{"id":126,"date":"2008-01-18T05:26:28","date_gmt":"2008-01-18T05:26:28","guid":{"rendered":"http:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=126"},"modified":"2008-01-18T05:26:28","modified_gmt":"2008-01-18T05:26:28","slug":"vida-despues-de-la-vida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=126","title":{"rendered":"vida despues de la vida"},"content":{"rendered":"<p>VIDA DESPU\u00c9S DE LA VIDA<\/p>\n<p>RAYMOND A. MOODY, JR.<\/p>\n<p>RAYMOND A. MOODY tiene los doctorados de filosof\u00eda y medicina, adem\u00e1s de ser psiquiatra. Fue el primer m\u00e9dico que estudi\u00f3 de modo sistem\u00e1tico los fen\u00f3menos de supervivencia a la muerte corporal, publicando el resultado de sus investigaciones en su \u00e9xito mundial de ventas VIDA DESPU\u00c9S DE LA VIDA. Actualmente dirige el &#8220;Teatro de la Mente&#8221; en el estado de Alabama, donde contin\u00faa su trabajo, y viaja por el mundo dando conferencias en torno a la muerte y sus fen\u00f3menos.<\/p>\n<p>T\u00edtulo del original ingl\u00e9s: LIFE AFTER LIFE (1975)<\/p>\n<p>C o n t e n i d o<\/p>\n<p>SOBRE EL AUTOR<br \/>\nRECONOCIMIENTOS<br \/>\nPR\u00d3LOGO A ESTA EDICI\u00d3N<br \/>\nPREFACIO<br \/>\nINTRODUCCI\u00d3N <\/p>\n<p>1. EL FEN\u00d3MENO DE LA MUERTE <\/p>\n<p>2. LA EXPERIENCIA DE LA MUERTE <\/p>\n<p>Inefabilidad<br \/>\nO\u00edr las noticias<br \/>\nSensaciones de paz y quietud<br \/>\nEl ruido<br \/>\nEl t\u00fanel oscuro<br \/>\nFuera de cuerpo<br \/>\nEncuentro con otros<br \/>\nEl ser luminoso<br \/>\nLa revisi\u00f3n<br \/>\nLa frontera o l\u00edmite<br \/>\nEl regreso<br \/>\nHablar con los otros<br \/>\nEfectos sobre las vidas<br \/>\nNuevas visiones de la muerte<br \/>\nCorroboraci\u00f3n <\/p>\n<p>3. PARALELOS <\/p>\n<p>La Biblia<br \/>\nPlat\u00f3n<br \/>\nEl Libro tibetano de los muertos<br \/>\nEmanuel Swedenborg <\/p>\n<p>4. CUESTIONES <\/p>\n<p>5. EXPLICACIONES<\/p>\n<p>6. IMPRESONES<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<p>Sobre el autor<\/p>\n<p>RAYMOND A. MOODY est\u00e1 casado y tiene dos hijos. Ha sido estudiante y profesor de filosof\u00eda, con especial inter\u00e9s por la \u00e9tica, la l\u00f3gica y la filosof\u00eda del lenguaje. Tras un periodo de ense\u00f1anza en filosof\u00eda, continu\u00f3 sus estudios de medicina y decidi\u00f3 convertirse en psiquiatra para ense\u00f1ar filosof\u00eda de la medicina en una facultad de medicina. Durante ese tiempo estudi\u00f3 los fen\u00f3menos de supervivencia a la muerte corporal, dando conferencias a muchos grupos de enfermeras y m\u00e9dicos. Debido a la novedad de estas investigaciones, el doctor Moody desconoce si otros doctores est\u00e1n realizando una investigaci\u00f3n similar. Mediante la copia de prepublicaci\u00f3n de Vida despu\u00e9s de la vida, entr\u00f3 en contacto con la doctora Elisabeth Kubler-Ross, cuya investigaci\u00f3n no s\u00f3lo era paralela, sino que duplicaba sus hallazgos. Hasta febrero de 1976 no se conocieron.<\/p>\n<p>&#8211; &#8211; &#8211; &#8211; &#8211;<\/p>\n<p>Al doctor George Ritchie, y, con su mediaci\u00f3n,<br \/>\n a Aquel que \u00e9l sugiri\u00f3.<\/p>\n<p>&#8211; &#8211; &#8211; &#8211; &#8211;<\/p>\n<p>Reconocimientos<\/p>\n<p>SON muchos los que me han alentado y ayudado durante la investigaci\u00f3n y redacci\u00f3n del libro, y sin ellos no hubiera podido completar el proyecto. Mi buen amigo John Ouzts me anim\u00f3 a dar la primera conferencia sobra el tema. John Egle, de Mockingbird Books, me propuso plasmar en su libro mis descubrimientos, proporcion\u00e1ndome apoyo y aliento en todo el proceso. Leonard, Mae, Becky y Scott Brooks me suministraron alojamiento, alimento y medios de transporte siempre que lo necesit\u00e9. Kathy Tabakian me acompa\u00f1\u00f3 en varias de las entrevistas y me ha beneficiado de las largas discusiones que con ella he tenido. Russ Moores, Richard Martin y Ed McCranie, del Colegio M\u00e9dico de Georgia, me ofrecieron v\u00e1lidas sugerencias y referencias a textos relevantes. Mi esposa pas\u00f3 muchas horas revisando el manuscrito y la copia mecanografiada. Finalmente, me gustar\u00eda dar las gracias a todos los que me contaron sus encuentros con la muerte. S\u00f3lo deseo que este libro sea digno de la confianza que todos los mencionados han puesto en m\u00ed.<\/p>\n<p>Pr\u00f3logo a esta edici\u00f3n<\/p>\n<p>POCOS son los libros que modifican conceptos y creencias arraigados poderosamente en la conciencia colectiva de una sociedad y, a su vez, abren un debate intenso y enriquecedor. Vida despu\u00e9s de la vida es uno de ellos.<br \/>\nCuando en el decenio de 1970 un joven m\u00e9dico norteamericano sac\u00f3 a la luz el resultado de sus investigaciones en torno a personas declaradas cl\u00ednicamente muertas, y que despu\u00e9s hab\u00edan sido reanimadas, pocos sospecharon la repercusi\u00f3n que estos testimonios iban a tener en la sociedad.<br \/>\nDesde entonces, no es posible concebir ning\u00fan estudio, debate o planteamiento referido a experiencias pr\u00f3ximas a la muerte que no tenga en consideraci\u00f3n el trabajo del doctor Moody contenido en esta obra.<br \/>\nNo nos corresponde especular sobre dichas experiencias. Hoy son ya del dominio p\u00fablico y han sido narradas por miles de personas que aseguran verse fuera de sus cuerpos mientras contemplan la escena flotando por encima de personas y objetos sin poder tocarlos. Tampoco son ya extra\u00f1os ni el t\u00fanel que afirman recorrer, en cuyo final luminoso encuentran habitualmente a amigos y parientes ya fallecidos que les dan la bienvenida cari\u00f1osamente, ni mucho menos el estado de paz y alegr\u00eda que los envuelve y elimina el miedo a la muerte para el resto de sus vidas. Nada de esto nos es ajeno. Hoy son cientos los libros y art\u00edculos publicados sobre el tema desde aquella fecha, y son numerosas las personas que han continuado esta misma l\u00ednea de investigaci\u00f3n y han recopilado miles de nuevos testimonios, y es rara la persona que no conozca o no haya o\u00eddo hablar de alguien que haya vivido esta experiencia.<br \/>\nNo obstante, muchas fueron las voces que se levantaron escandalizadas ante la investigaci\u00f3n, e incluso declaraban como falsos los mismos testimonios de las personas que hab\u00edan tenido el valor de narrar su experiencia sin importarles ser consideradas como locas. Otras, sin embargo, aplaudieron el m\u00e9rito indudable de haber llevado a cabo un estudio sobre un tema tab\u00fa por excelencia, y se multiplicaban los interrogantes abiertos que planteaba la sorprendente coincidencia en los puntos m\u00e1s importantes de las experiencias relatadas. Y fue el lector, como casi siempre, el que aval\u00f3 con su aceptaci\u00f3n masiva un libro destinado, a priori, a integrar el cat\u00e1logo de obras de minor\u00edas, especializadas, raras y curiosas.<br \/>\nNaturalmente, el tema no est\u00e1 agotado, ni mucho menos. La curiosidad cient\u00edfica del doctor Moody lo ha llevado a continuar sus investigaciones en torno a la muerte, esta vez en un campo a\u00fan m\u00e1s pol\u00e9mico: la posibilidad de contactar con personas fallecidas. Ah\u00ed est\u00e1n los resultados en un nuevo libro (M\u00e1s sobre Vida despu\u00e9s de la vida) que tambi\u00e9n hemos tenido el placer de publicar en espa\u00f1ol. Su contenido ha vuelto a significar un punto de inflexi\u00f3n, ya que sus aportaciones desechan prejuicios y abren interrogantes que no pueden ser ignorados por nadie que tenga un m\u00ednimo de inter\u00e9s por los grandes enigmas que han rodeado al hombre en torno a la muerte.<br \/>\nFinalmente, como editores, nos queda la satisfacci\u00f3n de haber llevado al lector espa\u00f1ol un libro que ya ha entrado por m\u00e9ritos propios en la categor\u00eda de cl\u00e1sico, y, c\u00f3mo no, agradecerle la respuesta con la que, durante 20 a\u00f1os, ha demostrado su sensibilidad y criterio a la hora de valorar obras valientes e innovadoras.<br \/>\nRespecto al doctor Moody, hay que decir que no ha perdido un \u00e1pice de su talante cient\u00edfico, de su buen humor de su calidad humana ni de su esp\u00edritu emprendedor Todo ello lo testimonian las decenas de conferencias que anualmente imparte en todo el mundo y las novedades editoriales con las que invariablemente nos sorprende y nos estimula una y otra vez a revisar conceptos y creencias que consider\u00e1bamos inamovibles.<br \/>\nPor estas razones, gracias a todos, autor y lectores, y confiamos en continuar siendo un eficaz elemento transmisor entre ambos. Para nosotros es una gran satisfacci\u00f3n.<\/p>\n<p>LOS EDITORES<\/p>\n<p>Prefacio<\/p>\n<p>HE tenido el privilegio de leer la copia previa a la publicaci\u00f3n del libro y me complaci\u00f3 que al doctor Moody, joven erudito, haya tenido el coraje de reunir sus descubrimientos y realizar este nuevo tipo de investigaci\u00f3n, tan \u00fatil para la gran masa de p\u00fablico.<br \/>\nDesde hace veinte a\u00f1os vengo dedic\u00e1ndome a pacientes en la \u00faltima fase de su enfermedad, por lo que he experimentado una preocupaci\u00f3n creciente ante el fen\u00f3meno de la muerte. Hemos aprendido mucho sobre dicho proceso, pero quedan sin responder muchas de las preguntas sobre el momento de la muerte y las experiencias que tienen nuestros pacientes a partir del instante en que se los declara cl\u00ednicamente muertos.<br \/>\nLa investigaci\u00f3n que el doctor Moody presenta en este libro iluminar\u00e1 muchas de ellas, confirmando al tiempo lo que se nos ha dicho durante dos mil a\u00f1os: que existe vida tras la muerte. Aunque no afirma haber estudiado la muerte misma, es evidente, a partir de sus hallazgos, que el paciente contin\u00faa consciente del entorno tras haber sido declarado cl\u00ednicamente muerto. Ello coincide con mi propia investigaci\u00f3n, basada en los relatos de pacientes que han muerto y han regresado, contra lo que era de esperar, y ante la sorpresa de expertos y bien conocidos m\u00e9dicos.<br \/>\nTodos los pacientes han experimentado la sensaci\u00f3n de flotar fuera del cuerpo, unida a la de una gran paz y una percepci\u00f3n de totalidad. Casi todos eran conscientes de otra persona que los ayudaba en la transici\u00f3n a otro plano de existencia. Muchos eran recibidos por seres amados que hab\u00edan muerto antes o por un personaje religioso que hab\u00eda sido significativo en su vida y que, como es natural, coincid\u00eda con sus creencias religiosas. Me llena de aliento leer el libro del doctor Moody en el momento en que me encontraba dispuesta a poner sobre el papel los resultados de mis propias investigaciones.<br \/>\nEl doctor Moody ha de estar preparado para recibir muchas cr\u00edticas, provenientes ante todo de dos \u00e1reas. Una de ellas compuesta de miembros del clero que se sentir\u00e1n molestos de que alguien se atreva a investigar un terreno que se supone tab\u00fa. Algunos representantes religiosos de una iglesia sectaria ya han expresado sus cr\u00edticas ante estudios como \u00e9ste. Uno de ellos se refer\u00eda a \u00e9stos como \u00abvendedores de la gracia a precio de saldo\u00bb. Otros pensaban que la cuesti\u00f3n de la vida en el m\u00e1s all\u00e1 deb\u00eda ser aceptada con fe ciega y no ser cuestionada por nadie. El segundo grupo del que el doctor Moody puede esperar cr\u00edticas est\u00e1 compuesto de cient\u00edficos y m\u00e9dicos que considerar\u00e1n su estudio \u00abacient\u00edfico\u00bb.<br \/>\nCreo que hemos llegado a una era de transici\u00f3n en nuestra sociedad. Hemos de tener el coraje de abrir nuevas puertas y admitir que nuestras actuales herramientas cient\u00edficas son inadecuadas para muchas de las nuevas investigaciones. Conf\u00edo en que este libro las abra a quienes poseen una mente abierta y en que les dar\u00e1 esperanza y valor para avaluar las nuevas \u00e1reas de investigaci\u00f3n. Ellos comprender\u00e1n que los descubrimientos aqu\u00ed citados son verdaderos, pues est\u00e1n escritos por un investigador genuino y honesto. Son corroborados por mi propia investigaci\u00f3n y por los hallazgos de otros cient\u00edficos serios, de eruditos y de cl\u00e9rigos que han tenido la valent\u00eda de investigar este nuevo campo con el deseo de ayudar a quienes necesitan conocer<br \/>\nRecomiendo el libro a todos los que mantengan abierta su mente, y felicito al doctor Moody por el valor que ha demostrado al imprimir sus descubrimientos.<\/p>\n<p>ELISABETH KUBLER-ROSS, M. D.<br \/>\nFlossmoor, Illinois<\/p>\n<p>Introducci\u00f3n<\/p>\n<p>ESTE libro, en cuanto que es obra humana, refleja los antecedentes, opiniones y prejuicios de su autor. Por ello, y a pesar de la objetividad que me he esforzado en imprimirle, pueden ser \u00fatiles algunos datos sobre mi persona en el momento de evaluar algunas de las extraordinarias afirmaciones que en \u00e9l se hacen.<br \/>\nEn primer lugar, nunca he estado cerca de la muerte, por lo que no se trata de un relato de primera mano sobre experiencias propias. Sin embargo, no puedo por ello reivindicar una objetividad total ya que mis emociones han estado implicadas en el proyecto. Mientras escuchaba el relato de las fascinantes experiencias de que trata este libro, llegaba casi a la sensaci\u00f3n de estar vivi\u00e9ndolas. Espero que tal actitud no haya comprometido la racionalizaci\u00f3n y equilibrio de mi aproximaci\u00f3n al tema.<br \/>\nEn segundo lugar, el que escribe no est\u00e1 ampliamente familiarizado con la abundante literatura sobre hechos paranormales y ocultos. No lo digo por menospreciarla, pues estoy convencido de que un mejor conocimiento de ella hubiera ampliado mi comprensi\u00f3n de los hechos estudiados. De hecho, tengo la intenci\u00f3n de analizar m\u00e1s profundamente algunos de esos libros para comprobar hasta qu\u00e9 punto las investigaciones de otros son confirmadas por las m\u00edas.<br \/>\nMi educaci\u00f3n religiosa merece alg\u00fan comentario. Mi familia acud\u00eda a la iglesia presbiteriana, pero mis padres nunca intentaron imponer sus creencias o conceptos religiosos a sus hijos. Conforme iba creciendo, se limitaron a estimular cualquier inter\u00e9s que desarrollara por m\u00ed mismo, facilit\u00e1ndome oportunidades para ello. En consecuencia, tuve una \u00abreligi\u00f3n\u00bb compuesta no por una serie de doctrinas fijas, sino por cuestiones, ense\u00f1anzas y doctrinas religiosas y espirituales. Creo que todas la religiones humanas tienen muchas verdades que comunicarnos y que ninguno de nosotros posee todas las respuestas a las verdades profundas y fundamentales con que trata la religi\u00f3n. Por lo que se refiere a mi adscripci\u00f3n a una organizaci\u00f3n particular, soy miembro de la Iglesia metodista.<br \/>\nEn cuarto y \u00faltimo lugar, mis antecedentes acad\u00e9micos y profesionales son algo diversos; algunos dir\u00edan fraccionarios. Me gradu\u00e9 en filosof\u00eda en la Universidad de Virginia y me doctor\u00e9 en esa materia en 1969. Me he interesado especialmente por la \u00e9tica, la l\u00f3gica y la filosof\u00eda del lenguaje. Tras ense\u00f1ar filosof\u00eda durante tres a\u00f1os en una universidad del oeste de Carolina del Norte, curs\u00e9 estudios en una facultad de medicina con la finalidad de convertirme en psiquiatra y ense\u00f1ar filosof\u00eda de la medicina en una facultad m\u00e9dica. Todos esos anhelos y experiencias han contribuido, l\u00f3gicamente, a dar forma a la aproximaci\u00f3n que he adoptado en este estudio.<br \/>\nEspero que el libro llamar\u00e1 la atenci\u00f3n sobre un fen\u00f3meno muy extendido y al mismo tiempo bien oculto y que, al mismo tiempo, crear\u00e1 una actitud p\u00fablica m\u00e1s receptiva sobre la materia. Estoy firmemente convencido de que tiene un gran significado, no s\u00f3lo para muchos campos acad\u00e9micos y pr\u00e1cticos -especialmente psicolog\u00eda, psiquiatr\u00eda, medicina, filosof\u00eda, teolog\u00eda y sacerdocio-, sino tambi\u00e9n para la forma en que vivimos nuestra existencia cotidiana.<br \/>\nPerm\u00edtaseme decir desde el principio que, por motivos que explicar\u00e9 m\u00e1s tarde, no estoy intentando demostrar que exista vida despu\u00e9s de la muerte. Ni siquiera pienso que una \u00abprueba\u00bb de este tipo sea posible hoy en d\u00eda. Se debe en parte a esto que haya evitado el uso de nombres reales y disfrazado algunos de los detalles que podr\u00edan servir de identificaci\u00f3n, aunque dejando siempre sin cambiar el contenido. Ha sido necesario para proteger la vida privada de los individuos implicados y, en muchos casos, para obtener el permiso de publicaci\u00f3n de las historias que me relataron.<br \/>\nA muchos, las afirmaciones que se hacen en este libro les parecer\u00e1n incre\u00edbles y su primera reacci\u00f3n ser\u00e1 de rechazo. De nada puedo culparlos, pues \u00e9sa hubiera sido precisamente mi reacci\u00f3n hace tan s\u00f3lo unos cuantos a\u00f1os. No pido que nadie acepte y crea los contenidos de este libro bas\u00e1ndose s\u00f3lo en mi autoridad. Por el contrario, como l\u00f3gico que rechaza la aproximaci\u00f3n a una creencia bas\u00e1ndose en il\u00edcitas apelaciones a una autoridad, pido expresamente que nadie lo haga as\u00ed. S\u00f3lo deseo que cualquiera que no crea en lo que lee indague un poco por s\u00ed mismo. Es lo que yo he hecho durante alg\u00fan tiempo. De los que lo han aceptado, ha habido muchos que, esc\u00e9pticos al principio, han llegado a compartir mi asombro ante estos acontecimientos.<br \/>\nNo dudo, adem\u00e1s, que muchos se sentir\u00e1n aliviados al leerlo, pues descubrir\u00e1n que no han sido los \u00fanicos en haber tenido tal experiencia. A ellos -especialmente si, como ha ocurrido con frecuencia, s\u00f3lo se han confiado a unas pocas personas- s\u00f3lo puedo decirles que espero que este libro los anime a hablar m\u00e1s libremente, para que una de las facetas m\u00e1s problem\u00e1ticas del alma humana pueda ser m\u00e1s claramente elucidada.<\/p>\n<p>1. El fen\u00f3meno de la muerte<\/p>\n<p>\u00bfQU\u00c9 es la muerte?<br \/>\nLa humanidad ha venido haci\u00e9ndose esa pregunta desde el principio. En los \u00faltimos a\u00f1os he tenido la oportunidad de plantearla ante gran n\u00famero de auditores, desde mis alumnos de psicolog\u00eda, filosof\u00eda y sociolog\u00eda, hasta los que me han escuchado en organizaciones religiosas, en mis debates en la televisi\u00f3n, o los que lo han hecho en clubes c\u00edvicos y en las sociedades profesionales de m\u00e9dicos. Por la experiencia que he obtenido en esos a\u00f1os de exposici\u00f3n, puedo decir que el tema excita poderosos sentimientos en individuos emocionalmente diferentes y de muchas clases sociales.<br \/>\nA pesar del inter\u00e9s, sigue siendo cierto que a muchos de nosotros nos es muy dif\u00edcil hablar de la muerte, y ello principalmente por dos razones. Una de ellas es de car\u00e1cter psicol\u00f3gico y cultural: es un tema tab\u00fa. Tenemos la sensaci\u00f3n, quiz\u00e1 s\u00f3lo subconscientemente, de que cualquier forma de contacto con la muerte, por muy indirecta que sea, nos enfrenta con la perspectiva de la nuestra; la hace m\u00e1s cercana y real. Por ejemplo, la mayor parte de los estudiantes de medicina, yo incluido, han descubierto que incluso el encuentro remoto con ella, que se produce en la primera visita a los laboratorios anat\u00f3micos nada m\u00e1s entrar en una facultad de medicina, provoca fuertes sentimientos de inquietud. En mi caso, la raz\u00f3n de esa respuesta me parece ahora obvia. Con la perspectiva de los a\u00f1os pasados me doy cuenta de que no me sent\u00eda implicado con la persona cuyos restos estaba viendo, aunque tambi\u00e9n hab\u00eda algo de eso. Lo que vi sobre la mesa fue el s\u00edmbolo de mi propia mortalidad. En cierta manera, quiz\u00e1 s\u00f3lo preconscientemente, por m\u00ed mente debi\u00f3 cruzar este pensamiento: \u00abA m\u00ed tambi\u00e9n me ocurrir\u00e1.\u00bb<br \/>\nAsimismo, hablar de la muerte puede considerarse, a nivel psicol\u00f3gico, como otra forma de aproximaci\u00f3n indirecta. Sin duda, mucha gente siente que hablar de ella equivale a evocarla mentalmente, a acercarla de tal forma que haya que enfrentarse a la inevitabilidad de propio fallecimiento. Por tanto, para ahorrarnos el trauma psicol\u00f3gico, decidimos evitar el tema siempre que nos sea posible.<br \/>\nLa segunda raz\u00f3n de la dificultad de discutir la muerte es m\u00e1s complicada y se relaciona con la naturaleza del lenguaje. En su mayor parte, las palabras del lenguaje humano aluden a las cosas que hemos experimentado con nuestros sentidos f\u00edsicos. Sin embargo, la muerte es algo que recae m\u00e1s all\u00e1 de la experiencia consciente de la gran mayor\u00eda de nosotros, pues nunca hemos pasado por ella.<br \/>\nSi hemos de hablar de ese tema, tendremos que evitar los tab\u00faes sociales y los dilemas ling\u00fc\u00edsticos profundamente arraigados derivados de nuestra inexperiencia. Lo que a menudo terminamos haciendo es utilizar analog\u00edas eufem\u00edsticas, compararla con cosas m\u00e1s agradables de nuestra experiencia, con cosas que nos son familiares.<br \/>\nQuiz\u00e1 la analog\u00eda m\u00e1s com\u00fan sea la comparaci\u00f3n entre muerte y sue\u00f1o. Morir, nos decimos, es como dormirse. Esta figura del lenguaje es muy com\u00fan en el pensamiento y lenguaje de cada d\u00eda, as\u00ed como en la literatura de muchas culturas y \u00e9pocas. Incluso era corriente en la Grecia cl\u00e1sica. En la Il\u00edada, por ejemplo, Homero llama al sue\u00f1o \u00abhermano de la muerte\u00bb, y Plat\u00f3n, en su di\u00e1logo la Apolog\u00eda, pone las siguientes palabras en boca de S\u00f3crates, su maestro, que acaba de ser sentenciado a muerte por un jurado ateniense:<br \/>\n[Si la muerte es s\u00f3lo dormirse sin sue\u00f1os], debe ser un maravilloso premio. Imagino que si a alguien se le dijese que escogiera la noche en que durmi\u00f3 tan profundamente que ni siquiera so\u00f1\u00f3 y la comparase con el resto de noches y d\u00edas de su vida y que dijese entonces, tras la debida consideraci\u00f3n, cu\u00e1ntos d\u00edas y noches m\u00e1s felices hab\u00eda tenido, creo que&#8230; [cualquiera] se dar\u00eda cuenta de que esas noches y d\u00edas son f\u00e1ciles de contar en comparaci\u00f3n con el resto. Si la muerte es as\u00ed, la considero ventajosa, pues todo el tiempo, si la miramos de esa forma, puede tomarse como una sola noche .1<\/p>\n<p>1 Plat\u00f3n, Los \u00faltimos d\u00edas de S\u00f3crates. Traducido directamente de la versi\u00f3n inglesa de Hugh Tredennick (Baltlmore: Penguin Books, 1959), p\u00e1g. 75.<\/p>\n<p>La misma analog\u00eda encierra nuestro lenguaje contempor\u00e1neo. Consideremos la frase \u00abhacer dormir\u00bb. Cuando se lleva un perro al veterinario para que lo haga dormir (que lo mate), nos referimos a algo muy distinto a cuando decimos lo mismo a un anestesi\u00f3logo con respecto a un familiar. Otros prefieren una analog\u00eda diferente, aunque de alg\u00fan modo relacionada. El morir, dicen, es como olvidar. Al morir se olvidan todas las aflicciones; se borran todos los recuerdos dolorosos.<br \/>\nPor antiguas y extendidas que sean, ambas analog\u00edas, la del \u00absue\u00f1o\u00bb y la del \u00abolvido\u00bb, son totalmente inadecuadas para confortarnos. Son maneras diferentes de hacer la misma aserci\u00f3n. Aunque lo digan de forma m\u00e1s aceptable, en ambas est\u00e1 impl\u00edcita la idea de que la muerte es la aniquilaci\u00f3n, para siempre, de la experiencia consciente. Entonces, la muerte no tiene ninguno de los rasgos agradables del sue\u00f1o y el olvido. Dormir es una experiencia positiva y agradable porque va seguida del despertar. Una noche de sue\u00f1o profundo permite que las horas que siguen sean m\u00e1s agradables y productivas. Sin la condici\u00f3n del despertar no existir\u00edan los beneficios del sue\u00f1o. De igual modo, la aniquilaci\u00f3n de toda experiencia consciente no implica s\u00f3lo la desaparici\u00f3n de los recuerdos desgraciados, sino tambi\u00e9n la de los felices. En consecuencia, ninguna analog\u00eda nos proporciona realmente alivio o esperanza frente a la muerte.<br \/>\nHay otro punto de vista que rechaza la noci\u00f3n de que la muerte sea la aniquilaci\u00f3n de la conciencia. Seg\u00fan esta tradici\u00f3n, posiblemente m\u00e1s antigua, alg\u00fan aspecto del ser humano sobrevive cuando el cuerpo f\u00edsico deja de funcionar y acaba por destruirse. Este aspecto ha recibido muchas denominaciones, como psique, alma, mente, esp\u00edritu, ser y conciencia. Con uno u otro nombre, la noci\u00f3n del paso a otra esfera de existencia tras la muerte f\u00edsica es una de las m\u00e1s venerables de las creencias humanas. En Turqu\u00eda existe un cementerio que fue utilizado por los hombres del Neanderthal hace cien mil a\u00f1os. Sus restos fosilizados han permitido a los arque\u00f3logos descubrir que aquellos hombres primitivos enterraban a sus muertos en f\u00e9retros de flores, lo que nos indica que quiz\u00e1 consideraron la muerte como ocasi\u00f3n de celebraci\u00f3n; como transici\u00f3n del muerto de este mundo a otro. Las tumbas de hombres primitivos que encontramos en todo el mundo sirven de evidencia de la creencia en la supervivencia en la muerte corporal.<br \/>\nEn resumen, nos enfrentamos con dos respuestas opuestas a nuestra pregunta sobre la naturaleza de la muerte, ambas originadas en tiempos antiguos y ambas ampliamente sostenidas hoy en d\u00eda. Unos dicen que la muerte es la aniquilaci\u00f3n de la conciencia; otros, con igual seguridad, que es el paso del alma o mente a otra dimensi\u00f3n de la realidad. En el resto del libro no deseo rechazar ninguna de las respuestas; s\u00f3lo pretendo informar de los resultados de una investigaci\u00f3n que he acometido personalmente.<br \/>\nEn los \u00faltimos a\u00f1os me he encontrado con gran n\u00famero de personas que han pasado por lo que llamaremos \u00abexperiencias cercanas a la muerte\u00bb. Las he conocido de diversas formas. Al principio fue por coincidencia. En 1965, cuando era estudiante de filosof\u00eda en la Universidad de Virginia, conoc\u00ed a un profesor de psiquiatr\u00eda de la facultad de medicina. Desde el primer momento qued\u00e9 sorprendido por su amabilidad y cordialidad, pero la sorpresa fue mayor cuando, posteriormente, me enter\u00e9 de que hab\u00eda estado \u00abmuerto\u00bb -en dos ocasiones, con diez minutos de intervalo- y que hizo un fant\u00e1stico relato de lo que le ocurri\u00f3 en aquel estado. M\u00e1s tarde lo o\u00ed relatar su historia a un peque\u00f1o grupo de estudiantes interesados. Qued\u00e9 muy impresionado, pero como carec\u00eda de capacidad para juzgar tales experiencias, me limit\u00e9 a archivarla, tanto en mi mente como en una cinta en la que hab\u00eda grabado la charla.<br \/>\nUnos a\u00f1os despu\u00e9s, tras haber recibido el doctorado en filosof\u00eda, era profesor en una universidad del este de Carolina del Norte. En uno de los cursos mis alumnos le\u00edan el Fed\u00f3n de Plat\u00f3n, obra en la que la inmortalidad es una de las materias discutidas. En las clases hab\u00eda enfatizado las otras doctrinas presentadas por Plat\u00f3n en el libro, pasando por alto la discusi\u00f3n de la vida posterior a la muerte. Un d\u00eda, al acabar la clase, un estudiante me detuvo para hablar conmigo. Me pregunt\u00f3 si pod\u00edamos discutir el tema de la inmortalidad. Le interesaba porque su abuela hab\u00eda ?muerto? durante una operaci\u00f3n y le cont\u00f3 una sorprendente experiencia. Le ped\u00ed que me hablara de ella y, para mi sorpresa, me relat\u00f3 casi la misma serie de acontecimientos que hab\u00eda o\u00eddo al profesor de psiquiatr\u00eda unos a\u00f1os antes.<br \/>\nA partir de ese momento mi b\u00fasqueda de casos se hizo m\u00e1s activa y comenc\u00e9 a incluir lecturas sobre la supervivencia humana a la muerte biol\u00f3gica en mis cursos de filosofa. Decid\u00ed, sin embargo, no incluir en ellos las dos experiencias que me fueron relatadas, adoptando la prudente actitud de esperar y ver. Pensaba que si esos informes eran muy comunes llegar\u00eda a conocer m\u00e1s de ellos si introduc\u00eda el tema general de la supervivencia en las discusiones filos\u00f3ficas; expresaba una actitud de simpat\u00eda ante la cuesti\u00f3n y esperaba. Qued\u00e9 realmente sorprendido cuando descubr\u00ed que, de cada clase de treinta alumnos, uno al menos ven\u00eda a verme despu\u00e9s de la lecci\u00f3n y me contaba una experiencia personal cercana a la muerte.<br \/>\nLo que m\u00e1s me llam\u00f3 la atenci\u00f3n desde que se despert\u00f3 mi inter\u00e9s fue la gran similitud de las historias, a pesar del hecho de haber sido vividas por gente de muy diversos antecedentes religiosos, sociales y culturales. En 1972 me matricul\u00e9 en una facultad de medicina y conoc\u00eda ya varias experiencias de ese tipo. Comenc\u00e9 a hablar del estudio informal que estaba haciendo a alguno de los m\u00e9dicos que conoc\u00eda. Finalmente, un amigo me habl\u00f3 de dar una charla en una sociedad m\u00e9dica y otras conferencias p\u00fablicas le siguieron. De nuevo se repiti\u00f3 el hecho de que tras cada charla alguien ven\u00eda a contarme una experiencia personal.<br \/>\nCuando fui m\u00e1s conocido por mi inter\u00e9s en el tema, los doctores comenzaron a ponerme en contacto con personas a las que hab\u00edan resucitado y que contaban experiencias inusuales. Tambi\u00e9n he recibido muchos informes por correspondencia tras la aparici\u00f3n en los peri\u00f3dicos de art\u00edculos sobre mis estudios.<br \/>\nEn estos momentos conozco unos ciento cincuenta casos de este fen\u00f3meno. Las experiencias que he estudiado pertenecen a tres categor\u00edas distintas:<\/p>\n<p>1) Experiencias de personas que han resucitado despu\u00e9s de que sus m\u00e9dicos las consideraron cl\u00ednicamente muertas.<br \/>\n2) Experiencias de personas que, en el curso de accidentes o enfermedades graves, han estado muy cerca de la muerte f\u00edsica.<br \/>\n3) Experiencias de personas que, al morir, hablaban con otras personas que se encontraban presentes. Posteriormente, estas \u00faltimas me informaron del contenido de la experiencia de la muerte.<\/p>\n<p>La gran cantidad de material que puede obtenerse de ciento cincuenta casos me ha obligado, obviamente, a una selecci\u00f3n. Por ejemplo, aunque he encontrado informes del tipo tercero que complementaban realmente los de los otros dos tipos, he dejado de considerarlos, por dos motivos: en primer lugar, me permite reducir el n\u00famero de casos estudiados, con lo que resultan m\u00e1s manejables, y, en segundo lugar, los limita dentro de lo posible a informes de primera mano. De esta forma he podido entrevistar con gran detalle a unas cincuenta personas y soy capaz de informar de sus experiencias. De los casos elegidos, los del tipo primero -en los que se produce realmente la aparente muerte cl\u00ednica- son m\u00e1s dram\u00e1ticos que los del segundo -en los que s\u00f3lo hay un encuentro cercano con la muerte-.<br \/>\nSiempre que he dado conferencias sobre el fen\u00f3meno, los episodios de los \u00abmuertos\u00bb han atra\u00eddo casi todo el inter\u00e9s. He le\u00eddo algunas cr\u00edticas en la prensa en las que me suger\u00edan que s\u00f3lo deb\u00eda tratar de ellos.<br \/>\nAl seleccionar los casos que quer\u00eda presentar en este libro he evitado, sin embargo, la tentaci\u00f3n de explayarme tan s\u00f3lo en los casos del primer tipo, pues, obviamente, los del segundo no son diferentes, sino que m\u00e1s bien forman continuidad con ellos. Adem\u00e1s, aunque las experiencias cercanas a la muerte son muy similares, las personas que las describen y las circunstancias que las rodean var\u00edan mucho. En consecuencia, he tratado de dar una muestra de las experiencias que reflejan adecuadamente esa variaci\u00f3n. Teniendo en cuenta todo ello, pasemos a considerar lo que puede ocurrir, por lo que he podido descubrir, en la experiencia de la muerte.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIDA DESPU\u00c9S DE LA VIDA RAYMOND A. MOODY, JR. RAYMOND A. 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