{"id":1225,"date":"2009-01-27T19:50:29","date_gmt":"2009-01-27T19:50:29","guid":{"rendered":"http:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=1225"},"modified":"2009-01-27T19:50:29","modified_gmt":"2009-01-27T19:50:29","slug":"l\u00f3gica-de-port-royal:-innatismo-y-antisensualismo-epistemol\u00f3gico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=1225","title":{"rendered":"L\u00f3gica de Port-Royal: innatismo y antisensualismo epistemol\u00f3gico"},"content":{"rendered":"<p><strong>De: irichc\u00a0 (Mensaje original)\tEnviado: 25\/02\/2004 15:44<\/strong><\/p>\n<p>PRIMERA PARTE DE LA L\u00d3GICA.<\/p>\n<p>CONTIENE LAS REFLEXIONES SOBRE LAS IDEAS O SOBRE LA MERA ACCI\u00d3N DEL ESP\u00cdRITU, DENOMINADA CONCEBIR.<\/p>\n<p>(&#8230;)<\/p>\n<p>CAP\u00cdTULO I<\/p>\n<p>SOBRE LAS IDEAS ATENDIENDO A SU NATURALEZA Y ORIGEN<\/p>\n<p>La palabra &#8220;idea&#8221; se encuentra en el n\u00famero de las que son tan claras que no pueden explicarse por medio de otras, ya que no las hay ni m\u00e1s claras ni m\u00e1s simples.<\/p>\n<p>Todo lo que se puede hacer con el fin de no incurrir en error es destacar una falsa forma de entender esta palabra; consiste en restringirla a ese modo de concebir las cosas, denominado imaginar, que tiene lugar cuando nuestro esp\u00edritu contempla las im\u00e1genes que est\u00e1n dibujadas en nuestro cerebro.<\/p>\n<p>Pues, como San Agust\u00edn observa frecuentemente, los hombres despu\u00e9s del pecado original, se han acostumbrado de tal manera a considerar s\u00f3lo las cosas corp\u00f3reas, cuyas im\u00e1genes alcanzan nuestro cerebro a trav\u00e9s de los sentidos, que la mayor parte de ellos estiman que no pueden concebir una cosa si no la pueden imaginar, si no pueden represent\u00e1rsela bajo una imagen corp\u00f3rea; como si no tuvi\u00e9semos m\u00e1s que este modo de pensar y de concebir.<\/p>\n<p>Por el contrario, no se puede reflexionar sobre lo que acontece en nuestro esp\u00edritu sin reconocer que concebimos un grand\u00edsimo n\u00famero de cosas sin precisar para ello alguna de estas im\u00e1genes y sin reparar en la diferencia existente entre la imaginaci\u00f3n y la pura intelecci\u00f3n. Pues, cuando, por ejemplo, imagino un tri\u00e1ngulo, no lo concibo solamente como una figura delimitada por tres l\u00edneas rectas; adem\u00e1s, considero estas tres l\u00edneas como presentes en virtud de la fuerza y de la atenci\u00f3n interior de mi esp\u00edritu; tal es lo que propiamente se llama imaginar. Pero si deseo pensar en una figura de mil \u00e1ngulos, verdad es que concibo correctamente que tal figura est\u00e1 compuesta por mil lados con la misma facilidad que concibo que un tri\u00e1ngulo es una figura que solamente est\u00e1 compuesta por tres. Pero, sin embargo, no puedo imaginar los mil lados de esa figura ni, por as\u00ed decirlo, mirarlos con los ojos del esp\u00edritu tal como si estuvieran presentes.<\/p>\n<p>Es verdad, sin embargo, que la costumbre que tenemos de servirnos de nuestra imaginaci\u00f3n cuando pensamos en cosas corp\u00f3reas, da lugar con frecuencia a que al concebir una figura de mil \u00e1ngulos nos representemos confusamente alguna figura; ahora bien, es evidente que esta figura que nos representamos mediante la imaginaci\u00f3n no es una figura de mil \u00e1ngulos, puesto que en nada difiere de lo que me representar\u00eda si pensara en una figura de diez mil \u00e1ngulos. As\u00ed, de nada sirve para descubrir las propiedades que diferencian a una figura de mil \u00e1ngulos de la de cualquier otro pol\u00edgono.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, no puedo imaginarme, hablando con propiedad, una figura de mil \u00e1ngulos porque la imagen que desear\u00eda dibujar en mi imaginaci\u00f3n, representar\u00eda tanto una figura de un gran n\u00famero de \u00e1ngulos como la figura de mil \u00e1ngulos. Y, sin embargo, puedo concebirla muy clara y distintamente, puesto que puedo demostrar todas las propiedades, como que la suma de todos sus \u00e1ngulos equivale a 1996 \u00e1ngulos rectos. En consecuencia, una cosa es imaginar y otra concebir.<\/p>\n<p>Esto a\u00fan aparece m\u00e1s claro mediante la consideraci\u00f3n de varias cosas que concebimos con mucha claridad aunque, en modo alguno, sean de las que podemos imaginar. As\u00ed, \u00bfqu\u00e9 concebimos con mayor claridad que nuestro pensamiento cuando estamos pensando? Y, sin embargo, es imposible imaginarse un pensamiento y dibujar imagen alguna de \u00e9l en nuestro cerebro. El &#8220;s\u00ed&#8221; y el &#8220;no&#8221; tampoco pueden tenerla; quien juzga que la tierra es redonda como quien juzga que la tierra no es redonda, tienen ambos las mismas cosas dibujadas en su cerebro, a saber, la tierra y la redondez; uno de ellos a\u00f1ade a ellas la afirmaci\u00f3n, que es una acci\u00f3n de su esp\u00edritu concebida sin imagen corp\u00f3rea alguna, y el otro una acci\u00f3n contraria que es la negaci\u00f3n y de la cual a\u00fan es m\u00e1s imposible tener imagen alguna.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, cuando hablamos de ideas no nombramos de esta forma a las im\u00e1genes dibujadas en la fantas\u00eda, sino a todo aquello que est\u00e1 en nuestro esp\u00edritu, cuando podemos decir con verdad que concebimos una cosa, cualquiera que fuere la forma como la concibamos.<\/p>\n<p>Se sigue de ello que no podemos expresar nada mediante nuestras palabras cuando entendemos lo que decimos sin que tengamos en nosotros la idea de lo que es significado por nuestras palabras, aunque esta idea sea en unos casos m\u00e1s clara y distinta y, en otros casos, m\u00e1s oscura y m\u00e1s confusa tal como posteriormente explicaremos. As\u00ed pues, habr\u00eda contradicci\u00f3n al afirmar que entiendo lo que digo al pronunciar una expresi\u00f3n y defender que, al pronunciarla, s\u00f3lo concibo el sonido de la expresi\u00f3n.<\/p>\n<p>Esta doctrina nos hace ver la falsedad de dos opiniones muy peligrosas, formuladas por fil\u00f3sofos de nuestro tiempo.<\/p>\n<p>Seg\u00fan la primera [, atribuible a Descartes], no tenemos idea alguna de Dios. Si no tuvi\u00e9ramos idea alguna de Dios, entonces al pronunciar el nombre de Dios no concebir\u00edamos sino estas letras, D, I, O, S, y un espa\u00f1ol, al o\u00edr el nombre de Dios, no tendr\u00eda en su esp\u00edritu sino lo que podr\u00eda tener en el caso de que entrara en una sinagoga y, desconociendo por completo el hebreo, oyera pronunciar &#8220;Adonai&#8221; o &#8220;Eloha&#8221;.<\/p>\n<p>Es m\u00e1s, cuando los hombres se han atribuido el nombre de Dios, como Cal\u00edgula y Domiciano, no habr\u00edan cometido impiedad alguna, puesto que nada hay en estas letras o en estas dos s\u00edlabas, &#8220;Dios&#8221;, que no pudiese ser atribuido a un hombre si no se uniera a tales s\u00edlabas alguna idea. \u00bfPor qu\u00e9 nadie acusa de impiedad a un holand\u00e9s por llamarse Ludovicus Dieu? \u00bfEn qu\u00e9 resid\u00eda la impiedad de estos pr\u00edncipes sino en que, atribuyendo a este t\u00e9rmino, &#8220;Dios&#8221;, una nota al menos de las que integran su idea, como lo es la de una naturaleza excelente y adorable, se apropiaban el nombre junto con esta idea?<\/p>\n<p>Pero, si no tenemos idea alguna de Dios, \u00bfsobre qu\u00e9 podemos fundar todo cuanto sobre \u00e9l decimos, como que s\u00f3lo existe uno, que es eterno, omnipotente, infinitamente bueno e infinitamente sabio? Nada de todo esto est\u00e1 comprendido en el sonido &#8220;Dios&#8221;; s\u00f3lo en la idea que tenemos de Dios y que hemos asociado a este sonido.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n es \u00e9sta la raz\u00f3n en virtud de la cual rehusamos referir el nombre de Dios a todas las falsas divinidades; no porque este t\u00e9rmino, materialmente considerado, no pudiera ser atribuido a ellas, tal y como fue atribuido por los paganos, sino porque la idea que tenemos en nosotros de este soberano ser, usualmente unida al t\u00e9rmino &#8220;Dios&#8221;, no conviene sino al \u00fanico y verdadero Dios.<\/p>\n<p>La segunda de estas falsas opiniones ha sido formulada por un ingl\u00e9s [, Hobbes]: &#8220;el discurso no es otra cosa que una reuni\u00f3n o concatenaci\u00f3n de nombres mediante la palabra &#8216;es&#8217;. Se seguir\u00eda de ello que, mediante la raz\u00f3n, no concluimos absolutamente nada tocante a la naturaleza de las cosas, sino s\u00f3lo tocante a sus denominaciones; es decir, que, mediante la raz\u00f3n, simplemente vemos si unimos bien o mal los nombres de las cosas siguiendo las convenciones que hemos adoptado a nuestro gusto en lo que se refiere a sus significaciones&#8221;.<\/p>\n<p>Este autor a\u00f1ade a esta opini\u00f3n: &#8220;si esto es as\u00ed, como puede serlo, el razonamiento depender\u00e1 de las palabras, las palabras de la imaginaci\u00f3n y, quiz\u00e1, la imaginaci\u00f3n depender\u00e1, tal como lo creo, del movimiento de los \u00f3rganos corp\u00f3reos; as\u00ed, nuestra alma (mente) no ser\u00e1 otra cosa que un movimiento producido en alguna de las partes del cuerpo org\u00e1nico&#8221;.<\/p>\n<p>Debemos pensar que estas palabras s\u00f3lo expresan una objeci\u00f3n muy apartada del sentir de quien la propone; ahora bien, si tales palabras se toman con valor asertivo, arruinar\u00edan la inmortalidad del alma. Por ello, es importante hacer ver su falsedad, lo cual no ser\u00e1 dif\u00edcil. Las convenciones a las que este fil\u00f3sofo se refiere s\u00f3lo han sido acuerdos establecidos por los hombres para tomar ciertos sonidos como signos de las ideas que tenemos en el esp\u00edritu. De suerte que si adem\u00e1s de los nombres no tuvi\u00e9ramos en nosotros mismos las ideas de las cosas, tal acuerdo habr\u00eda sido imposible, tal y como es imposible por medio de alguna convenci\u00f3n el hacer entender a un ciego lo que quiere decir el t\u00e9rmino &#8220;rojo&#8221;, o el &#8220;verde&#8221;, o el &#8220;azul&#8221;, pues careciendo de estas ideas no puede unirlas a sonido alguno.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, las diversas naciones habiendo dado nombres distintos a las cosas, incluso a las m\u00e1s simples y claras, tal como acontece con las que constituyen los objetos de la Geometr\u00eda, no tendr\u00edan los mismos razonamientos acerca de unas mismas verdades si el razonamiento s\u00f3lo fuera una reuni\u00f3n de nombres mediante la palabra &#8220;es&#8221;.<\/p>\n<p>Y como parece manifiesto al considerar estas diversas palabras que los \u00e1rabes, por ejemplo, no se han puesto de acuerdo con los franceses para dar a los sonidos las mismas significaciones, tampoco podr\u00edan estar de acuerdo en sus juicios y razonamientos si sus razonamientos dependiesen de esta convenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Finalmente, se guarece un gran equ\u00edvoco bajo el t\u00e9rmino &#8220;arbitraria&#8221; cuando se afirma que la significaci\u00f3n de las palabras es arbitraria. Verdad es que es algo totalmente arbitrario el vincular una idea determinada con un sonido, en vez de vincularla con otro distinto; pero las ideas no son cosas arbitrarias que dependen de nuestra fantas\u00eda, al menos aquellas que son claras y distintas. Para mostrar esto con evidencia basta con afirmar que ser\u00eda rid\u00edculo imaginar que efectos muy reales pudieran depender de cosas totalmente arbitrarias. As\u00ed, cuando un hombre ha llegado mediante su razonamiento a la conclusi\u00f3n de que el eje del hierro que atraviesa las dos muelas de un molino podr\u00eda girar sin dar lugar a que tambi\u00e9n girase la muela inferior en el caso de que siendo redondo pasara a trav\u00e9s de un orificio redondo y tambi\u00e9n que no podr\u00eda girar este eje sin hacer que girase la muela superior si, siendo cuadrado, estuviera embutido en un orificio cuadrado, practicado en la muela superior, entonces el efecto que ha pretendido alcanzar se sigue infaliblemente. En consecuencia, su razonamiento no ha sido (solamente) la reuni\u00f3n de un conjunto de nombres atendiendo a una convenci\u00f3n enteramente dependiente de la fantas\u00eda de los hombres; m\u00e1s bien supone un juicio s\u00f3lido y efectivo sobre la naturaleza de las cosas fund\u00e1ndose en la consideraci\u00f3n de las ideas que posee en el esp\u00edritu y que han sido asociadas por los hombres con ciertos nombres.<\/p>\n<p>As\u00ed, pues, ya hemos indicado de modo suficiente lo que entendemos mediante la palabra &#8220;idea&#8221;; por ello, s\u00f3lo nos resta referirnos brevemente a su origen.<\/p>\n<p>El problema fundamental reside en saber si todas nuestras ideas proceden de nuestros sentidos y si debemos aceptar como verdadera la m\u00e1xima com\u00fan seg\u00fan la cual &#8220;nada hay en el entendimiento sin que previamente haya estado en el sentido&#8221;.<\/p>\n<p>Esta es la opini\u00f3n de un fil\u00f3sofo, [Gassendi, ] de reconocido prestigio que inicia su estudio de l\u00f3gica con estas palabras: &#8220;Omnia idea ortum ducit a sensibus&#8221;: Toda idea toma su origen de los sentidos. Sin embargo, precisa que todas nuestras ideas no han estado en nuestros sentidos tal y como est\u00e1n en nuestro esp\u00edritu; pero, al menos, defiende que tales ideas han sido formadas bien a partir de aquellas que han pasado por nuestros sentidos, sea por composici\u00f3n como cuando a partir de las im\u00e1genes independientes de oro y monta\u00f1a formamos la idea de una monta\u00f1a de oro, sea por ampliaci\u00f3n o disminuci\u00f3n como cuando a partir de la imagen de un hombre de estatura normal se forma la de un gigante o pigmeo, sea por acomodaci\u00f3n y analog\u00eda como cuando se transfiere la idea de una casa que ha sido vista para formarnos la imagen de otra casa que no ha sido vista. As\u00ed, afirma este autor, concebimos a Dios que no puede ser objeto del sentido, bajo la imagen de un venerable anciano.<\/p>\n<p>Seg\u00fan esta teor\u00eda, aunque todas nuestras ideas no fuesen semejantes a alg\u00fan cuerpo que hubi\u00e9semos visto o que hubi\u00e9semos alcanzado por medio de nuestros sentidos, sin embargo todas ser\u00edan corp\u00f3reas y s\u00f3lo nos representar\u00edan algo que hubiese penetrado por nuestros sentidos, al menos en parte. As\u00ed, pues, s\u00f3lo concebiremos mediante im\u00e1genes semejantes a las que se forman en el cerebro cuando vemos o imaginamos cuerpos.<\/p>\n<p>Pero, aunque diversos fil\u00f3sofos de la Escuela tambi\u00e9n mantengan esta opini\u00f3n, no temo defender que es muy absurda y, a la vez, tan contraria a la Religi\u00f3n como a la verdadera filosof\u00eda. Para no defender sino lo que es claro como la luz del d\u00eda, s\u00f3lo expondr\u00e9 que nada hay que podamos concebir m\u00e1s distintamente que nuestro pensamiento, ni proposici\u00f3n que pueda resultarnos m\u00e1s clara que &#8220;Yo pienso, luego soy&#8221;. No podr\u00edamos tener certidumbre alguna sobre esta proposici\u00f3n si no concibi\u00e9ramos distintamente lo que es &#8220;ser&#8221;, lo que es &#8220;pensar&#8221;; es m\u00e1s, no es preciso que expliquemos estos t\u00e9rminos, puesto que forman parte de aquellos que son tan adecuadamente comprendidos por todo el mundo que, caso de intentar explicarlos, s\u00f3lo lograr\u00edamos introducir oscuridad. Si, pues, no se puede negar que tenemos las ideas de &#8220;ser&#8221; y de &#8220;pensamiento&#8221;, entonces yo pregunto: \u00bfpor qu\u00e9 sentidos han penetrado? \u00bfSon acaso luminosas o poseen color para que puedan haber penetrado por la vista? \u00bfPoseen un sonido grave o agudo para que puedan haber penetrado por el o\u00eddo? \u00bfDesprenden un olor agradable o desagradable para que pudieran formarse a partir del olfato? \u00bfPoseen un buen o mal sabor para formarse a partir del gusto? \u00bfAcaso poseen la cualidad de ser duras o blandas, calientes o fr\u00edas como para que penetren por el tacto? Si se defendiera que se han formado a partir de otras im\u00e1genes sensibles, en ese caso deber\u00eda indicarse cu\u00e1les son esas otras im\u00e1genes sensibles a partir de las cuales se pretende que han sido formadas las ideas de ser y de pensamiento y c\u00f3mo han podido ser formadas, esto es, si lo han sido por composici\u00f3n, por ampliaci\u00f3n o por disminuci\u00f3n o bien si por analog\u00eda. Si no se quisiera emitir una respuesta que no fuera rid\u00edcula, ser\u00eda preciso defender que las ideas de ser y pensamiento no obtienen en forma alguna su origen a trav\u00e9s de los sentidos; m\u00e1s bien, nuestra alma posee la facultad de formar estas ideas por s\u00ed mismas, aunque frecuentemente acontece que ha sido excitada a formarlas por algo que ha golpeado los sentidos, de igual modo que un pintor puede verse llevado a crear un cuadro en virtud del dinero que le ha sido prometido sin que, por ello, se pudiera afirmar que el cuadro hab\u00eda obtenido su origen del dinero.<\/p>\n<p>En cuanto a lo que estos mismos autores defienden, esto es, que la idea que nosotros tenemos de Dios toma su origen de los sentidos, puesto que lo concebimos bajo la idea de un anciano venerable, ha de afirmarse que tal pensamiento es propio de los Antropomorfitas o bien que estos autores confunden las verdaderas ideas que nosotros tenemos de los seres espirituales con las falsas imaginaciones que de los mismos nos formamos siguiendo la p\u00e9sima costumbre que nos lleva a querer imaginar cualquier cosa, cuando, por el contrario, tan absurdo es pretender imaginar lo que no es corporal como desear o\u00edr los colores y ver los sonidos.<\/p>\n<p>Para refutar esta concepci\u00f3n basta considerar que si no tuvi\u00e9ramos otra idea de Dios que la de un anciano venerable entonces cuantos juicios hici\u00e9ramos sobre Dios ser\u00edan falsos, pues ser\u00edan contrarios a esta idea, ya que no tenemos otra regla de la verdad de nuestros juicios que la de examinar si son conformes a las ideas que tenemos de las cosas. As\u00ed ser\u00eda falso afirmar que Dios no tiene partes, que no es corp\u00f3reo, que es omnipresente, que es invisible, pues todas estas afirmaciones no son conformes con la idea de un anciano venerable. Si, en alguna ocasi\u00f3n, Dios se ha representado de esta forma, esto no debe dar lugar a que tal deba ser la idea que debamos tener de \u00e9l; de igual modo, ser\u00eda necesario que no tuvi\u00e9ramos otra idea del Esp\u00edritu Santo que la del palomo, ya que ha sido representado bajo tal forma o que concibi\u00e9semos a Dios como un sonido, puesto que el sonido del nombre de Dios sirve para evocar su idea en nosotros.<\/p>\n<p>Es, pues, falso que todas nuestras ideas provengan de los sentidos; por el contrario, cabe afirmar que ninguna de las ideas que existen en nuestro esp\u00edritu toman su origen de los sentidos como no sea por ocasi\u00f3n, en cuanto que los movimientos que se producen en nuestro cerebro, que es a todo lo que pueden dar lugar nuestros sentidos, dan ocasi\u00f3n al alma para formarse ciertas ideas que el alma no se formar\u00eda en el caso de que tales movimientos no aconteciesen, aunque casi siempre estas ideas no sean semejantes en nada a lo que se produce en nuestros sentidos o en nuestro cerebro y aunque, adem\u00e1s, exista un gran n\u00famero de ideas que, careciendo de toda imagen corp\u00f3rea, no puedan ser vinculadas con nuestros sentidos sin caer en un visible absurdo.<\/p>\n<p>Y si se nos objetara que a la vez que tenemos la idea de cosas espirituales, tal como del pensamiento, no dejamos de formarnos alguna imagen corp\u00f3rea, al menos del sonido que la significa, nada se dir\u00eda en contra de lo que hemos afirmado. Pues la imagen del sonido &#8220;pensamiento&#8221; que nos imaginamos no es, en modo alguno, la imagen del pensamiento mismo sino s\u00f3lo de un sonido; es m\u00e1s, la imagen del sonido de &#8220;pensamiento&#8221; s\u00f3lo puede hacernos concebir el pensamiento mismo por cuanto el alma, habi\u00e9ndose acostumbrado a concebir este sonido y, a la vez, el pensamiento, se forma al mismo tiempo una idea totalmente espiritual del pensamiento que no guarda semejanza alguna con la de sonido, que est\u00e1 ligada al pensamiento s\u00f3lo por la costumbre. Esto se manifiesta en los sordos que no poseen imagen de los sonidos, pero tienen ideas de sus pensamientos al menos cuando hacen reflexi\u00f3n sobre lo que piensan.<\/p>\n<p>A.Arnauld y P.Nicole. La l\u00f3gica o el arte de pensar (L\u00f3gica de Port-Royal).\u00a0 <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De: irichc\u00a0 (Mensaje original) Enviado: 25\/02\/2004 15:44 PRIMERA PARTE DE LA L\u00d3GICA. 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