{"id":613,"date":"2008-03-14T05:31:41","date_gmt":"2008-03-14T05:31:41","guid":{"rendered":"http:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=613"},"modified":"2008-03-14T05:31:41","modified_gmt":"2008-03-14T05:31:41","slug":"muchas-vidas-muchos-maestros-brian-weiss-","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=613","title":{"rendered":"Muchas vidas, muchos maestros brian Weiss"},"content":{"rendered":"<p>Muchas Vidas, Muchos Maestros<br \/>\nBrian Weiss<\/p>\n<p>PREFACIO<\/p>\n<p>S\u00e9 que hay un motivo para todo. Tal vez en el momento en que se produce un hecho no contamos con la penetraci\u00f3n psicol\u00f3gica ni la previsi\u00f3n necesarias para comprender las razones, pero con tiempo y paciencia saldr\u00e1n a la luz.<br \/>\nAs\u00ed ocurri\u00f3 con Catherine. La conoc\u00ed en 1980, cuando ella ten\u00eda veintisiete a\u00f1os. Vino a mi consultorio buscando ayuda para su ansiedad, sus fobias, sus ataques de p\u00e1nico. Aunque estos s\u00edntomas la acompa\u00f1aban desde la ni\u00f1ez, en el pasado reciente hab\u00edan empeorado mucho. D\u00eda a d\u00eda se encontraba m\u00e1s paralizada emocionalmente, menos capaz de funcionar. Estaba aterrorizada y, comprensiblemente, deprimida.<br \/>\nEn contraste con el caos de su vida en esos momentos, mi existencia flu\u00eda con serenidad. Ten\u00eda un matrimonio feliz y estable, dos hijos peque\u00f1os y una carrera floreciente.<br \/>\nDesde el principio mismo, mi vida pareci\u00f3 seguir siempre un camino recto. Crec\u00ed en un hogar con amor. El \u00e9xito acad\u00e9mico se present\u00f3 con facilidad y, apenas ingresado en la facultad, hab\u00eda tomado ya la decisi\u00f3n de ser psiquiatra.<br \/>\nMe gradu\u00e9 en la Universidad de Columbia, Nueva York, en 1966, con todos los honores. Prosegu\u00ed mis estudios en la escuela de medicina de la Universidad de Yale, donde recib\u00ed mi diploma de m\u00e9dico en 1970. Despu\u00e9s de un internado en el centro m\u00e9dico de la Universidad de Nueva York (Bellevue Medical Center), volv\u00ed a Yale para completar mi residencia como psiquiatra. Al terminarla, acept\u00e9 un cargo en la Universidad de Pittsburgh. Dos a\u00f1os despu\u00e9s me incorpor\u00e9 a la Universidad de Miami, para dirigir el departamento Psicofarmacol\u00f3gico. All\u00ed logr\u00e9 renombre nacional en los campos de la psiquiatr\u00eda biol\u00f3gica y el abuso de drogas. Tras cuatro a\u00f1os fui ascendido al rango de profesor asociado de psiquiatr\u00eda y designado jefe de la misma materia en un gran hospital de Miami, afiliado a la universidad. Por entonces ya hab\u00eda publicado treinta y siete art\u00edculos cient\u00edficos y estudios de mi especialidad.<br \/>\nLos a\u00f1os de estudio disciplinado hab\u00edan adiestrado mi mente para pensar como m\u00e9dico y cient\u00edfico, molde\u00e1ndome en los senderos estrechos del conservadurismo profesional. Desconfiaba de todo aquello que no se pudiera demostrar seg\u00fan m\u00e9todos cient\u00edficos tradicionales. Ten\u00eda noticias de varios estudios de parapsicolog\u00eda que se estaban realizando en universidades importantes de todo el pa\u00eds, pero no me llamaban la atenci\u00f3n. Todo eso me parec\u00eda descabellado en demas\u00eda.<br \/>\nEntonces conoc\u00ed a Catherine. Durante dieciocho meses utilic\u00e9 m\u00e9todos terap\u00e9uticos tradicionales para ayudarla a superar sus s\u00edntomas. Como nada parec\u00eda causar efecto, intent\u00e9 la hipnosis. En una serie de estados de trance, Catherine recuper\u00f3 recuerdos de \u00abvidas pasadas\u00bb que resultaron ser los factores causantes de sus s\u00edntomas. Tambi\u00e9n actu\u00f3 como conducto para la informaci\u00f3n procedente de \u00abentes espirituales\u00bb altamente evolucionados y, a trav\u00e9s de ellos, revel\u00f3 muchos secretos de la vida y de la muerte. En pocos y breves meses, sus s\u00edntomas desaparecieron y reanud\u00f3 su vida, m\u00e1s feliz y en paz que nunca.<br \/>\nEn mis estudios no hab\u00eda nada que me hubiera preparado para algo as\u00ed. Cuando estos hechos sucedieron me sent\u00ed absolutamente asombrado.<br \/>\nNo tengo explicaciones cient\u00edficas de lo que ocurri\u00f3. En la mente humana hay demasiadas cosas que est\u00e1n m\u00e1s all\u00e1 de nuestra comprensi\u00f3n. Tal vez Catherine, bajo la hipnosis, pudo centrarse en esa parte de su mente subconsciente que acumulaba verdaderos recuerdos de vidas pasadas; tal vez utiliz\u00f3 aquello que el psicoanalista Carl Jung denomin\u00f3 \u00abinconsciente colectivo\u00bb: la fuente de energ\u00eda que nos rodea y contiene los recuerdos de toda la raza humana.<br \/>\nLos cient\u00edficos comienzan a buscar estas respuestas. Nosotros, como sociedad, podemos beneficiarnos mucho con la investigaci\u00f3n de los misterios que encierran el alma, la mente, la continuaci\u00f3n de la vida despu\u00e9s de la muerte y la influencia de nuestras experiencias en vidas anteriores sobre nuestra conducta actual. Obviamente, las ramificaciones son ilimitadas, sobre todo en los campos de la medicina, la psiquiatr\u00eda, la teolog\u00eda y la filosof\u00eda.<br \/>\nSin embargo, la investigaci\u00f3n cient\u00edficamente rigurosa de estos temas est\u00e1 todav\u00eda en mantillas. Si bien se est\u00e1n dando grandes pasos para descubrir esta informaci\u00f3n, el proceso es lento y encuentra mucha resistencia tanto por parte de los cient\u00edficos como de los legos.<br \/>\nA lo largo de la historia, la humanidad siempre se ha resistido al cambio y a la aceptaci\u00f3n de ideas nuevas. Los textos hist\u00f3ricos est\u00e1n llenos de ejemplos. Cuando Galileo descubri\u00f3 las lunas de J\u00fapiter, los astr\u00f3nomos de su \u00e9poca se negaron a aceptar su existencia e incluso a mirar esos sat\u00e9lites, pues estaban en conflicto con las creencias aceptadas. As\u00ed ocurre ahora entre los psiquiatras y otros terapeutas, que se niegan a examinar y evaluar las considerables pruebas reunidas acerca de la supervivencia tras la muerte f\u00edsica y sobre los recuerdos de vidas pasadas. Mantienen los ojos bien cerrados.<br \/>\nEste libro es mi peque\u00f1a contribuci\u00f3n a la investigaci\u00f3n en el campo de la parapsicolog\u00eda, sobre todo en la rama que se refiere a nuestras experiencias antes del nacimiento y despu\u00e9s de la muerte. Cada palabra de lo que aqu\u00ed se va a contar es cierta. No he agregado nada y s\u00f3lo he eliminado las partes repetitivas. He alterado ligeramente la identidad de Catherine para respetar su intimidad.<br \/>\nMe llev\u00f3 cuatro a\u00f1os decidirme a escribir sobre lo ocurrido, cuatro a\u00f1os reunir valor para aceptar el riesgo profesional de revelar esta informaci\u00f3n, nada ortodoxa.<br \/>\nDe pronto, una noche, mientras me duchaba, me sent\u00ed impelido a poner esta experiencia por escrito. Ten\u00eda la fuerte sensaci\u00f3n de que era el momento correcto, de que no deb\u00eda retener la informaci\u00f3n por m\u00e1s tiempo. Las lecciones que hab\u00eda aprendido estaban destinadas tambi\u00e9n a otros; no me hab\u00edan sido dadas para que las mantuviera en secreto. El conocimiento hab\u00eda llegado por medio de Catherine, y ahora deb\u00eda pasar a trav\u00e9s de m\u00ed. Comprend\u00ed que, de cuantas consecuencias pudiera sufrir, ninguna ser\u00eda tan devastadora como no compartir el conocimiento adquirido sobre la inmortalidad y el verdadero sentido de la vida.<br \/>\nSal\u00ed a toda carrera del ba\u00f1o y me sent\u00e9 ante mi escritorio, con el mont\u00f3n de cintas grabadas durante mis sesiones con Catherine. En las horas de la madrugada, pens\u00e9 en mi viejo abuelo h\u00fangaro, que hab\u00eda muerto durante mi adolescencia. Cada vez que yo confesaba tener miedo de correr un riesgo, \u00e9l me alentaba amorosamente, repitiendo su expresi\u00f3n favorita en nuestro idioma: \u00ab\u00bfQu\u00e9 diablos? ?dec\u00eda, con su acento extranjero?, \u00bfqu\u00e9 diablos?\u00bb<\/p>\n<p>1<\/p>\n<p>Cuando vi a Catherine por primera vez, ella luc\u00eda un vestido de color carmes\u00ed intenso y hojeaba nerviosamente una revista en mi sala de espera. Era evidente que estaba sofocada. Hab\u00eda pasado los veinte minutos anteriores pase\u00e1ndose por el pasillo, frente a los consultorios del departamento de Psiquiatr\u00eda, tratando de convencerse de que deb\u00eda asistir a su entrevista conmigo en vez de echar a correr.<br \/>\nFui a la sala de espera para saludarla y nos estrechamos la mano. Not\u00e9 que las suyas estaban fr\u00edas y h\u00famedas, lo cual confirmaba su ansiedad. En realidad, hab\u00eda tenido que reunir valor durante dos meses para pedir esa cita conmigo, pese a que dos m\u00e9dicos del personal, hombres en quienes ella confiaba, le hab\u00edan aconsejado insistentemente que me pidiera ayuda. Finalmente, all\u00ed estaba.<br \/>\nCatherine es una mujer extraordinariamente atractiva, de ojos color avellana y pelo rubio, medianamente largo. Por esa \u00e9poca trabajaba como t\u00e9cnica de laboratorio en el hospital donde yo era jefe de Psiquiatr\u00eda; tambi\u00e9n se ganaba un sobresueldo como modelo de trajes de ba\u00f1o.<br \/>\nLa hice pasar a mi consultorio y la conduje hasta un gran sill\u00f3n de cuero que hab\u00eda tras el div\u00e1n. Nos sentamos frente a frente, separados por mi escritorio semicircular. Catherine se reclin\u00f3 en su sill\u00f3n, callada, sin saber por d\u00f3nde empezar. Yo esperaba, pues prefer\u00eda que fuera ella misma quien eligiera el tema inicial; no obstante, al cabo de algunos minutos empec\u00e9 a preguntarle por su pasado. En esa primera visita, comenzamos a desentra\u00f1ar qui\u00e9n era ella y por qu\u00e9 acud\u00eda a verme.<br \/>\nEn respuesta a mis preguntas, Catherine revel\u00f3 la historia de su vida. Era la segunda de tres hijos, criada en el seno de una familia cat\u00f3lica conservadora, en una peque\u00f1a ciudad de Massachusetts. Su hermano, tres a\u00f1os mayor que ella, era muy atl\u00e9tico y disfrutaba de una libertad que a ella nunca se le permiti\u00f3. La hermana menor era la favorita de ambos padres.<br \/>\nCuando empezamos a hablar de sus s\u00edntomas se puso notablemente m\u00e1s tensa y nerviosa. Comenz\u00f3 a hablar m\u00e1s deprisa y se inclin\u00f3 hacia delante, con los codos apoyados en la mesa. Su vida siempre hab\u00eda estado repleta de miedos. Ten\u00eda miedo del agua; ten\u00eda tanto miedo de asfixiarse que no pod\u00eda tragar p\u00edldoras; tambi\u00e9n la asustaban los aviones, y la oscuridad; la aterrorizaba la idea de morir. En los \u00faltimos tiempos, esos miedos hab\u00edan comenzado a empeorar. A fin de sentirse a salvo sol\u00eda dormir en el amplio ropero de su apartamento. Sufr\u00eda dos o tres horas de insomnio antes de poder conciliar el sue\u00f1o. Una vez dormida, su sue\u00f1o era ligero y agitado; se despertaba con frecuencia. Las pesadillas y los episodios de sonambulismo que hab\u00edan atormentado su infancia empezaban a repetirse. A medida que los miedos y los s\u00edntomas la iban paralizando cada vez m\u00e1s, mayor era su depresi\u00f3n.<br \/>\nMientras Catherine hablaba, percib\u00ed lo profundo de sus sufrimientos. En el curso de los a\u00f1os, yo hab\u00eda ayudado a muchos pacientes como ella a superar el tormento de los miedos; por eso confiaba en poder prestarle la misma ayuda. Decid\u00ed que comenzar\u00edamos por ahondar en su ni\u00f1ez, buscando las ra\u00edces originarias de sus problemas. Por lo com\u00fan, este tipo de indagaci\u00f3n ayuda a aliviar la ansiedad. En caso de necesidad, y si ella lograba tragar p\u00edldoras, le ofrecer\u00eda alguna medicaci\u00f3n suave contra la ansiedad, para que estuviera m\u00e1s c\u00f3moda. Era el tratamiento habitual para sus s\u00edntomas, y yo nunca vacilaba en utilizar sedantes (y hasta medicamentos antidepresivos) para tratar las ansiedades y los miedos cr\u00f3nicos y graves. Ahora recurro a ellos con mucha m\u00e1s moderaci\u00f3n y s\u00f3lo durante breves per\u00edodos, si acaso. No hay medicamento que pueda llegar a las verdaderas ra\u00edces de estos s\u00edntomas. Mis experiencias con Catherine y otros pacientes como ella as\u00ed me lo han demostrado. Ahora s\u00e9 que se puede curar, en vez de limitarse a disimular o enmascarar los s\u00edntomas.<br \/>\nDurante esa primera sesi\u00f3n yo trataba, con suave insistencia, de hacerla volver a la ni\u00f1ez. Como Catherine recordaba asombrosamente pocos hechos de sus primeros a\u00f1os, me dije que deb\u00eda analizar la posibilidad de utilizar la hipnoterapia como una posible forma de abreviar el tratamiento para superar esa represi\u00f3n. Ella no recordaba ning\u00fan momento especialmente traum\u00e1tico de su ni\u00f1ez que explicara esos continuos miedos en su vida.<br \/>\nEn tanto ella se esforzaba y abr\u00eda su mente para recordar, iban emergiendo fragmentos aislados de memoria. A los cinco a\u00f1os hab\u00eda sufrido un ataque de p\u00e1nico cuando alguien la empuj\u00f3 desde un trampol\u00edn a una piscina. No obstante, dijo que incluso antes de ese incidente no se hab\u00eda sentido nunca c\u00f3moda en el agua. Cuando Catherine ten\u00eda once a\u00f1os, su madre hab\u00eda ca\u00eddo en una depresi\u00f3n grave. El extra\u00f1o modo en que se alejaba de su familia hizo que fuera necesario consultar con un psiquiatra y someterla a electrochoque. Debido a ese tratamiento a su madre le costaba recordar cosas. La experiencia asust\u00f3 a Catherine, pero aseguraba que, cuando su madre mejor\u00f3 y volvi\u00f3 a ser como siempre, esos miedos se disiparon. Su padre ten\u00eda un largo historial de excesos alcoh\u00f3licos; a veces, el hijo mayor ten\u00eda que ir al bar del barrio para recogerlo.<br \/>\nEl creciente consumo de alcohol lo llevaba a re\u00f1ir frecuentemente con la madre de Catherine, quien entonces se volv\u00eda retra\u00edda y malhumorada. Sin embargo, la muchacha consideraba eso como un patr\u00f3n familiar aceptado.<br \/>\nFuera de casa todo iba mejor. En la escuela secundaria sal\u00eda con muchachos y manten\u00eda un trato f\u00e1cil con sus amigos, a la mayor\u00eda de los cuales conoc\u00eda desde varios a\u00f1os atr\u00e1s. Sin embargo, le resultaba dif\u00edcil confiar en la gente, sobre todo en quienes no formaban parte del reducido c\u00edrculo de sus amistades.<br \/>\nEn cuanto a la religi\u00f3n, para ella era simple y no se planteaba dudas. Se le hab\u00eda ense\u00f1ado a creer en la ideolog\u00eda y las pr\u00e1cticas cat\u00f3licas tradicionales, sin que ella pusiera realmente en tela de juicio la verdad y validez de su credo. Estaba segura de que, si una era buena cat\u00f3lica y viv\u00eda como era debido, respetando la fe y sus ritos, ser\u00eda recompensada con el para\u00edso; si no, sufrir\u00eda el purgatorio o el infierno. Un Dios patriarcal y su Hijo se encargaban de esas decisiones definitivas. M\u00e1s tarde descubr\u00ed que Catherine no cre\u00eda en la reencarnaci\u00f3n; de hecho, sab\u00eda muy poco de ese concepto, aunque hab\u00eda le\u00eddo algo sobre los hind\u00faes. La idea de la reencarnaci\u00f3n era contraria a su educaci\u00f3n y su comprensi\u00f3n. Nunca hab\u00eda le\u00eddo sobre temas metaf\u00edsicos u ocultistas porque no le interesaban en absoluto. Estaba segura de sus creencias.<br \/>\nTerminada la escuela secundaria, Catherine curs\u00f3 dos a\u00f1os de estudios t\u00e9cnicos, que la capacitaron como t\u00e9cnica de laboratorio. Contando con una profesi\u00f3n y alentada por la mudanza de su hermano a Tampa, Catherine consigui\u00f3 un puesto en Miami, en un gran hospital asociado con la Universidad de Miami. Ciudad a la que se traslad\u00f3 en la primavera de 1974, a la edad de veinti\u00fan a\u00f1os.<br \/>\nLa vida de Catherine en su peque\u00f1a ciudad hab\u00eda sido m\u00e1s f\u00e1cil que la que tuvo que llevar en Miami; sin embargo, le alegraba haber escapado a sus problemas familiares.<br \/>\nDurante el primer a\u00f1o que pas\u00f3 all\u00ed conoci\u00f3 a Stuart: un hombre casado, jud\u00edo y con dos hijos; diferente en todo de los hombres con quienes hab\u00eda salido. Era un m\u00e9dico de \u00e9xito, fuerte y emprendedor. Entre ellos hab\u00eda una atracci\u00f3n irresistible, pero las relaciones resultaban inestables y tempestuosas. Hab\u00eda algo en \u00e9l que despertaba las pasiones de Catherine, como si la hechizara. Por la \u00e9poca en que ella inici\u00f3 la terapia, su relaci\u00f3n con Stuart iba por el sexto a\u00f1o y a\u00fan conservaba todo su vigor, aunque no marchara bien. Catherine no pod\u00eda resistirse a \u00e9l, aunque la trataba mal y la enfurec\u00eda con sus mentiras, sus manipulaciones y sus promesas rotas.<br \/>\nVarios meses antes de su entrevista conmigo, Catherine hab\u00eda sufrido una operaci\u00f3n quir\u00fargica de las cuerdas vocales, afectadas por un n\u00f3dulo benigno. Ya estaba ansiosa antes de la operaci\u00f3n, pero al despertar, en la sala de recuperaci\u00f3n, se encontraba absolutamente aterrorizada. El personal de enfermer\u00eda se esforz\u00f3 horas enteras por calmarla. Despu\u00e9s de reponerse en el hospital, busc\u00f3 al doctor Edward Poole. Ed era un bondadoso pediatra a quien Catherine hab\u00eda conocido mientras trabajaba en el hospital. Entre ambos surgi\u00f3 un entendimiento instant\u00e1neo, que se fue convirtiendo en estrecha amistad. Catherine habl\u00f3 francamente con Ed; le cont\u00f3 sus temores, su relaci\u00f3n con Stuart y su sensaci\u00f3n de estar perdiendo el control de su vida. \u00c9l insisti\u00f3 en que pidiera una entrevista conmigo, personalmente, no con alguno de mis asociados. Cuando Ed me llam\u00f3 para ponerme al tanto de ese consejo, agreg\u00f3 que, por alg\u00fan motivo, le parec\u00eda que s\u00f3lo yo pod\u00eda comprender de verdad a Catherine, aunque los otros psiquiatras tambi\u00e9n ten\u00edan una excelente preparaci\u00f3n y eran terapeutas capacitados. Sin embargo, Catherine no me llam\u00f3.<br \/>\nPasaron ocho semanas. Como mi trabajo como jefe del departamento de Psiquiatr\u00eda me absorbe mucho, olvid\u00e9 la llamada de Ed. Los miedos y las fobias de Catherine empeoraban. El doctor Frank Acker, jefe de Cirug\u00eda, la conoc\u00eda superficialmente desde hac\u00eda a\u00f1os y sol\u00eda bromear con ella cuando visitaba el laboratorio donde trabajaba. \u00c9l hab\u00eda notado su desdicha de los \u00faltimos tiempos y percibido su tensi\u00f3n. Aunque hab\u00eda querido decirle algo en varias oportunidades, vacilaba. Una tarde, mientras iba en su coche a un hospital apartado donde deb\u00eda dar una conferencia, vio a Catherine, que volv\u00eda en su propio autom\u00f3vil a casa, cercana a ese peque\u00f1o hospital. Siguiendo un impulso, le indic\u00f3 por se\u00f1as que se hiciera a un lado de la carretera.<br \/>\n?Quiero que hables ahora mismo con el doctor Weiss ?le grit\u00f3 por la ventanilla?. Sin demora.<br \/>\nAunque los cirujanos suelen actuar impulsivamente, al mismo Frank le sorprendi\u00f3 su rotundidad.<br \/>\nLos ataques de p\u00e1nico y la ansiedad de Catherine iban siendo m\u00e1s frecuentes y duraban m\u00e1s. Empez\u00f3 a sufrir dos pesadillas recurrentes. En una, un puente se derrumbaba mientras ella lo cruzaba al volante de su autom\u00f3vil. El veh\u00edculo se hund\u00eda en el agua y ella quedaba atrapada, ahog\u00e1ndose. En el segundo sue\u00f1o se encontraba encerrada en un cuarto totalmente oscuro, donde tropezaba y ca\u00eda sobre las cosas, sin lograr hallar una salida.<br \/>\nPor fin, vino a verme.<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>Durante mi primera sesi\u00f3n con Catherine yo no ten\u00eda la menor idea de que mi vida estaba a punto de trastrocarse por completo, de que esa mujer asustada y confundida, sentada frente a mi escritorio, ser\u00eda el catalizador, ni de que yo jam\u00e1s volver\u00eda a ser el mismo.<\/p>\n<p>2<\/p>\n<p>Pasaron dieciocho meses de psicoterapia intensiva; Catherine ven\u00eda a verme una o dos veces por semana. Era buena paciente: verbalmente expresiva, capaz de penetrar en lo ps\u00edquico y muy deseosa de mejorar.<br \/>\nEn ese tiempo exploramos sus sentimientos, sus ideas y sus sue\u00f1os. El hecho de que supiera reconocer los patrones de conducta recurrentes le proporcionaba penetraci\u00f3n y entendimiento. Record\u00f3 muchos otros detalles importantes de su pasado, tales como las ausencias de su padre, que era marino mercante, y sus ocasionales arrebatos violentos despu\u00e9s de beber en exceso. Comprend\u00eda mucho mejor sus relaciones turbulentas con Stuart y expresaba el enojo de manera m\u00e1s apropiada. En mi opini\u00f3n, por entonces deber\u00eda haber mejorado mucho. Los pacientes mejoran casi siempre cuando recuerdan influencias desagradables de su pasado, cuando aprenden a reconocer y corregir patrones de conducta inadaptada y cuando desarrollan la capacidad de ver sus problemas desde una perspectiva m\u00e1s amplia y objetiva. Pero Catherine no hab\u00eda mejorado.<br \/>\nA\u00fan la torturaban los ataques de ansiedad y p\u00e1nico. Continuaban las vividas pesadillas recurrentes y todav\u00eda la aterrorizaban el agua, la oscuridad y estar encerrada. A\u00fan dorm\u00eda de manera interrumpida, sin descansar. Sufr\u00eda palpitaciones card\u00edacas. Continuaba neg\u00e1ndose a tomar medicamentos por temor a ahogarse con las p\u00edldoras. Yo me sent\u00eda como si hubiera llegado a un muro: por mucho que hiciera, el muro segu\u00eda siendo tan alto que ninguno de los dos pod\u00eda franquearlo. Sin embargo, este sentimiento de frustraci\u00f3n me dio todav\u00eda mayor decisi\u00f3n: de alg\u00fan modo ayudar\u00eda a Catherine.<br \/>\nY entonces ocurri\u00f3 algo extra\u00f1o. Aunque ten\u00eda un intenso miedo a volar y deb\u00eda darse coraje con varias copas al subir a un avi\u00f3n, Catherine acompa\u00f1\u00f3 a Stuart a un congreso m\u00e9dico que se realiz\u00f3 en Chicago, en la primavera de 1982. Mientras estaban all\u00ed, insisti\u00f3 para que \u00e9l la llevara a visitar la exposici\u00f3n egipcia del museo de arte, donde hicieron un recorrido en grupo con un gu\u00eda.<br \/>\nCatherine siempre hab\u00eda sentido inter\u00e9s por los objetos y las reproducciones de reliquias provenientes del antiguo Egipto. No se la pod\u00eda considerar erudita en el tema y nunca hab\u00eda estudiado ese per\u00edodo hist\u00f3rico, pero en cierto modo las piezas le parec\u00edan familiares.<br \/>\nCuando el gu\u00eda comenz\u00f3 a describir algunos de los objetos expuestos, ella se descubri\u00f3 corrigi\u00e9ndolo&#8230; \u00a1y ten\u00eda raz\u00f3n! El gu\u00eda estaba sorprendido; Catherine, at\u00f3nita. \u00bfC\u00f3mo sab\u00eda esas cosas? \u00bfPor qu\u00e9 estaba tan segura de tener raz\u00f3n como para corregir al hombre en p\u00fablico? Tal vez eran recuerdos olvidados de la infancia.<br \/>\nEn su visita siguiente me cont\u00f3 lo ocurrido. Meses antes yo le hab\u00eda sugerido la hipnosis, pero ella ten\u00eda miedo y se resist\u00eda. Debido a su experiencia en la exposici\u00f3n egipcia, acept\u00f3, aunque a rega\u00f1adientes.<br \/>\nLa hipnosis es una excelente herramienta para que un paciente recuerde incidentes olvidados durante mucho tiempo. No encierra misterio alguno: se trata s\u00f3lo de un estado de concentraci\u00f3n enfocada. Siguiendo las instrucciones de un hipnotista bien preparado, el paciente relaja el cuerpo, con lo que la memoria se agudiza. Yo hab\u00eda hipnotizado a cientos de pacientes; me resultaba \u00fatil para reducir la ansiedad, eliminar fobias, cambiar malos h\u00e1bitos y ayudar a rememorar material reprimido. Ocasionalmente hab\u00eda logrado la regresi\u00f3n de alg\u00fan paciente a la primera infancia, hasta cuando ten\u00eda dos o tres a\u00f1os de edad, despertando as\u00ed recuerdos de traumas muy olvidados que trastornaban su vida. Confiaba en que la hipnosis ayudar\u00eda a Catherine.<br \/>\nLe indiqu\u00e9 que se tendiera en el div\u00e1n, con los ojos entrecerrados y la cabeza apoyada en una almohadita. Al principio nos concentramos en su respiraci\u00f3n. Con cada exhalaci\u00f3n liberaba tensiones y ansiedad acumuladas. Al cabo de varios minutos, le dije que visualizara sus m\u00fasculos relaj\u00e1ndose progresivamente: desde los de la cara y la mand\u00edbula, pasando por los del cuello, los hombros, los brazos, la espalda y el est\u00f3mago, hasta los de las piernas. Ella sent\u00eda que todo su cuerpo se hund\u00eda m\u00e1s y m\u00e1s en el div\u00e1n.<br \/>\nLuego le di instrucciones de visualizar una intensa luz blanca en lo alto de su cabeza, dentro de su cuerpo. M\u00e1s adelante, despu\u00e9s de haber hecho que la luz se extendiera poco a poco por su cuerpo, la luminosidad relaj\u00f3 por completo todos los m\u00fasculos, todos los nervios, todos los \u00f3rganos, el cuerpo entero, llev\u00e1ndola a un estado de relajaci\u00f3n y paz cada vez m\u00e1s profundo. Gradualmente sent\u00eda m\u00e1s sue\u00f1o, m\u00e1s paz, m\u00e1s serenidad. A su debido tiempo, siguiendo mis indicaciones, la luz llen\u00f3 completamente su cuerpo y la envolvi\u00f3.<br \/>\nCont\u00e9 hacia atr\u00e1s, lentamente, de diez a uno. A cada n\u00famero, Catherine entraba en un nivel de mayor relajaci\u00f3n. Su trance se hizo m\u00e1s profundo. Pod\u00eda concentrarse en mi voz, excluyendo cualquier otro ruido. Al llegar a uno, estaba ya en un estado de hipnosis moderadamente profundo. Todo el proceso hab\u00eda requerido unos veinte minutos.<br \/>\nAl cabo de un rato comenc\u00e9 a iniciarla en la regresi\u00f3n, pidi\u00e9ndole que rememorara recuerdos de edades cada vez m\u00e1s tempranas. Pod\u00eda hablar y responder a mis preguntas, siempre manteniendo un profundo nivel de hipnosis. Record\u00f3 una experiencia traum\u00e1tica con el dentista, ocurrida cuando ella ten\u00eda seis a\u00f1os. Ten\u00eda v\u00edvida memoria de la aterrorizadora experiencia de los cinco a\u00f1os, al ser empujada a una piscina desde un trampol\u00edn; en aquella ocasi\u00f3n hab\u00eda sentido n\u00e1useas, y hab\u00eda tragado agua hasta asfixiarse; mientras lo narraba, empez\u00f3 a dar arcadas en mi consultorio. Le indiqu\u00e9 que la experiencia hab\u00eda pasado, que estaba fuera del agua. Las arcadas cesaron y la respiraci\u00f3n se hizo normal. A\u00fan estaba en trance profundo.<br \/>\nPero lo peor de todo hab\u00eda ocurrido a los tres a\u00f1os de edad. Record\u00f3 haber despertado en su dormitorio, a oscuras, consciente de que su padre estaba en el cuarto. \u00c9l apestaba a alcohol en aquel momento, y Catherine volv\u00eda a percibir ahora el mismo olor. El padre la toc\u00f3 y la frot\u00f3, incluso \u00abah\u00ed abajo\u00bb. Ella, aterrorizada, comenz\u00f3 a llorar; entonces el padre le tap\u00f3 la boca con una mano \u00e1spera, que no la dejaba respirar. En mi consultorio, en mi div\u00e1n, veinticinco a\u00f1os despu\u00e9s, Catherine sollozaba.<br \/>\nTuve la certeza de que ya cont\u00e1bamos con la informaci\u00f3n, que ya ten\u00edamos la clave de lo que suced\u00eda. Estaba seguro de que sus s\u00edntomas se aliviar\u00edan con enorme rapidez. Le indiqu\u00e9, suavemente, que la experiencia hab\u00eda terminado: ya no estaba en su dormitorio, sino descansando apaciblemente, a\u00fan en trance. Los sollozos cesaron. La llev\u00e9 hacia delante en el tiempo, hasta su edad actual. La despert\u00e9 despu\u00e9s de ordenarle, por sugesti\u00f3n posthipn\u00f3tica, que recordara todo cuanto me hab\u00eda dicho.<br \/>\nPasamos el resto de la sesi\u00f3n analizando ese recuerdo, s\u00fabitamente vivido, del trauma ocasionado por su padre. Trat\u00e9 de ayudarla a que aceptara y asimilara su \u00abnuevo\u00bb conocimiento. Ahora ella pod\u00eda comprender su relaci\u00f3n con el padre, por qu\u00e9 provocaba en \u00e9l determinadas reacciones y frialdad, por qu\u00e9 ella le ten\u00eda miedo. Cuando sali\u00f3 del consultorio a\u00fan estaba temblando, pero yo sab\u00eda que la comprensi\u00f3n ganada compensaba el haber sufrido un malestar pasajero.<br \/>\nEn el drama de descubrir sus dolorosos recuerdos, profundamente reprimidos, hab\u00eda olvidado por completo buscar la posible conexi\u00f3n infantil con los objetos egipcios. Pero, cuando menos, comprend\u00eda mejor su pasado. Hab\u00eda recordado varios acontecimientos aterrorizantes. Yo esperaba una importante mejor\u00eda de sus s\u00edntomas.<br \/>\nPese a esa nueva comprensi\u00f3n, a la semana siguiente me inform\u00f3 de que sus s\u00edntomas se manten\u00edan intactos, tan graves como siempre. Eso me sorprendi\u00f3. No lograba entender qu\u00e9 fallaba. \u00bfEra posible que hubiera ocurrido algo antes de los tres a\u00f1os? Hab\u00edamos descubierto motivos sobrados para que temiera a la asfixia, al agua, a la oscuridad y al estar encerrada; sin embargo, los miedos penetrantes, los s\u00edntomas, la ansiedad desmedida a\u00fan devastaban su vida consciente. Sus pesadillas eran tan terror\u00edficas como antes. Decid\u00ed llevarla a una regresi\u00f3n mayor.<br \/>\nMientras estaba hipnotizada, Catherine hablaba en un susurro lento y claro. Gracias a eso pude anotar textualmente sus palabras y las he citado sin alteraciones. (Los puntos suspensivos representan pausas en su relato no correcciones u omisiones de mi parte. No obstante, parte de las repeticiones no han sido incluidas.)<br \/>\nPoco a poco, llev\u00e9 a Catherine hasta la edad de dos a\u00f1os, pero no record\u00f3 nada importante. Le di instrucciones firmes y claras:<br \/>\n?Vuelve a la \u00e9poca en que se iniciaron tus s\u00edntomas.<br \/>\nNo estaba en absoluto preparado para lo que sucedi\u00f3 a continuaci\u00f3n:<br \/>\n?Veo escalones blancos que conducen a un edificio, un edificio grande y blanco, con columnas, abierto por el frente. No hay puertas. Llevo puesto un vestido largo&#8230; un saco hecho de tela tosca. Tengo el pelo rubio y largo, trenzado.<br \/>\nYo estaba confundido. No estaba seguro de lo que estaba ocurriendo. Le pregunt\u00e9 qu\u00e9 a\u00f1o era \u00e9se, cu\u00e1l era su nombre.<br \/>\n?Aronda&#8230; Tengo dieciocho a\u00f1os. Veo un mercado frente al edificio. Hay cestos&#8230; Esos cestos se cargan en los hombros. Vivimos en un valle&#8230; No hay agua. El a\u00f1o es 1863 a. de C. La zona es est\u00e9ril, t\u00f3rrida, arenosa. Hay un pozo; r\u00edos, no. El agua viene al valle desde las monta\u00f1as.<br \/>\nDespu\u00e9s de escucharla relatar m\u00e1s detalles topogr\u00e1ficos, le dije que se adelantara varios a\u00f1os en el tiempo y que me narrara lo que viera.<br \/>\n?Hay \u00e1rboles y un camino de piedra. Veo una fogata donde se cocina. Soy rubia. Llevo un vestido pardo, largo y \u00e1spero; calzo sandalias. Tengo veinticinco a\u00f1os. Tengo una peque\u00f1a llamada Cleastra&#8230; Es Rachel. (Rachel es actualmente su sobrina, con la que siempre ha mantenido un v\u00ednculo muy estrecho.) Hace mucho calor.<br \/>\nYo me llev\u00e9 un sobresalto. Ten\u00eda un nudo en el est\u00f3mago y sent\u00eda fr\u00edo. Las visualizaciones y el recuerdo de Catherine parec\u00edan muy definidos. No vacilaba en absoluto. Nombres, fechas, ropas, \u00e1rboles&#8230; \u00a1todo visto con nitidez! \u00bfQu\u00e9 estaba ocurriendo ah\u00ed? \u00bfC\u00f3mo era posible que su hija de entonces fuera su actual sobrina? Pero la confusi\u00f3n era mayor que el sobresalto. Hab\u00eda examinado a miles de pacientes psiqui\u00e1tricos, muchos de ellos bajo hipnosis, sin tropezar jam\u00e1s con fantas\u00edas como \u00e9sa, ni siquiera en sue\u00f1os. Le indiqu\u00e9 que se adelantara hasta el momento de su muerte. No sab\u00eda con seguridad c\u00f3mo interrogar a un paciente en medio de una fantas\u00eda (\u00bfo evocaci\u00f3n?) tan expl\u00edcita, pero estaba buscando hechos traum\u00e1ticos que pudieran servir de base a sus miedos y sus s\u00edntomas actuales. Los acontecimientos que rodearan la muerte pod\u00edan ser especialmente traum\u00e1ticos. Al parecer, una inundaci\u00f3n o un maremoto arrasaba la aldea.<br \/>\n?Hay olas grandes que derriban los \u00e1rboles. No tengo hacia d\u00f3nde correr. Hace fr\u00edo; el agua est\u00e1 fr\u00eda. Debo salvar a mi ni\u00f1a, pero no puedo&#8230; s\u00f3lo puedo abrazarla con fuerza. Me ahogo; el agua me asfixia. No puedo respirar, no puedo tragar&#8230; agua salada. La peque\u00f1a me es arrancada de los brazos.<br \/>\nCatherine jadeaba y ten\u00eda dificultad para respirar. De pronto, su cuerpo se relaj\u00f3 por completo; su respiraci\u00f3n se volvi\u00f3 profunda y regular.<br \/>\n?Veo nubes&#8230; Mi peque\u00f1a est\u00e1 conmigo. Y otros de la aldea. Veo a mi hermano.<br \/>\nDescansaba; esa vida hab\u00eda terminado. Permanec\u00eda en trance profundo. \u00a1Yo estaba estupefacto! \u00bfVidas anteriores? \u00bfReencarnaci\u00f3n? Mi mente cl\u00ednica me indicaba que Catherine no estaba fantaseando, que no inventaba ese material. Sus pensamientos, sus expresiones, su atenci\u00f3n a los detalles en particular, todo se diferenciaba de su estado normal de conciencia. Por la mente me cruz\u00f3 toda la gama de diagn\u00f3sticos psiqui\u00e1tricos posibles, pero su estado ps\u00edquico y su estructura de car\u00e1cter no explicaban esas revelaciones. \u00bfEsquizofrenia? No; Catherine nunca hab\u00eda dado muestras de trastornos cognitivos o de pensamiento. Nunca hab\u00eda sufrido alucinaciones auditivas ni visuales (no o\u00eda voces ni ten\u00eda visiones estando despierta), ni ning\u00fan tipo de episodios psicop\u00e1ticos. Tampoco se trataba de una ilusi\u00f3n (perder el contacto con la realidad). No ten\u00eda personalidad m\u00faltiple ni escindida. S\u00f3lo hab\u00eda una Catherine, y su mente consciente ten\u00eda perfecta conciencia de eso. No demostraba tendencias sociop\u00e1ticas o antisociales. No era una actriz. No consum\u00eda drogas ni sustancias alucin\u00f3genas. Su consumo de alcohol era m\u00ednimo. No padec\u00eda enfermedades neurol\u00f3gicas o psicol\u00f3gicas que pudieran explicar esa experiencia vivida e inmediata en estado de hipnosis.<br \/>\n\u00c9sos eran recuerdos de alg\u00fan tipo, pero \u00bfde d\u00f3nde proced\u00edan? Mi reacci\u00f3n instintiva era que acababa de tropezar con algo de lo que sab\u00eda muy poco: la reencarnaci\u00f3n y los recuerdos de vidas pasadas.<br \/>\n\u00abNo puede ser\u00bb, me dec\u00eda; mi mente, cient\u00edficamente formada, se resist\u00eda a aceptarlo. Sin embargo, estaba ocurriendo delante de mis ojos. Aunque no pudiera explicarlo, tampoco me era posible negar su realidad.<br \/>\n?Contin\u00faa ?dije, algo nervioso, pero fascinado por lo que ocurr\u00eda?. \u00bfRecuerdas algo m\u00e1s?<br \/>\nElla record\u00f3 fragmentos de otras dos vidas.<br \/>\n?Tengo un vestido de encaje negro y encaje negro en la cabeza. Mi pelo es oscuro, algo canoso. Es 1756 (d. de C.). Soy espa\u00f1ola. Me llamo Luisa y tengo cincuenta y seis a\u00f1os. Estoy bailando. Hay otros que tambi\u00e9n bailan. (Larga pausa.) Estoy enferma; tengo fiebre, sudores fr\u00edos&#8230; Hay mucha gente enferma; la gente se muere&#8230; Los m\u00e9dicos no lo saben, pero fue por el agua.<br \/>\nLa llev\u00e9 hacia delante en el tiempo.<br \/>\n?Me recobro, pero a\u00fan me duele la cabeza; a\u00fan me duelen los ojos y la cabeza por la fiebre, por el agua&#8230; Muchos mueren.<br \/>\nM\u00e1s adelante me dijo que en esa vida era prostituta, pero que no me hab\u00eda dado esa informaci\u00f3n porque la avergonzaba. Al parecer, en estado de hipnosis pod\u00eda censurar algunos de los recuerdos que me transmit\u00eda.<br \/>\nPuesto que hab\u00eda reconocido a su sobrina en una vida anterior, le pregunt\u00e9 impulsivamente si yo estaba presente en alguna de sus existencias. Sent\u00eda curiosidad por conocer mi papel, si acaso lo ten\u00eda, en sus recuerdos. Me respondi\u00f3 con prontitud, en contraste con las evocaciones anteriores, muy lentas y pausadas.<br \/>\n?T\u00fa eres mi maestro; est\u00e1s sentado en un saliente de roca. Nos ense\u00f1as con libros. Eres anciano, de pelo gris. Usas un vestido blanco (una toga) con bordes dorados&#8230; T\u00fa te llamas Di\u00f3genes. Nos ense\u00f1as s\u00edmbolos, tri\u00e1ngulos. Eres realmente muy sabio, pero yo no comprendo. El a\u00f1o es 1568 a. de C.<br \/>\n(La fecha era aproximadamente mil doscientos a\u00f1os anterior al famoso Di\u00f3genes, fil\u00f3sofo c\u00ednico de Grecia. El nombre no era muy ins\u00f3lito.)<br \/>\nLa primera sesi\u00f3n hab\u00eda terminado. Le suceder\u00edan otras a\u00fan m\u00e1s asombrosas.<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>Cuando Catherine se hubo ido, y durante varios d\u00edas m\u00e1s, reflexion\u00e9 mucho en los detalles de la regresi\u00f3n hipn\u00f3tica. Reflexionar es natural en m\u00ed. Muy pocos de los detalles que emergieran de una hora de terapia, incluso de las \u00abnormales\u00bb, escapaban a mi obsesivo an\u00e1lisis mental, y esa sesi\u00f3n dif\u00edcilmente pod\u00eda considerarse \u00abnormal\u00bb. Por a\u00f1adidura, era muy esc\u00e9ptico con respecto a la vida despu\u00e9s de la muerte, la reencarnaci\u00f3n, las experiencias de abandono del cuerpo y los fen\u00f3menos de ese tipo. Despu\u00e9s de todo, seg\u00fan pensaba la parte l\u00f3gica de mi persona, eso pod\u00eda ser fantas\u00eda de Catherine. En realidad, me ser\u00eda imposible demostrar la veracidad de sus aseveraciones o visualizaciones. Pero yo tambi\u00e9n ten\u00eda conciencia, aunque mucho m\u00e1s difusa, de un pensamiento menos emocional. \u00abMant\u00e9n la mente abierta ?me dec\u00eda ese pensamiento?, la verdadera ciencia comienza por la observaci\u00f3n.\u00bb Sus \u00abrecuerdos\u00bb pod\u00edan no ser fantas\u00edas ni imaginaci\u00f3n. Pod\u00eda haber algo m\u00e1s de lo que estaba a la vista&#8230; o al alcance de cualquier otro sentido. \u00abMant\u00e9n la mente abierta. Consigue m\u00e1s datos.\u00bb Otro pensamiento me importunaba. Catherine, tan propensa a temores y ansiedades desde siempre, \u00bfno tendr\u00eda demasiado miedo de volver a someterse a la hipnosis? Resolv\u00ed no llamarla. Que ella tambi\u00e9n digiriera la experiencia. Esperar\u00eda a la semana siguiente.<\/p>\n<p>3<\/p>\n<p>Una semana despu\u00e9s, Catherine entr\u00f3 alegremente en mi consultorio para la siguiente sesi\u00f3n de hipnosis. Hermosa de por s\u00ed, estaba m\u00e1s radiante que nunca. Me anunci\u00f3, feliz, que su eterno miedo a ahogarse hab\u00eda desaparecido. El miedo a asfixiarse era algo menor. Ya no la despertaba la pesadilla del puente que se derrumbaba. Aunque hab\u00eda recordado los detalles de su vida anterior, a\u00fan no ten\u00eda el material realmente asimilado.<br \/>\nLos conceptos de vidas pasadas y reencarnaci\u00f3n eran extra\u00f1os a su cosmolog\u00eda; sin embargo, sus recuerdos eran tan v\u00edvidos, las visiones, los sonidos y los olores tan claros, tan poderosa e inmediata la certeza de estar all\u00ed, que deb\u00eda haber estado. La experiencia era tan abrumadora que ella no lo pon\u00eda en duda. Pero se preguntaba c\u00f3mo conciliar eso con sus creencias y su educaci\u00f3n.<br \/>\nDurante esa semana, yo hab\u00eda repasado el libro de texto de un curso de religiones comparadas que hab\u00eda seguido en mi primer a\u00f1o en la Universidad de Columbia. Hab\u00eda, ciertamente, referencias a la reencarnaci\u00f3n en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. En el a\u00f1o 325 d. de C., el emperador romano Constantino el Grande, junto con Helena, su madre, hab\u00eda eliminado las referencias a la reencarnaci\u00f3n contenidas en el Nuevo Testamento. El segundo Concilio de Constantinopla, reunido en el 553, confirm\u00f3 ese acto y declar\u00f3 her\u00e9tica la idea de la reencarnaci\u00f3n. Al parecer, consideraban que esta idea debilitar\u00eda el creciente poder de la Iglesia, al conceder a los seres humanos demasiado tiempo para buscar la salvaci\u00f3n. Sin embargo, las referencias originarias hab\u00edan existido; los primeros padres de la Iglesia aceptaban el concepto de la reencarnaci\u00f3n. Los primitivos gn\u00f3sticos ?Clemente de Alejandr\u00eda, Or\u00edgenes, san Jer\u00f3nimo y muchos otros? estaban convencidos de haber vivido anteriormente y de que volver\u00edan a hacerlo.<br \/>\nPero yo no hab\u00eda cre\u00eddo nunca en la reencarnaci\u00f3n. Ni siquiera hab\u00eda pensado mucho en el tema. Aunque mi temprana educaci\u00f3n religiosa hablaba de una vaga existencia del \u00abalma\u00bb despu\u00e9s de la muerte, la idea no me convenc\u00eda.<br \/>\nYo era el mayor de cuatro hijos, todos los cuales se llevaban tres a\u00f1os entre s\u00ed. Pertenec\u00edamos a una conservadora sinagoga jud\u00eda de Red Bank, una peque\u00f1a ciudad pr\u00f3xima a la costa de Nueva Jersey. Yo era el pacificador y el hombre de estado de la familia. Mi padre se dedicaba m\u00e1s a la religi\u00f3n que el resto de nosotros. La tomaba muy en serio, como todo en la vida. Los \u00e9xitos acad\u00e9micos de sus hijos eran las grandes alegr\u00edas de su existencia. Cualquier discordia dom\u00e9stica lo alteraba con facilidad; entonces se retiraba, dejando que yo interviniera como mediador. Aunque \u00e9sa result\u00f3 ser una excelente pr\u00e1ctica preparatoria para hacer carrera en la psiquiatr\u00eda, mi ni\u00f1ez estuvo m\u00e1s cargada de responsabilidades de lo que yo, retrospectivamente, habr\u00eda querido. Sal\u00ed de la infancia convertido en un joven muy serio, habituado a tomar sobre s\u00ed demasiadas responsabilidades.<br \/>\nMi madre se pasaba la vida mostrando amor. No hab\u00eda l\u00edmites que se le interpusieran. Era m\u00e1s simple que mi padre; utilizaba la culpa, el martirio, la pena llevada al extremo y la identificaci\u00f3n con sus hijos como instrumentos de manipulaci\u00f3n, todo sin segundas intenciones. Pero rara vez se mostraba triste o malhumorada y siempre se pod\u00eda contar con su amor y su apoyo.<br \/>\nMi padre ten\u00eda un buen trabajo como fot\u00f3grafo industrial; pero, aunque siempre tuvimos comida en abundancia, el dinero escaseaba mucho. Peter, mi hermano menor, naci\u00f3 cuando yo ten\u00eda nueve a\u00f1os. Tuvimos que repartir a seis personas en un peque\u00f1o apartamento de dos dormitorios con un jard\u00edn en la planta baja.<br \/>\nEn esa peque\u00f1a vivienda, la vida era febril y ruidosa. Yo buscaba refugio en mis libros. Cuando no le\u00eda interminablemente, jugaba al b\u00e9isbol o al baloncesto, las otras pasiones de mi ni\u00f1ez. Sab\u00eda que el estudio era el modo de salir de esa peque\u00f1a ciudad, por c\u00f3moda que fuera, y siempre ocupaba el primer o el segundo puesto de mi clase.<br \/>\nCuando la Universidad de Columbia me otorg\u00f3 una beca completa, yo era ya un joven serio y estudioso. El \u00e9xito acad\u00e9mico sigui\u00f3 siendo f\u00e1cil. Termin\u00e9 los estudios de qu\u00edmica y me gradu\u00e9 con honores. Decid\u00ed entonces dedicarme a la psiquiatr\u00eda, pues esa actividad combinaba mi inter\u00e9s por la ciencia con la fascinaci\u00f3n que sent\u00eda por el funcionamiento de la mente humana. Por a\u00f1adidura, la carrera m\u00e9dica me permit\u00eda expresar mi inter\u00e9s y mi compasi\u00f3n por el pr\u00f3jimo. Mientras tanto, hab\u00eda conocido a Carole durante unas vacaciones pasadas en un hotel de Catskill Mountain, donde yo trabajaba de camarero y ella se hospedaba. Ambos experimentamos una inmediata atracci\u00f3n mutua, una fuerte sensaci\u00f3n de familiaridad y bienestar. Intercambiamos cartas, nos frecuentamos, nos enamoramos y, cuando empec\u00e9 mi carrera, ya est\u00e1bamos comprometidos. Ella era inteligente y hermosa. Todo parec\u00eda estar acomod\u00e1ndose. Pocos j\u00f3venes se preocupan por la vida, la muerte y la vida despu\u00e9s de la muerte, menos a\u00fan cuando todo marcha con facilidad.<br \/>\nYo no era la excepci\u00f3n. Estaba dedicado a la ciencia; aprend\u00eda a pensar de manera l\u00f3gica y desapasionada, a exigir demostraciones.<br \/>\nLa carrera de medicina y la residencia en la Universidad de Yale hicieron que cuajara todav\u00eda m\u00e1s en m\u00ed el m\u00e9todo cient\u00edfico. Mi tesis de investigaci\u00f3n vers\u00f3 sobre la qu\u00edmica del cerebro y el papel de los neurotransmisores, que son los mensajeros qu\u00edmicos del tejido cerebral. Me incorpor\u00e9 a la nueva raza de psiquiatras biol\u00f3gicos, los que mezclaban las teor\u00edas psiqui\u00e1tricas tradicionales y sus t\u00e9cnicas con la nueva ciencia de la qu\u00edmica cerebral. Escrib\u00ed muchos art\u00edculos cient\u00edficos, di conferencias locales y nacionales y me convert\u00ed en un verdadero personaje dentro de mi especialidad. Era un poco obsesivo, empecinado e inflexible, pero estos rasgos resultaban \u00fatiles para un m\u00e9dico. Me sent\u00eda completamente preparado para tratar a quienquiera que se presentara en mi consultorio en busca de terapia.<br \/>\nY en aquel momento Catherine se convirti\u00f3 en Aronda, una joven que hab\u00eda vivido en el a\u00f1o 1863 a. de C. \u00bfO acaso era al rev\u00e9s? Y all\u00ed estaba otra vez, feliz como nunca la hab\u00eda visto antes.<br \/>\nUna vez m\u00e1s, tem\u00ed que Catherine tuviera miedo de continuar. Sin embargo, se dispuso, ansiosamente para la hipnosis y se distendi\u00f3 r\u00e1pidamente.<br \/>\n?Estoy arrojando guirnaldas de flores al agua. Es una ceremonia. Tengo el pelo rubio y trenzado. Llevo un vestido pardo y dorado y sandalias. Alguien ha muerto, alguien de la casa real&#8230; la madre. Yo soy una sirvienta de la casa real y ayudo con la comida. Ponemos los cuerpos en salmuera durante treinta d\u00edas. Cuando se secan, se extraen las partes. Lo huelo, huelo los cad\u00e1veres.<br \/>\nHab\u00eda vuelto espont\u00e1neamente a la vida de Aronda, pero a una parte diferente, en la que su funci\u00f3n consist\u00eda en preparar los cad\u00e1veres despu\u00e9s de la muerte.<br \/>\n?En un edificio aparte ?continu\u00f3?, puedo ver los cuerpos. Estamos envolviendo cad\u00e1veres. El alma pasa al otro lado. Cada uno se lleva sus pertenencias, a fin de prepararse para la vida siguiente, m\u00e1s grandiosa.<br \/>\nEstaba expresando algo que parec\u00eda el concepto egipcio de la muerte y el m\u00e1s all\u00e1, diferente de todas nuestras creencias. En esa religi\u00f3n, uno pod\u00eda llevarse sus pertenencias consigo.<br \/>\nDej\u00f3 esa vida y descans\u00f3. Hizo una pausa de varios minutos antes de entrar en un tiempo que parec\u00eda antiguo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Muchas Vidas, Muchos Maestros Brian Weiss PREFACIO S\u00e9 que hay un motivo para todo. Tal vez en el momento en que se produce un hecho no contamos con la penetraci\u00f3n psicol\u00f3gica ni la previsi\u00f3n necesarias para comprender las razones, pero con tiempo y paciencia saldr\u00e1n a la luz. As\u00ed ocurri\u00f3 con Catherine. La conoc\u00ed en<\/p>\n<p class=\"text-right\"><span class=\"screen-reader-text\">Continue Reading&#8230; Muchas vidas, muchos maestros brian Weiss<\/span><a class=\"btn btn-secondary continue-reading\" href=\"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=613\">Continue Reading&#8230;<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[51],"tags":[],"class_list":["post-613","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-la-muerte-y-la-literatura"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/613","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=613"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/613\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=613"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=613"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=613"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}