{"id":1045,"date":"2009-01-13T22:41:31","date_gmt":"2009-01-13T22:41:31","guid":{"rendered":"http:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=1045"},"modified":"2020-08-10T10:05:34","modified_gmt":"2020-08-10T16:05:34","slug":"trabajo-y-espiritualidad-catholic-net","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=1045","title":{"rendered":"Trabajo y espiritualidad (catholic.net)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Axesa1 01\/09\/2007 6:29<\/strong><\/p>\n<p>Trabajo y Espiritualidad<\/p>\n<p>http:\/\/es.catholic.net\/empresarioscatolicos\/436\/1219\/articulo.php?id=13112<\/p>\n<p>Autor: Jos\u00e9 Luis Illanes<\/p>\n<p>Ante Dios y en el mundo<br \/>\nApuntes para una teolog\u00eda del trabajo<br \/>\nEunsa, Pamplona 1997, cap. II, pp. 39-50<\/p>\n<p>La palabra italiana \u00ablavoro\u00bb &#8211;del lat\u00edn labor &#8212; hace referencia, por su etimolog\u00eda, al esfuerzo, penosidad o cansancio que acompa\u00f1a, de hecho, a la tarea a la que designa. Lo mismo ocurre en otras lenguas del origen latino, aunque el t\u00e9rmino usado sea diverso: \u00abtrabajo\u00bb en castellano, \u00abtravail\u00bb en franc\u00e9s, \u00abtravalho\u00bb en portugu\u00e9s, que provienen del lat\u00edn tripalium , termino que, en el hablar latino tard\u00edo, designaba precisamente un instrumento de tortura. En las lenguas sajonas o germ\u00e1nicas algunos vocablos (\u00abwerk\u00bb en alem\u00e1n, \u00abwork\u00bb, en ingl\u00e9s) evocan m\u00e1s bien la obra o producto realizado; otros en cambio (\u00ablabor\u00bb, en ingl\u00e9s, \u00abArbeit\u00bb en alem\u00e1n) tienen resonancias an\u00e1logas a las ya se\u00f1aladas.<\/p>\n<p>Desde diversas perspectivas, esas breves referencias etimol\u00f3gicas apuntan al car\u00e1cter complejo que la experiencia del trabajo atestigua. La actividad a la que designamos con la palabra trabajo connota aspectos esenciales del ser humano y de su relaci\u00f3n con el mundo. Cabe, en efecto, caracterizarlo por tres rasgos fundamentales:<\/p>\n<p>a) ser una actividad transitiva, que, naciendo del hombre, desemboca en el mundo al que modifica y transforma;<\/p>\n<p>b) ser una actividad que implica esfuerzo, puesta en marcha de energ\u00edas en orden a dominar una realidad exterior que se deja vencer solo gracias a la perseverancia y al empe\u00f1o;<\/p>\n<p>c) ser una actividad en la que se entremezclan la intelectualidad y la corporalidad humanas: todo trabajo es, de un modo u otro, y como ya dijeran los cl\u00e1sicos, obra de la inteligencia y de las manos, fruto de un proyecto de acci\u00f3n que se plasma y realiza a trav\u00e9s de \u00f3rganos corporales.<\/p>\n<p>Los tres rasgos que acabamos de rese\u00f1ar, son, precisamente, los que subray\u00f3 la reflexi\u00f3n filos\u00f3fica griega y recogi\u00f3 luego la teolog\u00eda en la \u00e9poca patr\u00edstica y en el medioevo. A partir de los siglos medievales y, sobre todo, en la \u00e9poca moderna, se inici\u00f3 un proceso a la vez f\u00e1ctico y teor\u00e9tico que condujo, de una parte, a ampliar el campo de aplicaci\u00f3n de la palabra trabajo, refiri\u00e9ndola no s\u00f3lo a las actividades manuales sino tambi\u00e9n a las intelectuales; y, de otra, a poner de manifiesto, de manera cada vez m\u00e1s clara, la importancia del trabajo como factor decisivo de la din\u00e1mica hist\u00f3rica. Todo lo cual llev\u00f3 a tomar conciencia de que no es posible tratar del trabajo desde una perspectiva exclusivamente antropol\u00f3gico-individual: hablar del trabajo reclama, en efecto, hablar de la sociedad humana que se estructura y desarrolla gracias al mutuo entrecruzarse de actividades diversas, cada una de las cuales debe ser considerada no solo en s\u00ed misma, sino en relaci\u00f3n con el conjunto. Y esto, como es obvio, tiene repercusiones no solo a la hora de definir el trabajo &#8211;a los tres rasgos antes mencionados debe a\u00f1adirse en efecto, la referencia a la dimensi\u00f3n hist\u00f3rico-social&#8211; sino tambi\u00e9n, en orden a la espiritualidad (1) .<\/p>\n<p>1. El trabajo en la historia de la Espiritualidad (2)<\/p>\n<p>Juan Pablo II ha hablado en la Laborem exercens de un \u00abevangelio del trabajo\u00bb, de un anuncio evang\u00e9lico referido al trabajo, que tiene sus puntos centrales de referencia, de una parte, en las narraciones genes\u00edacas sobre la creaci\u00f3n y, de otra, en la vida de trabajo de Jes\u00fas (3) . La riqueza de las ense\u00f1anzas b\u00edblicas, vetero y neotestamentarias, sobre la actividad laboral son innegables. Es cierto a la vez que el trabajo no es una realidad de la que el texto b\u00edblico se ocupe de manera frontal y directa, sino m\u00e1s bien un elemento de la condici\u00f3n humana, que el mensaje evang\u00e9lico presupone, proyectando sobre \u00e9l, como sobre otros, la luz que deriva de esa revelaci\u00f3n sobre el sentido de la existencia que, incoada en la antigua alianza, lleg\u00f3 a su culminaci\u00f3n en Cristo.<\/p>\n<p>En todo caso, la posterior reflexi\u00f3n patr\u00edstica sobre el trabajo fue m\u00e1s bien somera. Hay frecuentes alusiones, incluso amplias, especialmente en algunos autores &#8211;Clemente de Alejandr\u00eda, San Juan Cris\u00f3stomo, San Agust\u00edn&#8211;, pero en ning\u00fan caso el trabajo, visto en la plenitud de sus dimensiones, lleg\u00f3 a ser objeto espec\u00edfico de estudio y consideraci\u00f3n. Un problema suscit\u00f3, no obstante, incluso de manera prolongada, la atenci\u00f3n de los Padres: el del trabajo de los monjes; m\u00e1s exactamente, el de la obligaci\u00f3n que al monje le incumbe de no estar ocioso; perspectiva que permiti\u00f3, ciertamente, subrayar algunos aspectos significativos, pero que, al no superar un horizonte de ascetismo individual, hizo que la atenci\u00f3n se centrara en el trabajo manual &#8211;es ello lo que se recomienda al monje para evitar la ociosidad&#8211;, abstrayendo de perspectivas m\u00e1s amplias.<\/p>\n<p>Los cambios socio-culturales acontecidos en la Edad Media provocaron un florecer de cofrad\u00edas y asociaciones profesionales (agricultores, artesanos de los m\u00e1s diversos tipos), en torno a las que apunt\u00f3 una consideraci\u00f3n espiritual y cristiana del trabajo, aunque m\u00e1s impl\u00edcita que desarrollada. La recepci\u00f3n de algunas ideas de Arist\u00f3teles y, sobre todo, las disputas surgidas con ocasi\u00f3n del nacimiento de las \u00f3rdenes mendicantes, que renunciaban al trabajo para vivir de la limosna, supusieron un paso adelante: en ese contexto, en efecto, el trabajo dej\u00f3, en algunos momentos, de ser contemplado como mera ocupaci\u00f3n manual y se abri\u00f3 camino la idea de profesi\u00f3n, es decir, de trabajo estable que cualifica la existencia. Bien es verdad que todo ello se mantuvo en un estado embrionario y acompa\u00f1ado con frecuencia de juicios negativos sobre las ocupaciones seculares y su inserci\u00f3n en la vida espiritual.<\/p>\n<p>La progresiva maduraci\u00f3n de la sociedad con el transcurso de los siglos medievales, y el afirmarse en ella de los estamentos laicales &#8211;que fueron accediendo paulatinamente a la cultura, hasta culminar en esos grandes acontecimientos hist\u00f3ricos a los que designamos como Humanismo y Renacimiento&#8211;, abri\u00f3 perspectivas importantes, ambiguas en algunos campos, pero prometedoras en otros. La crisis que estall\u00f3 con la Reforma protestante provoc\u00f3, en todo caso, un viraje decisivo, que result\u00f3 fatal en m\u00e1s de un aspecto. Hay, ciertamente, en Lutero una afirmaci\u00f3n del valor cristiano de la profesi\u00f3n ( Beruf ) que el hombre bautizado ejerce en el mundo, pero esa afirmaci\u00f3n resulta lastrada por su planteamiento pol\u00e9mico (Lutero formul\u00f3 su doctrina en contraposici\u00f3n y cr\u00edtica a la vocaci\u00f3n mon\u00e1stica), y, sobre todo, por su concepto del pecado, que llevaba a situar el vivir social, y, con \u00e9l, el trabajo, en la esfera de la pura profanidad o, al menos, en un \u00e1mbito diverso de aquel en que se opera la salvaci\u00f3n, con las consecuencias negativas que de ah\u00ed derivan.<\/p>\n<p>La teolog\u00eda cat\u00f3lica postridentina reafirm\u00f3 amplia e insistentemente el car\u00e1cter intr\u00ednseco de la justificaci\u00f3n, y abord\u00f3 algunas cuestiones que podr\u00edan haber dado origen a una reflexi\u00f3n sobre el trabajo &#8211;pi\u00e9nsese, por ejemplo, en las discusiones sobre el derecho de propiedad, surgidas a ra\u00edz de la colonizaci\u00f3n americana, o en las pol\u00e9micas sobre el pr\u00e9stamo a inter\u00e9s&#8211;, pero de hecho no ocurri\u00f3 as\u00ed; tal vez por un temor excesivo a planteamientos que pudieran recordar, aunque fuera de lejos, ideas de Lutero y Calvino, por el influjo de la mentalidad aristocr\u00e1tica propia de la \u00e9poca o quiz\u00e1s, incluso, por el talante m\u00e1s jur\u00eddico que metaf\u00edsico del teologizar en aquellos a\u00f1os. Algunos autores espirituales de esa \u00e9poca y de siglos sucesivos &#8211;San Francisco de Sales, San Felipe Neri, San Alfonso Mar\u00eda de Ligorio, San Juan Bosco, entre otros&#8211; desarrollaron una labor literaria y pastoral en la que apuntaban elementos valiosos en orden a una valoraci\u00f3n vocacional de las ocupaciones seculares, sea porque afirmaran expresamente la existencia de una llamada universal a la santidad, sea porque aspiraran a promover la evangelizaci\u00f3n de los estratos populares, dedicados al trabajo, pero en ning\u00fan caso se consigui\u00f3 llegar a planteamientos teor\u00e9ticamente elaborados.<\/p>\n<p>La realidad es que el tema del trabajo pas\u00f3 a ocupar un lugar de primer plano &#8211;y ello tanto a nivel de la espiritualidad como de la teolog\u00eda y de la filosof\u00eda&#8211; s\u00f3lo en la \u00e9poca contempor\u00e1nea, como resultado de una compleja gama de factores, que van desde la revoluci\u00f3n industrial &#8211;que subraya la importancia determinante del trabajo como factor de desarrollo hist\u00f3rico&#8211; hasta la evoluci\u00f3n general de las ideas y la aparici\u00f3n, y posterior difusi\u00f3n, de diversas realidades apost\u00f3licas y espirituales que incid\u00edan en este campo. Entre estos \u00faltimos, mencionemos, en primer lugar, las enc\u00edclicas sociales, y otros documentos an\u00e1logos que, aunque abordan el tema del trabajo desde una perspectiva moral, fueron abri\u00e9ndose de forma cada vez m\u00e1s clara &#8211;la Constituci\u00f3n Gaudium et Spes y la Enc\u00edclica Laborem exercens son aqu\u00ed emblem\u00e1ticas&#8211; a perspectivas dogm\u00e1ticas y espirituales. En segundo lugar, la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica, especialmente en su rama obrera, que, al buscar una fundamentaci\u00f3n de su praxis apost\u00f3lica, termin\u00f3 por suscitar algunos estudios de innegable inter\u00e9s. Y, finalmente, algunas grandes personalidades como Charles de Foucault y, sobre todo, el Fundador del Opus Dei, Josemar\u00eda Escriv\u00e1 de Balaguer, cuya ense\u00f1anza sobre la vocaci\u00f3n y la espiritualidad laicales se estructura, en gran parte, a trav\u00e9s de la proclamaci\u00f3n del valor santifica6le y santificador del trabajo.<\/p>\n<p>2. Vocaci\u00f3n, misi\u00f3n y trabajo<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 lugar ocupa el trabajo en la vida humana y, concretamente, en la vida espiritual? Tal es la pregunta que el breve recorrido hist\u00f3rico realizado invita a formular. Todo intento de respuesta reclama, como paso previo, una cierta clarificaci\u00f3n entre conceptual y terminol\u00f3gica respecto a los significados que la palabra trabajo puede asumir, como lo dicho hasta ahora pone de manifiesto o, al menos, presupone.<\/p>\n<p>En ocasiones &#8211;no en el pasado, pero s\u00ed con relativa frecuencia en el lenguaje contempor\u00e1neo&#8211; el t\u00e9rmino trabajo es empleado con enorme amplitud, hasta identificarlo pr\u00e1cticamente con actividad o tarea, es decir, con cualquier ocupaci\u00f3n, sea del tipo que sea, a la que el hombre se dedica con una cierta estabilidad. Entendido as\u00ed, el trabajo se nos presenta como una dimensi\u00f3n o componente esencial de la condici\u00f3n humana. El hombre es un ser hist\u00f3rico, llamado a la acci\u00f3n, a trav\u00e9s de la cual se expresa y realiza como persona, contribuyendo a la vez a la realizaci\u00f3n de la humanidad como conjunto. Esta realidad tiene, obviamente, profundas consecuencias espirituales: evidencia, en efecto, que la vocaci\u00f3n o llamada que Dios dirige al cristiano, es decir, la invitaci\u00f3n a la efectiva uni\u00f3n con El, no acontece en el vac\u00edo, sino que connota y asume esa dimensi\u00f3n humana b\u00e1sica que es la apertura a la acci\u00f3n, a esa actividad a trav\u00e9s de la cual se estructura, despliega y configura la existencia. Vocaci\u00f3n y actividad, vocaci\u00f3n y misi\u00f3n son, en suma, realidades \u00edntimamente relacionadas; mejor, aspectos de una misma realidad: la realizaci\u00f3n en cada existencia singular del designio o elecci\u00f3n divina.<\/p>\n<p>Estas perspectivas son importantes, pero gen\u00e9ricas. Para seguir adelante y llegar a una ulterior concreci\u00f3n, resulta necesario distinguir entre trabajos y tareas. Entre las diversas clasificaciones o distinciones posibles, acudamos a una, tal vez no la m\u00e1s rigurosa desde una perspectiva teor\u00e9tica, pero \u00fatil para clarificar algunas de las cuestiones afloradas en el itinerario hist\u00f3rico antes descrito: la distinci\u00f3n entre tareas eclesiales y tareas profanas o seculares.<\/p>\n<p>La novedad cristiana, esa intervenci\u00f3n de Dios en la historia que culmina en la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo, se prolonga y llega hasta nosotros no gracias al propagarse de modo difuso a lo largo de las edades de un mensaje que remite a Cristo, sino a trav\u00e9s de un organismo sacramental, de una comunidad viva, de una Iglesia, en la que pervive la misi\u00f3n de Cristo, y en y por la que la palabra de la revelaci\u00f3n, y la vida a la que esa palabra se refiere, son comunicadas a los hombres. Desde ese mismo momento, pueden darse, y se dan de hecho, tareas, trabajos, que, tanto teol\u00f3gica como sociol\u00f3gicamente, se presentan como formalmente eclesiales, es decir, configurados en su totalidad, o, al menos, en su casi totalidad, a partir de la instituci\u00f3n eclesial. Tal es el caso, obviamente y ante todo, del sacerdocio ministerial y, junto a \u00e9l, de los diversos ministerios gracias a los cuales se despliega la organizaci\u00f3n eclesi\u00e1stica, as\u00ed como, en otro orden, el de las diversas manifestaciones de la vida religiosa o consagrada.<\/p>\n<p>Pero la gracia no quita la naturaleza. La realidad de la Iglesia no destruye las m\u00faltiples y variadas realidades y tareas humanas, profanas o seculares, que el mensaje cristiano ni crea ni funda, sino que presupone, puesto que fluyen de la condici\u00f3n y de la experiencia humanas: la familia, la vida ciudadana, la actividad cultural y pol\u00edtica, la amplia gama de las ocupaciones o trabajos profesionales. Con todo ello se entremezcla, en uno u otro grado, toda vida humana, tambi\u00e9n, por tanto, la del cristiano.<\/p>\n<p>Estas realidades temporales o seculares, ese conjunto de actividades, situaciones y tareas con las que se entrecruza el existir cristiano &#8212; y particularmente el de los cristianos corrientes o laicos&#8211; no constituyen, tampoco desde una perspectiva cristiana, un dato o hecho de valor meramente sociol\u00f3gico. La Iglesia no es una comunidad que se sit\u00faa frente al mundo proclamando la vaciedad de lo temporal y terreno, sino sacramento de una comunicaci\u00f3n divina, que es ciertamente don gratuito y trascendente, pero don que asume la entera realidad, m\u00e1s a\u00fan, que explica porqu\u00e9 la realidad existe: es con vistas a su comunicaci\u00f3n gratuita por la que Dios quiso la creaci\u00f3n entera. Por eso podr\u00e1 haber en la Iglesia un sacerdocio, as\u00ed como vocaciones &#8211;las que dan origen a la vida religiosa y particularmente a la mon\u00e1stica&#8211; que testifiquen, mediante el apartamiento del mundo, la trascendencia del don divino, pero habr\u00e1 tambi\u00e9n otras &#8211;las laicales&#8211; que manifiesten la hondura y radicalidad con que la gracia puede y debe informar la naturaleza y cuanto de ella deriva (4) .<\/p>\n<p>Todo ello presupone, desde una perspectiva teol\u00f3gico-dogm\u00e1tica, la compenetraci\u00f3n entre creaci\u00f3n y redenci\u00f3n. A nivel de la teolog\u00eda espiritual, implica que esa conexi\u00f3n entre vocaci\u00f3n y misi\u00f3n de la que antes hablamos se predica no s\u00f3lo respecto a las vidas de aquellos cristianos que se dedican a las tareas que antes calific\u00e1bamos como eclesiales o religiosas, sino tambi\u00e9n respecto a las de quienes est\u00e1n llamados a desempe\u00f1ar las ocupaciones seculares, que constituyen para ellos no mera situaci\u00f3n de hecho, sino momento constitutivo de su particular contribuci\u00f3n a la misi\u00f3n global de la Iglesia.<\/p>\n<p>Durante largo tiempo la literatura teol\u00f3gico-espiritual present\u00f3 las ocupaciones o tareas seculares como obst\u00e1culos para el crecimiento en la vida de relaci\u00f3n con Dios, concibiendo, en consecuencia, la condici\u00f3n laical como una condici\u00f3n o estado de vida en el que el ideal cristiano no pod\u00eda realizarse &#8211;salvo casos excepcionales&#8211; de manera plena. La evoluci\u00f3n eclesial y teol\u00f3gica a la que antes nos refer\u00edamos hizo saltar por entero ese esquema interpretativo, poniendo de relieve &#8211;como proclamara el Concilio Vaticano II&#8211; la universalidad de la llamada a la santidad. Lo cual, a su vez, reclama reconocer que las realidades seculares no son ajenas o marginales al plan divino y, en consecuencia, que la vida espiritual del laico o seglar, llamado a santificarse en medio del mundo, no puede ni debe edificarse al margen de esas ocupaciones seculares, sino tomando ocasi\u00f3n de ellas (5) .<\/p>\n<p>3. Trabajo y vida espiritual<\/p>\n<p>El trabajo profesional ejercido en medio del mundo es elemento integrante de la fisonom\u00eda espiritual del laico cristiano. M\u00e1s a\u00fan, elemento decisivo, porque la profesi\u00f3n es factor determinante de su vivir y de su insertarse en el mundo. De ah\u00ed que pueda decirse que la vida espiritual del laico &#8211;fundada, como toda vivencia cristiana, en la gracia, en la fe, en la caridad&#8211; se estructura y despliega en torno al trabajo, y que sea factible, en consecuencia, sintetizar su experiencia espiritual diciendo, con palabras del Beato Josemar\u00eda Escriv\u00e1, que debe santificar la profesi\u00f3n, santificarse en la profesi\u00f3n y santificar con la profesi\u00f3n (6) .<\/p>\n<p>Se trata de una frase a la que el Fundador del Opus Dei acudi\u00f3 en numerosas ocasiones, y que puede considerarse ya cl\u00e1sica o paradigm\u00e1tica (7) . Nos servir\u00e1 de gu\u00eda para las consideraciones sucesivas. Recalquemos, antes de seguir adelante, que las expresiones trabajo y trabajo profesional han de ser tomadas en toda su densidad, y referidas, por tanto, no s\u00f3lo a la acci\u00f3n transformadora de la materia, considerada aislada o precisivamente, sino tambi\u00e9n, e inseparablemente, a todo el conjunto de obligaciones, relaciones y perspectivas que del trabajo derivan, cualificando al sujeto y determinando su posici\u00f3n en el mundo y su contribuci\u00f3n al desarrollo social (8) .<\/p>\n<p>a) Santificarse en el trabajo<\/p>\n<p>Todo cristiano est\u00e1 llamado a la santidad, es decir, a la plenitud de la caridad. Esa llamada es don divino, ofrecimiento que Dios hace de su propio amor. Es, a la vez, exigencia, invitaci\u00f3n a la entrega de la propia vida en correspondencia a la entrega que Dios hace de S\u00ed. La santidad es, en este sentido, meta y tarea, ideal normativo que debe informar la existencia y las acciones concretas, haciendo de todas ellas expresi\u00f3n de amor, momentos de un proceso de identificaci\u00f3n con Aquel que nos ama y a quien amamos. Y ello con caracteres de totalidad.<\/p>\n<p>El amor, y sobre todo el amor a Dios, no puede quedar circunscrito a los m\u00e1rgenes del vivir: debe situarse en su centro y, desde ah\u00ed, irradiar a la entera existencia. Lo cual, en el laico, en el cristiano corriente &#8211;que se sabe no s\u00f3lo llamado por Dios, sino llamado precisamente all\u00e1 donde est\u00e1, es decir en el lugar y situaci\u00f3n que ocupa en el mundo&#8211;, implica la invitaci\u00f3n a informar con ese amor la totalidad de la: realidades y ocupaciones terrenas o seculares entre las que transcurre su vida. El trabajo, las tareas humanas que llenan los d\u00edas del cristiano corriente, adquieren as\u00ed un horizonte nuevo: no son ya s\u00f3lo expresi\u00f3n de la propia personalidad, medio de contribuir al progreso de la sociedad, manifestaci\u00f3n de solidaridad, de esp\u00edritu creador, sino, adem\u00e1s &#8211;y conduciendo todo lo anterior a una nueva profundidad y sentido&#8211;, concreci\u00f3n del amor a Dios, acto de culto, ocasi\u00f3n de identificaci\u00f3n con Cristo y de participar en su tarea redentora.<\/p>\n<p>La ra\u00edz de la santidad en el laico, como en todo otro cristiano es &#8211;repit\u00e1moslo&#8211; la gracia de Cristo y, en consecuencia, la vida sacramental, momento cualificado del encuentro con Cristo y, en el centro de esa vida, la Eucarist\u00eda. Pero las realidades sacramentales, y el encuentro con Cristo que de ellas fluye, no pueden ni deben ser vividos como una sucesi\u00f3n de eventos sacros que se yuxtaponen a una existencia confinada a la profanidad, sino como momentos privilegiados para entrar en comuni\u00f3n con un Dios presente no s\u00f3lo en esos momentos, sino en todo momento y en todo lugar. Las ocupaciones y tareas seculares se revelan, en consecuencia, como oportunidades de expresar con obras el amor, de hacer de la propia vida hostia grata y agradable a Dios (9) . M\u00e1s a\u00fan, de entrar en relaci\u00f3n con Dios. Porque la oraci\u00f3n no debe estar reservada solo a momentos aislados o a situaciones o lugares especiales, sino constituir una disposici\u00f3n de \u00e1nimo y un di\u00e1logo efectivo que informen la totalidad de la existencia, y se alimenten, por tanto, de las incidencias del cotidiano vivir, del empe\u00f1o que el trabajo reclama, de las alegr\u00edas que trae consigo, de los sinsabores que en ocasiones lo acompa\u00f1an. La santidad, en la totalidad de sus dimensiones, puede, y debe, manifestarse y crecer con el trabajo.<\/p>\n<p>b) Santificar con el trabajo<\/p>\n<p>Los documentos del Concilio Vaticano II y diversos textos pontificios posteriores (10) , al describir la misi\u00f3n de la Iglesia, distinguen varios aspectos o dimensiones, de entre los que cabe destacar los tres siguientes:<\/p>\n<p>&#8212;-en primer lugar, el ministerium verbi et sacramentorum , la palabra que anuncia el amor salvador de Dios y el sacramento que comunica la vida divina, incorporando as\u00ed a los hombres a ese designio de salvaci\u00f3n que, incoado en el tiempo, culmina en la escatolog\u00eda;<\/p>\n<p>&#8212;-en segundo lugar, el testimonio de vida, el existir concreto informado por el esp\u00edritu de Cristo que confirma, en y a trav\u00e9s de las incidencias del existir humano y de sus limitaciones, la autenticidad de la fe, la vitalidad de la esperanza, la fuerza de la caridad;<\/p>\n<p>&#8212;-en tercer lugar, la animaci\u00f3n cristiana del mundo, la impregnaci\u00f3n de las estructuras temporales con el esp\u00edritu cristiano, testificando as\u00ed, junto a la fuerza salvadora de la gracia, la disposici\u00f3n al servicio propia del existir creyente y la \u00edntima conexi\u00f3n entre lo cristiano y lo humano.<\/p>\n<p>Un an\u00e1lisis de los textos aludidos pone de manifiesto &#8211;e importa subrayarlo&#8211; que estamos en presencia no ya de tres misiones diversas, aunque coordinadas, sino, m\u00e1s bien, ante tres aspectos o dimensiones de una \u00fanica misi\u00f3n. Y, en \u00faltima instancia, que la segunda y la tercera de esas dimensiones se subsumen en la primera: constituyen una forma de anuncio, realizado no con palabras, sino con obras que presuponen la fe y testifican la verdad de la comuni\u00f3n plena con Dios en y a trav\u00e9s de su anticipaci\u00f3n actual en el don de la gracia.<\/p>\n<p>El trabajo profesional y secular reaparece aqu\u00ed de nuevo como elemento integrante, eje o canal en torno al cual, o a trav\u00e9s del cual, se expresa la vocaci\u00f3n apost\u00f3lica del cristiano y m\u00e1s espec\u00edficamente la del laico, ya que &#8211;como ha recordado tambi\u00e9n el Concilio Vaticano II&#8211; es a los laicos a quienes, por \u00abvocaci\u00f3n propia\u00bb, compete \u00abbuscar el Reino de Dios a trav\u00e9s de la gesti\u00f3n, ordenada seg\u00fan Dios, de los asuntos temporales\u00bb (11) y, por tanto, a trav\u00e9s del trabajo.<\/p>\n<p>El trabajo profesional es tarea que, en virtud de su propia din\u00e1mica, exige solidaridad y servicio, y, en el cristiano, caridad, amor que lleva esas actitudes humanas a su perfecci\u00f3n o cumplimiento. Implica as\u00ed un testimonio de vida, que por su misma naturaleza &#8211;el hombre de fe ha de estar siempre pronto a dar raz\u00f3n de su amor y de su esperanza (12) &#8211;, aspira a prolongarse en palabra, que manifieste y desvele el fundamento del propio actuar, es decir que d\u00e9 a conocer a Cristo e invite a acercarse a El, y por tanto en apostolado. Ni que decir tiene, que esa palabra podr\u00e1 y deber\u00e1 surgir con frecuencia del trabajo mismo, de las relaciones interpersonales que el trabajar suscita y de los v\u00ednculos de compa\u00f1erismo y de amistad que de esas relaciones derivan, dando as\u00ed lugar a ese apostolado individual, que &#8211;como subraya el Decreto conciliar sobre el apostolado de los laicos (13) &#8212; principio y condici\u00f3n de todo el actuar apost\u00f3lico del cristiano vive y se santifica en el mundo.<\/p>\n<p>c) Santificar el trabajo<\/p>\n<p>La santificaci\u00f3n personal y la acci\u00f3n apost\u00f3lica a las que acabamos de hacer referencia, no se articulan y desarrollan meramente a partir del trabajo o tomando ocasi\u00f3n de El, sino &#8211;lo que es muy distinto, pues excluye toda exterioridad o instrumentalizaci\u00f3n&#8211; entremezcl\u00e1ndose con \u00e9l, formando una sola cosa con \u00e9l: santificarse en el trabajo y santificar a los dem\u00e1s con el trabajo presuponen y connotan santificar el trabajo, hacer del trabajo mismo tarea profundamente humana y cristiana.<\/p>\n<p>Ello reclama, en primer lugar, realizaci\u00f3n t\u00e9cnicamente acabada de la tarea laboral, con pleno conocimiento y respeto de las leyes propias de cada actividad, y en consecuencia con competencia y seriedad profesionales, con dedicaci\u00f3n, con empe\u00f1o. Pero no s\u00f3lo eso: implica adem\u00e1s, y por cierto con radicalidad plena, sentido \u00e9tico y esp\u00edritu cristiano. El trabajo y, m\u00e1s concretamente, el trabajo profesional, que es propio del laico o cristiano corriente, no es una actividad aislada ni acto transformador de la materia mediante el cual cada individuo singular se enfrenta separadamente con el cosmos, sino tarea inserta en el vivir social y plet\u00f3rica de responsabilidades. Y todo ello forma parte del horizonte que implica la santificaci\u00f3n del trabajo en cuanto tal.<\/p>\n<p>La ciencia y la t\u00e9cnica no incluyen, en y por s\u00ed mismas, las normas para su propio uso, ya que, en cuanto actividades de un sujeto libre, presuponen, para su ejercicio, el juicio \u00e9tico y, en consecuencia, connotan, en su desarrollo hist\u00f3rico, una visi\u00f3n del hombre y del mundo, al menos impl\u00edcita. La fe cristiana, luz que revela el destino eterno y la dignidad radical del ser humano, pueden y deben incidir as\u00ed en la actividad laboral configur\u00e1ndola intr\u00ednsecamente y llev\u00e1ndola a perfecci\u00f3n. La reflexi\u00f3n sobre la propia tarea para percibir sus exigencias e implicaciones debe ocupar, pues, un lugar importante en la experiencia espiritual de quien est\u00e1 llamado a realizar su vocaci\u00f3n cristiana en el entramado del mundo. As\u00ed como, en cuanto trasfondo que hace posible esa reflexi\u00f3n, la profundizaci\u00f3n en la comprensi\u00f3n cristiana del hombre y en las implicaciones hist\u00f3ricas y sociales que de esa comprensi\u00f3n derivan; en suma, y con t\u00e9rminos m\u00e1s concretos, la profundizaci\u00f3n en el saber teol\u00f3gico y en la doctrina social de la Iglesia.<\/p>\n<p>La realizaci\u00f3n de esa s\u00edntesis entre lo humano y lo cristiano reclamar\u00e1, en ocasiones, una distancia cr\u00edtica frente a las convicciones vigentes en un momento dado, denuncia de cuanto en la propia civilizaci\u00f3n y en su forma de concebir el trabajo haya de no humano o incluso de antihumano. Siempre y en todo caso exigir\u00e1 connaturalidad de la mente tanto con la fe como con los aspectos t\u00e9cnicos y humanos de la actividad laboral, para llegar as\u00ed a una relaci\u00f3n arm\u00f3nica, en la que la fe informe la acci\u00f3n humana, pero precisamente desde dentro de ella misma, sin deformaciones ni instrumentalizaciones (14) . Lo que presupone no mero conocimiento te\u00f3rico de una y otra realidad, sino experiencia vivida, y, por tanto, de una parte, hondura humana y profesional y, de otra &#8211;como subraya Juan Pablo II en la Laborem exercens (15) &#8212; \u00abuna espiritualidad del trabajo\u00bb, es decir, una vivencia cristiana de la actividad laboral, de modo que se perciba existencial y concretamente el sentido que el trabajo adquiere cuando es vivido en fe, esperanza y caridad, y la fuerza vivificadora que estas virtudes poseen cuando se ponen en ejercicio en el acto mismo de trabajar.<\/p>\n<p>Santificar el trabajo, santificarse en el trabajo, santificar con el trabajo, se nos presentan as\u00ed no como tres finalidades o dimensiones paralelas, sino como tres aspectos de un fen\u00f3meno unitario: el vivir cristiano en el mundo, que tiene en el trabajo uno de sus ejes determinantes. Y esa es la raz\u00f3n por la que el trabajo, la santificaci\u00f3n del trabajo, ocupa una posici\u00f3n de primer plano en la experiencia espiritual del cristiano.<br \/>\n____________<\/p>\n<p>Notas<\/p>\n<p>1. Adem\u00e1s de la bibliograf\u00eda mencionada en el cap\u00edtulo anterior, y de la que daremos a continuaci\u00f3n, parece oportuno recordar aqu\u00ed, a modo de introducci\u00f3n algunos de los intentos de resumen de car\u00e1cter manual\u00edstico acerca de la reflexi\u00f3n espiritual sobre el trabajo: G. Mattai, Trabajador , en Nuevo Diccionario de Espiritualidad , Madrid 1985, pp. 1368-1382; J. Rivera y J. M. Iraburu, Espiritualidad cat\u00f3lica , Madrid 1982, pp. 811-848; K.V. Truhlar, Labor christianus. Para una teolog\u00eda del trabajo , Madrid,1963.<\/p>\n<p>2. Como hemos se\u00f1alado en la introducci\u00f3n general, este segundo cap\u00edtulo es, en parte, paralelo al anterior, observaci\u00f3n que se aplica particularmente al presente apartado; seremos pues aqu\u00ed muy parcos en referencias bibliogr\u00e1ficas, dando por supuestas las ya dadas en el cap\u00edtulo que precede. Remitamos, no obstante, a los apuntes hist\u00f3ricos incluidos en nuestra obra La santificaci\u00f3n del trabajo , Madrid 1980, pp. 44 ss., aunque la perspectiva de la panor\u00e1mica hist\u00f3rica que all\u00ed ofrec\u00edamos es en algunos momentos algo diversa a la que ayu\u00ed adoptamos.<\/p>\n<p>3. Laborem exercens , nn. 6, 25 y 36.<\/p>\n<p>4. Cuanto acabamos de escribir presupone la distinci\u00f3n entre esas tres vocaciones o situaciones eclesiales b\u00e1sicas que son la laical, la sacerdotal y la religiosa o consagrada, tema sobre el que, como es bien sabido hay una literatura abundant\u00edsima. Para una introducci\u00f3n al tema remitamos a lo que hemos escrito en Mundo y santidad cit, pp. 194 ss. Sobre el debate que hubo al respecto en el periodo preparatorio del S\u00ednodo de los Obispos de 1987 y la posici\u00f3n adoptada por la posterior Ex. ap. Christifideles laici , puede encontrarse un resumen en nuestro estudio La discusi\u00f3n teol\u00f3gica sobre la noci\u00f3n de laico , en &#8220;Scripta Theologica&#8221; 22 (1990) 771-789.<\/p>\n<p>5. Este punto fue adecuadamente puesto de relieve, en el propio Concilio, por la Constituci\u00f3n Lumen gentium (nn. 11 y 41) y por el Decreto Apostolicam actuositatem (n. 4); un comentario a esos textos y su alcance en Mundo y santidad , cit. pp. 65ss.<\/p>\n<p>6. J. Escriv\u00e1 de Balaguer, Es Cristo que pasa , Madrid 1973, n. 46 y Amigos de Dios , Madrid 1977, n. 9; otros textos y comentarios en La santificaci\u00f3n del trabajo , cit, pp. 94 ss.; sobre algunos de los puntos que tratamos a continuaci\u00f3n volveremos, en referencia expresa a la ense\u00f1anza de Josemar\u00eda Escriv\u00e1, en el cap\u00edtulo VI. Para una delimitaci\u00f3n de la noci\u00f3n de &#8220;santificaci\u00f3n del trabajo&#8221;, ver F. Oc\u00e1riz, El concepto de santificaci\u00f3n del trabajo , en A,A.V., La misi\u00f3n del laico en la Iglesia y en el mundo , Pamplona 1987, pp. 881-891.<\/p>\n<p>7. \u00ab\u00bfDe qu\u00e9 manera, dominando la faz de la tierra, podr\u00e1 el hombre plasmar en ella su rostro espiritual?\u00bb, se preguntaba el entonces Cardenal Karol Wojtyla en una conferencia pronunciada en 1974. \u00abPodemos responder a esta pregunta &#8211;continuaba&#8211; con la expresi\u00f3n, tan feliz y ya tan familiar a gentes de todo el mundo, que Mons. Escriv\u00e1 de Balaguer ha difundido desde hace tantos a\u00f1os: &#8220;santificando cada uno el propio trabajo, santific\u00e1ndose en el trabajo y santificando a los dem\u00e1s con el trabajo&#8221;. Esa conferencia, junto con otros textos, est\u00e1 recogida en el libro La fe de la Iglesia. Textos del Card. Karol Wojtyla , Pamplona 1979; las frases citadas est\u00e1n en pp. 94-95.<\/p>\n<p>8. Sobre el concepto de profesi\u00f3n y sus implicaciones, remito una vez m\u00e1s a La santificaci\u00f3n del trabajo , cit, pp. 37 ss.<\/p>\n<p>9. Cfr Rm 12,1.<\/p>\n<p>10. Ver, por ejemplo, Conc. Vaticano II, Const. Lumen gentium , nn. 9 ss., Decr. Apostolicam actuositatem , nn. 5 ss., Decr. Ad gentes , n. 5; Pablo VI, Ex. ap. Evangelii nuntiandi , nn. 17-39; Juan Pablo II, Ex. ap. Christifideles laici , nn. 32-44.<\/p>\n<p>11. Conc. Vaticano II, Lumen gentium , n. 31.<\/p>\n<p>12. Cfr 1 P 3,15.<\/p>\n<p>13. Conc. Vaticano II, Decr. Apostolicam actuositatem , n. 16.<\/p>\n<p>14. Los p\u00e1rrafos de la Constituci\u00f3n conciliar Gaudium et spes (n. 36) sobre la autonom\u00eda de las realidades terrenas pueden, en este contexto, ser evocados.<\/p>\n<p>15. Cfr n\u00ba 26.<\/p>\n<hr \/>\n<p>La Iglesia y el Mundo del Trabajo<\/p>\n<p>Muchos identifican la Iglesia s\u00f3lo con su Jerarqu\u00eda: Santo Padre, Obispos, Sacerdotes y Di\u00e1conos.<\/p>\n<p>Otros, s\u00f3lo con Templos, Santuarios o lugares de culto.<\/p>\n<p>Pocos, con la totalidad de los bautizados que en su conjunto conforman el Pueblo de Dios, cuya misi\u00f3n es hacer presente al Se\u00f1or en la tierra y anunciar el Evangelio del Reino.<\/p>\n<p>Entre nosotros, expresi\u00f3n concreta y cercana de la Iglesia es la Parroquia, estructura cl\u00e1sica, nacida ya en el Medioevo, a la cual en m\u00e1s de alg\u00fan momento, acudimos solicitando un servicio espiritual y religioso, asistencial y solidario.<\/p>\n<p>Todo el que acude a una Parroquia, ya sea de manera puntual o permanente, es un trabajador activo o pasivo, alguien inserto en la cultura laboral actual, que no se caracteriza, en general, por la alegr\u00eda y la esperanza; sino m\u00e1s bien marcada por el individualismo y el consumismo. Los salarios son bajos para la gran mayor\u00eda y altos para muy pocos, de ah\u00ed que la brecha entre ricos y pobres es cada d\u00eda m\u00e1s acentuada. Por lo dem\u00e1s es grande y deprimente el fantasma de la inseguridad laboral, previsional y social. Para el 9,4% de los chilenos, el desempleo no quiere ir en retirada.<\/p>\n<p>Por eso que la Vicar\u00eda para la Pastoral de los Trabajadores, ve hoy m\u00e1s urgente que nunca, crear la Pastoral de los Trabajadores en cada una de las alrededor de 230 Parroquias, para as\u00ed impregnar con el Evangelio a empresarios grandes, medianos y peque\u00f1os, funcionarios p\u00fablicos, trabajadores de la empresa privada y de sectores productivos e informales, es decir, a todos los que de buena voluntad est\u00e9n dispuestos a trabajar por una vida m\u00e1s digna y humana, por una \u00e9tica y espiritualidad laboral.<\/p>\n<p>Se trata de hacer posible la existencia de un Equipo de personas que, a nivel parroquial, sean capaces de responder de manera m\u00e1s eficaz e integral a las necesidades tan propias y variadas que se dan en el \u00e1mbito laboral.<\/p>\n<p>Sin lugar a dudas, esta Pastoral requiere un poco de comprensi\u00f3n de parte de todos, por cuanto su implementaci\u00f3n ser\u00e1 lenta y requerir\u00e1 mucha fe, esfuerzo y creatividad.<\/p>\n<p>Si queremos ?Evangelizar el Coraz\u00f3n de la Gran Ciudad?, desaf\u00edo que nos hace nuestra Iglesia, no podemos prescindir del coraz\u00f3n de los trabajadores, de sus anhelos y preocupaciones.<\/p>\n<p>Pbro. Ignacio Mu\u00f1oz M.<br \/>\nVicario Episcopal<br \/>\nPastoral de los Trabajadores<br \/>\nArzobispado de Santiago<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Axesa1 01\/09\/2007 6:29 Trabajo y Espiritualidad http:\/\/es.catholic.net\/empresarioscatolicos\/436\/1219\/articulo.php?id=13112 Autor: Jos\u00e9 Luis Illanes Ante Dios y en el mundo Apuntes para una teolog\u00eda del trabajo Eunsa, Pamplona 1997, cap. II, pp. 39-50 La palabra italiana \u00ablavoro\u00bb &#8211;del lat\u00edn labor &#8212; hace referencia, por su etimolog\u00eda, al esfuerzo, penosidad o cansancio que acompa\u00f1a, de hecho, a la tarea<\/p>\n<p class=\"text-right\"><span class=\"screen-reader-text\">Continue Reading&#8230; Trabajo y espiritualidad (catholic.net)<\/span><a class=\"btn btn-secondary continue-reading\" href=\"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/?p=1045\">Continue Reading&#8230;<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[37],"tags":[],"class_list":["post-1045","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-desarrollo-organizacional"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1045","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1045"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1045\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1045"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1045"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/vivelibre.org\/mybb\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1045"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}