{"id":517,"date":"2008-02-27T18:37:26","date_gmt":"2008-02-27T18:37:26","guid":{"rendered":"http:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=517"},"modified":"2008-02-27T18:37:26","modified_gmt":"2008-02-27T18:37:26","slug":"algunas-formas-de-la-muerte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=517","title":{"rendered":"Algunas formas de la muerte"},"content":{"rendered":"<p>Algunas formas de la muerte<\/p>\n<p>Carlos Castillo L\u00f3pez<\/p>\n<p>El destino, entendido como un conjunto de acontecimientos de la existencia de una persona que se consideran determinados, me parece un concepto equ\u00edvoco. Bajo el argumento de esta definici\u00f3n, la existencia de un destino asegura que en alguna parte est\u00e1, digamos, preescrito cada d\u00eda que sucede en la vida del individuo, cada situaci\u00f3n y cada decisi\u00f3n, un manual que contiene todas las posibilidades de la existencia de cada cual. M\u00e1s bien considero que ese destino se encuentra guiado por una infinitud de sucesos, anteriores hasta el principio del tiempo, en los que nosotros no tenemos relaci\u00f3n alguna, y que sin embargo son fundamentales para que estemos aqu\u00ed, ahora. Un ejemplo: el \u00e1rbol geneal\u00f3gico que nos incluye es el resultado de una serie de azares que lograron hacer coincidir en tiempo y espacio a nuestros antepasados, la familia, y basta una omisi\u00f3n en esa cadena de historia propia para que todo el futuro se altere. A su vez, todo ese antes que precede al hoy es producto de un conjunto de azares, del azar, y es esa suerte la que rige tambi\u00e9n nuestra vida, la que nos presenta diversas alternativas; la voluntad, por su parte, nos hace dejar a un lado todas las dem\u00e1s posibilidades y elegir una, acto de negar tanto por una sola opci\u00f3n que empieza quiz\u00e1 al abrir los ojos por la ma\u00f1ana, y que hace que cada d\u00eda sea como es: salir a comprar el diario por la ma\u00f1ana, decidir pasar al caf\u00e9 de la esquina y no caminar por un rato en el parque, leer el peri\u00f3dico en vez de volver a entablar una charla que hab\u00eda quedado pendiente&#8230; El azar, que nos presenta cada una de las situaciones que acontecen en nuestra vida, es demasiado grande como para contenerse en un destino ya escrito, porque la vida puede modificarse en cualquier instante, caminar en sentido contrario al menor giro de cabeza.<\/p>\n<p>Sin embargo, Andr\u00e9 Malraux afirma que la tragedia de la muerte es que transforma la vida en destino, pues es cierto, encierra la \u00faltima posibilidad en un punto \u00fanico e irrevocable. En la muerte se cortan todas las opciones que el azar presta a la existencia f\u00edsica para devenir cada una en el mismo final. La confirmaci\u00f3n del destino solamente es posible a trav\u00e9s de la muerte, que sin haber sucedido es la \u00fanica posibilidad que siempre estar\u00e1 presente; ese estar continuo, esa rebeld\u00eda a aceptarla como el fin \u00faltimo del ser ha legado teogon\u00edas, filosof\u00edas y ciencia que buscan ya transformarla, justificarla o vencerla. Sobre la muerte, ese silencio que en la cultura hel\u00e9nica era la ruta hacia el olvido, los griegos inventaron la lectura colectiva, que m\u00e1s tarde devino en el teatro y las representaciones callejeras de obras y textos que se conservan a la fecha: en la literatura de S\u00f3focles, Shakespeare, Lope de Vega o Bertolt Brecht. Tambi\u00e9n con la muerte de fondo Edgar Allan Poe imagin\u00f3 sus Narraciones Extraordinarias, Juan Rulfo cuentos como \u00a1Diles que no me maten!; Rimbaud y Baudelaire la hicieron navegar por mares de letras y s\u00edmbolos, Miguel Hern\u00e1ndez la rim\u00f3 como herida desde su encierro en una c\u00e1rcel, Octavio Paz la combati\u00f3 e hizo trascender a la vida por el amor eterno, aqu\u00e9l que sobrepasa lo fugaz del cuerpo en el alma doble que se funde en una sola&#8230; El medio que los hombres hemos empleado para lograr ese viaje m\u00e1s all\u00e1 de lo humano es el alma, veh\u00edculo del hombre que vence a la muerte y transporta su ser a otro plano, hasta otra forma que, de cierta forma, no deja de ser vida ni existencia: el dualismo vida-muerte.<\/p>\n<p>Cuando el alma aparece tambi\u00e9n lo hacen las religiones. Ese dualismo -vida-muerte- y su medio de trascendencia ?el alma- trae consigo otra dualidad: el bien y el mal. Las principales religiones se fundan en preceptos morales que gu\u00edan el comportamiento en vida para asegurar la trascendencia, el bienestar o el castigo del m\u00e1s all\u00e1. La muerte es vencida por el alma que supera el plano f\u00edsico; la vida es el camino para preparar la continuidad del alma en mil y una formas: reencarnaciones anunciadas, edenes cultivados por la mano del Absoluto, la uni\u00f3n al Todo y su aura de plenitud. Para el Islam, el cuerpo guarda el alma una noche para que \u00e1ngeles la interroguen acerca de su fe en Al\u00e1; ser piadoso honesto, caritativo y apegado al Tor\u00e1 representa para los jud\u00edos el medio de alcanzar la vida eterna; los budistas rezan El libro tibetano de los muertos para que el difunto tenga un mejor renacimiento y pueda liberarse de los l\u00edmites de la existencia; los cat\u00f3licos, bajo el precepto &#8220;Amar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo como a ti mismo&#8221;, siguen el ejemplo de Jesucristo como camino hacia la salvaci\u00f3n. La muerte en positivo, no como final, como principio de otra existencia cultivada en vida, preparada para vivir esa muerte que deja de ser destino para volverse un paso m\u00e1s, una certeza inevitable que no obstante nos transporta a otra vida que ser\u00e1 fruto de los actos anteriores, las decisiones que hayamos descartado, o en positivo, opciones tomadas ante ese a veces tan complicado acto de decidir. Asimismo, en la decisi\u00f3n imperan la libertad y la voluntad, el acatar los c\u00e1nones morales que inducen al bien no por encima de los dem\u00e1s sino en armon\u00eda con ellos; pero esa libertad tambi\u00e9n puede ser entendida al rev\u00e9s, bajo interpretaciones que m\u00e1s que beneficiar han da\u00f1ado a sus seguidores, que aguardan la muerte antes que la vida, la idea de un m\u00e1s all\u00e1 ?que es s\u00f3lo una posibilidad, una creencia- cuyo precio es la negaci\u00f3n del ser. Los extremismos islamistas actuales son clara muestra de ello, as\u00ed como los fanatismos religiosos que en nombre de una creencia considerada como absoluta y universal atentan contra la libertad de elegir la forma de llevar el sentido de trascendencia del pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>Otro ejemplo de esa libertad de la voluntad humana son los textos de autores que abrazan la muerte y navegan con ella para expresar su desaire por la vida: el pensador rumano E.M. Cioran, en un libro titulado Las cimas de la desesperaci\u00f3n, resalta los atributos casi heroicos del suicidio, tacha la moral como una especie de cadena conformista del hombre que s\u00f3lo se justifica por la necesidad que tenemos de darle a la existencia una continuidad, que la religi\u00f3n se encarga de mantener firme, at\u00e1ndonos a las &#8220;reglas que nos intentan asfixiar&#8221;. El suicidio es la negaci\u00f3n de la vida, la opci\u00f3n que se toma cuando se piensa que no hay m\u00e1s, cuando nubes que podr\u00edan parecer eternas impregnan el cielo alrededor, pero s\u00f3lo en apariencia: decidir por la muerte es negar al azar, que puede traer un cambio repentino, inesperado, una alteraci\u00f3n de todos los cursos para bien o para mal. Es asimismo un acto de ego\u00edsmo, de libertad total y exclusiva que no s\u00f3lo mata a quien lo comete sino a quienes lo rodean, pero es en fin de cuentas un acto de libertad. El escritor espa\u00f1ol Javier Mar\u00edas argumenta que de lo \u00fanico que dispone el ser humano para s\u00ed, que nadie es capaz de apresar o influir, es el cuerpo que encarna al presente, la vida de hoy. Ah\u00ed est\u00e1 incluido el querer vivir o no, un derecho que lleva a la voluntad a elegir, no obstante el extremo tan dr\u00e1stico y el l\u00edmite tan pobre de voluntad que conlleva este acto. Este y todos los comportamientos, as\u00ed como la forma de calificarlos en buenos o malos, derivan en la \u00c9tica, el medio para llegar al bien, hasta el arj\u00e9 primero que despu\u00e9s ser\u00e1 la Metaf\u00edsica, ambas estudiadas a la luz de la raz\u00f3n: la Filosof\u00eda, cuya historia a trav\u00e9s del tiempo es reflejo de que desde \u00e9pocas muy antiguas el hombre ha profundizado en ambos dualismos, que son la base del pensar moderno.<\/p>\n<p>Antes de la Filosof\u00eda, el orden del mundo f\u00edsico y los pasos hacia la vida que vence la muerte por la fe se rigieron por las m\u00e1s diversas teolog\u00edas. Algunos de estos sistemas adaptaron en fant\u00e1sticas mitolog\u00edas -la griega, la romana, la egipcia o la inda- el origen, el fin y los ciclos de la naturaleza. Cabe destacar que el nacimiento de la Literatura en aquellas civilizaciones milenarias se realiza en los primeros escritos sacros, que guardan ritos misteriosos y obscuros, haza\u00f1as \u00e9picas o historias fant\u00e1sticas, m\u00e1ximas y citas de grandes hombres que se han encargado de mostrar que el camino del bien es el adecuado para la continuaci\u00f3n de la vida. Junto a la veneraci\u00f3n de las fuerzas de la Tierra nacen tambi\u00e9n los dioses que las representan, as\u00ed como las efigies, altares y monumentos que son tributo y memoria, reducto de esas cosmogon\u00edas hist\u00f3ricas que sobreviven hasta nuestros d\u00edas, libros de un saber lejano al nuestro y que, como la l\u00ednea geneal\u00f3gica del hombre, requieren de cada uno de sus pasados para devenir en el presente que fue, que es. Las interpretaciones de los fen\u00f3menos y los hechos de la naturaleza var\u00edan en cada civilizaci\u00f3n, todas ricas en ritos y leyendas que van desde la voz creadora de un Dios absoluto y eterno hasta los cinco soles de los aztecas, de los cuales vivimos el quinto, el del movimiento&#8230; Toda esta teocracia presente en la Historia del hombre ha sido tambi\u00e9n un punto de partida para el Arte, que ya sea en forma de Buda en los valles de Afganist\u00e1n o bajo las c\u00fapulas de las iglesias europeas vio sus primeras luces en la representaci\u00f3n de dioses, en su veneraci\u00f3n, en la certeza de que erigir grandes paredes, columnas o templos es necesario para dar cimientos a la fe, lugares de meditaci\u00f3n donde la vida combate a la muerte y levanta reductos de paz, de oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>La muerte y la lucha en su contra es tema recurrente en el arte oriental y occidental, motivo de grandes obras pict\u00f3ricas, escult\u00f3ricas y arquitect\u00f3nicas: no solamente los grandes centros de culto que se encuentran en Italia, Jerusal\u00e9n, Arabia Saudita, Egipto, la Isla de Pascua o Stonehedge, tambi\u00e9n en los cuadros del Greco o Murillo, de Goya en los matices del Periodo Oscuro, en Miguel \u00c1ngel y la Capilla Sixtina o Bernini en la columnata de la Plaza de San Pedro, en el Vaticano; de las cimas fr\u00edas de las ruinas de Machu Pichu a las escalinatas de las pir\u00e1mides en Uxmal o Palenque. O los cementerios, que en no pocas ocasiones son m\u00e1s que monumentos a la muerte: reductos donde \u00e9sta se adorna y se toma como motivo para la belleza: el P\u00e9rre Lachaise o el Montparnasse de Par\u00eds, el de la Recoleta en Buenos Aires, el jud\u00edo entre las calles silentes de Praga, las miles de l\u00e1pidas blancas que se levantan t\u00e9tricas sobre ciertos jardines de Washington que guardan a los muertos de guerra estadounidenses&#8230;<\/p>\n<p>La muerte, el alma que perdura, la religi\u00f3n que gu\u00eda la trascendencia y la mano del hombre van unidos en un estrecho c\u00edrculo, en esa forma tan peculiar de rendir tributo a los difuntos que tenemos, por ejemplo, los mexicanos: una fiesta que acompa\u00f1a a veces disimuladamente los velorios, esos d\u00edas de noviembre cuando los camposantos de todo el pa\u00eds se visten de colores, olores y formas tan variadas cuan irreverentes -podr\u00eda pensarse-, pero en fin de cuentas un ritual, una forma de hacer presentes a quienes el destino enunciado por Malraux se llev\u00f3 antes, una muestra de memoria, el ruido necesario para vencer al olvido, el siguiente paso, el incierto, en el que se cree quiz\u00e1 por necesidad, por consuelo, pero que es la suerte que alguna vez mencion\u00f3 Blaise Pascal: la apuesta por Dios siempre es buena; al ganar hay salvaci\u00f3n a cambio, al perder no pasa nada. A\u00fan en la muerte, el destino se rompe en un \u00faltimo azar, el de la libertad, el de la voluntad, el de haber optado por un credo que es la negaci\u00f3n de las posibilidades de otros, la elecci\u00f3n que s\u00f3lo sabremos cierta despu\u00e9s del final.<\/p>\n<p>C.C.L. noviembre de 2001, Ciudad de M\u00e9xico; xsharly@hotmail.com <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Algunas formas de la muerte Carlos Castillo L\u00f3pez El destino, entendido como un conjunto de acontecimientos de la existencia de una persona que se consideran determinados, me parece un concepto equ\u00edvoco. 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