{"id":618,"date":"2008-03-17T05:57:31","date_gmt":"2008-03-17T05:57:31","guid":{"rendered":"http:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=618"},"modified":"2008-03-17T05:57:31","modified_gmt":"2008-03-17T05:57:31","slug":"alejandro-dumas--el-tulip\u00e1n-negro-","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=618","title":{"rendered":"Alejandro Dumas &#8211; El tulip\u00e1n negro"},"content":{"rendered":"<p>EL TULIP\u00c1N NEGRO<br \/>\nAlejandro Dumas<\/p>\n<p>I<br \/>\nUn Pueblo Agradecido<\/p>\n<p>El 20 de agosto de 1672, la ciudad de La Haya, tan animada, tan blanca, tan coquetona que se dir\u00eda que todos los d\u00edas son domingo, la ciudad de La Haya con su parque umbroso, con sus grandes \u00e1rboles inclinados sobre sus casas g\u00f3ticas, con los extensos espejos de sus canales en los que se reflejan sus campanarios de c\u00fapulas casi orientales; la ciudad de La Haya, la capital de las siete Provincias Unidas, llenaba todas sus calles con una oleada negra y roja de ciudadanos apresurados, jadeantes, inquietos, que corr\u00edan, cuchillo al cinto, mosquete al hombro o garrote en mano, hacia la Buytenhoff, formidable prisi\u00f3n de la que a\u00fan se conservan hoy d\u00eda las ventanas enrejadas y donde, desde la acusaci\u00f3n de asesinato formulada contra \u00e9l por el cirujano Tyckelaer, languidec\u00eda Corneille de Witt, hermano del ex gran pensionario de Holanda.<br \/>\nSi la historia de ese tiempo, y sobre todo de este a\u00f1o en medio del cual comenzamos nuestro relato, no estuviera ligada de una forma indisoluble a los dos nombres que acabamos de citar, las pocas l\u00edneas explicativas que siguen podr\u00edan parecer un episodio; pero anticipamos enseguida al lector, a ese viejo amigo a quien prometemos siempre el placer en nuestra primera p\u00e1gina, y con el cual cumplimos bien que mal en las p\u00e1ginas siguientes; anticipamos, decimos, a nuestro lector, que esta explicaci\u00f3n es tan indispensable a la claridad de nuestra historia como al entendimiento del gran acontecimiento pol\u00edtico en la cual se enmarca.<br \/>\nCorneille o Cornelius de Witt, Ruart de Pulten, es decir, inspector de diques de este pa\u00eds, ex burgomaestre de Dordrecht, su ciudad natal, y diputado por los Estados de Holanda, ten\u00eda cuarenta y nueve a\u00f1os cuando el pueblo holand\u00e9s, cansado de la rep\u00fablica, tal como la entend\u00eda Jean de Witt, gran pensionario de Holanda, se encari\u00f1\u00f3, con un amor violento, del estatuderato que el edicto perpetuo impuesto por Jean de Witt en las Provincias Unidas hab\u00eda abolido en Holanda para siempre jam\u00e1s.<br \/>\nSi raro resulta que, en sus evoluciones caprichosas, la imaginaci\u00f3n p\u00fablica no vea a un hombre detr\u00e1s de un pr\u00edncipe, as\u00ed detr\u00e1s de la rep\u00fablica el pueblo ve\u00eda a las dos figuras severas de los hermanos De Witt, aquellos romanos de Holanda, desde\u00f1osos de halagar el gusto nacional, y amigos inflexibles de una libertad sin licencia y de una prosperidad sin redundancias, de la misma manera que detr\u00e1s del estatuderato ve\u00eda la frente inclinada, grave y reflexiva del joven Guillermo de Orange, al que sus contempor\u00e1neos bautizaron con el nombre de El Taciturno, adoptado para la posteridad.<br \/>\nLos dos De Witt trataban con miramiento a Luis XIV, del que sent\u00edan crecer el ascendiente moral sobre toda Europa, y del que acababan de sentir el ascendiente material sobre Holanda por el \u00e9xito de aquella campa\u00f1a maravillosa del Rin, ilustrada por ese h\u00e9roe de romance que se llamaba conde De Guiche, y cantada por Boileau, campa\u00f1a que en tres meses acababa de abatir el poder\u00edo de las Provincias Unidas.<br \/>\nLuis XIV era desde hac\u00eda tiempo enemigo de los holandeses, que le insultaban y ridiculizaban cuanto pod\u00edan, casi siempre, en verdad, por boca de los franceses refugiados en Holanda. El orgullo nacional hac\u00eda de \u00e9l el Mitr\u00eddates de la rep\u00fablica. Exist\u00eda, pues, contra los De Witt la doble animadversi\u00f3n que resulta de una en\u00e9rgica resistencia seguida por un poder luchando contra el gusto de la naci\u00f3n, y de la fatiga natural a todos los pueblos vencidos, cuando esperan que otro jefe pueda salvarlos de la ruina y de la verg\u00fcenza.<br \/>\nEse otro jefe, dispuesto a aparecer, dispuesto a medirse contra Luis XIV, por gigantesca que pareciera ser su fortuna futura, era Guillermo, pr\u00edncipe de Orange, hijo de Guillermo II, y nieto, por parte de Henriette Stuart, del rey Carlos I de Inglaterra, ese ni\u00f1o taciturno, del que ya hemos dicho que se ve\u00eda aparecer su sombra detr\u00e1s del estatuderato.<br \/>\nEse joven ten\u00eda veintid\u00f3s a\u00f1os en 1672. Jean de Witt hab\u00eda sido su preceptor y lo hab\u00eda educado con el fin de hacer de este antiguo pr\u00edncipe un buen ciudadano. En su amor por la patria que lo hab\u00eda llevado por encima del amor por su alumno, por un edicto perpetuo, le hab\u00eda quitado la esperanza del estatuderato. Pero Dios se hab\u00eda re\u00eddo de esta pretensi\u00f3n de los hombres, que hacen y deshacen las potencias de la Tierra sin consultar con el Rey del cielo; y por el capricho de los holandeses y el terror que inspiraba Luis XIV, acababa de cambiar la pol\u00edtica del gran pensionario y de abolir el edicto perpetuo restableciendo el estatuderato en Guillermo de Orange, sobre el que ten\u00eda sus designios, ocultos todav\u00eda en las misteriosas profundidades del porvenir.<br \/>\nEl gran pensionario se inclin\u00f3 ante la voluntad de sus conciudadanos; pero Corneille de Witt fue m\u00e1s recalcitrante, y a pesar de las amenazas de muerte de la plebe orangista que le sitiaba en su casa de Dordrecht, rehus\u00f3 firmar el acta que restablec\u00eda el estatuderato.<br \/>\nBajo las s\u00faplicas de su llorosa mujer, firm\u00f3 al fin, a\u00f1adiendo solamente a su nombre estas dos letras: V. C. (Vi coactus), lo que quer\u00eda decir: \u00abObligado por la fuerza.\u00bb<br \/>\nPor un verdadero milagro, aquel d\u00eda escap\u00f3 a los golpes de sus enemigos.<br \/>\nEn cuanto a Jean de Witt, su adhesi\u00f3n, m\u00e1s r\u00e1pida y m\u00e1s f\u00e1cil a la voluntad de sus conciudadanos apenas le fue m\u00e1s provechosa. Pocos d\u00edas despu\u00e9s result\u00f3 v\u00edctima de una tentativa de asesinato. Cosido a cuchilladas, poco falt\u00f3 para que muriera de sus heridas.<br \/>\nNo era aquello lo que necesitaban los orangistas. La vida de los dos hermanos era un eterno obst\u00e1culo para sus proyectos; cambiaron, pues, moment\u00e1neamente, de t\u00e1ctica, libres, en un momento dado, para coronar la segunda con la primera, a intentaron consumar, con ayuda de la calumnia, lo que no hab\u00edan podido ejecutar con el pu\u00f1al.<br \/>\nResulta bastante raro que, en un momento dado, se encuentre, bajo la mano de Dios, un gran hombre para ejecutar una gran acci\u00f3n, y por eso, cuando se produce por casualidad esta combinaci\u00f3n providencial, la Historia registra en el mismo instante el nombre de ese hombre elegido, y lo recomienda a la posteridad.<br \/>\nPero cuando el diablo se mezcla en los asuntos humanos para arruinar una existencia o trastornar un Imperio, es muy extra\u00f1o que no se halle inmediatamente a su alcance alg\u00fan miserable al que no hay m\u00e1s que soplarle una palabra al o\u00eddo para que se ponga seguidamente a la tarea.<br \/>\nEse miserable, que en esta circunstancia se encontr\u00f3 dispuesto para ser el agente del esp\u00edritu malvado, se llamaba, como creemos haber dicho ya, Tyckelaer, y era cirujano de profesi\u00f3n.<br \/>\nDeclar\u00f3 que Corneille de Witt, desesperado, como hab\u00eda demostrado, adem\u00e1s, por su apostilla, de la derogaci\u00f3n del edicto perpetuo, a inflamado de odio contra Guillermo de Orange, hab\u00eda encargado a un asesino que librase a la rep\u00fablica del nuevo estat\u00fader, y que ese asesino era \u00e9l, Tyckelaer, quien, atormentado por los remordimientos ante la sola idea de la acci\u00f3n que se le ped\u00eda, hab\u00eda preferido revelar el crimen que cometerlo.<br \/>\nPueden imaginarse la explosi\u00f3n que se origin\u00f3 entre los orangistas ante la noticia de este complot. El procurador fiscal hizo arrestar a Corneille en su casa, el 16 de agosto de 1672; el Ruart de Pulten, el noble hermano de Jean de Witt, sufri\u00f3 en una sala de la Buytenhoff la tortura preparatoria destinada a arrancarle, como a los m\u00e1s viles criminales, la confesi\u00f3n de su pretendido complot contra Guillermo.<br \/>\nPero Corneille ten\u00eda no solamente un gran talento, sino tambi\u00e9n un gran coraz\u00f3n. Pertenec\u00eda a la gran familia de m\u00e1rtires que, teniendo la fe pol\u00edtica, como sus antepasados ten\u00edan la fe religiosa, sonr\u00eden en los tormentos, y, durante la tortura, recit\u00f3 con voz firme y espaciando los versos seg\u00fan su metro, la primera estrofa de Justum et tenacem de Horacio, no confes\u00f3 nada, y agot\u00f3 no solamente la fuerza sino tambi\u00e9n el fanatismo de sus verdugos.<br \/>\nNo por ello los jueces exoneraron menos a Tyckelaer de toda acusaci\u00f3n, ni dejaron de pronunciar contra Corneille una sentencia que le degradaba de todos sus cargos y dignidades, conden\u00e1ndole a las costas del juicio y desterr\u00e1ndole a perpetuidad del territorio de la rep\u00fablica.<br \/>\nYa era algo para la satisfacci\u00f3n del pueblo, a los intereses del cual se hab\u00eda dedicado constantemente Corneille de Witt, ese arresto realizado no solamente contra un inocente, sino tambi\u00e9n contra un gran ciudadano. Sin embargo, como se ver\u00e1, esto no fue bastante.<br \/>\nLos atenienses, que han dejado una hermosa reputaci\u00f3n de ingratitud, ced\u00edan en este punto ante los holandeses. Aquellos se contentaron con desterrar a Ar\u00edstides.<br \/>\nJean de Witt, a los primeros rumores de la acusaci\u00f3n formulada contra su hermano, hab\u00eda dimitido de su cargo de gran pensionario. As\u00ed era dignamente recompensado por su devoci\u00f3n al pa\u00eds. Se llevaba a su vida privada sus disgustos y sus heridas, \u00fanicos beneficios que consiguen en general las personas honradas culpables de laborar por su patria olvid\u00e1ndose de ellas mismas.<br \/>\nDurante este tiempo, Guillermo de Orange esperaba, no sin apresurar los acontecimientos por todos los medios en su poder, a que el pueblo del que era \u00eddolo le construyera con los cuerpos de los dos hermanos los dos pelda\u00f1os que le hac\u00edan falta para alcanzar la silla del estatuderato.<br \/>\nAhora bien, el 29 de agosto de 1672, como hemos dicho al comenzar este cap\u00edtulo, toda la ciudad corr\u00eda hacia la Buytenhoff para asistir a la salida de Corneille de Witt de la prisi\u00f3n, partiendo para el exilio, y ver qu\u00e9 se\u00f1ales hab\u00eda dejado la tortura sobre el cuerpo de ese hombre que conoc\u00eda tan bien a Horacio.<br \/>\nApresur\u00e9monos a a\u00f1adir que toda aquella multitud que se dirig\u00eda hacia la Buytenhoff no acud\u00eda solamente con esta inocente intenci\u00f3n de asistir a un espect\u00e1culo, sino que muchos, en sus filas, ten\u00edan que representar un papel, o m\u00e1s bien completar un trabajo que cre\u00edan hab\u00eda sido mal realizado.<br \/>\nNos referimos al trabajo del verdugo.<br \/>\nHab\u00eda otros, en verdad, que acud\u00edan con intenciones menos hostiles. Para ellos se trataba solamente de ese espect\u00e1culo, siempre atrayente para la multitud, con el que se halaga el instintivo orgullo de ver arrastr\u00e1ndose por el polvo al que ha estado mucho tiempo de pie.<br \/>\nEse Corneille de Witt, ese hombre sin miedo, se dec\u00edan, \u00bfno estaba encerrado, debilitado por la tortura? \u00bfNo iban a verlo, p\u00e1lido, sangrante, avergonzado? \u00bfNo era un hermoso triunfo para esta burgues\u00eda, m\u00e1s envidiosa todav\u00eda que el pueblo, y del que todo buen ciudadano de La Haya deb\u00eda tomar parte?<br \/>\nY, adem\u00e1s, se dec\u00edan los agitadores orangistas h\u00e1bilmente mezclados en aquel gent\u00edo al que esperaban manejar como un instrumento decisivo y contundente a la vez, \u00bfno se encontrar\u00e1, desde la Buytenhoff a la puerta de la ciudad, una ocasi\u00f3n para lanzar un poco de barro, incluso algunas piedras, a ese Ruart de Pulten, que no solamente no ha dado el estatuderato al pr\u00edncipe de Orange m\u00e1s que vi coactus, sino que todav\u00eda ha querido hacerlo asesinar?<br \/>\nSin contar, a\u00f1ad\u00edan los feroces enemigos de Francia, que, si se hac\u00edan las cosas bien y se mostraban valientes en La Haya, no dejar\u00edan siquiera partir para el exilio a Corneille de Witt, quien, una vez libre, tramar\u00eda todas sus intrigas con Francia y vivir\u00eda del oro del marqu\u00e9s de Louvois con su perverso hermano Jean.<br \/>\nEn semejantes disposiciones, como es de prever, los espectadores corren m\u00e1s que caminan. Por ello, los habitantes de La Haya corr\u00edan tan de prisa hacia la Buytenhoff.<br \/>\nEn medio de los que m\u00e1s se apresuraban, lo hac\u00eda, con rabia en el coraz\u00f3n y sin proyectos en la mente, el honrado Tyckelaer, jaleado por los orangistas como un h\u00e9roe de probidad, de honor nacional y de caridad cristiana.<br \/>\nEste valiente facineroso contaba, embelleci\u00e9ndolas con todas las flores de su alma y todos los recursos de su imaginaci\u00f3n, las tentativas que Corneille de Witt hab\u00eda hecho contra su virtud, las sumas que le hab\u00eda prometido y la infernal maquinaci\u00f3n preparada de antemano para allanarle a \u00e9l, a Tyckelaer, todas las dificultades del asesinato.<br \/>\nY cada frase de su discurso, \u00e1vidamente recogida por el populacho, levantaba rugidos de entusi\u00e1stico amor por el pr\u00edncipe Guillermo, y alaridos de ciega ira contra los hermanos De Witt.<br \/>\nEl populacho se dedicaba a maldecir a aquellos inicuos jueces que con el arresto dejaban escapar sano y salvo a un abominable criminal como era ese malvado Corneille.<br \/>\nY algunos instigadores repet\u00edan en voz baja:<br \/>\n \u00a1Va a partir! \u00a1Se nos va a escapar!<br \/>\nA lo que otros respond\u00edan:<br \/>\n Un barco le espera en Schweningen, un barco franc\u00e9s. Tyckelaer lo ha visto.<br \/>\n \u00a1Valiente Tyckelaer! \u00a1Honrado Tyckelaer!\u00a0 gritaba la muchedumbre a coro.<br \/>\n Sin contar\u00a0 dec\u00eda una voz\u00a0 conque durante esta huida de Corneille, Jean, que no es menos traidor que su hermano, se salvar\u00e1 tambi\u00e9n.<br \/>\n Y los dos bribones se comer\u00e1n en Francia nuestro dinero, el dinero de nuestros barcos, de nuestros arsenales, de nuestras f\u00e1bricas vendidas a Luis XIV.<br \/>\n \u00a1Impid\u00e1mosles partir!\u00a0 gritaba la voz de un patriota m\u00e1s avanzado que los otros.<br \/>\n \u00a1A la prisi\u00f3n! \u00a1A la prisi\u00f3n!\u00a0 repet\u00eda el coro.<br \/>\nY con estos gritos, los ciudadanos corr\u00edan m\u00e1s, los mosquetes se cargaban, las hachas reluc\u00edan y los ojos brillaban.<br \/>\nSin embargo, no se hab\u00eda cometido todav\u00eda ninguna violencia, y la l\u00ednea de jinetes que guardaba los accesos a la Buytenhoff permanec\u00eda fr\u00eda, impasible, silenciosa, m\u00e1s amenazadora por su flema que toda aquella horda burguesa lo era por sus gritos, su agitaci\u00f3n y sus amenazas; inm\u00f3vil bajo la mirada de su jefe, capit\u00e1n de caballer\u00eda de La Haya, el cual sosten\u00eda la espada fuera de su vaina, pero baja y con la punta en el \u00e1ngulo de su estribo.<br \/>\nEsta tropa, \u00fanico escudo que defend\u00eda la prisi\u00f3n, conten\u00eda, con su actitud, no solamente a las masas populares desordenadas y ardientes, sino tambi\u00e9n al destacamento de la guardia burguesa que, colocada enfrente a la Buytenhoff para mantener el orden, juntamente con la tropa, daba el ejemplo a los perturbadores con sus gritos sedicentes:<br \/>\n \u00a1Viva Orange! \u00a1Abajo los traidores!<br \/>\nLa presencia de Tilly y de sus jinetes era, ciertamente, un freno saludable para todos aquellos soldados burgueses; mas, poco despu\u00e9s, se exaltaron con sus propios gritos y como no comprend\u00edan que se puede tener valor sin gritar, imputaron a la timidez el silencio de los jinetes y dieron un paso hacia la prisi\u00f3n arrastrando tras de s\u00ed a toda la turba popular.<br \/>\nPero entonces, el conde De Tilly avanz\u00f3 solo ante ellos, levantando \u00fanicamente su espada a la vez que frunc\u00eda las cejas.<br \/>\n \u00a1Eh, se\u00f1ores de la guardia burguesa!\u00a0 les increp\u00f3 . \u00bfPor qu\u00e9 camin\u00e1is, y qu\u00e9 dese\u00e1is?<br \/>\nLos burgueses agitaron sus mosquetes repitiendo:<br \/>\n \u00a1Viva Orange! \u00a1Muerte a los traidores!<br \/>\n \u00a1Viva Orange, sea!\u00a0 dijo el se\u00f1or De Tilly . Aunque yo prefiero los rostros alegres a los desagradables. \u00a1Muerte a los traidores! Si as\u00ed lo quer\u00e9is y mientras no lo quer\u00e1is m\u00e1s que con gritos, gritad tanto como gust\u00e9is: \u00a1Muerte a los traidores! Pero en cuanto a matarlos efectivamente, estoy aqu\u00ed para impedirlo, y lo impedir\u00e9\u00a0 y volvi\u00e9ndose hacia sus soldados, grit\u00f3 : \u00a1Arriba las armas, soldados!<br \/>\nLos soldados de De Tilly obedecieron al mandato con una tranquila precisi\u00f3n que hizo retroceder inmediatamente a los burgueses y al pueblo, no sin una confusi\u00f3n que hizo sonre\u00edr con desd\u00e9n al oficial de caballer\u00eda.<br \/>\n \u00a1Vaya, vaya! exclam\u00f3 con ese tono burl\u00f3n de los que pertenecen a la carrera de las armas . Tranquilizaos, burgueses; mis soldados no se batir\u00e1n, mas por vuestra parte no deis un paso hacia la prisi\u00f3n.<br \/>\n \u00bfSab\u00e9is, se\u00f1or oficial, que nosotros tenemos mosquetes?\u00a0 replic\u00f3 furioso el comandante de los burgueses.<br \/>\n Ya lo veo, pardiez, que ten\u00e9is mosquetes\u00a0 dijo De Tilly . Me los est\u00e1is pasando por delante de los ojos; pero observad tambi\u00e9n por vuestra parte que nosotros tenemos pistolas, que la pistola alcanza admirablemente a cincuenta pasos, y que vos no est\u00e1is m\u00e1s que a veinticinco.<br \/>\n \u00a1Muerte a los traidores!\u00a0 grit\u00f3 la compa\u00f1\u00eda de los burgueses exasperada.<br \/>\n \u00a1Bah! Siempre dec\u00eds lo mismo\u00a0 gru\u00f1\u00f3 el oficial . \u00a1Resulta fatigante!<br \/>\nY recuper\u00f3 su puesto a la cabeza de la tropa mientras el tumulto iba en aumento alrededor de la Buytenhoff.<br \/>\nY, sin embargo, el pueblo enardecido no sab\u00eda que en el mismo momento en que rastreaba la sangre de una de sus v\u00edctimas, la otra, como si tuviera prisa por adelantarse a su suerte, pasaba a cien pasos de la plaza por detr\u00e1s de los grupos y de los jinetes, dirigi\u00e9ndose a la Buytenhoff.<br \/>\nEn efecto, Jean de Witt acababa de descender de la carroza con un criado y atravesaba tranquilamente a pie el patio principal que precede a la prisi\u00f3n.<br \/>\nLlam\u00f3 al portero, al que, adem\u00e1s, conoc\u00eda, diciendo:<br \/>\n Buenos d\u00edas, Gryphus, vengo a buscar a mi hermano Corneille de Witt para llev\u00e1rmelo fuera de la ciudad, condenado, como t\u00fa sabes, al destierro.<br \/>\nY el portero, especie de oso dedicado a abrir y cerrar la puerta de la prisi\u00f3n, lo hab\u00eda saludado y dejado entrar en el edificio, cuyas puertas se hab\u00edan cerrado tras \u00e9l.<br \/>\nA diez pasos de all\u00ed, se hab\u00eda encontrado con una bella joven de diecisiete o dieciocho a\u00f1os, vestida de frisona, que le hab\u00eda hecho una encantadora reverencia; y \u00e9l le hab\u00eda dicho pas\u00e1ndole la mano por la barbilla:<br \/>\n Buenos d\u00edas, buena y hermosa Rosa, \u00bfc\u00f3mo est\u00e1 mi hermano?<br \/>\n \u00a1Oh, Mynheer Jean!\u00a0 hab\u00eda respondido la joven . No es por el da\u00f1o que le han causado por lo que temo por \u00e9l: el mal que le han hecho ya ha pasado.<br \/>\n \u00bfQu\u00e9 temes entonces, bella ni\u00f1a?<br \/>\n Temo el da\u00f1o que le quieren causar Mynheer Jean.<br \/>\n \u00a1Ah, s\u00ed!\u00a0 dijo De Witt . El pueblo, \u00bfverdad?<br \/>\n \u00bfLo o\u00eds?<br \/>\n Est\u00e1, en efecto, muy alborotado; pero cuando nos vea, como nunca le hemos hecho m\u00e1s que bien, tal vez se calme.<br \/>\n \u00c9sta no es, desgraciadamente, una raz\u00f3n\u00a0 murmur\u00f3 la joven alej\u00e1ndose para obedecer una se\u00f1al imperativa que le hab\u00eda hecho su padre.<br \/>\n No, hija m\u00eda, no; lo que dices es verdad\u00a0 luego, continuando su camino, murmur\u00f3 : He aqu\u00ed una chiquilla que probablemente no sabe leer y que por consiguiente no ha le\u00eddo nada, y que acaba de resumir la historia del mundo en una sola palabra.<br \/>\nY, siempre tan tranquilo, pero m\u00e1s melanc\u00f3lico que al entrar, el ex gran pensionario sigui\u00f3 caminando hacia la celda de su hermano.<\/p>\n<p>II<br \/>\nLos Dos Hermanos<\/p>\n<p>Como hab\u00eda dicho la bella Rosa en una duda llena de presentimientos, mientras Jean de Witt sub\u00eda la escalera de piedra que conduc\u00eda a la prisi\u00f3n de su hermano Corneille, los burgueses hac\u00edan cuanto pod\u00edan por alejar la tropa de De Tilly que les molestaba.<br \/>\nLo cual, visto por el pueblo, que apreciaba las buenas intenciones de su milicia, se desga\u00f1itaba gritando:<br \/>\n \u00a1Vivan los burgueses!<br \/>\nEn cuanto al se\u00f1or De Tilly, tan prudente como firme, parlamentaba con aquella compa\u00f1\u00eda burguesa ante las pistolas dispuestas de su escuadr\u00f3n, explic\u00e1ndoles de la mejor manera posible que la consigna dada por los Estados le ordenaba guardar con tres compa\u00f1\u00edas de soldados la plaza de la prisi\u00f3n y sus alrededores.<br \/>\n \u00bfPor qu\u00e9 esa orden? \u00bfPor qu\u00e9 guardar la prisi\u00f3n?\u00a0 gritaban los orangistas.<br \/>\n \u00a1Ah!\u00a0 respondi\u00f3 el se\u00f1or De Tilly . Me pregunt\u00e1is algo que no puedo contestar. Me han dicho: \u00abGuardad\u00bb; y guardo. Vosotros, que sois casi militares, se\u00f1ores, deb\u00e9is saber que una consigna no se discute.<br \/>\n \u00a1Pero os han dado esta orden para que los traidores puedan salir de la ciudad!<br \/>\n Podr\u00eda ser, ya que los traidores han sido condenados al destierro\u00a0 respondi\u00f3 De Tilly.<br \/>\n Pero \u00bfqui\u00e9n ha dado esta orden?<br \/>\n \u00a1Los Estados, pardiez!<br \/>\n Los Estados nos traicionan.<br \/>\n En cuanto a eso, yo no s\u00e9 nada.<br \/>\n Y vos mismo nos traicion\u00e1is.<br \/>\n \u00bfYo?<br \/>\n S\u00ed, vos.<br \/>\n \u00a1Ah, ya! Entend\u00e1monos, se\u00f1ores burgueses; \u00bfa qui\u00e9n traicionar\u00eda? \u00a1A los Estados! Yo no puedo traicionarlos, ya que siendo su soldado, ejecuto fielmente su consigna.<br \/>\nY en esto, como el conde ten\u00eda tanta raz\u00f3n que resultaba imposible discutir su respuesta, redoblaron los clamores y amenazas; clamores y amenazas espantosas, a las que el conde respond\u00eda con toda la educaci\u00f3n posible.<br \/>\n Pero, se\u00f1ores burgueses, por favor, desarmad los mosquetes; puede dispararse uno por accidente, y si el tiro hiere a uno de mis jinetes, os derribaremos doscientos hombres por tierra, lo que lamentar\u00edamos mucho; pero vosotros mucho m\u00e1s, ya que eso no entra en vuestras intenciones ni en las m\u00edas.<br \/>\n Si tal hicierais\u00a0 gritaron los burgueses , a nuestra vez abrir\u00edamos fuego sobre vosotros.<br \/>\n S\u00ed, pero aunque al hacer fuego sobre nosotros nos matarais a todos desde el primero al \u00faltimo, aqu\u00e9llos a quienes nosotros hubi\u00e9ramos matado, no estar\u00edan por ello menos muertos.<br \/>\n Cedednos, pues, la plaza, y ejecutar\u00e9is un acto de buen ciudadano.<br \/>\n En primer lugar, yo no soy un ciudadano\u00a0 dijo De Tilly , soy un oficial, lo cual es muy diferente; y adem\u00e1s, no soy holand\u00e9s, sino franc\u00e9s, lo cual es m\u00e1s diferente todav\u00eda. No conozco, pues, m\u00e1s que a los Estados que me pagan; traedme de parte de los Estados la orden de ceder la plaza y dar\u00e9 media vuelta al instante, contando con que me aburro enormemente aqu\u00ed.<br \/>\n \u00a1S\u00ed, s\u00ed!\u00a0 gritaron cien voces que se multiplicaron al instante por quinientas m\u00e1s . \u00a1Vamos al Ayuntamiento! \u00a1Vamos a buscar a los diputados! Vamos, vamos!<br \/>\n Eso es\u00a0 murmur\u00f3 De Tilly mirando alejarse a los m\u00e1s furiosos . Id a buscar una cobard\u00eda al Ayuntamiento y veamos si os la conceden; id, amigos m\u00edos, id.<br \/>\nEl digno oficial contaba con el honor de los magistrados, los cuales a su vez contaban con su honor de soldado.<br \/>\n Estar\u00e1 bien, capit\u00e1n\u00a0 dijo al o\u00eddo del conde su primer teniente , que los diputados reh\u00fasen a esos energ\u00famenos lo que les pidan; pero que nos enviaran a nosotros alg\u00fan refuerzo, no nos har\u00eda ning\u00fan mal, creo yo.<br \/>\nMientras tanto, Jean de Witt, al que hemos dejado subiendo la escalera de piedra despu\u00e9s de su conversaci\u00f3n con el carcelero Gryphus y su hija Rosa, hab\u00eda llegado a la puerta de la celda donde yac\u00eda sobre un colch\u00f3n su hermano Corneille, al que el fiscal hab\u00eda hecho aplicar, como hemos dicho, la tortura preparatoria.<br \/>\nLa sentencia del destierro hab\u00eda hecho in\u00fatil la aplicaci\u00f3n de la tortura extraordinaria.<br \/>\nCorneille, echado sobre su lecho, con las mu\u00f1ecas dislocadas y los dedos rotos, no habiendo confesado nada de un crimen que no hab\u00eda cometido, acab\u00f3 por respirar al fin, despu\u00e9s de tres d\u00edas de sufrimientos, al saber que los jueces de los que esperaba la muerte, hab\u00edan tenido a bien no condenarlo m\u00e1s que al destierro.<br \/>\nCuerpo en\u00e9rgico, alma invencible, hubiera decepcionado a sus enemigos si \u00e9stos hubiesen podido, en las profundidades sombr\u00edas de la celda de la Buytenhoff, ver brillar sobre su p\u00e1lido rostro la sonrisa del m\u00e1rtir que olvida el fango de la Tierra despu\u00e9s de haber entrevisto los maravillosos esplendores del Cielo.<br \/>\nEl Ruart hab\u00eda recuperado todas sus fuerzas, m\u00e1s por el poder de su voluntad que por una asistencia real, y calculaba cu\u00e1nto tiempo todav\u00eda le retendr\u00edan en prisi\u00f3n las formalidades de la justicia.<br \/>\nPrecisamente en aquel momento los clamores de la milicia burguesa mezclados a los del pueblo, se elevaban contra los dos hermanos y amenazaban al capit\u00e1n De Tilly, que les serv\u00eda de escudo. Este alboroto, que ven\u00eda a romperse como una marea ascendente al pie de las murallas de la prisi\u00f3n, lleg\u00f3 hasta el prisionero.<br \/>\nMas, por amenazante que fuera ese rumor, Corneille despreci\u00f3 informarse ni se tom\u00f3 el trabajo de levantarse para mirar por la ventana estrecha y enrejada que dejaba entrar la luz y los murmullos de fuera.<br \/>\nEstaba tan embotado por la continuidad de su mal, que ese mal se hab\u00eda convertido casi en una costumbre. Finalmente, sent\u00eda con tanta delicia a su alma y a su raz\u00f3n tan cerca de desprenderse de los estorbos corporales, que le parec\u00eda ya que esta alma y esta raz\u00f3n escapadas a la materia, planeaban por encima de ella como flota por encima de un hogar casi apagado la llama que lo abandona para subir al cielo.<br \/>\nPensaba tambi\u00e9n en su hermano.<br \/>\nProbablemente, era que su proximidad, por los misterios desconocidos que el magnetismo ha descubierto despu\u00e9s, se hac\u00eda sentir tambi\u00e9n. En el mismo momento en que Jean se hallaba tan presente en el pensamiento de Corneille, que casi murmuraba su nombre, la puerta se abri\u00f3; Jean entr\u00f3, y con paso apresurado se acerc\u00f3 al lecho de su hermano, el cual tendi\u00f3 sus brazos martirizados y sus manos envueltas en vendas hacia aquel glorioso hermano al que hab\u00eda conseguido sobrepasar, no por los servicios prestados al pa\u00eds, sino por el odio que le profesaban los holandeses.<br \/>\nJean bes\u00f3 tiernamente a su hermano en la frente y deposit\u00f3 suavemente sobre el colch\u00f3n sus manos enfermas.<br \/>\n Corneille, mi pobre hermano\u00a0 dijo , sufr\u00eds mucho, \u00bfverdad?<br \/>\n No sufro ya, hermano m\u00edo, porque os veo.<br \/>\n \u00a1Oh, mi pobre, querido Corneille! Entonces, en su defecto, soy yo el que sufre por veros as\u00ed, os lo aseguro.<br \/>\n Por eso he pensado m\u00e1s en vos que en m\u00ed mismo, y mientras me torturaban, no pens\u00e9 en lamentarme m\u00e1s que una vez para decir: \u00ab\u00a1Pobre hermano!\u00bb Pero ya que est\u00e1is aqu\u00ed, olvid\u00e9moslo todo. Ven\u00eds a buscarme, \u00bfverdad?<br \/>\n S\u00ed.<br \/>\n Estoy curado; ayudadme a levantar, hermano m\u00edo, y ver\u00e9is c\u00f3mo camino bien.<br \/>\n No tendr\u00e9is que caminar mucho tiempo, hermano m\u00edo, porque tengo mi carroza en el vivero, detr\u00e1s de los jinetes de De Tilly.<br \/>\n \u00bfLos jinetes de De Tilly? \u00bfPor qu\u00e9 est\u00e1n en el vivero?<br \/>\n \u00a1Ah! Es que se supone\u00a0 dijo el ex gran pensionario con esa sonrisa de fisonom\u00eda triste que le era habitual\u00a0 que las gentes de La Haya desear\u00e1n vernos partir, y se teme alg\u00fan tumulto.<br \/>\n \u00bfUn tumulto?\u00a0 repiti\u00f3 Corneille clavando su mirada en su turbado hermano . \u00bfUn tumulto?<br \/>\n S\u00ed, Corneille.<br \/>\n Entonces, esto es lo que o\u00eda hace un momento\u00a0 dijo el prisionero como habl\u00e1ndose a s\u00ed mismo. Luego, volvi\u00e9ndose hacia su hermano : Hay mucha gente en la Buytenhoff, \u00bfno es verdad?\u00a0 pregunt\u00e9.<br \/>\n S\u00ed, hermano m\u00edo.<br \/>\n Pero entonces, para venir aqu\u00ed&#8230;<br \/>\n \u00bfY bien?<br \/>\n \u00bfC\u00f3mo os han dejado pasar?<br \/>\n Sab\u00e9is bien que no somos muy queridos, Corneille\u00a0 explic\u00f3 el ex gran pensionario con melanc\u00f3lica amargura . He venido por las calles apartadas.<br \/>\n \u00bfOs hab\u00e9is ocultado, Jean?<br \/>\n Ten\u00eda el deseo de llegar hasta vos sin p\u00e9rdida de tiempo, y he hecho lo que se hace en pol\u00edtica y en el mar cuando se tiene el viento de cara: he bordeado.<br \/>\nEn ese momento, el ruido ascendi\u00f3 m\u00e1s furioso de la plaza a la prisi\u00f3n. De Tilly dialogaba con la guardia burguesa.<br \/>\n \u00a1Oh! \u00a1Oh!\u00a0 exclam\u00f3 Corneille . Sois realmente un gran piloto, Jean; pero no s\u00e9 si sacar\u00e9is a vuestro hermano de la Buytenhoff, con esta marejada y con las rompientes populares, tan felizmente como condujisteis la flota de Tromp a Amberes, en medio de los bajos fondos del Escalda.<br \/>\n Con la ayuda de Dios, Corneille, trataremos de hacerlo, por lo menos\u00a0 respondi\u00f3 Jean . Mas, primero, una palabra.<br \/>\n Decid.<br \/>\nLos clamores ascendieron de nuevo.<br \/>\n \u00a1Oh! \u00a1Oh!\u00a0 continu\u00f3 Corneille . \u00a1Qu\u00e9 encolerizada est\u00e1 esa gente! \u00bfEs contra vos? \u00bfEs en contra m\u00eda?<br \/>\n Creo que es contra los dos, Corneille. Os dec\u00eda, pues, hermano m\u00edo, que lo que los orangistas nos reprochan en medio de sus burdas calumnias, es el haber negociado con Francia.<br \/>\n S\u00ed, nos lo reprochan.<br \/>\n \u00a1Los necios!<br \/>\n Pero si esas negociaciones hubieran tenido \u00e9xito, nos habr\u00edan evitado las derrotas de Rees, de Orsay, de Veel y de Rhemberg; les hubieran impedido el paso del Rin, y Holanda podr\u00eda creerse todav\u00eda invencible en medio de sus pantanos y de sus canales.<br \/>\n Todo eso es verdad, hermano m\u00edo, pero lo que es una verdad m\u00e1s absoluta todav\u00eda es que si se hallara en este momento nuestra correspondencia con el se\u00f1or De Louvois, por buen piloto que yo fuera, no podr\u00eda salvar el fr\u00e1gil esquife que va a llevar a los De Witt y su fortuna fuera de Holanda. Esta correspondencia, que probar\u00eda a esas honradas gentes cu\u00e1nto amo a mi pa\u00eds y qu\u00e9 sacrificios ofrec\u00eda realizar personalmente por su libertad, por su gloria, nos perder\u00eda ante los orangistas, nuestros vencedores. As\u00ed pues, querido Corneille, me gustar\u00eda saber que la hab\u00e9is quemado antes de abandonar Dordrecht para venir a buscarme a La Haya.<br \/>\n Hermano m\u00edo\u00a0 respondi\u00f3 Corneille , vuestra correspondencia con el se\u00f1or De Louvois prueba que vos hab\u00e9is sido en los \u00faltimos tiempos el m\u00e1s grande, el m\u00e1s generoso y el m\u00e1s h\u00e1bil ciudadano de las siete Provincias Unidas. Amo la gloria de mi pa\u00eds; amo sobre todo vuestra gloria, hermano m\u00edo, y me he guardado mucho de quemar esa correspondencia.<br \/>\n Entonces estamos perdidos para esta vida terrenal\u00a0 coment\u00f3 tranquilamente el ex gran pensionario acerc\u00e1ndose a la ventana.<br \/>\n No, muy al contrario, Jean, y obtendremos a la vez la salvaci\u00f3n del cuerpo y la resurrecci\u00f3n de la popularidad.<br \/>\n \u00bfQu\u00e9 hab\u00e9is hecho, pues, con esas cartas?<br \/>\n Se las he confiado a Cornelius van Baerle, mi ahijado, al que vos conoc\u00e9is y que vive en Dordrecht.<br \/>\n \u00a1Oh! \u00a1Pobre muchacho, ese querido a inocente ni\u00f1o! \u00a1A ese erudito que, cosa rara, sabe tantas cosas y no piensa m\u00e1s que en las flores que saludan a Dios, y en Dios que hace nacer las flores, le hab\u00e9is encomendado ese dep\u00f3sito mortal! Pero \u00a1ese pobre, querido Cornelius, est\u00e1 perdido, hermano m\u00edo!<br \/>\n \u00bfPerdido?<br \/>\n S\u00ed, porque o ser\u00e1 fuerte o ser\u00e1 d\u00e9bil. Si es fuerte, porque por inaudito que sea lo que nos suceda; porque, aunque sepultado en Dordrecht, aunque distra\u00eddo, \u00a1\u00e9ste es el milagro!, un d\u00eda a otro sabr\u00e1 lo que nos pasa, si es fuerte, se alabar\u00e1 de nosotros; si es d\u00e9bil, tendr\u00e1 miedo de nuestra intimidad; si es fuerte, gritar\u00e1 el secreto; si es d\u00e9bil, se lo dejar\u00e1 coger. En uno a otro caso, Corneille, est\u00e1 perdido y nosotros tambi\u00e9n. As\u00ed pues, hermano m\u00edo, huyamos de prisa, si todav\u00eda estamos a tiempo.<br \/>\nCorneille se incorpor\u00f3 de su lecho y, cogi\u00f3 la mano de su hermano, que se estremeci\u00f3 al contacto de las vendas.<br \/>\n \u00bfAcaso no conozco a mi ahijado?\u00a0 dijo . \u00bfEs que no he aprendido a leer cada pensamiento en la cabeza de Van Baerle, cada sentimiento en su alma? \u00bfMe preguntas si es d\u00e9bil, si es fuerte? No es ni lo uno ni lo otro, \u00a1pero no importa lo que sea! Lo importante es que guardar\u00e1 el secreto, teniendo en cuenta que ese secreto, ni siquiera lo conoce.<br \/>\nJean se volvi\u00f3 sorprendido.<br \/>\n \u00a1Oh!\u00a0 continu\u00f3 Corneille con su dulce sonrisa . El Ruart de Pulten es un pol\u00edtico educado en la escuela de Jean; os repito, hermano m\u00edo, Van Baerle ignora la naturaleza y el valor del dep\u00f3sito que le he confiado.<br \/>\n \u00a1De prisa, entonces!\u00a0 exclam\u00f3 Jean . Todav\u00eda estamos a tiempo, d\u00e9mosle la orden de quemar el legajo.<br \/>\n \u00bfCon qui\u00e9n le damos esa orden?<br \/>\n Con mi criado Craeke, que deb\u00eda acompa\u00f1arnos a caballo y que ha entrado conmigo en la prisi\u00f3n para ayudaros a descender la escalera.<br \/>\n Reflexionad antes de quemar esos t\u00edtulos gloriosos, Jean.<br \/>\n Pienso que antes que nada, mi valiente Corneille, es preciso que los hermanos De Witt salven su vida para salvar su renombre. Muertos nosotros, \u00bfqui\u00e9n nos defender\u00e1, Corneille? \u00bfQui\u00e9n nos comprender\u00e1 tan solo?<br \/>\n \u00bfCre\u00e9is, pues, que nos matar\u00edan si encontraran esos papeles?<br \/>\nJean, sin contestar a su hermano, extendi\u00f3 la mano hacia la ventana, por la que ascend\u00edan en aquel momento explosiones de clamores feroces.<br \/>\n S\u00ed, s\u00ed\u00a0 dijo Corneille , ya oigo esos clamores; pero \u00bfqu\u00e9 dicen?<br \/>\nJean abri\u00f3 la ventana.<br \/>\n \u00a1Muerte a los traidores!\u00a0 aullaba el populacho.<br \/>\n \u00bfO\u00eds ahora, Corneille?<br \/>\n \u00a1Y los traidores, somos nosotros!\u00a0 exclam\u00f3 el prisionero levantando los ojos al cielo y encogi\u00e9ndose de hombros.<br \/>\n Somos nosotros\u00a0 repiti\u00f3 Jean de Witt.<br \/>\n \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 Craeke?<br \/>\n Al otro lado de esta puerta, imagino.<br \/>\n Hacedle entrar, entonces.<br \/>\nJean abri\u00f3 la puerta; el fiel servidor esperaba, en efecto, ante el umbral.<br \/>\n Venid, Craeke, y retened bien lo que mi hermano va a deciros.<br \/>\n Oh, no, no basta con decirlo, Jean, es preciso que lo escriba, desgraciadamente.<br \/>\n \u00bfY por qu\u00e9?<br \/>\n Porque Van Baerle no entregar\u00e1 ese dep\u00f3sito ni lo quemar\u00e1 sin una orden precisa.<br \/>\n Pero \u00bfpod\u00e9is escribir, mi querido hermano?\u00a0 pregunt\u00f3 Jean, ante el aspecto de aquellas pobres manos quemadas y martirizadas.<br \/>\n \u00a1Oh! \u00a1Si tuviera pluma y tinta, ya ver\u00edais! dijo Corneille.<br \/>\n Aqu\u00ed hay un l\u00e1piz, por lo menos.<br \/>\n \u00bfTen\u00e9is papel? Porque aqu\u00ed no me han dejado nada.<br \/>\n Esta Biblia. Arrancad la primera hoja.<br \/>\n Bien.<br \/>\n Pero vuestra escritura \u00bfser\u00e1 legible?<br \/>\n \u00a1Adelante!\u00a0 dijo Corneille mirando a su hermano . Estos dedos que han resistido las mechas del verdugo, esta voluntad que ha dominado al dolor, van a unirse en un com\u00fan esfuerzo y, estad tranquilo, hermano m\u00edo, las l\u00edneas ser\u00e1n trazadas sin un solo temblor.<br \/>\nY en efecto, Corneille cogi\u00f3 el l\u00e1piz y escribi\u00f3.<br \/>\nEntonces pudo verse aparecer bajo las blancas vendas unas gotas de sangre que la presi\u00f3n de los dedos sobre el l\u00e1piz dejaba escapar de las carnes abiertas.<br \/>\nEl sudor perlaba la frente del ex gran pensionario.<br \/>\nCorneille escribi\u00f3:<\/p>\n<p>20 de agosto de 1672<br \/>\nQuerido ahijado:<br \/>\nQuema el dep\u00f3sito que te he confiado, qu\u00e9malo sin mirarlo, sin abrirlo, a fin de que contin\u00fae desconocido para ti. Los secretos del g\u00e9nero que \u00e9ste contiene matan a los depositarios. Qu\u00e9malo, y habr\u00e1s salvado a Jean y a Corneille.<br \/>\nAdi\u00f3s, y qui\u00e9reme.<br \/>\nCORNEILLE DE WITT.<\/p>\n<p>Jean, con l\u00e1grimas en los ojos, enjug\u00f3 una gota de aquella noble sangre que hab\u00eda manchado la hoja, la entreg\u00f3 a Craeke con una \u00faltima recomendaci\u00f3n y se volvi\u00f3 hacia Corneille, a quien el sufrimiento le hab\u00eda hecho palidecer m\u00e1s, y que parec\u00eda pr\u00f3ximo a desvanecerse.<br \/>\n Ahora\u00a0 explic\u00f3 , cuando ese valiente Craeke deje o\u00edr su antiguo silbato de contramaestre, es que se hallar\u00e1 fuera de los grupos del otro lado del vivero&#8230; Entonces, partiremos a nuestra vez.<br \/>\nNo hab\u00edan transcurrido cinco minutos, cuando un largo y vigoroso silbido rasg\u00f3 con su retumbo marino las b\u00f3vedas de follaje negro de los olmos y domin\u00f3 los clamores de la Buytenhoff.<br \/>\nJean levant\u00f3 los brazos al cielo para dar las gracias.<br \/>\n Y ahora\u00a0 dijo\u00a0 partamos, Corneille.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>EL TULIP\u00c1N NEGRO Alejandro Dumas I Un Pueblo Agradecido El 20 de agosto de 1672, la ciudad de La Haya, tan animada, tan blanca, tan coquetona que se dir\u00eda que todos los d\u00edas son domingo, la ciudad de La Haya con su parque umbroso, con sus grandes \u00e1rboles inclinados sobre sus casas g\u00f3ticas, con los<\/p>\n<p class=\"text-right\"><span class=\"screen-reader-text\">Continue Reading&#8230; Alejandro Dumas &#8211; El tulip\u00e1n negro<\/span><a class=\"btn btn-secondary continue-reading\" href=\"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=618\">Continue Reading&#8230;<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"class_list":["post-618","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-documentos-varios-literatura-albert-einstein-alejandro-dumas-antoine-de-saint-exupry-aristoteles-y-arthur-c-clar"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/618","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=618"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/618\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=618"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=618"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=618"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}