda aspirar cualquier mono?humanoide.<br \/>\nSu contento se desvaneci\u00f3 al alcanzar el riachuelo. Los Otros estaban all\u00ed. Cada d\u00eda sol\u00edan estar, pero no por ello dejaba la cosa de ser menos molesta. Hab\u00eda unos treinta y no pod\u00edan ser distinguidos de los miembros de la propia tribu de Moon?Watcher. Al verle llegar, comenzaron a danzar, a agitar sus manos y a gritar, y los suyos replicaron de igual modo.<br \/>\nY eso fue todo lo que sucedi\u00f3. Aunque los mono?humanoide luchaban y peleaban a menudo entre ellos era raro que sus disputas tuvieran graves consecuencias. Al no poseer garras o colmillos y estando bien protegidos por su pelo, no pod\u00edan causarse mucho da\u00f1o mutuo. En cualquier caso, dispon\u00edan de escaso excedente de energ\u00eda para tal improductiva conducta; los gru\u00f1idos y las amenazas eran un medio mucho m\u00e1s eficaz de mantener sus puntos de vista.<br \/>\nLa confrontaci\u00f3n dur\u00f3 aproximadamente cinco minutos; luego, la manifestaci\u00f3n ces\u00f3 tan r\u00e1pidamente como hab\u00eda comenzado, y cada cual bebi\u00f3 hasta hartarse de la lodosa agua&#8230; El honor hab\u00eda quedado satisfecho; cada grupo hab\u00eda afirmado la reivindicaci\u00f3n de su propio territorio. Y habiendo sido zanjado este importante asunto, la tribu desfil\u00f3 por la ribera del riachuelo. El siguiente apacentadero que merec\u00eda la pena se hallaba ahora a m\u00e1s de una milla de las cuevas, y ten\u00edan que compartirlo con una manada de grandes bestias semejantes al ant\u00edlope, las cuales toleraban a duras penas su presencia. Y no pod\u00edan ser expulsadas de all\u00ed, pues estaban armadas con terribles dagas que sobresal\u00edan de su testuz&#8230; las armas naturales que el mono?humanoide no pose\u00eda.<br \/>\nAs\u00ed, Moon?Watcher y sus compa\u00f1eros masticaban bayas y frutas y hojas y se esforzaban por ahuyentar los tormentos del hambre&#8230; mientras en torno a ellos, compitiendo por el mismo pasto, hab\u00eda una fuente potencial de m\u00e1s alimento del que jam\u00e1s pod\u00edan esperar comer. Pero los miles de toneladas de suculenta carne que erraban por la sabana y a trav\u00e9s de la maleza, no s\u00f3lo estaban m\u00e1s all\u00e1 de su alcance, sino tambi\u00e9n de su imaginaci\u00f3n.<br \/>\nY, en medio de la abundancia, estaban pereciendo lentamente de inanici\u00f3n.<br \/>\nCon la \u00faltima claridad del d\u00eda, la tribu volvi\u00f3, sin incidentes, a su cueva. La hembra herida que hab\u00eda permanecido en ella arrull\u00f3 de placer cuando Moon?Watcher le dio la rama cubierta de bayas que le hab\u00eda tra\u00eddo, y comenz\u00f3 a atacarla vorazmente. Bien escaso alimento hab\u00eda en ella, pero le ayudar\u00eda a subsistir mientras sanaba la herida que el leopardo le hab\u00eda causado, y pudiera volver a forrajear por s\u00ed misma.<br \/>\nSobre el valle se estaba alzando la luna llena, y de las distantes monta\u00f1as soplaba un viento cortante. Har\u00eda mucho fr\u00edo durante la noche&#8230; pero el fr\u00edo, como el hambre, no era motivo de verdadera preocupaci\u00f3n; formaba simplemente parte del fondo de la vida.<br \/>\nMoon?Watcher apenas se movi\u00f3 cuando llegaron ecos de gritos y chillidos procedentes de una de las cuevas bajas del declive, y no necesitaba o\u00edr el ocasional gru\u00f1ido del leopardo para saber exactamente lo que estaba sucediendo. Abajo, en la oscuridad, el viejo Cabello Blanco y su familia estaban luchando y muriendo, mas ni por un momento atraves\u00f3 la mente de Moon?Watcher la idea de que pudiera ir a prestar ayuda de alg\u00fan modo. La dura l\u00f3gica de la supervivencia desechaba tales fantas\u00edas, y ninguna voz se alz\u00f3 en protesta desde la ladera del cerro. Cada cueva permanec\u00eda silenciosa, para no traerse tambi\u00e9n el desastre.<br \/>\nEl tumulto se apag\u00f3, y Moon?Watcher pudo o\u00edr entonces el roce de un cuerpo al ser arrastrado sobra las rocas. Ello dur\u00f3 s\u00f3lo unos cuantos segundos; luego, el leopardo dio buena cuenta de su presa, y no hizo m\u00e1s ruido al marcharse silenciosamente, llevando a su v\u00edctima sin esfuerzo entre sus poderosas mand\u00edbulas.<br \/>\nDurante uno o dos d\u00edas, no habr\u00eda m\u00e1s peligro all\u00ed, pero pod\u00eda haber otros enemigos afuera, aprovech\u00e1ndose del fr\u00edo. Estando suficientemente prevenidos, los rapaces menores pod\u00edan a veces ser espantados con gritos y chillidos. Moon?Watcher se arrastr\u00f3 fuera de la cueva, trep\u00f3 a un gran canto rodado que estaba junto a la entrada, y se agazap\u00f3 en \u00e9l para inspeccionar el valle.<br \/>\nDe todas las criaturas que hasta entonces anduvieron por la Tierra, los mono?humanoide fueron los primeros en contemplar fijamente a la Luna. Y aunque no pod\u00eda recordarlo, siendo muy joven Moon?Watcher quer\u00eda a veces alcanzar, e intentar tocar, aquel fantasmag\u00f3rico rostro sobre los cerros.<br \/>\nNunca lo hab\u00eda logrado, y ahora era bastante viejo para comprender porqu\u00e9. En primer lugar, desde luego, deb\u00eda hallar un \u00e1rbol lo suficientemente alto para trepar a \u00e9l.<br \/>\nA veces contemplaba el valle, y a veces la Luna, pero durante todo el tiempo escuchaba. En una o dos ocasiones se adormeci\u00f3, pero lo hizo permaneciendo alerta al punto que el m\u00e1s leve sonido le hubiese despabilado como movido por un resorte.<br \/>\nA la avanzada edad de veinticinco a\u00f1os, se encontraba a\u00fan en posesi\u00f3n de todas sus facultades; de continuar su suerte, y si evitaba los accidentes, las enfermedades, las bestias de presa y la inanici\u00f3n, podr\u00eda sobrevivir otros diez a\u00f1os m\u00e1s.<br \/>\nLa noche sigui\u00f3 su curso, fr\u00eda y clara, sin m\u00e1s alarmas, y la Luna se alz\u00f3 lentamente en medio de constelaciones ecuatoriales que ning\u00fan ojo humano ver\u00eda jam\u00e1s. En las cuevas, entre tandas de incierto dormitar y temerosa espera, estaban naciendo las pesadillas de generaciones a\u00fan por ser.<br \/>\nY por dos veces atraves\u00f3 lentamente el firmamento, alz\u00e1ndose al cenit, y descendiendo por el Este, un deslumbrante punto de luz m\u00e1s brillante que cualquier estrella.<\/p>\n<p>2 ? La nueva roca<br \/>\nMoon?Watcher se despert\u00f3 de s\u00fabito, muy adentrada la noche. Molido por los esfuerzos y desastres del d\u00eda, hab\u00eda estado durmiendo m\u00e1s a pierna suelta que de costumbre, aunque se puso instant\u00e1neamente alerta, al o\u00edr el primer leve gatear en el valle.<br \/>\nSe incorpor\u00f3, quedando sentado en la f\u00e9tida oscuridad de la cueva, tensando sus sentidos a la noche, y el miedo serpe\u00f3 lentamente en su alma. Jam\u00e1s en su vida ?casi el doble de larga que la mayor\u00eda de los miembros de su especie pod\u00edan esperar? hab\u00eda o\u00eddo un sonido como aquel.<br \/>\nLos grandes gatos se aproximaban en silencio, y lo \u00fanico que los traicionaba era un raro deslizarse de tierra, o el ocasional crujido de una ramita. Mas \u00e9ste era un continuo ruido crepitante, que iba aumentando constantemente en intensidad. Parec\u00eda como si alguna enorme bestia se estuviese moviendo a trav\u00e9s de la noche, desechando en absoluto el sigilo, y haciendo caso omiso de todos los obst\u00e1culos. En una ocasi\u00f3n Moon?Watcher oy\u00f3 el inconfundible sonido de un matorral al ser arrancado de ra\u00edz; los elefantes y los dinoterios lo hac\u00edan a menudo, pero por lo dem\u00e1s se mov\u00edan tan silenciosamente como los felinos.<br \/>\nY de pronto lleg\u00f3 un sonido que Moon?Watcher no pod\u00eda posiblemente haber identificado, pues jam\u00e1s hab\u00eda sido o\u00eddo antes en la historia del mundo. Era el rechinar del metal contra la piedra.<br \/>\nMoon?Watcher lleg\u00f3 junto a la Nueva Roca, al conducir la tribu al r\u00edo a la primera claridad diurna. Hab\u00eda casi olvidado los terrores de la noche, porque nada hab\u00eda sucedido tras aquel ruido inicial, por lo que ni siquiera asoci\u00f3 aquella extra\u00f1a cosa con peligro o con miedo. No hab\u00eda, despu\u00e9s de todo nada alarmante en ello.<br \/>\nEra una losa rectangular, de una altura triple a la suya pero lo bastante estrecha como para abarcarla con sus brazos, y estaba hecha de alg\u00fan material completamente transparente; en verdad que no era f\u00e1cil verla excepto cuando el sol que se alzaba destellaba en sus bordes. Como Moon?Watcher no hab\u00eda topado nunca con hielo, ni agua cristalina, no hab\u00eda objetos naturales con los que pudiese comparar aquella aparici\u00f3n.<br \/>\nCiertamente era m\u00e1s bien atractiva, y aunque \u00e9l ten\u00eda por costumbre ser prudentemente cauto ante la mayor\u00eda de las novedades, no vacilo mucho antes de encaramarse a ella. Y como nada sucedi\u00f3, tendi\u00f3 la mano y sinti\u00f3 una fr\u00eda y dura superficie.<br \/>\nTras varios minutos de intenso pensar, lleg\u00f3 a una brillante explicaci\u00f3n. Era una roca, desde luego, y debi\u00f3 haber brotado durante la noche.<br \/>\nHab\u00eda muchas plantas que lo hac\u00edan as\u00ed&#8230; objetos blancos y pulposos en forma de guijas, que parec\u00edan emerger durante las horas de oscuridad. Verdad era que eran peque\u00f1as y redondas, mientras que esta era ancha y de agudas aristas; pero fil\u00f3sofos m\u00e1s grandes y modernos que Moon?Watcher estar\u00edan dispuestos a pasar por alto excepciones igualmente sorprendentes a sus teor\u00edas.<br \/>\nAquella muestra realmente soberbia de pensamiento abstracto condujo a Moon?Watcher, tras s\u00f3lo tres o cuatro minutos, a una deducci\u00f3n que puso inmediatamente a prueba. Las blancas y redondas plantas?guijas eran muy sabrosas (aunque hab\u00eda unas cuantas que produc\u00edan una violenta enfermedad). \u00bfQuiz\u00e1s \u00e9sta grande&#8230;?<br \/>\nUnas cuantas lamidas e intentos de roer le desilusionaron r\u00e1pidamente. No hab\u00eda ninguna alimentaci\u00f3n en ella; por lo que, como mono?humanoide juicioso, prosigui\u00f3 en direcci\u00f3n al r\u00edo, olvid\u00e1ndolo todo sobre el cristalino monolito, durante la cotidiana rutina de chillar a los Otros.<br \/>\nEl forrajeo era muy malo, hoy, y la tribu hubo de recorrer varias millas desde las cuevas para encontrar alg\u00fan alimento. Durante el despiadado calor del mediod\u00eda una de las hembras m\u00e1s fr\u00e1giles se desplom\u00f3 v\u00edctima de un colapso, lejos de cualquier posible refugio. Sus compa\u00f1eros la rodearon arrull\u00e1ndola alentadoramente, mas no hab\u00eda nada que pudieran hacer. De haber estado menos agotados, pod\u00edan haberla transportado con ellos; pero no les quedaba ning\u00fan excedente de energ\u00eda para tal acto de caridad. Por lo tanto, hubieron de abandonarla para que se recuperase con sus propios recursos, o pereciese. En el recorrido de vuelta al hogar pasaron al atardecer por el lugar donde se depositaban los cad\u00e1veres; no se ve\u00eda en \u00e9l ning\u00fan hueso.<br \/>\nCon la \u00faltima luz del d\u00eda, y mirando ansiosamente en derredor para precaverse de tempranos cazadores, bebieron apresuradamente en el riachuelo, comenzando seguidamente a trepar a sus cuevas. Se hallaban todav\u00eda a cien metros de la nueva roca cuando comenz\u00f3 el sonido.<br \/>\nEra apenas audible, pero sin embargo los detuvo en seco, quedando paralizados en la vereda, con las mand\u00edbulas colgando flojamente. Una simple y enloquecedora vibraci\u00f3n repetida, sal\u00eda expelida del cristal, hipnotizando a todo cuando aprehend\u00eda en su sortilegio. Por primera vez ?y la \u00faltima, en tres millones de a\u00f1os? se oy\u00f3 en Africa el sonido del tambor.<br \/>\nEl vibrar se hizo m\u00e1s fuerte y m\u00e1s insistente. Los mono?humanoide comenzaron a moverse hacia adelante como son\u00e1mbulos, en direcci\u00f3n al origen de aquel obsesionante sonido. A veces daban peque\u00f1os pasos de danza, como si su sangre respondiese a los ritmos que sus descendientes a\u00fan tardar\u00edan \u00e9pocas en crear. Y completamente hechizados, se congregaron entorno al monolito, olvidando las fatigas y penalidades del d\u00eda, los peligros de la oscuridad que iba tendi\u00e9ndose, y el hambre de sus est\u00f3magos.<br \/>\nEl tamborileo se hizo m\u00e1s ruidoso, y m\u00e1s oscura la noche. Y cuando las sombras se alargaron y se agot\u00f3 la luz del firmamento, el cristal comenz\u00f3 a resplandecer.<br \/>\nPrimero perdi\u00f3 su transparencia, y qued\u00f3 ba\u00f1ado en p\u00e1lida y lechosa luminiscencia. A trav\u00e9s de su superficie y en sus profundidades se movieron atormentadores fantasmas vagamente definidos, los cuales se fusionaron en franjas de luz y sombra, formando luego rayados dise\u00f1os entremezclados que comenzaron a girar lentamente.<br \/>\nLos haces de luz giraron cada vez m\u00e1s r\u00e1pidamente, aceler\u00e1ndose con ellos el vibrar de los tambores. Hipnotizados del todo, los mono?humanoide s\u00f3lo pod\u00edan ya contemplar con mirada fija y mand\u00edbulas colgantes aquel pasmoso despliegue pirot\u00e9cnico. Hab\u00edan olvidado ya los instintos de sus progenitores y las lecciones de toda una existencia; ninguno entre ellos, corrientemente, habr\u00eda estado tan lejos de su cueva tan tarde. Pues la maleza circundante estaba llena de formas que parec\u00edan petrificadas y de ojos fijos, como si las criaturas nocturnas hubiesen suspendido sus actividades para ver lo que habr\u00eda de suceder luego.<br \/>\nLos giratorios discos de luz comenzaron entonces a emerger, y sus radios se fundieron en luminosas barras que retrocedieron lentamente en la distancia, girando sus ejes al hacerlo. Escindi\u00e9ronse luego en pares, y las series de l\u00edneas resultantes comenzaron a oscilar a trav\u00e9s unas de otras, cambiando lentamente sus \u00e1ngulos de intersecci\u00f3n. Fant\u00e1sticos y volanderos dise\u00f1os geom\u00e9tricos flamearon y de apagaron al enredarse y desenredarse las resplandecientes mallas; y los mono?humanoide siguieron con la mirada fija, hipnotizados cautivos del radiante cristal.<br \/>\nJam\u00e1s hubieran adivinado que estaban siendo sondeadas sus mentes, estudiadas sus reacciones y evaluados sus potenciales. Al principio, la tribu entera permaneci\u00f3 semiagazapada, en inm\u00f3vil cuadro, como petrificada. Luego el mono?humanoide m\u00e1s pr\u00f3ximo a la losa volvi\u00f3 de s\u00fabito a la vida.<br \/>\nNo vari\u00f3 su posici\u00f3n, pero su cuerpo perdi\u00f3 su rigidez, semejante a la del trance hipn\u00f3tico, y se anim\u00f3 como si fuera un mu\u00f1eco controlado por invisibles hilos. Gir\u00f3 la cabeza a este y otro lado; la boca se cerr\u00f3 y abri\u00f3 silenciosamente; las manos se cerraron y abrieron. Inclin\u00f3se luego, arranco una larga brizna de hierba, e intent\u00f3 anudarla, con torpes dedos.<br \/>\nParec\u00eda un pose\u00eddo, pugnando contra un esp\u00edritu o demonio que se hubiese apoderado de su cuerpo. Jadeaba intentando respirar, sus ojos estaban llenos de terror mientras quer\u00eda obligar a sus dedos a hacer movimientos m\u00e1s complicados que cualesquiera hubiese antes intentado.<br \/>\nA pesar de todos sus esfuerzos, \u00fanicamente logr\u00f3 hacer pedazos el tallo. Y mientras los fragmentos ca\u00edan al suelo, le abandon\u00f3 la influencia dominante, y volvi\u00f3 a quedarse inm\u00f3vil, como petrificado.<br \/>\nOtro mono?humanoide surgi\u00f3 a la vida, y procedi\u00f3 a la misma ejecuci\u00f3n. Este era un ejemplar m\u00e1s joven, y por ende m\u00e1s adaptable, logrando lo que el m\u00e1s viejo hab\u00eda fallado. En el planeta Tierra, hab\u00eda sido enlazado el primer tosco nudo&#8230;<br \/>\nOtros hicieron cosas m\u00e1s extra\u00f1as y todav\u00eda m\u00e1s anodinas. Algunos extendieron sus brazos en toda su longitud e intentaron tocarse las yemas de los dedos&#8230; primero con ambos ojos abiertos y luego con uno cerrado. Algunos hubieron de mirar fijamente en las formas trazadas en el cristal, que se fueron dividiendo cada vez m\u00e1s finamente hasta fundirse en un borr\u00f3n gris. Y todos oyeron aislados y puros sonidos, de variado tono que r\u00e1pidamente descendieron por debajo del nivel del o\u00eddo.<br \/>\nAl llegar la vez a Moon?Watcher sinti\u00f3 muy poco temor. Su principal sensaci\u00f3n era la de un sordo resentimiento, al contraerse sus m\u00fasculos y moverse sus miembros obedeciendo \u00f3rdenes que no eran completamente suyas.<br \/>\nSin saber por que, se inclin\u00f3 y recogi\u00f3 una piedrecita. Al incorporarse, vio que hab\u00eda una nueva imagen en la losa del cristal.<br \/>\nLas formas danzantes hab\u00edan desaparecido, dejando en su lugar una serie de c\u00edrculos conc\u00e9ntricos que rodeaban un intenso disco negro.<br \/>\nObedeciendo las silenciosas \u00f3rdenes que o\u00eda en su cerebro, arroj\u00f3 la piedra con torpe impulso de volea, fallando el blanco por bastantes cent\u00edmetros.<br \/>\n&#8220;Int\u00e9ntalo de nuevo&#8221;, dijo la orden. Busc\u00f3 en derredor hasta hallar otro guijarro. Y \u00e9sta vez su lanzamiento dio en la losa, produciendo un sonido como de campana. Sin embargo todav\u00eda era muy deficiente su punter\u00eda, aunque hab\u00eda sin duda mejorado.<br \/>\nAl cuarto intento, el impacto dio s\u00f3lo a mil\u00edmetros del blanco. Una sensaci\u00f3n de indescriptible placer, casi sexual en su intensidad, inund\u00f3 su mente. Afloj\u00f3se luego el control, y ya no sinti\u00f3 ning\u00fan impulso para hacer nada, excepto quedarse esperando.<br \/>\nUna a uno cada miembro de la tribu fue brevemente pose\u00eddo. Algunos tuvieron \u00e9xito, pero la mayor\u00eda fallaron en las tareas que se les hab\u00edan impuesto, y todos fueron recompensados apropiadamente con espasmos de placer o de dolor.<br \/>\nAhora hab\u00eda s\u00f3lo un fulgor uniforme y sin rasgos en la gran losa, por lo que se asemejaba a un bloque de luz superpuesto en la circundante oscuridad. Como si se despertasen de un sue\u00f1o, los mono?humanoide menearon sus cabezas, y comenzaron luego a moverse por la vereda en direcci\u00f3n a sus cobijos. No miraron hacia atr\u00e1s ni se maravillaron ante la extra\u00f1a luz que estaba gui\u00e1ndoles a sus hogares&#8230; y a un futuro desconocido hasta para las estrellas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ARTHUR C. CLARKE Titulo original: 2001 A SPACE ODISSEY Traductor: Antonio Ribera \u00a9 1968 by Arthur C. Clarke \u00a9 1985 Ediciones Orbis S.A. Dep\u00f3sito Legal: M.36.202-1985 Edici\u00f3n electr\u00f3nica: Sadrac ? Revisado y corregido por El Trauko Versi\u00f3n 1.0 &#8211; Word 97 ?La Biblioteca de El Trauko? http:\/\/www.fortunecity.es\/poetas\/relatos\/166\/ http:\/\/go.to\/trauko trauko33@mixmail.com Chile &#8211; Noviembre 2000 Texto digital<\/p>\n<p class=\"text-right\"><span class=\"screen-reader-text\">Continue Reading&#8230; Arthur C. 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