{"id":38,"date":"2007-11-06T20:57:11","date_gmt":"2007-11-06T20:57:11","guid":{"rendered":"http:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=38"},"modified":"2007-11-06T20:57:11","modified_gmt":"2007-11-06T20:57:11","slug":"la-muerte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=38","title":{"rendered":"la muerte"},"content":{"rendered":"<p>La muerte.<\/p>\n<p>Permanecemos indiferentes a ciertas realidades y rehuimos determinadas experiencias, en especial la de la muerte.<br \/>\nStalin dijo que la muerte de una persona es una tragedia pero que un mill\u00f3n de muertos es s\u00f3lo una cifra.<br \/>\nCuando se torna demasiado insoportable la idea del hambre en Bangladesh, en Camboya o en la India, nos apartamos del asunto, content\u00e1ndonos con enviar algunas prendas de ropa o aumentando nuestra limosna en la colecta del domingo.<br \/>\nEn la actualidad, la mayor\u00eda de los campesinos env\u00edan sus animales al matadero en donde son muertos mediante t\u00e9cnicas modernas, despu\u00e9s congelados en el mismo lugar.<br \/>\nEn el siglo XIX s\u00f3lo llegaban a los 15 a\u00f1os menos del 50% de los ni\u00f1os nacidos vivos. As\u00ed, las familias se hallaban en contacto frecuente con la muerte. La estructura familiar era tambi\u00e9n muy diferente entonces. Los miembros de la ?gran familia? viv\u00edan juntos y, consiguientemente, asist\u00edan mucho m\u00e1s a menudo a la muerte de un pariente o de un conocido. Y como la muerte se produc\u00eda con frecuencia, los contactos con ella eran numerosos.<br \/>\nCuando alguien mor\u00eda, eran los mismos miembros de la familia quienes amortajaban el cad\u00e1ver, fabricaban el ata\u00fad y cavaban la tumba. El cuerpo del difunto quedaba expuesto en el sal\u00f3n familiar. Una vez concluido el velatorio, era natural que los parientes y amigos durmieran en la casa en que reposaba el cad\u00e1ver de la persona amada.<br \/>\nComo ya no tenemos contactos tan directos con la muerte, nos resultar\u00eda dif\u00edcil comportarnos ante ella con la misma naturalidad. Por el contrario, las generaciones j\u00f3venes, actuales y futuras que no han tenido las mismas experiencias, creen que la muerte se halla reservada a los viejos.<br \/>\nErikson (1963) afirma (cap. 1) que la integridad del S\u00ed, opuesta a la capacidad o la incapacidad de aceptar la muerte inminente de otro o la propia, constituir\u00eda la \u00faltima fase de la evoluci\u00f3n ontogen\u00e9tica. Esta noci\u00f3n se emparenta, en ciertos aspectos, con la del estadio final, que es el de la aceptaci\u00f3n de la muerte, descrito por Kubler &#8211; Ross (1969). Por su parte, Dylan Thomas aconseja luchar en vez de aceptar:<br \/>\n?Do not go gentle into that Good Night,<br \/>\nRage, rage against the dying of the light&#8230;?<br \/>\n?No aceptes mansamente la noche, pelea contra la muerte<br \/>\n de la luz&#8230;?<\/p>\n<p>La evoluci\u00f3n de las causas de muerte durante la vida.<br \/>\nCharcot (1867) se\u00f1alaba que las personas de edad parecen inmunizadas contra ciertas enfermedades. Al envejecer el organismo se debilita y ya no es capaz de recobrarse de una manera adecuada. Finalmente, ciertas enfermedades parecen afectar en forma espec\u00edfica a las personas de edad y rara vez a los j\u00f3venes. Tal vez la Medicina consiga un d\u00eda curar las enfermedades cr\u00f3nicas y propias de la vejez, tal como ha logrado combatir las enfermedades infecciosas y de otro g\u00e9nero que antes acababan con los j\u00f3venes.<\/p>\n<p>La muerte en cuanto concepto y acontecimiento.<br \/>\nResulta adem\u00e1s muy dif\u00edcil separar a la muerte de la no-muerte y a la vida de la no-vida. Aunque quepa oponer la ausencia a la presencia, la distinci\u00f3n comporta por a\u00f1adidura tres dimensiones: psicol\u00f3gica, social y f\u00edsica (Kastelbaum y Aisemberg, 1972).<br \/>\nTener 70 a\u00f1os es un poco como vivir en un campo de batalla y ver morir a los amigos, sabiendo que muy pronto llegar{a nuestro turno. El sentimiento de sobrevivir a la muerte de los dem\u00e1s se parece a la tr\u00e1gica experiencia de los sobrevivientes de Hiroshima.<br \/>\nLa segunda forma de muerte psicol\u00f3gica es aqu\u00e9lla con la que nos tropezamos en presencia de un ser que se halla psicol\u00f3gicamente ausente. \u00c9ste es el caso de los psic\u00f3ticos y de los dementes que nos parecen extra\u00f1os y, en cierta manera inhumanos como los ?muertos que andan? de las antiguas pel\u00edculas de horror. Su mirada est\u00e1 vac\u00eda y resultan dif\u00edciles de abordar. La demencia y la psicosis son mucho m\u00e1s frecuentes en las personas de edad que en los j\u00f3venes; {esto equivale a decir que la muerte psicol\u00f3gica se encuentra con harta frecuencia asociada a la vejez.<br \/>\nLa tercera forma de muerte psicol\u00f3gica proviene de la alienaci\u00f3n completa del S\u00ed, un tanto como si se viviera en un sue\u00f1o. El hecho de que muchas personas de edad vivan aisladas o internadas en una residencia puede suscitar en ellas una especie de muerte psicol\u00f3gica que ser\u00eda consecuente con la esterilidad de la soledad.<br \/>\nA la muerte psicol\u00f3gica se a\u00f1ade la muerte social, la forma final de la muerte psicol\u00f3gica. Esta alienaci\u00f3n puede sobrevenir en las personas de edad cuando los familiares cambian de domicilio y se alejan, cuando mueren los semejantes o cuando desaparece el entorno familiar a consecuencia de una transformaci\u00f3n urbana. Como los ancianos ya no desempe\u00f1an papeles activos en la sociedad, se encuentran carentes de estructuras de apoyo y pueden consiguientemente desarrollar sentimientos de ?anomia?. Tales sentimientos pueden inducir a la persona en cuesti\u00f3n a sentir que ya no forma parte de su entorno inmediato. Los casos de ostracismo oficial (v.g. excomuni\u00f3n) u oficioso (v.g. internamiento en una residencia) representan, probablemente, las formas m\u00e1s extremas o radicales de muerte social.<br \/>\nYa no se consideran hoy como \u00edndices suficientes de la muerte la interrupci\u00f3n de la respiraci\u00f3n, de los latidos del coraz\u00f3n y la del reflejo pupilar. Ante la diversidad de las t\u00e9cnicas empleadas para registrar unas respuestas fisiol\u00f3gicas, se ha vuelto, por el contrario, muy compleja la determinaci\u00f3n exacta del momento de la muerte. (EEG; electroencefalograma).<br \/>\nRiley y otros (1968) han demostrado, sin embargo, que existe una relaci\u00f3n significativa entre las dos siguientes visiones negativas de la muerte: 1) que la muerte sobreviene siempre demasiado pronto y 2) que morir es sufrir. Han comprobado, no obstante, que estas percepciones negativas disminu\u00edan a medida que se elevaba el nivel de educaci\u00f3n.<br \/>\nLa debilidad de los sujetos pr\u00f3ximos a morir parece indicar que la muerte estar\u00eda precedida por el agotamiento de una determinada energ\u00eda vital ligada a la energ\u00eda del Yo y a su integridad.<br \/>\nEl sitio en donde tiene lugar el fallecimiento ya no es el mismo de antes. Hemos relegado la muerte a los hospitales\u00a0 y, en consecuencia, despersonalizado el acontecimiento. Anta\u00f1o se convocaba a la familia a la cabecera del moribundo mientras que ahora, generalmente, se ruega que abandonen la habitaci\u00f3n. El dicho popular afirma que es mejor morir de pie que en el hospital, en donde el ambiente resulta f\u00edsica, espiritual y psicol\u00f3gicamente as\u00e9ptico.<\/p>\n<p>El proceso mortal.<br \/>\nKubler &#8211; Ross(1969) plantean cinco estadios en el proceso de la muerte. El primero se caracteriza por la denegaci\u00f3n:? No, yo no, esto no es cierto!?. El segundo estadio se caracteriza por sentimientos mixtos de c\u00f3lera, envidia y resentimiento: ?\u00bfPorqu\u00e9 yo? Es un estadio ego\u00edsta. El tercer estadio es el del regateo; el moribundo implora a Dios que prolongue su vida o que disminuya su dolor. El cuarto estadio es de depresi\u00f3n; el moribundo comienza a comprender que es in\u00fatil luchar. Se caracteriza por una resignaci\u00f3n triste que a\u00fan no es aceptaci\u00f3n. La aceptaci\u00f3n s\u00f3lo sobreviene en el estadio final cuando la persona acepta por fin su muerte inminente, sin placer, sin resignaci\u00f3n, pero con calma.<br \/>\nCuatro elementos principales determinan las reacciones de cada uno ante la inminencia de su muerte:<br \/>\n1.-\u00a0 La historia y las caracter\u00edsticas personales.<br \/>\n2.-\u00a0 El contexto en el que aparece el enfermo.<br \/>\n3.-\u00a0 El curso de la enfermedad.<br \/>\n4.-\u00a0 La naturaleza de la propia enfermedad.<br \/>\nLa mayor\u00eda de los moribundos sufren reacciones emotivas como la c\u00f3lera, la culpabilidad, la verg\u00fcenza y el pesar ante su propia muerte. El pesar resulta especialmente intenso porque no se pierde a un solo ser amado sino a todos los seres amados (Kubler &#8211; Ross, 1969).<br \/>\nLos miembros de la familia deber\u00edan mostrarse particularmente sensibles a las reacciones emotivas del moribundo y comprender que no se hallan dirigidos contra ellos sino m\u00e1s bien contra su estado (es decir, su muerte inminente).<br \/>\nGlaser y Strauss (1967) identifican seis modalidades:<br \/>\n1.-\u00a0 La muerte s\u00fabita.<br \/>\n2.-\u00a0 La espera breve.<br \/>\n3.-\u00a0 La espera prolongada.<br \/>\n4.-\u00a0 El plazo corto.<br \/>\n5.-\u00a0 La sentencia aplazada.<br \/>\n6.-\u00a0 El pron\u00f3stico de vaiv\u00e9n.<br \/>\nCada modalidad suscita diferentes reacciones. La muerte s\u00fabita no permite a la v\u00edctima ni a la familia prepararse para el acontecimiento y el paciente carece de posibilidad alguna de reaccionar al respecto. La espera prolongada es la que hace posible la elaboraci\u00f3n m\u00e1s considerable de las reacciones emotivas.<br \/>\nComo el hospital es, por lo com\u00fan, el lugar en donde se desarrolla la fase final de la enfermedad, Glaser y Strauss (1965) han identificado cuatro tipos de contextos hospitalarios, seg\u00fan la manera de abordar el tema de la muerte. Son los siguientes:<br \/>\n1.-\u00a0 La ignorancia.<br \/>\n2.-\u00a0 La sospecha.<br \/>\n3.-\u00a0 El silencio c\u00f3mplice.<br \/>\n4.-\u00a0 La lucidez.<br \/>\nNos referimos a la ignorancia cuando ni el personal, ni el enfermo, ni su familia, admiten la inminencia de la muerte.<br \/>\nKubler &#8211; Ross (1969), la describen como un estado precario que provoca que la m\u00ednima palabra, el menor gesto puedan inducir al paciente a sospechar la gravedad de su estado. A la crueldad y a la injusticia de este comportamiento respecto a los moribundos, se a\u00f1ade la inquietud in\u00fatil que puede provocar en los dem\u00e1s enfermos y en sus familias, quienes corren el riesgo de considerar como propios los signos de muerte que aprecian en torno de ellos.<br \/>\nEn el silencio c\u00f3mplice,\u00a0 las dos partes evitan hablar del tema.<br \/>\nLa lucidez rechaza todas las evasivas y no evita mirar cara a cara a la muerte.<br \/>\nLa ignorancia tiene su origen en la inexperiencia, ya que los enfermos carecen de cualquier experiencia respecto de la muerte. Desde el momento de nuestro nacimiento, caminamos lentamente hacia la muerte y nada hay tan seguro como el hecho de que moriremos.<br \/>\nLa muerte puede parecer deseable, sobre todo cuando el sufrimiento es grande, porque pondr\u00e1 fin a un doloroso cap\u00edtulo de la vida. Sin embargo, y gracias a los progresos de la tecnolog\u00eda m\u00e9dica, las muertes dolorosas son cada vez m\u00e1s raras y hay muchas razones para creer que la mayor\u00eda de nosotros moriremos de una enfermedad cr\u00f3nica, conscientes de la aproximaci\u00f3n de la muerte, pero sin experimentar sufrimientos intolerables. Es importante reconocer las reacciones individuales ante la inminencia de la muerte.<\/p>\n<p>El miedo a la muerte y a los moribundos.<br \/>\nLos psic\u00f3logos establecen una distinci\u00f3n importante entre el miedo y la angustia; el miedo tiene un objeto del que carece la angustia. Como la muerte es un estado que s\u00f3lo nos imaginamos bastante mal, nuestra reacci\u00f3n ante \u00e9sta se aproxima m\u00e1s a la angustia que al miedo. Las diferentes formas que reviste la angustia ante la muerte pueden, sin embargo, parecerse al miedo, cuando se refieren a situaciones o a objetos precisos.<br \/>\nEl malestar que experimentamos ante un moribundo o un muerto, al igual que en presencia de objetos f\u00fanebres, proviene del hecho de que nos obligan a tomar conciencia de nuestra propia condici\u00f3n de mortales. Como los ancianos se hallan pr\u00f3ximos a la muerte, nos alejamos de ellos. Peor a\u00fan, los ancianos se sienten alienados porque creen que ser viejo implica ser un moribundo.<br \/>\nEs triste. Nos impide acercarnos a ellos y atender a los moribundos, tarea que nos har\u00eda posible prepararnos para nuestra propia muerte. Descuidamos, pues, nuestras propias necesidades y las de los dem\u00e1s en el mismo momento en que resultan m\u00e1s acuciantes. Si es triste que deben morir los ancianos, a\u00fan lo es m\u00e1s que se vean obligados a vivir en el aislamiento, separados de los seres queridos y extra\u00f1os a s\u00ed mismos.<\/p>\n<p>El miedo a nuestra propia muerte.<br \/>\nNuestros propios contactos profesionales con las personas de edad suelen indicar que \u00e9stas temen menos la muerte que:<br \/>\n1.-\u00a0 Al internamiento en una residencia.<br \/>\n2.-\u00a0 A la enfermedad prolongada.<br \/>\n3.-\u00a0 al dolor y el sufrimiento.<br \/>\n4.-\u00a0 Al crimen.<\/p>\n<p>Los temores que acompa\u00f1an al proceso mortal.<br \/>\n1.-\u00a0 No podr\u00e9 sentir ya nada.<br \/>\n2.-\u00a0 No estoy seguro de lo que me suceder\u00e1 si hay otra vida despu\u00e9s de la .muerte.<br \/>\n3.-\u00a0 Tengo miedo de lo que le pase a mi cuerpo despu\u00e9s de la muerte.<br \/>\n4.-\u00a0 Ya no podr\u00e9 cuidar de los m\u00edos.<br \/>\n5.-\u00a0 Mi muerte podr\u00eda causar dolor a mis familiares y amigos.<br \/>\n6.-\u00a0 Es el final de todos mis proyectos.<br \/>\n7.-\u00a0 Mi muerte podr\u00eda ser dolorosa.<br \/>\nLa causa del mayor disgusto es el pensamiento de provocar dolor a los dem\u00e1s.<br \/>\nSeg\u00fan Brantner (1970), el miedo a morir se resume en tres temores fundamentales:<br \/>\n1.-\u00a0 El miedo a morir solo.<br \/>\n2.-\u00a0 El miedo a morir en la oscuridad.<br \/>\n3.-\u00a0 El miedo a sufrir.<br \/>\nNo existe hoy raz\u00f3n alguna para dejar que alguien muera solo, como no sea la indiferencia de los parientes, de los amigos o de las personas en general. Hay servicios de ayuda mutua telef\u00f3nica, para tranquilizar a las personas de edad que viven solas y que temen caer y no poder levantarse o que tienen miedo de morir aisladas y de que s\u00f3lo se descubra su cad\u00e1ver cuando haya comenzado a descomponerse. Gracias a los progresos en neurofisiolog\u00eda y farmacolog\u00eda, en la mayor\u00eda de los casos cabe eliminar o aliviar el sufrimiento. El \u00fanico inconveniente de los analg\u00e9sicos consiste en que nublan la conciencia cuando son suministrados en dosis fuertes. El riesgo de toxicoman\u00eda (apetencia morbosa por las sustancias t\u00f3xicas) carece evidentemente de fundamento en la fase terminal de una enfermedad, aunque, por desgracia, preocupe a veces al personal sanitario.<\/p>\n<p>La influencia de los factores culturales en la experiencia de la muerte.<br \/>\nSiete factores principales influyen ahora en la experiencia de la muerte:<br \/>\n1.-\u00a0 La urbanizaci\u00f3n.<br \/>\n2.-\u00a0 El declive de la religi\u00f3n.<br \/>\n3.-\u00a0 La evoluci\u00f3n de la tecnolog\u00eda m\u00e9dica.<br \/>\n4.-\u00a0 El paso de la familia numerosa a la familia nuclear.<br \/>\n5.-\u00a0 Las modificaciones epidemiol\u00f3gicas.<br \/>\n6.-\u00a0 El advenimiento de la era at\u00f3mica.<br \/>\n7.-\u00a0 La evoluci\u00f3n de las pr\u00e1cticas y de las costumbres f\u00fanebres.<br \/>\nSi se perpet\u00faa la nueva costumbre de la muerte en el hospital en vez de en casa, convendr\u00e1 adoptar algunas medidas:<br \/>\n1.-\u00a0 Prever unos hospitales o unos servicios especiales en ellos que est\u00e9n expresamente reservados a los moribundos.<br \/>\n2.-\u00a0 Modificar la concepci\u00f3n actual de los hospitales a fin de que sean sensibles a las necesidades de los moribundos, suponiendo, evidentemente, que la mayor parte de esta clientela estar\u00e1 integrada por ancianos.<br \/>\nInstituciones de este tipo en mundo entero tienen como objetivos proporcionar humanidad y estimular la lucidez. La atm\u00f3sfera que reina es abierta y cordial y el marco material no reviste el l\u00fagubre aspecto propio\u00a0 de las instituciones hospitalarias, sin que se descuide el lado pr\u00e1ctico. Por el contrario, el personal de los hospicios no intenta heroicas intervenciones m\u00e9dicas para demorar el momento de la muerte y s\u00f3lo se aceptan enfermos cuando est\u00e1n en\u00a0 su fase terminal.<br \/>\nAlgunos poseen guarder\u00eda para los hijos del personal y se invita a las familias a que traigan a los hijos y a los nietos. Los horarios de visita son muy flexibles y adaptados a las necesidades de la familia y del enfermo m\u00e1s que a las del personal.<br \/>\nPueden compartir sus \u00faltimos d\u00edas con sus \u00edntimos comunic\u00e1ndose en forma sincera y decorosa con ellos.<br \/>\nTambi\u00e9n se ha implementado un vasto programa de cuidados domiciliarios, cuyo objetivo estriba en proporcionar los medios necesarios a las familias que desean mantener en casa a sus parientes moribundos.<br \/>\nSi se pretende mejorar las condiciones de los enfermos en fase terminal cabe prever, adem\u00e1s de los hospicios, otros tipos de intervenci\u00f3n que se acomoden a las normas de la Medicina tradicional. El primer paso a dar consistir\u00eda en mejorar la calidad de la formaci\u00f3n y de la experiencia del personal sanitario, sobre todo en cuanto a las necesidades psicol\u00f3gicas de los moribundos.<br \/>\nConvendr\u00eda, entre otras cosas, asesorar a las familias para que se sientan mejor preparadas y m\u00e1s naturales ante sus parientes moribundos. Ser\u00eda tambi\u00e9n preciso que se generalizara un empleo adecuado de los analg\u00e9sicos, con el fin de lograr un justo equilibrio entre el alivio del dolor y el mantenimiento de la conciencia.<br \/>\nHabr\u00eda que tomar m\u00e1s en consideraci\u00f3n la necesidad de soledad y de intimidad de los moribundos. Todas estas medidas demandan un cambio de actitud.<\/p>\n<p>Algunas cuestiones contempor\u00e1neas.<br \/>\n\u00b7 El suicidio.<br \/>\nTest de Robins, West y Murphy sobre sus causas.<br \/>\n1.-\u00a0 El suicidio se halla ligado a la falta de integraci\u00f3n social.<br \/>\n2.-\u00a0 El suicidio se encuentra en una relaci\u00f3n inversamente proporcional a la violencia.<br \/>\n3.-\u00a0 La probabilidad de suicidio aumenta entre los que han frecuentado la compa\u00f1\u00eda de personas que han tratado de quitarse la vida.<br \/>\n4.-\u00a0 La frecuencia del suicidio aumenta entre los ancianos que poseen una fuerte \u00e9tica protestante centrada en la realizaci\u00f3n individual orientada hacia el futuro.<br \/>\n5.-\u00a0 Se hallan asociadas al suicidio las ideas recibidas seg\u00fan las cuales los ancianos se ven obligados a rechazar los placeres de la vida y a abandonar sus papeles sociales.<br \/>\n6.- La probabilidad de suicidio aumenta con el sentido de la responsabilidad individual que incrementa el sentimiento de culpa y la depresi\u00f3n.<br \/>\n7.-\u00a0 La tasa de suicidio se eleva con la insatisfacci\u00f3n en la vida cotidiana y profesional.<br \/>\n8.-\u00a0 Las tasas elevadas de suicidio se explican por la elecci\u00f3n de un sistema de valores laicos en vez de religiosos, ya que en el primero se autoriza el suicidio en ciertas condiciones.<br \/>\n9.-\u00a0 El suicidio es m\u00e1s frecuente entre las personas afectadas por una lesi\u00f3n cerebral, sobre todo en presencia del alcoholismo.<br \/>\n10.-\u00a0 Las tasas elevadas de suicidio se hallan asociadas a la depresi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00b7 La eutanasia.<br \/>\nSi a veces quiere decir procurar una ?buena? muerte, designa por lo general el ?homicidio por piedad?. En el sentido de ?homicidio por piedad?, la eutanasia constituye una cierta forma de ayuda al moribundo. Podemos distinguir:<br \/>\n1.-\u00a0 Eutanasia directa y voluntaria.<br \/>\n2.-\u00a0 Eutanasia indirecta y voluntaria.<br \/>\n3.-\u00a0 Eutanasia directa e involuntaria.<br \/>\n4.-\u00a0 Eutanasia indirecta e involuntaria.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La muerte. Permanecemos indiferentes a ciertas realidades y rehuimos determinadas experiencias, en especial la de la muerte. Stalin dijo que la muerte de una persona es una tragedia pero que un mill\u00f3n de muertos es s\u00f3lo una cifra. 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