{"id":1197,"date":"2009-01-27T00:10:07","date_gmt":"2009-01-27T00:10:07","guid":{"rendered":"http:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=1197"},"modified":"2009-01-27T00:10:07","modified_gmt":"2009-01-27T00:10:07","slug":"chesterton.-el-suicidio-del-pensamiento.","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=1197","title":{"rendered":"Chesterton. El suicidio del pensamiento."},"content":{"rendered":"<p><strong>De: irichc\u00a0 (Mensaje original)\tEnviado: 21\/10\/2004 22:51<\/strong><\/p>\n<p>La gente de hoy no es perversa; en cierto sentido aun pudiera decirse que es demasiado buena: est\u00e1 llena de absurdas virtudes supervivientes. Cuando alguna teor\u00eda religiosa es sacudida, como lo fue el Cristianismo en la Reforma, no s\u00f3lo los vicios quedan sueltos. Claro que los vicios quedan sueltos y vagan causando da\u00f1os por todas partes; pero tambi\u00e9n quedan sueltas las virtudes, y \u00e9stas vagan con mayor desorden y causan todav\u00eda mayores da\u00f1os. Pudi\u00e9ramos decir que el mundo moderno est\u00e1 poblado por las viejas virtudes cristianas que se han vuelto locas. Y se han vuelto locas, de sentirse aisladas y de verse vagando a solas. As\u00ed sucede que los hombres de ciencia se preocupen por establecer su verdad, y que la verdad les resulte luego despiadada. As\u00ed que los humanitarios s\u00f3lo de la caridad se preocupen, y que su caridad (siento decirlo) resulte muchas veces falsa.Tomemos un caso: Mr. Blatchford ataca el cristianismo en nombre de una sola virtud cristiana que lo ha enloquecido: la virtud de la caridad puramente m\u00edstica, llevada a t\u00e9rminos casi irracionales. Se le ha ocurrido el disparate de que ser\u00eda m\u00e1s f\u00e1cil perdonar los pecados si convini\u00e9semos en que no hay pecados. Mr. Blatchford no s\u00f3lo se porta como un cristiano antiguo, sino que merecer\u00eda mejor que ninguno ser devorado por leones. Aplicada a \u00e9l, la acusaci\u00f3n del paganismo no puede ser m\u00e1s verdadera: su misericordia no conduce m\u00e1s que a la anarqu\u00eda. Acaba realmente por ser un enemigo de la especie humana, a fuerza de querer ser tan humanitario. Y ahora examinemos el caso opuesto, el del amargo realista que ha ahogado, conscientemente, en su coraz\u00f3n todos los regocijos humanos que puedan brotar de una hermosa leyenda, o de las exaltaciones del alma. Por celo de la verdad mora, Torquemada hac\u00eda padecer tormentos corporales a las pobres gentes. Zola, por celo de la verdad f\u00edsica, las somete a verdaderos tormentos espirituales. Pero en tiempos de Torquemada hab\u00eda, por lo menos, un sistema que consent\u00eda, hasta cierto punto, que la rectitud y la paz pudieran conciliarse y aunarse; mientras que hoy ni siquiera pueden saludarse de lejos.<\/p>\n<p>(&#8230;)<\/p>\n<p>Con frecuencia se oye decir que la gente sensata desiste de la religi\u00f3n porque la religi\u00f3n parece ofrecer un enigma sin salida. Lo peor no es eso; sino que no se han dado cuenta de que hay un enigma en la religi\u00f3n. Son tan infantilmente est\u00fapidos, que no ven nada de extraordinario en que, chanceando, se les diga, por ejemplo, que una puerta no es una puerta. Los librepensadores del d\u00eda hablan de la autoridad religiosa, no s\u00f3lo como si careciera de fundamento actual, pero como si no lo hubiera tenido nunca. Am\u00e9n de no ver su probable fundamento filos\u00f3fico, no se dan cuenta de que tenga un fundamento hist\u00f3rico. \u00bfQui\u00e9n duda que la autoridad religiosa haya podido ser opresora e irracional? Todo sistema legal (y especialmente el que hoy disfrutamos) ha podido, asimismo, pecar por su indiferencia y su cruel apat\u00eda. Es razonable, por ejemplo, atacar a la polic\u00eda; m\u00e1s a\u00fan, es glorioso. Pero los nuevos cr\u00edticos de la autoridad religiosa est\u00e1n en el caso de atacar a la polic\u00eda sin haber o\u00eddo hablar de los salteadores. Porque la inteligencia humana est\u00e1 gravemente amenazada, y por un peligro tan positivo como un atraco; y la autoridad religiosa, equivocada o no, era su \u00fanica defensa. Y si hemos de salvarnos de una ruina segura, ya es tiempo de pensar en oponer un muro al asalto.<\/p>\n<p>El peligro consiste en que la inteligencia humana es, por naturaleza, capaz de destruirse a s\u00ed misma. As\u00ed como una generaci\u00f3n puede impedir que se produzca la siguiente generaci\u00f3n meti\u00e9ndose en los conventos o ech\u00e1ndose al mar toda ella, as\u00ed una pl\u00e9yade de pensadores puede, en cierto modo, impedir a quienes le sigan el libre ejercicio del pensamiento, convenci\u00e9ndolos de que ning\u00fan pensamiento humano vale un comino.<\/p>\n<p>(&#8230;)<\/p>\n<p>Y todos los sistemas de la religi\u00f3n militante se han organizado, precisamente, en previsi\u00f3n de este mal que siempre nos acecha. Los credos y las cruzadas, las jerarqu\u00edas y las horribles persecuciones que llenan la historia, no se organizaron contra la raz\u00f3n, como lo repite sin cesar la ignorancia, sino para la \u00e1rdua defensa de la raz\u00f3n. Instintivamente, el hombre comprendi\u00f3 siempre que, si se consent\u00eda discutirlo todo, la primera cosa puesta al debate ser\u00eda la raz\u00f3n. La autoridad del sacerdote para absolver; la del papa para definir la autoridad, y aun la del inquisidor para aterrorizar a la gente, no han sido m\u00e1s que obscuras defensas alzadas en redor de la misma autoridad central; aquella que es m\u00e1s indemostrable, si se quiere, y m\u00e1s sobrenatural que todas: la autoridad del hombre para pensar.<\/p>\n<p>(&#8230;)<\/p>\n<p>El culto de la voluntad no es m\u00e1s que la negaci\u00f3n de la voluntad. Admirar el don de elecci\u00f3n es negarse a elegir. Si Mr. Bernard Shaw se me acerca y me dice: &#8220;Desea algo&#8221;, tanto vale como decirme: &#8220;No me importa lo que desees&#8221; o como decir: &#8220;Por mi parte, no tengo ning\u00fan inter\u00e9s determinado sobre lo que puedas desear&#8221;. No pod\u00e9is admirar la voluntad en general, porque la esencia de la voluntad est\u00e1 en ser particular. Un anarquista tan brillante como Mr. John Davidson se indigna ante la moralidad ordinaria, e invoca el reinado de la voluntad -de la voluntad para cualquier cosa, en general.- Lo que \u00e9l quiere es que la humanidad desee algo firmemente. \u00a1Pero si de algo necesita la humanidad en concreto es nada menos que la moralidad ordinaria! \u00c9l se rebela contra la ley, pidi\u00e9ndonos que deseemos algo, cualquier cosa. \u00a1Pero si ya hemos deseado algo, ya hemos deseado precisamente la ley contra la cual se est\u00e1 \u00e9l rebelando!<\/p>\n<p>Desde Nietzsche hasta Mr. Davidson, puede decirse que todos los adoradores de la voluntad carecen de ella casi por completo. Apenas son capaces de querer o desear. \u00bfLas pruebas? F\u00e1cil ser\u00e1 proporcionarlas: un s\u00edntoma bastante elocuente es que siempre est\u00e9n hablando de la voluntad como de algo que estalla y derrumba, cuando lo que hace la voluntad es todo lo contrario. Todo acto de voluntad lo es de propia limitaci\u00f3n. Desear la acci\u00f3n es desear una limitaci\u00f3n. En este sentido, todo acto es un sacrificio. Al escoger una cosa, rechaz\u00e1is necesariamente otra. Los pensadores de esta escuela sol\u00edan proponer una objeci\u00f3n contra el matrimonio, que tambi\u00e9n es aplicable a todos los actos. Todo acto es irremediablemente una selecci\u00f3n y una exclusi\u00f3n. Al casaros con una mujer dej\u00e1is a todas las dem\u00e1s, y asimismo al adoptar una l\u00ednea de acci\u00f3n abandon\u00e1is todas las otras. Si lleg\u00e1is a ser rey de Inglaterra, tendr\u00e9is que dejar vuestro puesto de bedel en Brompton. Si vais a Roma, sacrific\u00e1is vuestra encantadora vida de Wimbledon. Y considerando este aspecto negativo o limitativo de la voluntad, que por otra parte es imprescindible, comprendemos mejor lo absurdo de esos discursos de los anarquistas voluntaristas. Mr. John Davidson nos asegura que \u00e9l no se acobarda ante ning\u00fan &#8220;T\u00fa no har\u00e1s&#8221;. \u00bfPero no comprende Mr. Davidson que &#8220;T\u00fa no har\u00e1s&#8221; es un corolario inmediato de &#8220;Yo har\u00e9&#8221;? &#8220;Ir\u00e9 a ver la procesi\u00f3n del nuevo alcalde -dice la voluntad-, y t\u00fa no me lo impedir\u00e1s&#8221;. Nos conjura el anarquismo a que seamos audaces artistas y no nos cuidemos de ley ni l\u00edmite alguno. Y no se puede ser artista sin leyes ni l\u00edmites. El arte es limitaci\u00f3n; la esencia de toda pintura es el contorno. Cuando dibuj\u00e1is una jirafa ten\u00e9is que ponerle el pescuezo largo. Y si, seg\u00fan vuestro audaz sistema de creaci\u00f3n, os empe\u00f1\u00e1is en pintarla con el cuello corto, pronto os convencer\u00e9is de que no sois libres de pintar una jirafa como se os antoje. Entrar en el terreno de los hechos es entrar en el mundo de los l\u00edmites. Las cosas pueden emanciparse a ciertas leyes accidentales o pegadizas, pero no pueden escapar a las leyes de su naturaleza. Se puede libertar a un tigre de su jaula, pero no de su piel manchada. No se puede libertar a un camello del peso de su corcova; ser\u00eda quererlo libertar de su condici\u00f3n de camello. No pretendamos, como esos torpes demagogos, entusiasmar a los tri\u00e1ngulos a que se emancipen de la tiran\u00eda de sus tres lados. El tri\u00e1ngulo que se atraviese a esto, pronto llegar\u00eda a un t\u00e9rmino lamentable. Alguien ha escrito una obra que se llama &#8220;El Amor de los Tri\u00e1ngulos&#8221;. Aunque no la he le\u00eddo, estoy seguro de que, si los tri\u00e1ngulos han podido alguna vez ser amados, se debe a que son triangulares. Y lo propio acontece con cualquiera creaci\u00f3n art\u00edstica; y la creaci\u00f3n art\u00edstica puede considerarse como el ejemplo m\u00e1s elocuente de voluntad pura. El artista ama sus limitaciones; ellas integran la calidad de su obra. El pintor se alegra de que el lienzo sea plano; el escultor, de la palidez de la arcilla.<\/p>\n<p>(&#8230;)<\/p>\n<p>Y no, nuestro rebelde es esc\u00e9ptico; no conf\u00eda plenamente en nada. Como no tiene lealtad, nunca podr\u00e1 ser un verdadero revolucionario. Quisiera denunciar alg\u00fan mal, como hace el revolucionario verdadero, pero se lo estorba su desconfianza general de todas las cosas. Porque la denuncia implica alg\u00fan modo de doctrina moral, y nuestro revolucionario no s\u00f3lo duda de la doctrina por acusar, sino de la que pudiera fundar la acusaci\u00f3n. Si escribe un libro quej\u00e1ndose de que la opresi\u00f3n imperial insulte la pureza de la mujer, despu\u00e9s escribe otro en que insulta a la mujer a sus anchas con motivo de los problemas del sexo. Maldice al sult\u00e1n porque las doncellas cristianas pierden su virginidad y despu\u00e9s maldice a Mrs. Grundy porque la conservan. Como pol\u00edtico, predicar\u00e1 a gritos contra la guerra, alegando que la guerra gasta las fuerzas de la vida; y m\u00e1s tarde, como fil\u00f3sofo, declarar\u00e1 que la vida es, a su vez, un despilfarro del tiempo.<\/p>\n<p>(&#8230;)<\/p>\n<p>En resumen: que nuestro revolucionario, esc\u00e9ptico infinito, no hace m\u00e1s que contraminar sus propias minas. En sus libros de pol\u00edtica reprende a los hombres que pisotean la moral, y en sus libros de \u00e9tica la emprende contra la moral porque pisotea a los hombres. As\u00ed el sublevado ha venido a quedar incapaz para todo empe\u00f1o de sublevaci\u00f3n. A fuerza de alzarse contra todo, ha perdido el derecho de alzarse contra cosa alguna.<\/p>\n<p>(&#8230;)<\/p>\n<p>Nietzsche ten\u00eda cierto talento natural para el sarcasmo: sab\u00eda desde\u00f1ar, ya que no reir; pero hay siempre en su s\u00e1tira cierta falta de sustantividad y de peso; y todo porque no tiene, para respaldarla, la masa necesaria de moralidad com\u00fan. En efecto: Nietzsche es mucho m\u00e1s absurdo que todos los absurdos que denuncia en sus obras. Nietzsche pudiera quedar como el prototipo de esta falta de energ\u00eda abstracta: el reblandecimiento cerebral que dio al traste con su vida no fue un mero accidente f\u00edsico. Si Nietzsche no hubiera parado en imb\u00e9cil, de todas suertes el nietzscheanismo hubiera parado en imbecilidad. El pensamiento demasiado solitario y orgulloso acaba por idiotizar. Todo el que no deja que se ablande su coraz\u00f3n, tendr\u00e1 que sufrir que se le reblandezca el cerebro.<\/p>\n<p>Este \u00faltimo intento para eludir el intelectualismo acaba en intelectualismo puro, y, por lo mismo, es cosa muerta. Ha fallado el intento. El culto desconsiderado de la anarqu\u00eda y el culto materialista de la ley acaban en una misma vanidad. Nietzsche, tras escalar vertiginosas cumbres, se queda en el T\u00edbet. Y all\u00ed est\u00e1 sentado a la diestra de Tolstoy, en las regiones de la Nada y del Nirvana. Ambos han perdido la esperanza: uno porque no ha querido conservar nada; el otro porque no ha querido desprenderse de nada. La voluntad tolstoyana resulta como helada al soplo de aquella aprensi\u00f3n budista que en todos los actos especiales cree hallar pecados. Pero tan helada resulta asimismo la voluntad nietscheana, por su creencia en la bondad de todos los actos especiales. Pues si todos ellos son buenos, ninguno es especial. De modo que ambos est\u00e1n en el cruce de los caminos, y mientras uno abomina de todos los caminos, al otro todos parecen tentarle a un tiempo. \u00bfResultado?&#8230; No es muy dif\u00edcil adivinarlo. El hecho es que ambos se quedan en el cruce de los caminos.<\/p>\n<p>Chesterton. Ortodoxia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De: irichc\u00a0 (Mensaje original) Enviado: 21\/10\/2004 22:51 La gente de hoy no es perversa; en cierto sentido aun pudiera decirse que es demasiado buena: est\u00e1 llena de absurdas virtudes supervivientes. Cuando alguna teor\u00eda religiosa es sacudida, como lo fue el Cristianismo en la Reforma, no s\u00f3lo los vicios quedan sueltos. Claro que los vicios quedan<\/p>\n<p class=\"text-right\"><span class=\"screen-reader-text\">Continue Reading&#8230; Chesterton. 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