{"id":1391,"date":"2009-03-11T21:27:14","date_gmt":"2009-03-11T21:27:14","guid":{"rendered":"http:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=1391"},"modified":"2009-03-11T21:27:14","modified_gmt":"2009-03-11T21:27:14","slug":"victimolog\u00cda-infantil.-prevenci\u00d3n-y-tratamiento-","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=1391","title":{"rendered":"VICTIMOLOG\u00cdA INFANTIL. PREVENCI\u00d3N Y TRATAMIENTO"},"content":{"rendered":"<p>VICTIMOLOG\u00c1 INFANTIL. PREVENCI\u00d3N Y TRATAMIENTO<br \/>\n por <\/p>\n<p>DAVID FINKELHOR <\/p>\n<p>Este texto se corresponde con el cap\u00edtulo 9 del libro coordinado por Jos\u00e9 Sanmart\u00edn, &#8220;Violencia contra ni\u00f1os&#8221;, Barcelona: Ariel, 2005, pp. 203-223.]<br \/>\n. Introducci\u00f3n pese al relativo abandono y, en ocasiones, menosprecio en que se encuentra el estudio sobre la victimizaci\u00f3n infantil, una de sus formas no ha sido ni mucho menos desatendida o minimizada: el abuso sexual. Por el contrario, este tema ha adquirido durante la \u00faltima d\u00e9cada en Estados Unidos el rango de problema social gracias, sobre todo, al incremento del nivel de concienciaci\u00f3n de la sociedad. Por su notoriedad, el abuso sexual ha sido el veh\u00edculo que nos ha permitido adentrarnos en este \u00e1mbito para, as\u00ed, entender mejor muchos aspectos relativos a la victimizaci\u00f3n infantil y tambi\u00e9n sobre las pol\u00edticas de apoyo a las v\u00edctimas infantiles, as\u00ed como las limitaciones de las mismas. De hecho, al final de esta d\u00e9cada, en la que se ha profundizado en el estudio del abuso sexual infantil, hemos alcanzado una mejor visi\u00f3n del conjunto. Sin embargo, nuestro conocimiento es todav\u00eda escaso y defectuoso tanto en la teor\u00eda como en la pr\u00e1ctica. Por ello, quiz\u00e1s necesitemos dar un paso atr\u00e1s para reconsiderar algunas cuestiones relativas a este problema.<br \/>\n. Origen de la concienciaci\u00f3n social en torno al abuso sexual para entender los antecedentes de esta concienciaci\u00f3n necesitamos revisar los or\u00edgenes de nuestro conocimiento sobre el problema del abuso sexual infantil. Esta cuesti\u00f3n naci\u00f3 en medio de un conflicto pol\u00edtico y cultural. No fue, como sucedi\u00f3 con otros muchos aspectos referidos al bienestar del ni\u00f1o o a la salud mental infantil -por\u00a0 ejemplo, el conocimientos sobre el abuso f\u00edsico o el s\u00edndrome de alcoholismo fetal-, algo que surgiera a partir del trabajo de los investigadores m\u00e9dicos y de profesionales reconocidos, sino que comenz\u00f3 a manifestarse gracias al movimiento de mujeres, su toma de conciencia y su apoyo a las v\u00edctimas de violaci\u00f3n. Los primeros pasos en este campo se dieron a ra\u00c3\u00adz del trabajo de aficionados y escritores, pero, cuando lleg\u00f3 a la salud p\u00fablica y al campo de la salud mental, encontr\u00f3 un fuerte escepticismo y resistencia. Muchos, entonces, dudaron de que fuera un problema acuciante, o lo vieron como algo freudiano que carec\u00eda de importancia real. En mi opini\u00f3n, el hecho de que el problema del abuso sexual superara esta resistencia inicial y llegara a ser aceptado por la comunidad cient\u00edfica constituye una de las primeras revoluciones populares que han tenido \u00e9xito en el campo de la salud mental. A diferencia del modo como los nuevos t\u00f3picos se desarrollan en esta \u00e1rea, fueron los pacientes o los potenciales usuarios del sistema de salud mental quienes presionaron para que el abuso sexual fuera reconocido dentro de la profesi\u00f3n. As\u00ed, se puso de manifiesto una nueva relaci\u00f3n hist\u00f3rica entre los profesionales de la salud mental y la comunidad de legos. <\/p>\n<p>3. El paradigma convencional de la investigaci\u00f3n del abuso sexual <\/p>\n<p>As\u00ed, gran parte de la investigaci\u00f3n sobre el abuso sexual infantil se centr\u00f3 en vencer el escepticismo que este tema suscitaba. La tendencia de muchas de las primeras investigaciones fue la de demostrar que el abuso sexual era, en efecto, un trauma en el desarrollo del individuo. En esta investigaci\u00f3n, el argumento m\u00e1s convincente era la existencia de correlaciones estad\u00edsticas significativas entre una experiencia de abuso sexual y toda la panoplia de problemas psiqui\u00e1tricos y sociales que la opini\u00f3n p\u00fablica -y, particularmente, los principales investigadores de la salud mental- consideraban verdaderamente serios, tales como la depresi\u00f3n, el abuso de sustancias, los trastornos disociativos, el trastorno de estr\u00e9s postraum\u00e1tico, los embarazos en la adolescencia, trastornos en la alimentaci\u00f3n, etc.<br \/>\nEstas correlaciones, claras y significativas, se establecieron con gran facilidad. Algunos de estos sorprendentes hallazgos se pueden ilustrar gracias al primer estudio epidemiol\u00f3gico comunitario (Los \u00c3\u0081ngeles,\u00a0 Epidemiological Catchment Area Study,\u00a0 Stein, 1998, p. 263). A esta investigaci\u00f3n le siguieron innumerables estudios de similares caracter\u00edsticas sobre poblaciones cl\u00ednicas y no cl\u00ednicas. <\/p>\n<p>Si nos detenemos a revisar esta documentaci\u00f3n, e incluso si leemos mensualmente uno de estos estudios durante diez a\u00f1os, es f\u00e1cil quedarse con la impresi\u00f3n de que el abuso sexual deber\u00eda explicar pr\u00e1cticamente todo. Sabemos que, generalmente, se asocia con todo lo malo como si fuera el gran responsable. <\/p>\n<p>No obstante, de esta idea a concebir un \u00fanico tipo de tratamiento para todos los casos tan s\u00f3lo hay un paso: \u00c2\u00abAlguien parece tener problemas cr\u00f3nicos en su vida. Hay que encontrar sus experiencias de abuso sexual, adentrarse en ellas, trabajadas. A lo mejor su problema se esclarecer\u00e1.\u00c2\u00bb \u00c3?sta parece una idea simplista, pero no est\u00e1 lejos de la orientaci\u00f3n que algunos profesionales de Estados Unidos han adoptado, consciente o inconscientemente. Y funciona lo bastante\u00a0 bien como para aliviar a los pacientes, ya que nada refuerza tanto como el \u00e9xito, aunque \u00e9ste sea intermitente. <\/p>\n<p>Hay otro factor que puede ayudar a esclarecer el aumento de la importancia de la teor\u00eda del abuso sexual: la resurrecci\u00f3n del modelo de los sucesos traum\u00e1ticos en psicopatolog\u00eda. Hasta hace diez a\u00f1os, los estudiosos de la salud mental consideraban a la psicopatolog\u00eda principalmente en t\u00e9rminos de distorsiones a largo plazo del proceso de socializaci\u00f3n, producidas por hechos tales como ser rechazado por la madre, recibir mensajes contradictorios (\u00c2\u00abs\u00e9 fuerte\u00c2\u00bb, \u00c2\u00abno me provoques\u00c2\u00bb), o ser el ni\u00f1o que adopta el rol de padre de familia (parentified child). El modelo de los sucesos traum\u00e1ticos ha sido en gran parte secundario respecto de la corriente principal de la salud mental. Aun as\u00ed, la identificaci\u00f3n del trastorno de estr\u00e9s postraum\u00e1tico y su aceptaci\u00f3n en la nosolog\u00eda psiqui\u00e1trica oficial ha dado un nuevo y considerable \u00e9nfasis a los acontecimientos traum\u00e1ticos -el shock de la guerra, el trauma de la violaci\u00f3n y los efectos de los desastres naturales-. Este cambio puede haber tenido sus ra\u00edces en la b\u00fasqueda de causas que fueran relativamente susceptibles de un tratamiento r\u00e1pido y directo. El abuso sexual, al ser conceptualizado como un acontecimiento traum\u00e1tico, m\u00e1s incluso que el abuso f\u00edsico o el abandono, consigui\u00f3 una gran, atenci\u00f3n porque encaj\u00f3 en este modelo. <\/p>\n<p>El abuso sexual, que en la generaci\u00f3n anterior no hab\u00eda sido tenido en cuenta en el \u00e1mbito de la salud mental, ha pasado a ser hoy el foco de muchas investigaciones y planteamientos cl\u00ednicos referidos a lasfuentes de la psicopatolog\u00eda.\u00a0 <\/p>\n<p>Ahora estamos avanzando. As\u00ed pues, \u00bfqu\u00e9 ha cambiado? <\/p>\n<p>4. El abuso sexual y sus antecedentes adversos <\/p>\n<p>Normalmente, el abuso sexual no es fruto de la casualidad. Con mucha frecuencia se da en ni\u00f1os que han sufrido otras adversidades: maltrato emocional, otros tipos de abuso, una relaci\u00f3n con los padres inadecuada; la existencia de conflictos y privaciones, sexismo, etc. Esto sucede por varias razones. Por un lado, la existencia de agresores en el entorno familiar o social, asociada a otros problemas, como el abuso de alcohol, los conflictos interpersonales, los maltratos a la esposa, los problemas psiqui\u00e1tricos y el estr\u00e9s social (Finkelhor, 1979, p. 162). Estas patolog\u00edas sociales y familiares a menudo facilitan la aparici\u00f3n de los agresores o los impulsan a actuar. En segundo lugar, los ni\u00f1os que han sido v\u00edctimas de abuso sexual son, por lo general, ni\u00f1os que han sufrido privaciones -sus padres los han ignorado, han abusado f\u00edsica o emocionalmente de ellos o de otros ni\u00f1os o miembros de la familia- o se han visto inmersos en un conflicto familiar (Finkelhor,\u00a0 1979, p. 162). Actualmente, muchos estudios han demostrado que los padres que abusan de sus hijos suelen ingerir sustancias t\u00f3xicas, padecen problemas psiqui\u00e1tricos, tienen peleas maritales, o son padres muy punitivos y distantes. Por s\u00ed solas, estas condiciones originan da\u00f1os psicol\u00f3gicos, pero tambi\u00e9n ponen al ni\u00f1o en situaci\u00f3n de riesgo porque son escasamente atendidos a la vez que est\u00e1n condicionados a aceptar la violencia y la victimizaci\u00f3n, y se vuelven vulnerables a las estrategias de los agresores -quienes les ofrecen atenci\u00f3n y afecto a cambio de sexo-. De este modo, muchos ni\u00f1os que han sufrido abuso sexual han sido psicol\u00f3gicamente da\u00f1ados antes incluso de que \u00e9ste se produzca. En un estudio en el que entrevistamos dos veces a lo largo de un per\u00edodo de 18 meses a una muestra representativa compuesta por 2.000 ni\u00f1os estadounidenses entre 10 y 16 a\u00f1os, pudimos comprobar que el 45 por ciento de los que manifestaban haber sido objeto de abusos sexuales por primera vez entre la primera y la segunda entrevista ya estaban deprimidos con anterioridad. Tambi\u00e9n observamos que \u00fanicamente el 16 por ciento del resto de ni\u00f1os se hab\u00edan deprimido, lo que significa que el estar deprimido conlleva un riesgo cuatro veces mayor de ser v\u00edctima de abuso sexual. Este hecho da idea de c\u00f3mo un problema psicol\u00f3gico puede predeterminar el abuso sexual y de cu\u00e1nto de lo que inicialmente se atribuye al abuso puede ser, en realidad, resultado de alguna conducta o hecho que se produzca con anterioridad al mismo. <\/p>\n<p>La consecuencia inmediata es que, cuando preguntamos a un adulto si sufri\u00f3 abuso durante su infancia y la respuesta es \u00c2\u00abs\u00c3\u00ad\u00c2\u00bb, podemos asociar este hecho a un conjunto de factores negativos que se produjeron durante su ni\u00f1ez y que rodearon al abuso sexual. De la misma forma, cuando determinados problemas que se producen en la edad adulta se asocian al hecho de haber sufrido abuso sexual, no debemos tener \u00fanicamente en cuenta ese abuso, sino todos aquellos factores que con frecuencia lo acompa\u00f1an y que pueden incluir otras formas de maltrato, negligencia o privaciones. <\/p>\n<p>Por lo tanto, el trauma del abuso sexual est\u00e1 asociado a otras fuentes de dolor. Tanto es as\u00ed que, con frecuencia, los que han sufrido abuso sexual hablan tambi\u00e9n de una madre que no les escuchaba, de un padre punitivo y violento o de un ambiente social cerrado. Y en efecto, cuando los investigadores tratan de controlar estos factores descubren c\u00f3mo las correlaciones estad\u00edsticas entre el abuso sexual infantil y los problemas durante la edad adulta dejan de ser significativas, y, en algunos casos, desaparecen totalmente. Esta idea qued\u00f3 ilustrada magistralmente en el estudio neozeland\u00e9s Dudenin, realizado a 2.250 mujeres, en el que, al controlar los antecedentes como el maltrato f\u00edsico, los cambios frecuentes de domicilio familiar y la separaci\u00f3n o los problemas psiqui\u00e1tricos de los padres, se observ\u00f3 c\u00f3mo el riesgo de sufrir efectos a largo plazo (problemas de tipo sexual, divorcios, etc\u00e9tera) disminu\u00eda considerablemente y el riesgo de ser madre soltera no era significativo.<\/p>\n<p>El citado estudio estaba interesado en comprobar c\u00f3mo interact\u00faan el abuso sexual y estos otros problemas. A trav\u00e9s de esta investigaci\u00f3n se pudo observar que el abuso sexual s\u00f3lo afectaba a las mujeres si \u00e9stas hab\u00edan tenido antecedentes adversos, como haber sufrido abandono, haber tenido unos padres excesivamente r\u00edgidos o haber vivido el divorcio de sus progenitores, as\u00ed como en el caso de aquellas mujeres que hab\u00edan sufrido abuso sexual grave con penetraci\u00f3n. Entonces, cualquier tipo de abuso sexual parec\u00eda predecir dificultades en la edad adulta. <\/p>\n<p>Esto indica que no debemos atribuir todos estos efectos negativos a la experiencia del abuso sexual. <\/p>\n<p>5. La cascada de efectos negativos del abuso sexual <\/p>\n<p>Es interesante comprobar que el abuso sexual no tiene unos efectos negativos inmediatos sobre los ni\u00f1os, como sucede, por ejemplo, con la polio, enfermedad propia de la infancia que causa lesiones f\u00edsicas que perduran durante el resto de la vida. Es cierto que en el caso del abuso pueden quedar unas cicatrices psicol\u00f3gicas indelebles, pero, si el ni\u00f1o no volviera a padecerlo, probablemente se cerrar\u00eda esa herida. Lo que parece cierto es que, como en una maldici\u00f3n, aquellas personas que han padecido abusos sexuales sufren unas vejaciones traum\u00e1ticas adicionales en una proporci\u00f3n tan alarmante, que acaban arrastrando el trauma original y a veces hasta a\u00f1aden secuelas de \u00edndole psicol\u00f3gica. Y esto sucede durante toda la vida. <\/p>\n<p>As\u00ed, por ejemplo, las personas que han sufrido abuso sexual son m\u00e1s proclives a tener embarazos no deseados, a contraer enfermedades ven\u00e9reas, a que su pareja abuse de ellos, a sufrir un descenso en su situaci\u00f3n econ\u00f3mica y, en general, a padecer agresiones sexuales o f\u00edsicas durante el resto de su vida (Browning, 1995, p. 833). <\/p>\n<p>No obstante, cuando te encuentras con alguien que abusa del alcohol o las drogas y tiene s\u00edntomas de ansiedad o depresi\u00f3n y, m\u00e1s tarde, descubres que durante su infancia fue objeto de abuso sexual, no tienes por qu\u00e9 pensar inmediatamente que todos esos problemas son fruto de aquella experiencia. Los antecedentes de su situaci\u00f3n podr\u00edan ser mucho m\u00e1s inmediatos y estar, por ejemplo, en un matrimonio deteriorado o en el hecho de haber sido recientemente v\u00edctima de alg\u00fan delito, hechos que s\u00ed pueden estar relacionados con el abuso sexual padecido durante la infancia, ya que hacen a la persona m\u00e1s vulnerable a sufrir otras adversidades. Sin embargo, de no producirse estas adversidades, la v\u00edctima llevar\u00eda una vida normal. <\/p>\n<p>Cuando los estudios consideran estos \u00faltimos sucesos ocurridos en la vida del individuo, las correlaciones estad\u00edsticas entre abuso y problemas\u00a0 en la vida de adulto no aparecen o decrecen sustancialmente. Por ello, estos sucesos han sido denominados mediadores, porque median entre el abuso sexual y la psicopatolog\u00eda posterior del individuo. <\/p>\n<p>6. La realidad de la recuperaci\u00f3n <\/p>\n<p>La realidad de la recuperaci\u00f3n es otro aspecto complejo del impacto a largo plazo del abuso sexual, ya que gran parte de las investigaciones presentan sus efectos como un catecismo cuando asocian el abuso sexual a des\u00f3rdenes disociativos, ansiedad, depresi\u00f3n, abuso de sustancias, trastornos en la alimentaci\u00f3n, disfunci\u00f3n sexual y trastornos de estr\u00e9s postraum\u00e1tico, con lo que sufrir efectos a largo plazo -consecuencia del abuso sexual- parece algo inevitable. Pero lo cierto es que se trata de probabilidades estad\u00edsticas y no de efectos inevitables y, en este caso, las probabilidades estad\u00edsticas no son tan abrumadoras. \u00c3?ste es otro caso en el que podr\u00edamos decir que la botella est\u00e1 medio llena o medio vac\u00eda. <\/p>\n<p>No obstante, debemos tener en cuenta que los que han padecido abuso sexual tienen un riesgo tres veces mayor de sufrir depresi\u00f3n, aunque el 85 por ciento de ellos no se encuentren normalmente deprimidos (Stein, 1998, p. 263), un riesgo 14 veces mayor de desarrollar alguna fobia, aunque el 93 por ciento no manifiesten de hecho ninguna fobia, y casi nunca nadie dice que el 77 por ciento de los que han sufrido abuso sexual no tienen diagn\u00f3stico psiqui\u00e1trico. <\/p>\n<p>Existen casos de personas que se desenvuelven con normalidad a pesar de haber sufrido abuso sexual.<br \/>\nSabemos que esto es posible. Por ello, deber\u00edamos adoptar una perspectiva m\u00e1s conforme a esta realidad que nos permita animar a los supervivientes. Para ello, hemos de recordar que todos somos vulnerables a la \u00c2\u00abfalacia cl\u00ednica\u00c2\u00bb a la que antes hac\u00edamos referencia y que nuestro punto de vista est\u00e1 sesgado por nuestra experiencia profesional, que nos lleva a prestar mayor atenci\u00f3n a los que no consiguen mejorar que a los que lo hacen y se recuperan. <\/p>\n<p>Como ejemplo de esto se me ocurre una historia que transcurri\u00f3 en la famosa ciudad de los cuentos jud\u00edos de Chelm. Los ciudadanos de esta poblaci\u00f3n ten\u00edan fama de bobalicones. Un d\u00eda, un chelmita vio a un viejo amigo en la calle: \u00c2\u00abHola, Max, \u00bfc\u00f3mo est\u00e1s?\u00c2\u00bb, le pregunt\u00f3, y luego, mir\u00e1ndole a la cara, le dijo: \u00c2\u00abjOh Max!, \u00bfqu\u00e9 te ha pasado? Parece que has envejecido veinte a\u00f1os; se te ha ca\u00eddo el pelo, has perdido quince kilos, la espalda se te ha curvado, caminas con bast\u00f3n&#8230; \u00bfqu\u00e9 ha pasado?\u00c2\u00bb El hombre, entonces, le respondi\u00f3: \u00c2\u00abDisculpe, se\u00f1or, pero yo no soy Max\u00c2\u00bb, y el chelmita, aturdido, le espet\u00f3: \u00c2\u00ab\u00c2\u00a1Dios m\u00edo!, si hasta te has cambiado el nombre.\u00c2\u00bb<br \/>\nAl respecto, cabr\u00eda se\u00f1alar que, una vez tenemos una concepci\u00f3n pesimista sobre algo, solemos resistirnos a aceptar cualquier informaci\u00f3n que contradiga esa idea. <\/p>\n<p>7. Factores que facilitan la recuperaci\u00f3n <\/p>\n<p>Adem\u00e1s de evaluar un conjunto de datos sobre los problemas que acarrea el abuso sexual y su diagn\u00f3stico, nuestra investigaci\u00f3n tambi\u00e9n quiere ser un an\u00e1lisis de los aspectos que pueden ayudar a la recuperaci\u00f3n, especialmente de aquellos elementos sobre los que podamos centrar nuestra intervenci\u00f3n.<br \/>\nUna vez m\u00e1s, algunas de las mejores ideas al respecto provienen del estudio neozeland\u00e9s Dunedin, donde se analizan una lista de sucesos vitales que pueden incidir en la recuperaci\u00f3n de aquellas personas que han sido objeto de abuso sexual, amortiguando o aumentando sus efectos. Los resultados no fueron particularmente sorprendentes, pero resaltan algunos aspectos de los efectos a largo plazo que otras investigaciones obvian. <\/p>\n<p>De este modo, por ejemplo, si una mujer que hab\u00eda sufrido abusos sexuales dec\u00eda que su etapa en el instituto fue positiva, el riesgo de padecer problemas psiqui\u00e1tricos en la edad adulta se reduc\u00eda en, al menos, el 60 por ciento. En general, aquellas mujeres que afirmaban haber disfrutado de la vida escolar lo hac\u00edan porque se hab\u00edan sentido competentes en alguna de estas tres \u00e1reas: la acad\u00e9mica, la social o la deportiva. Este descubrimiento puede resultar potencialmente muy \u00fatil, ya que de \u00e9l podemos extraer una conclusi\u00f3n: deber\u00edamos comprometernos a mejorar las experiencias escolares de aquellos ni\u00f1os que han sido v\u00edctimas de abuso sexual. <\/p>\n<p>Otra experiencia que puede amortiguar los efectos del abuso sexual es la de tener una buena relaci\u00f3n con el padre. Aunque la mayor\u00eda de los casos de abuso sexual no son del tipo incestuoso padre-hija, s\u00ed son cometidos por hombres. Por ello, resulta obvio pensar que una buena relaci\u00f3n con el padre puede ayudar mucho a la rehabilitaci\u00f3n del adolescente. Por otro lado, tener una relaci\u00f3n positiva con otros adolescentes tiene un efecto similar sobre la autoestima de la v\u00edctima, pero no sobre los trastornos detipo psiqui\u00e1trico. <\/p>\n<p>El estudio tambi\u00e9n puso de relieve c\u00f3mo ciertas\u00a0 experiencias en la vida adulta ayudan a la recuperaci\u00f3n. Por ejemplo, en el caso de aquellas v\u00edctimas de abuso sexual que han tenido un confidente habitual, el riesgo de sufrir trastornos psiqui\u00e1tricos se reduce de un 90 a un 17 por ciento.<br \/>\nAsimismo, un matrimonio en el que la mujer se sienta segura o un trabajo bien remunerado es tambi\u00e9n un factor positivo para la recuperaci\u00f3n. En conclusi\u00f3n, podr\u00edamos decir que existen sucesos que se producen en la vida adulta de las v\u00edctimas que facilitan su recuperaci\u00f3n. <\/p>\n<p>8. El tratamiento que realmente necesitan los ni\u00f1os <\/p>\n<p>Del mismo modo, una actitud pesimista puede alejarnos de la consecuci\u00f3n de nuestro objetivo; es decir, de impartir y determinar el tratamiento que realmente necesitan los ni\u00f1os v\u00edctimas de abuso sexual.<br \/>\nUno de los descubrimientos m\u00e1s sorprendentes e interesantes de las \u00faltimas investigaciones en torno a los programas de tratamiento es el de que muchos de los ni\u00f1os que han sufrido abuso sexual no presentan ninguna sintomatolog\u00eda (Finkelhor, 1995). En algunos casos, este \u00edndice puede elevarse hasta el 40 por ciento de los ni\u00f1os v\u00edctimas de abuso sexual. Hasta la fecha no sabemos a qu\u00e9 se debe este hecho. No obstante, entre las posibilidades que se barajan podr\u00edamos se\u00f1alar que el impacto del abuso sobre estos ni\u00f1os se retrasa en el tiempo o se manifiesta de modo muy sutil. As\u00ed, puede ser que los s\u00edntomas de ese abuso no aparezcan hasta pasado un tiempo, o que estos ni\u00f1os hayan superado bastante bien la experiencia. Sin embargo, nuestra falta de objetividad y prejuicios nos impiden aceptar este hecho sin m\u00e1s. <\/p>\n<p>Otro aspecto a tener en cuenta es que los ni\u00f1os v\u00edctimas de abuso sexual son algo an\u00f3malos en el campo de la salud mental. Estos ni\u00f1os no reciben tratamiento por los mismos motivos que el resto de ni\u00f1os, es decir, a causa de unos s\u00edntomas determinados -por ejemplo, los conocidos como \u00c2\u00abs\u00edntomas del ajo\u00c2\u00bb o mal comportamiento (molesto para otras personas), o los \u00c2\u00abs\u00edntomas de la cebolla\u00c2\u00bb, fobias y depresiones, que resultan molestas para uno mismo-. Pero los ni\u00f1os que han sufrido abuso sexual no acuden a la terapia porque se sientan o comporten mal, sino, simplemente, porque les ha ocurrido algo.<br \/>\nCon mucha frecuencia, los padres y, en general, los responsables de estos ni\u00f1os les llevan a la terapia porque est\u00e1n preocupados por los efectos que sobre estos ni\u00f1os puede tener el abuso sexual y quieren tranquilizarse, y no porque tengan evidencias de que ese abuso, efectivamente, haya traumatizado al ni\u00f1o. <\/p>\n<p>Todav\u00eda no sabemos qu\u00e9 hacer con estos ni\u00f1os que no presentan s\u00edntomas, ya que sabemos lo suficiente sobre el abuso sexual como para estar preocupados y no pensar que, simplemente, todo va bien. Puede que ellos nieguen su problema, pero de este hecho no debemos deducir que lo hagan porque no tengan secuelas. Tampoco debemos pensar que hay algo malo en ellos. Quiz\u00e1s simplemente necesiten unas palabras de apoyo y algunas estrategias que permitan identificar cu\u00e1ndo necesitan este apoyo y c\u00f3mo recurrir a \u00e9l. <\/p>\n<p>9. Implicaciones para las futuras investigaciones <\/p>\n<p>Lo anteriormente expuesto tiene unas implicaciones tanto para los investigadores como para los profesionales cl\u00ednicos. En cuanto a los investigadores, \u00e9stas ser\u00edan mis recomendaciones: <\/p>\n<p>1. Debemos dejar de hacer lo que podr\u00edamos denominar estudios de un solo factor, esto es, estudios que solamente comprueban si alguna poblaci\u00f3n cl\u00ednica o problem\u00e1tica tiene un n\u00famero inusualmente alto de experiencias de abuso sexual. A priori, y en este caso, casi podr\u00eda garantizar que lo tienen.<\/p>\n<p>2. Deber\u00edamos obtener una informaci\u00f3n m\u00e1s exhaustiva acerca de otras experiencias negativas que se hayan producido en la infancia, la adolescencia o en la edad adulta de las v\u00edctimas. Se trata de intentar descubrir si hubo -o hay- otras formas de abuso y negligencia, si las habilidades paternas para resolver conflictos eran las adecuadas, o si se produjeron otro tipo de conflictos, malos tratos o victimizaci\u00f3n.<br \/>\nDeber\u00edamos, incluso, ser capaces de realizar una evaluaci\u00f3n retrospectiva para obtener informaci\u00f3n sobre el momento en el que estos problemas se produjeron para poder relacionados con el abuso sexual. <\/p>\n<p>3. Deber\u00edamos tambi\u00e9n cuantificar pormenorizadamente el n\u00famero de los que han padecido abuso sexual que se est\u00e1n recuperando positivamente y cu\u00e1ntos lo hacen de un modo deficiente. Sobre este tema, tenemos que estar seguros de que nuestros\u00a0 informes contemplen un n\u00famero suficiente de supervivientes de abuso sexual que no tienen problemas cl\u00ednicamente significativos. <\/p>\n<p>4. Finalmente, como aspecto m\u00e1s importante, deber\u00edamos formular y comprobar las hip\u00f3tesis relativas a c\u00f3mo el abuso sexual deteriora al individuo, e interfiere y genera problemas sociales y trastornos mentales durante las etapas posteriores de la vida. Para ello es imprescindible buscar los mecanismos mediadores, las experiencias vitales que le afectan, as\u00ed como los cambios afectivos y cognitivos que se producen en los supervivientes si queremos intervenir sobre ellos decisivamente. <\/p>\n<p>10. Los mediadores del impacto del abuso sexual <\/p>\n<p>Existen dos modelos te\u00f3ricos que intentan explicar el trauma producido por el abuso sexual. Uno de ellos ha tratado de argumentar que existe un n\u00facleo de procesos traum\u00e1ticos que explican la mayor\u00eda de los efectos a largo plazo. De este modo, Chris Bagley ha indicado que el abuso sexual deteriora la autoestima y que la baja autoestima es la que suscita un bajo rendimiento escolar y un escaso \u00e9xito en el trabajo. Adem\u00e1s, hace a los supervivientes vulnerables a la manipulaci\u00f3n y a la agresi\u00f3n sexual, y provoca que \u00e9stos se contenten con esposos de \u00c2\u00abmenor calidad\u00c2\u00bb, etc. (Bagley, 1986, p. 259). <\/p>\n<p>Por su parte, Polusiny y Follete argumentan que el deterioro principal que provoca el abuso sexual es la tendencia a evitar todo aquello que resulta doloroso, que es lo que subyace en las conductas disociativas, el abuso de sustancias, las actividades sexuales compulsivas, los trastornos en la alimentaci\u00f3n y la tendencia a autolesionarse. Para Alexander, el da\u00f1o principal se produce en el \u00e1rea de la afectividad, y para Andrews, en el \u00e1rea de la verg\u00c3\u00bcenza. \u00c3?sta es, en definitiva, una de las l\u00edneas te\u00f3ricas. <\/p>\n<p>El otro enfoque -que yo comparto- cree que el abuso sexual da lugar a una amplia variedad de efectos no espec\u00edficos, que suelen variar mucho de un caso a otro (Kendall y Tackett, 1993, p. 41). Estos efectos negativos incluyen el desarrollo sexual precoz, los complejos, la verg\u00c3\u00bcenza, la decepci\u00f3n y falta de confianza en los dem\u00e1s, la baja autoestima, el estr\u00e9s postraum\u00e1tico, un estilo disociativo, etc. Por ejemplo, en el modelo que yo propongo, en el que intervienen cuatro fuerzas traumag\u00e9nicas (generadoras de traumas) (Finkelhor, 1985, p. 93), entiendo por \u00c2\u00abfuerzas\u00c2\u00bb un conjunto de efectos que, a modo de perchas en un armario, nos permiten organizar esos traumas, algunos de los cuales he catalogado. Es un acercamiento de \u00c2\u00abmecanismos m\u00faltiples\u00c2\u00bb. <\/p>\n<p>Esta investigaci\u00f3n se enfrenta directamente al otro enfoque, que da mayor importancia al trauma central. Nosotros, en cambio, no examinamos los efectos del abuso sexual como un conjunto cerrado, sino que los consideramos como un grupo m\u00e1s amplio de efectos de diversa \u00edndole. Por ello, prestamos la misma consideraci\u00f3n a las v\u00edctimas de abuso sexual y a aquellas que han padecido otro tipo de maltrato grave durante su infancia.<br \/>\nPor otro lado, este enfoque carece de una investigaci\u00f3n te\u00f3rica amplia, y, por el momento, tampoco disponemos de suficientes estudios sistem\u00e1ticos sobre los sutiles da\u00f1os intraps\u00c3\u00adquicos. Hasta la fecha, hemos buscado principalmente lesiones, deterioros y s\u00edntomas de car\u00e1cter muy grave. A este nivel, muchas veces los traumas parecen ser similares, y por ello es muy dif\u00edcil diferenciar entre sus distintos tipos, pero \u00e9sta es la direcci\u00f3n que debemos tomar en nuestras investigaciones; es decir, debemos esclarecer d\u00f3nde se encuentran los da\u00f1os espec\u00edficos del abuso sexual (llegando al origen mismo de esos s\u00edntomas y de la conducta problem\u00e1tica que provocan) y mostrar que esos da\u00f1os psicol\u00f3gicos realmente existen entre los supervivientes que manifiestan estos problemas. <\/p>\n<p>Un ejemplo de alguien que ha trabajado en esta direcci\u00f3n y que ha obtenido resultados interesantes es David Lisak, de la Universidad de Massachusetts, quien ha reunido la informaci\u00f3n de las diferentes teor\u00edas en torno a la socializaci\u00f3n masculina que se maneja en la actualidad, as\u00ed como los descubrimientos sobre la transmisi\u00f3n intergeneracional del abuso, teniendo en cuenta que son los hombres y no las mujeres los que normalmente cometen abuso sexual. <\/p>\n<p>Al respecto, Lisak se\u00f1ala que, cuando se abusa sexualmente de un ni\u00f1o, se est\u00e1n frustrando muchas de las expectativas que se tienen en torno al rol que desempe\u00f1a el sexo masculino en nuestra sociedad.<br \/>\nAs\u00ed, se supone que los varones no son v\u00edctimas, y que no piden ayuda y no hablan de su dolor, por lo que el ni\u00f1o que ha sufrido abuso se enfrenta a un dilema. Algunos lo resuelven aceptando la socializaci\u00f3n convencional y muestran un estilo de comportamiento esquivo: niegan el dolor, no hablan de \u00e9l e intensifican su esfuerzo para acoplarse al modelo masculino que conocen, especialmente ante la posibilidad de ser tachados de desviados a causa del abuso que han padecido. Otros chicos, sin embargo, tratan este conflicto de forma diferente y cuestionan o\u00a0 redefinen el rol masculino. En definitiva, el sentimiento de ser diferente les empuja a redefinirse en relaci\u00f3n con las normas que impone la asunci\u00f3n de ese rol masculino y, al hacerla, experimentan dolor, procesan la experiencia y, algunas veces, buscan ayuda. <\/p>\n<p>Lisak tambi\u00e9n indic\u00f3 que aquellos hombres que fracasan a la hora de superar el conflicto sobre el rol masculino ser\u00e1n los que mayor probabilidad tengan de convertirse en perpetradores del abuso sexual, en parte a causa de su adhesi\u00f3n a estas normas que le dificultan la recuperaci\u00f3n y el empatizar con las v\u00edctimas. <\/p>\n<p>De este modo, en un estudio sobre estudiantes universitarios varones se detect\u00f3 que las v\u00edctimas que m\u00e1s tarde se convert\u00edan en perpetradores de abuso sexual eran aquellos que alcanzaban puntuaciones m\u00e1s altas en la llamada Escala de Estr\u00e9s del Rol de G\u00e9nero, que mide la ansiedad que les genera a los hombres su propia expresi\u00f3n de los sentimientos, la inadecuaci\u00f3n f\u00edsica,\u00a0 estar subordinado a las mujeres o fracasar en su vida. En otras palabras, los varones que ten\u00edan puntuaciones m\u00e1s altas en la mencionada escala eran aquellos que estaban m\u00e1s preocupados ante el hecho de no alcanzar los patrones masculinos convencionales. Resulta interesante constatar c\u00f3mo los hombres que hab\u00edan sido v\u00edctimas de abuso sexual y que despu\u00e9s no se hab\u00edan convertido en perpetradores del mismo obten\u00edan en esta escala unos resultados m\u00e1s bajos incluso que aquellos que no hab\u00edan padecido abuso sexual. En este caso, el abuso les hab\u00eda forzado a no responder a las expectativas masculinas que el proceso de socializaci\u00f3n les impon\u00eda y a aprender a tolerar esa desviaci\u00f3n del rol masculino a trav\u00e9s de normas alternativas. <\/p>\n<p>Esta teor\u00eda tiene un gran valor porque nos da una pista sobre c\u00f3mo se podr\u00eda facilitar la recuperaci\u00f3n de las v\u00edctimas de abuso y c\u00f3mo prevenir que otros se conviertan en abusadores. \u00c3?ste es un ejemplo de c\u00f3mo se pueden plantear e incluso medir los mecanismos psicol\u00f3gicos que act\u00faan como mediadores. <\/p>\n<p>11. Implicaciones para los profesionales <\/p>\n<p>Las implicaciones para los profesionales de la pr\u00e1ctica cl\u00ednica relacionada con el tratamiento del abuso sexual se podr\u00edan cifrar en dos:<br \/>\n1. La estrategia utilizada con los adultos puede resultar muy gratificante para el terapeuta y el paciente.<br \/>\nEn el caso del terapeuta, porque el descubrimiento del abuso \u00c2\u00abte hace sentirte muy listo\u00c2\u00bb y, en el caso de los pacientes, porque se sienten liberados y son capaces de hablar de aquella experiencia, recordarla o incluso apoyarse en ella para explicar sus actuales problemas. <\/p>\n<p>No obstante, debemos tener en cuenta que este enfoque puede no funcionar por igual con todas las personas. Adem\u00e1s, no debe convertirse en el sustituto de una terapia m\u00e1s compleja, ya que, en algunos casos, podr\u00eda ser contraproducente. <\/p>\n<p>Para comprender la complejidad del impacto del abuso sexual, los profesionales deber\u00edan ampliar su foco de atenci\u00f3n para analizar todos los aspectos de la vida del sujeto que les sea posible y no s\u00f3lo la experiencia de abuso sexual. Esto les permitir\u00e1 comprender el contexto y otros da\u00f1os que puedan haberse producido. <\/p>\n<p>2. En segundo lugar, los profesionales deber\u00edan dirigir su atenci\u00f3n al mayor n\u00famero de \u00e1reas posibles, adem\u00e1s del abuso sexual, ya que \u00e9ste puede no ser la llave que abra todo lo dem\u00e1s. No se deber\u00eda descartar a priori a los pacientes que niegan que el abuso sexual sea la fuente principal de sus problemas porque podr\u00edan estar en lo cierto. Incluso en el caso de aquellos pacientes que son tratados \u00fanicamente a causa del abuso sexual, en ocasiones puede resultar beneficioso dirigir la atenci\u00f3n a otros hechos. Hay un gran n\u00famero de investigaciones que afirman que puede resultar m\u00e1s eficaz tratar el problema tal y como se presenta que profundizar en la historia del paciente. <\/p>\n<p>As\u00ed pues, los terapeutas deben ser cautos. Recuperar los recuerdos del abuso sexual como aspecto central de la terapia es, probablemente, un error que cada vez m\u00e1s se considera una pr\u00e1ctica terap\u00e9utica pobre. <\/p>\n<p>12. El impacto del abuso sexual en el contexto hist\u00f3rico y social <\/p>\n<p>De este modo, los terapeutas, los investigadores y la sociedad en general deben actuar con cautela.<br \/>\nIncluso yo mismo he de ser cauto. El hecho es que mucho de\u00a0 lo que hemos aprendido como investigadores y como cl\u00ednicos, e incluso mucho de lo que aqu\u00ed he escrito, se est\u00e1 quedando obsoleto no como consecuencia del cambio en el conocimiento, sino a causa del cambio en el contexto social. Al respecto, cabe se\u00f1alar que muchos de los supervivientes del abuso sexual que hemos estudiado y tratado durante los \u00faltimos quince\u00a0 a\u00f1os -los sujetos de pr\u00e1cticamente la totalidad de nuestras investigaciones y experiencias cl\u00ednicas- eran personas que, tras padecer el abuso sexual, crecieron en un contexto de secretismo e ignorancia sobre su problema. Este contexto ha sido un factor crucial a la hora de desentra\u00f1ar c\u00f3mo ese trauma ha influido en sus vidas: en cuanto a su apreciaci\u00f3n, al hecho de sentirse diferentes, a la verg\u00c3\u00bcenza de ocultar ese secreto, al aislamiento, etc. Todos esos factores se convierten en una fuente de dolor y sufrimiento adicional.\u00a0 <\/p>\n<p>Sin embargo, durante los \u00faltimos diez a\u00f1os, en Norteam\u00e9rica -y cada vez m\u00e1s en el resto del mundo-, el abuso sexual se ha convertido en un problema de toda la sociedad. Al respecto, en un estudio reciente, dos tercios de los ni\u00f1os estadounidenses afirmaron haber recibido informaci\u00f3n sobre el abuso sexualcomo parte de su educaci\u00f3n escolar; la mitad dijeron que sus padres les hab\u00edan hablado de ello; el tema del abuso sexual hab\u00eda recibido gran atenci\u00f3n por parte de los medios de comunicaci\u00f3n y el n\u00famero de denuncias, en consecuencia, se dispar\u00f3. <\/p>\n<p>De este modo, la actual generaci\u00f3n de ni\u00f1os v\u00edctimas de abuso -los que han crecido durante los \u00faltimos diez a\u00f1os han vivido en un contexto social muy diferente. En su caso, es m\u00e1s probable que hayan o\u00eddo hablar del abuso y que, en caso de padecerlo, \u00e9ste sea descubierto, que consigan informaci\u00f3n que les ayude a entender lo sucedido y que conozcan a otros con su misma experiencia. Esto supone un enorme cambio en cuanto al contexto, que podr\u00eda tener efectos en el impacto a largo plazo del abuso. <\/p>\n<p>En un estudio reciente sobre el maltrato infantil, Mannarino y Cohen descubrieron que la sensaci\u00f3n de ser cre\u00eddos es uno de los mejores mecanismos para predecir si los ni\u00f1os v\u00edctimas de abuso sexual manifestar\u00e1n un a\u00f1o despu\u00e9s alg\u00fan s\u00edntoma. Si los ni\u00f1os de la generaci\u00f3n presente se sienten mucho m\u00e1s cre\u00eddos y comprendidos que los de la generaci\u00f3n pasada -y esto es m\u00e1s que probable-, entonces, el alcance general y la din\u00e1mica del impacto del abuso puede, de hecho, haber cambiado mucho. <\/p>\n<p>El mencionado cambio muestra alg\u00fan paralelismo con lo que ocurri\u00f3 en el campo de los trastornos sexuales en la d\u00e9cada de los sesenta. Despu\u00e9s de que vieran la luz p\u00fablica un gran n\u00famero de investigaciones que aparecieron en toda clase de publicaciones y de que la sociedad cambiara su punto de vista al respecto, los terapeutas comenzaron a tratar muchos menos casos de disfunciones sexuales simples, como la eyaculaci\u00f3n precoz o la anorgasmia -problemas muy extendidos y con un tratamiento inmediato-. La gente, entonces, se recuperaba de estos problemas por s\u00ed misma (o, al menos, sin recurrir a profesionales), con la ayuda del conocimiento que ten\u00edan al alcance de la mano. A partir de ese momento los terapeutas comenzaron a tratar des\u00f3rdenes m\u00e1s complejos; es decir, problemas sexuales que hund\u00edan sus ra\u00edces en matrimonios disfuncionales o en un pasado repleto de abusos. Estos casos eran mucho m\u00e1s dif\u00edciles de tratar. <\/p>\n<p>Podemos encontrar alg\u00fan paralelismo entre los cambios que se han producido en el campo de los trastornos sexuales y del abuso sexual. As\u00ed, por ejemplo, como resultado de un nuevo contexto social m\u00e1s sensibilizado, tanto en la pr\u00e1ctica cl\u00ednica como en nuestra investigaci\u00f3n, vemos menos casos de los considerados traumas simples de abuso sexual (supervivientes para los cuales la experiencia del abuso es la fuente principal del trauma). Este hecho puede ser la consecuencia de una recuperaci\u00f3n m\u00e1s r\u00e1pida o, simplemente, de una menor turbaci\u00f3n en el clima cotidiano de aquellos en los que el abuso sexual no se vio complicado por una patolog\u00eda familiar grave. En estos casos, la mayor concienciaci\u00f3n p\u00fablica, la reducci\u00f3n de estigmas y la mayor habilidad que, en general, existe para pedir y recibir ayuda, puede ser la clave de que ello ocurra. Pero lamentablemente, al mismo tiempo nos encontramos con muchos casos de abuso sexual complejos que se entremezclan con otras patolog\u00edas de la familia y, en estos casos, el cambio en el contexto social no tiene los efectos beneficiosos anteriormente descritos. <\/p>\n<p>Estas predicciones que he avanzado aqu\u00ed pueden parecer excesivamente esperanzadoras o positivas.<br \/>\nLos profesionales de la salud mental tienden a ser esc\u00e9pticos y a enmarcar sus opiniones en un halo de amargura, ya que, sin duda, desde las trincheras en que trabajamos las cosas pueden parecer sombr\u00edas y cada vez peores. Por desgracia, la magnitud de los problemas con los que trabajamos nos impide tener una visi\u00f3n general m\u00e1s amplia que nos permita encontrar algo de esperanza e inspiraci\u00f3n. <\/p>\n<p>Todos sabemos que el problema contra el que estamos luchando no empez\u00f3 ayer o hace apenas un par de generaciones, sino que tiene una historia de cientos e incluso miles de a\u00f1os. Por lo que podemos apreciar, tenemos la percepci\u00f3n de que tiene un mecanismo de transmisi\u00f3n casi v\u00c3\u00adrico, que parece reproducirse generaci\u00f3n tras generaci\u00f3n. No obstante, si tenemos en cuenta el hecho de que en una sola generaci\u00f3n hemos sido capaces de avanzar mucho en la investigaci\u00f3n y de que la sociedad haya aceptado la idea de que el maltrato infantil es evitable, estaremos ante un logro importante. <\/p>\n<p>Otros de los aspectos a resaltar es que, al mismo tiempo, se han abierto centros de atenci\u00f3n y apoyo al menor que han rescatado a millones de ni\u00f1os de la miseria del abuso sexual. Si pensamos en ello, este tema est\u00e1 sembrado de una esperanza que nunca antes nos hab\u00edamos atrevido ni siquiera a acariciar: la de que los ni\u00f1os crezcan libres de violencia y abusos. Les insto a creer en esa esperanza; para ello piensen en lo limitada que es nuestra visi\u00f3n sobre el tema; observen todos los avances que hemos sido capaces de realizar en este campo, y cu\u00e1ntos aliados -llenos de talento, comprometidos y preocupados- ha despertado la lucha contra el abuso sexual infantil. <\/p>\n<p>13. Referencias bibliogr\u00e1ficas <\/p>\n<p>Alexander, P. C. y Anderson, C. L. (1997): \u00c2\u00abIncest, attachment, and developmental psychopathology\u00c2\u00bb, en D. Cicchetti y S. L. Toth (eds.), Developmental perspectives on trauma: Theory, research and intervention, Rochester, NY, University of Rochester Press, pp. 343-377. <\/p>\n<p>Bagley, C. y Ramsay, R. (1986): \u00c2\u00abDispruted childhood and vulnerability to sexual assault: Long-term sequelae with implications for counseling\u00c2\u00bb, Social Work and Human Sexuality, 4, pp. 33 -48. <\/p>\n<p>Boney-McCoy, S. y Finkelhor, D. (1995): \u00c2\u00abPrior victimization: A risk factor for child sexual abuse and for PTSD-related symptomatology among sexually abused youth\u00c2\u00bb, Child Abuse &#038; Neglect, 19 (12), pp. 1401-1421. <\/p>\n<p>Browning, C. R. y Laumann, E. O. 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