{"id":1194,"date":"2009-01-27T00:00:57","date_gmt":"2009-01-27T00:00:57","guid":{"rendered":"http:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=1194"},"modified":"2009-01-27T00:00:57","modified_gmt":"2009-01-27T00:00:57","slug":"hegel.-cr\u00edtica-a-la-&quot;cosa-en-s\u00ed&quot;-de-kant.","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=1194","title":{"rendered":"Hegel. Cr\u00edtica a la &quot;cosa en s\u00ed&quot; de Kant."},"content":{"rendered":"<p><strong>De: irichc\u00a0 (Mensaje original)\tEnviado: 16\/06\/2004 9:00<\/strong><\/p>\n<p>Concepto general de la l\u00f3gica<\/p>\n<p>En la l\u00f3gica m\u00e1s que en ninguna otra ciencia se siente la necesidad de comenzar por el objeto mismo, sin reflexiones preliminares. En cualquier otra ciencia el objeto de la misma y el m\u00e9todo cient\u00edfico se diferencian uno del otro; a la vez que el contenido no constituye un comienzo absoluto, sino que depende de otros conceptos y mantiene conexi\u00f3n a su alrededor con otras materias. Por eso a dichas materias les est\u00e1 permitido hablar tanto de su fundamento y de sus conexiones como tambi\u00e9n del m\u00e9todo s\u00f3lo por lemas; pueden adoptar directamente las formas de las definiciones presupuestas como conocidas y aceptadas y servirse de la manera ordinaria de razonar para establecer sus conceptos generales y sus determinaciones fundamentales.<\/p>\n<p>La l\u00f3gica, al contrario, no puede presuponer ninguna de estas formas de la reflexi\u00f3n, o reglas y leyes del pensamiento, pues ellas constituyen una parte de su contenido propio y tienen que ser primeramente fundamentadas en la l\u00f3gica misma.<\/p>\n<p>Pero no s\u00f3lo la exposici\u00f3n del m\u00e9todo cient\u00edfico pertenece al contenido de la l\u00f3gica, sino tambi\u00e9n el concepto mismo de ciencia en general, y \u00e9ste constituye exactamente su resultado \u00faltimo. Por eso ella no puede decir previamente lo que es; s\u00f3lo su completa exposici\u00f3n proporciona este conocimiento de ella misma, como su fin y conclusi\u00f3n. De la misma manera su objeto, el pensamiento, o con m\u00e1s determinaci\u00f3n, el pensamiento que concibe, es tratado esencialmente como parte intr\u00ednseca de ella; el concepto de este pensamiento se engendra en el curso de la l\u00f3gica y no puede por eso proporcion\u00e1rselo previamente. En consecuencia, lo que en esta introducci\u00f3n se expresa preliminarmente no tiene el prop\u00f3sito de fundamentar el concepto de la l\u00f3gica o de justificar de antemano cient\u00edficamente su contenido y m\u00e9todo, sino que quiere, por medio de algunas aclaraciones y reflexiones, entendidas en el sentido del razonamiento y de la exposici\u00f3n hist\u00f3rica, acercar a nuestra representaci\u00f3n el punto de vista desde el cual esta ciencia tiene que ser considerada.<\/p>\n<p>Al aceptar que la l\u00f3gica sea la ciencia del pensamiento en general, se entiende con ello que este pensamiento constituye la pura forma de un conocimiento, que la l\u00f3gica hace abstracci\u00f3n de cualquier contenido y que el llamado segundo elemento, que pertenecer\u00eda a un conocimiento, es decir la materia, debe ser ofrecido tray\u00e9ndolo de otra parte. De este modo la l\u00f3gica, como si esta materia fuera del todo independiente de ella, deber\u00eda presentar s\u00f3lo las condiciones formales del conocimiento verdadero, sin contener por s\u00ed misma la verdad real; y tampoco podr\u00eda ser el camino para alcanzar la verdad real, justamente porque el elemento esencial de la verdad, esto es el contenido, se encontrar\u00eda fuera de ella.<\/p>\n<p>Pero, en primer lugar, es inapropiado decir que la l\u00f3gica hace abstracci\u00f3n de cualquier contenido, que ense\u00f1a s\u00f3lo las reglas del pensar, sin penetrar en lo que ha sido pensado, y sin poder considerar su naturaleza. Puesto que son el pensamiento y las reglas del pensar los que deben constituir su objeto, en \u00e9stos tiene la l\u00f3gica su contenido caracter\u00edstico inmediato, y en ellos tiene tambi\u00e9n aquel segundo elemento del conocimiento, a saber, una materia, de cuya naturaleza debe preocuparse.<\/p>\n<p>En segundo lugar, las representaciones, sobre las que hasta ahora en general se asentaba el concepto de l\u00f3gica, se han extinguido en parte; ya es tiempo de que desaparezcan del todo, y que el punto de vista de esta ciencia sea concebido de modo m\u00e1s elevado, y adquiera una forma totalmente modificada.<\/p>\n<p>Hasta ahora el concepto de la l\u00f3gica se fundaba sobre la separaci\u00f3n dada de una vez para siempre en la conciencia ordinaria, del contenido del conocimiento y de la forma de \u00e9ste, es decir, en la separaci\u00f3n de la verdad y la certeza. Se presupone ante todo que la materia del conocimiento existe como un mundo acabado, en s\u00ed y por s\u00ed, fuera del pensamiento; que el pensamiento por s\u00ed es vac\u00edo y que se a\u00f1ade como una forma extr\u00ednseca a aquella materia, se llena de ella, y solamente entonces adquiere un contenido y se convierte as\u00ed en conocimiento real.<\/p>\n<p>Luego, estos dos elementos ?pues seg\u00fan este modo de ver tienen que presentarse en la relaci\u00f3n de elementos, y el conocimiento se compondr\u00eda de ellos de un modo mec\u00e1nico, o a lo sumo qu\u00edmico- est\u00e1n colocados por el siguiente orden jer\u00e1rquico: el objeto es algo por s\u00ed completo, acabado, y para su realidad puede prescindir (en absoluto) del pensamiento; el pensamiento, por lo contrario, es algo imperfecto, que necesita completarse primero con una materia y amoldarse a ella como una forma blanda, indeterminada. La verdad consiste en la concordancia del pensamiento con el objeto; y, a fin de producir esta concordancia (pues ella no existe en s\u00ed y por s\u00ed) el pensamiento debe ajustarse y acomodarse al objeto.<\/p>\n<p>En tercer lugar, dado que la diversidad entre la materia y la forma, entre el objeto y el pensamiento no es dejada en aquella nebulosa indeterminaci\u00f3n, sino que es concebida de manera m\u00e1s determinada, deben los dos constituir esferas distintas. Por consiguiente el pensamiento, cuando aprehende y forma la materia, no sale fuera de s\u00ed mismo; su acto de aprehender [la materia] y amoldarse a ella no es sino una modificaci\u00f3n de \u00e9l mismo, sin que por esto \u00e9l se vuelva otro diferente de s\u00ed mismo; y la determinaci\u00f3n autoconsciente pertenece, no obstante, s\u00f3lo a \u00e9l [al pensamiento]. De modo que, a\u00fan en su relaci\u00f3n con el objeto, el pensamiento no sale fuera de s\u00ed mismo hacia el objeto: \u00e9ste sigue siendo, como cosa en s\u00ed, absolutamente un m\u00e1s all\u00e1 del pensamiento.<\/p>\n<p>Estas opiniones sobre la relaci\u00f3n entre sujeto y objeto expresan las determinaciones que constituyen la naturaleza de nuestra conciencia ordinaria, [esto es] de la conciencia fenomenol\u00f3gica. Pero, al ser trasladados a la raz\u00f3n, como si la misma relaci\u00f3n existiese en ella, y si esta relaci\u00f3n contuviese en s\u00ed y por s\u00ed la verdad, estos prejuicios se convierten en los errores cuya refutaci\u00f3n, practicada por todas partes del universo espiritual y natural, es la filosof\u00eda; o mejor dicho, los errores que, por obstruir el acceso a la filosof\u00eda, tienen que ser abandonados en el umbral de la misma.<\/p>\n<p>La antigua metaf\u00edsica ten\u00eda, a ese respecto, un concepto del pensamiento m\u00e1s elevado del que se ha vuelto corriente en nuestros d\u00edas. Ella part\u00eda en efecto de la premisa siguiente: que lo que conocemos por el pensamiento sobre las cosas y concerniente a las cosas constituye lo que ellas tienen de verdaderamente verdadero, de manera que no tomaba las cosas en su inmediaci\u00f3n, sino s\u00f3lo en la forma del pensamiento, como pensadas. Esta metaf\u00edsica, por lo tanto, estimaba que el pensamiento y las determinaciones del pensamiento no eran algo extra\u00f1o al objeto, sino que constitu\u00edan m\u00e1s bien su esencia, o sea que las cosas y el pensamiento de ellas ?del mismo modo que nuestro idioma expresa un parentesco entre los dos t\u00e9rminos [Ding\/Denken]- coinciden en s\u00ed y por s\u00ed, [esto es] que el pensamiento en sus determinaciones inmanentes y la naturaleza verdadera de las cosas constituyen un solo y mismo contenido.<\/p>\n<p>Pero el entendimiento reflexivo se apoder\u00f3 de la filosof\u00eda. Conviene saber con exactitud lo que significa esta expresi\u00f3n, que se emplea corrientemente como palabra de hondo sentido. Hay que entenderlo generalmente como el entendimiento que se abstrae y por lo tanto separa y que insiste en sus separaciones. En contraste con la raz\u00f3n, se comporta el intelecto humano com\u00fan, y hace prevalecer su manera de ver, seg\u00fan la cual la verdad tendr\u00eda por base la realidad sensible, las ideas no ser\u00edan m\u00e1s que ideas, en el sentido de que s\u00f3lo la percepci\u00f3n sensible les dar\u00eda su contenido y su realidad, y que la raz\u00f3n, al permanecer en s\u00ed y por s\u00ed, crea s\u00f3lo quimeras. En este renunciamiento de la raz\u00f3n a s\u00ed misma el concepto de verdad se pierde, y ella se ve restringida a reconocer s\u00f3lo la verdad subjetiva, la apariencia, esto es s\u00f3lo algo que no corresponde la naturaleza del objeto. As\u00ed el saber vuelve a reducirse a opini\u00f3n.<\/p>\n<p>Sin embargo, esta direcci\u00f3n tomada por el conocimiento, que aparece como una p\u00e9rdida y un retroceso, tiene fundamentos profundos, sobre los que reposa en general la elevaci\u00f3n de la raz\u00f3n en el esp\u00edritu superior de la moderna filosof\u00eda. Vale decir que el motivo de esta representaci\u00f3n, que se ha generalizado, tiene que ser buscado en la observaci\u00f3n de la necesaria contradicci\u00f3n de las determinaciones del intelecto para consigo mismas. La mencionada reflexi\u00f3n consiste en lo siguiente: superar lo concreto inmediato, determinarlo y dividirlo. Pero tal reflexi\u00f3n debe tambi\u00e9n superar sus determinaciones divisorias, y ante todo, tiene que relacionarlas mutuamente. Pero desde el punto de vista de establecer esta relaci\u00f3n surge su contradicci\u00f3n. Esta relaci\u00f3n de la reflexi\u00f3n pertenece en s\u00ed a la raz\u00f3n; elevarse sobre aquellas determinaciones, hasta alcanzar a conocer el contraste contenido en ellas, es el gran paso negativo hacia el verdadero concepto de la raz\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero esta investigaci\u00f3n, si no se realiza de manera acabada, cae en el error de presentar las cosas como si la raz\u00f3n estuviera en contradicci\u00f3n consigo misma; no se da cuenta de que la contradicci\u00f3n es justamente la elevaci\u00f3n de la raz\u00f3n sobre las limitaciones del intelecto y la soluci\u00f3n de las mismas. En vez de dar el \u00faltimo paso desde aqu\u00ed hacia lo alto, el reconocimiento de que las determinaciones del intelecto no son satisfactorias ha vuelto a refugiarse en la existencia sensorial, creyendo hallar en ella un objeto s\u00f3lido y acorde. Como, por otro lado, este conocimiento sabe que s\u00f3lo es el conocimiento de las apariencias, admite sin duda su car\u00e1cter insatisfactorio, pero al mismo tiempo presupone que si no es posible conocer correctamente las cosas en s\u00ed, por lo menos puede conoc\u00e9rselas en la esfera de los fen\u00f3menos, como si justamente s\u00f3lo la especie de los objetos fuera diferente, y s\u00f3lo una especie formara parte del conocimiento, es decir, no las cosas en s\u00ed, sino la otra especie, la de los fen\u00f3menos. Igual que si a un hombre se le reconociera la capacidad de tener un criterio correcto, pero con el agregado de que es incapaz de comprender nada que sea verdadero, sino s\u00f3lo lo que no es verdadero. Si es absurdo eso, igualmente absurdo es un verdadero conocimiento, que no conoce el objeto tal cual es en s\u00ed.<\/p>\n<p>La cr\u00edtica de las formas del intelecto tuvo el resultado mencionado, es decir, que dichas formas no tienen aplicaci\u00f3n alguna a las cosas en s\u00ed. Esto puede tener s\u00f3lo un sentido, que estas formas en s\u00ed mismas son algo no verdadero. Pero en cuanto se contin\u00faa consider\u00e1ndolas de valor para la raz\u00f3n subjetiva y para la experiencia, la cr\u00edtica no efectu\u00f3 ninguna modificaci\u00f3n en ellas mismas, y las deja valederas para el sujeto con la misma configuraci\u00f3n con que antes val\u00edan para el objeto. Pero, si son insuficientes para la cosa en s\u00ed, el intelecto a quien deber\u00edan pertenecer, tendr\u00eda que considerarlas menos satisfactorias todav\u00eda y negarse a acomodarse a ellas. Si no pueden ser determinaciones de la cosa en s\u00ed, mucho menos pueden ser determinaciones del intelecto, al que habr\u00eda que reconocer por lo menos la dignidad de una cosa en s\u00ed. Las determinaciones de lo finito y de lo infinito est\u00e1n en el mismo contraste, ya se apliquen al tiempo y al espacio o al mundo, ya se las consideren como determinaciones dentro del esp\u00edritu, tal como el negro y el blanco dan un color gris, tanto cuando se unen sobre una pared como cuando se los mezcla en la paleta. Si nuestra representaci\u00f3n del mundo se disuelve cuando se le atribuyen las determinaciones de lo finito y del infinito, con m\u00e1s raz\u00f3n el propio esp\u00edritu que contiene a ambas resulta algo contradictorio en s\u00ed mismo, que se disuelve en s\u00ed. No es la naturaleza de la materia o del objeto a la que se aplican aquellas determinaciones o en que est\u00e1n contenidas, la que puede constituir una diferencia; en efecto, el objeto contiene en s\u00ed la contradicci\u00f3n s\u00f3lo por medio de esas determinaciones y seg\u00fan ellas.<\/p>\n<p>De manera que dicha cr\u00edtica ha alejado las formas del pensamiento objetivo s\u00f3lo del objeto, pero dej\u00e1ndolas en el sujeto tal como las encontr\u00f3. Es decir, que no ha considerado esas formas en s\u00ed y por s\u00ed, conforme a su peculiar contenido, sino que las ha aceptado como un lema, directamente de la l\u00f3gica subjetiva; por lo tanto no puede hablarse de una deducci\u00f3n de las formas en s\u00ed mismas, o de una deducci\u00f3n de ellas como formas l\u00f3gicas subjetivas; ni mucho menos se puede hablar de su consideraci\u00f3n dial\u00e9ctica.<\/p>\n<p>El idealismo trascendental, desarrollado consecuentemente, reconoci\u00f3 la nulidad de este espectro de la cosa en s\u00ed, que la filosof\u00eda cr\u00edtica dej\u00f3 subsistir; reconoci\u00f3 la inconsistencia de esta sombra abstracta, separada de todo contenido, y se propuso su destrucci\u00f3n completa. Esta filosof\u00eda comenz\u00f3 tambi\u00e9n por permitir a la raz\u00f3n que expusiera sus determinaciones deduci\u00e9ndolas de s\u00ed misma. Pero la posici\u00f3n subjetiva de dicha tentativa no le permiti\u00f3 cumplir su prop\u00f3sito. Luego esta posici\u00f3n, y con ella tambi\u00e9n todo comienzo y elaboraci\u00f3n de la ciencia pura fueron abandonados.<\/p>\n<p>Pero tal como se la comprende ordinariamente, la l\u00f3gica est\u00e1 tratada sin atenci\u00f3n alguna para su significado metaf\u00edsico. Sin duda que, en las condiciones en que todav\u00eda se encuentra, no tiene esta ciencia un contenido de tal especie, que pueda ser v\u00e1lido como realidad y como cosa verdadera en la conciencia com\u00fan, lo que no significa que sea una ciencia formal, desprovista de una verdad sustancial. Sin embargo, no debe buscarse el dominio de la verdad en aquella materia que falta en dicha ciencia, y a cuyo defecto suele atribuirse su car\u00e1cter insatisfactorio. La carencia de contenido de las formas l\u00f3gicas se encuentra m\u00e1s bien s\u00f3lo en la manera de considerarlas y tratarlas. Cuando son consideradas como determinaciones firmes, y por ende desligadas, en lugar de ser reunidas en una unidad org\u00e1nica, son formas muertas, donde ya no reside el esp\u00edritu, que constituye su concreta unidad viviente. Por eso carecen de contenido s\u00f3lido, esto es de una materia, la que ser\u00eda en s\u00ed misma un contenido valedero. El contenido de que carecen las formas l\u00f3gicas no es m\u00e1s que una base firme y una concreci\u00f3n de aquellas determinaciones abstractas; y esta esencia sustancial suele buscarse para ellas en su exterior. Pero la misma raz\u00f3n l\u00f3gica es lo sustancial o real, que contiene en s\u00ed todas las determinaciones abstractas, y constituye su unidad s\u00f3lida, absolutamente concreta. En consecuencia, no se necesitaba buscar muy lejos lo que se acostumbra a llamar materia. Si la l\u00f3gica parece carente de contenido, no es culpa de su objeto, sino s\u00f3lo de la manera c\u00f3mo ese objeto est\u00e1 concebido.<\/p>\n<p>Esta reflexi\u00f3n nos aproxima al punto de vista desde el cual hay que considerar la l\u00f3gica, a mostrar hasta donde \u00e9ste se distingue de las maneras de tratar esta ciencia empleadas hasta ahora y es el \u00fanico punto de vista verdadero desde el cual la l\u00f3gica tiene que ser considerada en el futuro.<\/p>\n<p>[&#8230;]<\/p>\n<p>Este pensamiento objetivo constituye pues el contenido de la ciencia pura. En consecuencia est\u00e1 tan lejos de ser formal y de estar desprovista de la materia necesaria para un conocimiento real y verdadero, que m\u00e1s bien s\u00f3lo su contenido es lo verdadero absoluto, o, si uno quiere todav\u00eda valerse de la palabra materia, es la verdadera materia; pero una materia cuya forma no es algo exterior, porque dicha materia es m\u00e1s bien el pensamiento puro y por lo tanto la forma absoluta misma. De acuerdo con esto la l\u00f3gica tiene que ser concebida como el sistema de la raz\u00f3n pura, como el reino del pensamiento puro. Este reino es la verdad tal como est\u00e1 en s\u00ed y por s\u00ed, sin envoltura. Por eso puede afirmarse que dicho contenido es la representaci\u00f3n de Dios, tal como est\u00e1 en su ser eterno, antes de la creaci\u00f3n de la naturaleza y de un esp\u00edritu finito.<\/p>\n<p>Se celebra a Anax\u00e1goras como el primero que afirm\u00f3 que el Nus, el pensamiento, es el principio del mundo y que la esencia del mundo ha de determinarse como pensamiento. De este modo puso los fundamentos de una visi\u00f3n intelectual del universo, cuya forma pura debe ser la l\u00f3gica.<\/p>\n<p>No se trata aqu\u00ed de un pensamiento en torno de algo, que exista por s\u00ed como base, fuera del pensamiento; no se trata de formas, que s\u00f3lo proporcionar\u00edan simples signos de la verdad; sino que las formas necesarias y las determinaciones propias del pensamiento son el contenido y la suprema verdad misma.<\/p>\n<p>[&#8230;]<\/p>\n<p>Spinoza, Wolff y otros se han dejado fascinar por la idea de aplicar dicho m\u00e9todo a la filosof\u00eda, y convertir el proceso extr\u00ednseco de la cantidad carente de concepto en proceso del concepto; lo que en s\u00ed y por s\u00ed es contradictorio. Hasta ahora la filosof\u00eda no hab\u00eda encontrado todav\u00eda su m\u00e9todo; contemplaba con envidia el edificio sistem\u00e1tico de la matem\u00e1tica cuyos m\u00e9todos tomaba en pr\u00e9stamo, como ya dijimos, o utilizaba los m\u00e9todos pertenecientes a las ciencias, que no son m\u00e1s que una mezcla de materias dadas, proposiciones experimentales y pensamientos; o a veces recurr\u00eda tambi\u00e9n al expediente de rechazar con aspereza todo m\u00e9todo. Sin embargo, la expresi\u00f3n de aqu\u00e9l que solo puede ser el verdadero m\u00e9todo de la ciencia filos\u00f3fica, pertenece al tratado de la l\u00f3gica misma; en efecto, el m\u00e9todo es la conciencia relativa a la forma del automovimiento interior de su contenido.<\/p>\n<p>Hegel. Ciencia de la L\u00f3gica (introducci\u00f3n).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De: irichc\u00a0 (Mensaje original) Enviado: 16\/06\/2004 9:00 Concepto general de la l\u00f3gica En la l\u00f3gica m\u00e1s que en ninguna otra ciencia se siente la necesidad de comenzar por el objeto mismo, sin reflexiones preliminares. En cualquier otra ciencia el objeto de la misma y el m\u00e9todo cient\u00edfico se diferencian uno del otro; a la vez<\/p>\n<p class=\"text-right\"><span class=\"screen-reader-text\">Continue Reading&#8230; Hegel. 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