{"id":239,"date":"2008-05-10T00:38:30","date_gmt":"2008-05-10T00:38:30","guid":{"rendered":"http:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=239"},"modified":"2020-08-10T08:45:49","modified_gmt":"2020-08-10T14:45:49","slug":"gibran-khalil-gibran-jesus-el-hijo-del-hombre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=239","title":{"rendered":"Gibr\u00e1n Khalil Gibr\u00e1n: JES\u00daS, EL HIJO DEL HOMBRE"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">GIBR\u00c1N KHALIL GIBR\u00c1N<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">JES\u00daS, EL HIJO DEL HOMBRE<br \/>\n(1928)<br \/>\nSANTIAGO, HIJO DE ZEBEDEO<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">El reinado de la Tierra<\/p>\n<p>Era un d\u00eda primaveral el d\u00eda en que Jes\u00fas lleg\u00f3 a un parque de Jerusal\u00e9n, y comenz\u00f3 a dialogar con la multitud sobre el Reinado del Cielo.<br \/>\nGraves acusaciones en contra de fariseos y escribas que colocaban trampas y cavaban pozos en el sendero de quienes buscaban el Reino Celestial, apostrof\u00e1ndolos y recrimin\u00e1ndolos con acritud. Entre la multitud se hallaban personas que defend\u00edan a los escribas y fariseos, y planearon. arrestar a Jes\u00fas, y a nosotros con \u00e9l. Pero Jes\u00fas logr\u00f3 burlar sus ardides y escapar por el portal de la ciudad que mira hacia el Norte. All\u00ed nos contempl\u00f3 y dijo:<br \/>\n-Todav\u00eda no ha llegado la hora en que me prendan. A\u00fan tengo mucho de que hablaros, y mucho es tambi\u00e9n lo que tengo que hacer entre vosotros antes de pensar en entregarme-. -Y despu\u00e9s a\u00f1adi\u00f3, su voz te\u00f1ida de felicidad:-Vayamos hacia el Norte, hacia la primavera. Subid conmigo a los montes, pues el invierno ha terminado y la nieve del L\u00edbano est\u00e1 cayendo hacia los valles, agregando su preludio a las sinfon\u00edas de los arroyos. Las llanuras y las vi\u00f1as han alejado todo sue\u00f1o, y han despertado para recibir al Sol con lujuriosos higos y frescas uvas.<br \/>\nEstaba siempre a la. cabeza de la columna que conformaban los suyos, todo ese d\u00eda y tambi\u00e9n el siguiente. En el atardecer del tercero hab\u00edamos escalado la cima del monte Herm\u00f3n. En lo alto de una meseta se detuvo a observar las aldeas esparcidas por el llano. Se le ilumin\u00f3 la cara, que en ese instante parec\u00eda oro bru\u00f1ido. Nos tendi\u00f3 las manos.<br \/>\n-Ved c\u00f3mo el suelo se ha vestido con sus verdes vestiduras -dijo- y de qu\u00e9 manera los arroyos han bordado sus faldas con brillante hilo de plata. La Tierra es hermosa, verdad, y todo lo que es y existe encima de ella es encantador; pero, atr\u00e1s de todo lo que veis se encuentra un Reino del cual yo ser\u00e9 monarca y gobernante. Si pod\u00e9is amar y encari\u00f1aros con el coraz\u00f3n ir\u00e9is conmigo a ese Reino, a gobernar a mi lado. En ese lugar vuestro rostro y el m\u00edo no estar\u00e1n velados; no llevar\u00e1n vuestras diestras pu\u00f1ales ni cetros. Nuestros gobernados vivir\u00e1n en la tranquilidad sin sentir hacia nosotros miedo u horror.<br \/>\nDe esa forma habl\u00f3 Jes\u00fas, pero yo estaba ciego y no pod\u00eda ver el Reino de esta Tierra, ni las grandiosas ciudades fortificadas y amuralladas. No moraba en mi esp\u00edritu m\u00e1s que una sola ansia: ir junto al Maestro hasta aquel otro Reino. En ese instante hab\u00eda llegado Judas Iscariote, que se puso junto a Jes\u00fas y le dijo:<br \/>\n-Los reinados de los seres humanos son muchos y extensos; las huestes de Salom\u00f3n y de David vencer\u00e1n al fin a los romanos. Si es tu deseo llegar a ser rey de los jud\u00edos, nuestras lanzas y pu\u00f1ales estar\u00e1n a tu servicio para expulsar a los extranjeros y triunfar sobre ellos.<br \/>\nAl escuchar esto Jes\u00fas, su faz se indign\u00f3, y le respondi\u00f3 con voz estent\u00f3rea y resonante:<br \/>\n-\u00a1Fuera de aqu\u00ed, demonio! \u00a1Podr\u00e1s creer, por azar, que mi llegada entre las legiones de los milenios es para gobernar, un solo d\u00eda, sobre un hormiguero de personas. Mi trono no llegar\u00e1 a tu poca inteligencia, pues quien trata de abarcar la Tierra con sus alas, no tratar\u00e1 de buscar un lugar de refugio en un nido abandonado y destruido! \u00bfSe siente honrada o enaltecida, quiz\u00e1s, una aldea porque sus moradores visten mortajas? Mi Reino no es de este mundo y mi trono no se erguir\u00e1 sobre las calaveras de vuestros ancestros. Si anhel\u00e1is un reino que no sea el Reino del Alma, m\u00e1s os valiera abandonarme aqu\u00ed y emprender el descenso a las cuevas de vuestros muertos, donde, desde tiempos remotos, los seres de testa coronada llaman a concili\u00e1bulo en sus sepulcros, para glorificar la osamenta de vuestros antepasados. \u00a1C\u00f3mo te atreves a tentarme con un trono de infecta materia, cuando mi frente ans\u00eda la corona de los astros o vuestras espinas! Pero, de no ser por un sue\u00f1o de un pueblo casi olvidado, no hubiera permitido que vuestro sol tuviera su aurora en mi paciencia, ni que vuestra luna refleje y alargue mi sombra en vuestro camino. De no haber sido yo un ansia pura, por la que tirit\u00f3 y se emocion\u00f3 el alma de una madre alba e inmaculada, me habr\u00eda desembarazado de mis pa\u00f1ales y hubiera vuelto a lo infinito. Y de no ser por el profundo dolor que impera en las entra\u00f1as de todos vosotros, no me hubiera quedado en este lugar para sollozar y gemir. \u00bfQui\u00e9n eres y qu\u00e9 es lo que deseas de m\u00ed, oh Judas Iscariote? Habr\u00e1s calculado mi peso en alguna balanza para encontrarme digno de dirigir un ej\u00e9rcito de enanos y de conducir una deforme escuadra en contra de un enemigo que no se acuartela m\u00e1s que en vuestras inquinas, temores. y fantasmas. Varios son los insectos que hormiguean a mis pies, pero yo los vencer\u00e9. Estoy harto de sus burlas y sus chanzas, y cansado est\u00e1 mi esp\u00edritu de toda compasi\u00f3n con los animales o insectos que me consideran cobarde, porque mi camino no se encuentra entre sus murallas y fortalezas. Uno de los fines de la piedad es mi necesidad de misericordia hasta el final. \u00a1Oh!, c\u00f3mo quisiera, si pudiera lograrlo, encaminar mis pasos en direcci\u00f3n a un mundo m\u00e1s grande, en el que moran seres muy superiores a los de este mundo; pero&#8230; \u00bfDe qu\u00e9 manera podr\u00e1 conseguirlo? Vuestro rey y vuestro sacerdote piden mi vida. Ya lograr\u00e1n su prop\u00f3sito antes de encaminarme hacia ese otro mundo. No quebrantar\u00e9 el curso de las Leyes ni esclavizar\u00e9 a la ignorancia. Permitid que la ignorancia se cultive a s\u00ed misma hasta hartar a sus descendientes. Permitid que los ciegos lleven a los enceguecidos a la fosa. Permitid que los muertos sepulten a los cad\u00e1veres hasta que se ahogue la tierra bajo el perfume de esos amargos capullos. Mi reino no es de este mundo, no. Es y ser\u00e1 en el lugar en el que tres de vosotros se re\u00fanan con amor, con veneraci\u00f3n, idolatrando a la hermosura de la vida, con felicidad y con placer ante mi recuerdo.<br \/>\nEn el momento de terminar su discurso dirigi\u00f3 bruscamente su vista a donde se encontraba Judas Iscariote y lo exhort\u00f3 dici\u00e9ndole:<br \/>\n-\u00a1Fuera de mi vista, hombre! los reinos de vosotros nunca estar\u00e1n dentro del m\u00edo.<br \/>\nYa era tarde. Se dirigi\u00f3 a nosotros y dijo:<br \/>\n-Vay\u00e1monos de este lugar, pues la noche ya se avecina y est\u00e1 casi encima de nosotros. Caminemos mientras haya luz. Descendi\u00f3 del monte seguido por nosotros. Bastante atr\u00e1s, lejos y a la zaga, Judas nos segu\u00eda despacio. Al arribar al llano ya hab\u00eda anochecido. En ese instante Tom\u00e1s, el hijo de The\u00f3fanos, se dirigi\u00f3 a Jes\u00fas dici\u00e9ndole:<br \/>\n-Maestro, la noche est\u00e1 muy oscura y ninguno de nosotros llega ya a distinguir el verdadero sendero. Si lo deseas podemos ir en direcci\u00f3n a las luces de aquella aldea, en donde quiz\u00e1 podamos hallar algo de comer y un lecho.<br \/>\nJes\u00fas entonces le respondi\u00f3:<br \/>\n-Os he dirigido hacia lo alto cuando ten\u00edais apetito, pero ahora que os he llevado a la llanura vuestra necesidad se ha multiplicado. \u00a1Es triste que no pueda estar entre vosotros esta noche, pero es que quiero estar a solas!<br \/>\nEntonces se adelant\u00f3 Sim\u00f3n Pedro y le habl\u00f3:<br \/>\n-No nos abandones en la tiniebla de la noche; d\u00e9janos pasar esta noche a tu lado en este estrecho sendero; pues tanto la noche como sus fantasmas no har\u00e1n demasiado extensa su visita si con nosotros est\u00e1s; mejor a\u00fan, estaremos c\u00f3mo iluminados por un Alba si con nosotros te quedas. Jes\u00fas le respondi\u00f3:<br \/>\n-En esta noche los chacales estar\u00e1n en sus cuevas y madrigueras, en sus nidos los p\u00e1jaros del cielo, pero el Hijo del Hombre no hallar\u00e1 d\u00f3nde reposar su cabeza. En verdad es mi deseo estar a solas esta noche. Pero si ese es vuestro deseo podr\u00e9is, por segunda vez, encontrarme en la orilla donde os he hallado.<br \/>\nLo abandonamos con el alma dolorida, pues no dese\u00e1bamos irnos y dejarlo solo. A cada momento volv\u00edamos nuestra mirada hacia el lugar donde Jes\u00fas se encontraba en la gloria de su soledad, camino al oeste. El \u00fanico que quiso echar hacia atr\u00e1s la cabeza, para ver al Maestro en su perfecta soledad, fue Judas Iscariote. Desde ese momento Judas se convirti\u00f3 en otro, se torn\u00f3 malhumorado e hip\u00f3crita. Su mirada se vio oscurecida por una densa niebla de odio, maldad y felon\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">ANA, MADRE DE MAR\u00cdA<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">El nacimiento de Jes\u00fas<\/p>\n<p>Mi nieto naci\u00f3 aqu\u00ed, en Nazareth, en el mes de enero. La noche del nacimiento de Jes\u00fas unos hombres que ven\u00edan de Levante nos visitaron. Se trataba de unos extranjeros que hab\u00edan llegado de Asdrol\u00f3n con las caravanas que mercan con Egipto. Nos solicitaron hospitalidad en nuestro hogar, pues en el albergue no encontraban lugar para pasar la noche. Les di la bienvenida y les inform\u00e9:<br \/>\n-Mi hija acaba de dar a luz un var\u00f3n; vosotros, sin lugar a dudas, me disculpar\u00e9is si no os hago las cumplimentaciones que merece vuestra permanencia aqu\u00ed.<br \/>\nMe agradecieron el haberles dado hospedaje, y, luego de cenar me dijeron:<br \/>\n-Es nuestro deseo conocer al reci\u00e9n nacido.<br \/>\nEl hijo de Mar\u00eda era un beb\u00e9 muy hermoso; ella misma era muy bella y atrayente. Ni bien los extranjeros vieron a Mar\u00eda y a mi nieto, extrajeron de sus bolsas oro y plata y lo dejaron a los pies del ni\u00f1o. Luego le ofrendaron incienso y mirra y prostern\u00e1ndose, m\u00e1s tarde oraron en un idioma que no comprendimos.<br \/>\nEn el momento de conducirlos al aposento que hab\u00eda preparado para que reposaran, penetraron en el mismo con un aire de recogimiento, como maravillados por lo que acababan de ver. Cuando sali\u00f3 el sol se marcharon para continuar su camino hacia Egipto; mas antes de partir me dijeron:<br \/>\n-A pesar de tener su nieto un d\u00eda de edad hemos podido ver en su mirada la luz del Dios que adoramos, y hemos visto tambi\u00e9n Su sonrisa a flor de labios. Por eso, le rogamos que cuide de \u00c9l como para que \u00c9l la cuide despu\u00e9s.<br \/>\nY luego de decir esto, montaron en sus dromedarios y nunca m\u00e1s los hemos vuelto a ver.<br \/>\nEn lo que respecta a Mar\u00eda su felicidad no era, con todo, tan grande como su asombro y admiraci\u00f3n ante su v\u00e1stago. Deten\u00eda la mirada largamente sobre su rostro, y despu\u00e9s la perd\u00eda en el horizonte, a trav\u00e9s de la ventana, absorta como si estuviera contemplando una revelaci\u00f3n del cielo.<br \/>\nEl ni\u00f1o fue creciendo en edad y en esp\u00edritu, y se mostraba absolutamente distinto de sus compa\u00f1eros de juegos, pues buscaba la soledad y no permit\u00eda que se le mandara, y nunca pude poner mis manos sobre \u00e9l.<br \/>\nY era muy amado por todos los habitantes de Nazareth. Luego de unos a\u00f1os supe el porqu\u00e9 y el motivo de ese cari\u00f1o y apoyo. Varias veces se llevaba la comida y la regalaba a los extranjeros que pasaban, y si yo alguna vez le daba un trozo de golosina, lo ofrec\u00eda a sus compa\u00f1eros sin comer de \u00e9l ni siquiera un trozo.<br \/>\nTrepaba a los \u00e1rboles frutales de nuestra huerta y le llevaba los frutos a los que no ten\u00edan en la suya. Y varias veces le he visto jugar carreras con los chicos de la aldea; cuando se daba cuenta que alguno se le hab\u00eda adelantado, disminu\u00eda, a prop\u00f3sito, la velocidad de su marcha para que pudieran ganar sus contendientes. Y cuando lo conduc\u00eda por la noche a su cama para que descansara acostumbraba decir:<br \/>\n-Dile a mi madre y a las otras que \u00fanicamente mi cuerpo descansa, pero mi esp\u00edritu las acompa\u00f1a hasta que el de ellas se asome a mi Alba.<br \/>\nY muchas otras cosas m\u00e1s, como por ejemplo esa hermosa par\u00e1bola que me contaba cuando a\u00fan era un peque\u00f1o, pero que ahora, en mi vejez, la memoria me impide acordarme con fidelidad de ella.<br \/>\nHoy me han dicho que no volver\u00e9 a verlo nunca, mas&#8230; \u00bfc\u00f3mo podr\u00e9 creerles? Si ahora mismo sigo oyendo su risa y el eco de sus pisadas todav\u00eda resuena en el patio de nuestra casa, y si beso el rostro de mi hija percibo a\u00fan el aroma de sus besos derretirse sobre mi alma; como tambi\u00e9n siento su hermoso cuerpo flotar estrechado contra mi pecho. Mas, \u00bfno es cierto que es extra\u00f1o que Mar\u00eda no haya hablado nunca m\u00e1s de su hijo cuando yo estaba presente? Varias veces cre\u00ed sentir que ella misma ten\u00eda necesidad de verlo, pero como una estatua de metal, de esa manera se inmovilizaba ella meditando ante la luz diurna, de tal forma que mi alma se derret\u00eda y corr\u00eda por mi pecho como si fuera un r\u00edo.<br \/>\nPero, qui\u00e9n sabe; quiz\u00e1s ella sepa m\u00e1s que yo; y ruego al cielo que me cuente todo lo que sabe del misterio que no alcanzo a descubrir.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">ASSAF, ORADOR DE TIRO<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">El Verbo de Jes\u00fas<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 es lo que puedo hablar de su Verbo? Sin lugar a dudas, una enorme fuerza oculta dentro de \u00e9l mismo llenaba sus par\u00e1bolas de un encanto particular que seduc\u00eda a sus oyentes. Quiz\u00e1 tambi\u00e9n fuera porque era bello e irradiaba simpat\u00eda. Tal vez el gent\u00edo prestaba m\u00e1s atenci\u00f3n a su rostro perfecto que a sus charlas y discursos. Pero \u00e9l muchas veces hablaba con la irresistible potencia de un esp\u00edritu elevado, y ese Esp\u00edritu pose\u00eda un dominio absoluto sobre todo aquel que lo estuviera escuchando.<br \/>\nCuando yo era un muchacho tuve ocasi\u00f3n de escuchar a oradores de Roma, Atenas y Alejandr\u00eda, mas el Nazareno era totalmente distinto a cualquiera de ellos. La preocupaci\u00f3n mayor de aqu\u00e9llos era ordenar las palabras en forma espectacular, mas en cuanto oyes hablar al Profeta de Nazareth, sientes que el alma se escapa de ti y sale a recorrer regiones distantes y extra\u00f1as. \u00c9l relata una historia o inculca ense\u00f1anzas con par\u00e1bolas o an\u00e9cdotas. En toda la historia de Siria nadie hab\u00eda escuchado par\u00e1bolas como las de Jes\u00fas, parec\u00eda que las tej\u00eda con hilos de estaciones, igual como el tiempo trama sus tejidos con los hilos de las eras y de los milenios. Ved aqu\u00ed algunos ejemplos de c\u00f3mo \u00e9l comenzaba generalmente sus sermones:<br \/>\n&#8220;Un d\u00eda un labrador sali\u00f3 a sembrar&#8221;, o &#8220;Un hombre pudiente pose\u00eda muchos vi\u00f1edos&#8221;, o &#8220;Al caer la tarde, un pastor contando sus ovejas cay\u00f3 en cuenta que le faltaba una..&#8221;. Esta manera de hablar hace trasladar a sus oyentes hasta sus egos simplificados y a sus ayeres apacibles y tranquilos. En verdad cada uno de nosotros es como un agricultor, todos amamos los vi\u00f1edos, y en las llanuras de nuestra memoria existe un Pastor, un reba\u00f1o y una oveja perdida.<br \/>\nEn ese lugar tambi\u00e9n hay un Arado, una Artesa y una Era. En efecto, el Nazareno ha comprendido las fuentes de nuestro Yo m\u00e1s antiguo, e inspeccionado los hilos con que Dios fabric\u00f3 la tela de la cual estamos hechos. Los oradores de Grecia y de Roma se han dirigido a la muchedumbre, habl\u00e1ndoles sobre la vida de la misma forma como la concibe el pensamiento; pero el Nazareno les habl\u00f3 sobre un anhelo que nace en lo profundo del esp\u00edritu. Los primeros han visto y contemplado la vida con mirada quiz\u00e1 m\u00e1s turbia que la tuya o la m\u00eda; pero el Nazareno ha visto la vida a la luz de Dios. Y varias son las ocasiones en que he pensado que hablaba a sus oyentes como si el pe\u00f1asco hablara a la infinita llanura. Y en su verbo exist\u00eda un empuje al que nunca hubieran llegado los discursos de los oradores atenienses y romanos.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">MAR\u00cdA MAGDALENA<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Sus encuentros con Jes\u00fas<\/p>\n<p>Era el mes de junio cuando lo vi por vez primera. Paseaba en medio de la sementera con mis esclavas y doncellas. Jes\u00fas estaba solo. El ritmo de sus pasos resonando en el camino era distinto al de los hombres comunes; pero, movimiento igual que el de su cuerpo nunca pude ver otro parecido. Los dem\u00e1s hombres no pose\u00edan su forma de caminar, y a\u00fan ahora no s\u00e9 si lo hac\u00eda lentamente o con rapidez. Mis esclavas y doncellas lo se\u00f1alaban con el \u00edndice susurraban entre s\u00ed excitadas. Me detuve un momento y levant\u00e9 mi mano en adem\u00e1n de saludo, que \u00e9l no contest\u00f3 ni siquiera mir\u00e1ndome. En ese momento lo detest\u00e9 y pude sentir c\u00f3mo mi sangre se agostaba en mis venas por el odio que hizo presa de m\u00ed en ese instante. Me qued\u00e9 fr\u00eda. Temblaba, helada, igual como si me encontrara en medio de una horrible nevada. Esa noche so\u00f1\u00e9 con \u00e9l, y a la ma\u00f1ana siguiente mi camarera me cont\u00f3 que grit\u00e9 terriblemente en sue\u00f1os, y no pude descansar en toda la noche.<br \/>\nLa segunda vez que pude verlo fue en agosto. Se encontraba descansando a la sombra del cipr\u00e9s que est\u00e1 frente al jard\u00edn de mi casa. Lo observaba a trav\u00e9s de la ventana. Su figura irradiaba paz y majestad; parecida a esas estatuas de piedra que se ven en Antioqu\u00eda y otras ciudades norte\u00f1as. En ese instante lleg\u00f3 una de mis doncellas, la egipcia, y me dijo:<br \/>\n-Ah\u00ed est\u00e1 otra vez ese hombre, sentado frente al jard\u00edn. Lo observ\u00e9 con detenimiento y se emocion\u00f3 mi esp\u00edritu hasta lo m\u00e1s profundo de m\u00ed misma, porque era realmente hermoso. Su cuerpo era incomparable.<br \/>\nTodas sus l\u00edneas se hab\u00edan uniformado armoniosamente, tanto que me parecieron estar enamoradas unas de otras. En ese momento me atavi\u00e9 con mi mejor traje damasquino para ir a hablarle. \u00bfEra mi soledad la que me llev\u00f3 hasta \u00e9l o fue el perfume de su cuerpo? \u00bfAcaso era la codicia de mis ojos que anhelaban la belleza, o era su belleza lo que buscaban mis ojos? Hasta hoy no lo he podido saber. Del vestido perfumado que yo llevaba, surg\u00edan mis pies calzados con las sandalias doradas que el general romano me hab\u00eda obsequiado, s\u00ed, eran las mismas sandalias. Y cuando hube llegado hasta \u00e9l, lo salud\u00e9 dici\u00e9ndole:<br \/>\n-Buenos d\u00edas.<br \/>\n-Buenos d\u00edas, Mar\u00eda -me respondi\u00f3.<br \/>\nLuego me mir\u00f3. Sus ojos negros vieron en m\u00ed lo que no vio hombre alguno antes que \u00e9l. Ante sus miradas me sent\u00ed como desnuda y sent\u00ed verg\u00fcenza de m\u00ed misma. No habi\u00e9ndome dicho, entretanto, m\u00e1s que ese &#8220;buenos d\u00edas, Mar\u00eda&#8221;, le dije<br \/>\n-\u00bfQuieres venir a mi casa?<br \/>\n-\u00bfNo estoy ahora acaso en tu casa? -replic\u00f3.<br \/>\nNo comprend\u00ed sus palabras en aqu\u00e9l momento, pero ahora s\u00ed que las entiendo.<br \/>\n-\u00bfQuieres compartir conmigo mi vino y mi pan? -insist\u00ed.<br \/>\n-S\u00ed, Mar\u00eda, pero no ahora.<br \/>\n&#8220;Pero no ahora, no ahora&#8221;, as\u00ed me dijo. En estas palabras hab\u00eda la voz del oc\u00e9ano, del hurac\u00e1n y del bosque. Y cuando me las dijo, hablaron simult\u00e1neamente la Vida con la Muerte.<br \/>\nAcu\u00e9rdate, amigo m\u00edo, y no te olvides, que yo. estaba muerta; que era una mujer que se hab\u00eda divorciado de s\u00ed misma y viv\u00eda lejos de este Yo que hoy ves en m\u00ed. Hab\u00eda sido pose\u00edda por todos los hombres sin ser de ninguno. Me llamaban mujer libertina y dec\u00edan que ten\u00eda siete demonios. Todos me maldec\u00edan y todos me envidiaban; pero cuando el atardecer de sus ojos albore\u00f3 en los m\u00edos, desaparecieron y se apagaron todos los astros de mis noches y me volv\u00ed Mar\u00eda, \u00fanicamente Mar\u00eda: una mujer que se hab\u00eda extraviado sobre la tierra que conoc\u00eda, para luego encontrarse a s\u00ed misma en nuevos mundos. Y volv\u00ed a insistir:<br \/>\n-Ven a mi casa y comparte mi pan y mi vino.<br \/>\n-\u00bfPor qu\u00e9 insistes que yo sea tu hu\u00e9sped? -respondi\u00f3.<br \/>\nY le contest\u00e9:<br \/>\n-Te ruego que entres en mi casa.<br \/>\nMientras yo le hablaba, sent\u00eda que todo lo que ten\u00eda de la tierra y del cielo se reun\u00eda en mis palabras y en mis s\u00faplicas. Entonces me observ\u00f3 fijamente, y sobre mi esp\u00edritu alumbr\u00f3 la luz de sus ojos. Y me dijo:<br \/>\n-T\u00fa tienes muchos amantes, en cambio soy yo el \u00fanico que te ama. Los dem\u00e1s hombres se aman a s\u00ed mismos a tu lado, pero yo quiero y amo tu alma. Los dem\u00e1s hombres ven en ti una belleza que se marchita antes de la terminaci\u00f3n de sus a\u00f1os, pero la hermosura que yo veo en ti no se marchitar\u00e1 jam\u00e1s. En el oto\u00f1o de tus d\u00edas no temer\u00e1 aquella Belleza mirarse a s\u00ed misma en un espejo, y nadie podr\u00e1 acusarla ni denigrarla. S\u00f3lo yo amo lo que es invisible en ti.<br \/>\nY luego me dijo en voz baja:<br \/>\n-Sigue ahora tu camino, y si no quieres que yo me siente a la sombra de este cipr\u00e9s tuyo, seguir\u00e9 yo tambi\u00e9n el m\u00edo.<br \/>\nY le supliqu\u00e9 llorando:<br \/>\n-Maestro, ven y entra en mi casa. All\u00ed tengo incienso que quemar\u00e9 ante ti, y una jofaina de plata para lavar tus pies.<br \/>\nEres un extranjero, pero no lo eres aqu\u00ed. Por eso te suplico que entres en mi casa.<br \/>\nNo bien hube terminado, se levant\u00f3 y me mir\u00f3 como cuando miran las Estaciones al campo; sonri\u00f3 y me dijo nuevamente<br \/>\n-Todos los hombres se aman a s\u00ed mismos a tu lado, mas yo s\u00f3lo te amo para tu salvaci\u00f3n.<br \/>\nDijo esto y sigui\u00f3 su camino; pero nadie hubiera podido caminar como \u00e9l. \u00bfHabr\u00e1 nacido en mi jard\u00edn alg\u00fan soplo divino y luego se fue hacia el Levante? \u00bfFue una tempestad<br \/>\nque vino a sacudir todas las cosas para volverlas a sus verdaderos cimientos?<br \/>\nNo lo supe en ese entonces, -pero en aquel d\u00eda el atardecer de sus ojos mat\u00f3 la bestia que viv\u00eda en m\u00ed. Y por eso me volv\u00ed una mujer, Mar\u00eda, Mar\u00eda Magdalena.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">FILEM\u00d3N, BOTICARIO GRIEGO<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Jes\u00fas, el pr\u00edncipe de los m\u00e9dicos<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">El Nazareno era el pr\u00edncipe de los m\u00e9dicos, tanto en su pueblo como en los pueblos aleda\u00f1os. Ning\u00fan otro hombre ha conocido como \u00e9l nuestros cuerpos, sus elementos y sus propiedades. Ha curado a mucha gente de muchas y extra\u00f1as enfermedades que ni los griegos ni los egipcios conoc\u00edan. Dicen que ha resucitado a los muertos. No importa que esto sea o no verdad; el hecho es que \u00e9l manifiesta su fuerza, porque todas las cosas y acontecimientos importantes no pueden ser atribuidos sino a aquel que toma a su cargo cosas de tanta magnitud e importancia.<br \/>\nDicen tambi\u00e9n que Jes\u00fas ha visitado la India, Asiria y Babilonia, y que los sacerdotes de aquellas regiones le hab\u00edan ense\u00f1ado sus ciencias ocultas y la sabidur\u00eda que est\u00e1 escondida en las profundidades nuestras. Pero&#8230; \u00a1qui\u00e9n sabe! Tal vez los dioses se lo hayan revelado directamente, sin intermedio de los sacerdotes, pues lo que los dioses ocultan a todos los hombres, durante muchos siglos, a menudo lo revelan en un solo instante a un solo hombre, tanto que si Apolo pasara su mano sobre el coraz\u00f3n de un humilde desconocido, lo volver\u00eda hecho un sabio y un gran se\u00f1or.<br \/>\nMuchas puertas se han abierto ante los hijos de Tiro y del Tibet. All\u00ed hab\u00eda muchas puertas que estaban cerradas y selladas, y, sin embargo, se abrieron al paso de este hombre que consigui\u00f3 penetrar en el Templo del Alma, que es el cuerpo, y descubrir los esp\u00edritus malignos que conspiran contra nuestras fuerzas y nuestro valor, separ\u00e1ndolos de los esp\u00edritus bondadosos que tejen sus hilos en la quietud y calma de sus horas.<br \/>\nA mi forma de ver, Jes\u00fas curaba los enfermos por medio de la oposici\u00f3n y la resistencia, porque ese sistema empleado por \u00e9l no era conocido entre nuestros fil\u00f3sofos. Sorprend\u00eda a la fiebre con su tacto glacial y la ahuyentaba; y los \u00f3rganos inutilizados se volv\u00edan sanos ante la fuerza de su serenidad maravillosa.<br \/>\nS\u00ed; el Nazareno ha descubierto la savia pasajera en la corteza de nuestro \u00e1rbol carcomido y marchito, pero \u00bfc\u00f3mo lleg\u00f3 a tocar aquella savia con sus dedos? No lo s\u00e9. Tambi\u00e9n alcanz\u00f3 a descubrir el acero puro cubierto por la oxidaci\u00f3n; pero ning\u00fan ser humano nos puede explicar c\u00f3mo libr\u00f3 a la espada de su \u00f3xido y le devolvi\u00f3 el brillo.<br \/>\nMuchas veces se me ocurri\u00f3 creer que \u00e9l llegaba hasta los males m\u00e1s hondos que padecen todos los seres que viven bajo del sol, mitigando esos dolores, fortificando y ayudando a aquellos seres, no s\u00f3lo con su sabidur\u00eda, sino se\u00f1alando el camino de su propia fuerza para levantarse y despojarse de sus dolores sanos y curados.<br \/>\nY no obstante eso, jam\u00e1s se ocup\u00f3 de su propio poder como m\u00e9dico. Toda su atenci\u00f3n estaba concentrada en las cuestiones religiosas y pol\u00edticas de este pa\u00eds. Y esto me hace sufrir porque, antes que nada, debemos ser sanos de cuerpo. Pero estos sirios, cuando son atacados por alg\u00fan mal, no buscan su panacea, sino m\u00e1s bien se entregan a las discusiones y a las pol\u00e9micas especulativas y teol\u00f3gicas. Y su mayor desgracia es que su m\u00e1s grande m\u00e9dico renunci\u00f3 a su \u00fatil profesi\u00f3n y prefiri\u00f3 ser orador en la plaza p\u00fablica.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">SIM\u00d3N PEDRO<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">C\u00f3mo fue llamado, con su hermano, por Jes\u00fas<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Estaba yo a la orilla del lago cuando vi por vez primera a Jes\u00fas, mi Maestro y Se\u00f1or. Mi hermano Andr\u00e9s estaba conmigo y los dos and\u00e1bamos pescando. Las olas estaban embravecidas y agitad\u00edsimas, y debido al mal estado del tiempo nuestra pesca era muy exigua. Nos encontr\u00e1bamos transidos por el dolor que traspasaba nuestros corazones. De repente se detuvo Jes\u00fas frente a nosotros como si hubiera, en ese momento, llegado de la nada; por cuanto no lo vimos venir de ning\u00fan lado. Luego nos llam\u00f3 a cada uno por su nombre y dijo:<br \/>\n-Si me segu\u00eds os conducir\u00e9 a una ensenada -cerca de la costa de abundante pesca.<br \/>\nCuando lo mir\u00e9, la red se escap\u00f3 de mis manos, porque una luz alumbr\u00f3 mi interior y lo reconoc\u00ed; pero mi hermano Andr\u00e9s le dijo:<br \/>\n-Nosotros conocemos todas las abras de estas orillas; tambi\u00e9n sabemos que en estos d\u00edas muy ventosos los peces buscan las profundidades, donde no pueden llegar nuestras redes.<br \/>\nA lo que contest\u00f3 Jes\u00fas:<br \/>\n-Seguidme, pues, a las orillas del mar Mayor y os har\u00e9 pescadores de los hombres, y vuestras redes jam\u00e1s se retirar\u00e1n vac\u00edas.<br \/>\nEntonces abandonamos nuestra barca y nuestras redes y lo seguimos; reas yo le segu\u00ed guiado por una fuerza invisible que le acompa\u00f1aba. Caminaba yo a su lado sin respirar, inundado por el asombro, mientras mi hermano Andr\u00e9s ven\u00eda detr\u00e1s, no menos admirado y maravillado. Y mientras camin\u00e1bamos sobre las arenas cobr\u00e9 \u00e1nimo y le dije:<br \/>\n-Se\u00f1or, yo y mi hermano te seguiremos, y a donde t\u00fa vayas te acompa\u00f1aremos; si es tu deseo visitar nuestra casa esta noche, \u00e9sta se llenar\u00eda de bendiciones. S\u00f3lo comer\u00edas platos frugales y sencillos. Mas,, si entras en nuestra choza la convertir\u00edas en palacio, y si compartes nuestro pan, seremos envidiados por todos los pr\u00edncipes de la tierra.<br \/>\nY respondi\u00f3 Jes\u00fas:<br \/>\n-S\u00ed, ser\u00e9 vuestro hu\u00e9sped esta noche.<br \/>\nMi coraz\u00f3n se alegr\u00f3 hondamente al o\u00edr sus palabras. As\u00ed lo hemos seguido en silencio hasta llegar a la. casa. Cuando pisamos el umbral, Jes\u00fas dijo:<br \/>\n-La paz sea en esta morada y con sus habitantes.<br \/>\nLuego entr\u00f3 y lo seguimos. Una vez dentro de la casa fue agasajado por mi mujer, mi suegra y mi hija. Todas se prosternaron delante de \u00e9l y besaron los bordes de su manto. \u00a1Estaban maravilladas por tan honroso hospedaje al Se\u00f1or, el Elegido que vino a dormir bajo nuestro techo! Tambi\u00e9n porque ellas lo conocieron en el Jord\u00e1n, cuando Juan el Bautista revel\u00f3 su poder a la multitud. De inmediato, mi esposa y mi suegra se dieron a la tarea de preparar la cena.<br \/>\nEn cuanto a mi hermano Andr\u00e9s, de naturaleza t\u00edmido y vergonzoso, su fe en Jes\u00fas era m\u00e1s honda que la m\u00eda.<br \/>\nMi hija, que a la saz\u00f3n ten\u00eda doce a\u00f1os, se coloc\u00f3 junto a Jes\u00fas y lo cogi\u00f3 de un pliegue de su manto, temiendo que nos dejara para volver a emprender viaje bajo el cielo oscuro.<br \/>\nSe hab\u00eda aferrado a \u00e9l como un cordero que ha encontrado su buen pastor. Y a la hora de la cena nos sentamos a la mesa todos juntos. Tom\u00f3 en sus manos el pan, y luego de haber servido el vino nos mir\u00f3 y dijo:<br \/>\n-Amigos m\u00edos, bendecidme y acompa\u00f1adme en esta comida, tanto como nuestro Padre nos ha bendecido al otorg\u00e1rnosla.<br \/>\nDijo todo esto antes de probar un solo bocado, porque de este modo quiso respetar las antiguas costumbres y las tradiciones, que hac\u00edan del hu\u00e9sped querido un se\u00f1or de la casa.<br \/>\nY cuando estuvimos sentados a la mesa, sentimos en lo m\u00e1s profundo de nuestro ser hallarnos sentados en el banquete de un gran rey.<br \/>\nMi hija Petronila, la inocente peque\u00f1uela, miraba extasiada la cara del Se\u00f1or y segu\u00eda con atenci\u00f3n los movimientos de sus manos y sus ademanes. Una nube de l\u00e1grimas empa\u00f1aba sus ojos. Y cuando Jes\u00fas se hubo levantado de la mesa, sali\u00f3 seguido por todos nosotros y se ubic\u00f3 debajo del gran parral. Mientras nos hablaba, nosotros lo escuch\u00e1bamos con los corazones hondamente emocionados.<br \/>\nNos habl\u00f3 de la segunda venida del Hijo del Hombre, de las puertas del cielo que en ese entonces se abrir\u00e1, y de los \u00e1ngeles cuando bajan trayendo la paz y la alegr\u00eda a todos los hombres, y cuando se elevan llevando a Dios sus anhelos y sus ansias.<br \/>\nEn esa circunstancia me mir\u00f3 en los ojos y con su mirada lleg\u00f3 hasta lo m\u00e1s hondo de mi ser y dijo:<br \/>\n-Te he elegido junto con tu hermano y es preciso que me sig\u00e1is. Hab\u00e9is trabajado mucho hasta el cansancio; ahora os har\u00e9 descansar. Llevad mi yugo y aprended de m\u00ed, por cuanto mi alma desb\u00f3rdase de paz, y en \u00e9l hallar\u00e1n vuestras almas su patria y sus necesidades cumplidas.<br \/>\nAl terminar estas palabras nos pusimos de pie y dije: -Maestro, te seguiremos hasta el fin del mundo, y si nuestra carga es pesada cual una monta\u00f1a, la llevaremos en nuestro camino del cielo, acept\u00e1ndola gustosos y satisfechos. Y luego mi hermano:<br \/>\n-Maestro, queremos ser hilos entre tus manos y en tu telar, para que hagas de nosotros cuando quieras, un lienzo que usar\u00e1s en tu divino manto.<br \/>\nDespu\u00e9s alz\u00f3 mi mujer su cabeza y exclam\u00f3, mientras surcaban sus mejillas l\u00e1grimas de alegr\u00eda:<br \/>\n-\u00a1Bendito seas t\u00fa que vienes en nombre de Dios! \u00a1Bendito sea el Vientre que te concibi\u00f3 y el Pecho que te amamant\u00f3! Mi hija estaba echada a sus pies, abraz\u00e1ndolos contra su pecho; empero mi suegra, sentada en el umbral de la puerta, estaba callada; pero lloraba en su silencio, mojando as\u00ed su manto. Jes\u00fas lleg\u00f3 hasta ella y alz\u00e1ndole la cabeza la mir\u00f3 en los ojos y le dijo:<br \/>\n-T\u00fa eres la madre de todos estos amigos. Ahora que lloras de alegr\u00eda, yo sabr\u00e9 guardar tus l\u00e1grimas en mis recuerdos.<br \/>\nEn esa hora vimos asomar la bella luna; Jes\u00fas la mir\u00f3 detenidamente y nos dijo:<br \/>\n-Larga fue nuestra velada. Retiraos a vuestros lechos y que Dios vele vuestros sue\u00f1os y vuestro reposo. En cuanto a m\u00ed, quiero permanecer bajo este parral hasta que nazca el d\u00eda. Hoy he tirado mi red y pescado dos hombres, lo que me conforma y satisface. Que pas\u00e9is buena noche.<br \/>\nMi suegra le dijo<br \/>\n-Se\u00f1or, te hemos preparado el lecho, ruego entres y descanses.<br \/>\nA lo que respondi\u00f3 Jes\u00fas:<br \/>\n-La verdad te digo que -necesito reposo; pero no bajo ning\u00fan techo. Dejadme dormir esta noche bajo el dosel de la vi\u00f1a y la luz de las estrellas. Y ahora hasta siempre.<br \/>\nSe apresur\u00f3 mi suegra para sacar y preparar el lecho afuera. Era un colch\u00f3n, una almohada y un cobertor. Jes\u00fas la mir\u00f3 dulcemente y dijo:<br \/>\n-Descansar\u00e9 sobre un lecho que se hizo dos veces. Entonces lo dejamos solo y entramos en la casa. Mi hija fue la \u00faltima en entrar. Lo miraba con insistencia hasta que cerr\u00f3 la puerta.<br \/>\nAs\u00ed he conocido a mi Rab\u00ed y Se\u00f1or por primera vez, y no obstante haber esto pasado hace muchos a\u00f1os, lo recuerdo como si hubiera sido hoy.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">CAIF\u00c1S, SUMO SACERDOTE<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Lo hemos matado con la conciencia serena y pura<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">\nEs indispensable, al hablar de este hombre Jes\u00fas, de su vida y de su muerte, recordar dos realidades irrefutables: la conservaci\u00f3n del Tor\u00e1 en nuestras manos y la salvaci\u00f3n del Estado, para que permanezca en las fuertes manos de los romanos. Ese hombre constitu\u00eda un peligro para nosotros y para Roma. Ha envenenado al pueblo ingenuo y c\u00e1ndido, y lo ha conducido, mediante un sortilegio admirable, a rebelarse contra el C\u00e9sar y contra nosotras.<br \/>\nHasta mis esclavos, hombres y mujeres, al o\u00edrlo hablar en la plaza p\u00fablica, se llenaron de ideas subversivas y se tornaron muy d\u00edscolos y disconformes. Muchos de ellos abandonaron mi casa y regresaron al desierto de donde vinieron.<br \/>\nEl Tor\u00e1 es la base de nuestra fuerza y la c\u00faspide de nuestro triunfo. Ning\u00fan hombre puede destruirnos mientras en nuestras manos tengamos esta fuerza invicta, como ninguno puede reducir a escombros a Jerusal\u00e9n, cuyas murallas y paredes est\u00e1n levantadas sobre las viejas rocas que con sus propias manos coloc\u00f3 David.<br \/>\nSi es necesario que la sementera de Ibrahim crezca y fructifique, nada m\u00e1s justo que esta tierra permanezca pura; y ese hombre Jes\u00fas trataba de mancillarla incitando a la rebeli\u00f3n. Es por eso que lo hemos muerto, cargando, a conciencia, con toda la responsabilidad. Y as\u00ed mataremos a todo aquel que ose violar la ley de Mois\u00e9s o profanar nuestro sagrado patrimonio.<br \/>\nNosotros, juntamente con Pilatos, hemos advertido al pueblo el peligro que hab\u00eda en ese hombre, y vimos que era prudente poner fin a su vida. Mas ahora estoy poniendo todo el poder que est\u00e1 a mi alcance para castigar a sus disc\u00edpulos, de igual manera como lo hice con \u00e9l, para as\u00ed destruir sus ense\u00f1anzas y su doctrina.<br \/>\nSi el juda\u00edsmo quiere sobrevivir, es necesario entonces reducir a polvo a quien lo persiga, y antes de que muera el juda\u00edsmo cubrir\u00eda mi blanca cabeza con cenizas, igual que el profeta Samuel; romper\u00eda este manto y esta dalm\u00e1tica santa que he heredado de Har\u00f3n; y me pondr\u00eda el cilicio hasta el fin de mi vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">JON\u00c1S, MUJER DEL GUARDIA DE HERODES<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Los hijos<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">\nJes\u00fas no era casado y no se cas\u00f3 jam\u00e1s; pero era amigo y defensor de las mujeres. Las comprendi\u00f3 tal como debieron comprenderlas todos los hombres en el Amor puro.<br \/>\nAmaba a los ni\u00f1os tal como debieron los hombres haberlos amado, con la fe y la comprensi\u00f3n. En sus ojos hab\u00eda la ternura del padre, el cari\u00f1o del hermano y la abnegaci\u00f3n del hijo. Tomaba a un ni\u00f1ito y, al colocarlo sobre sus rodillas, dec\u00eda:<br \/>\n-En este ni\u00f1o se encuentra vuestra fuerza y vuestra libertad; con \u00e9l formar\u00e9is el reino del Esp\u00edritu.<br \/>\nDicen que Jes\u00fas desde\u00f1aba la ley de Mois\u00e9s y perdonaba a las pecadoras de Jerusal\u00e9n y de los pa\u00edses adyacentes. En aquel tiempo yo misma era pecadora a los ojos de la gente porque am\u00e9 a un hombre que no era mi esposo. Era un saduceo. Un d\u00eda llegaron los saduceos hasta mi hogar, hall\u00e1ndose mi amante conmigo; me prendieron y me encarcelaron. Cuando fueron en busca de mi amante \u00e9ste hab\u00eda desaparecido dej\u00e1ndome sola. Despu\u00e9s de un tiempo me condujeron a la plaza p\u00fablica, en donde Jes\u00fas ense\u00f1aba a la multitud. Me llevaron a su presencia, con el prop\u00f3sito deliberado de tentarlo y prepararle una artima\u00f1a, mas Jes\u00fas no me juzg\u00f3; por el contrario, avergonz\u00f3 a mis acusadores y los llen\u00f3 de reproches. Despu\u00e9s me orden\u00f3 que me fuera en paz.<br \/>\nDespu\u00e9s de aquella escena, todos los frutos insulsos de la vida cobraron sabor en mi boca. Y las rosas que nunca tuvieron aroma perfumaron mi coraz\u00f3n.<br \/>\nY fui una mujer a quien nunca volvieron a acosar los malos pensamientos. Y me sent\u00ed libre, y jam\u00e1s volv\u00ed a bajar ante nadie mi frente.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">REBECA<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Novia de Can\u00e1<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Sucedi\u00f3 esto antes que lo hubiera conocido el pueblo. Estaba en el jard\u00edn de mi madre, cuidando las flores, cuando Jes\u00fas se detuvo frente a nuestro portal y dijo:<br \/>\n-Tengo sed. \u00bfQuieres, muchacha, darme de beber de tu pozo?<br \/>\nCorr\u00ed adentro y luego de haber llenado de agua una copa de plata, vert\u00ed en ella unas gotas del \u00e1nfora de esencia de jazm\u00edn. Aplac\u00f3 su sed y vi que estaba satisfecho. Luego me mir\u00f3 a los ojos y dijo:<br \/>\n-Vengan a ti mis bendiciones.<br \/>\nCuando dijo eso sent\u00ed la sensaci\u00f3n de un viento llegar de las alturas y vibrar todo mi cuerpo. -Perd\u00ed mi timidez, cobr\u00e9 \u00e1nimo y le dije:<br \/>\n-Soy \u00a1oh, mi Se\u00f1or!, la prometida de un joven de Can\u00e1, de Galilea. En el cuarto d\u00eda de la semana entrante me desposar\u00e9 con \u00e9l. \u00bfQuieres asistir a mi boda y de esa manera bendecir con tu presencia mi matrimonio?<br \/>\nA lo que me contest\u00f3:<br \/>\n-S\u00ed, hija m\u00eda, asistir\u00e9.<br \/>\nNo olvidar\u00e9 nunca esas palabras: &#8220;\u00a1hija m\u00eda!&#8221; Era \u00e9l joven y yo frisaba los veinte a\u00f1os. Luego sigui\u00f3 su camino; en tanto yo permanec\u00eda en el port\u00f3n del jard\u00edn, hasta que escuch\u00e9 la voz de mi madre que me llamaba.<br \/>\nEn el d\u00eda cuarto de la semana siguiente fui conducida por mi familia a la casa de mi novio, y all\u00ed me entregaron a \u00e9l.<br \/>\nY vino Jes\u00fas junto a su madre y su hermano Santiago. Se ubicaron alrededor de la mesa con los dem\u00e1s invitados, en el momento que las mozas de Galilea, las compa\u00f1eras de mi mocedad, entonaban las canciones que para la boda de las v\u00edrgenes compuso el rey Salom\u00f3n.<br \/>\nJes\u00fas com\u00eda de nuestros platos, beb\u00eda nuestro vino y sonre\u00eda a todos los presentes, o\u00eda las canciones que el amante dedicaba a su amada a la hora que la acompa\u00f1aba a su caba\u00f1a; los c\u00e1nticos y coplas alegres del joven vi\u00f1atero que am\u00f3 a la hija del due\u00f1o de las vi\u00f1as y la llev\u00f3 a la casa de su madre; los poemas del pr\u00edncipe que, locamente enamorado de la pobre campesina, la coronaba con la diadema y el cetro de sus padres. Creo tambi\u00e9n que escuchaba otras canciones; pero desde mi sitio de novia no pod\u00eda o\u00edr ni precisar bien.<br \/>\nAl declinar la tarde vino el padre de mi novio y susurr\u00f3 al o\u00eddo de la madre de Jes\u00fas las siguientes palabras:<br \/>\n-Ya no nos queda vino para nuestros hu\u00e9spedes, y el d\u00eda de la boda a\u00fan no ha concluido.<br \/>\nOy\u00f3 Jes\u00fas lo que a su madre fue dicho en secreto y respondi\u00f3:<br \/>\n-El copero sabe que todav\u00eda hay en los jarrones bastante vino para beber.<br \/>\nY as\u00ed fue en verdad, pues hubo vino en abundancia durante toda la noche. Entonces comenz\u00f3 Jes\u00fas a hablar. Nos habl\u00f3 de los milagros de la Tierra y del Cielo. Nos explic\u00f3 el misterio de las flores del Cielo que abren sus p\u00e9talos cuando la noche se cierra sobre la Tierra; y de las rosas que florecen cuando los luceros se ocultan en la luz del d\u00eda. Nos ense\u00f1\u00f3 con par\u00e1bolas y ejemplos y nos relat\u00f3 cuentos. Su dulce voz conmov\u00eda los corazones de todos los oyentes, y cuando lo mir\u00e1bamos profundamente en los ojos, nos parec\u00eda que ve\u00edamos visiones del Cielo, y nos olvid\u00e1bamos de los manjares y de las canciones. Y mientras yo lo escuchaba me sent\u00eda en una tierra extra\u00f1a y distante.<br \/>\nPasado un momento, dijo un comensal al padre de mi novio<br \/>\n-Has dejado el mejor vino para el final del banquete de boda, y no todos lo hacen as\u00ed.<br \/>\nTodos los presentes en la casa se convencieron y creyeron en un milagro, y bebieron al finalizar el fest\u00edn mejor vino que al comienzo.<br \/>\nYo tambi\u00e9n cre\u00ed en la maravilla del vino que Jes\u00fas hizo, mas no me asombr\u00e9, porque en su voz escuchaba muchos milagros y muchas maravillas. Y as\u00ed me acompa\u00f1\u00f3 su voz, desde aquella vez hasta el nacimiento de mi primog\u00e9nito.<br \/>\nY todav\u00eda la gente de nuestra aldea y pueblos cercanos recuerda las palabras de aquel querido hu\u00e9sped, diciendo constantemente<br \/>\n-El Esp\u00edritu de Jes\u00fas el Nazareno es mejor y m\u00e1s a\u00f1ejo que cualquier vino.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">UN FIL\u00d3SOFO PERSA EN DAMASCO<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Las deidades de antes y de ahora<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Yo no puedo predecir lo que ma\u00f1ana ser\u00e1 de ese hombre. Tampoco podr\u00e9 pronosticar lo que suceder\u00e1 a sus disc\u00edpulos, porque la semilla oculta en el coraz\u00f3n de la manzana es un \u00e1rbol invisible, pero si esa semilla cae sobre una roca, no podr\u00e1 germinar.<br \/>\nPor eso digo que el antiguo Israel es cruel y desconoce la piedad; por ello debe buscarse para Israel una nueva divinidad; un dios dulce y clemente que lo trate con piedad y ternura; un dios que descienda con los rayos del sol y camine por sus estrechos senderos, en reemplazo de esa deidad suya, ya envejecida, sentada eternamente sobre el trono de su tribunal, pesando errores y midiendo culpas.<br \/>\nIsrael necesita un dios de quien la envidia no haya conocido ning\u00fan camino a su coraz\u00f3n, y en cuyo recuerdo no se hayan registrado las faltas y las culpas de su pueblo. Un dios que no se vengue de su pueblo castigando a los hijos por culpas de los padres hasta la tercera y cuarta generaci\u00f3n.<br \/>\nEl hombre de Siria es igual que su hermano de cualquier lugar. Se mira en el espejo de sus conocimientos y all\u00ed encuentra a su dios. Crea los dioses a su imagen y semejanza, y adora lo que sobre su faz refleja la imagen. Pero el ser humano, en verdad, ora a sus ansias lejanas para que se despierten y se cumplan todos sus deseos. En el cosmos no hay cosa m\u00e1s profunda que el alma del hombre. El alma es la hondura que se busca a s\u00ed misma, porque en ella no hay otra voz que hable ni otros o\u00eddos que oigan.<br \/>\nNosotros mismos, en Persia observamos nuestras caras en el disco del sol y vemos nuestros cuerpos danzando en el fuego que encendemos en nuestros altares. Es por esa raz\u00f3n que el Dios de Jes\u00fas, que \u00e9l llam\u00f3 Padre, no ser\u00e1 extra\u00f1o en medio del pueblo de este Maestro. Por ello creo que satisfar\u00e1 sus anhelos.<br \/>\nLas divinidades de Egipto han arrojado las piedras que llevaban a cuestas y huyeron al desierto de Nubia, para vivir libres entre los que a\u00fan viven libres de conocimientos.<br \/>\nEl Sol de los Dioses de Grecia y Roma marcha hacia su crep\u00fasculo. Ellos eran muy parecidos a los hombres en cuyos pensamientos y meditaciones no pudieron vivir. Y el bosque<br \/>\na cuya sombra ha nacido su magia, lo talaron las hachas de los atenienses y alejandrinos.<br \/>\nTambi\u00e9n en esta tierra vemos que los de altos sitiales bajan de sus elevados rangos para confundirse con la humildad y la modestia de los legisladores de Beirut y los ermita\u00f1os de Antioqu\u00eda. T\u00fa no ves m\u00e1s que los ancianos y mujeres decr\u00e9pitas ir caminando a los templos de sus padres y abuelos; s\u00f3lo buscan el comienzo del sendero aquellos que se extraviaron en su final.<br \/>\nPero este hombre Jes\u00fas, este prodigioso nazareno, ha hablado de un dios que cabe en todas las almas y cuya sabidur\u00eda se elev\u00f3 hasta escapar a todo castigo, y cuyo amor se sublim\u00f3 tanto que rehuye nombrar los pecados de sus criaturas.<br \/>\nY el dios de ese nazareno pasar\u00e1 por el umbral de todos los hijos de la tierra y se sentar\u00e1 a su lado, cerca del hogar, y ser\u00e1 una bendici\u00f3n dentro de sus casas y luz en sus caminos.<br \/>\nMas yo tengo un dios que es el dios de Zoroastro. Un dios que es sol en el cielo, fuego sobre la tierra y luz en el regazo del hombre. Me conformo con \u00e9l, y fuera de \u00e9l no necesito otra deidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">DAVID, CORRELIGIONARIO DE JES\u00daS<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Jes\u00fas pr\u00e1ctico<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">No llegu\u00e9 a comprender el sentido de sus sermones hasta despu\u00e9s de habernos dejado. No entend\u00ed nada de sus par\u00e1bolas hasta que ellas cobraron forma ante mis ojos, naciendo, por reacci\u00f3n propia, en cuerpos que ahora escoltan las legiones de mis d\u00edas.<br \/>\nHe aqu\u00ed lo que me ha sucedido: una noche estaba sentado en mi casa, pensando y recordando en \u00e9xtasis sus palabras y actos para registrarlos en el Libro de mi vida, cuando en ese instante entraron tres ladrones. No obstante percibir su presencia no pude levantarme e ir a su encuentro esgrimiendo la espada, ni preguntarles: &#8220;\u00bfqu\u00e9 hac\u00e9is aqu\u00ed?&#8221;, porque estaba invadido por la Fe y por el Esp\u00edritu, que se manten\u00edan hondamente en mi meditaci\u00f3n.<br \/>\nContinu\u00e9 escribiendo mis memorias sobre el Maestro, y cuando los ladrones se hubieron retirado, record\u00e9 sus palabras: &#8220;A quien te pidiere tu capa, dale tu vestidura tambi\u00e9n&#8221;. Y las entend\u00ed&#8230;<br \/>\nCuando estaba registrando sus ejemplos y sus par\u00e1bolas, no hab\u00eda en la tierra una persona capaz de interrumpir mi labor, a\u00fan a costa de perder todos mis bienes, porque no obstante el inter\u00e9s natural que tengo en protegerlos y defenderme, sab\u00eda en qu\u00e9 lugar se hallaba aquel otro Gran Tesoro.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">LUCAS<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Los hip\u00f3critas<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Despreci\u00f3 Jes\u00fas a todos los hip\u00f3critas y los recrimin\u00f3 duramente. Su ira contra ellos ca\u00eda cual rayo fulminante. En sus o\u00eddos, la voz de \u00c9l era como un trueno cuyo estampido hac\u00eda temblar los corazones. Pidieron su muerte por el miedo espantoso que le ten\u00edan. Eran como topos; trabajaban en sus oscuras cuevas conspirando contra su vida, pero \u00c9l jam\u00e1s se dej\u00f3 caer en sus trampas y ardides; se compadec\u00eda de su ignorancia, por cuanto sab\u00eda que no pod\u00edan burlarse del Esp\u00edritu ni encaminarse al abismo.<br \/>\nTomaba en sus manos un espejo y desde su fondo ve\u00eda a los perezosos, los cojos, los desafortunados y los ca\u00eddos a la orilla del camino rumbo a su tumba. Y tuvo compasi\u00f3n de todos, y su anhelo era elevarlos hasta su cabeza y cargarse con sus fardos. S\u00ed; varias veces ha querido que sus debilidades y flaquezas se apoyaran sobre su brazo fuerte y firme.<br \/>\nEn sus fallos no era tan severo contra el impostor, el ladr\u00f3n y el homicida, tanto como en sus juicios contra los hip\u00f3critas, que enmascaraban sus rostros y ocultaban sus manos; con \u00e9stos era implacable, muy severo y terminante. En tantas ocasiones me puse a pensar en aquel coraz\u00f3n que recib\u00eda con toda<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>GIBR\u00c1N KHALIL GIBR\u00c1N JES\u00daS, EL HIJO DEL HOMBRE (1928) SANTIAGO, HIJO DE ZEBEDEO El reinado de la Tierra Era un d\u00eda primaveral el d\u00eda en que Jes\u00fas lleg\u00f3 a un parque de Jerusal\u00e9n, y comenz\u00f3 a dialogar con la multitud sobre el Reinado del Cielo. 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