{"id":634,"date":"2008-04-04T06:53:04","date_gmt":"2008-04-04T06:53:04","guid":{"rendered":"http:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=634"},"modified":"2008-04-04T06:53:04","modified_gmt":"2008-04-04T06:53:04","slug":"alejandro-dumas--la-mujer-del-collar-de-terciopelo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=634","title":{"rendered":"Alejandro Dumas &#8211; La mujer del collar de terciopelo"},"content":{"rendered":"<p>Alejandro Dumas<br \/>\nLa mujer del collar de terciopelo<br \/>\n(Mil y un fantasmas)<\/p>\n<p>\u00cdNDICE<br \/>\nI. EL ARSENAL<br \/>\nII. LA FAMILIA DE HOFFMANN<br \/>\nIII. UN ENAMORADO Y UN LOCO<br \/>\nIV. MAESE GOTTLIEB MURR<br \/>\nV. ANTONIA<br \/>\nVI. EL JURAMENTO<br \/>\nVII. UNA BARRERA EN PARES EN 1793<br \/>\nVIII. DE C\u00d3MO ESTABAN CERRADOS LOS MUSEOS Y LAS BIBLIOTECAS; PERO DE C\u00d3MO ESTABA ABIERTA LA PLAZA DE LA REVOLUCI\u00d3N<br \/>\nIX. \u00abEL JUICIO DE PARIS\u00bb<br \/>\nX. ARS\u00c8NE<br \/>\nXI. LA SEGUNDA REPRESENTACI\u00d3N DEL \u00abJUICIO DE PARIS\u00bb<br \/>\nXII. EL CAFET\u00cdN<br \/>\nXIII. EL RETRATO<br \/>\nXIV. EL TENTADOR<br \/>\nXV. EL N\u00daMERO 113<br \/>\nXVI. EL MEDALL\u00d3N<br \/>\nXV. UN HOTEL DE LA CALLE SAINT-HONOR\u00c9<\/p>\n<p>I. EL ARSENAL<br \/>\nEl 4 de diciembre de 1846, mi nav\u00edo se hallaba anclado en la bah\u00eda de T\u00fanez desde la v\u00edspera; me despert\u00e9 hacia las cinco de la ma\u00f1ana con una de esas impresiones de profunda melancol\u00eda que ponen los ojos h\u00famedos y el pecho hinchado para todo un d\u00eda. Esa impresi\u00f3n proced\u00eda de un sue\u00f1o.<br \/>\nSalt\u00e9 al pie de mi catre, me puse un pantal\u00f3n, sub\u00ed al puente y mir\u00e9 al frente y a mi alrededor. Esperaba que el maravilloso paisaje que se desarrollaba ante mi vista apartase mi esp\u00edritu de esa preocupaci\u00f3n, m\u00e1s obstinada precisamente porque ten\u00eda una causa menos real.<br \/>\nDelante de m\u00ed ten\u00eda, a tiro de fusil, la escollera que se extend\u00eda desde el fuerte de la Goulette al fuerte del Arsenal, dejando un estrecho paso a los nav\u00edos que quieren penetrar desde el golfo al lago. Este lago, de aguas azules como el azul del cielo que reflejan, era agitado en ciertos lugares por el batir de alas de una bandada de cisnes, mientras sobre las estacas plantadas de trecho en trecho para indicar bajos fondos, se manten\u00eda inm\u00f3vil, semejante a uno de esos p\u00e1jaros que se esculpen sobre las sepulturas, un cormor\u00e1n que de pronto se dejaba caer en la superficie del agua con un pez atravesado en el pico, tragaba ese pez, volv\u00eda a subirse a su estaca, y recuperaba su taciturna inmovilidad hasta que un nuevo pez que pase a su alcance solicite su apetito y, dominando su pereza, le haga desaparecer de nuevo para volver a aparecer a poco.<br \/>\nY mientras tanto, cada cinco minutos el aire era cruzado por una hilera de flamencos cuyas alas de p\u00farpura destacaban sobre el blanco mate de su plumaje y, formando un cuadrado, parec\u00edan un juego de cartas compuesto por el as de diamante \u00fanicamente, y volando en una sola l\u00ednea.<br \/>\nEn el horizonte estaba T\u00fanez, es decir, un mont\u00f3n de casas cuadradas, sin ventanas, sin aberturas, subiendo en forma de anfiteatro, blancas como la tiza y destac\u00e1ndose sobre el cielo con una nitidez singular. A izquierda, como una inmensa muralla almenada, se elevaban las monta\u00f1as de Plomo, cuyo nombre indica ya su tinte sombr\u00edo; a su pie se arrastraban el morabito y la poblaci\u00f3n de Sidi-Fathallah; a la derecha se distingu\u00eda la tumba de San Luis y el lugar en que estuvo Cartago, dos de los mayores recuerdos que existen en la historia del mundo. Detr\u00e1s de nosotros se balanceaba, anclado, el Montezuma, magn\u00edfica fragata a vapor con una fuerza de cuatrocientos cincuenta caballos.<br \/>\nDesde luego, hab\u00eda en todo aquello motivos para distraer la imaginaci\u00f3n m\u00e1s preocupada. A la vista de todas aquellas riquezas, se hubiera olvidado la v\u00edspera, el d\u00eda presente y el d\u00eda siguiente. Pero mi esp\u00edritu, a diez a\u00f1os de all\u00ed, estaba fijo de forma obstinada sobre un solo pensamiento que un sue\u00f1o hab\u00eda clavado en mi cerebro.<br \/>\nMi mirada se qued\u00f3 clavada. Todo aquel espl\u00e9ndido panorama se fue borrando poco a poco en la vaguedad de mis ojos. Pronto no vi ya nada de lo que exist\u00eda. La realidad desapareci\u00f3; luego, en medio de aquel vac\u00edo nubloso, como bajo la varita de un hada, se dibuj\u00f3 un sal\u00f3n de artesonados blancos, en cuyo fondo, sentada ante un piano por cuyas teclas erraban negligentemente sus dedos, estaba una mujer inspirada y pensativa a la vez, una musa y una santa. Reconoc\u00ed a la mujer y murmur\u00e9 como si pudiera o\u00edrme:-Yo os saludo, Mar\u00eda, llena de Gracia, mi esp\u00edritu est\u00e1 con vos.<br \/>\nLuego, sin intentar resistir a aquel \u00e1ngel de alas blancas que, devolvi\u00e9ndome a los d\u00edas de mi juventud, y como una visi\u00f3n encantadora, me mostraba aquella casta figura de joven, de mujer joven y de madre, me dej\u00e9 llevar por la corriente de ese r\u00edo que se llama la memoria y que remonta al pasado en lugar de descender hacia el futuro.<br \/>\nEntonces me sent\u00ed dominado por ese sentimiento tan ego\u00edsta y, por consiguiente, tan natural al hombre, que le impulsa a no guardar su pensamiento para \u00e9l solo, a duplicar la extensi\u00f3n de sus sensaciones comunic\u00e1ndolas, y a derramar, finalmente, en otra alma el licor dulce o amargo que llena su \u00e1nimo.<br \/>\nCog\u00ed una pluma y escrib\u00ed:<br \/>\nA bordo del V\u00e9loce, a la vista de Cartago y de T\u00fanez. 4 de diciembre de 1846 Se\u00f1ora:<br \/>\nAl abrir una carta datada en Cartago y en T\u00fanez, se preguntar\u00e1 qui\u00e9n puede escribirle desde semejante lugar, y espera recibir un aut\u00f3grafo de R\u00e9gulo o de Luis IX. \u00a1Ay, se\u00f1ora&#8217;, el que escribe desde tan lejos, su humilde servidor a sus pies, no es ni un h\u00e9roe ni un<br \/>\nsanto, y si alguna vez se ha parecido algo al obispo de Hipona, cuya tumba visit\u00e9 hace tres d\u00edas, s\u00f3lo a la primera parte de la vida de ese gran hombre pueda aplicarse el parecido. Cierto que, como \u00e9l puede redimir esa primera parte de la vida con la segunda. Pero ya es demasiado tarde para hacer penitencia, y, seg\u00fan todas las posibilidades, morir\u00e1 como ha vivido, sin atreverse siquiera a dejar tras \u00e9l sus confesiones que, en rigor, pueden dejarse contar, pero que apenas se pueden leer.<br \/>\nHa corrido usted ya a la firma, \u00bfno es cierto, se\u00f1ora? y ya sabe qui\u00e9n le escribe; de suerte que ahora se pregunta c\u00f3mo, entre este magn\u00edfico lago que es la tumba de una ciudad, y el pobre monumento que es el sepulcro de un rey, el autor de los Mosqueteros y del MonteCristo ha pensado en escribirle, precisamente a usted, cuando en Par\u00eds, a su alcance, se queda a veces un a\u00f1o entero sin ir a verla.<br \/>\nAnte todo, se\u00f1ora, Par\u00eds es Par\u00eds; es decir, una especie de torbellino donde se pierde la memoria de todas las cosas, en medio del ruido que provoca el mundo corriendo y la tierra girando. En Par\u00eds, yo ando como el mundo y como la tierra; corro y giro, sin contar que, cuando no giro ni corro, escribo. Pero entonces, se\u00f1ora, ocurre otra cosa: cuando escribo ya no estoy separado de usted m\u00e1s de lo que usted piensa, porque usted es una de esas raras personas para las que escribo, y es muy extraordinario que no me diga cuando acabo un cap\u00edtulo del que estoy contento, o un libro que es bienvenido: Marie Nodier, ese esp\u00edritu raro y encantador, leer\u00e1 esto; y me siento orgulloso, se\u00f1ora, porque espero que despu\u00e9s de haber le\u00eddo lo que acabo de escribir, tal vez yo crezca algunos cent\u00edmetros en su pensamiento.<br \/>\nVolviendo a mi pensamiento, se\u00f1ora, esta noche he so\u00f1ado, no me atrevo a decir que en usted, sino de usted, olvidando el oleaje que balanceaba un gigantesco nav\u00edo que balanceaba un gigantesco nav\u00edo a vapor que el gobierno me presta, y en el que doy hospitalidad a uno de sus amigos y a uno de sus admiradores, a Boulanger y a mi hijo, adem\u00e1s de Giraud, Maquet, Chancel y Desbarolles, que figuran en el n\u00famero de sus conocidos; me dorm\u00ed, dec\u00eda, sin pensar en nada, y como casi estoy en el pa\u00eds de Las mil y una noches, un genio me ha visitado y me ha hecho entrar en un sue\u00f1o cuya reina era usted. El lugar a que me condujo, o m\u00e1s bien me llev\u00f3, se\u00f1ora, era mucho m\u00e1s que un palacio, era mucho m\u00e1s que un reino; era esa hermosa y excelente casa del Arsenal, en la \u00e9poca de su alegr\u00eda y de su felicidad, cuando nuestro bienamado Charles hac\u00eda en ella los honores con toda la franqueza de la hospitalidad antigua, y nuestra muy respetada Marie con toda la gracia de la hospitalidad moderna.<br \/>\nAh, cr\u00e9ame, se\u00f1ora, que al escribir estas l\u00edneas acabo de dejar escapar un gran suspiro. Esa \u00e9poca fue para m\u00ed una \u00e9poca feliz. Su esp\u00edritu encantador se daba a todo el mundo, y a veces, me atrevo a decirlo, a m\u00ed m\u00e1s que a cualquier otro. Ya ve que es un sentimiento ego\u00edsta lo que me acerca a usted. Yo me llevaba algo de su adorable alegr\u00eda, como el guijarro del poeta Saadi se llevaba una parte del perfume de la rosa.<br \/>\n\u00bfSe acuerda del traje de arquero de Paul?\u00bfSe acuerda de las zapatillas amarillas de Francisque Michel? \u00bfSe acuerda de mi hijo vestido de descargador? \u00bfSe acuerda del rinc\u00f3n donde estaba el piano y donde usted cantaba Lazzara, esa maravillosa melod\u00eda que usted me prometi\u00f3 y que, dicho sea sin reproches, nunca me ha dado?<br \/>\nYa que apelo a sus recuerdos, vayamos m\u00e1s lejos todav\u00eda: \u00bfSe acuerda de Fontaney y Abed Johannot, esas dos figuras veladas que siempre permanec\u00edan tristes en medio de nuestras risas, porque hay en los hombres que deben morir j\u00f3venes un vago presentimiento de la tumba? \u00bfSe acuerda de Taylor, sentado en un rinc\u00f3n, inm\u00f3vil, mudo y pensando en un nuevo viaje, durante el que poder enriquecer Francia con un cuadro espa\u00f1ol, un bajorrelieve griego o un obelisco egipcio? \u00bfSe acuerda de Vigny, que en esa \u00e9poca tal vez dudaba de su transfiguraci\u00f3n y todav\u00eda se dignaba mezclarse en la multitud de los humanos? \u00bfSe acuerda de Lamartine, de pie delante de la chimenea, y dejando rodar hasta los pies de usted la armon\u00eda de sus hermosos versos? \u00bfSe acuerda de Hugo mir\u00e1ndole y escuchando como Eteocles deb\u00eda mirar y escuchar a Polinices, el \u00fanico entre nosotros con la sonrisa de la igualdad en los labios, mientras la se\u00f1ora Hugo, jugando con sus hermosos cabellos, estaba a medias recostada sobre el canap\u00e9, como fatigada por la parte de gloria que le tocaba?<br \/>\nLuego, en medio de todo esto, su madre, tan sencilla, tan buena, tan dulce; su t\u00eda, la se\u00f1ora de Tercy, tan ingeniosa y tan acogedora; Dauzats, tan fant\u00e1stico, tan hablador, tan dicharachero; Barye, tan aislado en medio del ruido que su pensamiento siempre parece enviado por su cuerpo a la b\u00fasqueda de una de las siete maravillas del mundo; Boulanger, hoy tan melanc\u00f3lico, ma\u00f1ana tan jovial, siempre tan gran pintor, siempre tan gran poeta, siempre tan buen amigo en su alegr\u00eda como en su tristeza; luego, por \u00faltimo, esa ni\u00f1ita que yo recog\u00eda en el hueco de mis brazos y que ofrec\u00eda como una estatuilla de Barre o de Pradier, \u00a1Oh , Dios m\u00edo, \u00bfqu\u00e9 ha sido de todo esto, se\u00f1ora?<br \/>\nEl se\u00f1or ha soplado sobre la clave de b\u00f3veda, y el edificio m\u00e1gico se ha desmoronado, y los que lo poblaban han huido, y todo est\u00e1 desierto en ese mismo lugar donde antes todo estaba vivo, abierto, floreciente.<br \/>\nFontaney y A~ed Johannot est\u00e1n muertos, Taylor ha renunciado a los viajes, De Vigny se ha vuelto invisible, Lamartine es diputado, Hugo par de Francia, y Boulanger, mi hijo y yo estamos en Cartago, donde la veo a usted, se\u00f1ora, al soltar ese gran suspiro de que le hablaba hace un momento, y que a pesar del viento que arrastra como una nube la humareda moviente de nuestro nav\u00edo, no volver\u00e1 a atrapar nunca esos queridos recuerdos que el tiempo de alas sombr\u00edas arrastra silenciosamente en la bruma gris\u00e1cea del pasado.<br \/>\n\u00a1Oh, primavera, juventud del a\u00f1o! \u00a1Oh, juventud, primavera de la vida!<br \/>\nPues bien, \u00e9se es el mundo desvanecido que un sue\u00f1o me ha devuelto, esta noche, tan brillante, tan visible, pero al mismo tiempo, \u00a1ay f, tan impalpable como esos \u00e1tomos que bailan en medio del rayo de sol infiltrado en una c\u00e1mara sombr\u00eda por la abertura de una contraventana entreabierta.<br \/>\nY ahora, se\u00f1ora, \u00bfverdad que ya no se asombra usted de esta carta? El presente zozobrar\u00eda sin cesar si no fuera mantenido en equilibrio por el peso de la esperanza y el contrapeso de los recuerdos, y por suerte o por desgracia tal vez, yo soy de aquellos en quienes los recuerdos prevalecen sobre las esperanzas.<br \/>\nAhora hablemos de otra cosa; porque est\u00e1 permitido ser triste, pero a condici\u00f3n de no entristecer a los dem\u00e1s. \u00bfQu\u00e9 hace mi amigo Boniface?\u00a1Ay , hace ocho o diez d\u00edas visit\u00e9 una ciudad que le valdr\u00e1 muchos castigos cuando encuentre su nombre en el libro de ese<br \/>\nmaldito usurero que se llama Salustio. Esa ciudad es Constantina, la antigua Cirta, maravilla construida en lo alto de una roca, sin duda por una raza de animales fant\u00e1sticos con alas de \u00e1guila y manos de hombre, como Herodoto y Levaillent, esos dos grandes viajeros, la vieron.<br \/>\nLuego, pasamos un poco a Utica, y mucho a Bicerta. En esta \u00faltima ciudad, Giraud ha hecho el retrato de un notario turco, y Boulanger de su pasante. Se los env\u00edo, se\u00f1ora, a fin de que pueda compararlos con los notarios y los pasantes de Par\u00eds. Dudo mucho que sea ventajosa para estos \u00faltimos.<br \/>\nEn cuanto a m\u00ed, me ca\u00ed al agua cazando flamencos y cisnes, accidente que, en el Sena, probablemente helado en este momento, habr\u00eda podido tener molestas consecuencias, pero que, en el lago de Cat\u00f3n, no ha tenido m\u00e1s inconveniente que hacerme tomar un ba\u00f1o completamente vestido, y esto para gran asombro de Alexandre, de Giraud y del gobernador de la ciudad, que desde lo alto de una terraza segu\u00edan nuestra barca con la mirada, y que no pod\u00edan comprender un suceso que atribu\u00edan a un acto de mi fantas\u00eda y que no era otra cosa que la p\u00e9rdida de mi centro de gravedad.<br \/>\nMe tir\u00e9 como los cormoranes de que hace poco le hablaba, se\u00f1ora; como ellos desaparec\u00ed, como ellos volv\u00ed a la superficie; aunque, a diferencia de ello, no traje un pez en el pico.<br \/>\nA los cinco minutos ya no pensaba en el lance, y estaba seco como el se\u00f1or Val\u00e9ry: f\u00edjese cu\u00e1l habr\u00e1 sido la complacencia del sol al acariciarme.<br \/>\nQuerr\u00eda, se\u00f1ora, doquiera est\u00e9 usted, llevar un rayo de este hermoso sol, aunque no fuera m\u00e1s que para hacer brotar en su ventana una planta de myosotis. Adi\u00f3s, se\u00f1ora, perd\u00f3neme esta larga carta; no estoy acostumbrado a hacerlas, y como el ni\u00f1o que se defend\u00eda de haber hecho el mundo, le prometo que no volver\u00e9 a hacerlo; pero, tambi\u00e9n, \u00bfpor qu\u00e9 el conserje del cielo se ha dejado abierta esa puerta de marfil por la que salen los sue\u00f1os dorados?<br \/>\nReciba, se\u00f1ora, el homenaje de mis sentimientos m\u00e1s respetuosos.<br \/>\nALEXANDRE DUMAS. Un cordial apret\u00f3n de manos para Jules.<br \/>\nY ahora, a qu\u00e9 viene esta carta completamente \u00edntima? Para contar a mis lectores la historia de la mujer del collar de terciopelo, ten\u00eda que abrir las puertas del Arsenal, es decir, de la morada de Charles Nodier.<br \/>\nY ahora que esa puerta me ha sido abierta por la mano de su hija, y que, por consiguiente, estamos seguros de ser bien recibidos, \u00abquien me ame que me siga\u00bb.<br \/>\nEn uno de los extremos de Par\u00eds que contin\u00faa al muelle C\u00e9lestins, adosado a la calle Morland, y dominando el r\u00edo, se alza un gran edificio sombr\u00edo y triste de aspecto llamado el Arsenal.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alejandro Dumas La mujer del collar de terciopelo (Mil y un fantasmas) \u00cdNDICE I. EL ARSENAL II. LA FAMILIA DE HOFFMANN III. UN ENAMORADO Y UN LOCO IV. MAESE GOTTLIEB MURR V. ANTONIA VI. EL JURAMENTO VII. UNA BARRERA EN PARES EN 1793 VIII. DE C\u00d3MO ESTABAN CERRADOS LOS MUSEOS Y LAS BIBLIOTECAS; PERO DE<\/p>\n<p class=\"text-right\"><span class=\"screen-reader-text\">Continue Reading&#8230; Alejandro Dumas &#8211; La mujer del collar de terciopelo<\/span><a class=\"btn btn-secondary continue-reading\" href=\"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=634\">Continue Reading&#8230;<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"class_list":["post-634","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-documentos-varios-literatura-albert-einstein-alejandro-dumas-antoine-de-saint-exupry-aristoteles-y-arthur-c-clar"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/634","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=634"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/634\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=634"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=634"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=634"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}